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Isla al Sur

Comentarios-Trabajos docentes

LA VENTAJA: QUE CUBA NO CEDE

LA VENTAJA: QUE CUBA NO CEDE

Un acercamiento breve al Clásico Mundial de Béisbol.

CARLOS MANUEL ÁLVAREZ RODRÍGUEZ,
estudiante de primer año de Periodismo,
Facultad de Comunicación,
Universidad de La Habana.

La palabra clásico, en su acepción más generalizada, se le confiere a algún suceso que marca pautas, el cual constituye un punto de giro dentro de cualquier rama del quehacer humano. Esto explica por qué el Clásico Mundial de Béisbol lleva ese nombre. Por primera vez la Federación Internacional de Béisbol Amateur (IBAF, por sus siglas en inglés) y las Grandes Ligas aúnan esfuerzos para organizar el torneo más fuerte que la historia de la disciplina haya conocido, a nivel de naciones.

Dinero redondo para los consorcios que hacen un negocio de este deporte, intento de la IBAF para devolver la pelota al concierto olímpico: intereses diferentes que encuentran una posible solución en común, brindando todo un espectáculo de bolas y strikes.

Desde el punto de vista institucional todo ello resulta inédito, pero en el terreno de juego la novedad la aporta Cuba, cuyos triunfos resuenan diferentes al contar con un béisbol regido por conceptos distintos al profesionalismo.

El elenco antillano fue catalogado como el equipo sorpresa en el 2006, pues nadie se explicó cómo aquella nómina de amateurs casi venció, y mostró la elegancia concedida a las estrellas mediáticas de las Grandes Ligas.

La clave no radica en la superioridad de nuestra pelota, sino en la concepción que tenemos de ella. Lo que para otros conjuntos es ahora mismo un  grave problema, aquí resulta una garantía.

En los días precedentes al II Clásico, varios países observan decepcionados la ausencia de algunas figuras que rechazan vestir la camiseta nacional. Los dominicanos no contarán con los servicios de Vladimir Guerrero y Venezuela prescindirá de su astro Johan Santana, por solo citar dos ejemplos.

Como justificaciones se escuchan lesiones y demás, pero se conoce asimilan las presiones de sus dueños o prefieren cuidarse en aras de sus dólares.

Cuba no padece esos desmanes. Para todos los peloteros de la Isla resultaría glorioso representar al país en el venidero evento. Nuestra idea de cómo debe conformarse un equipo de béisbol, privilegiando el juego colectivo por encima del protagonismo individual, nos proporciona ventaja, incluso antes de hacerse el primer lanzamiento.

El ejemplo que más ilustra lo dicho sucede por estos días previos a la cita de marzo. El antesalista de los Yankees, Alex Rodríguez, jugará por República Dominicana, cuando lo hizo por Estados Unidos en la versión anterior, y posiblemente desplace de la titularidad a un estelar como Adrián Beltré, que siempre ha mostrado deseos de representar a los quisqueyanos.  

El Clásico Mundial de Béisbol apenas comienza, y puede llegar el momento en que para los peloteros profesionales sea un anhelo representar a la patria, como sucede hoy con la mayoría de los futbolistas internacionales.

El tiempo pasa y mientras las aficiones esperan por el amor de sus ídolos, ya Cuba tiene adelantado ese terreno.

 

DEL COLISEO A LA MTV

DEL COLISEO A LA MTV

LUIS ALEJANDRO YERO MONTEAGUDO,
estudiante de primer año de Periodismo,
Facultad de Comunicación,
Universidad de La Habana.

Pan y circo eran los ingredientes utilizados por los emperadores romanos para controlar al vulgo. Aunque el imperio estuviese al borde del cataclismo, aunque sus hijos muriesen en los rincones para mantener la riqueza de la aristocracia, aunque miles de mendigos y vagabundos andasen por las calles de Roma, la plebe vivía feliz como rebaño, cegada por el espectáculo y el artificio de la magnificencia.

El Coliseo constituía escenario de lucha, muerte y sangre; desde las gradas, la euforia de los gritos constituía el placer de los césares. “El populacho está entretenido”, debían decir desde su palco imperial, y entonces, satisfechos, se entregaban al goce de la fiesta.

Miles de años han transcurrido y con una u otra variación, la máxima sigue siendo la misma: mientras las ovejas tengan hierba para comer, permanecerán tranquilas y el pastor, junto a los siempre indispensables ladridos del perro, podrá conducir al rebaño sin muchos problemas. El recuerdo del lobo desvanece cualquier intento de fuga. El bosque no es lugar para ovejas.

Ahora, en medio de la postmodernidad, dominada por la televisión, conectada por la Internet, náufraga en el océano de la información, con la paranoia del consumismo, confundida, ciega, temerosa, esa masa que, con uno u otro sentido, algunos llaman pueblo, sigue siendo marioneta de los poderosos del mundo a través del placer y el miedo.

Quienes inventaron a Dios para mantener su poder mediante el respeto a la palabra divina, ante el súbito descrédito al Cielo, no tardaron en crear las revistas rosas, las telenovelas, Hollywood, el “american way of life”, los supermercados, y muchísimos artificios más, camuflados por el brillo, el glamour y el deleite.

Lo que una vez se inventó para el mejoramiento de la humanidad, ahora ha sido convertido en instrumento de dominio y manipulación. Gutemberg nunca imaginó su creación como vehículo de frivolidad y atontamiento. Los hermanos Lumiere no sospecharon que su aparato sería la pieza fundamental de la fábrica de sueños.

¿Y qué ha hecho la humanidad ante los horrores de la guerra? Mirarlos por la televisión en los noticieros. ¿Qué pasa cuando la miseria impide comprar el auto del año que promociona el comercial del momento? Los más decentes, pedir horas extras en el trabajo; los más impacientes, robar o matar para obtenerlo. ¿Qué hace quien ve en películas una y otra vez a un árabe tratando de volar un edificio? Tomar a todos los árabes por terroristas.

La manipulación ha vuelto sutiles sus métodos. Si antes bastaba con pan y circo, ahora es necesario la Mtv, la televisión por cable, los programas que muestren a Madonna a la entrada de una tienda, el filme donde el siempre elegante James Bond acabe con cuanto ruso o árabe se le atraviese, el canal de noticias que convierte casi en una película de acción el bombardeo sobre Palestina.

Si antes las cruzadas se hacían para devolver el cristianismo a la Tierra Santa, ahora se realizan para atrapar terroristas, devolver “la democracia” o encontrar armas de destrucción masiva. En el fondo, son las mismas voces compulsivas: “compra, compra, compra…”, “teme, teme, teme…”, “no pienses, no pienses, no pienses…”. El mundo sigue desmoronándose y muchos lo contemplan por la televisión, sentados en un sofá mientras comen el postre de la comida.

A pesar del paso milenario de la civilización humana, el placer y el miedo no han dejado de ser los somníferos de la sociedad. Las marionetas siguen bailando al compás de la música, los hilos se han vuelto más invisibles y quienes los mueven, se empeñan en hacer creer que los titiriteros no existen. Los gritos de las gradas aún continúan, y los césares repiten: “El populacho está entretenido”. Solo que se equivocan: todo el “populacho” no está adormecido. Que se cuiden quienes así creen.

 

OJERAS DE UN MEDIODÍA

OJERAS DE UN MEDIODÍA

JUSTO PLANAS CABREJA,
estudiante de quinto año de Periodismo,
Facultad de Comunicación,
Universidad de La Habana.

¡Y qué me dicen del Machado! El inolvidable comedor de la Universidad de La Habana, vecino de la Facultad de Artes y Letras, innovador en la cocina y tan especial en su trato al estudiante.

Allí se ofrece un menú distinto cada día. Platos fuertes: proteína vegetal, pescado, pollo y a veces “―” (ese día no hay plato fuerte). Además, arroz, frijoles y sopa de sustancia (sustancia gaseosa esta). Y para quienes se preguntan si existe un plan de confección serio del menú: arroz con leche (a mí me deja sin palabras). Una vez me dijeron que la especialidad de la casa era el pan y yo tengo en el pan nuestro de cada día la fuerza suficiente para enfrentar los turnos de la tarde.

Pero alimento siempre hay en la bandeja y agua en la nevera. Otra cosa ocurre con el vaso y la jarra. Estos parecen luna y sol, cuando hay uno falta el otro, aunque a veces existen eclipses.

“¿Qué más quieren por 50 centavos?”, deben preguntarse nuestros abnegados tíos y tías que, como buenos familiares, preparan los alimentos. Si yo fuera malagradecido les diría que no son los productos, sino cómo los elaboran, lo que quita el apetito. Pero como no lo soy, mejor hago silencio y pago el tiquet.

¡Vamos todos a pagar el tiquet! Bajamos la rampita, ¿saben cuál? Está abierto el cajero, pero… no hay nadie. No se preocupen: la cobradora está almorzando. (Es su derecho.) Mejor hablamos con la mujer de la cruz. (Ella es la encargada de poner una cruz en la tarjeta antes de coger la bandeja.) Seguro que cuando escuche nuestra historia nos deja pasar. Pero no vamos a molestar a esa noble señora porque en el papel todo puede hacerse realidad.

Retrocedamos en la historia. Esta vez hay cola. No importa, el primero es un amigo del pre y nos va a comprar el tiquet. ¡Por fin la cobradora! Está conversando con una mujer sobre… ¿tinte de pelo? Pero ya recibió nuestra tarjeta. La coge, la suelta, ahora juguetea con ella. “¿Existe un tinte color tabaco?” La soltó de nuevo. ¡Ya es hora! Sí, ya es hora de ir a clases. Pero, claro, esta historia forma parte de la ficción.

Y bastante de ficción tiene porque la versión real de nosotros, los estudiantes de la UH, es distinta… Canta, oh, crítico ojo, la cólera de los que cada mediodía hacemos la cola del Machado. Porque tiene una cola larga, siempre convulsionando con cada lengüetazo de sol. Cola gorda a la entrada, y casi difusa al final: llegar y pedir el último no es costumbre. Los últimos siempre son los primeros. ¿Y al final? Los mismos rostros: buenos prójimos que disfrutan del paisaje hasta dos horas. Empujón a empujón el Principito, Aliosha Karamazov y otros tantos caminarán hacia atrás como el cangrejo; y quién sabe si descubran un libro interesante entre los que se venden ahí cerquita.

El Machado es… lo real maravilloso. Es como la luna llena. Allí el hombre se transforma como Mackandal en bestia. No es fácil jugar al súper humano en el aula para coger el garrote camino al comedor. No hace falta ser estudiante de Derecho para conocer el código penal de la selva. Después de todo, la ficción tiene mucho de veraz. Porque todos formamos parte de esta historia. Y el punto final, ese, lo ponen ustedes

 

DE LA ILÍADA DEL SIGLO XXI

DE LA ILÍADA DEL SIGLO XXI

JUSTO PLANAS CABREJA,
estudiante de quinto año de Periodismo,
Facultad de Comunicación,
Universidad de La Habana.

Para mí el héroe siempre fue Héctor, para qué decir otra cosa. Y ahora vienen a contarme la Ilíada de otra manera. ¿Y por qué tengo que prestarle atención?, dicen que porque ellos se han pasado la vida en una biblioteca y leen el griego antiguo a la perfección. Total, ¿Homero recitaba en ese griego antiguo? Si todavía se hacen coloquios y convenciones, que en buen cubano son tremendo chanchullo en plena panadería, para discutir si el tal Homero existió o no. Va y lo prueban por un milagro de esta vida; imaginemos que un arqueólogo se encuentra el cadáver de un viejo del siglo IX antes de nuestra era con un cartelito que explica en hexámetro dactílico, la métrica de la Ilíada, que este cadáver es el despojo de, oh, aquél que invocaba a la poderosa musa antes de comenzar a cantar. Todavía quedarían temas que discutir: ¿era ciego Homero?, ¿tenía voz de tenor, barítono o bajo?, ¿la imagen de Helena de Troya llegaba a su mente como Marilyn Monroe, como las madonnas florentinas o como la abuela de Caperucita?

En fin, hay que comer. Pero no les puedo permitir que me cuenten que el héroe de la Ilíada es Aquiles, no. Sí, sí, ya sé que era semidiós, era valiente en la batalla y podría darle clases de educación física a Sylvester Stallone; pero falta. A ver, ¿no fue él quien corrió a llorar a los brazos de mamá Tetis cuando Agamenón lo ofendió?, eso no lo haría ni Aliosha Karamazov si hubiera nacido en el siglo V antes de nuestra era, que parece que fueron los tiempos donde pudo desarrollarse la historia de Homero. Además, si ellos ponen en duda la existencia del ciego, yo tampoco me trago que el Pélida era valiente. Cualquiera que haya sido sumergido en la Éstige, que significa tener el cuerpo a prueba de flechas, y cuente con armas hechas por el propio Hefesto, sale al campo de batalla como si se fuera a comer el mundo. El pobre hombre, lo único que tenía que hacer era cuidarse el talón y mira, no pudo. Qué va, me vienen a dormir con el cuento de que Aquiles es el héroe. Eso pudo ser lo que pensó Homero, pero hoy, en pleno siglo XXI, quién le va hacer caso a lo que quiso un viejo, ciego, que ni siquiera puede demostrar su propia existencia.

Hoy en día tenemos semióticos que nos demuestran el papel tan importante que juega el lector en el proceso de interpretación de un libro. A quién le importan los subcódigos de Homero cuando a partir de su significante uno puede sacar sus propios subcódigos. Es más, a quién el importa la semiótica cuando los comunicólogos de la escuela de Birmingham explican cuán importante es la cultura en el proceso de decodificación. 

¿Qué lector del siglo XXI encontrará cualidades positivas en Aquiles (amén de los mercenarios)? Si hasta tenemos a un presidente norteamericano que antes de masacrar a los iraquíes, afganos, yugoslavos, vietnamitas… convence a su pueblo y al mundo de que lo hace por la "Liberté, Égalité, et Fraternité". Nosotros somos civilizados y cultos, necesitamos que se nos convenza de que es necesario dejar morir a los niños en África en nombre del utilitarismo, neoliberalismo y otros  ismos, para que apoyemos la causa. Cómo es que viene el Aquiles Pélida ese a pedirle a su propia madre que le pida a Zeus que le diga a Agamenón que le pida a los aqueos que comiencen la guerra contra los troyanos; para que el de los pies ligeros lograra vengarse del Átrida, rey de hombres.

Nosotros no podemos ver en él más que a un guerrero sanguinario que alcanzó con su muerte una muy cuestionable gloria. Claro que existen otras definiciones de héroe, que cuando se trata de un poema épico como es el caso, el héroe es el personaje principal, pero resulta que nosotros no sabemos nada de personajes principales. Hoy en día no son los aristócratas los que leen, sino todos, los alfabetizados del primer y del tercer mundo; además de que no creo que los aristócratas tengan tiempo para leer con tantas hipotecas y todo eso (la mayoría de los aristócratas viven de los préstamos). Y vivo convencido de que La Ilíada no fue hecha solo para que la apreciaran los críticos. Sería más aceptable que el héroe fuera Paris. Bueno, bueno, ya sé que a cualquier semiótico de esos que torcieron el camino de la semiótica, del estudio del proceso de interpretación (propiedad exclusiva del receptor) la interpretación de cualquier cosa, sí, sí, porque ahora hasta las piedras comunican; un semiótico de los últimos me daría una charla sobre el poco valor que se le da a los arqueros en la guerra de Troya, etcétera; que si Paris fue un cobarde porque no tuvo la valentía de enfrentar a minotáurico Menelao, etcétera; que puso en peligro a su pueblo con el rapto de Helena [que no fue tal rapto]; en fin, la lista se vuelve inmensa.

Pero para nosotros, los lectores del siglo XXI, cualquiera que cuente con belleza puede lograrlo todo, incluso ser héroe; y Paris, según las malas lenguas, contaba con esto y mucho más. Basta estar una hora frente a la televisión capitalista para creerlo: el perfume tal te hará conquistar el mundo y pondrá a tu disposición a todas las mujeres que desees; la camisa mascual logrará que consigas un trabajo con seguro médico y sueldo de millonario; y así. Ya no hace falta ser inteligente, ni buen hijo, ni patriota; corrijo, para ser inteligente, buen hijo, y patriota hay que estar a la moda, ah, y un buen rostro ayuda bastante. Sí, ahora el tema de rostro y sus apéndices naturales la crema, el maquillaje y la cuchilla del cirujano plástico; halan más.

Por eso, si La Ilíada se rescribiera en el siglo XXI, tendría a Paris por héroe; o mejor, sería fiel al anciano original, pero con algunos cambios: es mejor adaptar la historia al cine (el cine es más popular que la literatura y da más dinero); el actor que, por su belleza, interpretaría a Paris, es mejor que haga de Aquiles, para que el viejo Pélida continúe siendo el héroe, esto ayudaría a los guionistas y al director a sentir que hacen buen arte, no obstante agregar una que otra historia de amor y desamor, que haría revolcarse en su tumba al propio Homero, si es que existe; por no mencionar los desnudos ligeros del Aquiles, ah, y la elección de un reparto de bellas-figuras-populares-de-cerebro-pequeño; a ver, a ver, déjame pensar quién haría de Aquiles… está difícil la pregunta… cánta, oh, musa quién sería el elegido… voy a tomarme un vaso de agua y pensármelo… después de dos días de deliberaciones, encuestas y estadísticas he llegado a la conclusión de que el papel le viene a Brad Pitt como sandalia al talón.

Por supuesto, no hay que llenarle la cabeza de boronillas al espectador: es mejor crear un Paris afeminadito, como salido de una corte francesa del siglo XVI… me dice una muchacha que está leyendo el trabajo ahora mismo, que esa película existe y se llama Troy (Troya). Cualquier parecido con el original, como en las adaptaciones de Hollywood, es pura coincidencia. Ahora que hablo de Hollywood… tal vez Príamo podría ser otro candidato al héroe homérico del siglo XXI, lo tenía todo: buen padre (fue capaz de humillarse ante el de los pies ligeros por rescatar el cadáver de su hijo), buen esposo, buen rey; todo menos la edad. Los posmodernistas no creemos en la tercera edad, los compositores viejos no venden sus discos, ni llenan salas de concierto; los actores viejos no logran protagónicos ni firman autógrafos; los viejos quieren ser jóvenes, los jóvenes no quieren ser viejos.

Nuestras sociedades son prácticas, muy prácticas, como Andrómaca. Dicen que uno de los diálogos más tiernos de la Ilíada es el de despedida entre Andrómaca y Héctor. Nunca se aclara del todo si es el amor o el ver en peligro su seguridad la causa por la que sufre Andrómaca. Las decodificaciones aberrantes, como diría Humberto Eco; los malos entendidos, por redondear el término de alguna forma, estarían de fiesta en este diálogo. “ANDRÓMACA. ¡Desgraciado! Tu valor te perderá.  No te apiadas del tierno infante ni de mí, infortunada, que pronto seré tu viu¬da; pues los aqueos te acometerán todos a una y acabarán contigo. Preferible sería que, al perderte, la tierra me tragara, porque si mueres no habrá consuelo para mí, sino pesares, que ya no tengo padre ni venerable madre. [“¡Hay que ver qué mentalidad! -pensaría la señora que trabaja en el supermercado- cada día agradezco más vivir en mi época, donde podemos separarnos de nuestros padres siendo adolescentes y llamarlos solo por Año Nuevo”]

A mi padre ma¬tólo el divino Aquiles cuando tomó la populosa ciudad de los cilicios, Teba, la de altas puertas: dio muerte a Eetión, y sin despojarlo, por el religioso temor que le entró en el ánimo, quemó el cadáver con las labradas armas y le erigió un tú¬mulo, a cuyo alrededor plantaron álamos las ninfas monte¬ses, hijas de Zeus, que lleva la égida. Mis siete hermanos, que habitaban en el palacio, descendieron al Hades el mismo día; pues a todos los mató el divino Aquiles, el de los pies lige¬ros, entre los flexípedes bueyes y las cándidas ovejas. A mi madre, que reinaba al pie del selvoso Placo, trájola aquél con otras riquezas y la puso en libertad por un inmenso rescate; pero Ártemis, que se complace en tirar flechas, hirióla en el palacio de mi padre. [“¡Dios mío! -pensaría un abogado graduado de Harvard- si hubiera puesto un seguro social a cada uno, ahora sería millonaria… Pero, por supuesto, en aquel entonces no eran tan civilizados.] Héctor, tú eres ahora mi padre, mi ve¬nerable madre y mi hermano; tú, mi floreciente esposo. Pues, ea, sé compasivo, quédate aquí en la torre -¡no hagas a un niño huérfano y a una mujer viuda!- y pon el ejército junto al cabrahígo, que por allí la ciudad es accesible y el muro más fácil de escalar. [“¡Qué tonto es si no la escucha! -piensa Tony Blair]” Parece que Adrómaca emula lo suficiente como para ser la heroína de esta epopeya, pero es mujer. Y si J. K. Rowling tuvo que usar siglas para esconder su condición de mujer y lograr vender más ejemplares de su libro Harry Potter; cómo una pobre Andrómaca de la polvorosa Ilíada -recordemos que para nuestra civilización el pasado es un pequeño resbalón que debemos olvidar- aspira a convertirse en la heroína.

Héctor, en cambio, cuenta con más puntos a su favor. No solo por ser hombre. Basta un argumento para demostrar cuánto ha calado en la humanidad este personaje: pocos nombres de la cultura greco-latina se mantienen en uso, la mayoría son de origen bíblico. Son más frecuentes los del Nuevo Testamento: Juan, María, Pedro, José… a los del Antiguo: Moisés, David, Jacobo, Elías… La Iglesia Católica siempre rechazó la cultura pagana. ¿Qué nombres ligados a La Ilíada han llegado a nuestros tiempos contra toda red y toda telaraña? No fue el de Aquiles, ni el del propio Homero; fueron los del volátil, ambicioso y por ambicioso, sensato Agamenón (casi en desuso); de la bella y codiciada Helena (aunque su uso también puede deberse al nombre de la civilización, como es el caso de Patricia); el de Néstor, sabio y respetado; y el de Héctor, “domador de caballos”, como concluye Homero su Ilíada” El lector no puede evitar amarlo. ¿Qué importa que no haya sido práctico, incluso que no haya vencido a Aquiles? Después de todo, los seres humanos sienten igual, no importa la época. ¿Quién no ha huido al encontrar el rostro de sus temores, como Héctor al ver a Aquiles? Quien lo haya hecho, sabe cuánto vale sobreponerse a su propia condición de humano y enfrentar, en este caso, una muerte segura. La gente no admira lo que es, sino lo que quiere ser y Héctor cuenta con la sabiduría de Néstor, la sensatez de Agamenón y el corazón de Príamo.

¿Por qué si Homero comienza contando la cólera de Aquiles concluye su libro con los funerales de Héctor? Nunca nos dice en qué terminó la guerra entre troyanos y aqueos, ni si por fin Aquiles muere después de alcanzada su gloria {siempre me ha parecido irónico que el nombre de Aquiles generalmente sea mencionado por la gente junto a la palabra talón}. La Ilíada concluye sin más con el entierro de Héctor… Ay, Homero, algunos personajes comienzan a tocar nuestro corazón, y uno se empeña en mantener el rumbo, y trata de no apasionarse, pero el arte es una trampa, al final terminaste enamorándote de Héctor. Un existencialista de nuestro siglo, si la industria cultural deja aún hacer existencialismo, también se hubiera enamorado. Después de todo, hoy en día cuando queremos validar alguna idea, lo mejor es buscar en la cultura de la antigua griega un elemento que la verifique; ¿será esa la única utilidad que se encuentra a lo pasado?

El Mito de Sísifo de Albert Camus se quedaría pequeño ante tan inmenso ejemplo. El Héctor que lucha por culpa de su hermano, que defiende a una esposa que no lo comprende, que de pronto tiene los sentimientos equivocados en el mundo equivocado. Héctor no ha sido enseñado a luchar contra la inercia {sería interesante comprobar cuánto de tragedia tiene esta epopeya}, la inercia en este caso es la impuesta por el absurdo. Estos guerreros no saben valorar lo que en realidad importa. El error tendría que costarle a Aquiles la pérdida de Patroclo. (Y a Odiseo, siglos fuera de Ítaca, pero esta es otra historia.) Los personajes toman vida propia, desandan universos, épocas. Pero toman vida propia los que vida merecen. Y Héctor muere para vivir eternamente, como ironía sangrienta contra el triunfo de Aquiles en aquella batalla. Héctor, solo Héctor tiene la suficiente fuerza para detener la mente de su propio creador, para detener la guerra de los troyanos contra los aqueos tan solo por unos días, y apagar los versos de La Ilíada por una eternidad. Solo por Héctor, Homero sería capaz de decir: “Así hicieron las honras de Héctor, domador de caba¬llos.”, y detener toda palabra. ¿Era Héctor domador de caballos? Nunca lo sabríamos sin esta oración. Así Homero hace las honras de Héctor, contando lo que pudo ser si no lo hubiera dicho demasiado tarde.

SALIÉNDONOS DEL MÓDEM

SALIÉNDONOS DEL MÓDEM

¿Significa la superabundancia de medios de comunicación más comunicación?

CRISTINA ESCOBAR DOMÍNGUEZ,
estudiante de segundo año de Periodismo,
Facultad de Comunicación,
Universidad de La Habana.

El engranaje del mundo moderno se sostiene sobre dos elementos funiculares. Según Ignacio Ramonet, antes, el progreso y la idea de que la sociedad funcionaba como una máquina en la que todos teníamos un lugar solían ser los paradigmas de la humanidad. La modernidad ha reinventado estos paradigmas: la máquina ha sido sustituida por el mercado, y el progreso, que representaba la vía a la felicidad, ahora ha sido sucedido por la comunicación.

Al parecer, comunicarse es la solución a todo. Si tiene problemas con su vecino, con su pareja, o con su jefe, todo es un problema de falta de comunicación. Ella deviene suerte de solución global que elimina fricciones.

Esto parece futurista, y en su defecto, una infausta predicción de los tiempos de Julio Verne. Mas, no nos queda tan lejos esta realidad.

Internet y dentro de él, el chat, como forma de comunicación inmediata, también contribuyen al aislamiento de las personas. Debido al anonimato de la conversación electrónica, -se identifican solo con un apodo-, se producen oportunidades ideales para personas con intenciones comunicativas desfavorables

En Estados Unidos, algunas empresas están colmadas de empleados que revisan su bandeja de entrada entre 30 y 40 veces por hora. Por ejemplo, The Radicati Group reportó que cada uno de sus empleados envió un promedio de 37 correos electrónicos por día, y se estima que esa cifra llegará a 47 antes de que culmine este año.

Algunas compañías como US Cellular, Deloitte y Touche ya reportan los beneficios de cerrar las bandejas de entrada un día por semana. El pasado año, una de estas empresas inició investigaciones para conocer si la dependencia excesiva a las comunicaciones electrónicas afectaban el rendimiento de las entidades.

Cuatro meses más tarde, descubrieron que la prueba había ofrecido resultados que demostraban que, a partir de la medida, el trabajo del equipo había mejorado y los problemas se resolvían más rápido.

Definitivamente no podemos adjudicarle al uso y abuso de las comunicaciones electrónicas un halo de afecto filial. La cuestión más acuciante es la paradoja de que mientras más medios de comunicación tenemos, menos ejercemos la humana acción de comunicarnos. Los teléfonos celulares, las computadoras portátiles, los reproductores de música, y otra larga lista de aparatos nos aíslan de las personas que tenemos a nuestro lado.

El 34.5 por ciento de los niños y niñas entre 10 y 14 años ya dispone de Móvil. Los usos más recurrentes son el del envío de SMS (mensajes de texto cortos) y los juegos, lo que propicia el abandono de ciertos modos de relación interpersonal.

La tecnología ha traído consigo una magia maravillosa: una persona en Australia puede intercambiar correos electrónicos casi a tiempo real con personas de Rusia, o de México. Las distancias largas se achican. Esto, obviamente, no puede ser malo. El problema está en cuando usted prefiere enviarle un correo electrónico a la persona con la que trabaja cuando solo le separan un par de metros. No es que existan desavenencias entre emisor y receptor, es que, sencilla y llanamente, prefieren enviar el mensaje a través de una red de computadoras, que tener que pasar por el “difícil hastío” de conversar.

Ahora bien, no se trata de ignorar el papel de las comunicaciones electrónicas en la realidad contemporánea. La salida no está en volver a los tiempos de los periódicos manuscritos de la antigüedad. No es tampoco volver sobre los pasos en los que los rapsodas iban de pueblo en pueblo transmitiendo tradiciones e informaciones. Es más, el desarrollo es esclavo de las posibilidades que nos ofrecen las tecnologías.

Hoy día una computadora, un módem y un contrato ISP (Internet Service Provider), compañía que brinda el servicio telefónico de Internet, aceleran el flujo comunicativo y permiten que aquellos que tengan la posibilidad de una conexión a Internet puedan estar estrechamente interconectados.

Pero la conversación, el intercambio de miradas, el vivir en comunidad, ser y tener amigos, reciprocar cada intento de canje de sonrisas o de saludos, son posibilidades humanas que se están olvidando. Cómo vivir mejor o cómo tener más dinero son las cuestiones de orden. Ahora me pregunto: ¿Son realmente las respuestas a esas preguntas las que nos harán más felices, o será aquella persona que conocimos, aquel roce, aquel abrazo o conversación que perduró en nuestra memoria? Al decir de John Lennon, “la vida es aquello que pasa mientras estamos haciendo otras cosas”. No la vivamos en una bandeja de entrada o en un módem.

 

¿CONVERTIR A LA FIERA EN ÁNGEL?

¿CONVERTIR A LA FIERA EN ÁNGEL?

LUISA MARÍA GONZÁLEZ GARCÍA,
estudiante de primer año de Periodismo,
Facultad de Comunicación,
Universidad de La Habana.

Fulgencio Batista ahora es un héroe en Miami, ¿dónde si no? La camarilla de batistianos —personas que rinden culto a su “obra”—  se ha dedicado en los últimos años a tratar de reivindicar la personalidad del fallecido dictador. Empresa difícil.  

Celebraciones van y celebraciones vienen, como si eso pudiera convertir a la fiera en ángel. Según el Nuevo Herald, el 14 de enero de 2001 se realizó una misa en la iglesia de San Juan Bosco de Miami para homenajearlo en el centenario de su nacimiento. Y como si fuera motivo de orgullo, también festejaron el aniversario del golpe militar del 4 de septiembre de 1933, que por primera vez lo llevó a la presidencia. ¿Cómo? Mediante la violencia, la fuerza y el desacato de las leyes constitucionales. Pero no hay que extrañarse, al parecer, ese era el modus operandi favorito del dictador, pues lo repitió el 10 de marzo de 1952. 

Los libros también han sido llamados a cumplir con la labor “redentora”. El historiador Frank-Argote Freyre escribió uno con un título bastante ambiguo: Fulgencio Batista: De revolucionario a hombre fuerte, ¿qué quiere decir con ese juego de palabras? Se suma Murciélagos en un burdel, y versa sobre el asalto al Palacio Presidencial en 1957. El autor, Gregorio León, se niega a describir a Batista como el “sanguinario que ha trazado el régimen cubano”, ¿acaso no fue así? Mala memoria que tienen algunos. Oportunismo a pulso. También una novela se encuentra en preparación, de la escritora de origen cubano Zoe (¿Soez?) Valdés, quien ha declarado que Batista “hizo mucho bien a su país”. Pura palabrería de pacotilla en el sentido más literal de la palabra, porque quién sabe cuánto dinero hay detrás.  

En el 2005 la familia de Batista donó a la Cuban Heritage Collection de la Universidad de Miami miles de documentos (cartas, fotos, manuscritos, recortes de publicaciones, libros, revistas) que abordan sobre todo el período de exilio, de 1958 hasta 1973. Me habría gustado que donaran también documentos sobre su etapa de presidente, en la que según declaró su hijo Fulgencio Rubén “Papo” Batista en una entrevista, habían sido importantes sus aportes a las obras públicas, su labor educacional y sanitaria, su impulso a la economía y sus leyes sociales.

¿Será eso verdad? ¿Por qué no donan documentos para comprobarlo? Tal vez, porque es imposible: su gestión presidencial fue siniestra y esto sí puede demostrarse, como también puede probarse los cientos de asesinatos, el baño de sangre con que marcó a este país.

Sobre la economía, basta decir que el 1ero. de enero de 1959, la Revolución encontró una deuda exterior de 788 millones de dólares y la balanza comercial con Estados Unidos era tan desfavorable que alcanzaba los 603,4 millones. Hasta esa fecha, el 8% de los propietarios poseían más del 70% de las tierras cubanas, y la mayoría eran latifundistas norteamericanos.

En cuanto a la educación, de seis millones y medio de habitantes que tenía el país, dos millones eran analfabetos o semianalfabetos. El nivel educacional promedio de los mayores de 15 años era inferior al tercer grado, y sólo un 15% de los jóvenes entre 15 y 19 años recibía algún tipo de educación. Más de 600 mil niños no tenían escuelas.

En 1958 prestaban servicios de Salud Pública sólo 8 206 trabajadores, hoy son más de 500 mil. La tasa de mortalidad infantil superaba los 60 niños fallecidos por cada mil nacidos vivos y la expectativa de vida era de apenas 55 años. 

El desempleo era otro triste indicador. En 1958 había 549 mil desocupados de una fuerza de trabajo calculada en poco más de dos millones de personas. Eso sin contar con los desempleados temporales así como los que realizaban labores ocasionales. Tal es el caso de los 700 mil empleados azucareros que sólo trabajaban los tres meses de la zafra. El resto del año, el tiempo muerto, estaban condenados a la miseria y al hambre.

Pero Batista no fue sólo un mal presidente, un ególatra, un perro faldero de los yanquis: fue también un excelente discípulo de Adolfo Hitler. Tras su nombre reza una lista interminable de torturados, asesinados y desparecidos, cuyo único pecado fue desear y luchar por un futuro mejor para su pueblo.

Un episodio evidencia su actitud de dictador sanguinario. Después del asalto al cuartel Moncada, dio órdenes tajantes: por cada soldado caído o herido en el combate, él quería muertos a diez jóvenes asaltantes. Durante varias semanas, en los alrededores del cuartel se escucharon gritos y en el suelo corrió la sangre. Las mazmorras del Moncada se convirtieron en un laboratorio de muerte.

Ese hombre fue Fulgencio Batista, y no otro, “el héroe”, el que hoy tratan de reivindicar y engrandecer en Miami. 

 

MARYS POR PETRÓLEO

MARYS POR PETRÓLEO

JUSTO PLANAS CABREJA,
estudiante de cuarto año de Periodismo,
Facultad de Comunicación,
Universidad de La Habana.

Las civilizaciones caen al paso de los nuevos mongoles. La invasión norteamericana en Irak ha provocado una destrucción cultural solo superada históricamente con aquellas quemas de la Biblioteca de Alejandría que atrasaron siglos el desarrollo científico de la humanidad.

Los Estados Unidos no solo permitieron el saqueo del Museo y la Biblioteca Nacional de Irak sino que contribuyeron con él. Un grupo de abogados y directores de museos de Nueva York que integran el Consejo de Estados Unidos sobre la Política Cultural (ACCP) soñaron junto al Pentágono su propio futuro para el patrimonio tangible iraquí. Y fue un sueño imperialista.

El contrabando de arte iraquí alimenta las mansiones del Norte, y los bolsillos del ACCP.  Las huellas de las civilizaciones Babilónica y Mesopotámica se exhiben en las mansiones norteamericanas y británicas. Sus dueños acaudalados las ostentan junto a las cabezas de los leones cazados en África, o los tigres disecados de la India. Estas obras de arte, como el león y el tigre, no tienen cuerpo; perdieron todo su valor histórico. El contexto en que las crearon lo destruyeron las excavaciones salvajes. Tampoco tienen valor artístico. No importa, aquellos que la vendan y aquellos que la compran solo pueden ver su único valor, el de cambio, su precio.

La peor guerra que embate a Irak, sin embargo, no puede verse. Junto al fuego que arrasó con la Biblioteca y el Museo Nacional de Irak se quemó un pedazo del corazón de su pueblo, un pedazo de su memoria, y un pedazo de su futuro.

Esas piezas eran importantes testigos del orgullo de los iraquíes por su historia. En la ciudad de Ur vivió  según cuenta la Biblia el mítico Abraham. En la ciudad de Ur viven según cuenta la prensa los soldados norteamericanos. Allí construyeron su base militar. Las paredes milenarias de Ur exhiben la vergüenza del pueblo iraquí: “I love Mary”, resume un graffiti la política del gobierno norteamericano.

El imperialismo ya no cambia lámparas nuevas por lámparas viejas porque las alusiones a la historia de Aladino están de luto desde que los ejemplares más antiguos de las Mil y Una Noches ardieron en la Biblioteca Nacional de Irak. Cambian una Mary, anoréxica, rubia, cambian sueños americanos por petróleo iraquí.

Las Mary aún no han entrado. Esperan que se apacigüen los iraquíes. Esperan que sin museos, sin bibliotecas y sin monumentos, los iraquíes olviden que por sus venas corre pura la sangre de los mesopotámicos y los babilonios, padres de la historia universal. Pero las culturas milenarias no se olvidan. Los iraquíes todavía hacen su historia con pequeñas bombas, con piedras, con las manos.


EL KREMLIN, CORAZÓN DE MOSCÚ

EL KREMLIN, CORAZÓN DE MOSCÚ

Una rápida mirada a la construcción de la emblemática mole rusa.

JUSTO PLANAS CABREJA,
estudiante de cuarto año de Periodismo,
Facultad de Comunicación,
Universidad de La Habana.

El corazón de Moscú tiene por sangre al río Moscova, que corre al sur; la Plaza Roja al este; y al oeste el Jardín de Alexander, uno de los más hermosos del mundo. Todo el placer de los sentidos humanos está contenido en las murallas del Kremlin de Moscú, el corazón de Rusia.

El más conocido de los “Kremlin” rusos reserva una muralla que espanta al que la ataca, y lo conquista. Su perfección estética bien podría desarmar al enemigo más fiero. Como una serpiente que se mordiera la cola, la muralla se extiende por más de dos mil 235 metros. Su altura irregular se debe a los desniveles del terreno. Así, podría medir cinco metros, ora 19. Su grosor también varía de los 3,5 a los 6,5 metros. Y bien podría deberse el oxímoron que lleva dentro la esencia del alma rusa.

Pero la belleza de esta muralla se debe sobre todo a sus torres, construidas por maestros italianos entre 1485 y 1495. Todos estos elementos se conjugan en un triángulo irregular que guarda en su seno más de 275 mil metros cuadrados.

Al principio el Kremlin solo contaba con 18 torres. Pero el siglo XVII, además de la prosperidad que trajo para Moscú, también coronó la fuerte muralla con nuevas atalayas hasta llegar a una veintena.

Excepto tres, que poseen una planta circular, el resto de la torres cuenta con plantas cuadradas. Y Spasskaya, la más alta de todas, alcanzó su tamaño actual de 71 metros en 1625.

Además, el Kremlin cuenta con cuatro palacios y cuatro catedrales. No en vano el presidente de la Federación Rusa tiene en él su residencia.