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Isla al Sur

GRAZIELLA

ELIZABETH MIRABAL LLORENS Y CARLOS VELAZCO FERNÁNDEZ,

estudiantes de tercer año de Periodismo,

Facultad de Comunicación,

Universidad de La Habana

Esta entrevista obtuvo el Premio Nacional de Periodismo Cultural Monchy Font 2005, que entrega la UNEAC a periodistas menores de 30 años.

Cuenta que cuando niña, un primero de septiembre de 1939 en la lejana Polonia la obligó a desarraigarse de Italia y de Francia  para apropiarse por siempre de otra lengua y otro sentido de patria en una pequeña isla del Caribe. Seis décadas y seis años después de aquella ruptura, Graziella Pogolotti Jacobson aseguraba  en el Salón de los Espejos del Palacio del Segundo Cabo de La Habana, que desde entonces ningún suceso, por muy distante que parezca en la geografía, le resulta ajeno.

Faltando veinte días para su cumpleaños 75, la Doctora Pogolotti contesta un cuestionario un mediodía de enero sentada tras un gran buró en su oficina de 17 y H. Las casonas del Vedado han conquistado su tenaz espíritu, particularmente laborioso. Pareciera que las privilegia trabajando en una de ellas, en medio de vitrales, esos cuadros solo apreciables con toda intensidad cuando el sol decide.

La disposición del mobiliario en su despacho determina que el visitante, al detenerse frente al umbral de la puerta, vea el respaldo de una silla en la que apenas sobresale una nevada cabellera, que permanece quieta escuchando con atención las últimas noticias del día.

Graziella no tiene puestas las gafas oscuras y al alcance de su mano izquierda está la caja de cigarrillos y el encendedor. Es de las personas que descubre en una "simpática y graciosa tacita de café" el puente ideal para el disfrute de una buena compañía. Ha decidido pasar las horas reflexionando y opta por mantener en secreto sus amores. Concibe a la crítica lejos del castigo y amén de los consejos de gigantes, escogió satisfacer curiosidades propias, sin esperar jamás ni aplausos ni elogios.

Hoy recibe "aplastada" la noticia de que es Premio de Literatura 2005 con una sencillez también aplastante para quienes conversan con ella.

Cuentan que de niña decía que cuando creciera quería ser intelectual...

Realmente no sé, (risas). No recordaba haberlo dicho, lo que sucede es que mucho más tarde me lo comentó Dora Alonso. Decía que ella recordaba eso de cuando yo era niña. Tuve el privilegio de que siempre me gustó estudiar. Estudiar era un modo de satisfacer la curiosidad, y siempre he sido una persona muy curiosa; también desde que aprendí, desde que me alfabeticé me gustó leer. Posiblemente esos factores contribuyeron a que yo definiera esa vocación. También es cierto que me movía en medio de intelectuales y ellos pueden haber constituido un modelo para mí.

¿Cómo se le ocurrió aquella idea de marcar con alfileres en un mapa de Europa el sitio de las batallas de la Segunda Guerra Mundial? Entonces, era pequeña.

Esa no fue una idea mía. Fue una idea de mi padre, que creo que era una idea pedagógica, una manera de enseñarme en la práctica a conocer geografía y a reconocer los datos de la historia, obligarme a estar al tanto de los acontecimientos que sucedían cada día y ubicarlos en el tiempo y en el espacio.

Reconoce en las artes y las letras la expresión más alta de la obra humana. ¿Por qué?

Lo considero así porque en primer lugar la palabra es una de las cosas que define al ser humano y nos separa de los animales, de los cuales descendemos. El gran salto de la especie humana se produce mediante el trabajo de la mano y la conquista del lenguaje. De modo que eso tiene que ver con la historia del hombre y la construcción por parte de la especie humana de su inteligencia y de su espiritualidad. De la misma manera que  desde fecha muy temprana, el ser humano no solamente empezó a fabricar objetos utilitarios, sino que empezó a expresarse a través de imágenes. De modo que la voz, la imagen, el sonido organizado son las más altas expresiones del ser humano.

En su combate por la vida, como intelectual, ¿cómo afinca los pies sobre la tierra?

Creo que afincar los pies sobre la tierra es también una manera de entender el mundo. A pesar de la importancia que tienen los libros, hay algo que no es desdeñable, sino todo lo contrario, que es la experiencia de la vida. Y esa experiencia de la vida dialoga con los libros. Quiere decir que en todos estos años mi manera de poner los pies sobre la tierra ha sido participar socialmente. No me he dedicado profesionalmente a la política, pero la política siempre ha sido un tema importante para mí, pues creo que tiene que ver con la vida de los seres humanos. De modo que en la escuela, en la universidad tuve una participación activa que me ayudaba a poner efectivamente los pies en la tierra. Después eso continuó desde la cátedra, desde la universidad. Posteriormente cuando estuve en el Escambray dirigiendo un trabajo de investigación sociocultural con la Escuela de Letras, tenía que en primer lugar conocer una dimensión de la realidad para mí totalmente desconocida. Yo he nacido y he vivido en la ciudad. El campo para mí era un territorio desconocido y entonces eso significó descubrir esa realidad, conocer en términos muy concretos al campesino, sus problemas, sus conflictos, su manera de ver el mundo y así sucesivamente.

¿Con qué matices recuerda las contiendas electorales universitarias donde intervino y fracasó, según dice, "estrepitosamente"?

La FEU en aquella época se estructuraba de una manera bastante similar a como se hace ahora. Había una instancia de base que aquel momento estaba constituida por delegados de asignatura, de los cuales a su vez salía el delegado de año y de los delegados de año salían los presidentes de las facultades que componían la FEU. Cuando nosotros entramos a la Universidad, mi grupo, entramos en la contienda política y aspiramos a ser delegados de asignatura. Creo que hubo en aquel momento una cierta ingenuidad. Pretendimos dar la batalla únicamente a partir de principios abstractos y desdeñamos el trabajo más directo con las personas, con nuestros compañeros. Nos planteamos el problema en términos de ideas. El resultado fue que obtuvimos únicamente nuestros propios votos, quiere decir que tuvimos la unanimidad en contra (risas). No volvimos a tener aspiraciones electorales, aunque sí participábamos en los distintos comités que tenía la FEU. No abandonamos la participación política, pero bueno, comprobamos que éramos de una impopularidad notable.

Graziella, ¿ha estado usted enamorada?

Sí, claro.

¿Y de quién?

Ah no, los problemas de la vida privada pertenecen a un mundo ajeno a la vida pública.

¿Se atrevería a conceptualizar qué es la crítica?

Siempre he reivindicado en general el espíritu crítico, que a mi entender tiene dos instancias: una, la de mantener una vigilancia activa en cuanto a lo que uno considera mal hecho, tratar de intervenir mediante la palabra o la acción, también la crítica se ejerce en términos de acción. Y esta crítica tiene una segunda parte en la autocrítica, no creo en la autocrítica como una forma de flagelación, sino como una vía para reconocer los errores y tratar de que no le suceda a uno lo que se supone que nos pase a los seres humanos que, según se dice, es el único animal que tropieza dos veces con la misma piedra. En lo que se refiere a la vida, la crítica y la autocrítica son vías para tratar de no tropezar dos veces con la misma piedra. Y en ese sentido siempre he tenido la costumbre al final del día de hacer mi pequeño autoanálisis, y por eso titulé mi primer libro publicado Examen de conciencia.

Su libro preferido es La Cartuja de Parma.

Ese es uno de mis libros preferidos, según dije en aquel prólogo, uno de los libros que me llevaría a una isla desierta, pero no quiere decir que sea el único. En ese, en particular, convergen muchas cosas, una de ellas es el diseño de una trama que de algún modo reconstituye las distintas opciones que se le abren al ser humano ante la vida, a partir del entrecruzamiento de los tres personajes fundamentales. Creo, además, que la construcción de esos personajes está lograda de una manera admirable, y esa trama y el acontecer de esos personajes proponen una estructura abierta, le permiten al lector un diálogo muy intenso en la búsqueda de respuestas a los problemas que cada uno de nosotros tiene.

Su padre dijo que en una autobiografía se trata de reconstruir con la mayor precisión posible la trayectoria a fin de captar el sentido de la vida. ¿Usted entonces escribe ahora sus memorias para hallar el sentido de su existencia?

Estoy empezando a escribir mis memorias para entender un poco lo que ha pasado. En la medida en que uno va describiendo se recolocan los temas, se sitúan ante una determinada perspectiva y eso es necesario en un momento dado de la vida, cuando uno ha cumplido una trayectoria. Es una manera de dejar un testimonio muy personal de estos tiempos.

¿Influyó Marcelo Pogolotti a la hora de escribir esas memorias?

Sí, aunque pienso que lo estoy haciendo de otra manera. Él realmente organizó su historia de una manera orgánica, de una manera muy coherente. Yo por lo menos en lo que estoy haciendo hasta ahora, voy rescatando por fragmentos. Vamos a ver lo que sucede al final.

¿Por qué disfruta caminar sin rumbo fijo?

Sin rumbo fijo. Porque eso es lo que te abre la posibilidad de descubrimiento. Si uno tiene un rumbo trazado de una manera muy rígida, pues se autolimita. Tú tienes que dejar un espacio para la sorpresa.

En sus palabras: "Pienso que la base real de la resistencia a la globalización está en rescatar esa posibilidad de que el individuo se reconozca como un ser actuante, un ser quizás frágil (...), pero que desde su fragilidad puede construir un mundo y es capaz de modificar las cosas, no de someterse a ellas." ¿Cómo hace usted para construir su mundo y cambiar las cosas a partir de su fragilidad, si es que es frágil?

Lo que uno no puede ser es megalómano. Debe tenerse una clara conciencia de sus posibilidades y de su alcance real. Trato de modificar las circunstancias moviendo las pequeñas piezas que están a mi alcance y, de ese modo, aunque parezca que no, se van transformando las cosas. Es como un juego de ajedrez, que cuando tú mueves un peoncito estás moviendo todo el sistema de relaciones.

¿Y el retrato en óleo que le hizo su tío político Anatole Dubois cuando usted tenía seis años?

Está guardado en mi casa (risas)

Su amor por la letra impresa nació cuando descubrió la rotativa del periódico El Mundo, pero fue Bruno quien le mostró por vez primera los principios del proceso de impresión en una tipografía con la que hacían invitaciones, obituarios y tarjetas de visitas.

Sí. Lo que sí existe todavía es aquella imprentica, que ya no se usa, pero en ese último viaje estuve allí. Es un lugar pequeñito. Los recuerdos de la infancia están a escala del tamaño que uno tiene, siempre los evoca como algo mucho más grande. Aquello era un local verdaderamente bastante pequeño, con su maquinaria también modesta. Pero ahí está, conservado como un museo porque ya no se usa.  

¿Qué fue de Bruno?

Bruno murió. La última vez que estuve en Italia, y fui a la aldea de mi familia, pregunté por él y había muerto pocos años antes de un infarto cerebral.

Usted ha confesado que compensaba la mutilación de padre convirtiendo la cotidianidad en espectáculo, describiendo todo lo que sucedía a su alrededor. ¿De qué modo ameniza Graziella su camino, su desandar?

Sin que me diera cuenta, eso me ha llevado muchas veces a ver los acontecimientos del mundo, de lo que me rodea, desde esa perspectiva. Lo que produce una relación muy ambivalente porque a la vez soy partícipe bastante apasionada y, sin embargo, siempre tengo mis momentos de distanciamiento en que trato de colocar las cosas en su lugar como si las estuviera historiando o tuviera que estar contándoselas a alguien. 

Durante una época se consideró a los intelectuales una clase ambivalente. ¿Cree que se ha superado esta creencia?

El problema no está en los intelectuales. El problema está en ciertos prejuicios que han existido históricamente en una zona de la izquierda respecto a los intelectuales, por distintos motivos. En primer lugar por la procedencia pequeño-burguesa de los intelectuales. En una sociedad clasista, el que accede a la universidad, el que accede a un determinado desarrollo en el campo del conocimiento parte de ese origen, de un origen pequeño-burgués. A eso se une el hecho de que a los intelectuales se les ha considerado muchas veces vacilantes por definición. Sin embargo, no creo que eso haya sido históricamente la situación de los intelectuales en el Tercer Mundo, particularmente en América Latina. A diferencia de lo que sucedía en otras zonas, los estudiantes en nuestro continente han tenido una tradición de lucha, de participación política que fue muy importante en el siglo XX, y que empieza desde el movimiento de Córdoba,  en Argentina en el año 1918, que sigue en Cuba después con Mella, la creación de la FEU y  se mantuvo viva en mi generación. Eso condiciona el que haya todo un sector de esas capas intelectuales que se radicalice y que, por lo tanto, se comprometa. Yo he tenido en algún momento que vencer esos prejuicios, sobre todo cuando era muy joven, pero después en la medida en que he ido madurando y objetivando el análisis de la realidad, pues eso no me ha afectado desde el punto de vista personal.

Según Helmo Hernández, la infancia de Vera en La Consagración de la Primavera está inspirada en usted.   

No soy ella. En La Consagración de la Primavera, yo creo que Vera se inspira, quizás en parte, en la madre de Alejo. No totalmente. Vera es un personaje construido a partir de muchos ingredientes, pero tiene una raíz en la madre de Alejo. Ella  era rusa y por circunstancias de su vida, que no coinciden con las del personaje, tiene que emigrar a otros países, primero a Europa Occidental y después aquí, a Cuba. Me parece que hasta ahí la referencia. No tiene absolutamente nada que ver conmigo. A mí me sucedió algo parecido a Vera porque tuve que desprenderme de varios lugares, pero en lo absoluto Carpentier hubiera pensado en mi historia personal. Carpentier me conoció a mí de niña, desde que nací, y, como suele suceder, él siempre me vio como la niña.

¿Por qué se sintió aplastada cuando se supo ganadora del Premio Nacional de Literatura 2005?

A mí eso francamente me ha sorprendido y no me he repuesto todavía de la sorpresa. Hasta ahora los Premios Nacionales de Literatura han sido poetas, narradores, aunque en muchos casos comparten este ejercicio literario con el ensayo, pero el premio no se les ha dado primordialmente como ensayistas. Nunca me he dedicado a la ficción y tampoco creo tener una obra tan extensa. Mis trabajos están dispersos por ahí. Muchos de ellos no han sido recogidos en libros ni organizados. Esto ahora me ha caído como una tarea. He tenido que ir revisando todo lo que anda perdido a ver cómo se puede organizar.

Fernando Ortiz y José Lezama Lima le aconsejaron en distintos momentos  que se limitara a un área específica de estudios.

Ellos me aconsejaron eso. Creo que posiblemente yo tendría en ese caso una obra más extensa, pero precisamente por esa curiosidad que a mí me ha dominado siempre, por esa sensibilidad por lo que ocurre en el momento, no me he podido sujetar a ese tipo de disciplina. También es cierto que buena parte de mi trabajo y de mi tiempo han estado absorbidos por otras tareas. Por una parte, la enseñanza, la docencia durante muchos años, y por otra, responsabilidades de tipo organizativo en ese mismo campo. En fin, por una infinidad de tareas que no me dieron espacio para que me sumergiera de una manera  prolongada en investigación de archivos, de bibliotecas, que es algo que no me gusta.  

¿Por qué nunca se ha arriesgado a escribir un cuento, una novela?

Una vez intenté escribir un cuento, pero me pareció tan espantoso el resultado, que sencillamente lo eliminé y no volví a reincidir. En ese caso, el espíritu crítico me ha impedido hacerlo. Quizás si hubiera persistido hubiera hecho algo, pero no.

¿No considera que algunas de sus historias solo sean posible relatarlas valiéndose de la ficción?

Quizás sí, pero creo que en la ficción hay no solamente la necesidad de tener algo que contar, sino hay que desarrollar un oficio a través del tiempo y de la práctica. Hay que tener qué contar, pero hay que saber también como se cuenta. Y eso yo creo que no se improvisa.

¿Qué extraña en particular?

En este momento de mi vida, extraño cierta libertad de movimiento. Extraño también ese encuentro con amigos, con compañeros, que se va reduciendo, en la medida que algunos van desapareciendo y también porque las circunstancias hacen que cada cual esté  muy ocupado, muy involucrado en la solución de sus propios problemas y ese tiempo libre para departir, para conversar, se va perdiendo.

¿Cómo ocupa su tiempo?

Actualmente el trabajo es lo que más tiempo me ocupa y es lo que le da  sentido a mi vida. Tengo mi trabajo aquí en la Unión Nacional de Escritores y Artistas de Cuba (UNEAC), mi trabajo literario. Tengo que pensar. A mí me gusta pensar, y la reflexión me ocupa un tiempo. Pensar y procesar, no solo los acontecimientos importantes, sino además los hechos de la vida cotidiana, los detalles, el comportamiento de la gente y eso me llena el tiempo. Escucho música, trato de mantenerme informada con la radio, con la televisión, pero el trabajo es el eje central. 

Hace poco también fue reconocida como Maestra de Juventudes.

El magisterio ha sido para mí una vocación, que se desarrolló a través de la necesidad de dialogar con generaciones sucesivas. Empecé a dar clases muy joven, en aquel momento inicial mis alumnos eran prácticamente mis contemporáneos. Cuando salíamos de clases, pues nos íbamos a pasar el rato, a conversar, a tomar unos tragos. Después, con el andar del tiempo, me resultaron cada vez más jóvenes. Esa vocación de magisterio se compone de generosidad, y al mismo tiempo, de egoísmo, en la medida en que uno va aprendiendo a través de ese diálogo. No se ejerce en una sola dirección. Es lo que he tratado de hacer mientras me ha sido posible: no solamente transmitir conocimiento e intentar abrir caminos, sino también, escuchar y entender.

Padura tras medio siglo de luces

ELIZABETH MIRABAL LLORENS Y CARLOS VELAZCO FERNÁNDEZ,

estudiantes de tercer año de Periodismo,

Facultad de Comunicación,

Universidad de La Habana

La novela policial ha sido para él un reto a la inteligencia, a pesar de que, inspirado por Salinger, prefiere transmitir emociones. Por estos días, anda en un combate del que intenta no salir herido. Los poderosos y temibles volúmenes de información recopilados para su más reciente libro, amenazan con devorarlo todo, incluso la emoción. Ha tomado sus precauciones y ha descubierto que lo único que mantiene a raya a su enemigo es la escualidez.

Tras haber recorrido medio siglo, le tranquiliza que Mario Vargas Llosa se sienta inseguro como creador, porque a él le ocurre lo mismo. Sabe que el que lo califiquen como un escritor de policíacos, es reducir su literatura, mas no le molesta, pues sus novelas son, en realidad, falsos policíacos. En cuanto al gusto por las letras, no hace distinción entre autoras y autores. Sólo admite una división en estos casos: la buena y la mala literatura.

Leonardo Padura, como uno de los personajes de su próxima novela, es un hombre que ama a los perros. Por eso, está custodiado por Chorizo y Nata, y siempre filantrópico, satisface el hambre de un tercer can que no le pertenece.

La ansiedad que lo hostiga en las mañanas, cede por completo en las últimas horas de la tarde. Ya no se escucha el insistente sonido de las teclas de la computadora, pero Padura aún está viviendo en la literatura, que caprichosa, lo persigue, lo atrapa y lo domina.

Una sirena hija de Fabelo descansa tras una intensa jornada en el mar y nos contempla desde su quietud en un inmenso cuadro, como salvaguarda de uno de los tantos diálogos que se suceden en las cercanías de la Calzada de Managua. Padura enciende el cigarrillo con filtro como epílogo habitual al sorbo de café recién colado.

Para esas curiosas criaturas que son los lectores de este autor, capaces de inaugurar una cola tres horas antes de la presentación de sus libros, aun cuando no se tiene la certeza de poder alcanzarlos, vaya esta entrevista que en breve comienza.

¿No cree que su éxito se deba en parte a que determinados temas  se aborden en la literatura y en otras manifestaciones mayormente desde una única arista, o incluso que no se traten? ¿No se siente deudor de las zonas de silencio?

La literatura cubana desde los años ´80 hacia acá, y me voy a referir en esencial a la narrativa, que es donde se hace más evidente y donde creo que el proceso se ve con mayor coherencia, ha ido ocupando espacios de la realidad, espacios de la reflexión, espacios incluso del sentimiento, que otras manifestaciones han dejado vacíos. Pienso que sobre todo el periodismo ha ido dejando determinadas zonas intocadas por cuestiones muy variadas, pero fundamentalmente, porque la prensa cubana, y específicamente a partir de los años ´90, ha tenido una perspectiva, por decirlo de alguna manera no hiriente, muy limitada de los fenómenos de la realidad; y no es casual que en estos últimos años la literatura del país se haya ido llenando de personajes marginales, de balseros, de elementos de violencia, de corrupción, y que eso haya tenido un reflejo tardío (o ninguno) en el periodismo. Ha sido evidente que la narrativa se ha anticipado al periodismo en muchos casos. Yo creo que mis novelas empiezan a escribirse justamente en estas circunstancias, yo soy un narrador que empiezo a escribir en los años ´80, participo junto con toda mi generación en una tendencia que se fraguó en esa época, y que consistía en un intento por despolitizar a la narrativa después de una década del ´70 tan politizada. Lo empezamos a hacer de manera inconsciente, pero luego se convirtió en un proyecto, en una intención. Fue abordar temas más cercanos al individuo, que aunque estuvieran en conexión con la sociedad, no se relacionaran directamente con lo social, con lo político, y en caso de existir esa relación, que la relación política quedara en un trasfondo. Fue lo que tratamos de hacer Senel, Miguel Mejides, Sacha, Reynaldo Montero, Luis Manuel García, Abilio, Arturo Arango, toda la generación de narradores que empieza en los años ´80. Eso en buena medida se continuó en los ´90, aunque para ese entonces, hubo como una entrada abrupta de la literatura por una esquina que no había existido en la década anterior, marcada por el quehacer de algunos autores que han salido de Cuba, que han trabajado más el tema político y han ido a dar, en algunos casos, al extremo opuesto de lo que se hacía en los '70, es decir, han vuelto a escribir sobre política, pero con un signo opuesto. De todas maneras, creo que mi narrativa, que comienza con esa intención que aún mantengo (me refiero a que lo político siempre esté en un trasfondo, nunca en un primer plano, incluso cuando sean temas en los que la política influye directamente), ha tratado de reflejar, más que zonas de silencio, zonas de preocupación, por lo menos que tengo yo como individuo, elementos que veo en la vida cotidiana y que no encuentro muchas veces reflejados en otros medios y que trato en alguna manera de evaluar, de analizar a través de la literatura, y digo evaluar, analizar, pero no juzgar, porque no me interesa ese juicio que puede significar aprobación o condena en algún sentido. En mis  novelas siempre queda un espacio para que el lector haga el juicio final sobre lo que se cuenta en ellas.

Algunos opinan que ha recurrido a la "ingeniería literaria" para ganar popularidad. ¿Usted qué dice ante eso?

El proceso de crear una estructura me importa mucho. Tal vez por eso sea mi gran predilección por la literatura de Vargas Llosa, por su capacidad de crear universos y de convertirlos en una novela a partir de una construcción muy cuidadosa. En la novela que estoy empezando a escribir ahora asumo dos riesgos fundamentales que se convierten en dos preocupaciones: por una parte, cómo convertir una gran cantidad de información en material literario sin que la información devore a la literatura, y por otra, cómo contar esa  historia, cómo una organizar las líneas argumentales, las voces narrativas, las perspectivas literarias, en pos de una armonía. Creo que el secreto de una obra literaria está en esa armazón interna que uno logre formar. Con mucha frecuencia y por culpa del propio Carpentier se habla de que El Acoso tiene forma de sonata, eso es una gran mentira, no se puede escribir una obra literaria con una forma musical. Es como si dijera que he escrito una novela con forma de casa. Es imposible, pues una novela no tiene paredes, ni cerramentos, ni ventanas; pero metafóricamente es así. Y es lo que ocurre en el caso de El Acoso: Carpentier concibe una estructura interna en forma de sonata. Pudiera decirse que mi próxima novela El hombre que amaba a los perros será como un edificio de  apartamentos, donde cada piso tendrá una arquitectura y un estilo diferentes. Es lo que estoy tratando de hacer al unir tres personajes (Ramón Mercader, Trostky y un personaje cubano contemporáneo de ficción), tres épocas diferentes, tres voces narrativas distintas, tres maneras de ver y recibir la realidad, todo  en una misma estructura.

¿Cuándo ha abordado otras figuras históricas como Heredia y Hemingway en la ficción, se ha sentido amordazado en alguna medida por las fechas, la fuerza de la historia, lo registrado?

Siempre. Una historia real significa un reto para el escritor, porque aunque sea dramática en sí misma, puede que no trascienda de igual modo a la literatura. Salvo muy contadas excepciones, e incluso con una manipulación por parte del autor, funciona este transporte dramático de la realidad a la literatura. Es el caso por ejemplo de A sangre fría de Truman Capote, que es un hecho absolutamente real que él convierte en una "novela sin ficción", como le llamó en su momento. Pero incluso en este caso, Truman Capote fuerza la estructura de la realidad y de la novela para lograr la armonía. Nunca los hechos históricos se comportan de una manera tal que al  transcribirlos a la literatura mantengan esa intensidad dramática de lo histórico en lo literario. Tendrías que tener una novela de dos mil páginas para contar dos, tres años en la vida de un personaje histórico. Por lo tanto, se hace una selección, se escoge lo esencial para transportarlo a la literatura, tratando de no traicionar la historia. La clave de cómo asumir lo histórico desde la literatura la aprendí cuando leí Raíces, el libro de Alex Haley. El autor dice al final que la historia no ocurrió seguramente de la forma en que se narra, pero que según sus investigaciones y sus conocimientos, todo lo narrado pudo haber sucedido así. Es decir, uno tiene que llegar a tener un conocimiento suficiente de la historia como para poder dominar sus claves esenciales y unir lo realmente histórico con lo que pudo haber ocurrido a partir del conocimiento que se tiene de lo real. En ese juego de lo posible y de lo documental está el espacio de la novela.

¿Cuál es el lector modelo de Padura? ¿Escribe pensando en un lector ideal?

Trato siempre de convencer a un lector. Durante mucho tiempo, he escrito pensando en determinados lectores (y todavía lo sigo haciendo) a los cuales no sólo les guste lo que escribo, sino que incluso, les seduzca. Y ese es un reto que me obliga a mantener un nivel alto, porque esos lectores que  yo creo son reales, son personas que existen, conozco sus exigencias, sus gustos y capacidades, y tratar de lanzar lo que estoy escribiendo contra la aceptación de esos lectores, significa siempre irme por encima de un lector promedio. Escribir para un lector promedio no resuelve los problemas de la literatura. Por otra parte, está el hecho de que yo escriba para un tipo u otro de lector, en cuanto a la pertenencia cultural de este. Es indiscutible que escribo para un lector cubano en primer término, que conoce todas las claves o debe conocerlas, de manera que un lector proveniente de otra cultura difícilmente las entienda. Siempre me resulta simpático y también aleccionador, leer, traducidas por editoriales españolas, las novelas del escritor norteamericano Paul Ausper cuando habla del béisbol. Los traductores, como no conocen el juego de pelota, lo transcriben literalmente, y quien sabe de pelota, no entiende absolutamente nada. Eso mismo ocurre con la lectura de determinadas obras mías fuera de Cuba. Hay momentos en que la comunicación con ese lector resulta  imposible, porque no pueden entender la tragedia de un cubano para tomar café, es algo que sólo entiende un cubano. Y como esa, infinitas son las situaciones imposibles de explicar, porque no puedes escribir explicando. La literatura no es el espacio de la explicación, sino de la sugerencia.

¿Por qué cree entonces que sus libros han triunfado más allá de las fronteras cubanas?

Los asuntos que trabajo, a pesar tener un origen local, tienen una comunicación con lo universal. Cuando se habla de violencia, de corrupción, de miedos, de tráfico de influencias, de nostalgia, de desencanto, son temas y sentimientos comunes a todos los individuos contemporáneos y, aunque contextualice esas historias en un ámbito cubano, estas le dicen algo a un lector no cubano.

Ha dicho que la novela policial habla de crímenes, violaciones, robo, y que de alguna manera, lo ha auxiliado como género para mostrar el lado oscuro de la sociedad cubana. ¿Por qué no ha intentado decir lo mismo trascendiendo la novela policíaca? Es más, ¿por qué no ha intentado decir lo mismo trascendiendo la ficción?

La otra forma que tendría sería el periodismo. A lo largo de mi  vida, siempre he intentado escribir periodismo desde una perspectiva literaria (en la cual me siento más cómodo), pero a partir del año 1994, 1995 comienzo a llevar la revista Cultura y Sociedad de la agencia IPS, donde todos los meses publico al menos una crónica. Esas crónicas abordan distintos aspectos sociales en las más diversas manifestaciones. Lo que ocurre respecto a escribir un tipo de periodismo más cercano a la sociedad, primero, es que no tengo el espacio, y segundo, que significaría una inserción en la realidad que siento que me falta, porque cada vez me he ido apartando más del curso cotidiano de lo real. Ahora mismo, he estado un año completo investigando sobre la Revolución de Octubre, la Guerra Civil Española, Trostky en México, Ramón Mercader, la KGB, en fin, he estado fuera de la realidad cubana. Alguien el otro día me preguntaba si creía que tenía el pulso de la Ciudad de La Habana todavía, y le respondí que no, que me pasaba lo que le ocurre a Conde en La neblina del ayer, cuando de pronto se siente perdido en la ciudad. Me ha pasado eso. He perdido los códigos que funcionan hoy en la vida de la ciudad contemporánea, porque me he alejado bastante de ella.

¿Qué significado tiene el que Mario Conde se quede junto a Tamara en La neblina del ayer?

Mario Conde va envejeciendo. Va pasando el tiempo para él, va sintiendo que necesita echar algunas anclas y que mientras el mundo a su alrededor se destruye, él necesita construir su propio mundo, necesita pensar su propio mundo. Y eso de alguna manera se apunta en Adiós, Hemingway, pero lo desarrollo en La neblina del ayer. Está siempre latente la posibilidad de la muerte del flaco Carlos, que es la persona que le concede un sentido de realidad a la vida de Mario Conde. Mario Conde es demasiado soñador y demasiado imposible para vivir en cualquier realidad y él lo sabe. La posible desaparición de Carlos es algo que a él como personaje literario y como individuo de ficción le preocupa, pero para evitar que eso ocurriera, porque sé que la falta de Carlos podría ser la desintegración de un personaje como Mario Conde, tuve que tomar una decisión. Habían pasado los años, Carlos estaba enfermo y con una situación física bastante deteriorada desde las novelas que se desarrollaban en 1989, y ahora daba un salto al año 2003. Así, que les concedí la inmortalidad a Josefina y Carlos, porque significan para Mario Conde la posibilidad de no perder una corporeidad que esos dos personajes le dan, uno por la vía alimenticia, y otro por la vía sentimental.

Mario Conde aspira a escribir una historia sobre la escualidez. ¿Por qué no le ayuda?

Mario Conde ya en Máscaras escribió un relato muy en la onda existencialista de Albert Camus, que es uno de mis escritores favoritos. En algún momento, pienso que es posible que una de las novelas de Mario Conde sea una novela escrita por Mario Conde. He pensado en forzar la realidad literaria a ese punto, de que él mismo sea el narrador de una de sus historias. No me lo he planteado todavía de manera inmediata, pero es probable. De todas maneras, entre el escritor de Mario Conde y las novelas de Mario Conde hay un juego literario que se descubre al final de Paisaje de otoño, cuando no queda suficientemente claro quién está escribiendo, si es el  propio Mario Conde que ha empezado a escribir Pasado perfecto o si es el propio escritor el que lo hace.

¿Ya encontró el recurso para que Mario Conde siga investigando sin ser policía en esas dos o tres novelas que le faltan por escribir?

El problema fundamental era que Mario Conde era un policía tan increíble, tan irreal, que constantemente me resultaba un problema la lógica y la disciplina del trabajo policial para alguien como él. Porque además, no podía permitir que pasara la raya en cuanto a la ética de ese trabajo. Él podía ser indisciplinado, regado, desobediente, pero había un límite ético que no podía pasar, que era el de la corrupción. Y así se le estrechaba el universo de posibilidades a un hombre que no estaba hecho para la policía. Lo había forzado durante demasiadas novelas para que permaneciera en ella hasta que tuve que liberarlo en Paisaje de otoño. No voy a mantener el mismo ritmo al escribir novelas de Mario Conde en el futuro, lo cual me facilitará en algún momento pensar historias que él pueda investigar, en las que él pueda involucrarse desde esa posición de individuo privado.

¿Qué hubiese hecho Padura  si como a Alberto Marqués, lo hubiesen condenado a la soledad y el silencio?

Hubiera sido terrible para mí. No escribir me hubiese puesto al borde del suicidio, porque yo no sólo vivo de la literatura, yo vivo en la literatura. Escribir es una parte de mi vida, y yo escribo todos los días de mi vida, todos los días pienso en la escritura, todos los días estoy proyectando algo. Afortunadamente, siempre está la distancia entre publicar un libro y escribir un libro, y esto fue lo que salvó a Marqués, que no podía publicarlos, pero podía escribirlos y los siguió escribiendo.

¿Por qué su fidelidad a Mantilla?

En Mantilla nació mi bisabuelo, nació mi abuelo, nació mi padre, nací yo, si hubiera tenido hijos, hubieran nacido aquí también, y la relación con este barrio no es ya la relación de alguien que vive en un lugar, es la de alguien que pertenece a un lugar, y esa es, fundamentalmente, la relación que yo tengo con Mantilla: una relación de pertenencia. Cuando miro mis propios recuerdos, mi propia vida aquí en el barrio, me doy cuenta de que formo parte de él, como lo forma la calzada, como lo forma un poste de la luz, soy algo que está dentro de la vida de este lugar, por mi propia existencia y experiencia.

¿Cuál es el señalamiento más duro que le han hecho como escritor y que, en alguna medida, ha valorado?

Pienso que los señalamientos más fuertes no se les han hecho a mis libros publicados, se les han hecho a mis libros en proceso de escritura. Yo tengo un grupo de personas, que básicamente ha sido el mismo durante todos estos años, que se lee mis originales en distintas etapas del proceso de creación.  Creo que la más terrible de todas vino de Ambrosio Fornet cuando le entregué lo que en aquel momento era la versión final de Pasado perfecto. A los quince o veinte días ya la había leído y me dijo: "Oye, mira, me parece que este proyecto de novela funciona bien, ahora, cuando tú la escribas seguramente va a mejorar." Lo que yo pensaba que era una novela ya terminada,  Ambrosio lo consideró un proyecto de novela. En aquel momento, eso me destruyó, pero a la vez significó un reto muy grande porque no sabía cómo convencer a Ambrosio de que había escrito una novela. Me empeñé en un proceso de reescritura bastante arduo y complejo en el que creo que se salvó Pasado perfecto. Una lectura a tiempo puede salvar un disparate a destiempo.

¿Cómo se lleva con la crítica?

En general, bien. Ha habido una sola crítica que me ha molestado mucho, porque pienso que se hizo con segundas intenciones. Fue publicada en La Gaceta de Cuba y estaba firmada por Fernando Rojas. En ese trabajo, se elogiaba al libro Los rostros de la salsa y en uno de sus párrafos, se decía que  Máscaras era una novela escrita con trucos, refiriéndose en este caso, a trucos ideológicos, a que era una novela desde una perspectiva ortodoxa cubana, una novela con "mala intención ideológica". Y me molestó mucho, no tanto por el crítico que puede decir lo que desee, y Fernando está en absoluta libertad de decir lo que quiera, sino por la forma en la que se manejó eso en la revista.

¿Qué expectativas tiene con la adaptación de su obra al cine?

Tengo todas las expectativas, pero las esperanzas a veces están al alza, a veces están a la baja. En estos momentos, están a la baja porque varias intenciones de hacer la película han fracasado por la parte económica. No han aparecido suficientes productores, y cuesta mucho trabajo montar un proyecto de película con una novela cubana desde fuera de Cuba. No son historias en las que el ICAIC se haya interesado en participar como productor, si acaso participaría eventualmente como coproductor. Confío en que algún momento se pueda hacer alguna de estas novelas en el cine, incluso algunos guiones ya han sido escritos.

¿Por qué se considera un analista científico de la pelota?

Le decía a Lucía, mi esposa, que me cuesta mucho trabajo ver la pelota con otras personas. Lo hice mucho cuando era joven, iba al estadio con los amigos del barrio, pero ahora se me hace más difícil porque pienso que las personas con las que puedo ver un juego de pelota no tienen la misma cultura beisbolera que tengo yo.

Considero que en la pelota  tengo la misma capacidad  de un ajedrecista profesional, que puede saber veinte jugadas más adelante y predecir qué pieza es la que se va a mover. He analizado, he pensado, he sufrido la pelota, como para poder trabajarla científicamente en mi cabeza y por eso me encabrono tanto con los managers cubanos.

¿Qué encontró por su cuenta al margen la formación académica?

El grupo de estudio del que yo formaba parte en la Universidad fue esencial. En mi aula estaba Alex Fleites que era poeta, yo trabaja en una oficina de la Escuela de Letras con Abilio Estévez que ya escribía algo de poesía y de narrativa, estaban Arturo Arango, Bladimir Zamora, Jorge Luis Arcos. Había una avidez de lectura, de conocimientos y en el fondo, una competencia literaria que me sedujo. Nunca pensé hasta que tuve 22, 23 años que podía escribir algo y lo descubrí por ese deseo de competir con otros compañeros que estaban en la Universidad.

¿Con cuál de sus libros ha sentido mayor temor antes de su publicación?

La novela de mi vida. Es una novela, en la que hice todas las apuestas que podía hacer como escritor, como cubano, como intelectual, y corrí todos los riesgos. Mientras la escribía, sentía una sensación de desgaste, de angustia, y cuando la publiqué, en lugar de sentir que me liberaba, como me ha pasado con otras novelas, sentí que seguía angustiado con el destino de ese libro y con las cosas que decía. A pesar de que Mario Conde, tenga una cercanía muy grande conmigo en cuanto a mis intereses, mi manera de ver el mundo, mis experiencias, la más personal de mis novelas es La novela de mi vida, incluso cuando el que habla sea José María Heredia.

Los personajes son uno de los pilares más sólidos de sus novelas. ¿Cómo los concibe?

Depende de cada historia. Hay condiciones que varían y que modifican la manera en la que ha sido pensado un personaje, la propia historia dramática que uno va a construir, el argumento. De todas formas, pienso que si uno tiene de la realidad o de la ficción un personaje fuerte en las manos, es una garantía. Me refiero a un personaje que transmita dramática y humanamente sensaciones e intenciones, no a que sea poderoso o terrible. Heredia es un personaje fuerte, aunque en la vida real fue un hombre bastante frágil que se equivocaba constantemente al asumirse a sí mismo. Pero insisto en su fortaleza como personaje porque tiene un gran conflicto con la historia. Ahora me pasa lo mismo  con Trostky y Mercader. Son dos personajes fortísimos y tengo que tener cuidado de que no se traguen la historia.

¿Qué les recomienda a los recién graduados que, como usted, están dispuestos a quemar el mundo sin tener un fósforo en el bolsillo? 

Cuando yo estaba terminando el cuarto año de la carrera, había que entregar un listado con los posibles temas de la tesis. En ese listado uno ponía tres, cuatro temas posibles y los profesores que uno preferiría como tutores. Y yo entregué mi papel con un solo tema, porque sabía que iba a escribir la tesis sobre ese tema, sabía que esa tesis me iba a llevar seis meses, ocho meses escribirla y que únicamente iba a invertir seis u ocho meses de trabajo si esa tesis se convertía en un libro. Y así fue. Yo puse como tema El Inca Garcilaso y el origen de la cultura hispanoamericana, después lo perfilé un poco más. Los tutores me preguntaron por qué yo ponía un solo tema y les respondía que quería ese y no otro, no quería que existiera la posibilidad de que me pidieran escribir una tesis sobre Mario Benedetti, o sobre no se quién: yo quería escribir sobre el Inca Garcilaso. Ese convencimiento en que uno tiene que esforzarse y buscar lo que le interesa, lo que quiere hacer, pensando únicamente en ese fin, es muy importante a la hora de llevar adelante cualquier empresa. Hay veces que no se tiene ese mismo convencimiento, pero cuando es posible, hay que defender lo que se piensa, aunque sea una tesis de grado o un artículo de dos cuartillas, porque es la única manera de lograr lo que se quiere. Llegar a lograr lo que uno se propone es algo que no puede abandonar a una persona que empieza.

Tras medio siglo de vida, ¿en qué piensa con mayor ilusión o deseo?

Para mí el futuro se divide en períodos de tres, cuatro años, porque el futuro para mí es siempre empezar y terminar una novela. Mi meta es terminar esta novela que estoy escribiendo ahora, y a partir de ahí, será otro futuro, será otra novela, otro libro, otro proyecto. Y eso me ayuda a vencer la ansiedad. Yo soy muy ansioso. Por las mañanas, todos los días, cuando estoy escribiendo, siento una presión en el pecho. Esa ansiedad se manifiesta porque sé que estoy escribiendo hoy algo que no voy a terminar hasta dentro de dos años y programar las expectativas de uno para que estén contenidas durante ese período, es muy complejo, pero a la vez, programar el futuro en esos plazos hace que esa expectativa de tener que trabajar a plazos aparentemente largos, pero que si los miras en la perspectiva de tu vida, se convierten en plazos cortos, pues me ayuda a regular mi visión de mi futuro. A los cincuenta años, espero lo mismo que estaba esperando cuando tenía cuarenta y siete. En ese entonces, empecé a escribir La neblina del ayer y esperaba terminarla. Ahora espero, cuando tenga 52, 54, haber terminado bien El hombre que amaba a los perros.

¿Qué conserva Padura de aquel flaco inculto con un guante de pelotero en las manos, que era a sus quince años, además de la adicción por la pelota?

Conservo el amor a este barrio, el amor a los perros, la forma de apreciar la vida, el miedo a lo desconocido. No creo que haya cambiado demasiado. Lo principal es algo que en términos cubanos se expresaría cómo "no creerse cosas". Yo no me creo cosas. Pienso que sigo siendo la misma persona con un poco más de suerte y con un poco de resultados por el esfuerzo en un trabajo y por eso siempre digo que estoy seguro de que no soy el escritor más talentoso de mi generación, pero si estoy seguro de que soy el que más trabaja. Y el trabajo al final lo premia a uno. Veo la vida con la misma inseguridad e incertidumbres con que la veía a mis quince años. Cuando tenía esa edad, estaba más seguro que ahora de lo que quería hacer, porque es más fácil jugar a la pelota que escribir una novela.

Compay Segundo en 100

ONAISYS FONTICOBA GENER,

estudiante de primer año de Periodismo,

Facultad de Comunicación,

Universidad de La Habana

Tipo de título: Llamativo

Tipo de lead: Sumario de Por qué

Cuerpo de la nota: Dato adicional + Lead + Pirámide invertida

Dato adicional:

Máximo Francisco Repilado Muñoz, artísticamente conocido como Compay Segundo, nació en Siboney, Santiago de Cuba, en 1907. Autor de temas como Chan Chan, Las flores de la vida y Balcón de Santiago, se convirtió desde joven en una de las leyendas de la música cubana por su innovadora manera de interpretar el son.

Lead:

En honor al desaparecido músico y a propósito del centenario de su natalicio, se celebra desde el pasado 18 de noviembre hasta igual fecha del 2007, la jornada Compay Segundo 100 Años.

Pirámide invertida:

El homenaje incluye múltiples actividades iniciadas en Santiago de Cuba con un concierto del grupo Compay Segundo junto a los artistas italianos Francesco Grollo, tenor; Massimo Scatolin, guitarrista concertista, y la Orquesta Sinfónica de Oriente, dirigida en esta ocasión por Stefano Mazzoleni, director de la Orquesta Filarmónica de Venetto, Italia.

Figuras de la plástica cubana como Zaida del Río, Eduardo Roca Choco, Roberto Fabelo, Kcho y Sosabravo se sumaron también a la celebración mediante la muestra de 25 cuadros inspirados en objetos personales del músico santiaguero, expuesta desde el 9 de noviembre en el Museo Nacional de Bellas Artes.

Entre las actividades previstas para el próximo año se encuentra la construcción de un monumento en el lugar donde descansan los restos de Compay;  proyecto diseñado por el profesor Fernando López, Premio Nacional de Arquitectura y gran amigo del maestro.

La escultura se ubicará en el sendero de los trovadores, donde yacen además Pepe Sánchez, Ñico Saquito, y Matamoros, entre otros, y representará los símbolos que  identificaron al sonero durante su carrera artística: la guitarra, el sombrero y las "flores de la vida".

También para el 2007 se estudia la posibilidad de dedicar el Festival del Habano a Compay Segundo, y elaborar una anilla con su figura para el reconocido producto cubano.

El cierre de la jornada este año fue el 18 de noviembre, día del centenario del natalicio de Compay, con la realización de un concierto en Santiago de Cuba por el grupo de igual nombre.

José Lezama y la Fiesta Innombrable

LISANDRA FARIÑAS ACOSTA,

estudiante de primer año de Periodismo,

Facultad de Comunicación,

Universidad de La Habana

Ficha técnica:

Tipo de título: Llamativo

Tipo de lead: De ambiente

Tipo de construcción de cuerpo: Lead + Pirámide invertida + Dato adicional

Lead De ambiente:

Las columnas salomónicas que custodian sus puertas se mantienen firmes pese al andar del tiempo. Aún se conserva esa humedad de las paredes que sirve de inspiración a los visitantes y hasta el aire parece enrarecido por el humo del tabaco que denota su eterna presencia.

La Casa Museo José Lezama Lima celebra este año el  aniversario 40 de la publicación de la novela Paradiso, homenaje que culminará con la Fiesta Innombrable -como el escritor llamara a la ocasión de celebrar su cumpleaños y su onomástico- este 19 de diciembre.

Pirámide invertida:

Con el objetivo de exponer, conservar y promover nacional e internacionalmente el patrimonio del escritor, la institución desarrolla un trabajo comunitario en el municipio Habana Vieja, en especial con las escuelas del Consejo Popular del Barrio Colón.

Dedicadas esta vez a Paradiso cobran vida tertulias como la Peña del Saltamonte con trova y poesía, y otras protagonizadas por personas de la tercera edad.

Organizado por el Centro Provincial del Libro y con la colaboración del Centro Pablo de la Torriente Brau sesionó el evento De Pablo a Lezama donde tuvo un espacio el análisis de la literatura de ambos escritores.

En preparación se encuentra el guión El Viajero Inmóvil, dirigido por Tomás Piard. Basado en Paradiso, el material recibe la colaboración del museo.

Dato adicional:

La Casa cuenta con una muestra de la biblioteca de Lezama unida a una colección de objetos personales, artes plásticas y  decorativas que reflejan valores de otras culturas, muchos de ellos inmortalizados a través de su pluma como son El Vaso Danés y la Samaritana.

La  colección de artes plásticas pertenece a la Galería de las Donaciones, proyecto al que se suman cuadros entregados al museo con el propósito de conservar y ampliar la colección de Lezama, de numerosos pintores como Zaida del Río, Mendive, Choco, Ever Fonseca, Fabelo y otros como la mexicana Lucía Maya y el brasileño Francisco Faría.  

También están las  esculturas de Rogelio Rodríguez Cova y Mariano Suárez del Villar, platos y piezas de cerámica, atesorados en esta  galería que inaugurará una exposición en saludo al cumpleaños del escritor.

El próximo 2010 se arribará al centenario del autor. El Museo comienza a proyectarse desde ahora para festejar esta fecha. "Invocamos desde ya al ángel de la jiribilla para que nos acompañe", comentó Lily Ruz, museóloga de la institución.

Metales aztecas en la Tribuna Antimperialista

LISANDRA FARIÑAS ACOSTA,

estudiante de primer año de Periodismo,

Facultad de Comunicación,

Universidad de La Habana

Ficha técnica:

Tipo de Título: Llamativo

Tipo de lead: Sumario de Quién

Tipo de construcción de cuerpo: Lead + Pirámide normal

Lead Sumario de Quién:

La banda mexicana de rock Jaguares se presentó recientemente en exclusiva en la Tribuna Antimperialista cubana, como parte de una gira por Centroamérica con motivo de su décimo aniversario.

Pirámide normal:

Integrada por el vocalista y guitarrista Saúl Hernández, Alfonso André en la batería y el también guitarrista César (El Vampiro) López - ex integrante de Maná-, la agrupación cuenta con varios discos insignes del rock mexicano, entre los que se hallan El equilibrio de los Jaguares, Bajo el azul de tu misterio, Cuando la sangre galopa, El primer instinto y Crónicas de laberinto, este último muestra de su madurez artística.

Jaguares surgió en 1988 bajo el nombre de Caifanes y es una de las pioneras en la ola definitiva qué propagó el rock mexicano durante los años 80, para imprimirle una identidad propia. Nacidos en el subterráneo o en las calles, logran un buen número de éxitos mediante álbumes como Caifanes, El Diablito, El Silencio y el Nervio del volcán.

Con su desintegración en 1995, Caifanes dio origen a la creación de Jaguares en 1996. Diez años después la nueva banda se planteó la necesidad de seguir haciendo música "que salga desde adentro".

En conferencia de prensa ofrecida en el Instituto de Investigación y Desarrollo de la Música, el grupo rechazó el levantamiento de un muro fronterizo entre Estados Unidos y su país: "Condenamos su construcción. Los mexicanos no somos criminales. Hoy nuestra voz se levanta en defensa de los marginados", explicó Saúl Hernández.

"Ofrecemos disculpas por los yerros de la política del presidente Vicente Fox, que afortunadamente se va. El pueblo mexicano siempre ha sido admirador de Cuba y estamos aquí para enmendar esos errores", añadió el vocalista.

Previo a su actuación en la Tribuna Antiimperialista cubana, Saúl Hernández había comentado: "Lo que queremos es conectar con la gente, interactuar con el público, brindarles lo que quieren oír. Daremos todo de nosotros. Es como un sacrificio azteca, nos sacaremos el corazón y lo pondremos en el escenario". Así fue.

¡33 AÑOS EN LA MISMA ESCUELA!

¡33 AÑOS EN LA MISMA ESCUELA!

IRAIDA CALZADILLA RODRÍGUEZ

Foto: Juvenal Balán

Melany está en preescolar. Se acerca a Raúl y le pregunta: ¿Cuál es tu gusto preferido? Él le dice que los niños, pero ella rectifica, e indaga: No, ¿cuál es el color? Entonces el Director contesta que el azulito.

-El mío es el morado.

-Pero me han dicho que tú no vienes a la escuela temprano.

-Sí, me gusta venir por la tardecita para estar al lado tuyo.

Raúl Núñez Iglesias está cumpliendo este año su curso número 33 al frente de la escuela primaria Mártires del Segundo Frente Oriental Frank País, en el municipio capitalino de Plaza, y ya se le pierden en la memoria las veces que ha subido la empinada loma que va desde la Avenida 26 hasta el centro docente, en un trayecto de gozo continuo, ante la perspectiva de encontrarse con sus "amigos", esos pequeñines que dan contento a su vida.

Se inició en 1961 como maestro de montaña en la Brigada Frank País, y no le son ajenas las serranías de Arroyo del Medio, Soledad del Palmar, Jarahueca y La Caoba, en Santiago de Cuba, ni las de Buey Arriba, en Granma, o las de Rancho Mundito en Pinar del Río, como tampoco la estancia en la escuela rural de Pueblo Nuevo, en Artemisa, La Habana.

Y como si fueran poco las lejanías, hasta en las misiones diplomáticas de México y Japón impartió clases en una permanente entrega, con fe martiana, para hacer de la escuela sitio "útil y sabroso".

Hasta los 19 años no pensó ser maestro. Un día de 1961 llegó el llamado de la Revolución y dejó la tintorería del tío: "No hubo que intervenirla, él la entregó porque toda la familia se incorporó a diferentes tareas de aquellos primeros años. Yo me hice educador mediante los diferentes planes de maestros populares, y es una decisión de la que siempre me he sentido feliz".

Los niños salen al receso y no se escuchan timbres estridentes. "No hacen falta, basta decirles qué hay que hacer. No me gusta tampoco hablarles alto, solo indico algo y todo marcha sobre ruedas". Entra al salón Osmel, de quinto grado, y Raúl lo presenta: "Él es mi amigo". Detrás llega Luisito, le da la mano y lo abraza. El Director me cuenta que está en segundo grado: "¿Sabe?, un día me dijo que me quiere hasta el cielo".

Para este hombre que no piensa en la jubilación ni jugando hay premisas esenciales para un buen trabajo. Primero, hay que querer a los niños y sentirse a gusto con la profesión, pero también se requiere de organización, de atender y relacionarse con la comunidad porque ella da vida a la escuela, y hacer del colectivo un hogar al que todos acudan con amor y deseos de ser creativos.

No le gusta la palabra "exigir" como mandato. Y es que la aplica con el buen sentido de las personas inteligentes: convencer a los demás de lo que hace falta, de la necesidad de superarse, de dar excelentes clases, de venir temprano, de que en torno a los niños crezca el alma de la escuela.

"Dicen que el trabajo del maestro no se paga con nada, y no es verdad, sí se paga. Mire, cuando uno los ve pasar de grado, representar en un acto, declamar una poesía, todas esas cosas conmueven, y confieso que a veces se me va una lágrima. También los padres, con cariño, reconocen nuestra labor."

Y muy en especial recuerda a tantos alumnos que ya tienen sus hijos en la escuela y hasta en la Universidad, y él continúa llamándolos "Germancito" o "Lachy", porque en las estancias del cariño quedaron con el uniforme rojo y blanco impregnado de olores de tiza y pizarra. Y están, muy queridas, Silvia González, Yamilé Fernández, Anidia Trillo y Yaiselys Rodríguez, todas alumnas que votaron definitivamente por el antiguo y noble oficio de educar y volvieron a las aulas de la Mártires del Segundo Frente Oriental Frank País.

Vanguardia Nacional del Sindicato de la Educación y merecedor de las medallas Rafael María de Mendive y Por la Educación Cubana, Raúl se siente protagonista de las tres revoluciones que en el sector se han producido: "Y aunque esta me cogió ya viejo, no me quedé detrás. En dos semanas aprendí Computación, y cada día me actualizo en los nuevos programas que se aplican en la primaria. No se puede dirigir si uno no sabe lo que tiene que medir, si no se está preparado".

Al cabo, le pregunto qué le depararon estos 33 años como director de escuela. Raúl Núñez es hombre de palabras llanas y solo contesta: "Los niños son encantadores". 

RENACE LA PRIMERA UNIVERSIDAD CUBANA

RENACE LA PRIMERA UNIVERSIDAD CUBANA

CLAUDIA FONSECA SOSA,

estudiante de primer año de Periodismo,

Facultad de Comunicación,

Universidad de La Habana

Tipo de titulo: Informativo

Tipo de Lead: Con relieve

Tipo de construcción de cuerpo: Lead + Pirámide invertida + Dato adicional

Lead Con relieve:

El Colegio Universitario San Gerónimo de La Habana, formador de los primeros literatos, científicos e ideólogos de la Isla, abrirá sus puertas como sede de la carrera Preservación y Gestión del Patrimonio Histórico-Cultural, tras la reconstrucción de la instalación, auspiciada por la Oficina del Historiador.

Pirámide invertida:

El edificio, sito en la manzana de O´Reilly, Mercaderes, Obispo y San Ignacio, debe comenzar a funcionar en el primer trimestre del 2007 como facultad independiente de la Universidad de La Habana, con el objetivo de satisfacer necesidades culturales, especialmente relacionadas con la preservación e identificación del patrimonio histórico-cultural cubano.

Concebido por el arquitecto José Linares Ferrera, el inmueble acogerá un museo y un Centro de Información, estructurados por el Archivo Histórico, la Biblioteca Especializada, la Academia Cubana de la Lengua y la emisora Habana Radio, espacios que servirán de apoyo para el propósito educativo de la instalación.

Las diez disciplinas que conformarán la carrera dotarán a los egresados de conocimientos básicos generales y los iniciarán en perfiles específicos del trabajo de conservación como Arqueología, Ciencias Museísticas, Gestiones Socios Culturales y Urbanísticos. Además, serán puntos de partida para la organización de cursos, diplomados, maestrías y doctorados.

La carrera se desarrollará durante cinco años y en una primera etapa será  impartida a trabajadores del Centro Histórico, quienes tendrán facilidades laborales para el estudio, informó la directora principal de inversiones, Alina Othón Reyes.

Dato adicional:

El colegio, inicialmente establecido en la Iglesia y Convento Santo Domingo, nació el 5 de enero de 1728 como la Real y Pontificia Universidad de San Gerónimo de La Habana, primera fundada en Cuba, tercera en el área del Caribe y decimosexta en la América Hispana. Entre sus graduados se encuentran Félix Varela, Tomás Romay, Carlos Manuel de Céspedes, Ignacio Agramonte, José Martí y los 8 estudiantes de medicina fusilados en 1871.

RANCAÑO EN VILLA MANUELA

CLAUDIA FONSECA SOSA,
estudiante de primer año de Periodismo,
Facultad de Comunicación,
Universidad de La Habana

Ficha técnica:
Tipo de título: Informativo
Tipo de Lead: Sumario de Qué
Tipo de construcción de cuerpo: Lead + Pirámide invertida + Dato adicional

Lead sumario de Qué:

La exposición personal de Dibujo y Escultura -Mal, Buenos+ del artista de la plástica Ernesto Rancaño, se exhibirá hasta mediados de este mes en la Galería Villa Manuela de la Unión de Escritores y Artistas de Cuba (UNEAC).

Pirámide invertida:

Reconocido como pintor y dibujante y con más de cinco años sin realizar una exposición personal en el país, Rancaño incursiona esta vez con la madera, el hierro, el bronce, el cristal y la resina.

La propuesta está conformada por 26 piezas, 14 de ellas con carácter tridimensional, que evidencia el cambio en la creación del artista en cuanto a formatos y materiales.

“El ser humano, en toda su extensión, sigue siendo para Rancaño el eje protagónico de su obra”, afirma la curadora de la muestra, Sandra Contreras, quien asegura el éxito del autor en estas nuevas técnicas.

La  propuesta se mantendrá en Villa Manuela, sita en calle H entre 17 y 19 en el Vedado, hasta el próximo 12 de diciembre, fecha en la que se trasladará para la Galería de 23 y 10.

Dato adicional:

Ernesto Rancaño como miembro de la UNEAC ha participado en muestras colectivas en países como Jamaica, Argentina, Panamá, Colombia, España, México, Venezuela y Ecuador. Ha ilustrado libros y desarrollado obras murales y ambientaciones en edificios públicos; y ha presentado 11 exposiciones personales durante su carrera artística.