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Isla al Sur

Comentarios-Trabajos docentes

EL AMOR NO SE HUNDIÓ

EL AMOR NO SE HUNDIÓ

VI TRAN KIM TUONG,
estudiante de primer año de Periodismo,
Facultad de Comunicación,  
Universidad de La Habana.

Titanic es el nombre del barco de pasajeros más grande y lujoso del mundo. En el año 1997 hicieron una película romántica con el mismo nombre, dirigida, escrita, producida y editada por el estadounidense James Cameron. Los protagonistas son Leonardo Di Caprio y Kate Winslet. Esta obra ganó un gran éxito con 1 800 millones de dólares y 11 premios Oscar.

Esta película me transmitió muchas emociones, especialmente el amor de la pareja. Aunque pertenecían a diferentes clases sociales existía una gran conexión entre ellos.

Ella era hija de una familia rica, sin embargo, no le gustaba la vida que tenía, ya que debía hacer trabajos en contra de su voluntad. Y el muchacho pertenecía a la clase pobre y había perdido a sus padres, pero nunca se rindió a su destino y siempre supo seguir adelante.

Lamentablemente, el mundo está separado por clases sociales en las que el más poderoso es quien domina. Debe mencionarse que la tercera clase de pasajeros del barco, quienes obtenían los pasajes más económicos y con menos privilegios, en comparación con la primera clase. Cuando el Titanic se hundió, a los pasajeros de la clase pobre no se les permitió subir a la parte superior del barco.

No hablo del presupuesto o el tiempo de duración de la película, sino de su enorme poder emotivo, tan grande como los propios motores del barco, encauzado como sus hélices gigantescas a entrar al corazón y perdurar como la historia de amor que la conduce.

Los conceptos universales de la experiencia y la emoción humanas son atemporales y familiares porque reflejan nuestra trama emocional básica.

El director deseaba incorporar efectos especiales innovadores en Titanic, para que continuara el desarrollo de la tecnología digital. Utilizó con gran frecuencia la cámara lenta, y aunque el espacio resulta muy vago, se presenta una oposición entre el ámbito de la realidad y el del sueño.

La banda sonora fue, como la película, un gran éxito tanto en la recepción de la crítica como en lo comercial. Los aspectos emocionales y románticos del filme también fueron muy elogiados.

En la escena donde el muchacho abraza a su novia y después extienden los brazos en la cúspide del barco, transmite una gran sensación de libertad, como si fueran los únicos seres humanos en el mundo y pudieran expresar los sentimientos más allá de lo infinito.

Titanic obtuvo buenas críticas tras su estreno. Esta película está hecha en forma impecable, inteligentemente construida, muy bien actuada y es fascinante... propuestas como esta no son difíciles de hacer, pero es casi imposible hacerlas bien.

Meticulosa en los detalles, con una gran amplitud de miras y alcance, Titanic es una de esas obras cinematográfica que se han vuelto poco comunes. No sólo ves Titanic, sino que lo experimentas.

Joseph McBride, de la revista Box office Magazine, concluyó en una nota que publicó al respecto: “Te quedas corto si describes a Titanic como la mejor película de desastre alguna vez hecha. La recreación del hundimiento en 1912 del inhundible barco hecha por Cameron, es una de las más maravillosas películas de entretenimiento popular serio que alguna vez emanó Hollywood”.

CIGÜEÑAS LEJOS DE CUBA

CIGÜEÑAS LEJOS DE CUBA

JOSE ANTONIO RIGUAL DÍAZ,
estudiante de primer año de Periodismo,
Facultad de Comunicación,
Universidad de La Habana.

Las cigüeñas parecen no encontrar el camino hacia Cuba. Los últimos quinquenios han reportado un decrecimiento de la natalidad en el país que es preocupante, pues a la vez, es mayor el grupo de personas de la tercera edad.

Y cabe preguntarse: ¿Por qué en un país donde se dedican tantas atenciones a los niños, las parejas no se deciden a tener hijos? ¿Por qué si contamos con una tasa de mortalidad infantil de 4,8 por cada mil nacidos vivos, entre las más bajas del continente americano, las familias no se arriesgan a procrear?

Varios son los factores, pero entre ellos destaca que los candidatos a padres, en una sociedad con dificultades económicas y sometida a un Período Especial desde la década del 90, prefieren no tener hijos, o se conforman con uno o dos, para poder brindarles mejores condiciones de vida.

Seguramente usted se cuestionará entonces, por qué no ocurre este fenómeno en otros países de nuestra área geográfica, con peores condiciones económicas al nuestro, como es el caso de El Salvador, Bolivia o la propia Guatemala.

En efecto, la diferencia de que estas naciones tengan índices de natalidad más altos a los nuestros se debe, en gran medida, a la poca cultura y educación sexual de la mayoría de sus ciudadanos.

Tengamos en cuenta que en Cuba, desde el triunfo de la Revolución en 1959, se comenzó a alfabetizar a la nación. La población fue adquiriendo una mayor cultura general y, en el caso que ocupa este comentario, también fomentó la cultura sexual y el empleo de métodos anticonceptivos, por lo que es lógico que los embarazos disminuyeran considerablemente en la Isla.

Hoy, la mayoría de las personas se protege en sus relaciones sexuales, por considerar que las condiciones económicas necesarias para la aparición de un nuevo miembro en sus familias, no están creadas aún. Los problemas de espacio o deterioro de las viviendas son los más recurrentes, y esto lleva a decir a muchos: “Traerlos para pasar trabajos, mejor no traerlos.”

Otros factores que pienso también pudieran influir son los deseos de superación y a veces diversión de los jóvenes, que ven en la llegada de un bebé el freno de sus carreras y libertades. Así, van postergando la paternidad hasta que la edad no les permite ejercerla o solo se los permite una vez.

Es común y triste observar hoy en nuestra sociedad otro fenómeno muy extendido y que también atenta contra la natalidad, me refiero al aborto. Esta práctica, injustificable en la mayoría de los casos, debería ser, si bien no proscrita, sí controlada más por las autoridades legislativas y sanitarias competentes.

Si se quiere que los cielos cubanos otra vez se vean surcados de cigüeñas, se deberían preparar bien las cunas para las personitas que traen en sus picos. Ofrecer un pago de ayuda por cada hijo tenido, como se establece en Canadá y otros países, y garantizar una mayor ayuda material, más allá de la primera etapa de desarrollo del niño, sería un buen comienzo.

En mi consideración, debería existir también una ley de vivienda en beneficio de aquellas personas que más se aventuren a tener hijos. Estoy seguro que con las condiciones de salud, educación y seguridad social que cuenta nuestra nación, valdrían la pena esos gastos por parte del Estado para garantizar el necesario y deseado incremento de los índices de natalidad en un país que transita aceleradamente hacia la ancianidad de sus ciudadanos.

VIDA EN… ¿SOCIEDAD O SUCIEDAD?

VIDA EN… ¿SOCIEDAD O SUCIEDAD?

ADIEL GUEVARA RODRÍGUEZ,
estudiante de primer año de Periodismo,
Facultad de Comunicación,
Universidad de La Habana.

A cualquiera le resultaría muy desagradable pasear por Cuba, con el fin de disfrutar de sus encantos naturales, coloniales o de moderna arquitectura, y toparse, de forma intempestiva, con desechos humanos de las más disímiles procedencias amontonados en el área pública.

Con ello no le estoy dando la espalda al hecho, totalmente conocido, de las frecuentes irregularidades en la recogida de la “suciedad citadina” por parte de los camiones de Comunales. Lo que en realidad me choca es que en cualquier ámbito cotidiano donde nos movamos, estudiantiles, laborales o incluso familiares, siempre hay una despreocupada mano con un “aporte” al reino de los desechos, que marchita la belleza de nuestro país.

Para lograr convencerse de estas certezas solo será necesario hacer una visita a las playas cubanas, de paradisiaca admiración precolombina. En ellas, sumado al sol, el mar y la arena, pueden encontrarse, también, verdaderas barricadas de objetos invasores que van desde pomos y latas hasta botellas y restos de comida. La desolación del paisaje se repite, con alarmante frecuencia, en muchos balnearios que fueron alguna vez orgullos de la nación.

Lo peor de todo es que el daño, además de poseer implicaciones estéticas, afecta enormemente a nuestro medio ambiente y torna a veces irrecuperables extensas franjas de playa, condenadas al olvido por una insalubre contaminación. Sin mencionar que la mayor parte de la basura que arrojamos, incluso, con un depósito a nuestro lado destinado a ese fin, son elementos que tardarán décadas y hasta siglos en ser asimilados por el océano.

Si lo anterior no le convenció, tal vez se despierte su sentido común cuando advierta la espesa mugre que ronda cualquier parada de ómnibus con una populosa asistencia de transeúntes. La permanente comitiva siempre se ve cercada por vendedores de maní, caramelos, granizados, etc., y, tras ser consumidas muchas de sus ofertas, son tirados al suelo, vacíos de su contenido, los cucuruchos, vasos y nylons, como si evadieran el destino de un cesto, en espera de ser llenado. ¿Acaso sociedad y suciedad se convirtieron en sinónimos?

Le dejo a su libre elección la posibilidad de juzgar por sí mismo la connotación irrespetuosa que yo advierto en el hecho de que se arroje basura en lugares históricos o de esparcimiento como monumentos y parques, con un claro ejemplo en el popular Malecón habanero, devenido en una meca de la inmundicia. No veo dificultad en guardar un papelito y llevarlo en los bolsillos hasta encontrar dónde poderlo echar. Es esta una regla básica de convivencia y muestra consideración hacia quienes garantizan la higiene de las ciudades.

Una práctica que se entroniza, producto de la desidia de las personas, no puede seguir ganando adeptos. Es necesario combatir sus ramificaciones si queremos dejar de ver en cada esquina, al borde de la náusea, esa generalizada conspiración contra la limpieza. Junto con ponernos a barrer y recoger, deberíamos primero reciclar nuestros malos hábitos.   

ELLA ES BLANCA Y ÉL ES NEGRO

ELLA ES BLANCA Y ÉL ES NEGRO

CINTHYA GARCÍA CASAÑAS,
estudiante de primer año de Periodismo,
Facultad de Comunicación,
Universidad de La Habana.

Liana, joven blanca, empezó a salir con Alfredo, un muchacho "de color". Según cuentan, lo que más les afectó fue la reacción de los amigos y la familia, en particular la madre de Liana, quien suplicó que pusieran fin al noviazgo. Al no complacerla, enfermó de los nervios y su úlcera comenzó a empeorar. Esa relación también hizo que la familia de la muchacha fuese fuente de las murmuraciones de parientes y del vecindario. Una tía de la joven la catalogó como la vergüenza de la familia.

Escenas como la anterior ocurren muy a menudo en nuestra sociedad, debido a que las parejas interraciales han poblado a Cuba a lo largo de los siglos. El mestizaje se convierte  en uno de los aspectos más explícitos de las relaciones entre razas. Sin embargo, para algunos no es tan fácil asumir las parejas y a sus hijos mulatos como algo común.

En los últimos años, las publicaciones sobre esta temática en la Isla han aumentado. Se analizan las continuas desigualdades y las manifestaciones de discriminación racial en muchas esferas de la vida cubana, tales como la cultura, la familia y la política. Varios artistas y músicos también se suman a la denuncia contra la manipulación de la racialidad y la cultura afrocubana.

La familia es uno de los espacios donde se transmite el racismo y los estereotipos raciales a las futuras generaciones. En su seno se articulan discursos de género sobre pertenencia y lealtad. Con independencia de que se rechace o acepte a estas parejas, lo cierto es que todas las respuestas están arraigadas en tendencias históricas de integración  y mezcla.

Las pugnas con los hijos que tienen amores interraciales pueden abarcar desde peleas verbales hasta castigos o “toques de queda”, para intentar convencerlos de que pongan fin a la relación.

Contrario a lo que se piensa, las familias negras también pueden oponerse a este tipo de uniones. Liana y Alfredo debieron hacer frente, además, a la desaprobación de sus amores por parte de la madre de él. Liana sentía que la señora nunca la trataba bien, pues insistía en que la familia de la muchacha siempre humillaría a su hijo, por lo tanto, quería que encontrara a alguien de su mismo color. A los tíos y amistades más allegadas les molestaba la pareja blanca, o creían que el joven la anteponía a los suyos y se sentían traicionados.

Más allá de la objeción por parte de las familias, en la joven pareja existía preocupación por el futuro de los hijos. La ansiedad y el objeto de los comentarios se centraban en el color de la posible descendencia. Para la familia blanca,  los nietos no solo serían otra generación, sino que estarían marcados al ser "de color". Por el contrario, para el muchacho representaría “adelantar”, con ello, la raza.

A pesar de que abrazamos el concepto del mestizaje como eje de cubanía, las parejas interraciales tropiezan con no pocos obstáculos como la jerarquía racial y la valoración de la blancura.

No se trata de saber si, después de los esfuerzos realizados por el gobierno cubano para eliminar el racismo, este ha vuelto, o en qué momento lo ha hecho, sino más bien de la forma en que sigue permeando la vida cotidiana, al darlo por sentado. Este modo de pensar y actuar se reproduce, a pesar de la postura de igualdad social adoptada por la Revolución. La raza sigue estrechamente imbricada en el discurso diario.

TODO EL MUNDO CUENTA

TODO EL MUNDO CUENTA

LISANDRA AGUILAR WONG,
estudiante de primer año de Periodismo,
Facultad de Comunicación,
Universidad de La Habana.

Somos todos miembros de un gran cuerpo
la naturaleza nos hizo familiares,
dándonos un mismo origen
y un mismo fin.
Séneca

Hace algunas semanas, escuché a dos personas hablar sobre uno de sus compañeros de trabajo. Resulta ser que el muchacho tiene, desde hace poco, el virus del VIH-SIDA y cada día se enfrenta a las miradas de rechazo de los que una vez  fueron sus amigos.

Si bien es cierto que en el país este tipo de conducta  ha disminuido con respeto a la que existía en los años ochenta, todavía muchas personas con el padecimiento no han logrado insertarse de manera favorable en la sociedad.

Una encuesta del Centro de Estudios de Población y Desarrollo de la Oficina Nacional de Estadísticas (ONE) reveló que sólo el 52.7 por ciento de los pacientes cubanos de VIH/Sida  tiene un empleo. Ese porcentaje es aún menor entre las mujeres: el 35,1 por ciento de ellas tiene vínculo laboral, frente a 57,3 por ciento de los hombres.

A pesar del espacio que tienen los medios de comunicación y las instituciones especializadas para divulgar las diferentes maneras en que se puede obtener el virus, aún existe quien teme acercarse a una persona infectada por temor al contagio en el roce e, incluso, a elegirla como su pareja debido al posible olvido o rompimiento del condón.

Sin embargo, en la Casa de Promoción para la Salud se realizan charlas educativas con el objetivo de sensibilizar a la población en el apoyo a las personas portadoras del virus.

En nuestras clínicas especializadas se les indica cómo pueden alargar sus vidas y se fomenta la interacción con las familias  y   otros seropositivos. A todos ellos les ofrecen una óptima relación médico-paciente.

El SIDA no tiene rostro, nadie está expenso de contraerlo. En un principio, la comunidad homosexual fue culpada de la aparición de la enfermedad, luego, se expandió rápidamente entre heterosexuales.

Las estadísticas indican que las vías de transmisión más frecuentes en el mundo son las relaciones sexuales de riesgo y la utilización de drogas por vía intravenosa, hecho este último que no constituye un problema en Cuba.

En 1986 se diagnosticaron los primeros casos de VIH en el país. En ese mismo año se puso en práctica el Programa Nacional de Lucha contra el Sida para el control de la infección. La estrategia cubana contempló como aspectos fundamentales el método sanatorial y la educación sanitaria.

Con el avance de las tecnologías, cada vez son más los tratamientos que les permiten llevar una vida normal, la correspondiente a un padecimiento crónico sin las infecciones características del virus no tratado, y de esta manera pueden incluirse en la sociedad.

Para muchos pacientes el proceso de adaptación ante la nueva forma de existencia suele ser agotador y constituir un castigo, así, algunos se creen un estorbo para los demás y toman posturas y caminos incorrectos, como pueden ser el aislamiento social, conductas inapropiadas  y, por último,  el suicidio.

Todo esto puede desaparecer si en el futuro fuéramos capaces de demostrarle a dichas personas que no están solas, que alrededor existen quienes velan por su bienestar y no los juzgan por errores del pasado, al contrario, reúnen fuerzas para hacer de su entorno un mejor lugar.

DEL CASTELLANO A LA VULGARIDAD

DEL CASTELLANO A LA VULGARIDAD

LEANNY VISTEL PÉREZ,
estudiante de primer año de Periodismo,
Facultad de Comunicación,
Universidad de La Habana.

Usted se levanta temprano para ir al trabajo o a la escuela. Se monta en una guagua, atestada de gente, como de costumbre. De repente, el vehículo para ante el semáforo que ha colocado la luz en rojo. Un joven desde adentro divisa a algún conocido.

Empuja a la anciana que viaja a su lado, pasajeros sentados (todo sin pedir permiso), saca la cabeza por la ventanilla y grita:-¡Oye, m…! ¿Qué volá? El otro responde: -¡Dime comem….! Y así continua “el diálogo” gritado a viva voz, sazonado con una serie de disparates y palabras inapropiadas.

Siempre hay quien decide corregir este tipo de comportamiento, pero es gratificado con groserías como: “Puro, no se meta en lo que no le importa”, u otras cosas peores. Entonces, solo  recuerdas con añoranza la canción de Marco Antonio Solís, ¿A dónde vamos a parar?

Ha pensado. ¿Cuántas veces ha escuchado frases peores o las ocasiones en que se ha topado con una persona grosera en un establecimiento público? ¿En cuántos momentos ha presenciado vivas muestras de vulgaridad?

Tal parece que tales actitudes se han vuelto comunes en la sociedad cubana, y si algo se torna cotidiano corre el riesgo de considerarse correcto. Al aceptar  la vulgaridad perjudicamos nuestra calidad de vida, pues esta solo promueve una personalidad agresiva, brutal y sin grandeza.

Las groserías ocupan cada vez mayores espacios sociales y le ganan terreno a la cortesía y a los buenos modales. Desde la vestimenta, el lenguaje, los gestos y el trato hacia las demás personas, pueden definir a la persona como un ser vulgar o no.

Se imagina llegar  al médico y que este le diga: “Oye loco, estás embarca’ o. Te veo con una pata aquí y la otra en Colón. Ve bajando con Beba. Tú, no tienes arreglo”. O escuchar a una maestra hablarle así a un estudiante: “Fiñe, anda pal gao a buscar a tu pura. Mueve, mueve el pudín”.

¿Qué pensaría de una muchacha a la que se refieren de la siguiente manera?: “La jevita esa está fuerte, está dura; aunque vive cogiéndose pa eso. Es tremenda creyente”.

Sería muy deprimente, sobre todo, no saber quién es Beba, qué es un gao, si la joven es fisiculturista o practica alguna religión.

Casi todo el mundo culpa al reggaetón por sus letras agresivas y poco inteligentes. La música es una de las manifestaciones artísticas más influyentes sobre el modo de actuación de las personas, puede convertirse en un motor impulsor de la violencia y los malos actos

Es cierto, son los adolescentes los principales consumidores de este género y en el afán de imitar a los intérpretes, copian desde el vestuario hasta los malos actos. Pero también son el hogar y la escuela los que deben hacer un alto y analizar qué están haciendo mal. Darse cuenta a tiempo de que un ser humano educado con deficiencias, será un sujeto con bajos valores y objetivos.

Qué bonito es escuchar ¡Hola! en vez de ¿Qué volá? Muchas gracias en lugar de una mueca. Oír decir: Permiso, por favor, en sustitución de dame un break, y Señor reemplazando a puro.

Pienso que cuando pasen 30 años y la generación joven de ahora sea la vieja de entonces, habremos vuelto a las cavernas, los saludos serán gruñidos y el reggaetón se llamará ruido.

¿ESPINACA O CERDO ASADO?

¿ESPINACA O CERDO ASADO?

LAYDIS SOLER MILANÉS,
estudiante de Periodismo,
Facultad de Comunicación,
Universidad de La Habana.

A los cubanos nos encanta el azúcar. Adoramos la carne de cerdo, la yuca con mojo, el congrí y los tamales. Comemos en exceso alimentos dañinos para la salud. La obesidad, diabetes, hipertensión arterial, insuficiencia renal y otras muchas afecciones, que están presentes en nuestra sociedad, son algunos de los resultados de esa alimentación.

Nutricionistas indican que una dieta balanceada, rica en frutas y vegetales, es buena para poseer una vida sana. Pero al visitar el mercado agropecuario, las esperanzas de tenerla desaparecen cuando observamos la pizarra de los precios. Debido a esto, las familias cubanas no seguimos, por lo general, un régimen alimenticio saludable, aunque también influyen las tradiciones culinarias.

La mayoría de las personas optan por comer sano como iniciativa para perder peso. Es cierto que ayuda a bajar “kilitos de más”, sin embargo, es solo uno de los beneficios que trae una buena nutrición. Ingerir verduras en abundancia puede aminorar el riesgo de contraer enfermedades crónicas como diabetes tipo dos, ateroesclerosis y patologías cardiovasculares.

Siempre habrá quien no le guste comer vegetales ni le importe las consecuencias que le pueda traer el exceso de grasa en sus comidas, debería considerar que está en juego su bienestar, tanto físico como mental, pero es decisión de cada quien determinar qué es lo que prefiere ingerir.

Añadir hortalizas a la comida diaria no constituye únicamente un gasto económico para la familia sino también una ganancia para su salud. Las verduras proporcionan minerales, fibra, además de otras sustancias que garantizan buena vista, digestión eficiente y resistencia a las enfermedades. Por ejemplo, la espinaca, la lechuga, la acelga, el tomate y  la zanahoria son ricos en vitamina A, esta genera pigmentos necesarios para el funcionamiento de la retina de los ojos. Con agregar al plato un poco de alguna de estas verduras contribuimos a mejorar nuestra nutrición.

Existen personas más radicales en cuanto a su dieta y practican el vegetarianismo, régimen alimentario que consiste en la abstención de comer carne, ya sea por motivos religiosos, para mantener el peso corporal o por rechazo a la matanza de los animales para consumo humano. Yo no podría prescindir del lechón asado del 31 de diciembre, pero respeto la decisión de cada quien.

En Cuba los vegetarianos no son la mayoría, pues esta forma de alimentación suele ser bastante costosa y casi imposible de mantener. Comprar vegetales frescos todos los días en el mercado agropecuario resulta difícil, estos a veces escasean, necesariamente habría que comer algo más.

No se trata de ser tan estricto a la hora de escoger cómo nos alimentamos sino de buscar un equilibrio entre carnes, cereales, legumbres, viandas y hortalizas. Quizás no logremos seguir una dieta macrobiótica, como el personaje de Chiqui del programa de radio Alegrías de Sobremesa, donde un desayuno incluye una infusión de té Mu, galletas de arroz con puré de sésamo y muchos otros platos cuyos ingredientes  son casi imposibles de conseguir por la población; pero si podemos llevar una alimentación balanceada con lo que obtengamos eventualmente, según nuestras posibilidades.

TRIBULACIONES DE UN PASAJERO EN LA HABANA

TRIBULACIONES DE UN PASAJERO EN LA HABANA

IRELYS SERRANO ACOSTA,
estudiante de primer año de Periodismo,
Facultad de Comunicación,
Universidad de La Habana.

Todo cubano ha viajado alguna vez y cuando digo esto no solo me refiero a fuera de la Isla. ¿Puede que quede alguien en este país sin haber tenido la oportunidad de presenciar una buena cola para conseguir el pasaje de ida o vuelta hacia algún lugar? La experiencia resulta más que difícil, podría llegar a decir extenuante, pues pasar largas horas en pésimas condiciones, anula las ansias de recorrer.

Basta con dirigirse a la Terminal de Ómnibus de La Habana, para comprar un pasaje hacia cualquier lugar de la provincia de Pinar del Río y toparse con grandes dificultades, a veces acrecentadas porque la hora del cierre se vuelve un arma de doble filo: los clientes quieren resolver y los trabajadores se quieren ir.

Resulta que hace unos meses cambiaron de lugar las taquillas donde venden los boletines para viajar a varias regiones, entre ellas, Pinar. En estos momentos, las casillas se encuentran en el extremo  izquierdo de la estación, en un local apartado en el que solo están a gusto las trabajadoras, pues pasan el día entre aire acondicionado, sillas cómodas y, sin falta, de comentario en comentario.

Por otra parte, el público queda expuesto al calor en verano y al frío en invierno, al sol y a la lluvia; para rematar, no hay dónde sentarse, ¡y si lo atendieran rápido! Pero son horas haciendo una cola para comprar un pasaje, y hay que aguantar, porque de qué otra forma obtienes el boletín.

Como si fuera poco, al parecer, a las vendedoras no les enseñaron los modales y menos tienen claro en su conciencia el concepto de humanidad, porque en el diminuto espacio de expendio la mayoría de las veces solo se reciben maltratos. Salir o entrar del local es también casi un desafío a la Física: donde solo cabe un cuerpo, coinciden muchas veces dos.

Los dependientes de todo negocio, ya sea particular o estatal, deberían ser escogidos por sus principios para los puestos y el eslogan a seguir para ser aceptado sería: “El cliente siempre tiene la razón”.

Entonces, qué sucede, ¿será que no pensaron en las consecuencias del repentino cambio? ¿Acaso no tuvieron otra opción que reubicar las taquillas? Por muy necesario que haya sido, antes de llevarlo a cabo debieron preparar condiciones y acomodar a quienes, por horas, se ven obligados a permanecer en el lugar.

En cuanto a las dependientas, alguien con autoridad para ello debía hacerles comprender que los problemas ajenos al trabajo quedan en casa, pues los usuarios no tienen culpa de ninguna de sus desdichas.

Al pretender averiguar el por qué de esta situación la culpa iría de un lado a otro sin respuesta fija, y en caso de que alguien intentara dar una explicación citaría, fácilmente, a la economía, las necesidades del país y al responsable del millón: “el bloqueo”.

Desde que tuvo lugar esta “famosa permuta”, el hecho fantástico para los cubanos de visitar el reconocido Valle de Viñales junto a la populosa Cueva de Santo Tomás, entre varias de las maravillas pinareñas, se ha convertido en una desgracia por el simple motivo de la compra tan necesaria del boletín, pues una infinidad de inconvenientes nublan “la hospitalidad” del nuevo sitio, donde se presta uno de los servicios más solicitados actualmente por los viajeros.

Pero lo más importante, quienes necesitan obligatoriamente viajar a Vueltabajo, sin otra opción, son los primeros que sufren las consecuencias de este cambio.