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Isla al Sur

EL DIABLO RESIDE EN MÉXICO

EL DIABLO RESIDE EN MÉXICO

Texto y fotos:
WENDY GARCÍA MARQUETTI,
estudiante de primer año de Periodismo,
Facultad de Comunicación,
Universidad de La Habana.

Están los que no leen y los que lo hacemos, pero solo textos cercanos en el tiempo. Muy pocos encontrarían fascinante descubrir el siglo XIX de manos de un autor no muy conocido. Una tarea me obligó, por decirlo de algún modo, a encontrar El diablo en México.

La edición consultada fue editada en Ciudad de México por B. Costa-Amic en enero de 1955 y cuenta con un prólogo de Pedro Frank de Andrea, México, D.F. Escrito por el joven mexicano Juan Díaz Covarrubias, se publicó por primera vez en 1858 y reimpreso, que se tenga noticias en Cuba, casi un siglo después en marzo de 1955. Consta de 95 páginas, divididas en siete capítulos y una dedicatoria al joven poeta y amigo Luis G. Ortiz.

En una suerte de cuarteto amoroso, el romance entre Elena y Enrique, jóvenes separados por la situación económica de sus clases y los prejuicios al respecto, también se verá interrumpido por Guillermo y Concha. Estos hermanos intentarán vivir con el amor de sus vidas, que es en cada caso, uno de los integrantes de la pareja protagonista. Las intenciones de la madre de Concha, la amistad de las dos muchachas y una descripción peculiar completan la obra.

Con un final nada esperado se cierra la ficción de manera abrupta, muestra de las características del estilo de Juan Díaz. La sucesión de hechos narrados nos trasladan al México de mediados del XIX para contarnos una historia muy sencilla, pero que no queda varada en su época, pues trata del amor, un tema que no tiene tiempo ni lugar.

El texto, según las características de la narrativa actual, es una noveleta debido a su corta extensión y al respecto, el propio escritor dijo: “Es un boceto novelístico de limitada pretensión, cuadros aislados que no son ni una novela”. Conocer esta historia es descubrir un México de antaño y a un autor excepcional.

El autor, Juan Díaz Covarrubias, nació en diciembre de 1937, hijo de José de Jesús Díaz, poeta famoso en su época. Su padre fue al exilio y durante la adolescencia murió la madre. La tristeza de estos eventos se unió a la del rechazo de la mujer que adoraba, Sofía. Comenzó a estudiar Medicina, pero abandonó la carrera para servir como practicante en la contienda civil donde fue fusilado con tan solo 22 años.

A pesar de haber muerto a temprana edad, dejó varios trabajos divididos entre la prosa y el verso. Su inexperiencia al escribir debido a su juventud está reflejada en los textos mediante personajes sin descripción profunda, falta de suspense y un extremo subjetivismo. Sus obras tienen dos ejes fundamentales: el amor y la patria. Producto de las penas vividas, la desilusión amorosa y la tristeza campean por las páginas y el texto El diablo en México no escapa a ninguno de estos aspectos.  

Sin embargo, ya contaba con un estilo propio, y su muerte constituyó una perdida innegable para las letras mexicanas, pues hasta José Zorilla, el autor de Don Juan Tenorio, lo saludó a los 20 años como a “una de las plantas de buena esperanza del vergel literario”.

PRIMER AÑO, PRIMERAS EXPERIENCIAS

PRIMER AÑO, PRIMERAS EXPERIENCIAS

El Instituto de Salud y Belleza Bella II es el primero de su tipo en convertirse en Cooperativa no Agropecuaria, como parte de la implementación del nuevo modelo económico en el sector de los servicios.

Texto y fotos:
ARIEL PAZOS ORTIZ,
estudiante de primer año de Periodismo,
Facultad de Comunicación,
Universidad de La Habana.

A un año de su conversión en Cooperativa no Agropecuaria, el Instituto de Salud y Belleza Bella II, localizado en el Vedado, superó los 20 mil servicios en las variedades faciales, de podología, masaje corporal, manicure-pedicure, de salón de peluquería y de gimnasio.

“Es el primero de su tipo que se organiza de esta forma en el sector de los servicios en La Habana, aunque está previsto que para el 2015 otros centros  se incorporen a dicha modalidad de producción sobre las experiencias de nuestro Instituto en su primer año de desarrollo”, precisó Adriana Cervantes, presidenta de la Cooperativa.

A su vez, Sandra Limonte, administradora del Instituto, afirmó que los servicios continúan más baratos que los del sector cuentapropista y mantienen la calidad demandada por los clientes. En los próximos meses las modalidades de baño de vapor e hidromasaje pasarán a formar parte de las ofertas por las que el cliente puede optar, agregó.

“Después de que Bella II pasó a ser Cooperativa se han empleado nuevos aparatos y servicios, como la terapia con ozono y rayos ultravioletas en el departamento de facial. Sin lugar a duda, los cambios fueron para mejor”, comentó Mairim Ruiz, clienta habitual del Instituto.

A su vez, Adriana Cervantes explicó que “una dificultad afrontada fue el mal estado con que heredamos los techos desde la gestión estatal, aunque, en correspondencia con la legislación pertinente, publicada en la Gaceta Oficial el 11 de diciembre del 2012, el Gobierno Provincial exoneró a la Cooperativa del pago del arrendamiento del área ocupada por el inmueble por un año natural, a partir del pasado mes de julio, cuando tuvimos que emprender la reparación de los mismos con una planificación económica autónoma de 129 mil CUP”.

Ramón Jorgen, jefe del Departamento del Nuevo Modelo de Gestión de la Empresa Provincial de Servicios de La Habana, aseveró que este primer año hubo un buen funcionamiento, derivado del mayor nivel de responsabilidad y del compromiso colectivo de los trabajadores para con la Cooperativa’.

El nuevo modelo de gestión aplicado en el Instituto resulta más atractivo para los trabajadores, a la vez que es factible para el Estado, pues “la Empresa ya no tiene que financiar el funcionamiento del Instituto, pero continúa ingresando utilidades por concepto de arrendamiento”, concluyó el funcionario.

Pie de foto: En un año de gestión cooperativista, el Instituto de Salud y Belleza Bella II, situado en el Vedado capitalino, brindó alrededor de 20 mil servicios en diferentes modalidades.

 

Ficha técnica:

Tipo de título: Genérico. 
Tipo de lead: Sumario de Cuándo.
Tipo de cuerpo: Lead + Pirámide invertida.
Tipo de información: Ligera, blanda, de las que afirman, hecho consumado.
Tipo de fuentes: Directa, documentales, no documentales, transitoria, primaria.
Primer valor-noticia: Actualidad.
Otros dos valores-noticia: Interés colectivo. Proximidad.


 

AMAURY EL BÁRBARO

AMAURY EL BÁRBARO

DARÍO ALEJANDRO ALEMÁN CAÑIZARES,
estudiante de primer año de Periodismo,  
Facultad de Comunicación,
Universidad de la Habana.

Siempre he vivido en el mismo vecindario, un mar de hierba verde fusionado con el asfalto de la solitaria avenida y los bloques de aislados edificios. Pero mi barrio es, sobre todo, los vecinos. De entre ellos recuerdo al joven Amaury, todo un personaje de los alrededores cuando yo apenas usaba pañoleta.

Le conocían por “El bárbaro” -un epíteto al estilo del mítico Conan- , sobrenombre que él mismo se inventó y, para reafirmarlo, se lo tatuó en su antebrazo izquierdo. ¿Quién le iba a decir que, diez años después, su gesto se había convertido en moda? Otra de las costumbres que inició fue la de aquel ritmo incipiente que hoy conocemos como reggaetón. Se ganaba  así el título de  innovador.

A Amaury podía considerársele el rey de los alrededores. Los hombres le temían y las muchachas le amaban. Era líder indiscutible en las discusiones de la esquina y, a su vez, el mejor anfitrión a la hora de hacer escandalosas fiestas embriagadas de alcohol. Sinceramente, creo que la historia se equivocó al ensalzar tanto a Atila y a Eric el Rojo para dejar a un lado a mi vecino, de quien todos aseguraban que era “un salvaje”.

El apelativo más sorprendente era “el animal”. En mi mente de niño jamás pude entender a ciencia cierta qué significaba aquello. Tuve que madurar para comprender bien esas expresiones populares, pero por el momento, solo pude interpretar que Amaury tenía genes equinos, porque de vez en cuando gritaba en los bajos de edificio: “¡Yo soy el Caballo!”

Un día dejó de sonar el reggaetón de madrugada y todos se extrañaron. La figura del vecindario había desaparecido. Recuerdo los comentarios de la gente, quienes se alegraban de no tener que soportar la bulla de aquellas fiestas, ni aguantar la prepotencia del muchacho. Según comentarios, una discoteca fue el escenario donde, defendiendo su areté de bárbaro, dejó gravemente herido a otro “salvaje” como él con la navaja que siempre llevaba en los bolsillos. La prisión pasó entonces a ser su nuevo hogar.

Recuerdo a Amaury, aunque en verdad son las anécdotas de quienes le conocieron bien las que lo mantienen vigente en mi memoria. Durante un tiempo se ausentó de las lenguas de la gente, hasta que llegó la noticia de su salida en libertad. Aquello revivió de nuevo el tema, como si le hubieran apresado una semana antes. Los vecinos especulaban: “¿Estará más delgado o más fuerte? ¿Cuántos tatuajes más tendrá? ¿Se acordará de mí, su amigo? ¿Volverá a hacer sus populares fiestas?”

El mito de ese personaje volvió a la imaginería popular de los edificios del barrio. A mí, lo que me gustaría saber es qué dirá Amaury cuando vea a su reggaetón amenazando en convertirse en el ritmo nacional, que nadie puede vivir sin sus escandalosas fiestas, el surgimiento de otros “bárbaros” en la zona y que la violencia es objeto de culto. De seguro se asombrará cuando le reciban, no como un salvaje, sino como un héroe.

EL ASIENTO DE LA DISCORDIA

EL ASIENTO DE LA DISCORDIA

ADRIANA BEATRIZ ROSA-PERALTA,
estudiante de primer año de Periodismo,
Facultad de Comunicación,
Universidad de La Habana.

Cada día tomo dos rutas distintas de transporte público y, aunque ponga todas mis esperanzas en el mejoramiento humano, nada tiene intenciones de cambiar; lo vivido en estos carruajes del infierno se repite una y otra vez. Y no me refiero a la liga de olores, ni al poco espacio de los pasillos, en los que puede ocurrir “de todo, como en botica”, ni siquiera a la música altísima, sino a la falta de educación y de sensibilidad para con las mujeres encintas, niños y ancianos.

Me entristece tanto ver la misma escena a diario. La guagua repleta de gente, una embarazada en avanzado estado de gestación, el niño que con par de tirones más le hace llegar el pantalón de papá hasta las rodillas, porque está cansadito, la señora septuagenaria que apenas logra sostenerse. Todos de pie, casi en la puerta, porque no han logrado alcanzar los “asientos amarillos”.

¿Acaso es necesario que esas personas reclamen los asientos? ¿No somos solidarios? Señores, solidaridad no significa únicamente cumplir misión en países que están a cientos de kilómetros y llamamos hermanos. ¿Qué pasa cuando no sentimos sensibilidad ante madres, abuelas, pequeños que pudieran ser nuestros y tenemos a la distancia de tan solo un gesto de caballerosidad, de humanidad?

No, la juventud no está perdida. Este asunto no es un mal de edades. Es cierto que la primera escuela es la casa, pero los adultos deben cuidar su comportamiento en las calles porque, quieran o no, siempre serán un reflejo para aquellos que venimos detrás. ¿Cuántas veces hemos sido testigos de un hombre con la suficiente edad como para no hacerse el de la “vista gorda”, para eludir el simple y hermoso acto de generosidad de ceder el puesto?

Quizás la próxima idea resulte sexista, pero creo que llega a ser muy doloroso cuando son las mujeres las que asumen estas ásperas actitudes y aún más si es con sus similares embarazadas, a las que en ocasiones ni ofrecen llevarles el bolso, por una elemental cuestión de solidaridad femenina.

Entonces me pregunto, ¿no les dará pena? Y yo misma me respondo: evidentemente, no. Tal parece que en nuestra sociedad los cromosomas, han desarrollado mutaciones desencadenantes de dos enfermedades muy peligrosas, trasmitidas de madre a hijo, de pariente a ariente, de amigo a conocido, adquiriendo dimensiones de pandemia: la Mala Educación  y, la que es peor, la Insensibilidad Aguda.

Son dos fenómenos que se les han escapado de las manos a los doctores del alma y la conciencia. Para combatirlos andan haciendo experimentos con pociones y brebajes que clasificaban en la lista de medicamentos en peligro de extinción, y dicen que si funcionan los repartirán por la tarjeta de abastecimiento y harán una masiva campaña de vacunación sin límite de edades.

Entre los ingredientes indispensables de estos remedios están palabras y frases un tanto obsoletas como gracias, por nada, buenos días, venga, siéntese aquí, mi tío, déjeme ayudarla, permiso, ¿le llevo el bolso? ¡Ojalá encuentren la cura!

LA SATISFACCIÓN DE SER ÚTIL

LA SATISFACCIÓN DE SER ÚTIL

Miriam Ferrer Nápoles, una señora de la capital con más de 50 años de trabajo y un extenso currículo que abarca desde telefonista de un hotel hasta “enfermera de la familia” en su barrio, conversa sobre la importancia de ser útil para la sociedad aún en la tercera edad.

Texto y fotos:
DANIELA OLIVA VALDÉS,
estudiante de primer año de Periodismo,
Facultad de Comunicación,
Universidad de la Habana.

“El hombre crece con el trabajo de sus manos”, expresó nuestro Héroe Nacional José Martí. Ejemplo de ello es la labor desempeñada por Miriam Ferrer Nápoles a lo largo de su vida. Una mujer incansable, que evoca con añoranza sus primeros pasos en la vida profesional.

Con 51 años de experiencia en varios sectores, Miriam cuenta la historia de su largo currículo, iniciado desde muy joven y que aún no completa. Soñaba con ser microbióloga, pero terminó siendo mucho más.

Sin duda una persona multifacética fuera y dentro de su hogar. Una mujer amable, que tuvo la paciencia de recibirme en dos ocasiones para poder contestar a mis preguntas.

Al conocer mi interés en entrevistarla, quedó muy sorprendida: “No soy heroína nacional del trabajo, solo una jubilada que no soporta estar en su casa sin hacer nada”. ¿Acaso no resulta ilustre y digno de reconocer una persona que ha laborado en tantas profesiones diferentes, muchas de ellas sin lucro alguno?

Cuando llegué a su casa me encontré con una señora aparentemente mayor, pero con un espíritu muy joven. Con un pulóver rojo que decía: “Voluntariado Social Juvenil”, el que expresaba un poco de su activa personalidad.

Estaba terminando de limpiar la sala, cuando la interrumpí para comenzar la entrevista. Me invitó a sentarme unos minutos para concluir. Antes de iniciar, se mostró muy conversadora y dinámica, sin embargo, fue solamente comenzar a grabar para que sus manos empezaran a sudar y la voz le temblara. 

Le pedí que no se pusiera nerviosa, que esto era solo un diálogo, no un interrogatorio. Entonces comencé a grabar y lancé mi primera pregunta.

Juventud y primeros empleos

»Mi primer empleo fue como telefonista en el Hotel 8 y 19, del Vedado, aquí frente a la casa. Tenía 17 años y necesidad de trabajar, pues mis padres estaban enfermos y yo era prácticamente el sustento familiar. Estaba estudiando en el preuniversitario, pero tuve que comenzar en un curso de Secretariado Comercial.

»Como entré de última, me dieron el peor horario. La jornada comenzaba a las 11 de la noche hasta las 7 de la mañana. Durante el día ayudaba a mis padres con los quehaceres de la casa e impartía clases de mecanografía, para practicar lo que había aprendido en el curso.

»Al mismo tiempo, cuidaba niños y los repasaba. Antes, las escuelas primarias eran de una sola sesión de clases, y las madres se volvían locas con esos muchachos, así que los ayudaba a hacer las tareas en mi casa y terminaba haciéndoles un cuento.

»Después, en 1966, comencé como administradora de una guarapera, en la esquina de 15 y 10, del Vedado. Me acuerdo que entre cinco administradoras que se presentaron, me escogieron a mí. Aún no sé el porqué. Continué como administradora en las cafeterías El Bulevar de 23 y luego en Los Chavales, de Paseo y Zapata.

»Posteriormente, me solicitaron en el Instituto Nacional de Industria Turística (INIT), como se llamaba antiguamente, era en el Edifico FOCSA. De ahí fui captada para trabajar en el organismo central del INIT como secretaria de abastecimiento.

»Entonces crearon la Empresa de Servicios de Abastecimiento a la Gastronomía y fui trasladada a ese organismo, donde estuve casi siete años. Allí un compañero me propuso ser secretaria del departamento de estadísticas del Comité Estatal de Colaboración Económica«.

De secretaria a mucho más

»Cinco años después comencé a trabajar en el Ministerio de la Construcción, a través de un primo-hermano que vivió mucho tiempo en mi casa.

»De pequeños, él me decía: “Cuando sea jefe, tú vas a ser mi secretaria”. Le respondía que él iba a ser barrendero y yo empujaría el carrito de la basura. Pero por cosas de la vida, al él concluir sus estudios en la Unión Soviética, lo promovieron a Director Nacional de Construcciones Hidráulicas, y se acordó de mí. Allí estuve 13 años como su secretaria y guardo un montón de buenos recuerdos.

»Mi mamá continuaba enferma, por eso busqué traslado para el hospital materno Clodomira Acosta, por estar más cerca de mi casa. Disfrutaba ese empleo porque trataba con los bebés, ¡y a mí me gustan tanto! Fui secretaria de la directora del hospital, hasta el año 2001, cuando tuve que jubilarme por problemas de salud.

»Claro, para la familia siempre hay tiempo. No soy un robot, ni nada de eso. He estado casada en dos ocasiones, y atendí mi casa en todo momento, como cualquier persona. Hacía los mandados, limpiaba, cocinaba, atendía a mi madre…«

Suena el teléfono e interrumpen la conversación. La requieren para inyectar a un vecino. Al parecer, la vida laboral de esta secretaria-administradora-enfermera, no acaba nunca.

Multitareas de su barrio

»Como ves, todavía sigo trabajando. En mi barrio hago de todo. Lo mismo tomo la presión que inyecto, cambio la zapatilla de una pila, enciendo el motor de agua del edificio, les pago las facturas del agua y la luz a los vecinos, y hasta le cuido la perrita a una amiga cuando se va de vacaciones. Así me siento ocupada.

»Exacto, soy la multitareas de la comunidad. Siempre elogian mi fortaleza, a pesar de que ya tengo 68 años. Incluso, cuando cursaba el sexto grado alfabeticé a cinco personas en la ciudad, porque mis padres no me permitieron ir al campo tan joven.

»Aunque estoy jubilada hace 13 años, no paro en mi casa. Me gusta sentirme útil para la sociedad y colaborar en el barrio en lo que necesiten. Actualmente ayudo a mis vecinas con los mandados.

»No me siento una mensajera como tal, sino una ayudante en las cuestiones de la alimentación. Muchas de ellas tienen niños pequeños, o son doctoras, y están tan ocupadas que no tienen tiempo ni para ir a la bodega, así que yo les colaboro en la compra de la canasta básica«.

Gratos recuerdos

»Bueno, todos los trabajos me gustaban. Como secretaria quería ir más allá, y conocer lo que se hacía en cada lugar. En el MICONS, iba a las obras hidráulicas en ejecución, para tener “tamaño de bola”. Visité obras desde Pinar del Río hasta Camagüey. También fui dirigente sindical, ocupaba la secretaría organizativa del área de ingeniería durante el tiempo que estuve en la construcción. Y me agradó mucho por el trato directo con los obreros. Ya en el Clodomira Acosta, disfrutaba ver los partos«.

Más joven que nunca

»Por supuesto, mi labor actual es muy gratificante, me siento útil para la sociedad, además de las cuestiones monetarias, que igualmente son importantes.

»Tengo seis décadas encima, pero con más energía que muchas personas de veinte años. Ahora los jóvenes lo quieren todo fácil. Ellos piensan que el dinero cae del cielo. Creo que en las escuelas se debería de incentivar más el amor al trabajo. No todo puede ser andar por ahí inventando, o “luchando”, como les gusta decir a algunos.

»Como expresó José Martí, el trabajo dignifica al hombre. A mí en especial me ha ayudado porque he aprendido a hacer de todo, desde administradora hasta “plomera” y, principalmente, me ha sacado de la inutilidad que puede sentir cualquier personal al jubilarse«.

La vitrina de la sala estaba repleta de fotos familiares. Así que me ante la curiosidad, le pregunté.

La Miriam del día a día

»Ahora mismo vivo con un sobrino. Después que murió mi madre y mi segundo esposo, estuve sola por un tiempo y, hace cinco años, albergué a una prima mía y a su familia, de Candelaria, a quienes se les cayó la casa por un ciclón. Luego ellos se mudaron para casa de un tío, y el hijo de ella se quedó aquí conmigo. Él me hace compañía y también me ayuda mucho en la casa.

»¡Me fascinan los animales! Hace unos añitos tenía una perrita llamada Malú. Ella estuvo conmigo catorce años. Fue mi mejor amiga. Era una perra callejera que siempre estaba en la azotea de atrás de mi casa y todas las tardes le daba de comer. Hasta que le cogí mucho cariño, y junto a mi esposo, decidimos adoptarla. Después que murió no he vuelto a tener más mascotas.

»Desde hace algún tiempo ya, soy evangélica pentecostal. Es una religión que cree en Dios, en Jesús Cristo y en la Santa Biblia. Mi casa es la sede de una cédula cristiana, donde nos reunimos todas las semanas para orar y hacemos actividades. Siempre preparo la pasta de bocadito de las reuniones porque me encanta cocinar.

»¿Mis hobbies? Como te acabo de decir, uno de ellos es cocinar, adoro inventar platos en la cocina. Mi ex esposo decía que era una inventora. De igual forma, cuando estoy limpiando me gusta escuchar música clásica, hay personas que dicen que es aburrida, pero a mí, la verdad, me ayuda a concentrarme mejor. También de vez en cuando veo mis novelas y converso con las amigas del barrio.

»Bueno, apodo en sí, no tengo. Algunos amigos me dicen “Mirita” en forma cariñosa. Pero recuerdo que mi madre, cuando me regañaba, decía: “Miriam Virginia”, y ya sabía que cuando me llamaba por el nombre completo, estaba brava«.

Solo me queda preguntarle: ¿Qué le hubiera gustado ser a Miriam Ferrer Nápoles si no hubiese sido tantas cosas?

»Yo siempre quise ser microbióloga. Desde que estudiaba en el preuniversitario, ese era mi anhelo, pero no se pudo«.

Pie de fotos: Miriam Ferrer Nápoles asegura tener 68 años y trabajar con la energía de 17.

NO ES RACISMO, PERO SE PARECE

NO ES RACISMO, PERO SE PARECE

JOSÉ ANTONIO RIGUAL DÍAZ,
estudiante  de primer año de Periodismo,
Facultad de Comunicación,  
Universidad de La Habana.

Uno de los problemas presentes en la sociedad cubana de hoy son los prejuicios raciales existentes en la Isla. Si bien con el triunfo de la Revolución en 1959 se “erradicó” esta mala hierba, sus raíces aún permanecen en las mentes de muchos cubanos.

¿Quién no ha oído por ahí las peyorativas frases de “tenía que ser negro” o “mira pa´l blanquito ese”? Son ejemplos claros de un mal que nos acecha desde hace siglos y que hoy no queremos reconocer, lo ignoramos.

Antecedentes de un mal heredado

En la Cuba colonial, la sociedad, incentivada por la iglesia, vio al negro esclavo como una bestia, como un ser sin alma que no tenía sentimientos ni sapiencia. Criticó su religión, sus ritos, sus costumbres y su idiosincrasia y llegó a establecer leyes que le prohibían casarse con blancos.

El transcurso de los años aferró la discriminación a la mente de los cubanos, a pesar de librar una guerra en contra de España en la cual negros fueron llamados por Carlos Manuel de Céspedes a combatir como hermanos junto a blancos, por una Cuba libre, soberana y de igualdad social. De hecho, una de las principales causas del fracaso de esa guerra fue la insubordinación hacia jefes de color como Antonio Maceo.

En la “República”, este problema se agudizo desde los primeros años de ocupación norteamericana y aunque en la Constitución de  1940 había un artículo referido a la igualdad entre todos los cubanos, este quedó en letra muerta.

No fue hasta 1959 que la triunfante Revolución cubana declaró la igualdad entre todos y elevó el principio martiano de que “el hombre no tiene ningún derecho especial porque pertenezca a una raza u otra, dígase hombre y ya se dicen todos los derechos.”

El propio Fidel había reconocido que uno de los problemas más difíciles que enfrentaría la naciente República sería el de la discriminación, y resaltaba que los mismos ciudadanos pobres, que lo apoyaban en otras tantas medidas, no se manifestaban agraciados con las leyes antirracistas.

¿Racismo en Cuba?

Hoy, a más de medio siglo de aquel entonces, el capítulo IX de la Constitución de la República de Cuba establece la igualdad entre todos los ciudadanos, sin importar sexo, religión o color de piel.

Ya no existe una discoteca para blancos y otra para negros, es cierto, pero, aún con estas garantías, permanecen marcadas diferencias, fundamentalmente económicas en nuestra sociedad.

Según el economista y académico Efraín Echeverría, de la Universidad de Pinar del Río, las mayores diferencias entre los cubanos de hoy están dadas, en lo fundamental, por el envío de remesas de familiares que viven en el exterior a los cubanos residentes en la Isla y si se tiene en cuenta que aproximadamente siete de cada diez cubanos emigrantes son blancos, pudiera ser esta una de las causas que influye en la diferenciación económica entre negros y blancos.

Lo que empeora la situación es el no reconocimiento de la problemática, está estancada como si no existiese y es por el hecho de que se ha logrado desinstitucionalizar la discriminación racial, pero no se ha sacado de la mente de muchos cubanos el “bichito prejuicio” que se le ha transmitido por sus ancestros. Algunos psicólogos y sociólogos de nuestro país coinciden en afirmar que esta conducta ha sido transferida subjetivamente de generación en generación por los ancestros de los distintos grupos familiares.

El racismo que sobrevive hoy en nuestro país es una especie de racismo cordial. La mayoría de los blancos y negros se llevan bien y comparten, pero por dentro se plantean diferencias. Recalco que es  rechazo recíproco, tanto blancos como negros se discriminan unos a otros en la mayoría de sus respectivos grupos sociales.

Luchar contra los prejuicios

Para el estudioso del tema Heriberto Heraud, Presidente de la Comisión José Antonio Aponte contra la discriminación racial de la Unión de Escritores y Artistas de Cuba (UNEAC), el racismo, como todas las formas de discriminación, tiene un origen socioeconómico en las relaciones de dominación impuestas por los grupos de poder en las sociedades clasistas.

Heraud considera que hay necesidad de establecer una ley contra todas las formas de discriminación que no deje de particularizar las formas específicas en que se expresan y que más allá de penalizar, se debe realizar un amplio trabajo de diálogo y participación en este complejo proceso de transformaciones de nuestras conciencias.

En el debate está la solución

No se podrá encontrar una solución al problema hasta que el asunto no sea sometido a un debate a fondo, a un debate fuerte como ocurrió con el tema de la homosexualidad, que ya no es un tabú en nuestra sociedad. Ya ser homosexual no es un problema; y si se erradicó la homofobia, creo que será mucho más fácil extirpar los prejuicios raciales.

No sugiero que se aplique una política, como la de décadas pasadas de promover cuadros negros o se dicten leyes, porque las leyes no mandan en asuntos de conciencia. Más bien, desearía que se generara la polémica respecto al tema, respaldada por los vínculos históricos que han unido a los hombres cubanos sin importar su color.

Cuando fusilaron a los siete estudiantes de Medicina, quienes tenían en su expediente que eran blancos de sangre pura, requisito para entrar a la universidad en aquel tiempo, pocos o ningún blanco arremetió contra los voluntarios, sin embargo, un grupo de negros abakuas los atacó con cuchillos en señal de protesta y pagaron con su vida. En las guerras de independencia, al lado de cada blanco hubo siempre un negro. El más universal y sabio de los cubanos, Martí, fue antirracista.

La sociedad cubana debe librarse de esos prejuicios, entender en la historia que un día murieron los negros con los blancos mambises y un siglo después murieron los blancos y los negros defendiendo Angola.

Un debate entre todos de este tema, abierto y sin miedo hablar se precisa en nuestra nación. El blanco no debe temer llamar al negro por lo que es y el negro debe estar orgulloso de ser negro como Juan Gualberto, como Maceo y como él mismo. La grandeza no radica en el color de la piel, está en el corazón. Los grandes son los que saben que es absurdo el racismo, y los pequeños, los racistas, esos son los que, verdaderamente, son inferiores.

CARRIÓN Y SU IMPURA MÁS PURA

CARRIÓN Y SU IMPURA MÁS PURA

Texto y foto:
CLAUDIA PÉREZ VILA,
estudiante de primer año de Periodismo.
Facultad de Comunicación,
Universidad de La Habana.


Una de las novelas que refleja con mayor exactitud las formas de pensar y el sometimiento social en que vivían las mujeres en el siglo  decimonónico cubano es Las Impuras, salida de la inspiración del autor Miguel de Carrión y de Cárdenas (La Habana, 9 de abril de 1875- 30 de julio de 1929).

Escrita en 1919 y varias veces publicada, el volumen emergió como relato de la prostitución en Cuba, impactando por su verosimilitud. En ese medio, una  mujer que defiende su honradez, Teresa, también salvaguarda el derecho al amor, escapando de riquezas y títulos, aunque el destino la haga sucumbir y sea avasallada por la familia debido a su intento de liberación.

¿Impura?, esta caracterización de la protagonista muestra un período donde no importaban los valores humanos para llamar a una mujer así, pues como el autor describió: “Teresa tenía el fuerte optimismo de las mujeres creadas para el amor (…), poseía una seguridad derivada de una buena salud y una sangre rica, de una sexualidad fuerte y un espíritu libre de enfermizos terrores, para quien el mundo era hermoso mientras hubiese ojos para contemplarlo”.

La descripción de una sociedad intransigente que condena a las féminas solo por la valentía con que exponen  sus sentimientos es el eje central del conflicto. Los desmanes políticos–económicos, farsas electorales y males neocoloniales eran conocidos por el pueblo, y el autor utiliza esos sucesos para hacer el análisis de una Cuba a espaldas de la corrupción e impulsando el sometimiento femenino.

Acerca de la calidad de la obra, Calvert Casey, periodista cubano, no concuerda con el reconocimiento dado a la misma y en 1963 afirmó: “Decir que Las Impuras es una gran novela, es faltarle el respeto a las grandes novelas”; mientras  Alejo Carpentier, Premio Cervantes, señaló en una entrevista de 1975: ”Por los años 20, Miguel de Carrión me parecía el único escritor cubano importante”.

Para llevar el calificativo de grande, una obra debe estar perfectamente escrita, pero si se relata un suceso real y logra trascender en el tiempo no sería grande, sino eterna. El también autor de Las Honradas (1917) reveló los conflictos de la típica Habana del pasado siglo, marcando un sitio en la literatura cubana de todos los tiempos.

Durante la década del 20 del pasado siglo, la novela estuvo prohibida a causa del escándalo que generaba su lectura en el ámbito del puritanismo moral imperante. Luego, por los años 30, alcanzó reconocimiento y se convirtió en uno de los volúmenes literarios más exitosos, con numerosas ediciones, versiones teatrales, radiales y televisivas.

Muchas son las publicaciones en defensa de los derechos femeninos, pero Carrión aseguró su huella como defensor de la dignidad femenina, dejando ver que, en ocasiones, las impuras resultan ser las más puras.

RECUERDAN A DOS GRANDES DE LA FOTOGRAFÍA EN CUBA

RECUERDAN A DOS GRANDES DE LA FOTOGRAFÍA EN CUBA

El homenaje a Osvaldo Salas y Rogelio Moré tuvo lugar en la Casa de la Prensa durante la clausura del Tercer Encuentro Internacional de Fotografía Cubafoto 2014.

Texto y fotos:
MARÍA CARLA O`CONNOR BARRIOS,
estudiante de primer año de Periodismo,
Facultad de Comunicación,
Universidad de La Habana.

Con motivo del centenario de los natalicios de Osvaldo Salas y Rogelio Moré, en la Casa de la Prensa, en el Vedado, se inauguró una exposición en homenaje a estos dos grandes artistas de la gráfica.

La muestra recoge de destacadas figuras como la Prima Ballerina, Alicia Alonso; el Poeta Nacional, Nicolás Guillén; los cosmonautas cubano y soviético, Arnaldo Tamayo y Yuri Romanenko; Ernesto Che Guevara y Fidel Castro, líder histórico de la Revolución, todos inmortalizados por los lentes de ambos artistas.

Olimpia Moré, hija del prestigioso fotógrafo, en declaraciones exclusivas, expresó gratitud en nombre de la familia por estas muestras de admiración y respeto hacia la obra de su padre.

Ramón Cabrales, titular de la Cátedra “Osvaldo Salas”, perteneciente al Instituto Internacional de Periodismo José Martí, ofreció el discurso de apertura de la exposición, que a la vez, sirvió de clausura para el Tercer Evento Internacional de Fotografía, Cubafoto 2014.

Cabrales compartió su satisfacción respecto al recién concluido encuentro. También, agradeció la participación de los fotógrafos cubanos y latinoamericanos, por aportar nuevas experiencias que ayudan a tener otras miradas acerca de la Fotografía, en un contexto donde el mundo de la comunicación se hace cada vez más complejo y cómo las imágenes pueden resolver ciertos conflictos existentes en nuestro entorno social.

Refiriéndose a Salas y Moré, expresó su admiración por la obra de los fotorreporteros e hizo un breve recuento de sus trayectorias profesionales, calificándolos de artistas de la imagen y cronistas de su tiempo.

Presidieron la actividad Antonio Moltó, presidente de la UPEC; Santiago Feliú, director de la revista Tricontinental; Ariel Terrero, director del Instituto Internacional de Periodismo “José Martí”; y otros miembros de la vicepresidencia de la organización gremial.

Pie de foto: 1-Ramón Cabrales ofreció el discurso de apertura de la inauguración. 2-Exposición de algunas de las obras más significativas de los fotorreporteros Osvaldo Salas y Rogelio Moré.