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Isla al Sur

EL ALMA DE CUBA

EL ALMA DE CUBA

Carolina Rodríguez, La Patriota, merece por su labor revolucionaria el reconocimiento de los estudiantes cubanos.

LAURA MERCEDES GIRALDEZ COLLERA,
estudiante de primer año de Periodismo,
Facultad de Comunicación,
Universidad de La Habana.

“¿Quién sabe cuál es el alma cubana? Hay allá en un rincón de la Florida (...) una anciana de lo más puro de Las Villas que perdió en la guerra su gente y su hogar (...) Por la mañanita fría (…) sale a las calles, arrebujada en su mantón, (…) camino de su taller, (…) y se sienta, hasta que oscurece, a la mesa de trabajo. Esa es el alma de Cuba”. Así calificó José Martí a Carolina Rodríguez Suárez, destacada luchadora cubana por la independencia de su patria, sin embargo, mientras transitamos por al aniversario 115 de su muerte, su quehacer pasa inadvertido en el imaginario de la tierra por la cual entregó todo.

Carolina nació en Santa Clara el 25 de noviembre de 1826, y se incorporó a la lucha casi desde sus comienzos, donde se destacó por apoyar a las tropas del mayor general Carlos Roloff , y no aceptó la paz del Zanjón, por el contrario, redobló sus esfuerzos revolucionarios.

Por una cobarde delación fue deportada a Isla de Pinos; al terminar su tiempo en ese territorio partió al exilio, donde trabajó como despalilladora en las zonas de Tampa y Cayo Hueso, al sur de Estados Unidos.

En el Diccionario Biográfico Cubano, Fermín Peraza Sarausa acotó: “Carolina perdió en la guerra su apellido, porque en la emigración fue bautizada como La Patriota; y no podía haber título más sugestivo ni más envidiable  que darle a aquella mujer, envejecida en los arenales de La Florida, respetada y querida por todos, porque siempre estaba llevando el primer socorro al expatriado en la adversidad; era la primera en dar su parte al necesitado para satisfacer el hambre que lo consumía, y era también de las primeras en pedir para Cuba”.

“Carolina fundó en Estados Unidos el Club Díaz Marcano y además trabajó en diferentes manufacturas de tabaco, tomando de su sueldo lo indispensable para subsistir y entregando siempre el resto a los fondos revolucionarios”, aclaró el Doctor Antonio Álvarez Pitaluga, vicedecano de la Facultad de Historia, Filosofía y Sociología de la Universidad de La Habana.

La casa de La  Patriota sirvió al inicio de la Guerra Chiquita, de centro activo de conspiradores, y también guardó los fusiles de un grupo de hombres que se preparaban para la lucha. Por esa época, Carolina conoció al Apóstol y a pesar de la avanzada edad continuó colaborando con la causa cubana y comenzó a trabajar con él.

Enferma, y en miseria absoluta, regresó a su ciudad natal luego de terminar el dominio colonial español. Olvidada por todos y habiendo perdido su casa, murió sola el 2 de junio de 1899. 

Ana Ivis Torres, estudiante de duodécimo grado del Instituto Preuniversitario Vocacional de Ciencias Exactas Ernesto Guevara, de Villa Clara, reconoció que desconoce el trabajo de La Patriota como emigrada, debido a la escases de fuentes de información y a lo limitado del plan de estudio. “Es muy corto para tratar a todas las personalidades”, señaló.

Según la Revista Bohemia del 24 de febrero de 1950, el ayuntamiento de su ciudad natal, el 10 de junio de 1899, acordó  dar el nombre de Carolina Rodríguez a la calle denominada “Callejón del Carmen”, donde nació y volvió a residir la insigne cubana. 

Rubén Antonio Rodríguez Vicente y Adianez Bernazar Santiesteban, estudiantes de tercer año de la Facultad de Filosofía, Sociología e Historia, afirman no conocer la labor patriótica de Carolina Rodríguez. Aseguran que no es  una de las mujeres de las cuales aparezca su  biografía en los libros de historia, ni siquiera en el programa de la carrera.

La labor de las féminas durante la colonia no es analizada a profundidad. Ana Betancourt, Mariana Grajales, Amalia Simoni, María Cabrales y Manana son las mujeres que tienen el privilegio de ser objeto de estudio en los institutos escolares cubanos.

Francisca López Civeira, Profesora Titular de la Universidad de La Habana, señaló que para no hacer una sucesión de personalidades de la Historia de Cuba, a los estudiantes solo les imparten las biografías de las figuras más representativas, las que de manera natural el pueblo va construyendo como símbolo de la nación. “Este proceso puede llamarse selección natural de la historia”, aclaró.

Iraida Campos, subdirectora de la Editorial de la Mujer, apuntó que es una injusticia la cometida contra grandes cubanas de nuestra historia, como La  Patriota: “Para reparar este error debemos sacarlas a la luz, porque actualmente los procesos revolucionarios en el país son estudiados mediante una cronología de sucesos protagonizados por hombres, no por figuras femeninas, y Carolina Rodríguez trabajó junto a José Martí cuando él preparaba la guerra de 1895.”

Sobre tal aspecto, el profesor del referido Instituto Ernesto Guevara, Armando Medina, reconoció que esta cubana es desconocida por sus estudiantes, e incluso, “en los libros de texto de la asignatura para el nivel medio, la temática de las mujeres en la historia es abordada como un capítulo aparte del resto de los hechos”.

Las nuevas generaciones no reconocen el decisorio papel de cubanas, que como La Patriota, consagraron sus vidas al servicio de la causa revolucionaria, razón por la cual la historia reclama la hora de rescatarlas.

Pie de Foto: Carolina Rodríguez, independentista cubana del siglo XIX que se incorporó a la guerra con 42 años.

Ficha técnica:

Tipo de título: Genérico.
Tipo de lead: Especial de cita directa.
Tipo de nota interpretativa: Retrospectiva-Explicativa.

Tema: La cubana Carolina Rodríguez tuvo una extensa obra patriótica que resulta desconocida en la actualidad.

Situación problémica: Poco conocimiento por parte de los estudiantes,  sobre la labor de Carolina Rodríguez.

Objetivos colaterales: Ahondar en la actividad revolucionaria de La Patriota y demostrar el desconocimiento de la misma.

Estrategia de fuentes.

Documentales:

Diccionario Biográfico Cubano. Tomo V. Fermín Peraza Sarausa. La Habana, 1955.

Revista Bohemia. La Habana, 24 de febrero de1950.

Directas:

Antonio Álvarez Pitaluga, vicedecano de la Facultad de Historia, Filosofía y Sociología de la Universidad de La Habana. Fuente especialista, juicio lógico.

Francisca López Civeira, Profesora Titular de la Facultad de de la Universidad de La Habana. Fuente especializada, juicio de valor.

Iraida Campos, subdirectora de la Editorial de la Mujer. Fuente implicada, juicio analítico.

Leidys Domínguez, estudiante de quinto año de la Facultad de Historia, Filosofía y Sociología. Fuente implicada, juicio disyuntivo.

Ana Ivis Torres, estudiante de duodécimo grado del Instituto Preuniversitario Vocacional de Ciencias Exactas Ernesto Guevara. Fuente implicada, juicio analítico.

Rubén Antonio Rodríguez Vicente, estudiante de tercer año de la Facultad de Historia, Filosofía y Sociología. Fuente testigo, juicio analítico.

Adianez Bernazar Santiesteban, estudiante de tercer año de la Facultad de Filosofía, Sociología e Historia. Fuente testigo, juicio analítico.

Armando Medina, profesor del Instituto Preuniversitario Vocacional de Ciencias Exactas Ernesto Guevara. Fuente implicada, juicio de valor.

Soportes:

Hecho: Desconocimiento de la obra revolucionaria de Carolina Rodríguez.

Contexto: No existe la biografía necesaria para que los estudiantes y el pueblo en general conozcan acerca de esta mambisa.

Situaciones colaterales que también pudieran incidir: Existen profesores que consideran extenso el estudio de todas las figuras destacadas en el proceso revolucionario cubano. No reconocimiento de todas las mujeres que lucharon por Cuba  en las distintas etapas.

 

LA VIDA ES MIRAR

LA VIDA ES MIRAR

Qué lo inspiro a elegir su profesión, su juventud como estudiante y sus proyectos actuales: acerca de esto y más habla el joven fotorreportero cubano Kaloián Santos Cabrera.

Texto y foto: 
DENISSE MACHADO TABOADA,
estudiante de primer año de Periodismo,
Facultad de Comunicación,
Universidad de La Habana.

Kaloián Santos Cabrera es un joven fotorreportero de solo treinta y tres años, que ya desde su época de estudiante era reconocido por su trabajo y tenía secciones fijas en espacios como Cubadebate y La Jiribilla. Cuando lo vimos por primera vez llevaba puesta una atípica camiseta con una fotografía policial de Elvis Presley. Su voz y cadencia poseían un cierto deje argentino, probablemente adquirido durante su estancia en el país latinoamericano mientras realiza su Maestría en Periodismo Documental en la Universidad “3 de Febrero”.

«Yo cursaba Estudios Socioculturales y, por las alas de la vida, me fui a viajar Cuba de mochilero con unos amigos. Decidí entonces empezar a hacer fotos para tenerlas de recuerdo, no para hacer nada con ellas».

Nos mira mientras lo grabamos con cámaras y celulares y los señala con un movimiento de la cabeza. Estamos en la Facultad de Comunicación y él viene a regalarnos sus vivencias.

«Ahora es mucho más común tener un celular con una camarita. Lo mejor a lo cual podía aspirar entonces era a una cámara soviética de rollo. Empecé a hacer esos viajes en el 2002 y esa fue la primera que me compré y, a diferencia de las actuales, no tenía un software remedidor de la cantidad de luz, que si no hay suficiente adiciona un flash automático para poder realizar la foto. Fue necesario comprarme una cámara y esta me costó, nunca se me olvida, siete pesos convertibles, en Holguín. Soy de allá, pero como todo buen oriental que se respete, vine a estudiar a La Habana y me quedé aquí. Ahora estoy en Argentina. Estudié Periodismo en La Universidad de La Habana, mitad Santiago de Cuba, mitad allí.

»Ahí comenzó mi inquietud, cuando empecé a conocer Cuba, a amar el país y a tener mi noción de patria. La patria uno la construye con muchas cosas y una de las que me hicieron amar más mi nación, la obtuve después de haber salido de Holguín, ya de grande.

»Era un chico de ciudad, del asfalto. Iba a las discotecas, pero de ahí no había salido. Venía a La Habana en las vacaciones a ver a mis tíos, pero de verdad conocer una Cuba profunda, experimentar eso que dicen acerca de cómo los cubanos te lo dan todo, incluso el campesino que no tiene nada, observar los paisajes hermosos, la gente solidarizándose con uno, lo empecé a ver después, cuando me decidí a viajar la Isla. Yo sentí la necesidad de escribir eso, pero más que escribirlo, fotografiarlo y, sin proponérmelo empecé a hacer un periodismo muy particular, para mí, no para los medios.

»La fotografía con esa camarita me atrapó y fue un viaje de ida. No sabía si algún día pudiese llegar a vivir de algo como esto y si esa fuera a ser mi carrera, pero supe que de ahí no iba a salir más. No tenía claro lo que quería, pero sí aquello que no quería, y eso era seguir en Socioculturales; lo mío era buscar una forma de aprender, especialmente, fotografía documental, fotoperiodismo, y la vía fue estudiar Periodismo».

Nos habla de su etapa como alumno en la Facultad de Comunicación perteneciente a la Universidad de La Habana. En su tesis sobre el Periodismo Gráfico fungió como oponente el ya fallecido Premio Nacional de Periodismo Liborio Noval. Nos comenta cómo después de su graduación, en el 2008, realizó su servicio social en el periódico Juventud Rebelde.    

«Recuerdo algo que fue una inmensa oportunidad. A los meses de estar ahí se hizo un reportaje grande acerca de un trasplante de riñón. Para mí eso fue un punto máximo; estar dentro y seguir esas historias. Y ese trabajo global, de las cosas expresadas en imágenes y las formuladas en palabras, me enseñó mi primera lección: una imagen NO vale más que mil palabras, la máxima no siempre es acertada, a veces sí y a veces no.

»Mi segunda lección fue que ser profesional no depende de una buena cámara, el profesional es quien está detrás. Hacer buena fotografía es un acto mecánico: velocidad, luz y diafragma. Si sabemos ajustar eso tenemos técnicamente una buena fotografía. Lo difícil en el fotoperiodismo es aprender a mirar. No nos preocupemos por la cámara de diez megapíxeles, preocupémonos por tener algo con qué registrar esa imagen que se nos ocurre, pueda ser una camarita “shopinesca”, como se le conoce popularmente, un celular o la “supercámara”».     

El conmovedor relato visual de Alejandro Quinchú, un joven fotógrafo argentino, fue el primero de los trabajos mostrados al aula de Periodismo de primer año que lo escuchaban en vilo.

«Alejandro ganó con el trabajo hace dos años el Premio World Press Photo, el galardón más importante dentro de este arte. Es muy fácil llegar a un gran acontecimiento donde no había nadie, hacer la foto y tienes la primicia. Ahora, lo difícil es encontrar una buena historia de la cotidianeidad. Su mérito está en que el cuento es el de sus abuelos y en cómo lo armó durante tres años». 

El trabajo muestra los diferentes puntos en la relación de un anciano que cuida a su esposa, quien tiene Alzheimer, hasta que finalmente ella muere. Las imágenes están llenas de un simbolismo espontáneo donde se combinan las desgarradoras escenas de ternura y dolor de una pareja que poco a poco se pierde el uno al otro.

«En el periodismo eso de que tenemos que tratar de mirar: la historia desde afuera está en veremos. Una de las máximas del fotoperiodismo la dijo uno de los grandes, Robert Kappa, el de la Guerra Civil Española. Él fue quien instauró la definición de corresponsal de guerra con “La muerte del miliciano”. Kappa expresó que si sus fotos no son buenas es porque no estuvo lo suficientemente cerca. En mi opinión, por mucho tiempo se malinterpretó esa idea como algo físico, en vez verla como estar involucrado en el hecho».   

Esta máxima está presente en los trabajos de Kaloián en el libro “Con luz propia”, donde se recogen imágenes de su exposición “Cincuenta veces Cuba”, centrada en la enseña nacional.

«Es mi mirada particular, la de un joven cubano, nacido después del triunfo de la Revolución y quien tiene sus grandes felicidades, pero también sus grandes tristezas con su país, volcada hacia lo que sé hacer, realizar fotografía.

«Cuando estaba haciendo mi tesis en el 2008 vi los portafolios de la mayoría de los fotógrafos cubanos aún vivos, de aquellos que cuando triunfó la Revolución salieron a las calles y tuvieron la inmensa oportunidad de fotografiar ese hecho. Viendo las imágenes, me llamó la atención cómo la gente salió a celebrar el triunfo con la bandera cubana, no poniéndola en un pedestal, sino poniéndosela en el sombrero, tatuándosela, haciéndosela un vestido. Decidí mostrar cómo, medio siglo después, todavía se mantiene en Cuba esa mirada acerca del símbolo más allá de todo: más allá de la Constitución, de aquello impuesto en la escuela, de cómo se nos dice que debemos amar y respetar esos símbolos. No es un libro sobre la bandera cubana, es sobre los conceptos que yo fui a buscar de Cuba, donde el hilo conductor es la bandera.         

«Quiero crear sentido con estas fotos, particularmente desde el fotoperiodismo. No busco hacer fotos lindas, pues son, sobre todas las cosas, un medio, una herramienta, a través de la cual quiero hablar, dialogar y, sobre todo, profundizar acerca de las cuestiones preocupantes de la sociedad donde estoy, del país o acerca de los conceptos que me pasan por la cabeza».

Nos cuenta también de Pechito, «un loco lindo», el cual marcó su vida personal y profesional.   

«Durante diez años de su vida vivió en una de las esquinas más famosas e importantes de Buenos Aires, en uno de los barrios más caros. Vivía en un colchón, con un televisor y dos perros, pero era, extrañamente, aceptado por ese estrato social. La gente le daba corriente y cable para que recibiera los canales internacionales. Lo estuve siguiendo por dos años; mi tesis de grado, un documental filmado, se la iba a dedicar a él. De pronto, desaparece. El Gobierno de la ciudad, que es de derecha y quería sacarlo de ahí, se lo lleva supuestamente para un hospital. La gente se tira a las calles y en esa esquina se aglomeran cerca de doscientas personas. Al cabo de dos días lo encontramos en un lugar de la ciudad y a los perros en otro. Apareció en calzoncillos, todo golpeado, deshidratado. Siete días en terapia intensiva y después muere».

Refiriéndose a sus trabajos, expresa: «No me interesa ganar dinero por un proyecto como el de Pechito o como el de las banderas. Para mí, la mayor satisfacción es ser invitado a lugares a exponer, que llamen y me digan: “Queremos publicarte tal historia”, para poder  así darle voz a quienes son  invisibles».

Pie de foto: Para Kaloián Santos Cabrera el mayor premio es poder darle voz a quienes no la tienen.

 

LOS JÓVENES Y GIRÓN

LOS JÓVENES Y GIRÓN

DANIELA HERNÁNDEZ GARI,
estudiante de primer año de Periodismo,
Facultad de Comunicación,
Universidad de La Habana.

¿Qué fue Girón? ¿Una victoria sobre el poderoso, gran pérdida de vidas humanas o acaso el inicio de una nueva era?

Aquellos que sobrevivieron cuentan anécdotas llenas de valor y compromiso con la patria. También son los responsables de narrar los últimos momentos de sus compañeros, una tarea difícil y dolorosa.

Vencer por primer a vez al imperialismo yanqui en América fue su mérito, pero la vida de 142 personas, de ellas 76 menores de 26 años, fue el precio a pagar.

Todos sabemos lo que motivó a estos hombres a luchar: un profundo sentimiento patriótico, pero ha sido apocado gradualmente con las frases hechas y la continua repetición hasta llegar al llamado "teque".

Lo que muchos jóvenes hoy desconocen es que gran parte de los muchachos que participaron en la defensa de Girón no estaban destinados a hacerlo, ya sea por estar convalecientes a causa de atentados anteriores, encontrarse alejados del lugar de salida para el combate o simplemente justificados por la corta edad, como es el caso de Nelson Fernández Estévez, quien murió con 14 años.

Me es imposible imaginar en toda su dimensión la pasión de esa generación que se entregó al combate. En ellos fue más fuerte el amor a la revolución y su líder. Cualquiera puede decir que morirá por algo, pero sólo son capaces de ponerlo en práctica quienes anteponen una causa a su propia existencia. Sus sueños, aspiraciones y anhelos no cayeron ante el fuego enemigo, sino que se convirtieron en realidad para las generaciones que los precedieron.

En la actualidad, la juventud, en mi opinión, ha perdido ese fervor y no es de extrañar. Nacimos y somos testigos de tiempos diferentes, con problemas diferentes. Ajenos a una dictadura sangrienta que nos robó familiares y amigos, la renuncia a los estudios y sueños por ayudar a los padres para sobrevivir, nos hace incapaces de apreciar lo que tenemos o el sacrificio que llevó llegar hasta aquí, a pesar de que nos inculcan esto desde la infancia.

Esta actitud se debe a la falta de conocimiento del momento histórico o de lo que representa Cuba en el escenario mundial. Tenemos problemas, sí, decisiones que, al parecer, rozan lo absurdo, también. Sólo pido un poco de reflexión y análisis antes de juzgar la situación actual del país y no permitir que nos cieguen y agobien los problemas cotidianos.

¿Qué significó Girón para los jóvenes de ayer? ¿Y para los de hoy? No podemos perder la capacidad de responder estas interrogantes. En ello nos va nuestra propia subsistencia.

Pie de foto: Mártires de Girón que no sobrepasaban los 20 años de edad.

‘’YO MUERO MAESTRA’’

‘’YO MUERO MAESTRA’’

Para Flora Belkis Lescaille Torres el principal valor que debe tener un maestro es amor por la profesión. Cuenta que aunque no era su sueño, se enamoró de la carreracuando tenía solo 16 años.

Texto y foto: 
RACHEL MORALES HERNÁNDEZ,
estudiante de primer año de Periodismo,
Facultad de Comunicación,
Universidad de La Habana.

Cuando llamé para que me concediera la entrevista, no puso ningún pero, al momento me citó para el otro día, con la única condición que fuera después de las 8 de la noche, porque luego del trabajo tenía que cumplir con las labores domésticas. Llegué puntual y ella ya me estaba esperando ansiosa para contar su historia de vida, se pudiera decir que más bien es una clase de historia.

Oriunda de Guantánamo y nacida en el año 1942, emigró a San Miguel del Padrón, La Habana, con sus padres y 10 hermanos en el año 1956, porque su hermano mayor estaba vinculado al Movimiento 26 de Julio.

“Pertenecía a un directorio estudiantil del preuniversitario -13 de Marzo creo que se llamaba- y bueno, estaba implicado en actividades que se le habían ordenado de la lucha insurreccional, por lo que estuvo amenazado de muerte… Quedaban dos remedios: irse para la Sierra Maestra o emigrar para acá”.

De familia muy pobre, pasó muchas vicisitudes al llegar a la capital, su padre trabajaba picando piedra en la construcción por solo 50 centavos diarios.

“Íbamos caminando hasta La Virgen del Camino, casi 3 kilçometros, y allí seguíamos estudiando, porque mis padres, a pesar de ser muy pobres, decían que todos los hijos tenían que hacerlo”.

Cursó en la secundaria básica -antes escuela intermedia- clases de inglés, teoría, solfeo y cantaba en un coro, pero por sus actividades políticas fue suspendida un año. Cuenta que por aquel entonces no tenían dinero para enviarla al Instituto de Segunda Enseñanza de La Habana, hoy preuniversitario José Martí.

“Decidimos que yo podía seguir viniendo a pie hasta La Virgen del Camino y coger una guagüita que por un medio me llevaba hasta Guanabacoa, entonces hice el instituto.

“Ahí, al triunfar la Revolución, me incorporé a las milicias estudiantiles y, bueno, seguí mi vida muy activa. Era todo el fragor del principio de la Revolución, muchas actividades, la juventud cubana estaba que todas las tareas eran nuestras. Abrazábamos con mucho fervor cualquier tarea que se nos diera, y entonces Fidel llamó a los jóvenes de Segunda Enseñanza para que se incorporaran a la docencia, porque no había maestros, la mayoría se había ido del país. Yo tenía 16 años˝.

Luego de un curso de tres meses, en Minas del Frío, inició su carrera de magisterio.    

“¿Por qué en la Sierra Maestra”, porque había que prepararse para las tareas  difíciles de impartir la educación en las montañas… Subimos varias veces el Pico Turquino, recibimos adiestramiento e inmediatamente nos dieron un certificado que nos capacitaba para ejercer la enseñanza primaria en los centros más apartados del país.

“Salí entre los mejores expedientes y me correspondió  pasar un curso de instructora de la Revolución, pero yo quería dar clases, lo que soñaba era ser maestra y se lo comuniqué a la directora, me liberó, pero todas las aulas ya habían sido ocupadas en las montañas. Como el compromiso también era en las zonas inaccesibles, me ubicaron en la Ciénaga de Zapata, a las orillas del río Hanábana  donde estuvo Martí cuando niño. En una zona ganadera y arrocera fue mi debut como maestra primaria.

“Allí no había escuela, no había mobiliario, no es como el maestro hoy día, que llega a un centro y todo está hecho, las escuelas teníamos que construirlas. Tú llegabas y te decían: allí vas a trabajar –nada más- e improvisabas cuál iba a ser tu escuelita. Los muebles de mis primeros alumnos fueron hechos con tablas de palma.

“Los jóvenes en ese entonces no sentían miedo -entre comillas- porque el deber y el compromiso eran superiores. Nosotros no estábamos formados con miedo, y más en el momento histórico que vivíamos. En el período que empezábamos a trabajar un compañero mío, Conrado Benítez García, que estuvo en la Sierra Maestra con nosotros, fue asesinado y allí es donde surge la historia de la Campaña de Alfabetización”.

Más tarde esta mujer escribiría un libro titulado: Conrado Benítez, tras la huella del maestro voluntario: “Yo estaba incluida en eso, pero con una diferencia, era mayor que los muchachitos que iban a alfabetizar. En la campaña nosotros asumimos una tarea: asesorarlos. Como maestros poseíamos experiencia y conocíamos al campesinado con quien debían vivir. Trabajábamos juntos y fue así como nos ganamos su simpatía. Teníamos que asesorar, enseñar y cuidarlos, sobre todo cuidarlos”.

Flora Belkis Lescaille Torres fue asesora técnica de la histórica campaña que eliminó el  analfabetismo en Cuba, tenía bajo su responsabilidad a 24 brigadistas. Vivió por cinco años en territorio cenagoso, rodeada por mosquitos y ranas que no le permitían dormir bien, en la habitación de un batey

“El maestro era la figura más importante del campo, lo mismo casábamos al campesino, que lo inscribíamos, hasta nos enseñaron a inyectar para vacunarlos; éramos lo mismo jueces que trabajadores de la educación”.

Allí le sorprendió el ataque a Playa Girón, entre risas y conversaciones, porque aún no les había llegado la noticia de los bombardeos en La Habana.

-¡Maestra, maestra!, están atacando por en vuelta de su escuela.

-¿Cómo que atacando?

-Sí, usted no siente los morterazos, ¿qué va a hacer?

“Ahí vino el miedo, porque decían que si venían los mercenarios nos iban a matar”.

-Julián, cuando me vengan a buscar yo tengo que estar allí con los brigadistas y con todos.

“Entonces por la madrugada se puso una carreta con un tractor y me fui para mi escuela. Allí estaban los milicianos preparándose para incorporarse a la defensa. Yo les dije que me iba con ellos y no me dejaron, que prefería irme a que viniesen y me matasen aquí, pero se fueron. Quedé asustada y llorando.

“Me ordenaron que buscara a la familia de un tal Martín que iba a combatir, la familia vivía lejísimos de donde yo estaba. Fui con un viejito, muy mayor, que era miliciano, por primera vez manejamos una máquina, un Chevrolet negro, en el camino se veía el humo y se sentían las bombas. Cuando regresábamos con la familia venían los carros del INRA (Instituto Nacional de la Reforma Agraria), a recoger a los brigadistas y nos llevaron con ellos. Yo fui acuartelada en Matanzas hasta que terminó el peligro de la invasión.

“Para mí eso fue uno de los momentos más impresionantes de mi vida. Sentí temor, experimenté la emoción de estar en medio de un combate, que tu vida peligra y que a pesar de todo tienes que cumplir con un deber, eso me conmocionó enormemente”.

Mostrándome fotografías de sus experiencias, comenta que no solo trabajó en la Ciénaga, en otro llamado se creó un nuevo contingente donde la ubicaron en el II Frente Oriental, en un lugar que le llamaban Pozo Azul, en Sagua de Tánamo.

“Estaba en una ladera entre Sagua, Mayarí y Moa, tenía que cruzar 24 pasos de ríos donde el agua me llegaba por el pecho, atravesábamos a caballo y con cuidado. Nos volvimos diestros en conocer la vida en el monte”.

Cuenta que una vez tratando de cruzar una crecida de río casi se ahoga, tuvo que soltar una mochila donde tenía documentos importantes y fotos, por lo que perdió muchos recuerdos.

“Por la mañana impartíamos clases a los niños más pequeños, de 1ro. a 3er. grados y por la tarde de 4to. a 6to. grados porque esos eran los muchachos que debían trabajar con sus padres. A los adultos le dábamos educación obrero-campesina por las noches, tarea que se llamaba seguimiento, porque a pesar de que aprendían a leer cuidábamos de que no volvieran a convertirse en analfabetos, así comenzó la batalla por el 6to. grado y después por el 9no.

“Muchos de los campesinos a los que les di clases luego nos sustituían y fueron maestros, compañeros míos, otros se convirtieron en ingenieros, viajaron.

“Lo más difícil fue adaptarme a las condiciones: la lluvia, el fango, el traslado. Otra parte -aunque siempre fui muy estimulada por mis padres- fue la lejanía. Estábamos locos porque llegara la semana de permiso para ver a la familia, después de un tiempo de trabajo.

“Como jóvenes nos divertíamos igual cuando veníamos a La Habana. Nos reuníamos, íbamos por la Rampa, a clubes, los cabarets, bailábamos. Allá en las montañas también preparábamos actividades”.

En ese lugar estuvo tres años -en total fueron ocho años cumpliendo con el deber lejos del hogar- donde se sacrificó muchísimo por el bien de otros. Esas experiencias influyeron en su vocación.

“Anteriormente yo ni siquiera pensé que iba a ser maestra, me incorporé al llamado porque en aquellos momentos la juventud estaba ávida de cualquier cosa que se lanzaba, yo no quería ser maestra, yo quería ser médico o cualquier otra profesión, pero mis padres nos dijeron a mí y a mis hermanas que no podíamos hacer una carrera larga porque él era pobre y la Medicina ya la estaba estudiando mi hermano. A veces tenían que empeñar sus prendas o hipotecar la casa para pagar los libros y la matrícula.

“Nosotros debíamos estudiar algo más suave, así que me embullé y me dije: Voy a ser maestra para independizarme económicamente y ayudar a mis hermanos, eso fue lo que me motivó. Claro, después me enamoré de mi carrera y tan enamorada estoy que ya llevo más de 50 años, desde 1960, y no he hecho otra cosa que dar clases.

“He trabajado todas las enseñanzas, empecé en primaria, donde fui maestra multígrada, es decir, que he dado todos los grados, después trabajé como profesora de Historia en secundaria básica, alrededor de diez años. Fui  metodóloga de círculo infantil, directora de una escuela primaria y trabajé en la subdirección de un internado en Playa. También impartí Marxismo  en la escuela de Economía de Marianao y en el preuniversitario dando clases de Cultura Política. Además, fui profesora en la Universidad de Ciencias Médicas «Girón» y en la Facultad Obrero-Campesina.

“Primaria fue una etapa hermosa, en estos momentos prefiero Cultura Política, porque el muchacho crea cuando le mandamos a hacer una investigación, aprendemos con ustedes. Ahora te veo a ti haciendo esta entrevista y me digo que ahí habrá algún granito de arena que yo puse.

“Las personas comentan: ‘¿Estudiar magisterio?’, sin embargo, a mí me emociona que encuentro en cualquiera de las ramas del país alguien que me sonríe y me dice: “Usted fue mi profesora”. Eso me llena de orgullo, me hace sentir feliz. ¿Tú quieres cosa más emocionante?

“Me gusta que vengan aquí y me pidan cualquier investigación, que quieran que los ayude. Yo dejo todo lo que tenga que hacer por atender eso.

“Me jubilé y después de jubilada se convocó para que siguieran los maestros y estoy reincorporada. La semana que viene cumplo 72 años, mira cuánto tiempo desde la edad de jubilación y yo sigo sumada a la docencia.

“Educar es una obra de infinito amor”, así dicen. Lo primero que debe tener un educador es amor por la profesión. Hay que amar y tener deseos de enseñar, de dedicar lo mejor de tu vida a transmitir conocimiento. Donde quiera que se vaya hay que predicar con el ejemplo, ante la vida, ante tus hijos, ante tu comunidad... Ese es mi lema.

“Vuelvo a ser maestra. A mí me gusta enseñar y nunca voy a arrepentirme del camino que escogí. Yo muero maestra”.

Pie de foto: Flora Belkis Lescaille Torres lleva 54 años de labor ininterrumpida cultivando conocimientos por todos los niveles de enseñanza.

 

COLA EN LOS TIEMPOS DE PAPAS

COLA EN LOS TIEMPOS DE PAPAS

DANIELA OLIVA VALDÉS,
estudiante de primer año de Periodismo,
Facultad de Comunicación,
Universidad de La Habana.

Ese día todos se apresuraron para ser los primeros en alcanzar al ansiado tubérculo, esperado por tantos meses como lluvia en el desierto. Tiempo antes, cuando corrían los rumores de su regreso a las tarimas, ya entre la familia se fabulaban las posibles recetas. La llegada de la “santa papa” lograba agrupar más personas que una convocatoria de…

No faltaba nadie del núcleo familiar. Algunos llevaron hasta a la mascota para coger 20 libritas más. Tantos años de experiencia haciendo colas, que deberían ser meritorios de un título de “Licenciados en Paciencia” con “Postgrado en Coladera”, no sirvieron de nada cuando la “enardecida” muchedumbre avizoró el “trineo de Santa Claus” con la anhelada vianda.

Algunos ancianos empezaron a sacar los bastones, alegando en su defensa todo tipo de dolencias que le impedían hacer la cola. “Que muchacho más maleducado. Deberías respetar a los viejos, yo podría ser tu abuela. La verdad es que la juventud está perdida”, dijo acompañada de una larga lista de improperios, una octogenaria señora ante la queja de un chico por su atrevido “cuele”. La longeva pretendía persuadir a toda la fila que ese era su lugar.

Entonces todas las personas que estoicamente habían esperado su turno por horas bajo el sol que se empeñaba en derretirlos, comenzaron a acalorarse. Por suerte, la historia no acabó como la “fiesta del Guatao”. Una joven, de esas que la señora tanto criticaba, le cedió el turno con tal de acabar con el altercado en el agro.

Ciertas personas mayores creen haber ganado el derecho a ser groseros y descorteses por el simple hecho de ser más viejos. Igualmente, no hay que generalizar ni tachar de maleducados a todos los jóvenes por actitudes de algunos de ellos que sí carecen de cortesía.

“La juventudestá perdida” dicen algunos de nuestros ancianos, sin percatarse que no se trata de la edad, sino de los valores y la instrucción que se adquiere desde pequeños, independiente de la generación a la que pertenezcan. No es cuestión de juventud sino de educación. Bueno, pero eso es filosofía aparte. Lo importante es que la ansiada papa finalmente llegó a la mesa de los capitalinos. Ahora habrá que ver cuánto nos dura el alegrón.

LOS NIÑOS TAMBIÉN ENSEÑAN

LOS NIÑOS TAMBIÉN ENSEÑAN

Esta obra de la doctora en Psiquiatría Infanto-Juvenil, Elsa Gutiérrez, constituye un reclamo de respeto, amor y comprensión hacia los más jóvenes.

Texto y foto:
MARÍA CARLA O`CONNOR,
estudiante de primer año de Periodismo,
Facultad de Comunicación,
Universidad de La Habana.

Muchos piensan que en el tránsito por el reino de este mundo, la infancia es un período de inconciencia terrenal y que los niños son aprendices de los que ya han experimentado lo suficiente.

La prestigiosa doctora en Psiquiatría Infanto-Juvenil, Elsa Gutiérrez, demuestra lo contrario en su libro Los niños enseñan (publicado en el año 2003 por la editorial Científico-Técnica), que constituye una guía, no solo para los estudiosos del tema sino también para la familia cubana.

Los protagonistas de estas 125 páginas son Ze, Guillermito, Ana Margarita, Ricardo, Karina, María de Lourdes, Rosita, Liliam, Alexis y unos jóvenes anónimos, niños y adolescentes que en algún momento pasaron por su consulta en la Clínica del Adolescente, ubicada en las calles 5ta. y 36, en la barriada de Miramar.

En el desarrollo de las historias de estos diez ejemplos, aparecen las formas en que los menores expresan, de manera diferente a los adultos, la angustia, la depresión y la culpa, sentimientos de los que no son siempre conscientes ni conocen sus causas.

La autora, a través de su labor terapéutica, hace aparecer tras esas conductas el mal funcionamiento y la violencia familiar, la falta de atención o de amor, las pérdidas o amenazas de pérdidas de seres queridos, los abusos y manipulaciones sexuales, la falta de respeto a la individualidad y muchos más. Los niños enseñan constituye un reclamo de respeto, amor y comprensión hacia los más jóvenes.

No por casualidad, en las primeras páginas de esta obra se cita a la gran escritora latinoamericana Gabriela Mistral, cuando expresó: “Somos culpables de muchos errores y faltas, pero nuestro mayor delito es abandonar a los niños descuidando la fuente de la vida (…). Ahora es el momento en que sus huesos se forman, su sangre se constituye y sus sentidos se desarrollan. No le podemos contestar mañana. Su nombre es hoy”.

La doctora Elsa Gutiérrez (Camagüey, 1928), se graduó en 1955 en la Facultad de Medicina de la Universidad de La Habana. Quedó atrapada por el mundo de la Psiquiatría y por ello ejerció como profesora de la especialidad, específicamente para las edades infanto-juvenil.

Posteriormente alcanzó el título de  Profesora de Mérito del Instituto Superior de Ciencias Médicas de La Habana y dirigió desde su creación en 1975 la Clínica del Adolescente por más de treinta años. Como expresó el doctor Humberto Suárez Ramos en el prólogo de Los niños enseñan, los vastos conocimientos y experiencias, así como la exquisita sensibilidad humana de la autora son los que hacen posible una obra como esta, tan necesaria y útil.

Otros títulos que nos regala son Mensaje a los padres, Muy en serio y algo en broma, Toxicomanía y adolescencia (del cual fue coautora), y Las Edades de la Senectud, todos de la colección Guía para la Familia de la editorial Científico-Técnica.

Pie de foto: El dibujo de una joven paciente motivó la portada del libro Los niños enseñan, de la doctora Elsa Gutiérrez.
 

AQUELLA PRIMERA VEZ

AQUELLA PRIMERA VEZ

NÁYARE MENOYO FLORIÁN,
estudiante de primer año de Periodismo,
Facultad de Comunicación,
Universidad e La Habana.

Casi muero cuando me dijeron que iba hacer las prácticas pre laborales en el periódico Trabajadores. Mi sueño era iniciarme en Granma. Pensaba trabajar con Rolando Pérez Betancourt, mi ídolo en el periodismo cultural, en el diario de mayor tirada y el órgano oficial del Comité Central del Partido. Todos podrían leerme. ¡Qué oportunidad! Pero, llegó el profesor Jesús y dijo que mi ubicación era en Trabajadores. Por poco lo encomiendo al santo, pero ¡qué remedio!, había que resignarse.

Comenzó la pasión. En reunión con los principales directivos del órgano nos dio una calurosa bienvenida un equipo de trabajo realmente maravilloso. Nos distribuyeron por departamentos; yo, por supuesto, fui para Cultura, con mi amiga Milene.

Hicimos nuestra primera cobertura. Ese día, pedimos un fotógrafo y el carro de la redacción. Me sentía cerquitica del Pulitzer. Eran mis minutos de fama. Voy a ser importante, todos van a querer parecerse a mí, y otras tontadas que a veces, solo a veces, una se cree.

No hubo tal transporte, Mile y yo cogimos el autobús mágico, el P-5, que luego de alrededor de una hora en la parada, bajo una llovizna incómoda, paró una cuadra antes y, ¡al abordaje! Para mayor fatalidad habían cambiado la ruta de la guagua y nos quedamos a 20 cuadras del Museo de Bellas Artes, donde era la cobertura: la presentación de un documental dedicado a la vida y obra del pintor Mario García Portela. Llegamos tarde. No conocíamos ni la cara del artista, hasta lo confundimos con un extranjero que estaba en la sala. Sin embargo, redactamos la nota y, según nuestro tutor, merecía cinco puntos.

Fueron pasando los días, algunos mejores, otros peores, lugares de películas, otros no tanto, gente amable y no amable. Chocamos entonces con el mayor problema: Trabajadores es un semanario, y resultaba muy difícil publicar en la edición impresa.

Se me ocurrió una idea: hacer una colaboración para Deportes. Siempre dije que no iba a pasar cinco años en la Universidad para caerle atrás a un grupo de gente sudada a quienes haces una pregunta y responden cualquier cosa. Mas ahí estaba yo, escribiendo un domingo sobre judo. Pero publiqué y mi nombre salió al otro día en un órgano de prensa de circulación nacional.

Fueron 21 días de aprendizaje, mucho Facebook, arroz con pollo frito, caras de telenovelas, pan con pasta y un trato excepcional.

Estuvimos todos tristes cuando el tiempo acabó. No hubo lágrimas, hubiese sido como un adiós, pero no lo fue. En ese instante tuve la certeza de que cuando seamos periodistas, esta será una anécdota nostálgica de aquella inolvidable primera vez. Por eso brindamos por los buenos momentos de la etapa de inserción, o prácticas laborales como le llamamos, por lo aprendido, por las amistades nuevas y la gente conocida. Brindamos por nuestro futuro profesional y por el mundo que tenemos por delante. Brindamos sencillamente por el porvenir.

 

LA FERIA DE FIN DE AÑO

LA FERIA DE FIN DE AÑO

Variadas opciones agropecuarias y gastronómicas fueron ofertadas a la población del municipio de Matanzas en los últimos días del 2014.

Texto y foto:
MILENE MEDINA MARTÍNEZ,
estudiante de primer año de Periodismo,
Facultad de Comunicación,
Universidad de La Habana.

Del 28 al 31 de diciembre de 2014, siete zonas de la capital yumurina recibieron los beneficios de la Feria Integral de gastronomía, comercio y productos del agro, de la Empresa de Gastronomía y Comercio de Matanzas (EMGC). Aunque la población agradeció la iniciativa, quedaron insatisfacciones que deben ser resueltas para posteriores eventos.

La actividad se extendió por René Fraga, Viaducto, Peñas Altas, Hersey, Jarcia, Pastorita y plaza XIV Festival, esta última constituye el sitio habitual de las ferias semanales. Todo ello fue realizado simultáneamente en el horario de 7:00 am a 12:00 pm, informó Alberto Molina Carbajal, jefe de gastronomía y comercio de la EMGC.

Agregó que se brindaron productos del agro, de la empresa de cárnicos (EMPC), de la Unidad Básica del Pan (UBPAN) y de la Empresa Cubana de la Industria Láctea (EMCIL). Añadió que se recaudó diariamente un aproximado de 30 000 pesos, esta cifra varió en dependencia de la oferta y demanda.

“En la parte agropecuaria hubo calabazas, yuca, plátano, frijoles blancos y negros, arroz y naranja, esta última con mucha demanda. Mientras que en los cárnicos, lo más solicitado fue el pernil de cerdo. Además, se brindó pollo y lomo ahumado. El EMCIL, ofertó queso blanco, queso crema y yogurt blanco. Por su parte, la UBPAN, ofreció diferentes tipos de panes y galletas”, confirmó Molina Carbajal.

Pascual Domínguez, trabajador del agro-mercado “El Bosque”, expresó: “Lo más solicitado en esta área fue la yuca y el plátano burro. Se trató que los precios fuesen lo más asequible posible para la población”.

No obstante las apreciaciones de los vendedores, Jesús Rodríguez, vecino de la zona del René Fraga, manifestó que estuvo en la feria desde las cinco de la mañana para comprar un pernil de cerdo, algo que atenta contra la tranquilidad de las personas, y por tanto, debe evitarse. Manifestó que todas las galletas vendidas estaban partidas y que hubo muy mala organización.

A su vez Caridad Acosta, compradora del mismo barrio, comentó que deberían hacer esta feria con mayor frecuencia, al menos una vez al mes, pues constituye una comodidad para los vecinos de cada zona. Sin embargo, puntualizó que todos los productos no tenían la calidad requerida, por ejemplo, los tomates estaban verdes y las frutabombas en mal estado.

Pie de fotos: La Ferial integral de gastronomía, comercio y productos del agro en la zona del René Fraga.

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