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«EL PASADO HISTÓRICO SIGUE ALUMBRÁNDONOS EL PRESENTE»

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Luis Toledo Sande, redactor de la revista Bohemia, comparte sus consideraciones en torno a la narración retrospectiva y su presencia en la prensa nacional cubana.

LÁZARO JORGE CARRASCO,
estudiante de primer año de Periodismo,
Facultad de Comunicación,
Universidad de La Habana.

Escribir sobre el pasado puede hacer a un periodista correr el riesgo de que la narración resulte poco atractiva, interesante. Y puede también, como confiesa Luis Toledo Sande, redactor de la revista Bohemia, tropezar con algún editor al que no le parezca portador de relevancia el tema que se pretende rescatar y actualizar periodísticamente.

En el pasado, sin embargo, reside la fuerza y el sostén para el futuro. Y a pesar de las dificultades que el periodismo retrospectivo pueda poner en el camino del reportero, se hace imprescindible en la prensa nacional el tratamiento de lo que fuimos, para conocer mejor quiénes somos y hacia dónde  nos emcaminamos.

-¿Qué definición plantearía usted para el periodismo retrospectivo?

La palabra retrospectiva se opone a la palabra perspectiva. Es decir, esta frase plantea una mirada hacia el pasado. El periodismo retrospectivo se relaciona con la presencia del pasado en la prensa diaria.

En este sentido, yo creo que todo es presente y todo es futuro. Como norma, nadie va al pasado para quedarse en él. Los que van al pasado buscan que les diga algo útil para su tiempo. Porque el pasado siempre está presente, y lo que fue, está en lo que es.

Nadie regresa a lo que no le interesa. Cuando una persona retoma un tema, acontecimiento o asunto en general del pasado es porque allí hay cosas que alimentan su pensamiento, o le advierten sobre lo que no se debe hacer, le da lecciones sobre cómo se pensó en un momento determinado y a partir de ahí puede entonces reflexionar sobre los resortes para pensar su propio tiempo.

En definitiva: el periodismo retrospectivo, que hurga en el pasado, tiene siempre un interés marcadísimo en el presente. Y no solo el periodismo. Cuando leemos, por ejemplo, textos antiguos como la Ilíada o la Odisea, disfrutamos el placer estético de los hechos contados, también extraemos claves para comprender lo que sucede o no en nuestros días. ¿Por que iría uno a un poema de amor de hace 20 siglos atrás? Porque encuentra allí lo que perdura. El sentimiento del amor en otro tiempo que puede conducirnos, quizás, hacia el futuro.

-¿Cómo hacer de un relato retrospectivo un producto comunicativo interesante?

Primeramente, el acontecimiento en que uno se va a fijar debe ser interesante y debe resultar útil reparar en él. De ahí parto. El que Honoré de Balzac conversara con su cocinera puede no resultar un acontecimiento interesante. Pero el conocer que Balzac leía a su cocinera sus novelas y manuscritos para conocer si estos eran comprendidos, y que apoyado en esos criterios terminaba de escribir, es un asunto diferente.

Va a resultar esencial la inteligencia, la orientación y las intenciones con que se aborden los acontecimientos del pasado, las figuras, los textos, las creencias o las ideas, para poder extraer de ellos una utilidad en nuestro tiempo.

-Qué tipo de temática debería ser retomada periodísticamente.

Las que tengan algo que aportar. Puede ser placer. La humanidad también necesita del placer estético. El ser humano necesita disfrutar de la belleza. Esa puede ser una cualidad que merezca retomar un tema. Otra puede ser que el asunto a tratar aporte algo a los valores que defendemos, a los proyectos que sustentemos. De otra forma no tiene sentido.

Porque uno podría ir al pasado para auto regocijarse, pero ello implicaría estar solo en la biblioteca o acostado en la cama, riendo o llorando con los sucesos del pasado. Sin embargo, si uno se cree con el derecho de convidar a otros a dedicar tiempo de sus vidas a leer lo que uno lee y escribe, debe ser porque considera que puede resultar útil a un grupo determinado de personas. De otra manera, sería un acto de egoísmo intelectual, de egolatría.

-Una de las reservas que tienen los investigadores respecto al llamado periodismo retrospectivo es el riesgo de la «falacia o distorsión retrospectiva» a la hora de narrar sobre un tema que ocurrió hace mucho tiempo atrás. ¿Cómo evitar estas aberraciones?

Lo único que está libre de aberraciones, desde ese punto de vista, es la ciencia y ficción, en la que uno imagina el futuro como quiere imaginarlo. Por lo tanto, esto constituye un acto de imaginación solamente. Ahora bien, la aberración interpretativa, la falacia, lo que puede haber de deformación en algo que uno escriba sobre un acontecimiento no es necesariamente mayor en el periodismo que mira el pasado que en el periodismo que hurga en el presente.

Todo periodismo es un acto de interpretación. Por tanto, yo puedo ser tan parcial, tan equivocado, tan sabio, tan lúcido, tan torpe cuando valoro y me acerco a un acontecimiento del pasado como cuando observo lo que ocurre a mi alrededor. Esto nos remite a un término muy vapuleado, expuesto a muchas circunstancias: la manipulación. Toda interpretación es un acto de manipulación. Ahora, ésta no es necesariamente buena ni mala. Cuando un cirujano realiza una intervención quirúrgica manipula los instrumentos de trabajo, y el propio organismo humano. Todo depende de que los manipule bien o mal, con mayor o menor acierto, más o menos científicamente.

Sucede algo parecido, por ejemplo, al hacer una antología e incluir un texto de José Antonio Saco y no otro, o uno del Conde de Pozos Dulces y no otro. Esto constituye un acto de manipulación también, desde el momento en que se toman los textos valorados como considerables, y cuya evaluación incluye un punto de vista. Lo importante es la manera de manipular: bien o mal, con honradez e inteligencia o sin ellas. Porque finalmente a lo que no se puede rehuir es al hecho de manipular, ya sea de una manera o de otra. Igualmente, la perspectiva que alguien tiene sobre un asunto puede ser sabia, mientras que para otros puede ser considerada un acto de torpeza o inmoralidad, un acto de manipulación dolosa, y viceversa.

-La prensa nacional y el periodismo retrospectivo…

Mi trabajo particular, por ejemplo, en una revista como Bohemia, en la revista Casa de las Américas, o en el Anuario del Centro de Estudios Martianos, me dice que indudablemente sí hay interés. Ahora: ¿ese interés es todo lo amplio que debía ser o tiene en la prensa toda la representación que debía poseer? Ese es ya otro asunto. Estas tres publicaciones que mencioné comparten ostensiblemente la preocupación por el abordaje del pasado.

Sería interesante realizar un balance estadístico en la prensa diaria para investigar el estudio o las miradas hacia nuestro pasado histórico, que sigue alumbrándonos el presente. Y para conocer qué grado de inteligencia, precisión y acierto tiene el modo en que representamos ese pasado. En nuestras publicaciones aparecen textos sobre el pasado de Cuba. Pero me inclino a creer que no en la medida en que debían. De hecho, la prensa nacional no es suficiente aún para abordar acontecimientos de hoy, la vida contemporánea cubana.

Si no ha logrado eso, que es en definitiva para lo que está llamada, es muy difícil que consiga dar al pasado histórico de la humanidad, no solo al nuestro, la atención que podría proporcionar. Y esto no recae solamente sobre los hombros de quienes escriben. Cuando se habla de la prensa y sus aciertos es necesario tener en cuenta también a quienes la diseñan, a quienes la dirigen y a quienes la orientan. Ninguno de ellos puede culpar al otro, porque la prensa es responsabilidad de todos.

-¿Recuerda de manera especial algún trabajo de este tipo en la prensa cubana? ¿Alguno memorable?

Más que textos en particular recuerdo grandes temas. Uno de ellos es el de nuestras guerras de independencia. Nuestros héroes de las guerras independentistas suelen tener una buena presencia en los medios nacionales de comunicación.

Aquí quiero señalar la necesidad de rectificar las falsedades interpretativas que han ocurrido con una temática particular: el concepto de República y de historia republicana de Cuba. Hemos relegado este concepto a un pedazo de nuestra historia, el inaugurado el 20 de mayo de 1902 e interrumpido felizmente el 31 de diciembre de 1953. Llamamos «la República» a ese período como si nuestra República solo se limitara ahí, que es decir a lo neocolonial, a la tiranía, a la tortura, al latifundio, a los desalojos campesinos. De esta manera, renunciamos a que Cuba nació como República en Armas en 1869 y que continúa siéndolo. Nuestra prensa debía tener claros esos asuntos.

Otro tema relevante es la suerte descomunal que tienen algunas figuras de la historia de Cuba en el contexto de los trabajos retrospectivos. Enrique José Varona, por ejemplo. No me opongo a que tenga tal suerte ni pretendo que descienda de la altura valorativa en la que se le ha colocado, pero el Varona de los últimos años de su vida, ese que fue glorificado por Mella, Villena, Roa y que se opuso a la forma de república de su tiempo, nos ha hecho olvidar al Varona que no respondió afirmativamente a la propuesta martiana de colaborar con el periódico Patria. Esto demuestra que las figuras históricas suelen ser mucho más complejas de lo que a menudo hemos creído.

-Según su juicio, ¿cuáles deben ser las principales armas de que se valga un periodista ocupado de narrar sobre un tema del pasado?

Lo primero es creer en lo que se hace. Y esto es aplicable a todo tipo de periodismo y de obra humana en general. Además, se debe contar con ciertas herramientas ineludibles: voluntad de investigación, honradez interpretativa y capacidad de discernimiento para saber qué es más o menos importante y  perdurable. Y, desde luego, se necesita una voluntad inagotable de perfeccionamiento e insatisfacción con lo hecho, lo cual permitirá que el periodista no crea que haya llegado a la última luz, a toda la luz. Es necesario estar siempre abierto al asombro, al descubrimiento, a la renovación.


 



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