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Isla al Sur

LA PRENSA TIENE NOMBRE DE MUJER

LA PRENSA TIENE NOMBRE DE MUJER

“El periodismo se trata, precisamente, de vencer obstáculos”, asevera Juana Carrasco, una de las dos únicas féminas reconocidas con el Premio Nacional de Periodismo José Martí.

GEYSELL CISNEROS MARTÍNEZ,
estudiante de primer año de Periodismo,
Facultad de Comunicación,
Universidad de La Habana.

Mientras cursaba la carrera de Historia en La Universidad de La Habana, Juana Carrasco Martín no sospechaba que su vida tomaría un rumbo diferente al previsto: “Yo era estudiante y en 1965 me ofrecieron la posibilidad de trabajar en la cátedra de Filosofía o incorporarme a un nuevo periódico que se inauguraría. La disyuntiva era clara: o veía la vida desde la abstracción o la palpaba todos los días. Escogí tocarla diariamente”.

Con más de cuatro décadas de entrega al periodismo, es hoy un arsenal de experiencias y anécdotas. Su paso por diversos medios de prensa impresa como las revistas Constructores, Romances, Mujeres, Bohemia y Verde Olivo y los periódicos Granma y Juventud Rebelde, concretan la obra  de esta mujer de grandes esperanzas y ejemplo fehaciente de un periodismo revolucionario y martiano.

-¿Por qué Juana Carrasco prefiere la prensa impresa?

Desde hace 42 años mi trabajo es plasmar lo acontecido, me gusta trabajar  con el día a día, prefiero la inmediatez de los sucesos, la prontitud de las cosas, buscar la noticia y hacer de ella una fuente ineludible de información.

Mi trabajo en diversos medios de prensa contribuyó a mi formación como profesional del campo periodístico. Granma fue mi escuela más grande y primaria, mientras trabajaba, también tenía que estudiar, fue una etapa de muchas tareas de la revolución y conté con maestros del periodismo como Elio Constantín, Juan Marrero, Martha Rojas y Joaquín Oramas, por mencionar algunos. Ellos eran maestros de cientos en este oficio, profesionales en toda la extensión de la palabra.

-En 1971 fue enviada especial a la Asamblea General de Naciones Unidas, en Nueva York. ¿Qué representó esa experiencia en una época bastante difícil para Cuba?

Me ayudó a comprender ese país, a conocer lo bueno de su historia y lo malo de su sistema político. También me relacioné con la contracultura de aquellos años, el movimiento pacifista, los jóvenes rebeldes que se enfrentaron al stablishment, los que regresaban de Vietnam, los inquietos…

-Cuando trabajaba en Bohemia tuvo la oportunidad de ser corresponsal de guerra en Angola…

Fue un gran orgullo, pues ese era tiempo de guerrillas, estaba donde todo periodista hubiese querido, del lado de la noticia. Allá tuve la gran satisfacción de conocer a jóvenes extraordinarios que, sin importarles el peligro, asumían luchar hasta el final. Quedé marcada al apreciar las condiciones de vida de los angolanos, su situación era muy dura y triste, en esa experiencia descubrí algo nuevo, aprendí la riqueza de la solidaridad, conocí a niños que me enseñaron muchas cosas. Fue una vivencia inolvidable.

-¿Qué le atrae del ámbito internacional, área en la que se desempeña como profesional?

Para mí el mundo de la política y la economía internacional es apasionante. Me deleita mostrar los sucesos, descubrir la realidad de otros países y dar la mayor cantidad de elementos al lector para que construya sus propios juicios.

-¿Cree usted que tanta especialización afecta la cultura general de los periodistas?

Yo no me siento aludida. Un periodista tiene que saber de todo. A mí me interesa mucho la cultura, la economía, los problemas sociales- nacionales. Como maestra, veo en el periodismo un magisterio de todo.

-¿Cómo define su trabajo?

He tenido muchas satisfacciones. Pero el periodismo se trata, precisamente, de vencer obstáculos. Si todo fuera fácil, seríamos tan aburridos…Nuestra profesión perdería totalmente el encanto.

-¿Qué cualidades debe poseer un periodista?

Ser primeramente revolucionario, humilde, capaz de comprender a las personas y al mundo. No ser conformista con su trabajo, siempre creer que las cosas pueden hacerse mejor y de buen acto. Sentirse igual a todos y no superior, poseer un alto nivel de sencillez y modestia. Saber escuchar y no perder la capacidad de sorprenderse. Ser perseverante, estudiar mucho y romper cuartillas. Ahora diríamos, en la computadora, utilizar mucho el cortar-pegar-borrar.

-¿Qué aspectos positivos y negativos tiene el periodismo cubano actual?

Los que ejercemos esta profesión en Cuba lo hacemos con sentido de humanidad, con los mismos valores de nuestro pueblo y con honestidad. Por otra parte considero que aún a los periodistas cubanos nos queda mucho por aprender, somos todavía esquemáticos, confundimos en muchos casos los roles entre el periodista y el funcionario. Nos falta originalidad y amenidad. Hemos perdido en cierta manera el don de lo noticioso. Nos debemos aún más al sentir de la noticia. Tenemos que mejorar la calidad de nuestro trabajo.

-¿Cómo llega a  Juventud Rebelde?

Simplemente me plantearon la necesidad de reforzar con mi conocimiento el paso del periódico de semanario a diario. Y de todas formas fue un reto, porque no hacía diarismo desde 1978. Sin desdorar todas mis experiencias, fue cumplir mi sueño inicial.

-¿Alguna frustración en el periodismo?

Miles. Hubiera querido estar en tantos lugares, en Vietnam bajo las bombas, en la Nicaragua sandinista, en Bolivia junto al Che y su guerrilla. Haber entrevistado a figuras prominentes del siglo XX, en fin, muchas metas que me quedan por cumplir.

-¿Qué significa ser cubana?

Para mí ser cubana es lo máximo, como dicen ustedes  los jóvenes. Tenemos una Isla privilegiada que posee la llave del Golfo. Me enorgullece mucho saber que esta tierra ha dado hombres valiosos. Haber nacido aquí es algo especial, los cubanos somos personas con un gran corazón,  un pueblo de ideas firmes.

-Usted ha afirmado que los meses de lucha por el regreso del niño Elián, repletos de angustias e incertidumbres, marcaron su vida de una forma muy especial. ¿Por qué?

En la cobertura de ese suceso sentía la incertidumbre, terminaba mis trabajos con preguntas como ¿hasta cuándo? A veces ira, a veces lágrimas. Confieso que el momento más difícil fue la visita de las abuelas, lo sufrí mucho como mujer. Ver la actitud del pueblo, todo el apoyo brindado cuando comenzaron las mesas redondas y en las marchas, levantaba mi autoestima. Quien no dudó ni un solo momento fue nuestro Comandante en Jefe Fidel Castro. El día que supimos que al fin regresaba nuestro niño, se me acercó y me dijo palmeándome tiernamente el rostro: “Sabía que él volvía”.

-¿Qué le aportó esa cobertura como profesional?

La utilización diaria de Internet me ayudó a tener una visión muy temprana y equilibrada. También me enriqueció la búsqueda en las propias fuentes norteamericanas y el procesamiento consiguiente. Comprobé que es posible escribir todos los días de un mismo tema, sin caer en la rutina. Haber contribuido a que el pueblo cubano supiera la verdad fue para mi un paso más para ganar madurez profesional.

-Por su entrega a esta causa y el máximo esfuerzo por mantener informado al pueblo, le fue otorgado el Premio Anual Juan Gualberto Gómez, ¿esperó ese reconocimiento?

Por supuesto que no, ni un periodista ni nadie debe basar su trabajo en los frutos que obtendrá. Quien no crea en lo que hace es un mercenario. La obra más eterna es la concebida con amor. Este premio significa un orgullo para mí, por su valía, por el nombre que lleva, y por el prestigioso jurado que  lo confiere.

-Después de largos años de trabajo y consagración mereció el Premio Nacional de Periodismo José Martí. ¿Qué representa a estas alturas de su vida?

Creo que no merecía tal distinción, nunca estoy satisfecha con mi trabajo, existen muchos otros periodistas de gran calibre. Ahora bien, no puedo negar lo que el premio representa, me enorgullece el hecho de saber que toda mi entrega a este oficio es reconocida. También me alegra el hecho de recibir correos de mis lectores felicitándome por algún artículo, o simplemente halagos de mis compañeros en la redacción.

-¿Cómo se siente al ser, junto con Martha Rojas, las únicas mujeres galardonadas con la máxima distinción de la Unión de Periodistas de Cuba?

¡Imagínate! Es un honor para mí el hecho de haber sido merecedora del premio, y más aún cuando sé que Martha Rojas fue la primera en recibirlo. Me siento muy orgullosa de compartir el reconocimiento junto con ella, mujer de firmes palabras, fundadora del periodismo cubano.

Estoy muy agradecida de las personas que me han ayudado a lo largo de mi carrera. No cabría mencionar a todos. Solo quiero significar a mi madre, que aunque ya no está en mi vida, fue mi fiel lectora. Tenía apenas sexto grado, pero siempre leía mis trabajos y alertaba de lo que no entendía.

-¿Le preocupa el desgaste que el tiempo ocasiona?

Para nada, soy una mujer optimista, muy arriba. Me siento joven y con muchas ganas de ser cada día una mejor persona, una mejor periodista. En los últimos tiempos trato de no mirarme mucho al  espejo, para que la imagen no contradiga lo que siento por dentro.

Los tantos premios y reconocimientos que ha obtenido a lo largo de su carrera son muestra evidente de que “Juanita” es una luchadora infatigable, una fiel seguidora de las ideas martianas y de la Revolución Cubana.

En su labor creadora y comprometida está la obra que honra al periodismo cubano, la complacencia por ejercer una profesión que permite entender y explicar los actos de mujeres y hombres de Cuba y del mundo: “Hacemos la promesa del lenguaje claro, de la argumentación sólida, de la virtud y el empeño de mirar paja y viga en el ojo ajeno y en el nuestro, para enfrentar a enemigos, advertir de los peligros, o ayudar a enmendar lo equivocado”.

Esta entrevista forma parte del libro en preparación sobre los Premios Nacionales de Periodismo José Martí, escrito como examen final del género por alumnos de Periodismo de la Facultad de Comunicación de la Universidad de La Habana.

FICHA TÉCNICA:

Objetivo central: Ahondar en aspectos desconocidos de la obra de Juana Carrasco, Premio Nacional de Periodismo José Martí.

Objetivos colaterales: Profundizar en aspectos y temas de interés general; Significar la labor de Juana Carrasco en la prensa cubana; Descubrir sus emociones y posición ante la vida laboral.

Tipo de entrevista:

Por los participantes: Individual.
Por su forma: Clásica de preguntas y respuestas.
Por su contenido: De personalidad.
Por el canal que se obtuvo: Encuentro directo.

Tipo de título: De referencia al tema.
Tipo de entrada: De presentación.
Tipo de cuerpo: Mixto.
Tipo de conclusión: De opinión o comentario del entrevistado.

Fuentes consultadas:

Periódico El Habanero Digital: (12 de marzo de 2008). Documental.
Revista Bohemia, Sección Nacionales (25 de marzo de 2008) Documental.
Bibliografía de Juana Carrasco Martín. Documental.

 

TRABAJOS MÁS LEÍDOS EN ENERO 2009

TRABAJOS MÁS LEÍDOS EN ENERO 2009

SEGÚN REPORTES DE GOOGLE ANALYTICS, ISLA AL SUR FUE VISITADA 5 229 VECES ENTRE EL 5 DE ENERO Y EL 4 DE FEBRERO DE 2009 Y LOS 20 TRABAJOS MÁS LEÍDOS FUERON, EN ESTE ORDEN:

1.-Gordas desnudas, de IRAIDA CALZADILLA RODRÍGUEZ.
2.-Día del Educador, de IRAIDA CALZADILLA RODRÍGUEZ.
3.-Marca para toda la vida, de YADIRA MARTÍNEZ PADRÓN Y ONEIDYS HERNÁNDEZ VIDAL.
4.-Anfibios en peligro de extinción, de LUISA MARÍA GONZÁLEZ GARCÍA.
5.-Las Olimpiadas en la Antigua Grecia, tomado de
http://www.aprendergratis.com
6.-La sociedad actual y las industrias culturales, de CYNTHIA ÁLVAREZ.
7.-Frases para los padres, tomado de http://www.frases-de-amor.es/
8.-Las drogas por dentro, de VIVIAN SÁNCHEZ.
9.-DesnudArte, de ANA LEYVA DEHESA.
10.-Siempre quise ser profesor de Matemáticas, de ANNET MARTÍNEZ HERNÁNDEZ.
11.-Queremos bajar de peso, de IRAIDA CALZADILLA RODRÍGUEZ.
12.-Histerosonografía, una vía para el bienestar de la mujer, de JESSICA ABREU.
13.-La publicidad es parte de mi vida, al igual que la propaganda y el periodismo, de ASTRID BARNET.
14.-De la Ilíada del siglo XXI, de JUSTO PLANAS CABREJO.
15.-El amor en los tiempos de lectura, de MARTHA ISABEL ANDRÉS, CINTHIA ÁLVAREZ, YOHANA LEZCANO, ROSARIO ALFONSO, WENDY MARTÍNEZ Y ANA LIDIA GARCÍA.
16.-Desde lo profundo de Deborah Andollo, de ALEJANDRO RUIZ CHANG.
17.-Ideas de la historia para una batalla, de ALEJANDRO CREMATA SÁNCHEZ.
18.-Domesticación del perro, tomado de http://mundofree.com 
19.-Hay amores que matan… y modas también, de DANAY GALLETTI HERNÁNDEZ. 
20.-Las drogas tienen su historia, de VIVIAN SÁNCHEZ.

Los 20 países más reportados: España, México, Venezuela, Cuba, Estados Unidos, Argentina, Colombia, Perú, Chile, Ecuador, República Dominicana, Puerto Rico, Costa Rica, El Salvador, Guatemala, Bolivia, Panamá, Alemania, Italia, Uruguay,

Las 20 ciudades con más asiduidad: Caracas, La Habana, Madrid, Ciudad México, Puerto Madero, Bogotá, La Victoria, Barcelona, Quito, Barquisimeto, Maracaibo, Santo Domingo, Guadalajara, Sevilla, Monterrey, Medellín, Valencia, Mérida, Miami, Málaga.

LOS 10 TRABAJOS MÁS LEÍDOS EN EL ACUMULADO DE ISLA AL SUR, SEGÚN REPORTES DE BLOGIA. EN ORDEN:

1.-Gordas desnudas, de IRAIDA CALZADILLA RODRÍGUEZ.
2.-Marca para toda la vida, de YADIRA MARTÍNEZ PADRÓN Y ONEIDYS HERNÁNDEZ VIDAL.
3.-Las Olimpiadas en la Antigua Grecia, tomado de http://www.aprendergratis.com
4.-Madame Bovary, en medio del puente, de ELIZABETH MIRABAL LLORENS.
5.-Hay amores que matan… y modas también, de DANAY GALLETTI HERNÁNDEZ. 
6.-DesnudArte, de ANA LEYVA DEHESA.
7.-Fisiculturismo: ¿arte o deporte?, de RAFAEL IVÁN CONCEPCIÓN MENENCIA.
8.-Anfibios en peligro de extinción, de LUISA MARÍA GONZÁLEZ GARCÍA.
9.-Temblor en Bogotá, de IRAIDA CALZADILLA RODRÍGUEZ.
10.-Frases para los padres, tomado de http://www.frases-de-amor.es/   

 

VOCERO DE LA CULTURA

VOCERO DE LA CULTURA

Francisco Linares Ibarra, licenciado en Pedagogía y asesor literario, hace del arte una fuente de dicha en su pueblo natal.

EDUARDO GONZÁLEZ MARTÍNEZ,
estudiante de primer año de Periodismo,
Facultad de Comunicación,
Universidad de La Habana.

Nadie ha estudiado más la historia local que él. Una vieja enciclopedia, multiplicada en decenas de volúmenes, es la reina de su biblioteca. Salvaguardados entre las reliquias están un corto cinematográfico hecho junto con unos amigos en 1974 y su fiel amante,  la guitarra. En el patio de su casa, oculta bajo la sombra de un mogote, asoma la figura inexpresiva de una iguana, mascota singular.

No lo llaman por su nombre. Cuando recorre las calles de su natal Sumidero, pequeño pueblo de las montañas pinareñas, a Francisco Linares Ibarra todos lo nombran Panchi. Hombre emprendedor, comparte su pasión por la familia con la  predilección por la música y la investigación histórica.

Hijo de una familia humilde, comenzó a trabajar desde pequeño para contribuir al sustento del hogar. Limpió zapatos, vendió periódicos y trabajó en una escogida de tabaco; y fueron quizás esas necesidades las causantes de su deslumbramiento por el mundo de los libros, el cual le ofrecía sabiduría y posibilidades de superación.

Francisco siempre luchó por superarse a pesar de no  tener más guía que la de unos padres amantes de la lectura, pero carentes de la preparación necesaria para ayudarlo. Un hecho cambió para siempre su vida.

“Comencé a estudiar con siete años, cuando triunfó la Revolución,  en la escuelita del poblado. Mis padres no podían influir mucho en mi educación, pues no estaban preparados para ello. Solo sabían brindarme un ejemplo de rectitud a toda prueba y su amor al trabajo, además de impulsarme a aprovechar las grandes oportunidades ofrecidas por los  cambios que venían ocurriendo”.

-¿Qué posibilidades culturales existían en la comunidad en aquellos tiempos?

En el pueblo no había biblioteca y los libros se convirtieron para mí  en una búsqueda incansable. Los pedía prestados o aprovechaba para comprarlos en los viajes que hacía a Pinar del Río, la capital provincial.  

Cine sí teníamos; era más bien un cinecito de tablas y zinc donde  la mayoría de las películas las veíamos una y otra vez, además, todas eran del  llamado oeste norteamericano.

-¿Cuáles fueron sus primeras muestras de interés por el mundo de las artes?

Los domingos, al regresar del cine, yo reunía a los amigos del barrio y  recuerdo a mis padres riendo al ver cómo narraba para todos, la película del día. Eso me llevó a soñar con ser actor, aunque mi padre quería tener un músico en casa, y en sexto grado creé un grupo de teatro con mis compañeros de clases.

No teníamos conocimientos, pero sí las ganas de la niñez. Con sábanas y sacos pintados hacíamos la escenografía y así llegamos a montar, incluso, cortos fragmentos de obras de Lope de Vega.

El empeño no podía pasar de ahí porque no teníamos en aquellos tiempos ningún instructor de arte ni la preparación de las generaciones de hoy.

El proceso revolucionario cambió paulatinamente la vida del país y las serranías vueltabajeras no constituyeron la excepción: “En el año 1967 había abandonado los estudios para ponerme a trabajar y cuando aparecieron aquellos jóvenes con  Marina Hart  al frente, se me abrieron los cielos.

“Al ver los esfuerzos hechos con el grupo de teatro me propusieron integrarme a un curso de Activistas de Cultura en La Habana. Ahí dejé el cajón de limpiar zapatos y la escogida de tabaco.”

La relevancia de este hecho en su vida no pasa inadvertida cuando se observa el brillo de sus ojos: “Fueron días inolvidables porque tuve contacto con grandes personalidades de la cultura nacional. Todas las semanas íbamos a  diferentes salas de teatro, al cine y consultábamos amplias bibliografías sobre las artes en Cuba y a nivel mundial. Ha sido la mejor escuela, la más eficaz y la más oportuna en mi vida”.

El regreso a su provincia natal en 1969 no lo detuvo e ingresó a la Escuela Vocacional de Arte con el anhelo de estudiar guitarra. El joven tuvo que luchar contra repetidos obstáculos: “Después de tantos tropiezos logré terminar el noveno grado y aunar un conocimiento general de música, ya que estudié solfeo, saxofón y algo de piano. No le hago caso a la gente que te invita a no luchar. A mí no quisieron enseñarme a tocar  guitarra por ser zurdo, pero aún así, aprendí.

“A pesar de tantas dificultades nunca abandoné mis deseos de ser profesional, y por eso los días de pase viajaba por mi cuenta y con la ayuda de un profesor al Conservatorio Amadeo Roldán. Así me mantuve durante tres años, hasta el llamado al Servicio Militar”.

Ahora el silencio sirve para conjugar recuerdos. No es fácil hablar del accidente automovilístico, motivo de su baja militar antes del tiempo establecido. Los acontecimientos posteriores fueron un punto de giro en su vida: “Dos años estuve sin estudiar, recuperándome de la experiencia terrible,  pero seguía lleno de vida  y no cesé de hacer travesuras.

“Junto a unos amigos grabamos en formato de ocho milímetros un corto sobre la religión titulado Del paraíso a la realidad. Trataba sobre la vida de un joven de nuestra zona en el que intentamos reflejar la influencia de la iglesia en un pequeño pueblo. Yo escribí el guión, pero no actué, y hoy todavía lo conservo con mucho cariño.

“En este período de descubrimientos montamos un laboratorio fotográfico modesto, donde hacíamos nuestras ediciones. Nos gustaba soñar en grande, pero nada resultó fácil. Teníamos muchas  ganas, aunque pocos recursos. Eso sí, siempre pensé seguir estudiando, sin imaginar llegar a ser maestro. Escogí esta profesión por tener puntos de contacto con mis estudios de activista de cultura, porque los maestros también son sus voceros. Primero pasé un curso de profesor de secundaria hasta que en 1985 terminé la licenciatura en Pedagogía”.

El ejercicio del magisterio de noche y a la luz de un farol, en sitios intrincados, no se olvida. Esboza una sonrisa cuando habla del cariño de los ancianos que lo saludan en las calles como a un maestro inolvidable.

“Mis alumnos fueron personas mayores. Los niños me gustan mucho, pero no tuve oportunidad de trabajar con ellos. Aunque hoy en día no ejerzo la pedagogía en las escuelas, tengo dos alumnos ciegos a los cuales estoy alfabetizando”.

En el museo de Minas de Matahambre lo consideran gran conocedor de la historia de la localidad de Sumidero. Tiene diseñados mapas de los tiempos en que existía el enclave colonial y no oculta tristeza por el estado del patrimonio arquitectónico  de la zona.

“El deseo de investigar me persigue desde pequeño. Esto me llevó a averiguar sobre la vida de mis antepasados, ambos españoles, y sumergirme en los antecedentes ibéricos de estas tierras. Tengo muchas ideas, pero poco apoyo.

“Quisiera escribir sobre las peripecias de mis abuelos, recoger así la evolución del pueblo hasta nuestros días y algunos mitos de la localidad, especialmente de miedo. Es un sueño que por ahora seguirá siendo solo eso”.     

La biblioteca personal, atesorada en sus años de estudios, ha perdido cerca de la tercera parte de los textos y ahora solo llega a unos 150 ejemplares: “La gente me pide libros prestados y a veces no recuerdo a quién los doy, pero aún así no niego la ayuda. No olvido las dificultades que enfrenté en mi niñez para poder conseguirlos”.

-El volumen más llamativo de la colección es una enciclopedia de 70 textos ordenados desde la A hasta la Z. ¿De dónde procede?
 
La edición inicial es de 1927 y se amplió con los años llegando a cubrir la segunda Guerra Mundial. Perteneció al doctor pinareño  Antonio Matías Cuervo Rubio.

Me la regaló un anciano amigo de mi padre, quien trabajara en la finca de este. A pesar de  los años, tiene datos de mucho interés y se conserva bien.

Junto con los años noventa vinieron momentos difíciles, pero estos no encadenaron sus deseos; el maestro se convirtió en asesor literario y logró consolidar una familia: “Casi no tenía alumnos y el mundo de la literatura me ofreció regresar a mis andanzas. Ya hace ocho años que trabajo como asesor literario de la Casa de la Cultura municipal de Minas de Matahambre y puedo decir con toda certeza que  se venció el atraso cultural de la época de mi infancia.

“Dos de mis niños han participado en eventos provinciales y no son los únicos con talento para escribir. Después de tantos años con adultos, ahora disfruto trabajar con muchachos. Nunca dejé de tocar mis creaciones musicales, algunas de las cuales he enviado a concursos sin obtener resultados. No he renunciado a superarme. Ya tengo un postgrado en Cultura Cubana y otro en Literatura”.

-La afición por la música, la literatura, la historia y el teatro marca su vida. No ha podido dedicarse profesionalmente a ninguna de estas áreas. ¿Desilusionado acaso?

Siempre he sido un hombre consciente del momento y las circunstancias que le tocó vivir. Mis aficiones me han ayudado a ser mejor persona. Hoy tengo  un hogar sólido y mis hijos son el mayor orgullo, porque además de saber aprovechar las oportunidades que no tuve, han seguido el camino de la música. No hay frustración,  solo muchos sueños por realizar.

FICHA TÉCNICA:

Objetivo central: Resaltar que en un lugar apartado de la geografía cubana existe un hombre, cuya vida dedicada a la cultura, le da méritos para ser entrevistado.

Objetivos colaterales: Demostrar la importancia que tuvo el proceso revolucionario para la preparación del entrevistado. Demostrar mediante el entrevistado, la importancia del proceso revolucionario en el cambio que experimentan los campos de Cuba en el nivel de vida de los habitantes. 

Tipo de entrevista:

Por los participantes: Individual.
Por su forma: Mixta.
Por su contenido: De personalidad.
Por el canal que se obtuvo: Encuentro directo.

Tipo de título: Genérico.
Tipo de entrada: De retrato.
Tipo de cuerpo: Mixto.
Tipo de preguntas: 1) informativa; 2) exploración; 3) directa; 4) exploración.
Tipo de conclusión: De opinión  o comentario del entrevistado.

 Fuentes consultadas:

Entrevistado: directa  y no documental.
Hijos: directa y no documental.
Vecinos de la zona: directa y no documental.

 

EL LENTE CONVERTIDO EN HISTORIA

EL LENTE CONVERTIDO EN HISTORIA

Ahmed Velázquez Sagués, fotorreportero del semanario Granma Internacional, alcanzó muy joven la cúspide de la fotografía cubana.

LIZ XAMIRA ABAD JAREL,
estudiante de primer año de Periodismo,
Facultad de Comunicación,
Universidad de La Habana.

Desde lo alto de una grúa el miedo y los escalofríos atraparían a cualquiera, pero él continúa. En la mano sostiene una cámara, la prepara, enfoca el lente y aprieta el obturador. El flash ha capturado la imagen.

Los grandes ojos negros comienzan a brillar, los labios dibujan la sonrisa, se siente feliz, enciende un cigarro y mientras el humo se desliza garganta adentro, recrea en su mente la próxima imagen. Fotógrafo del semanario Granma Internacional, Ahmed Velázquez Sagués fue uno de los mejores artistas del lente en Cuba. Un hombre a quien la muerte robó la vida a los 39 años, cuando se encontraba en la cima de su carrera.

“Era un genio de la fotografía, las cosas monótonas las convertía en increíbles. Una vez implantó un record: tiró 72 fotos en una entrevista y logró que ninguna se pareciera”, así lo recuerda uno de sus mejores amigos, Ricardo López Hevia, quien afirma que Ahmed disfrutaba mucho de la vida y era un estudioso de la imagen.

“Siempre leía revistas, libros, y se sentaba largos ratos en la computadora para buscar todo lo que contribuyera a su trabajo. Fue el primero en apuntarse en un curso de computación en la década de los años 90, y uno de los que asimiló más rápido la fotografía digital.”

Vocación

Su pasión por la fotografía lo impulsó a unir el arte con la aventura, lo mismo escalaba una montaña que se lanzaba de un avión en paracaídas. Siempre estaba dispuesto a cumplir cualquier misión, su respuesta era: “Yo soy guardia para todo.”

Juvenal Balán, compañero y jefe de Ahmed en el periódico Granma desde el año 1999, afirma que sus trabajos tenían un sello de originalidad: “Sus fotos tenían un perfil muy personalizado, cuando tú las mirabas, comprendías que su ojo era el que estaba detrás, por la búsqueda en la imagen, creatividad, y por mostrar ángulos distintos. Siempre trataba de encontrar lo original y si no podía lograrlo, lo creaba”.

El abuelo fue una de las personas más importantes en la vida de Ahmed, cuenta su profesor, el legendario profesional de la fotografía cubana, Jorge Oller, Premio Nacional de Periodismo José Martí.

“Fue su abuelo, Joaquín Sagués, quien le inspiró el amor por el arte, la búsqueda de la aventura, la noticia, la acción. Ese hombre participó en la guerra civil española y fue un gran pintor de paisajes. De él aprendió composición, el dominio del color y la perspectiva.

“Después de cumplir con el Servicio Militar General comenzó su primer curso de fotografía en 1986, en el periódico de la Fuerza Aérea Cubana; luego trabajó como fotógrafo en el Museo de la Revolución”, rememora Jorge Oller acerca de la llegada de Ahmed al periódico Granma.

“Un día de agosto de 1987 se presentó en el diario, quería formar parte del curso de superación para jóvenes, que los prepararía como fotógrafos. Su vocación e ilusión era  la fotografía de prensa.

“Al llegar, fui uno de los que lo atendió. Cuando conversó conmigo me demostró una gran sinceridad, pasión y vocación, por lo que no vacilé en recomendar su incorporación al grupo.”

En este reencuentro con el pasado reciente, Roger Ricardo Luis, director de Investigaciones del Instituto Internacional de Periodismo José Martí, recuerda que cuando Ahmed Velázquez llegó a Granma como aprendiz de fotorreportero, muchos lo catalogaron de rebelde sin causa.

“Si algo lo caracterizó fue su afán por aprender y experimentar. En aquellos momentos de su ingreso al periódico, el equipo de fotorreporteros necesitaba una inyección de sangre joven. Con él entraron otros muchachos, Ismaelito, Jorge, Ricardito, y realmente el colectivo de Fotografía ganó muchísimo con la confluencia entre la experiencia de los ya consagrados como Jorge Oller y Fernando Lezcano, entre otros, y con los de nueva incorporación. De ellos, Ahmed fue el que de inmediato se destacó por sus incursiones y experimentos con los fotomontajes y la computación”.

Un peldaño más alto

“Ahmed era un muchacho con muchas inquietudes. Comenzó de laboratorista y logró conocer su trabajo en todas dimensiones. Por el interés que mostró y su forma de trabajar se ganó la confianza de los profesionales que, sin dudarlo, le daban sus rollos para el revelado,” recuerda Juvenal Balán.

“A medida que aprendía las interioridades de la fotografía, ascendía a un peldaño más. Al llegar el momento, Ahmed, junto al grupo de jóvenes que se habían nutrido de los profesionales del equipo, pasaron a ocupar los puestos de fotógrafos del periódico.

“Desde sus inicios hizo coberturas periodísticas de cualquier tema o sector. Compartía la idea, junto a otros profesionales, que la fotografía debe dominarse a fondo, y para convertirse en un buen profesional hay que saber captar todo tipo de imagen. Buscar la calidad requerida y apresar el dramatismo del momento en que fue tomada.”

Según rememora Juvenal Balán, por la necesidad que existía en Granma Internacional de contar con un fotógrafo, es que se decidió que Ahmed cubriera la plaza: “Allí logró crecer mucho más, participó en múltiples actividades, eventos y coberturas. Escogía sus imágenes, asistía a los Consejos de Redacción del periódico, ofrecía opiniones acerca de la fotografía e incursionó en la publicidad, al realizar anuncios que hoy siguen ilustrando las páginas del semanario”.

Cristal Granma

Raúl López o “El Puro”, como lo llamaba Ahmed, recuerda con gran cariño al joven respetuoso, inteligente, incansable y alegre que cuando aprendía algo nuevo llegaba al departamento y con entusiasmo lo enseñaba a los demás; al compañero que amaba su trabajo y siempre tenía una foto debajo de la manga: “Tenía uno de los mejores olfatos que ha pasado por la fotografía periodística cubana.”

Por la calidad, originalidad y belleza en sus obras, fue ganador de numerosos concursos y premios como El hombre y la vida, en Brasil, (1991), Fotofestival de Knokke-Heis, Bélgica (1996), dos premios consecutivos Juan Gualberto Gómez (2001 y 2002) que otorga la Unión de Periodistas de Cuba por la obra del año, y Vanguardia Nacional del Sindicato de la Cultura (2003).

Cuenta Raúl que en una ocasión, al recibir Ahmed un premio del Concurso 26 de Julio, le dijeron que el material estaba hecho con “cristal de Bohemia”, por la calidad especial del mismo. De inmediato, el fotógrafo ripostó con ingenio: “Bohemia no, de Granma”. El reconocimiento hoy se encuentra en el estante del Departamento de Fotografía del periódico Granma, junto a otros que demuestran la entrega y profesionalidad de los fotorreporteros de ese diario.

Ahmed Velázquez hizo reportajes en África y América Latina y, acompañó al Comandante en Jefe Fidel Castro en varios de sus viajes al exterior. Entre los países que visitó se encuentran Sudáfrica, República Popular China, Viet Nam, Brasil y Ghana; esta última, por su riqueza de imágenes y belleza natural, fue la que más lo impresionó. Al regresar a Cuba trajo miles de fotos que recogen la colaboración médica cubana.

Recuerdan sus compañeros de trabajo que entre sus proyectos estaba hacer un libro sobre la misión en la República de Ghana, y otro que acopiara las nuevas tendencias de la fotografía en Cuba. También, realizar exposiciones y llegar a lo más alto de la calidad en su trabajo.

Concuerdan los que lo conocieron que su vida la dedicó a la familia y a su profesión. Cariñoso con su madre, abuelo, esposa e hijos, por los que sentía adoración.

Estilo propio

Entre los maestros que dejaron huella y ejercieron influencia en su carrera se encuentran Jorge Oller, Jorge Valiente y Fernando Lezcano.  Oller,  refiriéndose al tema, afirma: “El se nutrió del trabajo de todos, y logró una personalidad propia, un estilo único. Tomó todo aquello e hizo su propio estilo de fotografía y su modo de ver las cosas.

“Me sentí orgulloso de ser uno de sus profesores, como más tarde también estuve feliz de ser su alumno, pues me enseñó los elementos básicos de la fotografía digitalizada, del que era un excelente conocedor y estudioso.

“Demostró una gran habilidad y dominio de la profesión en poco tiempo. Cuando me jubilé en 1992, ya era un profesional. Me satisfacía ver sus reportajes y sus noticias, tan frescas y personales. Tenía un estilo audaz, y un goce personal retratando escenas de la vida cotidiana con un toque humorístico en no pocas ocasiones”.

En el 2003, Ahmed publicó 568 fotografías en las ediciones impresas del semanario Granma Internacional y sus trabajos tuvieron repercusión en Internet. Cubrió periodísticamente ese mismo año la toma de posesión en Brasil del presidente Luis Ignacio Da Silva y la Cumbre Iberoamericana efectuada en Bolivia. Su último trabajo fue la clausura del Festival de la Juventud y los Estudiantes.

Compañero de múltiples andanzas periodísticas, este joven también ilustró con sus gráficas el libro Cuando a Varadero llegué, de Roger Ricardo Luis: “Tenía un talento natural para la fotografía y, en un lapso relativamente breve, logró llevarla a nivel de artista por su perseverancia y autosuperación, hasta el punto que sabía ubicarse en el escenario y decir cuál era la gran foto o las fotos para un buen reportaje.

“Sólo había que decirle cuál era el tema del trabajo y ya uno se despreocupaba, porque cuando ponía en la mesa las fotos, no había discusión que eran las mejores. De ahí los estímulos y los premios que alcanzaba con frecuencia. Recuerdo las veces que me llenaba el buró con fotos para que las viera y se las criticara, o para hacer tal o mas cual selección para un fotorreportaje o enviar a un concurso. Era muy observador, creo que esa fue una de las cualidades que lo llevó a convertirse en un excelente fotorreportero en tan breve tiempo”.

“¿Qué dicen las grandes plumas de este periódico?”, así saludaba al llegar a la redacción de Granma Internacional cada mañana, con una sonrisa llena de optimismo para enfrentar la vida. Y así Ahmed se recordará: por su espíritu aventurero, su sencillez y sus ansias de buscar la fotografía más original que atrapara el dramatismo humano.

Murió en el edificio de Granma Internacional, cuando se disponía a salir para cubrir una noticia. Su vida fue corta, pero su obra fructífera, capaz de perdurar en el tiempo y convertirse en historia. Después de su fallecimiento, la Unión de Periodistas de Cuba le otorgó el Premio Nacional de Periodismo José Martí, alto honor y también orgullo del diario Granma y de todos sus compañeros.

“Puede decirse que llegó a captar con su lente una etapa de Cuba, como la de la década de los noventa, con todos sus detalles. También nos dejó el ejemplo de un joven que supo sobreponerse a todos los obstáculos que le colocó la vida. Su muerte prematura nos conmovió profundamente. Es de esas cosas que pasan y a las que uno no puede aún dar crédito. Cuando lo recuerdo, me parece verlo de pie con la cámara fotográfica al hombro, el cigarro encendido en la mano, sonriente y diciéndome con afecto y como buen jodedor: ¡Maestro!”, así evocará siempre Roger Ricardo a quien quería alcanzar la cima de la fotografía.

Esta entrevista forma parte del libro en preparación sobre los Premios Nacionales de Periodismo José Martí, escrito como examen final del género por alumnos de Periodismo de la Facultad de Comunicación de la Universidad de La Habana.

FICHA TÉCNICA:

OBJETIVO CENTRAL: Demostrar por qué Ahmed Velázquez fue merecedor del Premio Nacional de Periodismo José Martí post-mortem.

OBJETIVO COLATERAL: Dar a conocer cuándo comienza su afición por la fotografía, cómo se convierte en fotoreportero del periódico Granma, premios recibidos, sus proyectos, anécdotas y por qué se llega a ser uno de los mejores artistas del lente en Cuba.

TIPO DE ENTREVISTA

Por los participantes: Colectiva.
Por su forma: De citas.
Por su contenido: De personalidad.
Por el canal que se obtuvo: Encuentro directo y correo electrónico.

Tipo de título: Genérico.
Tipo de entrada: De retrato.
Tipo de cuerpo: De citas.
Tipo de conclusiones: Opinión del entrevistado.

Fuentes consultadas: documentales y no documentales.

No documentales:

Jorge Oller, fotógrafo jubilado del periódico Granma y Premio Nacional de Periodismo José Martí; Juvenal Balán, jefe del Departamento de fotografía del Periódico Granma; Ricardo López, fotógrafo del Periódico Granma; Raúl López, fotógrafo del periódico Granma; Roger Ricardo, director de Investigaciones del Instituto Internacional de Periodismo José Martí.

Documentales:

http://www.granma.cu/español/2004/diciembre/jueves30/ahmed.html, 18/11/2008; http://quienesquien.cip.cu/personalidades/ahmed-velazquez-sagues/, 18/11/2008; http://granmai.cubasi.cu/español/2004/diciembre/mier29/53ahmed.html, 18/11/2008; http://www.radiohc.cu/español/cultura/fotografia/fotografos/curriculoahmed.htm, 18/11/2008

 

 

UN HOMBRE INSTRUIDO EN LOS CAMINOS DE MARTÍ

UN HOMBRE INSTRUIDO EN LOS CAMINOS DE MARTÍ

El Doctor en Ciencias Filosóficas Antonio Aja considera el saber un permanente proceso de aprendizaje.

ESMERALDA CARDOSO VILLASUSO,
estudiante de primer año de Periodismo,
Facultad de Comunicación,
Universidad de La Habana.

Foto: MARÍA DEL CARMEN QUEVEDO

Antonio Aja dice ser un excelente cocinero, y cuando el tiempo lo permite, le gusta sacar acordes a su vieja guitarra; también  disfruta conversar con los amigos y deleitarse con su familia en una buena función de ópera. Tal vez esta no sea la imagen que muchos en la Universidad de La Habana y en otros espacios tengan del académico, conferencista notable y experto de prestigio internacional en el tema de la migración cubana.

Aja es graduado en la Universidad de La Habana en  la Licenciatura de Historia, Doctor en Ciencias Filosóficas de la Universidad de Kiev, Ucrania (1986),  y  profesor de la Universidad de La Habana desde 1977 en la Facultad de Filosofía e Historia. Además, se desempeñó como asesor técnico docente de la Dirección de Marxismo Leninismo del Ministerio de Educación Superior (MES)  1977-1988 y como Profesor Titular y subdirector del Centro de Migraciones Internacionales, CEMI, de la UH.

Su amplia hoja de servicios recoge la membresía en instituciones como el Tribunal Nacional Permanente de la República de Cuba para la obtención de grados científicos en Ciencias Históricas, desde 2003; y la Cátedra Benito Juárez, Universidad de La Habana.
Y si tantos cargos y responsabilidades no le han alimentado la vanidad y la autosuficiencia, es precisamente porque considera el saber un permanente proceso de aprendizaje.

Antonio Aja es de procedencia Norteamérica. Emigró con sus padres para Cuba en el año 1960, por lo que quizás ese sea el motivo de su atracción por los temas migratorios. En la actualidad es Director del Centro de Estudios Demográficos Migratorios,  CEDEM. Allí conversemos con él.

-¿Qué sintió cuando estuvo frente un auditorio por primera vez?

Responsabilidad y un poco de felicidad. Es la capacidad de pararse delante de un grupo de estudiantes que esperan por ti, por el conocimiento, por un punto de vista sobre una materia determinada, o como en muchas ocasiones, sobre la vida misma.

-¿Y después de tantos años que siente cuando imparte conocimientos?

La misma responsabilidad y quizás un poco más de felicidad de poder hacerlo después de tantos años…

-Usted se graduó en 1975 en la Universidad de La Habana. ¿Qué diferencias percibe entre la actual casa de altos estudios con la de su tiempo?

Antes de plantearte la diferencia que tiene, destaco que posee una similitud importante. En la década del 70 del siglo XX se produjo en la Universidad de La Habana y todas las universidades del país una revolución dentro de la revolución, porque comenzaban a acceder masivamente trabajadores y jóvenes a estos centros y había también un proceso en contra de la pasividad.

En los años 70, en la Universidad de La Habana no se dormía, sobre todo, en La Colina Universitaria; por entonces estudiaba Historia y recuerdo que la biblioteca estaba abierta hasta por la madrugada; las aulas permanecían encendidas siempre porque había cursos para trabajadores y por el día los cursos regulares, es decir, había una vida universitaria intensa. Ésa es la diferencia.

-Entonces, ¿quiere decir que en la actualidad no hay intensa vida universitaria?

No la hay.

-¿En que se basa para decir que no existe intensa vida universitaria?

En varios factores, uno es que el Período Especial marcó la diferencia en el orden de ampliación de los horarios, quizás, dentro de La Colina. Otro factor es que en la actualidad hay una vida universitaria que no se ciñe sólo a ese ámbito. La Universidad de La Habana se ha multiplicado muchísimo, ahí está la universalización de la enseñanza, las sedes municipales.

Añoro que la Colina Universitaria, con las facultades que se encuentran en ella, Matemática, Derecho, Filosofía, Sociología, vuelvan a tener aquella vida tan intensa.

-De las materias que ha  impartido, ¿con cuál se siente más identificado?

Con todas, no puedo decir una específica. Me considero una persona que se ha ido moviendo dentro de las Ciencias Sociales. Estudié Historia y he enseñado Historia, sobre todo Historia de Cuba, y en los últimos años también Historia sobre los Estados Unidos. Impartí, además, Filosofía, sobre todo en el momento en que había una división entre la filosofía marxista y un supuesto  materialismo dialéctico, materialismo histórico, donde hoy se superó esta  división, pero  en aquellos momentos existía. En estos momentos lo que me hace sentir realizado es  enseñar Sociología de las Migraciones y  la Historia de las Migraciones.

-¿Qué significa para usted la Universidad de La Habana?

Es una parte importante de mi vida porque siempre aspiré a estudiar en ella, anhelé trabajar aquí. Soy un admirador de la historia de la Universidad dentro de la Historia de Cuba; es decir, hoy yo no me situó en otro lugar que no sea la Universidad de La Habana.

-¿Qué le proporciona en lo personal la Universidad?

En gran medida mi formación como ser social, como profesional. Me aporta al sentido de mi vida.

-¿Que usted le ofrece a  la Universidad?

Muy poco en relación con lo que ella me ha brindado. Todo lo que he podido realizar como profesional -mis clases, alumnos, investigaciones-. Creo que a todos nos aporta mucho más de lo que nosotros a ella.

-Además de profesor, a usted se le conoce como uno de los más destacados investigadores sobre la emigración cubana hacia los Estados Unidos. ¿Qué lo motivó a incursionar en este tema?

Me dediqué a él por una reorientación profesional. Cuando hice el doctorado en Ciencias Filosóficas, mi tema estaba vinculado con los problemas en la construcción del socialismo. Después de mi tesis vino el derrumbe de campo socialista y desde ese momento me propuse dar una lectura diferente a los problemas del socialismo. También, porque el contenido de las migraciones permite miradas múltiples, interdisciplinarias, transdisciplinarias, las exige y eso es un reto, un desafío. Por eso me gusta.

Esto me llevó a incursionar en algo que es  vital en la política,  en la historia de Cuba. En gran medida me hizo dedicarme al tema, ponerle más corazón; también tiene que ver con mi vida.

-¿Con su historia personal?

Sí, soy hijo de padres emigrantes; viví en los Estados Unidos hasta los siete años. Esto no me hizo dedicarme al tema, pero sí darle una mayor atención y dedicación, y en la medida que fui entrando en él, me apasioné.  Hoy es una temática fundamental en el debate contemporáneo de las Ciencias  Sociales, decisivas para la historia futura de muchísimas regiones del mundo.

-Cuando investiga, ¿hasta qué límite siente que es una persona curiosa?

Soy muy curioso, aunque no lo exteriorizo. Eso ayuda muchísimo al investigador.

-Después de 15 años indagando sobre las principales causas que provoca que los cubanos migren hacia los Estados Unidos, ¿cómo Aja asume desde el punto de vista personal esas tendencias?

Yo defiendo el criterio de que hay elementos regulares de las migraciones que se están cumpliendo en Cuba, como se manifiestan en otras partes con relación al tema de la emigración hacia los Estados Unidos. Hay particularidades, por supuesto, que tienen que ver con la politización que los Estados Unidos le  imprimen al tema, con una historia  migratoria conflictiva. Pero hay otras que cada vez más se asemejan a  las condiciones generales de los flujos migratorios del mundo.

Pienso que vamos a vivir todavía una buena etapa de la historia donde continuaremos viendo que muchas de esas tendencias se mantienen, independientemente de que cambie una administración norteamericana. El problema es mucho más complejo  que eso.

-Por su labor como profesor e investigador le han conferidos premios y reconocimientos. ¿Qué siente al recibirlos?

Siempre que reconocen nuestra labor se siente satisfacción. Quien diga lo contrario no creo que sea real. En lo poco que he sido reconocido -no lo digo como algo que deba haber sido más-, me hace trabajar más, esforzarme cada día.

-El Apóstol en el año 1878 expresó: “La instrucción abriendo vastos caminos desconocidos, les inspira el deseo de entrar por ellos”. ¿Se considera usted uno de esos hombres ávidos de saberes?

Mi vida como profesional ha partido en gran medida de un esfuerzo personal muy grande, de una lucha contra adversidades, me considero también un autodidacta, por lo que soy uno de los hombres a los cuales Martí se refiere.

Esta entrevista forma parte del libro en preparación Nosotros, los del 280, escrito como examen final del género por alumnos de Periodismo de la Facultad de Comunicación de la Universidad de La Habana, a propósito del aniversario de la casa de altos estudios cubana.

 

 

OJERAS DE UN MEDIODÍA

OJERAS DE UN MEDIODÍA

JUSTO PLANAS CABREJA,
estudiante de quinto año de Periodismo,
Facultad de Comunicación,
Universidad de La Habana.

¡Y qué me dicen del Machado! El inolvidable comedor de la Universidad de La Habana, vecino de la Facultad de Artes y Letras, innovador en la cocina y tan especial en su trato al estudiante.

Allí se ofrece un menú distinto cada día. Platos fuertes: proteína vegetal, pescado, pollo y a veces “―” (ese día no hay plato fuerte). Además, arroz, frijoles y sopa de sustancia (sustancia gaseosa esta). Y para quienes se preguntan si existe un plan de confección serio del menú: arroz con leche (a mí me deja sin palabras). Una vez me dijeron que la especialidad de la casa era el pan y yo tengo en el pan nuestro de cada día la fuerza suficiente para enfrentar los turnos de la tarde.

Pero alimento siempre hay en la bandeja y agua en la nevera. Otra cosa ocurre con el vaso y la jarra. Estos parecen luna y sol, cuando hay uno falta el otro, aunque a veces existen eclipses.

“¿Qué más quieren por 50 centavos?”, deben preguntarse nuestros abnegados tíos y tías que, como buenos familiares, preparan los alimentos. Si yo fuera malagradecido les diría que no son los productos, sino cómo los elaboran, lo que quita el apetito. Pero como no lo soy, mejor hago silencio y pago el tiquet.

¡Vamos todos a pagar el tiquet! Bajamos la rampita, ¿saben cuál? Está abierto el cajero, pero… no hay nadie. No se preocupen: la cobradora está almorzando. (Es su derecho.) Mejor hablamos con la mujer de la cruz. (Ella es la encargada de poner una cruz en la tarjeta antes de coger la bandeja.) Seguro que cuando escuche nuestra historia nos deja pasar. Pero no vamos a molestar a esa noble señora porque en el papel todo puede hacerse realidad.

Retrocedamos en la historia. Esta vez hay cola. No importa, el primero es un amigo del pre y nos va a comprar el tiquet. ¡Por fin la cobradora! Está conversando con una mujer sobre… ¿tinte de pelo? Pero ya recibió nuestra tarjeta. La coge, la suelta, ahora juguetea con ella. “¿Existe un tinte color tabaco?” La soltó de nuevo. ¡Ya es hora! Sí, ya es hora de ir a clases. Pero, claro, esta historia forma parte de la ficción.

Y bastante de ficción tiene porque la versión real de nosotros, los estudiantes de la UH, es distinta… Canta, oh, crítico ojo, la cólera de los que cada mediodía hacemos la cola del Machado. Porque tiene una cola larga, siempre convulsionando con cada lengüetazo de sol. Cola gorda a la entrada, y casi difusa al final: llegar y pedir el último no es costumbre. Los últimos siempre son los primeros. ¿Y al final? Los mismos rostros: buenos prójimos que disfrutan del paisaje hasta dos horas. Empujón a empujón el Principito, Aliosha Karamazov y otros tantos caminarán hacia atrás como el cangrejo; y quién sabe si descubran un libro interesante entre los que se venden ahí cerquita.

El Machado es… lo real maravilloso. Es como la luna llena. Allí el hombre se transforma como Mackandal en bestia. No es fácil jugar al súper humano en el aula para coger el garrote camino al comedor. No hace falta ser estudiante de Derecho para conocer el código penal de la selva. Después de todo, la ficción tiene mucho de veraz. Porque todos formamos parte de esta historia. Y el punto final, ese, lo ponen ustedes

 

“EL FOTÓGRAFO MÁS FELIZ DEL MUNDO”

“EL FOTÓGRAFO MÁS FELIZ DEL MUNDO”

Jorge Oller Oller, uno de los hombres que más coberturas periodísticas realizó durante los viajes de Fidel Castro por Cuba y el mundo.

ALBA G. LEÓN INFANTE,
estudiante de primer año de Periodismo,
Facultad de Comunicación,
Universidad de La Habana.

La  primera vez que Jorge Oller Oller retrató al líder del Movimiento 26 de Julio fue cuando salió de  la prisión de Isla de Pinos, en 1955: “Me encontraba en la terminal de trenes cuando Fidel se asomó a una ventanilla con una banderita cubana y capté esa imagen.” Más de medio siglo ha pasado desde aquella instantánea y aún su voz se estremece al recordar el momento. El contraste entre la mole de hierro y el joven revolucionario quedó eternizado por el hombre que años después acompañó incontables veces al Comandante en Jefe en sus viajes por Cuba y  el mundo.

“No volví a hacerle otra foto hasta después del triunfo de la Revolución. Al trabajar junto a una persona tan importante a veces me parecía que no lo hacía bien, que siempre lo podía concebir mejor. Para mí era un halago, un estímulo, estar cerca de Fidel; y a la vez, me sentía impresionado, porque Fidel impresiona.”

Al Comandante no le gustaba que le tomaran fotos con flash cuando estaba hablando, decía que le borraba la idea que tuviera en la cabeza en ese momento, según cuenta Oller: “Cuando él se encontraba en un lugar donde había poca luz, yo caía en una disyuntiva porque si no usaba el flash, la foto no salía bien, pero si lo hacía, a él le molestaba. Cuando no quedaba más remedio, me decía a mi mismo: ‘Si hay que hacerlo, lo hago, y después, que me diga lo que quiera’.

“Hay otra cosa, Fidel no es como los demás políticos, a él no le gusta detenerse para posar, de modo que yo debía adivinar el momento preciso para no interrumpirlo si daba un discurso, por ejemplo, o si prestaba atención a algo importante.”     

No siempre vieron los ojos de Oller al Comandante a través del lente de la cámara. También tuvo la oportunidad de compartir y siempre aprender del líder de la Revolución: “Me sentía el fotógrafo más feliz del mundo, y a la vez el más preocupado. ¿Cómo  no iba a ser feliz si mi preferido era el tema humano y Fidel siempre habla de humanidad?”

Cuando piensa en la importancia que tuvo para él haber acompañado como fotorreportero del periódico Granma al líder de la Revolución, una sonrisa llena su rostro y apenas encuentra las palabras que describan la emoción: “Para mí es un honor y orgullo haber sido quien en tantas oportunidades lo fotografiara.”

Los espejos del Palacio de la Moneda, en Chile, son inolvidables para este hombre. No por vanidad, sino por el ingenio con que supo utilizarlos en la recepción que le ofreció allí el presidente Salvador Allende al Comandante.

“Los fotógrafos apenas teníamos movilidad porque el salón estaba lleno de personas. De Fidel solo alcazaba ver la cabeza, pero a Allende, como era tan bajito, no lo divisaba en absoluto y no podía irme sin una foto de esas dos personalidades juntas. Entonces, me percaté de los espejos; había uno muy grande a través del que se veían ambos presidentes y aproveché mi ángulo para tomar una de las pocas fotos que existen de ese encuentro.”

Chile fue uno de los países de América  que visitó Oller como parte del equipo que siempre acompañaba a Fidel en sus viajes. También estuvo en Ecuador, Venezuela, Nicaragua, Perú, México, Guyana y  Estados Unidos, en la sede de las Naciones Unidas de Nueva York. Su cámara atrapó imágenes de gran parte del mundo: África, Asia y Europa. Recorrió toda la geografía que conformaba el ex campo socialista y repitió su visita a la Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas unas doce veces.

La suerte es una constante siempre presente en la fotografía y esa condición puede salvar o destruir el trabajo de los gráficos. En ocasiones perjudicado, en otras favorecido, Oller también fue blanco de la casualidad.

“Una vez yo debía cubrir el recibimiento que daría Fidel a una personalidad en el aeropuerto. El carro del periódico se rompió y fui el último en llegar -¡el último!-. Cuando entré, vi a los demás fotógrafos situados del otro lado de la pista y Fidel ya estaba  estrechando la mano del visitante. Después del saludo, para mi sorpresa, se viraron hacia donde yo estaba. Los demás no podían hacer nada porque sus objetivos estaban de espaldas, mientras yo pude  tomar mis fotos.

“¿Eso pasó porque yo era  buen fotógrafo? No, fue por casualidad y a veces las casualidades influyen mucho en este trabajo. Siempre se debe tratar de salvar la situación, y cuando se adquiere cierta experiencia, hasta logramos anticipar lo que sucederá, pero la fotografía es un oficio condicionado por las imprevisiones”.

El ingenio es una cualidad que distingue a Oller. Los años de experiencia desarrollaron en él un sexto sentido que impregna a cada imagen suya un sello característico: “Toda persona tiene su propio estilo; yo también tenía el mío, pero cuando te mandan a cubrir un evento debes ajustarte a la situación, no puedes pedirle a los participantes que repitan un gesto o mantengan una pose.

“En la fotografía de noticia el estilo está en la habilidad de captar la imagen en el momento preciso. Para  lograr eso hay que tener intuición, saber lo que va a ocurrir, dónde y cuándo, y valorar las posibilidades reales de captarlo. El oficio de fotógrafo es muy bonito, ingrato a veces, pero si eres observador, si eres pillo, por decirlo de alguna manera, y una persona que sabe sobreponerse a los obstáculos, siempre logras un buen trabajo para llevar al periódico y publicarlo.”

Los ojos de un fotógrafo distinguen detalles que para la mayoría de las personas son insignificantes, las luces y las sombras tienen un mensaje y una intención estética, pero la labor de los fotorreporteros está condicionado por la inmediatez y la improvisación. Para lograr un buen resultado “a  veces es necesario hacer lo contrario de lo que hacen los demás, porque de otra manera todas las fotografías serían iguales.

“Recuerdo unos juegos centroamericanos que se celebraron en nuestro país en los que en el evento de campo y pista la ganadora se desmayó después de cruzar la meta y todos los fotógrafos se acercaron para retratarla; yo me quedé a unos metros y capté la imagen de la muchacha rodeada por los fotógrafos, lo que tenía más dramatismo aún. En ocasiones fue premeditación; en otras, pura suerte.”

Oller laboró en el periódico Información como reportero gráfico,  luego pasó a El Combate y cuando cerró éste, comenzó en el diario Noticias de Hoy, donde fue jefe de Fotografía. Ese diario y el periódico Revolución se fusionaron el 4 de octubre de 1965,  así surgió Granma, del cual es fundador y donde trabajó hasta su jubilación en 1992.

-¿Qué transformaciones tuvo el periodismo después del triunfo revolucionario?

Antes de 1959 el periodismo era crónica roja, crónica social, deportes, sucesos y lo concerniente a problemas con la policía; eran esos los campos que había y yo pasé por todos. Pero la vida tenía otro punto de vista entonces; tal era así, que si el anunciante de la Coca Cola, por ejemplo, no colaboraba con el periódico, el fotógrafo debía buscar la manera de que en ninguna de sus fotos apareciera un anuncio de ese producto.

“Tras el triunfo revolucionario hubo un proceso de cambio en la forma de presentar la noticia. También trajo un salto tecnológico en la fotografía: antes, el símbolo del reportero gráfico era una cámara  conocida como Speed Grathic , muy grande,  pesada como diablo y que costaba más que el carné de periodista. Luego aparecieron las cámaras chiquitas de 35 milímetros que eran mucho más fáciles de trasladar.

“Con la computación ahora es más fácil, más bonito, tomas una foto, la ‘arreglas’ en PhotoShop, y ya está; pero lo que vale es la imagen que se toma y lo que significa para quien la ve.”

Las fotografías de Jorge Oller ilustran varios libros cubanos que abarcan temas sociales y políticos. Algunos títulos son El médico de la familia en la Sierra Maestra, de Marta Rojas, Cuba-Chile, junto  con Pablo Pildaín y Aramís Ferrera, y Cien Imágenes de la Revolución Cubana 1953-1996 (colectivo de fotógrafos). Ahora él crea su propio libro, en el cual recoge pasajes y datos de hombres que han inmortalizado momentos relevantes o cotidianos, pero que están prácticamente olvidados.

“Desde que estudiaba en la escuela de Periodismo fui anotando historias que me contaba Julio Lagomasino, profesor de gran afecto hacia mí. Con el tiempo noté que esas anécdotas reflejaban cómo se trabajaba en aquella época y tuve la idea de recogerlas en un libro como una manera de recordar a quienes en su tiempo fueron grandes fotógrafos, las obras legadas, y también dejar constancia de sus vidas. Por lo general, las personas recuerdan las fotografías, pero pocas veces al fotógrafo.”

En 1999 Oller fue distinguido con el Premio Nacional de Periodismo José Martí por la obra de toda una vida y suman más de una veintena los premios y distinciones con que ha sido reconocido. Entre ellos destacan el Juan Gualberto Gómez (1995) y la Félix Elmuza (1985), ambos entregados por la Unión de Periodistas de Cuba, y el Sello 60 Aniversario de la CTC (1999).

Nació en Barcelona el 2 de diciembre de 1929 y junto a su familia emigró a Cuba en 1936, durante la Guerra Civil Española: “Yo soy nieto de un catalán mambí. Mi abuelo vino a Cuba con 16 años y en las tropas de Máximo Gómez se hizo a la guerra. Cataluña es una región que se considera fue invadida por España, por eso cuando él estuvo aquí, en lugar de pelear a favor de la Metrópolis luchó contra ella.

“Al terminar la guerra volvió a Europa, se casó y tuvo seis hijos. Cuando empezó la Guerra Civil, mi padre, que era cubano, enfermó de gravedad y no podíamos quedarnos allá porque no había medicinas ni alimentos, de modo que nos regresamos a Cuba.

“Mi padre era fotógrafo, tenía un estudio en Barcelona. Por eso digo que nací en un estudio fotográfico y, por tanto, en mí surgió un temprano interés por la fotografía.

-¿Jorge Oller se considera cubano o catalán?

“Mi familia es catalana, pero toda mi vida la hice en Cuba y heredé  el amor de mi padre y mi abuelo por esta tierra. Soy tan cubano como catalán y me siento muy orgulloso de ello.”

(Para la realización de este trabajo, agradecimiento especial al fotógrafo Jorge Valiente López, amigo del entrevistado)

Esta entrevista forma parte del libro en preparación sobre los Premios Nacionales de Periodismo José Martí, escrito como examen final del género por alumnos de Periodismo de la Facultad de Comunicación de la Universidad de La Habana.

FICHA TÉCNICA:

Objetivo principal: Conocer sobre la labor de Jorge Oller Oller como fotógrafo y sobre sus raíces catalanas.

Objetivos colaterales: Divulgar experiencias y anécdotas de Oller como el fotógrafo de Fidel; Conocer el tema del libro que escribe en estos momentos; Obtener su opinión acerca de las diferencias entre el periodismo actual y antes del triunfo revolucionario; Teniendo en cuenta sus raíces, saber si se define como cubano o catalán.

Tipo de entrevista:

Por los participantes: individual.
Por su forma: mixta.
Por su contenido: de personalidad.
Por el canal que se obtuvo: directa (cara a cara).

Tipo de título: cita directa.
Tipo de entrada: de anécdota del entrevistado.
Tipo de cuerpo: mixto     
Clasificación de las preguntas: 1-abierta; 2- alternativa.
Tipo de conclusión: de opinión o comentario del entrevistado.

Fuentes consultadas:

Directa:  www.cubaperiodistas.cu   (20 de noviembre de 2008).
Indirecta: Jorge Valiente López, amigo y compañero de trabajo del entrevistado.  (1ro de diciembre de 2008).

EL PERIODISMO SE ESCRIBE TAMBIÉN EN BRAILLE

EL PERIODISMO SE ESCRIBE TAMBIÉN EN BRAILLE

La invidencia no le impidió a Susan Cuéllar Sánchez realizar su sueño de ingresar a la Universidad de La Habana.

LÁZARO MANUEL ALONSO CASTRO,
estudiante de primer año de Periodismo,
Facultad de Comunicación,
Universidad de La Habana.
  
Aquel 14 de octubre el destino quiso, en un alumbramiento prematuro, suprimirle a Susan Cuéllar Sánchez el privilegio de existir. Sus pulmones, casi asfixiados,  no respondían al cuerpo. Fue entonces que una cuna sin peluches ni marionetas, rodeada de aparatos y fuertes luces, alojó a la recién nacida.

Por más de 11 días los familiares de la niña estuvieron en vela esperando el restablecimiento. Al cabo de ese tiempo, después de tanta incertidumbre, el grupo abnegado de doctores que la atendía arrancó a la muerte la vida de la pequeña. Pero el oxígeno suministrado durante la recuperación dejó una lesión en sus ojos verdes, lesión que hoy le impide poder discernir entre luces y sombras.

Hoy, a los 19 años, esta muchacha dice que superar la timidez dejada por la incapacidad fue bastante complejo, pero no imposible. Para validar esta afirmación basta con verla caminar por las calles, acompañada siempre del bastón y una máquina de escribir en Braille. En la  salida de la Facultad de Comunicación, donde se prepara como futura periodista, nos encontramos para conversar sobre por qué la inclinación hacia la carrera.

“Cuando nací mi familia vivía en el Lawton. Allí tuve los primeros amigos y los juegos de infancia, hasta los seis años en que nos mudamos al Vedado. Desde entonces todo fue diferente, pues las personas que  conocí eran demasiado independientes, todos actuaban como si no les importaran los demás. Los mejores recuerdos de esa etapa los tengo de la escuela. Asistir todos los días me resultaba fascinante, ya que en ella encontraba el espacio propicio para interactuar con otros niños.

“El interés por el periodismo viene a causa de esa tía abuela maravillosa que tengo. Cuando terminaba de recibir las clases ella cuidaba de mí y trabajaba en  las labores de la casa. Siempre escuchaba la radio, a veces lo hacía de noche hasta muy tarde. Ante la falta de vista, la magia del sonido me cautivó.

“Después de ingresar a la secundaria básica analizaba las cosas desde otra perspectiva. Comencé a interesarme por las formas de hacer informaciones y de expresarse los locutores. Comprendí lo necesario de ser claros a la hora de escribir y lo grande de esas personas que poseen la preeminencia y el reconocimiento de toda la sociedad”.

-¿Cuán independiente es Susan?

Bastante, pero me faltan pasos por dar todavía. Puedo salir, montar la guagua, barrer, limpiar y hacer otras labores, aunque todavía temo a la cocina. No necesito ir de la mano con alguien que me guíe, sé usar el bastón para orientarme en cualquier lugar.

-A la Escuela Especial para Ciegos y Débiles Visuales llegaste a muy temprana edad, ¿cuánto aportó a tu formación?

La escuela especial fue de gran ayuda para mí. En ella descubrí el valor de la verdadera amistad. Además, contribuyó, de cierta forma, a abrirme paso ante la vida. Tal vez los maestros de allí pudieron hacer un poco más por la independización de todos sus estudiantes, como fomentar relaciones con niños de otras escuelas, para así conocer la realidad que ahora nos toca. Ese distanciamiento, por llamarlo de alguna forma, es la causa de que el cambio de enseñanza para muchos discapacitados sea brusco.

Hoy no sucede así. Los muchachos conocen un poco más la vida hacia el exterior de la escuela, existe la interacción, y el paso de un nivel a otro no golpea tanto.

A quienes pregunté por las cualidades de Susan coincidieron en decir que se caracteriza por la sencillez y la honestidad y que para ella cada individuo es importante, auqnue es muy selectiva al escoger a sus amigos. Este y otros criterios similares me motivaron a inquirir al respecto.

“En realidad, nadie anda por el mundo convirtiendo en amistades a todas las persona que conoce. Yo no soy la excepción de esa regla. Para alguien ganarse esa distinción debe primero demostrar que realmente merece serlo.”

-De pequeña sentías temor a enfrentar la sociedad, ¿cómo logras vencer esa timidez?

Desde la consolidación de mi deseo de ser periodista me propuse superar esa barrera y lo hice. No se concibe un profesional todo el tiempo necesitado de información e investigación que tema interactuar con los demás, aún cuando carezca de una facultad. No tuve una técnica especial para lograrlo, solo me impuse pequeñas metas y las fui rebasando.

El apoyo familiar y el de los compañeros del tecnológico donde transcurrió mi etapa de preuniversitario fue crucial. Ellos proporcionaron, sin darse cuenta, las oportunidades para que alcanzara soltura y perdiera el miedo.

Ahora temo el resurgir de esa timidez, pues en ocasiones siento temor al responder en el aula. Pero yo sé que saldré adelante. 

-Si desde pequeña sentiste vocación por el periodismo, ¿por qué ingresas a un politécnico de Bibliotecología?

Mi deseo era estudiar en un preuniversitario, pero se exigía un promedio al cual yo no llegaba. Bibliotecología fue de las opciones para valorar, y como se relacionaba con el periodismo me decidí por ella. Además, vi en ésta la oportunidad de llegar a la carrera con más preparación. Sobre todo, porque permite la relación con los libros.

El politécnico significó algo grande, pues consolidó mi seguridad. Más allá del aporte académico que adquirí, recibí una clara concepción de la realidad. Aprendí a aceptar ayuda y a pedirla, a compartir y a ser sociable.

Sorpresa, programa de participación de la emisora Radio Rebelde, es uno de sus espacios preferidos. En los estudios de grabación tuvo el primer contacto con los medios masivos de comunicación.

“Yo soy oyente asidua del programa. Hace algún tiempo, en un periodo de vacaciones, un grupo de muchachos decidimos conformar un equipo y presentarnos en competencia. Lo disfruté grandemente por el conocimiento aprehendido y por la interacción con las interioridades del medio radial. Esto consolidó, sin dudas, mi amor por el periodismo.” 

-La lectura en el sistema Braille requiere de esfuerzo y mucho tiempo de estudio para el aprendizaje, ¿cómo logras sobreponerte a lo complejo de su comprensión?

Antes yo podía ver algunas letras grandes por mi ojo derecho, no con mucha nitidez, pero sabía reconocer lo escrito. Cuando mi visión fue en detrimento tuve que acudir al Braille. Al principio le hice rechazo porque no me adaptaba a la invidencia total.

Lo más embarazoso resultó ser el cambio en sí, a veces creía que podía leer, hasta que por fin logré emplear las manos en lugar de la vista. Muchas veces dejé el libro Noticia de un secuestro -reportaje novelado de Gabriel García Márquez sobre el narcoterrorismo colombiano-  por lo difícil de hacerlo en Braille; pero continué hasta terminarlo. Ya he leído casi toda la obra de este escritor. Soy perseverante, eso me ayudó a llegar donde estoy.

-¿Por qué la preferencia por la literatura de este autor?

Sus producciones acapararon mi atención desde Noticia…. El tratamiento que hace de los temas y la profundidad de las narraciones son excelentes, creo que por eso estoy tan comprometida con esos textos. Además, tiene una forma peculiar de tratar el dolor interior y la perseverancia, algún día quisiera parecérmele.

-El país enfrenta dificultades con la adquisición de medios para discapacitados, ¿qué recursos empleas para minimizar los efectos de estas privaciones en tu formación?

La situación con los materiales para ciegos y débiles visuales es bien compleja, no solo nos toca a nosotros, sino a cada uno de los necesitados de instrumentos especiales para el aprendizaje. A veces la máquina se rompe y la escuela no puede darnos otra, pues las tiene concebidas para la enseñanza de los niños que comienzan a instruirse.

Desde inicio del curso la he cambiado en más de cinco ocasiones por las frecuentes roturas y he recurrido a la grabadora, uno de los medios para paliar la ausencia del Braille. Esto resulta difícil, pues tengo que transcribir todo y me resta tiempo.

Los compañeros de aula colaboran conmigo en la toma de notas cuando me retraso, y recibo su ayuda en la comprensión de materias como Gramática, una de de las más complejas, por los análisis y la simbología empleada.

La amplia diversidad de conocimientos de Susan no se limita a los intelectuales propiamente. Desde bien pequeña conserva una relación peculiar con la música.

“A los siete años me integré al Coro Nacional Infantil dirigido por la maestra Digna Guerra. Allí desarrollé un gusto particular por la canción clásica. Aprendí a apreciarla y conocí la obra de Bach, Mozart y Vivaldi.”

El ingreso a la educación superior se produjo en momentos importantes para su vida. La elaboración de la tesis de graduación de Bibliotecología así lo confirma. Orientar el estudio hacia diferentes direcciones requirió de ella largas jornadas de preparación.

“Mi arribo a la Universidad fue por exámenes de concurso. Yo sabía lo complicado que era, pero asumí el reto. Coincidieron en ese tiempo las pruebas finales del tecnológico, la preparación para entrar a la carrera y la investigación para la tesis. Tuve que hacer de maga y dedicar espacios a la búsqueda de información para el trabajo de grado, a escuchar la radio y al incremento de mi cultura general integral.

“Hasta largas horas de la noche permanecía estudiando, porque en la madrugada es cuando mayor tranquilidad encontraba, pues la vorágine de la casa me impedía alcanzar concentración durante el día. Cuando llegaba del trabajo, mi mamá dictaba los textos que debía aprender para que los transcribiera al Braille, y en la madrugada yo memorizaba todo.

-Y después del ingreso a la Universidad, ¿cuáles son las mayores dificultades que enfrentas?

La lectura. En casa recibo colaboración de mi familia en todo lo posible; pero muchas veces no tienen tiempo, pues trabajan. También el uso de Internet se hace complejo, pues no puedo acceder a los navegadores debido a la falta de un programa que de sonido a los textos. Por eso requiero de la solidaridad de mis compañeros. Con ellos no tengo problemas,  recibo la mayor colaboración de su parte.

-¿Qué sueños no quisieras dejar de realizar?

Muchos. Uno grande sería tener una familia con niños. A veces imagino mi hogar lleno de pequeños rodeados de amor. Otro anhelo es ejercer como periodista en la radio, es un medio apasionante. Espero con ánimo llegar al segundo año de la carrera para hacer las prácticas laborales en una emisora.

Llega la noche, pero no le preocupa: “No le temo, he aprendido a dominar sus misterios desde bien pequeña”, dice.  El movimiento arriba y abajo de su pierna izquierda denota preocupación por algo. Ella sabe que siempre los periodistas ponemos todo en el inicio, pero dejamos para el final una buena dosis de carga emotiva. La pregunta no se hace esperar.

-Qué mensaje enviarías a esas personas que conviven con una limitación y todavía no deciden incorporarse a la sociedad.

No sé si mi ejemplo sea el mejor, pues en otros lugares hay personas que sobresalen por la grandeza con que enfrentan situaciones más complicadas. Yo digo que no existen fronteras ni imposibles, solo nosotros somos nuestro propio límite.

Para lograr triunfar hay que romper las barreras psicológicas, pues son las verdaderamente dañinas y nos sumen en el desaliento total. Todo lo que nos propongamos podemos realizarlo, solo basta con depositar en cada obra todo el empeño posible.

Ficha técnica:

Objetivo central: Destacar cómo una muchacha invidente logró llegar a la Universidad de La Habana.

Objetivos colaterales: Conocer por qué Susan Cuéllar se orientó hacia el periodismo. Evidenciar cuán complejo fue para ella adaptarse a la lectura en Braille. Conocer cómo logró acceder a la Universidad y cuántos obstáculos ha encontrado después.

Tipo de entrevista

Por los participantes: individual
Por su forma: mixta
Por su contenido: de personalidad
Por el canal que se obtuvo: directo

Tipo de Título: Llamativo
Tipo de Entrada: Retrospectiva
Tipo de Cuerpo: Construcción mixta
Tipo de Cierre: De criterio del entrevistado 
Preguntas declaradas en la entrevista: 1 Abierta; 2 Abierta; 3 Abierta; 4 Criterios divididos; 5 Directa; 6 Abierta; 7 Directa; 8 Directa; 9 Abierta.

Fuentes consultadas:

Heinza Sánchez Vives, madre de la entrevistada.
Migdalia Vives Cabrera, abuela.
Annelys Rodríguez, compañera de la escuela especial para ciegos y débiles visuales.
Gabriel Curbelo, amigo de la entrevistada.
Nancy Peraza Amador, especialista en Oftalmología.

Las fuentes consultadas, según sus clasificaciones, son no documentales, no tradicionales, indirectas, primarias y transitorias.