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Isla al Sur

Comentarios-Trabajos docentes

EL VIETNAMITA “FEO”

EL VIETNAMITA “FEO”

PHUONG VU LAN (OLIVIA),
estudiante de primer año de Periodismo,
Facultad de Comunicación,  
Universidad de La Habana.

Los chinos tienen el libro El Chino Feo que describe los vicios de ese pueblo. De igual manera, los estadounidenses producen muchas telenovelas cada año sobre sus malas costumbres para enseñar, criticar y cambiar los hábitos. ¿Y por qué nosotros los vietnamitas no hacemos algo semejante?

Nos gusta el color rojo –un símbolo de la suerte–, pero lo odiamos en el semáforo. Es tan fastidioso que, cuando lo vemos, queremos correr lo más rápido posible. No sabemos cuántas veces hemos violado “la roja”. Las razones por las que un vietnamita transgrede las normas del tráfico son muy diversas: está retrasado en el tiempo para el trabajo, no vio el cambio de la señal, no le importa, etc….

Mi pueblo tiene una costumbre muy mala, que es no proteger el medio ambiente en que vive. Cavar una misma calle muchas veces para arreglar los tubos de agua sin conseguirlo son las cosas que se hacen cada año en esta tierra. Estos hechos causan muchas dificultades a los vehículos en circulación.

También botar la basura en cualquier lugar es un acto censurable. ¡Qué triste cuando las calles están llenas de papel, flores marchitas después de una marcha, o un teatro con varias latas y botellas vacías tras un concierto! Ellos destruyen su entorno inconscientemente.

En Vietnam se dice: “La desagracia es de la boca”, que significa todos los desastres pueden proceder de los chismes. No pocas personas quieren curiosear y meterse en la vida de las otras. Ellos se proclaman jueces a sí mismos y juzgan a los demás. Eso es una costumbre que necesitamos cambiar.

Los vietnamitas riñen mucho. Riñen en el mercado, cuando el vendedor estima mal el peso de un kilo de arroz; discuten en la calle cuando hay un choquecito; riñen por problemas diminutos  como una hormiga con la misma fuerza con que lo hacen cuando el dilema supera el tamaño de un elefante. Los extranjeros que no conocen el vietnamita quizás crean que siempre tenemos una competencia: “¿Quién habla más alto?”.

Los jóvenes de esta tierra quieren hablar inglés más que su idioma, aunque nuestra lengua oficial es vietnamita. En un café, a veces oímos que los muchachos están conversando en inglés. O algunas personas abusan de utilizarlo en un discurso nacional. ¡Qué cosas más raras!

Tienen otro vicio muy “feo”. Les encantan presumir. Carros caros, ropas de las marcas famosas, los celulares modernos, cualquier cosa. Tenemos un orgullo tan grande que algunas personas son realmente arrogantes. El público es el escenario para los altaneros que se hacen modelos. Gradualmente, viven con la ilusión de una vida “en sueño”, nunca puedan avanzar, jamás quieren trabajar. La economía del país está peor por esa gente.

Nuestra sociedad tiene que cambiar los hábitos, hay que implementar las normas de circulación, proteger el medio ambiente, hablar con nuestro propio idioma y sin perder la identidad que nos define, para que cuando nos  miremos en el espejo, no se vea más el reflejo del vietnamita “feo”.

LA OTREDAD EN LOS ESPEJOS

LA OTREDAD EN LOS ESPEJOS

JORGE YACER NAVA QUINTERO,
estudiante de primer año de Periodismo,
Facultad de Comunicación,
Universidad de La Habana.

Al despertar Gregorio Samsa una mañana, tras un sueño intranquilo, se encontró en su cama convertido en un monstruoso androide. Quizás así habría comenzado Franz Kafka el relato de La Metamorfosis, si algunos años de su vida hubieran transcurrido en el siglo XXI, cuando el hombre moderno es alienado del entorno social y la condición humana por la dependencia tecnológica.

La era digital que vivimos potencia el diálogo mediante dispositivos electrónicos que hacen la comunicación múltiple y casi instantánea, lo cual no implica que sea necesariamente más efectiva y vinculante. La escritura manual, la conversación cara a cara, la lectura del papel impreso y el contacto físico en las relaciones interpersonales, han devenido, para no pocas personas, recursos atávicos que datan del Paleolítico.

Capaz de cambiar las formas externas sin alterar su esencia, la alienación, como estado que suprime la personalidad y el libre albedrío del individuo, adquiere en el contexto de esta época de aparente “tecnocracia”, la facultad de subordinar las decisiones del hombre a la existencia de máquinas.

En el mundo, quienes poseen celular, tablets y computadoras con acceso a Internet u otra red menor, han asimilado el correo electrónico, Twitter, Facebook y el servicio de mensajes cortos en el móvil (SMS), como modos cotidianos de relacionarse. La pluralidad de códigos y su capacidad para simplificar las limitaciones del tiempo y el espacio dan carácter revolucionador a estos medios y redefinen el concepto tradicional de la conversación.

No resulta difícil llegar a un sitio y obtener la indiferencia como única respuesta a los buenos días, pues a menudo los presentes se niegan a desatender, siquiera por un segundo, los equipos digitales. Pareciera en esos momentos que, ante la realidad virtual de una pantalla fría, los sentidos abandonan toda percepción sensorial y el ser humano se vuelve una víctima dócil de la enajenación.

La adición a la tecnología es tan variada como la totalidad de soportes en que esta se comercializa. Algunas personas permanecen inmóviles durante horas por el desafío de un juego. Otras dependen de sus celulares para recordar las fechas, su  número de teléfono, una dirección o dedican varias horas del día a alimentar, vestir y acunar a una criatura digital. Además, destinan sus ingresos a la compra del último modelo en el mercado, como parte de un ciclo de consumismo y dependencia.

En Japón este fenómeno ha alcanzado dimensiones mayores, pues existe un grupo social denominado hikikomori (estar recluido), cuyos integrantes son individuos, autosometidos al aislamiento, que se relacionan con el exterior gracias a la televisión, el ordenador o los videojuegos. Tal encierro puede provocar en ellos la pérdida de las habilidades sociales y los referentes morales, así como un comportamiento violento o delictivo.

Sin embargo, la tecnología no es la génesis del dilema. Al analizar el desarrollo humano resulta innegable la importancia del conocimiento técnico que ha permitido la adaptación del medio y satisfacer las necesidades materiales,  de las que también depende, en cierto grado, la solución de las urgencias de la cultura y la espiritualidad. La panacea para el síndrome de ceros y unos depende de cuán capaces seamos de utilizarla, sin quedar esclavizados por ella.

Las ciencias aplicadas a la comunicación y sus resultados, ajenos aún a la socialización global, deben de vincular al hombre con sus semejantes para que, al mirarse en el espejo, vea una imagen propia y no la otredad de lo desconocido. El ser humano, desprovisto de identidad, es un nómada condenado a desandar el páramo donde solo crecen sus extravíos.

¿DOMADORES O FUEGOS? AHÍ ESTÁ EL CAMPEÓN

¿DOMADORES O FUEGOS? AHÍ ESTÁ EL CAMPEÓN

ALAIN MIRA LÓPEZ,
estudiante de primer año de Periodismo,
Facultad de Comunicación, 
Universidad de La Habana.

Los Domadores de Cuba están en la final de la IV Temporada de la Serie Mundial de Boxeo. Una vez más la escuela cubana de este deporte demuestra su calidad, pero obtener la corona no será tarea fácil, pues se enfrentarán a los Fuegos de Bakú, la franquicia de Azerbaiyán, un país con tradición en la especialidad.

La selección cubana terminó la fase clasificatoria con 28 puntos y 41 victorias de 50 posibles en el primer lugar de la tabla de posiciones del grupo B. Este resultado demuestra la preparación de nuestros atletas.

Vale destacar la actuación del minimosca (49 kilogramos), Yosbany Veitía, con siete triunfos sin descalabros. Al parecer, el espirituano será quien saldrá al ring como titular en ese peso y me atrevo a predecir su triunfo sobre cualquiera de los dos representantes de Azerbaiyán en esta división, pues tuvieron una pobre actuación en la clasificatoria.

En los 52 kilogramos debe salir, por los antillanos, Leodán Núñez (2-0). Su posible rival es Elvin Mamishzada (2-1), el principal exponente de los Fuegos de Bakú, en el peso.

Aún no está definido quién representará a los Domadores en los 56 kilogramos, pues “el tren cienfueguero”, Robeysi Ramírez, sigue fuera del cuadrilátero, luego de la sanción que le impuso la Comisión Nacional de Boxeo, el pasado año. Norlan Yera de seguro será el sustituto, mas, el muchacho no ha caminado lo suficiente en este torneo. Veamos si da un alegrón.

En los ligero welter (64 kilogramos), el camagüeyano Yasniel Toledo (5-1) se enfrentará al azerí Gaybatulla Gadzhialiyev (4-1), pues del resto de los foráneos, ninguno muestra un resultado medianamente respetable, todos perdieron en sus respectivas presentaciones. Mi pronóstico: una buena pelea donde el cubano ganará.

El campeón olímpico de Londres 2012, el pinareño Roniel Iglesias (4-0), debe ganar el encuentro entre los pesos welter (69 kilogramos), sea quien sea su contrincante. De la nómina rival, nadie posee la técnica para derrotarlo, no por gusto es denominado como “el elegante sobre el ring”.

El encargado de boxear en los 75 kilogramos será Arlen López. Tendrá un difícil reto, pues en la plantilla rival, todos los pesos medios tienen más experiencia sobre el cuadrilátero; es lamentable la ausencia de Ramón Luis (4-1), quien ha hecho muy buen papel en esta edición de la Serie Mundial.

La mejor pelea del encuentro debe ser la pactada entre el camagüeyano Julio César la Cruz (4-1) y el campeón mundial Teymur Mammadov (2-2), la cual viene con picante incluido. El cubano lo venció en la clasificatoria y ahora tendrá que boxear duro para ganar.

En la división de los 91 kilogramos, el pesado Erislandy Savón (7-0) debe hacerle honor a su apellido y ganar; velocidad y técnica posee para ello, pero no puede perder la cautela, ya en estos pesos la pegada provoca muchos estragos, y él no tiene.

Para cerrar, José Ángel Larduet o Yoandi Toirac, uno de ellos, tendrá la difícil tarea de enfrentarse a Arslanbek Makhmudov (4-0). El boxeador asiático se mostró muy bien frente al granmense Yoandris Maceo, allí enseño un golpeo feroz y una gran capacidad física.

Creo que es la única carta segura de los Fuegos, pues para ser sincero, hay demasiada diferencia entre los púgiles cubanos y su rival.

En resumen, los Domadores pueden aventajar a los Fuegos 3-2 el día 6 de junio y sellar su victoria el 7, en la cuarta pelea para así ganar con un marcador global de 6-4. Parece sencillo, y confío en ello, pero cuidado, Azerbaiyán viene de ganarle al campeón, Las Promesas de Astana, franquicia representante de Kazajistán. Mejor dejo que todo se decida en el ring.

BAILANDO ¿AL RITMO DE ENRIQUE IGLESIAS?

BAILANDO ¿AL RITMO DE ENRIQUE IGLESIAS?

NGA TRAN THU (NINA),
estudiante de primer año de Periodismo,
Facultad de Comunicación,
Universidad de La Habana.

La música conecta las emociones como lenguaje no convencional que encuentra su origen en el corazón. “Bailando“ (2013), del compositor cubano Descemer Bueno, es una canción de este tipo.

El tema musical de la canción es un producto de calidad que fusiona de manera magistral  el sonido y la imagen. La letra recrea una historia de enamorados e invita a lanzar los primeros pasos de baile y a cantar, actuando como una especie de catalizador de amor.

Lo más interesante de Bailando es el ritmo, pues constituye una mezcla del pop latino y del reggaetón. De esta manera, se obtiene un sonido único que identifica al dúo cubano Gente de Zona donde quiera que suene, al lograr de una manera creativa combinar el ritmo con letras populares.

La misma ha pasado a formar parte permanente de la cultura popular cubana. Todos la cantan y tararean en cualquier momento y lugar, pues no son pocos los que se siente identificado con ella. Ha tenido tal impacto que ha trascendido al nivel internacional, encabezando la lista de éxitos de países como España y Estados Unidos, gracias a la colaboración del reconocido artista español Enrique Iglesias, quien realizó un featuring con Gente de Zona y la ubicó en su última producción discográfica Sex and Love.

Llama la atención de que a pesar de que el tema fue estrenado desde septiembre del año pasado, solo alcanzó la fama mundial debido a la colaboración de Enrique Iglesias.

Tal perece que los intérpretes cubanos no tienen el suficiente talento como para “contagiar” con su música a la gente y colocarla en la cima de las listas de éxitos.

Ahora bien, analizando las dos variantes de la canción: la primera de Genta de Zona con Descemer Bueno, y la segunda, donde se suma Enrique Iglesias, no es difícil percibir que en estas no existe un cambio ni de letra ni de ritmo. Las frases melodiosas siguen en su lugar, la cadencia continúa igual de “pegajosa”. La única variable que modifica el “hit” es la intervención del cantautor español.

Los mismos integrantes de Gente de Zona lo reconocen, en una especie de resignación: “Sabíamos que Enrique Iglesias es un autor de calibre internacional y que nosotros algunas veces no llegamos a esa altura debido a la situación geográfica”.

Estoy segura de que Iglesias es un magnífico cantante, mas no entiendo el porqué es necesaria su participación en el tema para que éste alcance dimensión y reconocimiento internacional, pues un texto es lo suficientemente capaz por sí mismo de apegarse a los gustos de los bailadores, de transmitir emociones.

Es cuestionable que en el mundo de la música el público se deje guiar por los estereotipos y solo acepten una producción musical en dependencia de quién sea el intérprete. Pienso que la música es universal y que puede ir mucho más allá de un cantante.

Los artistas se ubican sobre un escenario intentando llevar su arte a un público que escucha atento sus emociones, sensaciones, conflictos internos; un público que hace suya sus canciones, las disfruta, y que se deja enamorar por una peculiar melodía que “reza”: “Yo te miro y se me corta la respiración…” 

PARA VIVIR HACEN FALTA CUENTOS

PARA VIVIR HACEN FALTA CUENTOS

DARÍO ALEJANDRO ALEMÁN CAÑIZARES,
estudiante de primer año de Periodismo  
de la Facultad de Comunicación,
Universidad de la Habana.

No es extraño ver en las noches de lunes a las personas en sus casas, todas alrededor de un televisor para ver otra aventura -o desventura, quizás- de Pánfilo y Chequera. Vivir del Cuento es, sin duda, el espacio televisivo más visto de la pequeña pantalla cubana actualmente, lo cual ha sido reconocido en las recientes encuestas de popularidad del programa Entre tú y yo.

Esta serie humorística ha venido a romper lo que ya se hacía tradición en su género en Cuba: el mal gusto y la sátira absurda. Podríamos citar como ejemplos a Los amigos de Pepito o el fracasado Sala O, que se fue tan rápido como llegó por la falta de audiencia y las fuertes críticas que se le hicieron.

Vale decir que Vivir del cuento padeció de lo mismo en sus inicios,  pues, antes que Ignacio Hernández y Jaime Fort tomaran las riendas de la dirección y guión del espacio, respectivamente, gozaba  de muy mala calidad. La idea original (que le dio el título que  mantiene) fue la de un programa de participación, quizás con el objetivo de enmendar la decepción que causó Los amigos de Pepito.

Esta vez, en la conducción de la emisión televisiva, siguió Mario  Sardiñas (quien se había ganado el desagrado de buena parte de la  población por su tosquedad y falta de simpatía) a quien se le sumó el hasta entonces poco conocido Luis Silva, con su personaje de Pánfilo. El estilo de programa de participación no gustó mucho, por lo que se decidió convertirlo en una serie humorística.

Vivir del cuento es un espacio televisivo muy bien ubicado en cuanto a horario se refiere, dado que es después del Noticiero  Nacional de Televisión que la familia, normalmente, se reúne a  cenar. Posee una escenografía sencilla (una vieja casa y algún que otro exterior) y un elenco pequeño, lo que crea cierto apego e identificación con los personajes).

La trama gira alrededor de dos ancianos: Pánfilo (Luis Silva) y Chequera (Mario Sardiñas, quien se reivindicó con esta versión del  espacio televisivo). Existen otros personajes que matizan la historia y que poseen características muy propias. Tal es el caso del  especulador Chacón (Wilber Gutiérrez), las negociantes Cachita (Irela Bravo) y Evarista (Aris Terrera), el invisible, pero siempre mencionado gerente y los personajes (antagónicos por demás) de  Aguaje y Facundo, ambos interpretados con maestría por el joven actor Andy García.

Pánfilo y Chequera se han convertido en algo más que el arquetipo  de la población de la tercera edad cubana. Ambos intentan salir  adelante económicamente, para lo que planifican mil y un proyectos  que, entre enredos y equivocaciones, terminan fracasando. Pero nada les detiene. En la próxima entrega llegan con ideas nuevas que vuelven a frustrarse y, entre programa y programa, sale  disparada a ráfagas la crítica social.

La calidad del guión es excelente y apuesta por un público inteligente y de mentalidad abierta. Cada palabra es precisa, cada comentario fugaz tiene un enorme peso a la hora de hacer reír al  espectador.

Estos dos ancianos son inseparables, uno complementa al otro. El  conservadurismo de Pánfilo se enfrenta al optimismo y el pensamiento moderno de Chequera, quien busca convencer a su  amigo de montar algún que otro “negocio” para sobrevivir. Es  cuando la crítica mordaz nace espontánea, con su pizca de inocencia. Vivir del cuento promete ser de esos programas que siempre son recordados con beneplácito, pero esa es otra historia…

LA CUENTA NO DA

LA CUENTA NO DA

MONICA LEZCANO LAVANDERA,
estudiante de primer año de Periodismo,
Facultad de Comunicación,
Universidad de La Habana.   

La semana pasada fui al supermercado de 3ra. y 70 con mi amiga Aylene. Ella es de Pinar del Río y nunca había entrado a una tienda “como en las películas”. El asombro la invadió al instante, pero no era por los enormes pasillos y los estantes repletos de productos caros. “Mira cómo llenan los carritos con boberías, ¡y son cubanos!”, me dijo después de abrir la puerta con sumo pasmo.

No es secreto para nadie la desigualdad económica que nos acecha. La sociedad cubana deviene una especie de balanza en la que no existe equilibrio. Los profesionales viven de salarios fantasmas que desaparecen después de una semana, y los cuentapropistas asumen un elevado nivel de vida.

Con el pago de impuestos y el arrendamiento de locales, el costo de los servicios particulares aumenta, “porque no da negocio” mantener los mismos precios si suben los de las patentes. Pero la población mantiene iguales sueldos, y es la que les aporta el crecimiento de sus ganancias.

Aylene lo entiende. Su prima es dueña de una pizzería. No le falta en qué ocuparse, y llega muy cansada a la casa, pero con el fruto del día en la cartera. Para eso se “mata” trabajando.

Por otra parte, afloran los que se aprovechan del papel que desempeñan en su centro laboral y acomodan sus necesidades a las “ventajas” que les da el puesto. Si bien es cierto que el país lucha contra la corrupción y las ilegalidades, no dejan de existir quienes mantienen una ceguera total ante tales incidencias.

La cuenta no da, de ninguna manera. El poder adquisitivo de quien se apega a la honradez de vivir únicamente de su salario disminuye cada vez más y se enfrenta a la tentativa del ya ¿justificado? robo “para la subsistencia”.

Las crecientes preocupaciones por la economía doméstica han marcado un ritmo ascendente en la relativización de los valores. Para muchos, la incertidumbre de un bolsillo vacío avala cualquier tipo de concesiones éticas. 

Cabría entonces preguntarse: ¿acaso es el dinero sinónimo de la felicidad? ¿Hasta qué punto las aspiraciones personales deben ser relegadas en pos de seguir consumiendo tiempo para “mejorar” económicamente?

A cada quien según su capacidad es una política de distribución justa, pero los profesionales están lejos de incluirse dentro de ella. Sus estudios y conocimientos resultan insuficientes para una aritmética sencilla de suma y resta, con la esperanza de que alcance el salario a finales de mes. Muchos abandonan el ejercicio de su profesión, otros hasta la geografía nacional buscando números favorables.

La emigración a otros países se ha convertido en una manera de amortiguar los pesares. Visas y pasaportes pululan en los sueños de muchos. Fenómenos como estos no sirven de casillas para todos los cubanos. Siguen existiendo personas honestas, sencillas, naturales. Personas que viajan en guaguas y regresan del trabajo para la bodega a buscar el pan de cada día –no siempre actualizado con el calendario-.

Mi amiga regresa hoy a Pinar del Río. Se va en una Yutong, esas de 33 pesos. Me hizo prometerle que la llevaría a Palco y a Carlos III, solo para mirar, porque ella no puede comprar tanto.

TRAS EL HUMO DE UN CIGARRO

TRAS EL HUMO DE UN CIGARRO

ALIANET BELTRÁN ÁLVAREZ,
estudiante de primer año de Periodismo,
Facultad de Comunicación,
Universidad de La Habana.

Es común que al recorrer las calles de Cuba, encuentres a muchachos jóvenes con un cigarro entre los dedos como muestra de su “masculinidad”, o a niñas que al encenderlos se consideran más experimentadas que las que no lo hacen. Esto se debe a que el hábito de fumar ha ido tomando fuerza y cada día las personas adquieren el vicio a edades más tempranas.

Los que fuman comienzan por razones diferentes. Algunos piensan que es moda. Otros, por seguir el ejemplo de sus familiares. Por imitar a los demás y pertenecer al grupo, por no ser catalogados como infantiles. Lo cierto es que todo se limita a factores psicosociales, porque no existen motivos físicos para empezar a hacerlo. El cuerpo no necesita tabaco de la manera que requiere alimentos, agua, descanso y ejercicio.

El creer que el hábito de fumar sólo tiene consecuencias a largo plazo, casi siempre limitadas a problemas respiratorios, es uno de los facilitadores para que los adolescentes se inicien en el consumo de tabaco, sin conocer que muchas de las sustancias químicas presentes en los cigarrillos, como la nicotina y el cianuro, son venenos que pueden matar en dosis suficientemente altas.

Quienes inhalan este humo tóxico por primera vez, a menudo sienten ardor en la garganta y los pulmones, y algunos tienen náuseas o incluso vomitan por la repulsión que hace su organismo a estas sustancias ajenas. Los jóvenes fumadores tienen una capacidad pulmonar disminuida y una mayor incidencia de infecciones respiratorias.

Actualmente, a escala mundial, más de 150 millones de adolescentes consumen tabaco, cifra que aumenta según información de la Organización Mundial de la Salud. Es alarmante conocer, además, que entre 80 000 y  100 000 jóvenes de todo el orbe se convierten en adictos al tabaco cada día, como indican diversos estudios publicados por la revista estadounidense Scientific American.

Los jóvenes cubanos se ubican entre los que más fuman en América Latina, con una cifra de 32  por ciento en los mayores de 15 años, según constató el Ministerio de Salud Pública de Cuba en estudios que forman parte de la Encuesta Mundial de Tabaquismo, realizada recientemente.

El 16 por ciento de los jóvenes cubanos fuman dentro de sus hogares, el 22,8 en eventos sociales, el 38 en espacios públicos, el 9,1 en la escuela, pese a las regulaciones establecidas, y el 13,7 por ciento en la casa de sus amigos. Lo que contribuye a que casi el 40% de las personas comience a fumar antes de los 17 años.

Casi cuatro de cada diez personas de toda la población nacional está expuesta a este hábito en su propio hogar, y es que son muchos los fumadores pasivos que tienen que vivir bajo el agobiante humo expulsado por familiares o amigos que son esclavos de este vicio y que la mayoría de las veces no concientizan el mal que están  ocasionando.

Es conocido que el tabaco es el responsable del 33 por ciento de los cánceres en los hombres y del 10 en las mujeres. Además, El 90 por ciento de las afectaciones del pulmón están provocadas por el consumo de cigarros. Otro dato importante es que el 80% de las víctimas de infarto de miocardio menores de 45 años son fumadores.

Ocho millones de personas, en el mundo, podrían morir cada año a causa del tabaco de aquí a 2030, indica un informe publicado por la Organización Mundial de la Salud (OMS) en 2008. El 80 por ciento de estas muertes se producirían en países en vías de desarrollo.

En Cuba, actualmente entre el 18 y el 19 por ciento de la mortalidad es por el tabaquismo. Y es que muchas personas luego de probar este vicio, no lo dejan, si al menos hicieran el intento los jóvenes de nunca probarlo estos datos disminuirían. Una vez más se hace valida la frase popularizada de “mejor no empezar”.

DUEÑOS DE NADA

DUEÑOS DE NADA

ANIA TERRERO TRINQUETE,
estudiante de primer año de Periodismo,
Facultad de Comunicación,
Universidad de La Habana.

El primer requisito para poseer es sentirse dueño. Si uno no se reconoce como tal nada tiene, aunque le sobren pertenencias. Según los psicólogos, a los niños muy pequeños que llegan al primer grado y tienen que hacerse responsables de portaminas, libretas y gomas, les pasa algo similar. Cada día hay que darles un lápiz nuevo. Los pierden, sobre todo, porque no han interiorizado el sentimiento de propiedad, la responsabilidad de cuidar lo suyo.

Así mismo sucede a nivel social. Durante años hemos repetido que somos dueños de los medios de producción, pero… ¿hemos interiorizado completamente su significado?

¿Cuántas veces nos resignamos a callar y no protestar ante un evidente maltrato o un hurto a plena luz pública “para no buscarnos más problemas”? Somos los dueños, pero permitimos que alguien robe o rompa lo nuestro sin decir nada. Y, además, a veces lo justificamos. “Pobrecito, tiene que defenderse…”.

No señor. Nosotros tenemos que defendernos. Del robo con guante blanco, de la permisividad, de la desidia, de la indolencia, del vandalismo, del maltrato institucionalizado, de los burócratas, de los muchachos que rayan la guagua para fomentar el ego propio,  de las secretarias que se arreglan las uñas sobre el buró y de las tenderas que conversan con su colega como si del otro lado del mostrador hubiera sólo estatuas.

En julio del 2013, durante la Primera Sesión de la VII Legislatura de la Asamblea Nacional del Poder Popular, Raúl Castro, presidente de los Consejos de Estado y de Ministros, afirmó que una parte de la sociedad veía normal el robo al Estado y toleraba como algo natural botar deshechos en la vía, marcar y afear paredes y fachadas, beber en lugares inapropiados, conducir en estado de embriaguez y otras indisciplinas sociales. Así, las malas conductas y las indisciplinas se generalizan.

El problema –cual manzana de canción infantil- se pasea desde las salas del recién robado Museo Nacional de Bellas Artes hasta los comedores de aquellos centros de trabajos donde abundan los “faltantes”. Y de paso, confiado por nuestras pasivas reacciones, se cuela entre grafitis que manchan estanquillos y paredes del Vedado capitalino. La solución solo depende, aunque no lo parezca, de nosotros mismos.

Necesitamos comportarnos como dueños de lo que nos rodea. Extender los límites de lo propio más allá de las puertas del hogar, de lo “mío y ya”. Lograr identificarnos con aquello que no está a nuestro alrededor y que, de alguna forma, nos pertenece. Tal vez, una buena forma de hacerlo es partir de una búsqueda más profunda de nuestra identidad. A ella hay que salir a despertarla, rescatarla y levantarla.

La solución comienza por nuestra capacidad de identificarnos con el lugar en que vivimos y sus tradiciones, con los medios de producción y con la tan defendida propiedad común que sostiene el socialismo; para protegerlos y protestar, sí, cuando haga falta. La respuesta es, en definitiva, intentar ser algo más que dueños de nada.