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Isla al Sur

Entrevistas-Trabajos Docentes

UN ALMA LIBRE

UN ALMA LIBRE

Suleydi Leal Sánchez es una mujer tocada por el don de la pintura, de la risa oportuna y la realización personal.

Texto y foto:
YUNIOR SMITH RODRÍGUEZ,
estudiante de primer año de Periodismo,
Facultad de Comunicación,
Universidad de La Habana.

“Mi vida no se resume en un sillón de ruedas”, me dijo a boca de jarro Suleydi Leal Sánchez no más pasé la puerta de su casa. Las palabras de esta mulata sanmiguelina fueron el pie forzado para pedirle que dibujara, con los pinceles de la memoria, los recuerdos de la infancia que forjaron ese carácter.

“Nací con mielo meningocele y, aunque no perdí la sensibilidad en las piernas, no puedo sostenerme en pie. Fui una niña muy independiente gracias a mis padres. Por esos años caminaba con muletas -cosa que dejé  de hacer cuando, después de una operación, me adapté al sillón-,  pero eso no impidió que lavara la ropa de toda mi familia, incluidas la de mis dos hermanas. También jugaba al pon, a los escondidos, una vez hasta me subí en una cerca para coger guayaba. ¡Era tremenda!”

El brillo se vislumbraba en sus ojos al hablar de aquellos años y los amigos de la infancia.

Primeros pasos en el arte

“Estudié en la escuela especial Solidaridad con Panamá hasta el noveno grado. Allí nos daban nociones elementales de arte y sentía una gran inclinación por ellas. Mis profesores decían que había nacido con un don y me instaban a cultivarlo. Así nació esa relación”.

Al preguntarle por qué la pintura en especial, se encogió de hombros, lo pensó unos segundos y contestó.

“La amo, sobre todo la paisajística, aunque también hago retrato y otros géneros. Voy por la calle fijándome en cada detalle: en los árboles, sus ramas y hojas; en el horizonte y los diferentes tonos del verde que está por todas partes. Al llegar a la casa, no veo la hora de que se haga de noche para ponerme a pintar. Ah, sí, porque me gusta pintar de noche, cuando todos duermen. Para mí, ese es el mejor momento, aunque también lo hago de día si tengo algún encargo. El arte es en mi vida, un placer y una fuente de ingresos también.

“Pero, además, me gusta mucho bordar, tejer y todo lo que pueda hacer con mis manos. Por otra parte, me encanta la artesanía: no hay nada más hermoso que convertir en algo bello y útil lo que ya estaba en desuso; a veces, con solo cucharas y tenedores desechables se logran adornos preciosos.

“¿Que en qué me inspiro?... En la vida, en mis hijos que son mi razón de ser y mi esposo, mi fiel amigo que desde que éramos novios me acompañaba hasta el fin del mundo en busca de óleo para pintar”.

El matrimonio, los hijos

“La unión de mi esposo y mía fue una mezcla de emociones muy fuertes. Desde el noviazgo, hubo muchas personas que se opusieron a nuestra relación. Me decían que él no era para mí,  que debía buscar ‘alguien como yo’ y otra serie de cosas que no quiero ni recordar. Lo bueno es que mi esposo siempre estuvo seguro de nuestro amor y tuvimos el apoyo de nuestras familias.

“Después, la maternidad se convirtió en el reto de hacer un sueño realidad. Yo deseaba tener mis hijos, él lo sabía y también los quería. Desde niña los médicos me dijeron que podía hacer una vida normal, pero cuando me decidí a concebir y salí embarazada, hubo algunos que al parecer no estaban muy informados de mi patología y declararon que debía abortar para no poner en riesgo mi vida. Eso fue un golpe muy fuerte, tuve que ponerme dura y buscar la opinión de otros especialistas. Pero ahí esta mi niño. Después me embullé a buscar la hembra y la encontré”.

-¿Qué piensas de las personas

que rechazan o subvaloran

a los discapacitados?

“Todavía falta mucho conocimiento en cuanto al trato con nosotros. No basta que se aborde el tema en televisión, la gente tiene que entender que nuestras vidas no se reducen a un sillón de ruedas, que somos capaces de vivir, de superarnos, de amar.

“Tengo 32 años y aún pienso en seguir estudiando, Quiero pasar uno de los cursos de restauración de obras de arte que ofrece la Oficina del Historiador porque entiendo que nada es imposible y lo he visto en personas como mi amiga, que incluso escribe con la boca y eso no impidió que se graduara de Derecho. La no aceptación provoca trauma en personas como nosotros. La gente tiene que abrirse mente y aceptarnos de verdad”.

Fue oportuno el momento para darle una última pincelada a este cuadro. La pregunta la sorprendió un tanto, mas respondió:

“¿Mi alma?... Libre. Soy una mujer realizada: mi familia me ama y hago lo que me gusta; acabo de terminar un curso de enfoque de genero, auspiciado por el Consejo de Iglesias de Cuba, y hoy enseño a hombres y mujeres a hacer arte con sus manos, pero también es una puerta para hablarles de la sexualidad, la violencia doméstica, la autoestima y la necesidad de la comunicación. Disfruto enseñando a los demás lo poco que sé. Estoy satisfecha por lo que he hecho y por lo que me queda por hacer, ¿cómo no voy a tener mi alma libre?”

Ficha Técnica:

Objetivos centrales: Realizar un acercamiento a  la vida de Suleydi Leal Sánchez, su obra y su psicología.

Objetivos colaterales: Mostrar cómo las discapacidades físicas no constituyan impedimentos para ejercer una profesión, la maternidad u otra esfera de la vida cotidiana.

Tipo de entrevista:
Por los participantes: Individual.
Por la forma: Mixta.
Por su contenido: De retrato.
Por el canal que se obtuvo: Cara a cara.

Tipo de titulo: Llamativo.
Tipo de entrada: De cita textual.
Tipo de cuerpo: Mixto.
Tipo de pregunta: (1) Abierta.
Tipo de conclusión: De opinión o comentario del entrevistado.
Tipo de fuente: Primaria (No documental), Suleydi Leal Sánchez.

LA VIDA DESPUÉS DE LA MUERTE

LA VIDA DESPUÉS DE LA MUERTE

Víctor Manuel García es considerado el iniciador del arte pictórico moderno en Cuba y forma parte de la primera generación de vanguardistas en la Isla.

RACHELL COWAN CANINO,
estudiante de primer año de Periodismo,
Facultad de Comunicación,
Universidad de La Habana.

Es diciembre de 2011, pronto se cumplirán 42 años, el 2 de febrero, de la muerte de quien formara parte de la primera vanguardia de la plástica cubana: Víctor Manuel.

Hoy, el Museo Nacional de Bellas Artes guarda la obra más famosa  y símbolo de todo su arte. La Gitana Tropical está frente a mí, puedo distinguir la belleza de la mujer cubana, los ojos rasgados y oscuros, el pelo negro azabache y la segura expresión de un rostro casi perfecto.

-¿Te gusta?, pregunta una voz llegada del más allá. La pinté en 1929, en uno de mis viajes a París.

No puedo creerlo, aquí está el pintor por excelencia de paisajes y retratos femeninos. Entonces, despierta la curiosidad periodística para aprovechar la oportunidad brindada por la vida. Comienzan a fluir las preguntas, en un ambiente confortable para los dos. Frente a La Gitana, Víctor Manuel García me concede una entrevista.

-Alejo Carpentier  resume el conflicto de

principios del siglo XX, cuando dice: lo

importante es ser ambas cosas al mismo

tiempo, nacionalista y vanguardista.

¿Cómo se considera?

Soy un poco de ambos, por eso en mi obra trabajé bajo el techo de la creatividad y el talento. Mis pinturas me presentan como un pintor consumado, un hombre que saca ventaja de diferentes pintores y técnicas para lograr un estilo propio. El modernismo creativo, en tiempos del dictador Gerardo Machado, sirvió para refrescar el ambiente cultural, fue una herramienta para romper con el clasicismo.

En ocasiones se asocia mi arte con el de Paul Gauguin, pero mi mayor influencia es Marc Chagall, el pintor francés de origen ruso que conmocionó el mundo con su estilo surrealista. De él saqué toda la estructura y temática.

-La Academia San Alejandro sigue siendo

una de la principales escuelas de artes

de Cuba. ¿Qué sentimientos

le surgen al recordarla?

Olor a pintura fresca, amores y errores, amistad. Fíjate si la adoro que mi padre era un empleado de la escuela, por eso frecuenté sus aulas desde los doce años de edad. Podrás imaginar lo que le debo a la Academia, gracias a ella dejé de interesarme superficialmente por la pintura para dedicarle la mayor parte de mi vida. Allí aprendí las herramientas, los conceptos, la técnica.

Cuando ingresé al colegio en 1910, su director era Luis Mendoza y Sandrino. Tuve como maestro y amigo a Leopoldo Romañach, pero de él no compartí su academicismo por lo que implanté un estilo propio. Un año después fui nombrado profesor de Dibujo.

El origen se remonta al año 1818, cuando quedó oficialmente establecida la Escuela Gratuita de Dibujo y Pintura, bajo la dirección del artista francés Juan Bautista Vermay. Él se mantuvo como primer director hasta su muerte, en 1833. La institución fue nombrada San Alejandro a partir de 1832 en honor a Don Alejandro Ramírez, superintendente general y director de la Real Sociedad Económica Amigos del País, quien no dudó en disponer de su fortuna personal para el avance de este proyecto. ¡Fue hace tanto! Pero no la olvidaré nunca.

-El Museo de Bellas Artes es el lugar

cimero  donde puede aspirar exponer

un pintor, y actualmente un fotógrafo.

En él se exhiben algunas de sus obras,

entre ellas Gitana tropical, considerado

como el primer clásico del

modernismo pictórico cubano…

Bellas Artes es la cima, allí están los mejores cuadros de los artistas cubanos. Por eso me siento muy orgulloso de que Gitana esté compartiendo con las mejores obras del país y cumpla las expectativas del público amante de la pictografía.

En este cuadro utilicé la técnica de pintura al óleo, en su estilo óleo sobre madera y tiene dimensiones de 46,5 X 38 cm. Quise recrear a una mestiza, una mulata, pero le puse ojos rasgados de india del Perú, de México... Las mulatas cubanas tienen mucho de Gitanas. Es la imagen que más fascinación ha ejercido entre los espectadores, al punto de convertirse en una especie de Gioconda americana. Refleja a una exótica mestiza de gruesos labios rojos, una mezcla de mulata cubana con cabello y ojos indígenas.

La ejecución del cuadro es simplista, con rasgos primitivos, y escasos detalles. El azul es el color que domina la composición cromática. Las pinceladas largas se entretejen y revelan pequeños toques de blanco y gris. La cara de la Gitana es, indiscutiblemente, el centro de atracción del cuadro, con sus enormes ojos oblicuos y llamativos labios, nos obliga a fijarnos una y otra vez en ella.

Hay un pequeño promontorio verde que eleva y separa los árboles de la franja blanca, la cual sugiere un camino. Nos adentramos más en la naturaleza del paisaje, para ingresar de lleno en el plano de las casas lineales, juego geométrico de primicias cubistas.

Entre los árboles que están en segundo plano, se puede divisar una que otra figura humana. Esa mujer seductora que es la imagen de la feminidad caribeña y la sensualidad latina, muestra a la vez una mirada nostálgica y amable, que nos observa y dialoga con nosotros, y sigue deslumbrando como el primer día.

-Como ejercitado pintor debe haber

adquirido muchas experiencias y serán 

bastantes los consejos a l

os creadores actuales.

Para mí, los artistas deben ser hijos de su época y pintar tan solo cuando existe una relación afectiva verdadera entre el pintor y el objeto de su representación, de ahí que pude captar en mis representaciones plásticas los sentimientos de los primeros veinte años de la vida republicana.

Víctor Manuel murió en el año 1969, mis padres ni pensaban conocerse y mucho menos tenerme. De todas formas pude hoy conocer la vida y obra del gran maestro mediante libros y exposiciones. Comprendo ahora el valor que nuestro pueblo da a su trabajo a pesar de no existir físicamente.

La entrevista me dio la posibilidad de imaginariamente apreciar su rostro despreocupado, evaluar su experiencia y dedicación al arte. Cuando desperté de tal fantasía, volví a ver la Gitana, y supe al instante que hay hombres que continúan la vida después de la muerte.

Pie de foto: Obras de Víctor Manuel.

Nota: Para este trabajo fueron consultados los siguientes documentos: Enciclopedia Todo de Cuba, Cultura; González Jiménez, José Miguel. Mi amigo el pintor Víctor Manuel. Matanzas. Ediciones Matanzas, 1996; Matamoros, Corina. Mirada del Curador. La Habana: 2011; Pupo, Nerys. Vamos a disfrutar del arte. Editorial de la Mujer. La Habana: 2009; http://www.ecured.cu, Enciclopedia Colaborativa Ecured; http://es.wikipedia.org, Wikipedia, la enciclopedia libre; http://www.cubarte.cult.cu, Sitio Web de Cubarte; http://www.radioangulo.cu; http:// www.bohemia.cu

Ficha Técnica:

Objetivo Central: Homenaje a Víctor Manuel García a 42 años de su muerte.

Objetivos Colaterales: Promover el significado y composición del famoso cuadro Gitana Tropical.

Tipo de entrevista:

Por los participantes: Imaginaria.
Por su forma: Clásica.
Por su contenido: De opinión autorizada.
Por el canal que se obtuvo: Documental.

Tipo de título: Llamativo.
Tipo de entrada: De presentación.
Tipo de cuerpo: Preguntas y respuestas.
Tipo de preguntas: #1Alternativa, #2 Directa, #3 y #4  Abiertas.
Tipo de conclusión: De opinión o comentario del entrevistador.
Tipo de fuentes: Documentales: expuestas en la nota final.

“¡CHEÍTO OTRA VEZ!”

“¡CHEÍTO OTRA VEZ!”

Rafael González Figueroa narra sus experiencias al cumplirse 55 años de sus inicios en la televisión cubana.
 
ELIZABETH ALMEIDA LÓPEZ,
estudiante de primer año de Periodismo,
Facultad de Comunicación,
Universidad de La Habana.

¡La Lisa en pleno apagón! Es sábado por la noche y se oye la maldición de alguien que otra vez se pierde la novela. Un silencio breve y luego la cuadra regresa a la vida con el ruido de las sillas, sillones y butacones arrastrados a la acera y a los portales. Las voces se levantan para compartir los acontecimientos de la semana y se crean verdaderas reuniones en el vecindario.

Así, en la oscuridad y sumida en una nube de mosquitos, conversé con Rafael González Figueroa. Con la misma gracia con que prepara una escena y pule el trabajo del actor que la realiza, atrapó mi atención. Desde su sillón, Cheíto contó.

“Empecé a trabajar en 1959, con 17 años. Comencé en escenografía y de ahí pasé a desempeñarme, rápidamente, como camarógrafo. La dirección llegó después, y con ella la oportunidad de hacer algo maravilloso: reflejar el mundo a través de mis ojos.”

-¿Por qué director de

televisión y no de cine?

 

La vida me llevó hasta allí. Yo era un niño cuando mi padre trabajaba en la televisión, y quedé fascinado por ese medio. En los años sesenta y pico tuve una oferta para trasladarme al Instituto Cubano de Arte e Industria Cinematográfica (ICAIC), pero, ¡qué va!, la rechacé. En el Instituto Cubano de Radio y Televisión (ICRT) nací, y allí voy a morir.


 
-¿Cuál de sus trabajos le ha

aportado mayor satisfacción?

Estoy muy contento por todo lo que he hecho. Cada una de las obras que realicé le ha aportado muchísimo a mi carrera como director. Pero bueno, hubo dos telenovelas que tengo en un lugar muy especial. En primer lugar está La cara oculta de la luna, que exigió bastante en el plano profesional, y a la vez, me tocó profundo por la temática tan delicada que trata: la epidemia del VIH/SIDA y el impacto en la juventud.

La otra fue un verdadero placer realizarla. Las huérfanas de la Obra Pía está ambientada en 1841, cuando nació Ignacio Agramonte, y soy amante, amante con mayúsculas, de la vida y obra de ese grandioso hombre. Las huérfanas me permitió recrear esa sociedad donde vivió el joven enamorado y el disciplinado combatiente que fue Agramonte. Incluso, pude filmar allá en Camaguey, en la casa de su esposa Amalia Simoni.

-Rafael, en publicaciones como

La calle del medio, la telenovela

Aquí estamos generó variedad de

opiniones en la población, ¿acaso

Cheíto disfruta la polémica?

La adoro. A todo director debería gustarle. He tenido un poco de suerte porque, para ser sincero, no persigo trabajos polémicos. Aparece un guión y, si me gusta, lo acepto rápido. Así pasó con Aquí estamos. No dudaré jamás en abordar una historia que guarde algún mensaje cotidiano, y a la vez controvertido, pues esas son las más seguidas y disfrutadas por el público.

-Hay temáticas que asombran a los

televidentes cuando son tratadas en la

pequeña pantalla. ¿A qué se debe?

Es bastante complicado. Los jóvenes no miran temas como la homosexualidad, la denuncia a la violencia doméstica o, incluso, el propio VIH, de la misma manera que lo ven otras generaciones. He acabado con mis prejuicios al trabajar situaciones de ese tipo, lo cual posibilita que abra mi mente a la realidad cotidiana. Pero no todo el mundo piensa así, estoy muy conciente de eso. He recibido llamadas de abuelitas horrorizadas por lo abordado en las novelas. El cubano vive con sus tabúes, pero no se puede hacer televisión para los gustos particulares de cada quien, y mucho menos si eso implica negar lo que tenemos ante los ojos.

-¿Qué es lo que apasiona a

Rafael González de sus 72 años?

La posibilidad de hacer una televisión mucho más crítica. Hoy se aceptan trabajos que hace 20 ó 30 años ni se soñaban realizar. El mundo ha evolucionado y, con él, las formas de hacer radio, cine y televisión. ¿Quién me iba a decir hace una década que iba a tocar temas tan delicados como el SIDA? Eso era candente, prácticamente nadie lo mencionaba. ¿Y el uso de drogas por los adolescentes? ¿Y los homosexuales y bisexuales como las personas normales que son? ¿Y la denuncia pública de lacras sociales como el desvío de recursos? La lista sería larga. Ahora, reflejar en los medios esas situaciones es una necesidad.

De pronto, ¡se hizo la luz! Cada quien regresó al interior de sus casas y la algarabía de un juego de dominó nos llegó desde alguna azotea. La pregunta detuvo en seco su lento balanceo.

-Si no fuera Cheíto, ¿quién sería?

¡Cheíto otra vez! Amo mi profesión, y aunque tengo edad sobrada para pedir la jubilación, jamás pienso en ella. Si tengo que retirarme voy a enfermar de tristeza. He estado más tiempo en el ICRT que en la casa. El día que muera lo voy a hacer allí, si eso pasa en algún momento, porque no quiero morirme nunca. 

Pie de foto: Rafael González Figueroa (Cheito) durante el rodaje de la telenovela “Aquí estamos”.

FICHA TECNICA:

Objetivo central: Indagar acerca del desarrollo  de la carrera de Rafael González Figueroa

Objetivos colaterales: Conocer de sus inicios en la televisión y de sus experiencias personales

Tipo de entrevista: De preguntas y respuestas.

Por sus participantes: Individual.
Por el canal que se obtuvo: Diálogo directo.

Tipo de Título: De Cita directa.
Tipo de Entrada: Anecdótica.
Tipo de Cuerpo: Clásico. De preguntas y respuestas.
Tipo de Preguntas: 1-Abierta, 2-Abierta, 3-Comentada, 4-Comentada, 5-Abierta, 6-Abierta.
Tipo de Cierre: De comentario del entrevistado.
Tipo de Fuentes: No documentales (Rafael González Figueroa).

LA VOLUNTAD VISTE DE BLANCO

LA VOLUNTAD VISTE DE BLANCO

“Más que el agradecimiento o el mérito, me complace sentirme útil en todo momento”, expresa Antonio Vargas, un maestro del quirófano y de la vida, quien combina sabiduría con sencillez.

Texto y foto:
RANDY CABRERA DÍAZ,
estudiante de primer año de Periodismo,
Facultad de Comunicación,
Universidad de La Habana.

Mi vecino es una suerte de Marco Polo que con un bisturí y una bandera cubana en las manos ha recorrido medio mundo salvando vidas. Antonio Vargas (Bebito), médico del Hospital Nacional, peina canas nacidas más por el desvelo que por la edad.

Llego a su casa pretendiendo conocerle de un modo diferente. Me recibe atento, con una jovialidad singular. El cuerpo, pequeño, se mueve ágil al tiempo que coloca dos sillas en la mesa del traspatio de la casa. Nos sentamos...

-¿Cómo está, periodista...? Me pregunta con el tono familiar de quien ha visto crecer paso a paso a un semejante, dibujándosele en el rostro una sonrisa.

-Tratando..., contesto. Y con rapidez repongo: No se preocupe, son pocas preguntas.

-Lanza, dice con seguridad.

-Empecemos por la niñez en su poblado natal.

“Diría que fue una infancia feliz. Crecí en Santa María del Rosario, un pueblo semiurbano al sureste del Cotorro, muy tranquilo en verdad. Fui único hijo de unos padres que me dieron todo el amor posible. Mamá era ama de casa y papá trabajaba como obrero en una textilera. 

“Crecí en una familia con gran sentimiento patriótico. Mi padre había militado en el Movimiento 26 de Julio y le tocaba muy de cerca el proceso revolucionario. En consecuencia, estuve guiado por esa firmeza ideológica que reinaba en el hogar y que se ha manifestado en todas las decisiones que he tomado a lo largo de la vida. Soy de los que afirman que la primera mejor escuela es la familia.”

-¿Qué lo motivó a estudiar medicina?

El compromiso humano nació en el seno de mi familia, de ahí la decisión por la medicina; algo de lo que nunca me arrepentiré.

Los profesores de preuniversitario me creían bueno en las ciencias sociales. Yo había participado en concursos nacionales de Historia, de ahí su opinión. Sin embargo, estaba apasionado por la Biología, influido por una magnífica profesora que impartía la asignatura en el pre militar “Héroes de Yaguajay”, donde cursé el bachillerato. A esto se sumó la necesidad de médicos que aún existía en mi pueblo natal.

Hojeando el libro de la memoria, repasa los años de joven estudiante de Medicina: “La Federación Estudiantil Universitaria es un movimiento compacto, unitario; que ofrece la oportunidad de vivir con pasión la vida de estudiante, eso ha sido siempre; aún en estos días. En ese espacio profundicé mis convicciones. Pongo en mi boca las palabras de Fidel: “Allí me hice revolucionario”.

“Recuerdo la Universidad con una nostalgia inmensa. Fue una etapa rica en experiencias. Me desempeñé en varios cargos dentro de la organización: secretario de base de la Unión de Jóvenes Comunistas, delegado a los congresos de la FEU y encargado de redacción de la revista de medicina, “16 de abril”. Viví momentos de los que me siento orgulloso.

-¿Por qué la cirugía?

Siempre quise ser cirujano. Tuve esa idea desde el inicio de la carrera. Al principio me interesaba la neurocirugía, pero en quinto año, luego de un internado en la sala de la especialidad, llegué a la conclusión de que no era lo que quería. La verdadera satisfacción la encontré en la cirugía general, por su complejidad y la profundidad de su estudio. También me animó la profesionalidad de los médicos que atendían el área.

En noviembre de 1976, Antonio Vargas se graduó de especialista y al poco tiempo fue seleccionado junto con cinco compañeros para prestar servicios como cirujano en Angola. Allí estuvo durante dieciocho meses.

“En marzo de 1977 partimos hacia el país africano. Yo tenía con respecto a la guerra una gran insatisfacción: muchos jóvenes apoyaron la lucha como combatientes y sentí que no estaba haciendo nada. Me creía comprometido con esa situación, por lo que fue un regocijo prestar ayuda como médico. Prevaleció, por encima de todo, saberme protagonista de aquel acto de internacionalismo y humanidad.

Me hice cirujano y médico en Angola, de eso no cabe duda. Realizaba por día un promedio de nueve operaciones, unas 270 mensuales. No se descansaba, mientras hubiera pacientes había que operar. Hice de todo.

-Tiene Antonio Vargas una meritoria

labor como internacionalista. ¿Ha sido

el humanismo y no los beneficios

económicos el móvil en cada misión?

Por supuesto. Durante el desastre de Vargas, en Venezuela, la lucha contra el dengue en el estado de Lara; en el propio país y en Paquistán, cuando el terremoto; el interés de hacer lo correcto estuvo por encima de cualquier otra cosa. También en estos dos últimos años, cuando estuve en Guatemala colaborando en la preparación de médicos que prestarán servicios gratuitos al pueblo guatemalteco.

En todas las ocasiones he estado separado de la familia, pero los principios han sido más fuertes. Mi ideología no se ha transformado, sigo siendo internacionalista, humanista, fidelista y revolucionario.

-En su criterio, ¿cuánto debe

mejorar la medicina cubana?

Se quita los espejuelos. Su rostro dibuja una expresión que antecede al análisis de la pregunta. Luego de un instante, responde: “Está claro que se debe trabajar en cosas que andan mal. Me refiero a la organización y estructuración del personal de salud en los municipios, al completamiento de galenos en los consultorios médicos; incluso en hospitales como el Nacional, donde laboro.

“Pero sigo creyendo que el sistema de salud cubano es el mejor del mundo, no solo por su concepción, sino por sus éxitos. Considero que mientras haya socialismo, la salud cubana avanzará con pasos firmes hacia un futuro cada vez más prometedor.”

-Evidentemente ha materializado muchas

de sus aspiraciones como profesional, pero...

¿tiene Antonio Vargas otro sueño por realizar?

Se lleva una mano a la barbilla y al unísono balancea la cabeza. Parece buscar claras y buenas palabras para decir lo que pretende: “Tengo una espina clavada que no me deja descansar. Es mi mayor sueño restablecer el patrimonio y rescatar las potencialidades históricas de Santa María del Rosario.

“En los veinte años como delegado de la localidad, dediqué mi accionar a desarrollar, en conjunto con un grupo de rosareños, un proyecto de restauración que consistía en reparar el Mesón (otrora casa de los condes Casa Bayona), el Balneario y el Parque de las Cruces (sitios emblemáticos por su contenido histórico). Pero las aspiraciones se frustraron por falta de apoyo y recursos. Eso dolió mucho a todos. No quisiera morir sin ver ese sueño hecho realidad”.

-En una segunda oportunidad sobre

la tierra... ¿Bebito una y cada vez?

Cada cosa que hago pasa por el filtro del alma. No me arrepiento de nada. Me queda mucho por hacer y quizá no sea lo mejor, pero el deseo... sobra. Tengo la voluntad.

Haría todo de nuevo, sí, lo mismo. Si volviera a tener una oportunidad sobre la tierra sería médico, luego: revolucionario, humanista e internacionalista.


 

DE LA MÚSICA Y OTROS DEMONIOS

DE LA MÚSICA Y OTROS DEMONIOS

Texto y foto:
OSMERYS RAMOS MÉNDEZ,
estudiante de primer año de Periodismo,
Facultad de Comunicación,
Universidad de La Habana.

Para muchos, era la oportunidad de mostrar al país el talento; para otros, la ocasión idónea de recibir galardones. El Concurso Adolfo Guzmán se despidió del público cubano en el 2006, pero Ariel Ricardo Alfonso, reconocido compositor pinareño, aún no olvida el escenario donde acogió los primeros aplausos y llevó a casa reconocimientos musicales de diversas categorías.

El autor de temas como Ahora te digo gracias, De mí hacia ti, Como una golondrina, Ven y abrázame, ha representado a Cuba en España, Martinica y Checoslovaquia. Muchas de sus canciones aparecen en más de 20 CD de la EGREM, SIBONEY, WARNER MUSIC LATINA, UNIVERSAL MUSIC LATINA, por solo citar algunas disqueras.

Fue miembro, además, del jurado del Guzmán, de las competiciones nacionales de canto Pedro Junco In Memoriam y el evento infantil Planeta Azul. Es miembro de la UNEAC desde 1998 y actualmente,  vicepresidente de la Sección Nacional de Autores de dicha entidad. 

-¿Qué significó para Ariel Alfonso

el Concurso Adolfo Guzmán?

Sin duda, marcó de forma especial mi vida. Recibí los primeros reconocimientos como compositor de la mano de importantes figuras de la música cubana como Silvio Rodríguez, Martha Valdés, Pablo Milanés. Fue el espacio que premió mi esfuerzo. Para un artista lo más reconfortante es que el público aprecie su trabajo y eso lo conseguí gracias al Concurso Adolfo Guzmán.

-Usted es licenciado en Derecho,

sin embargo, dedica todo el tiempo a la

música, especialmente a la composición,

¿de dónde proviene su inclinación por el arte?

Desde niño siempre estuve rodeado de música. En el octavo cumpleaños recibí como regalo una guitarra y comencé a indagar en todo lo relacionado con las notas, las partituras y los sonidos. En casa, los abuelos tocaban guaguancó encima de la mesa y mamá era maestra de piano. Pero lo que realmente me ligó a la música fue un error médico durante la operación para corregir la malformación congénita de los dedos de una de mis manos. Tenía diez años.

El médico les dijo a mis padres que solo recuperaría la flexibilidad si hacía ejercicios diariamente o tocaba un instrumento musical; por supuesto, elegí la segunda opción y aprendí a tocar el piano. Con él descubrí muchas cosas; en sus melodías encontré lo que quería ser y hacer. A partir de los catorce años comencé a componer.

-¿Dónde queda entonces el piano?

Ese fue el escalón mediante el cual descubrí cuál era mi objetivo en la vida y gracias a él recuperé la movilidad de la mano izquierda. Nunca tomé en serio el hecho de convertirme en pianista profesional porque mi pasión era la composición musical, pero sí acompañé a varios artistas y concerté temas que fueron interpretados por Annia Linares, Mirtha Medina, Miguel Chávez, María Elena Lazo, Farah María, Elena Burke, entre otros.

-¿Por qué convertirse en abogado

cuando lo apasiona la música?

Nací en Pinar del Río en el año 1950. Mis padres eran campesinos y apenas sabían leer y escribir, pero a toda costa querían que fuera abogado. Según ellos, era una carrera muy prestigiosa y, además, aseguraría mi futuro económica y socialmente. En 1977 obtuve el título en Leyes, pero como la abogacía nunca me gustó mucho, ejercí durante poco tiempo.

-Además de componer,

¿qué le gustaría hacer?

Desearía ser productor musical. Amo el proceso de grabación, lo relacionado con intérpretes, arreglos, orquestación, en fin, ese mundo en su totalidad es fascinante. Espero que algún día pueda formar parte de un proyecto de ese tipo.

-Como compositor y amante del arte, ¿cree

usted que la música de hoy se ha degradado

con respecto a la de su tiempo?

No tanto la música como algunas personas que la hacen y difunden. Muchos, sin previo conocimiento, escriben canciones y le agregan un ritmo contagioso para que capte la atención de la mayoría de los espectadores. Casi siempre el resultado es una letra caótica, pero el público baila con ella y apoya a su intérprete o autor. Luego el tema adquiere carácter popular y comienza una lista interminable de creaciones que carecen de sentido y vocabulario en su composición; incluso, llegan a ser ofensivas. El problema continúa, porque la mayoría de la gente ya no escucha la música, solo busca en ella diversión, un tema solo para bailar en una fiesta.

Cuba no está ajena a tal situación, sin embargo, aún existen en la Isla músicos excelentes, hacedores de obras atractivas y talentosas. Todavía existen profesionales comprometidos con su pueblo a mantener en alto la cultura del país y a elevar cada día la calidad del trabajo que realizan.

-¿Cómo define usted a la música?

Sin temor a usar una frase muy manoseada, afirmo que es mi vida. Gracias a ella enfrenté situaciones muy difíciles y lo hago todavía. La música está en todas partes, es capaz de transformar medios, realidades, personas. La magia que produce la llevaré conmigo siempre.

Pie de foto: Ariel Alfonso afirma que la música es parte inseparable de su vida.

FICHA TÉCNICA:

Objetivo central: Conocer diferentes aspectos acerca de la vida del compositor y músico Ariel Alfonso.

Objetivos colaterales: Indagar en ciertos temas vinculados con su persona y la profesión que desempeña. Develar criterios del artista sobre determinados asuntos.

Tipo de entrevista:
Por los participantes: Individual.
Por su forma: Clásica.
Por su contenido: De personalidad.
Por el canal que se obtuvo: Comunicación cara a cara.

Tipo de título: Llamativo.
Tipo de entrada: Biográfica.
Tipo de cuerpo: Clásico.
Tipo de preguntas: 1-Informativa; 2- Informativa; 3-Informativa; 4-Informativa; 5-Informativa; 6-Opinión; 7-Opinión.
Tipo de conclusión: De opinión o comentario del entrevistado.
Tipo de fuentes: No documentales.

MEMORIAS DE UN COMBATIENTE

MEMORIAS DE UN COMBATIENTE

Luis Caro Fernández, uno de los primeros cubanos que prestaron su ayuda en Angola, afirma que la amistad condujo a la victoria.

Texto y foto:
CLAUDIA RODRÍGUEZ COLÓN,
estudiante de primer año de Periodismo,
Facultad de Comunicación,
Universidad de La Habana.

Aquella mañana de diciembre de 1975, un joven alto, de mirada serena, observaba con preocupación el barco que lo llevaría a un país desconocido, pensando que quizás nunca volvería a su Patria.

Después de un riesgoso trayecto por aguas del Atlántico, el revolucionario que integraría el pelotón de emboscadas llegaba al Congo -lugar donde acampaban las tropas cubanas-. Tenía poco más de 30 años. La acogida por parte de los compañeros fue afectuosa, pues se incorporaba un internacionalista más a la lucha por la libertad de Angola.

Génesis de una victoria

Luis Caro Fernández se recuesta cómodamente en el sillón. A los 71 años quedan en él vestigios del joven revolucionario que prestó ayuda al pueblo africano.

«El día 27 de noviembre de 1975, me llamaron del Centro de Avisos del Comité Militar de Bejucal. Cuando llegué, me explicaron la situación de la nación angolana y solicitaron apoyo a los batallones cubanos. Me asusté, como cualquier otro joven, pues aunque tenía experiencia en las milicias, no creía que tuviera condiciones para pelear en una guerra verdadera.

«Al fin dije que sí y me enviaron junto a otros jóvenes a un entrenamiento militar. Allí aprendimos lo básico en infantería para futuros combates».

Al recordar el momento de la despedida, sonríe con tristeza: «Me mantenía tranquilo para no preocupar a mi familia, pero cuando los vi saludándome por última vez antes de partir, varias lágrimas empañaron mis ojos. No sabía si los vería de nuevo».

La travesía en barco fue muy difícil. Estuvieron 22 días en el mar. Realizaban adiestramientos de noche, siempre con cuidado para no alertar a los aviones enemigos. Una vez, en mal tiempo, todos los pasajeros se marearon: «Parecía que había momias a bordo y no hombres saludables».

Al llegar a África desembarcaron por Punta Negra, en el Congo, el 31 de diciembre del 75. De allí los trasladaron a un campamento cubano, tras varios días de andar por la selva.

«Nos incorporamos a la unidad de emboscadas. Yo no tenía práctica en el combate, pero sabía usar un fusil. Sin embargo, no estaba preparado para ver la muerte a mi alrededor».

-¿Alguna batalla lo marcó especialmente?

Sí, el día que por única vez caímos en una emboscada.

Su cara, hasta entonces risueña, se entristece.

“Perdimos un compañero en la lucha: Salvador Valdés, Salva, como le decíamos, era un joven alegre, sin miedo de ir siempre al frente. Durante el tiroteo, una bala lo alcanzó y la herida fue mortal. Recuperamos su cuerpo y lo enviamos a sus familiares.

«Con su muerte entendí la seriedad de una guerra, los destrozos que ocasiona, y el sufrimiento de quienes participan. Por primera vez desde que llegué a Angola sentí miedo y pensé que podría sucedernos lo mismo a cualquiera de nosotros».

Los batallones bejucaleños estuvieron en Cabinda un año y tres meses. Se trasladaban en camiones de un lugar a otro en la selva

-¿Cómo eran allí las condiciones de los cubanos?

Recibíamos bastante alimento, pero a deshoras. Habitualmente comíamos a las dos de la mañana. Allí mismo acampábamos para pasar la noche, aunque a veces no podíamos dormir oyendo a los animales nocturnos, sobre todo a las serpientes.

-Para aliviar la tristeza de estar lejos de casa, ¿qué hacían?

Allí no teníamos entretenimiento, estábamos en la jungla. Frecuentemente nos reuníamos para contar historias de Cuba, pero eso solo avivaba el ansia de regresar.

Angola, a pesar del sufrimiento, también dejó otras experiencias.

«El tiempo que permanecí junto a niños hambrientos y familias diezmadas cambió mi modo de pensar. Comprendí que todo el sufrimiento pasado tenía su recompensa cuando vi a un pequeño tratar de pronunciar correctamente la palabra Cuba y sonreír con agradecimiento a los soldados que pasaban por su lado».

Le pregunto por lo que significó la ayuda de los cubanos al pueblo angolano y dice: «De no ser por los cubanos, Angola no sería libre hoy».

Ficha Técnica:

Objetivo central: Dar a conocer las vivencias de Luis Caro Fernández en la guerra de Angola.

Objetivos colaterales: Abundar en las condiciones de los batallones cubanos en la guerra y la significación que ésta tuvo para nuestro país.

Tipo de entrevista:
Por los participantes: Individual.
Por su forma: Mixta.
Por su contenido: De personalidad.
Por el canal que se obtuvo: Cara a cara.

Tipo de título: De referencia al tema.
Tipo de entrada: Narrativa.
Tipo de cuerpo: Mixto.
Tipo de preguntas: 1-Abierta; 2-Informativa; 3-Informativa; 4-Polémica.
Tipo de conclusión: De opinión o comentario del entrevistado.
Tipo de fuente: No documental (Luis Caro Fernández).

EL HOMBRE METÁLICO

EL HOMBRE METÁLICO

Andrés, el primero de su tipo en Cuba, ha demostrado que el teatro no solo consiste en un telón y aplausos. Su escenario es la calle, la música la pone con su flauta y lo mejor de su guión es que no existe.

Texto y foto:
JAVIER TAMAYO RAMÍREZ,
estudiante de primer año de Periodismo,
Facultad de Comunicación,
Universidad de La Habana.

La calle Obispo, en la Habana Vieja, parece mundo fantasioso: adoquines, construcciones coloniales a ambos lados y sus ingeniosos personajes que parecen sacados de algún cuento. Por su color plateado o por la ilusión de que las estatuas también tienen vida, uno de ellos me cautivó. Al hablar con Andrés pude escuchar sus anécdotas y darme cuenta de cuánto le gusta trabajar para ese espectador  tan especial y tan heterogéneo que es el transeúnte.      

-Pero, ¿quién es en realidad tu personaje?

Lo veo como una estatua que fue puesta en la Habana Vieja, como esperando el día en que yo llegara para darle vida. Él sentía necesidad de gesticular, de llamar la atención de las personas que lo observaban y poder expresarse.

-Debe ser difícil la interacción con el público…

La calle es muy fuerte, la gente se manifiesta como es. Estoy ante un transeúnte al que brindo lo que hago. Cuando muestro mi trabajo las personas se expresan libremente, porque no tienen compromiso conmigo. De momento uno pasa como un mendigo o un loco que se paró en la esquina. Algunos tienen expresiones muy lindas, con respecto por lo que hago, pero otros no.

Los niños a veces son muy agresivos. Por ejemplo, hace tiempo una pequeña se paró delante de mí y me repetía “oye feo, quítate”. Entonces me salió un canto, de tanto ella decirme cosas fuertes: “Plánchate la vida para que me ames, no me trates mal”, le decía. Así ella se fue retirando y se sentó frente al hotel Ambos Mundos, como aturdida por la respuesta.

En ocasiones vienen con los padres y veo la actitud inocente del niño con uno, pero los mayores, predispuestos, empiezan a obstaculizar esa relación que voy a tener con su hijo, a veces porque el niño le dice que me dé un medio. El pequeño quiere interactuar con uno mientras que a ellos no les importa eso, lo que les interesa es la fotico.

-¿Alguna otra experiencia?

Hace un tiempo una pequeña estaba observándome y la madre le decía: ¡Vírate para acá!, y le respondí con un poema: Tu hijo no es tuyo, es el hijo del anhelo de la vida por sí misma, no viene de ti, viene a través de ti y aunque esté a tu lado no te pertenece. Tú puedes darle tu amor, pero no imponerle tus ideas porque él tiene sus propios pensamientos. Puedes abrir su puerta, pero no su alma porque en su alma habita el corazón del mañana que tú no puedes visitar, ni aún en sueños”.

-¿Qué creen sus familiares y

amigos del Hombre Metálico?  

Les gusta. Aunque mi mujer me pelea porque siempre llego a la casa lleno de polvo plateado.

-¿Qué hacía Andrés antes de

convertirse en este personaje?

Hice teatro aficionado en los años 90. Después tuve la suerte de estar con el grupo de Vicente Revuelta, quien introdujo muchas novedades en la escena a principios de la Revolución. Él me ayudó a unirme al teatro, pero después enfermó y se terminó el proyecto  y la mayoría nos quedamos en el aire, pues no estábamos graduados. La intención de Vicente era formar una comunidad de jóvenes artistas, pero nadie siguió adelante con el proyecto. 

Es entonces cuando se creó un grupo de zancos con autorización de Eusebio Leal y se le permitió permanecer trabajando en las calles. El colectivo recibió el nombre de Gigantería y fue ahí donde comencé a trabajar hace 12 años, en el Centro Histórico. Fue como una tabla de salvación que encontramos, porque Gigantería es un espacio donde se empieza a interactuar con el público, donde comenzamos a ganar dinero y donde empezamos a tirar ideas.

-¿Y desde entonces estás en la calle?

A los dos años me fui del grupo y comencé a hacer teatro de sala. Pero me sentía mal por haberme ido de mi sitio. Con el teatro de sala me daba cuenta de que por mi experiencia, no encajaba; prefería la calle. Entonces me vino la idea de la estatua.

-¿En qué piensas cundo estás inmóvil?  

Andrés –solo Andrés- prefirió responderme con el silencio que caracteriza su labor. No se movió más y ni siquiera me volvió a mirar. Me fui alejando hasta dejarlo solo. 

Ficha Técnica:

Objetivo central: Conocer acerca de un oficio poco divulgado en nuestro país.

Objetivos colaterales: Indagar sobre la trayectoria de Andrés en este oficio.   

Tipo de entrevista:
Por los participantes: Individual.
Por su forma: Clásica.
Por su contenido: De retrato o personalidad.
Por el canal que se obtuvo: Directa.

Tipo de título: De referencia al tema o entrevistado.
Tipo de entrada: Narrativa.
Tipo de cuerpo: Clásico.
Tipo de preguntas: 1-Directa; 2-Abierta; 3-Directa; 4-Directa.
Tipo de conclusión: De opinión o comentario del  entrevistador.
Tipo de fuentes: Activa.

TERCERA BASE EN EL CORAZÓN

TERCERA BASE EN EL CORAZÓN

Miguel Valdés Junco, con 61 años de edad, continúa la práctica del béisbol y no piensa renunciar a ella.

Texto y foto:
MARIA KARLA VILLAR MORA,
estudiante de primer año de Periodismo,
Facultad de Comunicación,
Universidad de La Habana.

Era un día como todos hasta que decidí cruzar la calle. La casa que visito frecuentemente tenía, como siempre, la puerta abierta y en un sillón estaba sentado con la habitual sonrisa Miguel Valdés, o mejor dicho, Yoyi, como le conocemos sus vecinos y amigos. Hoy no iba a brindarle una tacita de café recién colado o a pedir ayuda, sino a hablar de un tema que me interesaba mucho: su vida como pelotero. No tardé un segundo más en hacerlo, me acerqué al muro del portal y…

-¡Yoyi!, grité bien fuerte.

-Dime, mi chiquitica, ¿cómo estás? Pasa, pasa que acabo de colar café.

-Yoyi, ¿me concedes una entrevista?

-Desde pequeño mostraste habilidades

para el deporte, ¿cuándo comenzaste

a vincularte a él?

Mis inicios en la pelota fueron a la edad de nueve años en el campo deportivo Francisco Cardona, en La Habana. Allí jugaba con los entrenadores Avellana, Tony González y Puente, el torpedero del equipo Cuba. Después, con 16 años, pasé a la categoría de Juvenil, en el municipio 10 de Octubre con Los tigres de Jesús del Monte. En esa etapa fuimos campeones en el grupo Habana, dirigidos por Luis Zayas.

Luego me incorporé al Servicio Militar General, en Pinar del Río. Allí formé parte del equipo Cuerpo blindado, a cargo del manager de provincia La Habana, José Miguel Pineda, y participé en mi primera Serie Nacional en 1972. Cuando regresé a la capital, en 1975, integré varios conjuntos deportivos como Constructores, Metropolitanos y Hospital Psiquiátrico de La Habana, con el que obtuvimos la victoria de cuatro campeonatos provinciales.

Mi posición era tercera base. Me encanta el trabajo que se desempeña en ella y, además, tenía dos ventajas a mi favor: el brazo y los reflejos. Por allí se batea con mucha fuerza, entonces hay que retener la pelota para lograr el out. También se precisa lanzar bien desde esa zona.

-Tu antesala debe ser testigo

de muchos acontecimientos que

guardas como recuerdo…

En una provincial con los Metro, estaba en el banco porque Leonel Lay, el manager del equipo, decidió poner jugadores no regulares; nosotros estábamos adelante en la tabla de posiciones. En el noveno inning el juego se empató y el público empezó a pedir que yo saliera a jugar. Por cosas que suceden en el béisbol, me dieron un rolling  con las bases llenas, la fildié, y el lanzamiento a primera lo hice mal. El equipo contrario anotó otra carrera y ganó. Fui yo quien embarcó el juego, lo único que quería era desaparecer.

-Tu esposa también pertenece

a la vida deportiva, ¿han

logrado formar un equipo?

Sí, el mejor, aunque muchas veces estamos separados porque nuestro deber nos lo impone. En la familia deportiva, ella representa la Medicina y yo a los atletas. Sin los médicos y los juegos nuestras vidas serían diferentes. Este es un deporte que está  expuesto a muchos accidentes.

Las lesiones son parte de nuestros días, aún tengo una, producto de un bolazo del pitcher Roberto Betancourt. Aquel lanzamiento me golpeó la rodilla izquierda y desde entonces sufro dolores en ella, pero no me impiden seguir  jugando.

Otro día, en el Latinoamericano, durante un partido contra Administradores, Eulogio Ozorio Patterson, jardinero derecho del equipo Industriales, se tiró en tercera y me cortó levemente el pie; pero una piedrecita me saltó al ojo y, sin darme cuenta, pasé la mano y rajé la córnea. En pleno partido me llevaron al Hospital Pando Ferrer (La Ceguera).

-¿Cómo asimilaste retirarte del béisbol?

Mi mayor aspiración era jugar pelota y representar el equipo Cuba. Esto no pudo ser por distintas situaciones como el matrimonio y los hijos. Dejé mi carrera como pelotero y me dediqué a ellos. Fui atleta activo hasta 1988. A partir de ahí, volví a mis inicios: jugar en las calles, fue muy duro, pero me dio la posibilidad de conocer buenos amigos.

Luego me vinculé a la sede del Ministerio de la Construcción, en Centro Habana, como Jefe de Estadísticas. Pero el maestro sabe enseñar; el médico, curar; el pintor, pintar; yo lo que sabía era jugar pelota. Entonces empecé a trabajar como entrenador en el centro deportivo Rafael Conte, del municipio 10 de Octubre. Junto a Pedro Naranjo y Orlando López, ambos entrenadores de equipos nacionales, preparé un grupo de niños desde los cinco años con los que más tarde formamos un magnífico equipo en la categoría 11-12.

-Trabajar con niños requiere de

mucha responsabilidad y empeño,

¿significó igual para ti?  

Sí, es increíble la creatividad e imaginación que ellos tienen. Siempre recuerdo un día de entrenamiento donde apareció Pedro Escobar, un muchacho ansioso por  entrar al equipo. Tenía perfecto estado físico y le permitimos hacer una pequeña prueba. El chico dio un batazo espectacular, pero en vez de correr a primera, lo hizo para tercera. Nunca olvidaré eso. Al cabo del tiempo, Pedrito fue uno de nuestros mejores atletas.

También en el Latinoamericano, donde permanecí hasta principios de este año, ocupé el cargo de vicepresidente de la Oficina de Veteranos, integrada por dos equipos de peloteros retirados, mayores de 60 años.

Este proyecto fue iniciativa del antiguo director del INDER, Humberto Rodríguez, quien nos donó una oficina en ese estadio para nuestras reuniones, hasta ese momento lo hacíamos en las gradas.

Nosotros no entrenamos, solo fijamos el día, el lugar, la hora y allí nos vemos para jugar. Casi siempre lo hacemos una vez por semana, ambos equipos se enfrentan y al final  salimos juntos como uno: el de Veteranos. Cuba es, sin dudas, una gran fuente de peloteros.

Formar  parte de una de las mayores tradiciones del pueblo cubano es lo que me mantiene feliz, fuerte y saludable hasta ahora. Estar rodeado de personas amantes de lo mismo que tú es una experiencia única.

Todos cometemos errores en nuestras vidas, el mío fue no estudiar cuando debía. Con esfuerzo logré entrar a la EIDE, pero no le dediqué el tiempo suficiente, suspendí una asignatura por lo que abandoné la escuela. Me hubiera gustado mucho graduarme en ella, pues el entrenamiento y la exigencia es mayor, ahí los deportistas dan lo mejor de sí.

Lo más importante para mí fue la participación dada a los atletas cubanos luego del triunfo de la Revolución. Así pude crecer socialmente, desarrollarme como persona y ser humano. El deporte, en sentido general, nos forma a todos, aporta un criterio práctico en la vida, por eso lo considero importante. Esta es la razón por la que seguiré jugando hasta que mis días lo permitan.

Pie de foto: Yoyi, como le llaman sus amistades, comenta su cariño hacia el béisbol.

Ficha técnica:

Objetivo central: Dar a conocer la trayectoria del entrevistado como deportista.

Tipo de entrevista:
Por los participantes: Individual.
Por su forma: Clásica de preguntas y respuestas.
Por su contenido: De personalidad.
Por el canal que se obtuvo: Directa.

Tipo de título: Llamativo.
Tipo de entrada: Narrativa.
Tipo de cuerpo: De preguntas y respuestas.
Tipo de preguntas: Abiertas.
Tipo de conclusión: De opinión o comentario del entrevistado.
Tipo de fuentes: No documentales: Miguel Valdés Junco.