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SENCILLAMENTE, MOMO

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JUSTO PLANAS CABREJA,
periodista cubano.

Cortesía para Isla al Sur.

A Michael Ende le gusta jugar con las imágenes. Fue así como escribió sus dos grandes novelas, La Historia sin Fin (1979) y  Momo (1973), que lo han convertido en uno de los escritores más leídos del siglo pasado. A pesar de ser publicada primero que  La Historia..., Momo solo goza del gusto popular hasta después del éxito de esta primera. No obstante, un año después de su edición, en 1974, gana el Deutscher Jugendbuchpreis, el mayor reconocimiento de la República Federal Alemana a los textos infantiles.

Sin embargo, después de la popularidad alcanzada por las Historia sin fin, y la consiguiente relectura de la obra de Michael Ende, Momo conquista a los adultos. Solo entonces, aquella novela que cuenta a los niños cómo la pequeña Momo logra salvar a la humanidad de los hombres grises se transforma en una aguda crítica al capitalismo.

Tal vez la intención de traducir ideas filosóficas a códigos literarios salva al libro del caos de la imaginación (no ocurre así con  La Historia sin Fin.) A pesar de todo, el lector puede percibir cómo en los primeros capítulos Ende va descubriendo la historia a medida que la escribe, como si se tropezara con las imágenes de su mente y comenzara a inflarlas.

Así, da saltos de pensamiento: de los viejos anfiteatros esparcidos por el mundo, a Momo, una niña que ha escapado del orfanato y ha tomado por hogar un anfiteatro en ruinas. Luego, los habitantes del pueblo se ofrecen a reparar la habitación donde se ha alojado y a sostenerla económicamente; Ende aprovecha el hecho para lograr un retruécano: Momo se vuelve más necesaria para la gente que viceversa, por una cualidad que tiene la niña: saber escuchar.

Entonces, Momo se vuelve imprescindible para todos y en especial para sus dos amigos Beppo Barrendero y Gigi Cicerone. Beppo, como su nombre lo indica, es un viejo barrendero. Algunos lo toman por loco porque tardaba horas, incluso un día, para responder una pregunta. En realidad, Beppo consideraba que si todos no fueran tan impulsivos no habría problemas en el mundo. Gigi, en cambio, es un adolescente que gusta de contar historias, y de eso vive. A veces hace de guía turístico e inventa relatos fantásticos a los extranjeros sobre los lugares más ordinarios de la ciudad.

Es en el Capítulo 6 cuando la novela ha madurado lo suficiente para que aparezca el primer punto argumental. Sin embargo, los cambios de la historia denotan lo peligroso de trabajar sin un esbozo de lo que va a suceder, de crear solo a golpe de imágenes. También a partir del Capítulo 6, la novela se hace merecedora del gusto de los adultos, sin sacrificar por este el interés infantil.

La Momo que hemos visto hasta ahora se destaca por su capacidad para saber escuchar. “Igual que se dice: ¡Buena Suerte! o ¡Qué aproveche! o ¡Y qué sé yo!, se decía, en toda clase de ocasiones: ¡Habla con Momo!” Ende la muestra como una especie de musa que inspira a todos con su sola presencia, no es que Momo aconseje o realice una especie de mayéutica, Momo solo escucha. Esta divinidad en Momo se hubiera recreado mejor si en el primer capítulo el narrador omnisciente no hubiera aclarado que Momo era solo una niña.

Hasta este capítulo, Ende expone su concepto de antienajenación: saber escuchar como Momo, saber pensar como Beppo, (que es saber esperar); y saber imaginar como Gigi. Estos tres saberes devienen saber divertirse, como hacen estos personajes con los niños del barrio, con la gente del pueblo.

La filosofía de Gigi Cicerone, en cambio, se convierte en la razón de ser del resto de la obra del Michael Ende y de su propia manera de proceder como escritor. La Historia sin Fin es tal vez la versión más acabada de este pensar; porque el personaje principal, Bastian, debe reconstruir el mundo de fantasía con su imaginación partiendo solo de un granito de arena. Esta intención de volar más allá de los límites de la mente se convirtió en una obsesión para Ende que estuvo a punto de destruir sus mejores novelas porque comprometió la coherencia dramática.

A partir del Capítulo 6 se explica el estado de enajenación, es aquí donde se presenta a los hombres grises. Estos son descritos como seres sin vida, que se alimentan del tiempo de la gente. Para lograr esto necesitan convencer  al pueblo de que lo desperdician. Así aconsejan al barbero: “...usted sabrá cómo se ahorra tiempo. Se trata simplemente de trabajar más deprisa y dejar de lado todo lo inútil. En lugar de media hora, dedique un cuarto de hora a cada cliente. Evite las charlas innecesarias. La hora que pasa con su madre la reduce a media. Lo mejor sería que la dejara en un buen asilo, pero barato, donde cuidaran de ella y con eso ya habrá ahorrado una hora. Quítese de encima el periquito. No visite a la señorita Daria más que una vez cada quince días, si es que no puede dejarlo del todo...” El tiempo ahorrado pasaría al banco de los hombres grises y los seres humanos olvidarían la presencia de estos. Solo quedaría la necesidad de economizar.

El paralelo con la filosofía marxista es obvio. Ese estado de movilidad abiótica de los hombres grises se asemeja al concepto de fetichismo de la mercancía marxista, que explica el control que el mercado ejerce sobre el hombre cuando debería ser lo contrario. Ende lo confirma al describir a los hombres grises como comerciantes. Con el concepto de enajenación del hombre definido por Marx ocurre otro tanto. Después de firmar el contrato con los hombres grises, los padres creen que pueden sustituir su presencia en la casa comprando juguetes a sus hijos. El dinero reemplaza a lo humano.

Así Momo, poco a poco, va perdiendo a sus amigos, que ya no tienen tiempo para hablarle. A partir de esta situación las principales características comienzan a transformarse en otras. Esta es una Momo más decidida, que sale en busca de sus amigos y rescata a algunos, incluso. Por eso los hombres grises tratan de confundirla regalándole una muñeca, y luego, al fracasar el intento, planean matarla. La niña aquella que sabía escuchar se transforma en la que sabe dar amor. De hecho, nunca más se menciona esta primera virtud; la segunda la mantiene a salvo de los hombres grises, e incluso logra confundirlos. En cambio resulta sorprendente cómo Ende preserva la inocencia de Momo hasta el último momento.

Beppo Barrendero es otro personaje que se descaracteriza. Él, que siempre pensaba sus respuestas, acepta un trato con los hombres grises. Estos lo engañan al decirle que han capturado a Momo y que solo la liberarán si Beppo ahorra tiempo para ellos. Beppo pasa el resto de la novela barriendo calles.

La evolución de Gigi es más coherente. Debido a su gran imaginación logra actuar en un programa de televisión donde cuenta sus historias. Gigi siempre había sido un chico “luchador”. Era huérfano como Momo y le daba muchísimo valor a un plato de comida. Por supuesto, la racha de buenos cuentos se le agota: ante los hacía por diversión, ahora por dinero. Y además, debe responder a determinados intereses de público. (Este fenómeno, la industria cultural y los medios de comunicación masiva, fue estudiado a profundidad por los sociólogos de Frankfurt, compatriotas y contemporáneos con Ende. Estos definieron las características de la producción cultural capitalista, partiendo de una visión marxista.) Así Gigi encuentra el fracaso en su vida,  a pesar de la gloria en la televisión.

En el pueblo sucede igual. El mal humor inunda las calles, también la basura. Aparece la comida rápida que tiene menor calidad. Se construyen edificios idénticos, uno tras otro, cada vez más rápido; en fin, se acelera la producción, disminuye la calidad. Y surge el proceso de serialización: ropas iguales, edificios iguales, como salidos de un molde. (De cómo el proceso de serialización tiende a eliminar las identidades y crear un hombre-masa, se realizaron estudios en la escuela de Frankfurt.) Aquellos que se resisten al cambio son aplastados bajo la rueda del capitalismo. También este elemento responde a la visión marxista de la sociedad como un gran sistema, donde no existen elementos aislados.

El final se enfrenta al cuchillo de doble filo que es interpretar una teoría a través de una novela infantil. Y hay escisiones. Ante la dicotomía de sacrificar la historia o las ideas hasta allí expuestas, Ende salva la historia. Momo logra apoderarse del tiempo ahorrado y lo devuelve a la humanidad. Los hombres grises, sin tiempo del que alimentarse, mueren. Si en esta historia definitivamente el triunfo debía llegar a manos de Momo, si bien es cierto que desde el primer momento Ende define a los niños -Momo incluida- como la antienajenación: por su capacidad para divertirse, ocupar bien el tiempo; si bien es consecuente al respecto, el final desde el punto de vista marxista es ingenuo: como el gran sistema que es la sociedad, solo un cambio de régimen económico puede eliminar la enajenación.

Por eso para los adultos el final de Momo es un final triste, porque todo vuelve a la normalidad. Momo seguirá viviendo en un anfiteatro, sin ir a la escuela, sin saber qué va a comer mañana, seguirá usando el abrigo remendado de siempre. Beppo seguirá trabajando como barrendero a pesar de su vejez hasta que los esfuerzos le alcancen, después, quién sabe. Gigi luchará hasta su muerte los platos de comida.


 

23/02/2013 07:39 islalsur #. Libros


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