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Entrevistas-Trabajos Docentes

UN SUPERHÉROE DE TODOS LOS DÍAS

UN SUPERHÉROE DE TODOS LOS DÍAS

Modesto Labarca conduce un P12 habanero. Es el amigo que nos lleva al trabajo o la escuela y tiene que lidiar de cerca con la Cuba de estos tiempos.

Texto y foto:
AILÉN RIVERO HERNÁNDEZ,
estudiante de primer año de Periodismo,
Facultad de Comunicación,
Universidad de La Habana.

Un mediodía caluroso preferí posponer el almuerzo para hablar con Modesto Labarca, el chofer del P12 que me ha llevado desde mi lejano Santiago de las Vegas hasta la céntrica Habana casi todos los días. Es un hombre sonriente que se sorprendió, pues la modestia, implícita hasta en su nombre, no le dejaba entender el interés hacia un trabajador del transporte. Accedió, aunque él también retrasaría su almuerzo, y luego de parquear a buen resguardo su “monstruo” sobre ruedas, comencé el diálogo.

-¿Cuántos años lleva como chofer?

“Desde 1984”, responde con tremenda naturalidad, sin darse cuenta de que sus años de trabajo casi duplican mis años de vida.

-¡1984! ¿Y siempre ha sido

chofer de transporte público?

Siempre desde esa fecha.

-¿Cómo le va con los P?, ¿cuán

diferente son a los “camellos”?

Son más fácil de trabajar que el camello, porque el P es guagua y el camello, camión. Pero da igual el medio de transporte, el problema es la gente: no quieren pagar y se niegan a contribuir con la alcancía, se montan por las puertas de atrás, hay mucha indisciplina.

-¿No afecta su visibilidad que

la guagua sea tan larga?

“Yo tengo un espejo bueno, grande, y miro bien. La cuestión no es el largo de la guagua, sino la experiencia de chofer y el cuidado que tenga”, aclara orgulloso y me hace imaginar con los gestos su cuidado al manejar. Por momentos, la manera en que habla de la profesión, me hace idealizarlo como el superhéroe que salva el día usando correctamente un espejo retrovisor. La imagen se vuelve algo absurda, sin embargo, no puedo evitar halagarlo: “Es mucho tiempo de costumbre, ya tiene la técnica. Ahora quisiera que me hablara más de la gente”, indago.

“¡La gente! Mira, hay cantidad de juventud en la calle que no paga. Han pasado el Servicio Militar hace años y todavía enseñan los pases con  el fin de no pagar. Uno tiene que estar arriba de ellos y entonces responden con el  pasecito ese. Se les nota que hace diez años que estuvieron en el Servicio, y todavía hacen eso”.

-¿En sus años de trabajo ha sufrido

algún incidente en la guagua?

Aquí han ocurrido muchas cosas: robos de cadena, peleas, hasta incluso puñaladas. ¡Ay, mija!, no es fácil.

-¿Y los accidentes?

Gracias a Dios hasta ahora no he tenido accidentes grandes. Una vez me llevaron el espejo, pero no más que eso.

-¿Las peores horas del día?

Por la tarde, porque es cuando la gente sale del trabajo y algunos acostumbran a esa hora “darse el buche”. En la mañana los pasajeros van a trabajar, se acaban de levantar. Pero después del mediodía el pasaje se torna más difícil.

-¿Piensa que los P son los indicados

para el transporte en Cuba?

Estos sí. Pero dicen que hay otros ahora que son más largos.

-Respecto al tema, ¿cómo se comporta

el nuevo carril exclusivo para el

transporte público?, ¿los demás

vehículos lo respetan?

¡Cómo no! ¡Eso que ha hecho la policía es tremenda cosa! Yo quisiera felicitar de corazón al que tuvo la idea. Es magnífico lo que han hecho para nosotros, te lo digo de corazón.

-Sobre la situación de los P, este

mismo tiene el piso roto…

Ah, mira, eso sí, están medio podridos. Pero la cuestión es la falta de calidad que tuvieron en la fabricación, ¿me entiende? Están medio podridos. Hemos tenido que ponerle “cines” para poder resolver el problema.

-Entonces, por una parte, el tamaño que

tiene el P resuelve, pero, al mismo tiempo,

su mala fabricación puede ser un problema.

Por eso le preguntaba si cree que

solucionen la situación del transporte.

A pesar de que estén medio rotos,  estos carros están diseñados para el transporte público y, a no ser por sus defectos de fabricación, son los indicados para el país.

-¿Qué propondría para mejorar

el transporte en Cuba?

¿Para mejorar el transporte? Que hubiera más guaguas y con mayor calidad, claro.

-¿Y su opinión sobre

nuestros ómnibus?

“Que ojalá mejoren, porque así pasamos mucho trabajo”, dice con una expresión de optimismo.

Que así sea.

Pie de foto: Casi treinta años de trabajo no le han quitado las ganas de hacer bien su labor a este guagüero.

 

UNA FILOSOFÍA DE VIDA

UNA FILOSOFÍA DE VIDA

La obra Abracadabra en inglés es una de las propuestas de la compañía de teatro infantil La Colmenita para celebrar sus 25 años de quehacer artístico.

NÁYARE MENOYO FLORIÁN,
estudiante de primer año de Periodismo,
Facultad de Comunicación,
Universidad de La Habana.

En la calle 13, entre F y G, hay una casa prodigiosa. Los que tienen el privilegio de pasar por allí  me imagino se contagien con la buena vibra, porque tanta humildad, tanta fe en el bien, en la vida futura y en la utilidad de la virtud, como diría nuestro José Martí y tantas ganas de soñar contagian de esperanza hasta a los más escépticos.

Esa es la casa de La Colmenita de Cuba, un proyecto surgido a finales del siglo pasado con el propósito de hacer arte de manera diferente. Carlos Alberto Cremata es, desde entonces, el timonel de ese barco que ha navegado por todo el territorio nacional tras desastres climatológicos, por las Naciones Unidas esparciendo nuestro mensaje de paz, por el globo terráqueo sensibilizando y divulgando la situación de nuestros Cinco Héroes. La compañía está próxima a cumplir 25 años, tomando como pretexto su aniversario me llego hasta su rincón para conversar con papá Tin sobre los secretos que guarda el panal.

Sentada frente a pinturas de Tony Guerrero espero a mi entrevistado, quien tiene una pelea encarnizada vía teléfono. Me recibió con sonrisa y poco formal. Lanzo mi primera interrogante. Tin tiene tanto que contar y yo tanto que oír que podríamos hablar toda una semana. “Sí, estamos arreglando una función en inglés de Abracadabra para poder mostrársela a los visitantes que hablan ese idioma, unido a ello nos preparamos para animar el Festival Cantándole al Sol.

“No hay una edad específica para ingresar a La Colmenita. Hemos tenido niños desde los 2 años de edad, incluso de meses. A diferencia de las escuelas de arte del país, nosotros no formamos  artistas, aquí el arte  nos sirve de móvil para un propósito mayor, no se trata de si tengo aptitudes dónde me presento. Lo más importante  está en  enseñar una filosofía de vida. Tenemos como premisa fundamental la prédica martiana: Los niños deberían juntarse al menos una vez por semana para ver a quién pueden hacerle algún bien.

“La mayor satisfacción fue hacer de esto un proyecto de vida, hacer el bien es el mega fin. Imagínate que nosotros nos reunimos en círculo para contar el bien que hicimos durante la semana. No se trata de ayudar a una ancianita a cruzar la calle, ni darle el asiento a una embarazada, eso está muy bien, pero ese es el bien hecho al azar, se trata de salir a buscar porque se siente la necesidad, cuando eso ocurre, cuando hacemos el bien de manera consiente, estamos actuando con esencia martiana. El taller más importante de la Colmenita se llama Crecer con Martí, y ese es su objetivo fundamental”.

-Entonces, la pregunta que

todos se hacen, ¿qué hacer

para formar parte?

El problema mayor se llama espacio. El niño juega al teatro y la danza, yo solo le pido despliegue de energía y que gocen lo que están haciendo. El grupo es una cosa familiar, como se formaron los Beatles, unos muchachos que se unieron para hacer música, nadie los convocó ni les hicieron una prueba. Un colectivo artístico para mí siempre consiste en un grupo de personas unidas alrededor de la filosofía y la estética de un líder. La Colmenita le pertenece a todos los niños. ¿Lo más importante? tiene que ser el espacio para que el niño juegue, se ponen el nombre porque les gusta, pero se puede llamar parque de diversiones.

-¿Cómo son las relaciones de la

colmena con la dirección del país?

Tenemos magníficas relaciones con la dirección del país, nos hemos ido ganando la confianza poco a poco, en primer lugar disfrutan de la seguridad de que el equipo de adultos no manipula a los niños, les inculca comportarse como un buen patriota, un buen escolar, un buen miembro de familia, son ellos los que nos han otorgado esa confianza, en el último Congreso del Partido Comunista de Cuba se pusieron cinco símbolos de la Revolución, el quinto fue La Colmenita, yo sé que eso es muy exagerado y nosotros para nada nos creemos eso, pro fue así.

-¿Considera entonces que eso influye en

la gran promoción y divulgación de la

compañía, porque hay otros proyectos

muy buenos con poco apoyo

gubernamental, por no decir ninguno?

En una Casa de Cultura está al frente una persona que le pagan un salario. La Colmenita estuvo ocho años sin salario, nosotros enfrentamos la divulgación de manera diferente, no tenemos divulgador, aquí divulgadores somos todos, un juego colectivo, todo el mundo juega a la divulgación, si lo vemos como los aburridos adultos que tienen un divulgador, que le pagan, no funciona igual. Muchas compañías buenísimas no entienden que con los niños todo tiene que ser mediante el juego. Coincido en que hay grupos extraordinarios, que no se conocen, con mucho talento e inventivas.

-Sería imperdonable no

hablar de la relación que han

cultivado con los 5 Héroes.

Mi padre fue víctima del avión de Barbados (atentado terrorista que costó la vida a la tripulación cubana procedente de un evento deportivo), entonces yo siempre le agradezco a los 5 que los padres de los niños de La Colmenita estén vivos, cualquier cubano pudo pasar por un hotel de La Habana en el momento en que explotara una bomba. A partir de eso, decidimos crear una obra de teatro que tuviera que ver con esto, montamos la obra, fuimos a Estados Unidos y Gerardo nos organizó desde la prisión que los 5 hablaran con nosotros uno detrás del otro: Cuando estuvimos en Washington cada día hablamos con uno de los 5, nos reíamos, hacíamos chistes, Gerardo hablo siete veces con nosotros, René nos visitó donde nos estábamos quedando.

Oír su voz nos recordó que  son seres humanos comunes. Ramón no se cansó de hacer chistes, Tony es un amor, Fernando, muy humilde, sencillo, René es el entusiasmo mismo, Gerardo es el jaranero por excelencia. Esos son nuestros héroes. Después de la gira el contacto con ellos y sus familiares se ha mantenido y fortalecido.

Pie de foto: Presentación de la obra Meñique en el Festival Leo Brauwer.

BOLETO DE REGRESO A LA HISTORIA

BOLETO DE REGRESO A LA HISTORIA

Eligio Eloy Valle Miranda ofrece sus vivencias en las acciones de Playa Girón, esta vez, desde la casona de la Asociación de Combatientes del municipio artemiseño de Güira de Melena.

Texto y fotos: 
YAIMA MALAGÒN FRANCHI-ALFARO,
estudiante de primer año de Periodismo,
Facultad de Comunicación,
Universidad de La Habana.

Desde mi graduación en el preuniversitario no nos veíamos. A este hombre que tiene ya 77 años, cumplidos el pasado 1 de diciembre de 2014, le conocí cuando cursaba el noveno grado en la secundaria básica, en charla por el aniversario 50 de los sucesos en Playa Girón. Hablo de Eligio Eloy Valle Miranda, hijo de Alejandro Valle y Ángela Miranda, residentes en el municipio artemiseño de Güira de Melena.

Este guerrillero de la vida gana el sustento para la familia trabajando como albañil por cuenta propia, pero sin descuidar sus responsabilidades de Secretario del Frente Patriótico Militar e Internacionalista de la Asociación de Combatientes en el municipio güireño.

La ansiedad representaba el denominador común de ambos. Me hacía ilusión conocer de su niñez, pero no voy a mentir: lo que en realidad deseaba era volver a escuchar las anécdotas de cuando fue a combatir a Girón, esta vez no como estudiante vestida de amarillo o azul, sino como la periodista encargada de registrar la historia de Valle en forma de entrevista, para revivir este pedazo de sabiduría y sueños que, a veces, muchos olvidan.

Sin hacer cálculos de tiempo, con la voz entrecortada y nerviosa, no dejó que le terminara de “lanzar” la primera interrogante sobre sus raíces.

“La infancia fue bastante dura, porque figúrate, de la raza negra y  nacido en el capitalismo, en 1937… Mi madre era despalilladora de tabaco y mi padre, tabaquero. Resultaba extraño que ellos tuvieran trabajo, casi siempre escaseaba el cultivo y había muchos trabajadores, por lo cual mi mamá tuvo que colocarse como doméstica en una casa particular, donde le pagaban de 7 a 12 pesos al mes cuando no podía despalillar”.

-¿Tuvo usted hermanos?

Nosotros somos cinco, tres varones y dos hembras. Sustentar a la familia era muy difícil y mi hermano Miguel iba a recoger tabaco los fines de año. Sí, los fines de año, porque en aquel entonces este cultivo y la papa se envasaban en diciembre; diferente de ahora, que se colectan en los primeros meses. Así nosotros fuimos saliendo adelante.

Al producirse el Golpe de Estado de Batista, el 10 de marzo del 52, yo estaba en sexto grado y Miguel en quinto. Tuve que dejar la escuela para ayudar con el sostén de la familia. En esas circunstancias aprendí a cocinar y otros quehaceres domésticos. Mi hermano, como era más avispado, pues siguió estudiando en la secundaria.

Un tiempo después, mis padres le hablaron a un maestro de obra y albañilería para que me enseñara el oficio, me gustó y empecé con ese señor. Pasó un largo período y quedé convertido en albañil, de lo que vivo actualmente. Reparábamos escuelas, yo con 14 ó 15 años en una brigada de trabajo y el contratista, calificado de sargento político, estaba relacionado con senadores y representantes del Estado, quienes le daban las sobras para resarcir instituciones educacionales.

-Su actividad revolucionaria…

Tiene que ver con un compañero llamado Jorge de la Nuez Suárez, Pipo, quien después resultaría víctima del atentado al avión de Barbados. Él estaba en una logia y laboraba como albañil. Un día me preguntó si quería entrar en ella y le dije: “¿Qué hago yo en una logia? Yo no sé nada de eso. Dicen que para entrar ahí es tremendo”. Pero insistió y acepté.

Así ingresé en la logia masónica Asociación de Jóvenes Esperanza de la Fraternidad (AJEF) Felipe Poey. Entré con Pipo y empezamos a construir unas relaciones muy hermosas, de hermanos, de camaradería inmensas. Cuando salíamos de la AJEF era otra la cosa. En ese lugar nosotros no hacíamos nada, jamás hablamos de política. Ahora bien, cuando salíamos, nos íbamos al parque para confeccionar alcayatas, que eran de esas puntillas curvas utilizadas en las cercas; las cuales regábamos por las calles, repartíamos la carta semanal de actividades revolucionarias, entre otras acciones.

-¿Cómo y cuándo nace

el Batallón (BON) 180?

Al triunfo revolucionario, en casa todo el mundo era comunista. En la creación de los Comités de Defensa de la Revolución mi mamá salió presidenta de la cuadra, yo cogí también el cargo de vigilancia y mi papá, en el Comité de Defensa, que en representación de la masa era un grupo selecto.

Todos estuvimos en la concentración del Palacio Presidencial, donde Fidel planteó, el 26 de octubre del 59, la creación de las Milicias Nacionales Revolucionarias. Cuando regresamos a Güira nos inscribimos. En ese entonces estaban regadas, no tenían nombre, pero en agosto del 60 se fundó, en el terreno de pelota, el Batallón 180. A cada BON le asignaban un número según se iban constituyendo y a nosotros correspondió el 180.

-¿Y las responsabilidades

dentro de las milicias?

Miguel era jefe de la segunda compañía y yo estaba en una que le decían Pelotón de Apoyo. No era tan pícaro ni tan vivo como mi hermano, quien enseguida cogió cargo. Pipo presidía la primera compañía. Unidos por la misma causa empezamos a movilizarnos y a entrar en las cuestiones de la defensa.

Cuando el diálogo se tornaba más interesante, interrumpe Eddy, compañero de trabajo, en busca de unas planillas de las que no pude ver el contenido. Valle suspira y la conversación se detiene varios segundos.

Me cuenta del 15 de abril de 1961, del bombardeo a los aeropuertos de San Antonio de los Baños, Ciudad Libertad y Santiago de Cuba. También se refiere al día 16, habla del entierro de las víctimas de esta acción y de la proclamación del carácter socialista de la Revolución, “porque decían que éramos socialistas, pero mentira, esto era una Revolución hecha por el Comandante. Socialista fue a partir de esa fecha, no antes. Había un dichito: ‘Somos socialistas palante y palante, y al que no le guste que tome purgante’.

“El día 17 nos movilizaron. Montamos los camiones en el parque para ir para el combate. Ya se estaba peleando en Playa Larga y en Girón. Aquí sucedió algo curioso. Frente a los Caballitos, donde estaba antes el Ayuntamiento, mi mamá fue apodada por Vázquez,  el Jefe de Operaciones, “La Mariana Grajales de Güira de Melena”, porque estábamos todos; sus tres hijos y su esposo, que íbamos para allá, aunque ella se había separado del viejo mío y tenía otro compañero llamado Manuel, también miliciano y nos acompañaba. Allí no hubo una mujer que llorara, ni una sola lágrima hubo.

“Cuando llegamos a Jovellanos y posteriormente al central Australia en horas de la noche, nos dieron la orden de que teníamos que tomar Playa Larga. Muy cerca pasaban camiones y ambulancias, gente herida con la barriga afuera, brazos y cabezas partidos, echando sangre. Aquello era lo más grande de la vida. Había un camionero que cuando salimos dijo que no iba para allá porque le iban a quitar el camión. Entramos a Playa Larga como a las 10 de la mañana, tomamos nuestro objetivo y nos quedamos atrincherados allí”.

-Al presenciar la situación,

se cuestionó alguna vez

¿qué hago yo aquí?

Imagínate, tú sabes cómo se pone la calle con chapapote, que los pies se te pegan y no puedes caminar. Bueno, así nos pasaba a nosotros, no había asfalto, era la sangre derramada de las víctimas: mujeres y niños desnudos, tendidos en la arena. Cuando el chofer del camión vio aquello, enseguida se dirigió a Vázquez y le pidió un fusil aturdido por la idea de que si los mercenarios  iban para Güira acabarían con las familias y con todo el pueblo. Estábamos erizados al ver tanta sangre, no vivíamos adaptados a ese tipo de situaciones. A mí me designaron como segundo al mando de la compañía y al llegar a Girón hirieron al jefe y a unos cuantos compañeros, entre ellos al alquizareño Pedro Rodríguez Santana y quedé al frente del combate.

-De albañil a líder de batalla,

¿su inexperiencia como

influyó en ese momento?

Yo estaba loco, no sabía nada y temeroso por ver a tanta gente muerta. Sin embargo, al recordar lo dicho por el chofer del camión sobre la posibilidad de que esto mismo ocurriera en Güira con mi familia -la mujer ya estaba en embarazada de mi  hijo Iván-, pues me llené de fuerzas y de un ánimo increíble  para seguir adelante.

Parece el día de las interrupciones. Obstaculiza la conversación Pedro, otro colega de trabajo. Valle me presenta y el hombre dice: “¡Ah!, !Periodista!! Esa es la gente que con la pluma son…”. Sutilmente el entrevistado le dice: “Arriba, arriba, que están grabando”. Se dirige a mí y apunta: “Volvemos a la carga”.

Le tomo unas fotografías mientras sugiere el libro El Batallón 180 en el frente oeste, de Francisco Pérez Guzmán, historiador cubano, en el cual aparecen testimonios sobre el combate de abril de 1961. En las oficinas colindantes se oyen unas conversaciones. Sus ojos brillantes reflejan el pasaje que nunca olvidará de la acción revolucionaria:

“Se corrió la noticia de que yo había caído en el combate y mi padre se le escapó a Miguel  para saber detalles. Sentí un ruido en el puesto de mando que había construido dentro del mangle allá en Girón, me viré de pronto y vi a papá parado detrás de mí. Al advertirlo se me salieron las lágrimas y a él igual. No pude ir a su encuentro, temblaban mis pies. Nos miramos nada más y se mandó a correr”.

-¿Qué pasó con sus estudios?

Volví a recuperarlos. Repetí el sexto grado, cursé la secundaria, el pre y fui a la Universidad. En el año 1984 me gradué de Licenciado en Ciencias Sociales. También hice postgrados de dirección científica de la sociedad, los cuales aprobé sin dificultad y aquí estoy, en la Asociación de Combatientes de Güira de Melena desde el 5 de septiembre de 1993.

Chocando sus dedos contra el buró, donde guarda cuidadosamente, debajo de un cristal, la foto que nos tomamos en mi graduación de 12 grado y con la mirada encendida por los recuerdos, expresa: “Nosotros pusimos nuestro granito de arena y me siento satisfecho, contento de haber aportado ese poquito a la Revolución, por eso es que voy tanto a las escuelas a explicarle a la juventud qué es lo que está pasando y a contarles anécdotas de aquellos días inmortales para los güireños y cubanos todos, porque no se podrá borrar de la historia tanta gloria”.

Pie de foto: Valle, con sus anécdotas, brinda una lección de supervivencia y sobre la posibilidad de vencer temores.

 

UNA MUJER SIN MIEDO

UNA  MUJER SIN MIEDO

Encuentro con Hilda Hernández Hernández, una luchadora de fe inquebrantable por la Revolución Cubana y sus precursores.

Texto y foto:
DANIELA HERNÁNDEZ GARI,
estudiante de primer año de Periodismo,
Facultad de Comunicación,
Universidad de La Habana.

Vilma Espín y Celia Sánchez, mujeres que engrandecen la historia de Cuba, son sin duda «flores autóctonas de la Revolución», como calificaría Armando Hart, dirigente del Movimiento 26 de Julio a la segunda en varias ocasiones. Durante la lucha revolucionaria florecieron miles de ellas en la sierra y el llano, cada una con historias llenas de sacrificio que quedaron grabadas en cada pétalo y arraigadas al suelo que tanto adoraban. Su condición de féminas se convirtió en su estandarte.

Entro a la casa una mujer que forma parte del jardín de la lucha cubana, tiene la sonrisa de niña curiosa y una caja que sostiene contra su pecho, por la que puedo vislumbrar fotografías de tiempos pasados, pero cercanos e inolvidables para Hilda Hernández Hernández, combatiente de la Sierra Maestra que porta con orgullo el grado de Teniente. Al preguntar su edad me disculpó por la interrogante que es considerada el terror de muchas mujeres, pero ella se muestra orgullosa de anunciar que celebró nueve décadas el pasado 13 de abril (2014).

-¿Cómo comenzó su historia?

Nací en Caibarien, Las Villas. Mi padre era isleño, tenía negocios de carbón y estábamos bastante bien, pero después se trasladó al Central Narcisa, ahí conoció a Jesús Menéndez. Mi casa era visitada  por él, Eduardo Chibás, Carlos Rafael Rodríguez y Blas Roca. Estudié en la Escuela de Monjas, pero me expulsaron porque yo era muy bellaca y un día le quité la toca a una de ellas porque quería saber lo que tenían las monjas en la cabeza.

-¿Cuándo se integró al

Movimiento 26 de Julio?

Mi hermano Heriberto se incorporó con su amigo Marcelito Salado. Fue entonces cuando hice contacto con el Movimiento. Toda mi familia comenzó a repartir bonos junto con Julián Sánchez, miembro de la lucha clandestina. Mi papá y mi hermano donaron en conjunto cinco mil pesos a la lucha.

-¿Cuál era la función de los bonos?

Figúrate, era el trabajo político con las personas que estaban de acuerdo con la ideología revolucionaria, no le íbamos a vender un bono al que estuviera a favor de la opresión que existía.

-¿Cuál fue el paso decisivo para

unirse al proceso revolucionario?

Unos guardias se mudaron al frente de mi casa, un negro que le decían Tatica y un blanco, Ransel. Parece que nos chivateó una de las amantes que tenían. Habíamos ido a repartir los bonos y le cayeron atrás a mi hermana Graciela, pero ella brincó una cerca y se escapó. Mi mamá estaba parada en la puerta para que los guardias no entraran. La empujaron, le dieron culatazos con los fusiles y le perforaron el páncreas. Estuvo algunos meses en el hospital, pero el médico dijo que ya no se podía hacer nada y no la operó.

Registraron la casa completa y no encontraron los bonos, estaban en la alacena, entre unos vasos de cristal. Me tuve que ir para La Habana. Heriberto en esa época se había unido a Camilo en Yaguajay. Recuerdo que un día visité la casa de Pedrito Berejías y tuvimos que salir huyendo por el techo porque los guardias nos siguieron. De ahí fuimos para Camagüey, después para Santiago de Cuba y de vuelta.

-¿Cómo llegó a la lucha armada?

Por mediación de otro compañero, conocido de Marcelito Salado. Ingresé a la Columna 13, Ignacio Agramonte, al mando de Víctor Mora, eso fue por septiembre de 1957. El grupo de mujeres que subimos a la sierra tuvimos que cruzar por los montes y pedir botella a los carros haciéndonos pasar por limosneras. Curábamos a los heridos, éramos mensajeras, cosíamos los uniformes de nuestros compañeros, en fin, hacíamos de todo. Pasamos horas horribles.

-¿Cómo era la vida en la sierra?

Óyeme, allá si pasamos trabajo, no había comida, teníamos que tomar agua de los charcos, sin baños y soportábamos a duras penas la menstruación. Para qué extenderme tanto si la historia ya está hecha. La hicimos y me duele mucho que algunos no sepan apreciar nuestros sacrificios, antes no teníamos escuelas, ni hospitales gratuitos y era normal encontrar cada mañana gente golpeada y asesinada de la noche anterior en el medio de la calle por los esbirros de la tiranía. Recuerdo que una vez me cayeron atrás los guardias y fui golpeada, pero me soltaron porque pensaron que era una mendiga, andaba siempre toda ripiá.

-¿Participó directamente

en alguna batalla?

En un combate, no, pero se formaban los tiroteos y teníamos que estar preparadas, para eso estábamos. Nos trataban de dar un arma a cada una como medida de seguridad, pero algunas veces no alcanzaban para todas e incluso había que entregarlas si los combatientes de las primeras filas no contaban con ellas.

-¿En alguna ocasión se

sintió excluida por su

condición de mujer?

No, siempre dije que a mí nadie me excluía. Como mujer yo tenía que defender la Revolución. Allí estaban Celia, Vilma y mis compañeras. Valía la pena luchar.

-¿Qué ocurrió después del

Triunfo de la Revolución?

Cruzamos La Martera, seguimos para Ciudad Libertad y nos instalamos en Managua. Allí Almeida me nombró responsable de las armas y luego, de la lavandería. Las mujeres pasamos el curso de Enfermería en Mazorra. Un día llegó Fidel y formó los batallones del ejército con sus respectivos jefes, los hombres a un lado, las mujeres del otro. Pasé para la columna Mariana Grajales, que se trasladó para Las Mercedes, pero yo me quedé trabajando con Juan Almeida Bosque y Elsita Montero en el Estado Mayor de la Marina de Guerra. Cuando él se fue para Las Villas, nos querían llevar para allá, pero no fui porque tenía a mis hijos chiquitos. ¿Dónde los iba a dejar? Me quedé trabajando en La Habana con el Comandante Enrique Lussón.

Había compañeros que no tenían donde vivir, entonces recogí a 21 combatientes que dormían en las lanchas o donde pudieran y alquilé dos apartamentos frente a la Casa de José Martí. Yo les lavaba, preparaba la comida y Roberto Sotomayor se los llevó después para el Pico Turquino.

Creo que he hecho mucho por la Revolución, por mis compañeros y compañeras y seguiré haciendo hasta que me muera. Pertenecí a la Operación Mambí Camagüey, como jefa de seguridad de las compañeras que viajamos desde La Habana. Trabajé en El Morro y después pasé al Combinado del Este. Soy fundadora de las Milicias Nacionales y Territoriales, los Comité de Defensa de la Revolución (CDR), la Federación de Mujeres Cubanas y las Fuerzas Armadas Revolucionarias (FAR).

-¿Qué reconocimientos ha recibido?

Tengo quince medallas de todos los organismos y condecoraciones de los hospitales en los que he sido voluntaria.

-¿Qué ocurrió con sus hermanos?

José Antonio trabajó en el Hospital de Caibarien. Un día estaba pescando con nuestro primo Evelio por el Cayo Santamaría, cuando llegó una embarcación que se iba pa fuera con 24 personas. Les dijeron que se iban a llevar el barco y a ellos cuando llegara la embarcación del norte. José respondió que prefería morir antes de irse pallá, entonces los amordazaron y amarraron, pero en ese momento llegó la nave que los iba a recoger y los dejaron atados. Los salvaron los guardafronteras y les advirtieron que no fuesen más a pescar por esa zona.

José siguió yendo por allá porque le gustaba y aparte de eso, le daba la mitad al Estado. Él murió un Primero de Mayo, mientras yo desfilaba en La Habana, desapareció después de entregar parte de la pesca. Fueron a buscarlo en una lancha y lo encontraron boca abajo con un golpe en la cabeza. La doctora dijo que murió de un colapso. Heriberto, perteneciente a la contrainteligencia militar y a todo organismo revolucionario que existiera por aquella época, murió de un traumatismo cerebral en el hospital de Santa Clara, a causa de un accidente de moto cuando iba a buscar los cuerpos de los combatientes caídos en Angola al aeropuerto de esa provincia. Graciela no se vinculó a nada y ahora vive por Bauta.

-¿Y sus hijos?

Tengo cuatro, tres varones que nacieron de mi primer matrimonio con Julio Prieto Monteagudo y una hembra del segundo, con Juan Luis Fruto, combatiente oficial de la Sierra Maestra. José Manuel estudió  en los Camilitos  del Caney de Las Mercedes, los demás han pasado por las Fuerzas Armadas Revolucionarias (FAR). Eduardo perteneció al cuerpo de seguridad de la Refinería Ñico López. Julio estuvo en la marina mercante, viajó mucho, pero siempre regresó porque esta es su patria y tenía que estar aquí defendiendo lo que le correspondía. Rosalina fue combatiente de las Tropas Territoriales y es Técnica en Computación, ahora trabaja en México.

-¿Cuál  es su grado de escolaridad?

Llegué al preuniversitario, pero antes de la Revolución sólo tenía el quinto grado.

-¿Guarda algún recuerdo material

de sus días como combatiente?

Sí, pero mi cuarto se quemó hace unos años y perdí fotos que tenía con Fidel, con Almeida, recortes de periódicos, un símbolo del Partido Ortodoxo, obsequiado por Eduardo Chibás en mi juventud. ¡Cómo llore!

-¿Mantiene el contacto con

alguno de sus camaradas?

Hay una compañera que vive en el Roble, Rosa Tejedor, trabajaba con nosotras como clandestina. Nos llevaba los mensajes y vivía al lado de Fidel, en Birán, Holguín. La general Delsa Teté Puebla, ella me visita y quiere mucho. Se nos murieron Flor Pérez, Pastorita Núñez y Manuel Zamora. Fallecieron muchos compañeros que me querían y yo a ellos. Lidia fue una de las víctimas de Barbados, era aeromoza, nos conocimos en la Mariana Grajales junto con Adabella Pompa y Olguita Clara. Me llevaba muy bien con el Comandante Juan Almeida Bosques y toda su familia. Guillermo García Frías también mantuvo el contacto. Si sigo mencionando nombres te digo el ejército completo.

-¿Se mantiene activa?

Soy fundadora de la Casa de Atención al Adulto Mayor y sigo trabajando con ellos. Cuando hay alguna actividad, me vienen a buscar en carro o en guagua, porque ya no puedo caminar tanto como antes. Voy a las reuniones del CDR y seguiré hasta el fin, hasta que me muera.

-¿Nunca le tuvo miedo al monte?

En defensa de la Revolución, yo nunca he tenido miedo. Cuando las Milicias Nacionales se formó un tiroteo por aquí y fui la primera en llegar. En la tiendecita de ropa robaban, mis hijos chiquitos iban conmigo a perseguir a los ladrones, los cogíamos y llamábamos a la policía. Me acuerdo que al último le echaron ocho años porque rompió una vidriera en una tienda de Regla. He pasado, y sigo pasando trabajo, pero bueno, mi Revolución por delante y lo demás… ya tú sabes.

Pie de foto: Hilda Hernández Hernández, combatiente de la Sierra Maestra, desempeñó una importante labor en la lucha revolucionaria.

EL HOGAR DE MURALEANDO

EL HOGAR DE MURALEANDO

El Proyecto Comunitario Muraleando recibió el Premio Nacional de Cultura Comunitaria. Miguel Martín Ortiz, cofundador del proyecto y profesor de artes plásticas, comentó acerca de la entrega.

Texto y foto:
KARLA CASTILLO MORÉ,
estudiante de primer año de Periodismo,
Facultad de Comunicación,
Universidad de La Habana.

Recuerda el inicio modesto del Proyecto Muraleando. Miguel Martín Ortiz sonríe mientras habla y evoca aquellos tiempos; el trato con  niños a los que enseñó a amar el arte le suavizó el alma, ahora encuentra luz y colores en todas las cosas. Habla como si impartiera una clase. Nunca pensó que el taller de artes plásticas iniciado hace 13 años y 9 meses, en la escuela Nguyen Van Troi, ubicada en Lawton, La Habana, se convertiría en una fuerza tal que ayudaría a transformar diariamente la comunidad.

-¿Qué es Muraleando?

Manuel Díaz Baldrich, mi amigo y uno de los fundadores de Muraleando, ahora coordinador general, dice que ha sido un sueño, y sí, es el sueño de todo artista comunitario. El proyecto surgió con el objetivo de crear un ambiente artístico. Este municipio no tenía algo que lo identificara en ese sentido.

Aquí  podemos expresarnos, crear arte, compartirlo gratuitamente e influir de forma positiva en la comunidad, sin esta no seriamos nada. Con el proyecto  llevamos las manifestaciones artísticas a las calles. No todos los vecinos se vinculan directamente, eso sí, los hacemos participar de forma pasiva al adornar el entorno con pinturas en las paredes; montajes escultóricos, las visitas y las actividades que para estas se preparan. Así el barrio le ha cogido cariño poco a poco a lo que hacemos.

Nos interesamos mucho por mejorar la estética de nuestros alrededores. Utilizando el estilo Pop Art, que se basa en utilizar todo tipo de materiales como latas, señales de tráfico, hierros desechados…, hemos mejorado esquinas que eran basureros y vertederos. Cambiamos basura por arte. Insistimos en crear hábitos de higiene y concientizar sobre los daños que a veces inconscientes le hacemos al Medio Ambiente. Queremos que todos colaboren para tener un entorno más bello.

-¿Cómo ha sido el reconocimiento a

nivel nacional e internacional

respecto a la labor del proyecto?

Recibimos visitas de turistas y personalidades internacionales, nuestro gobierno envía delegaciones extranjeras interesadas en la labor que realizamos, llegan desde España, Italia, Canadá, Estados Unidos, entre otros. Esto es un ejemplo de que en Cuba se apoyan las manifestaciones artísticas, sobre todo cuando son a favor del pueblo.

Entre los visitantes que hemos recibido se encuentra la hija del pintor Oswaldo Guayasamín, con su llegada nació el deseo de crear un sitial al pintor y así tiempo después pudimos crear el Parque Guayasamín. Han pasado por aquí artistas aficionados de otros lugares del país y del mundo. El principal reconocimiento es el Premio Nacional de Cultura Comunitaria. Fuimos nominados en el año 2010, pero al fin fue este año (2014) que el Proyecto lo alcanzó. Nos lo entregaron este 25 de octubre.

-¿En qué consiste? 

Lo otorga el Ministerio de Cultura y el Consejo Nacional de Casas de Cultura, se da en tres categorías: Personalidad, Proyecto artístico-sociocultural y Agrupación-Institución. La convocatoria se realiza cada dos años. Se entrega teniendo en cuenta el impacto social de las acciones de los convocados.

-¿De qué manera recibió el

Proyecto la entrega oficial?

Realizamos una peña, en La Casa Comunitaria El Tanque, que es nuestra sede, igual que las festejadas mensualmente y en esta ocasión con un motivo más importante, pero esperando el máximo disfrute de la comunidad. Incluimos como siempre a los niños, jóvenes y demás personas que cursan los talleres que impartimos y los que no, también fueron bienvenidos. Hablamos con los presidentes de los CDR para que convocaran a los vecinos y asistieran a la actividad. Montamos exposiciones y hubo música y baile. Todo fue muy alegre, por lo que estamos muy orgullosos. Somos muraleanderos.

-Desde su punto de vista, ¿qué hizo

merecedor a Muraleando el premio?

Pienso que fue la intensa labor que hemos realizado desde que comenzamos Muraleando por el mejoramiento del entorno y por elevar la calidad de vida en esta ciudad, porque no solo embellecemos la circunscripción, nuestro arte ha llegado a hospitales como el Pediátrico de Centro Habana y fuimos hasta Bayamo, Granma, con la misma misión. Trabajamos para el pueblo, solo porque nos sentimos bien haciéndolo. Nos hace muy felices el reconocimiento al esfuerzo.

-¿Alguna vez pensaron

expandirse a otros municipios?

Sí, pero solo para crear algún mural u otra obra de las que nos caracterizan, tenemos la disposición para trabajar donde nos pidan siempre que existan las posibilidades y el tiempo. No pensamos abrir sedes en otros lugares, a veces los materiales escasean y no poseemos muchos recursos. Además, desde un inicio lo que nos motivó fue mejorar este territorio específico.

Queremos apoyar a los jóvenes y niños de los alrededores para que la vida les resulte, por lo menos, un poco más agradable, dándoles acercamientos distintos al arte de los que les pueda brindar la familia o la escuela. Este es el hogar de Muraleando, aquí está su familia y para ella trabajamos.

Pie de foto: El artista de la plástica Miguel Martín Ortiz imparte clases de pintura en la comunidad. 

 

“SIEMPRE QUISE SER MAESTRA”

“SIEMPRE QUISE SER MAESTRA”

Caridad Paredes, profesora de la Escuela Primaria Libertad, del municipio habanero de Diez de Octubre, se ha dedicado a trabajar para los infantes durante dos décadas, lo que la ha hecho acreedora de la Medalla Rafael María de Mendive.

Texto y foto:
RITA MARÍA CAMBARA CASTILLO,
estudiante de primer año de Periodismo,
Facultad de Comunicación,
Universidad de La Habana.

Me costó sacarle las palabras, aunque normalmente no parece tímida. Todo el tiempo es protagonista de un gran salón, tal vez muchos la vean como la gallina con sus pollitos, yo ahora la miro como una madre lejana. Caridad Paredes Morejón, Máster en Educación Preescolar, lleva 34 años de formadora y  24 de ellos en el nivel preescolar de la  escuela primaria Libertad, del municipio habanero de Diez de Octubre. Con ella sostuve dos encuentros breves en su aula.

Conocí ese salón hace 13 años. Cuando entré por primera vez lo veía grande, con mucha luz y a quien primero vi fue a mi maestra Cary, siempre tan atenta y cariñosa con todos. Esta vez ocurrió lo mismo, la profesora estaba de pie y orientaba a sus pequeños me concedió la entrevista con ellos de testigos, pero ahora el salón tiene menos espacio, he crecido, sin embargo, guarda su luz, calor y suave olor a ternura.

-Vamos a dar color al corazón y a las estrellas. ¿Todo del mismo color?, dijo la educadora

-No, contestaron los alumnos a coro

-¿Se queda el dibujo sin color?, insiste la profe.

Todos niegan con la cabeza

-¿Por qué?

-Porque un dibujo sin color, es un niño sin amor, responde el grupo.

-Y un niño sin amor es algo muy triste. Así, que a dibujar. Mientras, se dirigía hacia mí para sostener la conversación.

Sin duda "un poco nerviosa", cedió a mis preguntas, respondiéndolas con voz gastada y tono maternal.

«En la época que comencé, yo estudiaba en el preuniversitario y más o menos como ahora se hizo una captación rápida para trabajadoras de círculo infantil. Seguí haciendo el pre por la noche y me incorporé al curso, después de terminarlo, se comenzaba a trabajar.

«Siempre quise ser maestra y en aquella etapa se seleccionaba desde sexto grado. Cuando terminé, me faltaban dos décimas y no me dejaron coger la carrera, entonces seguí mi secundaria. Inicié el bachillerato, y cuando estaba en primer año hicieron la captación. Como siempre yo quise esto, aproveché la cobertura; estaba el curso y escogieron a los mejores alumnos. 

«Fueron unos 45 días intensos. Se estudiaba en H y 21, en el Municipio de la Juventud, de Plaza, porque yo vivía en el Vedado y allí fue donde me formé. Esa era la oportunidad de obtener lo que yo quería, me entiende, porque yo no quería otra cosa».

-¿Qué le motiva a llevar tantos años

trabajando para los niños de prescolar?

«Realmente lo que me gusta es eso. Siempre me agradó trabajar con los niños. Ver cómo ellos aprenden, sobre todo en estas edades que vienen tiernos y no saben prácticamente nada, entonces, tú vas formando y notando cómo ellos asimilan los contenidos. Es como atrapar un pedacito de plastilina sin forma alguna, moldearla y organizarla a nuestro modo para luego ver los frutos.

«Aunque parece que no, que así de chiquitico no nos brindan algo, sí lo hacen. Cada generación es diferente, con más desarrollo. Lo más que dan es amor y cariño. Son muy sinceros y si apareces vestida bonita o fea, o si tienes que teñirte, te lo dicen. A su vez, te enseñan, como me pasó con Rodolfo. Yo estaba hablando de Antonio Maceo y cuando terminé todo, no me di cuenta, me señaló: “Pero tú no dijiste por qué le decían el Titán de Bronce”. O sea, yo di la explicación y eso lleva a expresar por qué le dicen así y qué significa titán y  bronce. Él se dio cuenta, y si no, ese objetivo mío se hubiese quedado en el aire.

«Con ellos inicio en el Educa a tu hijo, que es diferente a la enseñanza prescolar. Empiezan un año antes de la escuela. Ya ahí se van integrando, lo mismo en matutinos, canciones y  contenido propio del año de vida. Todas esas cosas llegan a medida que enseñas. Por ejemplo, la bandera, es muy sencillito, la poesía de la bandera. Luego, se busca que el niño haga un poco más y se va agregando, porque  sus mentes son discos a los que se une la información que quieras, lo mismo en una actividad cultural,  política, graciosa, el Día del Maestro o el de los pioneros. Aquí estamos constantemente en labores.

«Yo fui fundadora del programa Educa a tu hijo en 1990 y desde entonces se lleva con bastante calidad. Su función es preparar a la familia para ayudar al niño con el ingreso y relacionarlo con la escuela, a la vez, desarrollar las potencialidades psicomotoras en función de los objetivos trazados. La estructura del proyecto mejora la relación familia–escuela. Hemos sido ganadores en algunas actividades como en la tabla gimnástica a nivel de consejo, municipal y de provincia».

-Debe tener anécdotas que hayan marcado

su carrera para bien y otras que solo

dejaron destellos de tragos

amargos. Cuénteme alguna.

«Quieres ver mejor anécdota que tú fuiste alumna mía en preescolar y ahora me estás haciendo una entrevista ya en la Universidad ¡Quién iba a pensar que eso iba a suceder! Cuando se empieza con un niño nunca te imaginas ni piensas que va a llegar este momento. Eso es una anécdota agradable.

«Algo que me haya hecho dudar…, por ejemplo, la incomprensión de las familias. Me acerqué una vez a los padres de un niño y dije que su hijo tenía dificultades. En vez de asimilar, para ayudarlo y establecer la relación familia-escuela, la mamá lo que hizo fue ponerse muy molesta, ir a la dirección y al municipio. Luego, vino el municipio a cuestionar lo que yo estaba haciendo en mi aula. Al final, la razón la tenía yo, no era nada malo. Estuve tres días sin venir a trabajar, yo que nunca falto. La madre tuvo que ir a mi casa para convencerme porque yo pensaba irme y ya llevaba veintipico de años trabajando en la enseñanza. Son cosas que te marcan.

«Cuando el Período Especial hubo vicisitudes. Los salarios eran ínfimos y no alcanzaban para nada. En ese momento nació mi primera hija, tenía ya otras responsabilidades, veía que mi salario no me daba para lo fundamental. No te hablo de cosas extras. Tuve dudas, irme o no. Cuando empezaron las tiendas, me proponían trabajar para alguna y yo lo pensé, sin embargo, me haló más el que me gusta lo que hago; me sentía bien en la función que yo tenía, aunque materialmente no me daba el salario. Pasó el tiempo, después salimos de eso, se aumentaron los salarios, fuimos cogiendo el paso de nuevo y aquí estamos».

-¿Ha recibido reconocimientos?

«Una vez me llamaron para ser metodóloga y me negué. Que te llamen para esa función significa que tú tienes conocimientos y actitud, eso es un premio a tu prestigio. Recibí el curso pasado la Medalla Rafael María de Mendive para  los que tienen más de 25 años de trabajo, la recogí durante un acto, en el Municipio de Educación de Diez de Octubre. Además, fui seleccionada la mejor maestra de Diez de Octubre, es algo como decir que tú no pasas inadvertida, me reconocen. Esos son méritos morales y espirituales que son los más».

-¿Cómo han influido la familia

e hijos en su trabajo?

«Sinceramente, desde mi mamá, cuando hablé en pleno pre para ser maestra, nunca se negó, ella siempre lo aceptó; mi familia en ese momento también. Mis hijos lo ven como algo normal porque nacieron cuando ya estaba en la profesión. Inclusive, la hembra en algún momento pensó en pedir la carrera, lo que pasa fue que después conoció Los Camilitos y cambió de idea. Realmente todos e incluso en la escuela pensaban que iba a ser maestra. Ellos ven mi labor como algo positivo. Es normal, porque en mi casa se habla bien de los maestros, lo hacemos siempre de manera positiva. Suelo llegar y comentar cosas desagradables y también las buenas del oficio.

«Por ejemplo, mi familia asiste a los matutinos. El Día del Maestro, ellos vienen a ver lo que se hace y lo que yo hice con mis niños, o sea, que comparten conmigo y tratan de ver lo que yo hago, si les gusta o no. Se emocionan como si fueran familia de aquí, de la escuela. De hecho, el día 22 vienen para acá, incluyendo a mi mamá, que  está viviendo conmigo ahora y quiere que la traiga».

-Tal vez la próxima pregunta

sea un poco incómoda.

Con el rostro a la expectativa, de cuál sería aquel “bombazo”, asiente con timidez, espera y responde.

«Darle más importancia al potencial humano, no el sistema de educación, sino la sociedad; que los padres nos vean como alguien de importancia, como una gente que sabe lo que dice y se acerca para ayudar, no para hacer daño. Sé que hay malas experiencias, no obstante, todos los maestros no son iguales. Existen profesores muy buenos. Entonces, cambiaría eso, que los padres nos vean desde otra óptica, no como el malo de la película, al contrario, como el que ayuda. El sistema de educación debería darnos más valores y ser menos exigentes con nosotros, porque cuando un padre viene  a dar una queja, es lo que él dice y no siempre es así. Hay que tener en cuenta nuestra opinión».

Conversar con ella es como viajar a los cinco años. Su voz siempre me hace recordar el aula del primer piso, llena de juguetes y de plantas. Allí hice mis primeros amigos, quienes conservo hasta hoy.

Con voz gustosa, como una madre que sabe que ha guiado a sus hijos por el buen camino, sonríe y me dice: «Siempre falta algo por hacer. Siento estar realizada porque hago lo que me gusta. Ya tengo 51 años y sigo aquí. No estoy satisfecha, pude haber hecho algo más por ese niño que tal vez tenía una familia disfuncional y no lo logré, pero me siento complacida.

«El mejor regalo para mí como maestra es ver a mis alumnos realizándose. En el caso tuyo, ya estás en la Universidad y te acercas a mí no en función de yo ser tu educadora sino como una cosa profesional. Ver a mis alumnos ya siendo médicos, psicólogos, con diferentes profesiones. De igual modo me molesta ver a algunos que se quedan en el camino y no llegan mucho más allá, pero mi mejor regalo es ese, verlos a ustedes ya realizados».

Las visitas a la profe Cary fueron durante la jornada por el Día del Maestro. Este es mi regalo para ella. Un homenaje como educadora que ha dado treinta y cuatro años de su vida para formar hombres y mujeres capaces. También es un agradecimiento a  todos los profes que han dejado su huella silenciosa en el camino.

Pie de foto: Paredes lleva veinticuatro años como educadora en la escuela Libertad, donde fundó el Programa “Educa a tu hijo” e imparte clases para niños de la etapa preescolar.

“LUCHAR PARA NO PERMITIR ESTA INJUSTICIA”

“LUCHAR PARA NO PERMITIR ESTA INJUSTICIA”

Fernando González Llort, el Héroe de la República de Cuba, brinda nuevas aristas sobre del caso de los Cinco y el terrorismo de Estados Unidos contra Cuba. Incita a continuar la lucha por la justicia y a conocer las particularidades de la historia.

KRYSTEL ASPILLAGA ROJO,
estudiante de primer año de Periodismo,
Facultad de Comunicación,
Universidad de La Habana.
Fotos: Ismael Francisco / Cubadebate.

«Discúlpeme si cometo alguna imprecisión, estoy nerviosa, es mi primera entrevista y es un honor para mi que sea a usted», así le dije a Fernando González Llort. Él me respondió: “¡Ah!, nervioso estoy yo,” inmediatamente comprendí de la humildad de este hombre. El héroe me lo demostró durante 34 minutos de conversación, en los que brindó sus opiniones sobre el caso de los Cinco y el Terrorismo de Estados Unidos hacia Cuba.

-¿Qué acciones se desarrollan actualmente en el mundo y específicamente en Washington a favor de la liberación de los tres héroes que continúan presos?

Nuestro propósito es  mantener un nivel elevado de acciones, no a la altura de una jornada, pero todos los meses, todas las semanas, todos los días, hay una acción por los Cinco en algún lugar del mundo. Hay plantones frente a las embajadas de los Estados Unidos, se envían correspondencias a Obama. El Comité organiza acciones, por ejemplo, se entregaron tres cartas al Papa solicitándole su atención en el caso de los Cinco. En Washington se reeditó la acción de lobby en el congreso y se organiza ahora, detalladamente, la jornada que se desarrollará el próximo septiembre.

-¿Qué influencia puede tener en la lucha por los Cinco la aprobación, en España, de  la Ley Mordaza?

Después de recibir correspondencias de nuestros amigos de todas partes del mundo, incluyendo España, y después de haber visitado este país, me percaté de que en él hay un grupo de militantes solidarios con Cuba, no dudo que dentro de ellos pueda haber alguno que se atemorice por la ley, pero estoy convencido de que la solidaridad con Cuba no se afectará. No tengo los pormenores de ella, pienso que se asemeje a la Ley Patriarca, la cual ha tenido un efecto intimidante para los norteamericanos en la participación de actividades que apoyan la solidaridad, penaliza de manera injusta el derecho de libertad de expresión.

-Obama recibió recientemente una carta de 37 diputados y senadores italianos, como parte de la solidaridad con el caso de los Cinco.

Normalmente el Presidente y su entorno ignoran públicamente estas cosas, yo sé que no las ignoran en el interior, lo que nunca voy a esperar a que lo mencionen, que den una conferencia de prensa y hablen de ese tema. Pero, estoy convencido  de que  en su análisis interior, ellos tienen en cuenta estos elementos. Estoy seguro de que es así, por ejemplo, durante  la resentencia de Antonio, en el año 2009, los fiscales manifestaron su preocupación por la valoración internacional que se hacía del sistema judicial estadounidense, debido a la connotación de la campaña por la liberación de los Cinco.

-¿Por qué la Fiscalía reitera una oposición al habeas corpus para Ramón, Gerardo y Tony?

Hay una combinación de arrogancia con espíritu de venganza, no contra nosotros, sino contra Cuba. Nunca hemos visto el caso de los Cinco como algo personal, sino como parte de un proceso histórico de injerencia de Los Estados Unidos hacia Cuba. A veces, veíamos una argumentación tan clara y lógica presentada por nuestros abogados durante el proceso, pero un fiscal en Estados Unidos nunca va a decir: ellos tienen razón.

-Con el caso de los Cinco se violan enmiendas de la Constitución de Estados Unidos, ¿qué hacer para que el ensayo El Federalista (1) esté vigente y a favor de la causa?

¿Qué hacer?... le corresponde al pueblo norteamericano hacer y pienso que estamos viviendo un momento difícil en ese sentido. En toda la sociedad estadounidense desde el año 2001 se ha producido una situación que en nombre de la lucha contra el supuesto terrorismo se han deteriorado ciertos derechos, incluso constitucionales y se han aprobado leyes que limitan estos derechos y que van en contra del espíritu de El Federalista y del espíritu de la Constitución de Los Estados Unidos. Pienso que este pueblo se irá dando cuenta de ello. ¿Cómo hacer eso en el caso de los Cinco? Es difícil en este contexto. No creo que sea el caso que haga comprender a los norteamericanos el deterioro de sus derechos, sino un conjunto de situaciones que se produzcan en el país.

-¿Qué opina de los editoriales publicados recientemente por The New York Times?

En cuanto a la idea de cambiar al subcontratista gubernamental Alan Gross, por Ramón, Gerardo y Tony, pienso que es una  solución. Sé de la disposición del Gobierno de Cuba de sentarse a conversar con Estados Unidos en este sentido. ¿Qué falta? La voluntad política del gobierno norteamericano. Pero debe llegar la sensatez en algún momento. Además, creo que no puede ser casualidad que un periódico como The New York Times publique seis editoriales seguidos sobre las relaciones Estados Unidos-Cuba, un tema sobre el cual pasan años y no dice nada. Entonces, pienso que las publicaciones se proponen reflejar los intereses de los grandes Círculos de Poder. Nada de esto se hace de buen corazón, ni por parte del periódico ni por el gobierno, la relación con Cuba, tiene una intención: destruir la Revolución.

-A los jóvenes cubanos…

Que se sigan incorporando a la lucha como lo están haciendo, no solo en términos de participación, sino desde el conocimiento de la causa de los Cinco. Hay que conocer la historia del terrorismo contra Cuba, que a los jóvenes de hoy quizás les es lejana, tienen que comprender por qué los Cinco fueron presos y qué estaban haciendo en los Estados Unidos. Se debe luchar no por una cuestión pragmática, luchamos porque de corazón pensamos que como pueblo digno no vamos a permitir que se siga cometiendo esa injusticia.

(1) Ensayo del político liberal estadounidense James Madison y el décimo de The Federalist Papers, una serie destinada a argumentar en favor de la ratificación de la Constitución de los Estados Unidos de América. Fue publicado el 22 de noviembre de 1787 bajo el seudónimo "Publius", el mismo con el cual fueron publicados todos los ensayos de The Federalist Papers. El pueblo estadounidense lo ha empleado como medio para ratificar sus derechos. 

Pie de foto: “De corazón y no por pragmatismo, luchamos contra la injusticia”, Fernando González Llort.

Noviembre de 2014.

 

“LO QUE QUIERO, SIENTO Y DIOS ME DA”

“LO QUE QUIERO, SIENTO Y DIOS ME DA”

En La Edad de Oro, entidad estatal dedicada al cuidado de impedidos, trabaja Sor Iris, una monja de 27 años que dedica su vida al cuidado de niños y pobres.

Texto y foto:
ALEJANDRA ANGULO ALONSO,
estudiante de primer año de Periodismo,
Facultad de Comunicación,
Universidad de La Habana.

En La Edad de Oro, hogar para niños impedidos sin amparo filial, ubicado en el capitalino municipio Cerro, vive y trabaja Sor Iris, quien se levanta cada día a las cinco de la mañana para ayudar a los débiles e indefensos. Ella rompe con la imagen estereotipada que se tiene de las religiosas, pues a pesar de su juventud, es una mujer dedicada al prójimo, sin miedos ni complejos.

Cuando la conocí personalmente, después de varias conversaciones telefónicas, encontré a una muchacha de fe indestructible, ni siquiera el hábito lograba ocultar su floreciente lozanía.

«Nací el 8 de octubre de 1987 en Sagua la Grande, Villa Clara. Tengo 27 años. Cuando llegué al mundo fui inscrita como Iris Martínez Espino. La congregación Hijas de la Caridad respeta nuestros nombres, aunque nos llamamos Sor por hermanas.

«Mis padres están casados, viven en Sagua y ambos trabajan en la Empresa de Pan y  Dulces. ¿Si son religiosos?,  bueno, mi mamá va a la iglesia y mi papá, sin contar la boda de mi hermana, no. Fue difícil para ellos cuando a los 21 tomé la decisión de entrar a la congregación, mientras estudiaba el segundo año de Licenciatura en Contabilidad».

La miro y me preguntó cuál fue el detonante para que esta joven y activa muchacha tomara los hábitos, ¿un episodio de su niñez, la influencia de alguien especial o simple realización personal?

«Tuve una niñez tranquila y feliz. Recuerdo con cariño a mis primos, éramos como hermanos, compartíamos todo y salíamos siempre juntos. Las amistades de esa etapa también dejaron su marca.

«Fue mi hermana Irelys el impulso inicial para definirme como religiosa. Ella comenzó a ir a la catequesis con las monjas de María Inmaculada cuando  era una niña. También influyó Ana Beatriz, una Hija de la Caridad a la que conocí en la casa misión del barrio, aún somos amigas. Ahora bien, el Evangelio, la necesidad de llevarlo a la gente y la realidad de los pobres, me convirtieron en la mujer que soy».

Sor Iris se detiene un instante, parece ordenar sus pensamientos. El camino ha sido largo.

«Primero pasé por una etapa de discernimiento con el fin de determinar lo que realmente quería. Durante este proceso de definición espiritual permanecí vinculada a  encuentros vocacionales. También  vine tres vacaciones seguidas a La Habana para trabajar  de voluntaria en La Edad de Oro.

«Fue con las Hijas de La Caridad que empecé a cuestionarme el deseo y el querer de Dios sobre mi vida, nunca con otra comunidad. He estado con ellas desde que tomé los hábitos, durante el Aspirantado y Postulantado. Solo allí podía suplir con mi entrega, la falta de comprensión y amor que sufren los desposeídos. Desde un principio me sentí totalmente identificada con el trabajo de esta congregación.

«La primera fase de mi formación con las Hijas de La Caridad podía cursarla interna o externa. Gracias a este sistema logré asistir los fines de semana a la preparación  en La Habana, mientras dedicaba el resto del tiempo a terminar la carrera en la Universidad de Santa Clara. De esta forma me pude graduar de licenciada antes de tomar los hábitos, pero al entrar en la comunidad el sueño de convertirme en una profesional no cogió muchas alas, tampoco lo alimenté. Y te digo, ahora ni pienso en la carrera, a veces hasta se me olvida que estudié Licenciatura en Contabilidad. Incluso, cinco años después, tomé los votos de castidad, pobreza, obediencia y servicio a los pobres.

«Empecé con cinco muchachas y todavía nos mantenemos aquí. Después de muchos años en Cuba, la nuestra constituye la mayor promoción de monjas hasta el momento».

Sor Iris se ríe, recuerda…

«¡Cómo se pusieron mis padres!, les afectó muchísimo mi decisión. Mi papá, al no ser religioso, no entendía nada. A mi mamá le costó mucho trabajo superarlo. Con el tiempo, han vivido un proceso lindísimo de aceptación. Papi no es de venir porque no soporta La Habana, pero mi madre ya me visita y se pasa días conmigo. Los veo también cuando tengo vacaciones 15 días al año, el día de Las Madres y durante la Navidad.

«Cuando dejé la familia para unirme a las Hijas de La Caridad me sentí feliz. Eso sí, fue muy duro decidirlo, pero hubo dos cosas buenas: la certeza de saber lo que estaba haciendo y tener el poder de optar con libertad».

Examino su pequeño dormitorio. Como único ornamento: un crucifijo en la puerta, entonces pienso que faltan las fotos de boda, los hijos, la familia…

«Antes de tomar los hábitos estuve enamorada y llegué a tener una relación, aunque duró poco tiempo. Todavía nos vemos cuando voy de vacaciones porque él es del mismo pueblo que yo, somos amigos y  podemos compartir juntos sin sentir deseo, necesidad o dolor.

«Renunciar a ser madre fue lo más difícil de superar al convertirme en una Hija de La Caridad, porque los niños me encantan. Sin embargo, me siento realizada con la maternidad que Dios me pudo entregar  aquí. Solo deseo mantenerme fiel, perseverar cada día la vocación que Él me ha regalado y estar siempre alegre sin sentirme nunca una solterona.

«Si alguna vez mi familia necesitara ayuda, la Superiora y la comunidad se la brindarían, por esa parte me siento tranquila. Nuestra orden se ha caracterizado por mantener los lazos con los seres queridos, no solo para brindar soporte económico si hiciese falta, sino también en momentos de enfermedad, dolor y necesidad en general. De hecho, si una hermana está fuera de Cuba, la congregación vela por los familiares».

Una religiosa avanza presurosa por el pasillo. En el hogar La Edad de Oro, entre los desmanes de la naturaleza y la muerte, trabajan las Hijas de la Caridad.

«La realidad es muy fuerte en esta casa que alberga niños impedidos. Después de la misa, bien tempranito, vamos a las salas para cumplir con el baño de los pequeños, labor que casi siempre se une con el desayuno, porque debemos vestirlos, cuidarles las uñas y el peinado. Tratamos de mantenerlos en las mejores condiciones posibles, pero es difícil.

«Durante el almuerzo estamos presentes porque hay que alimentar a la mayoría de las criaturas y supervisar los empleados. Solo después del mediodía tenemos la oportunidad de realizar nuestras cosas. Cerca de las cinco volvemos a las salas para el horario de comida, el cual se une con el momento de asearlos, cambiarles la ropa y  dormirlos alrededor de las siete. De noche también estamos con ellos. El aporte  fundamental  es nuestra presencia.

«A algunos de estos niños los traen la propia familia, trabajadores sociales y de vez en cuando el Comité de Defensa de la Revolución, pero a la mayoría los han dejado abandonados en los hospitales. Tenemos muchos casos de este tipo.

«Hace tiempo decidieron cerrar un Hogar y trasladaron aquí a 25 niños. Todos llegaron muy flaquitos, en pésimas condiciones. No sabíamos quiénes eran, qué comían o sus limitaciones particulares. Dos niñas del grupo que estaban aparentemente bien, murieron en la sala donde trabajo. Fue un episodio terrible, mi experiencia más dolorosa en La Edad de Oro.

«A veces nos sentimos muy limitadas porque aunque vivimos y trabajamos en esta casa, no administramos el Hogar. Es difícil relacionarnos con algunos trabajadores y en ocasiones tenemos que lidiar con personas de bajo nivel cultural y poca formación o educación. Esto requiere de mucho tacto a la hora de comunicar e interactuar.

«Nosotras somos cinco, no obstante, vienen otras religiosas como Las Hermanitas de Jesús y muchas congregaciones que pasan en algún momento a cooperar. También nos visitan grupos de jóvenes, pero no es sistemático ni siempre».

Dicen que el Evangelio en persona se identifica especialmente con los más pequeños, pero imagino que no abundan los milagros en el frágil terreno de La Edad de Oro.

«Bueno, no como lo describe un libro. Pero creo, desde mi concepción, que  puedo ver cada día un milagro  cuando descubro en la sonrisa de un niño la presencia de Dios y  puedo así comunícame con Él. En el servicio a los desposeídos he encontrado mi camino hacia el Señor. Mayor milagro que ese, no quiero».

Se escuchan lamentos. Con ademán preocupado, Sor Iris se pasa la mano por la frente, quizás teme que algún día flaquee su fe.

«No, al contrario, aumenta mientras más fuerte se hace  mi vocación. El llamado de la fe es un don que Dios regala todos los días y nosotras lo cultivamos con los sacramentos y la oración. No existe embullo o enganche, esta es una pasión que no se puede describir».

Me mira y entrelaza las manos. Si la oración es la respiración del alma…

«Es el diálogo abierto con Dios acerca de todo lo acontecido. Así le presento a Él lo que vivo, lo que deseo y la realidad de los pobres, llevando a mi oración todo su sufrimiento para después poderles devolver la fe.

«Veo mi futuro como religiosa con un deseo pleno de vivir la alegría de la entrega, la esperanza y gracia de saber que Dios está presente en todas partes. Cada vez que hago lo correcto, me entrego más a Él.

«Si algún día descubriera que este no es mi camino, no pasaría nada, siempre seré una mujer comprometida con los menos favorecidos. Quiero ser recordada feliz, alegre y, sobre todo, creyente».

La puerta del closet está abierta, todos los vestidos son iguales…

«No, nunca me ha molestado vestirme siempre del mismo modo, para nada. Lo único que me disgusta en este mundo, chiquita, es la mentira y el engaño. Me cuesta mucho trabajo tolerarlo y saca lo peor de mí».

Estoy a punto de marcharme y ella sonríe, solo me queda una interrogante. 

«Sí, me considero una mujer feliz y realizada. Me encanta el servicio en este lugar donde ocurrió el llamado de Dios. A pesar de todas sus dificultades, creo que es un hogar muy abierto y de colaboración apostólica fuerte. Aquí descubrí el querer ser Hija de La Caridad. Me gusta mucho trabajar con los niños impedidos porque llenan mi alma de riqueza cada segundo. Desbordo amor en todo lo que hago por ellos y esto me dignifica como mujer y religiosa. Sé lo que quiero, siento y Dios me da. No me freno, siempre pa´ lante».  

Pie de foto: Con una sonrisa, Sor Iris sigue el camino de la fe y ayuda a los niños impedidos.