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Isla al Sur

“EL VARONA SE FUNDÓ CON NOSOTROS”

“EL VARONA SE FUNDÓ CON NOSOTROS”

El profesor Ramón Cuétara López devela sus experiencias a través de 40 años dedicados al magisterio.

DIANA FERREIRO HERNÁNDEZ,
estudiante de primer año de Periodismo,
Facultad de Comunicación,
Universidad de La Habana.

Los amigos lo describen como un hombre sencillo, dotado de un excelente sentido del humor y una extraordinaria capacidad para narrar anécdotas y recordar los momentos más especiales de su vida. De esta manera, dicen, se ha convertido en el “profe” deseado por todo estudiante.

El Doctor Ramón Cuétara López ha dedicado más de 40 años al magisterio y al Instituto Superior Pedagógico Enrique José Varona (ISPEJV), y aún siente que le quedan tareas por realizar dentro de la educación cubana. Actualmente se desempeña como subdirector de Investigaciones y Postgrado en la Sede Universitaria Municipal Pedagógica (SUMP) de Marianao, donde, además, imparte clases de Geografía.

-¿Por qué decidió abrazar el magisterio?

Recibí una gran influencia de excelentes educadores que tuve en las enseñanzas primaria y secundaria. Asistí a una escuela pública en el Central Algodones, en Ciego de Ávila, y allí me dio clases el mejor maestro que hasta hoy he conocido, se llamaba Urbano Gallas Roche. Su autoridad, personalidad, respeto, paciencia y cariño, siempre me marcaron.

También en la secundaria gocé de muy buenos profesores. Un gran equipo de docentes me recibió en la escuela Frank País, encabezado por la Doctora Teresa Moarquech. Allí, Carmen Cuevas, de Geografía, influyó tanto en mí, que decidió mi vida profesional por esta ciencia.

Después vino la época del Dream Team del Varona. Siempre digo que mi generación fue privilegiada, pues conoció lo que más valía y brillaba dentro del magisterio cubano.

Con solo 11 años se sumó a la Campaña de Alfabetización, la cual medió en su decisión de ser maestro: “Indudablemente. Pero el  ejemplo de aquellos profesores pesó, incluso más, que la Campaña en sí misma. A esa edad un adolescente tiene poca conciencia de lo que está sucediendo, más bien lo impacta lo que ve hacer bien.

“La Campaña fue para muchos de nosotros el primer gran reto que tuvimos como generación, y lo asumimos con esa mezcla de voluntad, patriotismo y pasión revolucionaria con que la juventud siempre toma las grandes tareas de la historia, aunque cuando se realice no haya conciencia exacta de su grandeza.”

-¿Cómo se convierte en uno de los protagonistas de la fundación del ISPEJV?

Diría que el Varona se fundó con nosotros. Aquel 5 de enero de 1964 grabó un hito en la historia de mi vida. Fue en respuesta a la convocatoria del Ministerio de Educación para los jóvenes que quisieran estudiar la carrera profesoral de secundaria básica. Comenzamos en aulas del Edificio Varona, con un selecto grupo de educadores de la Universidad de La Habana. Luego, por Resolución Ministerial, se crearon los Institutos Pedagógicos Enrique José Varona, el Félix Varela, en Villa Clara y el Frank País García, en Santiago de Cuba.  Así nació el centro al cual he dedicado 40 años de vida laboral.

-Entre todas las asignaturas escogió Geografía, ¿por qué?

La vida me ha demostrado que la Geografía goza de un favor natural dentro del ciudadano medio en cualquier parte del mundo. Cuando uno se detiene a hablar con personas de cualquier nivel, enseguida dicen: A mí siempre me gustó mucho la Geografía.

Al ingresar en el Varona y ponerme en contacto con el excelente grupo de docentes de la especialidad, mi vocación aumentó tanto, que si volviera a comenzar diez veces más me decidiría siempre por la Geografía.

En la SUMP de Marianao, Cuétara tiene la responsabilidad de cuidar la calidad de la docencia de postgrado y su orientación metodológica, así como llevar el control de las investigaciones que se realicen en la localidad: “La función principal de la SUMP, al igual que todas las del país, es la formación inicial de los futuros profesores, y además, velar por su superación permanente. Nos ocupamos tanto del pregrado como del postgrado. De ahí su importancia estratégica en un territorio determinado. Con razón decimos que las sedes son la universidad de cada uno de los municipios del país.

“Además, resuelven muchos problemas dentro del sistema educacional de cada provincia: la superación permanente del personal docente del territorio, la preparación de las estructuras de dirección y la formación postgraduada de todos los docentes que trabajan en ellas.”

-Ha cumplido misiones internacionalistas en varios países. ¿Qué han significado para usted?

La primera experiencia fue en 1979 cuando partí, junto al II Contingente del Destacamento Pedagógico Internacionalista Che Guevara, para la República Popular de Angola. Fue el primer encuentro con una realidad que ni siquiera podía imaginar.

En Cuba no conocemos la verdadera magnitud de las palabras hambre y miseria. Cuando uno está en esa situación, se percata de que no tenemos conciencia real de lo que representa. Sin embargo, fui partícipe de la voluntad de aquel pueblo por superarse y salir del analfabetismo ancestral a que ha estado sometido.

Luego estuve en Bolivia en 1996, y unos años después en Venezuela, en el estado Amazonas, como Asesor Municipal Integral de las misiones educativas Robinson, Ribas y Sucre.

Esa situación tan fuerte forma y sensibiliza de tal manera, que hace más humana la ayuda, aunque signifique solo un granito de arena en el despertar revolucionario de esos pueblos.

-¿Qué diferencias notó entre el sistema educacional cubano y el de esos países?

Cada vez que hablamos de la educación en Cuba enseguida salen a relucir las estadísticas, cifras de graduados, número de carreras y centros docentes, y cualquiera puede llegar a pensar que todo es coser y cantar. Y no lo es, está sustentada en una voluntad política.

Por eso, siempre digo que el mejor sistema educacional del mundo es el cubano, porque es gratis y para todos. En cada país que visité observé la mutilación de muchas personas desde el punto de vista intelectual, las tragedias en el mundo del conocimiento, y eso hace decir con orgullo: Cuba es diferente. Y eso no tiene comparación con nada.

-¿Guarda algún recuerdo especial de su desempeño como internacionalista?

Un día de noviembre de 2004 llegué a la comunidad Ceguera, a los pies del cerro Autana, símbolo del origen de la vida en la Amazonía venezolana. Allí encontré un grupo de 12 personas dispuestas a recibir clases.

Cuál no sería mi sorpresa al comprobar que algunos, recién incorporados y mojados como pollos, habían pasado el río de más de 500 metros de ancho, con sus libretas guardadas en una bolsita de nylon y cortando la corriente con una sola mano. En ese momento pensé: vale la pena ayudar a estas personas.

Cuando la teleclase comenzó, el intérprete, parado junto al televisor, iba traduciendo al piaroa (dialecto indígena), lo que la profesora Magalys Cejas decía en su clase de Matemática, pues ninguno de ellos hablaba ni entendía el castellano.

Ese día anoté en una pequeña agenda: "Hoy he sido testigo de algo que por mucho que lo cuente en Cuba, siempre alguien va a pensar que exagero. Pero aquí están ellos, que serán eternos testigos de la veracidad de esta anécdota.”

-Usted fue partícipe de los cambios producidos en la educación a partir del 2000. ¿Cree que los resultados han superado las expectativas?

Estos cambios han estado marcados por la necesidad imperiosa de tener una cobertura docente en todas las enseñanzas del país. Aún no es el momento para evaluarlos en su justa dimensión, por los resultados.

Hoy tenemos un Profesor General Integral (PGI), en el caso de la secundaria, preparándose para dar todas las asignaturas. Pienso que ahí es donde está el quid de la cuestión. Habrá que experimentar para comprobar si lo correcto es seguir ese camino, o buscar otras vías, como pudiera ser un profesor por área del conocimiento.

De hacerlo, debemos despojarnos de todo prejuicio. En esa tarea estamos dispuestos a ayudar quienes, de una forma u otra, hemos dedicado lo mejor de nuestras vidas a la educación.

-Después de 40 años de trabajo, ¿siente que le falta algo por realizar en la educación cubana?

Sí. Pienso que todavía puedo poner la experiencia acumulada en estos años en función de buscar la mejor alternativa para la formación de ese profesor al cual aspiramos. Y una confesión: también quiero defender el Doctorado en Ciencias, es decir, el de segundo nivel, para dejar en blanco y negro el aporte que, como profesor del ISPEJV, he hecho a la sistematización de los estudios locales en la enseñanza de la Geografía en Cuba.

-¿Qué significa el Varona para usted?

Cuenta una vieja historia, que un día del siglo XII, el más curioso y a la vez osado de los consejeros del Emperador Huei-Tsong, decidió preguntar a su monarca cuáles eran las razones particulares del cariño tan entrañable que sentía por la ciudad donde vivía, a lo que el soberano respondió: "¿Razones particulares?... son tantas, como gotas de lluvia hay en un día de  tormenta."

El Varona significa para muchos de nosotros las tres cuartas partes de nuestra existencia, lo suficiente para realizar estudios universitarios y trabajar después en la especialidad elegida. Tener amores, ilusiones, hijos, tristezas, alegrías, éxitos, reveses, pasión revolucionaria y confianza en el futuro. En sus calles, edificios, aulas y residencias se encuentra grabada, con indelebles trazos, la historia de nuestras vidas.

-¿Qué va a extrañar cuando deje el aula?

No estoy preparado para responder ahora. Confieso que aún no he pensado en ese momento. No obstante, propongo un trato: la voy a responder, ampliamente, en el aniversario 55 del Varona, cuando, como una periodista ya graduada y experimentada, vuelvas a entrevistarme. ¿De acuerdo?
 
Esta entrevista forma parte del libro en preparación Rostros del Varona, escrito como examen final del género por alumnos de Periodismo de la Facultad de Comunicación de la Universidad de La Habana, a propósito del aniversario 45 de la casa de altos estudios pedagógicos.

FICHA TÉCNICA:

Objetivo central: Develar detalles de la obra educativa del Doctor Ramón Cuétara López como fundador del Pedagógico Varona y como subdirector de la Sede Universitaria Municipal Pedagógica de Marianao.

Objetivos colaterales: Demostrar la importancia del ISP Enrique José Varona para este profesor; Exponer sus experiencias como educador en otros países.

Tipo de entrevista:

Por su forma: Mixta.
Por su contenido: De personalidad.
Por sus participantes: Individual.
Por el canal que se obtuvo: Directa.

Tipo de título: De cita directa.
Tipo de entrada: De retrato.
Tipo de cuerpo: Mixto.
Tipo de conclusiones: De opinión o comentario del entrevistado.

Preguntas declaradas: 1.- Abierta. 2.- Abierta. 3.- Abierta. 4.- Abierta. 5.- Abierta. 6.- Abierta. 7.- Cerrada. 8.- Abierta. 9.- Abierta.

Fuentes Consultadas: Currículo del entrevistado. Documental.

 

 

“MI PROFESIÓN ES EL CENTRO DE MI SER”

“MI PROFESIÓN ES EL CENTRO DE MI SER”

Alberto Pozo: combinación de cultura y trabajo en 80 años de satisfacción por la vida.

XENIA Y. BALÓN,
estudiante de primer año de Periodismo,
Facultad de Comunicación,
Universidad de La Habana.

“El deber de un periodista no solo es informar, sino también, educar”, fueron las primeras palabras de Alberto Pozo Fernández, Premio Nacional de Periodismo José Martí en 1999, reconocimiento que otorga la Unión de Periodistas de Cuba (UPEC), por la obra  de toda la vida.

“Recibir la distinción de manos del Comandante en Jefe Fidel Castro Ruz fue para mí un momento especial, instante que me demostró el   sentido y razón de ser de mis trabajos a lo largo de la vida”.

Alberto Pozo desde muy joven tuvo inclinación hacia el periodismo económico. Hoy, con 82 años, sus ojos aún brillan cuando recuerda la intensa labor realizada en la sección especializada sobre ese tema en la revista Bohemia: “Mi labor allí fue importantísima. En ella se abarcaron todos los aspectos y prioricé temas como el turismo por representar una base fundamental para el desarrollo del país.

“También la agricultura y la industria tuvieron una atención específica, llevando esos temas a la comunicación cara a cara con el pueblo, mediante las mesas redondas de Bohemia, que fue el recurso empleado por la sección y se desarrollaban en la propia revista.

“A la vez, hice hincapié para que las personas se interesaran por la economía, pues el tema no es el favorito de la población, debido a que de él se suele escribir con términos muy técnicos y sofisticados. Por eso, en Bohemia nos esmerábamos por un lenguaje sencillo y atractivo, que captara el interés en el lector”.

-Usted ha sido defensor de la publicidad, vertiente de la comunicación generalmente incomprendida en nuestra sociedad, ¿logró con su trabajo convencer a las empresas socialistas de su utilidad?

Tema difícil en la década de los años 60, me propuse que las empresas socialistas comprendieran la importancia de la publicidad para su propio desarrollo, pues no existían antecedentes ni patrones para un sistema como el establecido en el país desde 1959. No creas que fue fácil, todo lo contrario.

La publicidad es un término capitalista que define una técnica, cuyo objetivo es persuadir y convencer al consumidor para que compre un producto. Hoy, en países como el nuestro, en lugar de publicidad debemos emplear el término comunicación, que es de más alta jerarquía y busca llevar una idea clara al receptor, ajeno a técnicas compulsivas en la que imperen la imposición, sin el razonamiento. La comunicación es la idea razonada, donde el cliente puede hacer la justa elección.

En 1968 Pozo creó en Bohemia la sección Criterios, que tuvo como propósito reiterar la importancia que para una nación tiene su desarrollo económico: “Hasta 1990 la escribí. De ella me quedó el orgullo, quizás la vanidad, de sentir que realizaba una obra a favor de nuestro país, tan necesitado en aquella época de un adelanto continuo, pues con mi labor logré que la población se interesara y participara, desde su puesto de trabajo, en el crecimiento productivo.” 

“El profe”, como muchos le llaman, egresó en 1948 de la Escuela de Periodismo Manuel Márquez Sterling y un año más tarde, inició su carrera periodística como jefe de turno en la radioemisora Unión Radio. También fue ejecutivo de cuentas y redactor a la publicitaria Mestre Conill y Cía: “Durante aquella etapa comencé a escribir mis primeros artículos periodísticos, allí comprendí la necesidad de la preparación y del estudio diario, pues era la principal arma de defensa que poseía para mi desempeño laboral.”

El triunfo de la Revolución representó para él lo que llama “una transformación interna”. En 1960 formó parte del Consolidado de la Publicidad, desde donde, inmerso en la Campaña de Alfabetización, utilizó la comunicación y la propaganda para alentar a los jóvenes a incorporarse a esa humana tarea que es enseñar: “Cada vez que recuerdo aquel instante me enorgullezco; gracias a ella en nuestro país desapareció el analfabetismo y hemos llegado a constituir un pueblo culto y digno, orgulloso de su historia”. 

Pozo también dejó huellas en las aulas del Instituto Superior de Diseño (ISDI), pues fue uno de los primeros especialistas cubanos en impartir la materia de Marketing: “Etapa maravillosa en la que di docencia apoyándome en las bases socialistas de Marx y Engels, las cuales plantean la importancia del desarrollo económico para el país.

“En ese momento comprendí que el magisterio es una de las profesiones más sacrificadas que existen. Sentí la necesidad de guiar a los alumnos que serían los especialistas y diseñadores del futuro. En la actualidad, mantengo relaciones con muchos de ellos y he comprobado el triunfo de algunos en sus trabajos.

“Mi estancia en el ISDI fue muy agradable, de ella guardo el recuerdo más cariñoso, y aunque dejé de impartir clases por mis problemas de salud, si algún día necesitaran de mi cooperación estoy en completa disposición”.

Pozo siente mucho orgullo del quehacer del periodista en Cuba, considera que favorece al progreso del pueblo y la nación: “Para ello es necesario estar siempre adelantado al momento que se vive. Llegó la era del conocimiento, y debemos contribuir a que todos sepan lo que esto significa realmente.

“Es importante estar actualizado y conocer del tema que se aborda; de esta manera, el lector se da cuenta si el periodista es capaz de garantizar confianza en la información que brinda.

“Creo que el periodismo cubano necesita una apertura de criterio mayor, que facilite el intercambio con otras personas y posibilite la discusión de las más diversas ideas, que influirán en beneficio del desarrollo económico, político y social del país”.

Para Alberto Pozo la jubilación no existe. Con 64 años se incorporó a la Federación Culinaria de Cuba, una nueva etapa en la que el reto sería, entonces, valorar y destacar la importancia de la cocina cubana.

-¿Economía y gastronomía?

Sí, se unen, por eso fundé la Cátedra de Periodismo Culinario. Son nuevos tiempos, turismo-economía-gastronomía, todo se vincula y es necesario comprenderlo. ¿Por qué el periodismo interrelacionado con el turismo y la gastronomía? Tanto el periodismo turístico como el gastronómico contribuyen, en una y otra rama, a informar de las ofertas del mercado, da a conocer las características de los productos, incluyendo su historia y sus valores nutricionales.

Por su defensa y difusión de este tema en la prensa y en reconocimiento a sus esfuerzos porque se conozca el valor cultural, social y económico de la cocina cubana, recibió la condición de Chef del Periodismo y la Placa de la Amistad Culinaria, de esa Federación: “La cocina es la base de la cultura y es el artes de las artes; al crearla se propició la reunión de los seres humanos y el intercambio de ideas. Pero ya ves qué contradicción la mía, tanto que me gusta y solo sé hacer café.”

En este momento Pozo forma parte del grupo asesor de la UPEC y colabora con el boletín especial de esa institución y con el programa Cuba avanza, dedicado al adulto mayor. También ha propuesto cursos especiales, sobre Comunicación Social para propiciar el aumento de estudiantes interesados en esta rama.

El municipio San Miguel del Padrón es muy querido por él, vive allí desde hace más de 26 años: “De aquí no me mudo por nada del mundo. Es importante comprender y valorar no solo nuestra vida, sino también, darle un sentido colectivo y eso lo he logrado en esta comunidad. Por eso me siento orgulloso de mi San Francisco de Paula”.

Actualmente Pozo dirige una peña en el Museo Ernest Hemingway, instalación que radica en su municipio. Allí reúne quincenalmente a poetas, artistas, músicos y, sobre todo, a jóvenes autodidactas de la comunidad, para dialogar sobre temas literarios y los vínculos entre arte y pueblo: “Esta actividad, para mí es muy agradable, y gracias a ella he recibido el respaldo de todos los pobladores de San Francisco de Paula”.

Por sus trabajos y actividades en San Miguel del Padrón, es considerado Personalidad de la Cultura, y la Dirección de Cultura de Ciudad de La Habana le otorgó las distinciones La Giraldilla de La Habana y La Gitana Tropical.

También, en la Semana de la Cultura, en junio del 2006 y que le fue dedicada, recibió la Distinción 11 de Junio, máximo reconocimiento del municipio, por su labor en la peña y por los artículos periodísticos en los  que se ha referido a la comunidad.

Alberto Pozo reconoce que estos premios y galardones recibidos a lo largo de su vida profesional también le pertenecen a su familia: “Mi hogar constituye el centro de mis amores. Sin la ayuda de mis seres queridos no hubiera podido desarrollar una vida tan intensa y poder ayudar de alguna manera a otras personas: ese es mi mayor regocijo y permanece siempre conmigo”.  

Esta entrevista forma parte del libro en preparación sobre los Premios Nacionales de Periodismo José Martí, escrito como examen final del género por alumnos de Periodismo de la Facultad de Comunicación de la Universidad de La Habana.

Ficha Técnica:

Objetivo central: Mostrar la personalidad de Alberto Pozo; destacar sus trabajos, no solo periodísticos, sino en la cultura y su comunidad.

Objetivos colaterales: Conocer su trabajo en la revista Bohemia. Aportes a la cocina nacional.

Tipo de entrevista:

Por sus participantes: individual
Por su forma: mixta
Por su contenido: de personalidad
Por el canal que se obtuvo: encuentro directo (cara a cara)

Tipo de título: de cita textual
Tipo de entrada: de cita textual
Tipo de cuerpo: mixta

Tipo de conclusión: de opinión o comentario del entrevistado.

Fuentes consultadas:

Base de datos de la Unión de Periodistas de Cuba (UPEC). Documental.

Deborah  Rodríguez, subdirectora del Grupo de asesores de la UPEC. Secundaria.

David Matamoros, funcionario de la Dirección de Cultura de San Miguel del Padrón. Secundaria.

 

LETRAS DE FUTURIDAD Y HOMBRÍA

LETRAS DE FUTURIDAD Y HOMBRÍA

En ocasión del aniversario 76 del deceso del periodista revolucionario Juan Gualberto Gómez y la peregrinación hasta su tumba en la necrópolis de Colón, palabras pronunciadas por la estudiante de primer año de Periodismo, Carla Colomé Santiago.

Al  revolucionario de las guerras de independencia lo conocemos de niños. En algún sitio de la memoria, desde la amarillenta foto del mural de la escuela, habita el patriota de espejuelos, con cabello rizado y bigote copioso. De su estatura breve, solo supimos por testimonios de quienes le conocieron. Y del periodista, del excepcional hombre de prensa que fue Juan Gualberto Gómez, casi no tenemos idea más allá de la resonancia de un Premio que lo honra.       

Aprendiz de carruajería era la profesión a la que podían aspirar los negros y mestizos de su época; pero hay personas en las que las reglas del destino no cuentan. Así, el joven matancero, quien creció entre el sonido del tambor en el ingenio y el azote de esclavos,  llegó a escribir para más de 20 diarios impresos de Europa y América.

Al decir de Nicolás Guillén, no era “Don Juan” un literato al modo que lo fue Morúa, pero estaba al día en la política. Tras el seudónimo “G” se escondía una mezcla creadora de ingenio, audacia y discernimiento que trascendía la racialidad para avizorar las necesidades de la nación cubana.

No fueron pocas las ocasiones en que las letras de combate de Juan Gualberto lo condenaron a prisión. Cada artículo o crónica suya lucía la personalidad de quien no cesó en denunciar las lacras sociales. «Él tiene el tesón de periodista, la energía del organizador y la visión distante del hombre de Estado», retrató Martí a su hermano negro. Y en los pocos trazos, tantas veces citados, nos queda el aire de futuridad y hombría.

Este singular polemista fue fundador del periódico cubano La Fraternidad y laboró en otros relevantes medios como El Abolicionista, La Tribuna, El Pueblo y El Progreso. A quien desconozca los arrestos de su verbo, tal vez le bastaría leer el trascendental  «¿Por qué somos separatistas?»; o ahondar en sus palabras rotundas sobre el peligro de la Enmienda Platt. 

El tiempo nos devuelve en presente a Juan Gualberto. Su estatura de periodista y político, de político y periodista, se convierte en un reto permanente al ejercicio profesional de hoy y para las generaciones que nos formamos para dar continuidad a una obra de la cual él fue fundador.

Muchos nos preguntamos cuáles serán nuestras últimas palabras en el lecho de muerte y tal vez lo primero que viene a la mente es un adiós a los padres, a los hijos o a quien más duele abandonar. A los 80 años, el 5 de marzo de 1933, Juan Gualberto Gómez solo pronunció tres: “Cuba, Martí, Cuba.”

 

 

PREPÁRENSE A VIVIR

PREPÁRENSE A VIVIR

Palabras de presentación en la Feria del Libro de las crónicas de Cuito Cuanavale, del periodista Roger Ricardo Luis.

IRAIDA CALZADILLA RODRÍGUEZ

Foto: LAURA PRADA ARIAS

Solo hace dos días, escribí a Roger, y cito: “Acabo de llegar de Verde Olivo con la inmensa emoción de tocar y oler tu libro. Te confieso que, ante los dos alumnos que me acompañaron para cargar los ejemplares que te reservaron, sentí quebrarse mi voz, pues de golpe reviví esa etapa indeleble de nuestras vidas, y aquella anécdota del militar que me traía tus cartas, pero, recuerda la época, eran tiempos en que cuando un oficial tocaba a la puerta de la casa, era porque traía la chapilla de un héroe. Hoy nos puede causar risa, pero yo, entonces llorando, solo le decía: Dígame todo, dígamelo ya.

“Ahora estoy sola y lloro desconsoladamente recordando a Cuito y a Nicaragua, recordando también el desastre de Vargas. Nada podrá hacerme olvidar esas experiencias traumáticas en mi vida, pues si bien de los protagonistas es la gloria, la valentía, el coraje de estar en lo más bravo de los acontecimientos y sobreponerse a cualquier humano miedo, no es menos cierto que quienes quedamos en la retaguardia sufrimos con creces y solo la convicción de los ideales nos hizo ser fuertes”. Fin de la cita.

Amigos, desde mi personal experiencia de Penélope repetida, estoy convencida de que un corresponsal cubano cuando va a la guerra no piensa en escribir libros; piensa, sí, en la enorme responsabilidad de reportar sucesos irrepetibles de los cuales no será testigo aséptico, sino partícipe del fuego que puede a él mismo darle pasaporte sin regreso. He ahí la enorme grandeza del corresponsal cubano: desinterés, bravura, ideales que defiende a riesgo de su vida, pero pensando en ella para vivirla plenamente. Un corresponsal de guerra cubano lleva siempre en su mochila el compromiso con lo que le es más sagrado.

Hoy, veo una y otra vez Prepárense a vivir, una hermosa segunda edición de la Editorial Verde Olivo, en cuyas páginas Roger adicionó trabajos inéditos y sus evocaciones de 20 años después de la gesta cubana en Angola. Fueron crónicas escritas con la premura por revelar hechos recientes, hablar sobre el coraje de los compatriotas, gente sencilla que no pidió nada a cambio, como signo meritorio de su humana solidaridad.

Con alma y corazón puestos en cada línea enmarañada de letra hirsuta -que hacía que desde el periódico Granma las enviaran a nuestra casa para descifrarlas-, Roger escribió aquellas crónicas, muchas de ellas al pie de una trinchera. Así, el periódico expandía por la Isla la autenticidad de cuanto ocurría en la difícil etapa en que Sudáfrica y la UNITA intentaron socavar la seguridad del proceso revolucionario angolano.

En esas crónicas está la visión de un hombre con profunda sensibilidad humana, capaz de asumir riesgos sin jamás jactarse de protagonismos ni esperar elogios, sino con el único interés de que su pueblo conociera la grandeza de sus hombres defendiendo paradigmas universales.

Roger hoy hubiera querido estar aquí, entre ustedes, pero ahora cumple nuevas tareas. Está donde el deber le necesita, como antes en Nicaragua y Angola y muchos años después en Venezuela y sus cerros en apoteosis. Siempre que se le ha convocado, su mochila sempiterna está presta a cargar las armas amadas del periodista revolucionario: bolígrafo y agenda. Quizás ese sea su mejor legado a quienes hoy forma desde las entrañables aulas de la carrera de Periodismo, su otro espacio infinito.

Muchas gracias.

 

VIAJE AL CENTRO DE LOS HÉROES

VIAJE AL CENTRO DE LOS HÉROES

Palabras de presentación del volumen de César Gómez, en la Feria del Libro de La Habana.

PEDRO PABLO PRADA,
Cortesía para Isla al Sur.

Foto: LAURA PRADA ARIAS

 

Buenas tardes a todos.

En ocasiones como la de hoy, cuando se presentan libros de periodistas que además son compañeros de estudios, de corresponsalías de guerra y amigos, como en particular lo son César Gómez Chacón y Roger Ricardo Luis, no cabe improvisar.

He tenido poco tiempo para preparar estas palabras, desde que César me pidió que, como hace veinte años en el Pabellón Cuba, le acompañara nuevamente en la reedición de su Viaje al centro de los héroes, que esta vez llega acompañado por Prepárense a vivir, de Roger, y Prisioneros de guerra, de Carlos Alberto Marú.

La guerra de Angola reúne en un haz a estos tres nuevos títulos que la editorial Verde Olivo, que este año cumple su 50 aniversario, regala a los cubanos de hoy –hijos de aquellos muchachos, de cuyas hazañas vamos a asombrarnos al leer sus páginas.

Si Prisioneros de guerra retrata el rostro duro del soldado víctima de la casualidad o el error, que como el viejo pescador de Hemingway, pudo ser derrotado pero no vencido ni abandonado por las circunstancias del combate; si Prepárense a vivir se inspira en la carretera moscovita de Fadéiev, y nos grita desde el cerco la determinación teleológica de no morirse y vencer en cualesquiera sean las terribles circunstancias, Cuito Cuanavale: viaje al centro de los héroes, colección de periodismo escrito entre la primavera  y el verano de 1988, cuando las vivencias ardían en la piel y en los cuadernos del corresponsal de guerra, goza de la impronta que pocos logran y era tan cara al maestro Horacio Quiroga: dejar que la emoción pasada brote nuevamente, resucitada con la fuerza del primer instante.

Vi partir a César Gómez a la guerra, pujando su lugar en una larga fila de corresponsales veteranos y noveles que en la querida revista Verde Olivo emulábamos durante aquellos años por ocupar nuestro lugar en el frente angolano. Cuando sucedió la tragedia del avión cubano derribado por accidente, en el que iban nuestro compañero de estudios, el periodista Antonio Medina y otros colegas de la Fílmica de las FAR, temimos por su vida. Luego supimos que la había arriesgado más allá de lo imaginado, incursionando con una patrulla de exploradores dentro del territorio enemigo, a merced de sus trampas, sus minas y de las serpientes venenosas, sepultado a veces por la tierra y los escombros de los refugios, que eran demolidos por los cañonazos sudafricanos.

César volvió para revelarnos en detalles la hondura humana de quienes defendían Cuito Cuanavale; para hablarnos del primer teniente Benito Tena –herido, pero dispuesto a seguir al frente de su tropa, como debe hacer un dirigente comunista, dando siempre el ejemplo-; del veterano teniente coronel Ciro, que convirtió a los tanques T-55 en el castigo más mortífero para los míticos Olifant; del entonces coronel Ermio, a quien los soldados querían como padre, y cuya capacidad de resistencia y profunda comprensión del sentido de la orden del Jefe de la Revolución cubana, le permitieron encabezar a unos valientes que no se rendían, prendidos a aquellas tierras arenosas del sur de Angola como raíces de mangle rojo.

César volvió de la guerra para reportar el regreso a la Patria de esos heroicos defensores, y poder captar el momento en que un soldado, que ha derrotado a la muerte, que ha humillado a la metralla y ha desafiado al fuego, y que no sabe que es un héroe, se sienta en el contén de la calle donde ha nacido, donde jugó bolas, tiró pelotas y dio besos furtivos al anochecer, y llora, como un último acto de coraje, para poder abrazar después a sus padres.

Para decirlo con una imagen, con estos tres libros estamos ante una colección de disparos de francotiradores muy certeros, que reúnen decenas de retratos del pueblo cubano, que nos hacen sentirnos orgullosos de lo que somos y de lo que hemos sido; que nos muestran el camino de dónde vinimos y señala hacia dónde debemos ir.

Reeditarlos es un acierto que honra a Verde Olivo –revista, casa editora y escuela del periodismo combatiente cubano-, enriquecido, en el caso del Viaje… por el prólogo de Carlos Valdés, uno de los tantos “comisarios políticos” que estuvo en aquel frente, y quien contextualiza la nueva lectura con las atinadas reflexiones del Comandante en Jefe sobre el significado de la histórica batalla.

Si recientemente los cubanos tuvimos la suerte de revivir la epopeya de Angola a través de un serial de televisión y de las escenas del filme Kangamba, y aún nos quedan prisioneros a los cuales hemos rescatar de las celdas del Imperio, es porque andamos siempre de viaje con nuestros héroes, que nos llevan hoy a Angola y Cuito Cuanavale como antes lo hicieron a Baraguá, a Dos Ríos, al Moncada, a Santa Clara o a Playa Girón.

Aprender a sernos fieles a nosotros mismos es lo mejor que podríamos hacer con estas páginas cuando la orden de leer sea dada.

Muchas gracias.

 

LA EDUCACIÓN PUEDE CAMBIAR EL FUTURO

LA EDUCACIÓN PUEDE CAMBIAR EL FUTURO

La escuela, más que la familia, es quien tiene las vías para el replanteamiento de la ideología en las nuevas generaciones, asevera la Doctora Alicia González, directora y fundadora de la Cátedra de Género, Sexología y Educación Sexual, del Pedagógico Varona.

LIANET HERNÁNDEZ RODRÍGUEZ,
estudiante de primer año de Periodismo,
Facultad de Comunicación,
Universidad de La Habana.

No le gustaba el magisterio. Cuando entró al Instituto Superior Pedagógico Enrique José Varona lo hizo obligada por el cumplimiento del Servicio Social. Graduada en Psicología Clínica y Educacional, vio frustradas sus expectativas profesionales ante el hecho de impartir clases.

Sería el tiempo el encargado de mostrarle que el camino no era  errado. Le iba a tomar tanto cariño a enseñar, como ni ella misma hubiera imaginado alguna vez. Alicia González Hernández es el típico ejemplo de lo que propone el refranero popular: “Lo que sucede, conviene”.

Ha persistido durante 34 años de labor ininterrumpida en el lugar que al principio rechazó, y hoy muestra orgullosa el título de Doctora en Ciencias Pedagógicas. Su proyecto de tesis –que propone un programa de educación sexual para la escuela cubana-, ha sido integrado a las asignaturas de primero a duodécimo grado del Sistema Nacional de Educación.

Ya no vive las experiencias de antes desde la pizarra, pues no imparte asignatura alguna. Ahora ejerce como Profesora Consultante: se alejó de las aulas, pero no de la enseñanza.

-¿Qué la motivó a cambiar la actitud inicial respecto a su profesión?

Cuando comencé a impartir clases me fui enamorando del magisterio. Por encima de todo soy profesora. Esta institución forma parte de mi vida. Después de mi familia, es lo más importante y quisiera darle más de lo que puedo.

-Es directora y fundadora de la Cátedra de Género, Sexología y Educación Sexual (CGSES), perteneciente a la Facultad de Ciencias de la Educación del Instituto. ¿Por qué eligió esa especialidad?

El tema se decidió por mí. La sexualidad me acercó mucho a los alumnos. Me confiaban sus problemas en busca de ayuda; no obstante, solo como psicóloga no contaba con la preparación para corresponderles.

-¿Y entonces?

En el año 1976, un grupo de compañeros comenzamos una investigación, la primera que se realizó en Cuba sobre la sexualidad. El objetivo consistía en conocer las problemáticas de los jóvenes de preuniversitario en este aspecto, y construir un criterio científico para brindarles ayuda especializada.

-¿Sobre esa base surgió la Cátedra?

Primero creamos un Grupo Multidisciplinario de Desarrollo al cual se unieron profesionales del Ministerio de Educación (MINED). Después de realizar varios congresos nacionales e internacionales como grupo, en el año 1994 se constituyó la Cátedra.

-¿Cuál es su rol en ella?

Desarrollamos el trabajo en torno a la actividad docente, investigativa y asistencial. Nos proponemos lograr individuos que vivan su sexualidad de forma plena, feliz y responsable. Propiciar las relaciones humanas sustentadas en la equidad, el respeto y la cooperación requeridas por el contexto social cubano.

-La universalización de la educación, como parte de la Tercera Revolución Educacional y sus transformaciones, es un tema novedoso y a la vez polémico. ¿Cómo lo asume la Cátedra?

Tratamos de buscar alternativas que permitan perfeccionar dicha concepción de la educación. En el caso de los Profesores Generales Integrales (PGI), al recibir las clases quincenalmente en las sedes, resulta imposible tratar los problemas sexuales.

Por tal motivo propusimos la creación de un taller y una consulta de orientación grupal junto al trabajo docente. Para ello contamos con el apoyo del Proyecto Varona, pues una de sus premisas radica en la búsqueda de las experiencias teórico-metodológicas y prácticas, acumuladas a lo largo de 45 años, y ponerlas en función de hallar nuevas alternativas para estos jóvenes profesores.

-¿Cómo se han visto los resultados, a través de la ayuda de dicho Proyecto?

Un ejemplo es la Consulta que tenemos en el Hospital Docente Clínico Quirúrgico Joaquín Albarrán. Este espacio ha ampliado sus horizontes y no solo hemos alcanzado resultados positivos con los alumnos del Varona: atendemos a personas sin vinculación alguna con el Pedagógico, incluso de otras provincias, quienes son remitidos por especialistas.

-Si se habla de sexualidad, en nuestro país, el Centro Nacional de Educación Sexual (CENESEX) constituye un referente. ¿Cómo es la vinculación entre ese organismo y la Cátedra?

El CENESEX procura integrar todas las acciones, dirigir y asesorar en torno al tema que nos ocupa. Mediante el centro se ha coordinado la visita de prestigiosos especialistas de América Latina,  de quienes hemos recibido asesorías e intercambiamos sobre distintos puntos de vista. Los objetivos del CENESEX y de la Cátedra confluyen en el Programa Nacional de Educación Sexual, dirigido por esta organización y del cual formamos parte por el MINED.

-En los años 90 usted inició una colaboración con la Organización de Naciones Unidas (ONU). ¿Qué acciones realiza para cumplir con el deber asignado?

Soy consultora de la ONU, específicamente del Fondo de Población. Tengo el deber de lograr la inserción de la sexualidad, como eje transversal, en los programas educativos. Por ello recorro América Latina, con tal de influir en la educación sexual desde edades tempranas y en todos los niveles escolares.

-Ha dicho que no le gustan las cámaras de televisión. ¿Le resultó difícil convertirse en teleprofesora?

Fue desafiante. Es cierto que no me gusta estar delante de una cámara. La primera vez que me enfrenté a ella para impartir una clase sucedió con la enseñanza secundaria. Son muchachos difíciles, se encuentran en plena adolescencia y en reiteradas ocasiones los temas sobre sexualidad les provocan risas.

Aquel día ocurrió todo lo contrario: los alumnos se mostraron maduros. Al final de la clase, quisieron quedarse y continuar haciendo preguntas. El personal técnico ayudó muchísimo. Creo que todos los participantes se mostraron interesados en el tema abordado: la homosexualidad.

-Precisamente, en nuestro país se dirigen esfuerzos para que la población acepte a los homosexuales. ¿Cómo aprecia usted la situación de estas personas?

Ellos son iguales a nosotros, sus gustos sexuales no los diferencian. Todavía existen países que dictan la pena de muerte o la cárcel para las personas que disfrutan su vida sexual de manera homogénea.

En Cuba hubo épocas muy difíciles. Actualmente, sucede todo lo contrario: tratamos de educar a la población para que aprenda a aceptar a los homosexuales. Es imprescindible alejarnos del patrón social  discriminador y los esteriotipos de los que muchas veces se sirven los medios.

En cuanto eventos realizamos se aborda la problemática como parte del enfoque de género, el cual está dirigido a la orientación de estos casos y evitar o subsanar los trastornos en la personalidad, provocados por alejamiento de la sociedad.

-¿Cuál es la situación actual de nuestro país en torno a los problemas de la sexualidad?

Durante el período especial, la crisis económica se vio reflejada en la formación de la personalidad. Los valores morales y sexuales fueron afectados: aparecieron figuras como la prostitución y aumentó la violencia de género. En la actualidad, muchos jóvenes enfrentan su vida sexual con irresponsabilidad. Se recae en el tema del SIDA, a pesar del esfuerzo y los programas de prevención. Hay muchachas que no sienten la necesidad de reclamar a su pareja el uso del condón. También persisten los embarazos tempranos y los abortos.

Quienes de alguna manera tenemos responsabilidad en la educación y formación de la salud sexual y reproductiva, debemos contribuir a erradicar estas deficiencias y ayudar a los jóvenes a encontrar las vías para solucionar sus conflictos. Cuando educamos la sexualidad estamos educando la personalidad.

-¿Cree qué podamos avizorar un futuro diferente?

El factor fundamental, la herramienta que puede cambiar el futuro, es la educación. Más allá de la familia, la institución que tiene las vías para lograr un replanteamiento en la ideología de la nueva generación es la escuela; la familia desempeña un rol decisivo, pero los padres no son profesionales de la educación.

-¿Cómo valora el desarrollo educacional en Cuba, teniendo en cuenta su experiencia internacional?

Cuba tiene éxitos indiscutibles en la educación. Constancia de ello es la calidad de los profesores que formamos. Muchos sistemas educativos de América Latina presentan problemas objetivamente severos y que al ser comparados con el nuestro, se aprecia la calidad de este último.

La piedra angular de la educación cubana es la formación masiva de maestros, aspecto sumamente importante en el logro de una buena formación del estudiantado.

-En el país se han formado numerosos institutos pedagógicos en 50 años de Revolución. ¿Considera que el Varona conserva aún su papel rector en el sistema educacional?

Nuestro centro fue el primero de su tipo en Cuba. Aunque hoy nos satisface tener muchos otros en todo el archipiélago, al Varona y los que somos parte de él nos queda la inmensa responsabilidad con la Revolución –y con las nuevas generaciones-, de continuar guiando a los educadores en el propósito común del avance de las ciencias educacionales y, en definitiva, de mejorar cada día la calidad de la enseñanza.

Esta entrevista forma parte del libro en preparación Rostros del Varona, escrito como examen final del género por alumnos de Periodismo de la Facultad de Comunicación de la Universidad de La Habana, a propósito del aniversario 45 de la casa de altos estudios pedagógicos.

FICHA TÉCNICA:

Objetivo central: Conocer la labor profesional de la Doctora en Ciencias Alicia González Hernández, Profesora Consultante del Instituto Superior Pedagógico Enrique José Varona, así como el trabajo desarrollado por la Cátedra que dirige, en ocasión de conmemorarse el aniversario 45 de fundada la institución rectora de la educación en Cuba.

Objetivos colaterales: Significación del Instituto Superior Pedagógico en su vida y labor profesional, criterios acerca de la educación cubana y la sexualidad, proyectos científicos.

Tipo de entrevista:

Por los participantes: Individual
Por su forma: Clásica de preguntas y respuestas
Por su contenido: De opinión
Por el canal que se obtuvo: Directa

Tipo de título: Genérico
Tipo de entrada: De Presentación
Tipo de cuerpo: Clásico de preguntas y respuestas
Tipo de preguntas: 1) Directa, 2) Directa, 3) Abierta, 4) Directa, 5) Informativa, 6) Directa, 7) Informativa, 8) Directa, 9) Directa, 10) Directa, 11) Abierta, 12) Abierta, 13) Abierta, 14) Directa, 15) Directa
Tipo de conclusión: De opinión del entrevistado.

Fuentes consultadas:

Directas:

Entrevista con Alicia González Hernández, Directora de la Cátedra de Género, Sexología y Educación Sexual del Instituto Superior Pedagógico Enrique José varona (ISPEJV).

Entrevista con Eniuska Hernández, Licenciada En Psicología y miembro de la Cátedra de Género, Sexología y Educación Sexual.

Documentales:

González Hernández, Alicia. Síntesis Curricular.
González Hernández, Alicia. Géneros, diversidad y educación. Un camino hacia un mundo mejor.
Plegable de la Cátedra de Género, Sexología y Educación Sexual.

 

PALABRA VIVA ENTRE NOSOTROS

PALABRA VIVA ENTRE NOSOTROS

Orlando Castellanos, pasión por el micrófono de la voz más universal de la radio cubana.

YAINIER SÁNCHEZ GONZÁLEZ,
estudiante de primer año de Periodismo,
Facultad de Comunicación,
Universidad de La Habana.

De formación autodidacta, principió en una emisora de su oriunda ciudad cuando apenas contaba ocho años. Tiempo después era todo un profesional del medio. Ese afán no dejaba espacio para continuar estudios superiores, pero no importó. Orlando Castellanos Molina hizo suya la frase de que la práctica es la madre del conocimiento, y desde su infancia aprendió y mejoró la calidad del trabajo que con tanta pasión realizó, lo mismo en una emisora local que nacional, en Cuba o en el extranjero.

“Un fulano que quiere vivir y ha vivido alegremente toda la vida, porque la felicidad es haber vivido rodeado del cariño, la amistad y la simpatía de la gente”, así se define Orlando Castellanos, cuya profesión fue la locución desde niño y su especialidad: la entrevista.

Nació en Ciego de Ávila el 24 de diciembre de 1930,  allí hizo radio por primera vez a los nueve años, porque su padre “tenía una visión muy grande de lo que era la radiodifusión y la  radio comercial de la época y le compró una planta de radio a su nené como el que le compra a su hijo un tren eléctrico”. Así, poco a poco, le fue entrando el bichito de la radio.

Se inició como entrevistador en 1959 y, sin saberlo, se adentró en aquel mundo que como el mismo dijo, “no conozco porque es siempre nuevo”. Bastaron pocos años para que dominara el oficio que le permitió hacerse amigo de sus entrevistados.

Quienes lo conocieron afirman que era un lector empedernido, el mejor regalo que se le podía hacer era un libro; dominaba todos los temas, poseía vasta cultura a pesar de solo haber obtenido el bachillerato y un título de locución de la época. Su esposa, Virgen Gutiérrez, ha dedicado los últimos diez años a recapitular y hacer realidad los sueños de Castellanos: “El Orlando que yo conocí no es ajeno al que conocieron sus amigos, era una persona muy abierta, con un amor increíble a la vida, apasionado en su trabajo, un ser humano, sobre todo, muy fraternal.

“Jocoso y jaranero, tenía el don de ganarse a los entrevistados y de ello se sentía orgulloso, nunca se envaneció de lo que era y de lo que significaba”.

Ignacio Canel, amigo de Castellanos durante años y junto a él fundador de Radio Habana Cuba, evocó: “Era alegre y muy conversador, hacía las entrevistas de forma peculiar, mediante una conversación extremadamente familiar, de tal forma que cuando concluía se hermanaba con sus entrevistados, aunque nunca se hubieran conocido.

“Entrevistaba lo mismo a un obrero, un intelectual que a un campesino, lograba de ellos lo mejor y daba a conocer su punto humano desconocido”.

Entrevistador por excelencia, el mejor del siglo XX en Latinoamérica, fue un maestro del periodismo y de periodistas. “En la radio he hecho de todo, yo hasta he barrido la planta, he sacudido los controles, he pulido los micrófonos, he sido operador-locutor simultáneamente (…)”, explicó Castellanos en una entrevista concedida a Rafael Alcides.

Este hombre paradigmático de la radio cubana fue director de emisora, de programación, director de Radio Taíno y fundó Radio Habana Cuba: “Tuve el orgullo y la suerte de haber sido la voz que lee las palabras inaugurales de Radio Habana Cuba, en la Plaza de la Revolución durante el desfile el primero de Mayo de 1961”.

Creó y realizó Formalmente Informal, espacio que le dio renombre internacional, pues conquistó  más de 20 millones de radioescuchas por todo el mundo, según encuesta realizada esos momentos por la emisora. El título se aceptó de tal manera que fue uno de los programas más difundidos que ha tenido la radio cubana.

En entrevista realizada por Rodolfo Mignini, puntualizó: “Formalmente Informal fue un sueño de muchos años que venía arrastrando desde Ciego de Ávila y que solo pude realizarlo exactamente en 1971, en Radio Habana Cuba (…), presenté el proyecto que sintetizaba ese viejo sueño de algo que fuera diferente cada día, que no se pareciera a nada, (…) que fuera totalmente informal pero con cierta formalidad, yo no quería amarrarme a un cartabón, que no me aburriera hacer siempre lo mismo (…)”.

-¿Virgen, cómo se vinculaba Castellanos con el programa, cuánto tenía de él?

El programa tenía que ver mucho con la personalidad de Orlando, era un hombre inquieto, odiaba la rutina, le gustaba variar, crear, y Formalmente Informal le daba esa posibilidad.

Periodista de nombre y éxito, atesoró más de 5 mil entrevistas, realizadas a casi todas las personalidades más importantes de la literatura y las artes de estos tiempos, así como a los humildes e interesantes personajes que encontró en su andar por la vida, que supo disfrutar hasta el último minuto.

Entrevistó a figuras de la talla de García Márquez, Carpentier, Dulce María Loynaz, Julio Cortázar, Nicolás Guillén, Bola de Nieve, René Portocarrero, Carilda Oliver Labra, Alicia Alonso, Roberto Fernández Retamar y muchos más, que han llegado para inscribirse junto a él en la historia de la cultura latinoamericana.

No obstante, durante su carrera periodística y después de reunir tantas vivencias, confesó que su mayor anhelo era una conversación con el poeta Lezama Lima y la catalogó su entrevista perdida.

Castellanos, en el empeño porque su obra no quedara en las palabras, publicó varios libros, para extender su inmenso caudal de ideas y pensamientos a las generaciones venideras, el extenso material publicado atesora una fragua de vivencias y anécdotas de los entrevistados. Constituyen obra imperecedera.

Es génesis de uno de los grandes ejemplos de cómo hacer radio de verdad. “Que la gente piense que soy como yo creo que soy”, así decía este hombre que vivía para su profesión y satisfecho siempre del trabajo realizado.

“Su mayor felicidad era poner la cabeza sobre la almohada y saber que había hecho algo bueno”, asevera Virgen y subraya: “Lo defino como un excelente comunicador, mediante  la palabra oral y escrita, tenía la facultad de improvisar. Una conversación con Orlando era que el tiempo se fuera sin darte cuenta, era un hombre proverbial”.

Sus programas tenían una veracidad de aceptación en el mundo entero y lo pudo comprobar en los disímiles viajes al exterior, experiencias inolvidables lo perseguían, como la de entrevistar a un matrimonio mexicano que se enamoró con la música del programa, o a la anciana en Nicaragua que le dijo: “Hijo, yo lo escucho todas las noches, déle un beso a Fidel”; reconocido por la voz en todos los continentes.

Lo vivido no contribuyó a su envanecimiento personal, al contrario, sentía el enorme compromiso de saber que lo estaban oyendo. Pero no solo le ponía amor a la radio, sus relaciones familiares eran magníficas, adoraba a sus siete hijos y esa  relación de padre-hijo la aunó con el trabajo,

“Resulta que uno de sus niños le pregunta qué cosa era una entrevista, y Orlando hizo un trabajo precioso con su pequeño haciéndole una, esto se emitió por radio el Día de la Infancia y Castellanos recibió muchas felicitaciones”, destacó Virgen.

Excelente locutor, en él no moría su pasión por la radio. Durante su larga carrera como periodista fue reconocido con más de 60 premios en concursos nacionales y condecorado similar número de veces. Nominado al Premio Príncipe de Asturias en 1995, ese mismo año recibió su reconocimiento mayor: el Premio Nacional de Periodismo José Martí, por la obra de toda la vida. Al año siguiente, la Medalla Alejo Carpentier que otorga el Consejo de Estado.

“(…) estas dos son las que considero más importantes, al menos las que me hacen no solamente sentirme feliz sino que me obligan a más, si voy a seguir como estoy siendo, me obligan a tener más cuidado, a ser mejor en lo que hago (…).

“Así que para mí representan mi más valioso galardón dentro de la esfera periodística. Me siento muy reconocido, muy satisfecho y con ese orgullo que uno debe sentir, cuando recibe un reconocimiento de esta categoría. Esto te permite ver que no ha sido en vano el trabajo realizado durante años, difundido por tantas partes del mundo (…)”, comentó Castellanos a Franco Carbón, tiempo después de recibir los galardones.

“Para él fue un reconocimiento que lo llenaba de felicidad, porque lo mismo lo felicitaba García Márquez que el bodeguero de la esquina, se sentía más identificado con sus amigos, esa fue su mayor satisfacción”, recordó Virgen, con los ojos empañados por las lágrimas.

Hombre de cualidades excepcionales, su calidad humana lo condujo a sentar cátedra dentro del género y en el periodismo cultural. La vida no le dio tiempo de ver realizado su empeño divulgativo, todavía estando muy enfermo no abandonó su trabajo, y programas como Conversaciones los domingos, que tenía un formato similar a Formalmente Informal, lo realizaba en el propio lecho.

El 19 de enero de 1998 falleció en La Habana. Su esposa Virgen asumió la labor divulgativa de las creaciones de Castellanos, y  desde entonces ha sido la albacea de su obra.

Su recuerdo se halla presente en quienes lo conocieron, en los estudios de Radio Habana Cuba y en cada persona que llega a los micrófonos. El tesón y la virtud de Castellanos está en los periodistas que cada día se sienten comprometidos aún más con su profesión y hacen de su labor felicidad para todos.

“Lo recordamos siempre con mucho cariño”, dice Canel, y termina: “Su deceso fue un severo golpe para Radio Habana Cuba, su trabajo tiene su estilo, su huella y su excepcionalidad; sus obras constituyen un patrimonio de la radio universal”.

(Agradezco también para la realización de este trabajo la colaboración de Abelardo Pérez Bardají, del Departamento de Documentación de Radio Habana Cuba, y a Lorenzo Izquierdo, realizador de sonido de la emisora)  

Esta entrevista forma parte del libro en preparación sobre los Premios Nacionales de Periodismo José Martí, escrito como examen final del género por alumnos de Periodismo de la Facultad de Comunicación de la Universidad de La Habana.

FICHA TÉCNICA:

Objetivo Central: Dar a conocer la trayectoria periodística de Orlando Castellanos Molina.

Objetivos colaterales: Conocer cómo se inició en la radio. Cuáles fueron sus obras fundamentales. La opinión de sus amigos más allegados. Buscar testimonios sobre su personalidad. Satisfacciones que le dio su trabajo.

Tipo de entrevista:

Por los participantes: colectiva
Por su forma: de citas
Por su contenido: de retrato
Por el canal que se obtuvo: encuentro directo y vía documental.

Tipo de título: llamativo
Tipo de entrada: evocativa o retrospectiva
Tipo de cuerpo: de citas
Tipo de conclusión: de opinión o comentario del entrevistador

Fuentes consultadas:

Virgen Gutiérrez, viuda de Orlando Castellanos.
Ignacio Canel, compañero de trabajo.

Abelardo Pérez Bardají, del Departamento de Documentación de Radio Habana Cuba.

Lorenzo Izquierdo, realizador de sonido de la emisora.

  
Tipo de fuentes: no documental.

LA POESÍA DE LA DANZA

LA POESÍA DE LA DANZA

Fernando Alonso sueña con que todos los países de América Latina vengan a aprender la técnica del ballet como se enseña en Cuba.

LAUREN CLETO HERRERA,
estudiante de primer año de Periodismo,
Facultad de Comunicación,
Universidad de La Habana.
  
Fernando Alonso, de pequeño, soñaba con ser bombero. “Con mi casco rojo, un arco y una flecha, mi hermano y yo cazábamos ratones por el barrio y hacíamos un montón de travesuras”, rememora una fría mañana de noviembre, sentado en un butacón de la Escuela Nacional de Ballet, donde aún con sus 94 años conduce la formación de jóvenes bailarines.

“He vivido tanto que no me acuerdo de todo”, dice pícaro, y comienza a mencionar el nombre de cada uno de los muchachos con quienes jugaba, a inicios de los años 20, por toda la calle de Calzada y E, donde hoy está la sede del Ballet Nacional de Cuba.

Poco a poco “El Profe”, como suelen decirle alumnos y maestros, descorre las cortinas de su vida, y retorna a los días cuando era un adolescente, amante de la natación y de la gimnasia, en los tiempos convulsos de La Habana, a principios del siglo XX.

“Junto a mis compañeros de la secundaria participaba en las manifestaciones contra el gobierno de Gerardo Machado. Mis padres, por temor a la represión, me enviaron a terminar el bachillerato en los Estados Unidos. Luego comencé los estudios de Contabilidad y Ciencias Comerciales”, cuenta, y pide un vaso de agua.

-¿Cuál es el origen de su segundo apellido?

El Rayneri es por mi abuelo italiano. Fue arquitecto, ingeniero y  Profesor Catedrático de la Universidad de La Habana en Dibujo.  También bombero voluntario. Por eso yo quería serlo igual a él”, explica, mientras toma un sorbo de agua.

-Su llegada al ballet se produce de manera singular.

De vacaciones en Cuba, vi bailar Coppelia a mi hermano Alberto, más joven que yo, con Alicia. Lucía tan elegante, que decidí ejercitar la musculatura. Además, bailar con muchachas tan delicadas me pareció muy buena idea.

-¿Y abandonó sus estudios de Contabilidad?

No en ese momento, pero comencé a tomar clases de ballet en la Sociedad de Pro-Arte Musical en La Habana.

-¿Qué opinó su familia?

Todos estuvieron de acuerdo. Ya mi hermano bailaba profesionalmente. En mi casa había una rica vida cultural. Mi madre era pianista concertista y dirigió por algunos años la Sociedad de Pro-Arte Musical.

-¿Cómo sobrellevó los prejuicios sociales que existían hacia los hombres bailarines clásicos?

Bueno, hasta tuve mis peleas. En aquella época había una animosidad hacia los bailarines. Una vez fui al cine y antes de comenzar la película, proyectaron un material sobre la Sociedad de Pro-Arte, en el que yo salía. De pronto, un tipo que estaba sentado con una noviecita detrás, me dijo en tono despectivo: “Ay, tú…”.

Cuando lo oí, me paré como un resorte, lo agarré por el cuello y lo saqué para afuera. En el lobby nos enredamos a golpes. Los acomodadores tuvieron que separarnos. Y después, volví tranquilamente al cine  para ver la película.”

-¿Era un joven agresivo?

No, para nada. Solo que sabía bien cómo defenderme.

Observo su vestimenta impecable: elegante y sencilla a la vez. No usa joyas y emana un suave olor a colonia. La música forma parte de su naturaleza. Sus pies y sus manos marcan aún las posiciones exactas en el momento preciso para ejecutar un paso: “Adoro la música clásica. Mis preferidos son Beethoven, Bach y Brahms: las tres B. Aunque también escucho a Chopin y Franz Liszt. A veces me acuesto con una melodía en la cabeza y cuando amanece aún está ahí”.

-¿Cuándo recibió sus primeros aplausos?

En un ballet de Cuca Martínez, hermana de Alicia. Ahí hacía de esclavo. Recuerdo que el vestuario era con unos pantaloncitos y debíamos romper unas cadenas. Eso fue en los primeros años de la década del 30. Antes de comenzar la función, estaba tan nervioso que, sentado en el piso sin zapatillas, el dedo gordo del pie se movía solo.

Después seguí tomando clases en Pro-Arte Musical y en 1936 me estrené como solista junto a Alicia, con el ballet Claro de Luna. La coreografía la montó el maestro Nicolai Yavorsky. Yo era alto y lucía mejor en los ballets clásicos. Luego me di cuenta de que en Pro-Arte no podía continuar si quería hacer una carrera como profesional y decidí regresar a los Estados Unidos.

-¿Cómo un desconocido logró insertarse en ese mundo tan complejo?

Para mantenerme en Nueva York tuve que trabajar como taquígrafo-mecanógrafo en inglés. Me contrató un inventor de aparatos de Rayos X, y de eso yo no sabía ni rayos. ¡Pasé cada apuros! De ahí, salía a tomar clases con la compañía de Ballet Mordkin. Junto a esta realicé mi primera gira y con el dinero que ahorré traje a Alicia para los Estados Unidos. Después nos casamos.

-¿Cuándo comenzó su vida como maestro?

Cuando trabajaba en las comedias musicales, entre un ensayo y otro los bailarines me pedían que les montara unos ejercicios. Les gustaban mis combinaciones. Así fue como empecé. No era una clase como tal, sino simples variaciones. En 1949, después de creada la compañía de ballet Alicia Alonso, es que comencé a impartir clases aplicando una metodología.

Su trabajo fue intenso y avizorador. Sabía que Cuba necesitaba un método para formar a sus profesionales y se dio a la tarea de crear la Metodología de la Escuela Cubana de Ballet: “Esta es una fusión de la forma cubana de bailar, en la que se conjugan nuestra sensualidad, la fuerza interpretativa del bailarín y la mezcla cultural con que nos formamos como pueblo, con los conocimientos sobre este arte que adquirí en la compañía del Ballet Theatre, actual American Ballet Theatre.

“Ahí trabajé con maestros, coreógrafos y bailarines que provenían de las escuelas rusa, inglesa, italiana y francesa, quienes tuvieron mucha influencia en mi formación. De ellos tomé lo mejor.

“Estudié con profundidad el movimiento del cuerpo, así como una serie de leyes físicas que influyen en este aspecto. Leí sobre psicología, anatomía, kinesiología y fisiología. Me apoyé en todo lo aprendido en el bachillerato, donde practiqué gimnástica y  natación. Mi idea era crear un David para los hombres y una musa para  las mujeres.”

Uno de sus anhelos fue crear una compañía de ballet en Cuba y en el año 1948 lo hizo realidad. El 28 de octubre Alicia, Alberto y él fundan el Ballet Alicia Alonso. Una tarea quijotesca por el período histórico y sin la ayuda financiera indispensable.

“Yo iba de casa en casa para buscar apoyo de las señoras ricas de Pro-Arte Musical. Vendía las entradas a domicilio. Hasta a Cantinflas le quité dinero para la compañía. Además de bailar, era el Director General y el Administrador. Me ocupaba de la organización, impartir clases y buscar el dinero, porque una institución de ballet es un monumento de costo. Mi hermano tenía mucho trabajo como coreógrafo y Alicia debía dedicarse al estudio de su baile”.

Suena el teléfono de la oficina e interrumpe la conversación. “Buenas”, responde en broma y no contesta llamada alguna.  Sonríe y se detiene a mirar un afiche de Carlos Acosta, colgado en la pared y con más de dos metros de alto. Repasa la imagen del laureadísimo bailarín cubano, hoy primera figura del Royal Ballet de Londres. Imagino cierta nostalgia.

-¿Es cierto que le gusta la espeleología?

Sí, eso fue por mi amigo Antonio Núñez Jiménez. Yo le tenía mucho aprecio. Él me inició en la búsqueda de fósiles y en todo ese mundo. La primera vez que salimos de expedición me invitó a la Sierra de Anafe. Fue una experiencia maravillosa. Me interesó tanto el tema que llegué a tener una colección de Amonitas, la tengo prestada a la Universidad de La Habana.

-¿Y cómo llega entonces al Ballet de Camagüey?

En carro. No, es una broma. En 1975 me había divorciado de Alicia, y dirigía la Escuela de Ballet. Ya no trabajaba en la compañía. En ese año me propusieron asumir la dirección del Ballet de Camagüey, que se había quedado sin director. Cuando llegué, me enfrenté a un cuerpo de bailarines que no tenía ni sede.

- Una vez más lo ponen a prueba…

Lo primero que hice fue pedirle a la Unión de Jóvenes Comunistas de la provincia un local para guardar las cosas que conseguía. Me cedieron un cuarto y poco a poco me fui apoderando del edificio. Al final logré construir dos salones, que hoy son los más grandes de Cuba. También hice los baños, un espacio de recreo, un taller para confeccionar zapatillas, otro para el vestuario y un tercero de maquillaje.

Fue una época linda, pero muy difícil. Muchas personas no estuvieron de acuerdo con mi insistencia en desarrollar una técnica académica. El estilo de la compañía era más contemporáneo que clásico. Los bailarines no estaban acostumbrados a mi ritmo de trabajo y el público de la provincia no comprendía ese tipo de presentaciones. Sin embargo, con el tiempo el Ballet de Camagüey se convirtió en el protagonista cultural de la provincia.

Su amor por esta manifestación artística es infinito: “El ballet, para mí, es la poesía de la danza. Creo que no podría vivir sin él”.
 
Fernando Alonso hace un alto en el diálogo, y bebe agua. Aprovecho y miro sus ojos azules infinitos. Posee la prestancia de un lord inglés, y lo imagino de joven: perfecto como la estatua del David.

-¿Quién fue su primer amor?

Carmen. Murió muy joven.

-¿Y el último?

Yolanda. Mi actual esposa.

-¿Cuáles son sus lecturas preferidas?

Leo todo tipo de literatura: histórica, científica, aunque siempre he sentido un atractivo especial por los libros que se refieren a la evolución del hombre.

-¿Le queda algún sueño por realizar?

Me gustaría ver a mis nietas y bisnietas desarrollarse. Por otro lado, quisiera que no se perdiera la cubanía en los bailarines. Tampoco la belleza y sensualidad en la mujer y la virilidad en los hombres. Esa combinación en el escenario distingue a la Escuela Cubana de Ballet. 

El maestro ha recibido relevantes premios. Entre ellos, el Benois de la Danza, conocido como el Óscar de esta manifestación, otorgado en mayo de 2008 en el Teatro Bolshoi de Moscú. Pero aún espera algo más…

“Que Cuba se convierta en la Escuela Latinoamericana de Ballet. En el año 1953, Nicolás Guillén expuso en Chile una ponencia con esta idea. En esos años no imaginamos que nuestra escuela fuera a ser hoy una de las cinco mejores del mundo. Mi sueño es que todos los países de la América Latina vengan a aprender la técnica del ballet como se enseña aquí. Convertir a Cuba en el José Antonio de Sucre de la danza”.

FICHA TÉCNICA:

Objetivo central: Dar a conocer la personalidad de esta gloria de la cultura cubana y cuánto hizo por el desarrollo del ballet en Cuba.

Objetivos colaterales: Abordar aspectos de su niñez para conocer la influencia en él de sus familiares. Conocer su labor como maestro, bailarín y director de compañías de ballet.

Tipo de entrevista:

Por los participantes: Individual.
Por su forma: Mixta
Por su contenido: de Personalidad
Por el canal que se obtuvo: Directo.

Tipo de título: Cita.
Tipo de entrada: Evocativa o retrospectiva.
Tipo de cuerpo: Mixto.
Tipo de preguntas: 1)Directa, Informativa, 2) Directa, 3) Directa, 4) Directa, 5) Directa, 6) Directa, informativa, 7) Abierta, 8) Directa.9) Directa, informativa, 10) Abierta, 11) Directa, 12) Directa, 13) Directa, 14) Abierta. 
Tipo de conclusión: Final de opinión o comentario del entrevistado.

Fuentes consultadas: Documentales:
Méndez Martínez, Roberto: El Ballet y su mundo. Editorial Oriente, Santiago de Cuba, 2004.
Fernando Alonso: Lo cubano en el ballet. La Gaceta de Cuba. Ediciones Unión. Cuba.  Octubre 2008.
No documentales:
Ramona de Saá Bello. Directora de la Escuela Nacional de Ballet.
Mirtha Hermida. Profesora de la Escuela Nacional de Ballet.
Martha Sánchez. Periodista de Prensa Latina.