Blogia

Isla al Sur

“VIVO A LA ALTURA DE MI ÉPOCA”

“VIVO A LA ALTURA DE MI ÉPOCA”

Manuel Sánchez Castillo, Manolito, es un pionero de la electroencefalografía en nuestro país.

ERNESTO EIMIL REIGOSA,

estudiante de primer año de Periodismo,

Facultad de Comunicación,

Universidad de La Habana

Fotos: Cortesía del entrevistado.

Manos rotas de aplaudir. Garganta enrojecida de chillar. Corazón acelerado por la emoción. Jadeos por un gol del cual la historia juzgará su dimensión. Un grupo de hombres ve el denominado superclásico del fútbol español. Trasladan a su cotidianidad la emoción de la batalla futbolística, que deja a los vencidos merced de burlas y humillaciones de los vencedores. A uno de los eufóricos hinchas le pregunto el edificio donde vive Manolito, un ilustre desconocido.

Manolito nació en un día célebre de la historia cubana: el primero de enero, pero de 1950. Lógicamente, Manolito es un diminutivo. Su nombre es Manuel Sánchez Castillo. Me recibe en una desordenada casa con aparatos electrónicos por los rincones, piezas de equipos colocadas en una caja negra con varios compartimentos de distintos tamaños y en el centro un librero donde destaca un grueso texto con grandes letras al dorso que reza: “Introducción a la física cuántica”.

Es un apartamento personal, no necesita más. Vive solo. “Adelante, conversaremos en la habitación del fondo, a la derecha, es la más tranquila y a la que no llega ruido del exterior”. Obedeciendo sus instrucciones, paso al lugar indicado. Es un cuarto sencillo, con el buró de la computadora y una ventana cerrada, para que sonidos indeseables no interrumpan la plática.  

Manolito se sincero: sufre de tinnitus, o “zumbido en los oídos”, término médico para el hecho de “escuchar” ruidos cuando no hay una fuente sonora externa, según el concepto de la enciclopedia médica Medline Plus. Enfermedad que al reportero suena a castigo dado por Zeus, tornándose Manolito ante mis ojos en algo similar a un Prometeo de los tiempos modernos.

“En ocasiones no me deja escuchar nada”, confiesa acongojado. Por suerte, el águila devora-hígados dejó en paz a “Prometeo”, al menos hasta el término del reportaje. Tinnitus y él conviven desde que el segundo tiene juicio.

“Mi papá y mi mamá fallecieron. Mi madre era ama de casa y mi padre trabajó en casi todos los oficios, principalmente la carpintería. Tengo un hijo que nació en 1973 y hace seis años me dio una bella nieta. No viven en Cuba”. Su mirada, perdida hasta entonces, se enfoca en mí. “No me gusta hablar de esos temas”, dice.

“Pasé el servicio militar en la época más dura, de 1966 a 1969. Como siempre tuve vocación por las ciencias, nada más terminar, fui a trabajar al recién creado Centro Nacional de Investigaciones Científicas (CNIC). Allí pasé dos años como técnico de mantenimiento de equipos de Neurofisiología.

“En 1972, con la universalización de la enseñanza decretada por Fidel, tomé un curso por trabajadores en la Cujae, de Ingeniería Eléctrica. Allí pasé siete años, del 72 al 79. Compaginaba mi trabajo en el centro con la carrera, lo que considero fue primordial en mi formación. Iba por las tardes y culminaba los estudios a altas horas de la noche. Sin duda, una de las etapas más bellas de mi vida, de las que más gratos recuerdos me traen. En ese tiempo conocí a la madre de mi hijo”.

Tocan a la puerta. El anfitrión se excusa, pero debe atender. Al poco rato entra una muchacha joven, de veintitantos. Es estudiante de Informática. Necesita ayuda con el ensamblado de las partes de cierta placa base. Mientras acude en su auxilio, aprovecho para preguntarle. Su nombre es Nuria González Rosabal, estudia en la UCI y siempre acude a Manolito, especialista en estos menesteres.

“Es muy servicial y educado. Tengo una amistad con él desde mi niñez. Aunque muchos tengan recelos sobre él por ser tan reservado, sé que es un gran ingeniero y una gran persona”, opina.

La octava sinfonía de Beethoven inunda el reducido espacio en que se realiza la entrevista. Es el timbre del móvil. Manolito cuelga. Al parecer no es de urgencia. En estos tiempos de ritmos acelerados y música estridente es raro encontrarse a verdaderos amantes de las obras tradicionales. “La clásica es mi tipo de música favorita. La escucho desde que nací, pues era la única que sintonizaba mi padre en un radio que él mismo construyó. Crecí con vocación, tanto para la electrónica como para la música. A los 13 años comencé a estudiar teoría y solfeo en un conservatorio de Marianao. De forma autodidacta aprendí lo poco que sé de guitarra clásica. Soy coleccionista de partituras musicales de todas las épocas, desde el renacimiento hasta nuestros días”.

Anochece. Acordamos vernos al día siguiente en el Centro de Neurociencias de Cuba (CNEURO), donde labora como Biotecnólogo de I Nivel. Flores es una barriada tranquila, aparte del tradicional vendedor ambulante y algún que otro futbolero emocionado por la victoria de su equipo, no hay más alboroto.

Una pareja de gentiles señores mayores, en inusual paseo nocturno, me confiesa sobre la vida comunitaria de Manolito. “Vive aquí desde hace veinte años. Ayuda arreglando equipos electrónicos a los vecinos. Nunca niega asistencia a quien lo necesita”, comenta Esperanza Gómez Puig. Abelardo Rodríguez Casals, su esposo, añade que “en ocasiones toca de forma amateur en actividades y fiestas que hacemos los vecinos. A pesar de ser tan callado, tiene una vida social activa.”

Apología de un hombre de ciencias

El Centro de Neurociencias de Cuba está ubicado en el capitalino municipio de Playa. Es un moderno edificio que aún no ha sido alcanzado por el descuido ni por la negligencia.

Mayra Forte Rey lleva laborando allí hace más de 30 años. “¿Manuel Sánchez Castillo? Ah, Manolito, sí ya llegó. En el tercer piso, la última oficina. Es una de las personas menos valoradas del centro, desafortunadamente. Nunca ha querido pasar por encima de nadie para lograr sus objetivos. Es muy creativo en lo referido a la electrónica. Hay que serlo en este país. Su especialidad, la electrónica analógica, ha quedado obsoleta frente a la digital. Aún así ha sabido reinventarse”.

Manolito está tomando café cuando llego. Como si lo hubiera capturado cometiendo un delito, suelta la taza apenado y me brinda asiento. Acomodándose sobre una silla y un buró similar al de su hogar, se dispone a contarme anécdotas laborales.

“En el año 1980 comencé a trabajar, junto a mi equipo, en el primer electroencefalógrafo que se construyó en Cuba”. Una electroencefalografía, de acuerdo con el artículo “Neurofisiología Clínica: electroencefalografía (EEG)  y potenciales evocados”, de los estadounidenses Emerson R.G y Pedley T.A., es un examen para medir la actividad eléctrica del cerebro. Las células cerebrales se comunican entre sí produciendo pequeñas señales eléctricas. El EEG mide dicha actividad.

“Hacer el aparato fue toda una odisea. Tuve que ir a Japón para buscar las piezas que aquí no había. Tardamos dos años en terminarlo y ponerlo en el mercado. Medicid-3 fue el nombre oficial. El dispositivo es usado para diagnosticar trastornos relacionados con el sueño. Mi hijo padecía, de pequeño, insomnio, por lo que la culminación del proyecto era, además de una meta laboral, una emocional, gracias a la máquina que papá diseñó pudo sobreponer ese obstáculo que tanto le afectaba su vida escolar. Para mí es un orgullo haber contribuido a tratar a tantos que sufrían lo mismo que mi niño. Por aquel logro fui condecorado con la medalla Carlos J. Finlay”, afirma.

Acababan los 80. La sonrisa era borrada del rostro de Cuba con la llegada de la nueva década, de infeliz memoria para todos los naturales del caimán. Con la falta de alimentos y vitaminas de sobra conocida, aparecieron nuevas enfermedades relacionadas con la carencia de componentes que hasta ese tiempo corrían felices por las venas de los criollos.

La Neuropatía Periférica, padecimiento que impide el correcto funcionamiento de los nervios periféricos (brazos, piernas, etc.), encargados de llevar desde y hasta el cerebro información, concepto dado por Koontz Katirji en el artículo “Desordenes de los nervios periféricos”, fue uno de dichos males.

“En los 90 fui a Santiago de Cuba para con un estimulador magnético, que hice con mis propias manos, detectar la Neuropatía”, expresa. Marcos Ferrera Gutiérrez y Yasser Castellanos Márquez, compañeros de trabajo de Manolito por más de 25 años, lo corroboran.

“A Santiago nadie quería ir, eso allí estaba malísimo. Manolito fue voluntario y casi le cuesta la salud, a él no le gusta decirlo, pero el dolor de cabeza y el estrés aumentan el efecto del tinnitus, casi pierde la cordura”, confirma Ferrera.

“Siempre he creído que tiene menos de lo que merece. No tiene grandes ambiciones, tal vez por eso no ha llegado lejos, lo que si te puedo asegurar es que no hay hombre más sacrificado. Era el alma del equipo del Medicid-3”, valida Castellanos.

Mitchell Valdés Sosa, director del centro, dice que “Manuel trabajó también en los aparatos que nuestra institución fabricó para mejorar la audición a principios de los 2000: las Neurónicas y los Audix. Fue clave, ya que posibilitó y consolidó la fabricación y comercialización de equipos médicos. Además de ser un pionero en el campo de la electroencefalografía”, asegura.

Prometeo se sirve otra taza de café. Debe trabajar, así que termino mi convivencia de dos días con una pregunta.

-Manolito y si pudiera volver atrás y tomar alguna decisión diferente, ¿lo haría?

“No. He podido trabajar en lo que me gusta. Me siento realizado tanto musical como electrónicamente”.

Manolito, hombre de ciencias. Buen vecino, buen trabajador. Persona que no le gusta hablar sobre cómo va a ser recordada, pues tiene la convicción de que, como el mismo asevera, “ha vivido a la altura de su época”. Tal vez su mayor defecto, entre tantos logros científicos y laborales, es que no posee la tenacidad de Edison o el talento Einstein. La falta de ambición que tan cara se paga en un mundo donde reina la misma sin casi oposición. El pasar de puntillas. Manolito es un héroe silencioso, de los que merece la pena conocer, de esos que en vez de marcar goles les gusta pasar la pelota, con toque fino y grácil. Esos también son necesarios.

Pie de fotos: 1-Manolito, miembro fundador del Centro de Neurociencias de Cuba; 2-Equipo creador del Medicid-3. Manolito es el tercero de izquierda a derecha

 

 

CONEXIÓN DESDE EL HOGAR: LA PRUEBA DE FUEGO

CONEXIÓN DESDE EL HOGAR: LA PRUEBA DE FUEGO

La Empresa del Telecomunicaciones de Cuba SA trabaja en pos de modernizar sus soportes tecnológicos.

MARÍA LUCÍA EXPÓSITO GONZÁLEZ,

estudiante de primer año de Periodismo,

Facultad de Comunicación,

Universidad de La Habana.

Muy poco se ha publicado en medios de comunicación nacional sobre las acciones que realizan las autoridades de telecomunicaciones para ampliar las conexiones a Internet a personas naturales desde sus domicilios.

Según declaraciones a la prensa nacional, Mayra Arevich Marín, presidenta ejecutiva de la Empresa de Telecomunicaciones de Cuba SA (ETECSA), una de las inquietudes más frecuentes de la población por estos días es la prueba piloto que se realiza en dos consejos populares de La Habana Vieja.

“La intención es llegar a las casas, pero se trata de una estrategia que va a ir desarrollándose poco a poco, de acuerdo con las posibilidades económicas reales del país”, precisó Odalys Rodríguez del Toro, jefa de la División Territorial de ETECSA en La Habana, según el diario Granma del 31 de enero último (2016).

Cuba tiene hoy solo 27 por ciento de penetración de acceso a Internet, y fue el país de América que más retrocedió en el ranking de la Unión Internacional de Comunicaciones, como consta en un informe que compara el Índice de Desarrollo de las Tecnologías de la Información y la Comunicación entre 167 naciones en 2015, respecto al del 2010.

“Hasta ahora, muy pocos son los cubanos que para acceder a Internet no tienen que estar en sus centros de trabajo o estudio; ni tienen que ir hasta las zonas WiFi habilitadas en espacios públicos de varias ciudades y pagar la cifra de 2 CUC por cada hora de conexión”, explicó Rodríguez del Toro.

“Entre los pocos favorecidos por accesos a la red de redes desde sus casas, están los más de 40 000 trabajadores de la Salud que, entre septiembre y octubre de 2015, vieron cómo sus accesos tradicionales se volvían Internet full”, confirmó la funcionaria a la Agencia Cubana de Noticias.

Andy García Dancuba, administrador de la red cubana Street Network (SNET), aseguró que no se ha dado una debida promoción por los canales oficiales de ETECSA a los detalles técnicos de esta nueva modalidad de Internet en las casas, aún en prueba piloto.

Por rumores de personas que viven en la Habana Vieja, hay dos vías: una mediante el cobro del servicio por tiempo de conexión (ya utilizada en los puntos de acceso WI-FI); y otra el acceso 24 horas de conexión con la plataforma de ETECSA, de manera que el usuario pueda ajustarse a pagar por determinada velocidad de acceso las 24 horas y adecuarse la Empresa en sus modalidades de servicio a los estándares actuales de otras compañías de telecomunicaciones en el mundo, agregó García.

Para Alejandro Marrero Acosta, vecino del Consejo Popular Catedral, de dicha zona capitalina, esta posibilidad de implementación facilita el nivel de acceso de la población al servicio de manera óptima, de forma que este llegue al hogar del cubano “de a pie” y se corresponda más con el mundo actual, pero mucho dependerá tanto de los precios como de la capacidad que tenga ETECSA de modernizar sus soportes tecnológicos, para estar a tono con el resto del mundo.

En ese sentido, Rafael Estevez Soliño, estudiante de Ingeniería en Ciencias Informáticas, refirió que la ADSL (Línea de abonado digital asimétrica) es una tecnología obsoleta que aún se utiliza en Cuba. Esta toma una misma línea telefónica y la divide en tres canales, uno para voz, y crea dos más: entrada y salida de datos.

Agregó que la ADSL es más antigua que Internet y se implementó para las redes del año 98 o 99: “Para tener una conexión respetable necesitaríamos modernizar estas líneas. Imagina los precios de salida, cuánto  podrán cobrar por tener Internet en casa si ponen el servicio a más de seis kilómetros de la central, porque es cableado, entonces deja de ser efectivo y se pone más lento”.

Al respecto, Javier Ferreira Montero, jefe de Comercial de la División Territorial ETECSA en La Habana, afirma que el proyecto Internet Hogares se enfoca en la informatización de la sociedad. “Hasta ahora las prioridades habían sido Salud, Educación y planes científicos. No queremos quedarnos solo a ese nivel, sino penetrar en el espectro de clientes de forma amplificada”.

“La empresa china Huawei, por sus capacidades como líder en tecnologías, será el proveedor estratégico. El capital y los inversionistas son ciento por ciento internos. Esta nueva ejecución tiene un alto costo de inversión, razón por la cual se ha retrasado el proceso, pronosticado para el próximo mes de abril. No se puede retirar aún el ADSL, pues eso significa sustituir de repente las plantas tradicionales”, precisó Ulises Rosado Carvajal, jefe del departamento de Operaciones del grupo ADSL Hogares.

“La nueva vía de acceso GPON (Red Óptica Pasiva con Capacidad de Gigabit), proporcionada por Huawei, va a permitir acceder al servicio de  Intenet y al servicio de voz al unísono, hecho novedoso en el país”, aseveró Ferreira.

Se dictaminó que los consejos populares fuesen Catedral y Plaza Vieja pues –según Ferreira-, en el estudio de factibilidad, el Centro Histórico de La Habana representa un gran potencial económico: “Muchos de los clientes extranjeros, sean visitantes o residentes en el país, se hospedan en los territorios escogidos. Además, los trabajadores por cuenta propia tienen hostales y restaurantes en la zona, hecho que evidencia su interés por solicitar este servicio. Las tarifas y precios saldrán a la luz pública próximamente, en la Gaceta Oficial”.

“Más de 3 000 serán los beneficiados aproximadamente. Esta alternativa tendrá un impacto tecnológico de gran envergadura, porque cambiará toda la central telefónica desde el punto de vista comercial. De esta manera, Cuba se integrará paulatinamente a los estándares de los países desarrollados”, destacó Ferreira.

Pie de foto: La red GPON Huawei acelerará la conexión con mayor ancho de banda en los hogares (Foto: Internet).

 

“EL AMOR ES COMO LOS NÚMEROS: INFINITO”

“EL AMOR ES COMO LOS NÚMEROS: INFINITO”

Una niña estadísticamente feliz describe la vida en sociedad de una pequeña cuya madre es homosexual.

Texto y foto:

AMANDA DE URRUTIA SÁNCHEZ,

estudiante de primer año de Periodismo,

Facultad de Comunicación,

Universidad de La Habana.

“Soy una niña estadísticamente feliz. Tengo dos mamás y medio papá (…) A mí me va de maravilla con mis dos mamás (…) Pero el resto del aula no soporta la dicha extrema y he tenido conflictos por eso. Nada, que como ellos tienen una sola sienten envidia”.

El retrato de la atípica situación familiar de Cuasi Negrín Blanco, pequeña de diez años de edad visiblemente “adelantada para su época”, muestra la espirituana Mildre Hernández en Una niña estadísticamente feliz (Primera edición, Lengua Editorial, 2011). Escrito en la voz de la pequeña, describe, con uso frecuente del humor, su difícil ambiente social.

Cuasi vive con su “madre primera” y su “madre segunda” en una casa de tabla de palma y techo de puertas de refrigeradores rusos que tiene un solo cuarto en donde también está la cocina y una tabla de planchar que hace la función de mesa. Ella dice que les va de lo mejor, pues Cuasi es feliz en su casa, estadísticamente.

En la escuela no es igual, la incomprensión desensibiliza a sus compañeros de aula y, tristemente, hasta a sus profesores: “Al parecer la directora no entiende de maternidad compartida (…) Para ella bien es mamá y papá. Y para mí bien es armonía y amor”.

Personajes indispensables en el libro son sus compañeros de aula Tanyer (con quien mantuvo el tipo de noviazgo característico de la niñez, de quien sigue enamorada y por quien “ha dado la vida”), Danyer –el hermano gemelo de Tanyer– y Lavanda. Los tres presentan complicadas realidades existenciales y asisten a la misma terapia psicológica que Cuasi.

La obra transcurre entre dilemas, historias y criterios entre líneas. Abarca problemáticas actuales desde la óptica desprejuiciada de la niñez pulcra: la disfuncionalidad en las relaciones de pareja, la discriminación por la orientación sexual, la inestabilidad económica, las diferencias sociales entre hombres y mujeres.

En esta edición de la Editorial Oriente del año 2014, la portada carece de funcionalidad estética porque no cumple con su objetivo de atraer al lector con la vistosidad gráfica, ese papel lo suple, entonces, el sugerente título. 

La manera de redactar es simple, con estructuras gramaticales básicas y la jocosidad antagoniza a la miseria humana y material. Quizás a un lector adaptado a leer obras para un público exclusivamente adulto, esta le resulte desnuda de habilidades del escritor. Sin embargo, considero que la autora pretendía ser entendida tanto por los contemporáneos con Cuasi como por los más conocedores de la lengua, pues el significado de lo expuesto sobrepasa el ámbito generacional.

Mildre Hernández tiene 44 años y ha dedicado todo su quehacer literario al género infantil-juvenil. Narradora y poeta, miembro de la Asociación Hermanos Saíz y la Unión Nacional de Escritores y Artistas de Cuba. Ha obtenido el Premio Abril (en tres ocasiones), Hermanos Loynaz, La Edad de Oro, Eliseo Diego, Fayad Jamís, Jara Carrillo y Sin Fronteras Bilbao (estos dos últimos en España).

Una niña estadísticamente feliz induce a compasivas sonrisas cuando aparece la conformidad de la inocencia, arrebata carcajadas y obliga a la reflexión sin que se advierta una explícita intención de convencer, que por supuesto, existe, pero no se puede localizar en el texto sino en las líneas de pensamientos que provoca. La lectura transcurre entre sentimientos encontrados y nos dice que “el amor es como los números: infinito”. 

Pie de foto: Portada del libro en su edición del 2014 de la Editorial Oriente.

“LA CHINA”, DEL MONTE A LA CIUDAD

“LA CHINA”, DEL MONTE A LA CIUDAD

A sus casi 70 años de vida, de ellos 51 dedicados al trabajo, Yilian Berrey Pupo encuentra satisfacción al dedicarse por completo al magisterio, la comunidad y la familia.

Texto y foto:

CLAUDIA DOMÍNGUEZ VÁZQUEZ.

estudiante de primer año de Periodismo,

Facultad de Comunicación,

Universidad de La Habana.

“La China” parece descendiente de asiáticos por sus ojos rasgados y cabellera intensamente negra; pero no, no hay mujer tan cubana como Yilian Berrey Pupo: fuerte de cuerpo y espíritu, dulce y jaranera a la vez; siempre dispuesta a ofrecer repasos de Matemáticas o apoyar en un trabajo voluntario.

De origen campesino, se vuelve toda ternura cuando piensa en los bohíos en las lomerías de Las Guásimas, Holguín, y en el abuelo que la enseñó a leer y escribir, a quien llamaba “papá”. Cuenta que él la sentaba en un taburete a leer el periódico: “Más que para enterarse de las noticias quería que leyera, que aprendiera”.

Se vinculó, junto al abuelo, a todas las tareas de la naciente Revolución y convirtieron parte de la casita en una escuela para los guajiros. Los primeros maestros que subieron a las lomas, le otorgaron un quinto grado por saber leer y escribir. Ella, con solo 13 años, decidió ir a alfabetizar y se convirtió en brigadista Conrado Benítez, esto determinó su vocación como maestra. Llegó a La Habana en ocasión del acto nacional para la Declaración de Cuba como el primer país libre de analfabetismo en América Latina.

Yili, como también se le conoce, estuvo becada en la capital durante seis años. Elevó su nivel cultural y se preparó como educadora hasta que logró ser profesora de Matemáticas en la educación para adultos, en la secundaria y después en la enseñanza media superior. Llevó a la par sus tareas de madre, estudiante universitaria, profesora y destacada activista en las tareas de la Revolución. Cree que lo logró porque realizó sus dos vocaciones: madre y maestra.

Comenzó a ser Delegada del Poder Popular hace unos 27 años y hasta el día de hoy es “el ombligo de la circunscripción 87”, pues no existe problema que se le escape de las manos: “Ser Delegada requiere un esfuerzo extra, pero me reporta gran satisfacción”.

Dos hijas profesionales, cuatro nietos estudiantes y la pequeña Sofía, su bisnieta, conforman la hermosa familia de “la China”, ya no escondida en las lomas de Oriente, pero sí entre montañas de personas que la admiran y necesitan de ella.

Su gran humildad no deja saber que posee varias condecoraciones, tanto en el ámbito profesional como en lo vinculado a los trabajos en el Poder Popular. Para Yilian, el mayor premio es haber ayudado a muchas personas y siempre que toquen a la puerta hace el mayor esfuerzo para resolver los problemas que le planteen: “Es muy reconfortante recibir un gracias China o gracias profe”.

A los 63 años se jubiló y se reincorporó a las aulas al mes siguiente, “resulta imposible estar lejos de los muchachos”, dice siempre entre risas. “Ni el delegado ni el profesor logran nada solos, no somos nadie si a nuestro lado no están los estudiantes y la comunidad, una golondrina no hace verano”.

Casi a sus 70 años no piensa retirarse de las aulas hasta que su salud y sus alumnos decidan. En el barrio sigue siendo “la China” la respuesta a los problemas. Después de 51 años de trabajo, siente gran satisfacción por todo lo que ha logrado y confiesa creer que ha cumplido con los sueños de “papá”.

Pie de foto: La profesora Yilian Berrey siente orgullo de haber formado tres generaciones en sus aulas.

 

UNA VEJEZ DIFÍCIL

UNA VEJEZ DIFÍCIL

LAURA FARIÑAS NARANJO,

estudiante de primer año de Periodismo,

Facultad de Comunicación,

Universidad de La Habana.

El insoportable ruido de la alarma anuncia que son las seis de la mañana. Paula Pino Santos se levanta agitada, apenas pudo conciliar el sueño. Hace café, barre, organiza. Deja todo listo en su casa antes de marcharse a cuidar a sus padres.Tiene 67 años y sus días se han convertido en una rutina: de su casa a la de sus progenitores.

Como cada día llega, a su “centro laboral”, luego de que su esposo con un lento pedaleo la lleve. La lavadora la espera. Sábanas y pijamas sucios le dan la bienvenida. Comienza así la larga y agotadora jornada.

Félix, su padre, es un anciano de 89 años, bastante corpulento, y ya tiene la mente perdida. Su madre Amelia, por el contrario, está “clarita, clarita” y tiene un genio de los mil demonios.

Almuerzo. Merienda. La parte más difícil aparece a la hora del baño, cuando casi tiene que convertirse en Hércules: “¿Cómo hace una vieja para bañar a dos ancianos? Varios son los sustos que recibe cuando en ocasiones unos de los dos se le va de las manos.

En la tarde, sus padres duermen un rato. Entonces aprovecha para sentarse en la baranda de la terraza y “descansar”. Enciende un cigarro, y piensa en el giro que ha dado su vida, en cómo cambian las familias.

Su sobrina, Liosmedi, vive con los ancianos. Ellos fueron quienes la criaron porque un día su hijo menor les dijo: “Aquí la tienen, la madre no la quiere y yo tampoco me puedo hacer cargo”. Ellos le dieron el cuerpo que tiene hoy y hasta le regalaron la casa.

Parece que el tiempo borró todo esto. Ella no quiere cuidar a sus abuelos. “¡Ese no es mi maletín, yo no tengo nada que ver con eso!” repite.

No es fácil que la vejez de dos personas que se dedicaron por completo a la familia sea así. Ver como uno de tus hijos no se ocupa de ti, y casi todos los nietos se olvidaron de que tienen abuelos. Es algo duro, comenta Paula.

El hijo de Paula está preocupado, ya no la puede ayudar como antes. Él iba en las noches a cuidar a Félix y a Amelia. Los conflictos se incrementaron y las discusiones con su prima y su tío aumentaron. Tuvo que alejarse un poco y comenzar a ayudar a su madre desde afuera. Buscó a una mujer para que la ayudara. Ya son cinco las que han desfilado por ahí. Liosmedi dejó en claro que esa era su casa y ahí solo entraba el que ella quería. No quiere ayudar, pero tampoco deja que otros lo hagan.

Ya son casi las nueve de la noche. Los viejos están acostados. Paula reza porque no suceda nada en las horas que van a estar solos. Regresa a su casa y Abraham, su nieto de seis años, sale corriendo a recibirla. “Yaya, al fin llegaste”.

Las piernas hinchadas, la dentadura deteriorada, y la tos que posee a causa de su vicio por el cigarro, evidencian su cansancio. Ella ya no está para cuidar, sino para que la cuiden también. Cuando el sueño se apodera de ella, nuevamente el reloj anuncia que son las seis de la mañana.

¿JESÚS O “VIVA”?

¿JESÚS O “VIVA”?

Esta película llega a la gran pantalla para demostrar, una vez más, la calidad actoral de los intérpretes cubanos.

ROCÍO ISELL FERIA GINARTE,

estudiante de primer año de Periodismo,

Facultad de Comunicación,

Universidad de La Habana.

Foto: Tomada de Granma.

Con la dirección de Paddy Breathnach y la producción ejecutiva de Benicio del Toro, se rueda en Cuba el filme Viva, un melodrama que cuenta con el rol protagónico de Héctor Medina y las actuaciones de Luis Alberto García y Jorge Perugorría.

Jesús (Héctor Medina) es un joven homosexual que vive solo. Se gana la vida arreglando pelucas en un club de travestis y sueña con actuar en las noches con el nombre artístico de “Viva”. Convence a la dueña, Mama (Luis Alberto García), de que lo deje participar en el show, e inesperadamente aparece Ángel (Jorge Perugorría), su padre, que recién ha sido liberado de prisión y se opondrá violentamente a que trabaje travestido.

En esta película, destacan las circunstancias en las que se desenvuelve parte de la sociedad cubana: un intenso conflicto padre–hijo, la difícil situación económica del protagonista, la soledad y los prejuicios en torno a la inclinación sexual constituyen los principales problemas en la obra.

El guion de Viva, de la mano del irlandés Paddy Breathnach, cuenta una historia que posee un ritmo lineal, mas no deja de ser impactante, precisamente por su acercamiento a la vida nocturna de los transformistas y travestis en Cuba: como son discriminados, criticados y rechazados.

Las actuaciones del filme han sido elogiadas por la crítica y la prensa. En el protagónico, Héctor Medina hizo gala de su talento demostrando su organicidad, versatilidad e histrionismo, siendo uno de los actores jóvenes con mayor cantidad de películas en el momento.

En cada uno de los actos del cabaret, el artista logra convencer al espectador, al hacer creíble el papel de travesti gracias a la limpieza en los movimientos, la gestualidad, presencia, actitud y proyección escénica.

La coproducción irlandesa –cubana, si bien contribuye a la mejor y más rápida filmación (20 días), por otro lado muestra una realidad basada fundamentalmente en la imagen negativa y comercial que los cinematográficos foráneos atribuyen en reiteradas ocasiones a Cuba.

Esta cinta propone una clara referencia a problemas sociales como la prostitución, el alcoholismo, la violencia doméstica y la marginación constante hacia los homosexuales. Expone, además, las dificultades económicas y carencias de la sociedad: falta de comida, elevadísimos precios de los insumos básicos y el transporte.

También llama a la reflexión sobre la importancia de valorar a la familia y a los amigos. El apoyo constante de Jesús a Ángel y las atenciones de Mama con el muchacho son claras muestras de fidelidad y el amor, que junto a la sensibilidad de Jesús, le dan vida y emoción el largometraje.

En el filme, resalta sobre todo el trabajo fotográfico, a cargo de Cathal Watters. El mismo juega con las visualidades propias del cabaret, los espacios cerrados y prioriza los esplendores de la noche: las luces en las calles, los entornos de cafeterías y los bares.

Por su parte, la dirección de arte recrea los ambientes de Centro Habana, con sus “clásicas” casas, los icónicos balcones, parques y gimnasios populares, las ropas de moda y los espléndidos vestidos del cabaret.

Baladas de la segunda mitad del siglo pasado dan música a varias escenas. Las voces de Elena Burke, la Diva Rosita Fornés, Annia Linares, Lourdes Torres, Blanca Rosa Gil, entre otras, se ocupan de acompañar los cantos y bailes de los travestis.

Así, cada canción apoya el carácter liberador, feminista y sensual del largometraje. Es importante apuntar también que refleja fielmente una parte notable de la cultura musical tradicional cubana, poco consumida por la juventud.

Esta cinta se estrenó en el Festival de Telluride realizado en enero del 2016, en Miami, donde tuvo gran éxito. Además se presentó en festivales internacionales como Toronto y Busán. Fue elegida por la Academia de Cine y Televisión Irlandesa para representar a dicho país en la nominación a los Premios Oscar en el 2016, en la categoría Mejor película de habla no inglesa.

Pie de foto: En cada uno de los actos del cabaret, el artista logra convencer al espectador.

 

MI PATRIA ES LA SOBREVIDA

MI PATRIA ES LA SOBREVIDA

SEALYS GARDÓN PANTOJA,

estudiante de primer año de Periodismo,

Facultad de Comunicación,

Universidad de La Habana.

“Mi patria: Heredia, Martí, Lezama,

                         un viejo con una camisa a cuadros (…)

Mi Patria es la sobrevida”

Julio César Sánchez

El sol baña mi pueblo otra vez. La historia nos canta al oído y despertamos. La noche trajo una extraña guerra de unos que se llamaban mambises y defendían algo a lo que llamaban Patria, así, como si la hubiesen parido.

Hago una tachadura en el número 20 del mes de octubre en el calendario. Hoy se rinde homenaje a la Cultura Cubana. Emprendo el día a día una vez más, tal vez encontraré lo mismo de siempre, la conciencia lo predice.

Por mi lado pasan los niños del barrio, veloces como el viento inquieto de un huracán, entre ellos mi vecino, le hicieron un trajecito para imitar a Maceo; debe ser en un rato porque va con un bigote casi más grande que él.

De paso por una escuela cercana, me llama la atención la bandera tan radiante, con un fondo conocido, creo que es Silvio Rodríguez, mi abuela se sabe todas sus canciones y me las enseñó desde que era pequeña.

Todos evocan a Félix Varela, recuerdan el coraje de Carlos Manuel de Céspedes o rememoran cuando Perucho Figueredo, este mismo día de 1869, escribía la letra del Himno de Bayamo sobre el lomo de un caballo, exclusivamente hoy, como si no fueran cimientos de lo que somos, sino descubrimientos recién hechos, o reliquias viejas desempolvadas para la ocasión.

Sin embargo, este 20 de octubre nadie se acuerda del hombre que deambula y conoce cada planta medicinal del monte, del barrecalles tan dedicado, o del médico que nos atiende en el consultorio, del hombre que pescó con Hemingway ni del guajiro de la guayaba más grande del pueblo.  ¿No son ellos pedazos de cultura?

El sol se va despidiendo y ya está plantada la mesa de dominó en la esquina. El profesor de inglés, el carnicero y el ponchero de la otra cuadra están buscando al último jugador. Aunque soy “doble blanco” en estas cuestiones, lo intento. Tras perder un par de veces, pido auxilio a mi papá y le cedo el puesto.

De regreso a casa, siento un olor sabroso. Mi mamá prepara carne de cerdo asada y congrí. "¿Acaso hay sazón más sabroso que el cubano?" Responde ella ante mis halagos a su destreza en la cocina.

Esa es la cultura de mi Patria que celebramos hoy, eso es mi Patria: mambises, algarabía, Silvio, héroes anónimos, un juego de dominó, una cena con sabor incomparable. Mi Patria es mi día a día, “mi Patria es la sobrevida” a un período especial en el que la sopa quedó sin pollo y la gente cambió en los campos ropa por comida con la dignidad intacta. Mi patria es la de los inmigrantes y emigrantes, la cubanía de dos vecinas cuando intercambian un poquito de azúcar hasta que lleguen a la bodega los mandados del próximo mes.

Tipo de crónica: Costumbrista.

TAREA DE TODOS

TAREA DE TODOS

SERGIO FÉLIX GONZÁLEZ MURGUÍA,

estudiante de primer año de Periodismo,

Facultad de Comunicación,

Universidad de La Habana.

Siempre que se habla del uso correcto del uniforme escolar se abre una línea de debate intensa y tradicionalmente interminable. Profesores y estudiantes, de todos los niveles de enseñanza, no se ponen de acuerdo en términos de disciplina, y el reglamento pasa casi inadvertido en dicho tema.

La Resolución 11/2012 del Ministerio de Educación establece como un deber incuestionable del alumnado cubano, en todos sus niveles, lo siguiente: “Los estudiantes utilizarán el uniforme establecido para el nivel educacional de que se trate”. Para dicho punto establece también, cómo debe ser el atuendo correspondiente para el alumno, sea hombre o mujer.

Sin embargo, vemos cada día cómo niños y jóvenes asisten a la escuela con un “uniforme” que no se corresponde con lo dispuesto: pequeños con las pañoletas al hombro y la camisa afuera, muchachas con la saya tan corta que parece un short, o simplemente, jovencitos que creen que van a una fiesta y estrechan su pantalón para ir a la moda.

Ante los hechos, el maestro, el director educativo, e incluso, los padres de los jóvenes, se convierten, prácticamente y en la mayoría de los casos por voluntad propia, en simples espectadores de un problema que cada vez se va haciendo más insostenible, y que es de su completa incumbencia y responsabilidad.

Parafraseando al ilustre pedagogo José de la Luz y Caballero, la educación es un proceso continuo que se inicia en la cuna y acaba con la muerte, y es que la forma en la que los adultos son capaces de conducir a las nuevas generaciones garantizará la prolongación de los buenos valores ante la sociedad.

No podemos esperar  que nuestros jóvenes sean conscientes de lo que es correcto y lo que está mal si no los enseñamos para llevarlos por el camino adecuado. Ello no es difícil, pero sí lleva un proceso de constancia y de mucha responsabilidad por parte de los educadores, organizaciones estudiantiles y la familia, fundamentalmente.

El uso adecuado del uniforme escolar no se puede ver como algo ajeno a ese proceso educativo del que es protagonista el joven, sino como uno de los pilares dentro de la formación de valores del estudiante.

La tan cotidiana forma de vestir a la moda con el uniforme por parte de los educandos, solo responde a conductas y patrones de actuación inapropiados que el muchacho observa en su medio e intenta reproducir.

A diario es frecuente encontrar a quienes incurren en un elevado irrespeto por su símbolo más tangible: el uniforme escolar. Esta vestimenta es la representación más genuina de nuestra educación porque dondequiera que vean a un estudiante portando el atuendo que representa a su centro escolar, estarán presenciando la imagen de esa institución, por lo que el esfuerzo para que se use correctamente debe ser enorme.

Por dicha razón, esta es una batalla que nos concierne a todos, sin excepción. No podemos conformarnos con llamar la atención a un alumno que tiene la camisa afuera durante clases y luego, al llegar el receso no tomar ninguna medida cuando vuelve a incurrir en esa falta. Tampoco puede permitirse ver a ningún joven con su uniforme desarreglado de camino a casa porque este atuendo debe ser para el estudiante como la sotana para el cura: sagrado.

La disciplina, el rigor sin imposición y nuestros valores son las armas que debemos emplear en esta batalla.