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Isla al Sur

Rostros del Varona

MAESTRA = AMOR

MAESTRA = AMOR

La profesora Norma Guillama Santamaría asevera que disfruta enseñar y que el Instituto Superior Pedagógico Enrique José Varona es parte inseparable de su vida.

Texto y foto:
RAIZA ARANGO MEDINA,
estudiante de primer año de Periodismo,
Facultad de Comunicación,
Universidad de La Habana.

Pocas son las personas que antes del triunfo de la Revolución tuvieron la oportunidad de visitar el antiguo Cuartel Columbia, pero menos aún quienes lo conocen en sus versiones para lo que fue construido y en lo  que ha devenido, centro educacional de referencia primera en Cuba. Norma Guillama Santamaría es una privilegiada por poseer esa dualidad.

Hoy recuerda sus pasos de niña por los pasillos del cuartel y comenta que no olvida momentos tan difíciles. Sin embargo, por más que insisto en que devele anécdotas personales, siempre recurre a un “no vale la pena ese pasado”. Lo que verdaderamente no olvidará jamás es su trayectoria por una Cuidad Escolar Libertad ya convertida ella en una profesional de la educación en Cuba.

Los inicios 

Norma no dudó cuando Fidel Castro convidó a una de las más grandes misiones protagonizadas por el pueblo: la pedagogía. Se unió a la tarea y hoy forma parte del claustro del Instituto Superior Pedagógico Enrique José Varona (ISPEJV), formador de numerosas generaciones de maestros.

La Morena -como jovialmente la conocen-, con 62 años se siente en plena capacidad para enseñar a las futuras generaciones. Tampoco olvida sus inicios como educadora y rememora con cariño los momentos que como maestra principiante vivió.

Sin haber tenido indicios de vocación alguna para el magisterio, se alistó en las filas alfabetizadoras del territorio habanero. Es así que, casi sin pensarlo, solo motivada por el cumplimiento del deber y la efervescencia revolucionaria de aquellos momentos históricos, decidió sumarse a la campaña educativa.

“Alfabeticé en la tierra que me vio nacer, Guanabacoa. Lo hice porque pensé que de ese modo estaba ayudando a mi país. Además, creo en acciones nobles como esas. Pero ahí no acabó todo.

“Después, cuando fui atleta del Equipo Nacional, sentí que llevaba cierta inclinación hacia el magisterio. Por cierto, mi profesora Cristi del Pilo me animaba mucho. Decía que yo tenía madera para ser una buena entrenadora y, sobre todo, una excelente maestra, porque poseía disciplina, una cualidad indispensable para la profesión”.

Norma siempre tuvo gran inclinación por los deportes. Desde chica, lo que más la cautivaba eran las piruetas en el aire y los difíciles saltos, aún cuando estos vinieran acompañados por dolorosas caídas. Como todo sueño infantil, el de ella se cumplió en cierta medida.

En la década de los años 70 logró ubicarse entre las mejores del mundo en la rama de Gimnasia Rítmica Deportiva, obtener en más de cinco ocasiones medallas de oro y colocarse en la preferencia de los seguidores de esa disciplina en nuestro país.

El Pedagógico

“Cuando comencé en el Pedagógico era entrenadora, no me había licenciado aún en ninguna especialidad. Fue en uno de los primeros Festivales de la Juventud y los Estudiantes cuando captaron a varios muchachos para ser profesores de Educación Física, por todas las condiciones que presentaban.

“Me esforcé y empecé a trabajar aquí con un grupo de clases diurnas y dos aulas para trabajadores. A los pocos meses comencé en la Facultad de mi especialidad y hago, hasta el sol de hoy, todos los trabajos metodológicos de la Gimnasia Rítmica Deportiva.

“En el año 1980, poco después de haberme retirado como deportista, llegué al Pedagógico por mediación de una amiga. Ella me explicó que estaban buscando profesoras de Educación Física con mis condiciones deportivas, pero necesitaba el título de licenciada para presentarme. Tanto se empeñó para que obtuviera la plaza, que hasta logró una entrevista con la decana del Pedagógico, en aquel entonces, Amelia Santos”.

-¿Y qué pasó?

Ella quedó satisfecha y me explicó que el Ministerio ofrecía una carta de autorización a quienes quisieran trabajar en centros educacionales, aunque no tuviesen título, permitiéndoles terminar sus estudios en cursos para trabajadores.

El cambio me costó muchísimo esfuerzo. La metodología que se empleaba en la docencia no era diferente a las técnicas que utilizaba como entrenadora, pero de todas maneras era un reto y le agradezco de todo corazón al Pedagógico por abrirme sus puertas.

El tiempo parece no alcanzarle a esta mujer y, aún así, obtuvo la Maestría en Educación Avanzada, asume la responsabilidad de atender la superación del Instituto Nacional de Deporte y Recreación (INDER) de Guanabacoa, el trabajo como instructora en la Escuela de Iniciación Deportiva (EIDE) capitalina y, además, es entrenadora del Equipo Nacional de Cuba de Gimnasia Rítmica Deportiva y Gimnasia Musical Aeróbica: “Con tantas obligaciones me estreso, pero reflexiono y reconozco que debo cumplir con todas las tareas. Eso nos toca hoy a los buenos revolucionarios”. 

En la actualidad, lleva consigo los mismos deseos por realizar con excelencia su profesión, y la asume con idéntico entusiasmo al de hace tres décadas atrás: “Pienso que los educadores actuales necesitan aprender mucho de la vieja escuela. Les falta rigor. Por momentos olvidan que emprenden una carrera donde, mientras más trabajo y formación se tenga, mejores clases se impartirán”.

Al hablar de las deficiencias que hoy enfrenta su disciplina, argumenta que una causa importante es el cierre de la Facultad de Cultura Física del Instituto: “Muchos de los pedagogos del centro estamos pidiendo su apertura, porque es indispensable contar con una cátedra para la formación de buenos profesionales”.

Actualmente esta materia se estudia en la Universidad de Ciencias Deportivas Manuel Fajardo. Allí se orienta a todos los maestros de la capital desde el punto de vista metodológico e investigativo. Es el único sitio -dentro de la Enseñanza Superior-, donde se imparten las asignaturas de la carrera.

A pesar de ser difícil para La Morena del Varona la labor diaria con los alumnos, aprendió a trabajar con ellos y sus diversas características: “Los estudiantes, por encima de todo, tienen que confraternizar con su mentor; crear la química alumno-educador con el fin de consolidar el trabajo. Se debe poseer una psicología exquisita que permita descubrir cómo poder en algún momento necesario, desempeñar el rol de padre o madre que todo buen maestro lleva en sí”.

Cuando el tiempo retorna

Tras tantos años impartiendo docencia, hoy descubre con frecuencia en clases a hijos y nietos de quienes fueron sus discípulos en el pasado: “Las sensaciones que se tienen cuando ves sentado en el aula al hijo de uno de tus alumnos es inexplicable. ¡Me siento protagonista de una trama que sólo yo puedo recordar! Eso es como una especie de regalo que me lleva necesariamente al compromiso de educar aún mejor a la nueva generación”.

-¿Qué la apasiona más: trabajar con niños o con jóvenes?

Disfruto enseñar. Me acomodo con facilidad a todos los grupos. Tanto los más pequeños como los mayores tienen siempre algo que brindar.

-¿Por qué la asignatura de Educación Física se imparte hasta en las universidades?

Para mantener el cuerpo y la mente en constante equilibrio. Además, ejercitar el organismo constantemente es de vital importancia para la salud general de los estudiantes, de ahí que cada centro educacional se preocupe. Específicamente en las universidades se hace imprescindible debido a que son los últimos años de la vida en que el cuerpo se desarrolla, por ello los profesores velamos por un armónico proceso de crecimiento.

-¿Ha pensado en la jubilación?

Nunca, ya debo hacerlo, pero no lo deseo. Desde que comencé la carrera de Cultura Física sabía lo largo y provechoso que sería el camino. Cuando doy clases olvido los problemas. Solo algo en la vida me pararía: la muerte. Y en eso no se piensa ni un segundo. Ahora lo que sí me gustaría es obtener la categoría de Profesor Consultante, sería una manera más de contribuir a las generaciones en formación.

Norma ha trabajado por más de 20 años en el Instituto Superior Pedagógico Enrique José Varona, y junto al resto del colectivo lo siente tan cercano como su propio hogar: “Creo que es uno de los mejores centros rectores de la educación en el país. Los profesores que pasan por aquí, egresan muy bien preparados y con un alto prestigio profesional”.

Norma Guillama no esperaba que sus anécdotas estuvieran en un libro. Su prioridad es impartir clases y hacerlo bien. Aunque sabe que la labor está llena de sacrificios, no decae ante los obstáculos. Prefiere que la recuerden como la enérgica mujer de la cátedra de Cultura Física.

De la misma manera, no tiene reparos si de enseñar se trata. Sus alumnos van desde los más chicos hasta los adultos, lo que la obliga a estar muy bien preparada para transmitir varios contenidos de su asignatura y mantener la atención de todos, “tarea más fácil que hablar de mi obra frente a una intrusa grabadora”.

-¿Cómo calificaría al Pedagógico con una sola palabra?

El Instituto Superior Pedagógico Enrique José Varona es parte inseparable de mi vida. Lo califico con la más grande y sincera de todas: amor.

Esta entrevista forma parte del libro en preparación Rostros del Varona, escrito como examen final del género por alumnos de Periodismo de la Facultad de Comunicación de la Universidad de La Habana, a propósito del aniversario 45 de la casa de altos estudios pedagógicos.

Ficha técnica:

Objetivo central: Descubrir cómo llega Norma Guillama al Pedagógico. Indagar sobre su paso por este. Profundizar en el trabajo de su departamento.

Objetivos colaterales: Reconocer su labor dentro del deporte cubano. Saber cómo asumió el cambio de centros de trabajo. Conocer si se siente satisfecha de la labor realizada hasta hoy.

Tipo de entrevista

Por sus participantes: Individual
Por su forma: Mixta
Por su contenido: De personalidad
Por el canal por el que se obtuvo: Contacto directo (cara a cara)

Tipo de título: De referencia al tema
Tipo de entrada: Referencial
Tipo de cuerpo: Mixto
Tipo de preguntas: 1-de indagación; 2-directa; 3-abierta; 4-directa; 5-directa y abierta
Tipo de conclusión: De opinión del entrevistado

Fuentes consultadas: Currículo de Norma Guillama Santamaría. Documental.

“MÁS QUE TIZA Y BORRADOR”

“MÁS QUE TIZA Y BORRADOR”

María Isabel Delgado Ortiz, vicerrectora de Extensión Universitaria del Instituto Superior Pedagógico Enrique José Varona, siente orgullo de una vocación que le nació del compromiso.

Texto y foto:

NELSON GONZÁLEZ BREIJO,
estudiante de primer año de Periodismo,
Facultad de Comunicación,
Universidad de La Habana.

Un maestro es siempre poseedor de buenas historias: “En una ocasión fui al hospital con mi hija enferma. Desesperada, como cualquier madre en esa situación, le expliqué al médico los síntomas de la niña. Él, después de examinarla, sonrió suavemente y me dijo en el acto: ‘¡María Isabel Delgado!, resulta que yo estudio Medicina gracias a sus clases  de Biología y usted ni siquiera me reconoce.”

Así recuerda el reencuentro con uno de sus incontables alumnos, esta profesora que pronto cumplirá 30 años de vida profesional. Aunque siempre se le ve ocupada, por esta vez decidió escurrírsele al tiempo para contar un poco de su historia que, según dice, pudiera aproximarse a la de muchísimos pedagogos de su generación.   

-¿Qué la motivó a vincularse con la pedagogía?

En 1972 una explosión de matrícula en la enseñanza secundaria básica, debida al triunfo de la Revolución, al crecimiento de la natalidad y a la Campaña de Alfabetización, provocó en este nivel un déficit de profesores difícil de resolver. Como respuesta a esa situación, el país creó el primer contingente del Destacamento Pedagógico Manuel Ascunce Domenech, en el cual no participé porque no tenía edad suficiente, pero al siguiente llamado en el curso 1972-1973, me incorporé.

Como casi todos los que nos vinculamos al programa, ya había seleccionado una carrera. Quería estudiar Química Industrial, pero la idea de ser maestra tampoco me desagradaba. Además, entendía la necesidad de profesores existente en aquel momento y el significado de esta profesión para el desarrollo del país.

-El Destacamento Manuel Ascunce Domenech constituyó un hito en la historia de la educación cubana. ¿Qué representó en su formación como pedagoga?

Fue una gran escuela. Era un régimen muy estricto y el tiempo apenas alcanzaba. Recibía las materias que me correspondían como estudiante del destacamento e impartía clases a alumnos de secundaria básica, aparte de todas las horas de estudio y preparación individual que exigen estas actividades.

Hoy día, cuando se analiza la historia de la educación en Cuba, el destacamento figura como el segundo proceso de grandes transformaciones en la enseñanza -solo precedido por la Campaña de Alfabetización-, razón por la cual es un motivo de orgullo para mí pertenecer a la generación de profesores que se inició en él.  

-Comenzó en la pedagogía desde muy joven. ¿Cree que estaba preparada para impartir clases?

Sí, aunque todavía recuerdo la primera vez que me presenté ante un aula: solo tenía 17 años. Mi mayor problema era que hablaba muy alto, pensaba que los últimos estudiantes no me escuchaban. Mi voz se oía en toda la escuela, claro, entonces no eran grupos como los de hoy, sino mucho más grandes. Por suerte, con la ayuda de los profesores y los jefes de cátedra aprendí a modular la voz.

También tenía otras dificultades. Recuerdo que nuestro metodólogo exigía que dibujáramos en la pizarra cuando fuera necesario para alguna explicación, pues a los biólogos siempre nos faltaban las láminas. Yo no conseguía dibujar nada por más que me esforzaba, así que tuve que buscarle una solución: llevaba ilustraciones hechas, casi siempre por algún compañero. Siempre era fácil encontrar alguien dispuesto a ayudar.

Por lo demás, creo que daba clases decorosas, con mucha falta de experiencia, pero decorosas. Eso depende en gran medida de la preparación, y esa parte la asumí sin ningún problema, era muy estudiosa.

-¿Cómo logra el desarrollo que marca actualmente su vida profesional?

La palabra de orden es sacrificio. Siempre existen dificultades; a veces tengo que ingeniármelas para no dejar nada atrás. Hay quien dice que el trabajo y la familia no van de la mano en una buena mujer, pero eso no es más que una idea machista. En mi caso, trato de llevar ambas cosas aparejadas y he tenido buenos resultados. 

Por otra parte, aprovecho todas las oportunidades. A mi generación se le dieron numerosas tareas, pero también muchas posibilidades de estudiar.

Cuando llegué aquí me asignaron la  asignatura de Microbiología. Esta comenzaba a impartirse dentro de un nuevo plan de estudios y nadie en el Instituto estaba capacitado para darla, así que comencé a prepararme en la Universidad de La Habana. De esa forma inicié mi trabajo en el Pedagógico.

Luego fui subiendo de categoría como profesora. En 1991 participé en la conformación del Plan de Estudios C, dentro del cual elaboré específicamente un programa de Microbiología que, a diferencia del anterior, integraba un gran número de contenidos y promovía más el estudio individual.

En el año 2000, expuse mi trabajo para el grado de Máster, y en 2005, la tesis de Doctorado en Ciencias Pedagógicas. En ellos defendí la importancia que tiene la investigación en microbiología y cuán necesario resulta la aplicación de los contenidos para aumentar el interés por la asignatura en los estudiantes.

-Paralelo a este desarrollo docente también llegaron nuevas responsabilidades…

Sí, en 1995 comencé como jefa del Departamento de Biología. Allí dirigí un grupo de excelentes profesionales, muchos de los cuales habían sido mis profesores. Esa fue mi prueba de fuego como dirigente. Luego fui ascendiendo gradualmente, hasta que en el año 2006 asumí la vicerrectoría de Extensión Universitaria, donde trabajo desde entonces.

-Su cargo actual implica una gran responsabilidad en la formación general integral de los nuevos profesores. ¿Qué acciones realiza el Instituto con ese fin?

La Extensión Universitaria tiene como objetivo llevar a los estudiantes una recreación sana que contribuya a su formación. Crear una cultura general integral en cada uno de nuestros educandos constituye una meta de nuestro sistema educacional, pero eso no se consigue de un día para otro. No solo influyen las actividades extracurriculares, sino que todas las asignaturas deben aportar su cuota para lograr un resultado positivo.

Desde nuestra posición organizamos actividades muy variadas: hemos ido a Playa Girón, al Cacahual, al lugar donde cayó Antonio Maceo en San Pedro. Aquí tenemos alumnos de todo el país y son muchos los que no conocen esos lugares de un interés histórico incalculable. Igualmente programamos copas deportivas, festivales de cultura y muchos trabajos que contribuyen a aumentar el interés por la lectura en los estudiantes.

Independientemente de lo que organiza la sede central, también orientamos a cada territorio aprovechar sus potencialidades. Tengo el criterio de que la mejor Extensión Universitaria es la que se hace desde el aula, aprovechando tanto las posibilidades materiales y concretas de la zona, como los intereses de ese grupo reducido de estudiantes. De esta forma es mucho más efectivo nuestro trabajo. El profesor tiene incontables herramientas: puede organizar una visita en grupo a un lugar interesante, pero puede también recomendar un libro, una película, una obra de teatro…

Además, tenemos la extensión extracurricular compuesta por todas las actividades que realiza el estudiante en su tiempo de recreación, las cuales también deben tener una intencionalidad. En estos momentos planeamos desarrollar las radiobases en las villas y residencias; ya existen, pero no se aprovechan todas las posibilidades que pueden brindar.

-¿Cuánto cree usted que influyan estas actividades en la formación de los nuevos profesores?

Si todos nuestros alumnos aprovecharan esos espacios, se lograría mucho, pero no siempre sucede así. Nosotros ni remotamente hemos logrado cuanto queremos. No estará completa la labor mientras el ciento por ciento de los estudiantes del Instituto no demuestre desde su proceder cotidiano que son personas educadas y cultas.

-En ocasiones se compara la imagen actual del profesor con la que tuvo décadas atrás y frecuentemente es el maestro de hoy quien lleva la peor parte. Desde su experiencia, ¿qué factores pudieran propiciar esta tendencia?

La sociedad es muy exigente con los maestros y nosotros mismos también lo somos. La imagen de los profesores de antes, cuando eran un grupito: media fina y tacones, las mujeres; los hombres de cuello y corbata, se aparta mucho de la imagen del pedagogo de hoy. Pero también debe tenerse clara la diferencia de contexto -económico y social- que impone este tiempo, del cual el maestro no deja de ser parte importante.

Por otro lado, creo que los medios de comunicación masiva no le ofrecen al educador el protagonismo necesario. No solo es una cuestión de reconocer el trabajo de nuestros profesionales, aunque no vendría mal, sino de ayudar a formar vocación e interés por la profesión.

-¿Cómo valora usted la situación actual del educador cubano?

El profesor de hoy es más que tiza y borrador. Aunque esta sea la más noble de sus funciones, no podemos dejar de reconocer que es también un investigador, un agente de la comunidad y de la sociedad en general. Siempre quedan insatisfacciones. Pienso que lo más significativo es que las aulas no han cerrado.

Existe una considerable polémica sobre la edad de los profesores, pero es válido recordar que el hecho de comprometer a la juventud con la pedagogía no es una idea de ahora.

Yo comencé con 17 años, como la mayoría de los que integramos el destacamento pedagógico en la década de los 70. Muchos de aquellos muchachos son actualmente experimentados profesores y, fuera de las desigualdades generacionales, lo único que nos diferencia de los maestros de hoy, es que en aquel momento no contábamos con la tecnología actual para contrarrestar la inexperiencia. Sin embargo, aún en esas circunstancias, logramos resultados.

Esta entrevista forma parte del libro en preparación Rostros del Varona, escrito como examen final del género por alumnos de Periodismo de la Facultad de Comunicación de la Universidad de La Habana, a propósito del aniversario 45 de la casa de altos estudios pedagógicos.

Ficha técnica:

Objetivo central: Revelar lo que significó el Destacamento Pedagógico Manuel Ascunce Domenech en la formación profesional de María Isabel Delgado Ortiz.

Objetivos colaterales: Informar las actividades que realiza el Instituto Superior Pedagógico Enrique José Varona para lograr una formación general integral en los nuevos maestros. Evaluar la situación actual del educador cubano en la voz de María Isabel Delgado. Resaltar la labor de esta profesora y mostrarla como un ejemplo para las nuevas generaciones de profesores.

Tipo de entrevista:

Por sus participantes: Individual.
Por su forma: De preguntas y respuestas.
Por su contenido: De personalidad.
Por el canal en que se obtuvo: Directa.

Tipo de título: De cita.
Tipo de entrada: Anecdótica.
Tipo de cuerpo: De preguntas y respuestas.
Tipo de preguntas: 1: informativa. 2: de exploración. 3: de opinión. 4: informativa. 5: de exploración. 6: informativa. 7: de opinión. 8: de opinión. 9: de opinión.
Tipo de cierre: Comentario del entrevistado

Fuentes consultadas:

Susana Morejón, compañera de trabajo. Fuente no documental.

LA EDUCACIÓN ES TODO

LA EDUCACIÓN ES TODO

Delci Calzado Lahera, Profesora Titular del Instituto Superior Pedagógico Enrique José Varona, es una enamorada de la Revolución.

Texto y foto:

KATHERINNE DÍAZ PÉREZ,
estudiante de primer año de Periodismo,
Facultad de Comunicación,
Universidad de La Habana.
 
Para el  viernes quedó acordado el encuentro en el hogar de Delci Calzado Lahera, Profesora Titular del Instituto Superior Pedagógico Enrique José Varona. Al llegar, me recibió con una sonrisa y una pregunta inquisitiva: ¿Cómo es la entrevista? Le respondí: Usted contesta las preguntas que traigo. Entonces, de repente, me conminó: ¿Ya comenzamos?

-Usted nació en 1949, antes del triunfo de la Revolución. ¿Su familia pudo asumir económicamente sus estudios primarios y secundarios en escuelas privadas?

Nací en Palma Soriano, un pueblecito de Oriente. Mi familia era muy humilde. Recibí las primeras clases en la escuela pública Las seis aulas. La imagen de aquel edificio viejo de madera nunca se borró de mi memoria. Las paredes no llegaban al techo, pero había una disciplina tan férrea que solo se escuchaba la voz del profesor del otro lado.

En aquellos momentos, para hacer la secundaria había que ir a Santiago de Cuba, capital de las provincias orientales, pagar el colegio -como le decían- y el hospedaje. No podía soñar con eso, mis padres no tenían el dinero y, además, éramos dos hijas.

-Los años 1957 y 1958 fueron difíciles. Ocurrieron huelgas y manifestaciones en oposición a la dictadura sanguinaria de Fulgencio Batista. ¿Qué hizo su familia en medio de esa situación?

La vida empeoró cada día más. Mis padres no encontraron trabajo en el pueblo,  mi hermana y yo éramos pequeñas. Entonces, nos mudamos para un bohío próximo al Central Palma que estaba cerca de una línea de ferrocarril. Nuestro entretenimiento principal era comer las cañas que caían de los vagones cuando pasaban por allí.

-¿Podría describir qué fue lo más significativo para usted en esos dos años?

El enfrentamiento armado que hubo en los últimos días de 1958,  entre el Ejército Rebelde y los soldados de Batista, cuando los barbudos -así llamábamos a los alzados con Fidel en la Sierra Maestra- tomaron el central y, luego, la ciudad de Palma Soriano.

Para ese ataque, habíamos preparado unos hoyos debajo de la tierra, llamados chemices. Quedaban cerca del jardín para refugiarnos cuando bombardeaban. Los techos estaban cubiertos con cualquier tipo y cantidad de materiales, además, tierra. Han pasado 51 años, y tengo en la memoria los gritos de un tío: “¡Ay, mamita, los tanques!”,  las avionetas y el tiroteo.                  
                    
Revolución, desarrollo y mucho más

Delci Calzado estudió en la secundaria básica Ramón Campas, en Palma Soriano. Se hizo profesora de Biología, luego, de Pedagogía y Psicología gracias a su esfuerzo y, principalmente, a la Revolución: “Era una guajirita semianalfabeta. En mi casa no había televisor, ni radio. Estaba incomunicada con el mundo. Ahora, soy Doctora en Ciencias Pedagógicas, he viajado a varios países y tengo una preparación cultural. Para mi la Revolución significa todo”.
 
Tiene en la obra de infinito amor, como nuestro Héroe Nacional calificó a la enseñanza, 30 años de experiencia. Por los resultados de su trabajo y la dedicación que demuestra en este, ha recibido varias condecoraciones y distinciones, entre ellas, la José María de Mendive, la José Tey, Por la Educación Cubana y el Premio del Ministro.

En la actualidad es presidenta de la Cátedra Honorífica de Didáctica y Pedagogía, de la cual nunca se ha separado en todos estos años porque afirma que le da un placer inmenso la investigación sobre temas relacionados con dicha ciencia.

-¿Cómo surgió la Cátedra Honorífica de Didáctica y Pedagogía? 

Empezó como un grupo de desarrollo en 1990. Los profesores se integraron voluntariamente y los dirigía la profesora Fátima Addine Fernández, jefa del Departamento en la Facultad de Pedagogía del Instituto Superior Pedagógico Enrique José Varona. Ella siempre nos impulsó a estudiar y a superarnos.

-¿Podría explicar qué es la Didáctica y a qué se dedica?

Se resume como la ciencia y el arte de enseñar a aprender. El objeto de investigación es la dirección del proceso de enseñanza-aprendizaje. Su propósito fundamental es guiar a los maestros para contribuir a que los estudiantes aprendan de forma independiente, y resuelvan sus problemas cognitivos y afectivos. Esto es necesario para que ellos alcancen niveles superiores de desarrollo de su personalidad en todas las actividades, que deben ser creadoras y transformadoras.

Para cumplir sus intenciones, dicha ciencia está basada en principios como el carácter científico y educativo, la atención individual en el trabajo colectivo, la unidad de la teoría y práctica, entre otros. Estos son muy importantes en el proceso para contribuir a la formación integral del estudiante  y a su interacción con la sociedad.

-¿Qué acciones realiza la Cátedra para desarrollar los conocimientos de la didáctica, que es uno de los objetivos principales en la formación de docentes?

Nos planteamos tareas de investigación, para lograr una producción científica en este campo. Estudiamos épocas y momentos históricos cruciales, así como los aportes de educadores destacados del siglo XVIII, XIX y XX. Algunos de ellos son Félix Varela, el hombre que nos enseñó en pensar; José Martí, defensor de la educación para toda la vida; Raúl Ferrer, Hijo Ilustre de Yaguajay y maestro de gran prestigio; Alicia Alonso, Prima Ballerina Assoluta de Cuba y Alcides Sagarra, fundadores de las escuelas cubanas de Ballet y de Boxeo, respectivamente. También profundizamos en los problemas del desarrollo actual y futuro de esta ciencia.

La “profe”, como sus alumnos la llaman con cariño, responde detalladamente las preguntas sobre el tema, porque sabe que es difícil y complejo para alguien que no es especialista en dicha ciencia. Para entender mejor esos asuntos, propone leer el libro de Didáctica, Teoría y Práctica, porque es el más actualizado.
 
Vivencias para no olvidar

El primer lugar donde Delci Calzado sintió el intercambio con los alumnos fue en Ciudad Escolar Camilo Cienfuegos, en el Caney de las Mercedes.  Con una sonrisa expresa: “La creó el Señor de la Vanguardia en la región oriental, por eso lleva su nombre. Trabajar allí me sensibilizó mucho porque los estudiantes eran hijos de personas muy pobres, de campesinos que vivían en las montañas de la Sierra Maestra”.

En menos de dos años llegó a ser Coordinadora General de Biología en las nueve unidades de estudio y secretaria general del Comité de Base de la Unión de Jóvenes Comunistas (UJC). Por su buen desempeño mereció la oportunidad de una beca para estudiar Pedagogía y Psicología en el Instituto Superior Pedagógico Vladimir Ilich Lenin, de Moscú.

-¿Cómo debía ser el comportamiento de los estudiantes cubanos en el extranjero?

Íbamos con la idea de conservar el prestigio que teníamos. Había un código disciplinario y en el colectivo estudiantil, así como en el Comité de Base de la UJC, se analizaba fuertemente la actitud de cada uno.

Los exámenes, desde el Pedagógico, eran de dignidad. Los profesores se iban del aula y nos dejaban respondiendo las pruebas. El fraude no existía. El que cometía esa falta lo expulsábamos nosotros mismos. En el grupo había una peruana y una búlgara, al principio se ponían bravas porque no las ayudábamos a contestar las comprobaciones de conocimientos.

La profesora narra las experiencias de cinco años inolvidables y recuerda las picardías de la juventud: “Una vez viajé, de regreso a Rusia, en barco. Fue un espectáculo enorme para una guajirita de Oriente. Navegué 18 días. Todo fue diversión y alegría: hacían bailes, fiestas, carnavales marítimos. Además, conocí toda la parte del Mar Mediterráneo, el Estrecho de Gibraltar, las costas de los continentes africanos y europeos, el Mar Negro hasta llegar a la ciudad de Odessa, donde desembarqué por primera vez”.

Afirma que lo más malo y lindo fue el frío, porque era lo desconocido: “Hay una período en Rusia que la nieve se pone sólida y resbala como un jabón. Jugué en el hielo con mis amigos y muchas veces nos caíamos. Ahora veo las fotos y las filmaciones de esos momentos y me río. La etapa de estudiante es maravillosa”.

Instituto de formación y amor

Prestó servicios en varios centros de formación de docentes en educación superior, entre ellos, el Instituto Superior Pedagógico de Lenguas Extranjeras: “Laboré en diferentes lugares y la vida me condujo al Varona, pedagógico que me graduó en 1970 como profesora de Biología”. 

Considera que trabajar en el Instituto, como Pedagógico de referencia del país y en la única Facultad de Pedagogía de Cuba, es un privilegio que no puede dejar de reconocer, por su significación en el desarrollo de dicha ciencia y en su formación personal.

-¿Qué representan sus alumnos para usted?

Es bonito sentir la respuesta positiva, el afecto, la sonrisa de los estudiantes y el cariño cuando nos reconocen por la calle, a pesar de los años. Mucho más cuando eres madre. Piensas que son tus hijos y tratas de sobreprotegerlos. Ellos te recuerdan el apego al trabajo y el esfuerzo constante que lleva esta labor. Hay momentos críticos en la vida, pero siempre evoco lo agradable para buscar un equilibrio psicológico, y continuar trabajando hasta que la salud me lo permita.

No solo ha brindado conocimientos y amor a estudiantes cubanos, sino también a colombianos, brasileños, bolivianos, venezolanos, como parte del Programa de Superación de Intercambio Científico y Profesional de maestros:  “Es un convenio que hay entre Cuba y América Latina, para dar un título académico, de nivel superior, a los profesores de esos países”.

-¿Cómo percibe el nivel cultural de los estudiantes en los países que ha visitado?

De forma general, es más bajo. Hay niños haciendo colas en las puertas de las escuelas, esperan que haya alguna capacidad para poder entrar. Es penoso ver muchachos deseosos de estudiar y que no tengan posibilidades.

Impresionada por la realidad de muchos lugares, explica cómo respetan y reconocen la calidad del profesor cubano: ”Posibilitan el intercambio, la comunicación afectiva cuando trabajan, tienen una cultura general y científica reconocida por todos, además que son representantes de un sistema educacional que ha tenido logros significativos en América Latina y el mundo, como la eliminación del analfabetismo, tener materiales docentes gratuitos y, principalmente, una educación al alcance del pueblo”.

-¿Podría narrar alguna experiencia imposible de olvidar?

En la actividad de cierre de curso con los estudiantes colombianos, en 1999, me dieron un mensaje de agradecimiento que no esperaba. Alguna de sus líneas son: “Día tras día nos ha dado tanto (...), no solo los conocimientos necesarios para enfrentar al mundo, sino también, las semillas de los más grandes y nobles valores morales. Y ahora, que ha llegado el momento de la despedida, no podríamos dejar de expresarle nuestra más sincera gratitud, por todo lo que tan generosamente nos ha brindado. Le deseamos éxitos y reiteramos que siempre tendrá nuestro recuerdo agradecido”. Esto lo recibí con gran amor; a ellos los llevaré siempre en mis recuerdos.

Esta entrevista forma parte del libro en preparación Rostros del Varona, escrito como examen final del género por alumnos de Periodismo de la Facultad de Comunicación de la Universidad de La Habana, a propósito del aniversario 45 de la casa de altos estudios pedagógicos.

Ficha Técnica:

Objetivo Central: Reconocer la labor de 30 años en la educación de Delci Calzado Lahera y ahondar en su trabajo en la Cátedra de Pedagogía y Didáctica.

Objetivos Colaterales: Conocer su valoración de la Educación Cubana y latinoamericana. Investigar y precisar momentos relevantes en su vida antes del triunfo de la Revolución, sus estudios en la URSS y su trabajo en el Varona. Conocer anécdotas interesantes de los viajes a países latinoamericanos.

Tipo de entrevista:

Por sus participantes: Individual
Por su forma: Mixta
Por su contenido: De personalidad
Por el canal que se obtuvo: Encuentro directo

Tipo de título: Genérico
Tipo de entrada: Anecdótica
Tipo de preguntas: 1-Directa; 2-Directa; 3-Directa; 4-De información; 5.-De exploración; 6-De información; 7.-Abierta; 8-Abierta; 9-Polémica; 10-Abierta.
Tipo de cierre: De comentario del entrevistado.

Fuentes Consultadas:

Nereida Cruz Teja, Secretaria General del Consejo Científico de la Facultad de Ciencias de la Educación.

María Elena Sánchez-Toledo, Profesora de la Facultad de Ciencias de la Educación.

Rosa María Masó, Decana de la Facultad de Ciencias de la Educación.

María Dolores Cruells, Profesora del Departamento de Pedagogía de la Facultad de Ciencias de la Educación.

SENTIRSE MAESTRO TODOS LOS DÍAS

SENTIRSE MAESTRO TODOS LOS DÍAS

“No existe para mí una actividad laboral que no esté vinculada al Instituto Varona”, afirma la pedagoga María Concepción Basanta.

Texto y foto:
JAVIER RAÚL ORTIZ HABER,
estudiante de primer año de Periodismo,
Facultad de Comunicación, Universidad de La Habana.

El acto estaba planeado desde hacía más de una semana y ella fue la última persona en saber por qué la habían invitado. Pensó que se trataba de algún malentendido y solo se enteró poco antes de que la medalla estuviera en su pecho.

Asombrada, y conteniendo en sus ojos lágrimas de alegría, la Doctora María Concepción Basanta, junto con otros profesores del Instituto Superior Pedagógico “Enrique José Varona”, recibió, a unos minutos de concederme esta entrevista, el reconocimiento más alto que entrega el Consejo de Estado a los pedagogos cubanos: la Orden Frank País de Segundo Grado. Ya posee la Orden Pepito Tey, por lo que no esperaba otra distinción.

“Yo no creo que alguien pueda trabajar pensado en galardones. ¿Te imaginas qué difícil sería una vida condicionada a que te entreguen una condecoración? Eso no es un vivir”, dice.

De estudiante de Pedagogía a decana de la primera Facultad de Profesores Generales Integrales (PGI), Conchita, como la llaman sus colegas, ha pasado  tres décadas de su vida en los pasillos del Instituto Varona. Especializada en Comunismo Científico y madre de dos varones, da clases desde los 16 años. Sus diversas responsabilidades nunca le han servido de pretexto para alejarse de las aulas.

-¿Cómo se convirtió en la primera decana de la Facultad de Profesores Generales Integrales (PGI) de Secundaria Básica?

A partir de mi incorporación al Varona ocupé diversas responsabilidades: fui decana de la Facultad de Humanidades, vice-decana docente de la de Ciencia Sociales y jefa de varios departamentos. Cuando en el Instituto se creó la Facultad de PGI para Ciudad de La Habana, se me asignó la tarea. Pienso que quizás haya pesado en esa decisión mis antecedentes de dirección, y que durante tres años fuera responsable del grupo multidisciplinario que atendía las transformaciones en Secundaria Básica, por lo que tenía un acercamiento a las particularidades de esa enseñanza.

-¿Qué dificultades tuvo que enfrentar?

Al asumir esa responsabilidad me sentí tan emocionada y tensa como cuando recibí la Orden Frank País. Aunque había ocupado cargos de dirección anteriormente, esta era una tarea de mayor connotación y con una cuota de responsabilidad muy elevada, porque estaba asociada a un cambio sustancial en la secundaria básica, una nueva forma de asumir la docencia en este nivel de enseñanza.

Por suerte, tuve un excelente colectivo de dirección. Lo mucho o lo poco que se pudo lograr fue resultado de un trabajo colegiado, porque quien dirige pensado que todo se logra gracias a él, está tan equivocado como él que piensa que con llegar y hablar es suficiente.

La experiencia con los PGI me enriqueció de muchas formas. A pesar de la buena asesoría y la prioridad que teníamos, el primer año fue difícil. Fueron tres cursos que me abrieron una dinámica de trabajo distinta a la que usualmente se desarrolla en la dirección de una facultad universitaria. Mis funciones como decana iban más allá del proceso académico, investigativo y laboral: incluía también la atención a la vida de 5 mil estudiantes de todo el país que vivían en las residencias estudiantiles.

-¿Al asumir el Decanato, cuál era la meta a alcanzar y cómo juzga los resultados ochos años después?

El principal objetivo era lograr la generalización de una experiencia que había tenido un primer momento con Los Valientes. Era, sencillamente, garantizar la preparación integral de estos profesores en formación, y ayudarlos a comprender que eran responsables de un nuevo modelo para la Secundaria Básica.

Yo, en más una oportunidad, les dije que no me imaginaba a mí misma impartiendo todas las asignaturas en ese nivel de enseñanza. Aunque apoyados por el televisor y el vídeo, es un reto muy grande. Es posible que no poseyeran todo el dominio de la maestría pedagógica, pero se preparan, y yo vi muy buenas clases impartidas por ellos.

Hoy existen algunos maestros emergentes que son directores de escuela. Sé que hay un criterio de que son muy jóvenes y no tienen suficiente pericia, sin embargo, pienso en varios casos y sé que pueden hacerlo. Además, de no existir los PGI, cómo se le hubiese explicado a la población que sus hijos no pueden estudiar por un déficit de profesores.

-¿Ve la formación de PGI como una solución viable?

Sí. Amen de la creencia individual que yo pueda tener, la práctica lo corrobora. Sin embargo, no se puede edulcorar la realidad. Hay que revisar y criticar muchos elementos.

Debe lograrse un mejor proceso de captación. Hay personas que no reúnen los requisitos elementales para ser educadores y en ese sentido hay que rescatar la idea de que no todos pueden ser profesores. Hay que trabajar para que quien opte y se incorpore a la carrera pedagógica sea una persona comprometida y sienta amor por la profesión.

Además, ellos necesitan atención para adquirir una cultura más integral en su preparación y así puedan ser portadores de los mejores valores que deben caracterizar a un ser humano. Los PGI merecen más reconocimiento, pues cada profesor es responsable del futuro de la sociedad.

-¿Son los profesores emergentes esos evangelios vivos que anhela Fidel?

El sentido de evangelio vivo, asociado a uno de los padres fundadores de la Pedagogía cubana, tiene que conceptualizarse para poderse entender. Yo creo que sí, están en ese camino. Pero no es algo que se logre de una vez: es el resultado de un proceso acumulativo. Hay algunos que han tenido muy buen desempeño, y se han incorporado a modalidades de superación posgraduada, que hoy hacen la maestría o el doctorado, y que, por encima de todo, les gusta su profesión.

-¿Por qué la Pedagogía?

Mientras cursaba el décimo grado se lanzó la convocatoria del segundo contingente del Destacamento Pedagógico Manuel Ascunce Domenech. Como era presidenta de la Federación de Estudiantes de la Enseñanza Media en mi escuela, nadie tuvo que decir que diera el paso el frente. No creí ético convocar a la gente si me excluía, y me incorporé al Destacamento por la asignatura de Historia.

A veces les he dicho a mis estudiantes que nunca pensé dedicarme a la enseñanza, pero tampoco rechazaba la idea. Inicialmente, sentía inclinación hacia la Medicina, particularmente por Pediatría. No obstante, muchos años después de haber dado la primera clase, no me arrepiento. Me encanta ser profesora, estar frente a un aula, junto a los alumnos.

-¿Por qué se especializó en Comunismo Científico?

Al concluir la carrera fui seleccionada para reorientarme en los estudios de la Licenciatura en Comunismo Científico, en un curso nacional de dos años de duración. Estaba previsto que, al concluir ese período, me quedara trabajando en el Varona.

Durante ese tiempo, comencé a sentirme identificada con el departamento en que se impartían las disciplinas de corte filosófico. Por eso, al graduarme, asumí la asignatura de Lógica Formal, después Lógica Dialéctica, y otras asociadas a ese campo. Aunque es mi especialidad, yo nunca he impartido Comunismo Científico.

-¿Cómo recuerda su primera clase en el Varona?

Con esa pregunta me traes a la memoria un libro de Isabel Allende que leí, llamado Paula. En el prólogo, la autora narra la historia del miedo que sintió la primera vez que la invitaron a un baile y el consejo que le dio su padre para poder erradicarlo: “No tengas miedo. Los demás tienen más miedo que tú.”

En el  curso 1980-1981, mi primero como profesora en el Instituto, di clase el primer lunes, en el primer turno e impartiendo Lógica Formal, una asignatura compleja, que aborda esencialmente el pensamiento y su desarrollo. Tenía lógicos temores de cómo iba a ser, porque era enseñanza universitaria. El contenido lo tenía incorporado, pero, en el sentido metodológico, no lo suficientemente claro para su impartición. Recuerdo que en esa aula descubrí el modo perfecto de hacerlo y, desde entonces, nunca lo he abandonado.

Ahora tengo la satisfacción de tener colegas en el Instituto que fueron estudiantes míos durante esa época. Recuerdo con mucha alegría aquel primer curso escolar.

-¿La clave para formar un buen maestro?

Amor y compromiso. Ese es el punto de partida en este trabajo. Es muy importante que nosotros, los formadores de profesores, estemos identificados con la labor que realizamos. El estudiante debe sentir que quien le da clases ama su profesión y procura una correspondencia entre lo que dice y lo que hace, porque, de lo contrario, se le brinda un modelo deplorable.

-¿Por qué se mostró tan escéptica cuando recibió la Orden Frank País?

Me emocioné mucho. Siempre he sentido mucho respeto para las personas que reciben cualquier tipo de reconocimientos, pero en especial por la Orden Frank País. ¡Yo no he hecho nada! No me veo a mí misma como alguien que merezca esa distinción, porque solo hice trabajar. Conozco personalidades del Varona que alcanzaron esa Orden, y yo soy solo una profesora, que temporalmente ha tenido una responsabilidad.

-¿Qué es para usted el Instituto Enrique José Varona?

No existe para mí una actividad laboral que no esté vinculada al Instituto Varona. Toda mi vida profesional se asocia al Pedagógico, con sus cosas buenas y malas, pues yo también soy responsable con mi contribución a lo positivo y a lo negativo. Lo que hoy soy, es resultado de ese lugar.

Empecé aquí apenas con apenas 16 años y ahora tengo 51. Trabajando formé mi familia, tuve mis hijos, he transitado por diferentes categorías docentes. Aquí tuve y tengo excelentes profesores, que son hoy mis colegas, pero que, de cierta forma, siguen siendo mis maestros.

-¿Cómo describiría su profesión?

Como un reto constante. El camino de esta profesión no es fácil y hay que entregarse bastante a ella, pero si la rueda de la historia retrocediera, yo asumiría conscientemente volver a ser pedagoga, pues todo lo que he logrado en la vida es por esta profesión. Me duele muchísimo cuando alguien habla mal de un educador, porque nosotros también nos equivocamos, como lo hace cualquier persona.

Uno debe sentirse maestro todos los días. Por eso yo siempre seré una profesora. No pienso jubilarme y solo dejaré de impartir docencia cuando las condiciones no me lo permitan.

Esta entrevista forma parte del libro en preparación Rostros del Varona, escrito como examen final del género por alumnos de Periodismo de la Facultad de Comunicación de la Universidad de La Habana, a propósito del aniversario 45 de la casa de altos estudios pedagógicos.

FICHA TÉCNICA:

Objetivo central: Profundizar sobre su experiencia como Decana de la Facultad de PGI del ISPEJV.

Objetivos colaterales: Obtener información sobre la vida profesional de la profesora María Concepción González Basanta y su experiencia laboral en el Instituto Superior Pedagógico “Enrique José Varona” (ISPEJV).

Tipo de entrevista:

Por los participantes: Individual
Por su forma: Clásica
Por su contenido: Biográfica y de opinión
Por el canal que se obtuvo: Directa

Tipo de título: Cita textual o declarada
Tipo de entrada: Anecdótica
Tipo de cuerpo: Clásico
Tipo de preguntad: 1: Directa; 2: Directa; 3: Abierta; 4: Directa; 5: Abierta; 6: Abierta; 7: Cerrada; 8: Cerrada; 9: Abierta; 10: Directa; 11: Abierta; 12: Abierta.
Tipo de conclusión: Comentario de la entrevistada

Fuentes consultadas: Currículo de la entrevistada.

LA MARTIANA

LA MARTIANA

 

 

“El maestro constituye el pilar de la sociedad, su obra está presente en cada estudiante que haya formado”, aseveró la profesora Juana Lidia Orille Ascuy.

 

 

Texto y foto:
ARIANNA CEBALLOS GONZÁLEZ,
estudiante de primer año de Periodismo,
Facultad de Comunicación,
Universidad de La Habana.

Juana Lidia Orille Ascuy, Doctora en Ciencias Pedagógicas y Profesora de Mérito del Instituto Superior Pedagógico Enrique José Varona, perdió prácticamente el nombre y se convirtió para muchas personas en La martiana. Su encomiable labor como maestra y divulgadora de la vida y obra del Apóstol avalan el apelativo.

“Me considero una estudiosa de Martí. Traté de proyectar toda mi existencia en función de lo que él nos legó, y transmitir esas enseñanzas a los demás.”

A pesar de haberse jubilado hace años, las puertas de su casa siempre están abiertas para quienes precisen de los conocimientos y experiencias que posee en el campo de la educación. La Doctora confiesa que cuando comenzó sus estudios en la Escuela Normal para maestros de La Habana, aún no estaba segura sobre su decisión de ser profesora, pero que en ella influyeron diferentes factores que contribuyeron a su deseo de continuar.

“Definió mi vocación por el magisterio que cuando estaba en segundo año de la Normal, mis compañeros y yo realizábamos las prácticas de observación a partir de una clase dada por la profesora, y mirábamos cómo se desenvolvían y comportaban los estudiantes.

“Durante una clase que impartía una compañera ocurrió una indisciplina. Ella, que no tenía experiencia, el recurso que encontró fue poner de pie a los alumnos. Pero fue peor la solución, pues los muchachos comenzaron a tirarse la corbata del uniforme como si fuera una pelota.

“Observé todo aquello y me dije: ¿Qué voy a hacer cuando me toque trabajar con ellos?, pero me di cuenta de cuál era el líder, y durante el receso conversé con él.

“Me percaté que gracias a eso logré en cierta medida un cambio en su conducta. Ahí fue donde comprendí el papel del maestro: modificar para bien al educando, a partir de conocerlo. Siempre tuve muy clara una sentencia de un pedagogo de aquella época que decía que al niño para educarlo había que amarlo, pero para amarlo había que comprenderlo y para comprenderlo había que conocerlo. Esa ha sido siempre mi divisa. El maestro, por encima de todo, tiene que proponerse dejar huellas positivas en sus alumnos.”

-¿Recuerda con especial cariño alguno de los profesores que tuvo en la Normal?

En primera instancia la Doctora Dulce María Escalona, porque influyó en mi vida profesional y ciudadana; por sus ideas, valores y principios. Fue vanguardia en los aspectos de la educación, meditó siempre a favor de los pobres, era intransigente con ella misma y con lo mal hecho, no admitía adulonerías. Buscaba siempre que uno hiciera sus propios análisis. Decía que la disciplina se impone y después se concientiza.

La figura del Apóstol en Lidia

“Mi interés por Martí no despertó desde edades tempranas, lo que hoy sabemos de él, ni remotamente se conocía en 1940, apenas lo estudié en la escuela. Sabíamos que había escrito La Edad de Oro, Los Zapaticos de Rosa, pero no más.

“En cuarto año de la Normal, en el segundo semestre, dimos literatura cubana. Por esa fecha, la profesora Carolina Poncet, quien impartía la asignatura, estaba de licencia, por lo que vino una maestra a sustituirla: Sira Soto.

“Ella llegó con una innovación, no nos dio una sola clase, distribuyó las distintas figuras históricas que debíamos estudiar. Cada equipo tuvo que hacer un trabajo de investigación para después exponerlo en el aula. Nosotros lo hicimos sobre la oratoria martiana. El tema nos puso en contacto directo con su obra, no con lo que alguien dijera sobre él, sino con lo que expresaba el propio Martí.

“Después de terminar la Normal, comencé a trabajar en el año 1946 en Regla. Una compañera de otra escuela, conocía la existencia de un seminario sobre Martí, que daba gratuitamente una vez por semana el profesor Gonzalo de Quesada y Miranda, en la Universidad de La Habana. Inmediatamente me inscribí.

“Quesada era hijo de Quesada y Aroste, el discípulo predilecto de Martí, a quién le orientó en su testamento recoger todos sus papeles, e inclusive le dio indicaciones de cómo debían publicarse. La mayor parte de esos documentos los tenía Carmen Millares, la madre de María Mantilla.

“Anteriormente, en 1941, los graduados de ese seminario decidieron hacer una asociación de ex alumnos. En 1948 pasé a formar parte de ésta y ahí es donde empecé todo mi trabajo acerca de la figura del Apóstol. Tan pronto ingresé en el grupo, me propusieron como secretaria de la Comisión de Educación.

“Alrededor de 1950 comenzó a gestarse la idea de la construcción de la Fragua Martiana, la cual se inauguró el 28 de enero de 1952. Ella pasó a ser sede y museo de la Asociación.

-¿Cómo conoció a María Mantilla?

Ese mismo año realicé un viaje de excursión a California, Estados Unidos, durante el cual, y por encargo de Quesada, le entregué a María Mantilla una carta de invitación por los actos del centenario del nacimiento de Martí. Al entrevistarme con ella percibí que era una persona encantadora.

-Desde junio de 1952 a junio de 1953 usted fue presidenta de la Asociación de ex alumnos. ¿Qué actividades se organizaron para conmemorar el centenario del nacimiento de Martí?

Surgió la idea de poner un busto en honor a él en el Turquino. Se develó el 21 de mayo de 1953.  Fue algo extraoficial, por parte de la propia Asociación con el Instituto de Espeleología, del cual era delegado en Santiago de Cuba, Manuel Sánchez Silveira, padre de Celia Sánchez Manduley. La historia se tergiversó mucho, hasta el punto de decirse que ella y su padre pusieron el busto de Martí en el Turquino. Silveira pidió a Quesada que Celia formara parte de la expedición.

Ella, su padre y otras personas subieron al Turquino, al llegar a la cima develaron el busto. Celia sirvió de guía, porque conocía esa zona.

-¿Por qué usted no estuvo directamente cuando se develó el busto?

No subí por cobarde, le tengo terror a las alturas, no quise ser un impedimento, así que me quedé en el llano con Quesada y otras personas, despedimos a la expedición en Santa Ifigenia. Tuve el privilegio de entregar la bandera que se izó. Siempre digo que la doctora Escalona me hizo maestra, y Quesada, martiana, gracias a los dos resulté ser una maestra martiana.

-En 1962 comenzó a dirigir la escuela Felipe Poey, anexa a la Facultad de Pedagogía de la Universidad de La Habana. ¿Qué significó para usted?

Todo, fueron doce años. La doctora Escalona fue la iniciadora del proyecto de hacer ese tipo de escuela de la que no se tenía referencia alguna en Cuba. Abarcaba desde preescolar hasta noveno grado. La Anexa dejó grandes memorias, se aplicaron teorías pedagógicas muy avanzadas. Se vinculó el estudio con el trabajo, nuestros alumnos fueron los primeros en participar en la actividad agrícola.

Lidia Orille comenzó a trabajar en 1964 en el Instituto Superior Pedagógico Enrique José Varona. A partir de entonces, ocupó diversas responsabilidades, laboró desde Profesora Principal hasta Vice Decana del Departamento de Pedagogía-Psicología: “La escuela Felipe Poey se anexó al Instituto. Yo, como directora de dicho centro, pasé a trabajar al Pedagógico. Considero esos años los más fructíferos de mi vida.”

-¿Cómo piensa usted que ha influido el Varona en la educación en Cuba?

Considero que el Varona ha tenido una gran influencia en una buena parte de la educación cubana y la prueba está en los resultados. Pienso que todavía al Pedagógico no se le ha reconocido lo que ha hecho en estos 45 años que lleva de fundado.

La doctora colaboró en la creación de la televisión escolar como tele profesora. Impartió la asignatura de Ciencias para maestros de cuarto y quinto grado: “El objetivo era ofrecer recursos metodológicos para que esos profesores tuvieran un mayor nivel de identificación con los alumnos. Las clases iban acompañadas de tabloides.”

-¿Qué tareas le asignaron cuando colaboró como asesora técnica de las comisiones para la Campaña de Alfabetización?

Me orientaron asesorar en la ciudad sobre el manejo de la cartilla. En esos momentos no disponía de mucho tiempo, pues trabajaba dando clases en televisión.

-Hace algún tiempo se desarrollan cambios en el sistema educativo cubano. ¿Qué opina acerca de los mismos? 

Hay tela por donde cortar. Deben hacerse cambios, pero pienso que hemos perdido, sin darnos cuenta, la formación sistemática del maestro, que es lo que garantiza su calidad. Al mismo tiempo, hay que asesorar a esos futuros profesores, la vocación sola no es suficiente. Cualquiera puede enseñar en un momento dado, pero la labor formadora del maestro tiene que sustentarse en conocimientos científicos, pedagógicos y sicológicos. El uso del video no es malo, constituye una necesidad, pero no deja de ser cierto que se hace exageradamente. Eso te informa, no te forma.

-¿Cuánto representó el Doctorado para usted?

No hice doctorado. Soy doctora en Ciencias Pedagógicas por la única vez que se concedió esa categoría, es decir, por línea directa.

-Usted tiene tres publicaciones, ¿qué temas abordó en ellas?

Martí y el amor, es un folleto de una conferencia que yo realicé y que posteriormente el Instituto reprodujo. En ella se muestran una serie de reflexiones a partir de una frase del Apóstol que expresa: “Decimos al odio, detente, decimos al amor, avanza. Dulce María Escalona: maestra de maestros, es un esbozo de una biografía a su persona. Por último escribí La Ética Pedagógica, donde hago una ponencia sobre el tema.

-¿Cómo definiría, en pocas palabras, quién es Juana Lidia Orille?

Una maestra, que a sus 85 años se siente completamente realizada en la profesión y en la vida, la falta de hijos la ha suplido los estudiantes. El alumno es la arcilla, de acuerdo a cómo se vaya moldeando, así va a salir. La belleza del magisterio está, precisamente, en que esos estudiantes, al partir, te recuerden, por las huellas que en ellos supiste dejar.

Esta entrevista forma parte del libro en preparación Rostros del Varona, escrito como examen final del género por alumnos de Periodismo de la Facultad de Comunicación de la Universidad de La Habana, a propósito del aniversario 45 de la casa de altos estudios pedagógicos.

Ficha técnica:

Objetivo central: Profundizar en la labor educativa y martiana de la profesora Juana Lidia Orille Ascuy.

Objetivos colaterales: Conocer qué factores y personas influyeron en su decisión de ser maestra. Saber cómo conoció a María Mantilla. Indagar acerca de cómo llega y qué significó para ella trabajar en el Instituto Superior Enrique José Varona.

Tipo de entrevista:

Por sus participantes: Individual
Por su forma. Mixta
Por su contenido: De personalidad
Por el canal que se obtuvo: Encuentro directo

Tipo de título: De referencia a la entrevistada
Tipo de entrada: Directa o de presentación
Tipo de cuerpo: Mixto
Tipo de preguntas declaradas: 1-cerrada; 2- abierta; 3-abierta; 4-abierta; 5-abierta; 6-análisis; 7-abierta; 8-análisis; 9-abierta; 10-abierta; 11-abierta
Tipo de conclusión: De opinión del entrevistado

Fuentes consultadas:

No documentales:

Profesora Lidia Turner, Presidenta de Honor de la Asociación de Pedagogos de Cuba.
Profesora Luisa Campos, Directora del Museo de la Alfabetización.

Documentales:

Revista Varona
Revista Bimestre

YO AMO MI PROFESIÓN

YO AMO MI PROFESIÓN

 

Si usted va a ser maestro, enseñe toda la vida. No considere otras opciones, que sea esa y nada más, asevera Lilia María Pino, Doctora en Ciencias del Instituto Superior Pedagógico Enrique José Varona.

 

HALIA RAMOS HERNÁNDEZ,
estudiante de primer año de Periodismo,
Facultad de Comunicación,
Universidad de La Habana.

Las teclas del piano fueron las primeras letras de Lilia María Pino García, pues cuando aún no sabía leer ni escribir, su madre la orientaba por los caminos de la música: “Ella me enseñaba la teoría y el solfeo, creo que ese dinamismo y altivez de estar siempre adelantada fueron la causa de mi orientación hacia el magisterio.”

Lilia María es fundadora del Instituto Superior Pedagógico Enrique José Varona (ISPEJV). A 45 años de formar parte del centro rector de ese tipo de educación en el país, confiesa haber  vivido grandes momentos, como el merecer, a seis décadas de vida, el grado de Doctora en Ciencias Químicas. Hoy se desempeña como profesora del segundo año en la Facultad de Media Superior, al tiempo que imparte clases al décimo semestre del curso para trabajadores.

Como una semilla germinó en su alma la vocación por el magisterio. En la academia privada Victoria de Las Tunas radicaron sus primeros estudios, hasta que la hostilidad del régimen batistiano la obligó a salir de las aulas.

No fue entonces hasta el triunfo revolucionario que los continuó en una escuela en Mayarí, dirigida por su tía María Pino, a quien considera un paradigma de lo que debe ser un maestro. Pero también aclara que tuvo profesores magníficos y que todos ellos motivaron su apego por la docencia.

-¿Siempre quiso ser maestra?

Tenía mi vocación bien definida, que no era precisamente la de ser educadora, sino química, especialista en perfumería. Realmente me gustaba el asunto de la investigación, pero hice las pruebas de nivel y  pasé el curso para el instituto de segunda enseñanza. Insistieron entonces en que había que cubrir el déficit de profesores en el país,  y accedí, pues la emergencia  en el magisterio ha existido siempre.

También valoré la posibilidad de estudiar Derecho, era un compromiso moral que tenía con mi padre, pues él representaba la ley en Victoria de Las Tunas, donde vivíamos. Pero no vacilé ni un instante. Si uno decide ser maestro, no debe considerar otras opciones, es esa y nada más.

Los primeros pasos en el arte de educar los encontró Lilia en el laboratorio del Varona, donde ejercía como auxiliar técnica de la docencia (ATD). Simultáneamente se presentó en diferentes eventos con ponencias sobre la obra del Apóstol, y siendo aún auxiliar, enrumbó su quehacer a lograr  la licenciatura. Lo logró.

-¿Cuánto agradece al Pedagógico?

El Varona significa toda una vida de  trabajo, pues me preparó no solo como profesional de la educación, sino como ser humano.

Un importante papel como rector en la educación cubana desarrolla el Instituto, partiendo de tener docentes de muchísimo nivel. Constituye una fragua donde se  forman profesores de notable calidad. Existen muchos pedagogos con de altas responsabilidades en el país que son fruto de esta escuela.       
        
-¿Cuál cree que sea la causa de que las nuevas generaciones no sientan vocación por el magisterio?

Entre las condicionantes, si vamos a ser honestos, una es que el maestro no posee el lugar que realmente merece en la sociedad. El reconocimiento social no se hace en la realidad palpable como debería corresponder a un profesional. Por demás, pienso que quien desee ser maestro que lo sea,  pero que ame bien su oficio.

-¿Cumplen todos los jóvenes que optan por la carrera los requisitos imprescindibles para ejercer la profesión?

No todos cumplen los requerimientos necesarios, pero sí han puesto perseverancia y eso me consta. La sociedad impone retos muy difíciles. Debemos apoyar y ayudar a los más inexpertos. Ellos son la consecuencia de la falta de profesores. Hay que ser más considerados con esos jóvenes. La comunidad los critica mucho, pero dentro de esta existen personas con la suficiente preparación para impartir clases y no asumen la responsabilidad.

Los maestros emergentes son el resultado de una situación que generó el éxodo de profesionales, pero no son ellos mismos los causantes del problema. Cuba es una fuente completa de educación, por lo tanto, todos debemos interactuar y mejorarla.

-Su tesis de maestría versa sobre el enfoque axiológico del programa de la asignatura Tecnología de los Procesos Químicos. ¿Qué razones la motivaron a seleccionar el tema?

Sencillamente, porque las clases que impartía eran de tecnología química y sus procesos. Frecuenté distintas industrias donde observaba producciones, en específico en las fábricas de helado, cerveza, pomos y distintos medicamentos. Eso fue motivante, creí que podía aportar en este campo de estudio.

-Con 60 años usted se aventuró a realizar el doctorado. ¿Fue un reto?

A los 55 comencé la labor como Profesora General Integral (PGI). Cuando vi que podía impartir clases de Geografía, Biología, Química y Preparación para la Defensa, solicité mis exámenes para el doctorado y abordé el tema La cultura científica en el desarrollo profesional de los docentes de ciencias naturales del ISPEJV.

De manera que parte de mi trabajo de maestría, relacionado con la cultura científica, y el tema lo llevé hasta el doctorado. Esto me dio la posibilidad de ver un espectro más amplio en la preparación de los profesores.

Después, y relacionado con la investigación, dirigí un proyecto con los PGI de los municipios Playa y Marianao. Este tuvo como tema Ética y desarrollo humano para un mundo mejor, y estuvo vinculado al Programa Nacional de la Sociedad Cubana del Ministerio de Ciencia, Tecnología y Medio Ambiente (CITMA), y al de Ética y formación de los estudiantes, asociado al proyecto ramal número tres del Ministerio de Educación, donde estuvo enmarcada mi tesis de doctorado. En fin, creo que lo de la fuerza es una cualidad inherente a mi persona.

Lilia ha proporcionado importantes aportes en estudios y doctorados, entre los que se encuentra la definición de cultura científica, elaborada en el 2006 y asumida hoy  por el CITMA. 

También realiza intercambios en distintos eventos. El artículo “La educación de una cultura científica”, del cual es autora principal, se encuentra publicado en la revista GIGA, número tres del 2008. De igual forma, la multimedia “Cultura científica y bioética”, es resultado de años de estudio y en ella figuran sus tesis de maestría, doctorado y el  programa para la superación del postgrado de cultura científica.

Además de estas contribuciones, la doctora Pino tiene otras publicaciones en la revista Órbita Científica.

-Dada su experiencia como docente, ¿cree que con el empleo de las videoclases y  las computadoras el estudiante asimila de igual modo el contenido que con el profesor?

Precisamente mi tesis de doctorado estimula al profesor a emplear  la nueva tecnología, porque no estamos en momentos en que se pueda tener una enseñanza memorística.

Instruir es que se ponga al individuo en posición de aprendiz, y buscar todos los medios posibles para su educación. Creo que hoy explotamos de forma adecuada aquellos recursos que la Revolución ha puesto en nuestras manos, con el fin de lograr un aprendizaje más íntegro; pero el profesor es el profesor hoy, mañana y siempre.

Las videoclases son solo una fuente de información para el estudiante, que complementan la labor del maestro, pues este es insustituible.

-¿En qué punto considera que se encuentra hoy el magisterio cubano? ¿Adelanta o se deprime la enseñanza en el país?

La educación y la salud cubanas gozan de un gran prestigio a nivel internacional, ellas constituyen los pilares más importantes de la Revolución. Todos nuestros patriotas entendieron siempre que enseñar era primordial y educar mucho más. Recuerda que la libertad comienza con la educación y la información que las personas tengan. De ahí que esté siempre vigente la frase martiana “Ser cultos es el único modo de ser libres.” Por tanto, creo que todos los cambios experimentados en los últimos años se han concebido para lograr una mejoría en la enseñanza.

Lilia es miembro de la Asociación Martiana y de la de Pedagogos  de Cuba, así como de la Sociedad de Química. Como educadora ha sido partícipe de las transformaciones del sistema educacional cubano, iniciadas desde la Campaña de Alfabetización hasta la Batalla de Ideas.

Por sus logros y aportes a la educación en la Isla, ha sido seleccionada Vanguardia Nacional durante ocho años consecutivos,  y merecido la Orden Frank País de segundo grado, las distinciones Por la Educación Cubana y Rafael María de Mendive, así como  las medallas por el 40  Aniversario de las Fuerzas Armadas Revolucionarias y José Tey.

-Después de tanto bregar por el camino de la enseñanza cubana, ¿existe alguna anécdota que recuerde de manera especial? 

Una de las experiencias más fuertes la asumí durante la Campaña de Alfabetización, en 1961. Yo nunca había realizado labores domésticas, pero en la casa del campesino donde vivía tuve que aprender a cocinar con leña en un fogón distante del suelo que solo podía alcanzar encima de un banco.

Además, impartí clases a un compañero que medía 6,2 de estatura y yo era muy niña. Recuerdo que él trabajaba en telecomunicaciones, en una unidad militar. Se subía en los postes para que no le diera clases.

Hicimos un pacto, me dijo que si aprendía algo de telecomunicaciones, entonces él recibiría las clases,  a tal punto que conocí sobre el empleo del Código Morse para la telegrafía. Esos son algunos  de los recuerdos más agradables, porque siendo apenas una niña fui capaz de enseñar a personas mayores.

-La vida de otra manera...

Soy igual que el vino, mientras más añejado, con mucha más calidad. Yo amo mi profesión y ello me ayuda a adquirir la suficiente preparación para tratar de ser mejor cada día. Pienso que las personas cuando llegan a la plenitud de sus años no pueden ser peores, tuvo que tener algún incentivo para vivir y yo he tenido pasión por todo.

Esta entrevista forma parte del libro en preparación Rostros del Varona, escrito como examen final del género por alumnos de Periodismo de la Facultad de Comunicación de la Universidad de La Habana, a propósito del aniversario 45 de la casa de altos estudios pedagógicos.

Ficha Técnica:

Objetivo central: Conocer acerca de la vida y obra de la destacada profesora del Instituto Superior Pedagógico Enrique José Varona, Lilia María Pino, en más de cuatro décadas de intensa dedicación al magisterio.

Objetivos colaterales: Abordar temas de opinión referidos a la educación en Cuba. Reflejar la importancia de las teleclases y otros recursos para la enseñanza. Conocer su criterio sobre el papel desarrollado por el ISPEJV en su aniversario 50.

Tipo de entrevista:

Por los participantes: individual
Por su forma: mixta
Por su contenido: de opinión autorizada y algunas características de la de personalidad
Por el canal que se sostuvo: directa

Tipo de título: de cita textual
Tipo de entrada: retrospectiva
Tipo de cuerpo: mixto
Clasificación de las preguntas: Directas: 1–5; Abiertas: 2–6–8; Polémicas: 3– 4– 7– 9
Tipo de conclusión: de opinión del entrevistado

Fuentes:

Madelín Pérez Galvés, compañera de trabajo.
Doctora Susana Morejón Martínez, directora del Museo de la Alfabetización.
Doctora Alicia Toledo Costa, profesora de la Facultad de Media Superior.
Todas son fuentes no documentales, no tradicionales, transitorias y primarias.

 

TAN SENCILLA COMO EL PRIMER DÍA

TAN SENCILLA COMO EL PRIMER DÍA

El pueblo de Cuba merece de cada uno de sus hijos lo mejor que tenga, aseveró la profesora María Teresa Ferrer Madrazo, quien ha encontrado en el hacer la mejor manera de decir.

RAFAEL ALEJANDRO GONZÁLEZ ESCALONA,
estudiante de primer año de Periodismo,
Facultad de Comunicación,
Universidad de La Habana.

A María Teresa Ferrer Madrazo, profesora por más de 40 años, la muerte la encontrará como a la Francisca del cuento: trabajando. Esta mujer de complexión nervuda no descansa ni un instante. Para entrevistarla fue necesario pedirle un alto en su incesante trajinar por la vida haciendo lo que más le gusta, enseñar.

Actualmente es Vicedecana de la Facultad de Educación Infantil del Instituto Superior Pedagógico Enrique José Varona (ISPEJV), al frente de la formación emergente de maestros de enseñanza primaria.

La formación emergente de maestros primarios

En el año 2000 fue designada directora de la escuela Revolución Húngara de 1919, en la provincia de La Habana, símbolo del programa de la Revolución destinado a la formación emergente de maestros primarios, y su labor al frente del colectivo de trabajadores del centro dejó pautas en el proceso de preparación de personal docente en la Batalla de Ideas.

“Ese es un momento significativo de mi vida. Creo que hay una María Teresa antes y después del 17 de septiembre del 2000. Generalmente se invierten las razones que motivaron la creación del programa. La carencia de profesores primarios pudo haberse paliado aumentando la cantidad de alumnos por aula, pero la Revolución quería mayor desarrollo y calidad de la enseñanza en el país.

“Para lograrlo hay que comenzar por la escuela primaria, que es la base de la instrucción. Mientras menos niños hallan en el aula, más fácil será el trabajo del profesor, quien podrá atender las deficiencias individuales. Además, aumentará la seguridad del maestro acerca de la recepción por los alumnos de lo que transmite, así como el vínculo con la familia.

“Todas estas razones, sumadas al déficit de pedagogos, motivaron la creación de la escuela Revolución Húngara de 1919. Ya había trabajado en todos los niveles de enseñanza, menos en el preuniversitario. El reto era grande: formar maestros en un período de cinco meses y 17 días. Además, supervisado mañana tarde y noche por Fidel Castro en persona.

“Ahí tuve la posibilidad de ver al Comandante de cerca, conversar con él, muy nerviosa al principio, y valorar personalmente la grandeza que lo caracteriza. Mi función fue organizar a esa gran cantidad de profesores en un colectivo, y ganarme el respeto de los futuros educadores y sus padres.”

Comenta que fue una época de intenso trabajo, entre marchas y movilizaciones. Sus ojos brillan al recordar aquella titánica obra en la que el crédito fue de todos, según sus palabras.
“Fue una misión hermosa. Poco a poco logramos la tarea. En el primer corte de promoción solo 13 adolescentes aprobaron, más tarde aumentó el número, todo con mucho trabajo. Yo sola no hubiera podido llevar a cabo aquella actividad. Mi mérito, si existe alguno, consistió en adaptarme al grupo y lograr que todos juntos entendiéramos la importancia de la tarea para el país.

“Ya se recogen los primeros frutos. Aquí en el Varona hay un grupo trabajando en la formación de maestros. Una de ellos hizo su maestría y prepara su doctorado, otros terminan próximamente”.

-Muchos jóvenes que entran en los procesos de captación provienen de sectores tradicionalmente marginados, ¿perjudica los resultados docentes o es algo remediable?

En principio no comparto al ciento por ciento la idea de que sean sectores marginados. Es cierto que una parte de ellos procede de familias con escasos recursos, pero la pobreza en Cuba es relativa comparada con la del mundo. Además, la falta de medios no elimina capacidades, lo que hay es que potenciarlas. Por eso ocurre que no todos los muchachos concluyen el curso en el tiempo normal. Cada 21 días hacemos un corte de promoción, que no es sólo instructivo, también incluye un análisis de la formación del ser humano.

El proceso sistemático nos da la posibilidad de ver el avance, porque comenzamos con un diagnóstico no sólo cognitivo, sino social, integral, para saber de dónde viene, por qué viene, cómo fue su primaria, la familia, el barrio, todo. A partir de las conclusiones recogidas trazamos un plan para cada estudiante, con plazos que permitan eliminar los problemas en la formación.

Es verdad que varios muchachos llegan a nuestras aulas con conductas inapropiadas, pero pasada una semana no se quieren ir de la escuela, porque los tratamos como lo que son: personas jóvenes, adolescentes, a los que les falta el cariño muchas veces. Es por todo ello que el vínculo con la familia es decisivo, pues transformamos a esos chicos y también a su entorno doméstico.

-¿Está satisfecha del resultado del programa?

En el proceso hemos ido mejorando en todo lo que hacemos. No estamos aún en el nivel que necesitamos. En los casos que nos equivocamos tomamos medidas, sin rehuir la responsabilidad.

Hoy estamos en una etapa de perfeccionamiento. Todos los años revisamos los programas, consultamos con los muchachos, con los padres, con las direcciones de las escuelas donde ellos se insertan.

Diputada de la Asamblea Nacional

En el año 2003 María Teresa Ferrer Madrazo fue elegida miembro de la Asamblea Nacional del Poder Popular. Con modestia recuerda ese momento de su vida.

“El cubano que se siente comprometido con su país se caracteriza por la humildad, por la sencillez. Estas cualidades deben permitirle identificar los valores en el otro, no pensar que son sólo propios. A mí se acercaron los muchachos de la Federación Estudiantil Universitaria, la Federación de Mujeres Cubanas y el sindicato, pero como estaba sumergida en mi trabajo no le presté mucha atención a todo el proceso.

“Un buen día, me llamaron de la Comisión de Candidatura, me pidieron una serie de documentos y el resultado fue que salí electa delegada con más del 94 por ciento de los votos en el municipio Cerro, por el Distrito 2, compuesto por los consejos populares más humildes del Cerro: El Canal, Las Cañas, Armada y Palatino.

“Bueno, salí electa diputada. Se constituyó la Asamblea Nacional y es ahí donde me estremezco. Cuando pasan el folleto con los posibles miembros del Consejo de Estado, que lo abro y veo mi cara, quedé petrificada. Porque bien, yo puedo ser una entre 600, pero entre 31, ¡¿yo?! Había un compañero que se sentaba a mi lado y me decía: “¿Y por qué tú no?”, y yo le respondía: “No digo que yo no, sólo que nunca pensé que me fueran a seleccionar”.

-¿Cuáles son los retos como miembro del Consejo de Estado?

Salir diputada y miembro del Consejo de Estado es un reto difícil. Pienso que cualquiera de estas tareas exige mucho compromiso y entrega.

La función de diputada es compleja, porque se hace voluntariamente, que para mí es lo mejor, sin cobrar un centavo. Implica que tengo que hacer más esfuerzo para asistir a la rendición de cuentas, para ir a la Asamblea, que a veces se me sobreponen tareas, y debo ser capaz de priorizar entre ellas.

Dentro de la Asamblea Nacional, asumo la vicepresidencia de la Comisión de Educación, Cultura, Ciencia y Tecnología. Como soy maestra me va bien, así que me gusta. El pueblo de Cuba merece de cada uno de sus hijos lo mejor que tenga, y si eso es lo que me corresponde hacer, hay que retribuir el privilegio otorgado.

Desde el aula

“Nací en el año 1947, en una familia de campesinos humildes y analfabetos. Comencé la primaria en una escuela rural a dos kilómetros del bohío donde vivía. Terminé el sexto grado en 1959. En Cuba, al triunfo de la Revolución, el déficit de maestros era grande y, como muchos jóvenes, me incorporé espontáneamente a la enseñanza.

“Al finalizar la Campaña de Alfabetización continué trabajando como maestra voluntaria, incluso durante la Crisis de Octubre. En 1962 me incorporé al curso de profesores Minas-Topes-Tarará a escondidas de mi abuela; yo apenas era una niña y ella no me hubiera dejado ir.

“Aún entonces el magisterio no era para mí lo más importante; actué de esa manera porque era una tarea a cumplir.  Entre las responsabilidades que los jóvenes teníamos allí, me fui convenciendo de que la educación era la profesión que me gustaba.

“Todo mi desarrollo académico tras graduarme, lo realicé desde el magisterio. Para mí lo más importante es la enseñanza, de tal modo, que siempre he tenido responsabilidades políticas e institucionales y nunca he dejado de dar clases”.

Su labor a lo largo de cuatro décadas avala dicha aseveración. En 1970 se graduó como pedagoga especializada en retraso mental,  y en 1983 obtuvo la licenciatura de Pedagogía-Psicología. Es además, Máster en Educación y Doctora en Ciencias Pedagógicas.

-¿Qué recuerda de sus inicios en el campo de la Pedagogía Especial?

Me acuerdo como si fuera hoy. Donde radica actualmente la Casa de la Cultura del municipio Diez de Octubre, estaba la escuela Julio Antonio Mella para niños con retraso mental. En septiembre de 1968 comencé allí, mi primer centro laboral dentro de la especialidad. Tuve muy buenos profesores: médicos, neurólogos, psiquiatras, psicólogos, clínicos, pero también estupendas profesoras en el campo de la pedagogía, lo que me ayudó mucho.

El desempeño en la educación especial sensibiliza, humaniza. El trabajo en esa área de la enseñanza crea un vínculo específico con los pequeños; no sólo te necesitan, sino que aprendes de ellos.

-¿Cuál fue su primera experiencia en tareas de dirección?

Terminado el curso en la escuela Julio Antonio Mella, me designaron como directora del centro de Enseñanza Especial Luis Ramírez López, en el Cerro. Quedé atónita. Allí había profesores de mucha experiencia, y era mi segundo curso como graduada. Así que me dediqué a visitar sus clases y cuando terminaban, les preguntaba por qué habían procedido de una forma, por qué de otra. Cuando ellos estaban preparando las libretas de los niños –en las escuelas especiales hay que hacerlo-, yo me sentaba con ellos a ayudarlos. Con ese método fui aprendiendo a desenvolverme en todas las funciones.

-¿Cuál es su valoración acerca del Pedagógico Varona como centro rector de la labor pedagógica desarrollada en Cuba?

El Varona se ha ganado el derecho de constituirse en institución dirigente de la educación cubana. Aquí trabajaron grandes pedagogos que por su entrega son paradigmas para los que seguimos y para los jóvenes que ingresan. Todo lo que hay aquí “huele” a magisterio, a entrega. Los éxitos en cualquier área son posibles gracias a la calidad humana que tienen los profesores del centro. Ellos están convencidos de los que significa la enseñanza.

Soy de las que abogo por aquello de que sin educación no hay Revolución posible. La prueba de ello está en la primera acción realizadas por los gobiernos progresistas que han arribado al poder en Latinoamérica, encaminada a eliminar el analfabetismo. Y es un orgullo para nosotros ver como esto ocurre porque Fidel lo había previsto desde 1953 en La historia me absolverá. El Varona ha sido consecuente con todo ese legado.

-¿Cuándo parará María Teresa?

La profesora María Teresa va a parar cuando la naturaleza lo decida. Pienso que no tengo derecho a privar a mi país, desde el sector en que trabajo, de las posibilidades que todavía tengo. Mi vida es mi hija, y mi trabajo.

Esta entrevista forma parte del libro en preparación Rostros del Varona, escrito como examen final del género por alumnos de Periodismo de la Facultad de Comunicación de la Universidad de La Habana, a propósito del aniversario 45 de la casa de altos estudios pedagógicos.

FICHA TÉCNICA:

Objetivo central: Conocer la labor de María Teresa Ferrer Madrazo dentro del Programa Emergente de Formación de Maestros.

Objetivos colaterales: Indagar acerca de su trabajo como diputada de la Asamblea Nacional del Poder Popular y miembro del Consejo de Estado. Conocer sobre su vinculación con el magisterio, más específicamente con la educación especial. Saber su valoración acerca del desempeño del Varona como institución rectora del quehacer pedagógico del país.

Tipo de entrevista:

Por los participantes: Individual
Por su forma: Mixta
Por su contenido: De personalidad
Por el canal que se obtuvo: Conversación cara a cara

Tipo de título: De referencia al entrevistado.
Tipo de entrada: De presentación.
Tipo de cuerpo: Mixta
Tipo de preguntas: 1)Directa, 2)Directa, 3)Abierta, 4)Abierta, 5)Informativa, 6)Abierta, 7)Abierta.
Tipo de conclusión: De opinión o comentario del entrevistado

Fuentes consultadas: Currículo del entrevistado. Documental.

LA CONSTANCIA TIENE ROSTRO DE MUJER

LA CONSTANCIA TIENE ROSTRO DE MUJER

Susana Morejón recuerda sus años como directora del Museo Nacional de la Campaña de Alfabetización y confirma la necesidad de revivir la memoria histórica que allí se guarda.

GLENDA ARCIA SOCORRO,
estudiante de primer año de Periodismo,
Facultad de Comunicación,
Universidad de La Habana.
 
Susana Morejón Martínez parece disputarle al tiempo cada segundo. Es de andar apresurado y mirada viva, como quien busca siempre la oportunidad de ser útil. Ha permanecido por 36 años en el Instituto Superior Pedagógico Enrique José Varona (ISPEJV); sin embargo, piensa que todavía no es suficiente: “Este lugar es mi vida. Aún me queda mucho por ofrecerle”.

No terminó el bachillerato. Iba a estudiar Química Analítica en la antigua Unión Soviética, pero enfermó antes del viaje. Todos sus planes fracasaron. Se quedó sin título de 12 grado y sin carrera universitaria. Fue entonces cuando decidió trabajar. Comenzó en el Vicedecanato de Investigaciones del Varona en noviembre de 1972, como parte del personal que participó en el procesamiento de los resultados de las indagaciones realizadas en torno al funcionamiento del Destacamento Pedagógico Manuel Ascunce Domenech.

Con el propósito de alcanzar la condición de bachiller, matriculó en un curso para trabajadores. En 1982, se graduó en la especialidad de Historia, pero no ejerció como profesora porque ocupaba un cargo no docente.

-De Química Analítica a Historia, ¿no es un cambio demasiado brusco?

Me incliné por la Química porque la idea de viajar a otro país me era fascinante, pero siempre tuve preferencia por las carreras de letras. En el Pedagógico encontré la posibilidad de cumplir esos sueños. Le debo mi formación como profesional y como persona.

En 1983, Susana ocupó la dirección del Departamento de Actividades Estudiantiles Complementarias. Desde ese puesto atendió el trabajo realizado por las brigadas artísticas del Instituto. Su labor permitió que en 1990 el Pedagógico fuese el centro universitario más destacado en el XI Festival Nacional de Artistas Aficionados. Por eso, fue distinguida con la Medalla XX Aniversario del Varona.

“Siempre he dicho que recibí una recompensa mayor: la relación con los estudiantes. Algunos de ellos hoy son maestros; otros, músicos o pintores, pero todos continúan llamándome ‘profe’. Eso me ayuda a mantener un espíritu joven y a sentirme satisfecha con la profesión”.

Susana posee las medallas Rafael María de Mendive y José Tey, y la  Distinción Por la Educación Cubana. También está propuesta para recibir la Orden Frank País, máximo galardón que se entrega a los trabajadores de la Educación: “Para mí todos esos reconocimientos significan lo mismo: esfuerzo y dedicación”.

Actualmente, se desempeña como asesora de la Vicerrectoría de Extensión Universitaria, donde vela por el funcionamiento de las Cátedras Honoríficas, que agrupan a profesores encargados de estudiar la vida y obra de personalidades de la pedagogía cubana.

Yo sí puedo

Susana atesora el mérito de ser internacionalista. Entre septiembre de 2003 y julio de 2004, colaboró con el Programa de Alfabetización Yo sí puedo, en Michoacán, México. Allí fue asesora del Proyecto ALFA-TV, concebido para instruir a quienes lo necesitaban mediante clases televisivas.

“Michoacán se declaró Territorio Libre de Analfabetismo el 11 de febrero de 2008. Fue el primer estado mexicano en lograrlo. Creo que contribuí a ello con mi labor como asesora.

“Resultó maravilloso presenciar cómo las personas aprendieron a escribir su nombre en menos de dos meses. Recuerdo que en una de las visitas realizadas a la comunidad indígena de San Matías, en el municipio Ciudad Hidalgo, una señora mayor se acercó y me dijo: «¡Maestra, ya no tengo que firmar con una cruz gracias a la ayuda del pueblo de Cuba!»”.

-¿Qué diferencias percibió al confrontar el sistema educacional cubano con el de otra nación?

Cuando se viaja a un país capitalista se valora más lo que tenemos en Cuba. A veces, aquello que consideramos un derecho nos impide ver la grandeza en toda su magnitud. Mientras aquí el primero de septiembre todos los niños van a la escuela, en otros rincones del mundo las desigualdades son notables. Muchos menores no asisten a clases, incluso, no aparecen en el registro civil porque sus padres no tienen el dinero necesario para pagar la inscripción. Al comparar esa realidad con la nuestra, reconocemos realmente el valor de la obra educacional cubana y todo lo que el gobierno revolucionario ha hecho por su pueblo.

-Usted era muy pequeña cuando triunfó la Revolución. ¿Qué recuerdos relacionados con esa fecha permanecen en su memoria?

Nací en 1952. Tenía siete años, pero disfruté aquel momento al lado de mis padres. Ellos apoyaron siempre al Movimiento 26 de Julio y acogieron con júbilo la noticia del triunfo. Durante los días siguientes, mi familia colaboró con la organización de las casas de apoyo y la recogida de dinero para comprar armas. Juntos fuimos a Oriente para participar en el acto de celebración del 26 de julio de 1959.

Así fue como me vinculé a los proyectos de la Revolución desde muy temprana edad. Además, tengo el orgullo de pertenecer a la primera iniciación de pioneros, presidida por el Doctor Osvaldo Dorticós, presidente del país en aquel entonces.

Una nueva etapa

-Dentro de los principales sucesos ocurridos después de la victoria de enero de 1959 se encuentra la Campaña de Alfabetización. ¿Cómo valora ese hecho?

La Campaña fue una tarea que movilizó a los jóvenes y suscitó en el pueblo una enorme alegría. Constituyó el punto de partida para que hoy la educación cubana pueda exhibir ante el mundo todos sus logros.

El 29 de diciembre de 1964, se fundó el Museo Nacional de la Campaña de Alfabetización, único de su tipo en el mundo. Susana dirigió esta institución durante tres cursos a partir del año 2004: “La idea de un museo surgió de las personas que protagonizaron la Campaña. Para ello se recopilaron los expedientes de todos los miembros de la Brigada Conrado Benítez, los periódicos de 1961, objetos de los mártires, fotografías y las cartas de agradecimiento de los alfabetizados al Comandante Fidel.”

-Con respecto a las cartas, ¿alguna en específico llama su atención?

De las innumerables misivas hay una que me conmueve, sobre todo, por su sencillez. Pertenece a un anciano de 86 años que escribió: “Doctor Fidel Castro Ruz: ¡Te quiero mucho!”. ¡Cuánta gratitud en tan pocas palabras!

Otra carta interesante es la de Juan Martínez. En ella su autor expresa: ”Nunca me sentí cubano hasta que aprendí a leer y escribir”. Además del agradecimiento, las epístolas encierran un profundo patriotismo y la disposición de  apoyar a la Revolución.

El Museo cuenta también con una sala de investigaciones encargada de la compilación de documentos históricos relacionados con la Campaña: ”Aquí se reúnen datos que demuestran la continuidad del proceso alfabetizador, manifestada en la solidaridad de Cuba con otros países en cuanto a educación”.

-Un museo no debe conservar historias muertas, sino revivir cada recuerdo que guarda.

Eso depende mucho del amor con que se den las explicaciones a los visitantes. Lo que no se hace con el corazón, no transmite emociones. Durante mis años de trabajo en el museo puse el mayor empeño en el momento de guiar la visita dirigida. No se trata solamente de exhibir objetos y fotografías de la Campaña. Las personas deben sentirse parte del hecho que marcó el inicio de una nueva etapa.

También influye la relación que se establece con la comunidad mediante los conversatorios, la proyección de documentales y el apoyo al estudio de la Historia en los centros escolares. El continuo intercambio con la sociedad permite que el pasado cobre vida.

-¿Qué le aportó su estadía en ese lugar?

Revisar los documentos de las comisiones que trabajaron en la organización de la Campaña me permitió ver con claridad el impacto que esta tuvo en las familias cubanas.  

En una ocasión conocí a Evelia Domenech, madre de Manuel Ascunce. Su hijo fue torturado y asesinado mientras alfabetizaba. Aun así, ella continuó brindando su apoyo y alentó a la juventud a cumplir con el llamado de la Patria.

-La Campaña fue un verdadero reto para los jóvenes de aquel momento. ¿Cuál cree que sea el desafío de las nuevas generaciones?

Defender las conquistas de la Revolución; defender lo logrado para que no se pierda.

-¿Qué otro acontecimiento de los vividos por usted en la historia de la pedagogía cubana considera entre los más importantes?

Todos. Pero sobresale, por su valor, la creación del Destacamento Internacionalista Ernesto Che Guevara, en 1978. Sus integrantes partieron hacia la República Popular de Angola para alfabetizar allá, donde era necesario. Se repitió la hazaña de 1961.

Muchos de los docentes que hoy trabajan en el Pedagógico eran muchachos en aquella época. No soñaban ser maestros. Sin embargo, la Revolución los convocó y ellos dieron el paso al frente.

-Usted ha tenido la posibilidad de presenciar los grandes cambios que en materia educacional se han dado en nuestro país. Según su opinión, ¿qué papel ha desempeñado el Pedagógico Varona desde su fundación el 3 de julio de 1964?

Cada período histórico es diferente. “Debe hacerse en cada momento lo que en cada momento es necesario”, expresó José Martí. El Varona ha sabido cumplirlo. Cuando en 1972 surgió el Destacamento Pedagógico Manuel Ascunce Domenech, el Instituto se encargó de la preparación académica de sus integrantes. Durante más de cuatro décadas ha contribuido con la formación y superación de profesores. En los últimos tiempos se ha propuesto elevar el nivel científico de sus egresados, así como lograr en ellos la verdadera integralidad. En esa faena se encuentra.

-¿Cree que si no se hubiese vinculado a este Instituto su vida sería diferente?

Ni siquiera lo pienso. Este ha sido mi único centro de trabajo y no me concibo fuera de él. Quizás si no hubiese enfermado, hoy sería una química analítica. La vida y mi salud lo impidieron. Ya no me imagino en otro lugar.

-¿Piensa Susana en la jubilación?

Todavía no. Aún tengo fuerzas y puedo contribuir un poquito más con el desarrollo de “mi Instituto”.

Esta entrevista forma parte del libro en preparación Rostros del Varona, escrito como examen final del género por alumnos de Periodismo de la Facultad de Comunicación de la Universidad de La Habana, a propósito del aniversario 45 de la casa de altos estudios pedagógicos.

Ficha Técnica:

Objetivo central: Destacar la permanencia por más de 30 años en el Instituto Superior Pedagógico Enrique José Varona  de Susana Morejón, quien actualmente se desempeña como asesora de la Vicerrectoría de Extensión Universitaria.

Objetivos colaterales: Conocer las valoraciones de Susana Morejón sobre los diferentes momentos que ha presenciado en la historia de la educación cubana. Resaltar su labor como directora del Museo Nacional de la Campaña de Alfabetización. Conocer acerca de las experiencias como asesora del Programa de Alfabetización Yo sí puedo, en Michoacán, México.

Tipo de entrevista:

Por los participantes: individual.
Por su forma: mixta.
Por su contenido: de personalidad.
Por el canal que se obtuvo: directa.

Tipo de título: genérico.
Tipo de entrada: de presentación.
Tipo de cuerpo: mixto.

Tipos de preguntas declaradas: 1-cerrada, 2-abierta, 3-abierta, 4-abierta, 5-cerrada, 6-abierta, 7-abierta, 8-abierta, 9-abierta, 10-abierta, 11-cerrada, 12-cerrada.
Tipo de conclusión: de opinión o comentario del entrevistado.

Fuentes consultadas:

Entrevistados:

Susana Morejón Martínez, Asesora de la Vicerrectoría de Extensión Universitaria del Instituto Superior Pedagógico Enrique José Varona.

Ivón Blanco, Vicedecana de Extensión Universitaria. Amiga y compañera de trabajo de Susana Morejón.

Tipo de fuentes: Directas. No documentales. Primarias.