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Isla al Sur

Acuarela

EXPONEN RESULTADOS DE LA REVOLUCIÓN ENERGÉTICA EN MATANZAS

EXPONEN RESULTADOS DE LA REVOLUCIÓN ENERGÉTICA EN MATANZAS

ARIEL MONTENEGRO VALHUERDI,

estudiante de primer año de Periodismo,

Facultad de Comunicación de la

Universidad de La Habana.

La eliminación de más del 70 por ciento de las zonas de bajo voltaje y casi 300 kilómetros de líneas reemplazadas, contribuye al desarrollo de la Revolución Energética en la provincia de Matanzas.

El ingeniero José Antonio Hernández Sánchez, director de la Empresa Eléctrica en el territorio, dijo a la AIN que como resultado del plan de rehabilitación que se ejecuta, las interrupciones eléctricas disminuirán aún más durante 2007.

Explicó que se habilitaron, además, 98 kilómetros de líneas adicionales para implementar enlaces de circuitos y la división de circuitos primarios, lo que ayuda a la erradicación de zonas de bajo voltaje.

Agregó que fueron suplantados nueve mil 216 postes de los casi 13 mil existentes en el territorio, la Empresa Eléctrica registró unos 8 539 nuevos clientes desde el 2006 hasta la fecha y tramita actualmente otras 1 200 solicitudes de servicios a viviendas.

La provincia de Matanzas cuenta hoy con unidades productoras por un total de 123 megawatts y se encuentra a un 96 por ciento de disponibilidad eléctrica.

En lo que va de año redujo las averías en las redes de distribución en un 26 por ciento, lo que contribuye a disponer de un voltaje acorde con la norma cubana en concordancia con el plan de rehabilitación energética, implementado en un 60 por ciento. (AIN)

 

EL GENERALÍSIMO FUE UN PADRE AMADO

EL GENERALÍSIMO FUE UN PADRE AMADO

A propósito del Día de los Padres, el máster en Ciencias Históricas Antonio Álvarez Pitaluga indaga en la poca publicitada vida familiar de Máximo Gómez.

IRAIDA CALZADILLA RODRÍGUEZ

Es muy difícil ahora imaginarnos a un Máximo Gómez llevando a sus hijos a la escuela en la mañana, recibiendo una citación para una reunión de padres o recogiendo en el fin de curso el certificado de notas de sus pequeños. Pero esos documentos existen y es una belleza en la vida de un hombre que en la medida que piensa en Patria, lo hace también en familia y en los hijos.

Hay un Gómez que en el período de tregua juega en el piso con Itica, la última de las hijas llamadas Margarita (habrá que perpetuar el nombre hasta que sobreviva), niña a quien Panchito le disputa el amor filial; un Gómez que prepara todos los días un catecismo a los hijos, en el que habrá mucho de su experiencia personal; un Gómez que educa a la prole en la lectura de buenos libros; un Gómez que con Laíto toma cerveza en un bar de Honduras y habla de problemas cotidianos, incluso hasta del atractivo que ejerce el joven en ciertas muchachas del lugar donde vive.

Así nos llega el hombre de toda la Guerra de los Diez Años, el militar que dirigió la Invasión de 1895: sin charreteras, sin sombrero, sin machete, sin botines. Simplemente en casa.

Eso cuenta el máster en Ciencias Históricas Antonio Álvarez Pitaluga, profesor de la Facultad de Filosofía, Historia y Sociología de la Universidad de La Habana, quien desde los tiempos de estudiante atesora datos que finalmente verán la luz el próximo año en un hermoso texto que llama La familia de Máximo Gómez (Editora Política).

Asevera que la figura de Gómez no ha sido suficientemente reflejada por la historiografía y que los investigadores han vetado a El Viejo la posibilidad de estudiarlo como un hombre común, capaz de reír, de llorar, de enojarse con sus hijos y la familia, y de tener ciertos placeres corrientes. Sin embargo, "fue un hombre que tuvo la capacidad de amar en el transcurso de la vida y, a la par de ser héroe, combatiente y revolucionario, fue también padre y hombre como cualquier otro".

En total tuvo 16 hijos, hasta donde puede probarse documentalmente. Ignacia y Laíto Gómez, y Francisco González le llegaron muy joven, fuera de matrimonio, en República Dominicana. En Cuba, con Bernarda Toro en una unión matrimonial que se consagró a lo largo de 35 años, vinieron 11; y en la década de los ochenta, le nacieron Antonio Romero y María Teresa Tavel.

"Es un hombre que educa a sus hijos como lo hicieron con él, y era en la época: una formación autodidacta donde la primera instrucción que se recibía, la de aprender a leer y escribir, la de conocer la Cartilla, corre por la familia que tiene una función educativa y da preponderancia a los valores apegados a la moral.

"Para Gómez los valores esenciales son el espiritual y el de la humildad. De ahí una familia que en gran pobreza material, es de una inmensa riqueza espiritual, y esta se convierte en el signo con el que guía su vida".

Sin embargo, es una familia, un padre, una esposa, que sufren por la pérdida de cinco hijos. Los primeros Margarita y Andresito murieron de inanición durante la Guerra Grande, en medio de las asperezas de la manigua; los segundos también Margarita y Andrés, fallecen en la tregua fecunda, por problemas de salud; y el segundo Francisco, el Panchito que prefiere caer al lado de su general, Antonio Maceo, en la bravura del combate de San Pedro. Y a pesar de ello, Gómez no renuncia, no deja de hacer revolución, no se desprende de sus ideales y, a costa precisamente de ser y saberse un jefe imprescindible, no pide un centavo.

Sobrevivirá a toda penuria el resto. "Pero ese padre no funciona sin una madre ejemplar. Manana tendrá su terreno de dominio en el hogar, mientras Gómez lo encontrará en los campos de batalla. Es un complemento que permite darse la mano en la educación de los hijos, y tan buena fue esta, que una vez fallecidos ambos, los vástagos fueron consecuentes en su veneración y en no traicionar sus principios".

Y el historiador afirma que casi todos murieron en Cuba después de 1959 por razones que pudieron ser diversas, "pero que les llevó a echar el resto aquí, excepto Clemencia, quien falleció en 1921, y el tercer Andrés, desaparecido en viaje de negocios a Alemania, y como en toda novela nunca se supo de él".

De los que tuvieron larga vida cita a la tercera Margarita, fundadora de las Milicias Nacionales Revolucionarias, de la Federación de Mujeres Cubanas y los Comités de Defensa de la Revolución, al frente de la Vigilancia en su organización de base en el reparto capitalino de Fontanar.

"Gómez se preocupó muchísimo por sus hijos. Existen cartas donde le expresa a su esposa la preocupación que siente por no ser capaz de desarrollar un buen papel, de no cumplir cabalmente con la dirección de la independencia de Cuba, en tanto necesita de la opinión de sus hijos. Esto quiere decir que la polea educativa de los padres a los hijos, en el caso del Generalísimo funciona al revés: la descendencia influye en la obra del padre y lo pone en el compromiso del ejemplo personal que les va a legar", añade Álvarez Pitaluga.

Hay una anécdota que retrata en cuerpo y alma al líder indiscutible: en medio de la Campaña de La Reforma, y cuando ya han muerto José Martí y Antonio Maceo, él está al corriente del matrimonio de su hijo Maxito. "Se preocupa constantemente por la familia, una familia que para la generación del 68 y del 95 será un símbolo del independentismo". Y otra: cuando regresa a Cuba en 1899, tiene una vida hogareña y es habitual que en casa se siente con los suyos los domingos, comparta sus vidas y asista a los bautizos de los nietos.

De entre sus hijos, Álvarez Pitaluga resalta su vínculo estrechísimo con Fernando Urbano, quien condiciona su vida al padre y está a su lado siempre, en relación muy bella, cual lazarillo. "Panchito es el que llega más alto en el plano político porque muere en los campos de San Pedro, pero los demás, desde sus propias edades y lugares donde estén, hacen proselitismo, revolución. Hay que borrar el mito historiográfico de que la familia son tres individuos -Gómez, Manana y Panchito-. Los hijos de ambos son 11, más otros parientes que entran y salen, y todos comparten un mismo hogar e igual ideario.

"Pienso que Gómez es un ejemplo de padre por varias razones, entre las primeras, porque, a pesar de la pobreza, de la humildad en que vivieron todos, nunca educó a los hijos en el trueque de valores materiales a costa del prestigio personal. Nunca lo hizo y prefería, parafraseándolo, andar con los fondillos rotos que pedir dinero".

Para Álvarez Pitaluga una frase de Silvio Rodríguez puede definir a este hombre amado por sus hijos: "Yo me muero como viví".

CUANDO PAPÁ SE EMBARAZÓ

CUANDO PAPÁ SE EMBARAZÓ

YANET LLANES ALEMÁN,

estudiante de segundo año de Periodismo,

Facultad de Comunicación de la

Universidad de La Habana.

Todo estuvo muy oscuro hasta que aparecieron nuevas partes de mi cuerpo. ¿Ojos? Aún está todo muy nublado. No logro distinguir si estoy sola. ¡Si papá supiera que el cordón me enreda! Sí, creo que estoy viendo. ¡Estoy en la panza de papi!

Mi papá come mucho. Seguro que por eso me han salido dos orificios en la cabeza. ¿Oídos? Con ellos puedo escucharlo hablar con una mujer. Debe ser mamá, porque ya la reconozco cuando tiernamente me acaricia. Ella siempre está cerca de papi, constantemente oigo los latidos de su corazón. Ayer, asustada, le dijo que se acercaba el día. Yo sentí sus escalofríos.

Pero no entiendo, aunque hace mucho que tengo cerebro, ¿por qué mi papá está tan tranquilo? ¡Como si yo no estuviera en su barriga desesperada por salir! Cada día me siento más completa y aumentan mis ansias por ver la luz. Ya lo sé, la imagen de mi papá se embelezará tanto que olvidaré la sensación de estar afuera. Sí, fuera de este líquido.

Papá, ¿estás dormido? ¿Por qué no te escucho? Solo noto cómo las manos de mamá suavemente rozan mi cabezota. ¡Papi, apúrate! ¡Abre los ojos! ¡El líquido se fue y tengo mucho miedo! ¿Dónde estás? No puedo hablar. Me duermo. Me duermo. Me… ¡No! Alguien me dio por las nalgas. Creo que me inundaré con esta otra agua que sale por mis ojos. Temo abrirlos. Papito, ¿cómo será tu rostro?

Por fin me decido. Estoy confundida. ¿Eres tú, mamá? ¡Qué sorpresa! ¡Ya llegué a tu mundo! Seguro papá se está recuperando y por eso no se encuentra a mi lado. Solo dile que somos felices… ¡Porque ya es papá!

LUZ CONTINUA

LUZ CONTINUA

IRAIDA CALZADILLA RODRÍGUEZ

La maestra Rosa Ross les pide que piensen en el momento en que José Martí cae herido de muerte y, desde sus corazones, digan lo que sienten sobre ese cubano bueno a quien la poetisa chilena Gabriela Mistral definió como el hombre más puro de la raza.

Las manos se agitan. Los ojos se abren grandes de impaciencia. Massiel lo imagina vestido con chaqueta negra, como de luto, largo tiempo cabalgando en el caballo casi blanco de crines rubias. Precisa que iba delante y rápido, impaciente por la libertad de Cuba. Aniela habla de la muerte entremetida que no le permitió ver la libertad de la Patria; y Bruno, detenida casi milagrosamente la mirada en un punto de la verde pizarra, comenta que Martí luchó por reunir a los cubanos y a los principales líderes de la Guerra de Independencia y, sin embargo, cayó pronto en el campo de batalla.

El Maestro lo había dicho: "El hombre de actos solo respeta al hombre de actos". Y también: "¡La razón, si quiere guiar, tiene que entrar en la caballería! y morir, para que la respeten los que saben morir". Y allá estaba el 19 de mayo de 1895, pasado el mediodía tórrido de la sabana de Dos Ríos, en Jiguaní, camino al campamento de La Vuelta Grande. De nada valió que Gómez, ante la sorpresiva embestida enemiga, le ordenara pasar a la retaguardia. Junto a su ayudante Ángel de la Guardia, andaba el Delegado en el fragor del lance, uno de los primeros de la guerra necesaria que convocara y organizara.

Era la suya bravura grande. Cuando llegó a Cuba el 11 de abril por las costas de Playitas de Cajobabo, junto al Generalísimo Máximo Gómez y otros valientes patriotas, sabía de la posibilidad de la muerte. No la temía, pero valoraba los riesgos de una causa en ruta hacia la independencia, en pos de una Patria digna y próspera. Según apuntan investigadores, durante los diez días tremendos de su estancia en los llanos del Jiguaní insurrecto, el guía de la Revolución del 95 recorrió más de 38 000 metros lineales y visitó varios campamentos, entre ellos los de La Jatía y Bijas de Dos Ríos.

Tres disparos españoles dejarían abatido al más universal de los cubanos, al ser humano que José Lezama Lima llamó "un misterio que nos acompaña", Cintio Vitier calificó como "hombre interminable", y Fidel proclamó "autor intelectual del Moncada". Otros le han definido como el prosista más enérgico que ha tenido América, el hombre de mayor contenido político de Hispanoamérica. Y todo ello resumido en poeta, pensador, estadista y líder revolucionario que amasara el mundo nuevo de una Patria "con todos y para el bien de todos". Poco antes de su partida sin regreso había sentido algo como la paz de un niño.

El mismo Maestro escribió que las palabras pomposas son innecesarias para hablar de los hombres sublimes, por eso, retomo en estos pequeños del quinto grado de la escuela primaria Don Mariano Martí, muy cerca de la Casa-Museo del Apóstol, palabras sencillas para componer la figura del Delegado. Nathaliee lo imagina peleando duro, y Yesenia, viajando para reclutar patriotas por el mundo.

Les pregunto, entonces, con qué palabras mágicas lo vestirían en sus admiraciones, cuando se cumple el aniversario 112 de su caída en combate.

Darío dice: hombre bueno; José Francisco: defensor de la Patria; Zoe, quería mucho a los niños; Yanelis: escribió bellos libros; Dayron: carácter bondadoso; Adrián: cuidaba a sus hermanas; Yailén: La Edad de Oro; Doreen, hombre pensador; Susset: valentía; Arisney: poesía; Dianelis, sinceridad; Ramón: defendía a los esclavos; Jessica: Ismaelillo; y Aylem: nunca maltrató a sus amigos.

Así va en nosotros la luz continua del primigenio que se propusiera impedir a tiempo que los Estados Unidos se apoderaran de Cuba y se extendieran por las Antillas. De quien cayera por la independencia cubana y de América, por el equilibrio del mundo. Como definiera Armando Hart: "En Martí cristalizó la articulación de la ciencia y la utopía para forjar un pensamiento liberador de la conciencia humana de validez universal".

 

AMIGOS DE MARTÍ

AMIGOS DE MARTÍ

IRAIDA CALZADILLA RODRÍGUEZ

Foto: Rafael Torres

Los Clubes Patrióticos Amigos de Martí cumplieron once años y Carlos Manuel Marchante sigue firme en su tenacidad de mantenerlos vivos haya o no financiamiento para la Sortija Cuba, el símbolo más querido de sus miembros, quienes la obtienen en el grado cuarto de la enseñanza primaria.

El Director de la Fragua Martiana coloca el merecimiento de la iniciativa en la labor de extensión de la Universidad de La Habana, pero quienes lo conocen saben que sin Marchante quizás la idea hubiera sido un pasaje fortuito entre la mucha memoria que hay en torno a la figura del Maestro.

En Ciudad de La Habana es donde se ubica la experiencia, y la escuela Pepito Mendoza, situada frente a la Fragua, fue la pionera. Allí se unieron en buen hacer Elizabeth Grau Aballí, entonces directora, y Berta Ponce de León, maestra hoy jubilada. Dos almas martianas tremendas, todo amor, que insuflaron motivaciones al claustro, recuerda con admiración Marchante, y seguidamente comenta que donde mayor fuerza cobra por estos días la idea es en los municipios del Cerro, La Habana del Este y Plaza de la Revolución.

Es bueno hablar más de un proyecto cuya premisa es la voluntariedad de los pequeños para reunirse periódicamente, en horario extracurricular, con el propósito de hablar sobre Martí en homenaje sincero a quien dijo que "los niños debían juntarse una vez por lo menos a la semana, para ver a quien podían hacerle algún bien, todos juntos".

En cuarto grado estudian La Edad de Oro, y quienes de veras hayan aprendido reciben a fin de curso la Sortija Cuba de manos de sus madres, como hizo Leonor Pérez en 1887, al entregar a su José Julián una confeccionada con el grillete del presidio que padeció en las canteras de San Lázaro y que le hizo decir: "Ahora que tengo una sortija de hierro tengo que hacer obras férreas".

Nuestra América es el programa de quinto grado. Un asomo al continente amado del Apóstol, y termina el periodo con el Festival De América soy hijo, a ella me debo, en el que son presentados los mejores trabajos de las escuelas. Ya en sexto, el espacio se dedica a La Revolución del decoro, un paseo por el devenir histórico cubano desde la insurgencia de 1868 hasta la fecha. Como son mayores y la secundaria básica les espera, los muchachos concluyen con el evento científico El Martí que yo conocí, una fiesta del conocimiento acumulado en tres años de participación activa en los clubes.

CUBA EN YUNIESKY Y ELIZABETH

La Sortija Cuba va en la mano izquierda de Yuniesky Torriente desde hace diez años. Entonces cursaba cuarto grado y Berta Ponce la fijó allí con el mismo cariño que la hubiera colocado su madre enferma. A Berta la recuerda mucho. Ella hablaba con ímpetu de Martí, y cuando relataba pasajes de la estancia del Apóstol en el presidio de la cantera de San Lázaro, las lágrimas llegaban sin permiso.

En los días finales del curso le entregó el anillo: "Fuimos de los primeros grupos de estudiantes en integrar los Clubes Patrióticos Amigos de José Martí, y desde pequeños sabíamos explicar su valor; eso nos hacía sentir orgullosos. Conocer la vida y obra del Maestro sin duda fortaleció mi carácter y aprendí a dar el paso al frente sin vacilar".

Hoy maestro de formación emergente de la primaria Juan Pedro Carbó Serviá, de Centro Habana, sus alumnos de segundo grado le preguntan por qué el anillo no se parece a los demás y lleva el nombre de Cuba. Él explica que fue como la alianza de matrimonio entre el Héroe Nacional y su Patria, y le es grato imaginar que cuando lleguen a cuarto, el Club Patriótico haya sido fomentado en la escuela.

Elizabeth Grau ahora es directora de la primaria Raquel Pérez, en Centro Habana. En su dedo meñique derecho está permanentemente la Sortija Cuba: "Defino como humanístico el empeño que en la Pepito Mendoza nos ayudó a formar valores, transformar conductas negativas en positivas, vincular a los padres con la escuela, y a la inserción de la comunidad en las actividades."

AUNAR VOLUNTADES

La experiencia, que por lo que puede extenderse escapa de los dominios de Marchante, desde hace varios años la hizo suya el Ministerio de Educación como una de las iniciativas que en las escuelas cubanas cobran auge para profundizar en la vida y obra del Maestro.

El Director de la Fragua, sin embargo, tiene la insatisfacción de que no siempre se cuenta con el financiamiento para las sortijas, hechas de latón con baño de níquel. Ha habido cursos, incluso, en que no se ha entregado. Y aunque los clubes existen sin el anillo, Marchante estima que llevarlo es el símbolo que identifica a los niños y no se puede renunciar a que se entregue, por lo que urge buscar una solución, aunar voluntades y decir como el Apóstol que "en las grandezas de la Patria y de sus hijos, no es mentira decir que se siente crecer el corazón".

LA MEMORIA COMO SOSTÉN

LA MEMORIA COMO SOSTÉN

IRAIDA CALZADILLA RODRÍGUEZ

foto: José M. Correa

Cifras y datos en mano trae el doctor Justo Chávez Rodríguez. No quiere perderse en detalles porque la verdad es tan concreta que los adjetivos sobran. Para hablar sobre por qué los cubanos no volveremos jamás a ser colonia, le basta mostrar ejemplos del sector educacional, el suyo, el que hoy representa como Académico e Investigador Titular de la Academia de Ciencias de Cuba y del Instituto Central de Ciencias Pedagógicas, respectivamente.

Va atrás en el tiempo. La colonia en 1898 dejó a la naciente república mediatizada un 63,9% de analfabetismo; solo el 5% de los niños de 6 a 14 años de edad asistían a las 312 escuelas primarias existentes; en los seis institutos de segunda enseñanza la matrícula era de 1 186 alumnos (0,7% de cada mil habitantes); la Universidad de La Habana (única en el país) acogía a 381 jóvenes y 107 profesores, y en 170 años había graduado a 8 600 blancos y 198 negros.

Ramiro Guerra en La educación primaria en el siglo XX, publicada en 1955, apunta que el sistema de escuelas públicas se estableció en los años 1900 y 1901, bajo la primera intervención norteamericana y con fines inequívocos de dominación. Ese es el momento en el que se inicia un lento crecimiento que en la década de los cincuenta entra en profunda crisis como resultado de la decadencia económica y social del país.

LA "HERENCIA" QUE RECIBIÓ 1959

Negra y pobre fueron razones suficientes para que Antonia Díaz echara una "pelea contra demonios" antes de que le otorgaran plaza en una escuela de las montañas holguineras de Mayarí, en un lugar apartado e inhóspito al que paradójicamente sus moradores llamaban El Paraíso.

"Antes fui maestra de `banco’, algo que ya no se recuerda, y que consistía en esperar por la ausencia de un docente para hacer la suplencia de la mañana o la tarde. Cuando tuve mi primer puesto fijo me aferré a dar buenas clases y especial atención a los niños y a los adultos. En aquella escuelita trabajaba y vivía en muy precarias condiciones, comía lo que podía y mal me alumbraba con un quinqué. Creo que soy precursora de la alfabetización."

Según un estudio realizado por los doctores Sinesio Santos, Míriam Alpízar y Mario León, del Ministerio de Educación Superior, el Primero de Enero de 1959 recibió como "herencia" más de medio millón de niños sin escuelas, alrededor de un millón de analfabetos, una enseñanza primaria que llegaba a duras penas a la mitad de la población en edad escolar, y la media y superior eran para minorías, en grandes núcleos poblacionales urbanos.

A ello sumaba que 10 000 maestros estaban sin trabajo, la existencia de solo tres universidades públicas (de La Habana, Central de Las Villas y de Oriente), y un presupuesto del curso 1957-1958 que no sobrepasó la irrisoria cifra de 11 pesos por habitante.

El doctor Justo Chávez repasa papeles, e inevitablemente evoca aquella escuela pública para pobres y marginados que casi abandonada a su suerte, falta de recursos y sin planes de estudio suficientes para instruir a los niños en las necesidades de la vida, "contó siempre con maestros abnegados, creativos, con gran amor a la educación y a su misión, quienes posibilitaron el milagro de que los planteles funcionaran y los estudiantes resultaran preparados".

Fue una época, dice, en que a pesar de las circunstancias se formó y fortaleció la cubanía. Sabemos que muchos maestros dejaron el aula para incorporarse a las luchas por la independencia verdadera, lo cual es una forma excelsa de educar. Ahí está la impronta de Frank País. La instrucción podía ser incompleta, pero la formación en valores era rica.

ESTUDIOS PARA TODOS

Hoy el país se sitúa entre las cuatro naciones del mundo con más altos rendimientos en Educación. Y casi no nos parece un "noticiazo", acostumbrados ya a liderar en América Latina en este sector en el que asombran las altas cifras de analfabetismo, los bajos presupuestos del Estado, la falta de políticas educativas, la expansión de la enseñanza privada, el número cada vez mayor de excluidos y la imposibilidad de no pocas naciones de acercarse a la sociedad del saber.

Cuba, sin embargo, desde 1959 a la fecha ha extendido la educación para que su población cuente con ella a lo largo de la vida, y anda ahora hacia el camino de estudios universitarios para todos. De entonces a acá se han graduado más de 800 000 personas en casas de altos estudios, y en vocación solidaria el sistema educacional del país ha posibilitado carreras a alrededor de 18 000 alumnos procedentes de 120 naciones.

En la Mayor de las Antillas uno de cada siete trabajadores y uno de cada 17 habitantes son universitarios, y el indicador del presupuesto para los servicios educacionales se multiplicó hace unos años 29,2 veces en relación con 1957-1958, según un informe del Ministerio de Educación Superior.

En el tiempo la memoria se vuelve escurridiza para algunos. Para otros, tras 48 años vividos bajo bloqueo económico, la memoria es sostén. Antonia Díaz Núñez, hoy vicepresidenta de la Cátedra Universitaria del Adulto Mayor de la Universidad de La Habana, lo dice: "Esta Revolución nos ha dado vida, integridad, respeto".

En Nueva Zelanda dicen Yo, sí puedo

En Nueva Zelanda dicen Yo, sí puedo

IRAIDA CALZADILLA RODRÍGUEZ

Foto: Ricardo López Hevia

Cuando George Tahapehi venció las lecciones de alfabetización por el método cubano que emplea la televisión y el video, la familia se reunió para una comida especial y los hijos y los nietos lo abrazaron. El hombre, que ya anda por los 65 años, lloró. Esa es una de las experiencias más grandes que en su labor como facilitadora del programa Yo, sí puedo ha tenido Marama Clark, de Nueva Zelanda.

En su visita a Cuba, cuenta que ese momento en la familia de los Tahapehi le hizo sentir bien como ser humano porque el empeño de la alfabetización inspiró al hombre en el mejoramiento de su vida: "Antes George no salía de su casa; desde entonces me visita con frecuencia, habla más y se expresa con fluidez".

LA EXPERIENCIA DE NUEVA ZELANDA

En más de 20 naciones Cuba ha cooperado en el combate contra el flagelo del analfabetismo con novedosos métodos que emplean la radio, o la televisión y el video como medios de enseñanza. La Isla, en vocación solidaria, se siente en el deber de contribuir en una cruzada para que todos los ciudadanos alcancen no menos de seis grados.

Nueva Zelanda es un ejemplo. País de 4 millones de habitantes y en el que una de cada cinco personas está por debajo de los niveles mínimos de alfabetización, allí se ensayaron sin éxito cerca de 70 métodos, aunque según afirma Marcia B. Krawll, coordinadora del programa, las verdaderas estadísticas se empiezan a conocer ahora mediante la implementación del programa cubano.

Cuando le preguntaron su opinión acerca de cómo alfabetizar, solo dijo: "Vaya a Cuba". Le respondieron: "Ellos son comunistas". Y ripostó: "Pero están alfabetizados". La experiencia iniciada en junio del 2003 ha permitido que hoy más de mil personas dejaran de ser iletradas, y que en proceso de continuidad para alcanzar la educación básica estén otros centenares de miles.

"Cuba es líder en el sector educacional y siempre tuvimos mucha confianza en el método. Próximamente abriremos una nueva matrícula porque más de 6 000 personas esperan en todo el país. Ustedes pueden afirmar que marchan a la vanguardia del mundo en la erradicación del analfabetismo".

ESPERANZA TAMBIÉN PARA LOS SORDOS

Ruhia King trabaja en la adecuación del programa de alfabetización cubano para su aplicación en sordos y hipoacúsicos, una población que allí supera a las 368 000 personas.

"El método es posible llevarlo a ellos porque pueden visualizar a partir de iconos, símbolos, explicaciones de cuándo se debe observar, escribir, repetir, a lo que se une que las lecciones se explican con buena pronunciación y les permite leer sin dificultad los labios. Otro apoyo lo aportan las expresiones de los rostros".

En la actualidad se realiza un pilotaje en tres comunidades con las primeras 10 lecciones: "A las personas con esa discapacidad el programa les abre las puertas, incluso, hacia otros niveles superiores de educación, y el método, lejos de atemorizarlos, les ofrece confianza".

RESPETAR EL CONTEXTO NACIONAL

Paula Enoka, miembro del equipo técnico de Alfabetización, se une al grupo y asevera que el sistema educacional de su país está basado en el modelo británico, transferido sin tener en cuenta el contexto nacional.

A diferencia de este, que ha frenado los niveles de superación de miles de personas, el método cubano funciona porque respeta las características propias de Nueva Zelanda, incluso para su concepción se consultó a no pocos aborígenes. Y lo más importante: atiende las necesidades específicas de quienes en él están involucrados: "El programa nos hará falta siempre, hasta que forme parte del sistema educacional de nuestro país".

Patriota por convicción

Patriota por convicción

IRAIDA CALZADILLA RODRÍGUEZ

Ilustración: Centro de Documentación del periódico Granma

Bernarda Toro Pelegrín, Manana, no ganó su permanencia en la historia de la independencia cubana por ser la esposa del Generalísimo Máximo Gómez. Mucho antes de conocerlo ya estaba en los campos orientales insurrectos de Jiguaní, en la prefectura de Charco Redondo, en las estribaciones de la Sierra Maestra. Su familia de ocho varones y seis hembras había abrazado la causa revolucionaria desde los albores del 10 de Octubre de 1868. Manana no aprendió con el guerrero a ser cubana revolucionaria.

Aun cuando la figura de Manana está indisolublemente ligada a la de Gómez, no debe a él su asunción revolucionaria y de cubana. Antes de conocerlo, ya estaba en los campos insurrectos.

Máximo Gómez debió conocerla entre finales de 1868 y principios de 1869. Por esa fecha el dominicano llegó a Jiguaní como segundo del Mayor General Donato Mármol. Un año después, el 4 de junio, bajo el amparo de la ley mambí, sin sacerdotes ni jueces coloniales, en los campos de Cuba Libre se unieron en matrimonio en un rancho de yaguas resguardado por el guano. Salvador Cisneros Betancourt y Fernando Figueredo fueron los testigos. Él tenía 34 años, ella 18 (20 de agosto de 1852).                 

Ella es del tipo de mujeres que no necesitan enseñar un papel o un certificado de matrimonio que las identifique para ganar un espacio en la vida. Tiene representación propia en la independencia cubana, y asume un patriotismo por convicción, no por imitación. Manana pertenece a una generación arrastrada en pleno al fenómeno de la guerra. Gómez no la conoce en una fiesta, en la paz, sino viviendo en la manigua y durante la guerra ayudó en hospitales de sangre, a las tropas mambisas, procuró alimentos y ropas, porque tal era el papel de las mujeres en esa época.

Entonces, más que de la belleza física, o junto con ella, el mambí asume que se ha unido a una mujer que al igual que él y de manera paralela, está combatiendo por la independencia y continuará haciéndolo hasta el final de la vida.

En una química que funcionará por 35 años, hasta la muerte de Gómez, Manana parirá 11 hijos. La primera, Margarita vendrá en la soledad del bosque y no vivirá más que unos meses, marcada por las privaciones de la dura campaña militar. El primer Andrés, por similares circunstancias muere antes de cumplir el año, cuando ya la mujer espera a Clemencia, quien durante el periodo de la Guerra Grande sufrirá no pocas angustias de escapes hacia campo adentro, mientras las fuerzas españolas rastrean los pasos de la madre. Panchito caerá combatiendo junto al General Antonio Maceo. Otros dos vástagos fallecerán, recién nacidos, en Honduras.

Es una prole cuya cuna se reparte entre Cuba, República Dominicana, Honduras, Nueva Orleans y Jamaica, como un mapa indicador de exilios forzados. En medio de ellos, la cubana se encargó de que aprendieran todos a hablar español, como en la tierra a la que presentía volverían siempre; y en Nueva Orleans o en Kingston, les formó el gusto por un buen plato de arroz, frijoles negros y aguacate. Esas vivencias pequeñas dan la medida de qué ser humano fue.

Es una mujer que vive activamente los diez años de la guerra, la tregua y el exilio. En el 95 es ya de avanzada edad, 43 años, si se toma en consideración que ese es el promedio de vida a finales del siglo XIX y principios del XX. Pero es una mujer de esas que cuando se encuentran en la vida se les toma y no se les deja jamás. Asumió vivir en penuria económica sin exigir al marido dinero ni que utilizara su prestigio, le siguió en las malas, porque buenas tuvieron pocas, y formó un hogar ejemplar no solo para el independentismo cubano, sino para sus contemporáneos.

Nada doblegó a la brava oriental: ni los desafueros de la guerra, ni la desilusión de la tregua, las amarguras del exilio, y la muerte de los hijos. En 1896 le ofrece ayuda económica Tomás Estrada Palma, a la sazón presidente de la Junta Revolucionaria de Nueva York, y Manana sin consultar con nadie responde: "Las que hemos dado todo a la Patria, no tenemos tiempo para ocuparnos de las necesidades materiales de la existencia. Aún me queda mi hijo Maximito, de 17 años, que labrando la tierra me trae pan blanco y blando, con que satisfacer las exigencias de la vida, y no debe gastarse con nosotros lo que hace falta para comprar pólvora".

Es, en esta línea de análisis, una mujer con autonomía. Dirige los horarios, la armonía y la mecánica de la casa, decide qué novia de los hijos entra o no a ella, qué hijos naturales de Gómez traspasan el umbral, enseña la cartilla a los pequeños, y deja a los mayores hacer proselitismo a favor de la revolución. Manana es de un amplio registro de actitudes sociales, políticas y humanas, es la vida cotidiana que Gómez respeta mientras está en la batalla de Las Guásimas, o en la campaña de La Reforma, pero también, cuando la guerra le deja tiempo para jugar con los hijos y sentarse a la mesa.

Tampoco pidamos imposibles: Manana es una mujer del siglo XIX que traspasa brevemente el XX, y esa mujer que se aceró en los campos insurrectos, estará muy metida en el mundo hogareño ya en el tránsito de la madurez a la vejez.

Murió el 29 de noviembre de 1911, a los 59 años. José Miguel Gómez, presidente de la República, ordenó se le hiciera duelo oficial y la velasen en el Salón Rojo del Palacio de los Capitanes Generales. Los hijos se opusieron a una pompa que rehuyó siempre mujer tan humilde. Sin embargo, nadie, nadie, negó el derecho que le correspondía a ciertas figuras de las gestas del 68 y del 95 de que sus cuerpos fueran envueltos con la Bandera Cubana. Así bajó a la tierra para unirse a Gómez en el cementerio de Colón, tras un velorio íntimo en la casa de la calle de Zanja, en Centro Habana, adonde fue el mismo Presidente con varios de sus secretarios a rendirle guardia de honor.

Nota: Agradecimientos al Máster en Ciencias Históricas Antonio Álvarez Pitaluga, profesor de la Facultad de Filosofía, Historia y Sociología de la Universidad de La Habana.