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Isla al Sur

Periodismo Retrospectivo-Trabajos docentes

AVENTURARSE MÁS ALLÁ DE LA HISTORIA

AVENTURARSE MÁS ALLÁ DE LA HISTORIA

Tema: ¿Qué posibilidades ofrece el estilo interpretativo en el tratamiento retrospectivo?

YARISLEIDYS DOMINGUEZ GONZALEZ,
estudiante de tercer año de Periodismo,
Facultad de Comunicación,
Universidad de La Habana.

Con el propósito de desarrollar una investigación sobre las posibilidades que ofrece el estilo interpretativo en el tratamiento retrospectivo, comenzaré por sugerir dos definiciones relacionadas con el tema abordado. Las mismas son: interpretación y periodismo retrospectivo.

En términos semánticos, interpretación es la acción de explicar acciones, dichos o sucesos que pueden ser entendidos de diferentes modos. Permite concebir, ordenar o expresar de un modo personal la realidad.

Esta actividad es propia y fundamental de varios campos de acción, de los cuales no está  excluido el Periodismo. Por tal motivo, es prudente reflejar la visión periodística acerca del significado de la interpretación de Luis Machado Ordetx, citado en el artículo Periodistas, profusos historiadores del instante, donde expone:

“Interpretar es el hecho de que un acontecimiento, ya dado e independiente del periodista, puede ser analizado y expresado o como se le suele nombrar, traducido, a una nueva forma de expresión, siéndole fiel al contenido original que se interpreta”.

En tanto el periodismo retrospectivo es el tratamiento dado a  la información que viene del pasado, ahora proporcionándonos nuevas luces, y que puede ofrecerse al destinatario en cualquiera de las formas del periodismo, es decir, los géneros.

El periodismo retrospectivo tiene como objetivo principal responder dos preguntas esenciales: ¿por qué ocurrió? y ¿cómo ocurrió?  Esto lo logra mediante el recuento de los hechos, pero visto desde otras perspectivas. Para ello requiere de la contextualización (es poner todos los hechos pasados, el ambiente en que se desarrolló y sus protagonistas, en relación con el presente que se está trabajando), explicación (permite clarificar lo ocurrido, darle su adecuada significación y recorrer hacia atrás en el tiempo, en busca de elementos  que están  o se desean  ilustrar hoy), proyección (indica al lector la posible evolución de los acontecimientos sobre la base de lo que actualmente ocurre) y organización de los sucesos (sitúa todo lo anterior en relación, tanto en el plano de reflexión como en la exposición de los hechos). Esas posibilidades las brinda el estilo interpretativo.

“Actualmente están relacionadas dos palabras que a primera instancia se anteponen, intentando denominar una modalidad dentro del oficio de los reporteros: periodismo retrospectivo. Lo que demuestra que a pesar de las diferencias existentes entre Historia, que por definición y naturaleza asociativa, es pasado, calma, lo viejo, lo que ya fue; mientras que Periodismo se refiere a todo lo contrario, a actualidad e inmediatez, ambos oficios poseen un punto en común, el ejercicio de su profesión, tanto al historiador como al periodista los inspira responder la pregunta de qué sucedió”, opina Luis Raúl Vázquez Muñoz, reportero del periódico Juventud Rebelde, en su artículo Periodismo Histórico: la criatura que quiere vestirse.

En ese trabajo declara, además: “En  la práctica, los dos ejercen una vocación de cronista, después de perseguir la comprensión de los hechos. Antes de someterlos a juicio; ambos se mueven bajo reglas éticas y, a la hora de actuar, tanto el uno como el otro se preocupan de manera enfermiza por la veracidad del dato”. 

Por su parte, el Máster en Ciencias de la Comunicación y Jefe de la Disciplina Periodismo Digital en la Facultad de Comunicación de la Universidad de La Habana, Miguel Ernesto Gómez Masjuán, coincidiendo con el criterio del periodista Luis Raúl Vázquez Muñoz.

“La interpretación es una herramienta fundamental para realizar periodismo retrospectivo. Sin ella no pudiera el periodista tomar  una serie de informaciones del pasado, relacionadas con un hecho dado, para reconstruir ese momento vivido y traerlo a la realidad del presente. Eso  precisamente es periodismo retrospectivo” acota.

Para Antonio Moltó, director del Instituto Internacional de Periodismo José Martí, según su enfoque con respecto al tema,  el estilo interpretativo brinda la posibilidad de sugerir (decir entre líneas), entregar una información dotada de sentido y dirección y un hilo conductor del acontecimiento  tratado, dando cabida al público para que arribe a conclusiones propias y no impuestas por el periodista.

Miguel Ernesto Gómez Masjuán, reconoce la complejidad de la labor y destaca que se requiere de competencia cultural, gran capacidad investigativa e interpretativa y, sobre todo, un extraordinario manejo de las fuentes, para no correr el  riesgo de equivocarse y desvirtuar toda la información: “Es por ello que me parece fundamental la contraposición de fuentes para no ir por la única versión de los hechos y  poder manejar mejor sus contextos”.

El periodista Luis Raúl Vázquez Muñoz coincide con lo antes expuesto al declarar, para este trabajo, que permite romper la claridad y  linealidad de entender el periodismo, e ir más allá de la simple formulación de los hechos para entrar en cuestiones sustanciales.

Sobre el tema,  comenta Julio Batista: “El periodismo retrospectivo permite hacer trabajos con mejor terminación que la simple noticia. La principal posibilidad que brinda el periodismo histórico –tal como concibo la retrospección-, es la de entretener, ganar al público mientras este va aprendiendo. Está demostrado que cuando las personas no se sienten atraídas por lo que escuchan o leen, muchas veces esa información pasa inadvertida. En otras ocasiones es el recurso ideal para captar la atención de las personas cuando una noticia no tiene el peso suficiente, o no es muy conocida, ahí está el reto, en convertir cualquier cosa del pasado en algo que la gente agradezca”.

Para lograr este tipo de periodismo retrospectivo que propone Julio Batista se necesita de varios recursos como, por ejemplo, la descripción para poder ubicar a las personas en la realidad que se está construyendo, pero  existen dos elementos imprescindibles: la argumentación y la interpretación.

“La argumentación se logra con la utilización de fuentes vivas y  documentales, que se consultan para poder complementar la interpretación. En cambio la interpretación muestra diferentes versiones y enfoques sobre el tema cuestionado. Dicha interpretación debe ser comprometida y responsable y tiene que poseer sentido común y brindar la oportunidad al público de que emita su propia interpretación. Es decir, debe darle su espacio al receptor para que la comunicación no sea unidireccional”, apunta Moltó.

Como ya se había expuesto anteriormente, se pretende hacer un periodismo retrospectivo que responda a los intereses de la sociedad y a los del periodismo en sí, y para conseguirlo el periodista debe aplicar en sus trabajos todos los recursos existentes a fin con la modalidad y  todas las técnicas necesarias  para  poder ofrecer al destinatario diversos puntos de vistas sobre un suceso que un día tuvo interés social y que al transcurrir de los años es trascendental.

BIBLIOGRAFIA:

Vázquez,  Luis Raúl: Periodismo Histórico: la criatura que quiere vestirse. En: http://www.periodismohistorico.net/

articles/tribuna/145.htm. Consultado el: 20- 4-2011.

Machado Ordetx, Luís: Periodistas, profusos historiadores del instante. En: http://cubanosdekilates.blogia.com/

2009/021401-periodistas-profusos-historiadores-del-instante.php. Consultado el: 20-4-2011.

Periodistas consultados:
 
Antonio Moltó, director del Instituto Internacional de Periodismo José Martí.
 
Julio Batista, Premio Nacional de Periodismo José Martí. Periodista de Radio Rebelde.
 
Luis Raúl  Vázquez, corresponsal del periódico Juventud Rebelde.

Miguel Ernesto Gómez Masjuán, profesor de la Facultad de Comunicación de la Universidad de La Habana.                     

 

 

«EL PASADO HISTÓRICO SIGUE ALUMBRÁNDONOS EL PRESENTE»

«EL PASADO HISTÓRICO SIGUE ALUMBRÁNDONOS EL PRESENTE»

Luis Toledo Sande, redactor de la revista Bohemia, comparte sus consideraciones en torno a la narración retrospectiva y su presencia en la prensa nacional cubana.

LÁZARO JORGE CARRASCO,
estudiante de primer año de Periodismo,
Facultad de Comunicación,
Universidad de La Habana.

Escribir sobre el pasado puede hacer a un periodista correr el riesgo de que la narración resulte poco atractiva, interesante. Y puede también, como confiesa Luis Toledo Sande, redactor de la revista Bohemia, tropezar con algún editor al que no le parezca portador de relevancia el tema que se pretende rescatar y actualizar periodísticamente.

En el pasado, sin embargo, reside la fuerza y el sostén para el futuro. Y a pesar de las dificultades que el periodismo retrospectivo pueda poner en el camino del reportero, se hace imprescindible en la prensa nacional el tratamiento de lo que fuimos, para conocer mejor quiénes somos y hacia dónde  nos emcaminamos.

-¿Qué definición plantearía usted para el periodismo retrospectivo?

La palabra retrospectiva se opone a la palabra perspectiva. Es decir, esta frase plantea una mirada hacia el pasado. El periodismo retrospectivo se relaciona con la presencia del pasado en la prensa diaria.

En este sentido, yo creo que todo es presente y todo es futuro. Como norma, nadie va al pasado para quedarse en él. Los que van al pasado buscan que les diga algo útil para su tiempo. Porque el pasado siempre está presente, y lo que fue, está en lo que es.

Nadie regresa a lo que no le interesa. Cuando una persona retoma un tema, acontecimiento o asunto en general del pasado es porque allí hay cosas que alimentan su pensamiento, o le advierten sobre lo que no se debe hacer, le da lecciones sobre cómo se pensó en un momento determinado y a partir de ahí puede entonces reflexionar sobre los resortes para pensar su propio tiempo.

En definitiva: el periodismo retrospectivo, que hurga en el pasado, tiene siempre un interés marcadísimo en el presente. Y no solo el periodismo. Cuando leemos, por ejemplo, textos antiguos como la Ilíada o la Odisea, disfrutamos el placer estético de los hechos contados, también extraemos claves para comprender lo que sucede o no en nuestros días. ¿Por que iría uno a un poema de amor de hace 20 siglos atrás? Porque encuentra allí lo que perdura. El sentimiento del amor en otro tiempo que puede conducirnos, quizás, hacia el futuro.

-¿Cómo hacer de un relato retrospectivo un producto comunicativo interesante?

Primeramente, el acontecimiento en que uno se va a fijar debe ser interesante y debe resultar útil reparar en él. De ahí parto. El que Honoré de Balzac conversara con su cocinera puede no resultar un acontecimiento interesante. Pero el conocer que Balzac leía a su cocinera sus novelas y manuscritos para conocer si estos eran comprendidos, y que apoyado en esos criterios terminaba de escribir, es un asunto diferente.

Va a resultar esencial la inteligencia, la orientación y las intenciones con que se aborden los acontecimientos del pasado, las figuras, los textos, las creencias o las ideas, para poder extraer de ellos una utilidad en nuestro tiempo.

-Qué tipo de temática debería ser retomada periodísticamente.

Las que tengan algo que aportar. Puede ser placer. La humanidad también necesita del placer estético. El ser humano necesita disfrutar de la belleza. Esa puede ser una cualidad que merezca retomar un tema. Otra puede ser que el asunto a tratar aporte algo a los valores que defendemos, a los proyectos que sustentemos. De otra forma no tiene sentido.

Porque uno podría ir al pasado para auto regocijarse, pero ello implicaría estar solo en la biblioteca o acostado en la cama, riendo o llorando con los sucesos del pasado. Sin embargo, si uno se cree con el derecho de convidar a otros a dedicar tiempo de sus vidas a leer lo que uno lee y escribe, debe ser porque considera que puede resultar útil a un grupo determinado de personas. De otra manera, sería un acto de egoísmo intelectual, de egolatría.

-Una de las reservas que tienen los investigadores respecto al llamado periodismo retrospectivo es el riesgo de la «falacia o distorsión retrospectiva» a la hora de narrar sobre un tema que ocurrió hace mucho tiempo atrás. ¿Cómo evitar estas aberraciones?

Lo único que está libre de aberraciones, desde ese punto de vista, es la ciencia y ficción, en la que uno imagina el futuro como quiere imaginarlo. Por lo tanto, esto constituye un acto de imaginación solamente. Ahora bien, la aberración interpretativa, la falacia, lo que puede haber de deformación en algo que uno escriba sobre un acontecimiento no es necesariamente mayor en el periodismo que mira el pasado que en el periodismo que hurga en el presente.

Todo periodismo es un acto de interpretación. Por tanto, yo puedo ser tan parcial, tan equivocado, tan sabio, tan lúcido, tan torpe cuando valoro y me acerco a un acontecimiento del pasado como cuando observo lo que ocurre a mi alrededor. Esto nos remite a un término muy vapuleado, expuesto a muchas circunstancias: la manipulación. Toda interpretación es un acto de manipulación. Ahora, ésta no es necesariamente buena ni mala. Cuando un cirujano realiza una intervención quirúrgica manipula los instrumentos de trabajo, y el propio organismo humano. Todo depende de que los manipule bien o mal, con mayor o menor acierto, más o menos científicamente.

Sucede algo parecido, por ejemplo, al hacer una antología e incluir un texto de José Antonio Saco y no otro, o uno del Conde de Pozos Dulces y no otro. Esto constituye un acto de manipulación también, desde el momento en que se toman los textos valorados como considerables, y cuya evaluación incluye un punto de vista. Lo importante es la manera de manipular: bien o mal, con honradez e inteligencia o sin ellas. Porque finalmente a lo que no se puede rehuir es al hecho de manipular, ya sea de una manera o de otra. Igualmente, la perspectiva que alguien tiene sobre un asunto puede ser sabia, mientras que para otros puede ser considerada un acto de torpeza o inmoralidad, un acto de manipulación dolosa, y viceversa.

-La prensa nacional y el periodismo retrospectivo…

Mi trabajo particular, por ejemplo, en una revista como Bohemia, en la revista Casa de las Américas, o en el Anuario del Centro de Estudios Martianos, me dice que indudablemente sí hay interés. Ahora: ¿ese interés es todo lo amplio que debía ser o tiene en la prensa toda la representación que debía poseer? Ese es ya otro asunto. Estas tres publicaciones que mencioné comparten ostensiblemente la preocupación por el abordaje del pasado.

Sería interesante realizar un balance estadístico en la prensa diaria para investigar el estudio o las miradas hacia nuestro pasado histórico, que sigue alumbrándonos el presente. Y para conocer qué grado de inteligencia, precisión y acierto tiene el modo en que representamos ese pasado. En nuestras publicaciones aparecen textos sobre el pasado de Cuba. Pero me inclino a creer que no en la medida en que debían. De hecho, la prensa nacional no es suficiente aún para abordar acontecimientos de hoy, la vida contemporánea cubana.

Si no ha logrado eso, que es en definitiva para lo que está llamada, es muy difícil que consiga dar al pasado histórico de la humanidad, no solo al nuestro, la atención que podría proporcionar. Y esto no recae solamente sobre los hombros de quienes escriben. Cuando se habla de la prensa y sus aciertos es necesario tener en cuenta también a quienes la diseñan, a quienes la dirigen y a quienes la orientan. Ninguno de ellos puede culpar al otro, porque la prensa es responsabilidad de todos.

-¿Recuerda de manera especial algún trabajo de este tipo en la prensa cubana? ¿Alguno memorable?

Más que textos en particular recuerdo grandes temas. Uno de ellos es el de nuestras guerras de independencia. Nuestros héroes de las guerras independentistas suelen tener una buena presencia en los medios nacionales de comunicación.

Aquí quiero señalar la necesidad de rectificar las falsedades interpretativas que han ocurrido con una temática particular: el concepto de República y de historia republicana de Cuba. Hemos relegado este concepto a un pedazo de nuestra historia, el inaugurado el 20 de mayo de 1902 e interrumpido felizmente el 31 de diciembre de 1953. Llamamos «la República» a ese período como si nuestra República solo se limitara ahí, que es decir a lo neocolonial, a la tiranía, a la tortura, al latifundio, a los desalojos campesinos. De esta manera, renunciamos a que Cuba nació como República en Armas en 1869 y que continúa siéndolo. Nuestra prensa debía tener claros esos asuntos.

Otro tema relevante es la suerte descomunal que tienen algunas figuras de la historia de Cuba en el contexto de los trabajos retrospectivos. Enrique José Varona, por ejemplo. No me opongo a que tenga tal suerte ni pretendo que descienda de la altura valorativa en la que se le ha colocado, pero el Varona de los últimos años de su vida, ese que fue glorificado por Mella, Villena, Roa y que se opuso a la forma de república de su tiempo, nos ha hecho olvidar al Varona que no respondió afirmativamente a la propuesta martiana de colaborar con el periódico Patria. Esto demuestra que las figuras históricas suelen ser mucho más complejas de lo que a menudo hemos creído.

-Según su juicio, ¿cuáles deben ser las principales armas de que se valga un periodista ocupado de narrar sobre un tema del pasado?

Lo primero es creer en lo que se hace. Y esto es aplicable a todo tipo de periodismo y de obra humana en general. Además, se debe contar con ciertas herramientas ineludibles: voluntad de investigación, honradez interpretativa y capacidad de discernimiento para saber qué es más o menos importante y  perdurable. Y, desde luego, se necesita una voluntad inagotable de perfeccionamiento e insatisfacción con lo hecho, lo cual permitirá que el periodista no crea que haya llegado a la última luz, a toda la luz. Es necesario estar siempre abierto al asombro, al descubrimiento, a la renovación.


 

ESCRIBIR PARA EL FUTURO

ESCRIBIR PARA EL FUTURO

Tema: ¿Qué mensaje nos transmite el historiador francés Fernand Braudel, al afirmar que la revisión de la prensa es un ejercicio encantador, casi mágico, en que se pasa revista a un calidoscopio de situaciones y personajes?

KARLIENYS CALZADILLA PADILLA,
estudiante de tercer año de Periodismo,
Facultad de Comunicación,
Universidad de La Habana.

Los primeros periodistas no estudiaron en academias, ni recibieron clases de Teoría de la Comunicación, ni realizaron prácticas laborales en los medios. Los primigenios de nuestra profesión eran habitantes del pueblo y protagonistas de los acontecimientos que sucedían en “el reino de este mundo”, quienes dominaban el arte de la palabra y poseían, a su vez, algunas ventajas económicas que les facilitaba imprimir y distribuir sus artículos.

Investigaciones realizadas arrojan que la génesis del oficio pudiera ser el Acta Diurna, en el siglo I a.n.e, presentada por Julio César en el Foro Romano. Sin embargo, el periodismo como tal, hay quienes aseveran que nació en Inglaterra en el siglo VIII, aunque no fue hasta el siglo XV, con el inicio de la imprenta, que se comienza a hablar concretamente de la profesión. Aún existe la discusión sobre la publicación del primer periódico. Algunos plantean que el debutante fue el Nurenberg Zeitung, publicado en Alemania en 1457. Otros, en cambio, corroboran que la primacía la tuvo el Daily Courrant (1792) en Inglaterra, fecha esta que se acerca más al concepto moderno de una profesión que no rebasa los 300 años.

En el siglo XIX, el periodismo revolucionó debido a los grandes avances tecnológicos que se produjeron, tanto en las comunicaciones como en el transporte. Es, en esa época, cuando aparecieron en los medios las distintas secciones informativas.

Una centuria más tarde, los adelantos en las telecomunicaciones convirtieron a la información en un elemento imprescindible de uso social y, por tanto, quienes la transmitían alcanzaron un reconocimiento entre las masas.

Según Fernando Andrade Ruiz, profesor de la Universidad Católica Boliviana, “la persona que maneja información y la distribuye socialmente termina adquiriendo alguna dosis de poder. Los informantes saben que de la forma como el periodista procese la información dependerá la manera como el público se entere de ella. Esto deviene en poder, no absoluto, pero tampoco despreciable.”

Es por ello que en la actualidad, la prensa ocupa un lugar cimero en la recopilación y almacenamiento de datos. Hoy, el buen periodista es quien encuentra una buena historia. El mejor, en cambio, deambula como una polilla traviesa, entre esos tomos cubiertos por el polvo que guardan en sus páginas el por qué de cada fenómeno y dan cuenta de una época, de una sociedad, de un contexto y entorno político, económico, social e ideológico.

Al respecto, Javier del Rey, profesor de la Universidad Complutense de Madrid, asegura que al profesional de la prensa “se le supone amplia formación porque su tema es, en definitiva, hurgar en la sociedad, distinguir entre medios y fines, priorizar, y conseguir racionalidad en el tratamiento de los temas socialmente relevantes”.

Para José Luis López, periodista del diario Juventud Rebelde, “cuando vamos a redactar un trabajo es imprescindible investigar, recolectar un poquito de aquí y otro de allá para, detalle a detalle, armar ese rompecabezas que, desde el mismo instante de su publicación, se convertirá en un importante registro histórico. Nosotros construimos una época, y es nuestra responsabilidad velar porque las futuras generaciones conozcan los acontecimientos de esta etapa, como mismo ha hecho cada generación de reporteros en su tiempo”.

Según el periodista uruguayo, Darío Klein, “la publicación de una historia de investigación es un acontecimiento en sí misma y normalmente introduce, agrega o revive un tema en la agenda mediática. De esta manera, no hace más que enriquecer el debate público, agregándole temas y argumentos”.

Por ello, el historiador francés Fernand Braudel, asume que una historia profunda “no la descubrimos nosotros, sino que únicamente la ponemos en evidencia. (…) La historia es el cuento de nunca acabar, siempre está haciéndose, superándose.

John Stuart Mill, por su parte, considera que “revelar al mundo algo que le interesa profundamente y que hasta entonces ignoraba, demostrarle que ha sido engañado en algún punto vital para sus intereses temporales o espirituales, es el mayor servicio que un ser humano puede prestar a sus semejantes”.

“Nuestra función primera es informar, dotar a la sociedad, a los hombres, de aquellos conocimientos que ellos, vinculados o no a determinados sucesos que ocurrieron, necesitan conocer. La prensa como registro histórico deviene de su función primera”, asegura Iraida Calzadilla Rodríguez, periodista y profesora de la Facultad de Comunicación de la Universidad de La Habana.

¿Es, por tanto, el periodista un historiador? Para Paul Johnson, profesional de la prensa de Inglaterra, ambas profesiones tienen un mismo objetivo: “Buscan la verdad, investigan sobre hechos importantes y la manera en que se ordenan. No se puede determinar con exactitud dónde termina el trabajo del historiador y dónde comienza el del periodista.

“(…) Muchos se centran en buscar la verdad independientemente de otras consideraciones. En cierto modo se podría comparar con el trabajo que realizan los científicos. Según Einstein se debía partir de una hipótesis y luego tratar de demostrar que es correcta mediante pruebas que la corroboren. Si no, debe abandonarla o modificarla. Pero estas normas resultan bastante difíciles, por lo que se deben de cumplir de forma rigurosa y buscar la verdad, suprimiendo nuestros deseos instintivos humanos”, recomienda Johnson.

Sin embargo, desde la aparición en la década de los 60 del pasado siglo de Internet, se originó un espacio para la publicación de información y/o contenidos comunicativos con diferentes características. La web, poco a poco, se convirtió en una herramienta muy usada por los medios masivos de comunicación, los cuales hoy la utilizan para poner en línea sus noticias.

Miguel Ernesto Gómez Masjuán, profesor de la Facultad de Comunicación de la Universidad de La Habana, reconoce que, pese a los beneficios de la Red de Redes, la situación para los profesionales de la prensa se torna más difícil: “Las nuevas tecnologías constituyen un reto para el periodismo, pues ya no somos los únicos emisores. Hay muchos más canales de comunicación, a través de los cuales la sociedad tiene más vías para investigar. Ello no significa que estemos más informados, porque aún no se han diseñado herramientas a través de las cuales podamos distinguir, dentro de esa sobreabundancia de contenido, aquello que es válido”.

A propósito, el reportero estadounidense Philip Meyer sostiene que “hubo un tiempo en que todo lo que hacía falta era amor a la verdad, vigor físico y cierta gracia literaria. Todavía el periodista necesita esos recursos, pero ya han dejado de ser suficientes. El mundo se ha vuelto tan complicado, el incremento de información disponible tan ingente, que el periodista tiene que ser alguien que investiga y no sólo que transmite, un organizador y no sólo un intérprete, así como alguien que reúne y hace accesibles los hechos”.

Ricardo Ronquillo, subdirector de Juventud Rebelde, asegura que “hoy existe la teoría de la confiabilidad. No podemos estar satisfechos con la información que encontremos. Tenemos que ampliar y validar esos datos para asegurarnos de su certeza. Nuestros medios de prensa son fuentes documentales de información, y tenemos que estar bien seguros de lo que ahí publicamos.

“Pero el lector tampoco puede conformarse, y cuando realice una investigación y consulte nuestros archivos, debe comprobar y ampliar esa información que le ofrecemos”, ratifica Ronquillo.

Si para Fernand Braudel, “la revisión de la prensa es un ejercicio encantador, casi mágico, en que se pasa revista a un calidoscopio de situaciones y personajes”, el periodismo, por tanto, no es solo una actividad para el presente, sino un ejercicio que congela la historia de una época y la revive constantemente. Es, al decir de Fernando Andrade, “una de las formas más directas y útiles de registro histórico, lo que le dota de una delicada responsabilidad social”.

Bibliografía:

Andrade Ruiz, Fernando: El periodismo como pasión. En: http://www2.metodista.br/

unesco/PCLA/revista14/res%20livros%2014-3.htm. Consultado: 3 de mayo de 2011.

Braudel, Fernand: La dinámica del Capitalismo. En: Archivo personal.

Calzadilla Rodríguez, Iraida. Notas de clases. Curso académico 2010-2011. Facultad de Comunicación. Universidad de La Habana.

Klein, Darío: El papel del periodismo de investigación en la sociedad democrática. En: http://www.razonypalabra.org.mx/

anteriores/n22/22_dklein.html. Consultado: 25 de abril de 2011.

S/A: Breve historia del Periodismo. En: http://periodismomundial.grilk.com/

hdelpmundial.htm. Consultado: 25 de abril de 2011.

S/A: La necesidad de estar informados. En: http://aula2.el-mundo.es/

aula/noticia.php/2001/01/12/aula979229549.html. Consultado: 28 de abril de 2011.

Periodistas consultados:

Ricardo Ronquillo, periodista del diario Juventud Rebelde.

José Luis López, periodista del diario Juventud Rebelde.

Miguel Ernesto Gómez Masjuán, profesor de la Facultad de Comunicación de la Universidad de La Habana.

 

EL PASADO RECIENTE DEL PERIODISMO RETROSPECTIVO

EL PASADO RECIENTE DEL PERIODISMO RETROSPECTIVO

Tema: El tratamiento dado por la prensa desde el punto de vista retrospectivo a los sucesos finalizados en el pasado reciente.

LUIS ANTONIO GÓMEZ PÉREZ,
estudiante de tercer año de Periodismo,
Facultad de Comunicación,
Universidad de La Habana.

¿Es posible hacer Periodismo Retrospectivo sobre los acontecimientos del pasado reciente o lo que algunos historiadores han dado en llamar presente actual? Con este breve trabajo pretendemos mostrar algunas consideraciones sobre cómo se tratan en la prensa temáticas referentes a sucesos recién finalizados.

En primer lugar, es necesario reconsiderar esa noción dictada por las ciencias exactas de que presente es la brevísima fracción de segundo que vivimos que no está afectada por el futuro ni por el pasado (esta acepción de presente es, sin dudas, muy útil para entender el momento actual desde el razonamiento lógico), y valorar aquella que lo extiende a los hechos en transcurso o concluidos en un período cercano al individuo que tienen influencia en su quehacer (en el más amplio sentido) actual o venidero.

Visto desde la Historia, algunos autores han intentado ponerle límites a lo que puede llamarse presente, así, algunas definiciones como la de Soulet y Guinle hablan de él como «una categoría histórica limitada a un período de tiempo corto o a una perspectiva del acontecimiento que no supera una década» (en Soto, 2004: s/n).

Sin embargo, lo más acertado es que desde esta misma disciplina se identifique al presente como «una categoría dinámica y móvil que se relaciona con el período en que desarrollan su existencia los propios actores y, por tanto, los hechos que en él ocurren tienen, en el momento que se escribe, un final abierto, flexible y sin determinar» (Soto, 2004: s/n).

Desde el punto de vista retrospectivo, el Periodismo, sujeto a leyes distintas a las de la Historia, comparte en principio la idea de presente brindada en el párrafo anterior, solo que lo llama pasado reciente, pues únicamente un hecho concluido puede ser tratado con esta óptica y tampoco uno finalizado hace décadas requiere el mismo tratamiento. La definición de pasado reciente será la que asumiremos de aquí en adelante.

Desde el punto de vista periodístico, en el relato retrospectivo de un acontecimiento finalizado en el pasado reciente se puede observar el uso de diversos elementos que hacen renacer el interés por lo que algunos considerarían noticia vieja o de ayer.

Algunos de los ejemplos más ilustrativos los podemos encontrar en el ámbito de los deportes. Miremos el caso de un juego de béisbol entre los equipos Santiago de Cuba e Industriales correspondiente a la Serie de Oro de la Pelota Cubana: los reportajes, crónicas y comentarios publicados en los medios nacionales al día siguiente utilizaron esquemas narrativos construidos a partir de la rivalidad entre los adversarios, el protagonismo individual de ciertos jugadores y los momentos clímax del partido. Los resultados fueron construcciones variadas de una misma realidad, que explican, al menos en parte, el interés del público por acceder a ellas, incluso cuando muchos habían asistido al estadio o conocido del encuentro por radio o televisión. Los lectores siempre buscan historias para entender mejor y más completamente lo ocurrido, así sucede en todos los aspectos de la vida humana, no solo en el deportivo.

Millones de personas en todo el mundo no sólo quieren conocer sobre un acontecimiento cuando sucede, sino también hablar y leer sobre él. «Además de presenciar los hechos a través de los medios, los lectores tienen una necesidad de volver a ellos nuevamente para entenderlos en profundidad, y esta es una de las razones de ser del periodismo retrospectivo» (Calzadilla, 2011).

Otro posible interés en consumir productos periodísticos retrospectivos sobre un suceso que se conoció hace poco es el hecho de entender intelectualmente algo que ha cautivado desde el punto de vista emocional (Martínez: online). Por ejemplo, lo que se esconde detrás de los bombardeos a Libia solo se puede explicar con eficacia retrospectivamente, así, a la motivación inicial que desde las emociones causa informarse sobre los crímenes de la guerra, se une la satisfacción de poder comprender y explicarse uno mismo el por qué los acontecimientos se desarrollan de determinada manera.

Ahora bien, ¿cómo se narra retrospectivamente un suceso ocurrido en el pasado reciente? Según Martínez, profesor de la Facultad de Comunicación de la Pontificia Universidad Católica de Chile, en primer lugar «es necesario que el hilo conductor deje a un lado los acontecimientos marginales y se concentre en los sucesos centrales, es decir en los sucesos más importantes para el desarrollo de la historia. De esta manera, la complejidad de los hechos se reduce a una figura comprensible» (Martínez, 2001: s/f).

Uno de los rasgos distintivos de un relato retrospectivo es que «la mayor parte del texto está dedicada a momentos y tendencias significativas y a la explicación causal de los hechos, es decir, a dar a los acontecimientos la coherencia de una historia. Hace comprensible los sucesos complejos mediante los aspectos más relevantes» (Martínez, 2001: s/f).

El tiempo principal de los relatos retrospectivos es el pasado, pero a menudo encontramos el uso del presente, aunque no es muy aconsejable. En este caso no se trata de un presente con sentido de contemporaneidad, sino del llamado presente histórico (Calzadilla, 2011).

También es usual, como decíamos anteriormente, que en la historia narrada en un relato retrospectivo se presente el hecho como una relación entre dos fuerzas, contrarias o no, y, para poner en escena esta correspondencia, se necesitan protagonistas que la representen. «Estos elementos imprimen carga dramática al suceso y convierten a los sujetos que participan y a las fuentes en personajes» (Calzadilla, 2011).

El Periodismo Retrospectivo sobre hechos del pasado reciente se encuentra entre los límites de varias modalidades del Periodismo. Para explicar la afirmación anterior es útil la reflexión que hace Raúl Vázquez Muñoz sobre el Periodismo Histórico, pues, aunque ambas variantes difieren, tienen abundantes puntos de contacto; por tanto, en este caso es válido señalar que el Periodismo Retrospectivo «se mueve dentro del Periodismo de Opinión, en tanto el asunto es abordado por la familia de géneros que integran esa modalidad, en la que el periodista, en vez de "trasladar información, se dedica a analizar y comentar determinado hecho o problema”. Por sus características, el artículo es un género que le es muy afín, junto con la crónica.

«También forma parte del Periodismo Literario en la medida en que la información recogida sea contada a través del manejo de las técnicas narrativas, propias del cuento y la novela, se aprecie el manejo de distintos narradores, el diseño de personajes y procedimientos propios de la literatura, junto al manejo del dato exacto y verificado, como métodos afines del periodismo. Tal es el caso de los reportajes del escritor y periodista cubano Leonardo Padura, publicados en el periódico Juventud Rebelde. Por último, se acerca y puede entrecruzarse con el Periodismo de Investigación» (Vázquez: online).

Algunos autores han argumentado desde la Historia los inconvenientes que tiene tratar hechos finalizados hace poco tiempo, lo cual es aplicable también al Periodismo Retrospectivo. «En primer lugar exponen el problema que se presenta con las fuentes debido a la imposibilidad de obtener fuentes confiables que nos permitan profundizar en hechos recientes. Con frecuencia los papeles más importantes para la satisfactoria comprensión de un asunto no suelen publicarse sino mucho tiempo después» (Soto, 2004: s/n).

Otros aseguran que mientras mayor sea el período de tiempo que separa al autor de los hechos que narra, más cercano estará su trabajo de la verdad, como si esta estuviera en directa relación al tiempo transcurrido. Igualmente, hay quienes han catalogado de adverso el usual desconocimiento del final o las consecuencias que caracteriza a los sucesos ocurridos en el presente (Soto, 2004: s/n).

Al respecto comenta el periodista e historiador Timothy Garton Ash: «Si nos paramos a pensarlo, la verdad es que la idea de la lejanía en el tiempo es una idea muy rara: supone afirmar que la persona que no estuvo allí sabe más que la que estuvo.

«Tampoco se trata de que haya menos fuentes que antes; más bien al contrario; un autor que realice un texto retrospectivo sobre un siglo anterior tiene que reconstruir toda una época a partir de escasos documentos, mientras que para el actual, a la hora de hablar sobre un solo día, cuenta con fuentes suficientes para llenar toda una habitación. Como es natural, cada una da su versión y ofrece sus propios matices, pero, si se reúnen las diversas versiones, es posible obtener una instantánea bastante buena de lo que ha sucedido» (Garton, 2000: 23).

Sobre la objeción relacionada con los desenlaces, argumenta Garton Ash: «Desconocer el final o las consecuencias de los hechos actuales supone que la comprensión de su importancia histórica es mucho más especulativa y susceptible de revisión. Esto es verdad, sin ninguna duda. No obstante, eso puede ser también una ventaja: quien escribe mientras ocurren los hechos también deja documentado lo que la gente no sabe entonces, se detiene en hechos terriblemente importantes en la época, pero que, si no se ponen por escrito, pueden olvidarse, porque también existe la posibilidad que no tengan ninguna consecuencia» (Garton, 2000: 24).

En este sentido es esencial que, aunque los textos tengan determinada carga de especulaciones, los periodistas siempre sepan construirlos con la materia prima de la información verificable.

Bibliografía:

Calzadilla Rodríguez, Iraida (2011). Notas de clases. Curso académico 2010-2011. Facultad de Comunicación. Universidad de La Habana.

Garton Ash, Timothy (2000). El presente como historia. En Claves de razón práctica, no. 102.

Martínez, Matías (2001) ¿Fútbol de verdad? Observaciones narratológicas sobre los relatos en vivo. Consultado en http://fcom.altavoz.net/prontus_

fcom/site/artic/20050410/pags/

20050410222205.html el 29 de abril de 2011.

Soto Gamboa,  Ángel (2004). Historia del presente: estado de la cuestión y conceptualización. En e-l@tina: Revista electrónica de estudios latinoamericanos, vol. 2, no. 8.

Vázquez Muñoz, Luis Raúl (s/f). Periodismo Histórico: la criatura que quiere vestirse. Consultado en http://www.saladeprensa.org/art765.htm el 29 de abril de 2011. (Disponible también en http://mesadetrabajo.blogia.com/

2007/061810-periodismo-historico-

la-criatura-que-quiere-vestirse.php)

EL PERIODISMO ES CONTAR HISTORIAS

EL PERIODISMO ES CONTAR HISTORIAS

Las acciones del pasado no pueden ser modificadas, la gran diferencia radica en cómo abordarlas.

JULIO BATISTA RODRÍGUEZ,
estudiante de tercer año de Periodismo,
Facultad de Comunicación,
Universidad de La Habana.

Cuando era pequeño la casa resultaba una aventura. Los estantes repletos de libros hasta el techo ejercían una atracción casi magnética sobre mí. Él los cuidaba como su mayor tesoro.

En aquella sala los volúmenes de historia fueron los únicos incapaces de acumular polvo sobre sus lomos, por el uso constante. Su contenido ocupó el mejor sitio entre los libreros, y estudiarlos dejó de ser un hobby para convertirse en religión.

El periodismo dedicado a esa temática ha sido su vida desde hace más de medio siglo. Años dedicados a la investigación, la lectura incansable y el perfeccionamiento de un trabajo que parece no tener fin, dieron fruto cuando en 2009 Julio Alberto Batista Delgado fue seleccionado Premio Nacional de Periodismo Histórico. Ya antes, en 1994, había merecido el Premio Nacional de Periodismo José Martí.

Por eso, después de haberlo evitado durante tres años, decido hacerle una entrevista. Jamás será simple un diálogo de este tipo, menos si el entrevistado es nuestro abuelo.

-¿Desde cuándo existe en Cuba

un periodismo vinculado con

el rescate de la historia?

Personalmente lo hago desde hace más de 55 años. Sin embargo, mucho antes, en diferentes publicaciones se incluían secciones con trabajos de perfil histórico. Entre ellas estaba Bohemia y Carteles. La memoria de un país no se puede dejar pasar por alto, siempre y cuando se haga con vergüenza y profesionalidad.

Cuando comencé participaba en un programa sabatino auspiciado por la Asociación de Colonos y Hacendados. Los patrocinadores querían dedicarlo a los temas históricos y el equipo de realización aprovechó para desempolvar el pasado de la nación, especialmente el relacionado con las guerras de independencia y figuras tan importantes como Carlos Manuel de Céspedes.

Ya en los inicios del siglo XX, en la prensa nacional existieron figuras destacadas en el género. Algunas tristemente célebres como Ramón Vasconcelos, quien escribía en la revista Bohemia y atacó la figura del doctor Máximo Zertucha, culpándolo de complicidad en la muerte de Antonio Maceo. Acusación totalmente falsa y esclarecida antes de terminar la guerra en 1898 por un tribunal del Ejército Mambí.

-¿Qué tan común es hoy

la práctica del periodismo

histórico en el país?

Está difundida, en algunos lugares más que en otros, con la participación de muchos y talentosos jóvenes, lo cual es bastante halagüeño para el futuro. Además, es bastante frecuente en la prensa audiovisual y escrita. El ejemplo clásico son las crónicas de Ciro Bianchi publicadas todos los domingos por Juventud Rebelde. Con ellas puedes transportarte hasta cualquier sitio de La Habana de otras épocas, sin dejar de ser la misma persona parada en la Cuba del siglo XXI.

También son muy usuales los programas de corte histórico dentro de la programación de las emisoras de radio. En mi caso, con Nuestro José Martí, he tratado de acercar más al pueblo de Cuba a la figura de ese genio. Cuando pensamos en él lo hacemos casi siempre con la imagen del mármol en la mente, y eso solo logra distanciarlo del hombre común.

Eladio Secades, periodista cubano del siglo XX, escribió en la década de los años 40: “(…) El criollo aprende a Martí en el Kindergarten, lo olvida en el instituto y después lo recolecciona y explota en los mítines políticos (…)”. Esa fue la realidad de la etapa, y para no regresar a ella trabajo, porque mi aspiración es que el cubano común aprenda a respetar a Martí desde sus valores humanos, y no solo desde la frialdad de una estatua o una frase.

Pero hacer este tipo de programas no es nada sencillo. Para poder escribir y ambientar cada capítulo que sale al aire debo hacer un ejercicio diario de investigación. Lo importante en mi espacio no es decir una vez más lo que todos saben de José Martí. Me centro en encontrar esos aspectos menos conocidos de su vida, los que puedan interesar al ser humano, los que no tengan la visión del héroe, del hombre intachable y con lo frase exacta siempre dispuesta a socorrernos.

Esa ha sido desde el inicio mi divisa, centrarme en lo que pueda resultar novedoso, interesante. En el instante en que comience a repetir los mismos panfletos recitados de memoria por los niños de la primaria perderé el trecho ganado. Entonces no seré otra cosa que un reproductor de ideas gastadas, y esa es una de las grandes razones del tedio ante cualquier tema, en especial los relacionados con el periodismo histórico.

Hay otro aspecto, que ante la influencia de una personalidad tan atrayente como lo es Martí, muchos olvidan. Es la existencia de personas que colaboraron con él, en la mayoría de las ocasiones desde el anonimato. Nunca deberíamos obviar la importancia de esos seres silenciosos, relegados a un segundo plano. La historia está plagada de héroes de este tipo, esperando ser desempolvados.

Evitar que la historia quede en el aburrimiento de las clases, o se convierta en patrimonio de investigadores es la principal labor del periodismo vinculado a ella. Abandonar esta práctica sería echar a un lado nuestras raíces, ignorar todo el legado de más de cinco siglos. He aquí una de las razones de la necesidad de su permanencia y fortalecimiento en nuestros medios de comunicación.

-¿Es conocido el periodismo

retrospectivo dentro del gremio?

No sabría decirlo con certeza. Quizás ese nombre pueda resultar confuso para muchos, incluso para quienes nos hemos dedicado a realizar trabajos de corte investigativo y de rescate de la memoria histórica del país.

Por otra parte, lo que hoy se intenta legitimar como periodismo retrospectivo en el campo académico, tiene grandes puntos de similitud con el trabajo intuitivo desarrollado durante años por los profesionales de la prensa cubana. Contextualizar un hecho, traer la historia para que nos apoye en la interpretación del presente, no es nada desconocido en la profesión.

-¿Qué diferencias es posible

observar entre  el periodismo histórico

tradicional y el periodismo retrospectivo?

Desde mi experiencia no encuentro grandes diferencias entre uno y otro. Quizás esto lo determine el hecho de que todo mi trabajo, el cual siempre consideré como periodismo histórico, tenga gran similitud con esta nueva vertiente, pues ambos buscan esclarecer otras aristas de la historia, dar otras miradas más allá de las convencionales.

Simplemente se han actualizado los términos. Algo común en estos días. Pero la esencia sigue siendo la misma. La historia puede y tiene que ser manantial inagotable, de donde todos deberíamos beber. Tal vez la generación más experimentada no se identifique con el vocablo, pero maneja de forma adecuada los instrumentos del periodismo, y aprovecha las inmensas posibilidades brindadas por esta rama.

-¿Qué es lo más importante para

desenvolverse en este género?

Saber mucha historia, estudiarla sin descanso. Como en cualquier especialidad del periodismo, esta requiere de un alto nivel de conocimientos sobre los temas a abordar. Tener un enfoque exacto de la misma le permite al periodista recrear los ambientes, explicar los contextos. Muchas veces olvidamos que las decisiones, las posturas y las ideas son el inevitable resultado de la interacción de los hombres con su entorno. Eso también es muy importante: poder dilucidar el contexto y entenderlo, sin intentar traer los hechos a nuestra realidad por la fuerza.

Leer incansablemente es fundamental para todo investigador. Los libros son fuentes invaluables de consulta. Buscar siempre la variedad de autores y criterios para poder tener un espectro más amplio del hecho. Nunca es recomendable quedarse con una sola visión. La vida es demasiado rica para contentarse con el color que ofrece un solo cristal.

Pero quizás lo más importante sea la verdad. Siempre lo más importante es la verdad en esta profesión. Para quien se dedique al periodismo histórico queda vedada la fantasía, vista como la libre creación sin respeto a la veracidad de los hechos. La imaginación debe ser utilizada para atraer, motivar a la lectura o enganchar al receptor del mensaje, pero nunca para fabricar la historia.

Otro requisito es tener siempre alerta el radar interno. A cada paso podemos encontrar cientos de historias interesantes. Y, aunque no podamos recordarlo todo, al menos debemos tratar de ser un gran filtro, por donde nada pase inadvertido.

-¿Y dónde dejamos la

actualidad de los trabajos?

Eso es otro tema. Recuerda, se trata de traer al presente sucesos del pasado. Ahí el periodismo reporteril llega tarde. Por ello tienes la obligación y el reto de captar la atención del público. Digo reto porque en gran parte de las ocasiones ya los receptores tienen conocimientos previos sobre el tema, si es de la historia cubana mucho más. Es ese el punto donde el talento del periodista entra en acción. Cuando se enfrentan el hecho y la pluma, la diferencia la marca el talento y la preparación de quien esgrime la segunda.

Necesitamos recordar siempre lo que decía Martí a Gonzalo de Quesada: la importancia de la amenidad. Es así de sencillo. El periodismo se trata de contar historias, de entretener y educar. Eso se ha perdido con el tiempo, pero aún podemos rescatarlo.


 

HACER HISTORIA DEL PASADO RECIENTE: UNA POSIBILIDAD, UN DESAFÍO

HACER HISTORIA DEL PASADO RECIENTE: UNA POSIBILIDAD, UN DESAFÍO

Tema: ¿La vida cotidiana puede abordarse desde el periodismo retrospectivo? ¿Por qué? Cite ejemplos.

LUIS MIGUEL CABRERA VÁZQUEZ,
estudiante de tercer año de Periodismo,
Facultad de Comunicación,
Universidad de La Habana.

Abordar sucesos recién ocurridos desde el periodismo retrospectivo puede ser una propuesta difícil para muchos profesionales de la prensa. Hacerlo implica enfrentarse al análisis profundo del hecho, consultas bibliográficas, y la diversidad de puntos de vista, todo ello más visible cuando es el paso del tiempo el que posibilita claves reposadas.

Ahora bien, ¿se enmarcaría dentro del periodismo retrospectivo un trabajo centrado en un acontecimiento acaecido un año atrás, o menos, casi en el hoy, desde la perspectiva del pasado cercano?

Pedro Antonio García, formado como profesor de Historia y devenido periodista, considera que la respuesta es afirmativa y asevera: “Desde luego, cuando escribes una crónica de cualquier hecho estás adentrándote en ese periodismo. Eso, si lo haces lo mismo dos horas, que dos días después, nunca en el momento en que acontece el hecho”.

El periodista cubano Luis Raúl Vázquez Muñoz en su artículo Periodismo Histórico: la criatura que quiere vestirse, asegura que el pasado, aunque sea reciente, atañe al periodismo histórico. Es esta una afirmación cuestionable para otros profesionales, como la historiadora-reportera Yenlys Artiles, quien cataloga de imprescindible la investigación profunda para hacer un buen periodismo histórico “y para eso se requiere del transcurso de no menos de diez años”.

Sobre el pasado reciente, Artiles señala que “se puede tratar en una crónica o un reportaje, hasta podría hablarse de su importancia y posible repercusión, pero sería más bien periodismo, sin carácter histórico.”

A su vez, Iraida Calzadilla, profesora de la Facultad de Comunicación de la Universidad de La Habana, apunta que en ese hecho casi instantáneo no está el presupuesto teórico, tanto del periodismo histórico como del periodismo retrospectivo, pues entonces se negaría el acto mismo de reportar o de narrar los hechos que acontecen y están en una cierta temporalidad presente.

“El criterio de pasado porque acabó de suceder, porque todo hecho en sí mismo es pasado desde el mismo momento que acontece, es una construcción que puede venirnos de la matemática, de la física y de la filosofía, pero en el periodismo el tiempo adquiere otra perspectiva, dada más por el estilo psicológico en que se abordan los acontecimientos expresados en productos comunicativos”, afirma la profesora.

Estos tres criterios poseen como base las características del periodismo retrospectivo -estadio superior al periodismo histórico, pues es más amplio en el tratamiento de temas. Calzadilla apunta que no se circunscribe solo a hechos históricos. Su dimensión está en el hecho en sí que tributa desde el pasado una nueva luz, nos ofrece una noticia, sigue siendo aportador-. Es decir, si se cumplen sus reglas establecidas para esos acontecimientos es posible abordar la vida cotidiana desde ambos. Aún en el criterio de Artiles, si existiera análisis e investigación podría concebirse un buen trabajo a partir del hecho reciente.

Así, pues, queda descartada la categoría tiempo o la condicionante de si el pasado es lejano o cercano a la hora de hacer el periodismo en cuestión. Para su realización sobresale como premisa el aspecto formal, es decir, la capacidad del trabajo (de cualquier género) de abordar el hecho como “narración que tiene en cuenta el contexto, la seriedad del análisis, la multiplicidad de voces, el conflicto latente, la contrastación y la novedad. Es hacer pensar en otra actualidad”, propone Calzadilla.

Dicho esto, sería oportuno cuestionarse: ¿carece de profundidad el periodismo histórico que aborda el pasado reciente? García, sin abandonar su certeza de la posibilidad de hacer periodismo retrospectivo partiendo de un hecho próximo en el tiempo, reconoce en él una limitante: “Generalmente, no asimila un análisis riguroso, principalmente por el hecho de que le falta distanciamiento en el tiempo. No obstante, en eso influye la capacidad y experiencia del periodista”.

Asimismo, Vázquez señala en Periodismo Histórico: la criatura…, que “la respuesta se puede encontrar en el análisis del tiempo informativo que rige el suceso, es decir: en la medida en que el evento afecte a la comunidad en que se desarrolla y esa afectación desate una urgencia noticiosa. Al momento en que se supere esa premura, más se acercará a la definición que proponemos”, refiriéndose al periodismo histórico.

Artiles –afincada solo en el periodismo histórico-, señala que, al analizar desde esa perspectiva un hecho cercano en el tiempo, sobre el cual no se poseen indagaciones suficientes, “es difícil emitir un criterio acertado, analizar su repercusión. Se puede ofrecer un juicio personal, pero una mirada más profunda, un criterio académico, eso es más complicado. Por ejemplo, cualquier actitud del gobierno hoy o una medida, es difícil estudiarlas desde el punto de vista histórico, pero en una década sí podría hacerse ese análisis más rico, porque ya se verían las consecuencias, se tendría más en cuenta el contexto”.

Calzadilla precisa que “los hilos para contar una buena historia desde la retrospección están en los elementos que acompañan la narración y descripción del hecho, de manera que este aliente su hondura narrativa con acontecimientos, contextos, multiplicidad de fuentes, juicios explicativos y expositivos para que se de al lector un fresco epocal”.

Para la profesora también son clave los recursos del lenguaje, el estilo del periodista y su capacidad de convertir a los hechos y sus figuras en protagonistas de carne y hueso, posibles, alcanzables.

Vuelve a sobresalir la vital importancia de no perder de vista los aspectos constituyentes del periodismo retrospectivo. La ausencia de un análisis profundo o su presencia escasa atentaría contra la realización de este tipo de abordaje periodístico, máxime cuando la cercanía temporal del suceso es el principal enemigo, pues “aún hay un fuerte componente de emociones y subjetividades que el periodista debe cuidar y deslindar; pero tampoco hay que temerle, las lógicas de la profesión suelen servir también de brújula”, considera Cazadilla.

Esto no significa, sin embargo, que quede vedada la posibilidad de ver el pasado reciente desde el periodismo retrospectivo, sino que presupone, para el profesional, un reto.

La posibilidad de carecer de hondura si se aborda el pasado reciente pudiera estar compensado por la utilidad de brindar desde una posición muy cercana, una visión diferente de un determinado acontecimiento. Si bien al tratar un hecho del pasado lejano, los periodistas recurren a la labor de los historiadores y consultan documentos confeccionados por ellos, para la conformación de la historia es prácticamente imprescindible la prensa.

Para García, la “historia presente” que a su juicio es una categoría muy cercana al periodismo histórico del pasado cercano, es imprescindible para desarrollar luego trabajos periodísticos e investigativos con mayor profundidad. Y cuestiona: “¿Qué sucedería si no existieran las crónicas y reportajes de Enrique de la Osa sobre el diamante del capitolio, sobre la masacre de Orfila, sin el reportaje de Marta Rojas sobre el asalto al Cuartel del Moncada, o sin los de Dora Alonso sobre la invasión a Playa Girón?”

Aunque en los medios cubanos la temática histórica no se valora aún como debiera, el periodismo de este tipo resulta una garantía para la memoria histórica. No solo es posible exponer de manera brillante un hecho reciente que ya es historia, sino necesario.

En los periodistas que tratan la temática histórica reposa la responsabilidad de llevar el pasado a los receptores de manera emotiva, interesante y atrayente. Es esta una responsabilidad descrita por André Malraux, cuando calificó a los reporteros como "historiadores del instante".

Bibliografía:

Aróstegui, Julio. La historia vivida. Sobre la historia del presente, Madrid, Alianza, 2004. (Consultado el 18 de abril en http://www.historiacontemporanea.ehu.es/s0021-con/es/contenidos/ boletin_revista/00021_revista_hc30/es_revista/adjuntos/30_15.pdf)

Calzadilla Rodríguez, Iraida. Notas de clases. Curso académico 2010-2011. Facultad de Comunicación. Universidad de La Habana.

Denis Valle, Marta. El periodismo histórico en Cuba. Consultado el 26 de abril en el sitio web www.cubaperiodistas.cu

Vázquez Muñoz, Luis Raúl. Periodismo Histórico: la criatura que quiere vestirse. Consultado el 26 de abril en el sitio web www.cubaperiodistas.cu

Periodistas consultados:

Pedro A. García, revista Bohemia. Historiador de formación y documentalista.

Yenlys Artiles, Sistema Informativo de la Televisión Cubana. Historiadora de formación.


 

COMO ME LO CONTARON, AHÍ VA

COMO ME LO CONTARON, AHÍ VA

Si Ania Ortega confiesa que en más de una ocasión ha perdido la paciencia con el uso y abuso de la historia en la Televisión Cubana, Yenlys Artiles manifiesta que hay que salvar el pedacito del ayer y presentarlo al público con conocimientos profundos.

LÁZARO MANUEL ALONSO CASTRO,
estudiante de tercer año de Periodismo,
Facultad de Comunicación,
Universidad de La Habana.

El cine la apasiona, quizás porque en ese medio no tiene que preocuparse por el tiempo. No llegó al noticiero con una formación periodística, pero sí tenía la de historiadora, porque esa había sido su formación universitaria. Y así concibe ella el profesional de la prensa especializado en el tema: primero que tenga apropiado el conocimiento del pasado y luego las herramientas del discurso informativo. 

Ania Ortega confiesa que en más de una ocasión ha perdido la paciencia con el uso y abuso de la historia en la Televisión Cubana: “Muchas veces ponen a un conductor a decir cosas como si fuera un maniquí, o a un historiador que al final jamás ha estudiado nada de la materia. Los directores pierden de vista que el presentador debe ser solo el hilo conductor, los detalles, anécdotas y datos deben estar en voz de quien se halla acercado al hecho, a la personalidad o al proceso en cuestión. Eso le da seriedad y confiabilidad al trabajo”.

La falta de profesionales debidamente formados es una de las más discutidas polémicas en el periodismo histórico televisivo de Cuba, aunque podrían sumarse otras. Por ejemplo, el poco conocimiento de los periodistas sobre el abordaje de un acontecimiento desde la mirada retrospectiva.

“La retrospectiva es sencillamente una parte de los materiales que elaboramos en los informativos. Generalmente es la alusión a algún pasaje, o el uso de imágenes que ambientan un parlamento del periodista o el entrevistado, pero como género puro la retrospectiva no existe”.

En su afirmación parece desconocer que la retrospección en el periodismo es más que un pedazo de historia dentro de la gran historia. Es el encanto de reactualizar el ayer, de descubrirle los matices que lo hacen interesante hoy, de convocar nuevamente el conflicto y analizarlo desde múltiples voces. 

Ania es una de esas personas que siente por Maceo, por Mella, por el Che, por quienes ayer defendieron Cuba. Cada trabajo suyo suele recordarlo con amor, por ejemplo, la mirada aquella en la que una mujer le narró los sucesos del cuartel Goucuría. Y le satisface su último reportaje, el del Primero de Mayo: “Carecía de muchas imágenes, sobre todo de Jesús Menéndez, entonces tuve que acudir al presente para recrear los escenarios donde el líder azucarero dio sus discursos. No tenía referencias de familiares, pero un amigo suyo fue el «historiador» que necesitaba para hacer creíble mi historia”.

Son estos los matices que la redactora reportera del Sistema Informativo de la Televisión Cubana entiende por retrospección dentro de la prensa audiovisual. “El presente es una buena herramienta para escribir del pasado, pero solo eso, una buena herramienta”.

Con la misma seguridad afirma que le aburren los espacios que en la televisión cubana abordan la historia. Considera que la mayoría son fríos y quienes los conducen no conocen de qué están hablando. Ania entiende que el estilo de hoy en todas las televisoras del mundo es el conversacional, el diálogo con el público. “Por eso me parecen más acertados «Como me lo contaron, ahí va», del Canal Habana, y «De lo real y Maravilloso».

Contar la historia desde el pasado es un asunto “soso” en la televisión, reitera la periodista. “Puedo afirmar, por ejemplo, que el programa Orígenes ya no tiene la misma funcionalidad que en los tiempos en que era conducido por Julio Acanda. Antes se contextualizaba todo, los lugares de grabación estaban justificados, nada se improvisaba. Además, Julio le ponía su sello”.

Y aunque le duele la falta de atención al periodismo de corte histórico, agradece que a los jóvenes les resulte llamativo acercarse a los temas del pasado: “Aunque la calidad no es la mejor, resulta muy bueno que las nuevas generaciones piensen también en el periodismo histórico”.

Y lo siente Ania, convencida de la probidad de sus nuevos colegas, una de ellas, otra historiadora que apostó también por hacer del ayer la noticia. Yenlys Artiles hace seis años llegó a los estudios de la televisión, primero como parte de la comisión de calidad. Luego fue redactora-reportera del Departamento de Corresponsalía del Sistema Informativo hasta llegar a la revista Buenos Días, donde cada sábado está 15 minutos en pantalla en una sección dedicada a la historia. “Páginas del Pasado aborda cualquier tema relacionado con el ayer, con el pasado lejano o reciente”, afirma.

Para ella, como para su colega Ania, el Periodismo retrospectivo no deja de ser una denominación más. El peso, según sus propias palabras, “está en la historia, en salvar el pedacito del ayer y presentarlo al público con mis conocimientos”.

Yenlys coincide también en que el tratamiento de la Historia debe pasar por manos especializadas: “A veces las personas creen que la anécdota, ‘el chisme’, es el centro de la construcción periodística. Pero se equivocan, ese puede ser un matiz, pero no lo es todo”.  

Y luego de conocer sobre la retrospección y sus diferencias respecto de la historia puramente contada, Yenlys asegura que, igual sería complejo hacerlo en la Televisión: “Primero, porque no tenemos personal lo suficientemente creativo. Luego, porque el periodismo histórico en Cuba no es un tema que se mantenga en las políticas informativas, pues solo se hace cuando se acerca una efeméride”.

El asunto no es festivo. Las maneras de hacer foráneas parecen llamar la atención más de lo que logran los espacios diseñados en la TV cubana para abordar la Historia: “Hay series que se ven en Cuba y su contenido, artísticamente trabajado, es un reflejo de sus héroes”.

Lastimero le resulta a esta joven periodista que acá no lo sepamos hacer igual, con tanto talento y ganas de hacer: “Cada día las personas saben menos de historia, y si conocen es solo lo que aprendieron en la escuela. Se suele poner resistencia a nutrirse de un buen libro, de un autor como Eduardo Torres Cuevas, o de una Hortensia Pichardo”.   

Aunque en este punto parecen divergir Ania y Yenlys. “La historia es algo que se enriquece con el tiempo. Los héroes no son pedazos de cartón, seres que no se equivocaron, ni se enamoraron. Están ahí y son nuestros, no podemos verlos apartados de sus sentimientos, de su contexto”, opina Ortega, quien también es conductora del espacio «Entre tú y yo».

El desconocimiento de la retrospección como técnica para traer al presente sucesos del pasado parece no tener punto final en los medios cubanos. “Es solo historia de lo que hablamos”, contestaría alarmada cualquier persona ávida de conocimiento en el tema. Hacerlo, ese parece ser la otra idea a la que no pueden poner punto final los profesionales de la prensa en Cuba.

 

 

HABANA RADIO: PROMOTORA DEL TESORO HISTORICO DE LA ANTIGUA CIUDAD

HABANA RADIO: PROMOTORA DEL TESORO HISTORICO DE LA ANTIGUA CIUDAD

Odalys Viera Rodríguez, subdirectora de la emisora Habana Radio, comparte criterios sobre el periodismo retrospectivo, a partir de sus experiencias en el medio radial.

YARISLEIDYS DOMINGUEZ GONZALEZ,
estudiante de tercer año de Periodismo,
Facultad de Comunicación,
Universidad de La Habana.

La Habana Vieja es la parte más antigua de la capital. En sus calles de adoquines, edificios y monumentos centenarios, así como teatros, plazas, casas, y rejas hay un trozo de historia de Cuba que se puede percibir gracias a la ardua tarea del colectivo de trabajadores de la emisora Habana Radio.

Desde la  fundación del emblemático medio -el 28 de enero de 1999 en el sexto piso del edificio de La Lonja del Comercio y teniendo como protagonista a la Oficina del Historiador de la Ciudad de La Habana-, sus trabajadores se convirtieron en el fieles exponentes de valores que estimulan el sentido patriótico, el sentimiento de pertenencia y el orgullo de cubanía.

La periodista Odalys Viera Rodríguez, subdirectora de la emisora, comparte sus criterios sobre el periodismo retrospectivo, a partir de sus experiencias en el medio.

”Como todo medio de comunicación, perseguimos el objetivo de informar a la población. La originalidad está en que la estrategia  interna trazada sirva de gancho para ganar la aceptación del público. Nosotros, particularmente, empleamos la construcción de esta modalidad periodística porque, en ocasiones es necesario retomar hechos sucedidos y trasladarlos al presente, siendo ahora una noticia actual”.

Consideran la retrospectividad como un instrumento viable para rescatar, mediante una investigación acuciosa, sucesos de la  historia, en ocasiones  poco conocidos y traerlos al presente, como constancia del devenir de la sociedad. Además, les permite adentrarse en detalles que de otro modo serían obviados; estos detalles, puestos a disposición del oyente de una forma más amena y respondiendo a dos interrogantes esenciales en cualquier suceso -por qué y cómo ocurrió-, pero esta vez desde una perspectiva amplia, diversa, plural, contrastando diferentes puntos de vistas.

”La labor de nuestra emisora, como dice su promoción, es ser la voz del Patrimonio cubano. Ofrece el mensaje social, cultural, educativo que trasmiten todas las dependencias de la Oficina del Historiador. Despliega una labor sustentada en los  conocimientos,  la tradición y la  extensa historia de la parte más antigua de la ciudad. Se adentra en siglos atrás para brindar toda la información precisa”, apunta Viera.

Asegura que es un proceso complejo. Cada paso es tratado  minuciosamente. Primeramente la selección correcta del tema. Para ello es necesario tener en cuenta que todo hecho pasado puede ser abordado retrospectivamente, siempre y cuando la intención del periodista de esclarecer o traer a la contemporaneidad un hecho determinado no sea de  interés particular del profesional, sino por interés colectivo. Para ello es fundamental que  el suceso  o acción del pasado posea vigencia, es decir, implicación y huella en el presente. 

”Luego de escoger el tema sobre el que se investigará, el periodista hará una búsqueda exhaustiva de información que requiere de su competencia cultural y dominio en el manejo de las fuentes, para poder contraponerlas y no conformarse con una sola versión del acontecimiento. Este contraste de fuentes tanto vivas como documentales brindará la posibilidad de manejar mejor el contexto  y no arriesgarnos a falsear la información”, comenta.

”Existen elementos empleados por los periodistas que son necesarios para enriquecer estas investigaciones. Ellos son las técnicas de redacción: narración, descripción, exposición y el recurso periodístico de la interpretación”.

”La  narración refleja detalladamente una cronología de los sucesos tratados, mediante el recuento. Por su parte, la descripción permite recrear cada hecho y le brinda la oportunidad al radioyente de imaginarse y construirse sus propias impresiones. En tanto la exposición brinda la posibilidad de demostrar la fusión de las dos técnicas antes mencionadas. Mientras que la interpretación ofrece al lector el hilo conductor del acontecimiento desde una posición con sentido analítico.

”La imbricación de todas esas técnicas y recursos en el tratamiento retrospectivo del periodismo da la posibilidad de obtener un producto más atractivo para el destinatario, o sea, crear una información que tenga como basamento una auténtica investigación  e indagación sobre el tema”.

En esencia, estas son las premisas que rigen el amplio trabajo periodístico, fundamentalmente retrospectivo, de la capitalina emisora Habana Radio, para promover la labor de restauración y conservación de la Villa de San Cristóbal, dirigida por la Oficina del Historiador  de la Ciudad y difundir los antecedentes  de una región colmada de heroísmo, para que perduren hasta nuestros días y sirva de guía para las futuras generaciones.