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AÑO NUEVO DE LOS VIETNAMITAS

AÑO NUEVO DE LOS VIETNAMITAS

El “Tet Nguyen Dan” es parte de las tradiciones de ese pueblo asiático y se festeja para rendir homenaje a los santos que han ayudado al hogar.

TAN NGUYEN (TONY),
estudiante de primer año de Periodismo,
Facultad de Comunicación,
Universidad de La Habana.

El último día del mes de enero los vietnamitas celebrarán el Año Nuevo Lunar, un mes después de celebrarlo la tradición cristiana occidental.

Es un día sagrado para los vietnamitas, los que están en cualquier lugar, todos quieren regresar a sus casas en esos días para una reunión familiar y por los sabores de las fiestas nacionales.

El Año Nuevo comienza el primer día del primer mes lunar y es la estación del año nuevo (según el calendario lunar); por lo tanto, se conoce como el “Tet Nguyen Dan”.

Es una oportunidad para rendir homenaje a los santos que han ayudado al hogar en el transcurso del año anterior. La leyenda dice que cada año, el 23 de diciembre del calendario lunar, el Than Dat (Santo Cocinado), monta  un pescado en el palacio del Paraíso para hacer un informe sobre los asuntos del hogar en la tierra, y luego regresa el 30 de diciembre para dar la bienvenida a la primavera. También es una buena oportunidad para que los miembros de la familia se reúnan.

Cuenta la tradición que hace muchos años los humanos y los diablos vivían juntos, estos últimos se apoderaron de las tierras de los primeros. El Buda les propuso que colgaría su blusa encima de una planta neu (bambú de hojas muy verdes) y donde diese la sombra sería sus tierras, estos aceptaron y cuando ocurrió la sombra, cubrió toda la tierra. Los diablos le rogaban al Buda su regreso para las tumbas en ocasión del año nuevo. Es por ello que en estas ocasiones se utiliza el bambú para alejar o guardar los diablos.

Antes en mi país se ponían cinco frutas en una bandeja por la admiración que sienten los vietnamitas por el cielo, la tierra y ancestros. Las cinco frutas simbolizan los cinco elementos básicos de la filosofía oriental: metal, madera, agua, fuego, y tierra. Mucha gente cree que también simbolizan los cinco dedos  de la mano humana que son utilizados para producir la riqueza material. Sin embargo, de todas maneras, ellas representan que el cielo y la tierra bendicen a los humanos.

Para los vietnamitas, cuando se habla sobre las frutas debería pensarse en el crecimiento. Hoy la bandeja podría contener cinco o más frutas, en la forma de una pirámide, como antes, o en formas diferentes. A pesar de todo, solamente se le llamal “mam ngu qua”, es decir, Las Cinco frutas.

Para saber cómo los vietnamitas que viven en Cuba pasan esta fecha, el señor Trinh Huy Quang, agregado cultural de la embajada vietnamita aquí, cuenta: “Todos los vietnamitas que viven en Cuba o estudian en ella vienen para realizar la fiesta, no importa lo lejos que estén todas las personas, vienen para ese día.

“El Año Nuevo es un día especial para todos y lo más cerca que tienen los estudiantes de nuestro país es cuando se reúnen para desearse salud y saber cómo van los estudios, si tienen problemas, si se sienten bien en sus provincias. En nuestro país esa es una fecha muy especial, los familiares se reúnen y pasan un rato juntos, se conversa y escucha música de Vietnam”.

Las personas que viven en Cuba van a la y también hay muchos estudiantes que terminan la carrera y regresan a Vietnam y en la fiesta se les hace un reconocimiento, dando premios a los que han tenido mejores notas.

Muchas de las costumbres y tradiciones vietnamitas no se reproducen en su totalidad y otras son obviadas. Por ejemplo, la música sí es igual, pero la comida que hacen no es la típica comida vietnamita, allá se come carne de cerdo y de gallina, arroz y ensalada, además de Banh Dau que es un dulce hecho con maní, leche y azúcar, un tipo de turrón, como dicen en Cuba.

Pero la comida de ese día en la Isla es diferente. Prevalece la carne de carnero y la de res, ensaladas y panes, entre otras variedades culinarias.

También, se hace el desfile de moda de las muchachas con trajes de Vietnam y se ven muy bonitas con la ropa de su país. Además, se juega a adivinar qué canción se escucha, a partir de decir un fragmento.

“Las cosas que más extrañan los vietnamitas no son solo las comidas, aquí el año nuevo es muy diferente. También extrañan mucho a la familia, pues no pudieron estar juntos con ellos”, asegura Dang Manh Trung, estudiante de Pedagogía en el Instituto Superior Pedagógico Enrique José Varona. Para aliviar eso, la embajada realiza la fiesta, y así los vietnamitas se sienten como en casa, y eso los ayuda a alegrarse. Así, aunque no están con la familia, comparten con amigos que estudian y trabajan en Cuba.

En Vietnam, además de las fiestas existen costumbres muy antiguas como la de tirar arroz a la calle para pedir prosperidad, felicidad. También con el arroz se tira sal para honrar a los santos y pedir que las cosa malas que pasaron el año anterior no vuelvan, para que los santos protejan a las personas de la casa contra todo tipo de males. Se hacen regalos a los santos para mejor las cosas en casa, los mismos pueden ser dulces, velas, dinero o animales como ofrendas.

En Vietnam la religión más grande es el budismo, es la más extendida por todo el país. También hay otras creencias practicadas por tribus más pequeñas como los Tay, los Muong, los Hoa, los Khmers y los Nung... con un millón de habitantes más o menos; y las menos pobladas son los Brau, los Romam y los Odu, con varios cientos de habitantes.

El año nuevo que se celebra en Cuba por los vietnamitas es mucho más sencillo que el festejado por los habitantes de Vietnam. Muchas de las costumbres no se hacen y las que sí, no con todas las cosas que llevan, pero aun así, “es muy bueno cuando estás lejos de casa poder hacer cosas lindas de mi país en Año Nuevo; un momento para que trabajadores y estudiantes se reúnan, un día para conversar de un año pasado”, expresó Nguyen Dinh Long, estudiante de Sociología en la Universidad de La Habana.

LA MARAVILLOSA TELEVISIÓN CUBANA

LA MARAVILLOSA TELEVISIÓN CUBANA

ANABEL MIERES PÉREZ,
estudiante de segundo año de Periodismo,
Facultad de Comunicación,
Universidad de La Habana.

Por estos días la Oveja Negra retoma su peña, esta vez, en el cine Acapulco. Ello implica gran esfuerzo de los apasionados por el humor, pues desprenderse de la pantalla chica cubana, ¡no es nada fácil! Si asistiéramos a cuanto espectáculo humorístico se presentase en cartelera, dejaríamos de ver, aproximadamente, unos 350 ágiles e interesantísimos capítulos de una novela brasileña y sus inteligentes guiones incapaces de decepcionar a sus televidentes.

Bueno, realmente serían 700 si tenemos en cuenta que cada propuesta es repetida en más de una ocasión por la televisión, lo cual representa una ventaja para el público cubano, pues si no entendió los complicados parlamentos la primera vez, tiene la seguridad de que en el mismo año los volverá a escuchar.

También nos privaríamos de los novedosos e instructivos spots, sobre todo si pretenden reflejar fielmente la vida de los que nos representan en el Poder Popular. La televisión le permite ampliar su capacidad de análisis y dudar si entre las funciones de un delegado, que hace su trabajo por activismo, está resolver materiales o exigir que cumplan con su cometido los funcionarios que cobran por solucionar los problemas de la comunidad. Mientras usted se pregunta si los realizadores se asesoraron con los especialistas de la Asamblea Nacional, desde la pantalla le recuerdan que así son nuestros delegados.

¡Y qué decir de las críticas cinematográficas dominicales! Cualquier ateo rezaría para que una presentación de su interés no se efectuara en horas de la tarde, pues sería una lástima perderse los reiterados segmentos de la película que estrenarán en pocos minutos, aunque ya haya sido disfrutada por la casi totalidad de los habitantes del archipiélago en el canal Multivisión y de los interesantes datos que se le ofrecen del filme, como la trama, solo el nombre del director y de los protagonistas, pues al parecer las imágenes de los mismos en televisión están sobrevaloradas. 

Pero lo más doloroso sería privarse de la reseña del capítulo de la serie que saldrá al aire en segundos, ¿quién no desea conocer el conflicto por el conductor, antes de descubrirlo uno mismo? Aplaudo a quienes practican esta efectiva técnica, pues así explican al televidente lo que presenciará durante 45 minutos y los libera del peso que representa imaginar la trama.

De efectuarse el espectáculo en horas de la noche, las privaciones se multiplicarían, pues no estar informado es serio. Es imperdonable perderse las noticias de los sobrecumplimientos de producciones en el país sin la explicación de lo que esto representa para la población, al igual que los reportajes sobre temas de alta prioridad en los que los periodistas no indagan en los antecedentes y consecuencias.

¡Ni hablar de las informaciones culturales! Es inconcebible que en el país más culto del mundo estas se dejen de ver, y más cuando resulta tan agradable hacerlo. El lenguaje técnico utilizado por los profesionales de la prensa se entiende a la perfección, así como el de los creadores, quienes, modestamente y como bueno mortales, expresan la misma idea desde todas las variantes posibles.

Similar tónica se repite en las entrevistas, donde interrogantes novedosas como ¿qué representa para usted? son las que más abundan en el género, parejo además, con las acertadas y oportunas preguntas como ¿qué piensa de nuestro país?, dirigidas a los visitantes sin tiempo de conocer más allá del camino desde el aeropuerto al hotel o las conjeturas de reencarnación cuando precisan que si volviera a nacer, ¿haría lo mismo? Es comprensible, pues para lograr la primicia, todo cuenta. ¿Por qué no habrá definido Jorge Timossi la cantidad de malas entrevistas que son necesarias realizar previamente para lograr una buena?

Seguramente Amaury Pérez y Magda Resik podrán informar el dato, pues parecen haber descubierto la fórmula para que los televidentes ajusten su horario y dejen pasar una presentación teatral: con dos buenos espectadores críticos que se quieran…basta.

A pesar de lo que implica asistir al espectáculo del grupo humorístico, realice un gran sacrificio y visite su peña, que pasará un rato entretenido, aunque sin comparación con el que le ofrece la Televisión Cubana, la cual concibe sus atractivas propuestas pensando en usted.

 

“HAY QUE CORRERLE A LAS GUAGUAS”

“HAY QUE CORRERLE A LAS GUAGUAS”

YOSVANI GAÍNZA ÁLVAREZ,
estudiante de tercer año de Periodismo,
Facultad de Comunicación,
Universidad de La Habana.

Fueron estas las palabras de una señora que llevaba en sus hombros como en su semblante, unas seis décadas de vida. La seguramente ya jubilada no vaciló para echar una corrida tras el asomo del ómnibus, pues lo más probable era que debía llegar temprano a la consulta del médico, o al encuentro con un familiar, y por qué no al centro de trabajo que había dejado tras su retiro hace algún tiempo.

“Estoy algo arrugada, pero aún tengo fuerzas para correr”, murmuraba mientras subían los transeúntes entre el dime que te diré y el roce con las personas en aquella calurosa guagua.

Mientras acomodaba su cuerpo entre tanta congregación, abreviaba que ya era costumbre y le parecía normal. Así somos. No cabe duda que nosotros los cubanos estamos contentos hasta en los momentos más fatigosos de nuestra vida cotidiana.

Además de este episodio mañanero, otro fue el motivo para coger en mis manos lápiz y papel y escribir este comentario. Tuve la percepción, una vez más, que en Cuba –al menos en la  órbita en que me desplazo- a pesar de los ajetreos y las espinosas circunstancias por la que atravesamos, siempre hacemos lo posible por estar a tiempo en el lugar donde necesitan de nosotros o necesitamos estar. Desde los más jóvenes hasta aquellos que aún peinan canas.

Nunca he viajado al extranjero, mas puedo ver en películas, novelas y demás, que en otros países las personas  no tienen que correr  tras un ómnibus, luego lidiar con los pasajeros del mismo, intercambiar algunas palabras con el chofer, unas veces agradables pero otras desabridas, en fin, llegar arriba y tratar de acomodar el cuerpo entre tantos.

¿Esto? En Cuba. Y es que la misma vida tan agitada que llevamos permite que tales aventura sean costumbres y se afinquen en  nuestra idiosincrasia cada día más como el buchito de café que se toma el buen cubano. Después de cerrar la puerta de casa, sabemos que tendremos una mañana como la anterior: alegre, pero agitada. Otro “hay Dios mío”, CUARENTA centavos más y otra sonrisa calurosa para animarse. Pero…, para esto –entre otras cosas- “hay que correrle a las guaguas”.

EL APÓSTOL VERSUS CRONOS

EL APÓSTOL VERSUS CRONOS

ANTONIO E. GUZMÁN MORALES,
estudiante de primer año de Periodismo,
Facultad de Comunicación,
Universidad de La Habana.

Un Martí del siglo XXI: dómine de generaciones que se van y otras que suceden, necesitadas de una figura paradigmática para continuar legados y consolidar valores.

No de almanaques de años viejos en bolsillos ni de afiches para ocupar paredes en oficinas. Se necesita un Maestro del diario, fiel compañero de viajes y discursos ya no tediosos y cargados de términos no sentidos.

A 157 años de aquel alumbramiento fértil, el Apóstol se levanta y camina junto a nosotros para mostrarnos pasajes correctos y enseñar a trazarnos metas imposibles para hombres flojos de corazón y cerebros llenos de vanas ideas nunca renovadoras.

Copiarlo no es plagio. Obrar como él lo hiciera o tomar todo lo que deseó concedernos para bien común, no es apropiarse de algo no nuestro; al contrario, posibilita ser capaces de lucir banderas defensoras de ideales puros, gratos y nunca conformes con resultados planificados.

Un Martí que se burla del tiempo, queda, cala y corrige. Que nos enseña a no preterir a la muñeca por ser negra y a condolernos con historias de niños enfermos. A sentirnos como Meñique y no creer en retos quiméricos, para luego pasearnos sobre los hombros del gigante frente a la comarca que nos creía incapaces.

Que inculca convertirse en Bolívar, Hidalgo y San Martín y a luchar para que el culto a la dignidad plena del hombre sea ley primera. A confiar por fin en los pinos nuevos, cantera de veteranos y “futuros” pilares de la Revolución, y a cultivar rosas blancas para amigos sinceros.

Ese es el Martí necesitado. Que desea poner la justicia tan alta como las palmas y no está de acuerdo con tomar a la Patria de pedestal pues debe ser ara. Firme, incorruptible y audaz,  para así ser merecedores de portar en la frente la estrella que ilumina y mata. Un Martí fuera de arengas.

Un Apóstol a nuestro tamaño, o mejor, nosotros a su altura. No de figuras retóricas en textos súper editados y canciones para ganar concursos.

Estos tiempos nos obligan a verlo de ese modo: práctico, constante e impreterible. La mejor manera de de batallar en ellos, entonces, es ser fieles discípulos de nuestro Héroe Nacional, siempre mentor de un mar de cubanos que como Quijotes, no le temen a aspas de molinos supuestamente infranqueables. 

 

 

LA TRANSEXUALIDAD: APARIENCIA VS. IDENTIDAD

LA TRANSEXUALIDAD: APARIENCIA VS. IDENTIDAD

MÓNICA BARÓ SÁNCHEZ Y CAROLINA GARCÍA SALAS,
estudiantes de primer año de Periodismo,
Facultad de Comunicación,
Universidad de La Habana.

“Mi infancia fue una desgracia, sufrí mucho por sentirme niño, teniendo cuerpo de niña. Cuando me acostaba, solo pensaba y soñaba con el día en que podría ser un niño, y para no sentirme tan mal, cubría mis genitales al bañarme”.

Este no es el testimonio de una desequilibrada mental y lamentablemente tampoco es ficción, sino la descripción que hiciera un transexual masculino de su infancia.

¿Y qué es la transexualidad? Pues es un término creado por las Ciencias Médicas para designar a aquellas personas que demuestran su indisoluble sentimiento de pertenecer a un sexo que no corresponde con el suyo biológico. Es decir, en ellas existe una incongruencia entre su identidad y anatomía sexuales.

Los transexuales, sean femeninas o masculinos, (en dependencia del sexo con el que se identifican), suelen asumir las formas de vestir y conductas sociales del rol del género opuesto, aunque no siempre adopten su orientación sexual. Por tanto, pueden ser heterosexuales, homosexuales, bisexuales o asexuales. Es importante trazar una frontera con el término travestismo: práctica que consiste en el uso de las prendas de vestir del sexo contrario, según el diccionario de la Real Academia Española.  

La transexualidad (TS), también conocida como disforia de género o síndrome de Harry Benjamín, antiguamente era considerada una “enfermedad curable” y diversos especialistas se empeñaban en descubrir sus causas patológicas. Muchos alegaban que era consecuencia de madres dominantes o la ausencia de una figura paterna, homosexualidad reprimida, abuso sexual, alteración emocional, u otras. Y, para “sanar” este padecimiento, llegaron a utilizar, infructuosamente, la técnica del electroshock (ECT), la cual fue descartada como método por los daños que ocasionaba.

No obstante, la investigación del origen –quizás debamos decir del por qué- de la TS, no se limita al plano psicológico. Un estudio realizado por expertos de la Universidad de Ámsterdam (Zhou, Hofman, Gooren y Swaab), ha demostrado que existen similitudes estructurales y neuroquímicas entre el cerebro de las personas transexuales y el cerebro típico de personas del sexo con el que se sienten identificadas.

Este afán científico de encontrar una explicación a la disforia de género, ha suscitado que los profesionales y activistas defensores de los derechos de los transexuales se manifiesten en contra, pues argumentan que la búsqueda de una causa significa reconocer a priori la autenticidad de la identidad de género impuesta biológica y socialmente. De acuerdo con la opinión de los críticos de la investigación, esa es una teoría que aún no ha sido comprobada.

En la actualidad, la Terapia Hormonal Sustitutiva (THS) y la reasignación sexual son considerados los mejores tratamientos para que estas personas logren reconciliar su apariencia e identidad. La THS, que dura toda la vida, provoca el desarrollo de algunos caracteres sexuales secundarios del sexo deseado. La transexual femenina consume estrógenos para aumentar el volumen del pecho, y mediante electrólisis, elimina el vello facial. En el caso del transexual masculino, ingiere testosterona para alcanzar atributos varoniles, aunque los senos no disminuyen por esta vía, sino por la mastectomía, práctica médica con la que se extirpa el tejido glandular mamario para modelar un pecho liso y simétrico.

Sin embargo, la mayoría de las personas transexuales sólo logran solucionar el conflicto entre su cuerpo y mente mediante una intervención quirúrgica, erróneamente llamada “cambio de sexo”. La denominación correcta es Reasignación sexual o Afirmación de sexo, puesto que este procedimiento no supone una modificación para el individuo, sino la reafirmación de lo que ha sido siempre.

A los hombres biológicos les realizan la vaginoplastia, les eliminan el pene, los testículos y les crean una vagina funcional. Y a las mujeres biológicas la metadoioplastia o técnica del micropene, que consiste en la liberación del clítoris -ya alargado por el efecto de la testosterona- y la construcción de una bolsa escrotal donde se implantan los testículos (prótesis de silicona). Otra variante es la faloplastia, que se basa en la formación de un pene a través de un colgajo (tejido de piel que se saca de una zona dadora). También existen cirugías faciales femenizantes y masculinizantes.

Si una persona quiere revertir la operación, generalmente es consecuencia de un mal diagnóstico psicológico y porque no se detectó el posible trastorno mental que la indujera a imaginar que era transexual. Resulta tan nefasto exponerse a la reasignación sin necesitarla, como necesitarla y no hacérsela.

Concienciar a la población de que la transexualidad no es una amenaza ni una aberración, es uno de los mayores retos que enfrenta la comunidad transexual. Los esfuerzos por combatir la discriminación generada por la transfobia (aversión hacia las personas transexuales), se reflejan cada 17 de mayo, fecha instaurada como el Día Mundial contra la Homofobia y la Transfobia.  

“Se necesita mucho coraje para soportar  vivir dentro de un cuerpo que no te pertenece y lo que más te ayuda a tener fuerzas para la vida es la comprensión, aceptación y apoyo de la gente”.

Pie de foto: Lynn Conway, gran científica que revolucionó el mundo de la informática perfeccionando los microprocesadores de los microchip. Se sometió a la cirugía en 1968 y no revelo su transexualidad hasta 30 años más tarde después de haber sido aclamada por sus descubrimientos.

ESTO SÍ ES UNA ELEGÍA

ESTO SÍ ES UNA ELEGÍA

CARLOS MANUEL ÁLVAREZ RODRÍGUEZ,
estudiante de segundo año de Periodismo,
Facultad de Comunicación,
Universidad de La Habana.

¿Detrás de la barba blanca y negra, de la sonrisa y las frases polémicas, de los aretes de la oreja izquierda, del genio futbolístico que viene de abajo, puede vislumbrarse el rostro invariable y dantesco de la derrota? 

Las noticias nos dicen que Diego Armando Maradona no sale de su casa en Ezeiza; parece que no vive, no respira, no da señales ni se muestra. Un jugador del seleccionado albiceleste declaró que el Pelusa sufrió la derrota de Argentina ante Alemania, en los cuartos de final del Mundial de fútbol de Sudáfrica, como si hubiera perdido un familiar.

Antes del último día se marcharon los sudamericanos del evento, y con ellos su técnico, el ídolo, el espectáculo, el hombre que de taco devuelve la pelota al terreno de juego, que besa en la mejilla a todos y cada uno de sus jugadores, y que defiende el talento del arte y no la fuerza del músculo; el fútbol y no sus dueños.

Las críticas de mediocres resentidos y conservadores esquizoides han caído sobre la figura del Diego, sobre su pasajero fracaso. Pero uno se pregunta si los asteroides grises y efímeros que son sus detractores pueden emitir luz en el cielo del Diez.

Nadie debe asombrarse de la acogida que el pueblo argentino prodigó al seleccionado nacional en el aeropuerto de Buenos Aires, tras el descalabro en tierras africanas. Maradona ya encarnó desde hace un buen tiempo la mística y el acervo del carácter gaucho. Maradona va de la prosa de Borges a las canciones de Fito, de las milongas al tango, de los barrios porteños a la Patagonia y, por tanto, es imposible que defraude.

Maradona es la esperanza irreverente; se apropia de un destino y lo desborda. Y en esta urgencia de la última noticia y del último suceso, faltaríamos a la historia si creyésemos que el pibe pobre de Villa Fiorito no saldrá una vez más de la soledad y del letargo voluntario.

Esta derrota es bien pequeña, esta derrota es nada, un mísero estornudo, si miramos las muchas zancadillas, los empujones de manos poderosas que ha sufrido el ex jugador argentino a lo largo de su carrera -el único mago que agarró un club pequeño y lo hizo grande,  que se fue al Napoli, al sur de Italia, y repartió a los pobres un pedazo de la gloria, un trozo del pastel que habitualmente el opulento norte se digiere solo.

Maradona es el fútbol, o al menos es el fútbol soñado. Lo trajo de algún lugar y sabemos que existe. Cayó en España 82, pero reapareció en México 86 y se vengó de los ingleses. Con su picaresca y su maestría, con gambetas y mano de demiurgo, alivió en cierto modo, a decir de él mismo, el dolor por los argentinos muertos en la guerra de las Malvinas. En Italia 90 lo daban por perdido, y con lesiones y críticas a cuestas llegó hasta la disputa del título.

En Estados Unidos 94 clavó en el ángulo un balón y le firmó a los griegos un golazo. Corrió hacia el corner. Lo gritó a la cámara con furia, con cierto pesar en la mirada, vaticinando quizás lo que vendría, la dudosa expulsión de la cita del orbe por un supuesto y oscuro dopaje con efedrina. Alguien vendió al diablo el alma de los argentinos. Mercedes Sosa le cantó. Argentina entera se volcó a las calles. Y el capitán celeste declaró que le cortaron las piernas. Cierto; lo truncaron, aunque se publiquen otras versiones, lo apartaron por su irreverencia contra la élite, y por su alérgica postura ante el silencio.

El ídolo de Boca fue posiblemente el deportista más popular del siglo XX. Lo trascendió todo. No es de Argentina, ni de Latinoamérica, ni del Tercer Mundo, ni de ningún lugar. Maradona siempre regresa, su esencia popular es, como todo lo legítimo, incapturable. Su reciente derrota ante Alemania la sintió, según declaró a la prensa, como un puñetazo en el mentón propinado por Mohamed Alí.

Ahora el legendario Diez se duele porque sabe que le ganaron bien. El mundial de Sudáfrica pasará, y con él la contundencia de los cuatro goles teutones. Pero el Diego va a volver, porque es una especie de aleph futbolístico, está en todas partes, contiene en su estilo cada demostración de maestría, y resurge de cualquier sótano ordinario.

Maradona seguirá diciéndole al buen fútbol (de estética y pulmón, alma y elegancia) las palabras que repetía con insistencia en el túnel del Green Point, antes del partido contra los alemanes el pasado 3 de julio: “Nosotros hablamos en la cancha muchachos, nosotros hablamos en la cancha.”

El que le cante un réquiem al astro argentino está sentenciado. Si tenemos que decirle algo, para no faltar a lo que dicta el tiempo, que sean las últimas líneas de aquel nostálgico blues que el músico español Joaquín Sabina una vez le compuso: “Bendito Maradona. En vos confío.”

 

CHE GUEVARA: LA PUPILA INSOMNE

CHE GUEVARA: LA PUPILA INSOMNE

CRISTINA ESCOBAR DOMÍNGUEZ,
estudiante de primer año de Periodismo,
Facultad de Comunicación,
Universidad de La Habana.

Su presencia está en los llaveros, en los pulóveres, en los afiches, y hasta en nuestra moneda de tres pesos; en el lema de los pioneros, en los trabajos voluntarios que él fundara, en el Banco Nacional de Cuba que presidiera. Ernesto Guevara de la Serna es parte de este pueblo y de su historia, como es el azul del mar a las costas de nuestro caimán querido.

Razones hay muchas. La más grande: su decisivo liderazgo en la Invasión a Occidente durante la guerra de liberación nacional coadyuvó al triunfo revolucionario, y marcó un hito en la crónica militar de la contienda que nos trajo la libertad.

Pero, ¿fue solo un guerrero o un estratega excepcional este hombre de ética diamantina e impresionante imagen?

Su gran sentido humano y vocación espiritual se acompañaron de un rigor investigativo, de una mirada penetrante y crítica, como se espera de un científico. Esas cualidades llevan a que sea considerado también un ingenioso pensador, un intelectual, un investigador de la realidad, cuyas ideas gozan de una validez poco común.

El “almacén de ideales”, del Che Guevara, como él mismo les llamaba, comenzó a forjarse en su azarosa aventura por América Latina, donde se impregnó con la tragedia sanitaria y social de los leprosorios de la selva amazónica, vivencia que trajo como resultado su especialización en esa enfermedad, luego de recibirse de médico. Investigación con alto sentido humano, para el bien común, como se le pide a los científicos y galenos de la Cuba de hoy.

Mas, los horizontes cognitivos de Ernesto Guevara excedieron a la medicina. Su impronta en las Ciencias Económicas es reconocida. Llegó a ser Ministro de Industria (1961) y Presidente del Banco Nacional de Cuba. También fundó importantes fábricas: la Industria Nacional Productora de Utensilios Domésticos (INPUD), la Planta Mecánica Fabric Aguilar Noriega en Villa Clara, y la Fábrica de alambre de púas Gonzalo Esteban Lugo.

Con el objetivo de ofrecer el soporte científico al desarrollo de las tecnologías que permitieran un aprovechamiento diversificado de la caña de azúcar, constituyó en 1963 el Instituto Cubano de Investigaciones de los Derivados de la Caña de Azúcar (ICIDCA). Ya en el discurso inaugural sorprendió con una idea sobre la cual aún hoy se insiste: la de transformar la gramínea en productos de mayor valor agregado.

A mediados de los años 60, el Che analizó y comenzó a cuestionar, desde una posición dialéctica, la situación en los países socialistas europeos, en relación con el sistema de dirección económica que estaban aplicando. Como resultado, pronosticó su autodestrucción si persistían en ciertos métodos y prácticas que no respondían a los objetivos esenciales de la sociedad socialista y menos a las características de Cuba.

La sociedad socialista, según el Che, debía construirse con una base material fuerte que dotara al hombre de un nuevo pensamiento, lejos del consumismo y el egoísmo característicos del capitalismo. No basta un desarrollo tecnológico si se carece de lo que él llamó “el hombre nuevo.”

Así, se empleó en la elaboración de un modelo más idóneo para la dirección en las condiciones de la sociedad cubana. Como posible solución, creó un nuevo modelo que luego sería llamado Sistema Presupuestario de Financiamiento.

Además, el Che introdujo en Cuba los comités de calidad e impulsó la ciencia y la técnica con la creación de escuelas y cursos para la formación de técnicos y especialistas industriales, a la vez que llamó a los obreros a mantener el funcionamiento de las maquinarias en las fábricas que ya sufrían los efectos del bloqueo.

A más de 40 años de su asesinato en Bolivia, el lema de los pioneros cubanos, “Seremos como el Che”, sigue resonando. Serlo de verdad implica cultivar la inteligencia con osadía y espíritu crítico.

EL PODER DE LOS LIBROS

EL PODER DE LOS LIBROS

CARLOS MANUEL ÁLVAREZ RODRÍGUEZ,
estudiante de segundo año de Periodismo,
Facultad de Comunicación,
Universidad de La Habana.

No es bueno que el hombre no vea nada,
no es bueno tampoco que vea lo bastante para creer que posee,
sino que tan solo vea lo suficiente
para conocer qué ha perdido.
Pascal.

Los libros son insólitos, repletos de signos y conceptos. Repletos de vacío y polvo. Cada verbo, cada vocablo estalla hacia incontables interpretaciones, hacia las más distintas soledades. El hombre ciñe todo a su hechura y la palabra ya no es la palabra.

La abstracción humana, los grandes temas -el amor, la muerte, el tiempo- son más dolorosos fuera de la literatura. Miles de personas no escribirán jamás una vocal y la humanidad se irá perdiendo día a día sin encontrar ese lenguaje visceral, un idioma de hechos, in situ, sin los reduccionismos ni las tergiversaciones de las cuartillas. Los libros son un medio, un puente desvencijado y exclusivo donde, por ejemplo, los pies de los analfabetos no pueden reposar.

Cuántos hombres pasarán sin conocerse. Cuántas muchachas sin mis besos. Cuánto tiempo sin que yo lo habite. Esos son dramas terribles que nunca escribiré, y herramientas ingenuas como la mirada o los gestos no bastan para decir las cosas, son apenas un murmullo torpe.

El hombre está atrapado. Indefinidamente atrapado, y se aferra a roncas alegorías, a enigmas sin misterios: ilusorios. Los ojos y las manos solo le dicen algo al saturado de imágenes profusas, al ferviente seguidor de lo sutil. El escritor, como condición humana, ilustra las limitaciones de la vida. El escritor, legitimado como ser social -incluso mucho antes de surgir esta simbólica categoría- muestra la terrible estrechez de la existencia, las múltiples invenciones que pueblan el tedio. El tedio de los años.

Los libros no son insólitos, son tristes. Tristes consuelos. Hasta Kafka intentó trascender y deseó que lo evocaran, pero la inmortalidad es otro truco, es la más burda falacia de los vivos. Los muertos son huesos. Huesos que tampoco dicen nada. Los cementerios dan lástima por nadie y pena hueca, con todo el ritual que los rodea: el llanto, las flores, los aniversarios, las fechas taxativas, las ramplonas frases de “no somos nada” que son, inexorablemente, las únicas palabras ciertas, dichas siempre por instinto. Lo que indica que el único parloteo común de los seres humanos es ése: el instinto: comer, abrigarse, besar. ¿Escribir, leer?

Sé por qué aún no ha dejado de leer. Formamos el gremio de los pactos subrepticios, donde cada quien conoce su función sin cuestionarla. Escribo y pongo todo mi empeño en cada acento para usted. Y usted me lee para juzgarme. Para juzgarme y olvidarme, o para recordar su crítica certera, que es lo mismo. Cierto lo ya dicho, “nuestras nadas poco difieren”, el hecho de que cumplamos estos roles, en este instante, es puramente fortuito. Sin embargo, fuera de los convenios, en la médula, no nos interesamos.

Mancho el papel solo para las personas que nunca me leerán. Desde el instante en que intentan descifrar mi savia comienzo a aborrecer al que lo hace. Y esto es más humano que cualquier mirada, cualquier abrazo o cualquier lágrima menuda.

Los libros no son extraños, ni tristes, ni amigos fieles. Los libros son enemigos acérrimos. Embriagan y nos someten a la farsa de la literatura, a los efectismos de la diégesis, a los remedos de lo irremediable. La única manera de recordar un verso, un párrafo o una cita es seguir leyendo. Memoriosos. Hay que cargar eternamente con un peso ajeno, como Sísifo; y hay que encontrar por un rato placer en las limitaciones, como Borges.

Mientras leo El Lazarillo de Tormes más retengo los parlamentos de las lejanas revistas de Disney, y más aprehendo novelas de Solzhenitsyn que no conoceré. No hay otro modo. Leer hasta la muerte. Intentar que después de muerto te lean. Dejar entreabiertos los laberintos de esta índole, las divagaciones ininteligibles, para traducirle al analfabeto y comprometerse; aceptar el trance de los tiempos.

Estos trazos son plagios extraños, tristes y enemigos, pero sobre todo plagios del futuro, y aquí probablemente surja alguna confusión, porque cualquier clásico puede formar parte de lo próximo. Es posible anteceder a Homero y a Aristófanes. Siempre depende del lector, del orden que le de a su tedio. Y una vez más el pasado sustenta, parece que nadie escapa a la cronología, a los códigos, a las clasificaciones de las épocas. En el estante de alguien, seré contemporáneo de Flaubert.

Siga leyendo, no desista, lea infinitamente el tomo inabarcable, adapte los excesos intrusos a su contorno, devore cuartillas, olvídeme, haga como que nunca me ojeó, hojeó; para trascender sin concesiones, en otro azaroso momento, cuando usted vislumbre, en lo aprendido, toda la literatura que se le ha escurrido entre las manos, y vea que estas líneas, que este silencio, no termina, no concluye…