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AQUELLA PRIMERA VEZ

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NÁYARE MENOYO FLORIÁN,
estudiante de primer año de Periodismo,
Facultad de Comunicación,
Universidad e La Habana.

Casi muero cuando me dijeron que iba hacer las prácticas pre laborales en el periódico Trabajadores. Mi sueño era iniciarme en Granma. Pensaba trabajar con Rolando Pérez Betancourt, mi ídolo en el periodismo cultural, en el diario de mayor tirada y el órgano oficial del Comité Central del Partido. Todos podrían leerme. ¡Qué oportunidad! Pero, llegó el profesor Jesús y dijo que mi ubicación era en Trabajadores. Por poco lo encomiendo al santo, pero ¡qué remedio!, había que resignarse.

Comenzó la pasión. En reunión con los principales directivos del órgano nos dio una calurosa bienvenida un equipo de trabajo realmente maravilloso. Nos distribuyeron por departamentos; yo, por supuesto, fui para Cultura, con mi amiga Milene.

Hicimos nuestra primera cobertura. Ese día, pedimos un fotógrafo y el carro de la redacción. Me sentía cerquitica del Pulitzer. Eran mis minutos de fama. Voy a ser importante, todos van a querer parecerse a mí, y otras tontadas que a veces, solo a veces, una se cree.

No hubo tal transporte, Mile y yo cogimos el autobús mágico, el P-5, que luego de alrededor de una hora en la parada, bajo una llovizna incómoda, paró una cuadra antes y, ¡al abordaje! Para mayor fatalidad habían cambiado la ruta de la guagua y nos quedamos a 20 cuadras del Museo de Bellas Artes, donde era la cobertura: la presentación de un documental dedicado a la vida y obra del pintor Mario García Portela. Llegamos tarde. No conocíamos ni la cara del artista, hasta lo confundimos con un extranjero que estaba en la sala. Sin embargo, redactamos la nota y, según nuestro tutor, merecía cinco puntos.

Fueron pasando los días, algunos mejores, otros peores, lugares de películas, otros no tanto, gente amable y no amable. Chocamos entonces con el mayor problema: Trabajadores es un semanario, y resultaba muy difícil publicar en la edición impresa.

Se me ocurrió una idea: hacer una colaboración para Deportes. Siempre dije que no iba a pasar cinco años en la Universidad para caerle atrás a un grupo de gente sudada a quienes haces una pregunta y responden cualquier cosa. Mas ahí estaba yo, escribiendo un domingo sobre judo. Pero publiqué y mi nombre salió al otro día en un órgano de prensa de circulación nacional.

Fueron 21 días de aprendizaje, mucho Facebook, arroz con pollo frito, caras de telenovelas, pan con pasta y un trato excepcional.

Estuvimos todos tristes cuando el tiempo acabó. No hubo lágrimas, hubiese sido como un adiós, pero no lo fue. En ese instante tuve la certeza de que cuando seamos periodistas, esta será una anécdota nostálgica de aquella inolvidable primera vez. Por eso brindamos por los buenos momentos de la etapa de inserción, o prácticas laborales como le llamamos, por lo aprendido, por las amistades nuevas y la gente conocida. Brindamos por nuestro futuro profesional y por el mundo que tenemos por delante. Brindamos sencillamente por el porvenir.

 



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