Blogia
Isla al Sur

Crítica-Trabajos docentes

EL NAUFRAGIO DE COLÓN

EL NAUFRAGIO DE COLÓN

ADIEL GUEVARA RODRÍGUEZ,
estudiante de Periodismo,
Facultad de Comunicación,
Universidad de La Habana.

Para honrar el aniversario 500 del descubrimiento de América, en 1992 surgió un ambicioso proyecto cinematográfico hispano-franco-británico. La dirección estaría a cargo del afamado Ridley Scott y contaría con capitales estratosféricos, el mayor en la historia de las coproducciones europeas de su momento. Este fue el esperanzador comienzo de la cinta “1492: La Conquista del Paraíso”.

Pese al marcado salto de calidad respecto a filmes precedentes, no logró recuperar su enorme inversión de 40 millones de dólares y se convirtió en un fracaso comercial. Recibió desde el estreno, 9 de octubre de 1992, críticas mixtas y la ausencia del público a la gran pantalla estuvo influenciada por el fiasco que supuso la que antecedió su lanzamiento: “Cristóbal Colón, el descubrimiento”.

El guión, escrito por Roselyne Bosch, relata el viaje realizado por el adelantado marino hacia las Indias Occidentales que lo llevó, el 12 de octubre del año 1492, al encuentro con un continente desconocido hasta entonces por los habitantes de Europa y Asia.

Tras el fracaso en las taquillas de la obra, Scott no volvió a dirigir durante cuatro años y, según él expresa, su objetivo no fue ofrecer la recreación histórica exacta, sino dar una inteligente especulación sobre lo que realmente ocurrió y cómo fue el Almirante.

El tema del viaje se aborda estéticamente en un tono épico y Scott esboza el descubrimiento como la llegada a otro planeta. Incluso, cuando Colón salta desde el bote de desembarco a la playa de San Salvador, la forma en que lo hace es muy similar a la del primer astronauta que se posó sobre la Luna.

El apoyo fotográfico contribuyó a dar realismo y creatividad al film con tomas memorables en picado, durante el encuentro entre los amerindios y peninsulares, planos panorámicos, con la visión de “tierra a la vista”, y el clásico instante que muestra, a nivel de suelo, las botas colombinas en lento avance hacia el hallazgo esperado.

Son los mejores momentos de la película, aquellos en que todo se les va presentando a los ojos de los descubridores, inesperado, brumoso: plantas, animales, la atmósfera de la selva, etc. La banda sonora de Vangelis, universal música de ambiente desde entonces, imprimió la percepción de grandeza y misterio en cada escena.

Los vestuarios y decorados reflejan fielmente la época y permiten identificar, desde un primer instante, el rol de cada personaje en el caso de la reina Isabel la Católica o “el Gran Navegante”. El rodaje en los enclaves elegidos de Costa Rica, “el país más verde del planeta”, como el virgen continente y, por supuesto, en España para la recreación colonial, son acertadas ubicaciones.

El Colón de Scott se presenta en una relación humana y de respeto con los indígenas, tal vez algo exagerada si se tiene en cuenta el origen marginal de su tripulación. No obstante, un mérito indiscutible fue la proyección de las distintas facetas del protagonista quien, lo mismo empuña una espada en defensa propia, que se muestra fascinado por goniómetros y astrolabios.

Inexactitudes o errores históricos de peso, cometidos por los guionistas en la trama, son ejemplos visibles cuando Colón regresó a España con tres carabelas o al ser destruido el fuerte de La Navidad, destino de la zozobrada nave Santa María, por los indios caribes. Las erratas acompañan el segundo viaje, donde se habló ya del “Nuevo Mundo”, en realidad el término se usó a partir de la tercera travesía, y que, al llegar Colón a Panamá, descubrió el océano Pacífico en 1503 y este no se conoció hasta 1513.

Insuficiente afluencia de público y la consiguiente pérdida de la inversión realizada por los estados implicados, unido a los desajustes mencionados, han causado un clima de aspereza hacia la cinta de Scott que presenta, en lo estrictamente cinematográfico, atributos suficientes para haber sido mejor valorada.

NERUDA SOBRE LAS TABLAS

NERUDA SOBRE LAS TABLAS

MARIANA BAFFIL LEÓN,
estudiante de primer año de Periodismo,
Facultad de Comunicación,
Universidad de La Habana.

Las luces por fin se apagan, el auditorio dirige la mirada hacia el  centro del escenario y descubre, iluminada bajo el foco de luz, la figura de Don Pablo, quien, saturado por el olor a salitre y hechizado por el sonido de los gorriones, contempla el mar, tratando de hallar la inspiración que el poeta encuentra en la brisa salada de su tierra natal.

Así inicia la obra de teatro “El cartero de Neruda”, ubicada entre 1969 y 1973 en Isla Negra, Chile, y representada por la Compañía Hubert de Blanck, bajo la dirección de Orietta Medina, merecedora de la Distinción por la Cultura Nacional.

En espera de la misiva que le anunciaría el otorgamiento del Premio Nobel de Literatura, estaba el señor Pablo Neruda, encarnado por el actor René de la Cruz, en su casa de Isla Negra. Mientras, en la Caleta, Mario Jiménez, un joven de 17 años, personificado por Denys Ramos, era aceptado por el funcionario de la oficina de correo, Don Cosme (José Ramón Vigo), como el nuevo cartero.

Mario pronto descubriría lo sui géneris de su ocupación, pues debía llevar las cartas a un único y especial cliente: Don Pablo. A pesar de la distancia a recorrer hasta la casa del poeta y el pobre salario, aceptó convertirse en “el cartero de Neruda”.

De esa relación surge una profunda amistad que constituye la esencia de la obra. Mario encuentra en Neruda la inspiración necesaria para enamorar a la mujer de sus sueños, Beatriz González (Laura Delgado), a pesar de la constante oposición de la madre, Doña Rosa (Marcela García). Y el escritor disfruta del cartero la sencillez y los matices de la juventud.

Las actuaciones del elenco destacan por su calidad, sobre todo, porque el espectador llega a sentir realmente la química entre los personajes. René de la Cruz, con hablar pausado y metafórico, regala al público un Neruda que invita a reflexionar. Mientras, Denys Ramos, no obstante sus pocos años sobre las tablas, consigue escenificar el espíritu soñador y gracioso de Mario.

Aún en los papeles secundarios, Laura Delgado y Marcela García logran representar momentos clave como en el que Doña Rosa trata de convencer a su hija, con un toque humorístico, de que “las palabras son un cheque sin fondo”.

El vestuario, a cargo de Vivian Bárzaga y Katia Rionda, y el atrezo, de José Luis Hernández, contribuyen a la veracidad de los personajes, pues los trajes típicos de los pobladores pesqueros, así como los instrumentos y adornos propios de un pueblo costero, permiten al espectador situarse en el tiempo y lugar donde se desarrolla la historia.

Un elemento importante en la puesta es el sonido, dirigido por Dasmar Rosales, pues tanto el oleaje como el canto de los pájaros se convierten en la clave para entender el ambiente de Isla Negra. Y la música, acorde con cada momento, intensifica los diferentes estados por los que transitan los personajes.

La puesta en escena es una adaptación de la obra teatral Ardiente paciencia y de la novela de igual nombre del chileno Antonio Shármeta. Ha sido llevada al cine en dos ocasiones: en 1983 dirigida por su escritor, y en 1994, por el británico Michael Radford.

Es estrenada en septiembre de 2001 por la Compañía de primerísimo nivel Hubert de Blanck, en su sede capitalina y llega a la quinta temporada el propio mes de 2013, en conmemoración al  aniversario 40 del golpe de Estado de Salvador Allende y de la muerte de Pablo Neruda.

La obra tiene el mérito de acercarnos a un Neruda humilde y amigo, capaz de compartir alegrías y tristezas junto a Mario y nos deja una frase que quizás resuma su vida: “…mucho aprendí del mar y su oleaje, pero mucho más aprendí de la gran marea de las vidas…”.

LA RED INVISIBLE

LA RED INVISIBLE

ANIA TERRERO TRINQUETE,
estudiante de primer año de Periodismo,
Facultad de Comunicación, 
Universidad de La Habana.

Con ciento setenta y dos minutos de duración y la clasificación de ciencia-ficción, “El atlas de las nubes”, filme dirigido por Tom Tykwer y los hermanos Washowski parecía, simplemente, otra propuesta de muchos efectos especiales sin sentido y pocos fundamentos. Sin embargo, tras observarlo con detenimiento, el espectador lo descubre, como mínimo, arriesgado, complejo e inspirador.

La película está basada en la novela homónima de David Mitchell. En ambas, seis conflictos aparentemente desconectados se entretejen en una compleja narración que recurre a saltos de tiempo, tal vez demasiado frecuentes, para construir una única línea central.

La historia de Adam Edwin, joven estadounidense que redescubre la esclavitud en 1849, se mezcla con los prejuicios que sufre Robert Frobisher, músico bisexual, mientras compone la obra de su vida en la Inglaterra de la Segunda Guerra Mundial.  En 1973, la periodista Luisa Rey investiga supuestos fallos en un reactor nuclear de San Francisco y en el 2012, Timothy Cavendish, editor inglés, pasa por más de un avatar tras intentar estafar a un escritor mafioso.

Mientras tanto, Hae-Shoon, luchador rebelde, se enamora de la clon Sonmi en una Corea futurista y capitalista donde estas relaciones están prohibidas. Y en una Tierra pos-apocalíptica, dos pueblos –uno prácticamente en Comunidad Primitiva y otro que resguarda todos los avances tecnológicos del mundo- intentan sobrevivir.

A pesar de las enormes brechas temporales y espaciales entre una historia y otra, los personajes no son independientes. Las decisiones tomadas por cada uno afectan a los demás e, increíblemente, todo está conectado.

La cinta defiende la idea de que la vida en el planeta es el resultado de lo que otros han hecho antes y, por tanto, las acciones de cada persona influyen en aquellas que vendrán después. Para ello recurre a una serie de detalles perceptibles que relacionan las historias entre sí y utiliza a los mismos actores, con un maquillaje que casi no permite reconocerlos, para los seis conflictos.

Así, Tom Hanks, Halle Berry, Hugo Weaving, Jim Sturgess, Donna Bae y Susan Sarandon, entre otros, alternan papeles protagónicos y secundarios sugiriendo reencarnaciones constante en cada una de las épocas, como si cada personaje fuera una nueva versión del anterior.

Uno de los grandes logros de este filme es la forma en que se capturan los ambientes de cada momento. Los decorados, atrezzos, escenografías y vestuarios, junto a una muy buena caracterización de los intérpretes, permiten al público pasar de un tiempo a otro con relativa facilidad, aunque, la forma en que se estructuraron las historias dentro de la línea central fue varias veces criticada por ser excesivamente cargada y acelerada.

De los mismos directores de La Matrix y El Perfume, esta propuesta tiene varios puntos a su favor: una coherente actuación, efectos especiales que utilizan juegos de luces para identificar los distintos espacios temporales, dirección de renombre mundial y un argumento que rompe los esquemas de  narración lineal.

Sin embargo, la acogida entre el público internacional no fue la esperada. De cien millones de dólares invertidos en producción, solo recuperó veintisiete tras el estreno en los Estados Unidos y, paradójicamente, estuvo en las listas de las mejores y las peores películas del 2012. Aunque la crítica nunca se puso de acuerdo, estamos frente a una película compleja y atrevida, que apuesta por nuevos métodos de desarrollo de la trama y requiere de una observación consciente e inteligente, tal vez demasiado. Por ello, le fue difícil competir con el estilo consumista de algunas comedias románticas clásicas de Hollywood.

La cinta pone a pensar, y ese es probablemente su mayo mérito. ¿Cuál es el  papel del hombre en la Tierra? ¿Son el pasado y el futuro parte necesaria del presente? ¿A dónde lleva el actual estilo de vida? Tales preguntas se presentan indirectamente más de una vez y compiten con las grandes cuestiones filosóficas de la historia. En definitiva, el filme propone que todos somos parte de una gran red invisible y casi consigue convencernos.

¿EL MEJOR DE LOS CHOCOLATES?

¿EL MEJOR DE LOS CHOCOLATES?

MARÍA DE ROCÍO RAMOS SUÁREZ,
estudiante de primer año de Periodismo,
Facultad de Comunicación,
Universidad de La Habana.

Durante el año 2005 el productor y director estadounidense Tim Burton, regaló a los niños el filme Charlie y la fábrica de chocolates, apoyado en el clásico libro homónimo del escritor británico Roald Dahld.

La película trata la historia de una misteriosa fábrica de chocolates, propiedad de Willy Wonka, enigmático empresario conocido en el mundo por sus confituras, quien decide esconder papeletas doradas en cinco tabletas para que los niños afortunados en encontrarlas tuvieran la oportunidad de visitar su industria secreta.

Tal vez como íconos para una buena crítica, Burton da vida a los estereotipos más comunes de niños criados en una sociedad consumista, inmersos en la competencia, la vanidad, la gula y en el desmesurado apego a los inventos tecnológicos, contraponiéndolos al mismo tiempo con Charlie (Freddie Highmore), el pequeño de buen corazón que vive en la más absoluta miseria, come cada noche sopa de col y, sin embargo, siempre tiene una sonrisa para  sus padres y cuatro abuelos enfermos.

El largometraje, filmado en Yorkshire, Reino Unido, no presenta impactos digitales, sino efectos artesanales que determinan la intensidad de los colores y un ambiente alucinante, que por el tamaño de los objetos, la decoración utilizada y las luces contrapuestas para introducir a cada televidente en la trama, pudiera parecer surrealista y psicodélico, sin embargo, no da la impresión de un mundo generado por artefactos colosales, sino de un universo regido por lo imaginario.

La banda sonora, creada por Danny Elfman, está compuesta por alegres cancioncillas infantiles, acompañadas por típicos instrumentos de viento, donde una que otra vez se dejan escuchar sutiles vocecitas desconocidas que transmiten la idea de un reino fantástico habitado por seres especiales, elemento característico en la obra de Burton.

No obstante, el largometraje ha sido cuestionado hasta en los  aspectos más precisos y no ha faltado quien afirme que en lugar de un género de aventura, comedia y ficción pasó a ser, por excéntrico y desmesurado, espeluznante y abrumador.
 
Sin embargo, antes de poner el trabajo de los grandes productores en tela de juicio, sería oportuno reconocer que la niña convertida en una monstruosa berenjena, el niño atascado en una aspiradora, el pequeño que aumenta diez veces más su tamaño y la excéntrica nena a la que las ardillas atacan de forma brutal fueron, aunque un poco drásticos, los castigos escogidos por Burton para reprimir los malos hábitos y las desobediencias que marchitan la infancia.

Otro de los aspectos por los que ha sido juzgado el filme es la actuación de Johnny Depp, acusado de aparentar ser más un psicópata sobreactuado con un arsenal de muecas extremas y demasiado ficticias, que el típico dueño de una industria de chocolates. Pero algo a tener en cuenta es que se trata de un personaje con traumas de la infancia, sin más compañía en el mundo que los pequeños hombrecitos encargados de la fábrica y  cientos de granos de cacao.

Una vez estrenado el largometraje, la firma Willy Wonka apareció en el mercado mundial, cuestión que condujo a que Tim Burton fuese acusado de dar publicidad a un producto y de realizar proyectos con fines lucrativos.

Determinar si la cinta fue realmente un éxito es aún controversial. Sin embargo, para todo aquel que haya visto del filme más allá de la escenografía y el vestuario, resulta claro que el objetivo del director estadounidense no fue crear un anuncio comercial, sino enaltecer por encima de cualquier riqueza, el valor de la familia, como única fortuna capaz de procurar  la felicidad.

POR LOS CAMINOS DE LA JUNGLA

POR LOS CAMINOS DE LA JUNGLA

MONICA LEZCANO LAVANDERA,
estudiante de primer año de Periodismo,
Facultad de Comunicación,
Universidad de La Habana.

En una suerte de jungla imaginaria, Wilfredo Lam, uno de los íconos de la plástica cubana, realiza una formidable interpretación del trópico, de un trópico preñado de magia y de seres que se acercan a lo solemne y a lo inanimado. En este lienzo, la mitología y las grandes figuras van tendiendo hacia lo vivo.

La obra nos ofrece dramáticos aspectos de una lucha a la vez selvática y mágica, que entremezcla el desarrollo vegetal con el sentido humano. Aquí, surrealismo y cubismo europeos confluyen con el poder del mito característico del sincretismo caribeño.

En La Jungla, Lam plasma un desnudo de seres indescifrables, donde pinta cuerpos enteros dando rienda suelta al color. De esta manera, rinde culto a la forma, expresa la fuerza y la alegría que se alcanzan al salvar lo vulgar y lo cotidiano.

La gran pintura mural, ambiciosa, se hizo cuadro de caballete sabroso e íntimo, de nota impresionista por lo espontáneo, pero de gran ciencia y experiencia adquirida por los matices abiertos junto a la delicadeza de la ejecución. La riqueza y la variedad son alcanzadas por Lam en este lienzo, donde los colores se abren como abanicos infinitos y riquísimos.

Es su Jungla gigantesca, el lugar donde las líneas paralelas se disfrazan de misteriosas figuras de fantásticas piernas, de opulentos y sensuales senos y glúteos que cuelgan como densas frutas demasiado maduras.

Con sorprendente contraste, las hojas aparecen reflejadas por las tintas más ricas, elegantes y tranquilizadoras. Las tijeras, el cuchillo, los cuernos y la rueda, son elementos que apelan a la imaginación de quien se adentre en los misterios de este cuadro.

Sus palabras reflejan el sentido de su creación: “Cuando lo pinté, las puertas y ventanas de mi estudio se encontraban abiertos y los transeúntes podían verlo. Solían gritarse unos a otros: “¡No mires. Es el diablo!”. Y tenían razón. De hecho, uno de mis amigos ha descubierto en la obra un espíritu parecido a cierta representación medieval del infierno. De todas maneras, el título no tiene nada que ver con el verdadero campo de Cuba, donde no hay jungla, sino bosque, colinas y campo abierto, y el fondo del cuadro es una plantación de caña de azúcar. Mi intención fue comunicar un estado físico”.

La obra de Wifredo Lam lo sitúa como uno de los más grandes pintores cubanos. En esta, se puede seguir mediante los temas y el color, el juego de las formas verdaderamente propias. Desciende de negro y de chino, lo que se hace evidente en su arte por medio de un espíritu tendiente a lo abstracto de neta raíz africana, y al mismo tiempo una elegancia de líneas, una suavidad y delicadeza de las tonalidades, una sensibilidad siempre despierta e inesperada en el dibujo y en el detalle.

Calificado como el artista cubano más influyente en el desarrollo de la plástica americana en la segunda mitad del siglo XX, Lam dejó grandes aportes a nuestra cultura. Su obra monumental, La Jungla, se exhibe desde 1945 en el Museo de Arte Moderno de Nueva York. Con dimensiones de 239,4 x 229,9 centímetros, es, según los especialistas, una obra de magia y misterio. Está considerada como el equivalente de la pintura latinoamericana, de la obra Las señoritas de Avignon, del padre del cubismo Pablo Picasso.

La imaginación y el espíritu liberado de Wilfredo Lam quedan expuestos en el escenario de La jungla, donde logra con lo mítico de su propia cosecha, una naturaleza tropical asombrosa y representativa. 

REGGAETÓN VS MÚSICA

REGGAETÓN VS MÚSICA

LINH NGUYEN HOAI,
estudiante de primer año de Periodismo,
Facultad de Comunicación,
Universidad de La Habana.
 

Se ha comentado en varias ocasiones que entre las generaciones de hoy el género musical del reggaetón ha conquistado diversos espacios. Existen muchos argumentos diferentes sobre el contenido, la letra, el ritmo y también la influencia  de este tipo de música.

Por el pegajoso brackground, el reggaetón satisface el gusto de una juventud entusiasta. Realmente, es fácil encontrar en cualquier lugar un grupo de muchachos que está bailando con tal “sinfonía”.

El ritmo es bailable, pues ya tiene la melodía fuerte y clara, y los artistas utilizan mayormente el arreglo de computadora como la repetición de palabra: tan tan tum tum tan tum…, lo que hace más fácil la producción musical, sobre todo con las posibilidades que brindan las nuevas tecnologías. Por otro lado, la voz de los cantantes a veces se considera incómoda para las audiencias por la altitud excesiva.

Aunque es escuchado y disfrutado por una gran cantidad de jóvenes, a su vez constituye una denigración a la figura femenina. Se tratan con vulgaridad y obscenidad los temas eróticos en la mayoría de las canciones, donde las féminas son vistas como objetos sexuales, lo cual es, a su vez, una muestra de machismo.

Además, algunas recreaciones tienen contenidos sobre la prostitución, drogas, alcoholismo, vandalismo y pandillas. Del mismo modo, tocan los problemas notables de la sociedad, pero no siempre de manera acertada, constructiva.

También, la letra del reggaetón se considera fácil de recordarse. Cada canción mantiene una cantidad pequeña de letra. Normalmente, después de una o dos veces de escuchar, los oyentes pueden corear con facilidad.

Por otro lado, el reggaetón es notorio por la creatividad de mezclar el rap con el canto y, además, con el hip hop. Aunque estos son difíciles para componer y combinar, todos traen emoción de bailar a los oyentes. Los creadores han cumplido el papel más importante de la carrera de desarrollar el género de música latina.

En otro punto, la forma observada de bailar de los jóvenes en las fiestas, las discotecas o en los videos también es específica: las muchachas y muchachos hacen movimientos sumamente sugestivos, vulgares. Esta danza es conocida por el nombre de perreo. Parece divertido para los bailarines, pero a la vista de otras personas, es falta de respeto.

En general, este género de música gusta a los jóvenes por el ritmo bailable, pero molesta a otras personas por el contenido obsceno y vulgar. La letra no transmite nada, solo son repeticiones sin sentido una y otra vez; incluso algunos, como forma de criticarlo, han creado tablas con pasos para componerlo.

Su popularidad es innegable, pero también es cierto que no es de los más escuchados en el mundo. Aún quedan personas con buen gusto musical, que les gusta deleitarse con la música, pero de una forma más respetuosa, culta y placentera tanto por la melodía como por lo que expresan.

En realidad, el reggaetón solo es ciertamente adecuado en las fiestas y las discotecas. ¿Para disfrutar? A lo mejor, no.

POMPEII

POMPEII

WALKIRIA JUANES SÁNCHEZ,
estudiante de primer año de Periodismo,
Facultad de Comunicación,
Universidad de La Habana.

“En la oscuridad oías el llanto de las mujeres, los gemidos de los bebés y los gritos de los hombres. Algunos rezaban pidiendo ayuda, otros deseaban la muerte. Pero aún otros se imaginaban que ya no quedaban dioses, y que el universo se había hundido en una oscuridad eterna” Plinio el Joven (79, D.C).

Así describió el erudito romano la desaparición de la ciudad de Pompeya bajo las cenizas del volcán Vesubio. Con sus palabras inicia la película Pompeii –nombre de la urbe en latín– coproducción germano-canadiense, estrenada hace solo tres meses del presente año (2014).

A través del amor entre dos jóvenes, Mailo (Kit Harington), un esclavo de Britania convertido en gladiador, y Cassia (Emily Browning), princesa del lugar, el guionista recrea los sucesos de la última semana en que los pompeyanos vieron la luz del Sol, con la intención de acercar aquella catástrofe a la realidad del espectador.

Esta película, de corte histórico con elementos de ficción, está basada en una meticulosa investigación recopilada de los documentos de los antiguos escritores, y de los biólogos e historiadores que han dedicado su vida a descubrir los misterios de Pompeya, como declaró el director del filme, Hartley Gorenstein.

Las escenas fueron grabadas en diferentes lugares, como estudios fílmicos en Alemania, gran cantidad de tomas en exteriores, e incluso en las ruinas de la verdadera ciudad, ubicada actualmente en Italia, cuyos restos fueron reconstruidos para otorgar una mayor veracidad a las locaciones.

Cambios rápidos de un plano a otro brindan, de manera rítmica, puntos de vista diversos que, apoyados en una excelente fotografía, dotan de cadencia los pasajes más calmados de la cinta, y agregan un tono apasionante a los momentos de acción. Logran, en conjunto, atrapar al espectador y volverlo parte de la trama.

Cada detalle del vestuario, maquillaje, utilería, hasta los efectos especiales, fueron minuciosamente preparados, y según la crítica especializada, Pompeii es una de las versiones más fieles a la realidad.
La banda sonora, a cargo del reconocido compositor Jean Frenette, otorga una dimensión dramática a cada escena. La música lleva de mano la trama, y con un tono clásicamente epocal ofrece la típica percepción de lo remoto que todos guardamos en el subconsciente.

Con actores experimentados en sus roles protagónicos encausa una adaptación del amor fuera de los clichés, diciendo con la mirada y acariciando con las palabras. Importante es también, destacar la actuación de Adewale Akinnuoye-Agbaje (Atticus), amigo de Mailo, y el papel antagónico interpretado por Kiefer Sutherlan (Corvus).

Los personajes secundarios aportan dos aristas diferentes al guión, son voceros de temas polémicos de la época como las invasiones del imperio romano y la promesa de libertad para los gladiadores, e incluye otros valores como la amistad, el amor a los hijos, la valentía y el honor.

Más que el relato del suceso que devastó una ciudad, la película trata de salvar del olvido lo que vivieron aquellas personas. Para muchos, la explosión del Vesubio es un hecho desconocido, por lo que la dimensión humana que posee Pompeii rescata esa época gastada por el tiempo, y trae al mundo moderno una propuesta atractiva para los que disfrutan de la acción y el romance en la gran pantalla.

Pie de foto: Pompeii, estrenada en el presente año (2014), es una propuesta atractiva para los que disfrutan de la acción y el romance en la gran pantalla.

 

LOS COLMILLOS DE ROMEO Y JULIETA

LOS COLMILLOS DE ROMEO Y JULIETA

La Saga Crepúsculo continúa sumando seguidores a pesar de las duras críticas de las que, a diario, es merecedora.

DAHOMY DARROMAN SÁNCHEZ,
estudiante de primer año de Periodismo,
Facultad de Comunicación,
Universidad de La Habana.

Desde hace poco más de una década resulta casi imposible encontrar a algún adolescente que no haya sido influido por el fenómeno Twilight (Crepúsculo). Esta tetralogía, escrita por Stephenie Meyer, se convirtió en un best seller de forma simultánea a su publicación, e incluso, en la Biblia de muchas jovencitas, según Greg Mooradian, productor de todas sus versiones cinematográficas.

Crepúsculo (2005), es el primero de cuatro volúmenes y lo completan Luna Nueva (2006), Eclipse (2007) y Amanecer (2008). Todos, basados en clásicos literarios: Orgullo y Prejuicio, de Jane Austen; Romeo y Julieta, de William Shakespeare; Cumbres borrascosas, de Emily Brontë; y El sueño de una noche de verano, de Shakespeare, en ese orden.

En Crepúsculo, Isabella “Bella” Swan, es una  joven de 17 años que decide mudarse a la casa de su padre en Forks, Washington, después de que su madre contrajera nupcias nuevamente. Allí conoce al enigmático Edward Cullen, quien la rescata de morir atropellada y al final se descubre ante ella como un vampiro feroz y temerario, a pesar de alimentarse solo de animales, o ser, acorde con su propia concepción, “vegetariano”.

El binomio amor-muerte está representado para la ocasión en el novio resucitado, y será una constante que acompañará a la pareja, siempre en peligro mortal, durante sus aventuras. Esa es la fórmula, nada innovadora, del éxito de Twilight, y se fundamenta en la fusión de las dos emociones que hacen vibrar a todo ser humano, matizadas por el vampirismo, el cual aseguraba las cósmicas ventas de la colección.

Aún a riesgo de perder el verdadero "folklore" vampírico, la novelista difumina, aposta, los contornos tradicionales de estos monstruos y los acerca significativamente a la naturaleza humana. Aquí, los colmillos son solo excusa y contexto, pues los conflictos pasionales presentes podrían estar presentes en la relación amorosa de cualquier dúo. Por eso, la saga triunfa y cautiva a millones de fans en todo el mundo.

Pero el éxito no ha eximido a la obra de convertirse en carne de cañón para escritores y críticos. Stephen King, literato consagrado a las novelas terroríficas y ganador del National Book Award, calificó a la Meyer, en 2009, como una “mala escritora”, pues ella “escribe para toda una generación de chicas a las que descubre una unión segura de amor y sexo”. Con todo, Anne Rice, autora de Las crónicas vampíricas, considera la historia “adecuada para el público al que se dirige”.

Entre psicólogos y especialistas crece la preocupación sobre “la visión machista que promulga Crepúsculo, donde la mujer encarna un papel pasivo y el hombre es protector y dominante”. Ellos alegan que la novela atenta contra las actuales políticas que previenen la violencia contra las féminas, y hasta han acusado a la autora de promover la abstinencia sexual antes del matrimonio y la prohibición del aborto, de acuerdo con sus creencias mormonas.

Nada más lejano de la realidad. Cuando la protagonista abandona los estudios momentáneamente para dedicarse a su recién nacida, luego de oponerse a abortarla, lo hace simplemente por amor. Nuestra sociedad se ha vuelto demasiado feminista, al punto de vilipendiar a las damas que deseen dedicarse solo al hogar. ¿Acaso no es la maternidad la mayor bendición otorgable a una mujer?

Puntos a favor o en contra, lo cierto es que la historia está manejada con un lenguaje accesible a todo público, ha motivado a la juventud a reencontrar el camino de la lectura y constituye un valioso ejemplo de que nosotras sí tenemos un lugar, y meritorio, en la sociedad.

La editorial norteamericana Little, Brown & Company fue la primera en revelar los cuatro textos de la serie, y Alfaguara, radicada en España, los imprimió en español poco después. Amanecer, el cuarto tomo, se coronó como el libro más cotizado de 2008, y ese mismo año, la tetralogía completa rompió el récord de ventas en los Estados Unidos. Asimismo, el drama cuatripartito se tradujo a 37 idiomas, gracias a lo cual más de 70 millones de copias han sido adquiridas por lectores de todo el orbe, según estadísticas del The New York Times.