Blogia
Isla al Sur

Comentarios-Trabajos docentes

NUEVOS TIEMPOS, NUEVA JUVENTUD

NUEVOS TIEMPOS, NUEVA JUVENTUD

HERBERT PINO RODRÍGUEZ,
estudiante de cuarto año 
de Comunicación Social,
Facultad de Comunicación,
Universidad de La Habana.

“Esta juventud está perdida”, muchos hemos oído esa frase en diferentes ocasiones, pero nunca analizamos el por qué de la afirmación. Los criterios podrían ser tan diversos como jóvenes hay en el país. La cuestión radica en entender a la sociedad y las generaciones que viven en ella como algo heterogéneo y cambiante.

No somos un muñeco de trapo o un espantapájaros inerte, somos algo más complejo y difícil de encasillar en cualquier modelo. No por gusto han existido investigadores y estudiosos de la conducta humana y sus rasgos socio psicológicos. Se necesita comprender muy a fondo todos estos fenómenos para poder emitir un criterio sobre cómo debería ser la juventud de hoy.

Basta de críticas y comparaciones aciagas. Todos hemos sido testigos de transformaciones y no siempre nos unimos para corregir los problemas a tiempo. Si los jóvenes son o no una generación perdida, pienso que es también nuestra culpa, la de todos.

A lo largo de la historia el mundo ha estado sujeto a cambios y el hombre ha sido actor y espejo fundamental de cada uno de ellos. Como sujetos socio histórico, nos hemos desarrollado en plena correspondencia con la dinámica constante de nuestras sociedades. Somos el fruto de un largo devenir, construido a fuerza de sudor y sacrificio, lo cual implica una evolución, reconocida por muchos o involución para otros. Me arriesgo a decir, que quienes piensan de esta última forma, no son capaces de entender los factores antropológicos, socio psicológicos e históricos que influyen en cada generación social.

No es menos cierto la existencia de una degradación y pérdida de valores en los jóvenes de hoy, pero me pregunto si hemos sido capaces de ir a la raíz del asunto y a las causas motivadoras de estos males. Estoy seguro que no. Nos hemos conformado con echarnos la culpa unos a los otros y no buscar una solución común a tal situación. Aunque, ¿hay algo que solucionar? La realidad es que no se puede ver a las personas aisladas del contexto al que pertenecen. Cada quien actúa según el momento en que vive y así da una representación social, reflejo fiel de sus actitudes.

Hoy no podemos hacer a los más jóvenes pensar igual que sus abuelos. Las condiciones han cambiado. Vivimos en la era de la globalización y las nuevas tecnologías. El mundo se debate entre la sociedad del conocimiento y el desconocimiento, donde la comunicación ha alcanzado un terreno amplio y múltiples vías más rápidas para llevarse a cabo. Es un espacio que a los jóvenes de esta generación les ha tocado vivir.

Sin embargo, no tratamos de defendernos con estas ideas, buscamos lograr un entendimiento, un diálogo entre generaciones, con el cual aprendamos los unos de los otros y seamos capaces de disminuir entre todos las brechas generacionales. No somos ingenuos, conocemos los problemas y muchas veces no estamos de acuerdo con ciertas conductas que en nuestra sociedad se ven a diario. Pero nos ha faltado combatividad y energía para criticarlos y enfrentarlos oportunamente. Ahí, pienso que ha estado nuestra principal debilidad.

Tampoco creemos en esa frase sobre lo perdida que está la juventud. Es algo cíclico, en algún período de la vida todas las generaciones han estado perdidas, pues siempre hay alguien mayor que no está de acuerdo con lo nuevo y lo diferente. Aceptar la diversidad es algo complicado para muchos y sobre todo cuando implica un cambio en nuestras concepciones y maneras de pensar. Quizás, la respuesta más fácil de algunos, está en otra muy conocida frase: “Para gustos se han hecho los colores”, aunque esta no signifique la mejor salida al asunto.

Lo cierto es que hoy, los jóvenes tenemos gustos muy diferentes a los de nuestros padres. El terreno en el que nos movemos es difícil, pero podremos pasarlo y seguir adelante. Todos merecemos la oportunidad de reconocer nuestros errores y sólo la experiencia dirá la manera mejor de solucionarlos. Como ha escrito recientemente el periodista José Alejandro Rodríguez: “Habrá que bregar junto a Martí «con todos y para el bien de todos»”.

¿DEPRESIÓN EN LA CALLE G?

¿DEPRESIÓN EN LA CALLE G?

ANET MARTÍNEZ TACORONTE,
estudiante de tercer año de Periodismo,
Facultad de Comunicación,
Universidad de La Habana.

Cuando se piensa en el cubano, en su cultura, en su contexto, en sus costumbres, se hace casi imposible imaginar a alguno inmerso en el movimiento emo que se ha expandido, al parecer, por todo el mundo.

Los emo, caracterizados por manifestar depresión y en algunos casos llegar a lastimarse a sí mismos, empiezan a lograr adeptos en la década de los 80, de la mano de grupos musicales en Estados Unidos como Bad Religion o Minor Threat, de características bastante diferenciadas con el punk que se creaba en las calles londinenses.

Los orígenes musicales y estéticos del emo derivan del punk, del grunge, del pop y del rock alternativo independiente, y a pesar de no ser del estilo de música que por décadas identificó a los cubanos, cada día vemos como el movimiento emo internacional crece por toda la Isla.

Pero lo cierto es que, aunque no es descomunal la cifra de jóvenes que se dejan llevar por esta nueva tendencia, el movimiento emo cubano ya comienza a dejar huellas y se apropia de algunos espacios públicos de Ciudad de La Habana.

Sin embargo, no todos los sitios capitalinos parecen ser lo suficientemente “acogedores” para los emo. Como espacio ideal se extiende desde el malecón habanero hasta la rotonda de la reconocida calle G, del Vedado.

La calle G es también conocida como Avenida de los Presidentes. Transitar una noche de cualquier fin de semana, de cualquier mes, en cualquier época del año, por esta famosa arteria, nos muestra una Habana desconocida para muchos.

Jóvenes de pelo negro, peinados hacia un lado con un popularmente conocido “bistec”, portadores de piercing, con atuendos negros en su vestimenta y con signos depresivos fortalecidos a veces con algún tipo de pintura en el rostro, andan cada noche de fin de semana de un extremo a otro por el paseo de la calle G, según ellos, disfrutando sanamente.

Pero las diversiones de los emo en G no son, en casi el ciento por ciento de los casos, paralelas a la depresión que tratan de manifestar, y la mayoría de estos muchachos, que también comparten una gran devoción por las nuevas tecnologías y los cigarros y cervezas que se venden en moneda libremente convertible, ríen, cantan, conversan, bailan, y al verlos sólo puedes preguntarte: ¿ellos no dicen que están deprimidos?

Y si lo que sucede es que al llegar a G el movimiento emo capitalino olvida cualquier indicio de tristeza, es porque al parecer la envían a las casas de los vecinos cercanos que tienen que lidiar con el ruido, el gentío y la suciedad con que luego despierta G.

Sus actos de rebeldía juvenil, de llamadas de atención, de llegar a autolesionarse y de ciertas actitudes negativas, los hacen hoy merecedores del rechazo y la indiferencia social, cuando probablemente necesiten lo contrario. Sólo que, quizás, no saben cómo pedirlo.

CIENCIA Y SOCIEDAD

CIENCIA Y SOCIEDAD

YOEL SUÁREZ FERNÁNDEZ,
estudiante de primer año de Periodismo,
Facultad de Comunicación,
Universidad de La Habana.

La ciencia y sus hombres, algunos exhibiendo un Nobel ante las cámaras, otros vestidos de anonimato, nos han regalado beneficios extraordinarios, incluso algunos que en su tiempo formaron parte de la ficción. Podríamos contar entre ellos el viajar sobre las nubes en un avión, en lo profundo del océano con la ayuda del submarino, predecir el rumbo de huracanes, calcular las velocidades del sonido, la luz y atrapar a esta última en el interior de una bombilla.

Cualquiera de nuestros antepasados más primitivos lo hubiera creído todo obra de algún poderoso hechicero y sus conjuros, sin embargo, no es así. Todo lo que hace el hombre es debido a una avanzada evolución cerebral y un pródigo almacén de conocimientos en la memoria de la humanidad, que vive en constante formación. Gracias a ello nos encontramos en un entorno, que, si bien a veces resulta hostil, podemos modificar en gran parte a nuestra conveniencia: buscando comodidad, riquezas o placer.

La ciencia, teórica y práctica, constituye un importantísimo pilar para nuestra sociedad. Pero, para convertirla en lo que es hoy, muchos hombres y mujeres han tenido que cortejarla con astucia. Estudiarla, dedicarle tiempo, hacerla parte de la vida misma, asirla a sus sueños y a su entorno. La ciencia se encuentra siempre tras un velo tejido de preguntas atornasoladas por la luz de la curiosidad y respuestas que no siempre nos llevan a la comprensión, sino a más interrogantes.

Alguien, refiriéndose a la ciencia como profesión, la identificaba con una dama intrigante, misteriosa, que gusta esconderse indistintamente bajo el beso dócil de los amantes o detrás de un elemento químico por descubrir. Deja su rastro en todo el andar del humano, como un guiño de coquetería que incita a conocerla.

La ciencia es entrega, es dar sin reparo, sin medida. Es, definitivamente, apasionante y como toda pasión, consume vorazmente las fuerzas que a ella se entregan. Pero también es poderosa y requiere de un alto sentido ético por parte de quienes la enamoran y sacan a la luz.

Una gran responsabilidad acarrea comprometerse con esta dama que parece hacer milagros. Junto a la tecnología impulsa industrias, cura lo aparentemente incurable, dispara las economías y las ambiciones...sí, también las ambiciones: las buenas y las malas, las dosificadas y las desmedidas.

La ciencia, como cualquier otra obra humana, puede convertirse en un arma de doble filo. Puede, en vez de sanar, matar; en vez de crear, destruir. ¿Acaso no ha ejemplificado esta dualidad de procederes a lo largo de la historia? Muchas invenciones o descubrimientos son empleados con fines espurios aunque su objetivo fundacional no fuera el de sembrar el terror, acabar con vidas humanas, o envenenar nuestro planeta.

Seguramente el joven ingeniero e inventor sueco Alfred Nobel no deseaba ver cuerpos desmembrados u oír los gritos desgarradores de madres que pierden a sus hijos tras morir dinamitados. Cuando, en 1867, logró reducir la volatilidad de la nitroglicerina y mezclarla con un material esponjoso absorbente, y así crear lo que más tarde el mundo llamaría dinamita, su objetivo no era otro que el de contribuir a la dinámica de una época que pujaba a ritmos acelerados por construir carreteras, aumentar los kilómetros de vías férreas y expandir los enclaves portuarios con vistas a desarrollar la actividad comercial.

No obstante, el invento de Nobel, un gran logro de la química, ha sido usado con fines belicistas, incluso para someter como esclavas a otras naciones en guerras de conquista y socavar la soberanía de muchos pueblos. Contemos, además, todos los perjuicios (¿Podríamos decir: secundarios?) que el uso irresponsable e indiscriminado, no sólo de la dinamita, sino también de cualquier otro explosivo, acarrea para el medio ambiente: degradación de los suelos, contaminación de manantiales subterráneos y destrucción de ecosistemas poniendo en peligro a muchas especies al destruir sus hábitats.

Por otro lado, algunas de las sustancias que componen la dinamita tienen aplicaciones menos violentas como es el caso de la nitroglicerina. Esta se emplea en la medicina como agente dilatador de las arterias en pequeñas dosis que van de 0,2 a 0,6 miligramos, en el tratamiento de enfermedades cardiovasculares y en estudios más específicos sobre afecciones coronarias.

Una historia similar pesa sobre el uso de la energía atómica y el archiconocido bombardeo sobre la ciudad japonesa de Hiroshima, el 6 de agosto de 1945, a raíz del cual alrededor de 129 558 personas murieron, fueron heridas o desaparecieron. Tres días después, otro avión de las Fuerzas Aéreas estadounidenses arrojó la segunda bomba atómica sobre Nagasaki.

Cerca de la tercera parte de la ciudad resultó devastada y contabilizan 66 000 las personas que murieron o resultaron heridas ¡Trágico currículum el que signa la historia de la energía atómica! Incluso hoy, la carrera armamentista de las grandes potencias militares desarrolla tecnologías más refinadas en el oficio de hacer la muerte.

Aplastan con submarinos nucleares, modernos bombarderos y explosivos cada vez más destructores los convenios de desarme nuclear pactados en la arena internacional y más tarde echados al foso en cada ataúd que porta a una de sus víctimas. En reiteradas ocasiones convenios como el Tratado de No Proliferación Nuclear (NPT –sus siglas en inglés-) firmado en 1968 por varias potencias militares, ha sido pisoteado con el aumento de los arsenales nucleares de signatarios como Estados Unidos y Gran Bretaña. En estos países se ha continuado el perfeccionamiento y estudio de esta clase de armamentos en laboratorios especiales como el de Los Álamos, el Lawrence Livermore (California), y el Aldermaston, en Inglaterra.

No obstante, también aporta beneficios económicos, sobre todo en Europa. Francia, por ejemplo, acude al uso de centrales nucleares para producir energía eléctrica, logrando abastecer sus redes nacionales con un 76 % de esta, según datos del Comisariado para la Energía Atómica (CEA). España recibe por esta vía el 33% de la electricidad que consume la nación con una red que incluye siete centrales nucleares: Almaraz, Ascó, Cofrentes, José Cabrera, Santa María de Garoña, Trillo y Vandellòs II, distribuidas por todo el país. En el Medio Oriente, Irán desarrolla un plan de este tipo, y en lejano Oriente, también lo hace Corea del Norte.

Para un mundo como el nuestro, tan ligado a los avances científicos y para hombres como nosotros, tan dependientes de ellos, se ha vuelto imperioso que estas novedades vayan de la mano de hombres con una verdadera formación ética que los lleve a pensar y examinar con cuidado cada paso que se da en nombre del adelanto.

Aún existen puntos de debate. Cuestionables argumentos, algunos con implicaciones morales (¿hasta qué punto es ética la clonación de seres humanos?), otros caen en la polémica producto de la escasa investigación (¿Qué perjuicios al hombre y al medioambiente acarrea la exposición a material nanológico?). Sin embargo, es indiscutible el papel que ha jugado la ciencia y sus progresos en la formación del ser humano a lo largo de la historia.

Talvez por eso en la obra teatral Galileo Galilei, del alemán Bertol Brecht, cuando el eminente científico pregunta en tono amistoso a Ludovico por qué prefiere aprender física antes que criar caballos, el joven discípulo contesta: «(...) un poco de ciencia es necesario. Todo el mundo, hoy en día, bebe su vino con ciencia».

(1) Bretch, Bertol, Galileo Galilei, Buenos Aires, Editorial Losange, 1956, p. 11.

 

VESTIR DE ETIQUETA

VESTIR DE ETIQUETA

JAVIER MACÍAS ORTIZ,
estudiante de primer año de Periodismo,
Facultad de Comunicación,
Universidad de La Habana.

El sabio más famoso de la filosofía cínica fue Diógenes, quien vivió en un tonel y no poseyó más bienes que una capa, un bastón y una bolsa de pan. Sin llegar a tal extremo, deberíamos poner en práctica una máxima de su doctrina que no por antigua es caduca: la verdadera felicidad no depende de cosas externas tales como el lujo, la ostentación…


Los ciudadanos de metal que cultivan con tan mal gusto el barroco y se exhiben por doquier atiborrados de cadenas, sortijas y manillas, sin el menor sentido de la mesura, no hacen más que sacar a pasear su mediocridad.


El verbo filoso y agudo de Martí alertó: "el búcaro no debe ser más que la flor; mucha tienda, poca alma." Lamentablemente, cuántos no fingen hablar desde el celular sin línea, enfrentan el plato vacío por vivir entre oropeles o se perfuman en exceso para disimular sus carencias espirituales.


El que salga a la calle buscando unos ojos que le enamoren tropezará con oscuridades plásticas, si es que no tiene la mala suerte de toparse con la mirada de Judas: pupilas azules o verdes detrás del frío lente.


Me pregunto si esos que actúan como pavorreales tienen amigos, alcanzan el amor o son como maniquíes que solo atraen por el atuendo que lucen. La verdadera etiqueta no se expone en las vidrieras caras, se revela en personas sencillas, que anteponen comodidad y equilibrio al último antojo de la moda, que sobresalen por cosas más trascendentes como pueden ser su sabiduría, modestia y humanismo.


Hay muchas formas de vestir de "etiqueta". El Indio Naborí, en la primera controversia en público que participara, cuando su contrincante se burló de la vestimenta que traía, este le espetó salomónicamente:


"Viste tú seda y encaje,
y dril cien y casimir,
que a mí me gusta vestir
la etiqueta del lenguaje.
De mi calzado y mi traje
te burlas, porque no has visto,
que más pobre murió Cristo
con un clavo en cada palma
¿Acaso me viste el alma
para saber cómo visto?"


Charlot, con sus trapos raídos, me resulta más fascinante que un Steven Seagal estilizado y facilista. Fidel, con su uniforme de campaña, hizo presencia en lugares como la ONU donde las "buenas costumbres" dictaban la corbata. Y es que la elegancia no necesita ornamentos. Ella, recatada bajo el hangar de la cabeza, oculta en el verbo tras la boca formidable, vestido fresco y barato que mantiene la gracia del cuerpo, es de por sí superlativa, y le sobran bombo y platillos.

MÁXIMO GÓMEZ ENTRE ATLETAS

MÁXIMO GÓMEZ ENTRE ATLETAS

YOSVANI GAÍNZA ÁLVAREZ,
estudiante de primer año de Periodismo,
Facultad de Comunicación,
Universidad de La Habana.

Soy tan joven, tan jocoso, atlético, como cualquiera de aquellos que parecen sentirse bien divirtiéndose en el parque del Generalísimo Gómez. En mi tiempo libre prefiero leer, charlar con mis amigos o practicar deporte, y siempre con las ganas de llegar a las Olimpiadas. Sé que estos muchachos también lo desean. ¡Qué bueno! Tenemos más deportistas para los juegos: peloteros, karatecas, hasta nadadores de 4 a 12 años. Que se apresure el INDER en rescatar las futuras medallas; hay glorias en la calle.

Hablemos entonces de Historia, asignatura que damos desde pequeños; materia de la cual, sin recibir una clase, ya conoces, porque todo cubano nació y nace con la estirpe de Maceo y el internacionalismo de Gómez. Se hace necesario desempolvar el libro de Historia que guardamos en la zapatera vieja en desuso o recuperarlo del rincón del cuarto. Hojeémoslo. Veremos que este dominicano luchó en la guerra del 68 y en la del 95. No hallarán en Internet, ni en libros modernos, que el signatario del Manifiesto de Montecristi participó en eventos mundiales u Olimpiadas. Coincidirán conmigo.

En este parque monumental, situado a la entrada del túnel de la Bahía, ondean dos banderas: la de Cuba y la dominicana. No es por “amor al arte”, ya este gusto se lo dieron los romanos. Es, precisamente, honrando a una personalidad de la historia.

Solo hay que asomarse por allí para presenciar con cuánto entusiasmo realizan deporte; lugar que todavía no figura un estadio. ¿No habrá en La Habana centros recreativos donde esta juventud voraz desate tal gozo? ¿Acaso el lugar tan emblemático forma parte de alguna entidad del INDER?

No quiero perjudicar a nadie. ¿Y los custodios?, esos que tienen un salario por velar la integridad del parque; área en la cual se practica hasta ciclismo. Tal vez esos compañeritos tienen algún pase o credencial que les permita acceder al sitio.

He llegado a una conclusión. No es un mal que agobia al mundo, sino a Cuba. ¿Qué pensará el niño cuando observa tal cosa? Puede especular -sin malicias-, que Máximo Gómez no es un Héroe, sino una estrella del deporte cubano.

Dense prisa directivos y funcionarios. Porque ya el parque del Museo de la Revolución y el Antonio Maceo forman hoy un complejo deportivo.

EN BUSCA DEL CAMINO PERDIDO

EN BUSCA DEL CAMINO PERDIDO

“Golpea una realidad enmascarada por muchos años: ya no somos los mejores del mundo”, declaró el periodista del semanario Trabajadores, Daniel Palacios, al terminar Cuba sin medallas en el Segundo Clásico Mundial de Béisbol.

EDUARDO GONZÁLEZ MARTÍNEZ,
estudiante de primer año de Periodismo,
Facultad de Comunicación,
Universidad de La Habana. 

El equipo cubano quedó en sexto lugar en el Segundo Clásico Mundial de Béisbol después de perder con Japón cinco carreras por cero, durante la discusión del pase a las semifinales en el estadio Petco Park de San Diego.

Por primera vez desde su debut con un tercer puesto en la Serie Mundial Amateur de 1939, el equipo cubano quedó fuera del podio de premiaciones en un evento internacional.

El victimario de los criollos en esta ocasión fue el derecho Hisashi Iwakuma, quien dejó a la maquinaria cubana en cuatro hits durante seis entradas, para que los campeones defensores eliminaran  a los representantes de la Mayor de las Antillas.

El triunfo obtenido por los nipones constituyó su segunda victoria sobre los antillanos en el  torneo, y se unió al éxito logrado por los asiáticos de la mano del lanzador  Daisuke Matsuzaka, el pasado el 14 de marzo.

Esa fue la tercera ocasión (Juegos Olímpicos de Atenas 2004, Primer Clásico Mundial y ahora) en que Matsuzaka, pitcher de los Medias Rojas de Boston, se enfrentó y dominó sin contratiempos a la artillería cubana.

Los criollos,  primer lugar en bateo durante la primera fase en México, con 394 de average y 11 cuadrangulares, fueron dominados por el pitcheo asiático y no pudieron hacer anotaciones en 18 innings de juego. 

Desde el año 2000, cuando el estadounidense Ben Sheets los blanqueó en Australia, Cuba no recibía nueve ceros al más alto nivel, y esto despertó la polémica entre los expertos y seguidores.

“Definitivamente no hemos podido encontrar la fórmula para hacerle carreras a un staff de lanzadores tan profundo. No sabemos cómo facturar un rally cuando la ventaja no supera las dos carreras; no mostramos las armas suficientes para remontar diferencias ante los de la tierra del sol naciente”, afirmó el periodista de Trabajadores, Daniel Palacios.

Para Joel García, periodista del mismo semanario, los asiáticos semejan una máquina perfecta, pero los jugadores cubanos deben estudiar su estilo como lo hacen con los conjuntos de América. 

Algunos especialistas consideraron como la causa de la derrota, la falta de oficio y de concentración del staff de tiradores criollos, y el hecho de que sus bateadores no ven en casa lanzadores de tanta calidad.

“La gran debilidad de Cuba fue su pitcheo. En el primer desafío transfirieron a cuatro hombres y en el segundo también se descontrolaron, y siempre estuvieron muy por debajo en el conteo”, afirmó el estudiante de Física de la Universidad de La Habana, Daniel Miravet Martínez.

El estudiante de Comunicación, Leandro Alomar, uno de los seguidores del equipo, opinó que la culpa no fue solo de los serpentineros, ya que los jugadores no conectaron con oportunidad. 

A juicio de los especialistas y aficionados, más allá de los problemas de bateo y pitcheo señalados como la posible causa de la eliminación cubana, la competencia reunió a talentosos jugadores de las ligas profesionales, con destaque para los equipos del lejano oriente.

“Si fuéramos a aceptar que hay un descenso en el béisbol cubano, debemos concordar que también lo hay en el de Estados Unidos y otros países. Pero no, me parece mucho más justo decir que Japón y Corea se han ido delante del resto del mundo, básicamente porque sus lanzadores son excelentes, y no uno o dos, si no, casi todos”, declaró Diego Méndez, de la emisora Radio Rebelde.

“No tenía que venir la debacle del Clásico para darme cuenta que el béisbol cubano está adormecido… hay que aprender a aprender y así quizás volvamos a la cima, a ganar cuando realmente seamos los mejores, opinó Daniel de Malas, en el sitio de la emisora radial COCO.

Es la primera ocasión desde 1951, que Cuba no llega a la final del evento en que participa, y en los últimos cuatro no ha obtenido la medalla de oro, pero el sexto lugar en el Clásico Mundial le sirve para mantenerse a la cabeza del ranking internacional, seguido de cerca por Corea del Sur y Japón, declaró la Federación Internacional de Béisbol Asociado.

EL PATRIMONIO DE IRAK EN EL OCASO

EL PATRIMONIO DE IRAK EN EL OCASO

JUSTO PLANAS CABREJA,
estudiante de quinto año de Periodismo,
Facultad de Comunicación,
Universidad de La Habana.

El origen de los grandes libros de la humanidad, del Quijote, de Crimen y Castigo, el origen de la Iliada y la Santa Biblia, ardió junto a tantos testigos de nuestra humanidad en el Museo Nacional de Irak (MNI). No existen palabras que lloren con justicia la desaparición de la primera frase, escrita hace cinco mil años.

No corren igual los días desde que desapareció durante el saqueo al Museo Nacional de Irak una pequeña piedra que hace diez mil años grabó el primer intento humano por medir el tiempo.

“¡Los mongoles modernos lo hicieron! ¡Los norteamericanos!”, sentenciaba el profesor de secundaria Haitjem Aziz con los ojos llenos de lágrimas mientras observaba los restos del incendio que consumió al MNI entre el 11 y 12 de abril de 2003. Era el comienzo de una barbarie únicamente comparable con la destrucción causada por los mongoles durante su invasión a Bagdad en 1258.

Después de la caída del presidente iraquí Saddam Hussein, las fuerzas de ocupación solo protegieron las instituciones del petróleo. Y los museos y bibliotecas de Bagdad, la ciudad cultural más importante del mundo antiguo durante siglos, sucumbieron al hambre del tráfico ilegal de arte.

La ignorancia del presidente norteamericano George W. Bush no fue esa vez la principal causa del desastre. Dos días antes del saqueo del MNI, reconoció a ese país del Medio Oriente “heredero de una gran civilización que contribuye a la humanidad”.

El 14 de abril de 2003 devino luto universal. La historia registra quemas de libros bajo órdenes dictatoriales, temerosas, fanáticas… pero nunca como el saqueo e incendio de la Biblioteca Nacional de Irak, por pura indiferencia. Las fuerzas ocupantes conocieron el hecho a tiempo, pero no movieron un dedo, siquiera en honor a las ediciones más antiguas de Las mil y una noches, que hacen soñar desde milenios a niños y adultos de todo el mundo.

Las llamas devoraron también los originales de Omar Khayyam, padre de la Matemática; y fue como desmerecer su aporte indiscutible para que el hombre moderno pisara la Luna. Incluso el neoliberalismo le debe a los libros quemados de Avicena  y Averroes, los primeros hombres que pensaron en filosofía.

Desde la destrucción de la Biblioteca Nacional, la humanidad cuenta con un millón de libros y documentos de menos, entre ellos, el primer periódico de Irak, editado en 1869 en lengua persa.

Los saqueadores arrasaron también con la Biblioteca del Corán que contenía los ejemplares más antiguos de este libro, pilar de la moral oriental moderna.

El patrimonio cultural de la humanidad solo ha recibido daños similares con la quema de la Biblioteca de Alejandría hacia el 48 antes de nuestra era y el bombardeo de la biblioteca especializada en textos medievales de la ciudad universitaria de Coventry durante la Segunda  Guerra Mundial.

Las fuerzas de la Coalición, encabezadas por el ejército norteamericano, volvieron irreversible el daño cultural en Irak cuando bombardearon los museos de Tikrit y Mosul. Esas bombas también cayeron sobre la identidad universal.

La historia de Irak, de más de siete mil años, la “cuna de la civilización” se extingue poco a poco. “Fue allí, en los que los griegos llamaban Mesopotamia, donde comenzó la vida tal como la conocemos actualmente: allí la gente comenzó por primera vez a especular sobre filosofía y religión, desarrolló conceptos de comercio internacional, convirtió ideas de belleza en formas tangibles y, sobre todo, desarrolló la maestría de la escritura”, recuerda William R. Polk, fundador del Centro de Estudios Medio-Orientales de la Universidad de Chicago.

Los personajes de Las mil y una noches parecía que habitaban aún en los palacios y construcciones históricas de Irak, ahora destruidas.

El hombre moderno aún despertaba las historias de la Santa Biblia, el libro más leído. Muchas, sobre todo las de Génesis, ocurren en Irak. Pero los norteamericanos desalojaron el mito de Abraham de Ur, donde dicen que vivió el patriarca. Su ejército construyó allí una base militar de 32 mil 500 metros cuadrados, arruinando cualquier excavación futura.

Los soldados norteamericanos desmembraron lo que quedaba de historia en Ur al llevarse los ladrillos de los edificios milenarios para su país como un recuerdo. También se motivaron a grabar “I love Mary” y “I was here” en las mismas paredes que vieron los primeros escribanos de la humanidad.

Todas las esferas de la cultura universal han perdido un poco de su patrimonio material. La desaparición del rostro de piedra de una mujer, modelado hace cinco mil 500 años, dejó al mundo sin uno de los ejemplares más antiguos de la escultura representativa. El arte escultórico perdió también el primer vaciado de cobre, hecho a un rey akadio en dos mil 300 antes de nuestra era. La iconografía más antigua de un ritual religioso desapareció junto al jarrón de Ur, de incalculable valor histórico.

Si alguna imagen lograra resumir el choque de civilizaciones durante la invasión a Irak sería la siguiente: el muro del Templo de Nabu, y el techo del Templo de Ninmah cayendo uno tras otro antes las aspas de los helicópteros invasores.

 

LA VIDA EN NUEVE ENTRADAS

LA VIDA EN NUEVE ENTRADAS

CARLOS MANUEL ÁLVAREZ RODRÍGUEZ,
estudiante de primer año de Periodismo,
Facultad de Comunicación,
Universidad de La Habana.

Cuando el próximo 8 de marzo el día rompa con un posible sol de umbral de primavera, la Isla comenzará a tomar un matiz diferente. Todos, desde los niños hasta los ancianos, sentirán en sus vidas, de una manera u otra, las influencias de la actuación cubana en el Clásico Mundial de Béisbol.

Y aunque puede intuirse, esta afirmación se basa en la tozudez de la experiencia. Hace apenas tres años, vivimos en esta tierra días innombrables con la primera versión del torneo que ahora se avecina.

Calles completamente desiertas y hogares repletos; ese era el paisaje habitual de las ciudades en cada ocasión que los antillanos saltaron a la grama. Los cuerpos de guardia, de hospitales y policlínicos, mostraron una audiencia inusual. Exabruptos emocionales que obligan a abandonar la silla de espectador en momentos sublimes, enviaron a más de un abuelo a chequearse la presión, y hubo quien no presenció el final, pero… por otras causas. Hasta las mujeres cedieron sus novelas, colando café en el intermedio de las entradas para contrarrestar la andanada de preguntas desesperantes que hacían en cada juego.

Por mi parte, el clásico lo viví, íntegramente, en las aulas viejas de un preuniversitario. Jamás he oído un contraste tan grande entre el silencio y la bulla como sucedió en aquella escuela, cuando Odelín sacó el último out ante Puerto Rico. Todo estaba permitido: profesores y alumnos acordaron plácidamente suspender las clases coincidentes con los partidos. Siempre me quedó la duda de si nuestros maestros temían una rebelión estudiantil.

Lo cierto es que nadie escapó al embrujo de aquellos deleites. El único idioma, durante los 17 días del evento, fue el de los jonrones y los ponches, y nada indica que las cosas cambien para este año.

La ansiedad invade la espera de un suceso que, desde ya, fomenta las discusiones interminables en cualquier esquina. Algunos gritarán hasta el límite los triunfos de Cuba, a otros les dará lo mismo y habrá quien vea estúpida tanta pasión. El evento tendrá sus detractores y sus defensores a ultranza, pero nadie escapará a la aureola que genera, porque si la vida no es un juego de pelota, de seguro que se le parece.

4 de marzo de 2009.