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Isla al Sur

Entrevistas-Trabajos Docentes

SENCILLEZ Y DEDICACIÓN: PROFESIÓN MÉDICO

SENCILLEZ Y DEDICACIÓN: PROFESIÓN MÉDICO

El doctor Rinaldo Puga Gómez, especialista de segundo grado en Pediatría, es, ante todo, un hombre que respeta profundamente a los seres humanos.

Texto y foto:
GABRIELA MENÉNDEZ FORMELL,
estudiante de primer año de Periodismo,
Facultad de Comunicación,
Universidad de La Habana.

Domingo. Llueve intensamente desde el amanecer. En la tarde, llego a la recepción de la Clínica Internacional Cira García. Viene hacia mí un hombre alto, de tez blanca, nariz aguileña y mirada tierna, de unos 45 años aproximadamente. Viste sencillo, con una bata blanca, y transmite confianza. En un ambiente casi familiar, compartí con él horas de su preciado tiempo y me abrió las puertas de su vida, tal como lo hace en la consulta con los pacientes.

El doctor Rinaldo Puga Gómez es especialista de segundo grado en Pediatría, Máster en Inmunología y Atención Integral al Niño y Profesor Auxiliar de Pediatría de la Universidad Médica de La Habana. Cumplió misión internacionalista durante cuatro meses en Nicaragua en el año 1992, y en Sudáfrica, desde enero de 2001 hasta febrero de 2003. Actualmente, labora en el Hospital Pediátrico de Centro Habana y en la Clínica Internacional Cira García.

Al interesarme por cómo escogió la carrera de Medicina, sonríe y cuenta que en su familia materna predomina esa profesión. “Recuerdo que en las camisas me bordaban Dr. Puga y yo siempre decía que iba a ser médico, aunque me gustaba mucho la Historia y la Geografía. Sin embargo, a la Pediatría llegué de forma fortuita: inicialmente pedí ayudantía en Cirugía, pero las plazas se completaron y obtuve la posibilidad de hacer un año en Pediatría para luego cambiar”.

Y ahí se enamoró de la especialidad: “Pediatría es una profesión muy linda y no me arrepiento de haberla estudiado. En otras, quizá ayudara a un viejito o una mujer mas, aún cuando hago el mayor esfuerzo, cuesta mucho trabajo que se cure. Pero un niñito puede llegar muy mal una noche, y a la mañana siguiente ya se está riendo. Esa es la mayor recompensa; no hay nada material que supla la sonrisa de un chico, verlo crecer y convertirse en una persona de bien, o el agradecimiento en los ojos de sus padres y familiares. Para mí tiene un valor inmenso el momento en que un niño me dice «Puga» y no «doctor»”.

Su carrera es extensa y requiere de mucho sacrificio, consagración y estudio para alcanzar el propósito final: salvar vidas humanas. Los primeros seis años son dedicados al estudio de la Medicina General, y luego tres o cuatro años más a la residencia (período en que los médicos graduados rotan por hospitales antes de especializarse en una rama de la ciencia). En 1988 el doctor Puga terminó la especialidad y fue un año destinado en Puerto Padre, Las Tunas: “Muchas de las personas que allí formé, hoy ocupan responsabilidades administrativas, docentes o pertenecen a la dirección médica de provincias, o sea, son semillitas que van germinando y demuestran que siempre se puede ser útil a los demás”.

Además de Pediatría, el doctor Puga se vinculó con la Inmunología, también de manera casual. Hizo una maestría en el Instituto de Inmunología, y en 1994 fue a España a trabajar: “Esta especialidad atiende a los pacientes que se enferman de muchas cosas distintas, y los otros médicos aparentemente no pueden resolverlo. Casi convierte a la persona en Dios… o en brujo, pero resulta muy gratificante poder ayudar a los niños y a sus padres”.

En el año 2000 ocupó la dirección del Pediátrico de Centro Habana, sin embargo, manifiesta su descontento al ejercer responsabilidades administrativas: “He cumplido los cargos por disciplina. Cuando fui director del Pediátrico sustituí al doctor Alberto Ibarra, que es mi amigo y había enfermado, y lo que empezó por una semana, se convirtió en seis o siete meses. Trabajé como director, lo cual me alejaba de lo que realmente me gusta, el contacto directo con los pacientes”.

-¿Alguna sensación de miedo

vinculado a la medicina?

Recuerdo dos veces. Una, cuando mi hermano, de pequeño, se hizo una herida en la cabeza y lo acompañé al hospital. Mientras el cirujano lo suturaba, me mareé y tuve que salir.

La otra, cuando estaba en tercer o cuarto año de la carrera, a un compañero que hacía las guardias de cirugía conmigo lo tuvimos que intervenir a causa de un neumotórax –acumulación de aire en el tejido o cavidad pleural que recubre el pulmón- y como yo lo conocía, sentí como si me lo estuvieran haciendo a mí. También me mareé pero, por suerte, nadie se dio cuenta; de lo contrario, no me habrían dejado entrar nunca más a un salón de operaciones.

Uno pierde el miedo a la sangre, a inyectar, a realizar una punción a un niño o coger una vena del cuello o de la ingle. Son cosas muy difíciles, mas las asimilas porque, a fin de cuentas, alguien tiene que hacerlas.

El carácter paternal, unido a su excelente preparación como especialista y el cariño a la hora de dar un diagnóstico, lo distinguen y confiesa que, sin darse cuenta, esto lo llevó a ganar prestigio y respeto no sólo entre sus colegas, sino también entre sus pacientes y amistades: “Es una carga, una responsabilidad muy grande que muchas veces no sé qué hacer con ella. Y, en el plano personal, no la quisiera”. Frases como esta resaltan su modestia, pese a ser un especialista de alta calificación reconocido tanto nacional como internacionalmente.

Confiere gran importancia a la forma en que un profesional de la Salud trata a sus pacientes: “Hay médicos muy buenos en verdad, pero son groseros, dicen las cosas en mala forma y entonces el mensaje se rechaza. Muchas veces la persona prefiere consultar a otro que, aunque no sepa tanto como aquel, no sea antipático o piense que es Dios por ser médico”.

Para él, la empatía paciente-especialista desempeña un papel primordial en la determinación del diagnóstico y el cumplimiento de un tratamiento.

Alude también a la capacidad de escuchar, que no puede faltar en un profesional de la Medicina, más aún cuando es pediatra, porque “el niño no dice lo que tiene, pero se debe prestar mucha atención a su relato para poder llegar a un mejor diagnóstico. En medicina dos más dos no siempre es cuatro”.

-¿Cómo enfrenta usted los

momentos de enfermedad

de su familia y amigos?

El médico debe estar preparado para eso, lo cual no significa que cuando se trata de mi familia resulte fácil. Me gusta atender a mis hijos y curarlos. Pero siempre tengo un amigo con el que converso e intercambio mis criterios aunque yo los haya visto ya.

Asimismo, considero importante que si en un momento determinado tengo que consultar con una enfermera o técnico algo que no sé, lo hago, porque no me puedo quedar con la duda y hacerle daño a alguien sólo por vanagloriarme en falso.

Cuando pregunté cómo hacía para sobreponerse a los malos momentos en los que ha luchado en vano contra la muerte, me respondió con pesadumbre: “Ver morir a un niño es indescriptible. El corazón se me achica y parece que se derrumba todo al pensar que la felicidad se acabó para esa familia. Es algo que nunca olvido, y por mucho que pienso que estoy preparado para eso, si la muerte de una persona es una cosa triste, la de un niño es peor”.

Acerca de sus experiencias en otros países y retomando situaciones delicadas en su vida laboral, el doctor Puga con gesto de profunda tristeza, comentó: “Cuando estuve cumpliendo misión en la provincia North West, de Sudáfrica, sufrí mucho. Sólo en la primera semana murieron diez chicos menores de un año, la cantidad que mueren en el Pediátrico de Centro Habana en un año entero. Eso me frustró mucho desde el punto de vista médico, porque en Cuba todos los recursos del país, aún cuando sean pocos, se ponen en función de los niños.

“Siempre describo ese lugar como el contraste del primer mundo con el sexto, porque hay mucha riqueza y pobreza. A los tres o cuatro meses de llegar, me nombraron responsable de la provincia entera. Era el único pediatra del área, tanto en el sector público como privado y, además, como parte de las tareas asignadas tenía que entrevistarme con 60 médicos cubanos y 40 familiares, o sea, 100 personas en total. Todos los días me levantaba a las cinco y media o seis de la mañana, pasaba visita en mi sala y me iba en un carro a recorrer todos los lugares, muy distantes por cierto, a 60, 80, 160 ó 200 kilómetros”.

“Realmente es una cultura muy distinta, y me di cuenta de que allí éramos como sacerdotes que brindan posibilidades de ayuda a personas que nunca habían tenido un médico delante”.

-La formación de los médicos cubanos

es reconocida mundialmente.

Sin embargo, ¿encuentra diferencias

entre lo que es hoy y cómo

fue hace unos años atrás?

En todas las épocas hay estudiantes buenos y malos; hoy no se pasa tanto trabajo para ingresar a la educación superior y el Estado promueve las opciones de estudio hasta donde den las capacidades. Actualmente, los médicos cubanos gozan de un prestigio y reconocimiento a nivel mundial precisamente por la preparación integral que poseen. Entonces, ser formado en Cuba, es para mí un orgullo.

Cuba es hoy una de las grandes potencias médicas del mundo; nuestros avances y conocimientos están a la altura de los países más desarrollados. Cientos de médicos cubanos cumplen misiones internacionalistas en Latinoamérica, África y otras zonas pobres del planeta. Todos salvan, de alguna manera, una vida humana. Cualquiera podría llamarse doctor Rinaldo Puga.

Ficha técnica:

Objetivo central: Reflejar una persona que entrega día a día lo mejor de sí en función de los demás.

Objetivos colaterales: Mostrar la personalidad y valores humanos del entrevistado. Conocer sobre su vida y su labor internacionalista en otros países. Ahondar en la especialidad de Pediatría.

Tipo de entrevista:
Por los participantes: Individual.
Por su forma: Mixta.
Por su contenido: De retrato o biográfica.
Por el canal que se obtuvo: Conversación cara a cara.

Tipo de título: Genérico.
Tipo de entrada: De ambiente.
Tipo de cuerpo: Mixto.
Tipo de preguntas: 1-Directa. 2-Directa. 3-Directa.
Tipo de conclusión: De comentario del entrevistador.

Fuentes consultadas: No documentales.

 

ARTISTA DEL MAGISTERIO

ARTISTA DEL MAGISTERIO

Ivón González Céspedes, integrante de la Orquesta Sinfónica Nacional, descubrió a los 44 años de edad que prefería un aula de alumnos ansiosos que un salón desbordado de aplausos.  

Texto y foto:
RAIZA  ARANGO MEDINA,
estudiante de primer año de Periodismo,
Facultad de Comunicación,
Universidad de La Habana.

Siendo tan solo una niña, le encantaba estar largos ratos escuchando música clásica en el equipo estéreo de la casa. Quedaba hipnotizada cuando veía algún instrumento musical, y siempre le surgía la misma pregunta: “¿Cuándo seré músico?” Pero Ivón González Céspedes nunca pensó que su vida iba a cambiar tan rápido con un chasquido de dedos.

Después de  alcanzar su sueño y llevar alrededor de 20 años en la Orquesta Sinfónica Nacional (OSN), ejecutando mayormente   música clásica, descubrió otro arte que la complace mucho más que la música: ser maestra. En los últimos meses ha dedicado más tiempo a la docencia, aunque todavía continúa tocando con un particular estilo interpretativo el instrumento de viento más costoso y  muy poco conocido en los países de América Latina: el fagot.

-¿Cómo llega a su vida la música?

Desde bien pequeña sentí por ella mucha afición. En mi hogar no estábamos vinculados a la música, por el contrario, mis padres eran médicos. Adoraba pasar horas escuchando alguna canción, no importa qué género en particular, siempre daba oído a cualquier sonido. Entonces mi mamá, al verme enamorada de las melodías, decidió inscribirme en un círculo de interés musical de mi escuela y, comencé a estudiar  guitarra.

-¿Por qué empezar por la guitarra?

Era un instrumento aparentemente sencillo, clásico, y la mayoría de las personas lo estudiaban. Además, era el más fácil para llegar a las escuelas de música en ese momento.

-¿Tenía conocimiento de la existencia

de la  Escuela Nacional de Arte (ENA)?

Sí. Llegué a la ENA con la idea de continuar los estudios de guitarra. Con once años me presenté a las convocatorias y, posteriormente, a las pruebas de aptitud que realiza esa escuela, las cuales tienen un rigor grandísimo.

Estaba muy segura de tocar hasta ese momento mi instrumento preferido, pero entonces sucedió el primer encuentro con el fagot. Eso cambió todo. Nunca lo había visto ni escuchado y, sin embargo, sentí una gran atracción por él. Pasaron dos años para poder hacer el cambio de aula, ya que continuaba obsesionada con la idea de estudiar el fagot.

Este instrumento se desarrolló hacia 1650 a partir del dolcian (fabricado en una sola pieza de madera) y tiene una extensión de tres octavas y media aproximadamente, desde el si bemol 2. En el periodo clásico, compositores como Joseph Haydn y Wolfgang Amadeus Mozart, fomentaron una posición más independiente como instrumento bajo de la sección de viento.

En el siglo XIX la técnica mejoró el instrumento: los constructores alemanes añadieron llaves y recolocaron los agujeros, con esto se fijó el modelo actual de fagot.

Su tono quejumbroso fue utilizado por Ludwig van Beethoven en sinfonías y en la escena de la prisión de la ópera Fidelio. También lo podemos escuchar en las partituras de los himnos de Francia, Holanda, Alemania y otros países de Europa.

-¿Era mucha la demanda de fagot

durante el año que cursaba la ENA?

Para nada. Solo lo estudiábamos un nicaragüense y yo. Como éramos solamente dos, las clases las tomábamos en el grupo de instrumentos de vientos. Realmente fue una etapa difícil ya que la mayoría del tiempo estaba relacionada con varones, quienes usaban conmigo bastantes bromas de mal gusto. Hoy, sin embargo, ya existe una Asociación Nacional de Mujeres Fagotistas de Cuba (ANMFC).

Luego de ese periodo, Ivón continuó sus estudios en la ENA y posteriormente en el Instituto Superior de Arte, del cual se graduó como licenciada en fagot: “Los primeros nueve meses del servicio social los realicé en Matanzas y poco después la Orquesta Sinfónica Nacional (OSN) me llama para trabajar con ellos, y así paso a ser la primera mujer en incorporarme a la sinfónica.

“Trabajar en la OSN ha sido espectacular. Ya llevo en ella unos 20 años y todavía me siento como una principiante, como si fuera, en cada presentación, a tocar mi primera pieza.”

Existe algo que le produce más placer que tocar su mejor pieza: impartir clases. Le gusta  tanto experimentar el espacio del aula que da su experiencia en tres escuelas: la “Alejandro García Caturla”, la “Paulita Concepción” y en la “Amadeo Roldán”.  

-¿Cómo ajusta el tiempo para impartir

docencia en tres escuelas a la vez?

Sencillo, porque si la vocación de dar clases te enamora mucho como lo ha hecho conmigo, más que la de tocar, buscas el tiempo. En las escuelas se imparten las clases dos veces a la semana en diferentes horarios, lo cual me resulta muy cómodo para los ensayos de la OSN. Entonces, los fines de semana los dedico, solamente, para los conciertos con la Sinfónica.

A Ivón le  fascina la unión que se establece con los alumnos: “Es como si estuviera descubriendo un nuevo sentimiento. Tal vez no seré muy buena en la metodología de las clases, pero con el amor y el empeño que le pongo es suficiente para mí y para los estudiantes, quienes representan lo más importante en mi vida.

-¿Qué música nunca dejaría de tocar?

La clásica. Sobre todo las originarias de las  regiones como Francia y Alemania ya que las condiciones interpretativas son geniales. El verdadero sentido del fagot se siente al tocar una pieza clásica-romántica.

-¿El concierto que más le gusta?

Una buena sinfonía de Beethoven. Son las mejores partituras que he tocado. Cuando las interpreto me siento muy equilibrada: son realmente especiales.

A sus 44 años, Ivón emprende muchos proyectos de vida, pero hay uno exclusivo para enamorar a niños y jóvenes, la enseñanza más masiva del fagot: “Eso sería espectacular para las escuelas de música. Aunque, realmente, el número de alumnos fagotistas es mayor a la cifra de otras décadas, sobre todo en las niñas; más del 60 por ciento de mis alumnos son chicas”.

Ficha técnica:

Objetivo central: Resaltar la cualidad de Ivón González: la de ser maestra más que la música.

Objetivos colaterales: Descubrir cómo ha sido su trayectoria como músico. Conocer sus pasión como educadora.

Tipo de entrevista:
Por sus participantes: Individual.
Por su forma: Mixta.
Por su contenido: De personalidad.
Canal por el que se obtuvo: Cara a cara.

Tipo de título: De juego de palabras.
Tipo de entrada: Retrospectiva.
Tipo de cuerpo: Mixto.
Tipo de conclusión: De comentario del entrevistado.
Fuentes consultadas: Currículo de Ivón González Céspedes. Diálogo con su hijo, Alexis Arango  González.

EL AGUA DEL COCO

EL AGUA DEL COCO

José Antonio Arrechavaleta es víctima de la injusticia: pocos de los nuevos amigos le creen cuando habla de su experiencia como remero y los lauros en diferentes eventos internacionales.

Texto y foto:
JAVIER MONTENEGRO NARANJO,
estudiante de primer año de Periodismo,
Facultad de Comunicación,
Universidad de La Habana.

Hace seis años mi madre trabaja con José Antonio Arrechavaleta en la TRD de Guanajay. Cuando ella se enteró de que “Coco”, sobrenombre de José, había obtenido dos medallas de plata en los Panamericanos Habana’91, no lo creyó. Tampoco yo, cuando me lo dijo. Muy alto y muy delgado, su biotipo de atleta se asemeja más al de un basquetbolista o voleibolista.

Es modesto, y por eso también pensé que era una broma lo de la doble presea plateada. Finalmente, nos convenció con un recorte de periódico donde lo entrevistaban al finalizar los Panamericanos Habana‘91.

Pero mi madre y yo no fuimos los únicos en dudar. “En ocasiones muchos no me creen, porque no conciben el físico mío con el de un remero, se pueden tener resultados sin la complexión tradicional, pues un atleta de remo necesita coordinación, elasticidad y ritmo, y eso lo tengo”, explica José al hablar de las cualidades de quien practica este deporte.

Siempre está sonriente, es difícil verlo enojar con sus compañeros; ninguno de los problemas que puedan surgir en la tienda le cambian el humor: “Forma parte de mi carácter, no suelo molestarme con facilidad”.

El mote le vino por dejar solamente la cabeza fuera del agua siempre que se bañaba en la playa: “Al principio era Coco Seco, lo que se quedó Coco y así me conocen en todos los lugares desde pequeño”.

Comenzó en el remo a los 15 años; al terminar el noveno grado iba a cursar el preuniversitario en el campo, pero llegaron unos entrenadores y les hablaron a los estudiantes del deporte, les mostraron fotos  y “fui escogido por el tamaño; también le huía a la escuela al campo”.

Después de pasar por la EIDE de Santa Clara -su provincia natal y donde obtuvo buenos resultados-, comenzó en la Escuela Nacional de Remo en 1989 (en aquel entonces en Varadero) y luego en la presa La Coronela, centro de entrenamiento del Equipo Nacional, hasta el 2000.

Acompañado de unas extremidades que asemejan más a un remo que a brazos, me contó cómo los preparadores del equipo Cuba no tuvieron al principio mucha confianza en sus posibilidades, pues necesitó ganar 26 competencias nacionales para ser llamado a sus filas.

Él le agradece especialmente a Juan Carlos Hernández, uno de los entrenadores, quien un día les dijo a sus entrenadores: “¡Tráiganme al Coco que vamos a ganar una medalla en los Panamericanos!” No podía estar más acertado.

Obtuvo las medallas de plata en el doble y en el cuatro sin timonel, sobre las aguas de la presa La Coronela: “Estas medallas marcaron pautas en mi vida deportiva, porque fue la primera competencia de envergadura con apenas 21 años”.

Luego de ganar los Panamericanos Habana’91, comenzó un compromiso con el deporte, con el pueblo, con su familia y consigo mismo; debió seguir preparándose con mayor dedicación y disciplina, con el objetivo de acometer nuevos retos y lograr resultados al más alto nivel. Consiguió la medalla de oro en los Centroamericanos Ponce’93. 

“En mi natal Corralillo todos me recuerdan como el deportista que puso bien alto el prestigio del municipio, la provincia y pueblo de Cuba”, dice Coco al hablar de sus coterráneos, quienes a pesar de los años no olvidan al doble medallista panamericano y cada vez que vuelve a su pueblo es bien recibido.

-¿Cómo terminaste viviendo en Guanajay?

En 1996, cuando entrenaba en La Coronela, conocí una muchacha del municipio de Guanajay, nos casamos y al retirarme del deporte activo, me quedé a vivir aquí. Tenemos dos hijas y todo va de lo mejor.

Se retiró en el año 2000, tras participar también en los Panamericanos Mar del Plata’95 y Winnipeg’99. Compitió en los Centroamericanos México’90, Ponce’93 y Maracaibo’98. Muchos amigos coinciden en que se fue del deporte siendo joven; otros, que lo hizo en el momento preciso.

Después de retirarse del deporte activo comenzó a trabajar en TRD Caribe, donde aún labora: “Al principio sentía nostalgia de tantos años en esos ajetreos, pero cada vez que puedo voy a ver competencias, converso con mis entrenadores y gracias a eso no me he desvinculado totalmente del deporte. No me pierdo una competencia de remo en la presa La Coronela”.

Con nuevos amigos, su vida transcurre tranquila como gerente adjunto de la tienda de Guanjay. Muchas veces cuando lo mortifican o le rectifican cualquier cosa, dice en tono de broma que le deben más respeto, pues él tiene 18 grado, y el resto solo tiene 17, debido a que antes la licenciatura en Educación Física se hacía en seis años.

Coco es un gran amante del deporte en general, no solo del remo. Él está presente en cualquier discusión de ese tipo que haya entre los trabajadores de la tienda. En la pasada final de la Serie Nacional de Beisbol, era el único seguidor de Villa Clara en su centro laboral, y no dejó de animar a Los Naranjas, “aunque viva aquí, sigo siendo villaclareño por dentro”.

En su opinión, Cuba no está en un buen momento en el deporte, debido al bloqueo norteamericano y a la crisis económica mundial, pues “a pesar del esfuerzo realizado por nuestro país por llevarlo adelante, se necesitan recursos para lograr la masividad a lo largo de toda Cuba”.

-¿Qué actitud cree usted

necesaria para un deportista?

La disciplina, dedicación y sentido de pertenencia son actitudes con las cuales no solo en el deporte se logran resultados. Si se siguen esas pautas, el camino es más llano, aunque esforzado, y los resultados llegan con seguridad. Por eso forman parte de mí día a día.

-Si fuese a revivir un momento

de su vida de atleta, ¿cuál sería?

Recuerdo casi todos los momentos de mi vida de deportista, desde mis inicios en los Juegos Escolares hasta los eventos internacionales, pero para mí el más importante fue en la Isla, cuando en los juegos Panamericanos Habana’91 el Comandante en Jefe Fidel Castro me colgó la primera medalla de plata, foto que guardo con gran cariño.

Ficha técnica:

Objetivo central: Conocer a José A. Arrechavaleta, y rescatar su figura como deportista.

Objetivos colaterales: Demostrar que la fama es efímera, investigar cómo fue su carrera deportiva y conocer su opinión del deporte en Cuba.

Tipo de entrevista:
Por los participantes: Individual.
Por su forma: Mixta.
Por su contenido: De personalidad.
Por el canal que se obtuvo: Encuentro directo.

Tipo de título: Llamativo.
Tipo de entrada: Evocativa.
Tipo de cuerpo: Mixto.
Tipo de preguntas: 1) Directa. 2) Directa. 3) Directa.
Tipo de conclusiones: De opinión o comentario del entrevistado.
Fuentes consultadas: Entrevistado. Fuente directa.

“TODAVÍA HAY MUCHO INDIO ESCONDIDO POR AH͔

“TODAVÍA HAY MUCHO INDIO ESCONDIDO POR AH͔

Afirma la arqueóloga Lourdes Domínguez, primera Doctora en Arqueología Histórica en Cuba.

ROSANA BERJAGA MÉNDEZ,
estudiante de primer año de Periodismo,
Facultad de Comunicación,
Universidad de La Habana.

Cuando llegué, ella miraba en la televisión un documental de Estela Bravo. Pedí hablar sobre su vida. Era obvio que no me esperaba, pero una dulce sonrisa me invitó a tomar asiento. Se disculpó diciendo que en un minuto estaría conmigo y se escurrió por entre los pasillos de su casona antigua.

Arqueóloga desde el año 1967, Lourdes Domínguez González, camina por entre sus pajaritos, peces, perros y cuadros de Rubens, afirmando con vanidad de enamorado que  no existe en el mundo una profesión más hermosa que la suya, “porque la historia, por ejemplo, la pueden escribir de cualquier manera, pero la arqueología solo puede escribirse con la verdad.

“De niña yo no pensaba en la arqueología, mi sueño era ser bailarina. Esa era una de las cosas que más me gustaba, pero toda mi vida he sido gordita. A duras penas me podía parar en puntas o dar algún giro. Juro que me esforzaba al máximo, sin embargo, no avanzaba. No fue por falta de buenos maestros, porque recibí clases hasta de Alberto Alonso. Todo parece indicar que no nací para bailar, así que lo dejé. En eso también tuve la ‘ayuda’ de mi padre, quien se negaba a tener un artista en la familia.”

A Lourdes hay que escucharla con los oídos bien abiertos mientras cuenta, sin perder el aliento, el sinfín de cosas por las que ha pasado: publicidad, magisterio, agronomía, campaña de alfabetización, milicias revolucionarias…, porque ella asegura que lo importante es no quedarse con deseos de hacer.

“Comencé la Universidad en el año 1963, en un curso para profesores de Historia, y al terminar primer año, pedí la licenciatura y me la concedieron. En ese tiempo, recibí clases en la Facultad de Artes, tomé algunas asignaturas de Arquitectura y clases de pintura; además, colaboraba con el Departamento de Antropología.

”A la Arqueología llegué gracias a un NO. Un día me di cuenta de que realmente me gustaba y decidí presentarme en la Academia de Ciencias, dije que estaba dispuesta a que me hicieran las pruebas necesarias y me dijeron «no, ese no es un trabajo para mujeres», entonces decidí que eso era lo que quería hacer.

”Comencé en la Academia de Ciencias en 1968, donde pasé cursos especializados, formándome, como casi todos los arqueólogos cubanos, con libros de Geografía, de Historia o de Geología; también albergué la esperanza, durante más de treinta años de que el Ministerio de Educación Superior abriera una escuela universitaria de Arqueología. Pero desgraciadamente no fue así, suele pensarse que no tenemos en Cuba una razón posterior de trabajo, que no hay necesidad de abrir ese tipo de centros, pero nadie sabe cuánto tenemos por explorar de nuestras raíces, que no son solo españolas o africanas, que todavía hay mucho indio escondido por ahí.

”Yo vivo enamorada de lo que hago. Dicen que quien pasa el trabajo de campo, que es la prueba de fuego, y sigue apegado a la Arqueología, jamás se separa de ella. Salvé muchas veces esa prueba de fuego, y luego, así cansada, debía quedarme en los laboratorios limpiando pieza por pieza, todo lo que había encontrado; a veces había que limpiar hasta trece mil piececitas de barro, cepillarlas, analizarlas, clasificarlas…

”A pesar de todos los rechazos por ser mujer, terminaron por aceptarme en  ese mundo, y ya en los 80, me encargaba de organizar y dirigir jornadas de Arqueología. Así comencé a trabajar en mi tesis de maestría, la cual logré hacer de forma directa en 1987.

”Algo de lo que estoy orgullosa, además de los alumnos que he ayudado a formar, es haber sido la primera Doctora en Arqueología Histórica en Cuba después del triunfo de la Revolución; y eso, gracias al Doctor Eusebio Leal, quien decidió apoyar mi campo en el país y abrió la Facultad de San Gerónimo de La Habana, donde me preparé durante dos años. Eso me demostró que todavía hay personas que cree en lo que hacemos.”

Así, para Lourdes, el tiempo ha pasado volando, al igual que sus doce años de trabajo en la Oficina del Historiador de la Ciudad, sus veinte años de docencia en Puerto Rico o los cinco en Brasil.

“Ahora estoy un poco más en la casa. Me dedico a escribir libros de arqueología, y mantengo la docencia en Cuba y en otros países latinoamericanos, y hasta por Internet. Aquí tengo mi biblioteca, mi máquina y todo lo que necesito para trabajar; aunque claro, siempre dejo mis ratos libres para mis «animalitos», mis plantas o mi pintura; y trato siempre de no pensar en todo lo que me ha faltado por hacer, porque no niego que hay proyectos como Panamá la vieja, encargado de la reconstrucción histórica y arqueológica de esa ciudad, que me hubiese gustado retomar.

”Yo jamás he sido ambiciosa, pero si pudiese pedir un deseo, de aseguro que sería uno muy grande: ¡Vivir!”

APRENDIZ DE HISTORIADORA

APRENDIZ DE HISTORIADORA

Mercedes Ibarra Ibáñez, bisnieta y última mujer descendiente directa de Juan Gualberto Gómez, comparte su deseo de preservar la memoria del patriota,

MARITA PÉREZ DÍAZ,
estudiante de segundo año de Periodismo,
Facultad de Comunicación,
Universidad de La Habana.

Cuando vio la bandera cubana de Juan Gualberto Gómez tras la vitrina, varios sentimientos se juntaron en su pecho. Sentía alegría después de tanto empeño y dedicación al museo y a ordenar los objetos personales de su bisabuelo. Pero también estaba su mayor temor: “Que el tiempo no me alcance para preservar su memoria histórica”.

Los recuerdos transmitidos por sus familiares a Mercedes Ibarra Ibáñez, de 72 años, coinciden en que su bisabuelo fue un hombre inteligente desde niño, cuando todavía estaba con sus padres en el Ingenio Vellocino de Sabanilla del Encomendador -hoy poblado Juan Gualberto Gómez-, de Unión de Reyes, Matanzas.

“Luego -cuenta Mercedes-, tuvo la dicha de estudiar en París, donde se nutrió del entorno convulso de una Francia de guerras prusianas, la Comuna y del pensamiento revolucionario y progresista de sus intelectuales y filósofos. Realmente fue casi un autodidacta.

“Así, su talento, capacidad de interpretar y aplicar a su realidad lo conduciría, entre otras muchas cosas, a ser el delegado de José Martí en Cuba. Fue así como llevó el hilo conspirador del estallido del 24 de febrero de 1895 de nuestra Guerra de Independencia”.

Pero, además de ser un patriota cabal, Juan Gualberto Gómez nunca descuidó a los suyos: “Mi bisabuelo fue muy preocupado por la unión familiar. Para forjar una Patria es fundamental la familia. Y él cuidaba mucho a la suya. Luchaba por la integridad y cohesión entre las distintas generaciones que vio en vida.

“Tanto es así que hoy, cuando somos dos sus descendientes en suelo patrio, nos enorgullece y compromete con la historia ser sus herederos, porque nos permite conservar materialmente testimonios de su larga vida”.

-¿Cómo describiría a

Juan Gualberto Gómez?

No era ambicioso: fue periodista de profesión, senador y representante en ocasiones. Sensible a los problemas sociales y luchador por erradicar la discriminación racial y lograr la igualdad de derecho de su raza.

En su quehacer periodístico fue certero, agudo y crítico, pero al mismo tiempo equilibrado en sus pronunciamientos, sagaz y cortés cuando era necesario. Sabía decir las cosas con justeza, denunciarlas, señalando la vía o el modo de subsanarlas a tiempo.

Enemigo de la violencia, equilibrado, de carácter apacible –en contrapartida con el de su esposa, Manuela Benítez, andaluza, de temperamento vivaz–.  Tenía muchos amigos, era asequible, no se imponía a nadie; era afable, modesto, pero conocedor de sus posibilidades. Mi bisabuelo fue en extremo dedicado a su hogar y a las tradiciones familiares.

-¿Qué influencia tiene en la

vida personal ser su bisnieta?

La formación inherente a esta familia se ha convertido en superación constante y respeto de la privacidad en la vida de cada uno de sus miembros. Así, sin haberlo previsto, tras mi larga carrera profesional como traductora e intérprete, me he ido convirtiendo poco a poco en aprendiz de historiadora, en particular la de mi bisabuelo y  su entorno personal  y familiar.

-¿De qué forma trabajan usted

y tantos otros para rescatar

su memoria histórica?

Ya contamos con un espacio dedicado plenamente a su figura: el Museo Casa Juan Gualberto Gómez, ubicado en Empedrado, entre Compostela y Habana, en la Habana Vieja. Allí todo el mundo podrá acercarse a sus objetos de trabajo y de uso personal, sus libros, su documentación conservada por la familia. Otros museos municipales, como el del poblado Juan Gualberto Gómez, de Unión de Reyes, y el Museo Municipal de Arroyo Naranjo, también han reservado un espacio para su figura. 

También continúo en la labor de clasificación y ordenamiento de documentos, cartas, material gráfico, fotografías y libros que durante años realizara su nieto Juan Gualberto Ibáñez Gómez con la papelería familiar conservada. Ahora, muy vinculada al museo, amplío esa labor apoyada en técnicas modernas de reproducción digital.

Participo, además, en actividades conmemorativas y nos regocijamos con la participación de los niños en el Concurso  nacional ¿Qué sabes  de Juan Gualberto Gómez?, ya en su décima edición. De significación especial y emotiva es la peregrinación en el Cementerio de Colón, que anualmente organiza la Unión de Periodistas de Cuba el 5 de marzo, fecha de su fallecimiento, y también como parte de la jornada por el Día de la Prensa Cubana, el 14 de ese propio mes, fecha de fundación de Patria, por José Martí.

-La labor de Juan Gualberto Gómez

en el periodismo fue muy activa,

desde sus primeros escritos en París

hasta su actividad en Cuba.

¿Qué mensaje da a las nuevas

generaciones de periodistas?

Mi mensaje es muy corto: creer en la opción escogida, saber que el camino es arduo, pero tendrá su recompensa para todo aquel que persevere en el empeño. También los invito a leer y estudiar su obra, conocerlo, entenderlo. Hay que ahondar un poquito más, porque todavía quedan muchas cosas por descubrir…

Pie de fotos: Mercedes Ibarra Ibáñez, bisnieta de Juan Gualberto Gómez, en una peregrinación a la tumba del patriota junto a estudiantes de Periodismo de la Universidad de La Habana.

UN PAYASO EN EL ESCENARIO

UN PAYASO EN EL ESCENARIO

Tras 25 años de vida artística no solo hay risas… también hay mucho de magia.

YANET GONZÁLEZ RICARDO,
estudiante de primer año de Periodismo,
Facultad de Comunicación,
Universidad de La Habana.

Una mujer le pregunta a su amiga:
-¿Y ese golpe que tienes en el ojo?
-Me lo dio mi marido.
-¿Pero tu marido no estaba de viaje?
-Eso pensé yo…

Sonreí. Mas no eran chistes, sino respuestas lo que buscaba. Aunque después resolví que para dialogar con Juan Carlos Hernández González, más conocido en el mundo del humor como Juan Karlos el gordo, ambos conceptos no distan.

-¿Cuáles son sus principales referentes

del humor en Cuba y el extranjero?

Pudiera mencionarte a muchos. Entre ellos a Enrique Arredondo, Chaflán, Leopoldo Fernández. Pero siempre he creído que Chaplin es una de las figuras más cimeras. Antes no se distinguían como humoristas, simplemente eran actores que hacían humor. Por ejemplo, Carlos Monctezuma era actor. Pienso que no hay que dividir entre actor  humorista y actor “serio”.

-Usted se graduó de actuación

y después se dedicó al humor.

Sí, aunque también he hecho otras cosas que no tienen nada que ver con el humor.

-En marzo del 2005 se estrenó en

el teatro América el espectáculo

“Se soltó el gordo”.

¿Qué representó para usted?

Fue muy importante. Se realizó en ocasión de mis 25 años de trabajo. Fue casi unipersonal. Traté de abarcar la mayoría de las cosas que yo he hecho: payaso, mago, humorista. Se presentaron tres funciones y después se repuso en junio con nueve actuaciones.

-¿Pretende realizar nuevamente

un espectáculo similar…

tal vez para el nuevo año?

En la segunda semana de abril voy a hacer un unipersonal en el teatro América que se llamará Humor Grueso.

-¿Por qué introduce la poesía

dentro del espectáculo? 

Para darle variedad. Empleo, por ejemplo, la de Carilda Oliver y Mario Benedetti. Si uno tiene la capacidad de desdoblarse y después de los chistes hacer algo más serio, es oportuno para tocar la sensibilidad de las personas. De algún modo sirve como balance para equilibrar el espectáculo.

-Varios comediantes coinciden que el

trabajo del humorista es de los

más serios que existen,

¿comparte usted el criterio?

Mientras más serio es el trabajo, más profesional. Primero hay que prepararse cultural e intelectualmente para parase en el escenario y tener una expresión y léxico óptimos para comunicarse con las personas.

-¿Cree usted que el humor en Cuba en

este momento pasa por un proceso de

evolución o sufre un retroceso?

El humor en Cuba nunca ha estado en retroceso en ciertos lugares. Por ejemplo, en cabarets y teatros siempre ha habido una gran fuerza. Creo que un momento de esplendor lo es ahora un medio como la televisión, donde el humor estaba un poco frenado. Actualmente han surgido una gran cantidad de humoristas. Hubo una época en la que todo se movía en torno a la salsa. Ahora ocurre lo mismo con el humor.

-¿Qué diferencia al humor de

cabaret al de televisión?

Son diferentes códigos.

-Sí, pero qué ocurre.

¿Usted dice lo mismo en la

televisión y en un cabaret?

No. En la televisión no se puede hacer todo tipo de humor. También en el teatro es diferente. Ahí sientes directamente el calor del público. En la televisión se trabaja con la cámara.

-¿Cómo enfrenta un humorista

la responsabilidad e hacer reír a las

personas cuando situaciones difíciles

en su vida atentan contra esto?

Tengo una experiencia: tres minutos antes de salir al escenario, mi hermana me llamó por teléfono y me dijo que mi abuela había fallecido. En estos casos uno tiene que hacer uso de su fuerza interna y tratar de olvidar lo ocurrido, al menos hasta que concluya el espectáculo, acudiendo a la memoria emotiva. Aquí se cumple una frase muy antigua: Ríe payaso…

-¿El humorista es entonces un payaso?

Ser payaso es grandioso. Desde niño me encantaron los payasos. Algunos son más tristes, otros más felices. Uno puede notar la tristeza en la cara de alguien que trata de hacerte reír. Un humorista no es un payaso. Un humorista es un actor, al igual que lo es un payaso. Yo quisiera ser un payaso, pero no en mi vida; sino en el escenario.

-¿Por qué varios humoristas utilizan

como tema de creación de su obra

problemas de la cotidianidad del cubano?

Creo que el humorista es el único que tiene la capacidad de pararse en el escenario y hacer que la gente se ría de sus propios problemas, críticamente, sin herir a la sociedad. Martí dijo algo en lo que yo creo fielmente: “La crítica a la sociedad es como un látigo con cascabeles en la punta”.Y pienso que hay muchos problemas que se pueden solucionar a partir de lo que comunica el humorista.

-En esta línea, ¿usted considera que

la vida del cubano se mueve más en

el mundo de la comedia,

o en el de la tragedia?

El cubano se ríe con todo. Es parte de nuestra idiosincrasia. Por eso nos diferenciamos en cualquier parte del mundo. El cubano cree en Santa Bárbara, en la güija, en la mata de coco, en lo afrocubano…al final no cree en nada más allá de su capacidad para salir de sus problemas cotidianos con un optimismo característico… y termina riéndose.

-¿Qué opina del humor empleado

por algunos comediantes en el

que se burlan de las personas?

Todo depende de la manera en que lo hagas y de la forma en la que ocurra la relación con el público. Te lo digo a partir de mi experiencia personal. Hay veces que me paso y tengo que reconocerlo; lo admito. En una ocasión yo estaba actuando en Pinar del Río y cuando llegué al hotel me estaba esperando un hombre  para caerme a batazos por algo que le había dicho a su esposa durante el espectáculo. Ahora tal vez suene gracioso, pero en aquel momento me asusté.  A partir del período especial el humor también cambió. Fue más agresivo.

-Hay temas dentro del humor en Cuba

que se hacen recurrentes,

como las críticas a los pinareños,

las suegras, el matrimonio, entre otros.

¿Qué posibilidad existe de que

esos temas varíen…

o seguirán siendo los mismos?

No van a variar. Son temas que en su mayoría forman parte del humor internacional. Los de los pinareños son chistes de Lepe, una zona de España. Actualmente se conocen como chistes leperos o de gallegos. Son chistes de cierta manera tontos, que se le sitúan a cierta persona  de la que se toma su ingenuidad.

-¿En qué medida el personaje de Pepito,

tan popular en nuestro humor,

ilustra la personalidad del cubano?

Pepito surge como en otros países. Jaimito, por ejemplo, es el personaje gracioso de lugares como España y México. Para nosotros es el personaje que hace maldades. Creo que si surgió en nuestro país es porque de alguna manera representa características del cubano, aunque algunas vayan en detrimento de la sociedad.

-¿Qué es entonces el humor para Juan Karlos?

Mi vida.

-¿Por qué?

Porque es mi alegría y mi fuerza. Al inicio te mencionaba a Chaplin. Él expresó algo que para mí es una máxima: “La vida es una obra de teatro que no permite ensayo. Por eso ríe, baila, grita, llora, y nunca dejes que el telón baje, y la obra termine sin un aplauso". ¿Qué más te puedo decir? El humor es mi magia.

FICHA TECNICA:

Objetivo central: Dar a conocer al entrevistado como humorista y en sus aspectos más personales.

Objetivo colateral: Conocer la opinión de un humorista sobre el estado del humor en Cuba en estos momentos.

Tipo de entrevista:
Por su forma: Clásica.
Por su contenido: De personalidad.
Por el canal que se obtuvo: Cara a cara.

Tipo de título: De cita textual.
Tipo de entrada: Original.
Tipo de cuerpo: De preguntas y respuestas.
Tipo de conclusión: De opinión del entrevistado.
 
Fuentes consultadas: Directa, no documental.

 

EL KARATE NO SOLO ES UN DEPORTE

EL KARATE NO SOLO ES UN DEPORTE

El profesor Alberto Zamora, de la Universidad de La Habana, habla de una de las disciplinas más solicitadas por los estudiantes.

LUONG MAI PHUONG,
estudiante de primer año de Periodismo,
Facultad de Comunicación,
Universidad de La Habana.

Hace menos de 60 años, llegó el karate a Cuba. Hace muchos años, un profesor cubano se encontró con el arte marcial asiático, y lo amó, pues siente en él una filosofía de vida. En su clase en la Universidad de La Habana crecen y se multiplican karatecas. En la Facultad de Educación Física, todos conocen a Alberto Zamora Soublett: 55 años de edad, 34 años en la profesión. Prefiere hablar más sobre el karate que de su vida.

-Profesor, usted acaba de escribir un

trabajo sobre karate con su compañero

Aurelio Boza  Carbonell. ¿Por qué este tema?

Llevo 34 años en la Universidad de La Habana y me gusta mucho mi trabajo, tanto como amo al karate. La investigación la realizamos tratando de subsanar el desconocimiento de la esencia del karate en Cuba y llevados principalmente por la imagen de lucha y combate que es lo que se exhibe en las artes marciales en general.

La gente aún cree que el karate es sinónimo de agresividad y  violencia. Pero no, esa no es la verdad. Quiero proporcionar mis conocimientos a las personas porque creo que las ideas erróneas se erradicarían si se conociera la esencia misma de esa disciplina y sus connotaciones históricas, producto de una larga tradición, de una cultura, de un arte y de una filosofía.

-34 años estudiando un arte marcial

no es poco. ¿Qué significa éste?

En sentido literal, karate significa "el camino que conduce al arte de las manos vacías", ya que el karateca no tiene ningún tipo de arma, sino que hace de su cuerpo un arma. El karate do implica el sentido filosófico en busca de un equilibrio armónico entre cuerpo, mente y espíritu.

-¿Cuál es su origen?

El karate tiene su nacimiento en China y la India. Quizás los japoneses no gustan de decir eso, pero generalmente casi todas las artes marciales tienen sus orígenes en la India y después en China se desarrollan. Desde el siglo VI de nuestra era las técnicas chinas se practican en Okinawa junto a técnicas locales. Luego, un rey de Japón centralizó el poder en Okinawa y prohibió el uso de las armas a la gente del pueblo.

En el siglo XV los japoneses invadieron Okinawa, por lo que la población, sin ninguna clase de armas, tuvo que enfrentarse a agresores armados, sin tener más que las manos para poder defenderse. Por este motivo desarrollaron los sistemas de lucha sin armas, que acabaron convirtiéndose en un método de autodefensa llamado, simplemente, Te (literalmente: Mano), y al que luego denominarían Okinawa-Te (la Mano de Okinawa).

De hecho, la imposibilidad de conseguir armamento tradicional fue lo que posibilitó el desarrollo del karate en Okinawa. Otra consecuencia fue la utilización con ese fin de herramientas del campo y de uso doméstico. Tal es el origen del Kobudo de Okinawa, que tomó auge paralelamente al karate.

-¿Cómo se iniciaron los principales estilos del karate?

Cuando se habla de los estilos de karate, es probable que sea necesario dar tono a una expresión que se emplea por comodidad. Un estilo es un sistema de combate con un contenido técnico y kata específico. En realidad, la práctica en Okinawa, que era secreta, se transmitía de manera bastante informal en lo referente a donde se iniciaba un karateca y progresaba luego junto a varios maestros.

En efecto, cada maestro conocía uno o dos katas que enseñaba al discípulo. A continuación de eso, él lo orientaba hacia otro experto para que le transmitiera su conocimiento.

En la medida en que los maestros enseñaban solamente kata, puede decirse que este era -y sigue siendo todavía hoy-, lo esencial del karate. Se comprende entonces por qué los katas son la herencia de los maestros del pasado, obligados a practicar en secreto, han incorporado a su forma las técnicas de combates extraídas de su propia experiencia que pudieran hacer trabajar igualmente bien el cuerpo y la mente, estando al mismo tiempo comprometido con el ansia de preservar el  aspecto técnico .

-¿Cómo llegó el karate a Cuba?

Las primeras manifestaciones de artes marciales se introducen en Cuba cuando comienzan a llegar al país los emigrantes asiáticos. Los chinos hacen su asentamiento en la zona de Zanja. Los japoneses fundan colonias en Isla de la Juventud, Cienfuegos y el Oriente del país. El arte marcial practicado en los barrios chinos se impartía sólo a sus descendientes  y de forma limitada. Con el triunfo revolucionario surge la necesidad de preparar a nuestros combatientes en la defensa personal, ya que se cumplían misiones sin el uso de armas.

-¿Cómo clasifica el nivel del karateca?

Existen diversos grados de adiestramiento formalmente reconocidos en karate, representados por el color del cinturón de tela que rodea  la vestimenta que se usa en las prácticas; los colores seleccionados en orden ascendente son: blanco, amarillo, naranja, verde, azul, marrón y negro. Las calificaciones para los cinturones difieren de escuela a escuela, dependiendo del estilo y el nivel que se enseñe. El cinturón negro o dan es el máximo nivel en karate y está también calificado en grados de pericia, siendo el décimo dan de mayor nivel. En la actualidad, existen en Cuba varios árbitros de karate de categoría internacional y el mayor nivel recibido es el séptimo dan.

-En las competencias, los karatecas

siempre gritan algunas palabras.

¿Usted puede explicarlas?

Respiraciones y gritos ayudan en el ritmo de ataque del karate, concentrando más fuerza en cada golpe o bloqueo y dando vigor psicológico a la persona mientras que desconcierta al oponente. Por eso, en el karate, los ejercicios de respiración profunda son también útiles. La exhalación y los gritos repentinos acompañan los golpes directos y particularmente los finales, también llamados golpes mortales.

El lenguaje del karate es principalmente japonés, por ejemplo, la sala de adiestramiento o gimnasio se llama dojo y la vestimenta que se utiliza en todas las prácticas se nombra gi… Más de 200 términos específicamente japoneses son empleados para los distintos movimientos y golpes que se utilizan en secuencias de movimientos llamados kata. Las palabras extrañas que se escuchan tienen origen japonés.

-¿Cómo es una clase de karate?

Comenzamos la clase con los movimientos de arranque. Después corremos 500 metros y practicamos 36 movimientos básicos. Al principio de la clase, muestro los nuevos movimientos y técnicas  para que los estudiantes puedan aprender. También tenemos 15 minutos para descansar y en ellos aclaro las dudas de los alumnos. Al final, ellos  practican lucha libre por pareja.

-¿Podría contarnos sobre los estudiantes

que practican karate aquí en su gimnasio?

Los estudiantes que practican karate conmigo no son muchos, como sucede en otros deportes. Es que para practicar karate aquí un estudiante debe saber los movimientos básicos o practicar otro arte marcial desde antes. Los ejercicios son muy duros y requieren buen estado físico y técnica básica. Este año tengo 56 alumnos de todas las facultades.

-¿Cómo valora usted el entrenamiento?

¡Perfecto! Todos mis estudiantes practican muy bien, muy duro. Pienso que mis alumnos, cuando ejercitan karate no solo aprenden movimientos técnicos, sino también sobre el espíritu y  el significado de la vida. Ahora nosotros practicamos muy fuerte para el torneo Caribe. Espero que los atletas asistan a muchas competencias importantes.

Ficha técnica:
 
Objetivo central: Entrevista al profesor Alberto Zamora Soublett sobre el Karate.

Tipo de entrevista:

Por su forma: Clásica de preguntas y respuestas.
Por su contenido: De opinión.
Por el canal que se obtuvo: Encuentro directo.

Tipo de Título: Genérico.
Tipo de entrada: De presentación.
Tipo de cuerpo: Clásico de preguntas y respuestas.
Tipo de conclusión: De opinión del entrevistado.

Fuentes consultadas: Directa.

“EL TRABAJO ES LA ÚNICA ADICCIÓN EN MI VIDA”

“EL TRABAJO ES LA ÚNICA ADICCIÓN EN MI VIDA”

Marta Araujo, la conductora de Arte Siete, se autodefine como la presentadora del programa y no como crítica de cine.

CHAVELY DÁVILA.
estudiante de primer año de Periodismo,
Facultad de Comunicación,
Universidad de La Habana.

Las escaleras no parecían extrañar el ir y venir de personas apuradas, pero el bullicio en el quinto piso del ICAIC enloquecía toda la instalación en la mañana del viernes. Al final del pasillo, sin embargo, solo había silencio y la sonrisa amable acostumbrada a innumerables visitas.

“Me gusta la tranquilidad y el silencio para trabajar. La concentración es una habilidad que cada persona debe desarrollar por lo que creo las comodidades para que sea más fácil esta abstracción. Yo mantengo el límite de privacidad entre el puesto de labor y el mundo que me rodea. Eso no quiere decir que todos los que vengan aquí sean mal recibidos, solo que prefiero ser avisada antes”, así habla Marta Araujo sobre su forma de ser en el trabajo, porque le gusta hacer este lo mejor posible. 

Desde las ventanas se observa el cielo nublado anunciando la lluvia esperada hace varios días. En su oficina el ambiente es cálido, alegre e iluminado. 

“Mi profesión no tenía nada que ver con la labor que desempeño ahora. Me gradué en Licenciatura en Literatura y Español, carrera que concluí en 1985. Comencé a trabajar en un pre universitario en el campo al que nunca podré olvidar por enseñarme las maravillas del magisterio.

“Dejé el trabajo debido a la lejanía. El pre se encontraba distante del lugar donde vivía. Comencé a trabajar en el Centro Provincial de Cine, me quedaba cerca y era el único lugar en el que podía hacer algo parecido a lo que había estudiado. Estuve un tiempo organizado y revisando archivos en este lugar hasta que un día me preguntaron si me atrevía a hacer la presentación de la película del domingo por la tarde. Ese primer intento salió bien y tuve la oportunidad de aparecer en las pantallas dominicales, en el programa Arte Siete, hace ya mas de 15 años”.

Confiesa ser una conversadora excesiva, pero también escucha con atención a sus interlocutores, pues siempre la retroalimentación garantiza el conocimiento para poder hablar de todo.

“Tengo grandes y muchos amigos. Unos ya no están cerca; otros, como Joel del Río, se mantienen a mi lado en los buenos y malos momentos. Ellos comentan que la cualidad  más agradable en mi es la facilidad con la que desarrollo un tema. ¡No tengo para cuando acabar! Siempre hay algo que decir. La cuestión es cuándo, dónde y a quién. Con ellos puedo conversar de todo”.

Hace extensas pausas recordando los momentos más significativos de su vida. Sus predilecciones por la música clásica y la lectura son tiempos que comparte con el trabajo, y aunque le fascina cocinar, pocas veces puede acercase a la cocina.

“En la casa son muy críticos con mi trabajo, pero también me apoyan mucho. Mi esposo, Enrique Colina, no solo es un director de cine fabuloso, sino un esposo que no duda en señalarme los defectos en el trbajo. Lo admiro muchísimo.

“Mi hijo, de ocho años, se sentaba a ver el programa los domingos y con mucho respeto me decía que estaba más vieja y fea en la televisión. Me interesa mucho la opinión de mi familia porque Arte Siete es un programa para compartir con los miembros del hogar y esto me prepara para las otras grabaciones”.

Esta mujer no se rinde ante nada ni ante nadie a pesar de las valoraciones a las que se ha visto sometida. Aclara que le falta mucho por superarse, pero no teme enfrentarse a un público tan exigente e inteligente como el cubano.

“Muchas personas me ven como una crítica cinematográfica y cometen un error. Solo soy la presentadora del programa, a quien le asignan un guión con la sinopsis de la película y opiniones de especialistas en el tema. Para llegar a comentar una película profesionalmente se necesita una preparación técnica que yo no poseo.

“De gustarme, me gustan muchas cosas, pero el tiempo que paso en el ICAIC no deja espacio para otras diversiones. Digo ‘otras diversiones’, porque es una de las cosas que más disfruto. Le agradezco a la vida las oportunidades que me ha dado, las personas que he conocido. El trabajo es la única adicción de mi vida”.