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Cuba Curiosa

LA CALLE DE LOS HONORES

LA CALLE DE LOS HONORES

Obispo, desde su creación en el siglo XVI, ha sido conocida como Consulado, San Juan, y Pi y Margall, debido a la voluntad de los gobernadores de la isla de rendir tributo a determinados personajes.

Texto y fotos:
DAVID GALLO SÁNCHEZ,
estudiante de primer año de Periodismo,
Facultad de Comunicación,
Universidad de La Habana.

Históricas casas, tiendas de ropa manufacturada, negocios donde los artesanos muestran objetos  propios de Cuba, librerías, galerías de arte, restaurantes, bares, ferias y mercados, confluyen en la calle que mayor cantidad de nombres ha tenido en la capital: Obispo.

Luego de creada en el siglo XVI por comerciantes residentes de las  zonas cercanas a la Bahía de La Habana, tuvo entre otras denominaciones la del Consulado, pues en ella existió la casa donde se alojaba el representante de la corona española y con el que se le conoció durante poco tiempo.

La calle, que limita  entre la Plazuela de Albear y la librería La Moderna Poesía, extendiéndose  hasta desembocar en la Plaza de Armas, cambió su designación hacia finales  del siglo XVI, por calle  San Juan, debido a que  conducía al Convento de San Juan de Letrán, construido en 1578, afirmó el historiador del Centro Histórico y especialista del Plan Maestro de la Oficina del Historiador de La Habana, Arturo Pedroso.

“En los inicios del siglo XVII se le comenzó a llamar calle de Su Señoría Ilustrísima u Obispo porque en ella vivieron en épocas diversas los obispos Fray Jerónimo de Lara y Pedro Agustín Morell de Santa Cruz, reconocido entre los más influyentes de la época”, destacó.

En 1897 se le dio el nombre de Weyler, quien por esa fecha gobernaba tiránicamente la Isla, pero en 1898 los criollos habaneros arrancaron y destruyeron las señales que ostentaban su nombre en las esquinas.

En 1905, para rendir honor al político, filósofo, jurista y escritor español, presidente del Poder Ejecutivo de la primera República Española en 1873,  Francisco  Pi y Margall,  comienzó a conocerse con ese nombre, aseguró el también historiador del Centro Histórico, Juan Manuel Benítez.

“Desde entonces la calle se consolidó como un gran corredor comercial con la presencia de  tiendas pequeñas y establecimientos marítimos, lo que la convirtió en un espacio concurrido por los habaneros”, añadió.

En 1936, en reconocimiento a  la obra de Emilio Roig, primer historiador de la ciudad, y gracias a una petición del alcalde habanero Guillermo Belt, se decidió realizar la institución de los nombres antiguos, y tradicionales de la ciudad, y retomó el título de calle Obispo,  que es el actual, comentó Pedroso.

Obispo, junto a OReilly, eran las calles principales de entrada y salida de la ciudad, aglutinando todo el comercio minorista. Esto le posibilitó contar con el primer establecimiento fotográfico de la ciudad, y ser de las vías iniciales con alumbrado público.

La renombrada calle acoge hoy edificios tan característicos como el Museo Numismático, la Droguería Jhonson, la farmacia Taquechel, el Colegio Universitario San Gerónimo de La Habana, el Palacio de los Capitanes Generales, los hoteles Florida y Ambos Mundos, este último donde vivió en la década de 1930 el escritor norteamericano y premio Nobel de Literatura, Ernest Hemingway.

Pie de fotos: 1-Calle Obispo; 2-Edificios Ambos Mundos, representativo de la vía.

Ficha técnica:

Tipo de título: Llamativo.
Tipo de lead: Especial de Ambiente.
Tipo de cuerpo: Lead + Pirámide normal + Dato adicional.
Tipo de noticia: Ligera.

Tipo de fuente declarada: Historiador Juan Manuel Benítez y el especialista del Plan Maestro de la Oficina del Historiador de La Habana e  historiador Arturo Pedroso.

Primer valor noticia: Curiosidad.
Otros dos valores noticias: Cercanía,  Interés colectivo.

EL NAVEGADOR QUE NO LLEGÓ A TOCAR PUERTO

EL NAVEGADOR QUE NO LLEGÓ A TOCAR PUERTO

Luego de casi dos siglos de naufragio, arqueólogos rescatan en Santa Cruz del Norte, Mayabeque, la fragata que bajo la capitanía de Manuel García de la Prida venía con destino a La Habana.

Texto y foto:
CLAUDIA GONZÁLEZ CORRALES,
estudiante de primer año de Periodismo,
Facultad de Comunicación,
Universidad de La Habana.

Luego de casi dos siglos de naufragio, especialistas del Gabinete de Arqueología de la Oficina del Historiador de La Habana, rescatan en Santa Cruz del Norte, Mayabeque, la fragata “Navegador”, que bajo la conducción de Manuel García de la Prida venía con destino a la urbe.

Las investigaciones comenzaron en septiembre de 2011 cuando Roberto Hernández Díaz, poblador santacruceño, notificó al Gabinete el hallazgo de cerámicas y botones en las proximidades de la Bahía Chipiona, ubicada en esa localidad.

De inmediato, un equipo de investigadores  de la institución verificó la información e identificó los restos de un buque sumergido entre seis  y nueve  metros, a unos 60 metros del litoral, explicó Luis Amado Francés, especialista en Arqueología.

Hasta el momento, “hemos hallado parte de la carga del barco. Cuando la nave zozobró, en 1814, hubo rescates, pero quedó parte de la embarcación sepultada por la arena y los corales del lugar y es eso lo que nosotros intentamos recuperar”, indicó Francés.

Contenedores de loza fina -provenientes de la fábrica Spode, una de las más importantes del Reino Unido-, recipientes de vidrio, botones, cepillos de dientes, molinillos de café, compases, balas de cañón y armas de fuego,  son algunos de los objetos rescatados.

Sin embargo, “la búsqueda arqueológica es acelerada debido a los saqueadores, quienes desde hace siete años destruyen el contexto arqueológico y el barco, y arrasan con muchas de las piezas”, comentó Roger Arrazcaeta, director del Gabinete de Arqueología.

“Desconocemos el tiempo que demorarán los trabajos en el pecio -restos de una nave naufragada-, pues pudieran encontrase innumerables evidencias. Las investigaciones, aunque con muchas dificultades, continuarán por tiempo indefinido”, aseguró Arrazcaeta.

La indagación histórica del naufragio  unió a especialistas cubanos, británicos y norteamericanos, quienes emplearon fuentes documentales del Archivo Nacional de Cuba, la Biblioteca Nacional José Martí y el Lloyd´s Register, de Londres.

La fragata Navigator, hecha de madera, fue construida en los Estados Unidos en 1805.  Entre 1811 y 1813,  navegó bajo bandera norteamericana, y su capitán, Edmund S. Young, la utilizó en el comercio con Cuba, Inglaterra y Rusia.

En 1813, el buque lo adquirió el comerciante habanero Francisco Layseca, quien nombró  a Manuel García de la Prida como capitán de la embarcación y la rebautizó con la castellanización de Navegador, alias San Francisco.

El 27 de noviembre de 1813 zarpó de Portsmouth, al sur de Inglaterra, con sus mercaderías y una tripulación integrada por 19 marineros prevenientes de Santiago de Cuba, Liverpool, Londres, Suecia, Nueva York e Irlanda, residentes en La Habana.

Luego de una azarosa travesía, marcada por fuertes vientos y marejadas, la nave llegó a costas cubanas en una situación precaria. Tras no pocos golpes contra los arrecifes que agrietaron su casco, el 4 de febrero de 1814, la fragata encalló en las proximidades de Bahía Chipiona, lugar donde se hundió.

Pie de foto: Contenedores de loza fina -provenientes de la fábrica Spode, una de las más importantes del Reino Unido-, recipientes de vidrio y botones, son algunos de los objetos rescatados.

Ficha técnica:

Tipo de título: Genérico.
Tipo de Lead: Sumario de Cuándo.
Tipo de construcción: Lead + Pirámide Normal + Dato Adicional.
Tipos de fuentes: No documentales: Luis Amado Francés, especialista en Arqueología / Roger Arrazcaeta, director del Gabinete de Arqueología.
Tipo de noticia: Ligera, blanda. 
Primer valor noticia: Curiosidad.
Otros valores noticia: Actualidad, Proximidad o cercanía.

¿UN MUSEO DE RÉPLICAS?

¿UN MUSEO DE RÉPLICAS?

De los más de 50 objetos que atesora el Memorial José Martí, solo tres pertenecieron al más universal de todos los cubanos.

CLAUDIA GONZÁLEZ CORRALES,
estudiante de primer año de Periodismo,
Facultad de Comunicación,
Universidad de La Habana.
Fotos: Cortesía de AMARILIS ÁVILA,
museóloga del Memorial José Martí.

Si visita el Memorial José Martí, ubicado en la Plaza de la Revolución, podrá encontrar un traje negro, la tribuna desde la que el héroe pronunció brillantes discursos, la carta enviada al director del The Evening Post, Vindicación de Cuba, y los testamentos político, literario y pedagógico del más universal de todos los cubanos. Sin embargo, su sorpresa será mayor cuando descubra que no son los originales y que de los más de 50 objetos integrantes de la colección, solo tres pertenecieron a quien en este año cumplió su 160 aniversario.

El primer objeto correspondiente a esta reducida lista es el título de Licenciado en Derecho Civil y Canónico alcanzado por José Martí el 30 de junio de 1874 en la Universidad de Zaragoza, centro de educación superior en España.

El segundo, es el certificado de graduado en Filosofía y Letras,  otorgado el 24 de octubre de 1874, en la misma universidad española, después de una brillante exposición sobre el tema “La oratoria política y forense de los romanos. Cicerón como su más alta expresión: los discursos examinados con arreglo a sus obras de Retórica”.

Mientras, la tercera posición la ocupa el quetzal, ave insigne de Guatemala, obsequiado al Apóstol en 1877 por Justo Rufino Barrios, militar y político, presidente de ese país centroamericano entre 1873 y 1885.

Tres años le bastaron a Martí (de 1871 a 1874, tiempo de exilio en la metrópoli), para concluir el bachillerato, interrumpido por el presidio político, y dos carreras universitarias, pero no pudo acceder a los documentos porque no poseía el dinero necesario para solicitarlos.

Durante mucho tiempo los títulos permanecieron en la Secretaría de Zaragoza, y no fue sino hasta 1995, al cumplirse un siglo de la caída en combate del Maestro, que el Rector de la casa de altos estudios, Juan José Badiola, realizó una emisión especial de los certificados, perfectamente conservados, y estos llegaron a Cuba.

El quetzal, de acuerdo con declaraciones de Amarilis Ávila, museóloga de la institución, llegó a su destino final por medio de una donación de la historiadora cubana Nidia Saravia, quien a su vez lo recibió de una familia guatemalteca. 

La explicación al por qué la abundancia de réplicas en el memorial la ofrece Yohanka Abreu, museóloga fundadora del lugar: "Nosotros llegamos de últimos, la mayoría de los documentos y objetos originales relacionados con Martí ya pertenecían a otras colecciones".

“En el Museo Provincial de Santiago de Cuba se encuentra el fusil auténtico; la tribuna y el traje originales están en el de Guanabacoa; el grillete se localiza en la Finca “El Abra”, en la Isla de la Juventud; y la leontina, en la Casa Natal de José Martí”, declaró Abreu.

Emplazado en una elevación de 30 metros sobre el nivel del mar, el Monumento a José Martí, cuya construcción comenzó en 1953 a cargo del ingeniero civil Guillermo Pagés, constituye el punto más alto de La Habana, con una torre central que supera los 100 metros.

En su interior, la estructura alberga un mural de cerámica veneciana realizado por el artista cubano Enrique Caravia, en el que están grabados 89 pensamientos extraídos de la obra de Martí. Las letras de la fachada están laminadas en oro de 22 quilates.

Pie de fotos: José Martí obtuvo el título de Licenciado en Derecho Civil y Canónico el 30 de junio de 1874 en la Universidad de Zaragoza. No fue sino hasta 1995, al cumplirse un siglo de la caída en combate del Maestro, que el Rector de esa casa de altos estudios española realizó una emisión especial de los certificados y estos llegaron a Cuba.

Ficha técnica:

Tipo de título: Llamativo.
Tipo de Lead: Especial Comentado.
Tipo de construcción: Lead + Pirámide Invertida + Dato Adicional.
Tipos de fuentes: No documentales: Amarilis Ávila, museóloga del memorial / Yohanka Abreu, museóloga del memorial.
Tipo de noticia: Ligera, blanda.
Primer valor noticia: Curiosidad.
Otros valores noticia: Interés colectivo, Proximidad o cercanía.

 

¡LEONEL TRIAY EN EL HOT 100!

¡LEONEL TRIAY EN EL HOT 100!

Considerado por algunos como un coleccionista de lujo, Leonel Triay tiene archivado todos los primeros puestos del ranking musical más prestigioso del mundo, elaborado por la revista Billboard.

Texto y foto:
CAMILO VILLA JUICA,
estudiante de primer año de Periodismo,
Facultad de Comunicación,
Universidad de La Habana.

Hace más de 20 años un cubano “sufre” de melomanía a gran escala, su pasión por el pentagrama no lo llevó a ser cantante, pero sí a coleccionar los éxitos que han hecho historia. Leonel Triay, o Leo -como lo llaman sus cercanos- dedica gran parte del tiempo a actualizar los números unos del ranking musical Hot 100, elaborado semanalmente por la revista norteamericana Billboard.

Su labor, la cual comenzó como hobbie, lo convierte en una de esas personas a quien hay que acudir cuando se necesita precisar un dato o el nombre de un intérprete que ni la mismísima Wikipedia registra.

“Empecé como casi todo el mundo. No solo archivo canciones, sino también información de cada cantante”, explica Triay. Su extensa colección abarca desde la creación del ranking en el año 1946 hasta la actualidad.

Según Alexis Rodríguez, director de sonido de la emisora Habana Radio, “la labor apasionada y voluntaria con que Leo conserva los temas musicales más exitosos desde la década del 40 hasta hoy, merece una loa constante. Probablemente es el único que en Cuba guarda una colección musical tan amplia, y tal material no debe perderse”.

Por eso hoy, uno de los espacios de la estación radial de la Oficina del Historiador de la Ciudad, transmite semanalmente cada uno de los temas. Se trata de la sección Tras la Pista, del programa juvenil Suave y Fresco.

Al respecto, explica Rodríguez: “La idea de incluir dentro de Tras la Pista los números uno de la revista Billboard nos da la posibilidad, más allá de ser una propuesta atractiva y novedosa, de llevar al público esas canciones que quizás, por las programaciones actuales, no se dan a conocer. Es un viaje sonoro a través del tiempo y eso debemos de agradecérselo a Leonel”.

La revista norteamericana Billboard, fundada en 1894, es  una de las más antiguas del mundo y en ella se publican las canciones y álbumes más populares de un determinado periodo. Su lista más famosa, Billboard Hot 100, clasifica las 100 primeras canciones del panorama mundial basándose en las ventas físicas, digitales y emisiones de radio de un sencillo.

Hoy, Leonel Triay trabaja en la Asociación Cubana de Artesanos y Artistas. Sin la finalidad de buscar un título que lo convierta en estrella, se mantiene enriqueciendo su fonoteca personal. Semana tras semana guarda los sencillos apoderados del primer puesto del ranking e investiga sobre sus autores e intérpretes. Leo es un melómano a gran escala, algún día el comité ejecutivo de la tan aclamada Billboard deberá reconocer en él a uno de sus más fervientes seguidores.

Pie de foto: Leo junto a su apreciada colección.

Ficha técnica:

Título: Llamativo.
Lead: Comentado.
Tipo de cuerpo: Lead + Pirámide normal + Dato adicional + Pirámide normal.
Valor noticia: Curiosidad.
Otros valores noticias: Interés colectivo, Actualidad.
Fuentes: Directas: Leonel Triay, coleccionista de los éxitos musicales; Alexis Rodríguez, director de sonido de la emisora Habana Radio.

 

 

UN VIGÍA INCANSABLE

UN VIGÍA INCANSABLE

El Cristo de La Habana fue rehabilitado recientemente luego de arduos trabajos realizados por especialistas de la Oficina del Historiador para revertir el deterioro causado por diversos factores.

Texto y foto:
DAVID GALLO SÁNCHEZ,
estudiante de primer año de Periodismo,
Facultad de Comunicación,
Universidad de La Habana.

Único por sus dimensiones en Cuba y solo comparable con sus semejantes de Brasil y Bolivia, se yergue sobre el horizonte de la colina de La Cabaña, el Cristo de La Habana, vigía y protector, que recientemente fue sometido a una compleja restauración por parte de especialistas de la Oficina del Historiador de la Ciudad, la cual le devolvió su esplendor.

Un acentuado deterioro en sus 20 metros de altura, el rostro de la escultura dañado por una grieta que alcanzaba hasta el lateral de los ojos, manchas rojizas e incrustaciones salinas en los pliegues de la ropa y fisuras en el codo, fueron las causas de la restauración que incluyó, además, el pedestal.
Esta es la primera acción de su tipo realizada de forma profesional y documentada desde su inauguración el 25 de diciembre de 1958, aseguró el Licenciado en Restauración, Alexis Martín Rodríguez.

“Los daños sufridos por la obra son originados por los efectos de la intemperie, la contaminación atmosférica de las industrias de la Bahía de La Habana, la humedad, agentes biológicos y el impacto de rayos en tres ocasiones, en los años 1961, 1962 y 1986 antes de la colocación  de un pararrayos”, destacó.

Con vistas a proteger al monumento y sus áreas aledañas de posibles descargas eléctricas, la intervención contempló la instalación de un pararrayos de 20 metros de altura a una distancia de 15 metros de la figura. A esto se sumó la rehabilitación del parque y una nueva iluminación que evita las sombras y deslumbramientos, lo que permite su visibilidad desde diversos puntos de la capital en la noche.

Para llevar a cabo las obras regenerativas, se realizaron varios estudios de diagnóstico sobre el comportamiento de la temperatura y la corrosión, junto a otros factores. Las indagaciones demostraron que a pesar de las lesiones sufridas por las condiciones del emplazamiento y la falta de mantenimiento periódico, la estatua conserva su estructura en buen estado, explicó el ingeniero químico, Carlos Bauta.

Con los trabajos recién concluidos fueron sellados los accesos de agua al interior y enmendadas algunas deficientes reparaciones anteriores. También se higienizó la superficie junto a los enchapes del pedestal para detener el proceso de degradación del mármol de Carrara, material del que están compuestas sus 67 piezas, las cuales fueron traídas desde Italia, y se completaron las tareas de desinfección y limpieza final de la escultura.

El mármol del que está construido es el mismo que se utilizó en los monumentos del Cementerio de Colón. La imagen  representa a Jesús de Nazaret, reposa a 51 metros sobre el nivel del mar, pesa 320 toneladas y sus piezas fueron esculpidas en Roma por la artista cubana Jilma Madera y allí bendecido por el Papa Pío XII.

Con este remozamiento, la imagen que permanece en su eterna posición de pie, con una mano en el pecho y la otra en alto, en actitud de bendecir la ciudad, recobra todo su esplendor y retoma el protagonismo como  excepcional vista de la capital.

Pie de foto: Con sus 20 metros de altura sobre una basa de tres, el Cristo se mantiene bendiciendo  la ciudad.

Ficha técnica:

Tipo de título: Genérico.
Tipo de lead: Sumario de Cómo.
Tipo de cuerpo: Lead + Pirámide normal + Dato adicional.
Tipo de noticia: Ligera.
Primer valor noticia: Actualidad.
Otros dos valores noticias: Cercanía, Interés colectivo.
Tipo de fuente declarada: No documental: Licenciado en Restauración, Alexis Martín Rodríguez, ingeniero químico Carlos Bauta.

EL MARTÍ DE TRES NACIONES

EL MARTÍ DE TRES NACIONES

Con el apellido del independentista cubano será nombrado un bebe aún en gestación, hijo de madre chilena y padre colombiano, quienes se conocieron mientras estudiaban en la Isla.

CAMILO VILLA JUICA,
estudiante de primer año de Periodismo,
Facultad de Comunicación,
Universidad de La Habana.

Martí, en homenaje al Apóstol cubano, se llamará el hombrecito que vendrá al mundo presumiblemente en el mes de noviembre (2013) en la austral tierra chilena de Osorno, ubicada a 945,8 kilómetros de la capital, Santiago.

El futuro bebé, de cinco meses de gestación, coronará la relación que sus progenitores, la chilena Valentina Pooley Méndez y el colombiano Roberto Vásquez Hernández, formalizaran el 18 de enero pasado ante la ley y la Iglesia en el sagrado vínculo del matrimonio.

Sus padres decidieron llamarle con el apellido del independentista cubano por su admiración a este y porque su historia de amor está completamente ligada a la Isla: se conocieron aquí cuando ambos estudiaban en la Escuela Latinoamericana de Medicina (ELAM).

“Los chilenos, que pasábamos a tercer año de la carrera, fuimos enviados el 2009 a la ciudad de Manzanillo. Allí ya se encontraban algunos colombianos de años superiores, entre ellos, Roberto, con quien de inmediato entablé una relación de amistad”, relata Valentina.

Los amigos fueron estrechando lazos, historias y corazones a tal punto, que a los cuatro meses ya se paseaban de la mano por los pasillos de la Facultad de Ciencias Médicas Celia Sánchez Manduley.

La futura madre recuerda cómo comenzó todo: “Roberto me invitó a cenar al restaurante Costa Azul, cuando terminamos, se hizo el chileno y me pidió “pololeo”, como lo hacemos en mi país para entablar una relación de noviazgo. Eso fue un 14 de diciembre”.

Casi dos años estuvieron juntos en Manzanillo y Roberto se volvió a Colombia con su título bajo el brazo. Al año siguiente, en 2012, Valentina se fue a Chile después de graduarse. Pero la pareja seguiría unida, pues el novio se fue a vivir con ella a la fría ciudad de Osorno, de donde la novia es oriunda.

“Jamás perdimos el contacto y siempre estuvo en nuestros planes vivir juntos, la pelea era en qué país, yo siempre quise Colombia, pero bueno, las mujeres hoy por hoy tienen el carácter fuerte”, dice en tono de broma Roberto, quien a la vez, asegura no perder la esperanza de irse junto a su familia a la tierra cafetalera.

Lo cierto es que esa discusión, por ahora, está muy lejana en el tiempo. Martí Alejandro Vásquez Pooley viene en camino y es él quien se roba todas las miradas, esperanzas y proyectos de la pareja.
“Estamos muy felices, nos va bien en lo profesional, tenemos nuestra casita, y lo más importante de todo: nos amamos. Creo que Martí viene en buen momento, ahora todo lo que hagamos nosotros, sus padres, será en función de él. Es un regalo de Dios y de Cuba, porque sin la solidaridad de la Isla esta historia jamás hubiera sido posible. Mi hijo es tan chileno y colombiano, como cubano”, asegura la madre emocionada.

Pie de foto: De izquierda a derecha: Roberto, Valentina y dos amigos.

Ficha técnica:

Tipo de título: Llamativo.
Tipo de lead: Sumario de Cómo.
Tipo de cuerpo: Lead + Pirámide normal.
Valor noticia: Singularidad.
Otros valores noticias: Actualidad, Interés humano.
Tipo de fuentes: Directas. Valentina Pooley y Roberto Vásquez, padres del bebé.

LA CALLE MÁS PEQUEÑA DE LA HABANA

LA CALLE MÁS PEQUEÑA DE LA HABANA

Dentro de las vías de la capital cubana sobresale el Callejón del Templete por ser la más corta con 20 metros de largo y solo tres de ancho.

Texto y fotos:
DAVID GALLO SÁNCHEZ,
estudiante de primer año de Periodismo,
Facultad de Comunicación,
Universidad de La Habana

La calle más pequeña de La Habana, conocida popularmente como el Callejón del Templete, mide solo 20 metros de largo y tres de ancho y está situada inmediatamente detrás del Templete, monumento que señala el sitio donde fue fundada la Villa de San Cristóbal en el año 1519.

“Esta  pequeñísima calle, que se piensa fue creada a inicios del siglo XVI, bien pudiera aparecer en el libro de los Récords Guiness debido a sus exclusivas dimensiones que dudo haya otra igual en el país”, afirmó el historiador del Centro Histórico, Juan Manuel Benítez.

Una de sus aceras la ocupa la parte trasera del histórico Templete mientras que en la otra se eleva el antiguo edificio colonial número seis, lo que le permite tener sombra en toda su extensión durante cualquier hora del día.

Cerca de un extremo de la calle existe una placa metálica y rectangular con la inscripción Accesoria A, pero no se cree que realmente este haya sido su nombre oficial, pues nadie la conoce así.

Para todos los vecinos de la Habana Vieja, e incluso en catálogos turísticos sobre el Centro Histórico de la capital, aparece con la denominación de Callejón del Templete o Enna, nombres que la han hecho popular. La calle ha recibido a lo largo de su historia otras denominaciones como Narciso López, Callejón de la Ceiba, Ceiba del Templete y El Boquete de la Ceiba, por encontrarse junto al monumento del Templete y un árbol de ese tipo.

En ese sitio tuvo lugar el 16 de noviembre de 1519 la primera misa fundacional de la Villa San Cristóbal de La Habana, en nombre de los Reyes de España para reconocer el desplazamiento desde el sur, donde se había asentado inicialmente en 1515, hacia la costa norte.

La visible estrechez y poca longitud de la callejuela no impiden que en ella transite la vida y el andar de las personas. “Esta peculiaridad la ha consagrado como una de las calles más populares de la capital y se ubica entre las más visitadas y fotografiadas”, informó el guía turístico Alain Curbelo. 

Actualmente llegan todos los días cientos de turistas queriendo conocer la calle más pequeña de La Habana y retratar la actividad que en ella se observa a pesar de sus longitudes, como niños jugando, un pequeño puesto artesanal, una estatua viviente  y dos vendedores de maní, agregó.

Pie de fotos: 1-La calle Enna  o Callejón del Templete mide solo 20 metros de largo y tres de ancho. 2-A esta calle se le ha conocido a lo largo de su historia como Callejón de la Ceiba, Ceiba del Templete y El Boquete de la Ceiba.

Ficha técnica:

Tipo de título: Llamativo.
Tipo de lead: Sumario de Qué.
Tipo de cuerpo: Lead + Pirámide invertida + Dato Adicional + Pirámide invertida.
Tipo de noticia: Ligera.
Primer valor noticia: Curiosidad.
Otros dos valores noticias: Cercanía,  Interés colectivo.
Tipo de fuente declarada: No documental: Historiador Juan Manuel Benítez y el guía turístico Alain Curbelo. 

AL MUSEO NAPOLEÓNICO SOLO LE FALTA NAPOLEÓN

AL MUSEO NAPOLEÓNICO SOLO LE FALTA NAPOLEÓN

El recinto, dedicado a la vida y obra del genio militar más grande de todos los tiempos, alberga una impresionante colección que va desde artículos personales hasta libros, esculturas y pinturas.

Texto y fotos:
CAMILO VILLA JUICA,
estudiante de primer año de Periodismo,
Facultad de Comunicación,
Universidad de La Habana.

Una muela, un cepillo de dientes y un mechón de cabellos del mismísimo Napoleón Bonaparte se encuentran, entre otras piezas, en el Museo Napoleónico de La Habana, institución dedicada a preservar y presentar la historia de Francia desde finales del siglo XVIII hasta principios del XIX, periodo en el que Bonaparte fuera protagonista.

El molar, pese a tener algunas manchas características del paso del tiempo, se mantiene en perfectas condiciones; el pelo aún luce brillante su color castaño claro; y el cepillo dental, de cabeza curiosamente alargada y hecho de plata fina, denota la enorme elegancia de quien fuera su dueño.

Sady Sánchez, directora del Museo, explica como tan insólitos vestigios del otrora Emperador de los franceses llegaron al lugar: “Al morir en Santa Elena, el 5 de mayo de 1821, sus más allegados recogieron los objetos que le pertenecieron y se las repartieron entre ellos. Años más tarde, durante la primera mitad del siglo pasado, el político cubano Julio Lobo Olavarría, conocido como El Zar del Azúcar por ser dueño de las mayores centrales azucareras de la época en la Isla, adquirió las piezas en las más grandes subastas de Estados Unidos y Europa”.

“Al triunfar la Revolución en 1959, el coleccionista abandonó el país y el Estado socializó sus bienes. Al cabo de dos años, con la Ley de Patrimonio, se inauguraron muchos Museos en Cuba, se terminó con la privatización y la llamada malversación de bienes, entonces se funda nuestra institución el primero de diciembre de 1961”, explica.

Para Éric Dutruel, ciudadano francés residente en la Isla, lo exhibido en el recinto no tiene nada que envidiar a las instituciones de su país: “Quedé sorprendido cuando lo visité por primera vez, tiene cosas que no hay en otros lugares, como la muela y el cepillo de dientes de Napoleón. Que exista algo así es un orgullo tanto para Cuba como para Francia y el mundo entero”.

Entre otras curiosidades, la colección alberga el reloj de bolsillo de Bonaparte, donación que hiciera en 2010 el presidente Raúl Castro con motivo de la reapertura del Museo después de que en 2005 pasara a depender de la Oficina del Historiador de La Habana y se sometiera a un minucioso proceso de restauración. El objeto fue, a su vez, regalo de matrimonio que los herederos de Francoise Antomarchi, médico personal de Napoleón y residente sus últimos años en Santiago de Cuba, le hiciera al actual mandatario cubano y a su esposa Vilma Espín.

El Palacio La Dolce Dimora, ubicado en San Miguel 1 159, esquina Ronda, sector del Vedado, es la sede de tan vasto muestrario, que no solo se nutre de objetos personales de Bonaparte, sino también de esculturas y pinturas de los artistas más destacados de la época, como lo son Antoine Jean Gross, Andrea Appiani y Pierre Philippe Thomire, entre otros.

El Museo Napoleónico abre sus puertas de martes a sábado de 9:00 a 17:00 horas, y el domingo de 9:00 a 14:00 horas, con un valor de cinco pesos en moneda nacional para cubanos y residentes en la Isla, y cinco pesos convertibles para ciudadanos extranjeros.

Pie de fotos: 1-Molar y cepillo de dientes de Napoleón. 2-Mechón de cabello del Emperador.

Ficha técnica:

Título: Llamativo.
Lead: Sumario de Qué.
Tipo de cuerpo: Lead + Pirámide normal + Dato adicional.
Valor noticia: Curiosidad.
Otros valores noticias: Cercanía, Interés colectivo.
Tipo de fuentes: Directas: Sady Sánchez, directora del Museo; Éric Dutruel, ciudadano francés residente en Cuba.