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Isla al Sur

ESTAMPAS DE CHINA

ESTAMPAS DE CHINA

El libro Crónicas desde Beijing, de Nancy Zamora Pérez, muestra al lector características del acontecer político y social de la República Popular China.

Texto y foto:
AYMELIS ALFARO CAMACHO,
estudiante de primer año de Periodismo,
Facultad de Comunicación,
Universidad de La Habana.

La obra Crónicas desde Beijing, de la autora Nancy Zamora Pérez (1935-2008), publicado por la Editorial Abril en el año 2009, muestra al lector la milenaria nación asiática. En él, Zamora nos presenta al país más poblado del mundo, la rigurosa política de planificación que dicta dos hijos por cada matrimonio, la discriminación de la mujer china y las tradiciones que subsisten a pesar del constante avance tecnológico e industrial.

La portada, diseñada por Alexander Calcedó Oliver, armoniza con su contenido, en el cual se reflejan criterios y experiencias personales del la autora mientras ejercía su labor como corresponsal de la Agencia Prensa Latina, en la República Popular China, durante los años 2001 y 2006.

Zamora ilustra el gigante asiático mediante un estilo directo que informa al lector sobre el acontecer político y social de la nación. En los textos se aprecian diversos rasgos de la cultura asiática. Entre ellos sobresalen los rostros-máscaras de la Ópera de Pekín, el simbolismo del rojo y el dorado, el equilibrio, la meditación y los papalotes que con frecuencia cubren el cielo de la Gran Muralla.

Esta selección incluye crónicas como “Romeo y Julieta en China”, “El murciélago y la felicidad” y “El Templo del cielo”, textos que ponen al descubierto leyendas de la civilización y del pasado milenario de eunucos, kung-fu y años lunares.

NZP, como se le conoció por sus iniciales al pie de los trabajos periodísticos, supo conjugar la historia y la modernidad del país asiático a través de abundantes descripciones, contextualización de hechos y datos precisos que revelan su ardua labor investigativa.

Una de las crónicas más notables es “El regalo inoportuno”. En este texto la autora explica las peculiaridades de obsequiar presentes en el territorio, donde una flor como el crisantemo puede traer consigo incorrectas interpretaciones en los cumpleaños, porque frecuentemente se utiliza como tributo fúnebre.

También se evidencian los problemas sociales que afectan a los ciudadanos, fundamentalmente en las zonas rurales. Ejemplo de ellos son los constantes padecimientos de enfermedades como la tuberculosis, la diabetes y el VIH/SIDA.

Para cualquier reportero puede ser un desafío ilustrar un sitio totalmente diferente del propio, pero la autora hizo suyos tanto el oficio como el país. A lo largo de su vida, Nancy Zamora se desempeñó como socióloga, profesora de Psicología e Historia de la Filosofía en la Universidad de La Habana y editora del semanario Orbe y la revista Avances Médicos de Cuba.

Las numerosas profesiones que ejerció, junto al dominio de varios idiomas como el francés y el chino, la prepararon para su futura labor periodística que, al decir de su colega José Dos Santos López, en el prólogo del libro, “nació de forma natural”.

Ejemplos de su obra son “Un viaje a los orígenes de la ciencia” y “El ábaco en la era moderna”, artículos que muestran su trabajo como corresponsal en Francia y España.

Pie de foto: La selección contiene cuarenta y un trabajos periodísticos redactados por Nancy Zamora, mientras trabajaba como corresponsal de la Agencia Prensa Latina en la nación asiática.

¿QUÉ SIGNIFICA LA VIDA?

¿QUÉ SIGNIFICA LA VIDA?

La película “Viva” propone realizar un análisis acerca de la situación actual de los transformistas en Cuba.

HUE TRAN THI,
estudiante de primer año de Periodismo,
Facultad de Comunicación,
Universidad de La Habana.

Uno de los mejores filmes cubanos más recientes es Viva, dirigido por el productor irlandés Paddy Breachnat y rodado en La Habana por la Agencia Publicitaria, en septiembre de 2015, el cual refleja la vida social de un transformista residente en la Isla.

Desde la primera escena, el director pretende mostrar dos de los problemas que se consideran cada vez más recurrentes en el cine cubano: la homosexualidad y la transexualidad, a través de las clases que ofrece “Mama” (Luis Alberto García), a varios transformistas en un cabaret.

En una hora y cuarenta minutos de duración, el largometraje, basado en el drama Cabeza de muerte, del escritor Mark O´Halloran, muestra la vida de un joven de 18 años, Jesús (Héctor Medina Valdés), quien se dedica a arreglar las pelucas en un club nocturno e intenta conocer su verdadera identidad.

Viva, nombre con el que también se le conoce al actor, da título a la cinta, para mezclar el significado de la vida con la historia de su protagonista. Quizás por eso, en la obra abundan las escenas en las que Jesús y “Mama” exponen sus anhelosy los obstáculos por los que han atravesado para alcanzarlos, de maneras tan duras como la prostitución.

Mientras, la actitud solitaria del protagonista masculino y su vestuario humilde resalta la pobreza, incluso su modo de vivir. El filme presenta, además, los escenarios de la vida cotidiana con sus comidas típicas, como arroz, chícharo, pizza, boniato, bebida y café.

En el caso del maquillaje, se alcanzó destacar la historia que encarnan sus personajes mediante los labios rojos y brillantes para manifestar seducción ante el público. Igualmente, las interpretaciones de Héctor Medina Valdés junto a Luis Alberto García lograron transmitir algunas características de los homosexuales a partir del empleo de una voz pausada y gestos suaves.

En el caso de la fotografía, dirigida por Cathal Watters, presenta una iluminación débil que a su vez se entrelaza con la trama de la obra para sugerir el temor de los personajes ante el rechazo de la sociedad. En cambio, en las escenas del cabaret se muestra un juego de luces que mezcla los colores blanco, rojo y azul.

Por otra parte, la escenografía destaca la experiencia visual de sus realizadores a través del empleo de varios contextos como parque Central (frente al Capitolio), Habana Vieja y el Malecón para brindar una imagen general de la capital.

La película también expone las diferencias entre padres e hijos respecto a su orientación sexual, así como las vías que estos encuentran para desarrollar su futuro sin el apoyo de la familia. Un ejemplo de ello son las escenas de violencia entre Ángel (fue encarnado por el mismo Jorge Perugorría que en 1994 apareció en Fresa y Chocolate), papá de Jesús, y el joven, para evitar que trabaje en el club nocturno como transformista.

El largometraje se refiere también a muchos problemas actuales como la prostitución tanto femenina como masculina, la transexualidad, la pérdida de la virginidad, el embarazo precoz, el alcoholismo y la violencia familiar y trae una visión diferente de la sociedad cubana.

Canciones como “Ojalá que no puedas”, “Perdóname”, “Es mejor que tú lo sepas”, de varios compositores de la Isla, constituyen aspectos importantes en la ambientación de las escenas para dar sensaciones de tristeza y melancolía.

Luego de su estreno, el filme fue nominado a la preselección Oscar de este año, no solo por las buenas técnicas de rodar, sino por constituir una crítica a los prejuicios de la Isla que discriminan la homosexualidad, según precisó el diario Granma.

Otros elementos importantes resultan los momentos finales de la cinta, donde los directores critican los juicios acerca de la prostitución y cómo aún existen tabúes sobre tal realidad que no solo incluye a Cuba, sino al resto del mundo. Es una película que toca problemas de la sociedad cubana actual y por esa razón causa a los espectadores deseos de volver a verla otra vez.

Pie de foto: El maquillaje de los actores logró destacar la historia que encarnan sus personajes a través de los labios rojos y brillantes.

EL HECHIZO DE UNA DANZA CENTENARIA

EL HECHIZO DE UNA DANZA CENTENARIA

La función de El lago de los cisnes, realizada el pasado 22 de abril e interpretada por bailarines nacionales, demostró la técnica y el dominio que caracterizan las presentaciones de estos artistas.

Texto y foto:
GABRIELA SÁNCHEZ PÉREZ,
estudiante de primer año de Periodismo,
Facultad de Comunicación,
Universidad de La Habana.

Nuevamente, los integrantes del Ballet Nacional de Cuba (BNC) encarnaron los roles de campesinos, príncipes y princesas en la versión realizada por Alicia Alonso al clásico de la danza El lago de los cisnes, adaptación que responde a la estructura de tres actos y un epílogo con el fin de desarrollar la pieza de manera más fluida y acorde con las exigencias de la escena contemporánea.

Durante esta función, realizada el pasado 22 de abril (2016) en el Gran Teatro de La Habana Alicia Alonso, los artistas mostraron la calidad del ballet cubano mediante la historia de romances y hechizos que envuelve a las doncellas-cisnes en un reino embrujado donde el poder del amor entre Odette y Siegfried deberá romper los mágicos conjuros.

En los minutos iniciales de la gala destacó la presentación del bailarín Alex Yordano, en el papel del bufón, gracias al empleo de varios saltos elevados y rotaciones en-dehors (rotación externa de las piernas), en las cuales brilló la precisión de sus movimientos.  

Asimismo, impactaron los más de diez giros a través del tablado de Adaris Linares, en el rol de una de las campesinas, por la complejidad de las secuencias y la limpieza con que se ejecutaron. Otros elementos que, aunque de menor dificultad, también demostraron la destreza de los artistas fueron sus expresiones durante las escenas para lograr la integración drama-baile que requiere este ballet.

Pero el mayor atractivo de la obra fueron la rápidas conversiones de Anette Delgado en los papeles de Odette y Odile para simbolizar al cisne blanco y el negro, la dulzura y la maldad, personajes que solo convergieron en las pirouettes de una misma representante.

También obtuvo méritos el bailarín, Dani Hernández, quien interpretó al príncipe Siegfried y mostró su ímpetu por el arte de las zapatillas de punta al deslizarse por las tablas con varios trazos y giros para enaltecer  la figura de su compañera, Anette Delgado, en el escenario.

Las manos con las muñecas curvadas, los port de bras (suaves movimientos con los brazos) y el elegante plumaje  de los vestuarios transformaron a las artistas en verdaderos cisnes en su lago, donde resaltó la ejecución del pas de deux (paso en pareja) protagonizado por Hernández y Delgado, durante la representación de Siegfried y Odile, respectivamente, debido a las difíciles secuencias de sautés sur les pointes (saltos sobre las puntas) que incluye la rutina.

Ese fue el momento de mayor brillantez para la primera bailarina del  BNC, pues demostró gran equilibrio y delicadeza durante la práctica de los famosos 32 fouettés (giros sobre una pierna, impulsándose con la otra) del tercer acto. Elemento que fue introducido por primera vez en 1894 por la italiana Pierina Legnani, y que aún constituye un momento esperado por los espectadores para calificar el virtuosismo de sus intérpretes, según expone la especialista Célida Villalón en su texto Historia del ballet El lago de los cisnes.

En el vals de las singulares aves también sobresalió la actuación del cuarteto que desarrolló el pas de quatre (paso de cuatro) en el que se desplegó al máximo la sincronización de los movimientos de las artistas con las melodías. No obstante, en el caso de los bailes napolitanos y españoles del tercer acto, las rutinas evidenciaron una menor grandeza artística debido a la presencia de algunos detalles de coordinación entre los danzantes y el ritmo de la música.

Mientras, el trabajo en la escenografía de la primera parte de la gala logró trasladar a la audiencia hasta los jardines del castillo real, mediante el empleo de una iluminación cálida y la combinación de los colores verde y marrón, para destacar el contrastante de los vestuarios con los matices campestres de la escena.

Igualmente, el segundo acto sorprendió desde la apertura de sus cortinas con una miscelánea de tonos azules y blancos que convirtió las tablas en el reino de las jóvenes-cisnes, donde se evocó el dinamismo de los movimientos a través de posiciones en forma triangular y diagonales, aspectos que también destacan las diferencias de la adaptación de la prima ballerina assoluta con respeto a la obra original de los coreógrafos Marius Petipa y Lev Ivánov, de nacionalidad francesa y rusa, respectivamente.

Otro elemento importante a resaltar fue la presencia de las melodías de la composición 20 de Chaikovski, interpretadas por la Orquesta Sinfónica del Gran Teatro de La Habana, que acompañaron los trazos de los artistas en el tablado y lograron transmitir, más que con palabras, la trama de la pieza por la utilización de varios instrumentos de cuerda y de viento que otorgaron a los actos sensaciones de angustia o alegría, según las situaciones expuestas.

Pero las verdaderas estrellas del lago en esta ocasión fueron la técnica y el dominio con que los integrantes del BNC desarrollaron un ballet que, aún después de 139 años de su estreno, constituye una obra maestra de la danza teatral.

Pie de foto: Las posiciones en forma triangular y diagonales destacan las diferencias de la versión de Alicia Alonso, respeto a la obra original de El Lago de los cisnes, realizada por Petipa e Ivánov.

VESTIDA PARA LA ÓPERA

VESTIDA PARA LA ÓPERA

A sus 91 años, la habanera Graciela Rouco Carreirano abandona la pasión por la música lírica a la que ha dedicado más de medio siglo.

MABEL SÁNCHEZ TORRES,
estudiante de primer año de Periodismo,
Facultad de Comunicación,
Universidad de La Habana.
Fotos: Autora y Cortesía de la entrevistada.

Ante  el anuncio del moderador de la salida a escena de Gracielita –como cariñosamente la presentan sus colegas- el público, conocedor de la aterciopelada voz de la artista, prorrumpe en aplausos, como los niños a la espera de un regalo, solo que esta vez viene envuelto en el vibrato de una garganta.

Al clamor de los espectadores, Graciela se emociona también, sonríe y lanza una mirada cómplice a sus amigos del coro Hespérides, de la Asociación Canaria de Cuba, que la animan desde sus asientos. Con paso lento, ligeros balances y acompañada del bastón que sostiene una vida nonagenaria, sube a escena.

Suenan los primeros acordes del piano y se aventura a entonar «María la O», pieza icónica del gran compositor cubano Ernesto Lecuona. Pasa por los agudos con total acierto, mas en los tonos medios, la voz se quiebra ligeramente y le recuerda que los años no transcurren sin dejar huella.

Luego del tropiezo, la soprano retoma las notas en el fragmento más difícil para un final digno de la antigua Ópera Nacional. El aria termina. El auditorio lanza vítores y entona a coro su nombre.

De Lola a Cecilia

Graciela Rouco Carreira nació en La Habana en 1925, justo cuando comenzaba a aflorar en Cuba una reinterpretación de la zarzuela a partir de la obra de compositores de cierto renombre como Eliseo Grenet, Rodrigo Prats, Gonzalo Roig y Ernesto Lecuona, quienes fusionaron el más alto nivel conceptual de la ópera con elementos de la cultura popular.

Aunque el género surgió en España a finalesdel siglo XVII -apunta el Diccionario Hispanoamericano de la Zarzuela, editado por el Instituto Complutense de Ciencias Musicales de Madrid- en la Mayor de las Antillas alcanzó notable mérito artístico dos centurias después, cuando las obras introdujeron personajes típicos de la sociedad criolla como la mulata dotada con una exuberante sensualidad.

Enrique Río Prado, en el libro La Venus de bronce. Una historia de la zarzuela cubana (La Habana, 2010), recrea que durante la década del 30 del siglo XX, inició la etapa dorada de la zarzuela en la Isla. Ante el auge desatado por los nuevos autores, «El Cafetal» y «Niña Rita», de Lecuona, generaron avalanchas interminables de público, ansioso por disfrutar de melodías firmadas por sus compatriotas, quienes desplazaron de las carteleras a los directores españoles e italianos.

Como muchos cantantes, Graciela descubrió primero el arte foráneo, para luego enamorarse del que portaba el sello patrio. «Era muy pequeña y por los prejuicios de la época no podía asistir a las funciones. Además, estaba mal visto que las mujeres se dedicaran al canto y al baile», cuenta la anciana.

«En mi adolescencia desconocía la notoriedad artística de nuestra música -prosigue- por eso me inclinaba más hacia las rancheras mexicanas, sobre todo, por la influencia del cine de ese país en Cuba. Años después, me identificaba con intérpretes españoles como Lola Flores. Con frecuencia cantaba “Penita Pena”, de La Faraona, como llamaban a la flamenca».

El acercamiento de Graciela a la lírica insular llegó en 1966, mientras estudiaba Lengua Inglesa. «Tenía cuarenta años cuando canté por vez primera en un teatro. Me integré al elenco de la compañía de la Universidad de La Habana que preparaba la obra “Cecilia Valdés”, de Gonzalo Roig, e interpreté el papel de Rosa, la madre de Leonardo», comenta halagada.

Era un gran honor para ella trabajar bajo las órdenes de Miguel De Grandy, discípulo de Lecuona y primer director general del Teatro Lírico Nacional, a quien la periodista cubana Dolores (Loló) de la Torriente definió en el artículo Elogio a Miguel De Grandy en una edición del periódico El Mundo, como un hombre «conectado a la mejor tradición teatral cubana», refiere el programa del espectáculo, que Graciela atesora junto a sus fotografías.

Así como la lírica criolla se abrió paso en el panorama cultural durante las primeras décadas del pasado siglo, desplazando la zarzuela española y la ópera italiana, Graciela, después de beber de maestros como Roig y De Grandy, cambió el quejido de Lola Flores por la cubanía de la mítica Cecilia Valdés y en el repertorio de la aficionada no faltaron temas como «María la O» y «Niña Rita».

Oídos sordos a los prejuicios

Las transformaciones sociales operadas por la Revolución y la oportunidad de formarse como profesional impulsaron a Graciela a matricular en la Universidad, en la especialidad de Lengua Inglesa, a inicios de los 60.

«En aquel entonces ya tenía una familia junto a mi esposo Alberto Carruana Bances, pero las dificultades de la vida cotidiana y la responsabilidad de atender a mis tres hijos me instaron a abandonar los estudios en el tercer año».

Quizás otra mujer a su edad se hubiera limitado a las labores de ama de casa, mas Graciela sintió que aún era temprano para cumplir su sueño. Sin embargo, su gusto por la música no fue precisamente un «amor a primera escucha», porque la cantante recuerda lo insufrible que le resultaban las clases de solfeo en la secundaria.

Creyendo que para sus hijos Ana Graciela, Jorge Alberto y Carlos Rafael no sería igual tortura, contrató profesores de piano y teoría musical. Gran sorpresa se llevó cuando descubrió que ella prestaba más atención a las lecciones que los verdaderos alumnos.

La mayor de sus hijas terminó el cuarto año de piano, aunque finalmente lo abandonó. «Aprecio mucho la música, pero en realidad no es algo que me apasione, en cambio, mi madre sí ama la ópera. Admiro su entrega, solo temo que las personas la rechacen por su edad», expresa emocionada Ana.

Aun así, Graciela cuando está en el escenario no piensa en los avatares de sus 91 años, tampoco en los prejuicios de aquellos recelosos de su arrojo, incapaces de comprender que una mujer de tamaña experiencia, todavía desee mostrar su talento.

Convencida de que aún le esperaba un camino por labrar, en 1972 se unió al coro Tabacaleros, con el que obtuvo, cuatro años después, el primer lugar en el VII Festival Provincial de los Trabajadores Aficionados al Arte, patrocinado por la Central de Trabajadores de Cuba y el Ministerio de Cultura. Tras 20 años de incesante cantar, los constantes cambios de sedes y la dificultad de los integrantes para trasladarse a los ensayos, propiciaron la desintegración del grupo.

Un largo viaje

En la década del noventa, Graciela abandonó La Habana que padecía los desmanes del Período Especial. Tenía entonces 65 años y afrontaba las dificultades económicas de una Cuba afectada por la caída el socialismo en Europa Occidental y el recrudecimiento del bloqueo impuesto por Estados Unidos.

Obtuvo la ciudadanía española y partió sola a esa tierra donde trabajó en labores domésticas. Atrás quedaron sus hijos y esposo con quien había compartido más de cuarenta años.

A su regreso en el 2000, se integró a la Asociación Canaria de Cuba, donde fue más que bienvenida. «Además de ser una excelente persona, ella representa un ejemplo para los jóvenes por su tenacidad», asegura Marcos Santana Hernández, integrante de Hespérides y para quien sus diecinueve años no son impedimento cuando conversa de música con Graciela.

Cristina Pedraza Leyva, delegada del coro, lamenta la salida de Graciela del grupo: «Cuando dejó de asistir a la Asociación hace un año por cuestiones de salud, me afligí mucho. Ella es una mujer especial, arriesgada, y un motivo de inspiración para todos».

El Colonial

Tras la muerte de su esposo en 2006 y a causa del desgaste de su rodilla –padecimiento que sufre hace dos años-, apareció en su vida un nuevo compañero: el bastón. Él es quien comparte el día a día con Graciela desde entonces, pues la anciana vive sola hace más de diez años, luego de que sus hijos marcharon al extranjero.

El diagnóstico, aunque la limita para frecuentar la Asociación Canaria, no detiene las peñas de El Colonial en las noches de los terceros viernes de cada mes, cuando recibe en su hogar a unos quince abuelos.

Las cortinas del espectáculo son descorridas al compás de los versos de la popular canción A mi manera, entonados por Orlando Ur Despaigne, uno de los fieles concurrentes a las peñas. Prosiguen Margot, Francisco, Silvia y otros tantos, quienes sin exceso de formalismos, pero con gran entusiasmo, se turnan para cantar algunos de los mejores boleros de los setenta.

«El club El Colonial surgió hace más de veinte años. Se trata de una iniciativa de inclusión social dedicada a personas de todas las edades. Cuando perdimos la sede en el año 2008, Graciela se brindó para acoger en su casa la peña de los ancianos», comenta Aracelys Pérez Díaz, presidenta del proyecto.

La velada continúa y ahora es el turno del baladista Francisco de Asís Barreto Quintana,  quien confiesa: «Yo asisto a las peñas porque en mi casa no me nace cantar. Este es el lugar donde puedo hacer feliz a las personas con mi voz, pues mi familia no apoya mi amor por la música».

Unos segundos después asaltan el centro de la sala los hermanos Antonio y Jesús García Valdés para alegrar la fiesta con sus bromas y declamar los versos más famosos de José Ángel Buesa. «Conocí a Graciela en el coro de la Artística Gallega y durante estos años ha sido una gran amiga», señala Antonio.

La última en tomar el micrófono imaginario es la anfitriona, quien hace gala de su prodigiosa voz. Todos aplauden y acuerdan el lugar de reunión del próximo encuentro porque aunque los asistentes han permanecido toda la peña como si nada pasara, Graciela se marcha por unos meses a España con su hija Ana.

El final ya es inminente, pero nadie dice adiós. Fotografías del grupo en la mesita situada en una esquina de la sala son el único indicio de la despedida. Cada uno se lleva una imagen de recuerdo y rodean a Graciela para desearle un buen viaje, confiados en un pronto reencuentro.

Pie de fotos: 1-Su primera presentación en un teatro fue en 1966 cuando interpretó el papel de Rosa, la madre de Leonardo, en la  zarzuela Cecilia Valdés, de Gonzalo Roig; 2-Graciela Rouco ha vivido más de nueve décadas, pero no ceja en su empeño de entregarse a la música; 3-Su casa acoge las peñas de El Colonial en las noches de los terceros viernes de cada mes.

POLIMITAS EN LA CAPITAL

POLIMITAS EN LA CAPITAL

Expertos de La Quinta de los Molinos, en La Habana, trabajan en la preservación de esta especie endémica en peligro de extinción.

Texto y foto:
GABRIELA TAMARIT GUERRERO,
estudiante de primer año de Periodismo,
Facultad de Comunicación,
Universidad de La Habana.

Con el afán de preservar la Polymita picta, especie de molusco endémico de la región oriental en peligro de extinción, La Quinta de los Molinos, centro para el desarrollo de la educación ambiental en La Habana, por primera en vez en Cuba destina un laboratorio a su reproducción.

“Una expedición realizada en octubre del pasado año al Parque Nacional Alejandro de Humboldt, en Guantánamo, extrajo 24 ejemplares de su hábitat natural, con el objetivo de que a través de talleres educativos se haga conciencia en la población habanera del peligro que sufren”, informó el biólogo Roberto Rodríguez, jefe de la investigación.

La labor consiste en mantener a la especie en condiciones similares a su clima en temperatura y humedad, lo que contribuye a su reproducción. Poseen tierra para que desoven y ramas de árboles frutales para que se alimenten, requieren de riego diario para evitar que se sequen y queden atrapadas en su propia concha; es por ello que el proyecto es único en su forma reproductiva, explicó la agrónoma Yoandra Pantoja, técnica principal del cuarto de cría.

Tras obtener los primeros descendientes en el cruce de polimitas, el laboratorio devolvió a su hábitat 24 individuos, de forma que no se afectaran las poblaciones existentes en Baracoa y Maisí. Sin embargo, la Máster Norvis Hernández, especialista principal del Parque Alejandro de Humboldt, defiende la idea de mantener a las especies en el lugar donde pertenecen y tiene las condiciones precisas para su desarrollo natural.

“Para su subsistencia, la idea de reproducirlas es un buen comienzo, pero se deben velar los métodos de traslocación y reintroducción, de un estudio del entorno y de un equipo multidisciplinario para asegurar con éxito el programa”, expone Hernández.

De la picta, una de las seis del género Polymita, posee el laboratorio 90 ejemplares, los cuales están divididos en dos subespecies, iolimbata y roceolimbata. La diferencia entre ellos radica en el color debajo de su concha, que puede ser negro azulado para los primeros y rosado para los segundos, explicó Pantoja.

Estos moluscos terrestres hermafroditas tienen un ciclo de vida de 15 meses aproximadamente y respiran de forma directa por un saco aéreo. Cumplen una gran función al ingerir líquenes y hongos de los tallos de los arboles, aunque también sirven de alimentos a aves.

Como causas fundamentales de su desaparición está la pérdida del ecosistema y el comercio ilegal, esto último debido a que por la gran variedad cromática de sus conchas tienen gran demanda como piezas decorativas para objetos artesanales. En el libro Las polimitas, del malacólogo (estudioso de los caracoles) José Espinosa, se hace un llamado a la conservación de la especie, amenazada por la acción del hombre.

La lista de especies del Anexo Único de la Resolución 160 del 2011, aprobada por el Ministerio de Ciencia, Tecnología y Medio Ambiente, incluye a la polimitas como órdenes de especial significación para la biodiversidad en el país.

Pie de foto: En el laboratorio, Yoandra Irina Pantoja dedica gran atención al cuidado de las polimitas.

¿POR QUÉ NO VOLVER?

¿POR QUÉ NO VOLVER?

DUNG TRAN THUY,
estudiante del primero año de Periodismo,
Facultad de Comunicación,
Universidad La Habana.

Actualmente hay más de 110 000 ciudadanos vietnamitas que se encuentran estudiando en países extranjeros. De estos, solamente un 30 por ciento volvieron al país, el resto tiene intención de quedarse a vivir y trabajar fuera, según la estadística del Departamento de Formación de Asuntos Exteriores, perteneciente al Ministerio de Educación Superior vietnamita.

Estas constituyen unas cifras alarmantes ya que las fugas en el sector educativo de Vietnam evidencian la existencia de un fenómeno que afecta principalmente a los países en vías de desarrollo.

¿Qué hago al terminar la carrera, me quedo o vuelvo? Para todos los estudiantes esta interrogante aparece al menos una vez durante su tiempo fuera del país. Todos saben que graduarse en otra cultura ya es algo difícil, pero el quehacer después de la graduación es todavía más.

Muchas personas optan por los estudios autofinanciados, otras continúan con el convenio del gobierno. Sea uno u otro caso, la mayoría de ellos no quieren volver.

Vivir y estudiar en otro país no es fácil para todos, pues existen numerosas dificultades: las barreras del idioma, las condiciones climáticas que muchas veces son muy diferentes a las del país de origen, o las costumbres alimenticias.

Siempre hay que adaptarse, ir más allá de nosotros mismos y superar la nostalgia y aprender a sobrellevarlas. Pero, ¿por qué al final no quieren regresar?

Cuando ellos llegan al país no encuentran por lo general un trabajo que les guste. Por otra parte, exigen salarios más altos al considerar que su capacidad profesional está por encima de los graduados de las universidades nacionales.

Igualmente, los estudiantes graduados de universidades extranjeras desconocen la situación existente  en el país relacionada con su profesión; mientras los egresados en centros nacionales tienen experiencia del oficio y están familiarizados con el entorno.

Algunos estudiantes matriculan en carreras que ofertan países desarrollados como Estados Unidos, Reino Unido, Japón o Australia, cuando vuelven, les resulta complicado incorporarse a la vida de Vietnam    por la calidad de que dejan en las naciones donde estudiaron.

Si se compara el entorno vietnamita con el los países desarrollados, es evidente que los otros le llevan una amplia ventaja en cuanto a la calidad de vida y los servicios. Por ejemplo, en nuestro país la tecnología es más rezagada junto a una infraestructura antigua, lo cual provoca muchas dificultades para trabajar y contrapone la otra realidad que exhiben las naciones prósperas, compuestas de grandes fábricas y laboratorios con equipos modernos que facilitan el estudio y trabajo.

Además, las políticas de trabajo no son atractivas, tal es el caso del salario mensual de un profesor de Matemáticas vietnamita. Cuando enseñaba en la Universidad de Chicago, EE.UU, era de aproximadamente 3 000-5 000 dólares. Sin embargo, cuando decidió volver a trabajar en el Instituto de las Matemáticas de Vietnam, su remuneración se redujo a 200-400 al mes.

Solo haciendo una pequeña comparación podríamos ver una gran diferencia de los empleadores  de Vietnam y el exterior. Y, por supuesto, los universitarios desean elegir un lugar que les ofrezca las mejores condiciones de trabajo y de vida.

Los estudiantes que no retornan constituyen  un problema importante para el país. Todo el mundo sabe que en la actualidad para desarrollar una nación se necesita muchos factores, pero el más significativo es capital intelectual. Si ellos no regresan, sin duda, representan una gran pérdida para Vietnam y el gobierno debe encontrar nuevas maneras de atraer a las personas talentosas.

LA CUESTIÓN

LA CUESTIÓN

EDUARDO PÉREZ OTAÑO,
estudiante de cuarto año de Comunicación Social,
Facultad de Comunicación,
Universidad de La Habana.

Llegó entre los últimos y tomó asiento, como es lógico, en la tribuna. Arrastró su silla con todo el buen arte que se puede aplicar al monótono acto de arrastrar una silla y se sentó. Cubrió la mesa -hasta entonces vacía- de todo, de notas, planillas, cuartillas llenas de asociaciones infinitas de veintiséis letras.

Asumió su postura oficial, la de siempre, la esperada por el auditorio. Acomodó el micrófono, lo volvió a desacomodar: acto repetido doce veces, esto con toda seguridad y elegancia, con maestría absoluta.

Garraspó, tosió, tomó agua. Colocó el vaso a veinticinco centímetros de la esquina de la mesa antes vacía, ahora apenas con espacio exacto para el vaso ya mencionado. Un poco a la derecha, unos centímetros a la izquierda: precisión milimétrica. De ser comprobado se llegaría a la conclusión de que... nunca antes maestro alguno de la geometría del espacio ha logrado tal habilidad.

Se dispuso a hablar: sucesión terrible de fonemas enlazados para formar sílabas, palabras, oraciones, párrafos, incoherencias tan bien organizadas que dejaron impresionados al auditorio. Los temas eran con sumo interés repetidos por enésima ocasión consecutiva. Aún tratamos de confirmar este dato en los archivos personales de quien tan magistralmente hace uso de la lengua, pero nos ha sido imposible certificar tal afirmación.

El auditorio había asistido, vale aclararlo, con todo interés personal. Nunca antes ni después se supo de presión alguna. La voluntad por sobre todo prevalecía en la sala y también la expectación. Ya llegaba el discurso a su mejor momento. El público prorrumpió en aplausos insistentes. Repitió la misma frase, hacia atrás y hacia adelante unas tres veces, no más para no perder la genialidad. Silencio total.

Unos años más tarde -también nos quedaremos en deuda en tal caso- concluyó el insuperable discurso. El auditorio amaestradamente saltó de sus asientos. Gritó. Coreó frases de alegría. Agradecieron personalmente en la medida de lo posible. Según cuentan, algunos lloraron, otros se desmayaron. Solo entonces, La Cuestión fue feliz.

AMÉRICA LATINA EN UNA METÁFORA LITERARIA

AMÉRICA LATINA EN UNA METÁFORA LITERARIA

Cien Años de Soledad cumplirá medio siglo de creada cautivando la atención del lector con esa fusión característica en la trama de convertir en magia y fantasía la lúgubre cotidianidad de la miseria humana.

ARLETTE VASALLO GARCÍA,
estudiante de primer año de Periodismo,
Facultad de Comunicación,
Universidad de La Habana.

Macondo, ¿quién nunca habrá oído nombrarlo? Un lugar que no existe, sin embargo, es más conocido que otros que tienen reservada su propiedad en la tierra. Donde caen flores del cielo, donde puede llover durante cuatro años o donde las mariposas amarillas pueden perseguir a los enamorados.

Cien Años de Soledad es considerada una de las novelas más importante de nuestra contemporaneidad. Pablo Neruda la catalogó como “El Quijote de nuestro tiempo”. Asimismo, marca un nuevo estilo literario: el realismo mágico y encabeza el movimiento conocido como “Boom latinoamericano”.

Gabriel García Márquez, Premio Nobel de Literatura en 1982, narra una historia, que él afirmó sería al estilo de su abuela, colmada de la espiritualidad con que se pinta la realidad latinoamericana, vista a través de siete generaciones de Buendías, que muestran el nacimiento, esplendor y decadencia de Macondo.

A través de un narrador heterodiegético y en veinte capítulos no titulados, el Gabo toca temas como la soledad, a la cual todos los personajes del libro y hasta el propio pueblo están destinados a padecer; el miedo al incesto, que da inicio y culminación a la historia; las guerras civiles entre los nacientes partidos liberales y conservadores junto a la pérdida de la memoria histórica. Estos aspectos hacen de Macondo una metáfora de América Latina.

Sin embargo, uno de los grandes méritos de la obra es el reflejo de las esencias humanas. El expresidente norteamericano Bill Clinton, la rememora como el mejor libro escrito después de la muerte de Faulker, pues cuenta verdades eternas sobre la naturaleza humana: la manera en que nos impulsa el amor o el odio, la codicia o la generosidad y las esperanzas o los miedos.

Con unos de los inicios más celebres en el mundo literario: “Muchos años después, frente al pelotón de fusilamiento, el coronel Aureliano Buendía había de recordar aquella tarde remota en que su padre lo llevó a conocer el hielo”, esta publicación ha merecido varios reconocimientos como el Premio Rómulo Gallegos, en Venezuela, en 1972, y el Premio al mejor libro extranjero, en Francia, en 1969.

Muchos consideran a Macondo como el símil literario del pueblo natal de García Márquez, Aracataca, en el que vivió con sus abuelos hasta los nueve años. Su abuelo era un veterano de la guerra entre los liberales y conservadores en Colombia. De esta figura surgió la novela El coronel no tiene quien le escriba y también inspiró los personajes de Gerinaldo Márquez y Aureliano Buendía. Su abuela era muy supersticiosa, vivía en un mundo fantástico donde todo era posible. Entre estas dos perspectivas vivió su infancia el Gabo, la cual fue determinante para su creación literaria.

Argentina fue la primera en degustar esta obra en junio de 1967 con una tirada inicial de 8 000 ejemplares por la Editorial Sudamericana. La novela ha sido traducida a 35 idiomas y se han vendido 30 millones de libros en el mundo, convirtiendo al autor de El amor en los tiempos del cólera, El otoño del patriarca y Noticia de un secuestro, en el escritor latinoamericano de mayor éxito comercial.

En Cuba, este libro fue reeditado en 2007 por la Editorial Arte y Literatura acompañado por ilustraciones del pintor cubano Roberto Fabelo con motivo de la conmemoración del aniversario cuarenta de la primera edición de la novela y al cumpleaños ochenta del autor, quien afirmó: “Cuando escribía Cien años de soledad estaba tan feliz porque soñaba estar inventando la literatura”.

Pie de foto: Cien años de soledad está entre las mejores producciones literarias de la historia.