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Entrevistas-Trabajos Docentes

LOS CALLOS DEL PROFESOR

LOS CALLOS DEL PROFESOR

De basurero a sepulturero, militar y docente, la vida de Manuel Fernández Velázquez, incansable trabajador, ha sido una constante reinvención de sí mismo.

Texto y foto:
ALEJANDRO BENÍTEZ GUERRA,
estudiante de primer año de Periodismo,
Facultad de Comunicación,
Universidad de La Habana. 

Algunos le dicen Manuel Fernández Velázquez, pero él se llama Manolito. “Siempre me han dicho Manolito. Todavía hoy me dicen Manolito, con 52 años”. Licenciado en Ciencias Sociales, Máster, Doctor, sus alumnos del Instituto Superior de Diseño (ISDI) no imaginan el camino que tuvo que andar para llegar a ellos, de dónde salieron los callos que lleva en las manos: la vida no lo quiso de bata blanca, él la reconquistó de uniforme verde y luego la sentó en un aula.

Quiso ser profesor, y ¡qué profesor!, pude asistir a una de sus clases de posgrado donde una compañera, que afirmaba tener cuarenta años, lo calificaba de “el mejor de los que he tenido”.

Tras medio siglo de vida, Manolito se mantiene como un niño. “Me llena de vida trabajar con jóvenes, no es que corra maratón y practique atletismo, sino que estoy rodeado de ellos. Sigo siendo un eterno estudiante, me gusta la Universidad por eso”.

Todos los años participa en el Marhabana, del que guarda diecinueve medallas, y después de la maratón corre a donar sangre. “Tengo 125 donaciones de sangre, este mes voy a hacer la 126. Me di cuenta de la importancia de eso cuando operaron a mi segunda esposa del corazón. Hacía falta sangre, porque se me moría, y vino un camión de alumnos y amigos a ayudar”.

Estrictamente cubano, habanero de nacimiento y camagüeyano de corazón, sostiene que “la gente es de donde se siente bien y lo tratan bien” y que “el mejor café del mundo es aquel que te da un campesino, debajo de una mata de plátanos, en una latica”.

Los golpes no lo hicieron cambiar. Como el ave fénix, supo renacer de sus cenizas este cubano, “fanático a las mulatas”, al que no le gustan las fiestas.
<Yo soy de origen humilde, mi papá era médico psiquiatra y mi mamá ama de casa, una persona de bajo nivel cultural, con un sexto grado, común en la población cubana de ese momento.

<Nací en el año sesenta y dos, uno de los primeros de la Revolución, y me crié en Santa María, la playa, por eso siempre me ha gustado el mar. Hoy vivo cerca de él, en el Cristo de La Habana, y estuve muchos años vinculado a la marina.

<Mis enseñanzas primaria y secundaria transcurrieron normalmente, fui un alumno normal. El estudio yo lo veo como una necesidad, un deber del ser humano. Lo convertí, como decía el Che, en un placer. Era el alumno aquel docentemente bueno, pero chivador, por lo que a veces me ponían el cartelito de indisciplinado. Hubo dos grados que no di, segundo y quinto, porque me pasaron al siguiente.

<Terminé el preuniversitario con tremendo acumulado y me decidí por la Medicina, porque era una carrera que veía muy humana. Medicina me cambió el hábito de estudiar, porque ahí tienes que aprender sobre lo que vas a ser, médico, pero no puedes desvincularte de lo humano.

<Mi formación me la dio, en primer lugar, mi familia, mis padres, y en segundo lugar mis maestros, excelentes profesores, pero además influyó mucha gente, mis amigos, convertidos en hermanos. Unos ya no me acompañan, pero queda su huella.

<¿Qué pasó?, la vida te hace emboscadas. Yo tuve amigos brillantes que en plenitud de vida murieron de cáncer, o en un accidente, o en Angola. El destino mío…, mi papá murió, le dio una trombosis que le dejó paralítico del lado izquierdo, y mi mamá, que no trabajaba, asumió esa enfermedad, estaba hasta limpiando pisos.

<Decidí entonces dejar la carrera, dije: “Puede esperar”. Es una de las deudas que tengo para siempre, no haberme hecho médico. Iba para cuarto año, tenía entonces 19. Perdí amistades y hasta a mi novia. Un día me senté, medité y me dije: “Mi vida tiene que coger otro rumbo”.

<En esa vorágine me desempeñé en varios oficios. Uno de ellos fue el de basurero, o sea, que fui trabajador de Comunales recogiendo basura. En aquel tiempo no había jabitas de nylon, era un camión y la gente te tiraba las latas. Yo llegué a tener una maestría recibiendo latas, que ni Pacheco, Padilla, los mejores segunda base de Cuba. El carro pasaba por barrios conocidos, y cuando eso le gritaban al basurero cualquier cosa, no como ahora. En “la basura” me aprendía las calles de La Habana, los lugares, veía a la viejita que la sacaba todos los días a la misma hora, la que me daba café…”.

<También fui sepulturero en el Cementerio de Colón. A cualquiera que le pasa eso, lo tapa en la autobiografía. Yo estoy orgulloso de eso porque allí aprendí; respeto a partir de ahí a la muerte, la higiene. El cementerio me ayudó a meditar, a tener momentos de reflexión. La mejor descripción mía me la dio una frase de Bola de Nieve, el pianista, que dice: “Yo soy un hombre solitario y triste que está siempre alegre”.

<En estos trabajos conocí gente muy valiosa, gente sin una historia, que no van a pasar a la posteridad, pero que son los héroes cotidianos, que me enseñaron la historia que no conocía”.

<El lío no está en la que haces, sino en cómo lo haces, si te entregas con amor. Toda obra humana es cerebro y corazón.

<Muchos amigos, o aparentes amigos, se rieron de mí, me decían cosas por la calle, me dejaron de invitar a lugares. Yo tomaba mi dinero, 75 pesos, y se lo daba a mi mamá.

<Sí, me sentí marginado, los primeros días tenía asco. Hubo momentos en los que decía: “Me voy, no viro más” y, sin embargo, viraba, por necesidad económica y porque pensaba: “Ya estoy aquí, di el paso”. Tuve discusiones con gente que quería robar los cadáveres, las prendas, y nunca entré en eso.

<Cuando me paraba delante de la tumba de Leonor Pérez, me decía: “Caballero, ahí está la madre de Martí”, y a lo mejor uno a quien no le interesa piensa: “Ese tipo está loco”, pero es el respeto.

<Una amiga me hizo una carta y me mandó a ver a un compañero en el Comité Central del Partido, y me pusieron a trabajar en la imprenta del Comité Central. Ahí aprendí a ser impresor, aunque al principio me pusieron a quemar papeles en un crematorio que había en el Zoológico. Fueron trabajos de pocos meses en un período muy intenso.

<Un día citan a los reservistas y me llevan para el Servicio Militar. Nunca pensé en ser militar y no tengo características para eso, aunque después lo fui treinta años y llegué a ser capitán de fragata de la Marina, equivalente a teniente coronel en los grados terrestres.

<Me  hacen una entrevista y me preguntan: ¿Te gusta la Marina?, y vuelve otra vez el mar. Yo respondo: ¡Sí, cómo no, si es el mar, claro!

<Siendo telegrafista estaba intentando escribir una novela, que llega a manos de los contrainteligentes, y me preguntan: “Compadre, ¿por qué tú no estudias en las FAR? Fui a las escuelas de cadetes, y por último a la Academia Naval. Me dicen lo que hay ahí, Ingeniería Electrónica y otras cosas que no me gustaron. Saliendo me da botella un oficial con quien converso y me toma los datos. Un día estaba corriendo en la unidad y me laman para decirme que tengo que presentarme el día 11 de agosto en la Academia Naval para estudiar Licenciatura en Ciencias Sociales.

<Cuando voy al almacén a buscar mi única mochila, me la habían robado. Cuando eso, te repito, no había jabitas de nylon. Me ven envolviendo mis pocas pertenencias en un cartucho, y el almacenero, que era amigo mío, me da un maletín. Yo le dije: “Un día te lo voy a devolver”, y así lo hice.

<Las Fuerzas Armadas me enseñaron a ser responsable, puntual, detallista, y a tener paciencia, fundamentalmente en las guaguas. La Academia Naval me disciplinó, me enseñó otra forma de ver la vida. El régimen militar me llevó a unirme más a mis compañeros, organizar el tiempo, ser ordenado; eso no quiere decir que no me fugaba, perdía clases, “metía números”. Un día me cogieron un pelícano en una taquilla, sí, vivo, yo lo criaba allí.

<Entré en la Academia con 21 años, ya para 22. Me gradué Medalla de Oro, me dieron a escoger para dónde quería ir, y ahí fue otro conflicto, una deuda que no he podido cumplir, y se me está acabando el tiempo: yo siempre he querido ser internacionalista. Fue en 1987, y me dijeron que a los cinco mejores expedientes los iban a dejar en Cuba, así que si quería ir para Angola había que sacar a uno de mi grupo, y dije que no.

<Pasé por varias unidades, pero quise ser profesor. En el 94 volví a la Academia Naval para ser profesor de Historia. El primer día en el aula fue mágico. Me hice Máster el 20 de marzo de 1995, y Doctor en el 2004, siendo ya Profesor Auxiliar, y docente durante diez años.

<El licenciamiento me llegó en junio del 2014, y buscando otro lugar donde trabajar, un amigo me recomienda venir al ISDI. Allí me preguntan si puedo dar Filosofía, y me emplantillan.

<A mí me gusta mucho cuando por la calle me llaman: “¡Profesor, ese fue mi profesor! A ti te puede dar cinco puntos el mejor controlador del mundo, pero el alumno es el que te da la verdadera evaluación.

<Cuando un alumno te dice: “Profe, gracias, usted me ayudó”, eso me lega, me llena más que cualquier cosa. Entonces, cuando salgo del aula, sé que tengo que regresar ahí mañana. Esa es mi felicidad. 

<Detrás de mis logros, aparte de mi esfuerzo personal, hay un mundo de gente, anónimos muchos, a quienes estoy eternamente agradecido>.

-¿Qué importancia tuvo su madre a lo largo de su vida?

Mi mamá era una persona muy fuerte, muy fuerte de carácter. Siempre me ayudó, me apoyó. Cuando el Servicio, fue a la previa, a Quiebrahacha, por sus medio, y me llevó hasta un melón.

Cuando murió mi papá, los compañeros del cementerio me hicieron el entierro. Los basureros fueron allí, con sus mejores ropas, pidieron ropa prestada o fueron con overol. Le pusieron corazón a eso. Entonces, mi mamá siguió con nosotros, con mi hermana y conmigo. Tuvo otras relaciones de pareja, pero no se volvió a casar. Me queda por dentro que a lo mejor no fui tan buen hijo como pude haberlo sido. Mi mamá siempre estuvo ahí. El día en que murió ha sido el más triste de mi vida.

-A quien lea esta entrevista, ¿qué le gustaría que quedara en su memoria?

Mira, no que me recuerde a mí, sino que he pasado por la vida siendo consecuente con lo que he hecho.

Me siento una persona “cotidiana”. Ahora tú sales conmigo por allá, a caminar, y te pasa gente por lado que tiene una historia mil veces más profunda y compleja que esta que te he contado.  

Pie de foto: Durante la clase, el profesor Manuel es incansable.

EL RETO DE VERACRUZ

EL RETO DE VERACRUZ

Juegos Centroamericanos y del Caribe: primer escalón para Cuba medir lo mejor de su deporte.

LAURA ALONSO HERNÁNDEZ,
estudiante de primer año de Periodismo,
Facultad de Comunicación,
Universidad de La Habana.

Lunes, 17 de noviembre, Cuba contra México, sexto inning, marcador 10 a 1, nuestro equipo va por delante y veo a un muchacho correr agitado con un papel en la mano, la información acaba de llegar y el comentario deportivo de las 8:00 pm está en el aire desde hace una hora. Me encontraba en la emisora capitalina COCO en medio de los vigésimo segundos Juegos Centroamericanos y del Caribe, Veracruz 2014.

La emoción se veía en todo momento: el retorno de Cuba a este evento tras no haber participado en la edición pasada, Mayagüez 2010, en Puerto Rico, porque no se pudo garantizar la seguridad de la delegación cubana, significa el retorno a la lucha por mantener el primer lugar en el medallero histórico de estos Juegos, esta vez en la tierra de nuestro eterno rival y segundo en la lista de preseas a lo largo de los juegos: México.

-Por aquí.

Una voz me habló desde el final del pasillo. Enseguida distinguí ese tono inconfundible que escuchamos en cada juego de los Industriales en las Series Nacionales. Ángel Andrés Hernández Vargas o, como a él le gusta que lo llamen, Andy Vargas, me espera paciente comprobando los últimos resultados de los juegos del día. Las presentaciones fueron rápidas, a las 10 tenía que entrar a la cabina y ya eran las 9.

-¿Considera a los Juegos Centroamericanos y del Caribe como escenario idóneo para mostrar lo mejor del deporte cubano?

El área centroamericana es el escenario para dar una valoración o una oportunidad de descubrir talentos como los jóvenes que ahora conforman nuestra delegación. Son un primer escalón para responder interrogantes como: ¿en qué momento se encuentra el deporte cubano?, ¿en qué estado?

Aquí nos creamos un aval para eventos posteriores como los Panamericanos, los próximos son en Toronto, el 2015 que ya incluyen potencias del deporte como Estados Unidos, Canadá, Argentina, Brasil. Con esto no quiero decir que la cita marque un nivel mínimo, como algunos la quieren demeritar, solamente reitero que es el primer escalón para evaluar la selección cubana en cuanto a eventos internacionales deportivos se refiere.

-Pero, estos jóvenes de los que hablaba, ¿no se pueden considerar un freno para que Cuba logre el primer lugar en el medallero?

Es verdad que estos muchachos en su mayoría participan por vez primera en unos Centroamericanos y también es posible que sea su primer evento de envergadura internacional; sin embargo, lo están haciendo muy bien y es el momento para demostrar su valía.

Claro que queremos alcanzar el primer lugar en el medallero, pero estos son atletas que llevan años preparándose para su debut aquí, es la manera de evaluarlos y puede ser la catapulta a compromisos de mayor exigencia como los Panamericanos y los Juegos Olímpicos.

Un ejemplo, en la natación han brillado deportistas jóvenes como Armando Barrera Aira que nos dio un inesperado bronce en los 100 metros espalda; en el voleibol, Melissa Vargas, una muchachita que recién cumplió sus quince años y prácticamente fue la que llevó al equipo a ganar el bronce centroamericano.

-¿Qué cambios ha sufrido el deporte cubano en ocho años de ausencia de los Juegos?

Por diversas causas se puede considerar que ha tenido un estancamiento. Primero, lo que en deporte se llaman los topes, nuestros deportistas necesitan competir más seguido con sus similares de otros países, es la única manera de ver cómo nos encontramos respecto al mundo.

Segundo, la situación de los estadios donde entrenan tampoco es la mejor, el equipo de ciclismo en un velódromo de cemento, frente al mar con el aire en contra; natación, en piscinas de agua salada y más pequeñas en comparación con las que enfrentan en eventos como este. Las decepciones afectan el rendimiento y todavía nos falta cuidar más a nuestros atletas.

-Parte del disfrute de un deporte depende de la calidad de los comentarios del narrador, ¿qué considera acerca de los mismos en estos Centros?

Los problemas económicos no afectan solamente a los deportistas, también a nosotros. Una posición de comentarista para un juego en cualquier parte del mundo es carísima, como no se puede costear, la mayor parte del trabajo de los narradores cubanos se hace en un centro de prensa frente a un televisor con la pantalla más chica que el de una casa. La única posición de comentarista que hemos tenido en estos juegos es en el beisbol, pero ha sido en las gradas y tuvieron que narrar por teléfono. Cuando no estás en la instalación, cuando no tienes la oportunidad de conversar con los deportistas antes de la competencia, llegas a la cabina desinformado.

También sucede que a nivel internacional, los comentaristas deportivos se especializan en uno o dos deportes, sin embargo, aquí tenemos diez o doce; vas de las pesas a la natación, después a la gimnasia artística o al voleibol, hay veces en que uno tiene que volverse mago. Por esta ausencia de especialización muchas veces no se sigue la historia de los atletas, con tantos deportes no hay quien le siga el rastro a todos y por eso podemos cometer errores, subestimar o sobrevalorar al deportista y esto le agrega presión.

Un muchacho se le acerca –Andy, ya tienes que ir a cabina.

-Está bien -me mira-, creo que es todo por hoy, el deber llama.

La despedida con el “León del micrófono” fue corta. Acaban de anunciar la victoria del equipo Cuba en la pelota contra México, 10 a 1. ¿También tendremos la misma victoria en el medallero junto a nuestro histórico rival?

Pie de foto: “Los problemas económicos no afectan solamente a los deportistas, también a nosotros”, manifiesta el comentarista cubano Andy Vargas.

UN GRAN AMOR A VIETNAM

UN GRAN AMOR A VIETNAM

La experiencia de Luisa Pérez Ramos, una traductora rusa-cubana que trabajó en Vietnam desde el año 2008 hasta 2014 en la aplicación del producto cubano BioRat contra los ratones.

Texto y foto:
HUY TRINH QUANG,
estudiante de primer año del Periodismo,
Facultad de Comunicación,
Universidad de La Habana.

Es una mujer amigable, tiene gran amor por Vietnam, traductora de ruso en la empresa Labiofam, trabajó un largo tiempo en el país asiático junto a sus compañeros cubanos. Con la pasión y el entusiasmo, Luisa Pérez Ramos ha contribuido con su esfuerzo a crear  el producto natural de BioRat -contra los ratones- y aplicarlo en mi país.

Luisa nació en el 1964, en una ciudad de Rusia, en 1983 viajó a Cuba para estudiar Química. Después de terminar su carrera se casó con un cubano y ahora ellos viven y trabajan en la Isla. Su esposo es el director de la empresa Labiofam.

Cuba y Vietnam tienen una relación íntima y profunda desde hace mucho tiempo, mutuamente se ayudaron en sus revoluciones, desarrollos económicos y en el ámbito de la  salud. Luisa y su equipo de trabajo viajaron a Vietnam, esto incrementó la amistad entre los dos países hermanos.

-¿Estuvo mucho tiempo en Vietnam? ¿Cómo llegó al país asiático?

Nosotros estuvimos tres años en Vietnam porque tenemos una planta productoras de productos naturales de BioRat -la cual pertenece a la empresa Labiofam- contra los ratones en la Cuidad Can Tho, donde está la fábrica que fabrica este producto desde hace doce años.

Fuimos a trabajar en nuestra empresa allá, abrimos una oficina en Ho Chi Minh para poder comercializar el producto y abrir mercados en Asia. Como Vietnam tiene muchos campos de arroz, los ratones son una plaga a exterminar, situación que puede resolverse con nuestro producto BioRat.

Viajé con un equipo de trabajo compuesto por especialistas comerciales y de producción. Trabajamos con vietnamitas de forma directa, nuestras secretarias eran vietnamitas, así como otros trabajadores y algunos expertos. En total sumábamos entre cubanos y asiáticos aproximadamente 110 trabajadores.

-¿Qué experiencia laboral le dejó Vietnam?

Aprendí mucho, consolidé aún más mis conocimientos. En ocasiones vi aplicar las mismas teorías que aprendí en la carrera, pero de otra forma, la experiencia fue grandiosa. El intercambio me permitió abrir mis intereses por otras áreas, fue muy importante trabajar en diferentes circunstancias, la situación era otra y, por supuesto, teníamos que responder ante los problemas. Agradezco a la vida la oportunidad de trabajar en Vietnam y compartir el trabajo con esos colegas que nutrieron mis saberes.

-¿Cada cuánto tiempo volvía a Cuba?

Extrañamos mucho a nuestras familias, solo podíamos venir una vez al año a verlas. Lo bueno es que teníamos comunicación por e-mail, por correo o por teléfono. Por lo menos así estábamos en contacto. La distancia fue algo que al inicio me incomodó, sentía momentos de nostalgias pero con el tiempo superé eso.

-¿Cómo asimiló su familia su estancia en Vietnam?

Mi familia estuvo de acuerdo con que fuera a trabajar allá. Todos estaban contentos porque veían a Vietnam como un país amigo. Sabían que a pesar de la lejanía, el idioma y la cultura todo saldría bien porque la amistad entre las dos naciones era muy fuerte. Confiaron en que Vietnam cuidaría de nosotros y así fue. Lo que al principio temían era a la comunicación, pero se dio.

Claro que me extrañaron, al igual que yo a ellos, especialmente en los días festivos como la navidad y los cumpleaños, pero comprendieron que era muy importante para mi futuro profesional. A mi regreso me hicieron muchas preguntas sobre Vietnam y cuando les conté quedaron sorprendidos.

-¿Aprendió a hablar el idioma vietnamita?

No pude aprender a hablar vietnamita porque es un idioma muy difícil, con una fonética muy complicada para los cubanos; conocimos algunas palabras y más o menos nos entendíamos con los vietnamitas. Claro, nos apoyábamos en señas, gestos y algunas frases en inglés que nos entendían. Lo bueno es que algunas de nuestras asistentes vietnamitas aprendieron a hablar español con nosotros y nos servían de traductoras.

-¿Cómo fue su vida en el país asiático?

La vida en Vietnam fue muy buena. Nosotros residíamos en Ciudad Ho Chi Minh en el reparto residencial Phu My Hung, un edificio moderno con todas las comodidades y condiciones, pero sobre todo muy tranquilo y viajábamos en las mañanas hasta Can Tho donde estaba nuestra planta industrial. Allí pasábamos gran parte del día, en ocasiones íbamos a visitar otras instalaciones, a la tarde regresábamos y compartíamos historias entre cubanos, así nos sentíamos más cerca de Cuba.

Algunas noches paseábamos por la ciudad y visitábamos cafeterías y cines, pero regresábamos temprano. Me sentí protegida, nunca hubo momentos de peligro. Los vietnamitas son muy tranquilos y aprecian mucho a los cubanos.

-¿Existe diferencia entre la forma de trabajo en Vietnam y Cuba?

No, la diferencia radica en que los vietnamitas son muy consagrados y sacrificados al trabajo. El trabajo era muy importante para ellos, era la única forma de salir adelante, eso lo tenían muy presente. La mujer vietnamita es muy trabajadora y laboriosa al mismo nivel que el hombre, trabajaban con el hombre en los campos de arroz para ayudar a la familia.

Hacían cualquier labor, eso representa la fuerza espiritual de cada vietnamita para desarrollar su país. Mis mayores dificultades fueron en otra arista. Éramos nuevos allá, no conocíamos la cultura, las tradiciones y eso nos golpeó un poco, pero de todo se sale y lo hicimos.

-¿Usted viajó al norte Vietnam, como Hanoi, capital del país? 

Hanoi es muy bello. Allí estuve en una feria donde expusimos nuestros productos. Pero casi no pude ver nada porque no había tiempo, quería ir al museo de Ho Chi Minh, pero estaba muy apretada con el horario y no pude ir. La vida allí era muy agitada, las calles estaban llenas de motos y bicicletas, transportaban mucho peso en una misma moto, aquello era increíble.

Las casas eran estrechas y altas, eso fue lo que pude ver mientras iba en el carro. Pasé cerca del lago Hoan Kiem, quise ver la tortuga que vive allí, pero era imposible, no tenía tiempo. Esa historia es muy importante en la tradición vietnamita. Quisiera volver y poder ver la parte histórica, todo aquello que no pude ver cuando estuve la última vez.

-¿Cómo definiría las relaciones entre Cuba y Vietnam?

Las relaciones entre ambos países están muy consolidadas, siempre ha reinado la cooperación tanto de uno como del otro. El respeto también reina en las relaciones diplomáticas, los cubanos agradecen la ayuda del pueblo vietnamita, cada día surgen más oportunidades para estrechar los lazos, muchos vietnamitas han estudiado aquí y se sienten agradecidos con Cuba, eso evidencia los excelentes vínculos. A los niños cubanos desde pequeños se les inculca el sentimiento de amor por la tierra asiática, así que gran parte de los cubanos siente admiración y orgullo por Vietnam.

-¿Qué siente sobre Vietnam y los vietnamitas?

De Vietnam nos llevamos la mejor impresión, es un país bello, su pueblo es muy trabajador, muy consagrado, muy humilde, quienes trabajaban con nosotros eran muy buenas personas y muy cumplidores, tenemos una excelente opinión sobre ellos. Conocimos muchas personas hospitalarias, siempre nos brindaron su apoyo en cualquier momento a pesar de las necesidades.

Creo que lo más importante es que conocimos un pueblo que trabajó para levantarse de una guerra que destruyó por completo el país. Tuvieron mucho empeño en la recuperación, nunca perdieron las esperanzas, eso los llevó al triunfo. El pueblo vietnamita es un ejemplo para la humanidad, siento admiración hacia ellos.

-¿Cómo enfrentó la diferencia cultural?

Al principio fue difícil, muchas cosas eran totalmente desiguales, pero lo fuimos asimilando. Lo principal era la comprensión y el respeto, más allá de cualquier diferencia sabía que la mejor forma para lograr el entendimiento cultural era la aceptación. Las diferencias son significativas, muy marcadas entre una cultura y otra, pero debía atender al principio de que todos eran seres humanos y eso era igual en todos, creo que así pude enfrentar las diferencias culturales.

-¿Qué es lo que más y menos le gustó de Vietnam?

Yo había leído sobre Vietnam, conocía sobre la guerra, sobre los sacrificios que tuvo que hacer su pueblo. Aprendimos mucho también en el museo Cu Chi, lo cual nos incitó a seguir conociendo sobre la cultura, las tradiciones y la historia de ese hermoso país. En lo personal, admiro al pueblo vietnamita porque tras la guerra, con mucho sudor y esfuerzo, lograron sacar adelante al país, consiguieron desarrollarlo.

El gobierno se preocupa por el bienestar de su pueblo y por su salud. Luego de abrir las puertas a la inversión extrajera, su economía ha crecido mucho. Me encantó Vietnam, sus tradiciones, la fiesta del año lunar era preciosa, su comida, sobre todo las sopas, su cultura, su arquitectura…, todo.

Es un país precioso y su gente muy hospitalaria. Me encantaron sus paisajes, especialmente Ha Long, adoré la ciudad de Hué, su historia y su arquitectura son maravillosas. Los templos son luminosos y acogedores, extraño mucho esa tierra, regresé hace solo un año y ya tengo ganas de volver otra vez. Entablé muchas amistades y tengo muy buenos amigos que se quedaron allá, con quienes mantengo contacto tanto personales como de trabajo.

Vietnam dejó indiscutiblemente una huella en mi corazón, lo extraño mucho. Mi estancia allá, de cierta forma, cambió mi forma de pensar. Me encantó irme de nuevo porque me gustó trabajar allá. Si tuviera que escoger algún país para ir a trabajar yo elijo a Vietnam.

No me gustó de Vietnam el excesivo tráfico. Se hacía imposible hasta caminar por las calles, para cruzar había que tener mucho cuidado y demorabas mucho en hacerlo porque los conductores no respetan las señales. Eso era increíble, eran miles de motos y bicicletas por toda la calle. Eso no me gustaba porque en Cuba el respeto en la vía es de suma importancia para evitar accidentes.

-¿Hay probabilidades de que viaje a Vietnam otra vez?

Puede que vuelva a viajar por el trabajo, a lo mejor tengo la oportunidad otra vez, pero eso yo no lo sé. Lo que sí es seguro es que si me dan otra oportunidad yo voy con mucho gusto. Sería una gran alegría para mí. Me encontraría con los amigos y seguiría descubriendo las maravillas de ese país. Creo que aprovecharía aún más para conocer su historia y su cultura. Estuve en Rusia, pero como Vietnam no hay nada.

Pie de foto: “Vietnam dejó indiscutiblemente una huella en mi corazón, cambió mi forma de pensar”, confiesa Luisa Pérez Ramos.

‘’YO MUERO MAESTRA’’

‘’YO MUERO MAESTRA’’

Para Flora Belkis Lescaille Torres el principal valor que debe tener un maestro es amor por la profesión. Cuenta que aunque no era su sueño, se enamoró de la carreracuando tenía solo 16 años.

Texto y foto: 
RACHEL MORALES HERNÁNDEZ,
estudiante de primer año de Periodismo,
Facultad de Comunicación,
Universidad de La Habana.

Cuando llamé para que me concediera la entrevista, no puso ningún pero, al momento me citó para el otro día, con la única condición que fuera después de las 8 de la noche, porque luego del trabajo tenía que cumplir con las labores domésticas. Llegué puntual y ella ya me estaba esperando ansiosa para contar su historia de vida, se pudiera decir que más bien es una clase de historia.

Oriunda de Guantánamo y nacida en el año 1942, emigró a San Miguel del Padrón, La Habana, con sus padres y 10 hermanos en el año 1956, porque su hermano mayor estaba vinculado al Movimiento 26 de Julio.

“Pertenecía a un directorio estudiantil del preuniversitario -13 de Marzo creo que se llamaba- y bueno, estaba implicado en actividades que se le habían ordenado de la lucha insurreccional, por lo que estuvo amenazado de muerte… Quedaban dos remedios: irse para la Sierra Maestra o emigrar para acá”.

De familia muy pobre, pasó muchas vicisitudes al llegar a la capital, su padre trabajaba picando piedra en la construcción por solo 50 centavos diarios.

“Íbamos caminando hasta La Virgen del Camino, casi 3 kilçometros, y allí seguíamos estudiando, porque mis padres, a pesar de ser muy pobres, decían que todos los hijos tenían que hacerlo”.

Cursó en la secundaria básica -antes escuela intermedia- clases de inglés, teoría, solfeo y cantaba en un coro, pero por sus actividades políticas fue suspendida un año. Cuenta que por aquel entonces no tenían dinero para enviarla al Instituto de Segunda Enseñanza de La Habana, hoy preuniversitario José Martí.

“Decidimos que yo podía seguir viniendo a pie hasta La Virgen del Camino y coger una guagüita que por un medio me llevaba hasta Guanabacoa, entonces hice el instituto.

“Ahí, al triunfar la Revolución, me incorporé a las milicias estudiantiles y, bueno, seguí mi vida muy activa. Era todo el fragor del principio de la Revolución, muchas actividades, la juventud cubana estaba que todas las tareas eran nuestras. Abrazábamos con mucho fervor cualquier tarea que se nos diera, y entonces Fidel llamó a los jóvenes de Segunda Enseñanza para que se incorporaran a la docencia, porque no había maestros, la mayoría se había ido del país. Yo tenía 16 años˝.

Luego de un curso de tres meses, en Minas del Frío, inició su carrera de magisterio.    

“¿Por qué en la Sierra Maestra”, porque había que prepararse para las tareas  difíciles de impartir la educación en las montañas… Subimos varias veces el Pico Turquino, recibimos adiestramiento e inmediatamente nos dieron un certificado que nos capacitaba para ejercer la enseñanza primaria en los centros más apartados del país.

“Salí entre los mejores expedientes y me correspondió  pasar un curso de instructora de la Revolución, pero yo quería dar clases, lo que soñaba era ser maestra y se lo comuniqué a la directora, me liberó, pero todas las aulas ya habían sido ocupadas en las montañas. Como el compromiso también era en las zonas inaccesibles, me ubicaron en la Ciénaga de Zapata, a las orillas del río Hanábana  donde estuvo Martí cuando niño. En una zona ganadera y arrocera fue mi debut como maestra primaria.

“Allí no había escuela, no había mobiliario, no es como el maestro hoy día, que llega a un centro y todo está hecho, las escuelas teníamos que construirlas. Tú llegabas y te decían: allí vas a trabajar –nada más- e improvisabas cuál iba a ser tu escuelita. Los muebles de mis primeros alumnos fueron hechos con tablas de palma.

“Los jóvenes en ese entonces no sentían miedo -entre comillas- porque el deber y el compromiso eran superiores. Nosotros no estábamos formados con miedo, y más en el momento histórico que vivíamos. En el período que empezábamos a trabajar un compañero mío, Conrado Benítez García, que estuvo en la Sierra Maestra con nosotros, fue asesinado y allí es donde surge la historia de la Campaña de Alfabetización”.

Más tarde esta mujer escribiría un libro titulado: Conrado Benítez, tras la huella del maestro voluntario: “Yo estaba incluida en eso, pero con una diferencia, era mayor que los muchachitos que iban a alfabetizar. En la campaña nosotros asumimos una tarea: asesorarlos. Como maestros poseíamos experiencia y conocíamos al campesinado con quien debían vivir. Trabajábamos juntos y fue así como nos ganamos su simpatía. Teníamos que asesorar, enseñar y cuidarlos, sobre todo cuidarlos”.

Flora Belkis Lescaille Torres fue asesora técnica de la histórica campaña que eliminó el  analfabetismo en Cuba, tenía bajo su responsabilidad a 24 brigadistas. Vivió por cinco años en territorio cenagoso, rodeada por mosquitos y ranas que no le permitían dormir bien, en la habitación de un batey

“El maestro era la figura más importante del campo, lo mismo casábamos al campesino, que lo inscribíamos, hasta nos enseñaron a inyectar para vacunarlos; éramos lo mismo jueces que trabajadores de la educación”.

Allí le sorprendió el ataque a Playa Girón, entre risas y conversaciones, porque aún no les había llegado la noticia de los bombardeos en La Habana.

-¡Maestra, maestra!, están atacando por en vuelta de su escuela.

-¿Cómo que atacando?

-Sí, usted no siente los morterazos, ¿qué va a hacer?

“Ahí vino el miedo, porque decían que si venían los mercenarios nos iban a matar”.

-Julián, cuando me vengan a buscar yo tengo que estar allí con los brigadistas y con todos.

“Entonces por la madrugada se puso una carreta con un tractor y me fui para mi escuela. Allí estaban los milicianos preparándose para incorporarse a la defensa. Yo les dije que me iba con ellos y no me dejaron, que prefería irme a que viniesen y me matasen aquí, pero se fueron. Quedé asustada y llorando.

“Me ordenaron que buscara a la familia de un tal Martín que iba a combatir, la familia vivía lejísimos de donde yo estaba. Fui con un viejito, muy mayor, que era miliciano, por primera vez manejamos una máquina, un Chevrolet negro, en el camino se veía el humo y se sentían las bombas. Cuando regresábamos con la familia venían los carros del INRA (Instituto Nacional de la Reforma Agraria), a recoger a los brigadistas y nos llevaron con ellos. Yo fui acuartelada en Matanzas hasta que terminó el peligro de la invasión.

“Para mí eso fue uno de los momentos más impresionantes de mi vida. Sentí temor, experimenté la emoción de estar en medio de un combate, que tu vida peligra y que a pesar de todo tienes que cumplir con un deber, eso me conmocionó enormemente”.

Mostrándome fotografías de sus experiencias, comenta que no solo trabajó en la Ciénaga, en otro llamado se creó un nuevo contingente donde la ubicaron en el II Frente Oriental, en un lugar que le llamaban Pozo Azul, en Sagua de Tánamo.

“Estaba en una ladera entre Sagua, Mayarí y Moa, tenía que cruzar 24 pasos de ríos donde el agua me llegaba por el pecho, atravesábamos a caballo y con cuidado. Nos volvimos diestros en conocer la vida en el monte”.

Cuenta que una vez tratando de cruzar una crecida de río casi se ahoga, tuvo que soltar una mochila donde tenía documentos importantes y fotos, por lo que perdió muchos recuerdos.

“Por la mañana impartíamos clases a los niños más pequeños, de 1ro. a 3er. grados y por la tarde de 4to. a 6to. grados porque esos eran los muchachos que debían trabajar con sus padres. A los adultos le dábamos educación obrero-campesina por las noches, tarea que se llamaba seguimiento, porque a pesar de que aprendían a leer cuidábamos de que no volvieran a convertirse en analfabetos, así comenzó la batalla por el 6to. grado y después por el 9no.

“Muchos de los campesinos a los que les di clases luego nos sustituían y fueron maestros, compañeros míos, otros se convirtieron en ingenieros, viajaron.

“Lo más difícil fue adaptarme a las condiciones: la lluvia, el fango, el traslado. Otra parte -aunque siempre fui muy estimulada por mis padres- fue la lejanía. Estábamos locos porque llegara la semana de permiso para ver a la familia, después de un tiempo de trabajo.

“Como jóvenes nos divertíamos igual cuando veníamos a La Habana. Nos reuníamos, íbamos por la Rampa, a clubes, los cabarets, bailábamos. Allá en las montañas también preparábamos actividades”.

En ese lugar estuvo tres años -en total fueron ocho años cumpliendo con el deber lejos del hogar- donde se sacrificó muchísimo por el bien de otros. Esas experiencias influyeron en su vocación.

“Anteriormente yo ni siquiera pensé que iba a ser maestra, me incorporé al llamado porque en aquellos momentos la juventud estaba ávida de cualquier cosa que se lanzaba, yo no quería ser maestra, yo quería ser médico o cualquier otra profesión, pero mis padres nos dijeron a mí y a mis hermanas que no podíamos hacer una carrera larga porque él era pobre y la Medicina ya la estaba estudiando mi hermano. A veces tenían que empeñar sus prendas o hipotecar la casa para pagar los libros y la matrícula.

“Nosotros debíamos estudiar algo más suave, así que me embullé y me dije: Voy a ser maestra para independizarme económicamente y ayudar a mis hermanos, eso fue lo que me motivó. Claro, después me enamoré de mi carrera y tan enamorada estoy que ya llevo más de 50 años, desde 1960, y no he hecho otra cosa que dar clases.

“He trabajado todas las enseñanzas, empecé en primaria, donde fui maestra multígrada, es decir, que he dado todos los grados, después trabajé como profesora de Historia en secundaria básica, alrededor de diez años. Fui  metodóloga de círculo infantil, directora de una escuela primaria y trabajé en la subdirección de un internado en Playa. También impartí Marxismo  en la escuela de Economía de Marianao y en el preuniversitario dando clases de Cultura Política. Además, fui profesora en la Universidad de Ciencias Médicas «Girón» y en la Facultad Obrero-Campesina.

“Primaria fue una etapa hermosa, en estos momentos prefiero Cultura Política, porque el muchacho crea cuando le mandamos a hacer una investigación, aprendemos con ustedes. Ahora te veo a ti haciendo esta entrevista y me digo que ahí habrá algún granito de arena que yo puse.

“Las personas comentan: ‘¿Estudiar magisterio?’, sin embargo, a mí me emociona que encuentro en cualquiera de las ramas del país alguien que me sonríe y me dice: “Usted fue mi profesora”. Eso me llena de orgullo, me hace sentir feliz. ¿Tú quieres cosa más emocionante?

“Me gusta que vengan aquí y me pidan cualquier investigación, que quieran que los ayude. Yo dejo todo lo que tenga que hacer por atender eso.

“Me jubilé y después de jubilada se convocó para que siguieran los maestros y estoy reincorporada. La semana que viene cumplo 72 años, mira cuánto tiempo desde la edad de jubilación y yo sigo sumada a la docencia.

“Educar es una obra de infinito amor”, así dicen. Lo primero que debe tener un educador es amor por la profesión. Hay que amar y tener deseos de enseñar, de dedicar lo mejor de tu vida a transmitir conocimiento. Donde quiera que se vaya hay que predicar con el ejemplo, ante la vida, ante tus hijos, ante tu comunidad... Ese es mi lema.

“Vuelvo a ser maestra. A mí me gusta enseñar y nunca voy a arrepentirme del camino que escogí. Yo muero maestra”.

Pie de foto: Flora Belkis Lescaille Torres lleva 54 años de labor ininterrumpida cultivando conocimientos por todos los niveles de enseñanza.

 

JAIMANITAS: PUEBLO DE MOSAICOS

JAIMANITAS: PUEBLO DE MOSAICOS

El artista José Fuster comenta acerca de su proyecto LA ALEGRIA DE VIVIR, desarrollado hace 20 años en la comunidad habanera.

ARLET CASTILLO GONZÁLEZ,
estudiante de primer año de Periodismo,
Facultad de Comunicación,
Universidad de La Habana.

Jaimanitas, pueblo asentado al oeste de La Habana, abre las puertas hacia el reino de los colores. Quien se asome al barrio costero será  testigo de un lugar vestido de  grandiosos mosaicos y esculturas defensoras de las raíces cubanas. Las palmeras, el guajiro, el caballo, constituyen los principales símbolos impresos en cada portón de las casas vecinas, acicalando muros, bancos, tanques y hasta la parada de ómnibus. Este universo de las artes es resultado del proyecto comunitario LA ALEGRIA DE VIVIR, concebido hace 20 años por el pintor y ceramista cubano José Fuster. El artista villaclareño, que parece no establecer límites cuando de crear se trata, ha residido desde 1975 en el vecindario habanero, donde comenzó a hacer realidad sus más insospechadas ideas.

-¿Qué lo impulsó a cambiar, a través del arte, la fisonomía de  Jaimanitas?

Todo lo que yo he logrado es consecuencia del trabajo cotidiano, un buen día se me ocurrió que en lugar de pintar en una tela podría hacerlo en las paredes de las casas de mi comunidad, ese es el principio de la idea. Estuve influido también por un viaje que realicé a Rumania, donde conocí al artista de la plástica Bran Crucis, quien había creado un proyecto semejante en un pueblo de esa región.

Para ejecutar una obra de tal envergadura, Fuster alega necesitar mucha ayuda de su equipo profesional de trabajo, el cual ha formado a lo largo de todos estos años: “Cuando empezaron no tenían ni la menor idea de lo que era el arte y ya son maestros, además, cuento con mis amigos y vecinos. Nunca he pedido ayuda del estado, todo es financiado con los ingresos que recibo de la venta de mis pinturas.

“Quizás la idea  más ambiciosa que presenta el proyecto es pretender que Jaimanitas posea el mayor mural del mundo, en la calle 226 y 3era. del barrio destiné un espacio para crearlo. La iniciativa nació durante los días de la Octava Bienal Internacional de Artes Plásticas y  consiste en invitar a  los artistas  de Cuba y el mundo para que graben su obra y firma en este sitio. Fabelo, Kcho, Zaida del Río, Flora Fong y los Premios Nacionales Alfredo Sosabravo y Adigio Benítez han dejado su huella, al igual que otras personalidades de Chile, Corea, Canadá, Japón y otros países. Actualmente el mural  posee unos sesenta metros de longitud y esperamos que continúe enriqueciéndose.”

En la comunidad se erige una enorme escultura de 7,6 metros de altura que Fuster tituló Olimpo de los Cinco, en homenaje a estos compatriotas cubanos: “La idea surgió a partir de mis propias convicciones por la injusticia que se ha cometido a lo largo de estos años. A través del arte reflejé mi gratitud hacia ellos. He tenido la oportunidad de conocer a René y a Fernando y son personas extraordinarias. Como Picasso, que tuvo una razón para hacer Guernica, yo tengo una razón para hacer para hacer el Olimpo de los Cinco”.

“Considero que los vecinos de la localidad se han beneficiado mucho con este proyecto, principalmente desde el punto de vista cultural”, asevera el artista, quien ha sido responsable de crear La Casa de María Bonita, en conmemoración a Agustín Lara y María Félix y un centro dedicado a recordar al poeta y revolucionario español Miguel Hernández, además de un Parque para evocar a Antoni Gaudí, otro denominado Unicornio, que constituye un pequeño homenaje al trovador Silvio Rodríguez y un tercero dedicado a los apasionados del ajedrez, este cuenta con un tablero de cerámica del juego ciencia y un letrero que versa: En el ajedrez solo hay una jugada: la mejor. Por si no bastara,  también fundó una galería de arte infantil donde “los más pequeños, no solamente de la comunidad, sino de cualquier sitio de la ciudad, del país y hasta del mundo, pueden aprender mientras crean y exponen sus obras”.

Más allá de ser Fuster una persona de gran reconocimiento internacional, nunca ha deseado construir un complejo escultórico semejante al de su pueblo en otra región. “Ya me lo han encargado y no lo he hecho. Pretendo tener todo mi trabajo concentrado aquí. Me han propuesto pagarme muchísimo dinero para que lo hiciera en Garnier, una estación del metro en Francia y dije que no, que tenía que ser solo en Jaimanitas. En otra ocasión recibí a un alto funcionario de la ciudad norteamericana de Dallas, Texas, y me propuso hacer algo allá, me negué, sin embargo, le sugerí que enviara un grupo de artistas para incorporarlos a nuestro mural.”

Este proyecto comunitario ha sido muy divulgado, no solo en Cuba sino también por algunas cadenas de televisión extranjera. “Me han hecho varias entrevistas por ABC, BBC, CNN, Telesur, Al Jazira y el Centro de Estudios Cubanos de Nueva York”, dice. El artista ha sido galardonado en múltiples ocasiones: recibió el Premio por la Obra de toda la Vida, otorgado por el Fondo Cubano de Bienes Culturales en FIART 2008 y la Orden Raúl Gómez García, impuesta por la Central de Trabajadores de Cuba, en el año 2011.

-Hace ya 20 años que dio vida a este proyecto y las ideas para su progreso parecen no tener fin, ¿qué perspectivas tiene ahora?

Continuar trabajando para dejar un legado en esta comunidad con mi obra y lograr que los vecinos de Jaimanitas sean cada día mejores personas. Mi idea más inmediata es hacer un anfiteatro para los jóvenes. Por otro lado, voy a seguir pintando y creando.

-¿Imaginó alguna vez que esta iniciativa iba a alcanzar trascendencia nacional e internacional?

Yo nunca sé lo que va a pasar mañana, sé lo que va a pasar hoy. Cuando empecé haciendo esto, no sabía a dónde iba a llegar, no imagino nada, yo trabajo y luego me sorprenden los resultados. Si no funciona pongo más empeño en la próxima obra, pero nunca he trabajado para sobresalir ni brillar.

Pie de foto: José Antonio Rodríguez Fuster, pintor y ceramista villaclareño, desde 1994 desarrolla en Jaimanitas un proyecto comunitario que ha logrado cambiar la fisonomía del barrio capitalino.

EL ARTE DE AYUDAR

EL ARTE DE AYUDAR

Carmen Julia Rodríguez Calzadilla, secretaria de la Dirección del Instituto de Oncología y Radiobiología desde hace 20 años, rememora su vida y profesión.

Texto y foto:
MARIANA BRUGUERAS MÁS,
estudiante de primer año de Periodismo,
Facultad de Comunicación,
Universidad de La Habana.
 

Sentada detrás de su buró, tiene en la mano uno de los dos teléfonos que se encuentran en la mesa repleta de papeles. Dos personas esperan, sin contar a la señora, aparentemente invisible y de cara cansada, encargada de los servicios de limpieza del hospital. Entran dos más, vestidas con bata blanca. “El Director no está”, les dice, a la vez que aguarda con ansias una voz al otro lado de la línea. Con ligera frustración, cuelga, se levanta y sale. Al regresar, le entrega un documento a la mujer que permanece en la oficina junto a su hijo. “Muchas gracias, Carmita”, se despiden.  “No, mijita, que Dios los bendiga”, responde ella con el teléfono otra vez pegado a la oreja.

Nunca pierde la amabilidad ni la delicadeza cuando está trabajando, a pesar de tener muchas responsabilidades y pacientes que atender. Corre constantemente de un lado a otro, no para hasta resolver todas sus tareas, las cuales vienen incesantes, sin previo aviso. Es entonces cuando Carmen Julia Rodríguez Calzadilla, holguinera de 71 años, secretaria de la Dirección del Instituto de Oncología y Radiobiología, saca un as de abajo de la manga y resuelve lo que, para cualquiera, es una catástrofe y, para ella, un simple día atareado.

“Nací en 1943, terminé los estudios en la secundaria básica y después me hice taquígrafa, mecanógrafa y contadora, aunque de joven también participé en la Campaña de Alfabetización. En 1963 comencé como secretaria en la Dirección Provincial de Oriente Norte. Para ingresar, había una prueba en la cual debía escribir a máquina 60 palabras en un minuto. Me otorgaron la plaza y, a partir de ese momento, empecé el ejercicio de una carrera que no estudié”.

-¿Cuándo comenzó a trabajar en el Oncológico?

Hace 20 años, cuando llegué a La Habana, en 1994. Nos trasladamos porque mi esposo era de aquí. En este hospital trabajaba el doctor Alberto Céspedes, de quien yo había sido secretaria por siete años en Oriente y me convenció para que viniera para acá con él.

-¿Qué la hace mantenerse tanto tiempo en este centro?

Para mí no es fácil dejar de venir cada día. Es el motivo por el cual vivo. Estoy segura de que me trajeron a este mundo para ayudar y minimizar el dolor de la humanidad. Soy muy atenta y me llevo muy bien con todos, pacientes y compañeros de trabajo. Por eso sigo aquí.

-Carmita, ¿qué hacen las secretarias?

Bueno, ser secretaria es todo un reto. Tenemos mucha actividad siempre. Por suerte aquí tengo el apoyo de dos muchachas que también son secretarias, pero sigue siendo una carga muy grande. De manera general, nosotras le facilitamos el trabajo al Director y atendemos a quien se aparezca con algún problema o duda, e incluso deprimido, porque en este lugar no siempre te dan buenas noticias y disminuir el llanto y el sufrimiento es algo en lo que me gusta contribuir.

-¿Qué debe ser fundamental en una secretaria?

¡Ay!, muchas cosas son esenciales en los secretarios. Deben trasmitir confianza y ser confiables, honestos, amables, preocupados y organizados. Para nosotras, que trabajamos en el sector de la Salud,  la discreción y el buen trato son primordiales, sobre todo en este lugar donde los pacientes necesitan tanto amor y tanta comprensión. Todos los hospitales tienen esas características, o deben tenerlas, porque se atienden a seres enfermos. Pero las personas de nuestro centro son un poquito distintas, pues tienen cáncer y están sentenciadas por la vida. Algunos se “curan” y a todos los llegamos a querer, como si fueran familia. Su dolor es mi dolor, igual que sus alegrías.

-¿Cómo funciona su horario?

Venimos de lunes a viernes y, como somos tres, un sábado alterno. Los domingos descansamos. Supuestamente, debemos estar aquí de 8:00 de la mañana a 4:30 de la tarde, pero eso rara vez sucede, debido a que no nos marchamos hasta haber terminado. En muchas ocasiones nos vamos a las 7:00 de la noche o 7 y pico. En Oriente, como era yo sola, comenzaba desde primera hora de la mañana y no terminaba hasta las 12 de la noche, pero no dejaba de cumplir con nada.

-Me hablaba hace un momento de reto, ¿cuáles son algunos de los retos por los que atraviesa la vida de las secretarias? ¿Tienen que ver con la relación director-secretaria?

Aquí llegan muchas quejas, problemas de los pacientes, situaciones en las que quisiera ayudarlos de inmediato. La vida es muy difícil. ¡El trabajo de uno es tan fuerte! “Quedar bien con Dios y con el diablo”, digo yo. Atender a la gente y estar al tanto del Director. Yo he tenido la suerte de compartir con directores flexibles, ellos notan el trabajo que pasan sus secretarias y saben cómo tratarlas. Nunca he tenido discrepancias con ninguno, al contrario. Ellos nos entienden y ayudan cuando pueden.

-Carmita, ¿ha viajado a otros países?

Bueno, aquí la revista Negocios promovió un concurso para secretarias que incluía un viaje a Santo Domingo. Era participativo y se aplicaba con una breve síntesis biográfica, para elegir en aquel país a la Secretaria Ideal. Entonces mi Director era Alberto Céspedes Carrillo, quien me dirigió por 17 años, siete en Oriente y diez aquí. Él fue quien vio la convocatoria y me dijo que yo podía y merecía llegar a la final. Hizo mi autobiografía a grandes rasgos y la presentó. La revista llevó 100 secretarias, la mayoría pertenecientes a corporaciones, grandes empresas y hoteles, excepto otra muchacha y yo. Del total de mujeres, escogieron 10 por su historia. La lista la encabezábamos nosotras dos. Ese día me llamaron del exterior muchos amigos, doctores y enfermeras que estaban de misión en países como México. Aún guardo la foto de esa ocasión y la página de la revista.

-¿Tiene importancia el género en su profesión?

A pesar de la existencia de más mujeres secretarias que hombres, no veo importancia en el sexo. Conozco secretarios muy buenos, aunque no sean graduados de la profesión.

-¿Siempre laboró en la Salud Pública?

En el Partido provincial de Holguín es donde único no estuve vinculada con la Salud Pública, porque allí fui secretaria del miembro del Buró de la esfera ideológica. El resto de mis días han transcurrido en hospitales, como ahora. De hecho, me otorgaron la medalla por 25 años de trabajo en la Salud.

-¿De qué otros reconocimientos pudiera hablar?

Me siento muy orgullosa por todas las condecoraciones que me han otorgado, también tengo la medalla de fundadora de la Federación de Mujeres Cubanas, la de fundadora de los CDR y la de alfabetizadora.

-Cuénteme una de sus mejores experiencias en La Habana, fuera de su centro laboral.

Uno de mis mejores recuerdos proviene del día en que las alfabetizadoras desfilamos por la Plaza, en el acto preparado por nuestro Comandante en Jefe Fidel Castro. Cuando la Campaña cumplió su aniversario 50, tuve la satisfacción de volver a caminar por esa misma plaza. Para mí fue un honor.

-¿Le gusta su trabajo?

Me encanta. Si yo volviera a nacer, sería de nuevo secretaria. Nunca me he arrepentido. De no serlo, también me gustaría ser planificadora en la contabilidad. Pero, honestamente, este es el trabajo para el que nací.

-¿En algún momento se ha superado profesionalmente?

Bueno, hice un curso de secretaria bilingüe, de español e inglés. No hablo el idioma a la perfección, pero sé defenderme, y la superación es básica; en cualquier oficio, no solo el mío.

-¿Hasta qué punto ha intervenido su vida profesional en su vida personal?

Hay dos etapas de mi vida que recuerdo con exactitud: mi madre enferma y mis dos hijos pequeños. He batallado y luchado mucho para sacar mi familia adelante. Hubo momentos en los cuales mis hijos tuvieron que estar conmigo en las tareas. Realmente los sacrifiqué bastante. Pero ellos siempre entendieron que era necesario.

-Y cuando no está aquí, ¿a qué dedica su tiempo?

Entre lo que más me gusta hacer, está reunirme con mi familia, mis hijos –que ya son unos hombres- y mi nieta de cuatro años. Está acabando. ¡Ellos me alegran tanto! El fin de semana pasado, por ejemplo, vi a mis primas y la pasamos de lo mejor, porque hacía bastante tiempo que no nos veíamos, y eso es bonito.

-¿Cómo ha incidido en usted trabajar en el Oncológico?

Siempre me ha gustado estar ahí para la humanidad y digo que mi razón de ser son los pacientes y sus familiares. Para mí esto ha sido un regalo de la vida. Tener la opción de poder ayudar a las personas y ser agradecida por ellos, me llena espiritualmente.

-¿Hay algún caso que de manera singular la haya impactado, Carmita?

¡Ay!, aquí el sufrimiento es diario. Hace 10 años estuvo en este hospital un niño de nueve años que tenía un linfoma de hodkin. Venía con su abuelito y estuvo ingresado todo ese año, aunque no de manera permanente: entraba y salía en dependencia de su recuperación. Llegamos a querernos muchísimo. A cada rato me llamaba para subir a su habitación y, a veces, era él quien venía a mi departamento. Cuando agravó su enfermedad, quiso quitarse todos los troques y mangueras y dijo que prefería morirse, que no podía más. Mandó a los médicos a buscar al Director y a mí. Murió dándome la mano. Yo lo quise mucho.

Otro caso es el de una muchacha de 34 años que tenía cáncer cérvico uterino. Ella me trataba como si fuera mi hija y me creía su madre. Como te dije, el sufrimiento aquí es constante.

-Usted lleva 52 años como secretaria, ¿no?

Sí, desde 1963… no lo digas muy alto que pueden oírte.

-¿Ha pensado en retirarse?

Mientras me sienta con fuerza para trabajar, mientras esté bien de salud, clara de mi cabeza y pueda ayudar a la humanidad, yo no me voy de aquí.

Pie de foto: Carmita, secretaria desde 1963.

 

IR A LA LUNA EN BICICLETA

IR A LA LUNA EN BICICLETA

Con 73 años, Jesús Barrios Ruiz acumula una amplia experiencia como entrenador del equipo nacional de ciclismo.

Texto y foto:
LIZ ARMAS PEDRAZA,
estudiante de primer año de Periodismo.
Facultad de Comunicación,
Universidad de La Habana.

El 14 de noviembre iniciaron los Juegos Centroamericanos y del Caribe Veracruz 2014, en México. Cuba participa durante la cita con 543 deportistas, quienes disputarán el primer lugar en 324 deportes de los 432 en los que se puede competir. Dentro de la delegación que asiste a los juegos, se encuentra el equipo nacional de ciclismo femenino y masculino, el cual ha aportado una buena cantidad de metales dorados para el medallero. Sin embargo, todavía quedan muchas dudas sobre la actuación de los atletas en este deporte.

Jesús Barrios Ruiz, entrenador del equipo juvenil de ciclismo durante 15 años y luego del equipo nacional de alto rendimiento de este mismo deporte por más de 40 años, aporta su criterio sobre la preparación y resultados de los participantes cubanos en la disciplina.

-Hasta la jornada de ayer viernes, el equipo de ciclismo femenino tenía siete medallas de oro y el masculino solo una. ¿A qué se debe esta diferencia?

El problema radica en que las muchachas tienen figuras reconocidas mundialmente, como Lisandra Guerra, por ejemplo, que está dentro de las primeras en el ranking del orbe, y por esta razón las invitan a participar en competencias internacionales. Pero los hombres no compiten prácticamente en ninguna lid del mundo. Antes nuestro país celebraba la “Vuelta a Cuba”, donde se daban a conocer los deportistas, pero ese evento ya no se realiza. Por estas razones los muchachos pierden la motivación y los pocos que hay en el equipo, casi no entrenan.

-¿Qué importancia tiene eventos como la Vuelta a Cuba?

Bueno, imagínate que de ese tipo de competiciones salen los grandes ciclistas, es decir, la “Vuelta a Cuba” constituye el inicio de la carrera de la mayoría de los deportistas. ¿Te das cuenta cuánta falta nos hacen esas competiciones? Pero no hay recursos para la actividad, realmente la gira es muy cara. Hay que invertir en transporte, gasolina, comida, en fin, una serie de obstáculos que no permiten el desarrollo del evento. En el 2013 limitaron la competencia hasta Camagüey, y tuvo muy buenos resultados. Sin embargo, este año no la hicieron. La celebración es muy inestable y no se le presta la debida seriedad.

-¿Cuántos deportistas hay actualmente en el equipo nacional de ciclismo?

Cifra exacta no te puedo decir, pero no son muchos.En el ciclismo estamos carentes de materiales, desde hace 10 años no nos entregan ninguna bicicleta por lo que contamos con muy pocas, además, el velódromo no está en el mejor estado. Esto condiciona que no podamos aceptar a muchos atletas, lo que luego repercute en los resultados que obtenemos internacionalmente. Todo es una cadena, una cosa depende de la otra.

-¿Qué opina de las jóvenes de nuestro equipo?

Son muchachas muy disciplinadas y esforzadas. Yo digo jocosamente que ellas pueden ir a la luna en bicicleta. Por ponerte un ejemplo te hablaré de Marlies Mejías. En el equipo solo se aceptan atletas mayores de 16 años, luego de que participen en los juegos escolares. Pero en el caso de Marlies la llevamos para el equipo con 14 años, y hubo que justificar muy bien el por qué de esa decisión. Le pusimos un entrenamiento acorde a su edad, pero también compitió en lugares donde participaban destacadas figuras. Esa niña tiene mucho talento deportivo.

-¿Cómo valora la actuación de los cubanos en los Juegos Centroamericanos y del Caribe?

La de las muchachas, muy buena. De ellas se esperaba esa cosecha de medallas. Además, llegaron recientemente del Mundial de Ciclismo celebrado en Guadalajara, donde también obtuvieron muy buenos resultados. De los hombres no hay mucho que decir. Tienen que mejorar y de eso no hay dudas. En estos Juegos Centroamericanos, equipos como México, Colombia y Venezuela han demostrado que son una fuerte competencia y, por lo tanto, Cuba no puede quedarse atrás.

-Algunos consejos para mejorar la calidad del ciclismo en nuestro país.

En mi opinión, lo primero es rescatar “La Vuelta a Cuba”,  pero que sea una competición estable, que se realice año por año. También hay que darle mantenimiento al velódromo. La pista no tiene ninguna protección porque fue construida sin techo y, además, está frente al mar: es muy maltratada por la lluvia y el salitre. Lo otro es foguear a los atletas, llevarlos a competencias internacionales, que tengan la posibilidad de rivalizar con los mejores del mundo, que pueden compararse con los que van a participar en las lides junto a ellos.

-¿Cómo visualiza el futuro de nuestro país en esta disciplina?

Por el camino que vamos… Te puedo decir que si seguimos sin ningún apoyo monetario, si no renovamos el material con que estamos trabajando, entonces estamos perdidos. Si en algún momento mejoran las condiciones, puedo asegurar que nos encontraremos entre los mejores del mundo. Desgraciadamente, este deporte no depende solo del talento sino también de la economía, los recursos disponibles.

Pie de foto: Barrios ha dedicado más de medio siglo de su vida al deporte.

CUBA VS. VIOLENCIA INFANTIL

CUBA VS. VIOLENCIA INFANTIL

A 25 años de la Convención por los derechos del niño, la Doctora en Ciencias Psicológicas Aurora García Morey habla sobre la violencia infantil en Cuba.

Texto y fotos:
MARÍA CARLA O`CONNOR BARRIOS,
estudiante de primer año de Periodismo,
Facultad de Comunicación,
Universidad de La Habana.

Para la Doctora en Ciencias Psicológicas Aurora García Morey,  “nadie escapa” a la violencia social en la Cuba de hoy. “Está presente en todas las esferas y sectores de la sociedad. Lo más terrible, es que algunas de sus manifestaciones están asimiladas como un estilo de vida debido al carácter patriarcal de la sociedad que se estableció desde los tiempos de la colonia”, dice la también catedrática de la Facultad de Psicología de la Universidad de La Habana y especialista laureada en estos temas, al  entrevistarla en ocasión del vigésimo quinto aniversario de la Convención por los derechos del niño, aprobada por la Asamblea General de las Naciones Unidas.

Ese instrumento de la ONU ha sido suscrito por 194 países, y Cuba estuvo entre los primeros en hacerlo, aunque mucho antes había aprobado documentos como el Código de la Niñez y la Juventud, y consagrado sus derechos en la Constitución de la Republica.

Sobre la manera que se manifiesta en la sociedad cubana la violencia infantil, expone sus ideas la doctora García Morey, autora de la multimedia ¿Qué dicen los dibujos?, donde recopila los resultados del trabajo realizado por más de treinta años con niñas y niños víctimas del abuso y el maltrato.

-¿Es la violencia otro mal que
ronda a la familia cubana?

“En nuestro país las manifestaciones de violencia infantil, así como los índices de víctimas son muy bajos en comparación con otras naciones de América Latina y el resto del mundo. En mi opinión, eso no nos puede llevar a negar la existencia de conductas abusivas hacia la infancia y la adolescencia.

“La familia, en sentido general, tiene naturalizada la violencia como un método educativo. Las más comunes son la verbal y/o psicológica, basadas en las comparaciones, las humillaciones y el chantaje. No hay una clara concepción de que el niño es muy propenso a sentirse humillado. Frases como “este no sirve para nada, fulanito es mejor que tú, qué inútil eres”, van en contra de su autoestima y de la concepción que tiene de sí mismo.

“También es frecuente la despreocupación de los padres en cuanto a las personas ajenas al núcleo familiar que influencian a los hijos, y las actividades que realizan fuera del hogar.  A veces esto origina la desviación del menor hacia una cultura de la marginalidad, una repetición de modelos de violencia e irrespeto que se proyectan de diversas formas: en el vocabulario, los modales, la forma de vestir, las actividades económicas que realizan, etcétera.

“Se están dando casos de abuso en los que los victimarios son los propios niños y adolescentes. Ya no solo hablamos del bullying escolar, donde los más fuertes arremeten física y psicológicamente a los más indefensos, también los están obligando a cometer actos delictivos como robar, acosar y hasta agredir sexualmente a otras personas”.

-Se han llevado a cabo
transformaciones económicas
en los últimos tiempos,
como la legalización del
cuentapropismo y la Ley
de Inversión Extranjera,
¿de qué forma ha incidido este
nuevo escenario en la
vida de las familias cubanas?

“Estos cambios han acentuado la desigualdad social. Las economías familiares son disímiles y, por tanto, el cubrimiento de las necesidades básicas de los niños no es igual. Se observa diariamente en la calle y en las escuelas. El hijo del dueño de una cafetería o del gerente de una firma, todos los meses se compra un par de tennis nuevos, mientras el hijo de la maestra tiene un solo par de zapatos escolares para el curso, sin mencionar el nivel de las meriendas o las marcas de las mochilas.

“O sea, se van creando ciertos imaginarios en los niños, que llevan a la ruptura con las normas morales y sociales. “¿Cómo es posible que el papá de Fulanito sea vendedor en un puesto del agro y gane más dinero que mi mamá que es jefa de investigaciones de un laboratorio?”. Esto violenta la percepción infantil de los modelos a seguir y provoca en no pocos casos que los infantes asuman “la lucha” como algo natural”.

-¿Qué trato se da a los casos
de abuso sexual en menores?

“Estos casos llegan por diferentes vías. Lo primero es realizarles todos los análisis médicos y sicológicos que se requieren, y después comienza la terapia. Está demostrado que por lo general, estas agresiones se producen dentro de su propio entorno, conclusión que salta por sí misma en los dibujos. El niño, sin proponérselo, “pinta” a su agresor.

“En caso de que no se haya efectuado la denuncia, se informa a las autoridades. La acción de un adulto de obligar al menor a ver sus genitales o a enseñarles los suyos, se llama ultraje. Si a esto se le suma algún tipo de contacto físico, se denomina lascivia y es severamente castigado por la ley.

“En estas cuestiones intervienen la Policía Nacional Revolucionaria (PNR), la Fiscalía General de la Republica, los Tribunales Populares, Organismos de la Administración Central del Estado y las distintas organizaciones de masas, con una política de tolerancia cero a estos abusos”.

-¿Existe conciencia de la
protección que brinda el
Estado para impedir
que la violencia prolifere?

“En nuestro país existe un valor que no se destaca lo suficiente: la seguridad. Estamos protegidos por un Estado que se preocupa por la vida segura del pueblo. Cuando una persona (ya sea niño, adolescente o adulto) sale a la calle, sabe que no la van a secuestrar, no la van a asesinar ni a desaparecer.

“No niego que hay aspectos de la vida cotidiana que podrían mejorarse para evitar que crezcan las condiciones que provocan la violencia. Vivir en paz es algo que no se paga con ningún dinero y es un valor que en Cuba está garantizado”.

Pie de fotos: 1-Aurora García Morey, catedrática de la Facultad de Psicología y autora de varias multimedias que recogen su trabajo de más de treinta años atendiendo a niños y adolescentes víctimas de la violencia. 2-Dibujo perteneciente a una víctima de abuso sexual infantil.