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EL MUSEO NO LA ALEJARÁ DEL AULA

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A propósito hoy del Día Internacional de la Alfabetización: Luisa Campos Gallardo, profesora de Historia de Cuba y apasionada de la obra martiana, relata su experiencia después de 44 años en las aulas.

Texto y foto:
TAN NGUYEN NGOC (TONY),
estudiante de primer año de Periodismo,
Facultad de Comunicación,
Universidad de La Habana.

“El maestro es el impulsor de cualquier sociedad; él salva vidas constantemente y ese es el mejor regalo que recibe un profesor: la satisfacción de poder encauzar almas, en defensa de la política de la Revolución”, esta es la filosofía de Luisa Campos Gallardo, quien confiesa que en un inicio el magisterio no era su sueño, pero después se convirtió en su vida.

Vinculada al Instituto Superior Pedagógico Enrique José Varona desde 1964 y graduada como profesora de Historia de Cuba, revela estar orgullosa de pertenecer al emblemático centro educacional.

Con la misma disposición con que enfrentó un aula hace  44 años, asume hoy la responsabilidad de dirigir el Museo de la Alfabetización y considera que con su trabajo instruye a las nuevas generaciones, porque “nada, nada, me alejará del aula”.

“Gracias a la formación que recibí en el Varona, he trabajado casi medio siglo en las diferentes enseñanzas del país. Cuando dirigí el Destacamento Pedagógico Manuel Ascunce Domenech tenía una formación preuniversitaria, después me dediqué a enseñar a los jóvenes de la educación superior. Me he sentido muy halagada porque he visto que muchos de los muchachos que un día fueron mis alumnos, se convirtieron en profesionales.

“Como maestra estoy contenta de poder formar a las nuevas generaciones, no solo desde el punto de vista académico, sino también en la defensa de la Revolución. Hoy no se puede ser un profesor si no se es un revolucionario.”

-¿Cuándo asume la responsabilidad de dirigir el Museo de la Alfabetización?


Esa fue una gran tarea que me dio el Pedagógico Varona. Empecé el 8 de enero de 1997 a dirigir el museo, y, desde entonces me propuse que tuviera una promoción internacional y que el mundo supiera de nuestra Campaña de Alfabetización en 1961. Pienso que se ha logrado, porque hoy es el único de su tipo en Iberoamérica.

Hemos trazado una estrategia para demostrar cómo el museo puede ser un gran educador de la familia, así todos ven qué fue realmente esa campaña en la sociedad cubana y le permitió a la Isla ser, en el plano ideológico, más libre.  Los que aprendieron a leer y a escribir en esa etapa, comenzaron a impartir clases en 1962. Fue algo maravilloso, pues Cuba dejó de tener el fantasma del analfabetismo.

-Desde el punto de vista personal, ¿cuánto ha enriquecido su vida el ejercicio del magisterio?


Martí dijo que la enseñanza es una obra de infinito amor, por eso quien educa  debe estar enamorado de su profesión, de los alumnos y mostrarles que en  ellos hay semillas escondidas.

El maestro debe tener la virtud de brindar amor a los estudiantes, engendrar en ellos la solidaridad y mostrarles que la Revolución necesita a profesionales dispuestos a hacer una buena obra.

-¿Cuáles han sido las figuras que más han influido en su formación?


El Doctor Ernesto García, la doctora María Dolores Ortiz, un grupo de profesores que, además de ser muy académicos, nos enseñaron por sobre todas las cosas a estudiar. Entramos al Pedagógico con noveno grado y ellos nos ayudaron a alcanzar el nivel universitario.

Tampoco olvido a mis maestros de  primaria. Si hoy tengo  hábitos de lectura y estudio, es gracias a la profesora de quinto grado, Margarita Pérez. Pero no puedo dejar de mencionar a Fidel y a Raúl: el uno con su intuición pedagógica, y el otro mediante su palabra.

-¿Qué cree de la formación de educadores cubanos en la actualidad?


Considero imprescindible el fomento de los profesionales de la educación. Si  usted cierra las aulas e impide que las personas estudien, está cerrando el desarrollo económico y social  de un país. Más aún en medio de la situación que estamos enfrentando con el déficit de profesores, principalmente en las secundarias básicas.

Hoy las oportunidades son otras: contamos con 74 preuniversitarios pedagógicos para que luego los que abracen la carrera asistan  los  institutos superiores pedagógicos.

El proyecto de los profesores generales integrales es una iniciativa de nuestro Comandante en Jefe como respuesta de la Batalla de Ideas para cambiar algunos elementos formativos en la educación en el país. Así surgen los maestros que, apoyados en medios audiovisuales, imparten clases en las secundarias. También nació la matrícula de quince alumnos por profesor, permitiendo así un mayor contacto entre ambas partes.

Además, a partir de una sugerencia de Fidel Castro se comenzaron a formar  profesores primarios. De la juventud cubana siempre hemos tenido respuesta a cualquier circunstancia.

También podemos referirnos a la incorporación de maestros jubilados a la enseñanza partiendo de una nueva ley del trabajo que extiende la etapa de jubilación. La  formación de educadores tiene que ser prioridad en un país. En Cuba nos regimos por una política basada en el principio de que las escuelas no pueden estar sin educadores. Ellos son el alma, el motor impulsor de esta Revolución.

-¿Qué le sugiere Yo soy el maestro…?


Buenas cosas. Es un libro concebido conjuntamente con otros dos autores. Lo escribí por el aniversario 35 de la Campaña de Alfabetización y, sobre todo, por el asesinato de Manuel Ascunce; así la juventud puede ampliar los conocimientos acerca de ese joven de 16 años que fue brutalmente torturado. Por eso el destacamento formado por la generación de 1982  lleva su nombre. También tengo un artículo publicado en la revista Voces de Uruguay sobre Conrado Benítez,  primer mártir de la Campaña.

-¿Cuánto le aportó el Varona en su formación?


Todos lo que soy se lo debo al Varona. Ha sido para mí una escuela y todas las tareas que me ha encomendado las he cumplido, porque me siento muy comprometida con este lugar, representa todo en mi vida. Le debo también mi categoría de Máster. Si resumiera mi vida sería el Varona y mi familia.

-¿Ha participado en alguna misión internacionalista?


He participado en procesos solidarios desarrollados por nuestro sistema educacional. Estuve en México con el programa Yo sí puedo, en el estado de Nayarí y durante casi un año asesoré a los maestros facilitadores que fueron quienes se encargaron de la ejecución del programa. Después estuve en Guerrero, localidad apartada del país, en igual cantidad de tiempo.

-¿Qué puede comentar acerca de los programas Yo sí puedo y Yo sí puedo seguir?


Ambos fueron ideados por nuestro Comandante, muestra de ocupación y preocupación porque “la razón de ser de un humano para dejar de ser un robot o un animal -como lo llaman en algunos casos-  es saber leer”, lo cual él mismo planteó en la Historia me Absolverá. El país donde se experimentó fue en Haití, hoy se ha extendido a veintiocho naciones. En Venezuela y Bolivia se aplica por aceptación del presidente, en los demás lugares es puntualmente y por aceptación del condado o del sindicato, básicamente.

Hemos sido premiados por la Organización para la Educación, la Ciencia y la Cultura de las Naciones Unidas en dos ocasiones, por este método o programa que ha ayudado a erradicar el analfabetismo en muchas naciones.

-¿Qué significado tiene para usted dirigir el Museo de la Alfabetización?


El Museo representa una gran parte de mi vida, pues me permite exponer lo que significó el triunfo de nuestra Revolución el primero de enero de 1959, es un orgullo; pero más aún, el mostrar cómo sucedió la Campaña de Alfabetización, tanto a los cubanos como a otros visitantes; demostrar qué significó (el amor con que se desenvolvió, resaltar el valor de los jóvenes, tan firmes aún ante actos vandálicos por parte de la contrarrevolución). Para mí, como miembro de aquella generación, es reafirmar que existe una vida más justa lejos del analfabetismo.

-¿Por qué el estudio martiano acapara su atención?


Con Martí me sucedió algo parecido a mi elección de la maestría. Tuve una profesora que me mostraba muchos de sus  artículos y yo me fui enamorando de él, a pesar de que me resultaba complicado entenderlo.

Eso también se lo inculqué a mis alumnos de sexto grado y más a los que veía que se interesaban por comprar sus libros. Tuve otra profesora que coincidió en esa línea, y gracias a todo lo aprendido por ella pude realizar mi primer taller de textos literarios, que se utilizó en la enseñanza infantil de todo el país. Por ahí comencé a profundizar más aún en su obra, a ser más sistemática.

En una ocasión visité una primaria para asesorar a estudiantes que  emprendían esa enseñanza. Ahí empecé a desarrollar mi tesis de máster, como una adecuación curricular a los programas de quinto y sexto grado. En el primero, de cómo enseñar a Martí en el área humanística; para sexto, vinculé otras asignaturas.

He tenido que dar conferencias sobre Martí en el exterior a profesores y estudiantes, explicarles lo dicho por Fidel en 1953 acerca de que es el autor intelectual del Moncada y el por qué  nuestra educación es martiana. Soy una enamorada del Apóstol.

Un maestro no se concibe sin un mínimo de conocimiento acerca de la vida de Martí, porque él también lo fue. En todas partes del mundo, siempre que pueda aplicar un pensamiento suyo lo hago; y no solo es repetirlo, sino entenderlo y ponerlo en práctica.

-¿Tiene algún mensaje para los jóvenes  que se inician en la profesión?


Les diría que lo primero es cumplir con la Revolución. Si hay una necesidad en el país, la cumple quien tiene esa vocación. Esta es una profesión que se agradece con el tiempo y más cuando te llaman educador y recuerdas cuánto los apoyaste y enseñaste. La juventud tiene que pensar que si nosotros no podemos llenar ese espacio vacío de profesores, nuestro país no avanzará. Como dijo Martí: “Y me hice maestro,  que es hacerme creador.”

El maestro es el impulsor de cualquier sociedad. Es quien está salvando vidas constantemente y ese es el mejor regalo que recibe uno: la satisfacción de poder encauzar vidas siempre defendiendo la política de la Revolución.

Esta entrevista forma parte del libro en preparación Rostros del Varona, escrito como examen final del género por alumnos de Periodismo de la Facultad de Comunicación de la Universidad de La Habana, a propósito del aniversario 45 de la casa de altos estudios pedagógicos.


FICHA TÉCNICA:


Objetivo central: Conocer sobre esta profesora y su labor en el Museo de la Alfabetización.

Objetivos colaterales: Cómo se encuentra la educación cubana en la actualidad. Aprender más sobre el pedagógico Varona. Conocer sobre los maestros internacionalistas.

Tipo de entrevista:

Por los participantes. Individual
Por su forma. Preguntas y respuestas
Por su contenido. De personalidad
Por el canal que se obtuvo. Directo

Tipo de título. De referencia al tema
Tipo de entrada. De cita
Tipo de cuerpo. Clásico
Preguntas declaradas en la entrevista: 1–Abierta, 2-Abierta, 3-Abierta, 4-Directa, 5-Abierta, 6-Cerrada, directa, 7-Abierta, 8-Cerrada, 9-Abierta, 10- Abierta, 11-Directa.
Tipo de conclusión. Criterio del entrevistado

Fuentes consultadas: Luisa Campos Gallardo, entrevistada. (Fuente directa y no documental).

 

10/09/2009 07:40 islalsur #. Rostros del Varona


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