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Isla al Sur

Comentarios-Trabajos docentes

TENGO MENUDO

TENGO MENUDO

YUNIEL LABACENA ROMERO,
estudiante de segundo año de Periodismo,
Facultad de Comunicación,
Universidad de La Habana.

Sé de una amiga (mejor, muchas amigas) que no recibieron los 25 centavos de vuelto de su compra en la bodega y, ante la queja, nadie les hizo caso. También de dependientes que se ponen molestos cuando uno les exige su derecho, y en ocasiones califican de ridiculez el mero hecho de protestar por unos medios o unas pesetas.

Conozco una profesora que en la farmacia de su municipio dejó de adquirir un medicamento, por no existir cambio para 50 pesos y también de un joven que, con 10 pesos, tuvo que regresar a su casa en busca de un billete de menor cuantía para comprar. Ante esta situación, la respuesta fue siempre la misma: no tenemos menudo.

La expresión se ha hecho popular como argumento de los dependientes de muchos centros que despachan sus productos en moneda nacional. Cualquiera piensa que surgió con el propio hombre; pero, en realidad, es un problema que en los últimos años ha invadido con más frecuencia el ajetreo diario del cubano sin encontrar solución alguna.

Tiendas, cafeterías, restaurantes, oficinas del gas, la vivienda, el agua o el teléfono, en los ómnibus, en todas partes, esta acción parece hallar un boleto al paraíso. Los vendedores se dejan llevar por la demora para el cambio o, en el mejor de los casos, si el cliente espera con su mano abierta a que le regresen lo que le pertenece, con la mayor tranquilidad le ofrecen esa respuesta.

Más allá de cualquier interpretación, la verdad es que hoy casi ninguna entidad posee menudo cuando una persona va a comprar determinado producto y paga con monedas y billetes de un peso en adelante. Casi siempre los centros oficiales son el mejor ejemplo de esta mala práctica que se ha generalizado en el país.

Usted puede ponerse bravo y hasta llamar al administrador de la entidad para que ayude a resolver el problema que claramente le plantearon sus subordinados. En muchas ocasiones, este es partícipe del engaño al cliente. Al solicitar su presencia, casi nunca está o acude molesto al llamado del burlado consumidor… y repite sin importancia las trilladas respuestas de sus dependientes: no tenemos menudo.

Es injustificable recibir esta respuesta en centros que, se supone, cuenten con el menudo necesario para atender a los clientes a cualquier hora del día. Los productos tienen un precio que debemos respetar y demandar como ciudadanos. Ese vuelto pudiera ser el completo para asistir a otro establecimiento. Seguro no aceptarían despachar algún producto si yo no tuviera menudo. En ese caso, ¿la expresión tendría el mismo precio?

¿Qué hacer? ¿A quién reclamar? ¿Cómo enfrentar el problema? ¿A  qué se dedican los responsables de garantizar el menudo? ¿Dónde está la ética de esas personas? ¿Qué decir de la apropiación del vuelto porque sencillamente no hay menudo? ¿Aparece éste entre los llamados derechos del consumidor?

Como una batalla muda entre el empleado y el cliente pudiéramos describir este entorno. Uno a la espera del vuelto, el otro haciéndose el desentendido. Vence el que más paciencia tenga en las escaramuzas de dinero fragmentario, que al final del día, la semana y el mes devienen en miles de pesos que van a parar a los bolsillos de alguien.

Un conocido humorista afirmaba: «Aunque el mundo este revuelto, sonría; total, el quilo no tiene vuelto». ¿Acaso podemos simplemente sonreír cuando violan nuestros derechos ciudadanos? El quilo no tendrá vuelto, pero las monedas y billetes de un peso en adelante, sí.


 

CHARLOT: UN GENIO DEL SILENCIO

CHARLOT: UN GENIO DEL SILENCIO

KATHERYN FELIPE GONZÁLEZ,
estudiante de segundo año de Periodismo,
Facultad de Comunicación,
Universidad de La Habana.

Hay hombres especiales. Hombres que nacen para trascender la barrera de lo humano. Charles Chaplin fue uno de ellos, un cineasta que dominó como nadie el arte de la gestualidad e inmortalizó no pocas obras maestras del cine mudo.

Este comediante nació en Londres, Inglaterra, en abril de 1889. Luego de la muerte de su padre, un músico alcohólico, y el traslado de su madre a un manicomio, él y su hermano Sydney vivieron con gran pobreza en orfelinatos y otras instituciones de caridad.

Charlot, el famoso personaje ideado por este hombre que tuvo un talento sin igual, significa hoy día, un icono universal del séptimo arte.

Poco a poco, durante más de veinte años, Chaplin creó y perfeccionó un símbolo del vagabundo enamoradizo, pícaro y generoso, que lucha por sobrevivir y que en su solitaria vida, muestra la inconformidad con el mundo que lo rodea, que hace reír y llorar a los más diversos y escépticos públicos.

Con Charlot deleitó a diferentes generaciones, épocas y naciones. Con Charlot dejó en ellos la representación de lo mejor y lo peor de la naturaleza humana. 

La solidaridad, la inventiva, la ingenuidad y el encanto del eterno humorista, caracterizan al hombrecito de ropas anchas, sombrero de bombín, bastón y menudo bigote.

En cierta ocasión, expresó Phillipe Soupault, en la revista Europe, que «ese hombrecillo que camina con los pies hacia fuera es, en cierto modo, el héroe de nuestro tiempo. Expresa una realidad viviente y resume el idealismo limitado de los hombres de hoy. Ante todo, Charlot debe esforzarse por vivir, y para eso es preciso que entre en lucha con todas las fuerzas sociales».

A través de las situaciones hilarantes y burlescas, Chaplin realizó una fuerte crítica social, presente en toda su filmografía, desde «El circo», filme que le valió el Oscar por su versatilidad como escritor, productor, director y actor en 1929, hasta «Tiempos Modernos» y «El gran dictador», en las que fustigó la vida de la sociedad capitalista y parodió al fascista alemán Adolfo Hitler, respectivamente.

Como todo genio tuvo sus excentricidades. Tocaba el violonchelo y escupía el buen vino para luego llamarlo: «¡Excelente!». Fue, además, un gran amigo del cantante argentino Carlos Gardel.

Se consideraba un frustrado actor dramático. Sin embargo, constituye una figura cimera del cine universal y la más representativa del séptimo arte mudo, por su genialidad como mimo y como fiel intérprete de una sociedad que no defendía.

Vivió la Guerra Fría en los EE.UU. Se opuso con sus ideas progresistas al macartismo y a la Caza de Brujas, por lo que en 1953 fue exiliado y marchó a vivir a Suiza.

Tras dos décadas fuera de la nación norteamericana y más de medio siglo de filmado su primer largometraje, la Academia de las Artes Cinematográficas otorgó a Chaplin el premio Oscar Honorífico, por su contribución al cine durante el siglo XX.

Admiremos, pues, la obra de este hombre especial que nació para permanecer en el recuerdo de todos por su originalidad y legar a la humanidad más de 90 filmes extraordinarios.


 

PREMIO CASA: GENUINO REPRESENTANTE DE LA MEMORIA LATINOAMERICANA

PREMIO CASA: GENUINO REPRESENTANTE DE LA MEMORIA LATINOAMERICANA

YOHANA LEZCANO LAVANDERA,
estudiante de cuarto año de Periodismo,
Facultad de Comunicación,
Universidad de La Habana.     

“La memoria es elemento indispensable del alma de los pueblos, de su cultura e identidad. Y la memoria histórica no es cosa meramente de historiadores, sino de la conciencia social en pleno, destacadamente de los productores de la cultura artística y literaria. La independencia tuvo sus canciones, sus relatos, sus imágenes, sus símbolos, incluso antes que su historia. Todos ellos dieron carne y sangre a los acontecimientos y forman parte de aquella historia, de nuestra conciencia y de nuestro presente.”

Precisamente, en el afán de conservar esa memoria histórica a la que se refería el historiador cubano Pedro Pablo Rodríguez en la conferencia inaugural del Premio Casa de las Américas, se convocó en su edición 51, al Premio Extraordinario sobre el Bicentenario de la emancipación hispanoamericana.

Y es que aunque nos separan dos siglos, aquel 1810 parece homologarse con la situación más real de la América Latina hoy. Aún nuestros pueblos claman por una independencia verdadera, fuera de convenios que hagan sumisas a estas tierras. Y, afortunadamente, también queda aún, en la mayoría de los latinoamericanos, el espíritu de justicia social, las ansias por conseguir una auténtica libertad, tal y como la proclamaban Hidalgo, Morelos, Bolívar, Martí, entre tantos próceres, esos mismos que trataron de integrar a las diversas naciones en una misma patria, en la “Madre América”, la Nuestra.

Esta misión sigue en pie luego de 200 años. Los líderes de algunos de nuestros países no desisten en la apuesta por un futuro en que el hombre latinoamericano sea el principal decisor en la construcción y conducción de su propio destino.

Ese es el objetivo de los premios extraordinarios convocados por la Casa: poner a dialogar ideas transformadoras sobre temas vitales que guarden relación con los contextos que vive la región en el presente, establecer una interconexión de saberes que respondan a problemas inconclusos o necesidades no satisfechas aún en las circunstancias actuales de Latinoamérica.

Para contar la historia de los pueblos también se hace literatura. La Casa de las Américas siempre se ha propuesto fomentar el intercambio cultural entre las naciones latinoamericanas. Desde su génesis en 1960, el  Premio Literario, denominado inicialmente Concurso Literario Hispanoamericano, ha tratado de estimular y difundir las letras del continente.

De esta manera se integraba aquel quehacer literario no hispanoparlante que forma parte de la región. Desde 1964, se sumaron obras de creadores brasileños escritas en español y, en 1975, se decidió que en los géneros de ensayo y testimonio participaran obras escritas en portugués por autores brasileños.

La historia de la Casa atesora entonces las raíces de la literatura brasileña como género. Sobre esta interacción entre la institución y las letras de ese país, Julio Cortázar diría: "La participación regular de brasileños como jurados y como concursantes del más importante premio literario del continente -el Premio Casa- demostró que no era la lengua la que nos divorciaba de la América Latina."  

Así, la Casa de las Américas legitima los géneros no tradicionales, otorgándoles a esas lenguas no españolas un reconocimiento y autonomía con los que antes no contaban. De esta forma quedaban afianzadas al quehacer de la institución las creaciones de autores que demandaban ser parte de esa confluencia de esperanzas y realizaciones.

Con la integración orgánica de la literatura caribeña se daba la oportunidad, tanto a autores como a jurados, de formar parte de ese empeño por ampliar las relaciones socioculturales entre los pueblos de América Latina y el resto del mundo.

Jorge Fornet, director del Centro de Investigaciones Literarias que coordina y dirige las labores del Premio, entiende a este como un “espacio de confluencia intelectual y como plataforma para dar a conocer a centenares de autores fundamentalmente jóvenes, para contribuir a difundir -sin las presiones que el mercado ejerce sobre otros certámenes- obras que marchan a contracorriente, géneros que no gozan de éxito editorial, y hasta creaciones en lenguas de escasa circulación.  

Cada género convocado por el Premio Casa, más que un triunfo plenamente literario, busca utilizar los modos de escritura latinoamericanos como vínculo con la realidad de sus pueblos, como intercambio con una sociedad que exige de lo más genuino de sus letras una vía de transformación. La Casa y su premio forman parte activa de la vida de los habitantes de esta región; transcurren por los andares del hombre americano, junto a su historia, su religión, su cultura, su presente.

La edición 51 del Premio Literario Casa de las Américas propuso entonces no dejar en el olvido a un pasado que no ha muerto porque sus ecos todavía se sienten en la actualidad. Miremos otra vez las palabras del Premio Nacional de Ciencias Sociales 2009, las cuales trazan el más apremiante cometido latinoamericano:  

“Hay que montar a caballo otra vez para la acción unida, concertada en avance incontenible ante las nuevas y viejas dependencias y dominaciones. Nuestra madre América necesita del protagonismo popular para efectuar la verdadera y final independencia, la que nos haga marchar por nuestras propias avenidas y en función de nuestros intereses”.

 

LAS MUJERES EN EL DIRECTORIO REVOLUCIONARIO

LAS MUJERES EN EL DIRECTORIO REVOLUCIONARIO

Marta Jiménez Martínez, revolucionaria y viuda de Fructuoso Rodríguez, es un ejemplo de valentía y compromiso con la Patria.

ROSARIO ALFONSO PARODI,
estudiante de tercer año de Periodismo,
Facultad de Comunicación,
Universidad de La Habana.

Se ordena ya el gran sacrificio
y es justo que se apresuren a premiarlo
las mujeres, que son su corona  natural.
(José Martí)

El corazón sagaz y puro de una mujer es motivo de recordación, más si es esa mujer madre, viuda, combatiente revolucionaria, compañera de la batalla a muerte presentada a la tiranía, pues Marta Jiménez, merece la mayor distinción.

El romanticismo y el ideario de la juventud cubana colaboraban con anécdotas magníficas para ser escritas por los que examinan la Historia; hoy somos los jóvenes, distantes por varias generaciones, pero allegados a su extraordinario Movimiento, quienes coronaremos el homenaje ante el severo sacrificio.

Marta Jiménez  nació el 12 de enero de 1934 en Marianao. Estudió Farmacia, carrera que ingresó en 1951, fue única hija. Vivió rodeada de la efervescente revolución estudiantil, inmersa en la agitación y la vibrante inquietud de la Colina Universitaria, compartía allí asignaturas con Fructuoso Rodríguez y fue su esposa y, poco después, su viuda.

Esta mujer presenció la ansiedad de la juventud cubana de emerger hacia el liderazgo definitivo que daría fin a la dictadura de  Fulgencio Batista Zaldivar. Marta Jiménez convivió con aquellos jóvenes magníficos cuyo monumento es hoy el edificio del antiguo  palacio presidencial. Experimentó la terrible incertidumbre de la posibilidad constante y creciente de la pérdida de Fructuoso, del riesgo de su embarazo, de la muerte propia.

Marta es una representativa figura de la lucha revolucionaria de la década del 50 del pasado siglo, del espíritu, de los ánimos de rebeldía ante la injusticia que se esgrimía en Cuba por aquellos años. Pero sin dejar de ser por ello jóvenes alegres que adoptaron su papel de enfrentamiento a la tiranía con optimismo, con seguridad.

También, integró el Directorio Revolucionario en el año 1956, compartió refugio con los compañeros más perseguidos, enfrentó riesgos de traslado de los revolucionarios, alquilaba las casas que servían de vivienda transitoria, organizaba visitas a los presos políticos, asilo para aquellos cuya permanencia en Cuba representaba peligro para su vida.

Recaudaba fondos para el movimiento, desde los primeros tiempos contribuyó a establecer, fortalecer o reactivar  contactos que en ocasiones se ponían en riesgo por la vida clandestina que tuvo que hacer Fructuoso y los demás miembros del Directorio.

Se trasladaba continuamente con su esposo hacia los lugares donde, debido a la necesidad del líder estudiantil de permanecer escondido, eran reubicados. Embarazada de más de siete meses, continuaba al lado de Fructuoso a pesar del peligro que representaba, sin hacer caso de los requerimientos de su esposo para que regresara a casa de sus padres.

Ya se organizaba el asalto a Palacio, los preparativos consumían todo el tiempo, los encuentros entre ellos se espaciaban. En una ocasión logró verlo y lo encontró junto a Carlos Gutiérrez y Faure Chomón, frente a un plano, coordinando y disponiendo los detalles de la acción.

El 13 de marzo, desde una oficina ubicada en la Rampa, donde trabajaba, escuchó el tiroteo, los tanques. Marta comprendió que debía dirigirse a la Universidad, tenía que saber si Fructuoso estaba allí, si estaban vivos sus compañeros. Recordaba a Evelio Prieto Guillaurme, juntos compraron un refrigerador a plazos para la casa donde se acuartelaban los muchachos.

Evelio, quien salió de Palacio con una herida en el rostro y en la gabardina el contrato con el nombre suyo y el de Marta, fue delatado y asesinado horas después. Wangüemert, con quién había compartido casa al igual que con otros compañeros, murió también aquel día.

Fructuoso sería asesinado al mes siguiente, el día 20, en la casa de Humboldt 7. Su muerte convirtió a Marta Jiménez Martínez en heredera de sus principios e ideales patrióticos. Esa elevación tuvo muestra en el entierro de los mártires del 20 de abril. Vestida de negro,  pocos días antes de dar a luz, encabezó la enorme comitiva de duelo, al lado del féretro de su esposo.

Pero esta valiente mujer, a pesar de la muerte de Fructuoso, no cesó en la lucha ni permitió que el crimen quedara impune acusando del vil asesinato al Ventura Novo, connotado asesino de la dictadura de Batista.

Visitaba a los presos del Príncipe. Recaudó grandes sumas en La Habana, Las Villas y Holguín para la causa del Directorio y la revolución. Ayudó a esconder a compañeros como Guillermo Jiménez. Viajó a Miami donde contactó a los revolucionarios exiliados.

De regreso a Cuba, colaboró con Eduardo García Lavandero y Tato Rodríguez Vedo, ambos, después mártires de la organización. Tuvo que partir a Venezuela donde trabajó intensamente en la propaganda y en gestiones para los que estaban en Cuba combatiendo.

Todos los que la han conocido rememoran las anécdotas de su vida: el último encuentro con Fructuoso, el 19 de abril; su trabajo de viajante que le permitía ayudar admirablemente con fondos y hablan de su modestia. Con ese nombre, Modesta, firmó siempre durante su vida clandestina.

Para mujeres como Marta Jiménez Martínez: nuestra alabanza, nuestro homenaje.

 

A LA SOMBRA DE AMBOS MUNDOS

A LA SOMBRA DE AMBOS MUNDOS

BRENDA FERRER BERMÚDEZ,
estudiante de segundo año de Periodismo,
Facultad de Comunicación,
Universidad de La Habana.

En el corazón de la vieja Habana, allí donde confluyen dos de sus más concurridas calles, Obispo y Mercaderes, se alza un edificio que mantiene el esplendor de otro siglo. En el último piso, el cuarto 511, aún conserva la esencia de su otrora asiduo inquilino, y la atmósfera gira en torno a la pieza fundamental de la estancia: la máquina de escribir de aquel aventurero creador de El Viejo y el Mar.

Una tarja situada en el flanco oeste del inmueble anuncia al viajero: “En este hotel Ambos Mundos vivió durante la década del 1930 el novelista ERNEST HEMINGWAY. Consejo Nacional de Cultura.”

Famoso entre famosos, el hotel combina elementos de distintas épocas y tendencias, y los mezcla logrando un ambiente seductor. Es un estilo ecléctico que envuelve también a la pareja que, contenida en el tiempo y el espacio, mira sin mirar, mientras la observo desde la distancia de una ventana de la habitación.

No se mueven, no hablan, no pestañean. Ella tiene los labios apretados y una mirada que estremece. Todo el vestido es de tul blanco y flota sobre sus rodillas. Es una nube. El dedo del corazón porta una sortija, dorada como su rostro, sus manos, su pecho y su espalda. Gracioso el sombrero que se confunde con un nido de aves por ser de paja, al igual que sus zapatos. Posa con el torso ligeramente inclinado hacia atrás y los brazos doblados como niña fina.

Él sostiene a la altura del pecho y con manos plateadas tres bolos circenses. El rostro en dirección contraria a la dama tiene una mirada seria, inquisidora. Sombrero rojo andaluz, roja también la camisa, chaleco negro ajustado, corbata fina y pantalón ancho y roído; elementos que conforman un disfraz indescifrable, pero encantador. La pintura plateada cubre su rostro como un antifaz y los rizos negros rozan los hombros.

Alguien echa una moneda en la vasija rosa que está a sus pies, y de repente…, ¡la maravilla! Las notas metálicas sacan a sus cuerpos del letargo y los traen a este mundo.

Mientras la dama devuelve las miradas expectantes, su prometido hace girar el verde, amarillo y azul de los bolos. Luego, ella se aferra de espaldas a la columna donde se encuentra la tarja, y se queda allí, con el pecho erguido, el rostro al cielo y los ojos. Él queda de rodillas con la espalda recta mirando fijamente otro par de personajes que está a sólo unos metros.

Entonces los veo. Ambos son músicos de plata a quienes el tiempo congeló en pleno concierto. El de la derecha es violinista, viste de traje y su instrumento es apenas más grande que sus manos. Su compañero toca el tambor y unas largas y gruesas trenzas con cuentecitas caen sobre su espalda.

Al sonar de las monedas, el aristócrata incita a su amigo a danzar. Un, dos, tres, ¡eso!, otra vez, y un, dos, tres… Mueven los pies de un lado al otro al son del tambor, y las risas invaden al público.

Todos se detienen a mirar, desde la madre apurada que va a buscar a su niño al círculo, el viejito vendedor de periódicos, hasta el guía de turismo con toda su delegación. Gentes de todos los colores, tamaños y edades hacen una pausa en su viaje para contemplar el espectáculo a la sombra de “Ambos Mundos”.

Después de unos segundos, los músicos vuelven a apagarse, pero el brillo de sus ojos sigue vivo y miran pícaramente a quienes los rodean.

Son retratados, filmados, cuestionados. Unos ríen, otros comentan, o simplemente disfrutan. Lo cierto es que estos “muñecos de cuerda vivientes” del grupo Gigantería, alegran el boulevard y captan la atención del transeúnte con una propuesta distinta a la habitual mulatona que masca tabaco y tira las cartas.

EL ARTE ESPERA A LA ENTRADA DEL METRO

EL ARTE ESPERA A LA ENTRADA DEL METRO

LUISA MARÍA GONZÁLEZ GARCÍA,
Estudiante de cuarto año de Periodismo,
Facultad de Comunicación,
Universidad de La Habana.

Si usted desea disfrutar de mucho de lo mejor que en materia de arte ha acumulado la civilización humana, vaya a París. Yo no he ido, pero me lo han contado. Me han hablado, por supuesto, de la Torre Eiffel y la he recibido como regalo en miniatura. He escuchado del Louvre, del recorrido ultra-panorámico de un día, del recorrido exhaustivo que dura semanas y de lo que no falta ni en uno ni en otro: la fila enorme para llegar frente a un pequeño cuadro en el cual una antigua señora parece preguntarse: ¿y todo esto es para verme a mí?

Sobre eso y más se dice bastante: de mil museos, de catedrales, de antigüedades y modernismos, de quesos y vinos. Y también me han advertido, muy importante, que hay que llevar preparado el bolsillo.

De lo que nadie me ha contado es de aquello que por gratis, o quizá solo barato, se vuelve imperceptible a ojos del extranjero. Ni del caudal del Sena, ni de esta calle o aquella, ni de un parque con flores. Tampoco me han hablado, por ejemplo, de los accesos a las estaciones del Metro de París, uno de los principales exponentes del Art Nouveau francés y sello emblemático de la ciudad.

Para la Exposición Universal de París de 1900, el arquitecto y diseñador Hector Guimard (1867- 1942), construyó entradas para varias de las estaciones del metro cuya notoriedad fue tal, que durante los años siguientes irrumpirían con fuerza inusitada las calles de la gran ciudad. Tan significativas fueron estas creaciones, que durante un tiempo al nuevo movimiento se le conoció popularmente como Style Métro. Actualmente se conservan 86 de ellas; una fue donada al Metro de Lisboa y otra al Metro de la Ciudad de México.

Como ejemplares del Art Nouveau, las entradas hacen gala del énfasis en la linealidad y el empleo de líneas curvas, creando un conjunto de ondulaciones que propicia un ambiente de armonía entre el exterior y el interior. No hay volumen sino líneas interminables. El inicio y el fin de las formas desaparecen en la totalidad del diseño para transmitir una agradable sensación de fluidez y continuidad.

Muy en consonancia con la época, el principal material utilizado en la construcción de las bocas de los metros fue el hierro fundido, con la misma técnica escultórica de rellenar moldes para hacer las estructuras. En algunas, Guimard también utilizó el vidrio para articular la techumbre. Tal es el caso de la de Abbesses, de Chatelet y de Porte Dauphine.

En un intento por contribuir al cambio y a la construcción de un nuevo mundo, el Art Nouveau, o Modernidad –término usado para designar el movimiento a nivel internacional puesto que recibió un nombre diferente en cada país–, rechazó cualquier vínculo con el pasado. Fue Francia una de las plazas en las que más se acentuó este aspecto, debido a que era probablemente donde más enraizada estaba la Academia. Es por ello que el nuevo movimiento concentró su fuente de inspiración en temas vinculados con la naturaleza.

Intentó imitarla y reproducirla. Trató de ser igual de vital, espontánea y renovadora.

Por ejemplo, en el acceso de Parc Monceau o en el de Palais Royal la fundición de las balaustradas y de los apoyos de las lámparas asemejan formas animales y vegetales. En la de Porte Dauphine, se encuentra una marquesina formada por verjas de hierro curvadas en forma de tallos que terminan en pétalos de vidrio. Incluso los sistemas de iluminación son extensiones de las mismas estructuras.

Lo singular de la ornamentación es que no aparece como mero objeto decorativo sino como parte de la misma estructura y en una adhesión totalmente funcional. De ahí se deriva una de las características esenciales del Art Nouveau: su intención de, a través de la decoración, dar un matiz más humano, agradable y natural al proceso creciente de industrialización de las ciudades. Por ello, Guimard convierte un sitio representante del pragmático desarrollo tecnológico en una obra artística, pero no lo hace acumulando adornos sobredimensionados y superficiales, sino haciendo del decorado la esencia y estructura del objeto.

Frente la industrialización del entorno citadino cotidiano, el Art Nouveau quiso convertir estos espacios en lugares especiales, con lo que la tarea del arte era hacerlos modernos, divertidos, festivos, elegantes. Todos los elementos decorativos persiguen el propósito de dar un nuevo sentido al hecho de vivir en una sociedad industrial, y esa intención llevó al movimiento a ocuparse lo mismo de grandes obras arquitectónicas, que de parques mueblería, vajilla, etcétera.

Así es que el Art Nouveau, aunque alcanzó su máxima expresión en la arquitectura y las artes decorativas, fue un movimiento heterogéneo que abarcó diversas maneras de expresión y creación. Su propia esencia lo definió como una vía de alcanzar y transformar cualquier ámbito de las sociedades modernas emergentes.

Entonces, volvamos a nuestro consejo: si va París, que de seguro lo hará algún día, no olvide que el patrimonio artístico de la ciudad trasciende los museos, galerías y espacios destinados a las artes. Recuerde que puede chocar con él mientras camina por la acera, o disfrutarlo si compra un ticket para tomar el metro.

 

BAILAR UNA POLKA EN MARTE

BAILAR UNA POLKA EN MARTE

MARITA PÉREZ DÍAZ,
estudiante de cuarto año de Periodismo,
Facultad de Comunicación,
Universidad de La Habana.

El cansancio nunca venció a Víktor. A dos meses de aquel fatídico noviembre de 2011 todavía estaba frente al computador. Sus manos sudaban el invierno ruso, atendían llamadas sin fin, y se volvían un nudo ante el vacío de respuestas. La cápsula hermética llena de moscas y bacterias  se calcinaba en el interior de la sonda espacial. La cámara delantera no alcanzó a divisar el mayor satélite natural de Marte, Fobos, y el brazo mecánico ya desprendido caía junto con otros restos de la nave en las costas del océano Pacífico, cerca de Chile. La misión espacial Fobos- Grunt había fracasado.

En enero el frío es cortante y el cielo se cubre entero de nubes. Era el día 15 cuando Víktor Jartev, director de la Unión Científico-Productiva Lavochkín monitoreaba la caída de los desintegrados pedazos de la sonda a la Tierra. Era la misma época del pasmurno, un “tiempo triste y gris”. Pero no, no es hora de mezclar las lágrimas con vodka. Podría haber sido un fallo del software, dicen algunos expertos. Error humano quizás,… sí, de alguno de los más de treinta que manejaban la sonda desde el cosmódromo de Baikonur, en Kazajstán. Aunque claro, también están los americanos, con sus potentes radares y la interferencia de partículas radioactivas. Esta podría ser la verdadera guerra de las galaxias.

En los comienzos de la carrera espacial, Viktor apenas era un niño. La Unión Soviética empezó con ventaja a finales de los 50: el Sputnik 1, la perrita Laika, Yuri Gagarin. Luego perdió la batalla con Estados Unidos por alcanzar primero la Luna. Cuando Viktor vio a Neil Armstrong dar el primer paso lunar ya tenía decidido dedicar su vida a la cosmonáutica. Pero ocurrió la desintegración de la URSS, las fricciones políticas, la desorganización, el olvido.

Ahora no compiten solo con los estadounidenses. Ahí está el gigante asiático que pretende conquistar también el Universo. Incluso, uno de los seis astronautas entrenados por Rusia para ir a Marte es chino. Una semana antes del desastre, los 500 días de entrenamiento en un simulacro de planeta terminaban, a pesar de que las expediciones tripuladas demoren más de 20 años en concretarse.  Por eso enviaban la Fobos-Grunt, una misión automática con fines exploratorios y científicos.

Entonces llegó el 9 de noviembre. Víktor apretó el botón. 3…2…1. ¡Bien! Todo salió bien. Fuera de la atmósfera no se encendieron los segundos motores. Tenemos tres días para recuperar la nave. Agonía. Dos meses de incertidumbre. Caerá a la Tierra. ¿Dónde? Los organismos vivos, las moscas Droshopila y las bacterias no representan peligro alguno. Todo quedará rostizado. Océano Pacífico, enero 15.

Para Viktor esta era la oportunidad de Rusia de recomenzar, enterrar los fracasos y poner su rumbo a las estrellas: “Es una tragedia para nosotros, pues intentamos dar un salto de 30 años hacia adelante. Fracasamos, y ahora se rompe la lógica de producción de otros proyectos futuros”, dijo de manera oficial delante de una docena de periodistas, mientras un foco de luz le aturdía la mirada. No le molestaron las preguntas indiscretas, acusadoras, ni siquiera sus respuestas justificativas, que sí, es la primera puesta en marcha de esa tecnología, no, no tenía realización práctica, pero recogimos innovaciones de vuelos, claro había un porciento muy grande de riesgo,… pues lo lamentamos, se cumplieron los peores pronósticos”.

La prensa desnudó la polémica interna. Su colega de la Agencia Espacial Rusa Roskosmos, Vladímir Popovkin, dijo: “Se efectuará un simulacro de vuelo para comprobar las causas del fallo, con un grupo de científicos”. Días después, Viktor declaró a la agencia Interfax: “Hubiera sido positivo crear la comisión de expertos para comprobar con el mismo rigor al Fobos- Grunt, pero antes de iniciar el vuelo”.

-¡Fueron más de 150 millones de dólares tirados a la nada!-, le dijo Vladimir.

-Está bien, pero si repartimos este gasto entre toda la población, cada ruso debería pagar solamente tres rublos o 10 centavos dólar al año durante una década. No es mucho, casi nada -respondió Víktor y agregó más calmado- Sabes la importancia de la expedición para conocer más de Marte, preparar los futuros viajes tripulados, o comprender cómo se formaron los planetas del sistema solar...

-¡Claro que lo sé! – interrumpió Vladimir-. Solo teníamos que traer 200 gramos de tierra de Fobos, dejar el satélite chino Yinghou-1 en órbita y todo eso en menos de dos años. Pero ahora tenemos muchos ojos encima, mira, deberías leer más la prensa-, dijo mientras le dejaba caer en las manos un ejemplar del diario Rossiyskay Gazeta.

Las mejillas siempre rosadas de Víktor parecían ahora dos manzanas maduras y sus ojos verdes se inyectaron de sangre poco a poco. No lo podía creer. Su héroe, el pionero espacial Vladimir Bugrov había criticado a Roskosmos: "Si algunos ingenieros antes del lanzamiento tenían claro que la misión sólo tenía un 50 por ciento de posibilidades de éxito, ¿por qué pusieron entonces su firma?". Y siguió el ex cosmonauta, de 78 años, “es la serie de errores más graves en el programa espacial ruso en más de cinco décadas, desde que en 1962 fracasaron cinco lanzamientos de naves espaciales. Creo que necesitamos una perspectiva clara para afrontar una misión rumbo a Marte”.

Perspectiva, claro. No, no es tan fácil como bailar una polka. Esto podría costarle el puesto a Vladimir… o a mí.

Unas semanas después, el nuevo director de Roskosmos, Anatoly Perminov, calificó de “absurdas” las misiones ya emprendidas a Marte. Víktor supo también que su agencia y la NASA debatirían el desarrollo de naves espaciales propulsadas por energía nuclear en Moscú, y tendrían en cuenta una segunda versión de la Fobos-Grunt. Estaba más tranquilo. ¿Lo estaba? El mismo país que una vez vistió el color del comunismo, se lanza de nuevo a la conquista del Planeta Rojo.


 

LA VOCACIÓN PERDURABLE DEL DECORO

LA VOCACIÓN PERDURABLE DEL DECORO

YOHANA LEZCANO LAVANDERA,

estudiante de cuarto año de Periodismo,

Facultad de Comunicación,

Universidad de La Habana.

“Él sabe amar y perdonar en una sociedad donde es muy necesario el perdón. Él quiere a Cuba con aquel amor de vida y muerte y aquella chispa heroica con la que ha de amar en estos días de prueba quien la ame de veras. Él tiene el tesón de periodista, la energía del organizador y la visión distante del hombre de estado”.

Así se refería Martí a su hermano negro, al que le escribió en una ocasión: “Mi corazón usted se lo sabe de memoria, como no tiene más que verse el suyo”

Y es que ese corazón enaltecido define la esencia de Juan Gualberto Gómez: el jefe en la Isla de la conspiración fecunda para la Guerra Necesaria, el propulsor  de una lucha que reivindicaba la gloria de 1968, el representante cimero del combate del pueblo contra la imposición de la Enmienda Platt.

Forjó la buenaventura a golpe de constancia. Descendiente de esclavos, logró aglutinar con su palabra culta a los cubanos relegados, y mostrarles el razonamiento como método de liberación.

“Soy sobre todo, y antes que otra cosa, un cubano que nunca ha dejado de serlo, y que no ha soñado con ser otra cosa, y que se cree por todo esto con el perfecto derecho de emitir sus opiniones sobre las cosas y los hombres que quieren influir en el destino de su patria.

“El amor a la patria es más que una virtud, es un deber; es un gozo que el cielo nos ha prodigado a todos los seres de la creación”.

Estas prédicas evidenciaban el deseo de que Cuba se constituyese en república económicamente libre para mantenerse políticamente soberana. Pertenecen a un guardián del nacionalismo ante la necedad intrusa, alguien que concilió su sentir de nación con la identidad mayor de Latinoamérica.

Llegó a convertirse en senador de la República, pero fue un demócrata sin demagogia, que no se alió a las deshonestidades administrativas buscando ilícitas fortunas. La abnegación de soñar con el ejemplo y la probidad perenne, le prohibieron fijarse en su economía personal.

A su labor política, de por sí sola grande, se unieron aptitudes periodísticas señeras. Con abrumadora dialéctica, lo mismo en el ataque incisivo que en la oportuna loa, dio pasos notables en pos de la igualdad jurídica y la libertad de expresión.

Al decir de Carlos Manuel de la Cruz, poseía “claridad del lenguaje, habilidad y maestría en la exposición, destreza y serenidad en la polémica, audacia en la idea, vigor en el estilo, cortesía para con el adversario y táctica para el empleo y movimiento de su lógica de buena ley.”

En Villa Manuela, la casa donde murió, pidió que su entierro no fuera de monopolios oficiales, libre de pompas y sin fuerzas militares, con la modestia de su vida.

A casi 80 años de su «descanso en guerra», el pueblo cubano ha de transitar siempre la ruta de sus afectos. Junto a él debemos encontrar el trillo recto del mejoramiento humano y la vocación perdurable del decoro. Y es que Juan Gualberto se hace inmenso por su conducta, se levanta y nos señala todos los días el mejor camino a seguir en el andar cotidiano por la vida. Así, queda inmortalizado su nombre junto a la más humilde grandeza del Periodismo y de Cuba.