Blogia

Isla al Sur

MAZZANTINI EN CIENFUEGOS

MAZZANTINI EN CIENFUEGOS

La Perla del Sur cuenta con una imagen del famoso torero, impresa en un fragmento de losa fina inglesa.

ANTONIO ENRIQUE GONZÁLEZ ROJAS,
Cortesía para Isla al Sur.

“Eso no lo evita...ni Mazzantini el torero”, es una frase común de la jerga popular cubana, junto a otros dicharachos que citan a personajes como el Médico Chino o a Mahoma Khan. Para muchos, el origen real de la jarana se diluye en la noche de los tiempos.

Pero el torero español Luis Mazzantini Eguía, de ascendencia ítalo-vasca, fue un personaje real, famoso por su valor en la liza, y ya Cienfuegos cuenta con una imagen suya, impresa en un fragmento de losa fina inglesa, descubierta recientemente en el barrio perlasureño de Reina. 

La pieza, exquisitamente decorada mediante la técnica conocida como “de  transferencia”, pintura realizada encima de moldes, fue hallada por Julio César Fernández, miembro del grupo arqueológico Jagua, de Cienfuegos, en los cimientos de una vivienda en construcción de dicha barriada.

Este fragmento de losa blanca decimonónica, con la figura del torero en tonalidades azules, engrosará los fondos arqueológicos del Museo Provincial, que tributan al proyecto “La Historia bajo nuestros Pies”, el cual busca reconstruir la vida cotidiana de los cienfuegueros, de los últimos dos siglos.-

Luis Mazzantini Eguía nació en Elgoiba, población ubicada en el País Vasco, España, en 1856 y falleció en 1920, gozando de gran fama como valeroso lidiador de toros.

 

UN COMPENDIO DIFERENTE

LUIS MANUEL ALONSO CASTRO,
estudiante de primer año de Periodismo,
Facultad de Comunicación,
Universidad de La Habana.

Entre tejidos y parches el Museo Provincial de Historia exhibe durante todo el mes de febrero la exposición personal Compendio, de la creadora Ana Rosa Pérez Hernández, miembro de la Asociación Cubana de Artesanos Artistas (ACAA), en Pinar del Río.

Las piezas recrean la perspectiva juvenil de Ana Rosa, inspirada una vez más en la figura femenina. De sus manos son fruto los bolsos, gorras, y confecciones textiles que desde el pasado 28 de enero se ponen a la consideración del público en la sala transitoria del museo. Para la realización de las mismas se valió de las técnicas del deshilado, el parche, y el parche dométrico.

La muestra es el resultado del trabajo realizado por la artista durante los últimos dos años y cuenta con la colaboración de Pedro Pablo Oliva, al haber sido desde sus talleres donde se elaboró toda la promoción de la obra.

“Artista natural”, como la define Oliva, Premio Nacional de Artes Plásticas 2006, Ana Rosa estampa en Compendio el espíritu  sagaz y fresco de quien no deja envejecer la originalidad y la creación. También se percibe en ella la tradición folclórica del pueblo cubano. Se espera que esta, su segunda exposición personal, se presente en el Salón Artemisa, que se desarrollará próximamente en el municipio habanero del mismo nombre.

De formación autodidacta, la autora de Carteras en Pasarela, su primera muestra en solitario, participó en la exposición colectiva Colección de brujas y en los Salones Provinciales de Artesanía 2007 y 2008, todos organizados por la ACAA en Vueltabajo.

 

DEL COLISEO A LA MTV

DEL COLISEO A LA MTV

LUIS ALEJANDRO YERO MONTEAGUDO,
estudiante de primer año de Periodismo,
Facultad de Comunicación,
Universidad de La Habana.

Pan y circo eran los ingredientes utilizados por los emperadores romanos para controlar al vulgo. Aunque el imperio estuviese al borde del cataclismo, aunque sus hijos muriesen en los rincones para mantener la riqueza de la aristocracia, aunque miles de mendigos y vagabundos andasen por las calles de Roma, la plebe vivía feliz como rebaño, cegada por el espectáculo y el artificio de la magnificencia.

El Coliseo constituía escenario de lucha, muerte y sangre; desde las gradas, la euforia de los gritos constituía el placer de los césares. “El populacho está entretenido”, debían decir desde su palco imperial, y entonces, satisfechos, se entregaban al goce de la fiesta.

Miles de años han transcurrido y con una u otra variación, la máxima sigue siendo la misma: mientras las ovejas tengan hierba para comer, permanecerán tranquilas y el pastor, junto a los siempre indispensables ladridos del perro, podrá conducir al rebaño sin muchos problemas. El recuerdo del lobo desvanece cualquier intento de fuga. El bosque no es lugar para ovejas.

Ahora, en medio de la postmodernidad, dominada por la televisión, conectada por la Internet, náufraga en el océano de la información, con la paranoia del consumismo, confundida, ciega, temerosa, esa masa que, con uno u otro sentido, algunos llaman pueblo, sigue siendo marioneta de los poderosos del mundo a través del placer y el miedo.

Quienes inventaron a Dios para mantener su poder mediante el respeto a la palabra divina, ante el súbito descrédito al Cielo, no tardaron en crear las revistas rosas, las telenovelas, Hollywood, el “american way of life”, los supermercados, y muchísimos artificios más, camuflados por el brillo, el glamour y el deleite.

Lo que una vez se inventó para el mejoramiento de la humanidad, ahora ha sido convertido en instrumento de dominio y manipulación. Gutemberg nunca imaginó su creación como vehículo de frivolidad y atontamiento. Los hermanos Lumiere no sospecharon que su aparato sería la pieza fundamental de la fábrica de sueños.

¿Y qué ha hecho la humanidad ante los horrores de la guerra? Mirarlos por la televisión en los noticieros. ¿Qué pasa cuando la miseria impide comprar el auto del año que promociona el comercial del momento? Los más decentes, pedir horas extras en el trabajo; los más impacientes, robar o matar para obtenerlo. ¿Qué hace quien ve en películas una y otra vez a un árabe tratando de volar un edificio? Tomar a todos los árabes por terroristas.

La manipulación ha vuelto sutiles sus métodos. Si antes bastaba con pan y circo, ahora es necesario la Mtv, la televisión por cable, los programas que muestren a Madonna a la entrada de una tienda, el filme donde el siempre elegante James Bond acabe con cuanto ruso o árabe se le atraviese, el canal de noticias que convierte casi en una película de acción el bombardeo sobre Palestina.

Si antes las cruzadas se hacían para devolver el cristianismo a la Tierra Santa, ahora se realizan para atrapar terroristas, devolver “la democracia” o encontrar armas de destrucción masiva. En el fondo, son las mismas voces compulsivas: “compra, compra, compra…”, “teme, teme, teme…”, “no pienses, no pienses, no pienses…”. El mundo sigue desmoronándose y muchos lo contemplan por la televisión, sentados en un sofá mientras comen el postre de la comida.

A pesar del paso milenario de la civilización humana, el placer y el miedo no han dejado de ser los somníferos de la sociedad. Las marionetas siguen bailando al compás de la música, los hilos se han vuelto más invisibles y quienes los mueven, se empeñan en hacer creer que los titiriteros no existen. Los gritos de las gradas aún continúan, y los césares repiten: “El populacho está entretenido”. Solo que se equivocan: todo el “populacho” no está adormecido. Que se cuiden quienes así creen.

 

LÁZARO CHIANG MACATE REPORTA DESDE RADIO RELOJ

LÁZARO CHIANG MACATE REPORTA DESDE RADIO RELOJ

Periodista de larga trayectoria profesional, se define como un eterno inconforme en su quehacer diario.

SHAMILKA RODRÍGUEZ SOSA,
estudiante de quinto año de Comunicación Social,
Sede Universitaria Municipal de Playa.

El periodista Lázaro Chiang Macate, de la emisora Radio Reloj, es un reconocido profesional de los medios de comunicación radiales y se define así mismo como un eterno inconforme en materia de trabajo.

-¿Qué tiempo lleva usted trabajando en Radio Reloj?

Más de 30 años vinculado con la prensa escrita, televisiva y radial. La matriz es Radio Reloj, ahí es donde laboro, pero colaboro con otros medios.

-¿Cómo se inició  en el medio radial?

A solicitud del Partido varios compañeros dimos el paso al frente. Eso fue en el año 1973. Hubo una escasez  de personal en los medios de difusión masiva. Éramos jóvenes de preuniversitario y militantes de la UJC; yo quería estudiar Lenguas Extranjeras, ya que tenía buena base de inglés, pero ante esa necesidad, no lo dudé.

-¿Ha tenido la oportunidad de cubrir informativamente como corresponsal en el exterior?

Sí, estuve en Sudáfrica, en Angola, en países latinoamericanos; el más reciente fue Venezuela. En ese tipo de trabajo se viven momentos impactantes y se choca con realidades desconocidas para nosotros. 

-¿Qué le aportó estar en contacto con esas realidades, como persona y como profesional?

Como persona me aportó elementos para apreciar mejor lo que tengo en la vida: familia, vivienda, alimentos, derechos, en sentido general. Es increíble la miseria que se puede percibir en algunos países. ¡Claro!, no todo es negativo, pero para valorar mejor lo que tengo, me sirven los ejemplos de otras latitudes. Con respecto a la profesión, me ha dejado anécdotas, recuerdos buenos y malos de mi paso por cada uno de esos lugares que, por supuesto, han contribuido a mi desarrollo y experiencia.

-¿Qué características se deben tener para ser un buen profesional de los medios de comunicación?

Ante todo, ser muy profesional. Estudiar, superarse, trabajar muchísimo. No solamente trabajar cuando se nos oriente que hagamos algo, no esperar que se nos indique, sino hacerlo en todo momento, se haya orientado o no. Es necesario tener el menor tiempo de ocio posible. Debe existir una conciencia por lo que se hace y amar nuestro oficio. También, poseer mucha responsabilidad y aplicar al máximo lo que se llama observación participante, mezclarse con la gente en su día a día para nutrirse de información que nos ayude a comprender en toda su magnitud los fenómenos sociales.
             
-¿Se considera un buen profesional del medio?

No me gusta catalogarme, pero puedo decir que trato de ser cada día mejor. Soy un eterno inconforme; siempre pienso que lo hecho pudo haber quedado mejor. En sentido general, creo que me ha ido bien, pero no por eso todo está hecho. Además, hay situaciones diarias que dificultan a veces nuestro rendimiento, me refiero a cuestiones como el transporte, la familia, preocupaciones y otras responsabilidades.

-¿Cómo es un día normal en la vida de Lázaro Chiang?

Me levanto, voy al trabajo, una vez allí reviso mis tareas inmediatas, si tengo que cubrir alguna noticia ese día, dar cobertura a un evento. Después regreso a la casa, ya en la tarde, preparo la comida....

-¿Cocina?

Sí, todo el mundo tiene que hacer algo en la casa, hay que ser multifacético. Después veo el noticiero, la novela… y luego me acuesto.

-¿Qué características personales lo definen?

Soy sanguíneo, colérico, melancólico.

-Estos aspectos podría decirse que no son  muy positivos, ¿así resumiría su temperamento?

También soy hiperactivo, afable, risueño, pero no me gusta lo mal hecho. A veces veo compañeros que no son muy responsables, tenemos nuestros encontronazos cuando no hacen algo bien o no actúan consecuentemente.

-¿Podría relatar una anécdota o algo curioso que le haya ocurrido en sus años de trabajo en la radio?

A raíz de la salida al aire de determinado espacio televisivo, se me ocurrió la idea de redactar un artículo crítico, y ¿a qué no sabes quién me dio el título? El chofer que manejaba el carro donde me movía en aquel entonces. El periodismo es un oficio, siempre falta algo por hacer, nunca podemos descansar, hay que interactuar en diferentes espacios. Cualquier persona puede aportar a nuestro trabajo.

-Si pudiera cambiar algo de estos más de 30 años trabajando en los medios de comunicación, ¿qué sería?

Creo que nada. Considero que las cosas hechas en lo que a mi trabajo respecta debían ser así, imposible pensarlo de otra manera, al menos para mí. Hay quienes han enumerado qué no les gustaría volver a hacer en su vida profesional y en lo personal, pero pienso que eso es un criterio un poco desacertado por dos razones: no se puede echar el tiempo atrás, y de los errores, cuando los hay, se aprende.

EL COLOSO DEL LATINO

EL COLOSO DEL LATINO

La singular vida de Camilo Rodríguez es tan anónima como valiosa para el estadio insignia de Cuba, el Latinoamericano.

EMILIO L. HERRERA VILLA,
estudiante de primer año de Periodismo,
Facultad de Comunicación,
Universidad de La Habana.

En su palmarés sobresale la participación ininterrumpida en 630 juegos oficiales desde el 2001, con una particularidad: todos en el estadio Latinoamericano. Su presencia se impone en el terreno. Siempre está atento al juego. Se posiciona para atrapar todas las pelotas posibles. El error no está en su mente. Moldea  a su gusto la gorra azul del equipo Cuba que lleva puesta. Fildea con elegancia un gran número de rolling y recibe en múltiples ocasiones la ovación del público.

“Sólo con sacrificio y responsabilidad se alcanza algo así”, dice Camilo Rodríguez Diederik y demuestra que no es imprescindible ser pelotero para lograr esta hazaña: le ha bastado con ser el recogedor de pelotas del estadio insignia de Cuba.

Anda apurado, el juego arranca en una hora. Se siente nervioso ante la nueva experiencia, pero en el transcurso de la conversación se relaja. Este hombre sencillo nunca pensó ser entrevistado: ”Mi vida no es para la prensa”, comenta.

Camilo trabaja sin descanso los 365 días del año: “Me levanto a las 6:30 a.m. para llegar a las 7:00 de la mañana. Regreso a las cinco de la tarde a la casa y a las seis vuelvo al Latino para los preparativos del juego de por la noche.” Solo descansa un poco los domingos, porque los encuentros son por la tarde y terminan más temprano.

La Serie Nacional de Béisbol se efectúa ininterrumpidamente de martes a domingo durante seis meses. Ese calendario afecta en gran medida su vida personal: “No estoy casado, ni tengo hijos, pero no  puedo prestar a mi familia la atención necesaria, la que se merece”.

Su labor no termina al acabarse la campaña beisbolera. Le da mantenimiento todos los días al terreno. Debe estar en buen estado para la próxima serie. Su actitud demuestra que cualquier obra humana se compone de pequeños detalles.

Camilo sabe la importancia de sus actividades: “Ayudo a conservar el campo de pelota y a garantizar el espectáculo que el público merece; los espectadores son los que deben referirse a mi labor, no yo”.

Algunos subvaloran esta afición, pero otros no. Según Héctor Miranda, periodista deportivo, su faena dinamiza el partido de pelota y complementa el trabajo del árbitro.

Camilo es poco conocido por su nombre, pero no le molesta   porque se siente identificado con el estadio. Al pronunciar esta palabra, pone las manos en la cabeza, abre los ojos y, exaltado, responde: “El Latinoamericano significa mucho. Ese diamante es donde todo cubano quisiera entrar, pisar el césped. Es un lugar emblemático donde se han celebrado muchos eventos internacionales como copas mundiales y panamericanos. Brinda un bello espectáculo al pueblo.

“La primera vez que fui a trabajar me sentí nervioso, entré por la puerta de tercera base y me encontré con el pelotero Enriquito Díaz. Llegué al terreno y parecía un niño, no sabía qué hacer. Estaba en otro mundo. Me sentía muy feliz. El Latino pasó a ser mi segundo hogar desde hace siete años.”

De pequeño se escapaba de la casa o iba con su papá para presenciar los partidos. Acostumbraba a ver los juegos desde las gradas, hasta que fue a Angola, con 18 años, a pelear contra las bandas de la UNITA, respaldadas por Sudáfrica. Su experiencia como soldado duró dos años: “Estuve allí desde diciembre de 1983 hasta finales de 1985”.

Al concluir la guerra, de regreso en Cuba, buscó un trabajo acorde a su juventud y a sus afinidades deportivas. Luego llegó al Latinoamericano y conoció a  Juan Fernández, quien tenía 32 años de experiencia como recogedor de pelotas: “Él se retiraba y yo ocupé su lugar”. La mirada se apaga por un instante. El silencio se apodera de la habitación mientras recuerda al amigo.

Es un atleta frustrado porque desde pequeño padeció graves problemas de salud. Debido a esto, su madre no lo dejó entrenar.  Practicar béisbol fue siempre su mayor anhelo: “Si volviera a nacer quisiera ser deportista”.

El llamado Coloso del Cerro le dio la oportunidad de conocer a figuras cimeras como Iván Correa, Antonio Scull, Enriquito Díaz y, especialmente, a Rey Vicente Anglada, su jugador preferido.

Ríe mientras cuenta anécdotas. La picardía cubana se observa en sus palabras: “Una vez la dirección de Industriales me dijo que le hiciera una seña a Germán Mesa, el  mejor short stop de Cuba, porque estaba haciendo algo mal al batear. Yo no la hacía y empezaban a protestar. Imagínate, si lo hago y el umpire lo ve, me puede expulsar”.

El trabajo de un recogedor de pelotas es duro. Dice que en una ocasión Enriquito Díaz, segunda base de los Metros, comenzó a batear muchos foul. Camilo corría detrás de las pelotas y ya estaba cansado. Exhausto, se paró y le dijo: “Oye, el terreno queda hacia delante, no atrás”. Ambos se miraron y se rieron.  

“Otra vez, un árbitro me dijo que no estaba repartiendo bien las pelotas. Pensó que le daba las más blancas a Industriales y las otras no. A los peloteros les gustan más las bolas claras debido a que le pueden conectar mejor al batear”. Es como un niño. Se ve el brillo en los ojos cuando cuenta las historias vividas en estos siete años en el Latino.

Mantiene muy buenas relaciones con los jugadores, especialmente con los de la capital. Los admira y respeta. Metropolitanos es su equipo preferido. Le molestan los traspasos de atletas de los Metros hacia Industriales, pero continúa fiel a la trayectoria de sus jugadores predilectos: “Los disfruto, pero ahora vestidos de azul”. Cuando los Guerreros Rojos de la Capital no clasifican para los play off, Camilo se convierte en un fiel industrialista.

-Usted es industrialista cuando no clasifica Metros, ¿cómo desempeña su trabajo en un play off entre santiagueros y capitalinos?

Ante todo, debo ser profesional. Imparcial en todas las circunstancias, aunque estén jugando las selecciones que más me agradan. Realizo mi trabajo igual. Quiero que gane Industriales y en ocasiones desde el juego los aliento.

La cortesía siempre está presente a la hora de dirigirse a atletas y árbitros: “Somos una gran familia. Lo que ellos digan, lo acepto”. Asegura que el mejor umpire cubano, Nelson Díaz, es su amigo, lo mismo que el pelotero Stanley Hernández.

Pocas personas saben que Camilo se vincula a otras actividades deportivas:”Antes de comenzar la Serie Nacional se celebra el Marabana. A veces me invitan, otras no.”

-¿Alguna vez ha sido reconocido su trabajo?

Mi esfuerzo no lo valora ni el público ni los dirigentes. No hay un estímulo material ni moral. Sé que es mi deber, pero ni siquiera un simple certificado. 

Ha trabajado con huesos fracturados. La remodelación del Latino es un ejemplo de lo poco considerado que han sido en ocasiones con su esfuerzo. Este proyecto duró tres meses y entre las diversas tareas que le encargaron se encontraba la siembra del césped. Al acabar las labores la brigada no fue reconocida: “Le entregaron un diploma a nuestro jefe. Pensaba que iban a reconocer las horas de sacrificios personales. No fue así”.

Junto a sus compañeros ha cargado los utensilios para la preparación del equipo Cuba, la jaula de bateo y de pitcheo: “Estos andamios pesan una barbaridad. No hacemos esa fuerza gracias a un compañero que construyó unos carritos para llevar  las cosas más grandes. No tenemos las condiciones necesarias para un desempeño mejor. Esto ocurre a nivel nacional en todos los parques de pelota”.

La arena de la media luna, del montículo y de todas las áreas en carmelitas del terreno se trae de Matanzas. Camilo y sus compañeros la extraen con palas. Sudan su sacrificio sin los medios necesarios: “Es el día entero. No hay una excavadora que  adelante. Después la traemos para distribuirla en el estadio. Esto pasa siempre”.

Sus recuerdos más gratos se remontan a los juegos de las estrellas: “Estuve en Holguín, Las Tunas y Villa Clara. Primero preparo el terreno y después disfruto del encuentro desde las gradas”.

En los entrenamientos de la preselección cubana de béisbol ocurrió algo especial en la vida de Camilo: “Raúl Castro llegó para hablar con los deportistas y luego se retrató con varios compañeros, yo estaba presente. Tiempo después me mandó la foto. Es el mayor reconocimiento de mi vida”, dice mientras muestra la imagen con orgullo. El Presidente de la República, con ese gesto, premiaba una dedicación que quizás sus superiores no han sabido valorar del todo.

-¿Pensó en algún momento abandonar su trabajo?

Lo he pensado. Muchas veces cuento hasta diez, pero sigo en mi puesto.

Camilo aún no se ha propuesto el retiro, aunque cuando llegue el momento quisiera dejar un sucesor responsable: “El trabajo lo necesita. Un recogedor de pelotas debe ser sacrificado, respetuoso con umpires y atletas. Estar dotado de un  sentido de posesión para cuidar las pelotas y recuperar el mayor número posible”.

-¿Tiene algún relevo en específico?

Había un muchacho, tenía 18 años, y no hacía bien sus labores. Un día le advertí que fuera disciplinado. Si hacía las cosas mal, lo iban a sancionar y a mí también, porque respondía por él. Le expliqué que se le iba a arruinar todo lo que pensaba hacer y lo que yo había hecho. Pasaba el tiempo, no cambiaba y fue despedido. Por ahora, yo seguiré trabajando mientas la salud me lo permita.

Un apretón de manos sella la hora de conversación. Una mirada lo tensiona más que los 50 mil aficionados que repletan el estadio. Es tarde y el partido está a punto de arrancar. Luego, entro al Latino  al compás de batazos. Me siento a disfrutar del “choque” y veo a Camilo, vestido con un mono deportivo azul, realizando su trabajo. Más tarde finaliza el choque. Entonces, mientras todos salen me quedo observando lo que nadie ve: se acababan 9 inning, pero comenzaba otro partido a favor de las labores del terreno. Este encuentro monótono lo decide un héroe anónimo que no escatima sacrificios a sus labores.

Si el Latinoamericano  es nombrado como el Coloso del Cerro por lo que significa para los cubanos, entonces Camilo puede ser reconocido como el Coloso del Latino por lo que representa  para el estadio.

Ficha técnica:

Objetivo central: Reflejar la importancia de la labor de Camilo Rodríguez como recogedor de pelotas del Estadio Latinoamericano, y destacar el poco reconocimiento a su trabajo.

Objetivos colaterales: Resaltar sus sentimientos hacia el estadio, cómo evolucionó su vida antes y después de ser trabajador de esta institución, la ardua labor que realiza allí y contar algunas experiencias curiosas ocurridas durante sus faenas.

Tipo de entrevista:

Por los participantes: Individual
Por su forma: Mixta
Por su contenido: De personalidad
Por los canales que se obtuvo: Directa

Tipo de título: Llamativo
Tipo de entrada: original
Tipo de cuerpo: Mixto
Tipo de preguntas: 1) directa; 2) cerrada; 3) cerrada; 4) cerrada
Tipo de conclusión: De opinión o comentario del entrevistador

Fuentes consultadas:

Directa: Miranda, Héctor. Periodista Deportivo de Prensa Latina (PL)

 

ENTRE LA HONESTIDAD Y EL RIESGO

ENTRE LA HONESTIDAD Y EL RIESGO

YOHANA LEZCANO LAVANDERA,
estudiante de segundo año de Periodismo,
Facultad de Comunicación,
Universidad de La Habana.

El periodismo es una de las profesiones más peligrosas existentes en el mundo. Sólo en el 2007 perdieron la vida 93 profesionales de la información durante el desempeño de su quehacer.

El país más riesgoso para los defensores de la verdad es Iraq, donde la mayoría de los corresponsales muertos son los propios iraquíes, víctimas de tiroteos, explosiones y brutales apaleamientos.

Desde que empezó la guerra en marzo de 2003, han muerto más reporteros en ese país que durante la Segunda Guerra Mundial y la cobertura de los dos decenios de la guerra de Vietnam, según un informe de la Comisión Investigadora de Atentados a Periodistas (CIAP), emitido en el 2006.

El contexto latinoamericano es también alarmante: desde el 1 de enero hasta el 30 de abril, asciende a 15 la cifra de periodistas asesinados en la región, estadística verdaderamente monstruosa si se compara con las 27 víctimas de todo el año anterior, expresó Ernesto Carmona, secretario ejecutivo de la CIAP, durante el coloquio Por el respeto a la vida de los periodistas, celebrado en La Habana.

Las persecuciones y los asesinatos, en represalia a la labor de denuncia que profesaron, han sido las primeras causas de muerte de esos profesionales de la información; no obstante, las desapariciones y los secuestros hacen aún más inseguro el ejercicio de informar.

El aumento de golpizas policiales y atentados legislativos, así como la censura de la cobertura informativa, constituyen otras limitantes que enfrentan a diario los comunicadores por acusar corrupciones políticas, delitos gubernamentales, homicidios, narcotráfico y otras actividades de organizaciones insurgentes.

Ernesto Vera, presidente de honor de la FELAP, dijo a Prensa Latina que el periodismo en Latinoamérica se ha convertido en la profesión más peligrosa de todas, pues está midiendo de manera mejor el alto sentido de corrupción generalizada de la sociedad capitalista en tiempos de una aparente democracia no autoritaria.

México ocupa el triste primer puesto en la lista de los países más inseguros para los hacedores de noticias con seis asesinados y un desaparecido, quienes figuran entre los 80 periodistas muertos en los últimos 25 años, advierte un informe reciente de la FELAP en esa nación.

Alrededor de mil periodistas han sido asesinados en América Latina desde la década de 1970, sin que haya ninguna guerra interna ni invasión militar extranjera frontal, sino por tratar de cumplir en alguna medida con los principios de su trabajo, argumentó Vera.

“La nuestra es la única profesión que realizarla con ética en estos países puede costar tanto, pues los periodistas son testigos incómodos para los regímenes arbitrarios de las dictaduras militares y neoliberales”, argumentó el también presidente de la Unión de Periodistas de Cuba (UPEC) en el período 1966-1987.

Diversas organizaciones a nivel mundial condenan la impunidad en la cual permanecen esos crímenes por responder a los intereses de quienes están en el poder, y exigen justicia para los culpables en nombre de esos hombres y mujeres que pagaron con la vida la voluntad de enjuiciar aquello que por cobardía muchos no critican.

La FELAP indica en su línea política que trabajan para salvar la paz y no estarán ajenos, callados ni neutrales frente a los crímenes contra periodistas, pues “en la lucha de ideas, las ideas que no se conocen no luchan”.

Asimismo, la UPEC incluye en su Plan de Acción 2008-2013, aprobado durante el VIII Congreso en julio pasado, “reclamar el cese de la impunidad en los asesinatos a periodistas y la solidaridad con otros colegas perseguidos y agredidos por defender la verdad”.

Vera consideró, además, que es lamentable la cifra revelada de periodistas asesinados, pero es más alarmante todavía la amenaza con la cual vive cualquiera de los comunicadores de los medios latinoamericanos, sometidos a torturas psicológicas y al terrorismo mediático.

“A pesar de todo hay una voluntad de elevar la dignidad de la profesión, hay una señal entre los periodistas que los hace ser, independientemente del origen que tengan, defensores excepcionales de lo justo”, agregó Vera.

Los atropellos en contra de la prensa no solo afectan a los profesionales del sector, sino a todos aquellos que reciben a diario una información mediatizada, verdades a medias.

La honestidad no se asesina; esos periodistas muertos son símbolo del decoro y la entrega a un sueño y una misión, y reviven en cada mente que se despierta de la hipnosis impuesta por los grandes medios. El periodista comprometido elevará la dignidad por encima de todo chantaje y de toda mentira.

La justicia y la moral reivindican a quienes han puesto, sobre su integridad física y psicológica, los valores éticos, prestos a pronunciar las urgencias de lo más genuino de la sociedad.

 

ARMANDO DEL ROSARIO: UNA VIDA EN TRES ACTOS

ARMANDO DEL ROSARIO: UNA VIDA EN TRES ACTOS

El director de Teatro Universitario de La Habana confiesa estar absorto en la difícil lucha porque la agrupación teatral no muera.

LILIANA MOLINA CARBONELL,
estudiante de primer año de Periodismo,
Facultad de Comunicación,
Universidad de La Habana.

Año 1956. Se representa en el Aula Magna “La zorra y las uvas”. La policía batistiana irrumpe en el recinto. La puesta en escena queda detenida y todos son desalojados del lugar. Es cerrada la Universidad y comienza un período de inactividad para el Teatro Universitario de La Habana.

El entreacto dura infinitos segundos…

Se descorre el telón en el siglo XXI, un siglo sin canas aún, pero con algo de experiencia. El año 1956 ya es historia. Hay otra obra para representar, se espera que esta vez no sea interrumpida. Dos personajes cohabitan en una sencilla oficina, dispuestos a sumergirse en un mar de remembranzas.

Armando del Rosario es el protagonista, aunque realmente él lleva implícito un elenco de primera. Comenzó a estudiar Derecho Diplomático, pero no pudo terminar porque la carrera fue cerrada. Después de cinco o seis años de “asueto académico” se decidió por Historia del Arte e hizo postgrados de actuación y dirección teatral. Desde 1978 es el director de Teatro Universitario de La Habana  (TUH) y hace poco más de un lustro mereció la Distinción Por la Cultura Nacional. Su carisma y agudo sentido del humor invitan al diálogo.

El otro personaje, una joven estudiante de Periodismo, se dispone a formular las preguntas a un hombre que lleva el teatro por dentro. El silencio pronto se transfigurará en palabras e indica que la obra va a comenzar.

Primer Acto

Un niño entra al escenario acompañado de sus padres. Mira con asombro un mundo desconocido, futuro cómplice de reales invenciones.

-¿Cómo fue su primer contacto con el teatro?

Era muy pequeñito, pero lo recuerdo bien porque me impactó mucho. Un tío abuelo, hermano de mi abuela, era un excelente actor, incluso había sido fundador del TUH. Una vez hizo en su casa el monólogo de Shylock, de Shakespeare. Cuando terminó, mis padres me llevaron a felicitarlo. Me asusté por el maquillaje tan violento, el vestuario…No lloré, pero cerré los ojos.

No sé si era una especie de masoquismo, pero aquello, a la vez que me asustó, me gustó. Después, mi abuela me llevaba a todas las funciones que se hacían en la Plaza Cadenas, hoy Ignacio Agramonte.

A mí me encantaba el olor del vestuario, la escenografía; estar en la luneta y luego verlo todo desde el escenario me fascinaba. No aproveché la influencia de mi tío, en ese sentido siempre me retraje.

-Cuénteme, entonces, cómo llega al TUH.

Esta agrupación teatral abrió sus puertas el 20 de mayo de 1941. Por aquí han pasado importantes figuras de las artes escénicas cubanas como Eslinda Núñez, Sergio Corrieri, Raquel y Vicente Revueltas. Yo llegué al TUH en el año 1966, mediante un golpe de suerte. Un día me enteré que estaban buscando personas para montar La Celestina, una obra con un elenco muy amplio. Enseguida fui e hice las pruebas. Me tocó interpretar a Pármeno, uno de los criados de Calixto.

Segundo Acto

Armando del Rosario comenzó a dirigir “por accidente” doce años después:”Yo era muy director de los demás, siempre dando indicaciones de cómo debían hacer las cosas. Entonces estaban montando un monólogo que se llamaba Antes del desayuno, de Eugene O´Neill. En medio del montaje se enfermó el director, Ramonín Valenzuela, y me dicen: “Armandito, asume”. Dije que sí, pero con la condición de que fuera otra actriz y propuse a Zaida Castellanos.

“La obra se montó en once días y fue todo un éxito. Eso me elevó el ego e hizo pensar que podía dirigir. Así seguí siempre que se podía, porque realmente mi plantilla era de tramoyista del teatro. Yo llegaba temprano, montaba la escenografía y lo preparaba todo, después me maquillaba y vestía. A veces, cuando no estaba en escena, tenía que estar haciendo un cambio escenográfico. Me decían el hombre orquesta”.

-¿Qué representa para usted llevar las riendas de la agrupación teatral más antigua de Cuba?

Es un honor y una gran responsabilidad. Es una lucha constante porque no muera y en estos momentos estoy absorto en esa lucha. Hace un año que no tenemos teatro. Las personas me preguntan por qué no ensayo en un aula, en algún otro lugar. Pero no es sólo ensayo, es representación, confrontar con el público lo que haces.

Además, a medida que los ensayos avanzan es necesario incorporar elementos de utilería, luces, música y no disponemos de un lugar donde hacer eso. Hay que tener amor y tesón para luchar contra muchos obstáculos.

-En una ocasión dijo que TUH estaba dormido, no desaparecido. ¿Cómo imagina el despertar?

No quiero imaginarlo, quiero que despierte, pero no sé cómo ni cuándo. Estoy esperando el beso del príncipe azul para ver qué pasa. Dicen que para el próximo año se va a reparar todo, pero por el momento, la Sala Talía, donde solíamos presentar las obras, no es ni la sombra de lo que fue.

Habría que hacer como al principio, una nueva convocatoria y empezar a buscar talentos. Yo trabajo con estudiantes, algunos han perdido interés, muchos se han ido para otros grupos. Volver a empezar es un reto, otro reto más.

-¿Considera que la agrupación teatral que dirige influye en la vida estudiantil universitaria?

Pienso que sí y en muchos sentidos. Constituye una forma muy sana para que los estudiantes empleen su tiempo libre. Últimamente estoy tratando nada más de hacer comedias, porque ellos se divierten viéndolas y haciéndolas, incluso, a veces me piden permiso para traer amistades a los ensayos. Al igual que los grupos de danza y la coral, el teatro es una forma de que canalicen sus inquietudes artísticas.

-Anualmente se celebra el Festival Internacional de Teatro Universitario. ¿Qué importancia concede a este evento?

Ahí precisamente es cuando me doy cuenta de la calidad que tienen nuestros grupos de la Universidad. Al Festival vienen colectivos de otros países con escenografías y vestuarios realmente envidiables. Sin embargo, muchas veces las actuaciones y las obras no son nada del otro mundo. Nosotros hacemos teatro muy pobrecito en recursos, pero con una calidad tremenda. No se trata de hacer más con menos, sino mejor con menos.

-¿En qué cree radique el éxito del TUH?

Nunca se ha presentado una obra de mal gusto o con concesiones a la vulgaridad. El primer requisito para poner una obra es que tenga una reconocida calidad literaria. El objetivo no es hacer reír por hacer reír, ni llenar sala por llenar sala. Lo principal es que la gente salga satisfecha.

-¿Cómo ve el Teatro Universitario dentro de la casa de altos estudios?

Como un símbolo, una escuela dentro de la Universidad. La gente lo recuerda como un punto de partida. Además, nuestro trabajo va dirigido fundamentalmente a los estudiantes y esto implica un compromiso muy grande. En cierta medida tratamos de que trascienda los marcos de la Universidad, precisamente para que la gente vea qué tipo de trabajo se hace aquí.

-¿Qué tendría en cuenta para montar una obra teatral por el aniversario 280 de la Universidad de la Habana?

Me gustaría que estuviera basada en las luchas revolucionarias vinculadas con la Universidad y en la relación del TUH con esta institución. También, en todas las vicisitudes por las que ha pasado, aunque lo más importante es que siempre ha salido adelante.

-Dicen que usted es un director muy detallista y exigente…

Es verdad, no lo puedo evitar. Pero me lo agradecen después. Me da mucho orgullo que otros grupos profesionales reconozcan a jóvenes que salieron del TUH y cuándo les preguntas que cómo lo saben, enseguida dicen que por la dicción. Es algo en lo que hago hincapié. La principal arma de un actor es su voz.

-De todas las obras que ha dirigido, ¿con cuáles ha quedado más satisfecho?

Me gustó mucho La Soprano Calva, de Eugene Ionesco; Obra de Arte, de Chéjov; y Las Vacas Gordas, una comedia musical de Abelardo Estorino. También quedé muy complacido con Las Yaguas, de Maité Vera, que fue todo un éxito.

Recientemente se estrenó Gepetto, una obra que tenía a todos con los “pelos de punta”. Imagínate que un muchacho joven se desnuda en escena y yo pensaba qué iba a suceder cuando sus compañeros lo vieran así en medio del escenario. Llegó el momento, pero de acuerdo con el mensaje y la situación, estaba justificado. Hubo un silencio total. Al final la ovación fue de pie y bastante prolongada. Esa es la mayor satisfacción.

-Además de la dirección teatral se dedica a la docencia…

Normalmente el teatro es por la tarde y yo imparto clases por las mañanas. El primer día llego muy serio al aula, pero a medida que va avanzando la clase hago de las mías y se va creando una atmósfera agradable.

Actualmente estoy impartiendo clases de actuación en el Hotel Nacional a un grupo de danza acuática. También doy un curso a licenciados y técnicos de la Unidad Docente de la UH. Son clases sobre conducta social. Desgraciadamente, en nuestro país se ha entronizado la vulgaridad, hay un falso concepto de que ser vulgar es sinónimo de cubanía y no es así. Se puede perfectamente ser cubano, sin ser vulgar.

-Teatro Universitario de La Habana ha sido merecedor de importantes distinciones otorgadas por los ministerios de Cultura y Educación Superior. ¿Qué significan para usted esos reconocimientos?

Un compromiso para que no pierda su prestigio, ni su calidad. A veces me asustan, porque es señal de que estoy viejo. Las distinciones obligan a que cada obra quede mejor que las anteriores. No sé… es algo agradable y a la vez aterrador.

Tercer acto

El tiempo ha pasado, pero la magia del teatro sigue cautivando a un hombre cuyo corazón no envejece. Él y el escenario son un solo personaje.

-Casi medio siglo de vida dedicado al teatro. ¿A qué género pertenecería una obra teatral que resumiera estos años?

Definitivamente sería una tragicomedia.

-¿Cuánto hay de Armando en TUH y cuánto de TUH en usted?

Hay 41 años de Armando, de amor y de deseos que no muera. Yo he tenido oportunidades de pasar a otros grupos, pero me gusta mi trabajo aquí. Ya es algo tan íntimo…TUH ha influido en mi manera de ver la vida, de comportarme, de hablar. Abandonarlo sería como perder un familiar.

-Si tuviera que definir su relación con el teatro…

Es mi vida

Cae el telón.

Esta entrevista forma parte del libro en preparación Nosotros, los del 280, escrito como examen final del género por alumnos de Periodismo de la Facultad de Comunicación de la Universidad de La Habana, a propósito del aniversario de la casa de altos estudios cubana.

Ficha Técnica:

Objetivo Central: Realizar una entrevista de personalidad a Armando del Rosario, vinculándolo a la Casa de altos estudios en su función de director de Teatro Universitario de La Habana (TUH)

Objetivos colaterales: Reflexionar sobre el TUH dentro de la Universidad; Destacar aspectos importantes de su vida relacionado con la agrupación teatral que dirige; Presentar opiniones del entrevistado sobre el estado actual del TUH.

Tipo de entrevista:

Por su forma: Mixta.
Por su contenido: De personalidad.
Por el canal que se obtuvo: Cara a cara.

Tipo de título: Con el nombre del entrevistado y alusión al tema.
Tipo de entrada: Retrospectiva.
Tipo de cuerpo: Mixto.
Tipo de conclusión: De comentario del entrevistado.

Fuentes consultadas:

El entrevistado. Fuente directa.
Currículum del entrevistado. Fuente documental.
  

TRINIDAD, LA VERDAD POR ENCIMA DE LA LEYENDA

TRINIDAD, LA VERDAD POR ENCIMA DE LA LEYENDA

Un hombre de lengua hirsuta se alza en defensa de la historia, cual Quijote revivido en los principios de milenio

IRAIDA CALZADILLA RODRÍGUEZ

De Carlos Joaquín Zerquera Fernández de Lara, y con perdón de Elvira Gallardo, quedé rendidamente prendada en unas vacaciones en que al azar, o tal vez no, llegué a su vieja casona en el centro histórico, e invadí la sala en afán curioso. A causa del sombrero estilo victoriano, las bermudas desteñidas y una piel blanca inusual en esta tierra tórrida y espléndida en mulatas, pensó que era una turista en busca de alquiler económico. Cuando le mencioné el oficio de periodista, el historiador de Trinidad me midió de arriba-abajo, receloso. No ha tenido experiencias gratas en eso de contar verdades, pues al final le han endilgado leyendas como ciertas, y si hay algo que le revienta el alma es un testimonio desvirtuado en la apetencia de ganar oídos en embeleso. 

Hice pacto con él, púdicamente lo confieso.

Transcribiría casi textualmente sus palabras. No creo que el buen patriarca de hirsuta lengua, malgenioso y caprichoso como él se define, creyera a pie juntillas la promesa. Pero accedió a contarme las dos caras de cada anécdota de ese terruño parido en medio de la isla grande, rodeado de montaña y mar, postergado y rescatado, cual novia inolvidada. Trinidad, Patrimonio de la Humanidad, merece toda reivindicación.

Acá van leyendas e historias narradas por Zerquera, hombre que lleva como divisa: “Solo la verdad nos pondrá la toga viril”. Y ojalá cuatro potencias me acompañen para cumplirle la alianza.

De Carlos Ayala

“Mire, es que me da genio lo que la gente dice de Carlos Ayala, pues resulta que ahora es un asesino de niños, en serie para más datos, aunque ya en esta época las mujeres no asustan a los chicos amenazando con su presencia fantasmal. De contra, parece atractivo agregar que lo metieron en un barril lleno de clavos y lo mataron al rodar el envase por las calles. Hasta le cambiaron el nombre a la cueva del Volcán y le pusieron el de Carlos Ayala, con discoteca incluida.

“Le digo la historia real: el hombre, sargento de bomberos, portaba armas y era un desarreglado sexual. Vivía con una menor de edad en la Loma de los Chivos y parece que intentó tener relaciones con la hermana de su mujer, todavía más pequeña que ella, pero la muchachita se rebeló.

“Liquidó al padre y a la niña, aunque antes abusó de ella, no se sabe si viva o muerta, en una cueva camino a La Vigía. Un periódico de la época, con mucha información, refiere que apareció después el cadáver de la pequeña y a él lo condenaron a garrote en Trinidad”.

Torre Manaca-Iznaga

“Ahora oiga esta otra: Alejo María del Carmen Iznaga Borrego edificó la torre que hoy se conoce como Manaca-Iznaga, en tanto su hermano Pedro José, para rivalizar, construyó hacia abajo el pozo. Y yo digo: ¿cómo va a ser posible que un estanque artesiano de 28 metros de profundidad pueda competir con una torre de 43 metros de altura y exponente del arte ecléctico del momento, paradigma de su género en la región en la primera mitad del siglo XIX?

“Pero hay una segunda versión, todavía más terrible. Cuentan que Alejo encontró a la esposa con el amante y por ello mandó a construir la torre. Cuando estuvo terminada, encerró a la mujer en el penúltimo piso, donde no hay ventanas, y se batió abajo con el rival. Oiga, ¡hay que tener paciencia para pedir revancha luego de tanto tiempo! ...Y ser cornudo.

“La verdad es otra bien distinta. Cuando Alejo murió, la familia y el Juzgado de Paz nombraron a la viuda Juana Hernández de Rivera e Iznaga, tutora y cuidadora de sus hijos menores, administradora de los ingenios y heredera de los bienes del marido. Si esa señora hubiera sido infiel, la lapidan en una sociedad como aquella... y hasta en esta, que somos bien machistas. De dónde nació la leyenda lo desconozco, pero la pobre finada debe estar revolviéndose en el otro mundo, por la torcida acusación de perjura”.

Un vaso de agua en el descanso

Cuando hay calor, en Trinidad es denso el aire y sobre las tres de la tarde no hay brisa que corra por la amplia casa de Zerquera, de techo tan alto como para construir con holgura barbacoas. Elvira, la esposa auxiliadora, me trae dos vasos de agua helada que devoro. Las verdades y las leyendas pueden entonces esperar un poco, mientras la conversación va por otros derroteros.

Este es un hombre que pasará a ser él mismo verdad y leyenda. ¿Cómo le llegará a los pobladores de mitad de siglo XXI que al primer historiador de la ciudad lo botaran de la iglesia por aparecer en ella con el uniforme de miliciano, a principios de la Revolución?: “Yo fui así porque estaba de guardia y quería ir a la misa de las seis y media. No me daba tiempo a cambiarme. Las asociaciones religiosas dijeron que yo era un provocador y me acusaron de comunista. Desde entonces rompí con todo y no fui más, aunque sigo creyendo en Dios. Eso sí, me gustaba cantar en la iglesia, en el coro, pero de todas maneras una bronquitis acabó con mi voz”.

-Dicen que usted era un banquero formidable, de esos que no les falta ni les sobra un centavo.

“Antes de 1967, cuando me nombraron Historiador de la Ciudad, era contador y bancario, administrador, pero para mi todo ese tiempo fue perdido porque lo que me gusta es la historia y aquello lo hacía para ganarme la vida. Cuando solicitaron que asumiera la responsabilidad actual, pedí 24 horas para consultarlo con la almohada, aunque yo quería decir sí inmediatamente. Estaba harto del banco. No descansaba. Una vez estuve trabajando una barbaridad de horas seguidas por el error de un centavo y la solución la hallé en el sueño: era el cajero que había forzado el cierre de la operación. Mire, cuando me fui, me sentí liberado”.

El diablo de Guaimaro

“La verdad es que José Mariano Borrell, el propietario de la casa vivienda del ingenio de Guaimaro, el más grande e importante de Trinidad en el siglo XIX, contrató al pintor italiano Daniel D´Alaglio para decorar la casa de la hacienda, como consta en documentos oficiales. Siguiendo la tradición italiana de las iglesias medievales, el artista al engalanar el oratorio pintó en el exterior, y rojo, la figura del diablo, pues se entendía que dentro estaba Dios, y así se comprendió en su momento.

“Más tarde, en medio del campo y con personas no ilustradas por los alrededores, el diablo empezó a infundir temor y nuevos propietarios lo cubrieron con cal, pero cada cierto tiempo la figura volvía a salir, al no ser la pintura mural compatible con esa otra de menor calidad.

“En el decenio de los 50 la casa pasó a otras personas, quienes hicieron  escombros del  diablo porque abrieron una puerta en la pared donde estaba.

“Entonces, ¿cómo es posible que todavía haya gente que diga que lo ve? Pero la mentira es más grande al ubicarlo en el cuarto de las cortinas donde ni siquiera estuvo alguna vez”.

Isabel Malibrán

“Bueno, pues le cuento la última. Isabel Malibrán, de una de las familias más respetadas en la localidad, dicen que murió el día de la boda, envenenada con un vaso de leche con chocolate, mal dado por una esclava en amores con el novio, Pedro de Calatrava. Este, desconsolado, le encargó al poeta Plácido unos versos que dejó para siempre inscriptos en la tumba.

“Pero nada es cierto. Isabel Malibrán falleció tres o cuatro años después de casada. Tampoco creo que los versos sean de la autoría de Plácido, parecen más bien el estilo del licenciado Fernando Echemendía y Muñoz, primo de la Malibrán.

“Ya ve, por eso soy cascarrabias, porque no admito que la leyenda se encime a la verdad. Trinidad tiene demasiado encanto y no le hacen falta fantasías irresponsables”.

Terminan historias y leyendas. Zerquera está cansado, no ha sido un día en que la salud le acompañe bien y no quiero abusar de su hospitalidad.

Miro con respeto a este Quijote del nuevo milenio, enderezador de entuertos, uno de los poquísimos miembros de Honor la Unión de Historiadores de Cuba y merecidamente reconocido con la Distinción Por la Cultura Nacional.

Le admiro por el empeño como historiador y como ser humano de proclamar su obligación de defender la localidad y el patrimonio, y porque quiere estar en paz el resto de sus días.

-¿Algún deseo especial, Zerquera?

“Tengo mis 80 años y la salud quebrantada, pero espero llegar al 2014 para celebrar el 500 aniversario de mi ciudad. ¿Usted qué cree?”