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Isla al Sur

Nosotros, los del 280

LOS TIEMPOS DEL PROFESOR

LOS TIEMPOS DEL PROFESOR
Carlos Hernández Martínez, subdirector de la Sede Universitaria Municipal de Boyeros, comenta que para él un maestro debe ser un estudioso de la personalidad de sus alumnos.

CARLOS VELAZCO FERNÁNDEZ,
estudiante de cuarto año de Periodismo,
Facultad de Comunicación,
Universidad de La Habana.

Carlos Hernández Martínez recupera el tiempo que pueda haberse perdido como educador impartiendo clases a sus grupos de la universalización y del Instituto Superior Politécnico José Antonio Echevarría, a la vez que asume la subdirección de la Sede Universitaria Municipal de Boyeros. Para él, un maestro debe ser un estudioso de la personalidad de sus alumnos.

-¿Cómo un niño de sexto grado se decide por el magisterio?

Tenía la influencia de una hermana maestra. Por el año 1973 había un plan emergente al que uno se podía incorporar al terminar sexto grado, el movimiento Guerrilleros de la Enseñanza. Comprendía los estudios hasta graduarnos de bachiller y de profesores de enseñanza primaria. En ese momento se inauguraba la escuela Salvador Allende. Así es como me incorporo al estudio del magisterio.

-De sus primeros tiempos como profesor, ¿qué recuerda?

Me enviaron para una escuela en Mariel, al pie de las montañas. Mi trabajo como profesor en el campo me gustaba. Cuando me gradué muchos de mis alumnos eran más grandes que yo. En los años 70 no era como ahora, hoy los muchachos de sexto tienen 11 ó 12 años, pero por aquel entonces yo tenía 15 y algunos de mis estudiantes 17. Los días del maestro, mis compañeros de la ciudad se reían porque, a diferencia de ellos, mis regalos eran un pollo o algo así. Si llovía durante una clase me decían: “Maestro, permiso, tengo que quitarle la montura al caballo”.

-Siendo maestro cumplió misión internacionalista en Angola.

A mí me llamó el Servicio Militar en un momento en que al que iba a la universidad se le aplazaba y a los maestros no se les llamaba, por el déficit de profesores. En una de las entrevistas me preguntan si quería cumplir misión, y respondí que sí, que tenía disposición. Al único de todo mi grupo que llamaron para cumplir el Servicio fue a mí.

Aquello fue traumático. Todo el mundo en las aulas me preguntaba: “¿Cómo es esto? ¿Por qué te llaman a ti si a los maestros no los llaman?”. Se hicieron las gestiones habidas y por haber, y nada. Y adelante. Fue una etapa muy significativa para mí. Cuando llegué a la República Popular de Angola me dijeron: “Como tú eres maestro y tienes preparación, te toca un cañón y dirigir una escuadra”. Y yo no sabía lo que era un cañón ni había pasado los seis o siete meses de adiestramiento que normalmente tenían antes los jefes de escuadra aquí en Cuba. Tuve que aprender sobre la marcha.

La posibilidad  que te da el magisterio es que uno asume cualquier misión. Allí seguí enseñando en las clases de preparación política, preparando en las tardes a los reservistas o en los círculos de interés con las escuelas de los angolanos.

-¿Qué se siente ante la posibilidad de la muerte?

Dolor. Era muy difícil ver la pérdida de un compañero, era algo que nos unía más, pero que no dejaba de causar tristeza. Estuve en el sur de Angola, una zona muy conflictiva, y pertenecí a la artillería, la cual debía trasladarse cada vez que había combate. Las minas nos preocupaban mucho porque nos desplazábamos constantemente en un camión lleno de explosivos de un lado a otro detrás del enemigo, y estaba la posibilidad de la muerte latente en la mente de cada uno. ¿Qué te voy a decir? Hay quienes dicen que no,  pero sí, uno a la edad de 17, 18 años, siente todo eso, aunque después te vas curando.

-¿Cuáles son las gratitudes que le reporta su profesión?

La satisfacción más grande es que los estudiantes te quieran y te recuerden con gratitud. Evito transmitir esa imagen del maestro terrible que llega frente al aula y dice: “Yo soy el más duro”. No. Siempre ofrezco confianza. Trato de que los alumnos que empiezan conmigo, terminen, que no sientan ese miedo a los exámenes, porque de lo que se trata es que aprendan.

Tengo alumnos de diferentes generaciones, algunos son hombres de 30, 40 años, y me recuerdan todavía: “Usted me dio clases en segundo grado allá, en tal lugar”. Aunque ocupe cargos de dirección no abandono el aula. Cuando terminé mi misión internacionalista, permanecí mucho tiempo en las Fuerzas Armadas, y no pude desarrollar todo lo que había aprendido hasta que regresé a la docencia al comenzar el proyecto de las sedes. Siempre mantuve el deseo de ejercer el magisterio, y puedo ocupar la responsabilidad que desempeño, pero atiendo mis grupos acá en la universalización y otros dos en el ISPJAE, a quienes imparto Filosofía.

La docencia necesita de la práctica. Si la abandonas por un cargo de dirección, aunque conserves el título, sin esa capacitación constante en el contacto con el estudiante, pierdes el oficio. Yo lo veo así.

-¿Cómo hace para que sus alumnos aprendan sin que el camino trazado por usted impida el desarrollo creativo individual?

Me ha dado muy buenos resultados el trabajo en equipo. Los programas del Curso para Trabajadores y el de las sedes son muy parecidos. Por lo general consisten en ocho clases y ocho consultas. Un total de 16 encuentros. Les imparto a mis muchachos las conferencias hasta el tercer tema, y luego preelaboro los restantes, busco la bibliografía, y después dejo que ellos sigan trabajando por equipos, que aprendan investigando.

Entonces digo: “Ahora soy yo el estudiante y ustedes los profesores”. Pasan trabajo en los primeros momentos, pero se van adaptando. Mi deseo es que indaguen y profundicen. He compartido con ellos experiencias maravillosas como hacer un examen de Teoría Sociopolítica sentados a la manera campestre en Soroa o abordar un tema de Ecología en Santa María del Mar. No es ir a la playa sólo a nadar, es primero ir a dar una clase, una clase viva. Es trabajoso, pero los grupos tienen disposición y los muchachos se motivan. ¿Se pierde la exigencia? No. Se modifica la característica del aula.

-Además de dominar los conocimientos a impartir, ¿qué otras cualidades considera que  debe poseer el profesor?

Tiene que existir un rigor, pero valoro mucho el humanismo en un profesor, porque debe sentir a sus estudiantes parte de su obra, compartir con ellos, no creerse por encima o alejado por su condición de académico o por los distintos reconocimientos que haya recibido. Yo soy tan parte de los grupos de mis alumnos como ellos mismos.

El proceso de la docencia ocurre en dos direcciones, de mí hacia mis estudiantes y de ellos hacia mí. Un maestro debe darse cuenta de si es comprendido, puede que esto sea más difícil cuando se imparte una conferencia en el Varona a 400 alumnos, pero en el aula ha de haber retroalimentación.

Por supuesto que la generación actual es distinta a la mía, que estudió en la década de los 80, hablamos de otra época, de otras competencias, de otra situación económica, pero debo poseer la cualidad de observar y analizar la composición de mis grupos y la calidad humana de cada uno de sus integrantes para poder trabajar con las diferencias individuales, y captar y ganar a los estudiantes. La misión de un maestro no es a sólo dar clases, él debe ser un investigador de la personalidad de sus alumnos.

-¿Un profesor lo sigue siendo en el hogar, con los hijos?

Uno quizás en la docencia no es el mejor profesor de sus hijos, porque a veces suele impacientarse más y ser más estricto con ellos que sus propios profesores, pero sí en la educación, en el ejemplo personal que da en el ámbito del hogar. Ser docente te marca no sólo en el marco de las cuatro paredes del aula. El maestro, incluso, debe tener cuidado, aunque esté en su derecho, al tomar cerveza en una esquina porque la gente siempre lo comenta: “Mira, ese es el profesor. Ese va a ser el ejemplo de mis hijos”. Se ve así. Pero todo te obliga a perfeccionarte, a ser mejor.
 
-¿Qué tipo de dificultades enfrenta a diario una sede universitaria?

En esta sede atendemos actualmente a alrededor de 2 000 estudiantes, además de programas de la Revolución, la escuela municipal de Trabajadores Sociales y las unidades militares que hemos incorporado a nuestro trabajo para que los varones durante su Servicio Militar reciban una nivelación y no se atrasen. Son más de 4 000. Y hablo sólo de una sede de la capital, no de las 15.

Los principales problemas que se atraviesan hoy son las dificultades con los locales, el completamiento de la plantilla de profesores y la gran cantidad de muchachos incorporados que se desmotivan y no rematriculan, y en esto último, no me refiero solo a la mujer embarazada o a aquellos que presentan problemas: esa es una preocupación que comparto con muchos otros. Pero tenemos más satisfacciones que insatisfacciones, porque las sedes funcionan, y han cubierto un espacio que no podían cubrir las universidades centrales.

-¿Por qué cree que para muchos las sedes ofrecen una preparación insuficiente en comparación con las universidades centrales?

Todavía hay personas, docentes y hasta personalidades, que ven a la nueva universidad a través del esquema de una institución central, cuando las sedes universitarias no pueden ser réplicas de la central, así como no es igual una experiencia de 280 años y una de cinco. Pero las sedes deben beber la savia de toda esa herencia acumulada. Una sede tiene que parecerse al lugar donde se encuentra. Desempeña un gran papel, y hay que vivirlo, es un programa inclusivo. Hay que volcar las facultades hacia las sedes, y no verlas como una carga, sino como una extensión. Es verdad que a veces se subvalora, mas pienso que se avanzará a medida que se vaya entendiendo.

-Algunos opinan que ser educador en Cuba es una profesión ingrata.

Siempre le he dicho a quien viene aquí y se sienta donde estás sentado tú ahora y me dice que quiere ser profesor, que esta no es una profesión que se deba elegir por embullo o por remuneración económica. Puede hacerse: comenzar a dar clases por resolver un problema, pero hay que amarla, vivirla, sentirla. A veces se piensa así, pero no creo que le suceda a la mayoría. Se corren riesgos en los nuevos programas emergentes donde no todo el mundo ingresa por amor al magisterio.

A veces se necesitan urgentemente profesores integrales y la prisa en las captaciones masivas también conspira contra la profesión. Hoy ya podemos detenernos con más calma en la selección y preparar más a ese profesor, antes y sobre la marcha. Pero si alguien no ama la profesión, prefiero que no la practique. Un médico que no es bueno, es matasanos; un mal profesor es “matalumnos”.

-Usted ha sido reconocido dos años consecutivos como el profesor más destacado de sede universitaria.

No pensaba obtener la categoría de profesor más destacado entre los tantos que forman parte de la Universidad, y donde hay muchos eminentes. Estar al lado de profesores que toda su vida se han dedicado a la enseñanza, provoca orgullo, y más aún, al coincidir este año con el aniversario 280 de la fundación de la Universidad de La Habana.

Esta entrevista forma parte del libro en preparación Nosotros, los del 280, escrito como examen final del género por alumnos de Periodismo de la Facultad de Comunicación de la Universidad de La Habana, a propósito del aniversario de la casa de altos estudios cubana.

ALEXIS CODINA, DE ESTUDIANTE A MAESTRO

ALEXIS CODINA, DE ESTUDIANTE A MAESTRO
"La Universidad de La Habana es la institución en la que me he formado como profesional y como revolucionario, es la que me ha permitido ser más útil en las cosas en que he podido trabajar", afirma el Profesor de Mérito e investigador del Centro de Estudios de Técnicas de Dirección.

MÓNICA BARÓ SÁNCHEZ,
estudiante de primer año de Periodismo,
Facultad de Comunicación,
Universidad de La Habana  
 
El doctor en Ciencias Económicas y Profesor de Mérito Alexis Codina Jiménez fue decano de la Facultad de Economía y vicerrector de la Universidad de la Habana; fundador, y director hasta el pasado año, del Centro de Estudios de Técnicas de Dirección de la Facultad de Contabilidad y Finanzas; ha impartido cursos de postgrado en diversos países como España, México, Venezuela, Argentina y Bolivia; y es autor de cuatro libros y más de 150 artículos publicados en Cuba y en el extranjero.

Su labor ha sido reconocida con la Distinción por la Educación Cubana, las medallas 250 y 270 Aniversario de la Universidad de la Habana, la Medalla José Tey y la condecoración Frank País que otorgan el Consejo de Estado y el Ministerio de Educación Superior a educadores destacados. También fue merecedor del Premio Nacional de Economía 2006 que se concede por la Obra de toda la Vida.

A nivel internacional ha sido laureado con la Medalla de la Amistad de la Escuela Superior de Economía de Bratislava; y en Mar del Plata le fue entregada la Llave de la Ciudad y fue declarado Huésped de Honor.
 
Codina ingresó a la Universidad de La Habana en 1962 para estudiar Economía en el curso nocturno. Posteriormente, en 1966, se integró a los Equipos de Investigaciones Económicas, creados a iniciativa del Comandante en Jefe Fidel Castro y conformados por estudiantes de Economía y Contabilidad de los últimos años, para realizar estudios sobre distintos sectores de la economía cubana, tales como pesca, industria, transporte…
 
-En aquellos años en que se iniciaba la Revolución Cubana, -y ahora también se hace- a los estudiantes se les encomendaban muchas tareas. Por ejemplo, en 1961la Campaña de Alfabetización, luego las zafras azucareras…¿En cuáles estuvo usted involucrado?
                                                         
En muchas de ellas. En la Alfabetización no participé porque estaba trabajando de contador y administrador en una empresa recientemente nacionalizada y el trabajo requería mucha dedicación.

Estando en la Universidad, en 1966, los estudiantes fuimos a cortar caña a Camagüey. Hubo un momento en que se unieron la Federación Estudiantil Universitaria y la Unión de Jóvenes Comunistas, era entonces la UJC-FEU, de la cual fui elegido presidente, y tuvimos que movilizarnos en muchas ocasiones para trabajos voluntarios y actividades de preparación militar.

Recuerdo un año, creo que fue 1968, donde el 1 de enero lo esperamos en Guanes, trabajando en una plantación de cítricos. Luego, en 1970, toda la Universidad se movilizó para la zafra azucarera, y me tocó ser jefe del Estado Mayor de Zafras en el central Antonio Guiteras que está en la provincia de Las Tunas. Allí trabajaron varios cientos de estudiantes de diferentes facultades. Eran años en que los universitarios nos movilizábamos con mucha frecuencia, sobre todo los que estábamos en los Equipos de Investigaciones Económicas.
 
-¿Y cómo compaginaba estudiar y cumplir con esas tareas al mismo tiempo?
 

Como todos los demás compañeros. Nosotros tuvimos que hacer un esfuerzo y estudiar mucho de madrugada y los fines de semana; auxiliarnos en compañeros de años superiores que nos daban repasos, así como en nuestros profesores. Tuvimos que hacer una utilización muy eficiente e intensiva, tanto del tiempo como de los compañeros que podían ayudarnos.
 
-En 1966 usted comenzó a trabajar en la Universidad de La Habana como profesor, junto con otros compañeros. Teniendo en cuenta su condición de estudiante, ¿encontró alguna dificultad a la hora de ejercer la enseñanza?
 
En los primeros momentos nosotros tuvimos la asesoría de los profesores de más experiencia, inclusive, de profesores extranjeros que colaboraban con Cuba, chilenos, argentinos, soviéticos. Pero después, de forma autodidacta, empezamos a estudiar técnicas pedagógicas, métodos de enseñanza...

Claro, tuvimos que prepararnos, porque el trabajo del profesor tiene un perfil profesional. No basta con tener conocimientos, hay que saber también cómo organizar esos conocimientos y transmitirlos de manera que puedan ser entendibles, comprensibles, y sobre todo, que generen el interés del alumnado por continuar estudiando y profundizando en ellos.
 
-¿Recuerda su primera clase?
 
Hace muchos años de eso, creo que la hice como un conversatorio con los alumnos sobre sus intereses y lo que veríamos en la asignatura.
 
-¿Cómo le gustaría que fuese la última?
 
No quiero pensar en esa.
 
-¿Alguna vez pensó abandonar la enseñanza?
 
Realmente nunca he pensado abandonarla. La ventaja de trabajar en la Universidad es que hay períodos en los cuales puedes dedicarte a realizar investigaciones, preparar nuevas materias, escribir… En fin, moverte en otras esferas del trabajo docente y profesional y así disipar alguna insatisfacción o agotamiento que puedas sentir por el trabajo pedagógico.    
 
-Y en la jubilación ¿ha pensado?
 
Hasta ahora no he pensado en la jubilación. Me sentiría muy aburrido si tengo que dejar de hacer lo que he venido realizando durante tantos años.
 
-¿Qué lo ha mantenido más de cuatro décadas en la Universidad de La Habana?
 
La satisfacción que me produce el trabajo que realizo y el estímulo que se recibe de los alumnos y de los compañeros. Además, a este centro le he dedicado la parte más importante de mi vida. La Universidad de La Habana es la institución en la que me he formado como profesional y como revolucionario, es la que me ha permitido ser más útil en las cosas en que he podido trabajar.  
 
-Si no fuera economista…
 
Yo quise ser médico. Quizás hubiese sido pediatra, por el trabajo con los niños.
 
-Después de iniciar la carrera, ¿siguió añorando ser médico?
 
No, no, no… Después que yo me decidí, porque empecé a trabajar cuando tenía 14 años, tuve que desechar la posibilidad de estudiar Medicina. Y me dediqué, primero en la Escuela de Comercio, a formarme como contador, y luego fue que entré a la Universidad de La Habana. Después que me identifiqué con esta línea nunca me sentí ni frustrado ni arrepentido, empezó a gustarme lo que hacía.
 
-Usted ha ejercido la enseñanza en universidades de diversos países, ¿qué diferencias ha percibido entre las cubanas y las foráneas?
 
Es difícil hacer comparaciones, porque las de otros países que conozco son muy diferentes entre sí. Una de las diferencias principales que se percibe es que en Cuba las universidades están más integradas con los problemas de la sociedad, tienen más participación en la preparación de estudios y  propuestas de solución que las universidades extranjeras, dedicadas principalmente a la preparación de profesionales. La mayoría de las veces sin una articulación adecuada con las necesidades del país y las comunidades donde actúan.
 
-¿Cuál es la opinión predominante que ha escuchado en el extranjero sobre nuestra institución capitalina?
 
En todas partes he notado que la Universidad de La Habana y sus profesores tienen mucho reconocimiento y prestigio.
 
-En su opinión, ¿cuáles son los rasgos fundamentales que deben distinguir a un educador?
 
En primer lugar, la honestidad, consigo mismo y con el auditorio al que se dirige. Debe transmitir los conocimientos, la información y las experiencias que resulten válidas, consecuentes y útiles, eso es lo primero. Lo segundo es que no se centre en lo que sabe, sino en lo que debe enseñarle a los alumnos. Por tanto, las expresiones que utilice y la forma en que transmita los conocimientos, debe hacerlo esencialmente pensando en el auditorio. Eso es lo más importante, que se sitúe en el punto del auditorio y vaya verificando y retroalimentándose de cómo se va comprendiendo lo que enseña. Además, debe generar en los alumnos el interés por el estudio y la profundización de los conocimientos, junto con los valores que deben identificar a un profesional comprometido con su país y su pueblo.
 
-¿Cómo describiría el intercambio con la actual generación de estudiantes?
 

El intercambio con los estudiantes a mí siempre me resulta muy agradable. En primer lugar, porque puedo verificar el interés que puedan tener ellos por las cosas que yo les pueda transmitir; y en segundo lugar, porque las preguntas y las inquietudes de ellos generan en mí la necesidad de estudiar y de prepararme más. Es decir, constituye un proceso de validación de lo que uno ha estado estudiando y, al mismo tiempo, de demanda y exigencia de lo que uno tiene que estudiar más. Uno se identifica con las preocupaciones de las nuevas generaciones, con las inquietudes que tienen los muchachos nuevos, y se da cuenta de que realmente tiene que seguir estudiando y superándose constantemente.
 
-¿Cuál es su visión de la Universidad de La Habana ?
 

Mi visión de la Universidad de La Habana, actualmente, es que está en un proceso de una dinámica muy fuerte, teniendo que dar respuesta a muchas cosas simultáneamente. La atención a las Sedes Universitarias Municipales constituye un reto para nuestra institución, puesto que estamos presentes en todos los territorios de la capital, y paralelamente tenemos que elevar la calidad de la enseñanza que impartimos a los grupos de pregrado dentro de las aulas universitarias y desarrollar el postgrado y la investigación. Creo que en estos momentos la Universidad tiene una cantidad de demandas, exigencias y presiones como nunca antes ha tenido y, por lo tanto, constituye un reto dar respuesta a todo eso.
 
-¿Qué aconsejaría a quienes se inician en el estudio de la Economía?
 
Lo mismo que a cualquier otro estudiante: que trate de aprovechar al máximo el tiempo. Porque en la Universidad, el papel del profesor es importante, pero éste no puede sustituir el trabajo que tiene que hacer el estudiante. El profesor es un elemento de orientación, de guía, que define los aspectos centrales sobre los cuales hay que profundizar, pero lo más importante es crearse el hábito de estudiar todos los días.
 
-El año pasado recibió el Premio Nacional de Economía, ¿qué significó para usted el reconocimiento?
 

Bueno, realmente a mí me sorprendió, porque había muchos compañeros nominados junto conmigo, que conozco y que tienen muchos méritos. Pero me sentí muy halagado con ese reconocimiento porque es un premio que se otorga por la actividad de toda una vida y no por la de un año. Ahora me siento más comprometido para contribuir, en mayor medida, con mis capacidades físicas e intelectuales, al desarrollo del país y a la formación de la nueva generación.

Esta entrevista forma parte del libro en preparación Nosotros, los del 280, escrito como examen final del género por alumnos de Periodismo de la Facultad de Comunicación de la Universidad de La Habana, a propósito del aniversario de la casa de altos estudios cubana.

 
FICHA TÉCNICA:
 
Objetivo central: Destacar la formación y trayectoria profesional del entrevistado tanto en la pedagogía como en la Economía.
 
Objetivos colaterales:
 
Exponer las circunstancias en las que estudiaban los jóvenes de la generación de Codina, cómo enfrentaban las tareas de la Revolución y llevaban simultáneamente sus estudios.
Reflejar la opinión de un Profesor de Mérito sobre la Universidad de La Habana y la labor de un educador.
           
Tipo de entrevista:
 
Por su forma: De personalidad
Por su contenido: Clásica  
Por el canal que se obtuvo: Directa y correo electrónico
 
Tipo de título: Con el nombre del entrevistado
Tipo de entrada: Biográfica
Tipo de cuerpo: De preguntas y respuestas
Tipo de conclusión: De comentario del entrevistado
 
Fuentes consultadas:
 
Búsqueda en Google
 
Fuentes:
www.gestiondelconocimiento.com/alexis.htm
www.juventudrebelde.cu/cuba/2007-03-31/dan-a-conocer-premio-nacional-de-economia-2006/ -
www.uh.cu/centros/ceted/codina
www.degerencia.com/acodina
                   
Tipo de fuente: Documental, no tradicional y complementaria.

FALSAS ENERGÍAS

FALSAS ENERGÍAS
Ciencia vs Pseudociencia. Rationalitis, Primer Taller de pensamiento racional, critica la institucionalización de prácticas de curas alternativas sin el seguimiento del método científico.

NADIA HERRADA HIDALGO,
estudiante de primer año de Periodismo,
Facultad de Comunicación,
Universidad de La Habana.

La pseudociencia podría sustituir a la ciencia si los responsables de esta última no enfrentan el proliferante fenómeno. Precisamente, el Primer Taller de Pensamiento Racional vs. Pseudociencia, Rationalitis, se celebró en la Universidad de La Habana y sus participantes manifestaron inconformidad con la oficialidad de esta tendencia.

El evento, organizado por la Facultad de Física, contó con la presencia de instituciones como el Centro de Inmunología Molecular, el Ministerio de Salud Pública y el Centro de Investigación y Tecnología del Medio Ambiente.

Prestigiosos investigadores de todo el país abordaron temas referidos a la energía piramidal, la homeopatía y las esencias florales.

El doctor Ernesto Altshuler, decano de la Facultad de Física, no legitima la autenticidad de la magia y el curanderismo como prácticas científicas y atribuye al factor psicológico la mejoría de algunos pacientes sometidos a esos métodos.

Altshuler confiesa indignarse cuando utilizan la palabra ciencia y sus conceptos para justificar y brindar credibilidad a alguno de estos procedimientos. Por esta razón, uno de los experimentos que se expuso durante el taller negó la validez de los efectos de la energía piramidal.

Según sondeos de autoridades internacionales de la salud, hoy día las personas eluden la medicina oficial y acuden a procedimientos alternativos, algunos enmarcados en la medicina natural y tradicional y otros rechazados anteriormente, pero con nuevos nombres.

Ficha Técnica:

Tipo de título: Llamativo
Tipo de lead: Interpretativo
Tipo de cuerpo: Lead + Pirámide Invertida + Dato Adicional

Valores noticia: Interés colectivo, humano, repercusión o consecuencia, proximidad o cercanía, actualidad, inmediatez.

AL SERVICIO DEL PAÍS

AL SERVICIO DEL PAÍS
Ratifica compromisos con la sociedad el Instituto de Materiales y Reactivos de la Universidad de La Habana.

YANET GONZÁLEZ RICARDO,
estudiante de primer año de Periodismo,
Facultad de Comunicación,
Universidad de La Habana.

El Instituto de Materiales y Reactivos (IMRE) de la Universidad de La Habana ejecuta proyectos investigativos de repercusión social para el desarrollo económico del país, promueve acciones  de protección al Medio Ambiente, aprovecha  fuentes renovables de energía, y desarrolla productos y equipos para la salud, desde hace más de veinte años.

El IMRE surgió en mayo de 1985 como un proyecto conjunto de las facultades de Física y Química para concentrar recursos humanos y materiales, al tener como área de competencia la tecnología de los materiales.

Según el doctor en Ciencias Físicas, Ernesto Estévez Rams, subdirector del Instituto, la misión del centro consiste en asumir compromisos en áreas científicas de prioridad para el país y transferirle los resultados de las investigaciones.

A partir de un proyecto de la Batalla de Ideas surgió el filtro para purificar el agua como la tecnología más novedosa del IMRE. En esta línea, Estévez Rams puntualizó que la prueba piloto para su aplicación será en la capital este año.

La lanceta láser, por su parte, es un equipo portátil fácilmente transportable y de bajo consumo eléctrico con un rayo de luz como aguja perforadora, utilizado para obtener muestras de sangre con menos dolor y riesgos de transmisión de enfermedades de contacto.
Asimismo, el Instituto concluyó la fabricación de 400 equipos de fototerapia luminosa aplicados en algunos consultorios médicos de la familia.

El centro  fabrica, además, los prototipos de una instalación para el desespinado de nopal y tuna y continúa con los servicios especializados de análisis químico dentro del programa de atención a pacientes con enfermedades metabólicas.

La institución cuenta con más de 120 investigadores y docentes. De ellos, 78 son doctores en Ciencias.

Ficha Técnica:

Tipo de título: Genérico
Tipo de lead: Sumario de Quién
Tipo de Cuerpo: Lead + Pirámide normal u orden cronológico

Valores-noticia: Repercusión, interés colectivo y humano, cercanía.

REPRODUCCIÓN AL DESCUBIERTO

REPRODUCCIÓN AL DESCUBIERTO
Realiza biólogo cubano estudio de orquídea endémica. Destaca presencia de polinizador de una sola especie.

LÁZARA ESTÉVEZ VARELA,
estudiante de primer año de Periodismo,
Facultad de Comunicación,
Universidad de La Habana.

La primera investigación cubana sobre la reproducción  de la especie Broughtonia Lindenii, orquídea con forma de garganta, fue realizada recientemente por Julio César Álvarez Montes de Oca, licenciado en Biología y profesor de esa Facultad, en la Universidad de La Habana.

El estudio será útil para el manejo de especies amenazadas del grupo y ayudará a comprender la evolución y consecuencias de la polinización por engaño en el contexto del Caribe, afirmó  Montes de Oca.

La orquídea se desarrolla sobre árboles y arbustos de pequeña talla asociados a vegetación de zonas bajas. Florece una vez  por año con no más de tres hojas. Las flores son hermafroditas con sépalos y pétalos que van de los colores rosado a malva.

La planta se reproduce por engaño, pues los visitantes florales  al entrar en busca del néctar o recompensa, que nunca obtienen, transportan el polen al ovario. De la cantidad de polen depositado y no del tamaño de estos depende la dimensión de los frutos.

Melissodes Leprieuri, abeja macho de la  familia Apidae, es el único insecto con capacidad para recepcionar polinario y depositar polen en el estigma, facultad dada por sus características morfológicas.

La presencia de una sola especie de polinizador podría ser desfavorable para la orquídea, ya que una disminución drástica en la densidad poblacional del insecto puede provocar una afectación significativa en el éxito reproductivo de la planta, añadió Montes de Oca.

Las orquídeas, con más de 25 000 especies, constituyen una de las mayores familias de plantas con flores. Aunque presentan gran diversidad vegetativa en relación con la zona donde habitan, su radiación adaptativa se atribuye fundamentalmente a sus mecanismos de polinización.

Darwin fue el primero en estudiar detalladamente la polinización del grupo. Sus estudios anatómicos y ecológicos de orquídeas subtropicales y templadas, aclararon numerosos mecanismos de polinización y proporcionaron evidencias coevolutivas de las relaciones insecto-flor.

Ficha Técnica:

Tipo de título: Genérico
Tipo de lead: Sumario de Qué
Tipo de cuerpo: Lead + Pirámide Invertida + Dato Adional

Valores noticia: Originalidad, rareza, curiosidad, novedad o singularidad. Proximidad o cercanía. Repercusión o consecuencia.

CON LOS BRAZOS SIEMPRE ABIERTOS

CON LOS BRAZOS SIEMPRE ABIERTOS

El éxito de que los alumnos se identifiquen con el profesor y comprendan lo que se les imparte, está en una buena comunicación, considera la doctora María Dolores Ortiz 

ROSANA BERJAGA MÉNDEZ,
estudiante de primer año de Periodismo,
Facultad de Comunicación,
Universidad de La Habana.

Después de cuarenta años de profesión, la doctora María Dolores Ortiz, Profesora de Mérito de la Universidad de La Habana, confiesa que no concibe su vida sin la casi tricentenaria institución.

Ahora la escucho contar emocionada las mil y una anécdotas de su vida, mientras se pasea por su oficina  abarrotada de libros en la sede del Ministerio de Educación Superior.

Recuerda los tiempos de Fructuoso Rodríguez, José Antonio Echeverría, cuando los jóvenes universitarios eran los principales protagonistas de acciones como la del 9 de abril, 13 de marzo ó 20 de abril, fechas que, dice, “jamás olvidaré”.

“En tercero o cuarto año de la carrera el ambiente ya estaba cargadito. Se sabía que Fidel estaba en México y no era un secreto para nadie que se preparaba algo, porque el propio Fidel lo había publicado en una Bohemia ‘En el  56 seremos libres o mártires’. El problema era saber cuándo, cómo y dónde.

“Tampoco era secreta, por supuesto, la oposición de los estudiantes al régimen, como aquel grupo que se lanzó al terreno del antiguo Estadio del Cerro para protestar contra la dictadura. Ese gesto fue observado por todo el pueblo, y recuerdo que después  fui al hospital para ver a quienes resultaron heridos.

“Pero uno de mis mejores recuerdos es aquel 27 de noviembre después del Triunfo de la Revolución, cuando se hizo una gran manifestación bajando por la escalinata universitaria hasta el monumento de La Punta. Ese día lloré muchísimo, pero no de rabia o de impotencia, era no sé qué sentimiento inexplicable, pues si antes una veía a la policía de la esquina de Zanja y San Lázaro, o los bomberos, que nos tiraban chorros de agua para detener las manifestaciones, esta vez nos esperaban los de la policía revolucionaria para darse un abrazo con los estudiantes. Quien vivió ese momento no podrá olvidarlo.”  

La historia

Nacida y criada en Holguín, como ella misma afirma abandonó su tierra para venir a estudiar en la Universidad de La Habana la carrera de Filosofía y Letras.

“Esa carrera quizás se estudiaba en la Universidad de Las Villas, pero mi papá, que era abogado y había pertenecido al grupo de Julio Antonio Mella y participado en el Congreso Nacional de Estudiantes, quiso siempre que mi hermana y yo viniéramos a estudiar a la universidad más prestigiosa del país. Ese era su sueño. También era como una tradición, porque otros de mi familia ya lo habían hecho.

“Llegué en 1953, una época difícil para la Universidad y para el país, por el asalto al cuartel Moncada, el juicio de los moncadistas, la dictadura de Batista. Era un tiempo en que la Federación Estudiantil Universitaria desempeñaba un rol importantísimo en la lucha revolucionaria.

“En esa etapa se elegía un delegado por asignatura para recoger los criterios de los estudiantes o si tenían algún problema con los profesores. Yo fui durante tres cursos delegada por la asignatura de Latín, y aún conservo con mucho cariño una especie de planilla que entregaban como constancia de ese cargo.

“Recuerdo que teníamos un grito característico: “¿Quién vive? ¡Caribe!, ¿Quién va? ¡La Universidad!, ¿Quién domina? ¡La Colina!!”, y otro que era una especie de estribillo que empezaba despacito e incrementaba el ritmo con el fervor de la manifestación, y decía: “La-ca-be-za-de-Ba-tis-ta…”.

La vocación de enseñar

La enseñanza estuvo  siempre en su horizonte e, incluso, en aquellos tiempos era el  perfil de su carrera: “Recuerdo que empecé en septiembre de 1957. Estudiaba al mismo tiempo que impartía clases en un colegio privado. Después del Triunfo de la Revolución, me mandaron para Ciudad Libertad a trabajar en una secundaria básica, sin dejar a mis alumnos anteriores, y cuando nacionalizaron las escuelas y comenzó la Campaña de Alfabetización, me los llevé conmigo para Varadero, para prepararse como alfabetizadores también.

“Confieso que uno de mis mayores orgullos es haber pertenecido a la Brigada Conrado Benítez, con la que logramos el primer territorio libre de analfabetismo dentro del municipio de Güines.

“En marzo de 1963 pasé a ser profesora de la Universidad, en la Facultad de Artes y Letras, hasta que Roberto Fernández Retamar, que en aquel tiempo era el jefe del Departamento de Lingüística, me mandó para la Facultad de Educación.

“Luego, Dulce María Escalona, la decana, me mantuvo trabajando con ella durante 12 años como jefa del Departamento de Español en el Pedagógico Varona. Allí hicimos todos los programas, el sistema de evaluación, los planes de estudio, porque estas eran  carreras que no existían antes del triunfo de la Revolución.

“Después comencé a trabajar en el Ministerio de Educación Superior desde su fundación en el 1976, a la vez que mantenía la docencia. Así, impartí clases a Bibliotecología y Ciencias de la Información, a Periodismo (yo fui profesora del primer grupo de Periodismo que se graduó en la Universidad) y la Facultad de Lenguas Extranjeras”.

La doctora María Dolores Ortiz  no temió que todo el historial que la ha hecho una mujer paradigmática en el campo universitario entorpeciera la comunicación con sus alumnos: “No, quizás porque nunca he pensado en que poseo un historial. Creo que esa condición la tienen personas como Vilma, Haydeé, Fidel, Celia, pero yo no. No soy nada extraordinario. ¿Qué he hecho yo en esta vida que no sea más que trabajar?”

Sin embargo, la distinción 250 Aniversario de la Universidad de La Habana tuvo para ella una connotación especial: “Ah, esa sí fue muy importante para mí, todo lo que venga de la Universidad lo es; tal vez por el mismo hecho de que cuando yo me estaba formando, llegar a ser profesor de la Universidad era un sueño casi imposible, por lo que una de las grandes realizaciones de mi vida profesional fue llegar a ser profesora de esta institución, y estoy orgullosa  de serlo; como estoy orgullosa también de toda su historia. Por cierto, esa fue la primera vez que participé en una conmemoración tan grande y fue, además, la primera condecoración que recibí.”

Ahora, el diálogo enrumba a conocer qué profesores no dejaría de mencionar si tuviese que escribir la historia de la Universidad: “Bien, te puedo hablar de los míos, de los que, con muy pocas excepciones, yo nombraría a todos. Aunque, claro, siempre hay algunos que ejercen una influencia mayor. Así te puedo mencionar a la doctora Vicentina Acuña y los doctores Elías Entralgo y Roberto Fernández Retamar.”

Al hablar de maestros, de paradigmas del magisterio, no puede faltar nuestro José Martí. Ella es una devota de la obra martiana, lo transparenta siempre en su proyección ya no como profesora, sino en su hacer cotidiano como cubana.

“Mira, en mi casa, desde que yo era pequeña, mi papá me leía siempre a Martí, y yo fui creciendo con eso. Cuando pude leer y, por supuesto, entender lo que leía, cayó en mis manos La Edad de Oro.

“Yo, aunque quisiera, no podría desligar mi vida de lo que he aprendido de Martí, no solo la profesional, sino la cotidiana, porque hasta la forma en que actúo está ligada estrechamente a lo que he aprendido de él; pero pienso, además, que ningún  cubano puede ser revolucionario sin ser martiano, porque primero se conoce al maestro y después se es todo lo demás.” 

Nos acercamos al momento de la conclusión, la doctora Ortiz tiene trabajo inminente, por eso busco de inmediato que me diga lo que significa para ella la Universidad de La Habana.

“Imagínate. La Universidad de La Habana es una parte importantísima de mi vida. Realmente no concibo mi vida fuera de la Universidad, porque todo lo que he hecho, de alguna forma, está vinculado con ella. Incluso, cuando no pertenecía, mi papá, en la casa, hablaba todo el tiempo de lo que ocurría, de Mella, de las manifestaciones estudiantiles… Yo digo que sigo perteneciendo a la FEU, que soy miembro de sus filas… yo no he dejado de ser parte de esa Universidad.”

Sin embargo, ya no está en las aulas, ¿qué ocurrió?

“Bueno, que “el tiempo pasa y nos vamos poniendo viejos”, como dice la canción de Pablito Milanés, y otra cosa fue que tuve problemas de salud. Me enfermé de las cuerdas vocales y estuve ronca por meses.

“El médico que me atendió lo atribuyó a mi profesión y me prohibió dar clases de nuevo; no obstante, seguí dando clases en aulas de postgrado (y eso requiere mucho esfuerzo, vocal y físico) pero ya no puedo.

“Ahora trabajo asesorando tesis de Maestría y Doctorado, y creo que eso también es útil, ¿no?, aunque ya no esté impartiendo clases.”

Por esa razón muchos afirman que María Dolores Ortíz es como el Alma Máter, con los brazos siempre abiertos…

“Yo creo que no soy tanto. Es bueno que haya gente que me vea así, pero lo que sí te puedo asegurar, sin falsa modestia, es que el éxito de que los alumnos se identifiquen con el profesor y comprendan lo que se les imparte, está en una buena comunicación; por esa parte te puedo decir que estoy orgullosa y conforme, porque siempre tuve buena comunicación con mis alumnos; ellos no tenían pena de acercarse a mí para preguntarme algo y yo trataba de responderles. También pienso que los profesores deben adaptarse a la situación del estudiantado.”

Si de generación se trata, la destacada pedagoga toma partido, a no dudarlo, por la suya, tomada de la mano del cariño y la historia. Y al hablar le brillan los ojos con emotiva sinceridad.

“Considero que cada generación tiene sus particularidades, pero la primera en subir la escalinata después del Triunfo de la Revolución es imposible de olvidar. Esos que subían con tanto fervor revolucionario, que creían tanto en lo que se estaba haciendo y muchos de los cuales ni siquiera habían terminado el bachillerato, porque en aquel tiempo había que tener dinero para estudiar, y eran muy pocos los que se graduaban. Ellos habían formado parte de la Campaña de Alfabetización y se sentían con ganas de seguir haciendo.”

Volvemos nuevamente a la actualidad y le pido piense en la generación de hoy, tan controvertida como siempre son los más jóvenes en su momento, y desde su mirada de pedagoga, madre y abuela imagine qué pudiera cambiarle.

“Tal vez pediría mejorar los modales y el vocabulario, no solo para rescatar el lenguaje y enriquecerlo, sino para desterrar el uso de las malas palabras, que se está haciendo tan frecuente.

“Yo no soy de las que cree que la juventud está perdida, para nada; dejaría de ser educadora si pensara de ese modo de los hombres y mujeres que estoy formando, solo creo que esta es una juventud diferente, que no deja de ser revolucionaria, pero que vive en un tiempo que también es diferente.”

Todos los que pasan por la vida quieren dejar huellas de su existencia en los demás, ¿cómo le gustaría ser recordada?

“Como una buena educadora, simplemente.” 

Así, con dulzura y sonrisa, la doctora María Dolores Ortiz es de los que piensan que el tiempo no derrumba, solo transforma lo que se ha hecho, y sostiene que jamás ha tenido miedo a que los años pasen. Por eso, cuando se le pregunta por su vida en las aulas, responde sin pensarlo: “Un testimonio, aunque tendría algo de aventura, pero definitivamente sería un testimonio de todo lo que he vivido y de lo que he hecho; lo que he podido, claro, porque siempre hay quien ha hecho más. Y no me arrepiento de nada en lo absoluto. Siempre preguntan si volviera a nacer qué sería, y yo sería lo mismo que he sido, sin cambiar nada: maestra, revolucionaria, todo.”

Esta entrevista forma parte del libro en preparación Nosotros, los del 280, escrito como examen final del género por alumnos de Periodismo de la Facultad de Comunicación de la Universidad de La Habana, a propósito del aniversario de la casa de altos estudios cubana.

DOS PROFESIONES Y UN HOMBRE

DOS PROFESIONES Y UN HOMBRE

El doctor Julio García Luis, decano de la Faculta de Comunicación, expresa estar orgulloso de celebrar junto a sus estudiantes el aniversario 280 de la Universidad de La Habana.

VIVIAN MONTEAGUDO CAJINA,
estudiante de primer año de Periodismo,
Facultad de Comunicación,
Universidad de La Habana.

El doctor Julio García Luis, decano de la Facultad de Comunicación, obtuvo la distinción Profesor 280 Aniversario de la Universidad de La Habana, conferida por la Federación de Estudiantes Universitarios (FEU). A pocos días de haber sido condecorado no perdí la oportunidad de establecer un diálogo, con el  propósito de conocer aspectos de su amplia trayectoria profesional.

-Usted se inició como maestro, ¿cómo se convierte en periodista?
 
Realmente me preparé como maestro por necesidad, en mi época el estudiante no tenía opción, no todos podían aspirar a prepararse en cualquier cosa; lo que estuvo al alcance de mis padres, y fue bastante, era que ingresara en la Escuela Normal de Santa Clara, entonces llegué a la escuela Superior, que antiguamente era séptimo y octavo grados, de ahí surgió la idea de ser maestro. Tanto mi hermano como yo obtuvimos las plazas para esa profesión. Me acogí a la posibilidad y comencé a desempeñarme en el magisterio.

Fui profesor de los primeros educadores voluntarios, luego trabajé tres años en la Escuela Formadora de Maestros de Topes de Collantes, allí cursé la Universidad.

En Topes de Collantes fui secretario del Partido, entonces se comenzó a organizar en La Habana el trabajo del Comité Central; a raíz de eso, en el año 1966, me solicitaron para trabajar en dicho órgano.

Me inicié en la Comisión de Orientación Revolucionaria, lo cual coincidió con el proceso contra el sectarismo, una situación muy peligrosa, dada en Cuba en el año 1962 y posteriormente en 1967, eso condujo a que se produjera un cambio en la dirección del periódico Granma y encargaron a varios compañeros a hacerse cargo del diario, entre ellos estaba yo, me designaron responsable de la página ideológica; mediante esa coyuntura  empiezo a desarrollarme como periodista.

Del mismo modo que fui maestro por necesidad, entré al periodismo por una circunstancia, lo cual no me desagradaba, al contrario, me fui familiarizando y llegué a laborar durante 20 años en el periódico. Aprendí todo empíricamente, no realicé ningún estudio de tipo teórico, fue a partir de la necesidad práctica y de las  tareas que debía cumplir.

-De acuerdo con sus conocimientos periodísticos, ¿cómo fue su desempeño cuando comenzó a cubrir las informaciones de Fidel Castro?
 
En el periódico me sucedió algo curioso. Como me inicié en Granma, en la página de opinión, enseguida trabajé como redactor; en aquella época el periódico publicaba a menudo editoriales. Era la etapa de la guerra de Viet Nam,  había una serie de situaciones que generaban esos temas. Yo empecé por lo que debí haber terminado.

No tenía la experiencia de una nota informativa, de un reportaje, ni de una entrevista. Comencé escribiendo artículos, hasta incursionar en las otras formas de hacer periodismo, entre ellas las crónicas. En los viajes internacionales y nacionales del Comandante siempre me gustó utilizar las crónicas, también los reportajes.

-Usted dirigió la Unión de Periodistas de Cuba (UPEC), ¿qué saldo le dejó esa experiencia?

Durante el V Congreso de la Unión de Periodistas, en el año 1986, me eligieron  como candidato a la presidencia de la UPEC, y allí estuve hasta 1993; de esa etapa conservo un buen recuerdo, es un gremio muy particular, donde trabajan personas que se quieren mucho entre sí. Una organización con sus características, sus códigos, sus leyes;   desarrollarme  en ese sector fue muy satisfactorio.  

Haber tenido el respaldo de los periodistas, reunirme con ellos,  analizar los problemas profesionales, y  considerar cómo mejorarlos, no solo en La Habana, sino en cada territorio. Es una experiencia muy importante para todo el que elija trabajar en el campo de la prensa.

-¿Qué valor le confiere a la casa de altos estudios?

La Universidad de La Habana es una entidad que no se puede medir en términos convencionales, es necesario valorarla en su contexto, es una pieza clave en la formación de la nación. Ha desempeñado un papel importante en el proceso histórico. No se puede hablar del pensamiento político en Cuba sin mencionar a la Universidad de La Habana, lo mismo ocurre con las ciencias, la cultura artística literaria. Es decir, es la madre de todas las ramas de la educación en el país.

-¿Cómo compararía la Universidad de épocas anteriores con la actual?

A mi juicio, la Universidad sigue siendo muy importante; ha sufrido un proceso de desmembramiento como consecuencia de la propia expansión de la Educación Superior, de ella se separaron ramas enteras, las Tecnologías, las Ciencias Médicas, la Pedagogía, en general, una serie de contenidos importantes. Es una institución con una función integradora dentro de la sociedad, sin dudas tales cambios le restan impacto social y capacidad de integración.

No se puede pensar que la academia de altos estudios en las condiciones actuales cumple el mismo papel, comparado con épocas anteriores cuando la enseñanza universitaria estaba concentrada en dos o tres centros del país. Hoy son más de 60 universidades en la nación, significa que el talento, las personalidades, las fuerzas de cambio, se pueden encontrar en cualquier lugar del territorio cubano.

Siempre será el gran “tanque pensante” en muchos aspectos, políticos, filosóficos, históricos, y una gran representación en el liderazgo de la Revolución. Con una gran diferencia, no será nunca más monopolio, como lo fue por fuerza en etapas anteriores.        

-Ser Decano de la Facultad de Comunicación implica una gran responsabilidad desde el punto de vista profesional y estudiantil. ¿Cómo lo enfrenta?

Una de las mayores dificultades del trabajo en la Facultad es la de dar respuestas a  las situaciones del trabajo cotidiano, en gran parte se debe a la falta de recursos. Es difícil encontrar solución a todos los problemas, aún de los más elementales.  Es una actividad diferente a la que desarrolla un periodista.

Para mí, asumir la tarea ha sido un sacrificio prolongado, este año cumpliré 10 años en la institución, pero tengo conciencia de la importancia  que posee la formación de los comunicadores sociales, los especialistas en información, es decir, Periodismo, Comunicación Social y Bibliotecología y Ciencia de la Información son tres áreas claves para la sociedad, para cualquier proyecto de desarrollo  del país.     

Integralmente me siento satisfecho por laborar en el mundo del periodismo y contribuir a la formación de los reporteros del mañana.  Es un orgullo celebrar junto a mis estudiantes este aniversario histórico que cumple la Universidad de La Habana.     

-¿Qué  significa asumir la responsabilidad de impartir docencia sobre Géneros de Opinión y  Ética y Deontología?

El Periodismo es una profesión moral por excelencia. Trato que los estudiantes al graduarse tengan una visión básica de la ética periodística, aunque realmente la formación  está vinculada al ejercicio práctico, a la parte laboral. Es importante para mí trabajar en esa docencia, pues  tengo la posibilidad de intervenir en el desarrollo de los futuros profesionales.

-¿Cómo debe ser un periodista de estos tiempos?

Valiente; estar dispuesto a trabajar sobre el límite, el cual está dado por factores políticos, económicos, ideológicos. Un buen vocero de la verdad debe tener las herramientas del conocimiento, el dominio para atreverse a trabajar contra los problemas. Nunca debe contentarse con una cosa mediocre, si se atiene a ello no producirá ningún efecto. El reportero es la exploración y la punta de vanguardia en el ejército de periodistas, es la tropa de choque. Son agentes de cambio y se ocupan directamente de las percepciones sociales.

-La Asociación de Comunicadores de Cuba le otorgó el Premio por la Obra de toda la Vida. ¿Cuán comprometido se siente con ese sector?
 
Eso tiene cierta raíz histórica, la Asociación de Comunicadores dio sus primeros pasos en la época que fui presidente de la UPEC, estoy  vinculado a ella desde su surgimiento.  Hoy,  ese sector desempeña un papel importante, fundamentalmente con la carrera de Comunicación, aportando profesores, y también en la práctica de los estudiantes.

-En  su libro 45 Grandes momentos de la Revolución, además de destacar el aniversario que cumplía la misma, ¿tuvo otro motivo para realizarlo?

Hice el libro por una cuestión de compromiso práctico, se me ocurrió que sería útil recoger una serie de documentos, esas informaciones siempre necesarias, de ahí surge la idea de reflejar, primero los 40 momentos, y  luego la presente edición de los 45 acontecimientos más relevantes de la Revolución, impulsado esencialmente por motivación profesional. 

-Anualmente las Fuerzas Armadas Revolucionarias (FAR) entregan la Distinción  Réplica del Machete de Máximo Gómez, usted fue merecedor de ese premio…
 
Hace 20 años que recibí el galardón y representa el compromiso  con la defensa, es un estímulo de las Fuerzas Armadas para los trabajadores de la prensa y la cultura. Lo obtuve por los años  ejercidos como periodista en las tareas de la Patria. Es una responsabilidad para los periodistas fortalecer la defensa del país.

-¿Qué aspecto destacaría si definiera el proceso de  la Revolución Cubana, desde la etapa capitalista hasta nuestros días?  

Una sed de justicia muy grande, es difícil imaginar el grado de iniquidades acumuladas en Cuba, son muchos años de abusos, atropellos de todo tipo, crímenes, hechos que fueron resultado de la dominación norteamericana. Nuestro país ha permanecido en esa ambición de justicia, de independencia, comenzada por Carlos Manuel de Céspedes, y lograda plenamente por la Revolución.

-Hoy uno de los mayores orgullos de Julio García Luis es…

Mis estudiantes, no puedo negarlo. Cuando los veo desempeñándose en la prensa, en la televisión, destacándose en la profesión que eligieron, esa es una de  mis mayores satisfacciones.

Esta entrevista forma parte del libro en preparación Nosotros, los del 280, escrito como examen final del género por alumnos de Periodismo de la Facultad de Comunicación de la Universidad de La Habana, a propósito del aniversario de la casa de altos estudios cubana.

Ficha Técnica:
 
Objetivo central: Conocer la trayectoria del Decano de la Facultad de Comunicación, Julio García Luis.

Objetivos colaterales: Conocer sus criterios como periodista y también abordar algunos momentos de su etapa laboral, en las dos profesiones que ha desempeñado.

Tipo de entrevista:

Por su forma: Clásica.

Por su contenido: De personalidad.

Por el canal que se obtuvo: Encuentro directo.

Tipo de Título: De Referencia al tema del entrevistado.
Tipo de entrada: Noticiosa. Presenta de inmediato una noticia del entrevistado.

Tipo de cuerpo: De preguntas y respuestas.
Tipo de cierre: De opinión del entrevistado.

Fuentes consultadas:
       
Libros: García Luis, Julio: Revolución Cubana: 40 Grandes momentos. Y: García Luis, Julio: Ética periodística: Selección de lecturas.

Fuente: Documental.

“LO QUE HAGO, LO HAGO CON AMOR”

“LO QUE HAGO, LO HAGO CON AMOR”

Desde el anonimato del Archivo Central, Leticia Puerto se encarga, junto a sus compañeros, de atesorar y hacer fluir la memoria casi tricentenaria de la Universidad de La Habana.
 
ADIANEZ MÁRQUEZ,
estudiante de primer año de Periodismo,
Facultad de Comunicación,
Universidad de La Habana.

foto: MARÍA DEL CARMEN RAMÓN

Al caminar por el costado de la Facultad de Cibernética- Matemática y pasar junto a las ventanas del Archivo Central de la Universidad de la Habana, este último parece un lugar muy tranquilo, pero una vez que dentro, es que realmente una se percata de que el trabajo allí nunca termina. Existe un ambiente de cordialidad y una limpieza impecables.

Las personas que laboran en él hacen lo posible por ayudar al usuario y brindan su servicio esbozando siempre una sonrisa. Interesada por conocer más sobre este departamento, converso con Leticia Puerto Colina, graduada de nivel medio en Construcción Naval en el año 1982 y trabajadora del Archivo Central de la casa de altos estudios habanera desde el 1 de abril de 1996, cuando ocupó la plaza de Archivera A, puesto en que desempeñó hasta el 1998. Su labor consiste, fundamentalmente, en el trabajo con el fondo documental del archivo: organizarlo, devolver los expedientes a su lugar, sacarlos en un momento determinado, reparar el que estuviese en mal estado, entre otras tareas que aseguran parte del buen funcionamiento de la institución.
 
-¿Qué cargos ha ocupado durante sus años de trabajo en el departamento?

En septiembre de 1998 empecé en lo que sería mi segunda ocupación: encargada del control de expediente académico. Desde junio del 2004 estoy en la plaza de técnico en Gestión Documental.

-¿Ha realizado otros cursos relacionados con la temática en qué se desarrolla?

Para ocupar  la plaza de encargada en Control de Expedientes, pasé un curso de adiestramiento y fui evaluada para el mismo. Luego estuve en otro para secretaria de Organización y Manejo de los Archivos de Gestión, el cual fue organizado por la Dirección de Recursos Humanos de la Universidad en coordinación con la Facultad de Comunicación. Más tarde participé en uno de habilitación, para el conocimiento general de operador de microcomputadora del Centro Nacional de Superación y Adiestramiento en Informática. Actualmente me encuentro en segundo año de la carrera de licenciatura en Bibliotecología y Ciencias de la Información, en la Sede Universitaria Municipal de Plaza de la Revolución.

-En el Archivo Central se realizan dos procesos: atención a investigadores y la reproducción de documentos y confección de títulos de graduados. ¿Podría explicar brevemente  en qué consiste cada uno?

La atención a investigadores realmente no es una actividad en la cual yo me desempeñe dentro del Archivo, pero puedo decirte que su atención consiste en facilitar toda la documentación necesaria solicitada por ellos oficialmente, ya que aquí se encuentran documentos valiosos que datan desde que se fundó la Universidad.

Yo trabajo en el área de reproducción de documentos, destinada a la confección de diferentes documentos como, por ejemplo, la certificación de notas, certificados de graduados o de bajas, entre otros; también, la confección de los títulos de graduados, ya sean desfasados o de la graduación masiva, confección de los catálogos y su registro; revisión de los expedientes de los graduados y las bajas.

-¿Cómo es una jornada laboral de usted en el Archivo Central?

Bastante intensa. Tengo por regla el día anterior dejar a la vista en mi buró los trabajos pendientes, las cosas urgentes, cualquier problema que ver con las facultades, o que solicitar algún expediente u otra cuestión que no me quede clara en el  momento de revisar la documentación. Eso es lo primero que hago cuando llego.

A partir de ahí, reviso las solicitudes que entraron el día anterior y comienzo entonces todo el proceso que estas llevan en el Archivo: ver si las cartas están bien confeccionadas, si el motivo se corresponde con el documento que se solicita, dar su entrada, localizar el número de ese expediente y proceder a la confección del documento pedido. Realmente no soy la persona que elaboro diariamente algunos de esos documentos, aunque cuando es necesario los asumo igual.

Durante el día atiendo a los usuarios que presentan un problema determinado, debido a que el personal es bastante nuevo; también a las secretarías de las facultades que tienen alguna inquietud. Por ejemplo, en estos momentos se están recibiendo los expedientes de los graduados del curso anterior (2006-2007) y los listados de los posibles graduados de este período (2007-2008), para poder asentarlos en el libro de registro y que se proceda a confeccionar  los títulos.

Como mi función fundamental es la de controlar y supervisar el trabajo que se realiza en mi área de responsabilidad, que  salga con la calidad requerida, pues entonces el mayor peso de mi actividad consiste en revisar cuidadosamente el documento que se ha confeccionado anteriormente con el propósito que contenga toda la información que en él se registra correctamente y que coincida con la que aparece en el expediente, por ejemplo, que no tenga faltas de ortografía, que contenga las notas, la expedición del título, la escala de clasificaciones, etc.

-¿A su juicio, qué importancia ha tenido el Archivo Central en la historia de la Universidad de La Habana?

La importancia fundamental es que atesora todos los documentos generados por la Universidad desde su fundación, los cuales representan  su historia.

-¿Qué relación  tiene su trabajo en el Archivo con la Secretaría General de la Universidad y con las diferentes secretarías de las Facultades?

Trabajamos de manera independiente, pero nos subordinamos todos a la Secretaría General de la Universidad. A partir de ella es que se reciben las informaciones y las regulaciones que se establecen para la labor docente-educativa, esto vinculado a las secretarías de las facultades.

El expediente docente, como reflejo de la vida del estudiante, se genera en cada una de las secretarías de las diferentes facultades. Culminado sus estudios, ese documento se transfiere al Archivo Central para su guarda y custodia, y posteriormente, es utilizado para la confección de los documentos solicitados.

-¿Los expedientes se guardan por tiempo indefinido o tienen alguna fecha para deshacerse de ellos o trasladarlos a otro lugar?

Hasta hoy, que yo conozca, están guardados por tiempo indefinido y no se ha hecho ninguna valoración de la documentación para su depuración.

-¿Disfruta usted su trabajo?

Sí, lo disfruto, porque empecé desde abajo y he ido ocupando distintas responsabilidades. Eso me ha dado un conocimiento general del trabajo que realizo y,  además, lo hago con amor.

-¿Ha recibido algún reconocimiento?

Nunca he trabajado por reconocimientos, lo hago por conciencia, tanto aquí, en el Archivo, como en otros centros anteriores y, como te dije anteriormente, lo que realizo es con amor y me esfuerzo para que sea lo mejor posible. Pero si te refieres a diplomas y esas cosas, no.

-¿Alguna experiencia importante que haya tenido en estos años?

Para mí todo el tiempo que he estado en el Archivo ha sido importante, cualquier actividad que he realizado me ha aportado una gran experiencia. Considero que realmente lo que soy hoy es el fruto de esa trayectoria laboral por este Archivo.

-¿Qué ha significado la Universidad para usted?

Para mí ha tenido gran significado porque verdaderamente empecé a trabajar en ella en el año 1988. Antes laboraba en el municipio de la Unión de Jóvenes Comunistas de Plaza de la Revolución y atendía  la Universidad. Después de cumplir con esa tarea, estuve algún tiempo en la librería Alma Mater, posteriormente en la Facultad de Enseñanza Dirigida, conocida hoy como Facultad de Educación a Distancia. Si sacamos cuenta, llevo buena parte de mi vida aquí, o sea, que en este momento pudiera decir que ha representado mucho.

Leticia Puerto es una persona dispuesta a ayudar a todos, sin importar la enorme cantidad de trabajo que le espere en su buró. Ella siempre encuentra un espacio para brindar a quienes soliciten su ayuda. Gente así, sencilla, honran a esta casa de altos estudios y hacen fluir la memoria casi tricentenaria de la Universidad de La Habana.

Esta entrevista forma parte del libro en preparación Nosotros, los del 280, escrito como examen final del género por alumnos de Periodismo de la Facultad de Comunicación de la Universidad de La Habana, a propósito del aniversario de la casa de altos estudios cubana.