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Isla al Sur

DESNUDARTE

DESNUDARTE

Influencia de los tabúes de la sociedad cubana en la apreciación del desnudo artístico en el teatro.

ANA LEYVA DEHESA,

estudiante de primer año de Periodismo,

Facultad de Comunicación de la

Universidad de La Habana.

Ella nunca había asistido a una función teatral, pero ahora que ya tenía edad lo disfrutaría como tanto había soñado. Sin dudar se decidió por La Celestina, de teatro El Público, dirigido por Carlos Díaz, obra más comentada en la ciudad en ese momento.

Al llegar, la emoción de la actuación en vivo la tenía ansiosa por entrar y sentarse en su butaca. Cuando por fin estuvo acomodada en el asiento, las luces se apagaron y comenzó la función. Vio jóvenes desnudos de cuerpos hermosos, otros vestidos actuando maravillosamente; había un hombre que hacía de mujer, otro que gustaba de los de su mismo sexo, y una prostituta. Degustó una puesta en escena de cuerpos, erotismo, deseos, mezclados en una historia de intervenciones en un amor imposible.

Fascinada con el teatro, comentó lo experimentado con todos, y se declaró público permanente de la compañía.

Él era espectador asiduo a los teatros de la ciudad, había visto casi todos los clásicos cubanos e internacionales presentados en La Habana. Al anunciarse el estreno de La Celestina consiguió estar en la primera función. Logró, además, sentarse en las primeras filas. Una vez recostado en su puesto y oscuro el ambiente, se dispuso a disfrutar de la puesta, como siempre. Entonces Calisto, personaje masculino principal de la obra de Fernando de Rojas, apareció en el escenario sin ropa; un hombre estaba insinuando a otro tener relaciones sexuales; una mujer  se vendía  mostrando sus senos. Todo le pareció  indecente, se levantó y no volvió más a El Público.

¿Por qué?

Estas dos historias son solamente variantes del posible comportamiento de las personas al enfrentarse al desnudo en el teatro. El segundo caso, es mayoritario dentro de la población cubana, y es que la idiosincrasia  de los habitantes de nuestra Isla no tiene únicamente las cosas buenas que siempre se mencionan: gracia, simpatía, desenfado, vivacidad, sensualidad, amabilidad, sino también muchos tabúes y estereotipos condicionados por la formación y las costumbres, que impiden, en diversas circunstancias, apreciar el arte del desnudo.

``El cuerpo humano no representa lo mismo para todos. Hay niños o niñas que cuando entran a una  habitación de su casa y encuentran a un adulto desvestido, este arma un caos como si hubieran violado lo más sagrado, esa vivencia hace que el infante tome el desnudo como algo prohibido; mientras, aquel que lo comprendió normalmente tiene una mayor posibilidad de apreciarlo en toda su belleza, sin verlo como ¡qué barbaridad!, ¡qué pena!``, afirma Ofelia Bravo, psicóloga del Centro Nacional de Educación Sexual.

Las reacciones que evidencian tanto esos prejuicios como su influencia en la posibilidad de valorar el nudismo, fundamentalmente teatral, las observan habitualmente los actores y el director de la compañía de teatro El Público.

``Cuando un actor se desnuda la gente se pone nerviosa, se altera, siente pena, la pena ajena porque alguien está quitándose la ropa delante de todos  y uno también lo ve``, señala la  actriz  Mónica Guffanti. 

Carlos Díaz gusta de ver el movimiento de los espectadores durante sus puestas, y comenta que las personas no gritan, ni se excitan, pero se asombran mucho ante la desnudez.

``He advertido, cuando estoy actuando, que una pequeña parte del público se levanta y se va. No al primer desnudo, pero lo hacen, y son generalmente personas mayores de 40 años. Aquí veo los que llegan y se marchan, pero imagino que muchos ni se atrevan a llegar``, declara Sergio Fernández, joven actor de la compañía.

Mientras en el cine o desde la casa, mirando una  pantalla, el cuerpo humano desvestido a muchos parece algo normal, por el hecho quizás de que no es real en el tiempo y espacio que lo observan, cuando van al teatro, aunque se presente una escena similar, piensan que es innecesario y consideran la puesta como indecente o provocadora.

``El que creció viendo el desnudo como problemática, tiene vivencias y actitudes con respecto a esa manifestación artística, muy diferentes al que durante su desarrollo lo incorporó como algo natural``, reafirma la psicóloga Ofelia Bravo.

La necesidad

El hecho de considerar el desnudo como una prohibición siempre que esté fuera de las normas de convivencia establecidas, propicia a su vez que se desee, justamente por ser una negativa.

``En Cuba, la persona que quiera ver desnudos tiene muy pocas opciones. No hay playas nudistas, saunas, gimnasios participativos. Eso no forma parte de nuestras costumbres, por tanto la única asociación que se hace con el desnudo es de excitación. Pocas son las personas que ven en él valores artísticos, y admiran la belleza del cuerpo humano sin intereses sexuales. En esa capacidad de diferenciación, de apreciación, es donde influye la crianza``, puntualiza Ofelia Bravo.

Quizás por esa necesidad, el teatro de Carlos Díaz cuenta con muchos admiradores jóvenes. ``Les da licencia, permiso, desde la cultura, desde lo no censurado, para ver hombres y mujeres desnudos, posibilidad que de otra forma no tendrían``, comenta la psicóloga.

Una estudiante de técnico de nivel medio en Informática, Olaysi Pérez Machado, de 18 años, cuenta su experiencia: ``Fui por primera vez a ver La Celestina con 14 ó 15 años, a espaldas de mis padres, pues en mi casa los temas de sexualidad eran bastante delicados. Solo había visto escenas eróticas en el cine, y me atraía la idea de tener una vivencia real. Me aportó otras sensaciones y puntos de vista. Busqué otras experiencias con ese tipo de arte y ahora me resulta totalmente normal, es algo que disfruto por su valor artístico, y el teatro de Carlos Díaz, sin dudas, hizo caer la balanza".   

El propio director dice que ``a  gran parte del público le gusta ver personas desnudas, porque tienen problemas de comunicación al respecto. La gente necesita la confrontación. Tanto nuestras  puestas en escena de  La Celestina, de Fernando de Rojas, La puta respetuosa, de Jean-Paul Sartre,  como en Las relaciones de Clara, de Dea Loher, el  espectador puede verse tal y como es.´´

La necesidad que sienten, principalmente los jóvenes, de relacionarse con su sexualidad, algunos la han encontrado asistiendo a esas tres obras. Aunque en un principio van por la curiosidad de lo erótico, muchos siguen visitándolo por la espectacularidad de la puesta, tanto en las actuaciones como por la interacción directa que se establece entre obra y público.

``Fui  a  una  de  las  últimas  funciones  de   La ramera respetuosa  porque mis amigos comentaban que la obra era muy buena, y  yo sabía que encontraría desnudos. Nunca los había visto en vivo. Realmente no hallé motivos de excitación, pues el erotismo tenía en cada momento su mensaje. Creo que seguiré asistiendo a El Público pues me gustó su estilo``, declaró  Alejandro Wong, de 17 años, estudiante en talleres de dibujo.

``Cuando entré por primera vez a una obra de El Público quedé  muy impresionado, pero entendí que era una forma más de hacer teatro, y que podía ir a ver ese tipo de puesta sin el pensamiento   de obtener deseo sexual. El desnudo es una expresión artística más, es trasmitir  un mensaje usando el cuerpo. Siempre que esté bien presentado, lo disfruto, como es el caso de La Celestina, La puta respetuosa y Las relaciones de Clara``, expresó Alejandro Ruiz,  estudiante de Periodismo de la Universidad de La Habana.

Lo natural, según la necesidad

Como los casos anteriores existen muchos, pero no se puede obviar que otras personas, aunque en menor proporción, van exclusivamente a mirar gente desprovista de ropa, cosa que, dadas las prohibiciones y los tabúes, es comprensible.

``Hay quien va a gozar el desnudo. En Las relaciones de Clara,  después de esas escenas, algunos se marchan, y es triste que asistan por tal motivo``, comenta la actriz Mónica Guffanti.

Según la  psicóloga Ofelia Bravo, ``las personas que acuden a ese tipo de puesta en escena buscando el desnudo, no necesariamente tienen trastornos sexuales o psicológicos, simplemente no encuentran otra opción para ver algo que les agrade, les complazca. Eso no quiere decir que tendrán una conducta agresiva con otra persona, o algo por el estilo. Todos, en algún momento, podemos sentir ganas de observar la desnudez de otro, es  natural y no significa que seamos corruptos. ``

Con respecto a esto, hay una frase del filósofo y economista británico, John Stuart Mill, en su ensayo Sobre la Libertad (1859), que dice: ``La única limitación de la conducta de cualquier persona, de la cual es responsable ante la sociedad, es la que afecta a los demás. Sobre sí mismo, sobre su cuerpo y su espíritu, el individuo es soberano``.

``No obstante, aunque no aprecien los valores artísticos, al final, reciben la obra, y es una forma de entrar al teatro. Cuando La Celestina asistió gran cantidad de público a ver el desnudo y el espectáculo, pero estaban ahí, y vieron la obra, y después volvieron, así, los que no conocían lo que era, fueron atraídos una y otra vez``, continúa Guffanti.

Para aplicar

Cada humano nació sin ropa, y esa es la forma más pura, indefensa y bella de nuestra condición. Entonces ¿por qué ocultarla? No se está hablando de andar desvestidos en la calle, sino de aceptar que todo lo erótico, sensual que venga del cuerpo, no es pornografía, ni es indecente. El teatro es arte, y si está bien llevado es una forma de educar a la población.

``Yo creo que el desnudo es el mejor traje que puede llevar un ser humano. Verlo naturalmente mejora a la gente. Todos necesitan superar cosas con respecto a su sexualidad``, comenta Carlos Díaz.

``Siempre que esté bien manejado  en el teatro, creo que es una magnífica vivencia, sobre todo si se pretende enseñar a la población el valor de este como arte, como parte de nuestras vidas. No hay que temerle al desnudo``,  apunta Ofelia Bravo.

Cuanto más se hable del tema y se tome como lo que es, algo totalmente normal, mejor se practicará. Y como dice Ricardo Arjona, la naturaleza no se equivoca, si te hubiese querido con ropa, con ropa hubieses nacido.

FICHA TÉCNICA:

Tesis: la influencia de los tabúes de la sociedad cubana en la apreciación del desnudo en el  teatro.

Tipo de título: llamativo

Tipo de entrada: anecdótica

Tipo de cuerpo: de bloques temáticos

Tipo de cierre: de conclusión

Estrategia de fuente:

Ofelia Bravo, Psicóloga del Centro Nacional de Educación Sexual

Carlos Díaz, director de la compañía El Público  

Mónica Guffanti, actriz de la compañía El Público  

Sergio  Fernández, actor de la compañía El Público

Jóvenes que han asistido a las puestas en escena.

Fuentes documentales:

Revista Tablas

Revista La Jiribilla

Publicación  Entre Telones

Artículos varios

MEMORIAS DE UN LUCHADOR

La vida de un hombre que desde pequeño tuvo que trabajar para batallar contra la miseria.

ABEL SÁNCHEZ YHANES,

estudiante de primer año de Periodismo,

Facultad de Comunicación de la

Universidad de La Habana.

Tengo frente a mí a un hombrecillo flaco, con ojos diminutos que emiten destellos al rememorar batallas pasadas. Los espejuelos y el pelo blanco –aquel que ha sobrevivido a los embates de la calvicie– le dan un aspecto venerable; pero lo más interesante son sus manos: duras, callosas y llenas de surcos, nos hablan de machetes, golpes, cargas pesadas sobre la espalda, en fin, la azarosa vida de su dueño. Se llama Guillermo Pérez Prieto y esta es su historia.

Infancia

¿Cómo fue su niñez?

Nací el 13 de octubre de 1926, en las Martinas, provincia Pinar del Río. De ahí fui a los dos años y pico para Punta de la Sierra, donde estuve hasta los cuatro años que me trajeron para La Habana.

Fue una infancia muy dura, se pasaban muchas vicisitudes. Éramos siete hermanos, los dos mayores murieron de tuberculosis. Mi papá era barbero y cuando aquello un pelado valía siete centavos, pero los pocos quilos que ganaba se los jugaba, muchas veces llegaba a la casa sin un medio y no se preocupaba si habíamos comido durante el día, en muchas ocasiones nos daba un café con leche y a dormir. Además, era bastante estricto con nosotros. Luego pasamos a Calabazar, allí a los siete años empecé a vender periódicos: el Hoy –que era un periódico comunista–, La Marina, El País.

¿Cómo era la venta de periódicos en la Cuba prerrevolucionaria?

Iba pregonando de un reparto a otro, desde uno que le decían el Globo hasta Calabazar y llegaba al Reparto América, ese era mi recorrido. Fue ahí cuando comencé a ir al colegio por las tardes. En cuatro años llegué hasta el sexto grado porque en mi aula de tercero había dos pizarras, en una enseñaban a tercer grado y en la otra a cuarto, entonces yo hacía mi tarea y al mismo tiempo iba copiando la de cuarto.

Entonces, ¿pasó dos años en uno?

Dos años en uno. Y quinto y sexto fue igual. Así que en cuatro años terminé mi sexto grado. Todo el tiempo en la calle buscándome el quilo. Cuando tenía once o doce años volvimos para La Habana, a vivir en San Ignacio. En esa época llegaban a la bahía los barcos cargados de turistas y arrojaban monedas al mar. Los muchachos que nos bañábamos en el malecón nos tirábamos a buscarlas y por la forma en que oscilaban al bajar sabíamos qué tipo de moneda era: un real, un quilo, una peseta. El dólar era muy difícil de coger, pues como pesaba más, llegaba al fondo rapidísimo; eran muy pocos los que lo podían alcanzar, porque en dos oscilaciones estaba en el fondo.

El boxeador

¿Es cierto que fue boxeador?

Sí, de los quince a los diecisiete años entrené en un gimnasio en La Habana Vieja, pero era por afición. Nosotros peleábamos y nos daban tres pesos, aunque ganáramos o perdiéramos.

¿Quién les pagaba?

El dueño del gimnasio. Los golpes no dolían tanto porque cuando aquello se peleaba con guantes de doce onzas. Después, en los últimos meses, empezamos con los de ocho y ya los golpes se sentían más. Allí fue donde me rompieron la nariz de un janazo. Una vez me dicen que le hiciera el sparing a un boxeador profesional, no recuerdo el nombre. El sparing es como una pelea suave de entrenamiento para que el boxeador practique. Pero una de las veces que le tiré se me fue la mano y le di duro. Y eso, vamos a hablar claro, lo encabronó. Empezó a darme tantos golpes que me tiró en la lona. Bajé del ring, me quité los guantes, cogí un palo que había por allí tirado y esperé a que él bajara. Cuando se quitó los guantes le metí dos palazos que estuvo más de seis meses sin poder pelear.

En la zafra

A los diecisiete años me fui para Matanzas a pie. Con un amigo que se llamaba Ramón Ledesma, le decíamos el guajiro, fue el único amigo que yo tuve de muchacho. Éramos como uno, lo compartíamos todo. La Habana estaba muy mala. Para buscarse un peso, un peso no, un quilo, un medio, era muy difícil.

¿Qué año era?

1944, cuando Grau San Martín. Entonces nos fuimos para Matanzas. Salimos de aventureros. Ramón vendió unos prismáticos chiquitos que tenía, muy bonitos, y buscamos unos quilos para el camino. Fuimos a pie desde aquí. Dormíamos en la Carretera Central, otras veces debajo de un puente y otras entre las raíces de las matas. Llegamos a Matanzas y no resolvimos nada. A él se le ocurre virar, pero por el sur, para ir hasta… bueno, por la carretera que va a Jagüey Grande. Allá él tenía un tío que trabajaba en un central. La zafra iba a empezar en pocos días. Llegamos a casa del tío y nos dijo: “Quédense momentáneamente aquí hasta que empiece la zafra pasado mañana”. Así fue como empezamos a cortar caña. Figúrate, éramos principiantes. Trabajábamos cuatro hombres, dos levantaban la caña del surco y nos la ponían en el hombro y nosotros la echábamos de espalda dentro de la carreta. Hacíamos trescientas ochenta, cuatrocientas, cuatrocientas veinte arrobas.

¿Cómo eran sus condiciones de vida?

Estuvimos un tiempo durmiendo en hamacas que amarrábamos abajo de una carreta casi pegadas al piso. Muchas veces nos daban las seis, siete de la mañana cortando caña porque un guajiro nos dijo: “Si ustedes quieren avanzar corten cuando hay buena luna”. Efectivamente, cuando salía la luna nos íbamos a cortar caña y adelantábamos cantidad, entonces al otro día podíamos descansar un poco.

Había veces que te acostabas a las ocho de la noche después de preparar algo de comer –porque nosotros nos hacíamos la comida– y sobre las nueve te decían: “¡Arriba, a alzar!” y tenías que levantarte a alzar la caña que habías cortado aunque estuvieses muerto de cansancio y en eso te cogía la claridad y por la mañana descansabas un rato.

Así hice casi dos zafras. No se había terminado la segunda cuando mi hermano, José Antonio, me manda, no recuerdo si un telegrama o una carta, diciéndome que fuera para La Habana que me tenía trabajo. Le dije a Ramón: “Voy para La Habana que tengo trabajo allá”, y él contestó: “Vete, que yo me quedo a terminar la zafra”. Entonces monté en la guagua y vine para acá.

Llego a la Habana y empiezo a trabajar con mi hermano de estibador en un almacén de papelería. Iba a cumplir los diecinueve. Me casé con Nieves a los veinticinco años y tuve dos hijos. Continué trabajando en la papelería hasta el 53 que sufrí un accidente, me cayó arriba un fardo de papel que pesaba más de cien libras y me hizo una lesión en el pulmón; estuve ingresado tres meses. En la papelería me dieron un retiro. Luego por el 57 empecé a trabajar en el Frontón de Belascoaín, vendiendo café y helado, hasta que triunfó la Revolución.

El triunfo y los pirómanos

Usted que vivió ese momento, ¿qué ocurrió aquí en La Habana el día que triunfó la Revolución?

Bueno, ese día a las doce de la noche se formó el corre-corre porque se fue Batista y empezó la gente a tirarse para la calle. Todo el mundo estaba contento, había una alegría tremenda y banderas del 26 de Julio por todas partes. Quedaron algunos rezagados y estuvieron cazándolos a tiros.

¿Cómo que rezagados?

Gente de Batista que no pudo irse. El muy “hp” se llevó quinientos millones de pesos de aquí de Cuba.

Voy por la mañana, al segundo día, a ver como había quedado el Frontón y todo estaba desbaratado. Aquello era Frontón y casino, este se llamaba Casino Habana-Madrid y estaba hecho leña también: las barajas por el piso, las mesas rotas, un desastre. Cuando bajo a la ruleta me encuentro a un socio con una botella de alcohol de esas que utilizaban para darle masajes a los pelotaris y le pregunto qué va a hacer, él me contesta: “Voy a quemar el antro de vicio este” y le dije: “Na’, tú estás equivoca’o, ¿tú sabes cuántas familias viven en esta manzana? Dame acá la botella esa chico.” Se la quité de la mano. Para mí que estaba borracho o loco, yo no sé. Pero se quedó tranquilito y no hizo más nada.

Después trabajé de almacenero en el INDER, del 63 al 78. Luego, cuando desintegran los almacenes del INDER, paso a trabajar en los del Poder Popular en Santa Catalina, como jefe. Por último, fui para la base de transporte y cuando cumplí los sesenta me retiré.

Guillermo, mirando atrás su vida, ¿qué tipo de hombre se considera usted?

Me he visto siempre como un luchador, un hombre que ha asumido su responsabilidad. Porque no se puede vivir sin trabajar.

Ficha técnica:

Objetivo central: Mostrar la vida de un hombre que tuvo que empezar a trabajar desde muy pequeño y ha pasado por las ocupaciones más disímiles.

Objetivo secundario: Que las nuevas generaciones conozcan un poco más de aquella época tan dura.

Tipología: Entrevista biográfica.

ESPERANDO EL DESPERTAR

ESPERANDO EL DESPERTAR

En Pinar del Río el Centro Argeliers León. Documentación e Información Musical, único de su tipo en Cuba, espera hace casi un año el fin de su reconstrucción.

ONAISYS FONTICOBA GENER,
estudiante de primer año de Periodismo,
Facultad de Comunicación de la
Universidad de La Habana.

Por muchos siglos se creyó que el ave Fénix era un ser inmortal con la capacidad de renacer de sus cenizas. Según el mito, cada 500 años el Fénix se quemaba por completo y luego renacía de un huevo puesto por él y que había empollado durante los tres días previos a su muerte.

Para el hombre, esta leyenda devino símbolo de renacimiento físico y espiritual; y aunque ya no crea en aves Fénix, al menos no tan literalmente, aún mantiene confianza en el florecimiento de todo cuanto observa a su alrededor.

Es por ello que casi un año de espera no ha podido amedrentar la esperanza del pueblo pinareño de ver completamente restaurada una de las joyas de la cultura cubana que atesora la más occidental de las provincias: el Centro Argeliers León. Documentación e  Información Musical, único de su tipo en el país.

El comienzo

La idea de  crear un lugar como este, destinado principalmente a la gestión del patrimonio musical de la provincia, y también de toda Cuba, nace de la autoría de su actual director, José Elpidio Gómez, pues “se estaba perdiendo de la memoria histórica mucho de lo relacionado con el quehacer musical”, precisa. 

Fue así que el 14 de abril de 1998, en una pequeña habitación del Centro Provincial de la Música de Pinar del Río, se instaura una Sala de Información que contaba solo con 50 partituras archivadas y que luego sería reconocida como Sala de Documentación, dado el vertiginoso incremento de los fondos musicales.

Es por este mismo motivo que en el 2004 se concede al proyecto un nuevo local, aunque no en buenas condiciones estructurales, ubicado en la calle Martí, la más importante arteria de la capital pinareña.

“Ya me habían advertido que el lugar no estaba muy bueno, pero aún así decidí que lo mejor era trasladarnos porque ya el otro nos quedaba pequeño y temía que las piezas se dañaran. Se tendría que reparar durante la marcha”, comenta Elpidio.

El sitio contaba con espacio suficiente para establecer cuatro salas de exposiciones, una para la consulta del material archivado y otra para audiciones.

Una vez instalados en la nueva morada, la otrora Sala de Documentación se convierte en el Centro Argeliers León. Documentación e Información Musical, nombre que adquiere en honor al notable músico y etnólogo cubano.

Mirando adentro

Actualmente el Argeliers León cuenta con miles de partituras, muchas de ellas manuscritas que datan, incluso, de 1811. A esto se suman libros de música, métodos, soportes sonoros, fotos originales y fotocopiadas de notables figuras de la música cubana y extranjera, e instrumentos musicales antiquísimos.

La mayor cantidad de fondos personales existentes en el mundo de la reconocida cantante Rita Montaner también se encuentran en dicho local, desde manuscritos originales hasta el traje con que Interpretara la puesta en escena de la zarzuela Cecilia Valdés que compusiera para ella Gonzalo Roig.

“Son tantas las piezas que se poseen aquí de Rita que se puede articular una sala de exposición durante diez años sobre ella, cambiar los objetos anualmente, y aun así, estos no se repetirían”, explica Elpidio.

Igualmente se conserva el mayor conjunto de fondos personales de las destacadas figuras pinareñas Polo Montañez y Pedro Junco, este último autor de Nosotros, de quien se acopian manuscritos, cartas y su diario personal.

Obras y objetos pertenecientes a Aldo Carrazana, Néstor Pinero Cruz, José Manuel Caleyo, Jacobo González Rubalcaba y Alfredo Solís también se atesoran en el Centro, además de una curiosa grabación inédita que data del año 1963, en la voz de Benny Moré, el Bárbaro del Ritmo, cuando se encontraba ya convaleciente de su enfermedad.

Tesoros encofrados

Producto del mal estado del local donde se encuentra el Argeliers León, la muestra al público del material que este reúne ha sido imposible exponerla, viéndose todas las piezas confinadas a un almacén dentro de la propia obra en reconstrucción, no siendo exhibidas nunca desde su traslado.

“Las condiciones para conservar las obras que posee el Centro son las más aceptables dentro de nuestras posibilidades, pero no las suficientes”, comenta Elena Guevara, encargada de Relaciones Públicas en dicha institución.

Para mantener el mayor volumen de piezas en buen estado se colocaron las obras de carácter patrimonial en cajas con un PH neutro, las cuales controlan su grado de acidez e impiden el deterioro, pero desafortunadamente, estas no cubren todo el material archivado.

Cierto es que antes de su almacenamiento todas las obras fueron atendidas y restauradas, y hasta el momento ningún valor se ha perdido; pero la humedad y el calor, típicos de nuestro clima, unidos al polvo generado por la construcción, no serán factores muy propicios para aplazar su deterioro.

¿Tiempo de terminar?

Desde junio del 2006, el Centro Argeliers León. Documentación e Información Musical vio el inicio de lo que sería su completa restauración, y aunque ya hace casi un año que la faena comenzó, aún espera pacientemente su fin.

“La falta de personal es la primera traba que ha hecho que la obra no haya avanzado según el ritmo que se necesita”, refiere Elpidio.

Actualmente la provincia no puede cubrir la reparación del Centro dada la demanda de personal calificado para otras labores de construcción en las obras de la Batalla de Ideas, así que la propia institución ha tenido que buscar personal calificado para trabajar en las labores de reparación.

La cantidad de personas que ha podido contratar con su presupuesto no es la suficiente para que el trabajo marche a un ritmo acelerado, a lo cual se une la ocasional carencia de materiales producida, fundamentalmente, por la falta de transporte para los mismos.

La fecha para la conclusión del la obra no está prevista y aún yace engavetado, en el buró de Elpidio, el proyecto de diseño del Argeliers, esperando ser realizado.

Consecuencias de la inactividad

“Antes de comenzar la reconstrucción, realizábamos muchas actividades con el público, pero después que esta comenzó se nos ha imposibilitado continuar con nuestra programación”, apunta Doris Céspedes Lobo, musicóloga del centro.

Conciertos semanales con grupos que interpretaban las partituras archivadas, eran patrocinados por el Argeliers; así como, en colaboración con la Unión Nacional de Escritores y Artistas de Cuba (UNEAC), se dedicaba el  espacio “La bella cubana” a las mujeres ya jubiladas que durante su vida se mantuvieron estrechamente vinculadas a la música.

Como Unidad Docente de la Universidad de Pinar del Río, se impartían conferencias pedagógicas y metodológicas de música a los estudiantes, las cuales también eran ofrecidas a alumnos de la Escuela Instructores de Arte (EIA) de la provincia.

Se realizaban, además, actividades con los niños y se colaboraba con el club “Amigos de la Música”, adscrito al Centro, para la gestión de Información musical.

De estas funciones, solo se continúan realizando las de carácter pedagógico y, muy esporádicamente, algunas con el público.

Las consecuencias de la poca actividad producida en el Centro, ajena a la voluntad de sus trabajadores, no se han hecho esperar: la mayor parte del pueblo pinareño desconoce su existencia, y qué decir del resto del país.

Noel Castillo López, pinareño, estudiante de Arquitectura, manifiesta: “Nunca he oído hablar de ese lugar”, igual opinión a la que  formulan Jhosvany Lorenzo, habanero, abogado; y Fernando Martínez, bayamés, estudiante de Periodismo. Esto solo por citar unos ejemplos.

Tal pareciera que el Argeliers hubiese desaparecido pese a estar ubicado justo en el centro de la cuidad. Y es que cómo percatarse de que en ese lugar existe una de las joyas que la cultura cubana debiera tener como más preciada si las paredes desmanteladas y el polvo acumulado casi no lo dejan entrever.

Mas, a pesar de las dificultades, Pinar del Río aún sigue esperando el despertar de uno de los hijos que vio nacer, pues haciendo gala de la máxima shakespereana  “Aunque tropieces no desistas de tu propósito”, podrá vencer los contratiempos y verá, por fin, renacer entre sus cenizas el Fénix sonoro que callado se oculta en la calle Martí.

Ficha Técnica:

Tipo de reportaje: Estándar.

Tema: Centro Argeliers León. Documentación e Información Musical, una joya de la cultura cubana.

Tesis: La demora de la reconstrucción del Centro Argeliers León. Documentación e Información Musical pone en peligro la existencia patrimonial que atesora.

Tipo de Título: Genérico
Tipo de entrada: Analógica
Tipo de cuerpo: De bloques temáticos
Tipo de cierre: De caso

Estrategia de fuentes:

• José Elpidio Gómez, director del Centro Argeliers León. Documentación e Información Musical
• Elena Guevara, Relaciones Públicas del Centro Argeliers León. Documentación e Información Musical.
• Doris Céspedes Lobo, Musicóloga del Centro Argeliers León. Documentación e Información Musical.
• Entrevistas realizadas a personas residentes en distintas provincias del país.
• Sitio Web de la Sala de Documentación (Actual Centro Argeliers León. Documentación e Información Musical.
• Artículo sobre el centro Argeliers León publicado en el sitio Web del canal Tele Pinar.


MÚSICA PIRATA, ¿LA OPCIÓN?

MÚSICA PIRATA, ¿LA OPCIÓN?

La piratería musical, entendida como reproducción ilegal de canciones con ánimo de lucro, se ha convertido en uno de los más rentables negocios ilícitos. Hoy mueve un capital superior a los mil millones de dólares. Cuba no escapa a este creciente fenómeno.

WALDO FERNÁNDEZ CUENCA,

estudiante de primer año de Periodismo,

Facultad de Comunicación de la

Universidad de La Habana.

Al caminar por la céntrica calle Infanta no podemos dejar de observar la avalancha de discos que casi en plena calle tocan a curiosos y compradores. Hay de todo, desde la Década Prodigiosa hasta el pegajoso reggaetón. El vendedor da garantías y asegura calidad en su producto.

Cualquiera pudiera pensar que solo tienen la tan demanda música internacional, pero también poseen los muy gustados salseros y trovadores cubanos. Es música ilegítima, pirateada.

¿De donde proviene?

Con la aparición de la tecnología digital, copiar música en gran escala puede realizarse hoy en pequeños espacios y sin grandes recursos. Esto ha posibilitado la aparición de vendedores ilegales en cualquier punto de la ciudad, señala Lucía Cañas, especialista en marketing de la disquera Lusáfrica.

‘'La piratería musical en Cuba es un fenómeno relativamente nuevo, mas tiene causas multifactoriales. Por ejemplo, una de ellas es la política de doble moneda que hay en el país. Crear un disco es un proceso caro y solo se realiza en divisas por lo cual su presentación necesariamente es en esta moneda. El consumidor busca los mejores precios y donde los encuentra es en el mercado negro'', afirma Reynaldo Hernández, gerente de comercio internacional de la disquera BIS MUSIC.

Otra de las causas es la nula oferta discográfica de renombrados cantantes de talla internacional en los establecimientos acreditados para ello. Por ahí se ‘'cuela'' parte de la demanda de discos piratas.   

Por los altos costos de importación y un mercado interno limitado en la adquisición de divisas, estos discos no encuentran salida, por lo cual la política del país ha sido no adquirir tales productos, señala Hernández, comercial de BIS MUSIC, cuya disquera es la única autorizada en la adquisición de música internacional.

Al no existir un mercado en moneda nacional que responda a los gustos de la población, la piratería se convierte en la opción, en la vía que tiene el cubano medio para obtener la música de su preferencia, comenta Lucía Cañas, experta también en marketing para productos de ocio. 

Pirateando la economía

A Carlos Hierrezuelo le fascina las canciones de Ricardo Arjona, posee toda su discografía, pero ninguno de sus CD los compró en la red de establecimientos que ofertan música en la ciudad.

‘'Este cantante, como muchos otros de fama internacional, no los encuentras en ninguna tienda, aparte de los elevados precios para adquirir compactos originales, todos los discos se los he comprado a particulares'', comenta este trabajador de ETECSA.

‘'Yo no te puedo asegurar una cifra, pero vendo bastante mis discos y me compran de todo, solo los turistas pueden con la música original que hay en las tiendas'', asegura Pablo Rodríguez vendedor de discos ‘'quemados'' en Infanta y San Miguel.

Aquí yo siempre encuentro los artistas que me gustan, eso no lo puedo ver en otro lugar, ni mucho menos a estos precios, dice Mileydis Suárez, trabajadora de Copextel. 

Un dato que refleja hasta dónde puede estar afectando el comercio pirata a las compañías disqueras, es la venta anual en la Isla. Según BIS MUSIC se venden más de 100 mil discos vírgenes, volumen superior a lo facturado por todas las casas discográficas cubanas y foráneas acreditadas en nuestro país.

En Cuba no se han realizado estudios profundos sobre esta problemática, mas una simple comparación de las ganancias en los últimos años de la mayor disquera del país, la EGREM, da cuenta de una baja en sus ingresos. ‘'Nuestras ventas minoristas han bajado en los últimos tiempos'', afirma Luis Kedir Moreno, gerente de Comercio Nacional de la casa disquera EGREM.

La piratería es un acto de robo a disqueras, cantantes y productores, una plaga que corroe al mercado internacional del disco, provocándole millonarias pérdidas. Nosotros debemos combatir este negocio, asevera el trovador Samuel Águila. 

Corsarios legales

Gonzalo se muestra tranquilo, le enseña sus CD a cientos de transeúntes que pasan por la concurrida esquina de 42 y 19 en Playa. Increíblemente, posee un permiso legal para su venta.

La legislación cubana actual no contempla este acto como un delito, factor que ha favorecido también el auge de la práctica.

Estamos reelaborando todas las disposiciones actuales en materia jurídica respecto a estos problemas, pero todavía tenemos baches, comenta Yoelis Díaz, asesora legal del Instituto Cubano de la Música (ICM).  

Otro de los problemas que favorece el desarrollo de la reproducción ilegal de discos es la actual política de precios establecida para la venta de los mismos.

‘'Es rígida y estática, no nos permiten rebajar precios a medida que pasa el tiempo y el disco pierde actualidad, no se vende igual un disco acabado de salir al mercado que uno de hace 10 años, esto afecta una mejor venta'', asegura Ernesto Domínguez, jefe económico de la casa discográfica BIS MUSIC.

Aunque a diferencia de otros países, la piratería musical en Cuba no reporta pérdidas millonarias, pero la industria discográfica antillana no puede darse el lujo de permitir semejantes actos ‘'ilícitos''. Es necesaria una revisión de precios, ajustarlos un poco más al nivel adquisitivo del pueblo. Debe aumentar la oferta en moneda nacional, escasa y a veces de baja calidad. Solo así podremos mantener el bien ganado prestigio de la música cubana.

Nota: Algunos nombres han sido cambiados a solicitud de las fuentes.

Ficha Técnica:

Tipo de Reportaje: Interpretativo: porque se basa en la contraposición de fuentes, da una visión lo más abarcadora posible del tema, desde diferentes ángulos. Analiza la situación, perspectivas, origen y consecuencias. 

Tesis del Reportaje: Mostrar la afectación y causas de la piratería musical en Cuba.

Tipo de Entrada: De Sumario

Tipo de Cuerpo: De bloques temáticos

Tipo de Cierre: De conclusión

Estrategia de Fuentes:

Activas:

Especialistas en ventas de las casas discográficas EGREM, BIS MUSIC, LUSAFRICA.

Vendedores de discos piratas.

Compradores de estos compactos.

Especialista Legal del Instituto Cubano de la Música.

Pasivas:

Informe sobre Piratería en el Mundo del Centro de Investigación y Desarrollo de la Música.

Consulta en Internet.

 

EL SÍNDROME DEL SIGLO XXI

EL SÍNDROME DEL SIGLO XXI

De 18 a 22 millones de personas en el mundo padecen de Alzheimer o una demencia relacionada. En Cuba se estima una cifra de 100 000 enfermos, que habrá de duplicarse probablemente para el 2020.

YAIDIMA DIAZ E INDIRA SANTANA,

estudiantes de primer año de Periodismo,

Facultad de Comunicación de la

Universidad de La Habana.

¿Qué más podía pedir a la vida? Se distinguía por su inteligencia, dominaba varios idiomas, representaba a Cuba en el exterior, amaba y era amado, pero el destino decidió jugarle una mala pasada a Roberto. En un momento crucial de su existencia le diagnosticaron una enfermedad incurable: Síndrome de Alzheimer.

Muchas fueron las interrogantes, y ante la pérdida gradual y progresiva de sus facultades mentales, se propuso aprovechar cada segundo en víspera del desenlace final.

Nunca estuvo solo. Su esposa Vilma compartió tristezas y padecimientos, se convirtió en sus ojos y oídos, hasta su palabra. Ha pasado el tiempo, aunque parece que no. Por eso hoy asesora a las personas que se encargan de cuidar a enfermos de Alzheimer, basándose en su experiencia personal.

ELLOS SE TRANSFORMAN

También Ania fue sorprendida. “Lo más difícil no solo fue cuando a mi mamá le diagnosticaron Alzheimer, sino ver las transformaciones en su personalidad. De una mujer fina, educada y presumida se convirtió en otra, violenta y grosera.

“Al principio peleaba, luego me golpeaba. Nada podía hacer para calmarla. Gritaba malas palabras, ofendía a sus amigos. Nos fuimos quedando solas”.

Ania no puede disimular el dolor que le produce ver a su mamá de esa manera: “Es duro, ella me trajo al mundo, me crió, me educó, y ahora vuelve a la etapa de su infancia. A veces me impaciento, no sé qué hacer. Después lloro, me arrepiento.

“Mi vida se ha convertido en un síndrome que la está matando a ella y me está destruyendo a mí. En una ocasión no me percaté de su fuga. Salió de la casa y estuvo tres días perdida hasta que la policía la encontró”.

Dicen que Ania solía sonreír, que tenía nervios de acero. Ahora no consigue dormir por miedo a que su mamá se caiga o se lastime sin que ella pueda darse cuenta.

UNA EPIDEMIA

El Síndrome de Alzheimer constituye la causa mas frecuente de demencia, y dadas las inclinaciones demográficas actuales ha sido denominada ‘’la epidemia del siglo”, por lo que se encuentra entre las seis afecciones incluidas por la Organización Mundial de Salud (OMS) como una prioridad con relación a la Salud Mental. Según estimados, de 18 a 22 millones de personas padecen esta enfermedad o una demencia relacionada.

Con ella emerge el deterioro progresivo de las facultades físicas y mentales de los pacientes, a medida que las células nerviosas (neuronas) y diferentes zonas del cerebro se atrofian. Suele aparecer a partir de los 50 años de edad, y conduce a una situación total de dependencia para poder subsistir.

Los síntomas varían según el enfermo. Por lo general presentan alteraciones del estado de ánimo y la conducta, fallas de atención, olvidos frecuentes, dificultades de orientación, problemas del lenguaje y en tareas habituales, ocultan y disimulan los errores, se sienten limitados e inseguros y pierden la autoestima.

Ellos atraviesan por tres etapas evolutivas: la inicial, donde los síntomas son ligeros, y solo necesitan supervisión; la intermedia, en la cual requieren de alguien que los atienda y cuide, y la final, cuando se tornan totalmente dependientes.

Diversos medios contribuyen al diagnóstico, mas los análisis no son exactos. Se realiza un estudio del cerebro y su funcionamiento, pruebas como resonancias magnéticas y tomografías con marcadores de glucosa, además de otros exámenes.

No existe cura, pero sí tratamientos que intentan reducir el grado de progresión de la enfermedad y sus síntomas. “Roberto y yo caminábamos diariamente cuatro kilómetros y participábamos en todas las actividades que nos fuera posible. Esta ejercitación ayudó a retrasar el descenso”, asegura Vilma.

CUIDADORES SUFREN TAMBIÉN

Aunque Esther Ares Aneses, presidenta del grupo de apoyo a los cuidadores en la Habana Vieja, insiste en llamarlo solamente Síndrome del Cuidador, el denominado Síndrome del Cuidador Quemado o de Sobrecarga del Cuidador indica los devastadores efectos sufridos por aquellas personas que tienen a su cargo un paciente con Alzheimer.

Sucede que las necesidades demandadas por el enfermo superan sus posibilidades, lo cual le provoca un estrés físico y psíquico constante. El resultado es que el cuidador perjudica su salud y bienestar, tanto mental como físico.

Los cuidadores sufren a la par de la familia. Ellos dedican años de su vida a brindar cariño, afecto y cuidados al enfermo; sin embargo, con el avance de la enfermedad éste no será capaz de reciprocar tales sentimientos y, en muchas ocasiones, reaccionará con agresividad y conductas inapropiadas.

Las principales señales preocupantes para un cuidador, según Mayra Díaz Santos, especialista de Primer Grado en Geriatría, son: fatigas crónicas, consumo excesivo de tabaco, alcohol y café, problemas de sueño y de memoria, dificultad para concentrarse, depresión y nerviosismo, hartazgo respecto al enfermo y otras personas, además de palpitaciones, temblor de manos y molestias digestivas.

Díaz argumenta que mientras pasa el tiempo el cuidador comienza a padecer sentimientos encontrados, variables, contradictorios: lo abruma la soledad para afrontar el problema y cuidar al enfermo, está estresado y ansioso, la tristeza lo invade al recordar cómo era antes su familiar antes y pensar lo que le espera, incluso se avergüenza por las acciones que realiza el enfermo, el sentimiento de culpabilidad lo condena por haber perdido los nervios y gritarle.

EL CLUB DE LOS MIÉRCOLES

Para los cuidadores no existe el tiempo ni el modo de distraerse. No se trata de carencia de lugares para recrearse, sino de que siempre piensan en qué puede estar haciendo el paciente, si se cayó de la cama o se lastimó. Para estos guardianes la preocupación por las acciones de sus enfermos es latente.

Por esta necesidad y el empeño de la doctora Lourdes Febles Rodríguez, hace cuatro años se realiza en la Habana Vieja un taller para los cuidadores. Es el único espacio para documentarse e intercambiar criterios, entre ellos y con especialistas.

El último miércoles de cada mes se encuentran en la biblioteca pedagógica Félix Varela. “Esperamos este momento para relajar, aprender y darnos fuerzas”, comentó una de las participantes.

“Tratamos que cada ocasión sea especial. Iniciamos el encuentro con unos minutos de relajación, a veces con técnicas de yoga. Luego intercambiamos sobre el estado de nuestros pacientes. Se imparten conferencias sobre la enfermedad y diversos temas en los cuales estemos interesados. Además, compartimos la lectura de poesías que nos hayan marcado.

“Cada tres meses celebramos un cumpleaños colectivo. Así mantenemos encendida la luz en la oscura noche de sufrimientos en que vemos a los enfermos de Alzheimer, pues la unión nos fortalece”, manifestó la presidenta del grupo de cuidadores.

“Este tipo de terapia grupal permite a cada familiar identificarse con otras personas que experimentan la misma realidad”, asegura la enfermera y colaboradora Yusmila Simpson. A su vez, se produce un fuerte sentimiento de pertenencia y solidaridad. El grupo se convierte en el marco donde compartir problemas y dificultades, y los familiares se sienten comprendidos y apoyados.

EN LA MANZANA DE ORO

El inmenso peligro que constituye este síndrome (tanto para el enfermo como para su cuidador), los constantes estudios que se realizan sobre el progresivo envejecimiento de la población cubana, y el interés de Eusebio Leal Spengler, Historiador de la Ciudad, favorecieron que este taller tenga un lugar propio… muy pronto, en el proyecto constructivo de la Manzana de Oro, en la Habana Vieja.

”Esperamos que se convierta en la casa, refugio y soporte espiritual de todos los cuidadores. Es necesario que todas las personas, e incluso hasta los niños, conozcan las implicaciones de la enfermedad y los cuidados que requiere un paciente con Alzheimer”, declaró Carmen, la secretaria del grupo.

Por hoy las que más crecen son las esperanzas de detener al Alzheimer. Entre tanto, queda un arma: sostener con cariño a quienes padecen esta enfermedad, aprender a cuidarlos. Ya hay un espacio abierto los miércoles: el taller. Mientras, aguardamos por la ciencia. El afecto también lucha contra la epidemia de este siglo.

Nota: Algunos nombres fueron cambiados en este reportaje.

Ficha técnica:

Tipo de reportaje: Estándar.

Tema: Los enfermos de Alzheimer y el Síndrome del Cuidador.

Tipo de entrada: Anecdótica
Tipo de cuerpo: De bloques temáticos
Tipo de cierre: De proyección o futuro

Estrategia de Fuentes:

-Esther Ares Aneses, Presidenta del Grupo de Apoyo de Cuidadores del mal de Alzheimer en la Habana Vieja.
-Doctora Mayra Díaz Santos, Especialista  de Geriatría.
-Yusmila Simpson, licenciada en Enfermería.
-Ania, integrante del taller.
-Vilma, integrante del taller.
-Carmen, integrante del taller.

UN JOVEN MUSEO PARA UN PÚBLICO MAYOR

UN JOVEN MUSEO PARA UN PÚBLICO MAYOR

De reciente creación, el Museo de las Telecomunicaciones aboga por ganar un espacio dentro del exigente público cubano.

WALDO FERNÁNDEZ CUENCA,

estudiante de primer año de Periodismo,

Facultad de Comunicación de la

Universidad de La Habana.

¿Conoce usted el verdadero creador del teléfono? ¿Sabe que fue Cuba pionera de la telefonía en el mundo de habla hispana? Nada más acercarse al Museo de las Telecomunicaciones en la esquina de Águila y Dragones de la capital cubana y aprenderá de los inicios de un sector imprescindible en la sociedad moderna.

Ubicado en el edificio emblemático de la telefonía en nuestro país, el Museo  constituye el recuento histórico de más de un siglo, desde que en 1855 el italiano Antonio Meucci estableció la primera comunicación a distancia del mundo en el otrora Teatro Tacón, hoy Gran Teatro de La Habana.

Con apenas dos años de creado, el principal reto de la institución es atraer más público, pues se encuentra en el mismo edificio de uno de los centros multiservicio de telecomunicaciones, posiblemente el más concurridos de la capital (conocidos como telepuntos).

"No tenemos todavía la aprobación del Consejo Nacional de Patrimonio que es la institución rectora de la red nacional de museos, lo que no nos ha permitido desarrollar actividades para una mejor promoción", argumentó Ian Chaviano, responsable del museo.

Nuestro principal objetivo hoy es captar más visitas, en función de buscar mayor preferencia dentro las variadas opciones museísticas que tiene el visitante en la Habana Vieja, expuso.

La instalación cuenta con un recorrido temático sobre el avance de la telefonía en el país, desde la primera conexión telefónica en 1877 hasta nuestros días, ofrece también la posibilidad de interactuar con distintos equipos como el telégrafo, además de centrales y pizarras telefónicas norteamericanas de principios del siglo XX.

Ficha técnica:

Título: Llamativo

Lead: De Interrogante                                  

Cuerpo: Pirámide invertida

VALIOSA PINTURA MURAL CLAMA POR SU CONSERVACIÓN

VALIOSA PINTURA MURAL CLAMA POR SU CONSERVACIÓN

Un auténtico mural del pintor Carlos Enríquez se mantiene en la pared de una vivienda capitalina. Con un mínimo de esfuerzos y recursos materiales, esta pieza podría enriquecer los fondos de nuestro patrimonio nacional

MARIO CREMATA FERRÁN,

estudiante de primer año de Periodismo,

Facultad de Comunicación de la

Universidad de La Habana.

foto: ALEIDA HERNÁNDEZ

Aquel imponente mural en la vieja pared me paralizó. Nunca hubiera imaginado tamaña belleza reducida al escaso perímetro de una residencia particular al oeste de la capital. Pero ahí estaba él, aparentemente sereno, burlándose del implacable calendario aunque este resolvió no permitírselo mucho más.

Tal vez por ese motivo me decidí a rastrear la historia del impresionante mural, que si bien no desconocido para algunos, por muchos años ha sido bastante ignorado.

¿Cómo llegó desde tan lejos el artista-propietario del Hurón Azul, y dejó plasmado en una pared de carga un recuento de su más fino y depurado arte, de tan bello colorido, sutiles transparencias y auténticamente cubano?

¿Cuáles eran los nexos -si existían- entre el dueño de la vivienda «privilegiada» y Carlos Enríquez, fiel exponente de la vanguardia pictórica cubana de los años veinte y treinta del siglo XX?

¿Estaríamos en presencia de un bien patrimonial del más alto nivel?

Evocación de un acto de creación divina

En la primera mitad del siglo pasado muchos artistas cubanos, sin desprenderse de su maestría en el uso del pincel, dejaron a un lado el caballete y en su lugar utilizaron como soporte una pared, una puerta, un muro o un techo.

Esta demostración de su arte quedaría atrapada en espacios del más diverso espectro: lo mismo en un edificio gubernamental, que en un área de esparcimiento público, que en la casa de alguna familia pudiente de entonces.

Resulta prácticamente imposible, a la luz del presente, determinar con certeza los motivos que llevaron a muchos pintores a tal proceder. Pudiéramos suponer alguna relación de amistad fraterna, vínculo espiritual o necesidad monetaria. Mas la verdad absoluta, jamás escrita, se la llevaron a la tumba los propios involucrados.

La Guerra Civil Española (1936-39) provocó que una gran mayoría de los intelectuales izquierdistas se vieran obligados a marcharse de su tierra y buscaran refugio en otras naciones, entre ellas Cuba.

José Luis Galbe Loshuertos era uno de esos exiliados. Nacido en Zaragoza en 1904, fue un joven atacado por el franquismo y encarcelado en dos ocasiones. Colapsada la República, en 1939 viaja a Francia, donde es internado en un campo de concentración. Liberado poco después, logra venir a Cuba al año siguiente gracias a las gestiones de su amigo íntimo, el hispanista José María Chacón y Calvo.

Aquí se dedica al periodismo, a la jurisprudencia y a la criminología, contribuyendo con su experiencia también en el campo académico, específicamente en la Universidad de Oriente, adonde llegaron otros intelectuales españoles como Herminio Almendros, Juan Chabás, Julio López Rendueles y Francisco Prat Puig.

En 1946 su amigo, el escultor valenciano Enrique Moret Astruells, construyó una casa en el Reparto Ampliación de Almendares. Galbe decidió comprar el solar del lado izquierdo, y dos años después fabricó la residencia que ocuparían él y su esposa.

Lela Sánchez Echeverría, sobrina de Moret Astruells es, quizás, la única testigo viva del nacimiento de la obra:

«Galbe y su esposa Rita -una francesa muy atractiva que tenía una peluquería en la calle Línea, entre H e I- gozaban de una posición económica favorable. Ellos encargaron la confección del mural a su amigo Carlos Enríquez, cuando aún la casa no estaba terminada.

«Yo tenía 10 años en ese momento, pero me parece verlo cuando se emborrachaba y se quedaba tendido de madrugada en el portal, y amanecía tapado con periódicos. Esa es la imagen que viene a mi mente. Entonces él aprovechaba las mañanas para pintar -y beber-, y por la noche terminaba extenuado, completamente ebrio. Esa situación duró por varios días».

La reconocida ensayista y crítica de arte Graziella Pogolotti aseguró a este redactor que la amistad entre José Luis Galbe y Carlos Enríquez viene desde la llegada del primero a La Habana. Ella los conoció a ambos, porque eran amigos de su padre, el pintor Marcelo Pogolotti.

«Pepe Luis era de mediana estatura, carácter un poco difícil y espíritu de contradicción muy fuerte -típico de un aragonés-, pero muy buena persona. En la peluquería de su esposa yo me arreglaba el pelo. Ellos eran visita fija en el Hurón Azul y algunas veces se hacían acompañar, a las tertulias dominicales, de Juan Chabás y su esposa, la cantante cubana Lidia de Rivera».

Escuela para la sensibilidad

Durante la dictadura batistiana, Galbe vendió su casa a un oficial de alto rango y se mudó para el apartamento 124, piso 12, del moderno y céntrico edificio que hace esquina en las calles Línea, 15 y L, donde permaneció hasta su muerte, el 14 de enero de 1985.

Al triunfo de la Revolución, el esbirro escapó al extranjero y la vivienda se entregó al Capitán del Ejército Rebelde Manuel Rivero Pupo, quien se instaló allí con su esposa. Poco después nacieron sus tres hijos: Valery, Lilian y Tupac, actuales propietarios del inmueble.

Enrique Moret (hijo) y su esposa Aleida Hernández, describen al capitán Rivero como un hombre de gran sensibilidad, que tenía plena conciencia del valor de este mural.

«Por eso mandó a dibujar los cristales del ventanal que está frente al mismo, -nos dice Aleida-, para que el sol no afectara directamente la pintura. Cuando hubo que sustituir la madera y esos cristales por un enrejado con nuevos vidrios, él compró una cortina que solo retiraba cuando la luz solar no incidía en esa zona de la casa».

Valery y Lilian Rivero manifiestan que a su padre le fascinaba esa pintura, aunque no tenía conocimientos sobre las artes plásticas. Tanto ellas como su hermano crecieron con la indicación de bajar la escalera sin tocar la pared, pues no hay pasamanos.

Valery apunta que su papá conoció a Galbe en Santiago de Cuba y ambos se tuvieron mucha estimación: «Por eso desde que se mudó para acá fue muy celoso con el mural y nunca permitió que cuando se celebraban nuestros cumpleaños, ningún muchacho se pegara o tan solo rozara esa pared, tarea bien difícil porque está a la entrada de la sala y resulta muy llamativa.

«Esa tradición que él nos inculcó, de velar siempre por la conservación del mural, se ha mantenido hasta hoy con las otras dos generaciones de niños que aquí se criaron. Lo único que nosotras lamentamos es que continúe deteriorándose y no pueda ser de un disfrute colectivo».

Ese, que era precioso, ya no existe

Entre las personas que alguna vez trabajaron en la esfera cultural del país, y aún jubiladas no dejan de preocuparse por todo lo que implique preservar e incrementar nuestro patrimonio, está Germán Amado-Blanco Fernández, hijo del célebre escritor y diplomático español radicado en Cuba, Luis Amado Blanco.

«Desde hace años traté por todos los medios de que hicieran algo por ese mural. Hablé incluso con Marta Arjona y le mostré mi preocupación de que se perdería. También llevé al restaurador Ángel Bello Romero, del Gabinete de Restauración de la Oficina del Historiador de la Ciudad, quien quedó maravillado y me comentó que era muy difícil sacarlo de allí. Luego gestioné con el Museo Nacional de Bellas Artes, pero me dijeron que era mucha la inversión y no tenían presupuesto».

En la actualidad, el veterano especialista Ángel Bello Romero está dedicado solo a la pintura de caballete, pero durante muchos años trabajó en murales. Este profesor de Dibujo y Pintura cursó en la década del 60 una beca de especialización en Conservación y Restauración, en la Academia de Bellas Artes de Praga.

Tiene en su haber innumerables trabajos de restauración, como los murales de los techos del Teatro Sauto, en Matanzas, el de la Caridad, en Santa Clara, y también en Trinidad. En 1989, la UNESCO lo eligió para acometer labores de rescate en las pinturas murales de la iglesia de Santiago Apóstol, en Santiago de los Caballeros, República Dominicana.

«En esa casa estuve más de una vez, y puedo decirle que el mural no está asentado en ningún registro nacional. Es una verdadera joya, pero en la técnica que está hecho es muy complicado sacarlo de ahí. Además, si mal no recuerdo hay una escalera que lo atraviesa.

«Valdría la pena preservarlo para que no le suceda lo que al otro Carlos Enríquez que había en una pared de un local en el Instituto Politécnico Hermanos Gómez, de Lawton. Allí trabajé yo hace años y la pared interior que tenía el mural la tumbaron para ampliar una de las aulas. Por suerte todavía quedaban vivos otros de Amelia Peláez, Víctor Manuel, Castaño y Romero Arciaga. Pero ese, que era precioso, ya no existe».

El mural de la discordia...

En busca de algún indicio que mostrara una preocupación institucional por registrar obras como esta en el índice del patrimonio local o nacional, acudimos a Esperanza Maynulet, subdirectora de Extensión Cultural del Museo Nacional de Bellas Artes. Enamorada de la creación pictórica de Carlos Enríquez, trabajó 17 años en el Hurón Azul (casa-museo del artista) y llegó a ser su directora.

«Varias veces fui a ver ese mural, donde se utilizó la técnica al fresco, al igual que en el mural del Hurón Azul y el del edificio de la antigua compañía ESSO, en la calle O, del Vedado. En la Delegación Municipal de Monumentos de Playa está inventariada la vivienda por el valor patrimonial de esta pieza».

La coordinadora de Monumentos de Playa, Mercedes Menéndez, quien radica en el Museo de la Marcha del Pueblo Combatiente, corroboró lo antes dicho por la subdirectora de Bellas Artes.

«Se trata del único mural que tenemos registrado oficialmente en el municipio -refiere la compañera-, lo que no quiere decir que no tengamos conocimiento de que existan otros. Nosotros no tenemos ninguna estrategia de conservación, porque el museo no cuenta con ningún especialista en restauración. De hacerse cualquier trabajo se necesita contratar alguno en otra dependencia».

No obstante lo planteado por la coordinadora municipal, Jorge Moscoso, director Provincial de Patrimonio, explicó que de esa delegación no enviaron el expediente del mural.

«Ni siquiera sabía de su existencia, pero nos interesaría tener noticias de él, y que nos enviaran algunas fotografías. Sería factible que algún especialista emitiera un dictamen de conservación, y propusiera alguna técnica de restauración para mantenerlo por dos o tres años más a ver qué podemos hacer. Nuestra premisa es que todo merece ser recuperado».

En los predios de una reina

Elisa Serrano González, especialista en pintura mural del Centro Nacional de Conservación, Restauración y Museología (CENCREM), e investigadora y profesora titular de la cátedra homónima en el Instituto Superior de Arte (ISA), es una de las pocas que en Cuba y en el mundo se dedican al estudio, tratamiento y conservación en la muralística.

De su extenso currículo podría citarse la participación en el rescate de pinturas en instalaciones del Centro Histórico capitalino, o la restauración del mural de Rolando López Dirube en el lobby del Hotel Habana Riviera.

También restauró el de mayor tamaño que Celia Sánchez le encargara a René Portocarrero en el Palacio de la Revolución, y laboró varios años en la reconstrucción de las pinturas de la cúpula del Teatro Municipal de Caracas, en Venezuela.

Elisa aceptó acompañar a este redactor y evaluar el estado actual del mural. Pasó uno por uno de los finos dedos de su mano derecha por toda la superficie coloreada; pulgada por pulgada, y volviéndose hacia donde yo estaba murmuró con tono de satisfacción no disimulada: «Demoró entre siete y ocho días en terminarlo. Se trata de un auténtico mural al fresco, magistralmente salido del pincel de Carlos Enríquez. Muy pocos artistas cubanos conocían los secretos de esta técnica, por lo que la mayoría marchaba al extranjero a aprenderla.

«De todas la más resistente es el fresco, pero ya se nota en algunas zonas bajas la humedad por capilaridad, producto de la salinidad que ha desprendido la pintura. Este específicamente no requiere de un análisis de laboratorio. Solo necesita una limpieza adecuada y detectar si hay alguna tubería dañada en esa pared. Es meritorio y fácilmente apreciable el esfuerzo de esta familia por preservarlo. Fíjate que todavía conserva la capa de carbonato de calcio que cubre la pintura».

Interrogada sobre la posibilidad real o conveniencia de un traslado de la pieza a un sitio más seguro, afirmó: «Aunque todos los murales se pueden sacar de su sitio existen riesgos. Además, el principio técnico y ético de este tipo de obra plástica es que se conserve en el lugar donde fue concebido, o sea, in situ. Aún no están creadas las condiciones en otra instalación que pudiera acogerlo».

Elisa Serrano se comprometió a emitir por escrito un dictamen técnico y enviarlo al Consejo Nacional de Patrimonio Cultural. «Actualmente tengo tres alumnos en el ISA a los que les orienté realizar sus tesis sobre la existencia de pinturas murales en espacios públicos y viviendas de Miramar, El Vedado y El Cerro. El hallazgo de esta joya les ayudará en sus investigaciones».

¿Ángel para un final?

Las implacables páginas del calendario corren sin cesar. Tal vez ni siquiera nos hemos dado cuenta. ¿Por qué dejar que algo tan nuestro perezca? ¿Acaso debemos permitirnos el derecho a posponer aquello que lleva tantos años de espera? Ojalá que no. Mañana puede ser demasiado tarde. Además, creo que no sería muy justo con el abatido y genial Carlos, precisamente ahora que conmemoramos el cincuentenario de su muerte.

Estamos abogando por encontrar soluciones prácticas para impedir que desaparezcan piezas de exquisita terminación e irrepetibles como esta. ¿No sería más beneficioso para todos que este mural pasara a engrosar la lista del patrimonio nacional?

Ficha técnica:

Tipo de reportaje: Se trata de un reportaje interpretativo, porque después de una investigación, sitúo el caso específico del mural de Carlos Enríquez en su contexto, valoro sus antecedentes, sus actores y su situación actual. Se va más allá, a la interpretación del hecho, y se incluye la proyección.

Objetivos del reportaje: Dar a conocer la existencia de un mural de Carlos Enríquez en la pared de una vivienda capitalina durante casi sesenta años.

Además, el poco caso que le han hecho a este bien patrimonial las instituciones pertinentes, y que este trabajo pueda servir de alerta para tratar de poner fin a esa situación.

Tipo de título: informativo

Tipo de entrada: deductiva

Tipo de cuerpo: en bloques temáticos

Tipo de cierre: de proyección o futuro

Estrategia de fuentes

- Entrevista a las ocupantes actuales de la vivienda.

- Recoger el testimonio de algunas personas muy cercanas al propietario original de la casa, que pudieran aportar información sobre la época de realización del mural (1948).

- Testimonio de personas que trabajan o trabajaron en la esfera cultural del país y que han estado vinculadas al mural en épocas pasadas.

- Datos aportados por los directivos de patrimonio a nivel municipal y provincial.

- Criterio de una especialista en pintura mural que accedió a valorar la pieza y emitir un dictamen sobre su estado actual.

- Consulta de bibliografía sobre la vida y obra del artista.

Planos temáticos

          Presente

1- Implicaciones inmediatas: Se conocerá de la existencia y estado actual del mural de Carlos Enríquez en una vivienda capitalina, y el desentendimiento de las instituciones pertinentes con el caso.

2- Conexiones con lo actual: Aprovecho el cincuentenario de la muerte de Carlos Enríquez (1900-57) para conectar la historia del mural, haciendo uso del sentido de actualidad y oportunidad.

3- Significado: Es discutible el solo hecho de que se esté deteriorando el mural y que se mantenga olvidado a pesar de varios esfuerzos por rescatarlo.

Pasado

1- Antecedentes: Aclarar cuándo se termina el mural, quiénes fueron los dueños de la casa, la relación que los unía al artista, y lo que ha sucedido con él hasta hoy.

2- Causas: Los motivos que llevaron a Carlos Enríquez a pintar el mural en la casa.

Futuro

1- Proyecciones: En el contexto del cincuentenario de la muerte del artista, el trabajo puede funcionar de alerta, para llamar la atención a las instituciones de patrimonio sobre el creciente deterioro de la pieza y la necesidad impostergable de su conservación.

2- Repercusiones: Es posible que se decida restaurar la pieza y preservarla para la historia.

3- También que el estado determine -teniendo en cuenta que la familia está de acuerdo- reparar y convertir la casa en alguna institución cultural y que entonces el mural pueda ser de un disfrute colectivo.

4- Pudiera ser tema de discusión institucional (a partir de su conocimiento público).

Transiciones: subtítulos

¿UN PESCADOR REBELDE?

¿UN PESCADOR REBELDE?

Hace 47 años la Revolución lo trajo a la capital y mantuvo su tradición de pescador tras encontrarse con el malecón habanero

JORGE JAVIER MIRANDA MÁRQUEZ,

estudiante de primer año de Periodismo,

Facultad de Comunicación de la

Universidad de La Habana.

Aún a los 70 años puede ondear el cordel con la seguridad de un bíblico David. Su nombre: Hermes Ricardo Rodríguez Sopeña, viejo conocido de las calmas y tempestades del viejo Poseidón.

Cabello blanco, mejillas rosadas que descubren arrugas y mirada siempre profunda y puesta en el horizonte, son algunas de las característica que distinguen a este hombre singular, que bajó de la Sierra Maestra a la gran ciudad y hoy, después del deber cumplido dedica pacientemente sus noches a esperar la picada tras el muro del malecón habanero.

Tres cordeles lanzados y ahí va otro, con un pececillo vivo a punto de morir por el anzuelo que atraviesa su cuerpo. Tan solo comienza la noche, ahora, a esperar.

-¿Hace mucho que usted viene aquí a pescar?

Imagínate, mi hijo, tú ni habías nacido; 45 años llevo yo viniendo aquí. Aunque el trabajo me quitaba muchas noches, siempre cuando tenía la cabeza un poco atolondrada echaba para acá, para despejar y relajar un poco.

-¿Entonces usted ha visto pasar la Revolución prácticamente desde este pedacito de malecón?

No, no, no, ¡qué va muchacho!, yo la Revolución la vi nacer en el monte, con un fusil en la mano.

-¿Usted es combatiente del Ejército Rebelde?

Positivo, mira, aquí está mi carné.

-¿Qué lo impulsó a unirse al Ejército Rebelde?

Bueno, tú debes saber que en aquellos tiempos la cosa estaba un poco mala y yo como joven lo sentía todo muy de cerca. Soy nacido y criado en Florida, Camagüey, y ya cuando tenía más o menos tu edad, pocos meses antes del triunfo revolucionario agarré y subí la Sierra para luchar por esto que estamos viviendo hoy.

-¿Y a quién se subordinaba?

A Juan Almeida Bosque que era y es tremendo estratega militar. En el poquito tiempo que estuve de rebelde aprendí mucho de él, un gran jefe diría yo.

-¿Qué lo motiva a estas alturas de su vida a pescar?

Mi hijo, yo he tenido dos grandes debilidades en mi vida: la primera y que ya pasó por lo viejo que estoy, fueron las mujeres, aunque después que me casé me controlé un poco; y la segunda, que me parece que la muerte me va a sorprender con ella, es la pesca, algo que para mí es muy saludable. Hay gente que dedica su tiempo libre a tomar ron y eso yo lo veo muy mal, imagínate que yo hasta dejé de fumar.

-¡Pero, bueno, se ve que a usted le gusta de verdad pescar!

Sí, cantidad -sonríe- no hay provincia de este país en que yo no haya tirado las pitas: Pinar del Río, Matanzas, Camagüey, para qué decirte, lo mismo en agua dulce que en agua salada.

-¿Y siempre ha cogido buenos ejemplares?

Más o menos, siempre se hace algo, lo último fue un gallego que cogí aquí mismo el año pasado.

-¿Le costó mucho trabajo levantarlo? ¿Me puede contar sobre este suceso?

La suerte mía fueron unos muchachos como de tu edad que cuando me vieron fajado con ese animalón vinieron a ayudarme y poquito a poco entre todos lo levantamos. ¡Qué peje más lindo! Pesó 28 libras, me acuerdo que la carnada fue un pescadillo vivo y que inflé un preservativo para que el viento me sacar el cordel para afuera y así mismo como te cuento, entre el pescadito y el globo parece que le llamaron la atención al gallego, y cayó en la trampa y a mí el peje que se me engancha no escapa, a no ser que se encueve y haya que cortarle la pita, pero a este no lo dejé respirar. Yo aquí he cogido buenos pescados.

-Hermes, se dice que hay noches buenas y noches malas. ¿Alguna vez le ha tocado irse con las manos vacías?

Lógico, todos los días no son de fiesta, pero por muy mala que esté la cosa siempre hay una picadita y eso es lo que te embulla, lo que no te hace perder la esperanza.

-¿Cuál es la cualidad principal que debe tener un pescador?

Paciencia, mucha paciencia. Yo una vez traje a mi mujer y me tenía loco y tuve que irme porque no soporto la intranquilidad. Por eso casi siempre vengo solo, y mis amigos de pesquería, los que he ido conociendo aquí, me los encuentro en la guagua o cuando llego y ya engancharon y tiraron primero que yo, que es menos probable porque a mí me gusta hacer el pesquero temprano.

-¿Dónde vive?

En Lawton.

-¿No le resulta difícil el traslado hasta aquí?

Qué va muchacho, yo vengo en la 174 y la vuelvo a coger a la hora que sea, parece que ella siempre me espera -sonríe refiriéndose a la guagua como si fuese una vieja amiga-.

¿Hay alguna época del año buena para la pesca? ¿Alguna especial de pescado en especie para capturar en el malecón?

Ahora que estamos en el menguante de la luna y que es la etapa invernal, viene el parguete, que no es muy grande, alcanza hasta cuatro libras y se coge también el pargo sanjuanero que ese generalmente viene en la corrida de los meses de junio y julio. Este es el grande que coge hasta 12 libras, y es con el que me gusta batirme; o los cojo, o me tiran para el agua o se parte la pita y todavía no ha llegado ninguno más fuerte que yo. También ando con buenos cordeles.

-¿Con qué compararía la pesca?

Con la vida misma, porque siempre tarde o temprano se pega un peje gordo, lo que hay es que estar preparado, las cosas buenas llegan con el tiempo y hay que saber aprovecharlas, así que aprovecha tú bien esa juventud para que cuando llegues a viejo igual que yo tengas buenas historias que contar.

-¿Se considera un pescador Rebelde?

¡Alabado!, exclama y se vuelve a dibujar una sonrisa pícara de niño en su rostro. Tú eres la primera persona que me lo dice; pero sí, puede ser. A ti parece que te gusta la pesca, así que no me preguntes más y ayúdame a recoger esas pitas, que por tu culpa me comieron la carnada.

Ficha Técnica

Tipo de Entrevista: Biográfica.

Tipo de Título: De juego de palabras.

Tipo de Entrada: De retrato.

Tipo de Cuerpo: Clásico, de preguntas y repuestas.

Tipo de Cierre: Sorpresivo.