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Isla al Sur

OBESIDAD, ¿PANDEMIA DEL SIGLO XXI?

OBESIDAD, ¿PANDEMIA DEL SIGLO XXI?

JORGE HERNÁNDEZ ÁLVAREZ,

estudiante de primer año de Periodismo,

Facultad de Comunicación,

Universidad de La Habana

Ficha técnica:

Tipo de entrevista por su contenido: Informativo-noticiosa

Tipo de entrevista por su forma: Clásica

Tipo de título: Interrogativo

Tipo de entrada: Retrospectiva

Tipo de conclusión: De opinión o comentario del entrevistado

Hace mucho tiempo, la obesidad era considerada como un síntoma de salud y fertilidad. Desde la prehistoria, los antiguos le rendían culto con estatuillas como la Venus de Willendorf, y hasta hace algunos años,  eran comunes  en el seno familiar frases al estilo de:

-¡Qué lindo y rollizo está el niño! ¡Qué saludable y ‘'fuerte'' se ve!

Sin embargo, en la actualidad la obesidad es el trastorno metabólico más frecuente en la clínica humana; también, uno de los más precozmente descritos en la historia, constituyendo un problema de salud pública debido a que afecta a una gran parte de la población y, a la vez, condiciona un aumento de la morbilidad y la mortalidad de los individuos que la padecen.

Precisamente y para conocer más sobre esta patología, recurro al doctor José Hernández Rodríguez, profesor instructor y especialista de primer grado en Endocrinología, del Centro de Atención al Diabético del Instituto Nacional de Endocrinología, quien posee una experiencia de más de 10 años en la atención al paciente obeso. 

¿Doctor,  puede usted definirnos qué es la obesidad?

La obesidad es el exceso de tejido adiposo que se manifiesta por un peso inadecuado, relacionado con importantes riesgos para la salud.

¿Qué se considera un peso inadecuado?

En el caso particular de la obesidad, se define como peso inadecuado aquel  igual o superior a 30 kg/m2 de Índice de Masa Corporal (IMC).

Además,  cuando un paciente tiene un IMC superior a 25 kg/m2 e inferior a 30 kg/m2, decimos que está en sobrepeso corporal y es muy importante desde el punto práctico tener en cuenta este término, pues antes de ser obesa, la persona transita por este estado y aquí, de forma preventiva es cuando ya debemos alertarlo, para que comience a realizar medidas de tipo higieno-dietéticas y así evitar  una futura obesidad.

Es de  destacar, que cuando el paciente presenta un IMC superior a 27 kg/m2, aún sin ser obeso, se ha visto que con el decursar del tiempo puede desarrollar las mismas complicaciones, aunque de menor envergadura, que observamos en la obesidad.

¿Profesor, por qué aparece la obesidad?

Aparece como resultado del consumo de una cantidad de calorías mayor que las que el cuerpo requiere, considerándose un ejemplo clásico de la interacción de factores genéticos y del medio ambiente.

No obstante, existen algunas enfermedades, por suerte poco frecuentes, que de forma secundaria pueden contribuir a que el individuo aumente de peso, entre ellas el Síndrome de Cushing, el Hipotiroidismo, en los Insulinomas, en el Hipogonadismo primario, así como en algunos síndromes genéticos, como el Síndrome de Lawrence-Moon-Biedl, Síndrome de Alstron, Síndrome de Prader-Willi,  Síndrome Down  y el pseudo- hipoparatiroidismo.

En ocasiones, una causa que puede contribuir al desarrollo de la obesidad es el uso y abuso de medicamentos del tipo de los corticoides y antidepresivos, entre otros.

¿En su consideración, cuáles serían las principales características de la obesidad?

Entre ellas podemos destacar el ser una enfermedad frecuente, sobre todo en las naciones del llamado primer mundo o  desarrolladas, en particular Estados Unidos donde la tercera parte de la población es obesa y si a eso le sumamos la cantidad de pacientes con sobrepeso corporal la cifra se elevaría a más de la mitad de los habitantes de ese país. Tendencias similares, aunque en menor cuantía, podemos observarla en Canadá y en naciones de Europa Occidental.

En Cuba, según datos de la Segunda Encuesta Nacional de Factores de Riesgo del año 2002, el 12,4% de la población era obesa y el 30,6% eran pacientes que estaban en sobrepeso corporal.

Otra de las características a señalar es que resulta ser una patología creciente, relacionándose directamente con el aumento de los estándares económicos de los diferentes países, lo que implica mayor facilidad de acceder a productos de un alto nivel calórico, que unido a la pobre educación nutricional y el aumento del sedentarismo, hace posible el incremento antes referido.

Lo anteriormente expuesto ha hecho que varios investigadores cataloguen a la obesidad como la pandemia del siglo XXI.

Esta enfermedad que evoluciona de forma crónica en la mayor parte de los pacientes, aumenta la morbilidad, pues constituye un factor de riesgo importante en la aparición de una gran cantidad de enfermedades, entre las cuales se destacan: Diabetes Mellitus, Dislipidemias, Hipertensión Arterial, Cardiopatía Isquémica, Accidentes Vasculares Encefálicos, Síndrome Metabólico, todo lo cual  disminuye la calidad de vida y aumenta la mortalidad de nuestros pacientes.

¿Puede la obesidad facilitar la aparición de otros problemas de salud?

Sí, la obesidad también puede contribuir al desarrollo de otros problemas de tipo médico, como la artrosis generalizada, la artritis gotosa, el aplanamiento de la bóveda de la planta del pie y de los cuerpos vertebrales de la columna, en el orden ortopédico. No obstante, la obesidad también conlleva a trastornos digestivos como, el hígado graso, y a problemas circulatorios, oncológicos y quirúrgico-anestésicos.

Por otra parte, puede aparecer  disminución de la líbido, frigidez e impotencia y dificultades físicas para realizar el acto sexual, además de problemas en la esfera gonadal, que conducen a alteraciones menstruales variables, con posible disminución de la fertilidad.

¿Cuáles son los trastornos sicológicos y sociales más notables a los  que se enfrenta un paciente obeso?

En realidad, se observa con cierta frecuencia en estos pacientes,  miedo e inseguridad personal, pérdida de la autoestima, conductas alimentarias desordenadas, distorsión de la imagen corporal,  depresión y tendencia al suicidio. También es notable el aislamiento social derivado, entre otras cosas, de las dificultades para vestir, usar transportes públicos, los fracasos en la esfera amorosa y la sobreprotección familiar.

¿Cuál sería el costo económico que representa la obesidad para el paciente y la sociedad?

En nuestro medio, donde la atención médica es gratuita, los costos económicos desde el punto de vista individual son escasos, pero socialmente son importantes, por las erogaciones financieras que debe hacer el Estado para sufragar las necesidades del paciente obeso.

¿Doctor, cuáles serían los aspectos fundamentales o pilares básicos en el tratamiento del paciente obeso?

De forma general, los Pilares Básicos en el tratamiento del paciente con obesidad estarían en relación con los siguientes aspectos:

1. Si existe una causa secundaria tratable (Hipotiroidismo, Síndrome de Cushing y otros), tratar y controlar adecuadamente.

2. Dietoterapia.

3. Actividad Física Controlada (Ejercicio).

4. Educación del paciente y de la familia.

5. Psicoterapia individual y/o colectiva.

6. Farmacoterapia.

7. Cirugía.

8. Acciones Terapéuticas Alternativas.

Debo insistir, en que la dieta debe ser hipocalórica e indicada por personal facultado al efecto. Hacer dietas de moda, la mayoría de ellas sin fundamento científico establecido, es contraproducente y peligroso.

La actividad física debe ser orientada por personal calificado y en caso de no contar con él, puede recomendarse si no existen impedimentos físicos que lo contraindiquen, efectuar caminatas por terreno llano, con ropa y calzado cómodo y en un horario donde no exista calor, con una duración que oscile entre 40 a 60 minutos, comenzando con menos si no existe un entrenamiento previo y a un paso que no represente un esfuerzo fuera de las posibilidades reales del paciente.

La Educación del paciente y su familia inmediata, sobre todo en los aspectos antes mencionados resulta imprescindible, unido al apoyo psicológico dado por personal especializado, para el mantenimiento a largo plazo del tratamiento.

Otra alternativa, como la Farmacoterapia, se hace fundamentalmente con pacientes, en los cuales, las medidas anteriores no logran llevarlo a un peso adecuado, mientras la Cirugía Bariátrica, se realiza en los pacientes obesos, cuando estos tienen una obesidad grave o morbosa, siempre y cuando no existan contraindicaciones médicas para su realización.

Dentro de las Acciones Terapéuticas Alternativas, se encuentra el uso de la Acupuntura, la Medicina Tradicional y la Homeopatía, con resultados variables y sobre todo apoyando las medidas higieno-dietéticas antes comentadas.

¿Qué consejos o recomendaciones quisiera transmitir a las personas obesas?

Lo fundamental en estos casos, es tratar de prevenir para no tener que lamentar; es decir realizar una dieta normocalórica balanceada, con una frecuencia de alimentación que evite los ayunos prolongados, que a veces por despreocupación o malos hábitos hacemos y que tanto perjudica a la salud. Evitar los azúcares refinados, el exceso de alimentos ricos en grasa y colesterol, así como aumentar la ingestión de frutas y verduras. Todo esto representa un aspecto importante para prevenir y mantener la salud evitando el desarrollo de  la obesidad, sobre todo si lo asociamos a la práctica de ejercicio físico acorde con nuestras capacidades, posibilidades y preferencias.

Ya cuando existe obesidad, la persona debe ponerse en manos de un facultativo, endocrinólogo o internista, que en coordinación con su equipo de trabajo, nutricionista o dietista, un psicólogo y un licenciado en Cultura Física, indicarán la conducta a seguir.

¿Desearía usted hacer  alguna observación en particular?

Soy de la opinión que es muy importante el papel de los medios masivos de difusión, los cuales deben ser abanderados en la divulgación de los aspectos antes señalados, lo que ayudaría de forma decisiva en la lucha por el bienestar y la salud de nuestra población.

¡VOLÓ COMO MATÍAS PÉREZ!

¡VOLÓ COMO MATÍAS PÉREZ!

IRAIDA CALZADILLA RODRÍGUEZ

Viñeta: Virgilio

Unos afirman que el 28 y otros que el 29 de junio de 1856, pero lo cierto es que sucedió en La Habana, en el otrora Campo de Marte. Dicen que Matías Pérez, eufórico, saludó a los habaneros que llegaron a la plaza y a los que se aprestaban a participar en aquella segunda hazaña como curiosos desde balcones y edificios aledaños. Después, con hidalguía y coraje, subió a la barquilla del globo Villa de París, para emprender el ascenso.

Tanto remontó, que la vista no alcanzó para verle más en aquella noche de viento empujado hacia el mar. Algunos pescadores dijeron que, la última vez, divisaron al viajero cruzando cerca de La Chorrera. Matías Pérez, el aeronauta audaz, había desatado amarras para un viaje que no imaginó sin regreso.

Poco se sabe de su llegada a Cuba desde Portugal, país donde nació. Convertido en uno de los hombres más populares de La Habana de mediados del siglo XIX, había sido capitán de una embarcación de pesca y cosedor de telas para echarlas a pelear contra el viento. Así, su fama de toldero creció entre los hombres entendidos en marinería, y le llamaron el "Rey de los Toldos".

Y si las profundas y salobres aguas de mar fueron para Matías Pérez el amparo económico práctico, su mente anidaba la idea de remontar hacia el reino de las nubes, del Sol y de la Luna. No presagiaba su destino misterioso y su desaparición, enigma o leyenda. Quizás, vanidosamente pensara prenderse una estrella en el pecho.

Tal vez ya sabía de otros intrépidos probadores de fortunas aéreas en esta tierra de sol bravo, entre los que figuraron los franceses M. Robertson y M. Morad, la orleanesa Virginia Marotte, y el cubano Domingo Blinó, este último, un hojalatero que ideó su propio globo y, amante del espectáculo, no desaprovechó la ocasión para regalar al espacio palomas, flores, versos y hasta dos cuadrúpedos en paracaídas (algunos se aventuran a decir que fueron chivos).

Pero su sueño lo avivó el francés Godard, quien realizó maravillas en cada ascenso con el globo Villa de París, durante su estancia en La Habana. Al Campo de Marte acudían curiosos para deleitarse con aquellos malabares que incluyeron vueltas en trapecio y en caballo. Allí también estaba el toldero, deslumbrado por el arte del francés y obsesionado por la pasión de los vuelos.

Entonces, los toldos y su buena hechura le parecieron oficio pequeño y soñó con piruetas en el aire. Se convirtió en ayudante de Godard. Después, por 1 250 pesos le compró el globo, y el 12 de junio de 1856 hizo el primer intento de viajar solo, mientras era muy bien visto en el Campo de Marte.

Una falla en la válvula de escape lo precisó a regular el aire en las alturas y bajar con el artefacto. Hubo, entonces, arrebato por aquel valiente, quien, tozudo, "sacó" otro pasaje a las nubes para 17 días después, cuando definitivamente se convirtió en leyenda después de un ascenso en el que no hubo retorno. Una búsqueda incesante por tierra y mar traía a cada regreso el desaliento de lo irremediablemente perdido.

El vuelo en globo de Matías Pérez, su nombre y hazaña son símbolos de audacia entre los cubanos, quienes evocan a uno de los precursores de nuestra aviación y agradecen el intrépido intento del aeronauta. Pero también nos llega en el hablar cotidiano sobre las cosas perdidas e irreparables con una historia resumida en: "¡Voló como Matías Pérez!".

Otros, los más soñadores, preferimos adivinarlo en alguna señal de las estrellas, como quien regala un guiño y dice que burló el tiempo y la distancia para continuar deambulando incesantemente por el espacio. Así, con el quijotismo de los aventureros y a despecho del olvido, continúa Matías Pérez en las estancias del afecto.

«A VECES SUEÑO QUE JUEGO TODAVÍA»

DANAY GALLETTI HERNÁNDEZ,
estudiante de primer año de Periodismo,
Facultad de Comunicación,
Universidad de La Habana

FICHA TÉCNICA:
Tipo de entrevista: De personalidad, biográfica o de retrato del entrevistado.
Tipo de título: De cita textual
Tipo de entrada: Evocativa o retrospectiva
Tipo de cuerpo: Mixto
Tipo de conclusión: Una frase de impacto que evidencie el final.

Juegos Panamericanos, Centroamericanos; mundiales juveniles, universitarios y Torneos de la Amistad engrosan la lista de triunfos del equipo femenino de voleibol en las décadas del setenta y el ochenta del siglo pasado. Entre las muchachas lideradas por el que fue seleccionado mejor entrenador del siglo XX, Eugenio George, está Emma Bárbara Alfonso Trujillo, atacadora auxiliar del conjunto criollo. Transcurridas casi cuatro décadas, rememora esos sucesos con la ilusión de vivirlos nuevamente mediante las palabras.

Nuestra entrevistada vio la luz en La Habana, el 17 de noviembre de 1959.  Confiesa que nunca pensó ser deportista, lo que le gustaba realmente era la música: «Quería aprender a tocar piano, pero a los ocho años, cuando me llevaron a una convocatoria en la escuela Alejandro García Caturla, la capacidad para estudiar ese instrumento estaba agotada».

En aquellos años conoció a Félix Hernández. Almorzaba en un restaurante cuando el profesor se acercó a preguntarle si le gustaba el voleibol. La niña respondió que sí, entonces le propuso a la madre llevarla a unas pruebas en la Ciudad Deportiva.

«Al conocer los resultados, me informaron que la Escuela de Iniciación Deportiva Escolar (EIDE) me había aceptado. En esa etapa, 1970 1974, mi entrenador fue Eider George Laffita.

«La primera competencia internacional en la que participé fueron los Juegos Juveniles de la Amistad celebrados en Polonia en 1974 y donde obtuvimos el sexto lugar entre los 10 países asistentes. Al año siguiente pasé a la preparatoria con el entrenador Argelio Hernández, quien fuera en 1986 tutor de mi tesis de licenciatura en Cultura Física y, actualmente, secretario de la Federación Internacional de Voleibol de Cuba. En 1976 comencé en la Escuela Superior de Perfeccionamiento de Atletas Giraldo Córdoba Cardín.
 

«Por la participación y los resultados en los Juegos Escolares Nacionales, el departamento técnico de voleibol de la Comisión Nacional decidió que formara parte de las filas de la preselección cubana. En esos años, mis entrenadores fueron Antonio Perdomo (Ñico) y Eugenio George. Aprendí con ellos a dirigir un equipo, la metodología del trabajo, la pedagogía  y la responsabilidad.

«Del rigor, precisión y exigencia en los entrenamientos dependía la victoria de nuestro país en las competencias. Nosotras practicábamos ocho horas al día. En la mañana el trabajo se centraba en la parte física: levantamiento de pesas y correr en las pistas. El horario de la tarde se dedicaba a la técnica y táctica: combinaciones con las pasadoras, remates y saques a zonas dirigidas.

«En la etapa de preparación física general, empleábamos cuatro horas al descanso activo, en el que ejercitábamos otros deportes como fútbol y baloncesto. En el período especial el entrenamiento era muy agotador. No abandonábamos la cancha hasta vencer las dificultades.

«Eugenio les exigía a sus deportistas  disciplina, puntualidad, unidad en el juego y buenos resultados académicos. En una ocasión suspendí Química y por ese motivo no pude participar tres meses en una base de adiestramiento en las montañas alemanas.

«Nos explicaban en cada viaje cómo conducirnos en aeropuertos, restaurantes de lujo y embajadas. En el terreno no podíamos lamentar una mala jugada. El contrario no debía percibir nuestro disgusto. Era importante mantenernos optimistas: “Muchachitas, vamos, hay que cubrir esta zona. Tenemos que seguir adelante. Pégate aquí. Remata más fuerte...”. De eso dependía el triunfo». 

El Mundial de 1978, celebrado en Moscú, fue el primer gran triunfo del combinado criollo. Emma  tuvo una lesión por la que perdió eficiencia en la práctica, y además le impidió alcanzar el rendimiento necesario para ese tipo de eventos. En su lugar fue Josefina Capote. «Me sentí triste —expresa— pero confiaba en mis compañeras. Ellas traerían la presea dorada».

Sus traviesos dedos señalan en una foto a las atletas de la preselección nacional. El paso del tiempo no ha borrado de su mente los nombres que glorifican al deporte cubano: Mercedes Pérez, Nelly Barnet, Imilsis Téllez, Erenia Díaz, Mercedes Pomares... Tampoco olvida a los jóvenes del horrendo crimen de Barbados. En especial recuerda a Virgen Felissola, su amiga.

«A las seis de la mañana dieron la noticia de la explosión en pleno vuelo de un avión de Cubana en las costas barbadenses. Más tarde nos avisaron de que no hubo sobrevivientes, y  que entre  los pasajeros estaba la delegación de esgrima.

«El día anterior al viaje nosotras practicábamos cuando vimos a la guagüita que los llevaba al aeropuerto. Al terminar el entrenamiento, los muchachos de esgrima regresaron por problemas con el avión. Nos dijeron que en Venezuela esperarían por ellos para iniciar la competencia. Fue la última vez que los vi porque se fueron esa madrugada. Desde aquel 6 de octubre de 1976 hasta la fecha hemos estado de luto... el luto nos durará toda la vida».

Retornar al pasado ahogó sus palabras, pero el deseo de expresar todo lo que Virgen Felissola significaba para ella, pudo más que las lágrimas.

«Siendo yo única hija, Felissola era como mi hermana. Si tenía un problema siempre acudía en mi ayuda. Recuerdo que cuando mis padres se divorciaron me aconsejó mucho. Yo le comenté que me iba de la escuela para acompañar a mi mamá en la casa. Ella ripostó mi decisión. Me explicó que en La Habana solo tenía a su hermana bailarina. Ansiaba visitar a su familia en Santiago de Cuba, pero el amor por el deporte le daba fuerzas para no rendirse. Yo te cuento mis problemas —me dijo— no me dejes aquí sola.»

¿Cómo la recuerda?

«Cuando murió tenía 17 años. Su alegría se apagó físicamente pero mi corazón no la olvida. Era inteligente y estudiosa. Su uniforme estaba siempre limpio y su cabello bien peinado. A pesar de su juventud se conducía con responsabilidad, y las derrotas la ayudaban a seguir adelante. Sabía lo que quería en la vida.

«Con ella hablaba de la Revolución. Decía que si Fidel no hubiese bajado de la Sierra, siendo oriental, negra y pobre quizás no habría nacido o estaría arañando la tierra. Vivía enamorada del Che. Le gustaba la foto donde cargaba descamisado un saco de azúcar. Antes de irse me regaló el libro A fin de cuentas, de Boris Polevói. En él un refugiado contaba las atrocidades cometidas por los fascistas. La historia le dio tristeza. Cuando estuve en una base de entrenamientos en Alemania, en julio de 1977, visité el crematorio de Nuremberg que se menciona en el libro».
 
Emma guarda celosamente las fotos del equipo de voleibol femenino. ¡Las primeras morenas del Caribe! Sus ojos brillan cuando ve en una de ellas a Mercedes Pérez, «Mamita».

«Cuando entré a la selección, Mamita Pérez me cuidó como a una hija. Era yo la más pequeña, con 15 años, por eso en las competencias todas las muchachas me  ayudaban a vestirme y maquillarme de acuerdo con mi edad. Mercedes Pérez era una jugadora muy completa, formaba junto a Nelly Barnet  y Mercedes Pomares el llamado “trío del terror”.

«Con ellas no había equipo de voleibol cubano que perdiera, gracias a su destacado desempeño en las posiciones que ocupaban: Nelly y Pomares, jugadoras centrales o principales,  y Mamita, jugadora auxiliar. La quiero y admiro. Expresé, en ocasiones, mis deseos de jugar como ella. Esa  excelente mujer me inspiró desde que supe de la existencia de una malla, un balón y seis personas en un terreno. Actualmente es licenciada en Cultura Física y trabaja en la Dirección Provincial de Deportes, atendiendo allí a los atletas retirados. Después de su regreso del extranjero mantenemos comunicación frecuentemente. 

«Recuerdo con mucho cariño también a Mercedes Roca. Tenía unas manos divinas para pasar. Fue de las primeras atletas en esta disciplina. Le decíamos “roca” por su carácter fuerte y su seriedad».

¿Por qué abandona el deporte activo?

«Las lesiones en los tobillos, el hombro y la cervical impidieron que continuara. Además, las nuevas atletas presentaban talla y características superiores a las mías. Podía aportar también al deporte siendo una profesional del ramo.

«Con mis estudiantes a veces juego 12 minutos. No puedo hacerlo por más tiempo debido a las fracturas. Corro en la pista y hago ejercicios para mantenerme saludable».

Actualmente el seleccionado femenino de voleibol afronta inestabilidad en su rendimiento. ¿A qué se debe esa situación?

«Este conjunto atraviesa por un  proceso de cambios. Las mujeres que lo integran son, en su mayoría, muy jóvenes. Aunque poseen una base de entrenamiento fuerte, les falta madurez en el pensamiento táctico, es decir, se apuran al realizar las jugadas y no observan al contrario. Pienso que es, a nivel mundial, uno de los equipos mejor preparados en cuanto a fuerza y resistencia en la duración de los partidos».

El proyecto humanista de la Revolución devolvió  los derechos a los sectores desplazados de la sociedad. Numerosas familias se beneficiaron con las medidas progresistas implementadas desde los primeros días del triunfo. ¿Qué significó para usted este trascendental acontecimiento?

«De procedencia humilde y raza negra, sin el triunfo revolucionario no hubiese podido ser atleta. Le debo a este, a mi familia y a mis entrenadores todo lo que soy.

«La mayor parte de los atletas, antes de 1959, tuvieron una formación autodidacta. Cuenta mi padre que Rafael Fortún, gloria de nuestro deporte, y  él, practicaban juntos en el actual estadio Juan Abrahantes. Fortún compraba la ropa y los zapatos para  entrenar y competir. En ocasiones no almorzaba, solo bebía una malta. Tras la victoria, pasó a ser entrenador de atletismo».

En la Escuela Latinoamericana de Medicina, donde se desempeña como profesora adjunta, Emma ha obtenido premios destacados en jornadas científicas y eventos de medicina natural y tradicional. Su esposo, Carlos Campbell, perteneció 15 años al equipo de fútbol, en el periodo en que Cuba alcanza sus logros más significativos. Iris, su hija, cursa el cuarto año de la carrera de Derecho.

Cuando estaba dispuesta a marcharme, Emma sujetó mi mano para una última confesión: «A veces sueño que juego todavía».


 

LA MEMORIA COMO SOSTÉN

LA MEMORIA COMO SOSTÉN

IRAIDA CALZADILLA RODRÍGUEZ

foto: José M. Correa

Cifras y datos en mano trae el doctor Justo Chávez Rodríguez. No quiere perderse en detalles porque la verdad es tan concreta que los adjetivos sobran. Para hablar sobre por qué los cubanos no volveremos jamás a ser colonia, le basta mostrar ejemplos del sector educacional, el suyo, el que hoy representa como Académico e Investigador Titular de la Academia de Ciencias de Cuba y del Instituto Central de Ciencias Pedagógicas, respectivamente.

Va atrás en el tiempo. La colonia en 1898 dejó a la naciente república mediatizada un 63,9% de analfabetismo; solo el 5% de los niños de 6 a 14 años de edad asistían a las 312 escuelas primarias existentes; en los seis institutos de segunda enseñanza la matrícula era de 1 186 alumnos (0,7% de cada mil habitantes); la Universidad de La Habana (única en el país) acogía a 381 jóvenes y 107 profesores, y en 170 años había graduado a 8 600 blancos y 198 negros.

Ramiro Guerra en La educación primaria en el siglo XX, publicada en 1955, apunta que el sistema de escuelas públicas se estableció en los años 1900 y 1901, bajo la primera intervención norteamericana y con fines inequívocos de dominación. Ese es el momento en el que se inicia un lento crecimiento que en la década de los cincuenta entra en profunda crisis como resultado de la decadencia económica y social del país.

LA "HERENCIA" QUE RECIBIÓ 1959

Negra y pobre fueron razones suficientes para que Antonia Díaz echara una "pelea contra demonios" antes de que le otorgaran plaza en una escuela de las montañas holguineras de Mayarí, en un lugar apartado e inhóspito al que paradójicamente sus moradores llamaban El Paraíso.

"Antes fui maestra de `banco’, algo que ya no se recuerda, y que consistía en esperar por la ausencia de un docente para hacer la suplencia de la mañana o la tarde. Cuando tuve mi primer puesto fijo me aferré a dar buenas clases y especial atención a los niños y a los adultos. En aquella escuelita trabajaba y vivía en muy precarias condiciones, comía lo que podía y mal me alumbraba con un quinqué. Creo que soy precursora de la alfabetización."

Según un estudio realizado por los doctores Sinesio Santos, Míriam Alpízar y Mario León, del Ministerio de Educación Superior, el Primero de Enero de 1959 recibió como "herencia" más de medio millón de niños sin escuelas, alrededor de un millón de analfabetos, una enseñanza primaria que llegaba a duras penas a la mitad de la población en edad escolar, y la media y superior eran para minorías, en grandes núcleos poblacionales urbanos.

A ello sumaba que 10 000 maestros estaban sin trabajo, la existencia de solo tres universidades públicas (de La Habana, Central de Las Villas y de Oriente), y un presupuesto del curso 1957-1958 que no sobrepasó la irrisoria cifra de 11 pesos por habitante.

El doctor Justo Chávez repasa papeles, e inevitablemente evoca aquella escuela pública para pobres y marginados que casi abandonada a su suerte, falta de recursos y sin planes de estudio suficientes para instruir a los niños en las necesidades de la vida, "contó siempre con maestros abnegados, creativos, con gran amor a la educación y a su misión, quienes posibilitaron el milagro de que los planteles funcionaran y los estudiantes resultaran preparados".

Fue una época, dice, en que a pesar de las circunstancias se formó y fortaleció la cubanía. Sabemos que muchos maestros dejaron el aula para incorporarse a las luchas por la independencia verdadera, lo cual es una forma excelsa de educar. Ahí está la impronta de Frank País. La instrucción podía ser incompleta, pero la formación en valores era rica.

ESTUDIOS PARA TODOS

Hoy el país se sitúa entre las cuatro naciones del mundo con más altos rendimientos en Educación. Y casi no nos parece un "noticiazo", acostumbrados ya a liderar en América Latina en este sector en el que asombran las altas cifras de analfabetismo, los bajos presupuestos del Estado, la falta de políticas educativas, la expansión de la enseñanza privada, el número cada vez mayor de excluidos y la imposibilidad de no pocas naciones de acercarse a la sociedad del saber.

Cuba, sin embargo, desde 1959 a la fecha ha extendido la educación para que su población cuente con ella a lo largo de la vida, y anda ahora hacia el camino de estudios universitarios para todos. De entonces a acá se han graduado más de 800 000 personas en casas de altos estudios, y en vocación solidaria el sistema educacional del país ha posibilitado carreras a alrededor de 18 000 alumnos procedentes de 120 naciones.

En la Mayor de las Antillas uno de cada siete trabajadores y uno de cada 17 habitantes son universitarios, y el indicador del presupuesto para los servicios educacionales se multiplicó hace unos años 29,2 veces en relación con 1957-1958, según un informe del Ministerio de Educación Superior.

En el tiempo la memoria se vuelve escurridiza para algunos. Para otros, tras 48 años vividos bajo bloqueo económico, la memoria es sostén. Antonia Díaz Núñez, hoy vicepresidenta de la Cátedra Universitaria del Adulto Mayor de la Universidad de La Habana, lo dice: "Esta Revolución nos ha dado vida, integridad, respeto".

COMO HIJO PROPIO

COMO HIJO PROPIO

IRAIDA CALZADILLA RODRÍGUEZ

Foto: José M. Correa

Emilio Cordero Michel ha dedicado una gran parte de su vida como académico a estudiar la figura de Máximo Gómez en su trascendencia anclada entre dos patrias. A un lado del corazón El Viejo llevó a República Dominicana, donde nació. Y del otro, entrañablemente, a Cuba, esta tierra a la que dedicó esfuerzos, resolución, lealtad y abnegación, y le hizo decir que en la Guerra de los Diez Años jamás el sol de ella le calentó un día fuera del campamento o del campo de batalla.

El Vicepresidente de la Academia Dominicana de la Historia y Profesor de Mérito de la Escuela de Historia y Antropología de la Universidad Autónoma de Santo Domingo, ha estado en Cuba por unos días. Aquí, se admiraba, el Generalísimo es respetado, asumido como hijo propio y como hombre universal, y su nombre lo llevan una academia militar y escuelas, sus esculturas están ahí, a la vista de todos, y no hay cubano desconocedor de ese mambí maestro de generales.

No hacen falta fechas "cerradas" para que a Máximo Gómez los cubanos le rindan homenaje permanente, que va desde sencillísimos actos escolares y ofrendas florales venidas de las manos de los pequeños, hasta conversatorios y jornadas científicas en las cuales se ahonda en la vida, pensamiento y acción de quien fue el primer guerrillero de América, el militar que estrenó en Cuba la carga al machete en la Guerra de los Diez Años contra una columna de 700 efectivos comandada por el coronel Demetrio Quirós.

Pero Cordero Michel ofrece otra cara de la moneda cuando explica que en República Dominicana Gómez es solo recordado pálidamente, y pone como ejemplo que hace apenas dos años, en el centenario de su muerte, se le dedicó una semana de homenaje que incluyó conferencias, paneles, proyección y debate de películas, ofrendas florales, visita a la Casa-Museo de Montecristi y presentación de varios libros, entre ellos Máximo Gómez: El Viejo Mambí, de la periodista cubana Mercedes Alonso Romero.

"Máximo Gómez en mi país, el suyo, es casi un desconocido, apenas una importante avenida que lleva ese nombre. En Baní, donde nació, se le recuerda con más frecuencia en el aniversario de su nacimiento y allá hay un politécnico donado por los cubanos, en el que unos 400 estudiantes se especializan en diversas disciplinas."

Desconocer la historia responde a una política llevada adelante por diferentes gobiernos nuestros manejados por los yankis, y que intenta desnacionalizar a la juventud dominicana, explica el catedrático. Para detener esta situación y que los más nuevos conozcan su pasado, la Universidad Autónoma de Santo Domingo, a la que pertenezco, intenta crear una cierta base social e histórica entre los estudiantes, pero las deficiencias que arrastran los bachilleres son muy grandes y como consecuencia, pocos los avances.

En ese anidar y desanidar afectos, el historiador llama a estudiar más, en cualquier parte, a la figura emblemática que "no solo brilló en lo militar, sino que fue más que eso: un pensador. Esa es precisamente la arista que menos se conoce, la de un hombre que habló de repartir la tierra entre los campesinos, de socialismo, de la unidad antillana contra los yankis".

En Cuba, señala, conoció la esclavitud y la brutal discriminación racial. Eso lo impactó, pues no era esa la situación en República Dominicana. También lo marcaron las condiciones de vida paupérrimas de los campesinos y colonos.

Entonces, en una vuelta a las notas autobiográficas de El Viejo, se lee: "(...) Cuba, país de esclavos; no había conocido yo tan fatídica y degradante institución y ni siquiera había podido tener una idea cabal de lo que era eso (...) muy pronto me sentí yo adherido al ser que más sufría en Cuba y sobre el cual pesaba una gran desgracia: el negro esclavo. Entonces fue que realmente supe que yo era capaz de amar a los hombres (...)".

Para el historiador, el pensamiento social del Generalísimo no se asienta precisamente en el aprendizaje de escuelas. Habrá que encontrarlo, dice, metido en lo profundo de los campos de Cuba y la pobreza de sus gentes, y en las estancias breves o prolongadas en Jamaica, Honduras y Panamá. Tendrá que estudiarse más sobre sus experiencias en Laguna Salada, Montecristi y La Reforma dominicana, y el contacto con obreros de Nueva York, Boston, Nueva Orleans y Tampa.

De un Gómez antimperialista y que tuvo la visión de lo que iba a ocurrir en esta parte del mundo con la agresión norteamericana, también habla Cordero Michel. Entonces, repaso documentos y el pensamiento del Generalísimo llega en "(...) los americanos están cobrando demasiado caro con la ocupación militar del País, su espontánea intervención, en la guerra que con España hemos sostenido por la Libertad y la Independencia (...) el día que termine tan extraña situación, es posible que no dejen los americanos aquí ni un adarme de simpatía (...)". 

 

EL GENERALÍSIMO FUE UN PADRE AMADO

EL GENERALÍSIMO FUE UN PADRE AMADO

IRAIDA CALZADILLA RODRÍGUEZ

Foto: Raúl López

Es muy difícil ahora imaginarnos a Máximo Gómez llevando a sus hijos a la escuela en la mañana, recibiendo una citación para una reunión de padres o recogiendo en el fin de curso el certificado de notas de sus pequeños. Pero esos documentos existen y es una belleza en la vida de un hombre que en la medida que piensa en Patria, lo hace también en familia y en los hijos.

Porque hay un Gómez que en el período de tregua juega en el piso con Itica, la última de las hijas llamadas Margarita (habrá que perpetuar el nombre hasta que sobreviva), niña a quien Panchito le disputa el amor filial; un Gómez que prepara todos los días un catecismo a los hijos, en el que habrá mucho de su experiencia personal; un Gómez que educa a la prole en la lectura de buenos libros; un Gómez que con Laíto toma cerveza en un bar de Honduras y habla de problemas cotidianos, incluso hasta del atractivo que ejerce el joven en ciertas muchachas del lugar donde vive. Así nos llega el hombre de toda la Guerra de los Diez Años, el militar que dirigió la Invasión de 1895: sin charreteras, sin sombrero, sin machete, sin botines. Simplemente en casa.

Eso cuenta el máster en Ciencias Históricas Antonio Álvarez Pitaluga, profesor de la Facultad de Filosofía, Historia y Sociología de la Universidad de La Habana, quien desde los tiempos de estudiante atesora datos que finalmente verán la luz el próximo año en un hermoso texto que llama La familia de Máximo Gómez (Editora Política).

Asevera que la figura de Gómez no ha sido suficientemente reflejada por la historiografía y que los investigadores han vetado a El Viejo la posibilidad de estudiarlo como un hombre común, capaz de reír, de llorar, de enojarse con sus hijos y la familia, y de tener ciertos placeres corrientes. Sin embargo, "fue un hombre que tuvo la capacidad de amar en el transcurso de la vida y, a la par de ser héroe, combatiente y revolucionario, fue también padre y hombre como cualquier otro".

En total tuvo 16 hijos, hasta donde puede probarse documentalmente. Ignacia y Laíto Gómez, y Francisco González le llegaron muy joven, fuera de matrimonio, en República Dominicana. En Cuba, con Bernarda Toro en una unión matrimonial que se consagró a lo largo de 35 años, vinieron 11; y en la década de los ochenta, le nacieron Antonio Romero y María Teresa Tavel.

"Es un hombre que educa a sus hijos como lo hicieron con él, y era en la época: una formación autodidacta donde la primera instrucción que se recibía, la de aprender a leer y escribir, la de conocer la Cartilla, corre por la familia que tiene una función educativa y da preponderancia a los valores apegados a la moral.

"Para Gómez los valores esenciales son el espiritual y el de la humildad. De ahí una familia que en gran pobreza material, es de una inmensa riqueza espiritual, y esta se convierte en el signo con el que guía su vida".

Sin embargo es una familia, un padre, una esposa, que sufren por la pérdida de cinco hijos. Los primeros Margarita y Andresito murieron de inanición durante la Guerra Grande, en medio de las asperezas de la manigua; los segundos también Margarita y Andrés, fallecen en la tregua fecunda, por problemas de salud; y el segundo Francisco, el Panchito que prefiere caer al lado de su general, Antonio Maceo, en la bravura del combate de San Pedro. Y a pesar de ello, Gómez no renuncia, no deja de hacer revolución, no se desprende de sus ideales y, a costa precisamente de ser y saberse un jefe imprescindible, no pide un centavo.

Sobrevivirá a toda penuria el resto. "Pero ese padre no funciona sin una madre ejemplar. Manana tendrá su terreno de dominio en el hogar, mientras Gómez lo encontrará en los campos de batalla. Es un complemento que permite darse la mano en la educación de los hijos, y tan buena fue esta, que una vez fallecidos ambos, los vástagos fueron consecuentes en su veneración y en no traicionar sus principios".

Y el historiador afirma que casi todos murieron en Cuba después de 1959 por razones que pudieron ser diversas, "pero que les llevó a echar el resto aquí, excepto Clemencia, quien falleció en 1921, y el tercer Andrés, desaparecido en viaje de negocios a Alemania, y como en toda novela nunca se supo de él".

De los que tuvieron larga vida cita a la tercera Margarita, fundadora de las Milicias Nacionales Revolucionarias, de la Federación de Mujeres Cubanas y los Comités de Defensa de la Revolución, al frente de la Vigilancia en su organización de base en el reparto capitalino de Fontanar.

"Gómez se preocupó muchísimo por sus hijos. Existen cartas donde le expresa a su esposa la preocupación que siente por no ser capaz de desarrollar un buen papel, de no cumplir cabalmente con la dirección de la independencia de Cuba, en tanto necesita de la opinión de sus hijos. Esto quiere decir que la polea educativa de los padres a los hijos, en el caso del Generalísimo funciona al revés: la descendencia influye en la obra del padre y lo pone en el compromiso del ejemplo personal que les va a legar", añade Álvarez Pitaluga.

Hay una anécdota que retrata en cuerpo y alma al líder indiscutible: en medio de la Campaña de La Reforma, y cuando ya han muerto José Martí y Antonio Maceo, él está al corriente del matrimonio de su hijo Maxito. "Se preocupa constantemente por la familia, una familia que para la generación del 68 y del 95 será un símbolo del independentismo". Y otra: cuando regresa a Cuba en 1899, tiene una vida hogareña y es habitual que en casa se siente con los suyos los domingos, comparta sus vidas y asista a los bautizos de los nietos.

De entre sus hijos, Álvarez Pitaluga resalta su vínculo estrechísimo con Fernando Urbano, quien condiciona su vida al padre y está a su lado siempre, en relación muy bella, cual lazarillo. "Panchito es el que llega más alto en el plano político porque muere en los campos de San Pedro, pero los demás, desde sus propias edades y lugares donde estén, hacen proselitismo, revolución. Hay que borrar el mito historiográfico de que la familia son tres individuos -Gómez, Manana y Panchito-. Los hijos de ambos son 11, más otros parientes que entran y salen, y todos comparten un mismo hogar e igual ideario".

"Pienso que Gómez es un ejemplo de padre por varias razones, entre las primeras, porque, a pesar de la pobreza, de la humildad en que vivieron todos, nunca educó a los hijos en el trueque de valores materiales a costa del prestigio personal. Nunca lo hizo y prefería, parafraseándolo, andar con los fondillos rotos que pedir dinero".

Para Álvarez Pitaluga una frase de Silvio Rodríguez puede definir a este hombre amado por sus hijos: "Yo me muero como viví".

A HURTADILLAS CON FERNANDO PÉREZ

ELIZABETH MIRABAL LLORENS Y CARLOS VELAZCO FERNÁNDEZ,

estudiantes de tercer año de Periodismo,

Facultad de Comunicación,

Universidad de La Habana  

Esta entrevista mereció el Premio Nacional de Periodismo Cultural Monchy Font, que entrega la UNEAC a periodistas menores de 30 años.

Ese domingo se levantó poco después de las cuatro de la tarde. Las dos últimas madrugadas las había consagrado, junto a su equipo, al rodaje de Madrigal, película cuyo estreno será en mayo próximo. Pero esto es solo un elemento de actualidad en la entrevista. Lo que realmente nos interesa de Fernando Pérez es conocer lo que dice "el creador" que se las ha ingeniado para abrir las mismas puertas de Cervantes: la lectura, la imaginación, la curiosidad y la libertad.

Cara a cara luce más viejo de lo que aparenta en las fotografías, aunque posee un cierto desgarbo que le sienta muy bien. Alto, enjuto, (preferimos que los lectores no evoquen ni por un instante la imagen del Quijote), Fernando es siempre intranquilo en el set de filmación.

De cuando estaba en la universidad recuerda que era un finalista a la hora de entregar los trabajos. Aunque los tuviese en la mente, era la pesadumbre de no sentarse a escribir. Después, a lo mejor, los hacía de un tirón. Claro, siempre cumplía, sacaba buenas notas. Pero cuando le mandaban a leer un texto, se ponía a leer otro. "A los espíritus creativos no les gusta la obligación", se justifica. Cree en el rigor, pero no en la Academia. "Las cosas académicas pueden convertirse en rutina."

Dicen que usted es tímido. Otros, sin embargo, piensan que con una obra como la suya no necesita hablar tanto, ¿con cuál criterio se queda?

Soy tímido. Y no me gusta hablar mucho. Soy un hombre de pocas palabras, porque siento que a veces no logro expresar en palabras, lo he dicho siempre, lo que es mi pensamiento. Tengo amigos y colegas que lo logran, y me quedo asombrado de esa fluidez, de esa capacidad... Son capacidades que se tienen o no. Y he percibido con el paso del tiempo que me siento más cómodo cuando me expreso por imágenes. Esto no quiere decir que no me comunique con los demás. Tengo mi propia manera de comunicarme, y a veces uno se comunica sin palabras. Hay días en que soy muy fluido hablando conmigo mismo y con la gente que me rodea. Lo que sí es cierto es que desde niño, y sobre todo en mi adolescencia, la timidez ha marcado mi carácter y prefiero escuchar a tener que hablar. Siempre he dicho que hay cosas que se sienten y que expresarlas en palabras es muy difícil. A veces una mirada dice más que una frase. Así es como soy.

Un director de cine es una fusión de muchas profesiones, muchas sensibilidades o cualidades. ¿Cuáles son esenciales para usted?

Son esenciales para mí, y el hecho de que lo sean para mí no quiere decir que sean esenciales para todo el mundo, porque no creo mucho en las reglas, en las leyes que devienen fórmulas. He acumulado experiencia en mi trabajo como creador, como cineasta, y mi lenguaje cinematográfico lo he encontrado allí. Eso lo decía Almodóvar. Uno se encuentra en lo que quiere decir y ahí halla su lenguaje cinematográfico; no es que exista un lenguaje cinematográfico que uno deba aprender. Uno encuentra el propio.

Lo primero que debo tener es el sentimiento de la película que quiero hacer, ese sentimiento lo tengo que sentir. Cuando va naciendo la idea y se va desarrollando, lo voy conformando, definiendo. Es esencial. Luego, escoger bien a los colaboradores y saber escuchar, pero escuchándose uno mismo también. Muchas veces uno tiene que tomar decisiones y decir "por aquí es el camino, por aquí voy...", a pesar de las múltiples opiniones y argumentos que con razón puedan ser posibles vías. Pero uno tiene que escuchar también: he tenido colaboradores que han conformado la película que estaba en mí.

Además, en las distintas etapas uno tiene que crear, no con alegría, alegría no es la palabra, pero sí con disfrute, con deseos de hacer las cosas. Creo que uno no es cineasta las doce horas que está filmando, sino que uno es cineasta las veinticuatro horas del día. Y eso es vivir: vivir el cine. Se comienza a ver la vida a través del cine y el cine, entonces, forma parte de la vida de uno.

Hay otras, pero estas son las que me vienen a la mente.

¿Considera que en sus películas hace crítica social?

No. De la palabra crítica, a partir de un momento dado, empecé a dudar, porque fui crítico de cine, y uno puede tener una actitud crítica frente a las cosas, pero del término crítica se ha abusado mucho. Yo digo: "¿Es que hago cine para criticar?" No es mi objetivo. Hago cine para crear, para comunicar. Y después, "¿qué es lo que define lo que yo quiero decir?" ¿Es la crítica? No. Es tratar de expresar la complejidad de lo que te rodea, la complejidad de tus sentimientos y de tu visión, y la complejidad de la vida, porque parto del presupuesto de que el arte no puede ser esquemático. Hay otros lenguajes y otros discursos que pueden permitirse el esquema, o la reducción, o el didactismo. El arte enfrenta las contradicciones y la complejidad de la vida y la ambivalencia de las cosas, no puede consistir en dar moralejas. Y esa es la creación artística que me planteo. Y, por supuesto, cuando tú complejizas estás sacando aristas de la realidad que no tienen por qué ser las modélicas, ni las que otros lenguajes u otros discursos te exijan.

No digo: "voy a hacer esto para hacer crítica". Incluso, he sentido que hay obras no solo cinematográficas, que se quedan en el acto de criticar y no profundizan, no van más allá. Para mí eso tiene menos valor. No soy crítico de nada, me siento partícipe y comprometido con mi pensamiento y con el ejercicio de mi opinión y mi visión del mundo.

Según Oscar Wilde el sentido de toda cosa hermosa creada está por lo menos en el alma de quien la mira y en el alma de quien la creó. Suite Habana gustó a un público no acostumbrado a esa manera de hacer cine, a la ausencia de diálogo. ¿Qué hay del alma de Fernando Pérez en Suite Habana que coincide con lo que está en el alma de todos nosotros?

Para mí, Suite Habana fue un gran reto. Estuve muy inseguro durante el rodaje y con el temor de que el espectador cubano no se sintiera reflejado de alguna manera en la película. Primero, por el carácter del cubano, que es más extrovertido. Yo estaba dando aristas de su intimidad a partir de códigos que no son los que habitualmente se utilizan, pero que creo forman parte del cubano también.

Ahora me aparto un poco de la pregunta: Con Madrigal estoy tratando de hacer una película bien abstracta, bien abstracta..., fuera de todos los códigos que aparentemente puedan definir y definen la cubanía. Pienso que aún más allá de esos códigos, Madrigal va a ser una película más cubana que cualquier otra, aunque sea una película abstracta. Porque la cubanía es lo que decía Fernando Ortiz, un sentimiento inefable, eso no se puede clasificar. Se puede estudiar, investigar, expresar, pero no clasificar.

Y en Suite Habana creo que lo que puede mover el sentimiento que hay en mí y en el habanero y en el cubano, es común, es lo que nos une: el amor por lo que nos rodea aun cuando la mirada pueda tener complejidades de sentimientos y sentimientos contradictorios.

Es lo mismo que me pasa a mí cuando salgo a caminar por las calles de La Habana. Siento que formo parte de una gran familia. Hay gente que no conozco, y, de pronto, hablo con ellos y soy uno más... Y ese sentimiento de ser uno más y de compartir la realidad que uno vive y sentirse responsable de ella, con todo lo que está y no está, creo que es lo que une a los espectadores y a mí en Suite Habana. Fundamentalmente es eso: el amor a lo que es uno junto con los otros. Es lo que siento.

El personaje de Elpidio Valdés de su película La vida es silbar ¿es el héroe cubano de fines de los 90?

Absolutamente. Le pusimos Elpidio Valdés precisamente por eso. Elpidio Valdés tiene una madre que se llama Cuba, ya ahí estamos jugando con la alegoría. ¿Qué es lo que pasa con este Elpidio de los 90? No es el personaje modélico, no es la imagen de Elpidio de finales del siglo XIX. Es otra caracterización de la realidad y de la evolución de la realidad; y cómo ese Elpidio no modélico puede ser marginado, puede ser no entendido, puede ser apartado de la sociedad por las mentes que prefieren una imagen modélica de la misma. Esa era la contradicción de Elpidio. Pero el Elpidio de los 90, a pesar de sus propias contradicciones, ama a Cuba. Y está ahí. Y la quiere. Solo quiere que lo dejen silbar a su manera.

¿Qué palabras lo hacen desmayar?

No quisiera nunca actuar por miedo para preservar la libertad. La libertad es una palabra que no me hace desmayar, pero si sintiese miedo de ejercer mi criterio, su mención me provocaría ese desmayo. Hay otras, pero esa fue la que me vino a la mente.

¿Cuáles rasgos de los personajes de sus películas conservaría consigo?

Una de las constantes que he ido sintiendo poco a poco en las películas que he hecho es que la mayoría de los personajes, aun cuando no logren lo que han soñado, al menos han luchado. A mí siempre me gusta citar una frase, creo que es de Freud: "Soy un hombre feliz. Todo en la vida me ha sido muy difícil". Eso es algo que define a los personajes de mis películas y es un rasgo que quisiera mantener en mi vida también. Nada me ha sido fácil, pero eso me hace feliz: luchar, vivir. Y hacer.

¿Existe la película de su vida?, ¿la ha hecho o está aún en su cabeza?

Cada vez que voy a hacer una película, pienso que es la película de mi vida. Y todas las que he hecho las he hecho con ese sentimiento. Entonces las miro en el tiempo y son mis películas. Ojalá pudiera hacer muchísimas más. Ya tengo sesenta y un años. A veces me pongo a pensar en cuántas películas me quedan por hacer. Y digo: "coño, ¿me quedarán dos, tres...?, ¿cuántas?". Ahora estoy filmando y cada vez que voy al rodaje, me canso muchísimo, porque ya no es la misma vitalidad de cuando yo tenía veinte, veintiún años. Pero me siento feliz, y me dan ganas de filmar ya, después de que termine esta. Filmar otra, y otra, y otra..., pero no depende de mí. Uno hace las películas que puede, no las que quiere. Pero sí sé que cada película que haga intentaré hacerla como si fuera la película de mi vida. Nunca haría cine por otras razones. Creo que hago cine por empeño, por tratar de ser pleno y porque me gusta hacerlo.

Fernando, usted ha sido traductor de ruso, crítico, incluso actor, pero ser cineasta es, sin duda, lo que más le gusta. De no haberlo logrado ¿qué otro camino hubiese querido seguir?

Músico. Soy un músico frustrado. Ni sé cantar, tengo un oído pésimo para la música, soy patón, pero la música me llena mucho, cualquier tipo de música. Es una forma de expresión artística que puede lograr cosas muy misteriosas. Incluso, algunas de mis películas han surgido escuchando una música. Por ejemplo, ahora en Madrigal estoy utilizando una canción y se la hago escuchar a todos los que están trabajando en ella y les digo: "ese es el sentimiento de la película".

¿Qué película ajena que le hubiera gustado dirigir?

Ah... ¡Tantas! Ahora estaría loco por haber hecho cualquiera de las películas de Lars von Trier. Cualquiera. Es un visionario. Está más allá. Siempre hace una película distinta a la otra. Y hace lo que nadie hace, lo que nadie ve. Otra película que me ha obsesionado últimamente es Mulholland Drive, de David Lynch. Creo que es una de las pocas películas que ha logrado expresar el flujo de pensamiento de una mente disociada. La he visto como cinco o seis veces. Y, luego, en la historia del cine, tantas películas: Ocho y medio, de Fellini; Vértigo, de Hitchcock. Sería una lista interminable. Y van a surgir más películas. He vivido tantas vidas como películas he visto. Eso es algo que el cine tiene. Al menos para mí.

 

LA SOCIEDAD DE LA INFORMACIÓN NO ES UNA UTOPÍA

LA SOCIEDAD DE LA INFORMACIÓN NO ES UNA UTOPÍA

ADRIANA VALDÉS ROBREÑO,
estudiante de primer año de Periodismo,
Facultad de Comunicación,
Universidad de La Habana

Ficha técnica:
Tipo de entrevista por su contenido: De opinión
Tipo de título: De cita textual
Tipo de entrada: De resumen o típica
Tipo de cuerpo: Clásico
Tipo de conclusiones: De opinión o comentario del entrevistado

Aun cuando no existe un concepto universalmente aceptado de lo que se denomina Sociedad de la Información, la mayoría de los autores concuerda en que alrededor de 1970 se inició un cambio en la manera en que las sociedades funcionan.

Este cambio se refiere básicamente a que los medios de generación de riqueza poco a poco se están trasladando de los sectores industriales a los sectores de servicios. En otras palabras, se supone que en las sociedades modernas, la mayor parte de los empleos ya no estarán asociados a las fábricas de productos tangibles, sino a la generación, almacenamiento y procesamiento de todo tipo de información. Las esferas relacionadas con las tecnologías de la información y la comunicación, desempeñan un papel particularmente importante dentro de este esquema.

De acuerdo a la declaración de principios de la Cumbre de la Sociedad de la Información llevado a cabo en Ginebra Suiza en 2003, la Sociedad de la Información debe estar centrada en la persona, integradora y orientada al desarrollo, en que todos puedan crear, consultar, utilizar y compartir la información y el conocimiento, para que las personas, las comunidades y los pueblos puedan emplear plenamente sus posibilidades en la promoción de su desarrollo sostenible y en la mejora de su calidad de vida, sobre la base de los propósitos y principios de la Carta de las Naciones Unidas.

Aun quienes se muestran optimistas con respecto a la Sociedad de la Información, admiten que la brecha digital es uno de los principales obstáculos en este modelo de desarrollo. Uno de ellos es el licenciado Pedro Urra González, director del Centro Nacional de Información de Ciencias Médicas, quien es, además, miembro de comisiones nacionales para la informatización de la sociedad cubana en temas relacionados con Internet y colabora sistemáticamente con instituciones y organismos nacionales en materia de informatización y redes.

¿Qué son para usted las llamadas Sociedades de la Información?

Sociedad de la Información es un concepto en determinados momentos, por modas, por predominios tecnológicos, pero básicamente la idea más lógica es la que dice que es una sociedad donde la economía y los procesos productivos se desarrollan en torno a la información de manera fundamental.  La Organización de las Naciones Unidas para el Desarrollo de la Educación, la Ciencia y la Cultura, por ejemplo, habla de sociedades del conocimiento. Tal vez, tratando de subrayar el papel activo de las personas y de las capacidades de las personas.

De todas maneras es un tema en discusión donde lo más importante es que son sociedades para la dignificación de los seres humanos, para el despliegue de toda posibilidad de creación del hombre y de cooperación que existe.

¿En qué medida afecta el nivel cultural de la población el desarrollo de las Sociedades de la Información?

Existe una gran correlación entre las Sociedades de la Información y el nivel cultural de las personas. Lo que sucede en muchos países  por su propia estructura social, por su propia diferencia de clases es la estratificación de la sociedad con la complejidad de hoy día. Actualmente hay medios que generalizan, que integran, que crean frustraciones, precisamente porque las diferentes clases casi consumen lo mismo en término de mensaje audiovisual.

Básicamente en ese complejo contexto el fenómeno depende mucho de que las personas estén conscientes y puedan manejar el problema. Es casi una necesidad, y la cultura es fundamental y la identificación de propósitos es imprescindible.

¿Qué ventajas y desventajas trae consigo el surgimiento de una Sociedad de la Información?

Ese es el tema de las grandes disparidades. El caso de Internet es un fenómeno interesante, porque realmente el acceso se ha ampliado enormemente. Hace muchos años insistí en este asunto y el acceso se va a seguir masificando como mismo se diversificó la televisión. Hoy día posiblemente los que más consumen televisión sean lo más pobres del mundo.

Estoy de acuerdo que todavía por razones económicas y sociales, existe una gran brecha entre las diferentes personas para acceder a estos bienes y servicios. La brecha más importante está en la cultura, en los grados de libertad que tienen las personas para identificar sus necesidades y además, de  la  elección asociada a la seguridad social, a la seguridad de la salud, a tener oportunidades de participar en procesos culturales.

Esas personas desarrollan capacidades para convertir los bienes y servicios que tienen en realizaciones personales y  sociales. Eso tiene que ver con las ideas de desarrollo sostenible, pero el tema central no es más bienes y servicios. Más que ponerle computadoras a todo el mundo lo que hay que hacer es darle a la población educación y  cultura. Por supuesto, hay que brindarle acceso y computadoras, pero que ellos tengan la capacidad de producir, de desencadenar su fuerza creativa, de resolver sus problemas.

El más grande problema de un africano que vive en una zona excluida es que tiene que sobrevivir, y no tiene los grados de libertad mínimos para plantearse ni siquiera un propósito que no sea el de sobrevivir. Ahí radica el tema de la brecha, pero la brecha tiene que ver fundamentalmente con las capacidades de las personas para poder resolver sus problemas. También están relacionadas con la injustísima distribución de la riqueza del ingreso que existe en el mundo. Esto hace las disparidades insostenibles.

Hace varios días escuche en un despacho de BBC que es el 2% de los ciudadanos del mundo vive con más del 50% de las riquezas mundiales ¡Eso es una barbaridad! ¡Eso es inaceptable! Ese ejemplo resume la gran brecha digital. Eso no es sostenible, se va a la locura del mundo.

¿Convierten las brechas digitales a la Sociedad de la Información en una utopía?

No es una utopía. De todas maneras la utopía sigue siendo sueño. Las condiciones históricas, el desarrollo económico social y la disponibilidad tecnológica limitan su realización inmediata. Hoy día hay un conjunto de tecnologías disponibles para ponerlas en función del mejoramiento humano, que sería un crimen no usarlas en ese sentido.

Se pueden armar redes mundiales con la ayuda de las tecnologías en función de la lucha por la dignificación de los niños, contra la globalización, para la protección de los animales o para el conocimiento.

Con una grabadora digital o con una pequeña cámara se pueden hacer muchas cosas. Con acceso a la información y a los recursos de computación se pueden  hacer muchas cosas. Con las comunidades, con la participación de las personas y, sobre todo, para liberar al individuo en cuanto a sus capacidades de desarrollo y de creación, se pueden hacer muchas cosas.

La Sociedad de la Información no es una utopía. Sí lo es en el sentido de su realización inmediata, pero no en los sueños. Para llegar a ella, hay mucho qué hacer todavía.