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LA MÉDICO MÁS POPULAR DE SALTPOD

LA MÉDICO MÁS POPULAR DE SALTPOD

La doctora Vilma Lombar Sánchez comparte experiencias sobre la misión médica en Ghana, la labor con niños con necesidades especiales y otras anécdotas de su vida profesional.

Texto y foto:
DAVID RUIZ LIMILLA,
estudiante de primer año de Periodismo,
Facultad de Comunicación,
Universidad de La Habana.

Vilma Lombar Sánchez se graduó en 1986 de médico y dos años después cursó la especialidad en Medicina General Integral (MGI). Ha brindado ayuda internacionalista en Ghana, país situado al oeste africano, donde trabajó como pediatra. En estos momentos labora en el policlínico “Luis de la Puente Uceda”, en el municipio Diez de Octubre, y atiende a los estudiantes de la “Escuela Especial Camilo Cienfuegos”, institución dedicada a niños con  retraso mental ligero y agravado. También efectúa investigaciones científicas para  mejorar la calidad de vida en los infantes con discapacidades.

La primera impresión al verla fue pensar cómo una profesional exitosa podía ser tan sencilla. Los gestos son delicados, acompañados con palabras que revelan el alto nivel educacional y la voz es apacible. Durante la entrevista se emocionaba con cada historia recordada y varias veces los ojos mostraron señales de tristeza, pues como ella dice, ”la medicina hay que sentirla”.

-¿Cuál fue la principal motivación que la  decidió a estudiar esta profesión?

Desde niña me atraían mucho los animales  y mi familia  dedujo que estudiaría alguna ciencia vinculada al cuidado de estos. Pero, en el preuniversitario al tener que solicitar las carreras pedí Medicina en primera opción y recuerdo cuando mi difunta madre me preguntó: ¿Estás segura de estudiar medicina de humanos?, porque ella pensaba que optaría por veterinaria, y le respondí: «Sí, me gusta ayudar a personas necesitadas».

-Luego de graduarse, ¿cómo ejerció la carrera en los primeros años?

Comencé siendo médico de familia, donde tuve muchas experiencias. Allí conocí a una señora mayor llamada Domitila, que tenía grandes  conocimientos sobre las plantas: para qué se utilizan, cómo hacer el té; de ella aprendí técnicas, las cuales uso hoy día.

También practiqué consultas de acupuntura y por ello me nombraban  la doctora de las agujitas en la comunidad. Cuando estuve de misión en África apliqué esas técnicas junto a otras como la digitopuntura (presión en determinados puntos del cuerpo para mejorar el dolor y  estrés) y la homiopatía (jarabes preparados con sustancias naturales). He tenido de todo como en botica, porque después de 30 años de labor hay historias para contar.

-Estuvo en Ghana, país ubicado al oeste africano, donde prestó su ayuda médica y salvó a muchas personas que no tenían recursos para pagar los medicamentos.

Del 2006 al 2008 estuve en Ghana. Primero fui a Saltpond, ubicado al norte de la nación. Allí trabajé haciendo pediatría, lo cual es difícil debido a que hay gran cantidad de malaria (paludismo como se conoce en Cuba), también la mortalidad infantil y materna es alta al compararla con nuestro país o naciones desarrolladas.

Tengo muchas anécdotas desagradables que involucran la muerte de alguna persona. La experiencia más impactante fue una niña proveniente de Burkina Faso, ubicado al norte de Ghana, que tenía alrededor de dos años, no llegaba a 20 libras y con 0.9 gramos de hemoglobina, algo que yo no podía creer. Su estado se debía a los sangramientos crónicos provocados por la malaria, infección que ataca los glóbulos rojos causada por el mosquito, y quizás padecía de SIDA, caso muy habitual en los países africanos.

Esa pequeña estuvo ingresada bajo mi observación durante cuatro meses,  en los cuales la transfundí en dos ocasiones. Cierto día su padre decidió llevársela, ya que no tenía dinero para pagar el hospital, y al yo conocer la situación me comprometí a pagar los gastos. El progreso clínico de la infante fue mejorando de forma lenta debido a que en el hospital contrajo en dos ocasiones malaria. Gestioné en la capital un jarabe multivitamínico  para fortalecerla y elaboré una tabla donde se precisaba la hidratación diaria a suministrarle. A través de ese tratamiento se recuperó y le di el alta. Como habíamos dispuesto, la cuenta fue pagada por mí.

A los nueve meses de estar trabajando  me trasladaron a  Saltpond (hacia el sur del país), producto a una bronquitis acompañada con alergia respiratoria. La madre de la pequeña continuó llamándome por dos años para saber cómo me encontraba e informarme de la salud de su hija. Minutos antes de partir hacia Cuba esta mujer me contactó porque estaba muy agradecida. Fue una historia de buen fin, aunque nunca supe más de ellas.

-En Saltpond también enfrentó enfermedades, como fue el caso de un niño que llegó grave al hospital.

Ese día acudió un niño muy  enfermo al hospital y su familia no tenía dinero para pagar el medicamento. Su padre poseía un motor y los médicos cubanos le sugerimos venderlo para costear los gastos. Él tuvo una deducción radical, a nuestro parecer, pero luego comprendimos que si vendía la motocicleta cómo le daba de comer a los siete pequeños restantes. El infante murió y yo me enfurecí, porque nunca había tenido una situación parecida.

-Aunque en Cuba no practica partos, al llegar a Ghana tuvo que enfrentar esa tarea en condiciones difíciles.

Como todos los médicos de familia en Cuba, yo no practicaba partos desde que habían culminado mis estudios universitarios. Pero, en esa nación africana efectué 68 nacimientos bajo la supervisión de las enfermeras obstetras.

Una noche me llaman para informarme de una embarazada que no podía parir. Iba rezando para que todo saliera bien. Al llegar al lugar la ausencia de corriente eléctrica nos obligó a emprender la labor de parto con un farol. El niño tenía una posición de hombros y estaba atascado; era necesario  realizar cesárea. El director del hospital, quien hacía esas prácticas quirúrgicas no se encontraba y no tuve otra opción que comenzar las maniobras: me puse los guantes, empujé el niño hacia atrás, lo puse en posición cefálica (de cabeza);  nació en menos de diez minutos. Al tenerlo en mis brazos empecé a gritar de emoción por haber hecho un procedimiento riesgoso con éxito. Nosotros los médicos cubanos somos osados.

-En Soltpond enfrentó el lucro y la especulación que hacían los galenos nativos con los medicamentos.

Casi todos los médicos recetaban Rosefín, antibiótico extremadamente caro para el bolsillo de cualquiera, debido al soborno de los farmacéuticos para que recetaran su medicamento. Yo decía: ¿Tengo que indicar este fármaco si es tan caro?, y me acordé que en Cuba para las infecciones respiratorias se prescribía penicilina y calamicina. Pero,  el director no le gustaba mi método por ser antiguo, según su opinión.

-¿Qué hacía ante tal oposición?

Le respondía: no es de última generación, pero soluciona el problema; también exigía respeto, pues era la jefa de la sala de pediatría y mi diagnóstico había que aceptarlo.

-¿Qué consecuencias le trajo tal actitud?

Me hice algo popular y las personas me agradecían, porque podían pagar el medicamento.

-¿En algún momento de la colaboración estuvo en riesgo su vida?

No, porque en el hospital donde yo estaba habían médicos nativos de muy buena calificación. Pero me dio en diez ocasiones malaria y presenté síntomas como dolores de cabeza intensos y fiebre alta. La última ocasión en la cual me dio esta dolencia fue acompañada de fiebre tifoidea, pensé que no llegaba a Cuba, pero, por suerte, la medicación estaba allí para todos y la jefatura de la brigada me envió enseguida hacia el hospital provincial.

-¿En qué condiciones materiales vivió en Ghana?

¡Muy bien! Allí hay un sistema estructurado sobre la atención  a los médicos cubanos. Vivíamos tres en la casa, pero era grande, cada quien tenía su cuarto y baño. No puedo quejarme.

-Después de su llegada a Cuba, ¿qué labor le asignaron?

Al llegar me peritaron por problemas de hernias discales y artrosis generalizada, entonces comencé a trabajar en la “Escuela Especial Camilo Cienfuegos”, donde es importantísimo que haya un médico porque son niños con necesidades especiales: retraso mental ligero y agravado.

Mi labor es asistencial, pues algunos convulsionan y les sube la fiebre producto de los medicamentos que toman. También tengo que asegurarme de la higiene en la escuela, la correcta manipulación de los alimentos, observar el comportamiento de los estudiantes con sus compañeros y profesores, participar en el equipo multidisciplinario de psicopedagogos, logopedas, profesores, psiquiatras y la defectóloga para determinar cuáles son los niños no educables producto de sus enfermedades y enviarlos a otras instituciones.

-¿Qué objetivos se propone ahora cumplir como profesional?

Mis expectativas están cumplidas, ya tengo más de 30 años de trabajo. Pienso en la jubilación, porque ser médico agota. Ya hice la especialidad que quise, he trabajado bastante y ahora participo en una jornada científica.

-¿Otro proyecto?

Es sobre los parámetros nutricionales en niños con condiciones especiales. Ellos, casi siempre, son gruesos y, por lo tanto, mi objetivo es obtener datos como la talla, peso, diámetro de la circunferencia del brazo y el abdomen para compararlos con otros infantes de países desarrollados que padecen las mismas patologías.

-A partir de su experiencia profesional, ¿de las enfermedades tratadas cuál le ha impactado más?

Sin duda, el cáncer, por ser una enfermedad devastadora, la cual a pesar de tener curación, en la mayoría de los casos vuelve a remitir. Por desgracia, mis padres murieron de esa dolencia y lo peor es saber que ningún esfuerzo realizado salvará a los pacientes; es difícil y doloroso.

-Pudiera decir que se siente satisfecha con la labor profesional desempeñada hasta este momento.

Bueno, la optimización no llega hasta que mueres; pero he hecho mucho bien y eso me satisface. Siempre hay buenas acciones por realizar. Aún con los 58 años que tengo y mis enfermedades, ayudo a los niños de esta escuela.

Pie de foto: Vilma Lombar Sánchez, especialista en Medicina General Integral y actual doctora de la “Escuela Especial Camilo Cienfuegos”, afirma que le gusta ayudar a las personas y si volviera a nacer sería nuevamente médico.

 

 

COMPROBANDO LA COMPROBACIÓN

COMPROBANDO LA COMPROBACIÓN

Acerca del proceso de la IX Comprobación Nacional al Control Interno, Aymée Fernández Robina, auditora jefa de Grupos de la Contraloría, afirma que la inspección constante es deber de todos los trabajadores del centro.

Texto y foto:
DANIELA OLIVA VALDÉS,
estudiante de primer año de Periodismo,
Facultad de Comunicación,
Universidad de La Habana.

El 20 de octubre (2014) se inició en todas las provincias del país la IX Comprobación Nacional al Control Interno, ejercicio que se realiza cada año y que culminará el 28 de noviembre del presente año. Participan más de 3 000 auditores que analizarán importantes indicadores económicos en 386 entidades en todo el país. Sobre el tema conversó Aymée Fernández Robaina, auditora jefa de Grupo de la Contraloría General de la República de Cuba, y con 22 de experiencia como contralora.

-¿Cuáles son los aspectos más importantes a considerar para la evaluación del territorio capitalino?

En La Habana se evaluará el programa de las cooperativas no agropecuarias asociadas al Ministerio de la Construcción y al Ministerio de Transporte. Luego estaremos evaluando el cumplimiento de la Ley 1288 de Materias Primas, que pertenece al Ministerio de Industrias. Y, por último, el programa de comercialización mayorista de los productos agropecuarios.

-Este año serán inspeccionados 54 centros del sector no estatal, y de ellos 46 son cooperativas no agropecuarias, ¿por qué se ha hecho especial hincapié en esta emergente figura de la economía?

Primero, porque estas son formas nuevas, son los “bebés” de la economía cubana, en su mayoría solo tienen un año de creadas. Y segundo, porque se está dando un seguimiento al lineamiento aprobado en el VI Congreso del Partido Comunista, relacionado con el tema de las cooperativas no agropecuarias.

-¿Qué aspectos se evaluarán en dichas entidades?

Inspeccionamos el proceso completo. Se empieza auditando en los organismos centrales, en este caso en La Habana está el MICONS y el MITRANS, como ya mencioné.  El funcionamiento entero desde que se aprueban en el organismo hasta que se aprueban en la Comisión de Implementación y después la actividad como tal de la cooperativa.

Para ello tenemos grupos de auditores dentro de las cooperativas y otros, como en mi caso, que estamos en el nivel central, o sea, en el organismo, y luego se intercambian las informaciones, porque lo que se busca es cerrar el proceso.

-Se dio a conocer que el Ministerio de Industrias este año será objeto de una inspección estatal. ¿Por qué motivos se escogió dicho ministerio?

Porque al Ministerio de Industrias pertenece la Unión de Empresas de Recuperación de Materias Primas, y ese es un tema puntual para esta comprobación. La recuperación de materias primas fue priorizado este año porque la ley no se conocía, quiero decir, la 1288 se aprobó en el año 1975, pero nunca había sido objetivo de la comprobación. Esta es la primera vez que se le ha dado fuerza al tema como parte de la implementación de los lineamientos del VI Congreso del Partido.

-A la comprobación se incorporaron jóvenes de carreras afines, ¿qué piensa acerca de esta vinculación de los estudiantes?

Desde el punto de vista de los muchachos este encuentro sí es beneficioso, porque confrontan con la realidad. No es lo mismo ver un comprobante de operaciones ficticio, a que tú tengas la posibilidad de examinarlo bien. Sin embargo, desde mi punto de vista, para el jefe de grupo no le es factible, pues la comprobación es un ejercicio muy dinámico, que tiene un tiempo limitado y en el cual hay que enfocarse, y en ese momento uno no se puede dedicar a enseñar. Esto no es como otros tipos de acciones de control en la que tú puedes aplazar la fecha límite.

Aunque hay estudiantes muy aventajados que verdaderamente facilitan el trabajo. Yo misma, trabajé con una muchacha de Derecho, que solo le dije: “Revísame tal, tal y tal contrato”, y todo perfecto. Pero eso también está en el interés que ponga el joven y en la confianza que tenga su supervisor en él para asignarle tareas de importancia.

-¿Cómo beneficiará a las entidades auditadas la actual comprobación?

Depende de cómo lo vea el auditado, porque hay auditados que son muy receptivos y asumen de manera positiva las problemas encontrados. Pero hay entidades que no aceptan eso y, al contrario, justifican las deficiencias que se van detectando, en vez de irlas solucionando.

-¿Considera usted que se ha logrado un mejor control interno este año, respecto a las comprobaciones anteriores?

Bueno, es que todos los años se revisan diferentes procesos en correspondencia con los Lineamientos. Por ejemplo, del año pasado el único aspecto que se repite es el relacionado con las tierras en usufructo, todos los demás son procesos nuevos. Aunque sí, en general, siempre se mejora cada año en relación con las dificultades del año anterior.

-Desde el año 2005 se realiza la anual Comprobación Nacional al Control Interno, sin embargo, son muestra de que aún existe una gran falta de dicho “control interno” hechos como el publicado por el diario Juventud Rebelde el pasado sábado 15 de noviembre, acerca del faltante de 7 000 cabezas de ganado en 10 entidades tenedoras de la provincia de Villa Clara. ¿Cómo se puede explicar grandes faltantes como este después de nueve años de estas auditorías?

Porque no todo el mundo asimila el tema del control interno como un sistema. Hay quien piensa que el control es de una persona determinada y no es así; este es un proceso integrador en el que deben intervenir todos los trabajadores del centro. Independientemente de que el máximo responsable es el jefe de la entidad, él solo no puede, es un proceso completo.

EL NUEVO INSTITUTO PREUNIVERSITARIO VOCACIONAL DEL MININT “HERMANOS TAMAYO”

EL NUEVO INSTITUTO PREUNIVERSITARIO VOCACIONAL DEL MININT “HERMANOS TAMAYO”

El centro se encuentra en el proceso de restauración que cambiará su estructura, gracias a la Empresa de Consultoría y Diseño Constructivo.

Texto y foto: 
MILENE MEDINA MARTÍNEZ,
estudiante de primer año de Periodismo,
Facultad de Comunicación,
Universidad de La Habana.

Los trabajadores de la Empresa de Consultoría y Diseño constructivo (ECODIC) están inmersos en el proyecto de remodelación del Instituto Preuniversitario Vocacional “Hermanos Tamayo” (IPV), el cual tiene como objetivo orientar vocacionalmente a los futuros profesionales del Ministerio del Interior (MININT). La obra se encuentra al mando del arquitecto Oscar Lázaro Acosta Ruidíaz, proyectista principal y director de la entidad, quien cuenta con 56 años de edad y 32 de ellos dedicados a su profesión.

-¿En qué se basa el proceso de remodelación del Instituto Preuniversitario Vocacional del MININT “Hermanos Tamayo”?

Este proyecto es la recuperación de lo que conocí hace años como el preuniversitario del MININT. Inicialmente la institución se creó con el propósito de formar a estudiantes en las especialidades de Criminalística, Contrainteligencia militar, entre otras. Desde hace algún tiempo el perfil de la escuela se encaminó a trabajar íntegramente en la aptitud del estudiante, pues es una edad donde las decisiones suelen ser muy susceptibles al cambio.

-¿Quién los convoca para la realización de este trabajo? ¿Con qué fin?

El Ministerio cita a mi empresa, la ECODIC, con el propósito de transformar el centro. Antiguamente era la Facultad de Contrainteligencia, por lo que no tiene la misma estructura. La repartición, por tanto, es totalmente diferente, no se ajusta a la de un preuniversitario de tales características. Aunque se han realizado una serie de adaptaciones y adecuaciones, todavía no están creadas las condiciones propicias.

La idea de llevar a cabo un proceso de remodelación en la Hermanos Tamayo, surgió por la necesidad de amplificar el centro, darle una mejor distribución. Dicha amplificación estará dirigida fundamentalmente a las zonas de residencia estudiantil, ya que se piensa que una vez concluida la obra todos los estudiantes sean internos como lo fue en un principio.

-¿Cuándo comenzó el proyecto y para cuándo está prevista su terminación?

Hace ya un año empezó, entre los meses de octubre y  noviembre de 2013. Es un proceso bastante largo que depende de diversos factores, no se puede procurar en una tarea como esta, que es de pocos millones de pesos, hacerla rápidamente. Estamos trabajando con los estudiantes y profesores de la institución dentro, porque la escuela tiene espacios comprometidos, no pueden detenerse las clases para que nosotros avancemos y esto provoca que tengamos que realizar la labor muy limitadamente. Dicho esto, pensamos que bien programada, bien estructurada la brigada constructora, bien abastecida de personal, contando con una media de financiamiento estable y materiales de la construcción, en cinco años culminará la remodelación.

-La obra está dividida en tres etapas: ¿en qué consiste cada una de ellas? ¿En cuál se encuentra actualmente?

En este momento estamos en la primera etapa, la cual se basa en las tareas de proyección de cada uno de los objetos de obra, que en la carrera de arquitectura constituye uno de los momentos más significativos, es como el talón de Aquiles, el sueño hecho realidad. La segunda etapa se refiere a las ideas conceptuales del proceso de diseño. La tercera ya es el asunto ejecutivo, el de ingeniería y detalle. Quiero agregar que para avanzar de un nivel a otro, se hace necesaria la aprobación del cliente, quien cuenta con el presupuesto.

-¿Cuántos trabajadores están implicados en el desarrollo de la obra?

De la EODIC somos siete, entre ellos, diseñadores, proyectistas, ingenieros y arquitectos. De la brigada de construcción no podría decir un número exacto, sólo sé que son muy pocos, no los que queremos, no los suficientes. El avance y la calidad de la obra dependen en gran medida de estos factores.

Ahora se nos autorizó radicar en la propia instalación, lo cual es importante, pues nos permite ver de cerca nuestra creación. El que estemos allí propicia el intercambio con el cliente y también con la brigada, lo que resulta imprescindible. Tenemos creada una serie de condiciones que contribuyen al buen desempeño del trabajo.

-Ventajas y desventajas que usted le atribuye a esta idea…

La desventaja que le veo a este trabajo de remodelación es, precisamente eso, “remodelar”, porque una obra nueva sería lo ideal. Pero por otro lado significa un reto, y yo prefiero siempre el desafío que el facilismo, lo que representa que tengo que adecuarme al espacio. Constituye más meritorio adaptar, remodelar y convertir edificaciones que hacer algo nuevo. Así de complejo resulta el proyecto de la “Hermanos Tamayo”, veremos cuán satisfactorio será el resultado.

Pie de foto: El arquitecto Oscar Lázaro Acosta Ruidíaz realiza actualmente un largo proceso de remodelación, donde se desempeña  como proyectista principal de la obra.

UNA VIDA EN ALLEGRO VIVACE

UNA VIDA EN ALLEGRO VIVACE

Mujer tenaz, madre abnegada y trabajadora ejemplar, Adalgiza Torriente Fernández, Doctora en Farmacia del hospital capitalino Freyre de Andrade,  tiene ya 52 años de labor.

Texto y foto:
DENISSE MACHADO TABOADA,
estudiante de primer año de Periodismo,
Facultad de Comunicación,
Universidad de La Habana.

Mi primer pensamiento cuando la vi fue que lucía más joven de lo que me dijeron. Caminaba espigada y me observaba curiosa, con una luz nítida en los ojos. Iba bien maquillada, pintalabios, aretes y uñas que combinaban, de un color rosado pálido, sus cejas arregladas y cuidadosamente pintadas. «Mi nombre, ¿no? Me llamo Adalgiza Torriente Fernández. Soy Doctora en Farmacia y profesora graduada de la Escuela Normal de La Habana. Me gradué de las dos carreras en el año 1962, o sea, hace 52 años».

La curiosidad me venció y aunque sé que para muchos es un tema sensible, lancé mi indelicada pregunta a merced de su amabilidad. «Cumplí 80, pero la gente no lo quiere creer», me dijo con una sonrisa conocedora, como si supiese que yo también cometí ese particular pecado.

«Estudié en la escuela Ramón Rosains y después empecé lo que es ahora la secundaria, que entonces era el pre. Más tarde pasé a estudiar el bachillerato en el pre del Vedado y después de ahí ingresé la Universidad de La Habana.

«Lo primero que quise ser era médico, pero considero que no podía serlo porque le tengo miedo a los muertos. Iba a ver a los fallecidos, sí, que estaban ahí, en la Escuela de Biología. Veía todas las cosas, cómo hacían las autopsias, pero me desagradaban. Y por lo tanto, cogí una carrera que fuera similar a la Medicina, que es la de Farmacia. Siento que soy muy feliz por haberla estudiado, porque hasta ahora, con 52 años de graduada que llevo, todavía me encanta».

Dirige su mirada hacia mi mientras comenta: «Trabajé desde el año 63 al 71, ocho años, en el Hospital Infantil William Soler. Estoy muy orgullosa de haber trabajado allí porque aquello era una familia. Ahí fui la jefa de la farmacia, después me incorporé al Hospital Freyre de Andrade, en el año 71, hasta la actualidad, o sea, que llevo aquí 43 años de trabajo, de los cuales trabajé 41 de jefa de la farmacia, y ahora soy fármaco-epidemióloga y asesora del director».

»Estuve en el Concejo Científico durante 22 años, fui la presidenta. Tenía que evaluar todas las actividades, el protocolo y las investigaciones. Hace como dos años que dejé esa parte, porque ya era mucho el trabajo. Soy, en estos momentos, la presidenta del Comité Fármaco-terapéutico, que es donde tengo que velar por aquello que indican los médicos a los pacientes».

Cuidadosamente saca de una gaveta sus títulos, diplomas y reconocimientos, modestos tesoros de papel y cartulina, que son la prueba física de 52 años de trabajo. Con una pequeña sonrisa nostálgica los toca. Los acaricia como a las reliquias más valiosas, como si se fueran a esfumar en un abrir y cerrar de ojos, y aun así son tan tangibles, la esencia de miles de recuerdos de una vida y una labor abnegadas.

Me enseña el título que recibió al graduarse de maestra normalista, así como reconocimientos de los múltiples congresos en los que ha participado: «Mira, tengo este, que es una de las cosas mejores, porque es por mi actividad científica durante varios años. Soy miembro de la Sociedad Cubana de Ciencias Farmacéuticas, prácticamente desde que se creó».

-Cuando usted era joven y existía el concepto de que las mujeres solamente pertenecían a la casa y que eran para casarse y tener hijos, ¿alguna vez sintió que no era aceptada en la sociedad?

«No, yo no. Cuando cumplí los quince mi padre me hizo miembro de la sociedad de nosotros, que era el Club Atenas. Estudié idiomas –inglés– no a la perfección, pero lo he estudiado. Empecé a estudiar el piano en la secundaria, en el conservatorio, lo que es ahora el Amadeo Roldán. Hice muchos cursos, un diplomado de Oncología y también el de computación.

«Yo empecé en la Universidad. Ya no se están graduando Doctores en Farmacia, ahora son Licenciados en Farmacia y Plantas Medicinales. El último curso fue el mío».

-Hay algunos profesionales que dicen siempre con cierta nostalgia que a los jóvenes que entran en esta carrera, “ya no los forman como antes”. ¿Qué opina de los graduados de hoy día?

«Están bien formados los de la Universidad. Estos que se gradúan en Tecnología de la Salud, creo que falta mucho para que se puedan formar como aquellos de antes, no como yo, sino como los de a partir del año 80 más o menos.

«Ahora, no es lo mismo… nosotros estudiábamos la enseñanza primaria, que era hasta el sexto grado, la secundaria, séptimo y octavo, más tarde el pre, que eran cinco años, y después te examinabas para entrar a la Universidad a estudiar la carrera que  querías.

«En la actualidad no es así, hay técnicos que sí, tienen experiencia; tengo algunos aquí que llevan conmigo 20 años como técnicos y tienen una formación, no la perfecta, pero sí mejorada. Pero ahora no, porque salen de la secundaria y hacen el técnico medio, eso son tres años y al cabo de seis años ya se hacen licenciados en Tecnología de la Salud. No puede ser igual».

Se yergue en su asiento y su rostro se ilumina: «Yo disfruto lo que hago; que participo en todo, voy a cada reunión, doy opiniones. Eso para mí es la felicidad.

»Hay quien me dice: “Ay, ¿por qué usted no se retira?”  Y les digo, bueno, creo que me voy a retirar cuando yo considere que lo que yo estoy haciendo no cumple los efectos requeridos.  Por lo tanto, nadie me tiene que mandar a que me vaya, que me retire, porque cada quien sabe hasta dónde puede llegar, y eso es lo que siempre he hecho. A lo mejor mañana, o a lo mejor dentro de un año digo: “Ya, bueno, me voy para mi casa”, pero no para volver a incorporarme a trabajar, no. Cuando me vaya es para pasear, hacer otra vida.

»Soy madre, tengo dos hijos, una que es médico y el otro que es electricista naval, él es el que está fuera de Cuba, en España».

De pronto parece cubierta de cierta nostalgia, pero esta desaparece rápido: «Una de las cosas es que mis hijos, la hembra principalmente, me  llamaron  la atención porque dicen que yo me ocupé más del trabajo. Pero no es así, no es así que me haya ocupado… ¿Cómo yo voy a abandonar a mis hijos? Ahora mismo yo me preocupo por ellos y los dos están casados y con hijos. Me preocupo por ellos y por los nietos, pero ellos todavía tienen eso de que le di más tiempo a mi trabajo que a ellos. Eso no quiere decir que me he ido.

»Nunca salí sola a ninguna parte. Antes éramos mi esposo y yo, soy viuda hace 22 años. Nunca salgo después que mi esposo murió. Antes salíamos, pero salíamos juntos. Incluso mi hermana, que es otro apoyo grande y que yo les he dicho siempre que la tienen que querer más a ella que a mí. Cuando no podía ir a un lugar, ella iba. Ahora, después de retirada, se ocupa generalmente de la mayoría de las cosas. Ella me lleva cinco años».

«Si alguna vez me retiro, a trabajar no vuelvo más. Quisiera disfrutar con mi hermana si nos quedan diez años, cinco años, lo que fuera, en pasear y hacer esto y hacer lo otro».  Me responde con una sonrisa pícara y temeraria ante la mención de la posibilidad de su propia muerte.

«Quisiera ir fuera de Cuba, porque la única que no ha viajado soy yo. Cuando mi hija se graduó, el ministro que estaba quería que fuera para Brasil con ella, eso fue en el año 1998. Le dije: “Doctor, no puedo irme porque ¿voy a dejar a mi hermana sola con el niño?”, y entonces no fui.

»Mi hija viaja mucho porque es médico, se ocupa de lo que es el SIDA, las enfermedades cerebro vasculares. Creo que ha ido a más de diez países», me dice con orgullo.

-¿Cree que deberían volver a crear una carrera que gradúe Doctores en Farmacia?

«No, porque la que existe ahora, allá en La Coronela, que es donde está  la escuela, es Farmacia y Plantas Medicinales. Así que no es que la carrera haya desaparecido. Desapareció la mía, porque yo era Doctora en Farmacia, única y exclusivamente. Aunque yo nunca… no me gustan las plantas medicinales. Pero bueno, me han asignado eso y la hago. Disfruto la carrera de farmacia como tal, porque abarca gran parte de las asignaturas.

«Durante mis años de trabajo he sido tutora de diez tesis de la Facultad de Farmacia y Alimentos, y oponente de otras ocho, las cuales discutimos en la Universidad de La Habana, en La Coronela y en varios lugares. También tengo ahí el título de  profesora de la Facultad de Enfermería; aquí se creó una escuela de enfermería donde llegué a impartir Farmacología».

-¿Se siente joven todavía?

«Sí. Lo digo todos los días. A cada rato me dicen: “Ay, doctora, ¿por qué no se retira?”, y les digo: “Caballeros, ustedes piensen en llegar a la edad que tengo, nada más. Ustedes ocúpense de eso, lo demás lo decido yo.” No sé qué afán tienen las personas porque uno se retire. Claro, veo que hay quien nada más que cumple  60 años y ya, se va, pero eso no es lo que pasa conmigo. Aún siento que puedo resolver algo. Así que por lo tanto creo que sí sigo aportando».

Me mira seriamente y me responde con una agudeza nacida de años de  experiencia. Sin embargo, en sus ojos asoma una juventud que no se rinde: «Si, figúrate, 52 años de trabajo. Efectivamente, ¡toda una vida!».

Pie de foto: Adalgiza Torriente Fernández tiene 80 años, pero aún siente que le queda mucho por hacer. 

MIENTRAS PUEDA, VOY A TRABAJAR

MIENTRAS PUEDA, VOY A TRABAJAR

Una tarde con Raúl González Tapia devela las singularidades de un hombre que perteneció al Directorio Revolucionario, estuvo en la Batalla de Santa Clara y en la guerra de Angola.

Texto y foto:
DINELLA TERESITA GARCÍA ACOSTA,
estudiante de primer año de Periodismo,
Facultad de Comunicación,
Universidad de La Habana.

Si un domingo en la mañana sales a caminar por la cuadra Zambrana, en el municipio capitalino del Cerro, será fácil ver a Raúl González Tapia, o solo Tapia, como le dicen todos, podando su jardín. Así puede estar hasta las cinco de la tarde, en el césped que cuida con tanta quisquilla.

Este domingo arregla el jardín, pero hace 56 años estaba sobrevolando Placetas, en un pequeño helicóptero,para unirse a la Batalla de Santa Clara, aquella que dirigió el Che a mediados de diciembre de 1958 y que daría el triunfo definitivo a las fuerzas rebeldes.

«Un amigo mío estaba estudiando para piloto y yo empecé a hablar con él para que nos trajera para Cuba. Ya antes de finalizar el año 1958, fueron unos tíos míos allá a Miami, les quité el dinero para poder alquilar un avión y los mandé a regresar».

Una breve risa se oye en la silenciosa sala. «Entonces alquilamos el avión con mi amigo de piloto y vinimos para entrar clandestinos en Villa Clara. El viaje fue un poco pesado porque había mal tiempo. No pudimos ir al lugar que habíamos pensado, donde sabíamos que había un aeródromo. Entonces tuve que tirarme un poco más allá de Placetas».

Hoy, Tapia tiene 79 años y es asesor del presidente del Grupo de Administración Empresarial (GAE). Su rutina laboral comienza a las 6:30 am y termina a las 8:00 pm, eso cuando no está recorriendo el mundo, durante semanas y a veces, meses. Su esposa, el amor de su vida, es tan diferente a él como el día y la noche. Quizás sea por eso que se quieren tanto. Se conocieron en el Vedado por los años 80, cuando él era el jefe de la que hoy es su cuñada. Su esposa es extrovertida y todos en el barrio la conocen. A él, la gente lo ve con su pelo blanco y sus grandes espejuelos, introvertido, imperceptible, porque casi siempre calla, pero cuando habla hay que detenerse a escucharlo. “Igual a muchos”, pueden pensar algunos, que no se imaginan ni remotamente, la historia de la que forma parte.

Su casa es una mezcla de la cultura africana y española, pues Angola e Islas Canarias son dos de los países que han marcado su historia. En la nación isleña encontró un fiel amigo: su perro León, nombrado así por el apellido de su esposa. León se mudó a La Habana y lo acompañó por casi 15 años.

En Luanda trabajó en acciones de carácter militar. Allí, entre tanto desastre, fue testigo de lo que él llamó uno de los inmerecidos y casuales honores más grandes que le otorgó la vida: soltar el amarre al último barco cubano militar que salió del puerto de Luanda. «Me encontraba con el jefe de nuestro país en ese puerto y como todos se estaban retirando, solo quedábamos nosotros y unos cabos. Allí vi partir el barco». Esto significaba el fin de la guerra a la cual muchos de nuestros patriotas habían contribuido. Tapia fue uno de ellos.

En una esquina de su hogar se vislumbra un librero, quizás lleno de tomos de ingeniería, porque es ingeniero mecánico, graduado en los Estados Unidos. Sí, su familia tenía dinero. Su padre poseía una consulta de dentista antes del triunfo de la Revolución, pero esto no fue un impedimento para que él se uniera a la causa revolucionaria.

«¿Mi familia? Ella estaba de acuerdo conmigo. Recuerdo que en una oportunidad, ya estando clandestino, me quedé sin dinero y mi padre a cada rato me daba algo para poder subsistir, independientemente de que el Directorio también nos ayudaba, pero eso no me gustaba. Fui a verlo –dice con voz entrecortada- y recuerdo que dijo que él no me podía negar lo que él quisiera ser». Las lágrimas caen por debajo de sus espejuelos.

En el librero, confirma, no hay libros de ingeniería, sino de Martí. «Toda mi vida siempre fui un asiduo lector de Martí. Me gustaba muchísimo y creo que fue él quien influyó en que fuera revolucionario. Tenía un libro que incluso lo llevé para la Universidad, en Georgia. Era de unas hojitas muy finitas, tenía 2 000 ó 3 000 páginas y era de un tamaño bastante pequeño. Siempre en mis ratos libres lo leía».

Al lado del sillón donde Tapia se balancea, tratando de calmar las nostalgias que amenazan sacar a flote años vividos, hay una caja de betún y un par de zapatos de vestir. Ese calzado, será mañana testigo de una nueva jornada. Moja el cepillo en el betún y comienza la tarea.

Tapia se unió al Directorio Revolucionario (DR)  tan solo tres meses después de que José Antonio Echeverría muriera. Quizás sea esa una de las penas que más le pesa: no haber conocido al héroe del 13 de Marzo. Después del Asalto al Palacio Presidencial y la Toma de Radio Reloj, las filas del Directorio quedaron diezmadas, y la mayor parte estaba concentrada en Miami. Allí fue donde el protagonista de esta historia unió para siempre su vida a la Revolución.

«Había unos compañeros que estudiaban conmigo, que eran amigos de jóvenes del DR. Entonces, en un viaje de vacaciones a Cuba, en junio de 1957, me entrevisté con ellos. Ahí empecé amistades y conocí a hombres que habían participado en el asalto a Palacio. En aquel entonces, yo traía un carro hacia Cuba y se aprovechó y  traje algunas armas. ¡Así empecé! Esa fue realmente mi primera acción».

Llegado a este punto, el primer zapato brilla y se dispone a comenzar con el segundo. «Ya estando en Cuba, pusimos bombas y robamos armas. Recuerdo especialmente una casa que estaba por Boyeros, era de un hacendado dueño de un laboratorio. Él tenía una reserva de armamento y cuando lo supimos, asaltamos la vivienda y nos lo llevamos».

En febrero de 1958, Faure Chomón, secretario general del DR, organizó la Expedición a Nuevitas. En esta se traían armas para apoyar la creación de la columna rebelde, la clandestinidad en La Habana y la instauración de un nuevo frente en el Escambray. Cuando arribaron, el cargamento se dividió en dos grupos, uno de ellos iba para varias casas, entre ellas, la de Tapia.

«Estuvieron en mi hogar Gustavo Machín, quien caería años más tarde en la guerrilla del Che en Bolivia, y Raúl Díaz Argüelles, para dividir a los hombres y las armas a los distintos lugares».

Un olor delicioso comienza a surgir de la cocina. «Esta es la razón por la que religiosamente llego todos los días a las ocho, para no perderme nunca su sazón». Pero hubo un tiempo en que él no tuvo un hogar, ni dónde comer todos los días por la noche. «Yo estaba en mi casa con varios miembros del Directorio, cuando cogieron preso a un compañero nuestro y su suegra nos avisó. Inmediatamente nos fuimos; supe después que esa misma tarde habían hecho el registro».

Ahora ya terminó con los dos zapatos y los mira con desconfianza, analizando si el trabajo quedó bien hecho. Decide que no, agarra de nuevo el cepillo. «Estuve clandestino un tiempo, la cosa se puso muy mala. Perdí la conexión con todos y tuve que salir al exterior porque no tenía ni dónde meterme». Una sonrisa asoma a su cara en sustitución de la desesperación y el miedo que alguna vez sintió.

«El asilo lo encontré en la embajada de Argentina, me fui para ese país y a los dos o tres días de llegar, asaltamos la embajada de Cuba, por lo cual tuve que salir de allí. Entonces fui a Colombia unos meses y de ahí para Miami. En este último lugar estuve preso por trasiego de armas». Fue entonces cuando conoció a su amigo piloto y con el dinero de sus tíos vino para La Habana. «Siempre tuve el objetivo de regresar a terminar lo que había empezado».

«El Triunfo de la Revolución me cogió en Santa Clara». Hace un tiempo terminó de cepillar y ahora sus ojos ya no están aquí, la conversación lo trasladó al pasado. «Esa noche, que estaba muerto de cansancio y de hambre, me metí en el hotel Santa Clara al que le habían prendido fuego y junto con otros compañeros, nos acostamos en una cama. Pero los cristales del frente se habían caído con los tiroteos y cuando desperté por la mañana, que me quité la camisa, estábamos todos cortados. ¡De lo cansados que estábamos, ni nos habíamos dado cuenta!»

La risa que le provocó recordar la historia anterior le ha dado tanta emoción que coge la tabla de planchar y va en busca de unas camisas. Sí, este hombre también plancha. «¿A Fidel? A Fidel lo vi en una reunión. Yo mismo me sorprendí porque no pensaba que él iba a estar ahí, era con el presidente Osvaldo Dorticós. Recuerdo que estaba de espaldas a la puerta y veo que todo el mundo se para y digo: “¿Qué está pasando?” Entonces me paré y entraba él».

Después del 1ro de enero de 1959 ha desempeñado diferentes tareas, quizás más de las que estas líneas puedan sostener. En ese período nacieron sus dos hijos. Los va a ver cada fin de semana, como si su vida dependiera de ello. Hoy, ya tiene dos nietos que pronto comenzarán el camino profesional que él también empezó, hace ya 55 años. «Después del Triunfo, primero empecé a trabajar en el Ministerio de la Construcción y al poco tiempo, en el de Industria, cuando el Che estaba ahí. Luego, le pidieron al Che que me dejara ir para la Empresa de Navegación Mambisa y él no quiso dejarme ir. ¡En dos oportunidades no quiso soltarme! Insistieron y al fin el Che accedió, no sé si por cansancio o por qué».

«Entonces me fui a trabajar a Navegación Mambisa. Estuve ahí de Subdirector General durante siete años». Esta fue la época en que conoció a su esposa. Ella sonríe desde la cocina cuando él la invita a contar cómo fue que se enamoraron. Pero trabajando aquí, no solo se enamoró de ella, sino también del mar, otra de sus grandes pasiones, la que lo llevó a recorrer medio mundo.

«¿El qué más me ha impresionado?» Se queda un instante como aturdido, y de repente dice casi imperceptible: “Vietnam”, para luego expresar con determinación: “Sí, Vietnam es el país que más me ha impresionado”. «Yo llego a Vietnam en 1976 con otros compañeros que iban a recoger unas cosas de la guerra. Lo que me maravilló, lo que vi, fue que los vietnamitas no tenían qué comer. Se pasaban el día entero metidos en un agua roja sacando arroz, el cual no había forma de descascarar porque no tenían maquinaria. Entonces, las mujeres tomaban ese arroz y lo ponían en la carretera para que los poquitos camiones que pasaban lo descascararan. Eso lo recogían y era lo que se comían». Por un rato continúa narrando sus vivencias sobre el hermano país.

-Con 79 años, ¿alguna vez ha pensado en jubilarse?

«Yo voy a trabajar porque uno se siente personalmente mucho más pleno cuando  está trabajando, cuando sabe que está haciendo algo útil, o sea, que está produciendo. El día que no trabaje, lo extrañaré. Mientras pueda, voy a trabajar. ¡Eso seguro!».

Tapia viste pantalones y camiseta muy sencillos. Hoy es el día de trabajar en la casa. «Cuando no voy al trabajo hago de jardinero, ahora mismo lo estaba haciendo». Y cuando esperas una respuesta poética, rebuscada, va y contesta: «¿Qué por qué lo hago? Porque si no, tengo que pagar 100 pesos a otro para que lo haga, y ¡no tengo para eso!». Cuelga la camisa y busca el pantalón. Continúa planchando.

PUERTAS ABIERTAS EN LA UNIVERSIDAD

PUERTAS ABIERTAS EN LA UNIVERSIDAD

El Programa se realiza en esta ocasión de manera diferente, cumpliendo con solicitudes propias de la población.

Texto y foto:
LÁZARA THALÍA FUENTES PUEBLA,
estudiante de primer año de Periodismo,
Facultad de Comunicación,
Universidad de La Habana.

El curso escolar 2014-2015 comenzó hace pocos meses en todo el país. La alegría de iniciar  una nueva etapa en la vida y el temor de enfrentarse a un otro sistema de enseñanza, invade a los estudiantes del duodécimo grado.

Los protagonistas de esta futura travesía llamada Universidad, optan por las alternativas a partir de un plan de carreras, de acuerdo con las necesidades de las provincias. La falta de orientación profesional de muchos, finaliza en el desconsuelo de no satisfacer sus necesidades intelectuales ni profesionales.

Para suplir mínimamente esas inquietudes, la Dirección Docente Metodológica de la Universidad de La Habana  ha organizado el Programa Puertas Abiertas. Yaima Jiménez Guevara, organizadora del evento, comenta acerca de la estructuración general de la actividad en la presente edición.

-¿Cuáles son los objetivos de Puertas Abiertas?

Con el Programa Puertas Abiertas se pretende lograr que nuestra población tenga conocimiento sobre las carreras que está ofertando la Universidad de La Habana. Se muestra el plan de estudio y las actividades que se realizan en cada una de las facultades, para que tengan una orientación profesional.

-¿Desde cuándo se realiza este proyecto?

Desde hace muchos años, ya que el país pretende que nuestros estudiantes opten por carreras acordes con sus gustos y potencialidades. Para alcanzar esta meta, se necesita una correcta orientación vocacional.

-¿Por qué este año cambia la dinámica de su ejecución?

Cuando todas las facultades abrían sus puertas a la familia cubana en la misma fecha, en muchos casos, coincidían carreras afines, imposibilitando que los estudiantes asistieran a ambas. Respondiendo a solicitudes propias de ellos, este año se realizan en diferentes horarios, con el fin de que los interesados puedan escuchar las posibilidades que se ofrece.

-¿Quiénes son las personas encargadas de impartir las conferencias y orientar a los jóvenes interesados?

Cada facultad se encarga de la organización interna del evento y de informar a la población las carreras que se estudian. Los propios estudiantes de la Federación Universitaria (FEU), en conjunto con los decanos, vicedecanos y los profesores, imparten las conferencias y narran sus vivencias.

-¿Pudiera comentar acerca de la organización general de este evento?

La estrategia está encaminada a satisfacer las necesidades de orientación de la población. Como dije anteriormente, se realizan todos los sábados a partir del 15 de noviembre, con horarios distintos para cada una de las facultades, donde se ofrece una guía a los interesados.

-¿Qué importancia le concede a esta actividad?

Con Puertas Abiertas se eliminan estereotipos  que existen sobre las carreras, se amplía el conocimiento de los estudiantes, ya que pasan de espectadores a protagonistas, por unas horas, de la historia en que desean participar. Además, disminuye en gran medida el porciento de bajas y frustraciones, por el desconocimiento de sus posibles opciones. También, se presenta un currículum de cada especialidad y se habla del  funcionamiento de la vida universitaria y becaria.

-¿Considera las Puertas Abiertas una medida para solucionar los problemas existentes en la continuidad de estudios de jóvenes egresados del preuniversitario?

Esta es una medida más que se toma para motivar a los estudiantes preuniversitarios a optar por carreras que estén acorde con sus gustos y aspiraciones. Con la previa información, pueden decidir si sus expectativas se cumplen en lo que elijan.

-¿Cuáles son las carreras y temas de mayor interés de los asistentes?

Las facultades  de Comunicación,  Derecho y Psicología, son las más visitadas, aunque de manera general todas tienen gran demanda por los estudiantes. 

-¿En años anteriores se ha cumplido con los objetivos trazados en el programa?

Sí. A partir de las experiencias anteriores, se ha perfeccionado la dinámica, en correspondencia con las solicitudes de la población. Se ha logrado que se incremente el número de estudiantes que ingresen a la Universidad, aunque todavía hay que trabajar más para suplir las necesidades del país.

-¿Cuáles son las proyecciones para este curso escolar?

En el segundo semestre del presente curso se realizará una nueva convocatoria. Estamos ejecutando una multimedia, más interactiva, donde se informa de qué trata cada una de las carreras y su plan de estudio. Los encargados del tema, en la Universidad de La Habana, estamos  trabajando, en conjunto con el MINED y diferentes instituciones, para efectuar encuentros con los estudiantes en sus escuelas, sobre el campo profesional que elijan, no solo en doce grado, sino también desde edades más tempranas.
Pie de foto: Yaima Jiménez  Guerra, especialista de la Dirección Docente Metodológica y organizadora del evento Puertas Abiertas.

EL ESPÍRITU DE LA CREATIVIDAD TIENE CUERPO DE ESCUELA

EL ESPÍRITU DE LA CREATIVIDAD TIENE CUERPO DE ESCUELA

“Las cosas valiosas son la base de la subsistencia de una nación”. Siguiendo esta máxima, el arquitecto Universo García Lorenzo insiste en la necesidad de restaurar las Escuelas de Arte de Cubanacán.

DACHELYS ALFONSO LEAL,
estudiante de primer año de Periodismo,
Facultad de Comunicación,
Universidad de La Habana.

Las Escuelas Nacionales de Arte se alzan majestuosas y desdibujadas en la arquitectura habanera. Él no necesita estar ahí para saber el camino a seguir en ese laberinto de creatividad, perteneciente al municipio habanero Playa: Universo García Lorenzo ha sido el arquitecto y proyectista principal del proyecto de rehabilitación del complejo desde sus inicios, hace 15 años. Además, es miembro de la Unión de Escritores y Artistas de Cuba (Uneac) y profesor de arquitectura. La lluvia acecha, razón por la cual es el teléfono quien permite nuestro encuentro.

Revive el diciembre de 1999, cuando se realizó un Consejo Nacional Ampliado de la Uneac, en el que se abordó —por primera vez con intensidad— el tema de la ciudad, sus valores y el peligro que corrían esas escuelas por su deterioro. Estaba Fidel presente y decidió la preparación para la restauración de la que él llamó “la novia de aquellos tiempos”.

“El Ministerio de Cultura creó un centro inversionista para priorizar ese proyecto. Comenzaron sesiones de trabajo con los tres arquitectos de las obras originales: Ricardo Porro, Roberto Gottardi y Vittorio Garratti”. Hasta entonces, en Cuba no existían antecedentes de obras restauradas por sus arquitectos.

Lamenta recordar que, en el estudio previo al comienzo de la reparación, detectaron 30 daños diferentes; sobresalían los ocasionados por la vegetación y la humedad. “Con esfuerzo, luchamos con la industria por la producción de ladrillos y otros materiales, y se gastaron 75 millones de pesos en una restauración todavía inconclusa.

“Con el surgimiento de las escuelas ocurrió un aporte al lugar, los emblemáticos campos de golf del Country Club de La Habana, pero los autores respetaron la relación con el medio circundante. Las posteriores incorporaciones, como los edificios de hormigón para las becas y la Facultad de Música de la ENA, si bien daban respuestas a necesidades funcionales, agredían inmensamente el valioso conjunto arquitectónico. Por eso, diseñamos una cortina arbórea y pintamos los edificios de gris-azul, para ocultarlos, pero ahora los volvieron a pintar de azul, y resaltan más. Los arquitectos somos como Quijotes luchando contra molinos”.

Me rectifica; no fue una fundación internacional sino la World Monument Fund, organización no gubernamental estadounidense, la que reconoce en su lista valiosos monumentos de la antigüedad en peligro de perderse: desde 1998 promovió que las Escuelas Nacionales de Arte fueran registradas en el inventario, pero solo en el año 2000 el Gobierno cubano accede a la inclusión.

“Esto tiene un doble significado: por una parte, reconoce el valor arquitectónico del centro como un monumento más que nacional: mundial; por otra, es una vergüenza que, con poco más de 50 años, el complejo caiga en ruinas, pese a servir como sede de la vida artística del país”.

La agudeza de la crisis económica golpeó en 2008. Cambios estructurales determinaron que la asignación del presupuesto para las labores de rehabilitación del centro, inicialmente dirigida por el programa Batalla de Ideas, en paralelo con el Consejo de Estado, pasara a la lista de inversiones del Ministerio de Cultura. Ese organismo quedó totalmente responsabilizado de la obra y se replantearon las prioridades. Dos años más tarde cesó el financiamiento para el proyecto de restauración de las Escuelas de Arte.

“Están tristemente abandonadas. Solo se trabaja en las becas y el edificio principal de Música de la ENA. Incluso, me han vuelto a encargar la Facultad de Artes Plásticas, pues lleva siete años sin mantenimiento, pero no se puede continuar con las otras”.

“Las cosas valiosas son la base de la subsistencia de una nación. Algunos sostienen que se deben dejar como ruinas, mas fueron concebidas para el arte, y se deben mantener así. Estoy de acuerdo con una actualización sin mutilación de su arquitectura.

“El proceso es complejo, posible con menos rigidez, mediante una estructura dinámica de recolección de dinero, en interrelación con el turismo, con las recaudaciones monetarias de la escuela que pasan al presupuesto central del Estado, con un sistema de galería propia en la que los artistas puedan vender sus obras. La voluntad política resulta fundamental, sin embargo, puede que el limitante sea el factor financiero. Se requiere, además, una mayor conciencia del cuidado: no es solo restaurar, sino mantener”.

Se cae la llamada. Imagino que hasta las líneas telefónicas se agotan de tanto lamento. Luego de restablecer la comunicación, hablamos de Flora Fong, Nelson Domínguez y Zaida del Río, destacados artistas surgidos de las Escuelas Nacionales de Arte, y la conversación continúa ya con olor a familia.

Es un espacio que motiva al hombre, un paraíso de la libertad y espíritu de la creatividad- agrega García. “Haber contado con ese lugar ha sido definitorio en la potencialización del talento artístico. Es algo que no se puede perder.

“Todo lo insólito es polémico. Hacer lo nuevo constituía el colofón de una nueva etapa creativa, que experimentaba desde la tradición con sentido de cubanidad, lo cual entraña siempre dar un paso adelante. Los autores del complejo estaban haciendo su propuesta a tono con aquel momento, solo que de una manera diferente”.

-¿Volverá a correr el agua en la fuente de la Facultad de Artes Plásticas diseñada por Porro, con forma de papaya, fruta simbólica del sexo femenino?

La fuente de Porro la restauré yo mismo. No funciona sencillamente por ahorro de electricidad, y ¿cuánto puede consumir?

El quinquenio gris pretendió depurar la arquitectura con la crítica a las Escuelas de Arte de Cubanacán, germen de lo que podía ser un período nuevo, un proyecto de contenido estético en correspondencia con un contenido social. Sin embargo, en una época nueva, no solo García aspira a que esta obra, al fin, culmine.

Pie de fotos: 1-Las Escuelas de Arte de Cubanacán son un símbolo de la vida artística del país; 2-La restauración de las Escuelas de Arte fue detenida por limitaciones económicas en 2010.

REPARACIÓN SIN FIN

REPARACIÓN SIN FIN

El teatro Sauto cumplió 151 años de fundado. Daneris Fernández Fonseca, su historiador, comenta acerca de la situación actual de la reparación en el recinto matancero.

Texto y foto:
DANIELLA PÉREZ MUÑOA,
estudiante de primer año de Periodismo,
Facultad de Comunicación,
Universidad de La Habana.

El Teatro Sauto cumplió 151 años de fundado (2014). El coliseo es uno de los más relevantes de Cuba, pero por desdicha este aniversario, al igual que en los tres últimos, su escenario permaneció a oscuras debido a una reparación de hace tres lustros. Monumento Nacional desde 1978, los habitantes de Matanzas lo reconocen como símbolo de la ciudad por la belleza de su arquitectura y el prestigio de los artistas que han actuado en él.

La sala se inauguró en 1863, pues por las necesidades propias de la época era vital construir un nuevo anfiteatro en la ciudad con mayor lujo y capacidad que el Teatro Principal, el cual no tenía las condiciones mínimas para la representación de grandes espectáculos. El edificio ocupaba un área de más de dos mil metros cuadrados. Se distribuía en 406 lunetas, 40 palcos y las gradas, que tenían capacidad para alrededor de 500 espectadores, asegura Daneris Fernández  Fonseca, historiador del teatro  desde hace seis años y  quien también es narrador e investigador histórico.

<<Es difícil seguir el rastro de las reparaciones del siglo XIX, aunque se conoce que fueron mínimas. Ya en 1907 se realizó una, con el propósito de instalar la corriente eléctrica; en 1920 hay otra con el objetivo de restaurar el sistema de lunetas y el pasillo central>>.

Después del triunfo revolucionario se hizo una dirigida a la decoración del lugar, pero no es hasta 1966 cuando se acomete otra de forma general con ayuda del Consejo Nacional de Cultura y de Patrimonio, esta fue fundamental, el lugar estaba a punto de convertirse en ruinas y los elementos de madera y de piedra muy deteriorados. En la reparación, que duró cuatro años, se intervino la escena y la decoración de la bóveda, pero hay que destacar que faltó la investigación histórica previa para respetar los elementos originales de la edificación.

-¿A qué se debe el corto plazo entre una reparación y otra?

<<Se debe principalmente a la no existencia de un cronograma de mantenimiento; a que los arreglos anteriores no solucionaron todos los problemas constructivos y a la inadecuada política de manejo del local>>.

-Desde el 2010 el Sauto permanece cerrado a causa de la última reparación…

<<Esta se proyectó en 1999, pero las primeras labores comenzaron en el 2000, construcción dilatadísima, con etapas sin cumplir, se quiso hacer con el teatro funcionando, lo cual es doblemente difícil y solo se cerró hace cuatro años cuando los trabajos llegaron al escenario.

<<Los arreglos anteriores fueron asumidos por los entes centrales, en cambio este no fue así, empezó con alcances muy limitados en perspectiva; obviando aspectos fundamentales del proceso constructivo, la provincia comenzó el proyecto y después se integró el Ministerio de Cultura.

<<En esta reparación se ha invertido hasta el momento seis millones de pesos en ambas monedasy aún se desconoce cuál será el monto total cuando concluya. Han existido problemas de financiamiento y prioridades, pues hay una serie de nomenclaturas que el teatro tenía que cumplir para que la reparación se llevara a cabo.

<<La mano de obra ha pasado por varios contingentes del sector de la construcción y muchas veces lo que se arregla no queda bien. Es un proceso que permite ver los percances, algunas áreas fueron arregladas cinco años atrás y están en mal estado. La madera puesta recientemente está podrida debido a su mala calidad.

<<La ganancia mayor que tendrá es que cuando termine se dejen creadas las propuestas de manejo con el fin de restaurar la edificación de manera sistemática, por ejemplo: si se puso un elemento necesitamos conocer cada cuánto tiempo hay que darle mantenimiento, aunque después enfrentes la disyuntiva de que no hay dinero para hacerlo.

<<En mi opinión,  cada 15 años se debe reparar el teatro. Cuando termina un proceso como este, quedan cosas pendientes, no siempre se usan los materiales adecuados, las mismas instituciones no programan un esquema para conservar del inmueble>>.

Uno de los principales teatros clásicos del siglo XIX fue el Sauto. Su arquitectura a la italiana, coherencia arquitectónica, monumentalidad, simetría y homogeneidad lo hacen singular.

Para su edificación se utilizaron cantos, ladrillos y maderas traídas del sur de Estados Unidos, parte del decorado vino de Europa y la lámpara principal, con 78 candilejas, de París.

<<El desencanto de los matanceros es palpable, actividades que antes se ofrecían en el Sauto, ahora se presentan en otros municipios de la provincia, porque en la ciudad no existe una sala alternativa que asuma las posibilidades escénicas de este. Reabrirlo es el deseo de los que trabajamos en el centro. Hay empleados que llevan aquí 30, 40 años y viven para el teatro, no para lo que están haciendo ahora, prácticamente son supervisores de obras y vigilantes de los materiales dispuestos para la reconstrucción>>.

-Mentes optimistas afirman que el teatro estará listo para inicios del 2015…

<<Esta es una batalla larga, a la que todavía le falta, pero lo más importante no es la fecha de terminación, sino la calidad de la obra y velar que el Sauto vuelva a ser lo más parecido posible al creado hace 151 años, conjugar  tradición y modernidad>>.

El coliseo se erige en el corazón de la ciudad, lo define su arquitectura lineal y majestuosidad, se distingue desde la bahía, la línea del ferrocarril y el parque cercano; por eso los habitantes sienten nostalgia al presenciar su estado actual.

Lo que antes era un edificio emblemático, ahora es una edificación desolada, su jardín exterior ya no tiene el verdor de los árboles y las esculturas que lo adornan están destruidas. En el interior no se realizan funciones, solo se encuentran materiales de construcción y lo que antes era un techo custodiado por ocho musas de la mitología griega, ahora está vacío como un cuadro en blanco debido al deterioro de los años.

Pie de foto: “El corto plazo entre una reparación y otra se debe a la inadecuada política de manejo del local”, afirma Daneris Fernández Fonseca, historiador del Sauto.