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DISEÑO GRÁFICO: LA POLÉMICA CONTINÚA

DISEÑO GRÁFICO: LA POLÉMICA CONTINÚA

En el plano teórico las diferencias entre arte y diseño se manipulan a discreción: a veces sus límites son precisos, otras se desdibujan, no deben buscarse en el plano estético de sus producciones sino en los fines que persigue cada actividad.

YOSEL MARTÍNEZ CASTELLANOS,
estudiante de primer año de Periodismo,
Facultad de Comunicación,
Universidad de La Habana.

Graduado en 1976 de la antigua Escuela de Diseño de La Habana, Francisco Lojos Díaz, diseñador gráfico de la empresa Durero CARIBE S.A, es una persona que vive para su trabajo, no se imagina en otra profesión ajena a la suya y no concibe al arte y  al diseño separados como piensan muchos colegas en la actualidad.
 
Lojos, como lo conocen en su centro laboral, está acostumbrado a trabajar con ideas, sus diseños generalmente sufren cambios atendiendo a las demandas del mercado, por lo que es un hombre habituado a los retos a corto plazo. Confiesa que la experiencia adquirida durante estos 30 años le ha hecho “perder los nervios ante el trabajo”. Uno de los viejos temas recurrentes que de vez en cuando se ponen de actualidad para desvanecerse y reaparecer, y así sucesivamente, es la cuestión -siempre mal formulada- de si el diseño es arte. Debatimos esta cuestión en un diálogo.         

-¿El diseño es arte,

o simplemente es diseño?

El diseño es una técnica que se nutre de los elementos del arte, pero tiene reglas imposibles de no cumplirse para lograr un buen resultado.

-¿Cuánto pueden tener en común?

En común tienen los elementos que pueden inspirar un trabajo. Hoy en día las personas tienen acceso a la información visual mediante revistas, libros, la televisión, etc. Todo lo que te rodea son elementos de los cuales te nutres constantemente y a partir de ellos se desarrollan los procesos técnicos que pueden llevar a un resultado final de un diseño específico para la rama donde se necesita.

Un artista se inspira de una manera emocional y aplica la técnica según su especialidad. Cada uno tiene sello propio, desarrolla características, manera de plasmar esa inspiración.

En el diseño hay técnicas, reglas que cumplir, responden para lograr un diseño que industrialmente se llegue a producir. Ya sea gráfico, un envase, un cartel, todo con el propósito de que se consuma de una manera palpable, visual, o a través de cualquier rama donde se reproduzca.

-Hay artistas que se dedican al diseño

y diseñadores que hacen arArte.

¿En alguna oportunidad usted ha podido

experimentar en el campo contrario?

En el plano personal soy orfebre. Me expreso a través del metal de una manera artística, pero puedo afirmar que en cualquier trabajo de diseño es muy común usar las técnicas de computación y de trabajo digital, ellos tienen muchos puntos de coincidencia con lo que hacen los artistas.

Existen programas de informática relacionados con la rama artística; se experimenta mucho con la fotografía, con el arte digital todo se vincula mediante la técnica porque trabajas con componentes informáticos, los cuales son instrumentos básicos para el diseñador, el Fotoshop y el Paint, entre otros. Estos son programas obligatorios para nuestro trabajo día a día.

Es muy frecuente por estos tiempos tomar una obra artística y utilizarla para el trabajo de un diseño. Hoy, por ejemplo, las botellas de vinos tienen en sus etiquetas obras de artes (pinturas de artistas), pero el objetivo de la etiqueta del envase de vino es comunicar la calidad de la botella, como apoyatura la obra embellece la etiqueta, pero ella sí tiene que cumplir sus parámetros técnicos de diseño.           

-¿Se puede afirmar que las tecnologías y

 los movimientos artísticos han

revolucionado el diseño en

los últimos 20 años?

El diseño siempre tiene algo especial en su obra. En la rama industrial cuando se va a crear una silla, un teléfono…, el hombre trata que su trabajo esté a tono con lo que sucede en el mundo (con el estilo de la arquitectura, de la pintura…) y se ha llevado a todas las manifestaciones, incluso la automovilística ya tiene elementos de los movimientos artísticos. Él siempre se ha nutrido de las tecnologías y las demás corrientes.

-Muchos entendidos en la materia afirman

que signo, dibujo y texto es hablar de diseño.

Sí, para mí es cierto. El signo es una síntesis de algo que tú quieres expresar. El texto ayuda a comunicarte de forma más fácil con las personas, si logras que ese público tenga un nivel para leer y entender el diseño, a veces eres capaz de identificar para qué es una lata o un estuche de un producto que se encuentra en un idioma que no comprendes, pero consigues saber cual es su función, esto se entiende gracias a los signos y dibujos que te ayudan a reconocer a qué rama pertenece lo que aprecias.

-El diseñador trabaja para un cliente que paga.

¿Puede, entonces, tener libertades

a la hora de expresar su obra?

El trabajo de diseño es muy técnico, debe tener parámetros. Lo principal  es que cumpla el objetivo para el que fue creado y debe tener las reglas que el cliente quiere para sus productos; además, debe ser capaz de comunicarse con su comprador, pero ello no impide que tenga elementos de inspiración.

Como parte de su profesión el diseñador está obligado a ayudar al cliente, a buscar las mejores vías para comunicarse y con el mejor gusto, porque no siempre el comprador tiene el gusto preparado.

Un consumidor que va a comprar puede tener dudas en el  momento de escoger un color (rojo o azul), o quiere que el diseño de su empresa tenga una forma en específico y tienes que demostrarle técnicamente que el color deseado no es el ideal para sus productos. El proyectista cuenta con armas para ayudar al usuario, pero debe de ajustarse a las exigencias de este.

-¿Y el artista expresa su trabajo libremente,

o también tiene restricciones?

Creo que el artista es más libre que el diseñador. Ellos expresan sus obras aunque no la vendan. La sociedad impone reglas políticas, sociales; quizás por esto lo realiza para un círculo pequeño que le satisface como artista. Quizás desea que una obra no sea vista porque rompe con determinadas corrientes sociales que le impiden manifestarse. Por lo que la obra del artista pierde porque su objetivo es ser vista y reconocida por todo el mundo.

-Si el diseño y el arte logran comunicarse

con el público, ¿llega  el mensaje?

Si el diseño tiene los parámetros que corresponde cumplir, entonces todo debe comunicarse con el público para el cuál está destinado. A veces las imposiciones tecnológicas conspiran con la comunicación final que va a tener el trabajo, aquí es donde se puede ver la creatividad del hombre y las armas que tenga para lograr un objetivo con la máxima calidad posible para entenderse con las personas.

Todos tenemos por dentro algo artístico, gracias a la informática hoy se puede ver cómo aparecen imágenes, logotipos creados por personas que no están preparadas para esa función y esto provoca que se distribuya una imagen que no está estudiada, la cual no cumple con determinados parámetros.

Mientras más desarrollo tecnológico tenga el mundo, más se respeta el trabajo de un diseñador y más se confía en los resultados que logremos para una empresa. 

Ficha técnica:

Objetivo central: Obtener información especializada sobre si el diseño y el arte tienen elementos en común.  

Objetivos colaterales: Indagar sobre el trabajo de un diseñador gráfico.

Tipo de entrevista:

Por su forma: Clásica.
Por su contenido: De opinión.
Por el canal que se obtuvo: Directa.

Tipo de título: Genérico.
Tipo de entrada: Directa (o de presentación).
Tipo de cuerpo: De preguntas y respuestas.
Tipo de conclusión: De opinión o de comentario del entrevistado.

Fuentes consultadas:

Felicia Cuevas, promotora cultural del municipio de San Miguel del Padrón; Arnulfo Espinosa, diseñador gráfico y profesor de la Facultad de Comunicación; Emilio Gutiérrez Rodríguez, especialista principal de la Casa Taller Antonia Eiriz, de San Miguel del Padrón. Fuentes activas.

MINUTERO DEL CAPITOLIO

MINUTERO DEL CAPITOLIO

José Luis López forma parte de ese grupo casi desconocidos de fotógrafos ambulantes que son un símbolo de nuestra Habana.

Texto y foto:
EDUARDO GONZÁLEZ MARTÍNEZ,
estudiante de primer año de Periodismo,
Facultad de Comunicación,
Universidad de La Habana.

Su ruedo de pelea no es ninguna valla hostil. La contienda de este “Gallo” con la vida es más complicada: un forcejeo con el tiempo que pretende arrebatarle su vieja Kodak de 1910. Así va, con la mágica caja a cuestas, remendando la obsoleta estructura para seguir realizando el sueño de cada día durante más de treinta años ininterrumpidos.

Allí, en la base de la escalinata imponente que señala la entrada del Capitolio cubano, José Luis Gallo Fernández  revive con su empeño una añeja práctica: la fotografía de cajón, arte en peligro de desaparecer.

Minuteros (por la rapidez en el proceso de revelado de las fotos) o ambulantes, son algunos de los nombres que le otorgan a esta estirpe indomable, empeñada en vivir aún su labor en blanco y negro, herencia de los padres fundadores del siglo XIX.
 
Solo siete de estos testarudos seres prosiguen el combate desigual, donde el ingenio común se empeña en suplir la escasez de piezas propias y la lucha por el papel  necesitado se vuelve indispensable. 

“Yo era desde joven un amante de la fotografía. Aunque no poseía conocimiento alguno, me fascinaron siempre las maravillas que se  podía hacer en ella, hasta colocarte en una imagen con cosmonautas.

“Pero tuve la suerte de entrar por medio de mi esposa, a una familia con una larga tradición de profesionales, y así pude dar los primeros pasos en este complejo mundo.”

Comenzaba la década del ochenta cuando el muchacho de apenas veintiún años llegó a las puertas del Capitolio. Sin estudios en la materia, Gallo- como le llaman cariñosamente-, empezó su batallar con una profesión difícil de conquistar.

“El padre de mi esposa decía que yo no tenía para salir adelante en esta complicada profesión. Hice caso omiso de sus palabras y le compré a un amigo una antigua cámara de principios del siglo pasado. La conservo aún en mi casa.

“Cuando llevaba seis meses solamente poniendo y quitando el papel, mi cuñado me trajo aquí para una práctica. ¡Aquello no fue para nada fácil! Le cortaba a la gente la cabeza, los brazos y las imágenes no salían bien, pero la habilidad la obtuve poco a poco, con el pasar del tiempo”.

Las dificultades del oficio son suficientes como para amedrentar a cualquiera, menos a este innovador que pone todo su ingenio en función de  mantener en buen estado los obsoletos aparatos y dar vida a la imagen.

“El cajón es de cedro forrado con formica para evitar la acción del agua. El fuelle que tiene es de la época, el mismo de su origen, pero el diafragma se le rompió y le coloqué un pedazo de lata de refresco que resuelve sin problemas la situación. Si no fuera así no podría seguir con mi trabajo, porque ya esas piezas no se producen hoy.

“También tengo un pequeño cuarto oscuro, nada especial, donde corto el papel que luego voy a usar en la impresión. Utilizo una lámpara de seguridad  hecha por mí hace varios años. Con esta y  un fondo rojo, un cristal y una lata de galletas, resuelvo el problema de la carencia de aparatos especializados en el proceso”.

Estos “cajoneros” cubanos, que se agrupan frente al Capitolio, realizan una labor bajo riesgo de desaparecer, pues no cuentan con apoyo por parte de ninguna institución y solo en ocasiones reciben ayuda de quienes requieren de sus servicios.

“La autorización para trabajar aquí no es ningún problema, pero otras son las dificultades que nos amenazan. El apuro mayor lo sufrimos con el papel de revelado, escaso y difícil de encontrar. Conseguimos pequeñas cantidades gracias a algunos de los turistas. Hace tiempo el estado nos vendió algunas cantidades, pero nunca más se ha vuelto a hacer y esto nos limita”.

En el lente de innumerables cámaras de los visitantes quedó estampada la imagen de los “minuteros”. También en una ocasión, una española de visita en la Isla realizó a lápiz un dibujo de José Luis, y lo llevó al óleo: “No encontré el sitio donde ella me dijo que estaba el cuadro expuesto,  en un lugar de La Habana Vieja; aún lo sigo buscando”.

El trucaje, maña tan usada en la fotografía moderna, no es ningún secreto para el viejo aparato, que sin el moderno Fotoshop, en cuestión de tres o cuatro minutos da vida a la imagen, guiado por las habilidades de “Gallo”.

“En los años ochenta las personas nos pedía montajes con personajes famosos como Bruce Lee y Maikel Jackson; inclusive, los 14 de febrero el montaje era sobre corazones. También para que en la foto de aquí salga la cúpula debemos hacer un truco, sí no aparece solamente la escalinata”.

Muchas son las personas que se retratan en el lugar y quizás ignoren que estos “cajoneros” cubanos son los protagonistas del documental ¡Quietos ya! Ellos, sin embargo, siguen su batalla contra el tiempo.

Sumidos en el olvido, perpetúan en la vida de la ciudad colonial una tradición simbólica. Por eso, si usted se toma una foto con la eterna Kodak de José Luis, no olvide nunca dejar su nombre escrito en el costado de la cámara, como tributo a todos los minuteros del Capitolio. 
     
FICHA TÉCNICA:

Objetivo central: Dar a conocer aspectos desconocidos del entrevistado y de la tradición que perpetúa cada día.

Objetivos colaterales: Averiguar datos singulares sobre el trabajo simbólico que realizan los fotógrafos de cajón  en Cuba.

Tipo de entrevista:

Por los participantes: Individual.
Por su forma: De citas.
Por su contenido: De personalidad.
Por el canal que se obtuvo: Encuentro directo.

Tipo de título: Llamativo.
Tipo de entrada: De retrato.
Tipo de cuerpo: De citas.
Tipo de conclusión: De opinión o comentario del entrevistador.

Fuentes consultadas:

Entrevistado y otros fotógrafos de cajón. Directas. No documentales.

SOÑAR EN VIOLETA

SOÑAR EN VIOLETA

Un mundo de amor y esperanza colman de luz la vida de una niña limitada visualmente.                    

YOHANA LEZCANO LAVANDERA,
estudiante de primer año de Periodismo,
Facultad de Comunicación,
Universidad de La Habana.

Rayma González Benítez ve el mundo color violeta. Para ella, esta tonalidad no es realeza, lujo, elegancia, respeto, amor, ternura o fidelidad. Tampoco simboliza frialdad, tristeza ni imprudencia.

El violeta, más que un color, significa para Rayma su forma de figurarse el entorno, el modo de conocer la vida. Esta adolescente de 13 años presenta atrofia del nervio óptico, enfermedad que la priva de uno de los más importantes sentidos: la visión.

A pesar de su dificultad, esta pionera pinareña no pone barreras en el camino; al contrario, vive cada día con el reto de crecerse ante los problemas.

-¿Por qué tu color favorito es el violeta?  

Lo prefiero porque tiene un nombre muy hermoso, que es también el de una flor con un olor exquisito. Además, muchas descripciones que he escuchado coinciden en que brinda una sensación de bienestar maravillosa. Yo lo identifico con prendas de vestir, regalos u objetos que aprecio mucho y constituyen para mí un recuerdo.

-¿Cómo reconoces a tus padres?

Yo conozco a las personas por la voz generalmente, pero cuando son seres más allegados a mí, los identifico por sus características. Por ejemplo, a mi mamá la distingo por sus brazos, por su piel. A mi papá, por sus manos y también por su gran tamaño. Mis padres son magníficos, tenemos muy buena comunicación, son las personas más importantes de mi vida.

-Tu primaria la cursaste en la

escuela especial José Martí,

¿recuerdas el primer día de clases?

Mi primaria constituyó una etapa decisiva dentro mi formación. La primera voz que escuché fue la de mi maestra de preescolar, con quien comencé a aprender Braille. Para ello utilizamos unos utensilios llamados clavijeros, luego vino la regleta y por último la máquina, ya en segundo grado. El estudio de este sistema -mi forma de leer y escribir-, me resultó un poco difícil, fundamentalmente la familiarización con los puntos y las combinaciones de las letras.

-¿Cómo asimilaste el cambio

de la enseñanza especial a una

secundaria básica urbana?

El problema consistía en que la secundaria especial más cercana está en Ciudad de La Habana, por lo que era mejor insertarme en  una secundaria básica urbana radicada en Pinar del Río. Además, yo me sentía apta para asumir el desafío.

Al principio me fue un poco mal, pero afortunadamente, me adapté bastante rápido. En ello influyeron mucho mis maestras y mis compañeros.

A propósito, en mi grupo existe un círculo de interés sobre la enseñanza del Braille. Ahora yo no me tengo que preocupar por   ponerme al día cuando falto, pues mis amiguitos hacen fila para actualizarme las clases, ansiosos por escribir con la máquina Braille. Esto también tiene sus desventajas, porque entonces todos me encuentran las faltas de ortografía (entre risas).

-¿Cuándo fue la primera vez

que te separaste de tu hogar?

En la primera acampada realizada en mi escuela primaria y luego durante el IV Congreso Pioneril. Próximamente asistiré a la escuela al campo, no importa que coincida con mi cumpleaños, si me tengo que quedar, pues me quedo.

-¿Qué enseñanza te aportó

el congreso pioneril?

Constituyó una experiencia inolvidable, tuve la posibilidad de representar a mi escuela y reunir los criterios de los pioneros pinareños para compartirlos con estudiantes de otras provincias del país. Intervine en el tema de los beneficios que nos aportan los instructores de arte y los softwares educativos. Me impresionó mucho el momento que dedicamos en el evento a Fidel, como el pionero mayor.

-¿Asignaturas difíciles?

En estos momentos, ninguna. Anteriormente la Física por todas las ecuaciones relacionadas con la fuerza de gravedad, la posición y el tiempo. Las asignaturas que más disfruto son Español, Historia y Computación, esta última la puedo utilizar gracias al sistema Jaws, el cual me dice lo que voy haciendo. No me gustan mucho ni la Matemática ni el Inglés.

-¿Qué te motiva a escribir poesía?

A mí me gusta muchísimo leer, me divierto haciéndolo. Quizás ese amor por la lectura es lo que influye en mi inclinación hacia la creación de poemas. He escrito sobre temas como la familia, el amor, el ahorro energético y del agua, y sobre el Día de las Madres. Mis escritores favoritos son Dora Alonso, Onelio Jorge Cardoso y José Martí, aunque no cuento con toda la literatura que quisiera, pues es muy difícil encontrar libros en Braille, ni siquiera los de las asignaturas los puedo leer, necesito de alguien que lo haga por mí para poder estudiar.

-¿Por cuál otra manifestación

artística sientes inclinación?

Me encanta cantar, como miembro del coro de la escuela y como solista participo en matutinos, galas, actos revolucionarios, en actividades del CDR y en las del trabajo de mi mamá. Creo que este gusto por la música lo adquirí escuchando radio, uno de mis pasatiempos favoritos.

-¿Cuáles son tus aspiraciones?

Quiero ingresar en el Instituto Preuniversitario de Ciencias Exactas (IPVCE) Federico Engels, porque allí se imparten clases excelentes, pienso quedarme becada para no perder ni un instante de estudio y de convivencia con mis compañeros. Me preparo desde ahora para las pruebas de ingreso, pero pienso que sea fácil.

Todavía no estoy decidida en cuanto a una carrera universitaria, aunque me gustaría la Psicología, el Derecho o el Periodismo. Lo que sí tengo definido es que, independientemente del curso que tome mi vida, quiero seguir cantando y llegar a convertirme en escritora.

Rayma terminó séptimo grado con 10 puntos (máxima calificación en la enseñanza secundaria), es monitora de Física, participó en concursos de conocimientos de Español, Biología e Historia, es vicepresidenta de su destacamento y resultó la alumna más integral a nivel de grupo, sobre todo, por su activa participación en las Brigadas Estudiantiles de Lucha contra el Aedes aegypti (BELCAA)

Es una persona muy optimista y segura de sí misma. Ella no dejará que los obstáculos le frustren el futuro. Su tenacidad, sencillez, su amor a la vida y lo inmenso de su alma demuestran que lo realmente esencial es mirar con los ojos del corazón.

Ficha técnica:

Objetivo central: Demostrar que Rayma González, a pesar de su limitación visual, tiene metas por las que luchar en su vida sin ponerse impedimentos.

Objetivos colaterales: Indagar sobre su vida escolar y su relación con sus padres, compañeros de aula y maestros. Ver el reto al que se enfrentó cuando cambió de la escuela primaria especial a una secundaria básica urbana. Mostrar sus gustos y conquistas, como haber participado en el IV Congreso Pioneril.

Tipo de entrevista:

Por su forma: Clásica (de preguntas y respuestas)
Por su contenido: De Personalidad

Tipo de título: Llamativo
Tipo de entrada: De presentación
Tipo de cuerpo: Por su forma: Clásica (de preguntas y respuestas); Por su contenido: De Personalidad
Tipo de conclusión: De opinión o comentario del entrevistador

Fuentes consultadas:
Milagros Benítez (Madre de la entrevistada), fuente directa y no documental
Rayma González (Entrevistada), fuente directa y no documental

“UNA REALIDAD INDESCRIPTIBLE”

“UNA REALIDAD INDESCRIPTIBLE”

Jorge Antonio Leyva Molina, médico cubano colaborador en Angola, describe la situación del  país africano.

ANA LEYVA DEHESA,
estudiante de primer año de Periodismo,
Facultad de Comunicación,
Universidad de La Habana.            

“En Angola la mortalidad infantil, materna y general por causas evitables es de las mayores del mundo, mientras que la extracción de petróleo alcanza un estimado en valores diarios de unos diez millones de dólares”.

Estas son las palabras de Jorge Antonio Leyva Molina, médico cubano que ha vivido cinco años en Angola como colaborador especial, y ahora se decide a compartir las experiencias de lo que él mismo llama “el capitalismo puro, duro y feroz de los países subdesarrollados”.

—Después de cinco años trabajando en

un país capitalista subdesarrollado,

¿qué experiencias considera más importantes?

No solo es trabajar en un sistema de total salvajismo social como el capitalismo, sino hacerlo en el sector de la salud. Es penoso apreciar cómo la depreciación de la gente vinculada al sector llega a ser una “normalidad”, aún para los propios despreciados, que llegan a aceptar de forma inhumana que su “deber” es morirse sin molestar mucho. Es una experiencia muy triste.

Lo primero que se aprende al llegar a cualquier país de África es que la realidad de la pobreza es muy superior a cualquier foto, documental, discurso o cifras. A partir de esa percepción, uno aprende a valorar en toda su dimensión lo que tenemos en Cuba.

 —¿Puede referir ejemplos que demuestren

esa pobreza y salvajismo social?

Todos los días son de ejemplos, y aun así es imposible dejar de asombrarnos: llega a un centro de salud una madre joven con su  hijo de meses, enfermo hace más de una semana y muriéndose porque ella no tiene con quién dejar a los otros (5, 6 o más). No lo atienden porque no puede pagar la consulta.

Va entonces al hospital público, hace la cola de más de 10 horas y luego de pagar “algo”, lo ingresan en una cama que comparte con otro niño moribundo, donde con escasos medios y medicamentos logran prolongarle la vida unos días, hasta que muere.

El padre, que no pudo dejar de trabajar en esos momentos, ahora es autorizado a faltar, mientras dura el velorio (generalmente de cinco días con comida y bebida para los familiares y amigos que van).

Entonces llego y les digo a los padres: ¡Lo siento! Y me dicen: “No hay problema médico, paciencia, qué vamos a hacer, paciencia”,  como si hablaran de algo ajeno.

Mira, la mayor parte de la población cubana nació después de 1959, nosotros conocemos del capitalismo lo que nos han contado, y casi siempre se omiten los detalles.

Algo como escribir una receta, leerla y entregársela al paciente, yo que vengo con 40 años de Cuba, que el analfabetismo lo conozco  de oído, los primeros días no me daba cuenta que aquellas personas no podían hacer los tratamientos porque no sabían leer.

Uno da esas cosas por hechas. Nosotros suponemos, porque es a lo que estamos acostumbrados, que todo el mundo sabe leer. Yo que estoy en la capital, en una clínica donde el personal que se atiende tiene, en su mayoría, un mejor nivel que la media, me percaté después que este era un problema que afectaba, sobre todo, a las mujeres, y es que el 70 por ciento de la población aquí es analfabeta.

No es lo mismo que a uno le hablen de explotación infantil, de hambre, que ver a un niño de cinco años a través de la ventanilla del carro a 25 centímetros  de  ti pidiendo limosna o vendiendo algo, y tú sabes que si no le das o  compras, ese día no come. Los niños de la calle, para muchos puede ser el nombre de un documental, pero allí es una realidad indescriptible.

—¿Hay, por el contrario, opulencia

en otros sectores de la población?

¡Muchísima! El contraste es abismal. Un derroche excesivo: tener cuatro o cinco carros y jeep de último año; dos o tres casas de más de un millón de dólares cada una; comprar lo más caro y no lo que precisan, pero despreciando siempre a los que no lo tienen, es normal en ese otro sector.

—Ha tenido la posibilidad de visitar más

de 20 países de todos los continentes.

¿Es diferente en ellos?

Bueno, no puedo valorarlos de la misma forma, pues no es lo mismo una visita de unos días o semanas, a la vida “real”. Pero básicamente en los de África es igual, el mismo grado de riqueza mal distribuida, de corrupción gigantesca, de miseria.

En los países desarrollados es diferente realmente. El avance tecnológico, económico, lleva a un grado diferente de desarrollo social, que sin erradicar estos desequilibrios, garantiza un nivel de vida más adecuado para las mayorías, pero aún en ellos el abordaje social, y sobre todo el tratamiento a los demás, a los más  necesitados, evidencia el egoísmo y el individualismo propios de estas sociedades de consumo.

—Y los medios de prensa,

¿cómo abordan el tema?

He podido presenciar muchas televisoras, leer decenas de periódicos, pero principalmente aquellos medios que se autoproclaman imparciales, transparentes, comprometidos con la veracidad de las noticias. Puedo afirmar, así sin la más mínima duda, que es una gran mentira. Todos, todos, son dependientes del poder de las clases capitalistas dominantes, y muestran el lado conveniente para ellos de cualquier cosa. Es realmente repugnante ver cómo manipulan cada cosa, lo más mínimo, incluso la miseria humana.

Ficha técnica:

Tipo de entrevista:

Por su estructura: Clásica (de preguntas y respuestas)
Por su contenido: De opinión

Tipo de título: De cita
Tipo de introducción: De cita
Tipo de cuerpo: Clásico
Tipo de conclusión: Opinión del entrevistado

 

EL LIBRERO: EL ARTE DE INSPIRAR

EL LIBRERO: EL ARTE DE INSPIRAR

Es un oficio que ha quedado en la subestimación y el olvido, producto del desconocimiento de sus valores; pero esta tarea, en apariencia sencilla, destaca por su importancia para el desarrollo de una sociedad culta.

Texto y foto:
CYNTHIA DE LA CANTERA TORANZO,
estudiante de primer año de Periodismo,
Facultad de Comunicación,
Universidad de La Habana.

“Soledad Ovielles, esa fue mi primera maestra, la que me enseñó a leer. Todavía la recuerdo en aquella aulita de Yaguajay, donde ejerció la hermosa labor de inculcarnos el amor a la literatura. Hoy, desde mi puesto, transmito todo cuanto aprendí de ella”, dice María Esther Lago Jardón, quien se dedica a un oficio admirable: el de librera.

Centenario del Apóstol es una librería ubicada en 25 y O, en el Vedado capitalino. En ella, las estanterías apenas abren paso al visitante, en medio de sus dos mil 500 títulos, apiñados en un brevísimo espacio. Allí no se trata solo de vender libros. Informar, aconsejar y orientar, forman parte inseparable de la tarea que a diario emprenden tres mujeres enamoradas de su oficio.

“Nuestro trabajo es tan bonito como importante, porque consiste en comercializar, sí, pero comercializar la cultura literaria, promoverla y hacerla llegar al público”, comenta Vivian Joa Rodríguez, y agrega que, en ocasiones, este empleo se subestima sin razón alguna, pues un librero es quien sugiere, con sutileza, la lectura más acertada para su cliente: “Eso exige un elevado nivel de información, y capacidad para observar y conocer la psicología del ser humano”.

Según María Esther, “es necesario saber presentar la librería, su estructura y organización por temáticas, a fin de hacerle más fácil la búsqueda a los lectores, y mantenerlos informados acerca de los servicios que ofrecen, tales como las rebajas, el libro de la semana y los temas relacionados con las efemérides”. Para ella, es un trabajo con toda intención.

En la cadena educativa de la sociedad, el librero es un eslabón, casi perdido, que necesita ser rescatado al reconocimiento público, pues él también fomenta los valores morales, pero con su más atinada arma: la literatura. Para Vivian, el oficio propicia el desarrollo del hábito de lectura en la población, pero la verdadera tarea de inculcarlo está en los padres.

Cuenta María Esther cómo logró encauzar hace unos meses a dos jóvenes, quienes no tenían ningún vínculo literario: “Les ofrecí La prisionera, de Marcel Proust. Es una obra también de amor, pero bien distante de las clásicas novelitas rosas que ellas solicitaron. Ahora, una prefiere los temas policíacos, y la otra, los juveniles.  Observo cómo han madurado en sus gustos. Para mí, eso es un logro”.

La experiencia de los años pesa en el oficio. Las nuevas en él, como Daymé González Lemagne, se forman gracias a aquellas que acumulan saberes: “Mis compañeras me adiestran en la parte técnica, como presentar y vender un libro. El otro conocimiento, el cultural, lo adquiero de forma autodidacta”.

Mientras aprovecha el silencio y la tranquilidad del recinto, Daymé se sienta a leer, en la entrada. Sabe que su crecimiento intelectual depende de ella.

Aunque según Vivian, hace unos años la Empresa Provincial del Libro impartía cursos de capacitación para los libreros, así como talleres donde estudiaban las obras y los autores, de forma general y especializada: “Creo que éstos deberían retomarse, pues hay personas con mucha vocación hacia la labor, pero no tienen la preparación suficiente”.

Un poco de aquí, otro de allá, así arman su bagaje profesional estas mujeres, a falta de orientación institucional. El mérito está tanto en el interés, como en el amor hacia el oficio.

Daymé reconoce aprender de los propios clientes: “A veces, mientras buscamos en los estantes, conversamos sobre un tema específico. Esa es mi oportunidad para oír sus críticas, comentarios y opiniones, e incorporarlos a  mis conocimientos”.

Intelectuales, profesionales, universitarios, niños de la enseñanza primaria, trabajadores comunes; amantes de la poesía y de Platón, como dijese Augusto Monterroso en uno de sus cuentos, el público que a diario visita Centenario del Apóstol percibe el ambiente de colaboración y magia desde la entrada: “Según ellos, encuentran aquí el trato afable, cordial, además de las excelentes ofertas. Y eso no aparece en muchos sitios”, expresa Daymé González.

En cada librería del país existe un Club de Amigos del Libro, al que pertenecen los clientes más asiduos. “Ellos ayudan a otros lectores en la búsqueda, pues conocen el local tanto como nosotras. De alguna forma, practican también el oficio de librero”, comenta Vivian.

Este grupo de verdaderas “polillas”, el Club de Amigos del Libro, tiene a su cargo colaborar en las actividades programadas: ventas en los parques y visitas a los centros escolares.

“Cada semana, coordinamos con las escuelas primarias y secundarias para vender libros acordes a la edad de los estudiantes. En el próximo curso tenemos pensado hacer, además, pequeñas presentaciones y debates”, dice María Esther.

Estas acciones son la semilla de otras tantas que se organizan en Cuba, con el propósito de acercar a la población a ese mundo, a veces real, a veces fantástico, que posee la letra impresa: La Feria Internacional del Libro de la Habana, la Noche de los libros, Lecturas frente al mar…

“En esos eventos es donde una percibe el interés de la población hacia la literatura. La masividad asombra. Las personas conocen sobre géneros, autores, obras; y las que no, preguntan”, precisa Vivian.

Para María Esther, ese es el resultado de los programas que se llevan a cabo en nuestro país. No solo en febrero o en el verano, “aquí vivimos en un estado constante de efervescencia literaria. Para mí, contribuir con la preservación de ese estado es un privilegio”.

¿Satisfacciones? ¡Muchas! Cada “gracias” acompañada de una sonrisa, cada “hasta luego”, “nos vemos pronto”. “Si no siento en el lector un agradecimiento sincero, no quedo complacida con mi trabajo”, dice María Esther. Según Daymé, “La belleza de nuestra labor radica en sentirnos útiles, en saber que fuimos una ayuda para alguien”.

Son rostros desconocidos, pero importantes, los de quienes viven su vida entre anaqueles que huelen a hojas secas o nuevas, mientras algunos no alcanzan a imaginar el encanto y la magia de la misión que asumen: encauzar la marcha por ese camino bien llamado literatura. 

Ficha técnica:

Objetivo central: Rescatar los valores del oficio del librero.

Objetivos colaterales: Conocer el trabajo del librero y sus funciones. Conocer el significado que adquiere la literatura para un librero. Informar acerca de las actividades extras que realizan los libreros.

Tipo de entrevista:

Por sus participantes: Colectiva.
Por su forma: De citas.
Por su contenido: De opinión.
Por su canal: Vía directa (cara a cara) con los entrevistados.

Tipo de título: Genérico.
Tipo de entrada: De cita.
Tipo de cuerpo: De citas.
Tipo de conclusiones: De opinión del entrevistador.

Fuentes consultadas:

No documentales: María Esther Lago, Vivian Joa y  Daymé González.

 

MIREYA LUIS: TALENTO, CORAJE Y DIGNIDAD

MIREYA LUIS: TALENTO, CORAJE Y DIGNIDAD

“Yo no pensaba ser grande, ni ser una estrella, eso no lo tenía en la mente, simplemente quería ser una jugadora; quería llegar y demostrar que sí podía…”

MARÍA CARLA GÁRCIGA RODRÍGUEZ,
estudiante de primer año de Periodismo,
Facultad de Comunicación,
Universidad de La Habana.

Capitana de la selección nacional de voleibol, en la que se mantuvo durante 18 años con un significativo historial de medallas y premios entre los que se pueden citar los tres títulos de oro consecutivos en los Juegos Olímpicos de Barcelona 1992, Atlanta 1996 y Sydney 2000, además de la condición de Jugadora más valiosa, Mejor atacadora y Premio al espíritu de lucha en varios eventos deportivos, la ex voleibolista Mireya Luis disfruta sus cuatro décadas sin quitarle años a su vida, sino poniéndole vida a sus años, como diría una famosa canción del cantautor guatemalteco Ricardo Arjona.

En estos momentos se desempeña como vicepresidenta de la Comisión Nacional de Atención a Atletas y es miembro de la Comisión de Atletas del Comité Olímpico Internacional (COI).

-¿Qué la motivó a escoger el voleibol entre tantos deportes?

Me interesé en el deporte porque tenía una hermana mayor que ya practicaba el voleibol. Un día llevó una pelota a la casa y nos pusimos a jugar en una tendedera como net, y a partir de ese momento me empezó a gustar.

-¿Cómo logró imponerse a pesar de que para algunos expertos no tenía la talla ideal?

Creo que el factor fundamental fue la voluntad y las ganas que tenía de ser una atleta del equipo nacional, o sea, yo no pensaba ser grande, ni ser una estrella, eso no lo tenía en la mente, simplemente quería ser una jugadora; quería llegar y demostrar que sí podía aunque tuviera poca estatura.

-Cuénteme de su experiencia al debutar con solo quince años en los Juegos Panamericanos de Caracas en 1983.

En ese momento llevaba unos meses entrenando con el equipo nacional, de hecho ya formaba parte del colectivo. Empecé a integrarme y tuve una buenísima aceptación por parte de todas las jugadoras, me ayudaron muchísimo; recuerdo a Imilsis Téllez, Ana Ibis Díaz, que se retiraba en esos tiempos y me entregó su número tres, Mercedes Pomares, Norka Latamblet; me apoyaron porque tal vez vieron en mí las ganas de ser una atleta.

Fue un impacto jugar con equipos nuevos en el sentido del nivel, como Estados Unidos, entre otros. A pesar de ser una debutante no me ponía nerviosa; más bien jugaba alegre, disfrutaba lo que hacía. Fue una hermosa experiencia haber vivido ese momento, algo grande, nuevo, un sueño que se cumplió.

-En el año 1986 tuvo a su hija y a las tres semanas se incorporó al equipo para participar en el Campeonato Mundial de Praga. ¿Qué argumentos valoró el colectivo técnico para tomar esa decisión?

Una de las cosas que se valoró fue la importancia que tenía mi presencia en el equipo; el hecho de solo poder ir y estar ahí con mis compañeras; no se valoró la posibilidad de que yo pudiera jugar o no, creo que eso no lo tuvieron presente nunca. El aspecto fundamental era integrar el colectivo, seguir siendo una más que pudiera jugar en un momento determinado, una palabra, un “vamos, sí podemos!”

-¿Cómo asumió ese reto?

Con mucha decisión, creo que el apoyo incondicional de mi familia fue un factor importante en ese momento, fundamentalmente mi mamá, que es una persona tan fuerte y me decía: “No te preocupes, que tú no estás enferma, simplemente tuviste una hija, y parir no es una enfermedad, es una bendición. Ve a jugar, que yo me quedaré aquí con ella.” Escuchar esas palabras de mi mamá para mí fue… ¡qué cosa más fuerte que eso!

-¿No le preocuparon los riesgos que esto pudo representar para su salud?

No, porque anteriormente tuve un control sistemático de ella. Recuerdo al doctor Cabeza en aquel momento. Conté con todo el apoyo; el médico de nuestro equipo también era muy bueno, tenía mucha experiencia, trabajó como ginecólogo incluso, y conocía bien mis condiciones físicas.

-¿De qué forma pudo desempeñar el doble rol de madre y de deportista de alto rendimiento?

Eso fue algo muy difícil. Yo pensaba en mi niña y en el voleibol. A medida que fue pasando el tiempo se tornó más complicado por el deseo de sentir la presencia de ella más cerca y la necesidad que también tenía de mí, pero mamá me ayudó mucho, realmente ella es una persona con unas dotes sobrenaturales diría yo, y logró que me concentrara en el voleibol, con la atención que nos brindó a ambas. Eso permitió que en los viajes tuviera buena concentración, no a un ciento por ciento nunca, pero sí en el partido me entregaba totalmente.

-¿Cuál fue el momento más difícil en su carrera?

Creo que el momento más difícil fue cuando nació mi niña, pues tuve que irme y dejarla. Tenía dos cosas muy importantes en mi vida: a ella y al deporte. Me vi obligada a decidir por una de las dos en ese momento y escogí ir al mundial. Quizás fui juzgada por muchas personas que decían que estaba muy joven, que cómo iba a dejar a mi hija tan pequeñita, pero pienso que los sentimientos cuando son certeros no tienen nada que ver con la juventud o la experiencia.

-¿Y el de mayor satisfacción?

El de mayor satisfacción fue cuando ganamos los primeros Juegos Olímpicos en Barcelona 1992, porque fue mi primera medalla olímpica, y los terceros en Sydney 2000, ya que logramos el éxito cuando prácticamente parecía imposible.

-¿Qué representó ser capitana de la selección nacional durante tantos años?

Representó algo muy lindo, una experiencia maravillosa; me crecí como persona, como mujer, como revolucionaria, porque pude darme cuenta de que tuve éxito como jugadora y como capitana. Fue un logro el poder liderar al equipo y ganar tantas medallas, un doble triunfo personal.

-A la mayoría de los deportistas les resulta difícil decir adiós al deporte activo. ¿Cómo enfrentó ese momento?

Para mí fue difícil desde varios puntos de vista. Yo sabía que en algún momento tenía que llegar el retiro por cualquier circunstancia y me estaba preparando para eso psicológicamente. Estaba muy preocupada porque no hubiera una atacadora que pudiera sustituirme, sin embargo, al llegar Yumilka Ruiz, pensé: “Ya existe una jugadora que puede suplir mi posición”. Ella se desempeñaba bien, fue una buena sustituta y entonces resultó menos traumático dejar el deporte.

Después del retiro, me levantaba por las mañanas y no sabía qué cosa iba a hacer, para dónde iba a ir. Era  como estar en otro mundo. No sabía cómo vestirme, estaba acostumbrada a levantarme por las mañanas y ponerme las zapatillas, las rodilleras, una camiseta, un short y para el terreno.

Luego recibí el ofrecimiento de venir a trabajar en la Federación de Voleibol y estaba en blanco prácticamente, pero hubo personas que me ayudaron, entre ellos Conrado Martínez, expresidente del INDER, quien un día me dijo: “Coge una agenda y escribe en ella todo lo que tengas que hacer en el día”.

-Fue elegida para ser miembro de la Comisión de Atletas del Comité Olímpico Internacional. ¿Qué ha significado ser la única mujer cubana que ha ocupado ese cargo?

Bueno, imagínate, Cuba nunca había tenido una fémina deportista que perteneciera a esa comisión. Para mí ha sido una gratitud inmensa poder estar ahí con otros atletas de alto nivel mundial, representar a Cuba, al voleibol, a la mujer latinoamericana; me siento muy satisfecha de poder contribuir de esta forma al desarrollo del deporte internacional.

-¿Cuáles son las diferencias entre su generación y la nueva generación de jugadoras?

Las condiciones físicas son las mismas, o incluso hasta mejores. En cuanto a la técnica también es muy parecida, tienen un buen nivel, pero en el plano psicológico pienso que son algo diferentes; nosotras éramos más concentradas, quizás un poco más entregadas en el sentido de que lo dábamos todo por la patria.

No quiero decir nada que se sienta ridículo, pero pienso que en cuanto al patriotismo se debe luchar y seguir trabajando para que los atletas interioricen y sepan el significado de este concepto. Creo que cuando un deportista va al terreno no defiende una idea, sino una patria.

-Entonces…, ¿sustentan los mismos valores?

Creo que tienen menos. Nosotras sentíamos el apoyo de Fidel, de la familia, del vecino. Recuerdo que si perdíamos un partido me daba vergüenza llegar a la casa. Quería regresar de noche o por la madrugada cuando todo el mundo estuviera durmiendo.

Los valores hay que cultivarlos, y ahí es donde está la diferencia, no en las condiciones físicas ni materiales, sino en la vergüenza deportiva, en el patriotismo.

-En los últimos años se ha acrecentado la compra-venta de atletas talentosos del tercer mundo hacía países desarrollados. ¿Qué opinión le merece esta situación?

Creo que los países desarrollados tienen una buena condición económica, lo que estimula la deserción de los atletas, y esto no sucede solo en Cuba, sino en África, Asia… Hay negros jugando en Alemania, Rusia, Francia; chinos en Brasil o en cualquier otro país; ahora no existen banderas, hay gente que se ha quedado hasta sin himno.

Pienso que en el caso de nosotros, no debemos dejarnos arrastrar por tentaciones económicas. No podemos perder esa condición que un día tuvimos, eso es lo que nos identifica a nivel internacional, porque estoy conciente de que los atletas cubanos sí tienen la capacidad de estar aquí y representar a Cuba. Es nuestro deber seguir creando deportistas que marquen esa diferencia con el resto del mundo; sí tenemos la posibilidad.

-El recrudecimiento del bloqueo ha afectado también al deporte y usted ha sido víctima de ello al negársele la visa para participar en una ceremonia celebrada en el salón de la fama de la disciplina en Estados Unidos. ¿Qué piensa de la extensión del bloqueo hacia la rama deportiva?

Pienso que es una necedad. El gobierno estadounidense no entiende el significado del deporte, que es una actividad sin fronteras, no tiene razas, solamente tiene la patria que uno representa. Llegará el momento en que ellos mismos no se podrán explicar lo que hacen.

-Si pudiera correr el tiempo atrás y ponerse nuevamente la camiseta número tres, ¿qué haría?, ¿cambiaría algo?

No cambiaría nada, ni las reglas del voleibol. Volvería a jugar de la misma forma y con las mismas muchachas.

Esta es Mireya, la líder indiscutible de las Morenas del Caribe durante casi dos décadas. Cuando se escriba la historia del deporte cubano, su nombre ascenderá sin dudas a lo más alto del podio de premiaciones.

Ficha técnica:

Objetivo central: Destacar aspectos relevantes de la carrera deportiva de la ex voleibolista  Mireya Luis.

Objetivos colaterales: Conocer la opinión de la entrevistada sobre problemáticas actuales que inciden en la esfera del deporte.
 
Tipo de entrevista:

Por su forma: Clásica
Por su contenido: De personalidad
Por el canal que se obtuvo: Directa (cara a cara)

Tipo de título: Genérico
Tipo de entrada: Biográfica
Tipo de cuerpo: De preguntas y respuestas
Tipo de conclusión: De opinión o comentario (del entrevistador)

Fuentes consultadas:

Revista Informativa CubAhora, 25 de noviembre de 2007. Documental. Indirecta.

Diario Juventud Rebelde, 8 de noviembre de 2007. Documental. Indirecta.

Mercedes Pomares, exatleta de la selección nacional de voleibol. No documental. Indirecta.

Raúl Diago, presidente de la Federación Cubana de Voleibol. No documental. Indirecta.

Mireya Luis, exatleta de la selección nacional de voleibol. No documental. Directa.

ARQUITECTO DE FANTASÍAS

ARQUITECTO DE FANTASÍAS

“En la infancia y adolescencia encontré el tema de la película, la formación de un carácter”, confiesa Fernando Pérez, uno de los más destacados cineastas cubanos, al hablar de su nueva obra, El Ojo del Canario.

LIVHY BARCELÓ VÁZQUEZ,
estudiante de quinto año de Periodismo,
Facultad de Comunicación,
Universidad de La Habana.

Fernando se acerca a los actores y ante todos comienza a dar instrucciones de cómo quedaría la toma. A los cinco emisarios de la corona española entre ellos, el Capitán General, les indicó su ubicación dentro del set de filmación y la forma en que debían sujetar el quepi y empuñar la espada mientras bajaran la escalera. A las niñas que se arrodillaran y no miraran hacía las cámaras y a la madre del niño, solamente, le dijo: “Tú sabes como tienes que poner el rostro”.       

Todos se alistan, de pronto se escucha una voz que dice: ¡ACCIÓN!

La escenografía denota un cuidadoso tratamiento del contexto epocal, sin dudas, es el siglo XIX cubano. En una de las escaleras del palacio de los Capitanes Generales se encuentran los militares, a unos cuantos peldaños, Leonor Pérez se hace acompañar de sus hijas, quienes al igual que la madre, se inclinan ante los señores. 

La madre de José Martí pide al Capitán General clemencia por su hijo a la vez que le entrega una carta y se arrodilla ante él.

El capitán responde:

-Levántese señora. Yo sé algo sobre esto de José Martí, pero no estáa en mi jurisdicción.

Mira a uno de los oficiales y apunta:

-Vamos a tener en cuenta esto.

Al terminar la conversación, comienza a bajar la escalera acompañado de los demás oficiales. De inmediato, Leonor se levanta y le suplica: “Pero es un niño, tiene solo dieciséis años”.

Ante sus palabras, el capitán se detiene, la mira y sigue su camino.  

¡CORTEN!, silba Fernando Pérez. Bajen un poco más lento los últimos escalones, pues la cámara tiene que pasar por detrás de la columna.

-A pesar de ser un documentalista

multipremiado prefiere el cine de ficción.

¿A qué se debe esta distinción?

El cine documental fue mi escuela, me formé como cineasta dirigiendo documentales en el noticiero ICAIC Latinoamericano de Santiago Álvarez y en otros espacios. Es un  género extraordinario y muy difícil, pues la realidad no se puede dominar totalmente. Siempre estás a expensas de lo que ella te depare.

La ficción me atrae mucho más ya que le permite al director crear mundos posibles en donde es el máximo responsable de lo que estará en pantalla, entonces, de alguna manera, siento seguridad con la ficción debido al gusto por la fantasía que muchas veces es más creíble y verosímil que la realidad misma.

-Los especialistas reconocen su obra en tres etapas.

Y los cambios de estilo generan temor.

¿Cómo enfrenta Fernando Pérez los cambios

de estilo en su forma de hacer cine?

¡Con temor! -sonrió-, pero también con muchos deseos y ansias. Siempre pregunto por qué soy cineasta y la respuesta está en el placer que experimento al hacer cine. A través del séptimo arte puedo comunicarme con las personas. Lo que me  desagradable es la rutina.

Los caminos conocidos ofrecen más seguridad, pues transitas por ellos de una manera convencional y establecida. Sin embargo, tanto en el cine como en la vida, uno debe vivir cambios, estos siempre son sinónimos de  evolución, de avance, de ir hacia delante y de revelar muchas cosas. Lo peor es estar inmóvil, quieto.

-La historia de Cuba está rebosada de

personalidades y hechos significativos.

¿Cree usted que la cinematografía cubana

padece de películas que los aborden?

Mira,  no sé. Tendría que pensar bastante esa respuesta. En estos 50 años del ICAIC me vienen a la mente películas cubanas que tienen tales argumentos. Recuerdo la cinta sobre Mella, el Baraguá de Masic, un documental de la vida de  Frank País, David y La Odisea del General  José.
La historia ha nutrido mucho al cine cubano, quizás lo que ocurre es que nuestra producción nunca ha sido tan amplia como nosotros quisiéramos.

Creo que esta situación no es exclusiva de películas sobre la vida de personajes y hechos históricos, también ocurre con muchos otros temas. Posiblemente esta sea la respuesta, de acuerdo con los promedios, tendría que pensarla más.  Esa respuesta se la dejo a los investigadores.

-Su nueva producción Martí: El ojo del canario,

pertenece a una serie titulada Libertadores,

que convoca a varios cineastas latinoamericanos

para que cada uno refleje la vida de un héroe.

¿Qué significa haber sido escogido

para tamaña responsabilidad?

Nunca pensé hacer una película sobre José Martí, cuando me lo propusieron, dudé, pero no dije que no, tenía que pensarlo bien y finalmente acepté. Si bien es cierto que cada cubano tiene su Martí, entonces yo también tenía que dar el mío. La película, El Ojo del Canario, comienza con Martí de nueve años y termina en el presidio político a los dieciséis.

Escogí este período por ser una de las etapas menos difundidas de su vida, no quiero decir conocida porque hay investigaciones y documentos que lo avalan. No obstante, es la menos divulgada por la riqueza que encierra la obra del  Martí adulto. En esa infancia y adolescencia encontré el tema de la película, la formación de un carácter.

-¿Cuánto riesgo presupone realizar

una película sobre un personaje

histórico de gran envergadura?

Los riesgos acometidos con cualquier película. Solo que al tratar personajes históricos estos peligros pueden ser mayores, pues te exigen fidelidad. Cuando realizo películas que parten de la realidad histórica trato de que los hechos sean bastante fieles a la historia real, aunque no exactamente iguales. Siempre hay una parte de la visión creativa del director. El caso de esta producción es lo mismo, más que una biografía es una película inspirada en la vida del Apóstol. Habrán múltiples criterios, algunos quizás no coincidan con la película que he ficcionado, pero allí está el Martí niño y adolescente que imaginaba y quiero comunicar a todas las personas.

-La personalidad de José Martí

es sumamente compleja.

¿Qué retos le supuso a Fernando Pérez

asumir esa responsabilidad?

Abordarlo con la complejidad que se merece. Todo el cine que he hecho,  hasta el momento, parte de la complejidad. No hay ninguna realidad que sea esquemática, cuando te olvidas de los matices la reduces a la nada, entonces haces propaganda o cualquier otra cosa. La vida es muy compleja y el papel del arte es expresar las complejidades y contradicciones de la misma y abrirse al universo del ser humano.

-¿Qué experiencia ha adquirido

con el rodaje de esta película?

Muchas. Primero logré profundizar en mis conocimientos sobre la obra martiana. Se hizo una investigación muy cuidadosa en la cual colaboraron Gloria María Cosío y Alejandro Gutiérrez. Visitar bibliotecas, consultar  periódicos de la época y libros de historia me acercó a la vida en el siglo XIX y pude establecer comparaciones con nuestra vida hoy. Descubrí muchas cosas que no imaginaba y jamás pensé que fueran así. También aproximarme a la obra martiana me  permitió confirmar que quizás lo más profundo está en lo más sencillo, no en lo más simple.

-¿Cómo fue el proceso de

selección de los personajes?

Fui muy cuidadoso con la selección de los personajes. Sabía que de no tener un niño y un joven como imaginaba, mejor hubiera sido renunciar a la película. El proceso de casting fue intenso y duró varios meses. Buscamos los posibles actores para estos personajes en lugares insospechados, incluso en la Universidad de Ciencias Informáticas. La selección final se tornó muy difícil porque existían opciones tanto para el niño como para el adolescente. Al final quedaron Damián Rodríguez, para el Martí niño, y Daniel Romero, para el de 15-16 años. Estoy muy satisfecho con la labor realizada por ellos, al menos me felicito  de haberlos encontrado.

-El simbolismo y la metáfora recorren

la filmografía de Fernando Pérez.

¿En la nueva película apelará

también a este recurso?

La obra poética de Martí es la metáfora y la utilización de símbolos. Es un torrente, un río, un universo de imágenes que pudieron tentarme para hacer una película en esa línea, pero no. Martí: El ojo del canario es un filme de narración clásica, realista y solamente, en uno o dos momentos, no voy ha decir cual, se  podrán sentir la mirada del Martí niño y adolescente sobre su realidad que pueden quedar dentro de él como materia de poesía, para crear los símbolos y las metáforas de las que posteriormente el Martí adulto se valdría para  escribir.

-Reiteradamente usted ha dirigido a

jóvenes valores de la actuación.

¿No teme que la inexperiencia

perjudique la creación?

En lo absoluto, lo prefiero a veces. En ocasiones la experiencia puede convertirse en un obstáculo, justamente, porque falta frescura, audacia, riesgo y espontaneidad. Prefiero la pasión en la escena de los principiantes. No estoy enfrentando una contra la otra, pero no temo trabajar con quienes actúan por primera vez. Al contrario, me atrae muchísimo.

-“No, Martí adulto es demasiado inmenso y complejo”,

estas fueron sus palabras ante la

posibilidad de una segunda parte.

¿No cree usted que la cinematografía cubana

quedará en deuda con su público

después de ver Martí: El ojo del canario?

¡No sé, es probable! Creo que después de esta experiencia tan intensa no seré yo quien cumpla ese compromiso. Martí y la historia de Cuba son una fuente inagotable no solo para películas sino para el arte en general. En Cuba hay muchos realizadores jóvenes y de mi generación que van a enriquecer el pago artístico de esa deuda.

 

POR MÍ NO ESPERARÁ LA PATRIA

POR MÍ NO ESPERARÁ LA PATRIA

Xiomara Téllez formó parte del primer destacamento de maestros primarios que abrazó la Campaña de Alfabetización.

DAYANA KINDELÁN PEÑALVER,
estudiante de primer año de Periodismo,
Facultad de Comunicación,
Universidad de La Habana.

Se le ve siempre con una sonrisa en los labios y entregándose por entero a la profesión que escogió. Sus conocidos dicen que tiene un carácter recio, ella no lo niega, pero cree que es buena con todos: "La vida me ha enseñado a ser fuerte y a hacer muecas cuando algo no me agrada o me preocupa, no puedo cambiar a esta altura de mis años porque soy así, y los que al principio me critican, luego cambian su opinión y se disculpan".

Su sueño era ser maestra, pero tenía dos obstáculos casi invencibles antes de 1959: era pobre y negra: “Sin la Revolución del 1 de enero no se hubieran realizado mis aspiraciones. Pero lo que me fortaleció como maestra fue la participación en la Campaña de Alfabetización de 1961. Entonces tenía 20 años”.

A 45 años de esa gesta educacional, aprovecho la ocasión de la Jornada del Educador para conversar con Xiomara Téllez, experimentada profesora que formó parte del primer destacamento de maestros primarios del proceso revolucionario cubano, donde, sin integrar las Brigada Conrado Benítez, fue seleccionada para alfabetizar.

En estos momentos, es la Asesora del Audiovisual de la escuela Pedro Domingo Murillo, donde trabaja desde hace más de 20 años. El centro pertenece a Ciudad Escolar Libertad, del municipio Marianao, en la capital cubana.

-¿Dónde alfabetizó y a cuántas personas?

En San Lorenzo, Manzanillo, provincia de Oriente. Allí radicaba el primer año de maestros primarios de la Revolución, del cual yo formaba parte.

Alfabeticé a una sola persona: Luis Chacón González, tenía como 60 años. Me sentí feliz enseñándolo porque me enfrentaba a lo que no había hecho nunca, y como a mí me gustaba el magisterio, me decía: "Xiomara, por fin vas a hacer lo que siempre te ha gustado". Al principio me costó trabajo porque él era una persona que no sabía nada de nada y tenía que enseñarle todo.

-Usted no está en los registros de las

Brigadas Conrado Benítez,

¿qué tipo de alfabetizadora era?

A nosotros nos seleccionaron en la escuela, no sé en qué tipo nos pusieron. Éramos estudiantes de primer año de la carrera de maestros y escogieron a los mejores expedientes para, en sesión contraria, participar en la campaña. Yo no soy de las alfabetizadoras que se anotaron, ni que fueron a un lugar a recoger el uniforme, el manual y la cartilla. No, porque nosotros alfabetizábamos de día, al oscurecer ya teníamos que estar en el campamento y no teníamos que andar por la noche con el farol, porque éramos alumnos del Centro para Profesores Primarios, pero la alfabetización fue para mí una experiencia maravillosa.

-¿Cómo eran los brigadistas?,

¿tuvieron miedo de fracasar en la campaña?

No. Para mí los brigadistas tienen el más alto honor, tan alto que cuando asesinaron a Manuel Ascunce se quedaron firmes en sus lugares y, lo que es mejor, se multiplicaron. Una gran valentía los caracterizaba, y una inmensa convicción revolucionaria, tenían una gran certeza del deber y el fervor revolucionario. A ellos los impulsó el amor a la Revolución, el saber que iban a enseñar a leer y a escribir al que no sabía, y se llevarían eso por siempre en el corazón.

-¿Qué significó para usted haber participado

en la Campaña de Alfabetización?

A partir de ahí tuve más deseos de ser maestra, manteniéndome 42 años después de graduada. He tenido muchos resultados porque trabajo con el corazón, porque sé que la Revolución necesita maestros; por eso yo lo soy.

-¿Cómo ve el cambio de la Cartilla de 1961

a las computadoras y televisores de los años 2000?

¡No, no, no! Eso es un cambio rotundo. En aquel momento la Cartilla jugó su papel porque era lo que teníamos a mano, y dio resultado porque aprendieron a leer muchos, pero no se puede comparar con las nuevas tecnologías. Con ellas el niño visualiza las clases, las interpreta, ve mundos que no conoce, donde no está presente, pero lo está viendo en la televisión, y con las computadoras estudian en los softwares y hacen sus tareas. Eso sí que es un gran adelanto.

-¿Aprenden más los niños?

Tres veces más, que es lo que quiere el Comandante. Las clases le llegan por igual y son muy buenas.

-¿Qué piensa usted de los Profesores Emergentes?

¿Son la continuidad de las Brigadas Conrado Benítez?

Tengo mi opinión personal acerca de eso. Hay maestros emergentes que sí son la continuidad de los brigadistas, pero hay otros que no. El maestro es el ejemplo de la sociedad.

-¿Qué características debe definir a un maestro?

Te lo repito porque es muy importante: el maestro tiene que ser el ejemplo de la sociedad y de sus alumnos; ser honesto, sincero, justo, cumplir con su jornada laboral y dar las clases con la mayor calidad, contemporáneas, entretenidas e instructivas.

-¿Cómo definiría la educación cubana actual?

Para mí es la más avanzada de nuestra época desde el punto de vista metodológico y del uso de las nuevas tecnología. Tiene todos los medios en sus manos, el maestro posee todas las vías para enseñar con la calidad requerida.

-Entonces, si desde el punto de vista

de la organización está bien estructurada,

¿por qué en ocasiones el alumno que llega a la

Universidad lo hace con "lagunas de conocimiento"?

En eso puede influir la preparación de los maestros: todo maestro que no esté lo suficientemente preparado para impartir clases afecta la formación de los alumnos, interviene en eso el cumplimiento del programa de estudios por los maestros, o los problemas de aprendizaje que, en algunos casos, pueda tener el alumno. Si existen tales problemas el alumno nunca aprenderá todo lo necesario y quedarán lagunas de conocimiento; la educación es muy buena, pero no es perfecta.

-Ya usted tiene edad de jubilarse,

¿por qué continúa impartiendo clases?

Se ríe, me mira y pregunta: ¿Qué voy a hacer yo en mi casa? Ya me jubilé y me reincorporé. Continúo dando clases porque me gusta y porque sé que a la Revolución le hace falta todavía mi esfuerzo como revolucionaria, le hacen falta maestros. No hago nada sentada en mi casa sabiendo que la Revolución tiene una necesidad imperiosa de educar a las nuevas generaciones, y si tengo fuerzas para hacerlo, lo hago hasta el final.

-Con 42 años de experiencia como maestra,

¿qué aconsejaría a las nuevas

generaciones de pedagogos?

Que el magisterio es una carrera muy bonita, pero muy sacrificada por lo que tiene que gustarle al que la estudia para que la pueda desempeñar con éxito, y que la asuman porque a la Revolución le hacen falta maestros idóneos para continuar con su obra. 

-¿Qué le hubiera pasado a la educación cubana

de no haber existido la Campaña de Alfabetización?

Si no hubiese habido cambios en la político, que fue el triunfo revolucionario, no hubiese habido cambios en la educación y en estos momentos el número de analfabetos sería mayor, porque a los gobernantes de turno existentes en los años 50 no les interesaba un pueblo culto como a Fidel, por eso la importancia de la Alfabetización.

(2006)

Ficha técnica:

Tipología: Clásica de preguntas y respuestas.

Objetivo central: Conocer criterios y experiencias de una alfabetizadora en el 45 aniversario de la Campaña de Alfabetización.

Objetivos colaterales: Conocer aspectos de la entrevista como profesora en la actualidad y durante estas cuatro décadas y media.