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CRÓNICA DE UN PRIMER AMOR

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LEANNY VISTEL PÉREZ,
estudiante de primer año de Periodismo,
Facultad de comunicación,
Universidad de La Habana.

No recuerdo bien cuándo llegó a mi vida, solo sé que mi madre lo trajo un día  a casa y  lo presentó. Quizás suene trillado y algo cursi, pero fue amor a primera vista. Algo en él me atrajo, tal vez sus enormes ojeras, guardianas de un pasado triste del que nunca ha querido hablar. A lo mejor, fueron sus ojos amarillos y pequeños, similares a los de un animal nocturno de la oscuridad, o tal vez  su mirada de cachorro indefenso.

El día en que me declaró su amor había regresado de la escuela un poco triste. Estaba en la sala, sentado en una silla, con una enorme sonrisa. Pasé sin saludarlo. Me detuvo. Tomando mi brazo,  preguntó: -¿Qué te pasa? Colérica, le contesté que todos tenían un amor, y yo estaba sola, sin nadie que me  quisiera, y por eso se burlaban de mí. Me miró sin entender nada. Entonces, le conté que había tenido un amor hace mucho tiempo, pero que había muerto. Se levantó de la silla, sonrió, y acariciando mis mejillas, dijo las palabras que cambiarían mi vida: “Yo seré tu amor por siempre”. Desde aquel día, nunca más volví a llamarlo por su nombre.

A partir de ahí comenzó nuestra gran aventura. Junto a él, conocí el maravilloso mundo de la lectura cuando depositó en mis manos, un libro que cambió mi  personalidad: Corazón. Comprendí el valor de la amistad y aprendí la fórmula para cultivarla. Bautizó mi periodo menstrual como la niña terremoto, por sus devastadoras apariciones mensuales. Me enseñó que ser pobre no es un delito, sino una bendición porque nos libra de las miserias humanas. Gracias a él, me enamoré de las voces de Gilberto Santa Rosa,  Polo Montañés y la deliciosa música de los 80, con la que -confieso- le soy eternamente infiel.

No obstante, nuestra historia de amor no ha sido un cuento de hadas. No hemos tenido exactamente una relación de rosas y claveles. Hace cuatro años nos divorciamos y comenzaron a separarnos más y más kilómetros, hasta volverse casi 900.

Tampoco sus amistades me han simpatizado mucho, sobre todo Nicotina, siempre acompañándolo, sujetando su mano cual si fuese una novia adolescente. La verdad, sentía celos, creía que robaba su cariño e, incluso, que la amaba más que a mí. Cuántas veces le reclamé por ella, y él solo sonreía, sin hacer el mínimo caso.

Pero yo, siempre ahí, cuidando de nuestro amor, igual a las doncellas de historias legendarias, las que esperan al héroe hasta el final,  las que lo perdonan todo.

Ahora estoy un poco preocupada, ya han dicho varios amigos que anda engañándome con una tal Cáncer, de apellido Pulmonar. He notado varias señales: apenas llama, no mira como antes, ni siquiera intenta estar conmigo, solo se dedica a ella, su nueva amante. Sé que voy a perderlo. Esta vez no hay vuelta atrás. Aunque nos une el cariño inmenso que hemos sembrado y cosechado tantos años y no lo biológico, puedo decir que no le temo al futuro, más que perder ese primer  amor, temo perder a mi padre. 

 



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