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Isla al Sur

BICENTENARIO DE CIRILO VILLAVERDE, SIN NINGUNA PROMOCIÓN

BICENTENARIO DE CIRILO VILLAVERDE, SIN NINGUNA PROMOCIÓN

La vida y obra del escritor fue abordada por Eusebio Leal en el Sábado del Libro.

ROBERTO MÁRQUEZ LÓPEZ DE VIVIGO,
estudiante de primer año de Periodismo,
Facultad de Comunicación,
Universidad de La Habana.

El bicentenario de Cirilo Villaverde, a conmemorarse el próximo 28 de octubre, ha transcurrido sin mucha significación a lo largo del territorio nacional en 2012.

«Cuba es un país de gran historia, pero desgraciadamente, es una nación en que a veces la memoria se pierde. Cirilo es ejemplo vivo de esto», afirmó Eusebio Leal, Historiador de La Habana, en el más reciente Sábado del Libro.

Leal expresó que el autor de la Loma del Ángel, por toda su obra, tiene un lugar cimero en la literatura cubana, por eso debe homenajearse su bicentenario.

El periodista, maestro y narrador, consagró su vida a la literatura, pero también a la búsqueda de la emancipación del yugo colonial español, motivo por el cual sufrió presidio.

Aida Bar, vicepresidenta del Instituto Cubano del Libro, destacó la importancia de leer la novela Cecilia Valdés para los cubanos, no conocerla solo por la zarzuela de Gonzalo Roig. La obra se adentra en el mundo de las costumbres de la época, retrata el drama, la esperanza del pueblo de la Isla en el siglo XIX.

Manuel Romero, asistente a la actividad, afirmó que no solo debemos reconocer a las personalidades de la cultura del momento, sino también divulgar a los grandes artistas de épocas pasadas.

Cirilo Villaverde nació el 28 de octubre de 1812 en un pequeño pueblo costero de Pinar del Río y murió el 23 de octubre de 1894 en Nueva York, epicentro de su actividad política. El príncipe de las letras, como se le llamó, fue testigo de la creación de la bandera de la estrella solitaria diseñada por Narciso López, y esta pequeña original, fue vendida por su hijo al Estado, durante la presidencia de Mario García Menocal.

Foto: Cirilo Villaverde, autor de la novela Cecilia Valdés. 

Ficha Técnica:

Tipo de título: Informativo.
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Tipo de cuerpo: Lead + Pirámide invertida +  Dato adicional.
Primer valor noticia: Actualidad.
Otros dos valores noticia: Prominencia de los protagonistas. Proximidad o cercanía.
Tipo de fuentes declaradas: No documentales y directas.
Tipo de noticia: Directa.

JORGE OLLER OLLER A TRAVÉS DEL LENTE AMIGO

JORGE OLLER OLLER A TRAVÉS DEL LENTE AMIGO

MAITE GONZÁLEZ MARTÍNEZ,
Periodista de Radio Habana Cuba,
Cortesía para Isla al Sur.

En mi viaje detectivesco por la historia del fotoperiodismo en Cuba y de una de sus grandes figuras, entrevisté a múltiples amantes de la profesión. Desiguales en épocas, edades, especializados en la materia, o a veces empíricos, todos ellos, desde diferentes enfoques y lenguajes, supieron brindarme una imagen de lo que fue y es hoy Jorge Oller Oller.

Muchas veces escuché que es un artista del lente, por supuesto que lo es. Pero ante todo es un magnífico fotorreportero que supo inmortalizar el proceso revolucionario cubano desde su inicio.

En uno de mis tantos encuentros con Oller le presenté las razones de por qué su obra y labor profesional atrapaban el sentido de mi trabajo. Él, muy serio, solo me respondió: “No merezco ese honor por el simple hecho de estar en el momento y en el lugar indicado a la hora de tomar `algunas´ buenas fotos”.

…en la modestia y la humildad…

“Así mismo es él; muy modesto. Esa es una frase humilde con la cual muchos fotógrafos a veces coinciden, pero yo pienso que no necesariamente estar en el lugar y en el momento apropiado te hace fabricar una buena foto, depende mucho de tu individualidad, de tu propia cultura…; depende de tu mirada, tu corazón y el empeño que pongas. Oller presenta todos esos atributos y más” (René Massola, Fotoperiodista del periódico Trabajadores).

“Si lo tengo que criticar diría que era muy modesto e introvertido, no le gustaba hablar de sí mismo y eso impedía el acercamiento hacia él, pero no de él hacia las personas. Es por eso que sabía agrupar a todos alrededor suyo. Para Oller todo el mundo era bueno. Eso cuesta trabajo creerlo, porque las personas tienen sus individualidades, pero bueno, todos estábamos por la misma causa revolucionaria” (Miguel Viñas, Jefe del Departamento de Fotografía de Prensa Latina en su fundación. Coincidió en el período laboral de Oller).

“Jorge Oller tiene la rara virtud de la modestia. Es una modestia casi visceral, interna, convencida y practicada como un acto mismo de vida: respirar, caminar, hablar. Esa, que es una gran virtud, por momentos pienso que se vuelve su terca opositora y quizás a ello se deba que entre los más nuevos de la profesión, Oller se va desdibujando a fuerza de que rara vez cuenta o se cuentan sus historias. Sí, porque de eso peca: de no hablar de sí mismo. Mientras que algunos lo hacen en alharaca y montan y desmontan coberturas e instantáneas arrebatadas a determinados personajes, las aventuras de Oller en el periodismo se conocen más por sus amigos que por él mismo” (Iraida Calzadilla, Periodista y profesora de FCOM).

Como padre…

“De Jorge Oller hay que hablar en sus distintas facetas: como ser humano, amigo, padre, hombre y profesional. En una ocasión, estando los dos en Chile en un recorrido con Fidel, me di cuenta que me había quedado solo con todos los dirigentes chilenos y cubanos. De pronto me vi que el transporte encargado de trasladar a los fotógrafos, y que siempre iba delante de la comitiva, estaba a punto de irse hacia el otro sitio planificado. Corrí como un demonio, y del camión, ya en marcha, surgió una mano que me ayudó a subir, era la de Jorge Oller. Me demostró que no se podía estar hasta el último momento en una escena cuando existía la amenaza de perder la próxima. Esa, para mí, fue una enseñanza salomónica; Como un padre enseña a un hijo, aunque él preferiría que lo considerara mi hermano mayor, porque si digo que es mi padre lo envejezco. El siempre veló por mí. Los consejos que me faltaron de mi padre, por estar enfermo, los recibí de él” (Pablo Pildaín, Fotoperiodista de Prensa Latina. Coincidió en el período laboral de Oller).

“Es un hombre muy humano, una gente muy sensible, es amigo de las personas, se preocupaba por el trabajo de todos. Estas son cualidades que todos veíamos en él y que era importante poseerlas en aquellos momentos donde se era partícipe de la Revolución. Marchar por las calles, el trabajo voluntario, el camión, todas esas cosas te hacían compenetrarte con la gente y ese era Oller. Yo no sé quién es más viejo, creo que él, pero siempre se comportó como un padre para todos” (Miguel Viñas).

Como maestro…

“Enseñar sobre el arte de la fotografía a los nuevos retoños, que llegaban a su ‘escuela’, formaba parte de su rutina. No le importaba mostrar todo lo que sabía. Hoy día, profesionales del gremio, confiesan que esa actitud se ha perdido sólo por el temor de que unos puedan aventajar a otros. Recuerdo una vez que me hizo una evaluación, cuando se celebró la primera reunión de la Organización Latinoamericana de Solidaridad. Estábamos mirando las fotos que habíamos tirado, yo por Prensa Latina, y él por Hoy. Oller miró todo su royo, miró todo el mío, y me dijo: “Pablito, has tirado lo mismo que yo tiré”. Óigame…, que el profesor dijera que estaba llegando a su altura son cosas que no se olvidan (Pablo Pildaín).

“En todo momento se preocupó por las nuevas canteras de jóvenes que venían naciendo. Siempre les señalaba como podían hacer mejor las cosas desde el punto de vista de la composición fotográfica. Incluso, hasta orientaba y daba consejos de índole personal” [Pablo Pildaín (hijo) Fotorreportero].

Como colega…

“El gallego, desde mi punto de vista, es un buen fotógrafo de prensa, que tiene un sentido real de lo que es noticia y de lo que es el compañerismo. Nosotros hicimos un buen equipo. Muchas veces nos ayudábamos a trabajar en el laboratorio; yo imprimía y él revelaba, o viceversa. A veces él venía de los viajes y yo le esperaba con el cuarto oscuro preparado, con el revelador listo, aunque el periódico no estuviera trabajando. Eso también lo hacía conmigo. Éramos el aceite y el vinagre que no le puede faltar a ninguna ensalada, y así nos fue muy bien” (Liborio Noval, Fotoperiodista).

“Trabajar con Oller era muy fácil. Cuando uno le comentaba la tarea que quería hacer y él podía mejorarla siempre haciendo propuestas correctas. Cuando yo me iniciaba como periodista, él era un fotógrafo de mucha experiencia al que mandaban a realizar trabajos complejos, sin embargo, como novato tuve la suerte de trabajar juntos en varias ocasiones y para mí fueron momentos muy importantes (Frank Guiral, periodista de Prensa Latina. Coincidió en el período laboral de Oller).

“Es un gran amigo y colega. Se destaca por su preparación técnica, profesionalismo, humildad y disciplina. Siempre ha sido muy reservado, cumplidor del deber. Es todo un caballero” (Jorge Valiente, Fotoperiodista del Diario Granma. Coincidió en el período laboral de Oller)

Como profesional…

“Es una enciclopedia de la fotografía cubana. En su trabajo siempre se preocupó mucho por el detalle. Era uno de los mejores haciendo empates en los tiempos en que la fotografía era impresa y había que rasgarla. Era increíble haciendo cosas con el tacto” [Pablo Pildaín (hijo)].

“Formidable, un fotógrafo de calidad, muy serio, muy respetuoso, se brindaba siempre para todo. Cuando hablaba con alguien parecía estarlo retratando. Siempre miraba las cosas desde el punto de vista gráfico” (Roberto Morejón Fotoperiodista de Prensa Latina. Coincidió en el período laboral de Oller).

“Oller no era de esos fotógrafos que corría, pero cuando sacaba una foto…, era una foto: te daba la imagen, la noticia de lo que se necesitaba en ese momento. Su visión de fotoperiodismo era única y tenía mucha confianza en sí. Existe una anécdota de cuando se iniciaron las relaciones con Chile. Él estaba en el Palacio de la Moneda y no tenía acceso a Fidel por la cantidad de personas que lo rodeaban. ¿Qué hizo? A través de un espejo, con forma de moneda, captó una foto espectacular. ¿Y tú te crees que eso se aprende?, puedes pasar por la universidad, sí, pero si no eres capaz de aprovechar el momento de sacar la foto, te vuelves uno más del montón (Miguel Viñas).

“Y es que, hay que decirlo en alto, Oller siempre tuvo habilidad y sexto sentido para captar una imagen en el momento justo en que podía informar, ‘decirle’ algo al receptor. Y en otras, las imágenes se volvieron puro arte en una intencionalidad humana y comprometida que desbordaba cualquier acto de encasillamiento” (Iraida Calzadilla).

Como esposo y compañero de vida…

“Él ha sido compañero, amigo, y como él mismo dice, mí psicólogo durante cuarenta y cuatro años. He sido muy feliz, como no pensé nunca en mi vida. Me dio un matrimonio seguro y sólido.

“Como trabajador, siempre ha sido muy dedicado a su profesión: eso lo dejó bien claro desde el primer día en que nos conocimos. Siempre le respeté sus criterios y sus deseos de trabajar, y esto nunca fue un motivo de discusión.

“Como amigo es muy fiel, siempre trata de ayudar cuando necesitan de él con todo su conocimiento y empeño. ¡Lo admiro, lo admiro, y que no me oiga!” (Caridad Gómez, la esposa).

No ha sido fácil, aunque muy gratificante, compendiar las diversas opiniones sobre este maestro del lente. Adentrarnos en la obra de este hombre, a quien la vida le dio el don de “la mirada fotográfica”, nos demostró que todo cuanto captaba su lente llevaba plasmando “el sello Oller”: su humanismo y sencillez.

Él siempre ha dicho que es un fotógrafo feliz, sus amigos y en especial Iraida Calzadilla, coinciden en que ahí radica su profunda filosofía de vida: “Enamorarse de todo lo que se hace. Ser fiel a su propia conducta y asunción de la vida”.


 

LOS HUEVOS FRITOS DE EUFEMIA

LOS HUEVOS FRITOS DE EUFEMIA

DARIANNA REINOSO,                                                                        
estudiante de primer año de Periodismo,
Facultad de Comunicación,
Universidad de La Habana.

Arroz blanco. Frijoles negros. Platanito maduro. Solo falta el huevo frito con la yema blanda. Así lo prefiere mi sobrino, para quien soy su chef de cocina. Ernestico dice que preparo los huevos fritos que más le gustan. Y no puedo evitar hablarle de quien merece el crédito: Eufemia, ella sí que hace los huevos fritos más ricos del mundo. Yo solo soy otra aprendiz.

Hace años  pasé ese curso, que no fue solo de cocción. Conozco a Eufemia desde que yo era pequeña y no ha cambiado mucho. Continúa caminando descalza en la casa, con una toallita recostada sobre su hombro o al alcance de la cintura para secar el sudor, espantar algún insecto y apartar del fuego el caldero que lo requiera. Su voz, cordial en la conversación, todavía puede estremecer el monte cuando pretende explorar en los oídos de Manolito, Cuque y Jorge para recordarles que deben recesar de la faena laboral porque el almuerzo está listo. Solo su cabello plateado luce diferente, ahora es más brilloso.

La casa de esta familia corona las alturas montañosas de Soroa. Enclavada en el “pico de una loma”, la ascensión es por una empinada pendiente de tierra que aviva una extraña sensación de escalofrío en los pies. Esos parajes son fértiles para los cafetos que, florecidos, envuelven la serranía en una fragancia afrodisíaca, y con los frutos le entregan un colorido mágico al verde follaje.

Hasta allí llegaban mis padres, con el morral al hombro, durante la recogida cafetalera. Mi hermana y yo, sin una nana disponible, pasamos algunos días en el vientre de la naturaleza. Invadir el territorio de santanillas y mosquitos dejaba huellas irritantes en la piel. Y ante el desbordamiento repentino de las nubes, sin tener dónde guarecernos, las hojas de matas de plátano nos cubrían de los aguaceros.

Entonces la gentileza de Eufemia no se hacía esperar. En su casa acompañábamos la claridad del día. Ella fue nuestra nana por aquellos tiempos. Con ella cuidamos del rebaño de carneros y del ternero enfermo, apilamos el café del secadero y fuimos los custodios principales que impedían el paso a patos y gallinas por el reluciente piso. Nos recompensaba  –por tan importante labor– con mangos, mandarinas, guayabas o agua de coco.

También probamos su sazón. Al calor del carbón, en un calderito, la manteca de cerdo hervía. Solo dos toques con el tenedor eran suficientes para quebrar el cascarón. Con delicadeza ella dejaba caer la clara, sin que se lastimara la yema. La espumadera iba de un lado a otro, enjuagando con la grasa el huevo criollo que ya se vestía con un manto blanco. Tras una última zambullida quedaba listo aquello que provocaba una música y un aroma cautivadores en el ambiente de la cocina.

Luego de cumplir con sus exigencias de higiene, compartíamos la mesa para disfrutar –privilegiados nosotros– de los huevos fritos más ricos del mundo. Ese es el veredicto de nuestro paladar. En ellos, apariencia y sabor se conjugaban: una orla, con rastros de burbujas, adornaba los contornos circunferenciales. ¡Qué crujientes! Y con el punto de cocción preciso lograba yemas blandas, un poco duras o bien tostadas, para satisfacer los gustos.

La gracia con que los sumergía por última vez en la grasa y el rocío de sal con que los cubría al instante de servirlos, hacían de aquel almuerzo un deleite.

Esos serán difíciles de superar, pero creo haber descubierto lo especial del proceder culinario de Eufemia. Había tanto placer reflejado en su rostro por aquello que hacía…Con cariño, hoy preparo los huevos fritos para mi sobrino.

 

 

SANGRE AZUL EN LA MAYOR DE LAS ANTILLAS

SANGRE AZUL EN LA MAYOR DE LAS ANTILLAS

Con el triunfo de la Revolución de Octubre, tres miembros de la nobleza rusa emigraron y se establecieron en Cuba

JAVIER ROQUE MARTÍNEZ,
estudiante de primer año de Periodismo,
Facultad de Comunicación,
Universidad de La Habana.

Tres hijos de la última princesa rusa de la casa Kourakine, María Fiodorovna,  llegaron a Cuba a finales de la segunda década de la centuria pasada después de huir del nuevo régimen proletario que se instauró en su país.

La historia más reciente de la familia se remonta a los finales del siglo XIX, con la princesa Fiodorovna Kourakine y su esposo, el marqués francés Eugenio de Bernard, quienes tuvieron cinco hijos: Fiodor, Oleg, Alexander, Eugenio y Sonia, explicó Natalia de Bernard, hija del tercero.

El primero heredó el título de Príncipe Kourakine por ser el primogénito varón, y fue fusilado a principios de la Revolución de Octubre. Oleg formó parte del servicio de contraespionaje del imperio zarista y terminó asesinado por las tropas alemanas durante la I Guerra Mundial, según datos aportados en Realeza rusa en Cuba, del periodista Luis Hernández Serrano. 

Alexander nació en 1893. Ejerció como teniente de aviación y piloto de Nicolás II, último zar de Rusia. También recibió la Cruz de San Vladimiro, una de las máximas condecoraciones otorgadas por el soberano de su país, aseguró Ana Carmen Rodríguez, su nieta.

A principios de 1917 conoció a la cubana Hilda Heydrich Rouvier, en París, y decidieron casarse en octubre. Con la llegada de la revolución ese mes, Alexander fue confinado a un campo francés de prisioneros, hasta que lo extraditaron a Cuba como profesor instructor de aviación, comentó Natalia.
La pareja ocupó una casa en la Avenida 23 del Vedado capitalino y tuvo tres hijas: Tatiana, en 1918; Natalia, en 1923; e Hilda, en 1924. Alexander falleció a causa de una úlcera estomacal a la edad de 36 años, el 31 de diciembre de 1929, después de permanecer varios días hospitalizado.

Eugenio se graduó de Ingeniería Eléctrica y, al igual que su hermano, se trasladó para Cuba. Olvidándose de sus títulos nobiliarios se asentó en Oriente, donde se dedicó al negocio de los ingenios azucareros y de los trenes, comentó Rodríguez.

“Sonia, la menor de los hermanos, contrajo matrimonio con el príncipe Ouchtomsky. En 1917 fue separada de su esposo mientras viajaban en un tren con destino a China, que fue interceptado por fuerzas bolcheviques, y nunca más se volvieron a encontrar”, explicó de Bernard.

Emigró a Estados Unidos, donde abrió una tienda de joyas que rápidamente quebró, y después vino para Cuba. Trabajó en la Escuela de Idiomas Abraham Lincoln, de La Habana, como profesora de ruso e inglés. Gozó  de gran popularidad, sobre todo en el ámbito intelectual, debido a sus conferencias sobre literatura hasta que falleció en 1968.

La estirpe de los Kourakine está emparentada lejanamente con Iván el Terrible y Pedro el Grande, figuras cimeras en la historia rusa. En una época llegó a ser la segunda familia más rica, solo por detrás de la del zar, aseguró Rodríguez.

Pie de foto: Alexander de Bernard, piloto del zar Nicolás II e hijo de la última princesa rusa de la casa Kourakine, y el escudo de la familia.

FICHA TECNICA:

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Otros valores noticia: Prominencia de sus protagonistas. Proximidad o cercanía.                             
Tipo de fuentes: No documentales, documentales.
Tipo de noticia: Simple, ligera.

 

ACORDES DESCONTAMINANTES

ACORDES DESCONTAMINANTES

El representante del proyecto Isla Verde, Jorge Delgado Suárez, opina que el medio ambiente está integrado por todo lo que nos rodea, y cada acción que realicemos de forma respetuosa va a incidir en la protección de nuestros ecosistemas.

Texto y foto:
LUIS A. AUTIÉ CANTÓN,
estudiante de primer año de Periodismo,
Facultad de Comunicación,
Universidad de La Habana.

Una artista española dijo una vez que la música entra por el oído y va al corazón. Ese es el precepto que Osmel Francis y su grupo musical Cubanos en la Red tuvieron en cuenta al crear, hace doce años, el proyecto comunitario Isla Verde, para contribuir a la formación de una conciencia ecológica en la población mediante el arte y las actividades comunitarias.

En esta ocasión la música la puso el murmullo del mar en la capitalina barriada de Santa Fe pues, junto a la costa, se encuentra El Islote, una casa que funge como oficina y cuartel general del proyecto. Allí, en una habitación con olor a agua salada, el Máster en Agroecología y Agricultura Sostenible y representante del proyecto Isla Verde, Jorge Delgado Suárez, opinó sobre la situación ambiental actual.

-¿Que nexo existe entre arte y medio ambiente?

¿Como puede uno ayudar en el cuidado del otro?

El medio ambiente está integrado por todo lo que nos rodea y cada acción que realicemos de forma respetuosa va a incidir en la protección de nuestros ecosistemas. El arte en, nuestro caso, es utilizado como ente transformador. Mediante el mismo podemos hacer llegar mensajes educativos que propongan nuevas formas de relación, donde armonicen la naturaleza y la sociedad. Por ejemplo, nuestro grupo realiza semanalmente tareas de limpieza de litorales, ríos, etc.; con esos residuos se realizan esculturas, se confeccionan ropas, lo cual permite mostrar a las personas cuánto se puede reciclar con lo que se bota. Además, realizamos conciertos donde los temas, sin dejar de ser bailables o divertidos, encierran mensajes que promueven el cuidado y la conservación del entorno.

-¿El tratamiento que se da a los residuos

sólidos es el adecuado? ¿Cree usted

que se podrían aprovechar mejor?

En nuestro país no existe una cultura en la clasificación de los residuos. Hay que especificarlos para después poder reutilizarlos. Tenemos que crear mecanismos que estimulen a las entidades y personas naturales a que no arrojen los desechos en calles, ríos y el mar. A partir de la empresa de Materias Prima se han creado puntos para la recolección de los materiales que puedan ser reciclados, como latas, vidrios, cartón o papel. Esto  funciona bien, pues se paga por lo que se lleve. Pero esos no son los únicos desechos sólidos, también existen otros orgánicos que pudieran ser transformados en abonos para las plantas.

-En cuanto al cuidado del medio ambiente,

¿opina que la labor de las autoridades

es positiva, provechosa?

El cuidado del medio ambiente no es una labor estricta de las autoridades de un país. No obstante, en la Constitución de la República de Cuba queda explícita la voluntad política para su conservación. Creo que se debe trabajar más en instruir a los trabajadores y directivos de las entidades contaminantes, porque no ganamos mucho con multar si no educamos a las personas.

-He constatado personalmente la existencia de

micro vertederos de residuos sólidos domésticos

en diferentes lugares de la ciudad.

¿Cree que es suficiente el trabajo realizado

por los medios de comunicación masiva

con el propósito de educar a la población?

En los últimos tiempos se ha realizado algún que otro spot a favor de este tema, pero considero que es insuficiente, porque el tópico debiera estar reflejado diariamente en la prensa escrita, los programas de la televisión y la radio. Los medios de comunicación constituyen elementos super importantes para la sensibilización.

Los micro vertederos, que cada día son más comunes en el entorno citadino, traen consigo un grupo de contaminaciones desde lo visual, hasta emisiones de gases proveniente de la descomposición de la basura que se acumula. Constituye a su vez un ambiente propicio para el hábitat de insectos y animales que perjudican la salud humana.

Esto forma parte de la indisciplina social porque en ocasiones se tienen los tanques donde depositar los desechos y las personas inconscientes los dejan fuera, aspecto en el cual se tiene que trabajar más; otras veces los compañeros de Comunales no recogen a tiempo los desperdicios y se convierte en una cadena de irresponsabilidades que termina en la alteración de medioambiente.

-¿En su opinión, qué importancia tiene

la acción de la población en el

cuidado de nuestras costas?

Las personas son los principales agentes contaminantes de nuestras costas, pues vierten a ríos y mares cualquier tipo de residuos sin importarles su destino final. Es muy común ver en ellas latas de cervezas y refresco, así como jabitas de nylon que provocan cambios en los ecosistemas marinos y destruyen la flora y la fauna.

-Ecológicamente, ¿como avizora

usted a Cuba dentro de 50 años?

Podemos valorar dos escenarios: si continuamos con tanta indisciplina social y sin control de la eliminación de los desechos, seremos un gran vertedero y la aparición de plagas y pandemias aumentará en gran medida. Pero un segundo escenario, donde trabajemos con respeto el medio ambiente, podrá ser un paraíso. 
 
-Entonces, ¿cree posible la erradicación

de la contaminación costera?

Sí, posible y necesaria, pero para ello debe sumarse la población y  las entidades, nadie puede quedar exento de responsabilidad, porque estamos en un gran avión que se llama Tierra, con unos pilotos que somos los seres humanos. Si seguimos cargando este avión de desechos llegará el momento que se venga abajo. No importarán razas, religiones, ni poderes, todos desapareceremos sin dejar rastro de lo que un día fuimos.

Pie de foto: Jorge Delgado Suárez reflexiona que en el escenario donde se propicie trabajar con respeto el medio ambiente, Cuba podrá ser un paraíso.

UN NUEVO RETRATO PARA MADAME BOVARY

UN NUEVO RETRATO PARA MADAME BOVARY

Las librerías de La Habana se inundan de libros usados como parte de un plan por devolver a la circulación ejemplares publicados en nuestro país años atrás. Madame Bovary, del francés Gustave Flaubert, novela publicada por Ediciones Huracán en 1986, vuelve al público cubano como uno de estos ejemplares.

JUSTO PLANAS CABREJA,
Periodista cubano.
Cortesía para Isla al Sur.

Si Gustave Flaubert rescribiera Madame Bovary, esta Bovary del siglo XXI se abría suicidado nuevamente. Con los escritores clásicos ocurre así, tienen mano para escribir personajes eternos. Un arma de doble filo, filo para cortar cabezas, y el otro como para cortarse la cabeza. Desvestir la realidad es denunciarla, pero ¡ay! La hicieron ciega y siempre tropieza con la misma piedra.

Claro, hay sus pequeñas diferencias. Esta vez, Madame Bovary no sería francesa, tal vez, una norteamericana de clase media que se llamaría Susan Smith. Mistress Smith no tendría paciencia ni tiempo para leerse una biblioteca de novelas rosa como Madame Bovary, así son las cursis hoy en día. En cambio, el cine de Hollywood le vendría como anillo al dedo. La afeminada aristocracia y su vizconde, que una vez deslumbrara a Emma Bovary tan solo por unos instantes, como un sueño que surca la vida; todos, los cambiaría Mistress Smith por fama. (La fama parece hoy el mejor modo de llegar a ser Dios: rico y poderoso; además la mayoría de los vizcondes están arruinados.)

Por un lado tenemos una francesa con ínfulas de aristócrata que sueña, tal vez, con un baile en palacio; por otro, una norteamericana que sigue desde Internet la vida del Star Sistem y aspira a llegar a la cama de Brad Pitt; solo nos falta un Charles. Los Charles aparecen por equivocación en la historia de las Emmas. Ellos se enamoran y se casan, ellas creen que pueden sobrevivir con pura sugestión. No, Charles no era como el vizconde y Emma lo descubrió rápidamente. El Charles del siglo XXI parecería, igual, un adorno más de la casa. Hecho para la rutina, las emociones tenues, el amor sereno; hecho a su hogar y a su mesa, y a la monotonía.

Entonces para Emma el adulterio se vuelve una opción; tal vez, para Susan, el divorcio. Pero las Susans necesitan de las apariencias, necesitan volver a casarse, y de Charles está lleno el camino del matrimonio. Los amantes son, en cambio, caballeros andantes desechables, y también, una gota que destruye la copa. La muerte se presenta para las Emmas como el único modo de evadir la fatua realidad. Pero si usted leyó la novela puede decirme que Emma no se suicida precisamente de decepción sino debido a las deudas: siempre pensé que cuando Emma firmó el primer pagaré ya estaba moribunda.

Pero vamos a dejarle moribunda por unos instantes, acompañada de médicos, de un boticario (que merece él solo una novela), su hija, su sirvienta y Charles. Alejémonos lentamente del pueblo de Yonville, rural, sucio, ¡mediocre!, y vamos donde Flaubert.

Es marzo de 1956, así que está a punto de concluir la novela. Pasa el día como desde que comenzó a escribirla en 1951, caminando por su jardín, escribe: lee que lee. Le ha dedicado horas infinitas tan solo a una oración, no quiere que se le escape el romanticismo por la pluma, cualquier arranque de emoción puede manchar el estilo. “¡que sea real –parece pensar- como si viviera!”. Y estuvo viva Emma en realidad. Dicen que se llamaba Delamare, que Flaubert salió a investigar su suicidio para inmortalizarla.

Solo quedan pocos minutos antes de que muera Madame Bovary. Jamás podría imaginar que no es el cianuro sino Flaubert quien la mata. Había que hacerlo. Esos deseos de trascender la realidad tan propios del romanticismo no pueden realizarse. Son como el fuego, que ilumina, pero que si se toca, quema, o mata... Ha muerto Emma, pero no termina la novela, quedan algunas páginas más para contar qué será de los personajes.

De cualquier forma las páginas de los libros inmortales son infinitas. Emma nunca muere, es eterna. Vienen las Mistress Smith que mueren de soledad, de desilusión. Pero, ¡silencio de una vez!, porque a Emma ya la entierran y parece como si Charles se fueran con ella, bajo tierra.

 

LA RÁFAGA DEL LLANO

LA RÁFAGA DEL LLANO

JESÚS ARENCIBIA LORENZO

Su asignatura preferida no debió ser la Diplomacia. Porque en el idioma labriego de «los nadie, de los ninguneados» no se haría entender bien quien le diera más de una vuelta a las palabras en la boca. Todavía en Naciones Unidas andan buscando el «olor a azufre» que dijo sentir en el podio después de que pasara por allí George Bush o «Buss», como solía llamarlo en su inglés antiyanqui.

Su virtud más preciada no debió ser la contención. Porque al llano corazón del llano, hecho de joropo y espuela, no le sentaba la mesura impoluta; y si había que subir el tono lo subía; y si había que gritar y cerrar el puño ante los cañoneros, lo cerraba, en una ráfaga romántica y contagiosa.

Ni la retórica clásica, ni la cautela política excesiva, ni la plástica elegancia... Ninguna de estas «bellas artes» de la jungla tribunicia eran puntos sobresalientes de su currículum.

Lo de este hombre era otra cosa. Algo raro y genuino que amalgamaba la pólvora del carisma con el fulminante de la humanidad. Algo como de arado entrándole a una tierra virgen en un desafuero de versos, consignas y carcajadas.

Hugo Chávez era un ser primigenio. Un venezolano acabado de salir del molde único, que llevaba el resplandor de los adelantados.

La gente sabía al escucharlo que estaba hablando para ellos, porque interrumpía el más profundo análisis macroeconómico para saludar a Petra o a Jimmy, o mandarle un beso a una de sus hijas, o decirle a la cámara, para que lo viera su padre latinoamericano: «¿How are you, Fidel? Un abrazo para ti»...

Y puede que polarizara en exceso sus consignas; o soñara demasiado cuando se trataba de multiplicar riquezas entre todos; pero nadie podría acusarlo de ilegítimo, de frío, de impostor.

Los cubanos veíamos en él el símbolo extrañado de la revolución naciente; de ir nombrando cosas y haciéndolas de muchos con el fervor quemante de los barbudos de la Sierra Maestra, que partieron en dos la historia universal.

Chávez nos removió a golpe de chistes y picardía de hermano el almidón burocrático que en muchas de nuestras arterias se había ido enquistando. Y más de uno soñamos con él una inyección de socialismo al socialismo. De patria vivificante a patria contenida.

Hugo supo tocar y trocar el cuatro en laúd y el corrido en décima, cuando de agradecer a Cuba se trataba. De él, aprendimos que no hay mayor monumento al buen gobierno que un pobre enarbolando la Constitución; o que la rígida grisura nunca es una política amable.         

Y ahora, cuando veo a Evo Morales, el indio Presidente, casi temblando ante un micrófono para decir sin voz unas palabras de despedida a su amigo Chávez, comprendo por qué a las 4:25 de la tarde de este martes rojo, todos hemos sido un poco más huérfanos. 

 

ENTRE EL DOLOR Y EL COMPROMISO

ENTRE EL DOLOR Y EL COMPROMISO

A propósito de este 8 de marzo y el adiós al más grande feminista venezolano.

IRAIDA CALZADILLA RODRÍGUEZ

Desde Venezuela me envió estos versos Yamira Acosta. Yamira es una mujer fuego. Una líder comunitaria. Una profesora de la Universidad Bolivariana del estado de Zulia. Una maracucha de punta a cabo que no niega su tiempo a los necesitados, que anda por las cuadras repartiendo pulóveres, gorras y propaganda para la inminente movilización de un fin de semana. Una feminista que oye a las mujeres de su barrio pegado a Los Plataneros. Una mujer que va a la lucha política con el mismo fervor con que cuida como leona a sus tres hijos hermosos por los que trota en las venas mitad de sangre cubana.

En estos días de tristezas por Chávez he evocado una y otra vez a Yamira Acosta. Ella es símbolo de la Venezuela del Comandante. De la mujer que se levanta en la madrugada con la ilusión siempre nueva de una patria mejor, porque siente que de veras es hoy cuando tiene patria, cuando tiene sueños, cuando tiene esperanzas forjadas en el compromiso político bolivariano.   

Muchas veces me senté en el portal de la casa de Yamira Acosta a sentir la brisa de las seis de la tarde en ese Maracaibo de calor insurgente. Y cuando llegaba después de un día de clases, de reuniones, de hacer trabajo con las mujeres de su barrio, aún le quedaba energía para seguir programando y reprogramando el tiempo para darse a la tarea que pedía su Comandante.

En esas tardes que terminaban en noche, Yamira Acosta me hablaba de su admiración por Chávez, de la hombradía con que afrontaba la enfermedad, del líder que daba a Venezuela otra dimensión histórica. De ese Chávez protagonista indiscutible de la integración latinoamericana en el siglo XXI hablaba Yamira, mientras el té de flor de Jamaica iba refrescando en la taza.

Y ahora, cuando vamos dando el adiós físico al hermano querido, pienso que Venezuela tiene otras miles y miles de mujeres que como Yamira Acosta no dejarán de pelear por la patria y la revolución “roja rojita” de su Comandante. En ellas ahora anda también la enorme responsabilidad de perpetuarla como una esperanza cierta.   
 

 

ENTRE EL DOLOR Y EL COMPROMISO

Que la tristeza no nos acorrale
que el miedo no nos acobarde 
que el llanto no nos ahogue
que la incertidumbre no nos amenace
que el compromiso no se nos apague
que no se pierda la esperanza y el sueño de Hugo Chávez 
más temprano que tarde el agua volverá a su cause
y  los millones de Chávez  que se sembraron
en esta  batida  revolucionaria
germinarán con la fuerza del samán
para defender y  proteger con sus fuertes y frondosos ramales
el sueño de la patria grande.