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Isla al Sur

Entre colegas

LA NOTA INTERPRETATIVA EN HOLGUÍN

LA NOTA INTERPRETATIVA EN HOLGUÍN

 

Gracias a los colegas holguineros, quienes abrazaron con buena fe las nuevas propuestas de la nota interpretativa. Resultó para mí un curso sumamente interactivo… y de humor desempolvado.  

 

Queremos agradecer
la explicación tan fluida
que ha dado nuestra querida
profesora. ¡Qué placer!
¿Quién aquí no va a aprender
lo de la interpretación?
Sentimos la inspiración
de una mujer tan pepilla
como Iraida Calzadilla
que instruye por vocación.

Vargas.

 

Gracias, profesora. Sus alumnos de Holguín la besamos.

ASÍ RECUERDO A GISELA

ASÍ RECUERDO A GISELA

Dedicado a la periodista Gisela Bell Heredia que acaba de fallecer en La Habana.

ZENAIDA FERRER MARTÍNEZ,
Miembro de la Presidencia de la UPEC.

Nunca le pregunté cuál era su canción preferida, ni siquiera qué música le gustaba escuchar más; tampoco sé si le gustaban las orquídeas o las rosas, u otra flor; ni cuál su perfume.

Solo recuerdo que desde que la conocí, hace ya 35 años, la tuve como paradigma de periodista mujer: siempre elegante, siempre disciplinada, siempre puntual, siempre precisa en sus informaciones, sin alardes, sin pregonar que sabía de todo, porque acopiaba en su cerebro la mayor cantidad de conocimientos posible, estando ahí, siempre, siempre, aunque a veces tratara de pasar inadvertida.

Era, -es todavía en mi corazón-, una mujer de ébano, que podía sobresalir entre nórdicas e inglesas, entre cualquier tipo de gente, por sus maneras reposadas, sus manos de uñas arregladas, su decir lento y circunspecto, pero su decir, que no acostumbraba quedarse callada cuando algo quería y tenía el deber de decir.

Siempre en broma, le espetaba: “yo soy blanca y rubia y me la paso sudando como un obrero agrícola, y tú, aunque estemos bajo un sol inclemente, estás igual de perfumada, igual de limpia, igual de impecable”. Y es que su cuerpo reproducía su interior limpio y hermoso.

Gisela era amiga de sus amigos, compañera de todos, imprescindible en su amada Radio Rebelde. Durante sus largos años en la profesión, reportó eventos disímiles, entrevistó a miles de personas desde presidentes y primeros ministros de muchos países, hasta el obrero más destacado de una obra en construcción, o el soldado más valiente en una acción militar, cuando estuvo de corresponsal de guerra.

Su sensibilidad, profesionalidad a toda prueba, su don de gentes y sentimientos solidarios, su honestidad e integridad revolucionaria, le ganó un lugar en el gremio periodístico, aunque se nos vaya sin haberle concedido los más altos galardones que confiere la UPEC a sus periodistas.

(Cubaperiodistas)

ELLA HABLÓ DEL GIGANTE

ELLA HABLÓ DEL GIGANTE

Katiuska Blanco Castiñeiras habla acerca de Todo el tiempo de los cedros, libro biográfico e histórico sobre Fidel Castro Ruz.

ROSY AMARO PÉREZ,
estudiante de primer año de Periodismo,
Facultad de Comunicación,
Universidad de La Habana.

La conocí en casa de un amigo. Tocó a la puerta y después del convencional ¡adelante! entró sin mayores contratiempos. Si describiera lo que vi identificarían a la típica mujer cubana: pañuelo en la cabeza que cubre rolos moldeadores, y ropa cómoda para los trajines hogareños. Traía en una mano un “manjar” para las mascotas del amigo; las últimas noticias de Cuba y el mundo, en la otra. Se preocupó por el enfermo e, inmediatamente, como si fuera una especialista, dictó tratamiento y exigió disciplina. Después de conversar un rato con los visitantes, se retiró custodiada por su fiel guardaespaldas, un niño de grandes ojos que vino en su búsqueda.

Así conocí a Katiuska Blanco Castiñeiras. Hoy, después de aquel encuentro me habla acerca de Todo el tiempo de los cedros, libro biográfico e histórico sobre Fidel Castro Ruz que vale por lo que cuenta y cómo lo hace, pues su creadora lleva al lector a otra época mediante la palabra escrita nacida de su imaginación sin cadenas.

“Algunos detalles que aparecen en el libro los viví cuando estuve en Birán y pude ver al niño que fue Fidel. El Comandante recorrió el lugar donde nació y creció siguiendo el itinerario entrañable de los recuerdos. Entró a la escuela y se sentó, descomunal y conmovido, en el pequeño pupitre donde lo hizo por la lejana fecha de 1930 y empezó a describir con palabras, las imágenes que regresaban a la memoria. Otros los conocí al  escuchar a numerosos habitantes de la casona y el batey, al leer testimonios inéditos o recorrer de nuevo el lugar, un tiempo después. O los imaginé, pero siempre a partir de lo estudiado acuciosamente. 

“En 1998, cuando ya había avanzado en la investigación documental, regresé al poblado. Amanecí en solitario transitando lo que quedaba de la vieja vereda, recorriéndola despacito para llevarme en la mirada todo el paisaje y los olores del aire, solo para saber cómo sería la perspectiva, la impresión, de los que llegaban por esos lados.”

El texto cuenta a manera de Paisaje Familiar la historia de Fidel Castro. Nos sitúa en cómo era su casa, su familia, las costumbres, la vida del protagonista desde su nacimiento hasta el triunfo de la Revolución. La autora encuentra en esos orígenes el por qué del ser que es hoy el Comandante.

“Siempre he considerado que Fidel creció humana e intelectualmente a lo largo de su existencia con las vivencias en Santiago de Cuba y luego en la capital, en los colegios de La Salle y Dolores, primero, y después, en Belén y en la Universidad, donde se hizo revolucionario; pero lo más profundo de su sensibilidad, su alma, tiene la raíz allí, en Birán, que además, lo marcó para siempre también por su paisaje natural, económico, político, social, de costumbres... Birán es el comienzo de todo.”

Continuar la segunda parte con lo familiar en el paisaje constituye un reto para cualquiera que conozca la separación que se empeña en mantener el Comandante entre su vida personal y su trabajo como figura pública. A eso Katiuska Blanco contesta sin rodeos.

“Actualmente estudio y escribo sobre el período inicial de la Revolución, para una nueva edición de Todo el tiempo de los cedros. El paisaje seguirá siendo familiar, porque el libro investiga al Comandante y su entorno.”

No es muy difícil notar cuánto significa para Katy –como cariñosamente la llaman sus amigos–,  el Comandante Fidel Castro, El Gigante, como lo llamó un amigo común, el ya desaparecido físicamente, Guillermo Cabrera. Ella lo define en pocas palabras. 

“Fidel ilumina el tiempo. Es, por su sabiduría y generosidad, como uno de esos árboles a los que nuestros brazos nunca consiguen abarcar del todo: un tule, una ceiba, una secuoya, un baobab. Tiene raíces tan profundas como ramas infinitas que surcan el aire. Fidel es la razón, la justicia, la inteligencia, la sinceridad, la energía, la verdad, el sueño y la realidad en una misma expedición.  Siempre ha sido un rebelde con causa, una vida dedicada a los demás. Es incansable, perfeccionista, perennemente nuevo, audaz.”

Es complejo colocar en un género a alguien que describen como periodista, llaman historiadora, y ha escrito los libros, Después de lo Increíble, Todo el tiempo de los cedros, Niños del Milagro y Voces del Milagro, estos últimos en  conjunto con Alina Perera y Alberto Núñez. Sin embargo, ella se considera “de todo un poco, porque todo es a un tiempo lo mismo. No encuentro fronteras entre ser periodista, escritora o historiadora. Soy quizás alguien que ejerce el viejo oficio de mirador, alguien que empina un papalote al viento, pero sostiene firmemente el hilo que lo ata a la tierra para que no se pierda en el azul.”

Ficha técnica:

Tipo de entrevista:

Por su contenido: De opinión
Por su forma: De citas
Tipo de título: Llamativo
Tipo de entrada: Anecdótica
Tipo de conclusión: Comentario del entrevistado

CON LA PALABRA EMPEÑADA

CON LA PALABRA EMPEÑADA

MARITA PÉREZ DÍAZ,
estudiante de primer año de Periodismo,
Facultad de Comunicación,
Universidad de La Habana.

La premier del documental Con la palabra empeñada, sobre la vida y obra del periodista argentino Jorge Ricardo Masseti, se realizó en la capital como parte de las actividades por el  80 aniversario de su natalicio y el 50 de la Fundación de Prensa Latina.

El video, de una hora y media de duración y filmado en el transcurso de tres años, recoge los testimonios de combatientes, periodistas, biógrafos y amigos de Masseti,  y fue realizado por los argentinos Juan Pablo Ruiz y Martín Masetti, nieto del mismo.

“Hacer este documental significó adentrarme en la vida de mi abuelo, verlo desde un punto de vista más humano. Es una historia que merecía ser contada, y espero que sirva para conocer más sobre Cuba y Argentina”, declaró a Isla al Sur, Martín Masseti.

El trabajo será presentado en el Festival Internacional del Nuevo Cine Latinoamericano, e incluye entre sus entrevistados a Gabriel García Márquez, quien señaló del Masseti periodista que “no se le iba ni una coma”.

El Comandante Segundo, como también se conoce, fue fundador y primer director de Prensa Latina, nacida en 1959 como resultado de la Operación Verdad, e impulsada por Fidel Castro y Ernesto Che Guevara. Este medio constituyó una alternativa para romper el monopolio de la información hasta entonces ejercido por las agencias noticiosas norteamericanas.

MIRIAM

MIRIAM

A propósito del cumpleaños de la Doctora Miriam Rodríguez Betancourt, profesora de Periodismo durante más de … años, y a quien justamente el gremio llama La Infinita.

HUGO RIUS,
Profesor y periodista de PL,
Cortesía para Isla al Sur.

De ninguna manera puedo afirmar que lo mío con Miriam haya sido un amor a primera vista.  Pero si así fuera, ¡qué!

Lo que sí puedo proclamar rotundamente es que fue una amistad a primera vista, o al menos un deseo de amistad, con lo que felizmente la vida me obsequió con uno de mis tesoros más preciados.

A los dos nos juntó el afán de imprimirle una formación universitaria al periodismo que ya ejercíamos, la una en la radiodifusión, el otro luego de una precoz y atrevida experiencia como corresponsal de Prensa Latina en el Oriente medio. Con tales bagajes fuimos en pos del intento de formación periodística más serio y por lo tanto perdurable de la Universidad de La Habana, y del país entero.  Ambos nos sometimos en 1965 a la entrevista individual con Aurelio Martínez en el ICR, en la que el entrevistador nos abrumó con su locuacidad indetenible y apenas los entrevistados con alguna suerte contábamos con espacios para emitir monosílabos.

Con certeza que nos cruzamos en un aula del cuarto piso de la Escuela de Letras, en una hora decisiva, pero sin cabezas para repararnos mutuamente, tensos como estábamos para cruzar el rubricón de aquel magíster tribunal de ingreso integrado nada menos que por Mirta Aguirre, Vicentina Antúnez, y si la memoria no me falla, por Isabel Monal.

Aceptados finalmente, e iniciados en las encantadoras e inolvidables sesiones introductorias a cargo de Mario Rodríguez Alemán, resultó muy fácil distinguir a Miriam, quien acudía noche tras noche vestida de miliciana y ocupaba invariablemente la segunda fila a la izquierda, siempre a la izquierda, de la mesa del maestro.

Cierto poeta innombrable deslizaba algún chiste a costa del recurrente atuendo, que si un día su portadora dejaba de asistir al curso, el uniforme llegaría solo y se acomodaría en el pupitre elegido.  Ya en el curso regular, optó por venir de paisana, pero ya la miliciana se le había posicionado por dentro y  hasta la eternidad.

Los chistes abundaban entre aquel heterogéneo y cuasi folklórico grupo pioneril, hasta el punto que se llegó a sembrar la infundada sospecha de que el también poeta y condiscípulo Luis Marré le había dedicado su libro de trajinado título “Los ojos en el fresco”. ¡Qué tipo tan fresco!

Para ser justo y preciso, no fue su aspecto externo lo que más llamó la atención, sino el calibre de sus preguntas e intervenciones, hermeneúticas, epistemológicas, axiológicas, ontológicas, peripatéticas, y hasta escatológicas.  Bien pronto se pudo divisar la académica que llegaría a ser, una académica a mano, de a pie, sin pujos, petulancias  ni pesadeces, SOBRE TODO UNA ACADEMICA POR Y PARA EL PERIODISMO, vocación palpitante en su alma, como el alma de la Bayamesa.  Eso, además de convertirse en  la profesora infinita reconocida por nuestro más prestigioso entorno mediático contemporáneo.

Otro rasgo que distinguió a Miriam dentro de aquel variopinto conglomerado fue su sentido del humor, un humor inteligente, agudo e incisivo, de diversos registros que se le buscaba con verdadero deleite, tanto en lo coloquial como a la hora de colocar pie de fotos traviesos en los murales que se levantaban.  Todavía recordamos risueños aquel que le dedicó a la buenaza Conchita: Se busca, si la cuquean muerde.

A ello hay que sumar sus naturales despistes que desde que la conozco han devenido para mí, y creo que no sólo para mí, en graciosas e hilarantes piezas antológicas, capaces de despejarme sombras, en las horas más agobiantes, y que bien merecen todo un simposio de la alegría. ¡Cómo olvidar el ejercicio del rumor organizado por el profesor Castro, sellado por Miriam con un relato que nada tenía que ver con el incidente inicialmente transmitido de boca a boca.

Con humor soportó el descubrimiento de que se llama además Justa, y no sé por qué tanto me atribuyeron ese hallazgo y su divulgación. ¡Injusticias de esta vida!

En una ocasión como esta no puedo eludir el recuerdo de Clara Hernández, esa criatura auténtica y desbordante, que estaba llamada a ser una reportera de primera fila si la vida se lo hubiera permitido.  La última vez que estuve con ella, casi en víspera del fatal accidente, nos encaminábamos hacia el comedor de la Universidad e inevitablemente hablamos de Miriam, quien me parece que por entonces se encontraba en la Isla de la Juventud. En medio de la jocosidad compartida, se me ocurrió decir, “allá debe estar haciendo gala de  su habitual melopea”.  De inmediato Clara estalló en una estrepitosa carcajada, y cuando apenas se calmó abrió una libreta para escribir la palabra. No sé si tuvo tiempo de hacerle, a costa de la referida expresión, una de sus acostumbradas  bromas a Miriam.

Cuento la escena, que conservo vívida en mi memoria, para significar el tipo de admiración afectiva que se instauró respecto a Miriam. En particular entre sus fans más allegados de entonces tan diversos como Clara, la jacarandosa Bertica, la reflexiva y a ratos gruñona  Minerva, el imaginativo sin límites, Carlitos Piñeiro, y la combativa Denia García, entre otros muchos más.

Recuerdo también una noche en que coincidimos en una ruta Marianao-Lisa que yo había abordado en el borde de la heladería Copelia, y coincidimos en aquel asiento trasero que constituía un baño turco rodante, sin paralelo. Miriam, ni corta ni perezosa me formuló una crítica, una justísima crítica.  Y yo estoy convencido que fue desde ese momento que mi amistad compañera hacia ella se hizo incondicional, porque las amistades y compañerismos inquebrantables no se forjan de la complacencia y el disimulo, sino de la crítica leal y transparente, para aprender y crecer como seres humanos.

También pienso que gracias a esa incondicionalidad que los aquí presente hace tiempo conocen o sospechan, ella me pide cuantas veces se le ocurra, lo posible y lo imposible en el deleitante ejercicio de la docencia.  Y siempre me esfuerzo por responderle con mucho placer y sana complicidad. A ella le debo incontables experiencias transmitidas y compartidas,  y sobre todo, las pláticas inteligentes, agudas y lúcidas sobre lo humano y lo divino, invariablemente sobre una base de entendimientos  humanos, éticos, ideológicos, políticos y estratégicos.

También le agradezco que soporte mis defectos y mis chistes muchas veces pasaditos y pesaditos.

Y siempre terminamos regresando a nuestras primigenias aulas compartidas. Tal vez gracias a ello nos congratulamos de mantener miradas juveniles frescas y hasta traviesas sobre la vida y sus aconteceres más diversos, aunque reconociendo que nos sentimos unos muchachones atrapados y sin remedio en unas cajas gastadas.

Gracias, Miriam Justa, te amo.

EL CAIMÁN POR DENTRO

EL CAIMÁN POR DENTRO

La revista cultural de la juventud cubana pugna por retomar los niveles de preferencia del público de antaño.

Texto y foto:

RAFAEL ALEJANDRO GONZÁLEZ ESCALONA,
estudiante de primer año de Periodismo,
Facultad de Comunicación,
Universidad de La Habana.

No se puede hablar de El Caimán Barbudo sin mencionar a Bladimir Zamora Céspedes. Este eterno joven lleva más de 30 años vinculado a la publicación y a él hay que acudir si se desea conocer sobre el quehacer de la revista. Refugiados entre libros, el sitio escogido para dialogar fue La Gaveta, singular nombre con que denomina su apartamento de Monserrate 405, de tan pequeño que es.

“El Caimán Barbudo apareció en 1966 como un suplemento del periódico Juventud Rebelde, con una frecuencia quincenal, aunque esa etapa no duró mucho. Rápidamente comenzó a tomar cuerpo de manera independiente. Alrededor de la publicación se concentraron un grupo de escritores, fundamentalmente jóvenes poetas. También había narradores como Luis Rogelio Nogueras, Víctor Casaus, Guillermo Rodríguez Rivera y otros como el trovador Silvio Rodríguez.

“El concierto realizado el pasado 22 de noviembre en el Centro Cultural Pablo de la Torriente Brau se llamó Silvio y nosotros, porque de alguna manera era una parábola de lo que había pasado en 1968, cuando los fundadores de El Caimán le cantaron y recitaron poemas a Teresita Fernández.”

Las ironías del destino hicieron que El Caimán se localice en el mismo sitio donde comenzó a editarse, después de rodar por diversos espacios por toda la capital. Además de su actual ubicación en la sede de la Casa Editora Abril, la revista ha radicado en la Casa de la Cultura de Plaza, en Calzada y 8 y en una casona en Paseo, entre 25 y 27.

Bladimir en El Caimán

“Leí el primer número de la revista cuando tenía 12 años y vivía en Bayamo. Publiqué mi primer poema en ella en el año 1972, mientras estaba en la Universidad de La Habana. A partir de entonces realicé varias colaboraciones. Incorporarme a El Caimán Barbudo fue un elemento fundamental en mi desarrollo intelectual. Cuando terminé mis estudios en 1976, ya era natural para mí la relación de trabajo con la revista.”

Interrogado acerca del comportamiento histórico de la tirada, Bladimir expresó: “La revista llegó a contar con una impresión mensual de casi 80 000 ejemplares. Durante el Período Especial la frecuencia de impresión, así como la tirada, sufrieron transformaciones, y es entonces que aparece el formato actual: bimensual y con una edición de 20 000 ejemplares.”

─¿Satisface la demanda ese volumen de impresiones? 

Es insuficiente, pues la juventud tiene hoy mayores apetencias culturales, favorecidas en gran medida por la creación de programas como las Escuelas de Instructores de Arte.

Los años 90

“En el año 1990 la revista desapareció físicamente, en cambio sucedieron cosas hermosísimas. Exactamente en agosto dejó de publicarse. En ese tiempo yo era vicepresidente de la Asociación Hermanos Saíz (AHS) y estaba en un recorrido por toda Cuba junto a la presidenta, que en aquel momento era Eloísa Carrera.

“En las reuniones con los asociados nos preguntaban por la revista y cuando les explicaba lo que había pasado, en varios lugares –recuerdo especialmente a Ciego de Ávila-, varias personas dijeron que estaban dispuestas a recolectar papel para imprimir la publicación al menos en el formato más rústico posible, y así evitar que desapareciera.

“En un momento, Fernando Rojas, entonces director de la Editora Abril, y los pocos que quedábamos del colectivo, comenzamos a pensar, aquí mismo en La Gaveta, qué podíamos hacer para que no perder la relación que la revista siempre tuvo con el público.

“Entonces Fernando y yo decidimos organizar unos encuentros que denominamos Caimanes Orales. La idea original venía de la tertulia que yo organizaba en la casona de Paseo. Así que dije, vamos a aprovechar eso y le damos un poco más de organicidad. Llegamos a hacer unas peñas con todas las secciones de la revista en la antigua Casa del Joven Creador, actual Museo del Ron.

“Hubo momentos de lujo. Recuerdo que realizamos uno justamente un diciembre, en medio del Festival de Cine. Alguien entrevistó al cineasta Fernando Pino Solanas, otros leyeron cuentos y poemas; se hizo, además, una crítica a una obra de Abelardo Estorino, quien también estaba allí. Conversamos con Pablo Milanés, y él cantó junto al entonces muy joven Polito Ibáñez.

“El Caimán se resiste a ser solo una revista; hemos demostrado que funciona como una institución social con diversas maneras de comunicarse con el público. En los tiempos más duros siempre logramos una forma de que apareciera.”

─¿Cuáles han sido las relaciones de la revista con el rock?

La sección de rock de El Caimán se llama actualmente La cuerda floja, y la escribe el periodista Humberto Manduley. En sus inicios se llamó Entre cuerdas y la hacía el Guille Vilar. Era un espacio mucho más breve que el actual y las informaciones que brindaba podrían parecer hoy muy elementales. Sin embargo, se publicaban en un período en que a una gran cantidad de personas, sobre todo funcionarios de instituciones culturales y no culturales, les parecía que esa tendencia musical era parte del enemigo.

Entre cuerdas fue una ventanita dentro de aquella restricción en la prensa escrita. Considero que la revista puso alguna piedrecita en el muro que contuvo la intolerancia a ese género y posibilitó que ahora no sea nada raro hablar de rock y la propia publicación cuente con un espacio más amplio para tratar el tema.

─¿La publicación es fiel a sus orígenes?

Desde su comienzo la revista ha tenido un perfil editorial que en esencia se mantiene. Se preocupa por reflejar lo más valioso de la literatura emergente del país, en todos los géneros. Por supuesto, sobresalen la narrativa breve y la poesía, aunque incluimos obras de teatro y ensayo. Además, se trata de mostrar un espectro del resto de las creaciones hechas por jóvenes, especialmente entre las artes plásticas, que han sido siempre la resonancia visual de la revista.

Otra de sus propensiones es -quizá porque Silvio está en la génesis de El Caimán- una no disimulada cercanía con la Nueva Canción Cubana y con el movimiento de la canción latinoamericana. Al mismo tiempo, tiene la preocupación de revelarle a la juventud algunos testimonios de personalidades de la cultura cubana de generaciones anteriores que tengan especial importancia para el joven creador. Otra característica es la promoción de libros de excelentes autores que son poco conocidos en nuestro país.

─¿Es El Caimán una revista juvenil?

Consideramos que sí. La publicación se nutre fundamentalmente de todas las acciones culturales que hacemos fuera de la redacción, del intercambio intenso con los jóvenes. Por tal motivo aparecen en la revista pintores y narradores noveles. Tengo la vanidad de que existe una sección inventada por mí que se llama Por primera vez, para personas que escriben poesía y nunca han publicado sus textos. A partir de los concursos nos llegan muchos trabajos de gente joven. Cada vez que encontramos en algún sitio del país creadores con posibilidades y resultados promisorios, hacemos artículos para destacarlos.

─¿Cómo ha logrado El Caimán esa libertad de realización de la que hace gala?

El Caimán Barbudo pertenece al sistema de publicaciones que, agrupados en la Casa Editora Abril, tiene la Unión de Jóvenes Comunistas. Lo que sucede es que El Caimán, comparado con otras revistas, parece que va “por la libre”. Esencialmente, nos regimos por las mismas bases editoriales pautadas para las demás.

Desde el principio, la revista tuvo una clara definición de compromiso, palabra a la que no renunciamos. Pienso que cuando hay que decir una palabra no es necesario buscar otra. Eso es una manera de ser valiente.

─¿Perspectivas del Caimán?

Queremos aumentar la tirada de la revista y que su frecuencia sea mensual. Sobre el contenido, otra aspiración es permanecer en el borde, no acomodarnos, no creer que tenemos la palabra absoluta. Buscamos quienes nos puedan nutrir para que mantenga su impronta juvenil, no como una pose o estilo, sino con ideas verdaderamente novedosas.

─¿Deficiencias en la publicación?

Pienso que los redactores deben trasladarse más por las provincias, aunque esto es un problema básicamente de recursos. Queremos sistematizar la contribución de las personas con capacidades artístico literarias que viven en cualquier parte del país. Debemos trabajar para reflejar de manera regular el acontecer cultural de los jóvenes más allá de la capital.

─¿Cómo valora  Bladimir sus 22 años junto a El  Caimán?

Me han traído enormes satisfacciones. Sin El Caimán no me hubiera podido relacionar con varias generaciones de artistas jóvenes que son parte de mi formación, de mi círculo de amigos. También ha significado grandes tristezas: que en el año 1990 dejara de salir la revista, independientemente de que me explicaran las razones, me provocó incluso un pre infarto. Fue un inmenso placer estar entre los vivos cuando se reanudó la circulación. Yo no puedo explicarme a  mí mismo sin El Caimán Barbudo.

FICHA TÉCNICA:

Objetivo central: Informar sobre el quehacer del Caimán Barbudo, revista cultural de la juventud cubana que arriba a sus 42 años de creada.

Objetivos colaterales: Dar a conocer aspectos atrayentes de la publicación; conocer las opiniones de Bladimir Zamora, el más antiguo redactor de la publicación, divulgar aspectos importantes de la historia de la revista.

Tipo de entrevista:

Por los participantes: Individual
Por su forma: Mixta
Por su contenido: De opinión autorizada
Por el canal que se obtuvo: Conversación cara a cara

Tipo de título: De referencia al tema
Tipo de entrada: De resumen o típica
Tipo de cuerpo: Mixta
Tipo de preguntas: 1) Cerrada. 2) Abierta. 3) Cerrada. 4) Cerrada. 5) De exploración. 6) Abierta. 7) Abierta. 8) Abierta
Tipo de conclusión: De opinión o comentario del entrevistado

Fuentes consultadas: Fidel Díaz, director del Caimán Barbudo (no documental)

“EL ARTE DE CREAR ALGO BELLO DE LA NADA”

“EL ARTE DE CREAR ALGO BELLO DE LA NADA”

Para el periodista Jesús G. Bayolo, el ajedrez es pasión y vida. Ama al juego ciencia de manera desbordada.

ANETT MARTÍNEZ HERNÁNDEZ,
estudiante de primer año de Periodismo,
Facultad de Comunicación,
Universidad de La Habana.

Jesús G. Bayolo es el típico periodista orgulloso de su profesión. Dentro de sus mayores pasiones está el ajedrez, y no se equivoca cuando comenta que él es una especie de historiador del juego ciencia. Guarda, con mucho afán, un archivo asombroso por lo que conserva y por la organización meticulosa. Se siente contento cuando dice que ese es el mejor del país.

Mientras conversa, su mirada recorre el gran tablero de ajedrez que nos divide. Con cada pregunta y respuesta, mueve las fichas, como si repasara con el juego pasajes de su vida.

-¿Alguna vez pensó en ser periodista? ¿Qué lo motivó?

En 1959, con siete años, empecé a estudiar. Anteriormente, con la época de Batista, yo vivía en la casa de unas amistades de mis padres porque ellos eran perseguidos, estaban contra del gobierno. En cuanto tuve los primeros contactos con el periodismo me enamoré, porque es como el arte, que crea algo bello de la nada. Es la profesión más antirrutinaria que existe, uno nunca sabe lo que va a pasar mañana. Si  vas a trabajar es por el día, por la tarde, de madrugada o las veinticuatro horas. A la vez que la eliges, eres periodista todo el tiempo. Eso es muy interesante.

-¿Cómo se vincula al periodismo?

Comencé en 1970, con dieciocho años. En ese tiempo se crea la Escuela Nacional de Corresponsales Voluntarios de Juventud Rebelde, que tenía como objetivo profesionalizar a los mejores alumnos. De ahí salieron muy buenos periodistas. Fui del cuarto curso de esa escuela.

Durante un tiempo fungí como primer redactor de mesa de Juventud Rebelde, lo cual fue muy importante porque conocí el mundo interno del periódico y aprendí muchísimo. Trabajé como titulista y ayudante de redacción. En 1972 me trasladaron para el semanario Pionero, que entonces pertenecía a JR, por lo que fue un traslado interno. Ahí estuve alrededor de un año y luego me dieron la oportunidad de hacer lo que yo quería, deporte, y pasé a esa página como cronista. He tenido la oportunidad de escribir de todo, incluso de pesas.

-¿Qué le aportó ser jefe de redacción de Juventud Rebelde?

Cuando empecé, adquirí un amplio conocimiento de la mecánica interna del periódico, y ello influyó para que en algún momento se pensara que podía fungir en una responsabilidad tan grande como lo es la de jefe de redacción de un periódico.

Lo novedosos del asunto es que Juventud Rebelde tuvo un excelente jefe de redacción durante muchos años y con él aprendí mucho. Pero por cuestiones internas, el periódico pasó de diario a semanario, salía solo los domingos, y ese puesto desapareció.

En 1999 se pensó que Juventud Rebelde iba a salir diario otra vez y se valoró que era importante recuperar la figura del jefe de redacción. Todavía siendo semanario, pero ya a punto de convertirse en diario, comencé a desempeñar dicho papel. Me sentí altamente reconocido, porque es extraordinario que te den una responsabilidad de esa índole. Cubrí como jefe toda la batalla por el regreso del niño Elián y trabajaba un promedio de quince horas diarias.

-¿Cuándo y por qué decide vincularse al deporte especialmente al ajedrez?

Para mí, el ajedrez y el periodismo están estrechamente ligados. Pero curiosamente, el ajedrez llegó primero que el periodismo. Aprendí a jugar a los doce años de edad y desde que lo conocí me cautivó, y como tengo hábito de coleccionar cosas, empecé a guardar todo lo que caía en mis manos que tenía que ver con el juego. Eso fue muy importante porque en estos momentos tengo un excelente archivo.

También, comencé a asistir a los torneos, fui a la Olimpiada Mundial de Ajedrez de La Habana en 1966, como espectador, y eso me posibilitó después escribir muchísimo al respecto. Posteriormente asistí a olimpiadas en el extranjero como profesional. Realmente periodismo y ajedrez son la fusión perfecta. Aunque ya no estoy vinculado a ningún periódico, desde el Instituto Superior Latinoamericano de Ajedrez, donde trabajo, atiendo páginas Web y colaboro con muchísimos medios, entre ellos radio y televisión, ya más vinculado con el ajedrez.

-¿Si le gusta tanto el ajedrez, por qué es periodista y no ajedrecista?

Me gusta mucho el ajedrez, pero también me gusta mucho el periodismo. Elegir entre ellos es como un padre elegir entre dos niños. Lo mejor que ha podido suceder es que los he podido vincular, no he tenido que separarlos, ambos en mi vida marchan juntos, lo cual no quita que he jugado en torneos e incluso tengo el título de Maestro Nacional de Ajedrez.

-Si tuviera que establecer una relación entre el periodismo y una ficha de ajedrez, ¿con cuál la equilibraría?

Con el caballo. Por dos razones: una, porque tiene el movimiento más irregular, al igual que el periodista; y la segunda, porque es la pieza que más me gusta y la más utilizable para elementos tácticos.

-¿Cree que el ajedrez es un modo de ver la vida y la guerra?

No. Cervantes dijo: “El ajedrez es semejante a la vida”. Y así mismo es. Una de las causas por la cual el ajedrez fue incluido por el Comandante Fidel Castro en la Batalla de Ideas -a partir de las simultáneas gigantes  en la Plaza de la Revolución el 7 de diciembre de 2002-, no es con el ánimo de que tengamos muchos grandes maestros o campeones, si los tenemos mejor, pero el objetivo es que la gente lo practique por todos los valores que tiene, principalmente el valor de buscar variantes, variantes para la vida.

Ficha Técnica:

Objetivo central: Dar a conocer la vida profesional de un periodista cubano.

Objetivo colateral: Motivar el interés entre los lectores por la carrera de Periodismo y acercarlos hacia la vida de uno de nuestros periodistas reconocidos.

Tipo de entrevista:

Por su forma: Clásica
Por su contenido: De personalidad
Por el canal que se obtuvo: Cara a cara

Tipo de título: De cita textual
Tipo de entrada: De presentación
Tipo de conclusión: De opinión del entrevistado

Fuente consultada:

Jesús G. Bayolo (directa)

Otras entrevistas realizadas al periodista  y documentos de Internet. (documentales)

SIN DUDA NO HAY PERIODISMO

SIN DUDA NO HAY PERIODISMO

Diálogo en el aula con Ricardo Ronquillo, subdirector del periódico Juventud Rebelde.

CLAUDIA TURCAS GONZÁLEZ,
estudiante de primer año de Periodismo,
Facultad de Comunicación,
Universidad de La Habana.

En el aula de futuros reporteros, un hombre de palabras hermosas hizo vibrar a principiantes de la prensa. Ricardo Ronquillo, subdirector del diario Juventud Rebelde, habló de manera franca y clara acerca del trabajo de los profesionales de los medios de comunicación. Por más de una hora trató de mostrar, a partir de ejemplos, la verdadera misión de los periodistas en la sociedad cubana actual.

“El arte del periodismo es preguntar y saber qué preguntar, estar al tanto de lo que podemos dudar y hasta dónde debemos hacerlo, nuestra responsabilidad es llevar la realidad de la  vida al escenario de los medios”, aseguró Ronquillo a los estudiantes de primer año, en el aula del Instituto Internacional de Periodismo José Martí.

Varias fueron las reflexiones acerca de la importancia de la duda del periodista y del propósito que debe tener éste al no renunciar a hacerse preguntas y a sentirse completamente seguro de la información obtenida por las diferentes fuentes.

“El periodista va comunicando y construyendo dudas, y a partir de esas inseguridades desarrolla preguntas desde lo que en verdad le pueda brindar la realidad. Él debe penetrar donde otras personas no ven, está obligado a sentirse en duda para al final obtener un buen trabajo”, afirmó.

Con modestia, el subdirector de Juventud Rebelde concluyó: “Yo no soy un teórico de la comunicación, sencillamente vengo al aula para transmitirles mis vivencias del periodismo y contarles lo bella que puede ser la profesión”.