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LA UNIVERSIDAD REQUIERE DE LA INVESTIGACIÓN INTERDISCIPLINARIA PARA EL DESARROLLO

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Tal es la convicción de la profesora Teresa Muñoz, quien considera que otro de los retos de la casa de altos estudios es que el alumno la lleve consigo una vez graduado.

CAROLINA GARCÍA,

estudiante de primer año de Periodismo,

Facultad de Comunicación,

Universidad de La Habana.

El Alma Mater vio subir la Escalinata en la década de los años 70 a Teresa del Pilar Muñoz Gutiérrez.  En esta alta casa de estudios, su segundo hogar a partir de entonces, se hizo Licenciada en Historia, Doctora en Ciencias Filosóficas y lleva 12 años dedicada a la Sociología.

Esa interrelación dialéctica de saberes la han llevado a convertirse en una prominente académica en el campo de la Teoría Social, como también una reconocida Profesora Titular con más de 30 años de labor. El ejercicio de la docencia es su verdadera vocación y afirma sentirse muy feliz entre sus alumnos.

Locuaz, comunicativa, Teresita, como la llaman sus colegas y estudiantes, dice preferir el anonimato, solo superado por el protagonismo que estrictamente le depara el aula y el foro académico.

-Estudiosa de varias disciplinas dentro de las Ciencias Sociales,  ¿cuál es su campo preferido?

El de la Teoría Social porque es el más abarcador de todos, el que me permite mover hacia el resto de las especializaciones; es como la gran sombrilla que garantiza el necesario conocimiento de base para adentrarme en las otras. La mayor parte de mi vida la he dedicado a los estudios de la Teoría, de la Filosofía, de la Sociología, del pensamiento en general.

-¿Que rol le atribuye al sociólogo en la sociedad cubana?

La Sociología permite a las personas adquirir ciertas habilidades, ver detrás de los acontecimientos, detrás de la cotidianeidad, hacer lecturas más profundas, y eso es un compromiso social muy importante que tiene ese especialista.

El sociólogo no puede conformarse con describir la realidad, tiene que tratar de buscarle explicaciones, no siempre lo logra, por supuesto, pero creo que por ahí debe ir su rol: tratar de alertar, de adelantarse a los acontecimientos.

-¿Qué ha pasado con la Sociología en Cuba?

Durante muchos años hubo confusión; incluso, la carrera fue cerrada, no se entendía para qué servía un sociólogo ni cuáles eran sus funciones. Mis alumnos me han hecho anécdotas de  personas con las que han hablado y les preguntan qué estudian. Cuando responden que Sociología, les dicen: ¿Para qué sirve eso? ¿Para ser socios? Siempre les digo que respondan que sí, que esta profesión les permite ganar muchos amigos.

Un sociólogo muy conocido dice que la Sociología es una ciencia  que molesta por las verdades que revela y creo que es esa la Sociología que debemos desarrollar nosotros en este momento, diciendo lo malo y bueno que existe en nuestra sociedad.

-En su  formación académica y ejercicio profesional se  vinculan varias disciplinas. ¿Qué importancia le atribuye a la relación interdisciplinaria?

Me ha sido muy útil esa relación interdisciplinaria para mi formación, porque pienso que no puede hacerse Sociología sin Historia, sin lectura de otros contextos, sin conocimiento de la teoría. Soy marxista-leninista convencida, aún cuando la Sociología como ciencia no puede aferrarse  a una sola escuela de pensamiento.

La teoría puede adelantar mucho conocimiento a la sociedad, aunque  a veces -cuando se avanza conocimiento-, la gente no te entienda; se tiene que ser muy cuidadoso y paralelamente desarrollar la habilidad de ir haciendo teoría y explicando la importancia que tiene y cómo se va concretando porque, ¿para qué    vamos a enseñar sociología? ¿Para qué vamos a impartir ese conocimiento si las  personas no saben qué hacer con la teoría? No se trata de un simple ejercicio intelectual, es un ejercicio de comprensión, de lograr mejores personas, un  compromiso social superior con el país.

Me gusta  mucho ir relacionando las clases de Teoría con la Historia, considero que es la manera en que se debe enseñar; siempre hablo de Epistemología, de Metodología, de Teoría Social y de Historia como componentes imprescindibles, pero lo importante es que se vayan observando en la práctica, demostrando; es difícil, pero se puede hacer.

-¿Cómo se autodefine: socióloga o profesora?

Profesora. Por vocación. Es lo que siempre me ha interesado, en el lugar y en el rol que más me ha gustado estar. Es mi espacio, mi realización. En otros momentos de mi vida profesional he tenido diversas tareas en la Universidad de La Habana, pero siempre mantuve mi espacio para la docencia. Mis alumnos pertenecen a mis cosas más preciadas, disfruto la interacción con ellos, eso me da mucha vitalidad, muchos deseos de vivir.

Constantemente, por pequeños detalles, te vas percatando de que eres útil, modestamente, muy modestamente; a veces una alumna se te acerca y te dice que quiere ser como tú y te sorprende, te agrada, aunque le respondas que ella no va a ser como tú, sino como ella misma, que es lo mejor.

La docencia da muchas satisfacciones, pequeñas, pero con eso me conformo; yo quiero ésas, las cotidianas, que permiten darte cuenta de que pones un granito de arena, las espectacularidades no me llaman la atención. Creo que el trabajo de todos los días y las satisfacciones de todos los días, constituyen el trabajo del profesor, del que se siente verdaderamente profesor.

-¿Qué tienen de común y diferente tantas generaciones de jóvenes a las cuales ha impartido clases?

Parto de que tengo confianza en los jóvenes. Cada generación posee sus cosas buenas y sus cosas perfeccionables y no me atrevo a decir que una es mejor que la otra; cada una tiene sus tareas, nuestra sociedad evoluciona y a cada generación hay que medirla en sus contextos. No obstante, considero que en la mía había más liderazgo estudiantil, pero no he pensado mucho en eso.

Las organizaciones políticas y de masas en los jóvenes son muy importantes, ellas tienen que ser lideradas por personas con las que se sientan verdaderamente representados. Cuando el joven se reconoce en el líder reacciona positivamente, los jóvenes son inquietos, cuestionadores, y eso es muy bueno, me preocupa más el que no cuestiona nada, porque puede estar desinteresado, desmotivado.

-Uno de los temas más recurrentes en su obra científica se vincula al problema de género, ¿cuáles de estos inconvenientes percibe más en la sociedad cubana?

La mujer en Cuba tiene una vida pública extraordinaria, pero el problema es que aún mantiene algún tipo de conductas tradicionales en el seno de la familia, esto se estudia en la carrera de Sociología, pero no en otras carreras.

El problema de género es algo transversal a cualquier conocimiento, es muy importante y todavía nosotros tenemos que perfeccionar mucho en ese camino, aún hay muchos roles tradicionales que se reproducen en la familia; hay familias disfuncionales donde se maltrata a las mujeres o a los hijos, no tanto el maltrato físico como el psicológico, y este es terrible también.

En Sociología el conocimiento del género es transversal a toda la carrera y en distintas materias se aborda, pero además, existe la asignatura Sociología de Género en la que se han hecho tesis muy interesantes sobre el tema, pero una cosa es el estudio y otra incorporarlo a la vida cotidiana.

-¿Cuáles de esos problemas percibe en la Universidad?

En detalles sí los observo; puede que entre al aula y un alumno me ofrezca el asiento, pero no haga lo mismo con una compañera. Hay detalles que tienen que ver con la educación formal y en eso debemos mejorar, en la manera de conducirnos en las aulas y fuera de ellas, en los edificios, situaciones que tienen que ver con la urbanidad, con la convivencia.

Existe cierto vínculo entre los problemas de la educación formal y los de género, pero que responden a un problema más general asociado a la disciplina social y que no se trata de jóvenes o viejos, sino de algo más generalizado y preocupante. Se trata de llegar a un lugar y decir buenas, de pedir permiso, de escuchar, convivimos con actitudes que debemos recriminar y eliminar.

El estudiante universitario pasa varios años aquí, pero tiene que llevarse la Universidad con él, sus experiencias, sus éxitos y fracasos  para que las lecciones perduren.

-¿Coincide con los criterios que asocian la masividad en la Educación Superior con la pérdida de calidad en la preparación del estudiante y en el egresado?

No lo creo así. El problema es que cuando tú estás en la Universidad no puedes pensar nada más que en ti y en los que ya se encuentran en ella, sino en el nexo entre Universidad y Sociedad. La oportunidad no se debe negar a nadie.

Las políticas sociales cubanas son integradoras, homogéneas, basadas en la justicia social, lo cual no garantiza que lleguen a cada uno de igual manera, porque en la sociedad se teje un conjunto de redes en los territorios y las propias familias que no facilitan el acceso a esas políticas, e incluso pueden convertirse en elementos obstaculizadores.

Puede que exista una muchacha, igual que tú, que no tuvo posibilidades de acceder a la Universidad por distintas complicaciones de la vida; no se le puede regalar la nota o el título, pero está bien que se le de una posibilidad por otra vía, por otro sistema de estudios.

-¿Cuando usted se refiere a  una muchacha que no puede acceder a la Universidad por complicaciones de alguna índole, ¿está pensando en razones económicas?

Exacto, familiares, por ejemplo: en un estudio que realizamos en el barrio La Corea nos sorprendió grandemente que en una de las muestras escogidas había un solo estudiante universitario, y es ahí donde el sociólogo tiene que darse cuenta de que algo está pasando, que hay una situación especial y que hay que tomar medidas especiales.

En ese reparto la familia no estimula al estudio sino al trabajo. Creo que la masividad es buena, pero tiene que  estar organizada y exigir buenos resultados.

-¿Cuáles considera los principales retos de la Universidad cubana de cara al futuro?

La Universidad tiene que seguir profundizando en la formación de un mejor graduado; en la creación de condiciones para que nuestro profesional pueda ser creativo, independiente y multidisciplinario.

Uno de los grandes retos de la Universidad es  que los profesores enseñemos creadoramente con y desde la ciencia. No se trata solamente de  investigar, hay poca cooperación interdisciplinaria y es un déficit que hemos trasladado a nuestros  graduados. Se nos dificulta la colaboración y la Universidad requiere de la investigación interdisciplinaria para el desarrollo. Es muy importante la divulgación de los resultados científicos y su aplicación; que todo no se quede en las grandes tesis.

-¿Cómo asume los múltiples reconocimientos y distinciones que ha recibido en la Universidad de la Habana?

Bueno, los asumo, los agradezco, pero no fijo demasiado la atención en eso. Incluso, yo discutí mucho en el Departamento porque no quería ser la persona entrevistada, creo que mis méritos no son como para esta entrevista, pero me vencieron de manera aplastante.

Soy una persona que se esfuerza por hacer bien su trabajo todos los días. Las espectacularidades no me seducen, no me gusta la popularidad, es un asunto de personalidad. La satisfacción más grande conmigo misma, las pequeñas satisfacciones de mi profesión, las tengo cuando estoy cerca de los estudiantes y hago lo que me gusta. El magisterio es mi vocación. He trabajado mucho y lo seguiré haciendo mientras pueda.

Esta entrevista forma parte del libro en preparación Nosotros, los del 280, escrito como examen final del género por alumnos de Periodismo de la Facultad de Comunicación de la Universidad de La Habana, a propósito del aniversario de la casa de altos estudios cubana.
23/01/2008 07:32 islalsur #. Nosotros, los del 280


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