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EL COMIENZO DE LA ODISEA

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JAVIER ROQUE MARTÍNEZ,
estudiante de primer año de Periodismo,
Facultad de Comunicación,
Universidad de La Habana.

Cada año por esta fecha un tema en particular se roba la atención de los más jóvenes de casa, e incluso, la de los no tan jóvenes. Las pruebas de ingreso a la Educación Superior suponen todo un reto para aquellos que pretenden impulsar el desarrollo de la sociedad desde las trincheras de los números o las letras, y el inicio de lo que se convertirá en una verdadera odisea estudiantil.

Superar los exámenes de Matemática, Español e Historia de Cuba solo marca el comienzo de una época dorada, pero difícil, en la vida de los jóvenes. Entrar a la Universidad es el sueño de miles de muchachos y muchachas a lo largo y ancho del país, un sueño que conlleva horas de estudio, entrega y sacrificio.

Los primeros diez meses de vida universitaria constituyen una experiencia única. Nuevas amigos y profesores, asignaturas y materias desconocidas, trabajos y seminarios desde el primer día, conferencias, fórums, copas de cultura y deporte, fiestas y campismos, prácticas laborales para algunos, cursos extraescolares, estancia en becas para los que estudian fuera de su ciudad e interminables esperas en las paradas de ómnibus, hechos que acuñarán las rutinas de un nivel de enseñanza distinto del resto.

Desde el primer día ya se nota la diferencia respecto a la primaria, la secundaria, el preuniversitario o el técnico medio. El ascenso de la escalinata de la Universidad de La Habana o la llegada a la UCI o la CUJAE, por solo citar algunas, son de por sí vivencias inolvidables. Atrás quedan, para la mayoría, los uniformes y las restricciones ante determinados cortes de cabello o el uso de aretes y piercings.

El primer año sirve de puente para conocer a estudiantes extranjeros con los que compartir cultura, tradiciones y conocimientos. Es también el espacio para comenzar a mirar el mundo desde una perspectiva más adulta y forjar una línea de pensamiento acorde con los principios que dictan la institución y las organizaciones universitarias.

Este nuevo ciclo en la vida juvenil, más que aportar el conocimiento de asignaturas especializadas y enfocadas en el campo profesional elegido por cada quien, brinda a los educandos las bases de una concepción ideológica fruto de decenas de generaciones, en las cuales la honestidad, la solidaridad, el apego a la superación y el amor a la Patria prevalecen por sobre las demás.

Pero el paso por el primer año de la Universidad no es solamente cosa de jóvenes. Gran parte de su éxito en las respectivas carreras se debe al apoyo incesante de los miembros de la familia. Hay muchas asignaturas que conllevan materiales o bibliografía que el centro docente no puede suplir y son los padres quienes buscan facilitar el difícil camino al que se enfrentan sus hijos.

Sin embargo, los dos primeros semestres de la vida de academia, aún con extensos trabajos investigativos, las horas frente a los libros y libretas, las carencias y los apuros de último momento, dejan su marca en el corazón de cada alumno. Vivir ese año aprovechando cada minuto y cada experiencia, aprendiendo de cada profesor y compañero, es la experiencia más grata que se puede guardar del que posiblemente será un curso inolvidable.

 



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