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Isla al Sur

Crítica-Trabajos docentes

EL PERFUME DE LA MUERTE

EL PERFUME DE LA MUERTE

MARIANA BAFFIL LEÓN,                       
estudiante de primer año de Periodismo,
Facultad de Comunicación,
Universidad de La Habana.

A dos décadas de que la novela alemana de Patrick Suskind, El Perfume: historia de un asesino, causara sensación en el público lector y se convirtiera en un best-seller, apareció en 2006 una adaptación cinematográfica que, contra todo pronóstico, logró sorprender tanto a quienes conocían el texto original, como a los que por primera vez descubrían la inaudita historia.

La cinta, dirigida por Tom Tykwer, quien también participa en el guión junto a Andrew Birkin y Bernd Eichinger, es un drama con un toque de suspenso que logra mantener al espectador cautivado hasta el final, a pesar de la extensa duración de 147 minutos.

Andrew Birkin, Bernd Eichinger y Martin Moszkowicz, son los encargados de la producción, la cual destaca por la adecuada selección del director, los actores, el personal técnico y las localizaciones, que logran con éxito representar el libreto.

El filme cuenta la historia de Jean Baptiste Grenouille, un niño que nace envuelto en el hedor putrefacto de las calles parisinas del siglo XVIII y posee un don especial, el agudo sentido del olfato, sin embargo, no tiene olor propio. A lo largo de la vida, llega a diferenciar disímiles y sofisticados aromas.

Su capacidad de captar olores, incluso a largas distancias, se convierte en una obsesión que lo arrastra a convertirse en un ser monstruoso, capaz de hacer cualquier cosa, incluso matar, para conseguir su máximo propósito: fabricar el mejor perfume del mundo con fragancias de mujeres.

La fotografía, dirigida por Frank Griebe, consigue con las luces un ambiente oscuro, a fin de resaltar colores cálidos como el cabello  de las jóvenes pelirrojas que llaman la atención de Greounille. Este trabajo se complementa con el montaje, a cargo de Alexander Berner, quien organiza las secuencias de modo que el mensaje del director sea fácilmente entendido por los espectadores.

Un aspecto clave del filme es la correcta adaptación del guión con respecto al personaje de Grenouille, que no habla en la obra original, y que el director logra modificar con la constante narración en off de John Hurt.

Actores de la talla de Dustin Hoffman y Alan Rickman, aún encarnando papeles secundarios, regalan al público actuaciones de lujo y apego al texto original. El protagónico está a cargo de Ben Whishaw que, sin ser muy conocido en el mundo del cine, deslumbra por la buena representación del ser trastornado y maníaco presentado por Suskind en el personaje literario. Asimismo, la bella Rachel Hurd-Wood logra personificar la inocencia del papel de Laura, por cuya fragancia se obsesiona el asesino.

El vestuario y escenografía consiguen ambientar la Francia del siglo XVIII. Mientras que la música, a cargo de Reinhold Heil, Johnny Klimek y el propio Tykwer, está acorde con cada toma de la cinta, intensificando momentos de misterio, tensión y suspenso.

Tom Tykwer tiene como antecedentes los filmes “Corre, Lola, corre” (1998), “La princesa y el guerrero” (2000) y “Heaven” (2002) y ha logrado ganarse la aceptación de la crítica europea. Esta vez, tampoco defrauda a sus seguidores con la nueva propuesta.

Desde su estreno, el filme alcanza la fama en Europa, donde ganó Plata a la Mejor Película de Cine y a la Mejor Fotografía, Diseño de Vestuario, Montaje, Diseño de Producción y Sonido, en los Premios del Cine de Alemania en 2007.

Si bien el libro alcanzó renombre a nivel mundial, no podemos obviar que la película venció el difícil reto de representar, con imágenes y sonidos, un texto de tan alta talla escritural como la increíble historia creada por Patrick Suskind.

 

EL TUBAZO

EL TUBAZO

ANIA TERRERO TRINQUETE,
estudiante de primer año de Periodismo,
Facultad de Comunicación,
Universidad de La Habana.

Rubias y trigueñas bailan con muy poca ropa alrededor de un tubo de stripteases, quizás en un superficial intento por parecer sensuales. A su lado, un par de cantantes las observan con evidente lujuria y las tocan de forma vulgar. Así, sin mayores incidentes y sin ningún vuelo estético, transcurren los tres minutos del videoclip El Tubazo, último boom del reguetón en nuestra Isla.

En esta nueva propuesta de El Chacal y Yakarta, dos populares reguetoneros cubanos, la mujer se reduce a senos y traseros exuberantes, lenguas aparentemente excitantes y un ¿sensual? movimiento pélvico. Funcionan como superficiales adornos en una proyección cuyos valores técnicos y artísticos dejan mucho que desear.

“Un tubazo, un tubazo, mi amiguita, lo que tú quieres es un tubazo”, corean una y otra vez los músicos. La verdad, la canción no dice mucho más. Se trata, simplemente, de una nueva y explícita referencia al acto sexual en la que se disminuye y vulgariza no solo al sexo, sino también a la mujer. Aunque, debemos reconocerlo, alguna “imaginación” tienen los cantantes de este género en Cuba, pues analogías de este tipo sobran. Recordemos la tan sonada Tuba en sus dos versiones y el famoso Pudín. Solo los nombres son todo un “poema”.

El precario tratamiento de temas de géneros y la representación de la mujer como objeto sexual tienen ya bastante historia en el videoclip del reguetón de nuestro país. Temas como El Chupi Chupi, de Osmany García, La Gata Romántica, de Williams el Magnífico, La Muñeca Diabólica, de Patry White, El Bikini, de Eri White, y La niña se fue por el dos, de Yulién Oviedo, han generado varias polémicas entre los círculos culturales de la nación.

En julio del 2011, la Asamblea Nacional del Poder Popular criticó los videoclips que denigraban a la mujer. En aquella ocasión, los diputados manifestaron que en múltiples productos de este tipo era difícil distinguir los límites entre lo erótico, lo sensual y lo pornográfico. Luego, a principios del 2013, fue prohibida la proyección de algunos de estos audiovisuales en la televisión y los centros recreativos.

Según la especialista cubana Teresa Montoya, “el género es una construcción social, el eje alrededor del cual organizamos nuestra personalidad, donde tiene una alta influencia el proceso de socialización y sus agentes (familia, escuela), y se van construyendo modelos de ser hombre o mujer a través de imágenes, símbolos que se reproducen en la vida cotidiana”.

A partir de esta tesis se puede concluir que mientras videoclips como El Tubazo evidencien la alabanza o burla del físico femenino desde la posición de la hegemonía masculina, estereotipen a la mujer como modelo social y hagan énfasis en una forma de bailar o de vestir que se limite a provocar placer, será muy difícil construir una adecuada conciencia de género en los jóvenes, principales consumidores de este tipo de productos, y seguiremos arrastrando más de un rasgo machista.

El videoclip que nos ocupa no solo presenta tales problemas conceptuales. Se suman a ellos defectos en los planos, escenografías reiterativas con colores poco contrastantes y un movimiento de la cámara excesivo e innecesario que hacen, en cualquier caso, poco entendible una buena parte de las escenas. No cuenta con una trama sostenida, ni ningún orden lógico. Parece, simplemente, un grupo de fotogramas provocativos e, incluso, agresivos, organizados sin ton ni son.

Abel Prieto, asesor del Presidente de los Consejos de Estado y de Ministros en nuestro país, ha afirmado que “el alma de la nación es lo que está en juego si nos equivocamos en términos de política cultural”. Tal vez, haga falta escuchar estos consejos y revisar conscientemente políticas promotoras de audiovisuales como El Tubazo,  que disminuyen a las mujeres y atentan contra una tradición musical que nació en la loma y es mundialmente reconocida.

AVATAR, UN ÍCONO DE LA CINEMATOGRAFÍA UNIVERSAL

AVATAR, UN ÍCONO DE LA CINEMATOGRAFÍA UNIVERSAL

IRELYS SERRANO ACOSTA,
estudiante de  primer año de Periodismo,
Facultad de Comunicación,
Universidad de La Habana.

Avatar, una de las películas más esperadas por los cinéfilos, rompe los esquemas tradicionales de la ciencia ficción, recrea una trama desde otra perspectiva, esta vez son los humanos quienes, con un fin colonizador, viajan hacia el mundo imaginario de Pandora y arremeten contra una especie totalmente diferente.

Es una cinta dirigida por el cineasta estadounidense James Cameron, que se basa en cierta estética setentista de las historietas alucinógenas del escritor Richard Corben y las fantasías heroicas ilustradas por Frank Frazetta, todo ello reinventado en términos cinematográficos.

El tema principal de la película, I See You, escrito por el compositor norteamericano James Horner fue interpretado por la cantante Leona Lewis, cuya letra refleja la innegable química existente entre los protagonistas, conduce al espectador hacia una nube temporal de tranquilidad y ternura.

La cinta crea una ilusión audiovisual debido al empleo de avanzados efectos especiales, hace recorrer la imaginación del espectador hacia lugares fantásticos, como el viaje utópico al planeta Pandora. Estos efectos especiales facilitan la representación de objetos o seres inexistentes, entre ellos, las islas flotantes y los propios personajes azules, a quienes los humanos pretenden despojar de su hábitat.

Este filme, distinto por su factura, logra un equilibrio entre la composición del ambiente irreal de los indígenas Na’vi y el entorno de los humanos en la Tierra, como resultado de la minuciosa elaboración de bocetos personificados e imágenes animadas, más conocido como técnica de pixelación por  computadora.

Avatar, fue una de las primeras películas norteamericanas en tercera dimensión (3D). Con esta tecnología el ojo humano es capaz de observar a los personajes ficticios de la película con un volumen casi natural, persuadiendo así al cerebro para que acepte dicha fisonomía como parte de la realidad.

La fuerte coloración de las plantas, la tierra y el cielo obtenida con ayuda de la iluminación ofrece al espectador una cercanía a la deseada e inalcanzable perfección.  

El maquillaje de los actores centrado en trajes spandex y gran cantidad de puntos bioluminiscentes de reconocimiento facial facilita el monitoreo por el ordenador durante la filmación, aumentando el nivel de credibilidad en el  público ante una especie ideada, pero traída a la vida de una forma muy realista.

En la 82 edición de los premios Oscar, Avatar, fue proclamada ganadora por  “Mejor fotografía”, “Mejor dirección de arte” y “Mejores efectos visuales”.

Este filme convertido para muchos en “la sensación del momento” y considerado el más caro y taquillero de la historia, pudo haber aspirado a una trama más original, que luciera de manera aún más elegante los avanzados gráficos del diseño, pues en realidad, solo ilustra al espectador la cursi historia de amor y la gran batalla del héroe que al final siempre sale vencedor.

Por otra parte, es indudable la espectacularidad del largometraje, pues marca un antes y un después en la historia del cine y que visto con la mirada correcta, puede entregar un mensaje respecto al deterioro que el ser humano está provocando a sí mismo.

La película en alta definición, provista de avanzadas tecnologías, revoluciona al mundo cinematográfico, provocando un vuelco en la historia de la ciencia ficción en la gran pantalla.
 


 

UN SON PARA LAS MARÍAS

UN SON PARA LAS MARÍAS

ADRIANA BEATRIZ ROSA-PERALTA,
estudiante de primer año de Periodismo.
Facultad de Comunicación,
Universidad de La Habana.

En una ocasión, un profesor que tuve en el pre comentó que él recordaba siempre de sus alumnos a los muy buenos y a los muy malos. Algo similar me ocurrió con Al compás del son (2005) y Santa María del Porvenir (2011), entregas televisivas que ocuparon el habitual espacio de la telenovela en las noches de los cubanos.

Estas no solo convergen al recrear historias de época, sino que ambas fueron dirigidas por Rolando Chiong, destacado actor y realizador de cine y televisión en nuestro país.

Si bien la primera consiguió cautivar a los espectadores y colocarse en la lista de los éxitos cubanos en este género, junto a Tierra brava, El balcón de los helechos y otros títulos rememorados aún por el público; la segunda, de la cual solo me quedó el buen sabor del diseño y música de presentación, obtuvo los indicadores más bajos de teleaudiencia entre las propuestas de la última década.

¿Cuál fue la fórmula paradisiaca para concebir Al compás del son? ¿Qué falló entonces en Santa María del Porvenir? La historia del pueblo ficticio en Matanzas, donde todas las mujeres se llamaban María “Algo” o viceversa, ambientada en los años cincuenta, jugaba con fuertes piezas para igualarse con su antecesora en el quehacer creativo del Chino Chiong, como le nombran.

Además de la dirección, que hasta el momento era prometedora, pues Chiong había demostrado con la anterior entrega que sabía hacer televisión, el guionista fue Gerardo Fernández, nombre poco reconocido, sin embargo, títulos como La botija, El naranjo del patio y El balcón de los helechos, lo dicen todo.

A pesar de que el guión proponía una mezcla de géneros realistas (tragedia, comedia o pieza) y no realistas (farsa, tragicomedia, aventura o melodrama), solo se logró la farsa y el melodrama, por parte de algunos actores y actrices como Daisy Quintana (María Efluvio), Rubén Breña (el alcalde) y Osvaldo Doimeadios (Romano), cuyas estelares actuaciones eran, para muchos, el único atractivo entre avionetas de papel maché, pésimos efectos visuales al estilo de Aquellos maravillosos setenta, serie norteamericana, pero mal logrados y subtramas que parecían inflar la novela, agregados solo para llegar a los cuarenta y cinco minutos en cada uno de los cien capítulos, según el propio Rolando.

Era evidente, en la puesta en pantalla, que la dirección de actores  no cuajó, pues algunos fueron demasiado realistas cuando debieron sazonar su actuación con fuertes tonos de farsa. 

No todo en esta teleserie fue nefasto. El diseño de vestuario, aunque un poco sombrío, el trabajo de maquillaje y peluquería  logran  evocar la época y salvar la escenografía paupérrima.

Es cierto que después de un agotador día de trabajo o de estudio, los cubanos llegamos a casa saturados de los males sociales y económicos que nos acechan. Entonces, sería meritorio que un espacio como el de la telenovela, bien marcado, por cierto, rompiera los esquemas de mostrarnos, nuevamente, una realidad ya trillada y los “correctos” modos de actuar, objetivo que quizás perseguía  Santa María…, pero que, al parecer le sacó ventaja.

En fin, por el bien de nuestros desaliñados dramatizados, esperemos que este realizador, galardonado en el 2005 con el Premio Mariposa, Premio especial del Concurso Caracol, Primer Premio de Dramatizados Seriados en el II Festival Nacional de Televisión y Premio de la Popularidad del programa Entre tú y yo, por Al compás del son, sepa una vez más, manejar los complicados hilos de la dirección de telenovelas y, tal vez, no necesite involucrar a toda la familia. 

LA VIDA EN 12 CANCIONES

LA VIDA EN 12 CANCIONES

MARIO LUIS REYES BETANCOURT,
estudiante de primer año de Periodismo,
Facultad de Comunicación,
Universidad de La Habana.

En tiempos de crisis para la música de autor, donde las últimas producciones de cantautores como Joaquín Sabina, Pedro Guerra o Carlos Varela no parecen ni la sombra de lo que fueron años atrás, irrumpe, dándole un poco de oxígeno a nuestros oídos Ay, la vida, el último disco del trovador cubano Santiago Feliú.

Compuesto por 12 canciones, encontramos dentro del mismo temas como Sostener mi amor, canción heredera de la más pura tradición poética de la trova cubana, que además canta a dúo con uno de los símbolos de nuestra música como es Silvio Rodríguez.

Sobre la vida también nos habla Feliú en este álbum, especialmente en la canción que le da nombre, la cual es una reflexión acerca de la existencia; del dolor intrínseco que conlleva, pero al mismo tiempo de la necesidad de estar sintiendo, amando, creando, sufriendo, de la importancia de enfrentar la realidad para ir construyéndola con esfuerzo y valentía.

Su país, otra de las pasiones de Santiago, es el tema central de la composición Planeta Cuba, que funciona como un pequeño retrato de la realidad de nuestra isla y culmina con versos tan desgarradores como: “por la Virgen de la Caridad/ por la sangre de San Ernesto/ sigue Cuba, sigue de verdad/ sigue Cuba, sigue resistiendo”.

También hay temas menos solemnes, como Sin tanta soledad, canción autobiográfica en la que el trovador se define como zurdo, perfecto y gago, y es quizá en la que más se resalta la veta roquera del “eléctrico”, como le llamaron en los años noventa a quien se autodenomina en esta misma canción como “la trova del rock and roll”.

En las canciones Marionetas de Cupido, Descerebrándome el corazón y Ángeles de mí se sustituye a la guitarra por el piano, instrumento que, a pesar de haberlo usado en varias composiciones a lo largo de su carrera, nunca había tenido tanto protagonismo como dentro de este fonograma.

Su vida a los cincuenta años suscita diversas reflexiones sobre lo que se ha hecho y lo que no, abre interrogantes acerca del modo de enfrentar el tiempo que queda, en el cual el reloj ya camina hacia atrás, también se cuestiona de qué modo enfrentar el arte y la creación. Estas ideas son los ejes centrales de composiciones como Otras cosas que también y La canción y yo.

Acompañado de músicos de gran reconocimiento como Roberto Carcassés quien ha sido su director musical y pianista durante muchos años, el reconocido baterista Oliver Valdés, Descemer Bueno en el bajo y otro viejo amigo, Elmer Ferrer, en la guitarra, fue grabado este CD que también cuenta con colaboraciones de artistas como Haydeé Milanés, Yusa y Melvis Estévez, con la que canta a dúo en el tema Ángeles de mí.

Este, su sexto disco, puede considerarse quizá el más completo dentro de su discografía, con una producción más lograda que las anteriores, en la que musicalmente se resumen todas las etapas por las que ha transitado Santiago. Aunque las canciones se caracterizaron por ser menos rebuscadas desde el punto de vista poético, son mucho más pausadas y reflexivas que en las anteriores entregas, sin dejar a un lado la pasión que el zurdo imprime siempre a su música.

REMINISCENCIA FÍLMICA

REMINISCENCIA FÍLMICA

JORGE YACER NAVA QUINTERO,
estudiante de primer año de Periodismo,
Facultad de Comunicación,
Universidad de La Habana.

Aunque Sergio está en el balcón de su apartamento dispuesto a observar La Habana con el telescopio, esta vez el lente no intentará captar y juzgar a la ciudad que cambia o al propio vigía, sino la introspeción crítica de Memorias del subdesarrollo, uno de los clásicos de la filmografía latinoamericana, producido en 1968 por el Instituto Cubano de Arte e Industria Cinematográficos (ICAIC) bajo la dirección de Tomás Gutiérrez Alez (Titón) .

El largometraje, basado en la novela homónima del cubano Edmundo Desnoes, cuenta, en los primigenios y vertiginosos días de la Revolución, los conflictos existenciales de Sergio Carmona, quien decide permanecer en Cuba cuando su familia y ex–esposa se marchan a Estados Unidos. Sin embargo, no se limita al relato de la historia personal, pues cuestiona la perdurabilidad de la ideología burguesa en un entorno socialista que no escapa al enjuiciamiento.

A partir del guión escrito por Titón y Desnoes, excelente adaptación del texto original, los actores Sergio Corrieri, Daisy Granados, Eslinda Núñez, Beatriz Ponchora, Yolanda Farr, Gilda Hernández, René de la Cruz y Omar Valdés reconstruyen en 97 minutos los recuerdos de un burgués y el subdesarrollo que este cree ajeno.

Con maestría, sin estilización desmedida ni superficialidad inverosímil, Corrieri representa a otro Sergio, diletante y nihilista, que, desde su intelectualidad, se enviste como juez de la realidad cubana en 1962 , pero es incapaz de integrarse a ella o actuar para cambiarla. Tales complejidades vuelven difícil la cercanía a él, quien, poco a poco, permite vivenciar la adaptación de un representante de clase media-alta a los cambios de la Revolución.

A su vez, Eslinda Núñez y Daisy Granados también se desempeñan notablemente en sus respectivos roles. La primera, como encargada de la limpieza en la casa, asume para Sergio, por su bucolismo, el papel de la amante en la fabulación de un amor idílico. La segunda , en cambio, transmitiendo inseguridad y desequilibrio, se convierten para él en un símbolo del subdesarrollo.

El diseño escenográfico del apartamento, la selección de los exteriores, la música de Leo Brouwer y la acertada combinación fotográfica de blancos y negros, totalizan, por la armonía que los une, el ambiente de introspección en el que los conflictos del protagonista se desarrollan, sin ingnorar la transformación exterior.

Estructurada como una obra de ficción, la película presenta elementos documentales que enriquecen la dramaturgia, aportando una visión objetiva de la sociedad que contradice y complementa el subjetivismo congénito en la personalidad de Sergio.

Los componentes documentalísticos y la materialización de los conflictos sociales logrados por Gutiérrez Alea hacen que el largometraje supere y trascienda su origen literario. Asimismo, los fragmentos fílmicos agregados reflejan una parte de la vida anterior a 1959 en Cuba, como antecedente necesario para la comprensión.

A pesar de tener un desarrollo cronológico, el relato fílmico es conducido varias veces por el protagonista a retrocesos temporales, reminicencias motivadas por el afán de entender el entorno y entenderse a sí mismo, lo cual, unido a la disposición de los planos, el diálogo y el estado emotivo de los personajes, establece una lógica interior que guía la intencionalidad del filme.

No se trata, pues, de un largometraje que acepte ni conceda gratuidades intelectuales. La densidad y polisemia de sus reflexiones validan la tesis de que el espectador, además de difrutar el cine, debe estar reflejado y comprometerse con las problemáticas que este asume. El final de la película es un desafío a ello: las olas truenan al lanzarse contra el malecón, la crisis ha estallado, el holocauto se ciñe sobre Cuba y Sergio pemanece pensativo en la cama, mientras el telescopio, otra vez, mira La Habana.

TUMBA CATUMBA

TUMBA CATUMBA

WALKIRIA JUANES SÁNCHEZ,
estudiante de primer año de Periodismo,
Facultad de Comunicación,
Universidad de La Habana.

Una cuenta regresiva abre las puertas al tumba catumba, delante del espectador comienza el sueño de todos los niños. Un escenario, música, talento, pero más que nada alegría, esa que nace cuando le damos paso a la inocencia.

Los niños de La Colmenita y de la Escuela de Música Manuel Saumell, convirtieron el video clip de Acompáñame, canción del dúo cubano Buena Fe, en uno de los temas más populares de su último disco, Dial.

Estrenado en el proyecto Lucas, y escrito, producido y dirigido por el prestigioso realizador cubano, Ian Padrón, el audiovisual conserva la voz de Israel Rojas –compositor e intérprete del tema musical– que a través de un doblaje muy bien sincronizado, logró construir una historia sencilla, pero meticulosamente coherente.

La correspondencia lograda entre los argumentos del video y la canción es admirable. Los detalles de la escenografía, en la que todos los aparatos son manejados por niños, otorgan credibilidad a la trama. Igualmente resalta lo típicamente cubano y coloca a estos príncipes enanos como reyes de su propio dominio.

Haciendo énfasis en la sensibilidad humana, la lírica invita a compartir, a formar lazos de unión y a abrir los corazones a nuevas oportunidades. Así, las imágenes de esas personitas precoces transmiten un mensaje que, lejos de restar complejidad al texto, universalizan su contenido, para que la edad no sea barrera, sino mediadora de la interpretación personal.  

En las últimas escenas se fusionan dos mundos, los verdaderos artistas ocupan el lugar que les corresponde, y comparten escenario con su futuro relevo.

Aunque al final todo resulte ficticio, deja clara la postura del realizador que, en defensa del derecho que tienen las niñas y los niños de gozar de una infancia sana, invita a los adultos a reflexionar sobre el lugar que corresponde a los más pequeños, y a no subestimarlos.

La fotografía, a cargo de Ángel Alderete, es una secuencia de imágenes bien posicionadas, virtud que enriquece la organización en la pantalla para que todo tenga un significado. Apoyándose en la edición, a cargo de Pepito Lemuel, y en los cambios rápidos de un plano a otro, logra dar ritmo a lo visual y mezclarse, homogéneamente, con la música.   

La iluminación del teatro Miramar, en el habanero municipio Playa, donde se desarrollan la mayoría de las tomas, el contraste entre colores vivos y el uso de la contraluz, engrandecen los planos, les dan volumen, así crean una sensación de multitud y transmiten la típica idea que el ser humano tiene de diversión.

Calidad del guión, buena edición, excelente fotografía, correspondencia entre música, letra e imagen, son algunas de las cualidades que engrandecen este video clip. Más allá de vender un producto o popularizar una canción, refuerza el contenido de Acompáñame y comunica un mensaje, virtudes que debe tener todo buen audiovisual.

Es necesidad superarse en este campo con cada realización, el público es cada vez más exigente en materia de los valores y principios que se transmiten a través de lo que está pensado para entretener, aunque, por falta de información, muchas veces no comprende por qué se aceptan en la televisión algunos clips y otros no.

Con la muerte de Rufo Caballero, “El caballete de Lucas”, los cubanos perdimos un espacio donde se analizaban los videos nacionales más populares, y que eran consumidos por todos los públicos. Retomar una iniciativa como esta es imprescindible, pues la crítica anónima no educa a los espectadores ni mejora la realización de estos materiales. Acaso, ¿lo malo no merece criticarse?

Pie de foto: La presentación del video clip Acompáñame, del dúo cubano Buena Fe, insinúa parte del contenido del audiovisual, que sorprende por la calidad de la actuación de los niños de La Colmenita y de la Escuela de Música Manuel Saumell.

TRES METROS SOBRE EL CIELO, UN DULCE SABOR

TRES METROS SOBRE EL CIELO, UN DULCE SABOR

OANH DINH VAN (OANY),
estudiante de primer año de Periodismo,
Facultad de Comunicación,
Universidad de La Habana.

Tres metros sobre el cielo es el nombre de una película famosa entre la juventud mundial. Por los valores que encierra, los temas que aborda y su manera si no novedosa, diferente de tratar la historia que relata, podemos decir que esta obra es un gran éxito.

Está basada en la primera novela del escritor italiano Federico Moccia, demuestra lo corto de la adolescencia y lo hermoso y complicado que puede ser el primer amor cuando los corazones aún son infantiles.

Dirigido por el director español Fernando González Molina, el argumento del filme desarrolla el amor entre dos muchachos, Babi y Hache, de diferentes mundos, y la oposición de la mamá de Babi a la relación. El mayor obstáculo no solo se representa en la familia, sino en sus formas de ser y falta de experiencias en situaciones como la muerte de un amigo o la infidelidad de los padres.

El elenco lo componen actores como Mario Casas, el protagonista masculino, y  María Valverde, su contraparte femenina, cuyas actuaciones sin grandes gestos, ni falso dramatismo, demuestran lo difícil que es crecer y las diferencias que dificultan la relación con los padres durante esta etapa.

La cinta aproxima también a otros problemas de actualidad como las drogas, la pérdida de la virginidad, las fiestas ilegales y las carreras de motocicletas con mortales consecuencias; nos enseña la sociedad española con todos sus conflictos, desde los barrios lujosos hasta los chicos con graves problemas sociales.

Además, la banda sonora creada es un punto a favor, producida por Manel Santiesteban, la componen canciones extranjeras y nacionales, todas contagiosas, pero interesantes, carentes del matiz de otras producciones que utilizan tonos vulgares y rosas que enfatizan las emociones y situaciones.

La intencionalidad en el vestuario de los actores fue expresar sus características, así como clases sociales. El actor masculino siempre viste colores oscuros que resaltan su fuerte personalidad; para la muchacha, se utiliza ropa de marcas reconocidas, esto se evidencia en la escena de la fiesta, cuando Hache la tiró a la piscina y gritó: “Estás loco, tengo puesto un Valentino”, elementos como este reafirman que pertenece a la clase adinerada.

La escenografía de la película destaca la experiencia visual, encuentra su momento cúspide especialmente en la escena en la playa. Con el talento del director y el procesamiento de la imagen, vemos paisajes naturales de gran belleza: el mar, las rocas, un cometa rojo contra el color azul del cielo.

La película es hábil para anunciar a la marca de refrescos Coca-cola. Los espectadores pueden apreciarlo fácilmente en la escena de la playa cuando los actores lo consumen, o en el minuto 57:17 cuando los protagonistas están en un espacio ancho y detrás se observa un póster grande de la popular marca.

Tres metros sobre el cielo resultó ser una de las películas más vistas del 2010 en España, por lograr actuaciones honestas y alejarse de lo conocido. El filme fue un éxito en taquilla y en crítica, atrajo una gran cantidad de público, finalizó el 2010 con 8.464.994,39 euros recaudados y 1.331.895 espectadores.

Entre sus reconocimientos se encuentra el premio Fotograma de Plata para Mario Casas, por su interpretación de Hache y los Premios Capital para  Andrea Duro y Juan Fran Marín.

Para los que esperan un filme tonto, donde todo es feliz, puedo decir que Tres metros sobre el cielo rompe con las formas preestablecidas de hacer cine sobre adolescentes, no cierra con el acostumbrado final rosa y propone reflexionar de manera profunda sobre los valores, la amistad verdadera la capacidad de perdonar. Demuestra que el amor en la adolescencia es el más bello y puro, pero también el que nos da el primer golpe de realidad y nos enseña que la felicidad es efímera.