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CUBANO DE CORAZÓN

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El chileno Manuel Humberto Fuenzalida, encontró en la Mayor de las Antillas, el hogar perdido con el golpe de estado al Presidente Salvador Allende.

Texto y foto:
SUSANA TESTÉ RODRÍGUEZ,
estudiante de primer año de Periodismo,
Facultad de Comunicación,
Universidad de La Habana.

Desde el 11 de septiembre de 1973, día de la toma violenta del poder por Augusto Pinochet, miles de chilenos abandonaron el país en las más diversas circunstancias, pero todos por un motivo  común: salvar la vida. Muchos han regresado a su patria, otros permanecen lejos de ella. Chile es, para estos, sinónimo de dolor  y amargos  recuerdos. Algunos encontraron su lugar lejos de la tierra donde nacieron y, para Manuel Humberto Fuenzalida Navarrete,  hombre de voz serena y clara, Cuba representa el  hogar que jamás abandonará.

-Muchos  países ofrecieron asilo político

a los expatriados de la dictadura.

                      ¿Por qué escogió Cuba entre tantas naciones?                        

Desde pequeño tuve el sueño de conocer la Isla. Mis padres son comunistas y ellos me inculcaron la admiración por Fidel, la Revolución  y el socialismo, por eso fui un adolescente  más de la  cuidad de Concepción, pero con ideas progresistas sobre cómo debía  ser  todo Chile. Años más tarde, la situación  en mi país se agravó, el exilio se hizo inminente y elegí Cuba como el sitio adecuado para vivir, por la similitud de mis ideales con el sistema comunista y, al mismo tiempo, para continuar, indirectamente, la lucha por mis hermanos.

Su ingreso a la Juventud Ortodoxa ocurrió en 1974, cuando solo tenía 15 años: ”En esa etapa, me vinculé al Movimiento de Liberación. Para entonces, todas las organizaciones de Chile estaban proscritas y  el pueblo vivía  oprimido. A partir de 1980,  el  Partido Comunista de Chile (PCCH) incrementó la táctica de rebelión popular, en la cual se llamaba a los militantes a la desobediencia civil y la insurrección armada.

-¿Qué circunstancias llevaron al

pueblo a apoyar el programa de

acción propuesto por el PCCH?

La dictadura se caracterizó por la represión y el autoritarismo, solo basta recordar cómo fueron los primeros días después del golpe: los cadáveres abundaban en las calles y ríos, las personas   desaparecían a diario, los tribunales de justicia fueron  suspendidos, el ejército tenía permiso para masacrarnos, y muchas otras calamidades. La estrategia utilizada para mantener la población  bajo control fue el secuestro, la tortura y el asesinato. El gobierno  disolvió la Constitución y el país empezó a funcionar a través de mandos militares. El toque de queda era de 8:00 de la noche hasta las 7:00 de la mañana.

Fuenzalida recuerda que, ya en 1985, el movimiento popular contaba con mayor organización en cuanto a manifestaciones realizadas contra el régimen opresor, en condiciones así tuvo lugar un periodo de efervescencia, en el cual mucha gente se unió a la lucha, consolidando la confianza en el triunfo.

-Durante el ataque al cuartel de la policía de

Concepción, un compañero suyo fue apresado

y, ante la posibilidad de la delación, usted pasó 

a la clandestinidad.  ¿Cómo fue su

vida  a partir de este momento?

De inmediato fui a vivir a la capital, seguí luchando y, después de un año de intensos enfrentamientos, asumí la jefatura de Logística,  en Santiago de Chile. Como parte de esas acciones, apresamos a un oficial con la intención de entregarlo una vez que hicieran  público un manifiesto dirigido al gobierno, en  este denunciábamos los crímenes cometidos contra el pueblo. Los militares no cedieron y la represalia fue el allanamiento en todos los hogares. Supe lo que sucedería después del acto, pero era tarde para huir. Fui apresado, llevado a un cuartel secreto y, posteriormente, torturado.

Cuando hablamos de los 15 días que estuvo retenido en el cuartel Borgoño, el  semblante de Manuel Fuenzalida cambia por completo: “Escuchar en todo momento los gritos de las otras personas, los quejidos y el llanto, es algo imposible de olvidar”. Entonces hace silencio.  

Al salir  del centro  de  torturas,  lo  enjuiciaron  y  enviaron  a la Cárcel Pública de Santiago de Chile, donde, junto a otros  presos  políticos, gestó un plan de fuga: “Planificar la huida fue lo único que nos mantuvo con esperanzas. El 31 de enero de 1990, a las dos de la madrugada, comenzó la fuga por un túnel construido en las narices de los guardias. Condiciones extremas hacen fluir los sentimientos más  hondos de los seres humanos, y ni un solo hombre murió esa noche en el pasadizo. Tras el túnel: un río, después: la libertad.

-Después de 18 meses preparando la huida,

¿cómo se sintió al concretar la “Operación Éxito”?

Los días que sucedieron a la fuga pensaba: en cualquier momento viene un guardia y me lleva retenido Fue una sensación rara, como de ansiedad, es decir, estuve esperando alguien y no quería que llegara. Además, seis de nosotros los recapturaron, estuve muy preocupado por ellos y, al mismo tiempo, buscando vías de escape, pues si me quedaba en Chile, mi muerte era más segura que el  derrocamiento  de Pinochet.

Varios países europeos y también Cuba ofrecieron asilo al divulgarse  la fuga de 50  presos políticos de la cárcel: ” Mi elección, sin vacilaciones, fue esta isla, el país de la libertad”.

-¿Qué representa el país de la libertad,

para un chileno que ha vivido aquí

durante 19 años como un cubano más?

Mi segunda patria. Cuba me ofreció oportunidades hasta ese  momento imposibles: empleo, hogar, seguridad. Aquí descubrí el verdadero significado de con todos y por el bien de todos. Los hombres somos iguales: libres de acción y de pensamiento. La primera semana en la Mayor de las Antillas, fui a buscar la cuota de abastecimiento al supermercado y conocí a un teniente coronel,   quien no temía andar por las calles como sucedía en Chile. Él  compraba los mandados en el mismo lugar donde yo lo hacia y  andaba sin escoltas o armas de fuego para defenderse. Estos son, precisamente, los  mayores  encantos  de Cuba: la igualdad entre los hombres y la paz con que se vive.

Pie de foto: La familia cubana de Fuenzalida.

FICHA TÉCNICA:

Objetivo central: Destacar qué representa Cuba para un chileno que vive en Cuba desde 1990, cuando se vio obligado a abandonar Chile por luchar contra  la dictadura de Pinochet.

Objetivos colaterales: Dar a conocer detalles de la vida de este luchador mientras se enfrentó al tirano.

Tipo de entrevista:
Por los participantes: Individual.
Por su forma: Mixta.
Por su contenido: De personalidad.
Por el canal que se obtuvo: Directa.

Tipo de título: Genérico.
Tipo de entrada: Evocativa.
Tipo de cuerpo: Mixto.
Tipo de conclusión: Comentario del entrevistado que evidencia el final.



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