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FILÓLOGO, ARTESANO… ¿DIRECTOR?

ARIEL MONTENEGRO,

estudiante de primer año de Periodismo,

Facultad de Comunicación de la

Universidad de La Habana.

Cabellos que ya muestran canas. El humo de un cigarrillo inunda la pequeña habitación donde hay un monitor en el que centra su mirada cual cirujano perfeccionista buscando el último defecto antes de cerrar definitivamente la herida. Así se nos presenta Armando Arencibia, director de audiovisuales.

¿Cómo fueron su infancia y adolescencia?

Bueno, soy uno de los cinco hijos varones de mi madre. Mi padre murió siendo yo muy joven, sin embargo, la mujer maravillosa que me trajo al mundo supo criarnos a golpes de fuerza de voluntad. Mi enfermedad me impuso limitaciones, por lo que no pude ser un muchacho como los demás.

¿Enfermedad?

Sí, cuando tenía 12 años, los médicos de la Escuela Militar Camilo Cienfuegos (Camilitos), de Matanzas, de donde soy natural, notaron que algo andaba mal conmigo y luego los estudios descubrieron que había nacido con un riñón de menos.

¿Siempre quiso ser realizador de audiovisuales?

No, ni me lo imaginaba. Cuando salí de los Camilitos continué los estudios en un preuniversitario. Ingresé en la carrera de Filología al terminar el doce grado y es ahí donde empiezo a involucrarme en este mundo con algunos trabajos de aficionado. Es interesante cómo le llegan a uno las cosas en la vida: trabajé en el Instituto Cubano de Arte e Industria Cinematográfica (ICAIC) como pasante y jamás tuve la oportunidad de realizar ningún proyecto propio; sin embargo, faltando unos pocos días para empezar a trabajar como filólogo me encuentro con un amigo que me habló sobre un curso que estaban ofreciendo los Estudios Fílmicos de las Fuerzas Armadas. Se me encendió la luz y dije: "Ésta es mi oportunidad". Así nació Armando Arencibia, el realizador.

¿Cómo y cuándo se vinculó a la Escuela Internacional de Cine de San Antonio de los Baños?

Llevaba pocos meses trabajando en la Fílmica de las FAR cuando presentan la primera convocatoria para la escuela de cine, año 1978, si mal no recuerdo. Fue impresionante la cantidad de personas que se presentaron a las pruebas, sin embargo, solo siete cubanos logramos la matrícula. Así que tengo dos carreras: soy filólogo y director de medios audiovisuales.

¿A qué se dedicó usted al egresar de la escuela de cine?

Nunca me desvinculé de las FAR. Durante los tres años y medio de preparación seguí recibiendo mi salario y mi silla estaba reservada. Allí estuve poco más de dos años realizando fundamentalmente documentales, recuerdo con mucho cariño a ¿Quién es el Pinto? y trataba sobre un muchacho Vanguardia Nacional del Ejército Juvenil del Trabajo, que recibió como estímulo un caballo que no sabía montar. Me fui de la Fílmica porque me limitaba a hacer documentales y yo quería hacer ficción.

¿Y comenzó a trabajar directamente en la televisión?

No en aquellos tiempos difíciles en los que me dediqué, junto con uno de mis hermanos, a vender artesanías en Varadero y luego en Santa Lucía (Camagüey), hasta que me llamaron para trabajar en el Instituto Cubano de Radio y Televisión (ICRT).

¿Qué trabajos realizó?

Lo primero que hice en televisión fue un teleplay titulado Falsa Moneda, aunque no como director, sino como asistente de dirección. Más adelante dirigí La mujer que me tocó, Entre la espada y la pared, No parqueo, entre otros, además del cuento El almacén de los mundos, protagonizado por Aramís Delgado.

¿Cuáles son los actores, de los que trabajaron con usted, que lo hicieron sentirse más cómodo?

Generalmente los actores se ciñen a las disposiciones del director, eso todo profesional del medio lo sabe; además, por la línea humorística de la mayoría de mis trabajos el elenco se repetía bastante. Trabajé muy a gusto con Rigoberto Ferrera, Otto Ortiz y Sheila Roche, aunque hay otros de la talla del propio Aramís Delgado que siempre aportan cosas nuevas.

Como espectador, ¿cuál es su valoración del audiovisual cubano actual?

A mi modo de ver, el 2006 es el año del renacimiento del audiovisual en Cuba. La digitalización de la industria ha democratizado, por decirlo de alguna manera, el proceso de realización. Había, y hay aún, directores que se estaban haciendo viejos físicamente, como personas y como artistas y que no daban paso a las nuevas generaciones.

Me parecen logros importantes, por ejemplo, la realización de Mañana por Alejandro Moya, que es un largometraje producido completamente fuera de la Industria, con mayúscula, y es más logro aún su distribución por parte de esta; y que un joven director como Pavel Giroud filmara una cinta de la calidad visual que tiene La Edad de la peseta.

Ojalá las cosas sigan así, mientras más películas haya, más posibilidades tenemos de crear buenas obras, esas buenas obras que tanto esperamos los espectadores y que tanto debemos los realizadores. Sí, el 2006 es el año donde comenzaron a cambiar las cosas.  

Ficha Técnica:

Tipo de título: Llamativo.

Tipo de entrevista: Biográfica.

Tipo de entrada: De retrato.

Tipo de cuerpo: Clásico de preguntas y respuestas.

Tipo de cierre: Conclusivo.



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