Blogia

Isla al Sur

UN GRAN AMOR A VIETNAM

UN GRAN AMOR A VIETNAM

La experiencia de Luisa Pérez Ramos, una traductora rusa-cubana que trabajó en Vietnam desde el año 2008 hasta 2014 en la aplicación del producto cubano BioRat contra los ratones.

Texto y foto:
HUY TRINH QUANG,
estudiante de primer año del Periodismo,
Facultad de Comunicación,
Universidad de La Habana.

Es una mujer amigable, tiene gran amor por Vietnam, traductora de ruso en la empresa Labiofam, trabajó un largo tiempo en el país asiático junto a sus compañeros cubanos. Con la pasión y el entusiasmo, Luisa Pérez Ramos ha contribuido con su esfuerzo a crear  el producto natural de BioRat -contra los ratones- y aplicarlo en mi país.

Luisa nació en el 1964, en una ciudad de Rusia, en 1983 viajó a Cuba para estudiar Química. Después de terminar su carrera se casó con un cubano y ahora ellos viven y trabajan en la Isla. Su esposo es el director de la empresa Labiofam.

Cuba y Vietnam tienen una relación íntima y profunda desde hace mucho tiempo, mutuamente se ayudaron en sus revoluciones, desarrollos económicos y en el ámbito de la  salud. Luisa y su equipo de trabajo viajaron a Vietnam, esto incrementó la amistad entre los dos países hermanos.

-¿Estuvo mucho tiempo en Vietnam? ¿Cómo llegó al país asiático?

Nosotros estuvimos tres años en Vietnam porque tenemos una planta productoras de productos naturales de BioRat -la cual pertenece a la empresa Labiofam- contra los ratones en la Cuidad Can Tho, donde está la fábrica que fabrica este producto desde hace doce años.

Fuimos a trabajar en nuestra empresa allá, abrimos una oficina en Ho Chi Minh para poder comercializar el producto y abrir mercados en Asia. Como Vietnam tiene muchos campos de arroz, los ratones son una plaga a exterminar, situación que puede resolverse con nuestro producto BioRat.

Viajé con un equipo de trabajo compuesto por especialistas comerciales y de producción. Trabajamos con vietnamitas de forma directa, nuestras secretarias eran vietnamitas, así como otros trabajadores y algunos expertos. En total sumábamos entre cubanos y asiáticos aproximadamente 110 trabajadores.

-¿Qué experiencia laboral le dejó Vietnam?

Aprendí mucho, consolidé aún más mis conocimientos. En ocasiones vi aplicar las mismas teorías que aprendí en la carrera, pero de otra forma, la experiencia fue grandiosa. El intercambio me permitió abrir mis intereses por otras áreas, fue muy importante trabajar en diferentes circunstancias, la situación era otra y, por supuesto, teníamos que responder ante los problemas. Agradezco a la vida la oportunidad de trabajar en Vietnam y compartir el trabajo con esos colegas que nutrieron mis saberes.

-¿Cada cuánto tiempo volvía a Cuba?

Extrañamos mucho a nuestras familias, solo podíamos venir una vez al año a verlas. Lo bueno es que teníamos comunicación por e-mail, por correo o por teléfono. Por lo menos así estábamos en contacto. La distancia fue algo que al inicio me incomodó, sentía momentos de nostalgias pero con el tiempo superé eso.

-¿Cómo asimiló su familia su estancia en Vietnam?

Mi familia estuvo de acuerdo con que fuera a trabajar allá. Todos estaban contentos porque veían a Vietnam como un país amigo. Sabían que a pesar de la lejanía, el idioma y la cultura todo saldría bien porque la amistad entre las dos naciones era muy fuerte. Confiaron en que Vietnam cuidaría de nosotros y así fue. Lo que al principio temían era a la comunicación, pero se dio.

Claro que me extrañaron, al igual que yo a ellos, especialmente en los días festivos como la navidad y los cumpleaños, pero comprendieron que era muy importante para mi futuro profesional. A mi regreso me hicieron muchas preguntas sobre Vietnam y cuando les conté quedaron sorprendidos.

-¿Aprendió a hablar el idioma vietnamita?

No pude aprender a hablar vietnamita porque es un idioma muy difícil, con una fonética muy complicada para los cubanos; conocimos algunas palabras y más o menos nos entendíamos con los vietnamitas. Claro, nos apoyábamos en señas, gestos y algunas frases en inglés que nos entendían. Lo bueno es que algunas de nuestras asistentes vietnamitas aprendieron a hablar español con nosotros y nos servían de traductoras.

-¿Cómo fue su vida en el país asiático?

La vida en Vietnam fue muy buena. Nosotros residíamos en Ciudad Ho Chi Minh en el reparto residencial Phu My Hung, un edificio moderno con todas las comodidades y condiciones, pero sobre todo muy tranquilo y viajábamos en las mañanas hasta Can Tho donde estaba nuestra planta industrial. Allí pasábamos gran parte del día, en ocasiones íbamos a visitar otras instalaciones, a la tarde regresábamos y compartíamos historias entre cubanos, así nos sentíamos más cerca de Cuba.

Algunas noches paseábamos por la ciudad y visitábamos cafeterías y cines, pero regresábamos temprano. Me sentí protegida, nunca hubo momentos de peligro. Los vietnamitas son muy tranquilos y aprecian mucho a los cubanos.

-¿Existe diferencia entre la forma de trabajo en Vietnam y Cuba?

No, la diferencia radica en que los vietnamitas son muy consagrados y sacrificados al trabajo. El trabajo era muy importante para ellos, era la única forma de salir adelante, eso lo tenían muy presente. La mujer vietnamita es muy trabajadora y laboriosa al mismo nivel que el hombre, trabajaban con el hombre en los campos de arroz para ayudar a la familia.

Hacían cualquier labor, eso representa la fuerza espiritual de cada vietnamita para desarrollar su país. Mis mayores dificultades fueron en otra arista. Éramos nuevos allá, no conocíamos la cultura, las tradiciones y eso nos golpeó un poco, pero de todo se sale y lo hicimos.

-¿Usted viajó al norte Vietnam, como Hanoi, capital del país? 

Hanoi es muy bello. Allí estuve en una feria donde expusimos nuestros productos. Pero casi no pude ver nada porque no había tiempo, quería ir al museo de Ho Chi Minh, pero estaba muy apretada con el horario y no pude ir. La vida allí era muy agitada, las calles estaban llenas de motos y bicicletas, transportaban mucho peso en una misma moto, aquello era increíble.

Las casas eran estrechas y altas, eso fue lo que pude ver mientras iba en el carro. Pasé cerca del lago Hoan Kiem, quise ver la tortuga que vive allí, pero era imposible, no tenía tiempo. Esa historia es muy importante en la tradición vietnamita. Quisiera volver y poder ver la parte histórica, todo aquello que no pude ver cuando estuve la última vez.

-¿Cómo definiría las relaciones entre Cuba y Vietnam?

Las relaciones entre ambos países están muy consolidadas, siempre ha reinado la cooperación tanto de uno como del otro. El respeto también reina en las relaciones diplomáticas, los cubanos agradecen la ayuda del pueblo vietnamita, cada día surgen más oportunidades para estrechar los lazos, muchos vietnamitas han estudiado aquí y se sienten agradecidos con Cuba, eso evidencia los excelentes vínculos. A los niños cubanos desde pequeños se les inculca el sentimiento de amor por la tierra asiática, así que gran parte de los cubanos siente admiración y orgullo por Vietnam.

-¿Qué siente sobre Vietnam y los vietnamitas?

De Vietnam nos llevamos la mejor impresión, es un país bello, su pueblo es muy trabajador, muy consagrado, muy humilde, quienes trabajaban con nosotros eran muy buenas personas y muy cumplidores, tenemos una excelente opinión sobre ellos. Conocimos muchas personas hospitalarias, siempre nos brindaron su apoyo en cualquier momento a pesar de las necesidades.

Creo que lo más importante es que conocimos un pueblo que trabajó para levantarse de una guerra que destruyó por completo el país. Tuvieron mucho empeño en la recuperación, nunca perdieron las esperanzas, eso los llevó al triunfo. El pueblo vietnamita es un ejemplo para la humanidad, siento admiración hacia ellos.

-¿Cómo enfrentó la diferencia cultural?

Al principio fue difícil, muchas cosas eran totalmente desiguales, pero lo fuimos asimilando. Lo principal era la comprensión y el respeto, más allá de cualquier diferencia sabía que la mejor forma para lograr el entendimiento cultural era la aceptación. Las diferencias son significativas, muy marcadas entre una cultura y otra, pero debía atender al principio de que todos eran seres humanos y eso era igual en todos, creo que así pude enfrentar las diferencias culturales.

-¿Qué es lo que más y menos le gustó de Vietnam?

Yo había leído sobre Vietnam, conocía sobre la guerra, sobre los sacrificios que tuvo que hacer su pueblo. Aprendimos mucho también en el museo Cu Chi, lo cual nos incitó a seguir conociendo sobre la cultura, las tradiciones y la historia de ese hermoso país. En lo personal, admiro al pueblo vietnamita porque tras la guerra, con mucho sudor y esfuerzo, lograron sacar adelante al país, consiguieron desarrollarlo.

El gobierno se preocupa por el bienestar de su pueblo y por su salud. Luego de abrir las puertas a la inversión extrajera, su economía ha crecido mucho. Me encantó Vietnam, sus tradiciones, la fiesta del año lunar era preciosa, su comida, sobre todo las sopas, su cultura, su arquitectura…, todo.

Es un país precioso y su gente muy hospitalaria. Me encantaron sus paisajes, especialmente Ha Long, adoré la ciudad de Hué, su historia y su arquitectura son maravillosas. Los templos son luminosos y acogedores, extraño mucho esa tierra, regresé hace solo un año y ya tengo ganas de volver otra vez. Entablé muchas amistades y tengo muy buenos amigos que se quedaron allá, con quienes mantengo contacto tanto personales como de trabajo.

Vietnam dejó indiscutiblemente una huella en mi corazón, lo extraño mucho. Mi estancia allá, de cierta forma, cambió mi forma de pensar. Me encantó irme de nuevo porque me gustó trabajar allá. Si tuviera que escoger algún país para ir a trabajar yo elijo a Vietnam.

No me gustó de Vietnam el excesivo tráfico. Se hacía imposible hasta caminar por las calles, para cruzar había que tener mucho cuidado y demorabas mucho en hacerlo porque los conductores no respetan las señales. Eso era increíble, eran miles de motos y bicicletas por toda la calle. Eso no me gustaba porque en Cuba el respeto en la vía es de suma importancia para evitar accidentes.

-¿Hay probabilidades de que viaje a Vietnam otra vez?

Puede que vuelva a viajar por el trabajo, a lo mejor tengo la oportunidad otra vez, pero eso yo no lo sé. Lo que sí es seguro es que si me dan otra oportunidad yo voy con mucho gusto. Sería una gran alegría para mí. Me encontraría con los amigos y seguiría descubriendo las maravillas de ese país. Creo que aprovecharía aún más para conocer su historia y su cultura. Estuve en Rusia, pero como Vietnam no hay nada.

Pie de foto: “Vietnam dejó indiscutiblemente una huella en mi corazón, cambió mi forma de pensar”, confiesa Luisa Pérez Ramos.

LA CUENTA NO DA

LA CUENTA NO DA

DAVID RUIZ LIMILLA,
estudiante de primer año de Periodismo,
Facultad de Comunicación,
Universidad de La Habana.

¿Cuánto es? ¿En divisa o moneda nacional? Estas son preguntas que de forma recurrente escuchan los cubanos en todas las colas y mercados del país para conocer la calidad y el precio de los productos ofertados.

Por supuesto, no sé si por mala suerte o ironía de la vida casi todos los artículos tienen un alto valor en la moneda más deseada por todos, el Peso Cubano Convertible (CUC). En esta situación estuvo el sábado pasado una de mis primas, quien se encontraba en La Habana para disfrutar de sus vacaciones. Ese día fuimos al centro comercial Carlos III, pues ella quería comprar un par de zapatos y algún regalo para su hijo.

Al entrar al establecimiento, los ojos le centellaron como un niño cuando le dan un juguete nuevo; tenía una sonrisa en su rostro; se desplazaba por las diferentes divisiones más rápido que de costumbre. Para ella esto era un descubrimiento, pues en su provincia natal estas tiendas por departamentos solo se ven en las películas.

Pero la felicidad duró pocos minutos al preguntarle a la vendedora cuánto costaba un par de zapatos.

-Sesenta y cinco, respondió. Ante la desconcertante respuesta, una frustración cayó  sobre ella, pues ya no era el fatalismo geográfico el que le impedía acceder a estas tiendas, sino el factor económico.

Continuamos el recorrido y nos dirigimos a la división de niños. Enormes muñecas con aditamentos, carros diseñados en pequeñas dimensiones, robots sofisticados que atraían la atención hasta de los más adultos.

Aunque, esta vez no fue diferente. Nada podía prepararnos para el mortal golpe, cuando al preguntar el costo de uno de los juguetes nos dijeron que valía 50 CUC. Esta respuesta era el doble de impresionante que la anterior, pues cada familia desea complacer a sus hijos.

Al percatarnos que el producto más barato que se vendía en este establecimiento costaba alrededor de los 20 CUC, decidimos marcharnos con las manos vacías.

Al salir de ese mercado vimos a unas mujeres sigilosas que se acercaron a nosotros.

-Tenemos ropa de todo tipo y a precios baratos, dijeron las vendedoras.

Nos indicaron que entráramos hacia una casa particular y allí nos mostraron su mercancía. Al fin recobramos el ánimo al escuchar los precios. Fue entonces que mi prima compró sus zapatos y algunos vestidos.

Comenzaron en mi mente a surgir algunas interrogantes y mientras intentaba responderlas más preguntas tenía: ¿Por qué los mismos productos que vende el Estado, los particulares lo comercializan más baratos? ¿A dónde van las ganancias de estos artículos? ¿Quiénes son los que acceden a este tipo de mercados tan caros? ¿Podrá mi prima las próximas vacaciones comprar en tiendas como Carlos III?

RAÍCES FRANCESAS EN CUBA

RAÍCES FRANCESAS EN CUBA

La Biblioteca Nacional atesora la más grande colección de documentos y papelería de la Revolución Francesa y de las guerras de coalición fuera del país galo, avalado por la Fundación Napoleón.

DANIELLA PÉREZ MUÑOA,
estudiante de primer año de Periodismo,
Facultad de Comunicación,
Universidad de La Habana.
Foto: Servicio de Manuscritos de la BNJM.

La colección Napoleón-Lobo, mayor compilación de documentos de la Revolución Francesa y de las guerras napoleónicas que existe fuera del país galo, se exhibe hace diez años, de forma íntegra, en la sección de manuscritos de la Biblioteca Nacional de Cuba “José Martí” (BNCJM).

En el año 2004 la Fundación Napoleón visitó la Isla con el fin de suscribir el alto valor patrimonial de los documentos. En el texto “Colección de Francia”, redactado por los investigadores, se atestigua el análisis realizado a todo el registro y la validación de que pertenece a dicha etapa histórica. 

Carlos Valenciaga Díaz, especialista del área de manuscritos de la BNCJM y al frente de los documentos, afirmó que el muestrario es abanderado de la cultura neoclasicista y refleja la respuesta de la burguesía contra la decadencia monárquica, así como la promoción de las ideas de libertad, igualdad y fraternidad sustentadas por los revolucionarios.

La papelería se divide en 36 partes, dentro de ella se distingue un conjunto de viñetas de la República Cisalpina, 90 billetes de la Revolución Francesa y una serie de grabados de la época que muestran campañas militares y esbozos de los uniformes. La colección conserva, además, escritos de militares como el General de División Louis Alexandre Berthier.

Ana Margarita Bestardo, investigadora de la BNJM y asesora de los medios de comunicación del centro, comentó: «Los documentos son patrimoniales, no solo por ser testigos de un periodo significativo de la historia universal, sino también por estar expuestos en nuestro país, una pequeña isla del Caribe».

«Las viñetas constituyen el elemento más significativo dentro del compendio, su valor reside en reflejar el momento histórico de Francia. En ellas se aprecia la admiración de los jacobinos por el modelo de la República Romana», aseguró Valenciaga Díaz.

Según el libro Reconocer el arte del neoclasicismo, del francés Edunsa Bornay, las estampillas del siglo XVIII se observan en el encabezado de las cartas, notas, comunicaciones de órdenes militares y decisiones administrativas, es decir, en todo el protocolo oficial de la época como medio para confirmar la autoridad de la persona que las enviaba.

Los pergaminos fueron adquiridos en varias subastas por Julio Lobo, hacendado cubano y estudioso de la figura de Napoleón, y con el triunfo revolucionario pasaron a formar parte de la cultura nacional por medio del proceso de recuperación de bienes. La papelería fue entregada, indistintamente, al Museo Napoleónico y a la Biblioteca Nacional, la cual lo exhibe de forma completa desde el  año 2005.

La revolución francesa fue un movimiento político producido por el descontento de las clases populares. El proceso, iniciado en 1789, conllevó a la abolición de la monarquía y al establecimiento de un gobierno democrático. 
Pie de foto: Las viñetas constituyen el elemento más significativo de la colección, su valor reside en reflejar  el momento histórico del país europeo, comprendido entre 1789 y 1807.

Ficha técnica:

Tipo de título: Genérico.
Tipo de lead: Especial de Relieve.
Tipo de cuerpo: Lead + Pirámide invertida + Dato adicional.
Tipo de información: Ligera, blanda, simple.
Tipo de fuentes: Documentales, tradicionales y no tradicionales,     transitorias.      
Primer valor-noticia: Curiosidad.
Otros dos valores-noticia: Proximidad o cercanía. Interés colectivo.

DANIEL, EL DE TUNJA

DANIEL, EL DE TUNJA

Unos 250 millones de niños en el mundo pierden su alegría en los apremios del trabajo a destiempo y mal remunerado. Según la UNICEF, Cuba aparece entre los países cuya atención a la primera infancia es ejemplar

Texto y foto:
IRAIDA CALZADILLA RODRÍGUEZ

A 14 kilómetros del Puente de Boyacá, lugar donde nació la libertad de los colombianos en 1819, está Tunja. Es la capital más alta y fría del país, tiene unos 150 000 habitantes y su nombre significa Varón Prudente. De allí es Daniel Andrés Padilla Amaya, y cuando lo conocí tenía 12 años de edad, vivía en el barrio El Libertador y estudiaba en el colegio Silvino Rodríguez.

Cada día de las vacaciones, sin descansar el fin de semana, Daniel Andrés recorría el trayecto Tunja-Puente de Boyacá en cualquier vehículo que le diera un aventón, y allí se estaba, desde las siete de la mañana hasta las seis de la tarde, acomodándose a los impuntuales horarios de turistas al paso, a las inclemencias del frío, y a la buena o mala suerte de las propinas y lo que lograra vender de su pequeña mercancía de habas y maníes tostados.

El dinero "del negocio" no lo tocaba, ese iba directo a la economía de la familia. Para él quedaban las gratificaciones por cada historia que lograra cautivar a los forasteros. No cobraba ni pedía dinero, nada exigía por su explicación detallada sobre los 10 símbolos que dominan el lugar.

"En los sitios turísticos está prohibido cobrar; además, eso es muy feo. A mí me gusta la Historia, y desde los siete años vengo aquí. Propinas sí acepto, lo que me quieran dar", me dijo conocedor del valor del dinero ganado con honradez.

Tenía ahorrado entonces para cubrir los gastos de la chaqueta y la corbata del uniforme de gala, pues pronto entraría en una escuela en la sesión nocturna. Pero le faltaba más para la ropa de diario que exigía el plantel.

Le gustaban la Medicina y la Historia, rechazaba ser un niño mendigo o ladrón, y tenía esperanzas porque un día los pequeños como él quedaran arropados en sus casas, sin tener que ir a la calle a buscar dinero para ayudar a los padres.

No olvidaba diversiones ni amigos ni aceras del barrio: "Tengo deseos de jugar. Cuando trabajo quiero irme con los demás muchachos a montar bicicleta, pero no tengo ni puedo. No hay tiempo ni plata".

Recuerdo insistentemente a Daniel Andrés, aun cuando sé que no es el peor de los casos de niños que pierden su alegría en los apremios del trabajo a destiempo y mal remunerado. En este siglo XXI pleno de desafíos a favor de la infancia, el mundo exhibe las cifras de 130 millones de criaturas en edad escolar que no asisten a clases, otros millones van a colegios de pobre aprendizaje, una cuarta parte de los infantes de naciones en desarrollo comienza el ciclo escolar y no concluye estudios, y otros 250 millones laboran en condiciones francamente desventajosas.

Y mientras las potencias más ricas invierten recursos en guerras pavorosas, existen en el planeta más de 800 millones de analfabetos —de ellos 41 millones en América Latina—, los niños enfrentan la drogadicción, la prostitución y la pornografía, engrosan las filas de refugiados y personas desplazadas, y el tráfico de sus cuerpos se convierte en negocio suficientemente rentable para gentes perversas en no pocos países. Tampoco escapan a la tragedia del SIDA, ni al maltrato familiar, ni a las alteraciones y trastornos mentales de los contextos belicistas.

UNICEF ha reportado que 11 millones de menores de cinco años padecen de enfermedades prevenibles, suman 100 millones los que se ven obligados a deambular por falta de vivienda, y otros 120 millones ven inalcanzables las esperanzas de educación escolar.

El panorama resulta desolador, y no bastan congresos y cumbres cuando los compromisos de los Estados no van más allá de la mera formalidad. Como dijera Fidel, si los políticos se preocuparan por la educación y la salud, que es lo que más aprecian los pueblos, la realidad del mundo sería distinta.

Eso bien lo demuestra esta Isla pequeña y asediada durante más de cuatro decenios, donde no ha faltado nunca, ni aún en los peores momentos de recesión económica, la voluntad de luchar por una infancia feliz, rica y sana.

Sin ánimos de vanagloria, baste mencionar la universalización del acceso a la educación, las profundas transformaciones en bien de la calidad de la enseñanza, la tasa de mortalidad infantil con 6,5 por cada mil nacidos vivos, garantía de salud y de bienestar para la madre y el niño, las 12 vacunas gratuitas que protegen de 13 enfermedades a los infantes; y también como derecho, el pleno acceso al desarrollo cultural y deportivo, junto a los demás derechos del niño recogidos en la Constitución.

Según John Daniel, subdirector general de Educación de la UNESCO, Cuba es el único país del mundo que ha logrado alcanzar la educación y cuidado universal para la primera infancia. Y UNICEF califica de ejemplar la atención a la misma. Hechos, no palabras, avalan la voluntad de la Revolución.
 
Pie de foto: Daniel, uno de tantos niños en el mundo que trabajan para ayudar a sus padres.

Publicado en el periódico Granma.

BAÑOS PÚBLICOS, ¿PRIVADOS?

BAÑOS PÚBLICOS, ¿PRIVADOS?

ARIEL PAZOS ORTIZ,
estudiante de primer año de Periodismo,
Facultad de Comunicación,
Universidad de La Habana.

Usualmente se lee “baño público” en la entrada de los servicios sanitarios a los que las personas acuden cuando están fuera de su casa, sin embargo, a pesar del letrero de “público”, ahora parecen tener dueños.

“¡Oye, el baño hay que pagarlo!”, me inquirió una señora que cuida el de la terminal de ómnibus La Coubre. “¿Y si no tengo dinero qué hago?”, le pregunté. “Pues si no tienes dinero, no puedes entrar y ya”. Esas fueron sus palabras, menos mal que encontré un peso en el bolsillo.

Resulta incoherente que después de 50 años tratando de construir una “sociedad más justa” y de estar adaptados a tantas gratuidades, el dinero sea motivo de discrepancia entre el cuidador del baño y un individuo que lo requiera, y más aún, que sea un peso lo que determine si puedes hacer tus necesidades cuando estás en la calle.

No es un caso aislado el antes expuesto. En una ocasión, al costado del Cupet situado al frente de la Fuente de la Juventud (Paseo y Malecón), entré al baño (más bien bañito) y di a la mujer que lo cuidaba 10 centavos CUC. Cuando salí, mi prima, que me acompañaba, quiso entrar. La cuidadora, consciente de que veníamos juntos, exigió el pago nuevamente.

Por otra parte, en discotecas y centros recreativos he visto situaciones similares: una mesita, una señora sentada en el medio de la puerta para que no puedas esquivarle la mirada al entrar y una cajita con monedas de hasta 25 centavos CUC, para insinuarte que si alguien dejó tal “propina”, tú también puedes, o debes, ser igual de “caritativo”. Suelen aprovecharse de que son establecimientos donde supuestamente “el dinero corre” para sacar su mascada. En casos como esos, muchas veces te increpan si pretendes “usar el baño sin pagar” y hasta están dispuestos a avergonzarte delante de los demás si no tienes una moneda a su disposición.

No creo que esto sea “ridículo” por tratarse, básicamente, de “un peso cubano”. Sencillamente una persona no debe depender de llevar menudo en el bolsillo para resolver sus necesidades fisiológicas en un momento imprevisto. Mucho menos es digno, ante estos requerimientos del organismo humano, tener que lidiar con el despotismo y las malas caras.

Cuando era niño lo veía como algo más espontáneo: si podías, dejabas propina a quien cuidaba el baño porque, no es menos cierto, esa persona también tiene necesidades económicas. Desde hace un tiempo, con las nuevas formas de producción, el tema de los baños públicos también ha empezado a transitar por otros rumbos y ahora se habla de términos como “arrendado”.

“Este baño es arrendado. Nos dividimos por turnos y cada uno de los trabajadores tiene que abonar 40 y 200 pesos CUP a la ONAT y al establecimiento gastronómico, respectivamente una vez al mes”, comentó Orlando Pastor, cuidador del baño del Conejito de Aguada de Pasajeros, en la provincia de Cienfuegos.

“Ninguno de nosotros está autorizado a prohibir la entrada a la persona que no tenga el peso”, recalcó ante mi interrogante y explicó, además, que es responsabilidad suya cuidar los medios sanitarios y poseer los productos necesarios para su mantenimiento y limpieza.

Sin embargo, es bien conocido el estado deplorable de la mayoría de los baños y la deficiente higiene que en ellos predomina. Cualquiera que sea la forma de administración y empleo de los mismos, la prioridad debe ser que cuenten con las condiciones necesarias y estén al alcance de toda la población cuando los requiera.

EL PODER DE LA MOSCA AZUL

EL PODER DE LA MOSCA AZUL

EDUARDO PÉREZ OTAÑO,
estudiante de tercer año de Comunicación Social,
Facultad de Comunicación,
Universidad de La Habana.

De norte a sur y de este a oeste la mosca azul hace continuamente de las suyas. Los pocos ricos que un día fueron pobres se olvidan de sus orígenes, los políticos se erigen como reyes a la vieja usanza, el poder en cualquiera de sus variantes termina corrompiendo hasta los más piadosos  humildes.

La mosca revolotea, busca al candidato preciso, se posa y lo pica: luego todo es conocido. Se pierden los rumbos y los objetivos iniciales. Se muestra entonces la peor de las facetas, la verdad oculta tras los mil velos de las buenas intenciones.

Porque el poder de La mosca azul radica en revelarnos la realidad tal y como ella es, sin más adjetivos, sin máscaras, sin palabras bonitas. Aquí un gobernante corrupto, allá el abuso de funciones públicas, de esta parte la omnipotencia de un directivo y por aquella... la lucha incansable por un puesto cualquiera.

Conocido por decenas de obras de una importancia colosal, entre ellas Fidel y la religión y las relacionadas con la Teología de la Liberación, Frei Betto nos cuenta sobre los efectos de la mosca reveladora de verdades. Treinta y un ensayos se constituyen en reflexión sobre el poder en Brasil, pero a ciencia cierta cada uno de ellos trasciende las fronteras del país sudamericano.

La Editorial de Ciencias Sociales publicó este texto, para beneplácito de no pocos, y con esto nos asegura un testimonio en primera persona sobre las realidades más allá de las noticias que nos llegan sobre los procesos de cambio en Brasil y cuánto de luces y sombras coexisten en ellos.

Conocedor de las principales figuras políticas de su país, Betto trabajó junto a Lula da Silva en la construcción del Partido de los Trabajadores, aun sin pertenecer a este, e incluso integró el gobierno entre 2003 y 2004 como parte de la Coordinación del Programa Hambre Cero. Son estos elementos suficientes para entender la profundidad y seriedad en los análisis y las críticas a cada uno de los aciertos y desaciertos –no pocos- del PT en el poder.

Y sus reflexiones trascienden para convertirse en miradas universales. Recorre el autor textos clásicos de economía, filosofía, historia, política… De Maquiavelo a Adam Smith, de Aristóteles a Kant, todos aportan a una obra colosal plagada de verdades imposibles de pasar por alto.

Resulta interesante la aproximación a temáticas como el ejercicio del liderazgo y su importancia en la defensa de las más diversas causas sociales, y afirma: «Las masas confían más en personas que en ideas. Estas últimas son demasiado abstractas y solo tienen valor cuando el verbo se hace carne. ¿Habría cristianismo sin Jesús, comunismo sin Lenin, pacifismo sin Gandhi?»

No abandona tesis fundamentales a lo largo de toda la obra: la necesidad de actualizar los modelos socialistas, de no perder la relación con las bases, de construir propuestas y proyectos articulados a partir de las necesidades reales de los más desposeídos y la importancia de cuidarse de hacerle el juego a los enemigos. En tal sentido asegura: «Y que la lección nos sirva a todos: cuando no hay claridad sobre quiénes son nuestros adversarios, corremos el riesgo de portarnos como ellos.»

Y como viejo dilema filosófico replanteado una y mil veces, el problema de la democracia, cómo construirla, cómo hacerla funcional a los intereses de los excluidos, vuelve una y otra vez: «Mientras la democracia sea meramente representativa y no participativa, continuaremos dándole nuestro voto a alguien que, una vez electo, puede perseguir sus propios intereses, sin ninguna obligación de estar en sintonía con los de sus electores. La anulación del voto no es la solución: favorece a los malos políticos. Mejor sería vincular al candidato a las causas sociales, de modo que se convenciera de que resultar electo no es llegar al poder, sino que es llegar al servicio. Hacer de los movimientos un factor de movilización social, en tanto fuerza de presión, reclamo y, sobre todo, elaboración de políticas públicas.»

La mosca azul constituye en sí misma una obra de denuncia a las exclusiones, a los olvidos, al ejercicio deliberado del poder en función de las minorías y una defensa de lo posible, de un mundo mejor, con equidad y justicia para todos.

 

LA INAGOTABLE PUJA DE LA LENGUA

LA INAGOTABLE PUJA DE LA LENGUA

AILEN RIVERO HERNÁNDEZ,
estudiante de primer año de Periodismo,
Facultad de Comunicación,
Universidad de La Habana.

La juventud siempre trae novedad. Hasta las generaciones más conservadoras o enajenadas por su medio, forma de vida o gobierno, resultan ser, de algún modo, revolucionarias. Las ganas de dejar su marca en la historia caracterizan una y otra vez a cada nuevo brote generacional. La moda, el ir contra estatutos establecidos y replantearse la realidad es casi ley para los que son en sí la renovación social.

Criticarlos es otra historia que se repite; pareciera que los que juzgan no hubieran sido también parte de su tiempo, o no entendieran que de toda esa rebeldía incontrolable surgen las mejores ideas y es lo que impulsa verdaderos cambios en este mundo tan falto de pensamientos renovadores.

Este fenómeno de “revolución generacional” se expresa en todas las esferas sociales y en todos los ámbitos de la vida humana. El lenguaje es una de las víctimas predilectas de las nuevas criaturas desprejuiciadas que también quieren dejar su marca en el habla, usando otros términos, maneras de hablar y significados. Dicha transformación no es propia de una lengua o de una sociedad específica, ocurre simultáneamente en todo el orbe, repitiéndose también la “culpabilidad” juvenil.

Sin embargo, los fenómenos de cambios dentro de una lengua van más allá de la moda de los jóvenes. En todo caso, ellos solo repiten o reproducen cánones ya previamente elaborados, que le son impuestos a través de canciones, filmes y los medios de difusión en sentido general. Los jóvenes, generalmente,  no son hacedores de estas palabras, sino que se apropian con más facilidad de ellas y contribuyen a su difusión al ser víctimas (y no victimarios) de su repetición modal.

Igualmente, la invención de nuevas palabras y significados o la apropiación de términos extranjeros, no necesariamente son dañinas al lenguaje, ni solamente son producto de modas; sino que también son expresión de la evolución gradual y normal de cada lengua. Además, en muchos casos, es muestra del enriquecimiento del habla, al dotarla de diferentes términos; estos, generalmente, con el tiempo pasan a formar parte de los diccionarios, porque el lenguaje se forja con el uso y no en una academia.

Claro, hay que tener cuidado con las “invenciones”; cambiar palabras existentes por otras menos exactas, empobrece la expresión. Asimismo, apropiarse de nuevos términos no puede significar desconocer el lenguaje; si se decide hablar “a la moda”, debe saberse que no conocer el lenguaje “tradicional” solo denota falta de cultura. No es un problema de prejuicio condicionado eso de que hay que saber expresarse correctamente, es una necesidad. Los académicos han definido la existencia de distintos registros del lenguaje (registro coloquial o informal, formal). Debemos dominar estos registros para utilizar nuestra lengua correctamente según el contexto.

El mal uso del lenguaje no está ligado al nivel etario, sino más bien, al cultural o educacional. No solo los jóvenes mal usan el lenguaje, ni siquiera la mayoría; ellos no son responsables de los cambios en la lengua, sino que estos son producto de fenómenos culturales, igualmente desligados de la edad. Acusar a la juventud es vergonzoso, si los hijos de una sociedad son incultos, en todo caso es culpa de sus padres; la nuevas generaciones son reflejo de las virtudes e incapacidades de las que la antecedieron.

Hay que aceptar lo nuevo, mientras sea de alguna manera enriquecedor. Cambiar no tiene que ser malo; hay que flexibilizar la mente, lo importante tiene que ser comunicarse. Si el lenguaje cambia quiere decir que nuestra manera de pensar ha cambiado de alguna forma y con ello la sociedad. Resistirse a los cambios es negar la evolución social de la humanidad. En vez de enjuiciar, en todo caso debemos dar gracias a los jóvenes por permitirnos no permanecer estáticos.

 

ÚNICA TUMBA VERTICAL EN EL CEMENTERIO DE COLÓN

ÚNICA TUMBA VERTICAL EN EL CEMENTERIO DE COLÓN

En la necrópolis habanera se erige el panteón de Eugenio Casimiro Rodríguez, quien dijo de sí mismo que un hombre que había caído de pie en la tierra, debía llegar de pie al infierno. 

DINELLA TERESITA GARCÍA ACOSTA,
estudiante de primer año de Periodismo,
Facultad de Comunicación,
Universidad de La Habana.
Foto: Cortesía de la Necrópolis.

La única tumba en forma vertical del Cementerio Cristóbal Colón, de La Habana, pertenece a Eugenio Casimiro Rodríguez, quien la mandó a construir, hace 60 años (2014), para seguir teniendo muerto toda la suerte que en vida lo mantuvo de pie.

"El panteón donde fueron enterrados Casimiro -como más se conoce- y familia, es una capilla cerrada, en el que están colocadas el resto de las sepulturas de forma horizontal, a excepción de la suya, que es una concavidad perpendicular adosada a la pared. Pero al estar inhumado aquí desde 1958, desconocemos si realmente continúa de esta forma", informó el historiador de la necrópolis, Máster Luis Martín.

Debido al tiempo transcurrido, los historiadores pocos datos pueden ofrecer sobre el panteón y su construcción, materiales y demás singularidades. No obstante, afirmaron sin duda que este hombre decidió ser enterrado de tan peculiar modo, ya que a pesar de ser matón a sueldo, ni la justicia ni la muerte pudieron con él, pues logró esquivar siempre las más disímiles condenas y llegó a ocupar altos cargos en la República, acompañados de la vasta fortuna que amasó.

Teresita Aloy, historiadora del cementerio, relató que Casimiro fue condenado a muerte en 1918 por asesinar al alcalde de Cienfuegos y milagrosamente le fue conmutada la sentencia a cadena perpetua. "Para cumplir sanción lo trasladaron al Castillo del Príncipe en La Habana, donde conoció a María Teresa, hija del entonces presidente Alfredo Zayas, quien visitaba a su esposo, alcalde del penal, cuando descubrió a Casimiro y quedó encantada de inmediato".

María logró que su padre le otorgara el indulto y, por si fuera poco, también le dio la mano de su hija, acompañada de un prestigioso puesto en la Cámara de Representantes del Partido Conservador, explicó Ciro Bianchi, en su columna del 18 de abril del 2010.

Convertido de repente en rico y político, no permaneció quieto y protagonizó numerosos crímenes, como el asesinato en 1950 del también delegado de la Cámara, Rafael Frayle Goldorás; sin embargo, no cumplió condena, debido a la supuesta inmunidad parlamentaria que lo protegía. Además de los asesinatos, fue autor de varias infidelidades a su esposa, quien murió de infarto al encontrarlo con una amante.

Este hombre, que a decir de Ciro Bianchi "tuvo más suerte que cualquier otro mortal", falleció el 1 de julio de 1958 de muerte natural y se le dio sepultura en el nicho vertical que él mismo mandase a construir, pues como dijera de sí, "un hombre que había caído de pie en la tierra, debía llegar de pie al infierno".

El historiador Martín comentó que fue tanta su ironía que se hizo inhumar con el fusil con que había asesinado al alcalde de Cienfuegos; en tanto, Bianchi afirmó que está enterrado con una pistola en cada mano y un billete de 100 pesos en el bolsillo.

Pie de foto: Tumba de Eugenio Casimiro Rodríguez, único hombre enterrado de pie en el Cementerio Cristóbal Colón.

Ficha técnica:

Tipo de título: Llamativo.
Tipo de lead: Sumario de Qué.
Tipo de cuerpo: Lead + Pirámide invertida.
Tipo de información: Ligera, blanda, de las que afirman, hecho consumado.
Tipo de fuentes: Directas (Los historiadores Luis Martín y Teresita Aloy); Documentales (Ciro Bianchi, columna del 18 de abril del 2010).
Primer valor-noticia: Curiosidad.
Otros dos valores-noticia: Interés colectivo, Proximidad.