Blogia
Isla al Sur

Entrevistas-Trabajos Docentes

EL DESEO INNATO DE CREAR

EL DESEO INNATO DE CREAR

Electricista del hospital Julio Trigo López construye equipos para beneficio de la población.

Texto y foto:
ALEJANDRO MADORRÁN DURÁN,
estudiante de primer año de Periodismo,
Facultad de Comunicación,
Universidad de La Habana.

El lugar está amueblado con su ingenio. La silla delante de la pizarra eléctrica, donde maneja los circuitos del local. Una cama plegable, que para ahorrar espacio se acomoda contra la pared. Un aire acondicionado, abandonado desde hace algún tiempo, retomó utilidad como ventilador para apaciguar el calor en las noches de guardia. Un montón de trozos de metal y piezas de equipos viejos apilados en un rincón.

Esa es la oficina de Renzo Emigdio Guerra, electricista de mantenimiento del hospital Julio Trigo López, de Arroyo Naranjo. Ganador, a nivel provincial, del concurso de la Asociación Nacional de Innovadores y Racionalizadores (ANIR), con el compresor neumático, hecho por él, para sanear las tupiciones hidrosanitarias en el centro médico. Su esfuerzo no quedó allí, ahora se propone construir una grúa mecánica.

“Cuando tenemos que cargar algún equipo pesado resulta muy difícil y lento transportarlo, además, se reciente nuestra salud. Siempre he tenido la idea de solucionar ese problema. El artefacto aún no lo he terminado porque el horario laboral me imposibilita dedicarle el tiempo necesario. En estos días estoy trabajando 24 horas y descanso 72. Pero, cuando pueda, retomaré su construcción”.

-¿Qué lo motiva a realizar esos proyectos?

La ANIR invita a integrarse en sus filas y presentar innovaciones a quienes quieran mejorar o aprovechar equipos en desuso. En lo personal, me motiva cualquier desperfecto existente en la institución, la necesidad de arreglar las cosas para mejorar el servicio a las personas, el deseo innato de crear.

-¿Cuenta con la disponibilidad material

para realizar las innovaciones?

En realidad, los materiales salen de la fantasía que uno pueda tener para encontrar piezas en desuso y volver a utilizarlas. Los componentes no están a disposición, como en un almacén, ni el presupuesto del hospital cubre estos gastos. Utilizo mayormente elementos desechados.

Renzo Emigdio es graduado de técnico de nivel medio en mantenimiento eléctrico, pero gran parte de sus trabajos demandan conocimientos que van más allá de las labores de un electricista.

“El innovador debe tener cierta fantasía o habilidad para algunos oficios aunque no los haya estudiado. Tengo relativa destreza para entender el funcionamiento de las máquinas, aunque no lo aprendí en la escuela. Puedo leer libros o ver documentales y entiendo la explicación de otra persona que sí sea especialista, capto la idea y luego la ejecuto en mi faena, aunque no sea un trabajo eléctrico. También puedo recurrir a la ayuda de mecánicos o carpinteros para hacer lo que tengo en mente”.

-¿Por qué no continuó estudios superiores?

Cuando acabé el tecnológico ya tenía hijos. Yo empecé temprano. Terminé la escuela y comencé a trabajar. Hubiera querido ser científico, pero estudias o mantienes la familia, no es fácil lograrlo todo a la vez.

-¿Cómo es la retribución por su labor?

Relativa. Hay mecanismos que el hospital no puede violar, aunque yo no los entienda. Muchas veces no es como uno quisiera, pero trabajo no por lo que me vayan a dar, sino por amor al prójimo. Puedo crear algo para las personas y veo el fruto cuando lo utilizan. Muchas veces pasa así, no siempre espero una retribución, aunque debiera.

-¿Le interesaría trabajar en algún

polo científico u otro centro donde

pueda explotar más sus habilidades? 

Sí, incluso, cuando fui premiado por la ANIR en la provincia, conocí que la organización es grandísima, están integrados muchos centros laborales y hay gente muy competente: ingenieros, científicos, médicos, quienes le ahorran al país gran cantidad de dinero. Vi que en verdad se hacen cosas útiles. Me gustaría trabajar fuera del hospital, relacionarme con esas personas para adquirir conocimientos y ellos, a su vez, escuchen mis ideas. Cada quien ha de ser útil a la sociedad, de un modo u otro.

Ficha técnica:

Objetivo central: Conocer las motivaciones creadoras del entrevistado.

Objetivos colaterales: Divulgar el trabajo de la ANIR como propiciadora de las innovaciones.

Tipo de entrevista:

Por los participantes: Individual.

Por su forma: Mixta.

Por su contenido: De personalidad.

Por el canal que se obtuvo: Directa.

Tipo de título: Cita directa del entrevistado.

Tipo de entrada: De ambiente.

Tipo de cuerpo: Mixto.

Tipo de preguntas: Abiertas.

Tipo de conclusión: De comentario del entrevistado.

Tipo de fuentes: No documental. Directa.

 

RÁFAGAS DE FUEGO

RÁFAGAS DE FUEGO

Estimular a las nuevas generaciones en el estudio y comprensión de la figura del Che, es el principal objetivo de Orlando Borrego.

Texto y foto:
DARÍO GABRIEL SÁNCHEZ GARCÍA,
estudiante de primer año de Periodismo,
Facultad de Comunicación,
Universidad de La Habana.

“Hoy, como nunca antes después de la muerte del Guerrillero Heroico, la juventud debe sentirse estimulada a estudiar su pensamiento económico y apreciar su afán de superación permanente; esa es mi principal meta”.

Ministro de la Industria Azucarera entre los años 1961 y 1964, asesor del Comité Ejecutivo del Consejo de Ministros desde 1973 a 1980 y actual asesor económico de la Cátedra “Che Guevara”, en la Universidad de la Habana; el revolucionario y escritor cubano Orlando Borrego es autor de títulos como El Che en el socialismo, El Che en el siglo XXI y más recientemente Che, el camino del fuego y Recuerdos en ráfaga. Su pasión por la figura del Comandante Guevara va más allá de revivir la entrañable amistad que compartieron durante la estancia del mismo en Cuba. Es el compromiso de compartir con las nuevas generaciones su legado, una forma de mantenerlo entre nosotros después de perderlo físicamente.

«La noticia de que el Guerrillero Heroico había sido capturado y asesinado fue destrozadora.  Años de amistad encontraban término con su desaparición. Fueron largos los meses de sufrimiento. No solo murió el compañero, un hombre que sin ningún interés dedicó parte de su vida a la causa cubana: se marchaba, para ya no volver, un gran amigo y maestro.

«Durante mucho tiempo estuve soñando noche tras noche con él. Llegue a pensar que la pérdida me podría haber afectado psicológicamente.

«La ayuda para superar esa situación la encontré en Fidel. En uno de sus discursos dijo que la personalidad del Che era tan fuerte e impactante que en varias ocasiones aparecía en sus sueños. Descubrí entonces que eran los efectos de haber conocido de cerca a un hombre extraordinario e inolvidable.

«Fue muy fuerte el impacto. La única compensación es saber que  el mundo entero conoce, respeta y admira la personalidad del Guerrillero Heroico.

«Es ahora, cuando más lamento su ausencia. Creo que hubiera sido una ayuda extraordinaria, sobre todo, en los temas económicos. El Che era una persona muy preparada, culta y creativa, valores realmente necesarios en la actualidad. Es ese el móvil que me lleva a literatura. Si hay alguna forma de mantenerlo entre nosotros y lograr “el hombre nuevo” al que siempre aspiró, es mediante la divulgación de sus ideas.»

La literatura: refugio,  pasión y compromiso

En el 2001 se publicó Che, el camino del fuego. Según el escritor Enrique Oltuski, esta es la obra más importante escrita hasta ahora sobre el pensamiento del Che y su vinculación con la práctica social.

«Todavía hay  mucho que escribir  sobre el Guerrillero Heroico. En Che, el camino del fuego,  está lo esencial. Escribirlo era para mí,  casi un compromiso histórico.

«El propósito era  compartir con los lectores la experiencia de haber vivido junto al Comandante Guevara la aplicación de sus ideas en la creación del proyecto revolucionario así como la implantación de un sistema económico integral en la industria y otros sectores.

«El libro, según he oído, es muy valorado por los estudiosos del pensamiento del Che. Lamento mucho que todavía en Cuba haya personas que no  lo han leído, entre ellos, jóvenes.

Orlando Borrego no solo tuvo la oportunidad de conocer a Ernesto  Guevara en el plano intelectual y laboral. La entrañable amistad que los unía le permitió descubrir en él una faceta prácticamente desconocida: el Che diario, chistoso, que sufría ante las injusticias y amaba a sus familiares y compañeros. Esa fue la plataforma de impulso para su más reciente obra, Recuerdos en ráfaga.

«No planeaba escribir ningún otro libro. La idea era continuar divulgando el pensamiento guevariano, mediante conferencias y charlas con jóvenes. Pero cuando salió Che, el camino del fuego,  me escribieron muchas personas de Cuba y del exterior para que hiciera otro. Se imponía entonces hacer un libro con un nuevo protagonista: el Che cotidiano. Nació así Recuerdos en Ráfaga.

«Vale destacar que todas las anécdotas están descritas con  detalle y sumo apego a la verdad. Cuando tenía una mínima duda, buscaba a algunos de los compañeros que conocieran el relato. Si era imposible contactarlos, desechaba la historia y hoy no está en ese libro.

«Tanto Che, el camino del fuego, como Recuerdos en ráfaga, me han traído muchas alegrías. La más grande de todas es ser reconocido por estudiantes que los leyeron. Siempre hablo con ellos y les pido criterios y sugerencias. La opinión de las nuevas generaciones es lo más importante, para ellos escribo porque era en los jóvenes donde el Che depositaba toda su confianza».

Conferencias: el Che en la palabra

«Las conferencias y charlas con jóvenes son otras de las vías que utilizo en mi empeño. He sido citado en varias ocasiones para conversatorios con estudiantes de distintas escuelas, pero debo reconocer que las que más nervioso me ponen son las primarias. ¡Uno nunca sabe qué van preguntar esos pequeños!

«Recuerdo, en una oportunidad, mientras daba la conferencia, un niño que no pasaría los ocho años, insistentemente pedía la palabra. Para tranquilizarlo, le dije que me dejara terminar y él sería el primero en hablar. Una vez terminado mi discurso lo señalé, y su pregunta, nada más y nada menos, fue: ¿Compañero Borrego, según la dialéctica histórica, qué vio Fidel en el Che para convidarlo a venir en el Granma?.....  »

Esbozó, entonces, una sonrisa más expresiva y reveladora que cualquier palabra.

“¡Pioneros por el Comunismo, seremos como el Che!”

«Ya sea la opinión sobre uno de mis libros o la insólita pregunta tras una conferencia, ambas me llenan de regocijo y orgullo. Demuestran que la juventud está realmente interesada en conocer y estudiar la vida del Guerrillero Heroico. Son consientes, por tanto, de lo que significa ser igual a él.

«Pioneros por el Comunismo, seremos como el Che, debe decirse de corazón y a toda voz. En ocasiones la repetición, el uso constante, la rutina, hace que las consignas declinen, pero esta no. Exige a nuestros niños aspirar a ser como el Guerrillero Heroico  que fue un hombre inigualable, los compromete y los forja.  Ellos son el relevo de nuestra obra, la obra del Che».

Pie de foto: Orlando Borrego, uno de los mejores amigos del Che en Cuba, se siente comprometido a divulgar, sobre todo entre los jóvenes, las ideas del Guerrillero Heroico.

FICHA TÉCNICA:

Objetivo Central: Indagar sobre la labor de divulgación de la obra y vida de Ernesto Che Guevara por parte de Orlando Borrego.

Objetivos Colaterales: Incentivar a la lectura de libros sobre la figura del Guerrillero Heroico.

Tipo de entrevista:
Por los participantes: Individual.
Por su forma: De Citas.
Por su contenido: De opinión autorizada.
Por el canal que se obtuvo.  Cara a cara.

Tipo de título: De juego de palabras.
Tipo de entrada: De cita textual o declarativa.
Tipo de cuerpo: De citas. 
Tipo de conclusión: De opinión o comentario del entrevistado.
Tipo de fuentes: No documental, tradicional, permanente, primaria y directa.

A VECES SE SIENTE CANDELA

A VECES SE SIENTE CANDELA

Onelio Jorge Cardoso, “el cuentero mayor”, habla de su vida. Manifiesta la importancia del arte  y de su trabajo como labor social.

MELISSA RAMÍREZ HERNÁNDEZ,
estudiante de Periodismo,
Facultad de Comunicación,
Universidad de La Habana.

Caminé por pasillos de una estancia desconocida, un lugar que olía a nube, a rayo de sol, a cielo. Iba pensando en un gran cuentista de la literatura cubana, en el entregado periodista de Bohemia, en el autor de “Hierro viejo” y “El caballo de coral”.

Llegué ante una puerta grande, sentí que podía pasar. Onelio Jorge Cardoso estaba ya esperándome, de pie junto a dos butacas mullidas, llevaba en la mano un jazmín recién cortado y recordé de un golpe datos de su vida.

Nació en 1914, en Calabazar de Sagua, Villa Clara: “¡Ah…, aquel pueblo que nunca olvido! Lo recuerdo como si no hubiese pasado el tiempo. Siempre lo dibujo en mis cuentos: es el mismo que aparece en “El solar de Juanito Contino”, o el de “El Güije”. Una vez convertí a Calabazar, en “La rueda de la fortuna”, en un pueblo del lejano oeste americano con el estilo de las películas de cow boy”.

-¿Cuál fue su primera experiencia

como narrador de cuentos?

Tenía doce años cuando envié mi primera historia a una revista infantil habanera. La respuesta fue: “Al niño Fulano que vaya a la escuela y aprenda ortografía”. No escribí más hasta los dieciocho.

-¿Cómo fue su adolescencia?

Me tocó vivir la época de Machado, una etapa de dificultades económicas. A veces tenía que vestirme con ropa hecha con sacos de harina, usar los zapatos sin medias, vender tabacos de a centavo. No pude cursar un bachillerato decente, sino por cursillos en el Instituto de Santa Clara. ¡Y de la Universidad ni se hable!

-¿A qué se dedicó entonces?

En tiempos de Batista me hice maestro cívico-rural, actividad de la que me expulsaron por trasladar una escuela hacia otro lugar donde era más necesaria. Después me casé con Francisca Viera Torromé, mi compañera del bachillerato. Cuando nació mi primera hija, atravesé por otra mala racha económica, tuve que salir a buscar trabajo donde pudiera. Entonces decidí irme a La Habana para convertirme en escritor radial.

-¿Lo consiguió?

Sí, me aceptó Amado Trinidad, el magnate de radio de la época. Lo impresioné con un título efectista para una radionovela que busqué con bastante esfuerzo: “Montejíbaro”. Estuve un tiempo escribiendo novelas radiales, hasta que un día fui zarandeado: me dijeron que debía ser una mujer quien escribiera novelas para las mujeres. Es curioso que por aquellos días me hubiera negado a responder un interrogatorio acerca de mi opinión sobre Blas Roca y Chibás.

-¿Qué le gusta reflejar en su obra?

La vida humana, la existencia dramática de los explotados en las sociedades injustas, el mundo de gente sencilla, como los campesinos o los pescadores. Me gusta hablar de la igualdad, porque todos somos hormigas de la misma raza y fatiga.

-¿Con qué personaje de sus

cuentos se identifica más?

Con Juan Candela, el cuentero que maravilla con sus narraciones inventadas, a veces verdaderas; ese que ejerce una fascinación casi mágica en los que lo escuchan. Es “algo que tiene que ver con las estrellas, una cosa fuera del tiempo, del barracón y del mundo”.

-¿En qué piensa cuando va a escribir?

En todo lo que he vivido. Los paisajes que describo, la tierra que los sostiene y hasta el cielo que los cobija, pertenecen a un lugar de mi memoria, sujetos en el recuerdo con toda claridad.

-¿Cuál es su clave para

hacer un buen cuento?

Creer en algo bonito, aunque no lo sea. El hombre debe tener siempre algo hermoso en qué pensar, como la poesía.

-¿Ha escrito versos?

No, y no pienso hacerlo. Se me hace imposible llevar la poesía a la poesía, aunque dicen algunos que la he llevado al cuento.

-Comentan quienes lo conocen bien,

que tiene usted muchas reglas

de conducta. Dígame una.

Creo, por ejemplo, que la envidia es como una oscura semillita que si no se saca pronto del corazón, crece hasta que lo hace malvado.

-¿Y qué piensa del hombre que alimenta

solo las necesidades materiales?

El hombre siempre tiene dos hambres, si no las satisface acaba en la derrota física y espiritual.

-Hablando de espiritualidad, ¿cree

usted en el arte comprometido?

Si no está comprometido, lo está con la nada. El arte tiene el deber de expresarse por lo bello y por lo justo.

-Cuando escribe, ¿qué siente?

Una gran satisfacción. En la Revolución me di cuenta de la utilidad social de mi trabajo. Me siento dichoso de influir en el corazón del pueblo, pues mi tremendo interés es el hombre vivo, no la acera por donde camina.

Onelio Jorge Cardoso comenzó a difuminarse poco a poco. Desperté. Me senté despacio a la orilla de la cama, insegura de la realidad. Froté mis ojos, bajé la mirada y sonreí: allí, a mi lado, como cómplice de mi fantasía, un jazmín recién cortado me daba los buenos días.

Nota: Las respuestas de la entrevista pertenecen a textos versionados del libro El autor y su obra. Onelio Jorge Cardoso.

Pie de foto: Onelio Jorge Cardoso, destacado periodista y escritor cubano.

Ficha Técnica:

Objetivo central: Homenaje a Onelio Jorge Cardoso.

Objetivo colateral: Mostrar a Onelio Jorge Cardoso como un hombre de alta sensibilidad; presentarlo como un ser sencillo de grandes valores morales, comprometido con la justicia social.

Tipo de entrevista:
Por los participantes: Individual.
Por la forma: Mixta.
Por el contenido: Imaginaria.
Por el canal que se obtuvo: Vía documental.

Tipo de título: De juego de palabras.
Tipo de entrada: Descriptiva.
Tipo de cuerpo: Mixto.
Tipo de Conclusión: Inesperada.
Tipo de fuentes consultadas: Documental: Ministerio de Educación, “Onelio Jorge Cardoso”, Literatura cubana. El autor y su obra. La Habana: Pueblo y Educación, 1983, pp 413-423.

ENSEÑANDO CON EL CORAZÓN

ENSEÑANDO CON EL CORAZÓN

José Julio Menéndez Llovez es un hombre que se dedica hace 42 años a educar, no solo desde su asignatura, sino como un verdadero padre para los alumnos.

Texto y foto:
ENIO ECHEZÁBAL ACOSTA,
estudiante de primer año de Periodismo,
Facultad de Comunicación,
Universidad de La Habana.

Las matemáticas pueden resultar para algunos en extremo difíciles, y en casos muy singulares, incluso traumáticas. A veces las ecuaciones, teoremas, figuras y fórmulas se enredan de tal manera que comenzamos a preguntarnos de dónde pudieron haber salido  semejantes laberintos del conocimiento, destinados a elevar nuestra temperatura cerebral y no precisamente de fiebre.

Pero para personas como José Julio Menéndez Llovez, el arte de los números es mucho más que una simple materia impartida en los distintos centros de enseñanza. Él es una especie de mago cuya varita tiene una habilidad que ni la de Merlín o Harry Potter poseen, con ella toca sutilmente a sus discípulos y justo en ese momento descubren la solución al problema que parecía imposible.

Hoy día labora en el centro de Salud y Seguridad de Trabajo, ubicado en el municipio de Arroyo Naranjo. Allí brinda su esperiencia acumulada, luego de más de 40 años de enseñanza. Sentado entre sus alumnos, respondió cada una de las preguntas con desenfado, en un tiempo que se fue rápido.

“Siempre tuve vocación para impartir clases, pero fue cuando perdí a mis abuelos que sentí la necesidad de empezar a trabajar para ayudar a mamá a mantener la casa.

“Cuando aún estaba en noveno grado se hicieron unas pruebas como parte del proceso de universalización de la enseñanza. La convocatoria era para personas que tuvieran desde nivel medio y allí vi mi oportunidad Se presentaron al principio 3 mil personas, pero solo aprobamos siete. Nos reunieron junto con los rectores de todas las facultades y el Ministro de Educación. Allí a cada quien se le dio la opción de escoger la carrera que quería y yo pedí licenciatura en Matemática.

“Me gradué en 1969 y empecé a trabajar en la escuela secundaria Juan Gualberto Gómez, del Cotorro, la misma en la que estudié. Todas las personas de quienes había aprendido cuando era estudiante se convirtieron entonces en mis compañeros de departamento. Mira si nos llevabamos bien que, al principio, como era tan joven y no recibía un salario, ellos me prestaron de su propio dinero hasta que cumplí la edad adecuada. En ese centro llegué a ser subdirector. Aprendí muchísimo, no solo a dar clases, sino a tratar con los alumnos y entenderlos para sacarles lo mejor. Fue una época maravillosa.

“Nunca olvidaré la primera clase que impartí, porque cometí un error que a la larga resultó ser muy gracioso. Estaba dando el contenido de los números binarios y se me ocurrió decir, en medio de una visita, que el prefijo BI- quería decir dos, pero que yo no tenía idea del significado del -NARIO. El regaño que recibí fue enorme”.

-¿Cómo se recuerda de estudiante?

Pésimo, era un verdadero desastre. No atendía a clases, además, pasaba todo el día haciendo trastadas en el aula y por eso salía muy mal en las pruebas. Imagínate que fui once veces a consejo disciplinario. Después, en la secundaria, aprendí a comportarme mejor, entre otras cosas, por respeto a los profesores.

-¿Qué le atrae más de la docencia?

Las distintas formas de llegar a los muchachos con un mismo contenido. Cada contenido tiene muchas aristas distintas para enseñar y es lo que me resultaba más atractivo.

-Su esposa tambien es profesora,

¿comparten métodos y experiencias?

Ambos tenemos formas muy distintas de dar las clases. Yo soy de hacer chistes y ella más seria. En cuanto la experiencia sí, intercambiamos bastante. Así somos capaces de valorar las capacidades de nuestros discípulos y llegar mejor a ellos.

-El A,B,C del buen alumno.

El interés por encima de todo. Más allá de su facilidad para aprender o no, si el muchacho hace el mejor esfuerzo, siento que mi trabajo da sus frutos. Ese es el mayor objetivo cuando les enseño, que sientan pueden lograrlo todo y que su límite es solo el propuesto por ellos mismos. Lo peor para un alumno es rendirse antes de hacer el intento por aprender.

Igual disfruto tener en el aula estudiantes que participen mucho. Eso hace que los menos habladores en clase digan para sí mismos “yo también puedo” y sientan la motivación de sumarse al grupo y no infravalorarse, algo muy negativo.

-¿Cree que el maestro, como figura social,

ha perdido prominencia? ¿Por qué?

Lo que pasa es que ahora muchos maestros no se dan a respetar. Cometen errores que dolorosa e indirectamente destruyen la reputación de quienes ejercemos la profesión. La relación con el grupo debe ser de intercambio, mucho intercambio, pero existen límites inviolables.

Ocurre, a veces, que los excesos de confianza con los educandos, llevan al profesor a caer en fallas. Nosotros debemos vernos como padres y amigos de los alumnos y, por lo tanto, estamos en el deber de darles la mano cuando transitan por una situación difícil y, sobre todo, si ello influiye en su rendimiento académico.

-¿Podría dar su opinión acerca de la

preparación actual de los estudiantes?

No es la mejor, porque los encargados de educarles carecen de la preparación suficiente y ocurre que llegan a la secundaria, al pre, e incluso a la universidad, con lagunas enormes de conocimientos. De hecho, las dificultades que presentan son comunes, lo que demuestra la generalización de la mala metodología aplicada en las escuelas. Aunque, por otra parte, se ha  mejorado en la forma de enseñarlos a prepararse para los exámenes. Es más completa y específica que cuando yo iba a la escuela.

-¿Cuándo puede afirmar que se encuentra

satisfecho con los resultados de su labor?

Me siento muy feliz cuando cada alumno logra sus objetivos y consigue superarse, ya sea aprobando con buenas notas las pruebas de ingreso a la Lenin o a la Universidad, y en el momento en el que se gradúan y son profesionales reconocidos por la profesión que ejercen. Además, es gratificante ir por la calle y encontrar alguien a quien diste clases hace mucho tiempo y te saluda y dice “profe, como aprendí con usted” o “siempre recuerdo sus clases con cariño.

Solícito a ayudar, con una perenne y enorme sonrisa en el rostro, el profe se despidió con un consejo. Con el propósito de ser usado como un axioma en la vida, sus palabras fueron: “El empeño en todo lo que se haga es fundamental. Si no hay esfuerzo, aunque el deseo sea enorme, nada sucederá, pues las cosas no saldrán por sí solas. La llave de nuestro futuro está en nuestras manos”.    

Pie de foto: El profe José Julio Menéndez Llovez cada día transmite conocimientos a las nuevas generaciones, un verdadero ejemplo de amor a la enseñanza.

Ficha técnica:

Objetivo Central: Ofrecer una parte interesante de la vida y la profesión del entrevistado.

Objetivo colateral: Aprender sobre el método de enseñanza de un profesional del magisterio. 

Tipo de entrevista:
Por los participantes. Individual.  
Por su forma. Clásica.
Por su contenido. De personalidad.
Por el canal que se obtuvo. Personal.

Tipo de título. Con relación al entrevistado.
Tipo de entrada. Original.
Tipo de cuerpo. Clásico.
Tipo de preguntas. 1- abierta 2- abierta 3- abierta 4- cerrada 5- abierta 6- cerrada 7- abierta  8- abierta 9- abierta   
Tipo de cierre. De opinión o comentario (del entrevistado).
Tipo de fuentes. Primarias, tradicionales, no documental.

 

¿CARLOS MANUEL DE CÉSPEDES, SOLO PADRE DE LA PATRIA?

¿CARLOS MANUEL DE CÉSPEDES, SOLO PADRE DE LA PATRIA?

ALEX PÉREZ POZO,
estudiante de segundo año de Periodismo,
Facultad de Comunicación,
Universidad de La Habana.

Carlos Manuel de Céspedes fue uno de esos hombres extraordinarios que brillaron en la historia. Uno de los gigantes capaces de sorprendernos por la grandeza de sus pensamientos, por la valentía reflejada en cada acción.

Con toda certeza, la naturaleza de su bien llamado “Padre de la Patria”, le atribuye el prestigio que merece. Sin embargo, detrás de ese Céspedes heroico que los cubanos conocemos, se cubre un ser enigmático y lleno de misterios.

En la Cátedra Honorífica “Carlos Manuel de Céspedes”, de la Universidad de Ciencias Pedagógicas “Héctor Alfredo Pineda Zaldívar”, de La Habana, bajo la presidencia del Máster y profesor José Antonio Pérez Martínez, se llevan a cabo actividades, entre las que constan las investigaciones que esclarecieron y determinaron nuevas paternidades atribuidas a Carlos Manuel Perfecto del Carmen de Céspedes y del Castillo (tomado de: Fe de bautismo, reproducida y mostrada en la Sala 2 del Museo Casa Natal de Carlos Manuel de Céspedes en Bayamo).

Paternidades poco divulgas, pero incluidas en la Enciclopedia de Carlos Manuel de Céspedes, que sin lugar a dudas, nos hablan de la vida de este hombre que, como diría nuestro Apóstol José Martí, es de mármol.

El Ajedrez en Cuba

Los primeros antecedentes del juego ciencia en la Isla datan de inicios del siglo XVI, plasmados en “Bayamo y Sus Cosas”, de Antón Ruiz Valdespino. La historia recoge que este era uno de los  recreos predilectos en la alta sociedad colonial de la época. «La afición de Céspedes por practicarlo era muy conocida, incluso, muchos de sus amigos y compatriotas lo consideraron como “maestro”, debido a las estrategias que desarrollaba», argumenta el investigador, José Antonio Pérez.

En el libro Federación Cubana de Ajedrez (Cuba 66, Olimpiada Mundial de Ajedrez. La Habana: Ed. Deportivas,1967, p. 4), se refleja que entre los años 1846 a 1868, grandes personalidades como  Perucho Figueredo, Francisco Maceo Osorio, Francisco Vicente Aguilera, Fernando Figueredo, don Juan de J. Fornaris y Fontaine, José M.  Céspedes, Tristán de Jesús Medina y Carlos Manuel de Céspedes, practicaron este deporte en la sociedad “La Filarmónica”.

Pero hasta la fecha, muchos de los escritos que recogían las técnicas y jugadas excepcionales del talento de ajedrecistas de la talla de Lucena (1499), Damiano (1512) y Ruy López (1570-1575), no estaban divulgadas en nuestro país.

Entonces, no fue hasta 1855, tras la ejecución de Ramón Pintó, que Carlos Manuel de Céspedes es encerrado en el buque-prisión “Soberano”, anclado en la bahía de Santiago de Cuba.

El historiador José Antonio Pérez, expresó que «Céspedes aprovechó el tiempo de reclusión para traducir del francés al español y publicar en el periódico “El Redactor”, a partir del 4 de octubre de 1855, “Las Leyes del juego de Ajedrez”, escritas por el famoso ajedrecista francés, Louis Charles Mahé de La Bourdonnais, agregando algunos comentarios y que de esta forma cobrara más popularidad el juego”.

“Céspedes, no es el introductor del juego ciencia en la Isla, pero sí fue el primero en realizar un escrito con fines públicos y masivos que divulgaran las leyes y la metodología  del mismo.  Por tanto, es su precursor».

La moneda cubana

Años más tarde, la gesta revolucionaria iniciada en la Demajagua el 10 de octubre de  1868 por el Padre de la Patria, también Padre del Ajedrez en Cuba, da paso a la conformación de una República en Armas genuina y primaria.

Con solo dos meses del inicio de la lucha por la independencia, Carlos Manuel de Céspedes ya había comenzado los trámites necesarios para establecer una moneda y reafirmar el carácter fidedigno de la Revolución cubana.

Según José Antonio, “Céspedes designó comisionado a José Valiente, quien coordinó con Porfirio Valiente, representante de la Junta Revolucionaria de Camagüey, la gestión de la tirada de bonos y papel moneda; para llevar a cabo la tarea que constataron, el 21 de abril de 1869, con José Morales Lemus, quien  había sido ratificado como Ministro Plenipotenciario de la República de Cuba en Armas ante el gobierno de EEUU, por la Cámara de Representantes».

Explica el historiador que «Céspedes les encargó tramitar oficialmente, la impresión de dos millones de pesos en papel moneda. La primera emisión de papel moneda de la República de Cuba en Armas, se realizó en Nueva York, entre finales del mes de mayo y junio de 1869, arribando al territorio libre de la Isla posteriormente, en forma de remesas periódicas».

La Ley aprobada por la Cámara de Representantes y por el Ejecutivo, Carlos Manuel de Céspedes, Presidente de la República, firmada en Sabanilla de Sibanicú, el 9 de julio de 1869 “Año Segundo de la Independencia”, autorizó la impresión y circulación del papel moneda, por lo cual fue establecido ese día como el Día de la Numismática Cubana.

“Y a Carlos Manuel de Céspedes, por su interés de dotar al Gobierno y la República de su propio numerario, detalle esencial en el carácter de nacionalidad y soberanía de un país, se le atribuyó el título de Padre de la Numismática Cubana”, reafirmó el especialista.

La primera marina de la Revolución cubana

La contienda de la Guerra de los Diez Años dejó plasmada en la historia y ante el mundo la actitud del pueblo cubano. Uno de los logros que tuvo fue la creación de la flota naval de la naciente República.

Su constitución, con fines militares, tiene su origen en una propuesta hecha por Carlos Manuel de Céspedes, para poder enfrentarse a los medios marítimos utilizados por España, que tenían el objetivo de impedir el triunfo del Ejército Libertador.

Resalta José Antonio Pérez Martínez que “el 30 de diciembre de 1868, Tomás Estrada Palma, presidente de la Junta Central de Fondos, comunicó desde Bayamo al general Julio Grave de Peralta la existencia de esta entidad y la necesidad de reunir una gran suma de dinero para la compra de un monitor -barco de guerra-.  El 5 de enero de 1869, Grave de Peralta contestó que en breve tiempo podía disponer de 10 mil pesos” (Abreu Cardet, José. Selección de lecturas: Julio Grave de Peralta. La Habana: Ed. Ciencias Sociales, p. 90-91).

Y agregó, «Céspedes, un hombre de convicción, ya tenía decidido la creación de una Marina de Guerra Mambisa, hecho que se materializó el 17 de febrero de 1869, desde el cuartel general situado en La Larga, en las riberas del río Cauto».

«Allí le comunicaría a su comisionado en el exterior que aunque en esos momentos, los artículos imprescindibles para la insurrección eran las armas y pertrechos, no le restaba importancia a la necesidad de contar  con algunas formidables máquinas de guerra marítimas para romper el bloqueo y convoyar, con toda seguridad, la ropa, el calzado, los víveres y, sobre todo, la sal de la que tanto se carecía en el campo insurrecto».

Era inminente la necesidad de quebrar ese bloqueo naval impuesto por España como primera medida para la buena marcha de la Revolución. «Al respecto, desde el cuartel general en Santa Rita, el 13 de marzo de 1869 le comunicó al representante de Cuba en los Estados Unidos que: ‘Es necesario, pues, que U. como representante de este gobierno, gestione con la comisión que se ocupa en aprontar recursos para nuestra revolución, (…) para que se nos introduzcan las armas y efectos necesarios con que poder sostener el orden y la guerra que tan heroicamente y con tantos sacrificios hemos llevado a cabo…’” (Gálvez Aguilera, Milagro. La Marina de Guerra Mambisa- La Habana: Ed. Ciencias Sociales, 2004,  p. 39)».

Era un hecho. En la Asamblea de Guáimaro, celebrada los días 10 y 11 de abril de 1869, al conformarse el Gobierno de la República de Cuba en Armas, se incluyó un artículo en la Constitución, autorizando la creación de la Marina de Guerra Mambisa.
Refiere el profesor José Antonio Pérez que «la Constitución fue elaborada el primer día de asamblea y redactada por Ignacio Agramonte y Antonio Zambrana. En el artículo 15 se planteaba que eran objetos indispensables de la ley, autorizar al Presidente para conceder las patentes de corso, para proveer y sostener una armada».

Céspedes durante su gobierno autorizó a la Junta Central Republicana de Cuba y Puerto Rico para otorgar los grados a los oficiales para la Marina Nacional, cada vez que lo estimara conveniente. Explica José Antonio que «estos intentos, junto a los realizados para crear una Armada que respondiera netamente a los intereses del Ejército Libertador y a partir de entonces, tomar y torpedear un puerto cubano, en la práctica no llegaron a consolidarse.

“Bajo su mandato, solo lograría que se armaran en guerra los vapores Hornet o Cuba, Pionner y El Rayo, listado al que se uniría en el mes de diciembre de 1874, otro donado por el Presidente del Perú. Entonces, sin dudas, este es el precursor de la primera flota bélica, el Padre de la Marina de Guerra Cubana»

Dignidad Representativa

Pero no solo fue el Padre del Ajedrez, de la Numismática y de la Marina de Guerra en Cuba. Ya destacaba José Martí sus rasgos de impetuoso, de hombre capaz de convocar y relevante en lucha por defender nuestros intereses, y la necesidad de que el mundo reconociera la Revolución que se llevaba en la Isla.

Afirma José Antonio Pérez que «Céspedes desplegó una extensa actividad diplomática y estableció correspondencia con diversos países del mundo. Muchas con el fin de que reconocieran el gobierno libre e independiente que se estaba gestando en la época.

«Por ejemplo, el 3 de diciembre de 1868, le había instruido a José Valiente, designado como Agente General de la República, con sede en Estados Unidos, que hiciera todos los esfuerzos posibles: ‘A fin de conseguir la protección del Gobierno Americano y el reconocimiento de nuestro Gobierno provisional’(Rodríguez, Rolando. Bajo la piel de la manigua. La Habana: Ed. Ciencias Sociales, 1996, p. 74).

“En otra ocasión, el Padre de la Patria, decidió hacer público el 1 de marzo de 1869, un mensaje que había enviado al Presidente de los Estados Unidos y que luego, fuese divulgado en el semanario La Voz de Cuba”, agrega el profesor.

Entre los argumentos sostenidos para explicar las razones por las cuales el gobierno norteamericano debía reconocer los derechos de beligerancia e independencia del gobierno revolucionario cubano, explica el historiador José Antonio Pérez que «se encontraba uno netamente naval: “(…) Porque tiene en construcción una escuadra que excederá en número y fuerza a las que hasta aquí han mantenido las autoridades españolas en esta agua (…)” (Gálvez Aguilera, Milagro. La Marina de Guerra Mambisa- La Habana: Ed. Ciencias Sociales, 2004,  p.5-6). Además, Céspedes le decía: “Por la sola y exclusiva falta de armas y municiones este paciente pueblo está sujeto al tiránico yugo de España.” (Rodríguez, Rolando. Bajo la piel de la manigua. La Habana: Ed. Ciencias Sociales, 1996, p. 74).

Finalmente, en los últimos días del mes de marzo de 1869, según consta en el libro de Milagro Gálvez, Expediciones navales en la Guerra de los Diez Años 1868-1878, el primer país en reconocer nuestro proceso revolucionario gracias a la labor del Padre de la Marina de Guerra Cubana, fue México, seguido de Bolivia, Perú, Chile, Colombia, El Salvador y Guatemala.

Más tarde, a mediados de 1870, ya Céspedes se da cuenta  de las verdaderas intenciones de los Estados Unidos de América trazadas por el presidente Thomas Jefferson hacia Cuba. Por cuanto escribió a José Manuel Mestre, sustituto de Morales Lemus como representante diplomático en EU: “Por lo que respecta a los Estados Unidos tal vez, estaré equivocado, pero en mi concepto su gobierno a lo que aspira es a apoderarse de Cuba sin complicaciones peligrosas para su nación y entretanto que no salga del dominio de España, siquiera sea para constituirse en poder independiente; este es el secreto de su política y mucho me temo que cuanto haga y proponga, sea para entretenernos y que no acudamos en busca de otros amigos más eficaces y desinteresados” (Rodríguez, Rolando. Bajo la piel de la manigua. La Habana: Ed. Ciencias Sociales, 1996, p. 77).

Otros factores también fueron decisivos para que Céspedes y los demás revolucionarios renunciaran a la esperanza sobre una posible ayuda de Estados Unidos. «El apresamiento de expediciones mambisas, el acoso y repudio en sus puertos de las naves corsarias cubanas, la ignorancia consciente de las comunicaciones del gobierno de la República en Armas, además, de una proclama de Grant en 1871 contra el apoyo a los insurgentes, fueron más que suficiente», interpreta el profesor y Presidente de la Cátedra Carlos Manuel de Céspedes, José Antonio Pérez Martínez. 

Y agrega: «A esta acción le siguieron la retirada de la representación diplomática de Cuba en Estados Unidos. Tal era la convicción, que a finales de noviembre de 1872, le escribió a Ramón de Céspedes, agente cubano en Washington: ‘No era posible que por más tiempo soportásemos el desprecio con que nos trata el gobierno de los EU, desprecio que iba en aumento mientras más sufridos nos mostrábamos nosotros’” (Rodríguez, Rolando. Bajo la piel de la manigua. La Habana: Ed. Ciencias Sociales, 1996, p. 77).   

Su palabra fue constante y segura en los escenario internacionales, previó la amenaza que supondría los Estado Unidos y como buen revolucionario, buscó la alianza con otros horizontes que persiguieran causas justas y emanciparan los pueblo. Por tanto, Céspedes, como plantea el investigador José Antonio, «es también el Padre de la Diplomacia Cubana».

Entonces, hablamos de un hombre íntegro y capaz, de un padre entre padres y un hijo de la tierra criolla. Hablamos del Padre de la Patria, del Padre del Ajedrez en Cuba, del Padre de la Numismática de la Isla y de la Marina de Guerra, hablamos del Padre de la Diplomacia Cubana.  De un hombre que es y merece ser recordado como la palabra viva del concepto de Revolución.

TESTIGO DE GUERRA

TESTIGO DE GUERRA

Lina Pegoraro, hermana de la Congregación de Salesianas de La Habana y sobreviviente de la segunda conflagración mundial, rememora que «las bombas eran terribles. Escuché cientos caer y vi unas pocas, pero el miedo era el mismo. El impacto que tenían en la ciudad tras ellas era casi peor. Los edificios destruidos, las plazas y comercios vacíos creaban una atmósfera desalentadora».

Texto y foto:
CLAUDIA ALEMAÑY CASTILLA,
estudiante de primer año de Periodismo,
Facultad de Comunicación,
Universidad de La Habana.

Ataviada con los hábitos blancos, me recibió en el retiro María Auxiliadora, del pueblo de Peñalver, en Guanabacoa. Su expresión era tranquila, pero tras los espejuelos brillaban los ojos grises. 

Lina Pegoraro se llama. Es una italiana robusta de 89 años y posee una franca y alegre sonrisa. La llaman “sor”, pues es monja de clausura de la Congregación Salesiana de La Habana. Me pidió acompañarla a una sala privada donde comencé el diálogo para conocer  sobre las razones que la llevaron a abrazar la fe y acerca de su experiencia como testigo de la Segunda Guerra Mundial.

«Fui criada en el seno de una familia católica y asistíamos asiduamente a la capilla de nuestro pequeño pueblo de Rosari, ubicado en la provincia de Vijenza, Italia. Pero no fue hasta los 12 años que comencé a sentir mi vocación, precisamente con la llegada de un misionero que había viajado por el África a nuestra comunidad.

«Sus relatos referidos a los niños de ese continente que no tenían quien les instruyera en la fe y el amor a Dios, me estremecían. Desde ese momento quise hacerme misionera yo también. Comencé a ayudar, en mi parroquia, en la catequesis y en los preparativos de las misas durante cinco años, a iniciativa del sacerdote.

«Un buen día me anunció que había sido aceptada por el Señor para ser su fiel servidora. La alegría me inundó. Pero al pensar en mis padres, me preocupó el cómo contarles mi intención de hacerme religiosa.»

Mientras hacía el relato, Sor Lina me enseñó un reloj de bolsillo que contiene las iniciales de sus padres, sus tres hermanas y ella. Aprovechó ese momento también para comentar que adora los relojes, al punto de considerarlos su gran pasión. Para la religiosa, el paso del tiempo es un misterio infinito.

Le apenaba contar a sus padres que había obrado a sus espaldas para hacerse misionera. Entonces, pidió al sacerdote lo contará él. Ambos dijeron estar de acuerdo, aunque el inicio ese año de la Segunda Guerra Mundial retrasó la partida.

La Alemania nazi comenzó la contienda bélica en 1939 y contó con un importante apoyo del gobierno fascista italiano. La situación era convulsa y muchos hombres tuvieron que enlistarse en el ejército.

«Mi padre no tuvo que partir, pero vi a muchos amigos, vecinos y parientes irse para no regresar jamás. Era una experiencia dolorosa ver a las madres, a las prometidas, las esposas, abrazarse a los hombres y llorar, llorar sin más. Confieso que en el fondo me sentía aliviada, incluso feliz, de que papá no se fuera.»

El 27 de mayo de 1941, Lina Pegoraro partió para Turín a unirse al convento de Hermanas Salesianas de esa ciudad. Profesó como religiosa el 5 de septiembre de 1944.  No volvería a ver a su familia en catorce años.

«A mi llegada comencé a estudiar para hacerme profesora, pues era un paso muy importante en mi empeño de ser misionera. Al mismo tiempo, pasaba, como novicia, por diferentes pruebas de obediencia, conocimiento y respeto por las penitencias.»

El viraje de la guerra fue radical. Italia, junto con los demás países del eje fascista, pasó de ser atacante a atacado. La situación era dura, cruenta.

«La vida en el convento era muy difícil. No teníamos ningún refugio, así que nos tuvimos que quedar en el edificio y protegernos en los sótanos. También brindábamos asilo a las personas que se habían quedado sin hogar, por lo que quedábamos casi cincuenta personas hacinadas  y  temerosas.

«Las bombas eran terribles. Escuché cientos caer y vi unas pocas, pero el miedo era el mismo. El impacto que tenían en la ciudad tras ellas era casi peor. Los edificios destruidos, las plazas y comercios vacíos creaban una atmósfera desalentadora.»

Tras el recuerdo de los estallidos, los ojos de Sor Lina se humedecen y su expresión demuestra cuán aterrada está aún de aquellos feroces espectáculos.

«Nosotras salíamos a recorrer las calles para auxiliar a los heridos y necesitados. No era raro encontrar a los sobrevivientes ante sus casas, quemados o sangrientos, desesperados por la muerte de sus familias. Mi labor era consolarlos, pero no fueron pocas las veces que yo misma quedé desolada.

«En una ocasión encontré a un hombre tirado en plena calle llorando, estaba herido. Me acerqué e intenté levantarlo. Rechazó mi auxilio y suplicó que le ayudara a morir. Toda su familia había muerto, no quería estar solo. Miró mis ojos y preguntó: ¿Por qué Dios permite esto? Respondí casi mecánicamente que solo el Señor sabe por qué hace tan torcidos los caminos. En mi interior, la falta de fe se convirtió en otra fuente de temor, pero llegué a la conclusión de que no podía ceder.»

En el salón donde conversamos, rodeado de sillones e imágenes de santos, la hermana Pegoraro continuó relatando sus pesares durante el mayor enfrentamiento bélico que ha conocido el mundo. El hambre se convirtió en un problema grave. Los mercados habían cerrado, era difícil encontrar los alimentos y artículos de primera necesidad y los precios estaban crecidos desmesuradamente.

«En una ocasión, la madre superiora nos encargó a una compañera y a mí buscar algo de comer para el desayuno. Lo único que pudimos encontrar fueron cuatro huevos. ¿Te imaginas compartir cuatro huevos entre las cuarenta monjas del convento? Por muy buenas intenciones que tuviéramos, era imposible.

«La situación mejoró un poco cuando algunos campesinos nos solicitaron que participáramos en la recogida de trigo. El padre de una de las novicias construyó un horno para nosotras. Preparábamos el pan y lo repartíamos entre los desamparados. Ese fue mi aporte durante la guerra.»

-¿Qué cree sobre el papel de la iglesia católica,

principalmente del Vaticano, durante

 la Segunda Guerra Mundial?

«Muchos fueron los sacerdotes y monjas que se unieron como enfermeros y hasta médicos. Incontables brindaron su ayuda a los desamparados, como nosotras mismas. En cuanto al Vaticano, creo que pudo haber tenido más influencia en contrarrestar la exterminación de los judíos. Aquellas eran acciones detestables, inhumanas, que cometían hombres sin corazón, diciendo amar a Dios. Hombres así no aman a Dios, pues no aman al prójimo. Hombres así no merecen conocer siquiera la palabra de Dios.»

En 1946, Lina cumplió su sueño de hacerse misionera. La enviaron a Cuba junto con otras cuatro hermanas. Comenzó a dar clases en uno de los colegios de las Hermanas Salesianas de La Habana en la Víbora. De esa experiencia guarda gratos recuerdos.

Al triunfo de la Revolución, el 1ero. de enero de 1959, no se encontraba en Cuba. Estaba en Italia recibiendo un curso para convertirse en profesora de novicias. Siguió un período en que las relaciones entre el gobierno y la iglesia fueron difíciles y no pudo regresar al país hasta el año 1980. Desde entonces, vive en nuestro país, al cual considera su segundo hogar.

La Segunda Guerra Mundial reportó un total de 61 820 315 víctimas. De ellas 410 000 fueron italianos, y 80 mil pérdidas civiles. Sor Lina Pegoraro sobrevivió al terrible período que enfrentó el mundo y hoy cuenta su historia. La historia de cómo el amor a Dios  le dio fuerzas a esta mujer para enfrentarlo todo.

Pie de foto: A pesar de la edad, Lina sigue haciendo honores a su vocación.

Ficha Técnica:

Objetivo Central: Dar a conocer las impresiones y experiencias de Lina Pegoraro, superviviente de la Segunda Guerra Mundial.

Objetivos Colaterales: Mencionar las razones que la llevaron a profesar como monja y los férreos valores católicos de la entrevistada.

Tipo de entrevista;
Por los participantes: Individual.
Por su forma: De citas.
Por su contenido: De opinión autorizada.
Por el canal que se obtuvo: Cara a cara. Directamente.

Tipo de título: Llamativo.
Tipo de entrada: De retrato.
Tipo de cuerpo: De citas.
Tipo de conclusiones: De opinión o comentario del entrevistador.
Tipo de fuentes: No documentales y documentales.

NACIDA PARA EDUCAR

NACIDA PARA EDUCAR

Además de participar en la Campaña de Alfabetización, Concepción Ayala Díaz –Concha para todos-, no detiene su afán de cultivar la enseñanza y a sus 70 años imparte clases de taichí.

Texto y foto:
HITCHMAN POWELL ESCALONA,
estudiante de primer año de Periodismo,
Facultad de Comunicación,
Universidad de La Habana.

El rostro de Concha se ve alegre por estos días. No es para menos los ojos vivaces y la sonrisa entre los labios, porque tras el venidero 50 aniversario (2011) de la culminación de la Campaña de Alfabetización, su memoria se desborda de recuerdos. Ella formó parte de los protagonistas anónimos que participaron en esa gesta revolucionaria.

“Un día mi hermana me dijo: ‘Concha, están inscribiendo a los que quieran alfabetizar’, entonces, corrimos y anotamos nuestros nombres.  Nos ubicaron en Sagua de Tánamo, Holguín, pero no tan cerca, pues era monte adentro, ¡bien adentro! y entre montañas”.

Concepción Ayala Díaz, como la bautizaron sus padres, era una niña mimada y nunca había estado apartada de su familia en La Habana: “Donde más lejos había ido era a Cárdenas, así que puedes imaginar lo que sentí. Estaba en lo más intrincado del municipio, donde el camión debía cruzar 32 veces los ríos para llegar”.

Cuando marchó a cumplir esa misión tenía 17 años, y aún  estudiaba. A pesar de su corta edad, las ansias de instruir prevalecieron ante la inexperiencia, y logró asumir el rol de maestra en poco tiempo: “Debido a la confianza y la fuerte conexión que existía entre las personas de aquel sitio y yo, pude prepararlos y lograr que asimilaran el conocimiento. Como eran mayores, tuve que trabajar poco a poco, como si fuesen un cristal al que hay que moldear lentamente para dar la forma que quería. Esa etapa me enseñó cómo educar”. 

Adentrada en un mundo desconocido, Concha tuvo que adaptarse a la vida campestre, y sus profesores fueron sus alumnos: “Sucedió algo paradójico, yo era la guía y me convertí en estudiante. Con ellos aprendí a montar a caballo, a hacer fogatas y trabajar con la madera. Le perdí el miedo a las ranas y a cuantos animales temía. Sin dudas, conocí la naturaleza por dentro”.

-¿Entre tantas vivencias, debe haber

alguna que recuerde en particular?

Me gustaba mucho cuando por las noches nos sentábamos fuera del bohío, y el guajiro explicaba acerca de los ríos y montañas del lugar. Desde un taburete, contemplaba las estrellas, el cielo, y recordaba al Malecón, a mi familia y a la casa en La Habana, cercana al mar. Yo disfrutaba conversar mientras miraba las constelaciones, con la fresca brisa del campo y el cantar de los grillos.

A sus 70 años, Concha hoy está desvinculada de los estudios, sin embargo, su alma de maestra se mantiene intacta. Ella imparte clases de taichí a personas del municipio habanero Plaza de la Revolución: “Comencé junto a una compañera que me pidió ayuda. Con el tiempo, busqué un grupo, el cual se ha incrementado, y ya es un proyecto comunitario. Asisten a los ejercicios niños, jóvenes y gente de avanzada edad. Desde el inicio les digo que centren la atención en las clases, para dejar correr la magia por sus cuerpos”. 

Concha comenzó a hacer los ejercicios por motivos de salud en 1997, y los conocimientos adquiridos los puso en bien de la comunidad. “Tuve una angina de pecho que me produjo falta de aire, cansancio y desmayos. Una amiga me recomendó practicar taichí, entonces acudí al cardiólogo a preguntarle si podía y aceptó. Rápidamente asistí a la Escuela Cubana de Wushu y a partir de ese día hago deportes”, dijo.

-¿Cómo ha influido el taichí en

su vocación de educadora?

Me ha cambiado el carácter, la forma de ver la vida, cómo plantear los problemas y darles solución, pues era muy explosiva. Ha dado a mi vida más tranquilidad, porque primero te sosiega espiritualmente, y luego permite analizar los problemas con más calma.

Sin dudas, la firme convicción de Concha en lo que hace le permitió hacer germinar en cada alumno la semilla del saber. Según el Apóstol: “Enseñar puede cualquiera, pero educar sólo quien sea un evangelio vivo”, y ella nació con ese don.
Pie de foto: El rostro de Concha se muestra alegre cuando recuerda acerca de su participación en la Campaña de Alfabetización. l

Ficha técnica:

Objetivo general: Dar a conocer aspectos de la vida de la entrevistada.

Objetivos colaterales: Reflejar la estrecha relación que existe entre la entrevistada y su profesión.

Tipo de título: Genérico.
Tipo de entrada: Directa.
Tipo de preguntas: 1: abierta, 2: directa.
Tipo de conclusiones: De opinión del entrevistador.

Tipo de entrevista:
Por su forma: Mixta.
Por su contenido: De personalidad.                                            
Participante: Individual.
Por el canal que se obtuvo: Cara a cara.

COMPROMETIDA CON EL MAGISTERIO

COMPROMETIDA CON EL MAGISTERIO

Con 72 años de vida y 54 de ejercicio docente, Margarita Quintero vive cada día como una joven de alma.

LAURA PRADA ARIAS,
estudiante de primer año de Periodismo,
Facultad de Comunicación,
Universidad de La Habana.

“Desde niña me gustaba mucho la carrera del magisterio. En los juegos infantiles yo era la maestra y usaba a las muñecas como alumnas. Por eso, cuando llegué a los 14 años decidí comenzar estudios profesorales. Mis padres no tenían mucho interés en que diera ese paso, pero la vocación que tenía era muy fuerte.

“Así fue como me presenté a los exámenes de concurso que, en aquel momento, tenían que hacer los aspirantes a ingresar a la Escuela Normal para Maestros. Eran tres pruebas obligatorias: Matemática y Español, y uno tercero, a elección del centro, que en mi caso, fue Educación Física. Saqué buenas notas y eso permitió ocupara el lugar 15 en el escalafón en un grupo, donde prevalecían muchachas de escuelas privadas”.

Como una joven de alma, Margarita Quintero lleva trabajando 54 años en la educación. Camina despacio, pero firme y erguida. Es bajita, y la ausencia de fuerza en sus manos ya deformadas por la edad la hacen fruncir el seño de vez en cuando.

Sus hijos insisten que no se retire aún, pues piensan que ella puede seguir ejerciendo. No es muy difícil persuadirla, porque le maravilla estar ocupada y que la llamen para consultarla. Una de las ventajas de llevar tantos años en un mismo lugar es saber de “punta a cabo” todos los pequeños detalles que puedan existir. Entonces, ¿cómo es que se hace maestra?

“Durante cuatro años cursé estudios en la Escuela Normal de La Habana y puedo decir que fue una de las etapas más bellas en mi vida. Allí conocí a un grupo de compañeras que fueron buenas amigas para siempre, algunas ya fallecidas. Tuve el privilegio de tener como profesores a figuras tan eminentes como Juan Marinello en Literatura Española, Pura Díaz Padilla en Historia, Martin Castellanos en Anatomía, y otros que hoy  representan un ejemplo de ética y maestría pedagógica, además de permitirnos disfrutar sus extraordinarios conocimientos universales.

“En 1954 concluí los estudios de maestra primaria. Había logrado el primer objetivo de vida, a pesar de ser una muchacha muy humilde, porque los estudios los realicé con grandes sacrificios de mis padres y míos”.

-Juan Marinello fue un gran lingüista,

un hombre eminente. Al evocarlo,

¿cómo recuerda sus clases?

Recuerdo de las clases de Literatura los versos de Espronceda y el Cid Campeador, Espejo de Paciencia y otras obras de la rica literatura española y cubana.

Marinello llegaba al aula con los libros bajo el brazo, vestido de blanco si era verano, y de negro en invierno. Siempre respetuoso, hablaba en un tono de voz que llegaba al corazón.

-Sin ninguna duda, grandes metas requieren

grandes esfuerzos. ¿Cuáles fueron algunos de

esos sacrificios que tuvo que hacer para

poder continuar con sus estudios?

Tuve que dar clases a niños en sus casas y repasarles las tareas. La situación era muy compleja y mis padres no tenían trabajo fijo; así ayudaba. En varios momentos fui y regresé caminando de la escuela, y también fueron muchas las veces que lo hice con el estómago vacío… no me hagas hablar de eso.

-Sin embargo, Margarita no pensó dejar atrás su

empeño de ser maestra. Pedía prestado a sus

compañeras los materiales de estudio, para poder

prepararse y así transitó por la carrera hasta

cumplir su meta. ¿Qué hizo cuando se graduó?

Después de graduada, no pude obtener plaza de trabajo. A pesar de haber ganado por oposiciones el puesto de maestra de Ciencias Naturales en una escuela primaria, no pude ocuparlo porque los problemas políticos de entonces y la corrupción imperante (donde se vendían las aulas), me impidieron llegar a ella.

Trabajé entonces como profesora sustituta en una escuela pública entre los años 1954 y 1959. Me pagaban 1,60 pesos por día laboral y los cobraba dos meses después. También estuve en un colegio privado como repasadora. Todo eso, sin perder mi objetivo de graduarme de Pedagogía, en la Universidad, algo que parecía una quimera.

Había solicitado la Universidad para alumnos pobres y me fue otorgada. Comencé los estudios de Pedagogía hasta 1956, pues cuando estaba en tercer año ya se luchaba en la Sierra Maestra y en las calles de las ciudades, entonces el gobierno cerró las escuelas. No pudo ser hasta después del triunfo de la Revolución, que fueron reabiertas sus aulas y pude concluir los estudios de Doctorado en Pedagogía. Pero en cuanto me gradué, comprendí que era una de las 10 mil maestras sin trabajo, a las que Fidel se refirió en La Historia me Absolverá.

Entonces empecé a trabajar, ya en mi aulita, en la escuela número 40 de Guanabacoa, con niños del primer grado. Los años de 1959 a 1965 fueron extraordinarios, porque pude realizarme en la labor de maestra y educadora. Hice cosas muy lindas con los alumnos. Después tuve un aula de quinto grado, y los alumnos participaron en concursos de Geografía y ganaron. Eso fue un estimulo, porque yo los había preparado.

Cuando se planteó a los maestros en ejercicio ir a trabajar a las escuelas secundarias básicas, di el paso. Así fue como llegué al Instituto de Superación Educacional (ISE).

-Fue un camino largo y complicado,

pero Margarita quería seguir superándose.

¿Cómo es que llega a la Geografía?

Ya en 1965 trabajaba en la escuela Raúl Cepero Bonilla, del Cotorro. La experiencia fue muy rica y se lo debo a mis compañeros del ISE, asesores y colegas de la asignatura; pero principalmente a los alumnos, que crearon un compromiso muy fuerte en mí. Años después, fui promovida a inspectora provincial de Geografía por los resultados.

En 1969 el Ministerio de Educación (MINED) solicitó mis servicios para escribir libros de Geografía para primaria. Era el momento en que Fidel había planteado acelerar la preparación de los maestros y comenzaban a ser creadas las escuelas pedagógicas. Pasé a trabajar en la formación del personal docente, y a preparar los programas de esa asignatura. En el Ministerio, dentro de la dirección de formación de personal pedagógico, desarrollé distintas tareas: integré y dirigí múltiples comisiones de carácter nacional y en otras fui representante del organismo. Además, realicé junto a otros compañeros la bibliografía necesaria.

Durante esos años compartí mi labor con figuras tan prominentes como el doctor Pedro Cañas Abril y la profesora Ofelia Zayas, de la Facultad de Geografía de la Universidad de La Habana. Aprendí extraordinariamente y comprendí que tenía que seguir estudiando y ampliar mis conocimientos geográficos. Ya en 1974 inicié estudios de la carrera profesoral de Geografía, en el Instituto Superior Pedagógico Enrique José Varona (ISPEJV).

Esta segunda especialidad la hice teniendo tres hijos pequeños, pero conté con el  apoyo incondicional de mi esposo y padres. De no haber sido por ellos, no hubiera podido concluir los estudios como la mejor graduada del curso para trabajadores en el Instituto.

-En 1980 fue creada la Comisión Nacional de

Nombres Geográficos, Margarita estaba entre

sus fundadores, debido a sus resultados

como profesora de Geografía.

¿Cómo llegó hasta allí?

Tras haber obtenido excelentes resultados junto a otros compañeros, comenzamos a realizar numerosas investigaciones. El resultado de una de ellas culminó con la creación del Diccionario Geográfico de Cuba, donde se recoge la información de la toponimia nacional.

-El doctor Antonio Núñez Jiménez

también pertenecía a la Comisión.

¿Qué recuerdos tiene de él?

No olvidaré jamás cuando escribió En marcha con Fidel, varios compañeros tuvimos la posibilidad de compartir con Núñez, el surgimiento del libro y nos leía fragmentos inéditos.

El doctor era el Presidente de Honor de la Comisión. Siempre recibimos sus consejos, exigencias, críticas ante lo mal hecho, su maestría al explicar cualquier hecho geográfico. Participaba en las reuniones internas y su palabra fue en muchas oportunidades esclarecedora.

Recuerdo también cuando publicó, antes de la Revolución, Geografía de Cuba, texto que fue quemado. Él, como revolucionario, denunciaba la situación político-económica que afectaba al país. Por eso la dictadura dio la orden de que el libro fuese quemado. Sin embargo, algunos ejemplares se lograron preservar.

Sin contar el tiempo que dedicó a formarse como maestra, hace 54 años que Margarita está dentro del sistema de educación cubano y ha sido testigo de todos los cambios ocurridos en la escuela cubana en medio siglo.

Ha tenido la oportunidad de ver las profundas modificaciones realizadas por la Revolución. Desde la Campaña de Alfabetización, los planes de formación de maestros y la fundación del destacamento “Manuel Ascunce Domenech”.

Con numerosas experiencias fuera de la Isla, integró misiones internacionalistas de trabajo en Angola, Zimbabue, URSS, México, Brasil, Francia y Reino Unido. Recientemente escribió  un libro de Geografía de Cuba para niños ingleses, como parte de un proyecto educacional con una escuela de Londres, que tuvo gran aceptación.

Ya dentro de la última revolución educativa ha participado dentro de la Batalla de Ideas, en el sector de la educación, principalmente en la elaboración los audiovisuales y la universalización de las carreras pedagógicas.

-¿Cómo ve su futuro?

La vida me dice que es necesario ir dejando el camino para los nuevos pinos, que van creciendo fuertes y robustos bajo la sombra que les ofrecen, con mucho gusto, los pinos viejos. Tal vez,  en algún momento más o menos cercano tendré que acogerme a la jubilación, lo que no significa que deje de trabajar y aportar mis modestas experiencias. El magisterio ennoblece al ser humano. A mí me ha hecho crecer, por eso mi compromiso eterno para él.

FICHA TÉCNICA:

Objetivo central: Obtener declaraciones de la profesora Margarita Quintero, porque lleva más de medio siglo dedicada al magisterio.

Objetivos colaterales: Reflejar cómo las épocas influyen en las personas. El amor y la consagración de esta mujer por la pedagogía.

Tipo de entrevista:
Por los participantes: Individual.
Por su forma: Mixta.
Por su contenido: De personalidad.
Por el canal que se obtuvo: Vía directa.

Tipo de título: De referencia al tema.
Tipo de entrada: De cita directa.
Tipo de cuerpo: Mixto.
Tipo de preguntas: 1- Abierta. 2- Cerrada. 3- Cerrada. 4- Abierta. 5- Abierta. 6-  Cerrada. 7- Cerrada. 8- Abierta.
Tipo de conclusión. Frase de impacto.

Fuentes consultadas: Directa, personal.