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VISA AL COSMOS

VISA AL COSMOS

En el XV aniversario del vuelo conjunto cubano-soviético, Arnaldo Tamayo Méndez confesó soñar con travesías aéreas y cósmicas, en un retorno perpetuo a los apremios de la vocación, el corazón y la memoria. Hoy, a 27 años de la hazaña, retomo la entrevista para mis alumnos.

IRAIDA CALZADILLA RODRÍGUEZ             

El primer viaje en avión que dio el guajiro guantanamero no fue una travesía desde su tierra natal hasta la ciudad grande, luminosa capital abierta al mar, de sus sueños de Camarones. La Habana era entonces el encuentro con todo lo posible, la totalizadora urbe que apenas si se atrevía a caminar, pero ya en ella y descubierta, no dudó traspasar fronteras y se montó en un Britania rumbo a la Unión Soviética. El susto de andar en ese tren aéreo le acompañaría durante todo el trayecto, y tuvo a bien guardárselo entre saltos de estómago y pecho.

Todavía no imaginaba el vuelo mayor, ni mucho menos su destino de héroe.

En esos tiempos deseaba ser piloto de caza, más allá del leve astigmatismo que ni siquiera le dañaba para leer o clavar la vista a distancia. 

Desde piloto de guerra de primera clase a cosmonauta pasarían largas horas de vuelo, muchos sustos, infinitos días en que el temor del no regreso rondaba el hogar en esa carga ancestral de la esposa insomne hasta que la llave abre el cerrojo de la puerta, mientras los hijos duermen al resguardo de preocupaciones adultas. 

Solo él desestimaba la obsesión de la muerte porque, cuando no está  para uno, no pasa nada y, al final, siempre queda aquello de que: "Bueno, si me tocó perder, me tocó". 

Cuarenta y ocho horas antes del 18 de septiembre de 1980, cuando una Comisión Estatal le anunciaba que iría al cosmos, a Arnaldo Tamayo Méndez se le olvidó el ruso aprendido a fuerza de dominar una lengua indómita, y el cerebro no atinó a enviar mensajes de habla.

Quince años después

El general de brigada ahora tiene 53 años, le sigue gustando correr aunque ha abandonado un poco las pistas y ya usa espejuelos. Quizás también los rendimientos en los ejercicios físicos hayan bajado, pero dice que si le ponen un cohete "ahí alantico", ya está listo para echarse hacia otro vuelo: "El NO me lo tendrán que dar los médicos". Sigue, no obstante, con recelos por el cine, porque "con tanta intensidad de trabajo, llego cansado a la sala y generalmente me duermo. Tiene que ser una película de mucha acción, porque si no me entra el arrorró mi niño, arrorró mi amor, y caigo en brazos de Morfeo". 

Lo descubro comunicativo, tranquilo y propenso a la jarana. A quince años del privilegio de haberse convertido en el primer cosmonauta de América Latina, reflexiona que aquel acontecimiento espacial fue solo posible por la Revolución, por el socialismo y por la integración que entonces existió en el desaparecido campo socialista, lo cual permitió que todas las naciones que conformaban el Programa Intercosmos pudieran unirse para un fin común. 

"Reafirmo hoy que fue una victoria del socialismo, como también fue una victoria de Cuba; sin aquella vinculación no hubieran podido concebirse esas investigaciones en el espacio sideral. Fue un acontecimiento científico pero, ante todo, tuvo una connotación política", comenta este militar que ya nunca más será un ciudadano común, asediado por la impronta de una personalidad publica que le conmina a medir cada palabra, cada respuesta, ante cualquier otro ciudadano que se le acerque para recordarle como hombre-fecha de referencia de su vida sencilla y cotidiana. 

Cosmonauta número cien

En el laboratorio espacial se hicieron más de 20 trabajos ideados y preparados con alto rigor por científicos, especialistas y técnicos: teledetección de los recursos naturales de la Tierra, los médico-biológicos, los físico-técnicos y un grupo reducido de experimentos psicológicos para estudiar el comportamiento del hombre en el espacio, conformaron los cuatro grandes temas. 

"La responsabilidad histórica recoge que fue Arnaldo Tamayo quien voló, pero Tamayo fue el hombre que al azar hizo el viaje en representación de su pueblo. Por eso siempre digo que yo de ciencia y de preparación de experimentos no sé ni papa, porque no quiero dar la falsa imagen de que fui el bárbaro. 

"Yo fui prácticamente el operador al romper una cápsula, al hacer un experimento. La idea, los resultados, el análisis de ellos y poner eso después al servicio de la ciencia, es mérito de nuestros científicos. Mi profesión es piloto", recalca el Héroe de la Republica de Cuba y diputado a la Asamblea Nacional del Poder Popular, quien una y otra vez ha repetido que aquella hazaña la pudieron haber realizado 10 millones de cubanos. Entre ellos, y por derecho propio, el entrañable compañero de entrenamiento, el teniente coronel José Armando López Falcón, hoy profesor-investigador del Instituto Técnico Militar.

Fue el cosmonauta 100, número simbólico en su redondez de aniversarios, de cierre de siglo, de buenos presagios. Fue el primero, y hasta ahora el único cubano, en sacar visa para viajar a 550 kilómetros fuera de la Tierra.

"En los momentos de descanso me dedicaba a ver mi planeta, porque pensaba que volverlo a mirar desde allí me sería casi imposible e irrepetible. Cuando uno observa esa gran esfera debajo de sí y piensa que pertenece a ella, siente cierta euforia y se repite: ‘Vengo de ahí'. 

"Me era grato también, cada 90 minutos, darle la vuelta a la Tierra. En una jornada para mí, había muchas por ese concepto de rotación: 53 minutos duraba el día y 37 la noche. En el espacio claro, el fondo es gris, no azul como nosotros estamos acostumbrados. La oscuridad, sin embargo, es intensa y en ella pueden apreciarse bien las estrellas y sus luces parpadeantes".

Regresa en el tiempo y evoca a Yuri Romanenko, su amigo para siempre, dedicado ahora a preparar a las tripulaciones en los trabajos científicos que llevan a bordo. Tamayo en el aire casi percibe el olor de la Ciudad Estelar.

Le comento si Cuba podría repetir la proeza del espacio sideral de contarse con condiciones. El hoy miembro de la Dirección Nacional de la Asociación de Combatientes de la Revolución Cubana afirma rotundo que ahora estamos mucho mejor preparados que tres lustros atrás, con excelentes pilotos, ingenieros, científicos y especialistas: "Es una lástima que se haya desmoronado todo lo avanzado con la integración, pero como país, podríamos participar sin problemas en cualquier programa".

Habla también de la cosmonáutica, "aguantado" su desarrollo por la crisis económica que toca a todos los países que poseen tecnología espacial: "El planeado vuelo a Marte para los primeros años del 2000 no puede hacerlo un solo país, es muy costoso. Se está hablando de colaboración entre las potencias que tienen recursos para buscar un programa conjunto. Creo, además, que ese mérito no debe de ser de una nación determinada, sino un hecho de la comunidad internacional. Marte será un trascendente acontecimiento científico".

Ya no vuela, dedicado al trabajo patriótico-militar, no hay espacio para la concentración absoluta que requiere el piloto de caza. Solo le atrapan los recuerdos y le azotan vuelos mentales en los que practica hábitos y habilidades en el manejo de la técnica de aviación y de la cosmonáutica. Son reflejos que lleva por dentro, guardados en los vericuetos del corazón y la memoria.

"En un momento difícil de la Patria, puedo tomar las armas y para mí las armas es la aviación: es allí donde está mi vida, mi preparación, toda mi vocación. Por eso sueño que voy en un avión o en una nave espacial, y repaso cada conocimiento con igual precisión que en los inicios, como si fuera una y otra vez, y siempre, la primera vez".

LOS MUCHOS MÉRITOS DE RUTH

LOS MUCHOS MÉRITOS DE RUTH

Información publicada en el periódico Granma en el año 2004, y que hoy se retoma para mostrar a los estudiantes en este weblog docente las múltiples maneras de abordar un tema similar.

IRAIDA CALZADILLA RODRÍGUEZ

Ruth de la Torriente Brau dice que no tiene méritos suficientes para recibir homenajes y que el destino le jugó la pasada de dejarla como el último eslabón vivo de la familia. Sólo basta mirarle a los ojos para entender una modestia de tono mayor en esta mujer para quien cualquiera de sus tres hermanas eran seres especiales.

Poco habló. Incluso, por un momento parecieron irse en olvidos las palabras cuando, a propuesta de la Facultad de Comunicación, recibió la Placa Conmemorativa 270 Aniversario de la Universidad de La Habana, en acto íntimo, entre amigos y colaboradores que la quieren y admiran, y entre jóvenes que se empinan en el periodismo y hallaron en la Fragua Martiana el espacio justo para recordar a Pablo, el puertorriqueño-cubano, periodista, intelectual, combatiente internacionalista que en Majadahonda encontró la muerte, apenas tres meses después de incorporarse a los escenarios de la Guerra Civil Española. Mucho antes había dicho: "La revolución no es el sueño de un poeta solitario, sino la canción imponente y sombría de la muchedumbre en marcha".

El doctor Juan Vela Valdés, rector de la casa de altos estudios, leyó la Resolución Rectoral. Puede hablarse, sin duda, de un documento hermoso, evocador de la vida de Ruth en el ejercicio de mantener viva la memoria del héroe revolucionario, conservar sus documentos, compartirlos con cuantos los necesitan para sus estudios o donarlos a instituciones culturales creadas por la Revolución.

Esta mujer nonagenaria, para quien la vida no es imaginable sino como hermana de Pablo de la Torriente Brau, su gran privilegio, tiene los largos méritos de las acciones cotidianas: taquígrafa en los juicios a los esbirros de la tiranía al triunfo del Primero de Enero de 1959, miliciana, cederista, federada, conferencista, unido a una dedicación por la escritura de textos y ayuda a investigadores y entidades que estudian la vida y obra de Pablo. Prestigiosas instituciones la cuentan entre sus miembros fundadores o sus colaboradores.

"No soy una intelectual, no merezco el homenaje", repitió cuando, en un aparte, sin el nerviosismo ante micrófonos, hice algunas preguntas. Entonces sonreía abiertamente recordando al Pablo humorista, alto, buen mozo, a quien veía con mucho respeto porque era mayor que ella: "Él me puso el nombre, me enseñó sobre la Historia de Cuba y los viajes de Cristóbal Colón. A mi hermana Lía y a mí nos mandaba a buscar helado cuando se ponía a escribir en la maquinita; era un mecanógrafo fantástico".

Eso dice alegre, muy alegre, liberada la palabra: "Es una responsabilidad muy grande, porque haberle sobrevivido implica un comportamiento, saber llevar su nombre dignamente para que se le recuerde con todo respeto. Pero no he sido quien más calladamente ha trabajado en la familia. Zoe fue su inseparable compañera, contemporánea, se criaron y estudiaron juntos, se llevaban muy bien, y ella estuvo dedicada a guardar cada documento, sin embargo, nunca recibió una medalla".

Calla y retoma un discurso breve: "Hoy él es un ejemplo para los jóvenes. ¿Sabe?, no puedo imaginarlo viejo, creo que nunca hubiera llegado a viejo. En mi mente está alegre, activo, deportista, disfrutando la música, junto a esa otra visión de hombre que no soporta las injusticias. Pienso que un muchacho así no puede olvidarse, y además, ¡era tan patriota!, extremadamente. Pablo se sentía muy cubano".

 

RECTO, HUMANO, SENCILLO: CHE

RECTO, HUMANO, SENCILLO: CHE

Muchos años atrás, obreros de la fábrica de confituras cubana La Estrella, recordaron una jornada de trabajo voluntario que compartieron con el inigualable Comandante. Más allá del tiempo de esta historia, en el aniversario 40 de su muerte, queda en ellos, y en nosotros, la impronta de un día grande en sus vidas.

IRAIDA CALZADILLA RODRÍGUEZ

-Comandante, ¿me permite?

-Dígame.

-¿Usted cree que le pueda dar unos recorticos de turrón a los compañeros?

-¿Y qué tú haces con esos recortes?

-Comandante, esos recortes se funden y vuelven a la producción.

-Usted no sabe que eso es un atentado a la economía nacional.

Fue un domingo de 1964 en que los obreros de la Gerardo Abreu Fontán –antigua Estrella- hacían trabajo voluntario con un maní que traía muchas impurezas. Ángel González Delgado, entonces responsable del departamento de turrón, alicantes y yemas, quiso hacer un alto en la faena y obsequiar al Comandante Ernesto Guevara y sus acompañantes con unos recortes del sabroso dulce. Ante la respuesta del Che quedó tenso. La crítica revolucionaria le llegó hondo y supo asimilarla.

“Puso de relieve su recta visión de la economía nacional, su respeto al producto del pueblo. Aquello caló profundamente en los trabajadores de la Fontán y aumentó con creces la admiración por ese gran dirigente. Su presencia en jornadas voluntarias en este centro perdura en el recuerdo de los que aún quedamos, pues muchos, por la edad, ya se encuentran retirados”, rememora Ángel.

Cuentan los veteranos de la antigua Estrella que el Che los visitó en tres ocasiones y coinciden en afirmar su poco hablar, afanado en cualquier tarea. “Vine a trabajar, no a visitar la fábrica”, fue la respuesta que muchas veces dio.

-...pero usted padece de asma, en mi familia yo tengo dos tías que son asmáticas.

-¿Y se atienden con el médico?

-Sí, tienen tratamiento. Yo tengo una preocupación, a mí me han dicho que montando avión se quita el asma.

-Ya tú ves que eso no es así, porque yo he montado bastante y no se me ha quitado.

Todo el diálogo sin dejar la faena, sin parar las manos atareadas en el envase del turrón de yemas. Adolfina Fernández lo recuerda profundamente humano y se extiende en las explicaciones que sobre la enfermedad el Che le refirió.

“Aquel día se sentó a mi lado y yo le vi el aparatico del asma en el bolsillo. Lo que más me impresionó fue su sencillez, su preocupación por el tratamiento médico de mis tías, personas a las que ni remotamente conocía. Ahí calibré su gran condición humana”.

-¿Cómo es su nombre?

-Yo me llamo Ernesto.

-Bueno, Ernesto, vamos a empezar a trabajar. No tenga pena en mandarme, aquí los operarios son ustedes, yo soy el ayudante.

Y venga entonces a laborar duro a pesar del asma. Algunos compañeros se acercaron para verle: “Esto no es para mirar” –les dijo- y la gente se marchó. El overol perdía su pulcritud a medida que avanzaba la jornada. A la una y un poco más de la tarde quedaban aún cajones de mezcla por pasar a la máquina. A la propuesta de guardarlos en el frío se negó. Cuando concluyó, al igual que los demás obreros, cogió la escoba y limpió el departamento.

Tal es la evocación de Ernesto Suárez Díaz, antes operario de turrón. Rememora el ahínco del Che por aprender rápido el oficio, pero también, por conocer las condiciones de trabajo de los obreros, por saber del buen uso de las máquinas y la garantía de una producción con calidad.   

“Sin hablar, solo con su actitud, hacía que los demás trabajaran de verdad. Siempre que vino se mezcló con nosotros de igual a igual y habló con su lenguaje sencillo y claro que todos entendíamos. Era el primero en comenzar... y el último en concluir la jornada”.

CONTEMPLANDO LAS ESTRELLAS CON LILIA FERREYRA

CONTEMPLANDO LAS ESTRELLAS CON LILIA FERREYRA

ELIZABETH MIRABAL LLORENS Y CARLOS VELAZCO FERNÁNDEZ,

estudiantes de tercer año de Periodismo,

Facultad de Comunicación de la

Universidad de La Habana.

Lilia Ferreyra no es una historiadora. Habla desde la memoria. No ha estudiado a Rodolfo Walsh. Tuvo otro privilegio: vivió a su lado. Conversar con ella es desandar con una guía de lujo los pasos letrados y terrestres de un periodista, un escritor, un militante, un hombre que se atrevió a hablar cuando la palabra permanecía ahogada en sangre, silenciada contra una pared cualquiera en Argentina. Mirar sus ojos claros, escondidos tras unas gafas comunes, es vibrar, estremecerse, sentir que están de más los grandes sueños cuando puede hacerse algo bueno todos los días, amar la vida y tener la vida para poder amar.

¿Por qué Rodolfo pensaba que ser escritor era un oficio violento?

Esa es una definición que él da en el año 1965. Había regresado de La Habana, donde trabajó dos años en la agencia Prensa Latina. Ya en Argentina, desde fines de 1961, se dedica fundamentalmente a la escritura de su obra literaria de ficción. Él consideraba que era el violento oficio de escribir porque, a su juicio, la literatura era un avance laborioso a través de la propia estupidez. Esa violencia del escritor era también una violencia interna, íntima, para resolver sus propias perplejidades, y por otro lado, desde su concepción, la escritura, sobre todo a partir de sus investigaciones periodísticas, interpelaba a la realidad y podía de algún modo modificarla. Él consideraba el oficio de escritor no un oficio pasivo, sino profundamente revulsivo de la propia persona y de su obra literaria en relación con el mundo exterior. 

Cuando la muerte dejó de ser algo ajeno, ¿se sentía Rodolfo presionado por el tiempo a la hora de la creación?

No se sentía presionado. Más bien estaba plenamente consciente de que esa posibilidad podía ser próxima. En los últimos tiempos hizo un regreso a la escritura, un regreso a su oficio de escritor tanto en el plano de la ficción como en el plano del testimonio. Si bien la militancia y la clandestinidad hicieron que la literatura se tuviera que correr o que postergar, en los últimos meses él organiza todo lo que había estado escribiendo sin concluirlo como una obra precisa. Tenía varios cuentos en elaboración, relatos autobiográficos y reflexiones sobre su propia relación con la literatura, con la política y con la dimensión afectiva de su existencia.

Muchos consideran que en 1957 -ocho años antes de que apareciera A sangre fría, de Truman Capote-, Rodolfo Walsh llevó a su apogeo el relato testimonial (o no ficcional) con Operación Masacre, investigación periodística que puede leerse como una de las grandes novelas argentinas. ¿Qué elementos usted reconoce en esa obra bisagra en la vida de Walsh que confirman tal criterio?

Esto que comentan está absolutamente reconocido por críticos literarios, lectores, políticos e historiadores en Argentina. Operación Masacre no es un antecedente de A sangre fría, sino que se le anticipa, porque es la investigación en la que no solo se busca descubrir, revelar o encontrar a los culpables. Es también una manera de concebir la literatura testimonial o de denuncia de modo que los personajes sean el eje central del relato. Es decir, no solo la denuncia del hecho del crimen, sino quiénes eran los sujetos de esa historia. Por tal razón, ese libro impactó y sigue impactando generación tras generación. Revela un momento de la historia argentina, un crimen político, pero también da a conocer las historias de vida de los militantes peronistas de esa época.

Dijo Walsh: "Mi relación con la literatura se da en dos etapas: de sobrevaloración y mitificación hasta 1967, cuando ya tengo publicados dos libros de cuentos y empezada una novela; de desvalorización y paulatino rechazo a partir de 1968, cuando la tarea política se vuelve una alternativa... La desvalorización de la literatura tenía elementos sumamente positivos: no era posible seguir escribiendo obras altamente refinadas que únicamente podía consumir la intelligentzia burguesa, cuando el país empezaba a sacudirse por todas partes". ¿Cree, como aseguran algunos, que Rodolfo abandonó la literatura para dedicarse al periodismo, o que más bien, nunca dejó de hacer literatura?

Nunca dejó de hacer literatura, pero partiendo de una concepción de la misma que abarca también al periodismo, al testimonio, no solo a la literatura de ficción, sino también a la de no ficción. En ese sentido, su compromiso militante se asentó en su oficio de escritor y periodista porque a partir del año 68 él empieza a integrarse a proyectos políticos de liberación de nuestro país con la creación del periódico CGT de los argentinos. La calidad de su escritura hacía que una nota periodística de Rodolfo también tuviera valor literario. La escritura es algo que está en la esencia de Rodolfo como hombre, como militante y como intelectual.

¿De qué manera usted era cómplice de su escritura?

Mi mayor complicidad era mi oído, porque Rodolfo confiaba mucho en mi sentido rítmico de la oración, de la frase, y en la carga emocional. De algún modo, en su escritura, yo cumplía un rol como de armonía o de equilibrio si había un exceso de adjetivación o si al leer una frase quedaba renga desde el punto de vista rítmico. Siempre que Rodolfo leía o escribía algo, me tenía que sentar a escuchar esa pieza. Sobre todo, se dio en la escritura de la Carta a la Junta Militar, la cual fue pulida línea a línea, y también en su último cuento Juan se iba por el río y en otros cuentos perdidos que Rodolfo me leía. Como yo intervenía desde mi oído en su escritura puedo recordar y están en mi memoria algunos párrafos y algún hilo narrativo de esos cuentos que robaron de nuestra casita en San Vicente después de su muerte.

García Márquez calificó la Carta de un escritor a la Junta Militar como una obra maestra del periodismo universal. ¿Cómo la valora a la luz de estos tiempos?

La valoro y es reconocida por muchas personas en Argentina y en otros lugares como el testimonio más lúcido y revelador de esa etapa de la historia de nuestro país. Y es el testimonio más lúcido y revelador no solo por la denuncia de las violaciones de los Derechos Humanos, la denuncia de la magnitud del terror. Rodolfo consideraba que podía resultar contraproducente la denuncia del terror sin la explicación de por qué éste se instala. Esa comprensión de por qué se instala el terror es lo que deja de lado que aquellos actos aberrantes fuesen producto de demonios o de gente maligna salida del infierno. No. Eran producto de una concepción política profundamente reaccionaria, antipopular, que intentaba preservar los privilegios de una clase dominante. Por eso, la Carta... no es solo la denuncia, sino también esa reflexión estratégica para explicar por qué se implementó ese terror. Esto se condensa en el párrafo donde dice que las peores violaciones de los Derechos Humanos "que ustedes han cometido" -porque es una carta que interpela, dirigida a la Junta Militar- no son, sin embargo, esos crímenes, sino que en la política económica de ese gobierno es donde debe verse la peor violación que es aquella que condena a la miseria planificada a millones de personas. Ese párrafo es la esencia, sintetiza lo que él quería expresar. Rodolfo puso mucho énfasis en lograr ese tono estratégico en que está escrita la Carta.... El documento fue pulido, desde el punto de vista de la escritura, palabra a palabra, párrafo a párrafo. Para encontrar ese tono, además, él recitaba en la casita donde vivíamos versos de La Eneida en latín, y de las invectivas latinas como las de Cicerón, de los grandes oradores latinos que construyen el ritmo de su oratoria sobre la base a tres cláusulas. Y en la Carta... esas tres cláusulas, esas tres oraciones son cómo lanzar una piedra en el agua: la primera hace un círculo, la segunda amplia ese círculo y la tercera... le da un ritmo que fortalece la eficacia de la palabra. El final de la Carta... también tiene esta estructura: "... sin esperanza de ser escuchado, con la certeza de ser perseguido, pero fiel al compromiso que asumí hace mucho tiempo de dar testimonio en momentos difíciles". Esto tiene un ritmo, tiene un énfasis, le da mayor profundidad al sentido de la palabra.

¿Qué quería decir exactamente Walsh cuando hablaba de oficios terrestres?

Los oficios terrestres es el título de su libro de cuentos y también es el título de uno de sus cuentos. Es una reafirmación de Rodolfo como intelectual al valorar todos los oficios terrestres, porque los oficios de los hombres y las mujeres expresan la forma en que viven, la forma en que piensan, las expectativas ante su futuro. Él siempre reivindicó mucho la vida popular, la vida de la gente que no era intelectual.

¿Qué podría relatarnos de aquella época en que usted era archivista en el diario argentino La Opinión y coincidió con personalidades como Juan Gelman y Paco Urondo?

Esa época fue como una primavera dentro de un proceso histórico político, porque ese diario surgió cuando en Argentina gobernaba una dictadura militar que ya estaba muy desgastada. Se abrió la posibilidad de que apareciese un periódico que tuviese en su plantel de redactores a compañeros de esa calidad. Sin embargo, Rodolfo nunca quiso entrar a trabajar en La Opinión porque siempre le tuvo desconfianza al director, Jacobo Timerman, que luego fue secuestrado y torturado por la otra dictadura militar.

En un país en el que existía el delito de opinión, la Agencia de Noticias Clandestina (ANCLA) fundada por Walsh, buscaba burlar el cerco informativo. ¿Cómo lo conseguía?

ANCLA era la agencia de noticias clandestina de una organización de Montoneros. Las fuentes de información eran los periodistas que trabajaban en los medios formales, digamos oficiales (aunque no oficiales del gobierno, sino públicos) y tenían acceso a información que por las condiciones de la censura no podían publicar en sus diarios. Entonces nos la pasaban a nosotros. La procesábamos como despacho de agencia y se distribuía de distintas maneras. El correo fue un gran distribuidor y después se sumaron algunas agencias de noticias extranjeras que no podían publicar en Argentina, pero sí en el exterior. De ahí venía el rebote de esas noticias desde medios públicos de otros países. No obstante, la fuente de información fundamental provenía de compañeros, algunos no encuadrados en la organización, pero que querían colaborar con la tarea de militante que nosotros hacíamos.

Usted reveló que entre las cosas que quería Rodolfo estaban "la revelación de lo escondido" y "la esperanza insobornable". ¿Qué otros deseos enumeró su esposo en su diario?

La furia fría. Esto define también la personalidad de Rodolfo, un hombre muy austero, muy medido, muy sobrio, pero que podía enfurecerse, sentir la indignación moral ante determinadas situaciones de injusticia. Pero esa indignación siempre la canalizaba a través de la reflexión, por eso era la furia fría, es decir, la posibilidad de que la furia no ofuscara la manera de comprender y razonar lo que la motivaba. La furia fría describe la actitud de Rodolfo ante la injusticia.

¿Qué recuerdos la asaltaron cuando supo que Martín Grass también había leído los textos inéditos de su esposo?

Esa fue una noche muy intensa en Madrid. Les contaba que yo era el oído de Rodolfo y tenía ese cuento en mi cabeza, en mi memoria. Cuando me encuentro con Martín Grass, sobreviviente de la época, nos ponemos a hablar. Él había visto el cuerpo de Rodolfo acribillado. Pero también había visto papeles suyos. Entonces yo enseguida le pregunto: "¿Y no te acordás del cuento que era de esto y lo otro?". Medio no se acordaba. Comienzo a decirle textual el comienzo de ese cuento. "Juan Antonio lo llamó su madre. Duda era su apellido. Su mejor amigo, Ansina, y su mujer, Teresa." Él se acordó y entre los dos reconstruimos. Fue una sensación muy extraña. Sentí que el último cuento pasado en limpio de Rodolfo tenía solo dos lectores: él y yo. Aunque también me pregunté si alguno de los mismos represores, alguno de los asesinos de Rodolfo, no lo había leído también. Pero eso nunca lo sabremos.

¿A qué le temía Rodolfo Walsh?

A caer vivo. Él estaba totalmente dispuesto a no caer vivo porque sabía que con él se iban a ensañar y a partir de su compromiso político, comprendía el riesgo de su propia muerte. Siempre pensó en mantener la dignidad hasta el último instante. Si él caía vivo lo iban a despedazar, y antes que lo humillaran, lo destrozaran... Por eso llevaba esa pistolita de calibre 22 que me había regalado en el año 74 por mi cumpleaños. Ese cargador tenía una o dos balas, que en caso de no poder escapar de sus captores, estaban destinadas a quitarle la vida para vivir. Pero no era un suicida. No era un suicida.

De haber tenido la posibilidad, ¿cree que hubiese accedido a exiliarse?

Sí, lo habíamos pensado, pero él rechazaba esa posibilidad porque creía que podíamos llegar a sortear y perdernos en el interior del país. Se sentía muy comprometido por la situación, y además, en ese momento, todos sus esfuerzos estaban puestos en tratar de salvar a la mayor cantidad de compañeros porque él consideraba que la derrota era irreversible y la política de la Junta Militar, de aniquilamiento. Él cae, precisamente, por salvar y proteger a una compañera con sus dos hijitos, porque esa cita era para arreglar que ella con sus dos niños viniesen a vivir con nosotros. Pero sí, lo pensamos. Me dijo: "Si tenemos que salir del país, nos vamos a La Habana, es nuestra casa, es el justo lugar de la dignidad, porque ahí vamos a poder seguir peleando contra estos yanquis hijos de puta."

¿Cómo podían ustedes ser felices viviendo bajo la constante amenaza de la muerte?

Porque cuando se comprende por qué existe ese riesgo, ese riesgo empieza a formar parte de la vida cotidiana. Por supuesto, teníamos miedo, pero un miedo distinto al que se siente, por ejemplo, cuando viene un ciclón o vas en un avión y este se viene abajo. Nosotros éramos conscientes del riesgo que corríamos y ser conscientes significa aceptar el riesgo. Teníamos miedo, pero no estábamos paralizados de terror, y de todas maneras, siempre había un lugar para ser felices. En el cuento de Rodolfo, Un oscuro día de justicia, hay una frase de dos líneas que dice: "La felicidad tan buena mientras dura, como el pan, el vino y el amor".

Lilia, ¿y cómo veían la muerte ustedes, sobre todo cuando comenzó a llevarse a los más cercanos?

Profundísimo dolor. Después de la muerte de nuestro querido amigo Paco Urondo y de la muerte de la hija queridísima que fue para mí una de mis mejores amigas, Vicky, ese intenso dolor solo podía soportarse profundizando aún más el compromiso político y la responsabilidad de poder encontrar una salida. La muerte era una posibilidad. La comprensión de por qué podía ocurrir era lo que hacía que pudiera incorporarse a la vida cotidiana.

Dicen que el humor corrosivo de Walsh era producto de una inteligencia implacable y la cobertura pudorosa de un espíritu delicado y sensible. ¿Usted, cuál es la imagen que de él prefiere cuando hace oficio de remembranza?

Ahí hay dos imágenes: una es el humor corrosivo y la otra, el espíritu delicado y sensible. Pero el humor y el espíritu no estaban escindidos en él. Era delicado para el humor, aunque en determinado momento pudiera ser corrosivo, pero si era corrosivo era porque consideraba que con quien estaba hablando era un imbécil. Siempre me pareció magnífico en él la capacidad de escuchar al otro y si estaba totalmente en desacuerdo con lo que el otro decía, lo discutía, pero si llegaba a convertirse en imbecilidad, se callaba y se iba. Entraba en la polémica cuando la polémica valía la pena, pero si era una discusión de vanidades, de quién tenía razón, no se interesaba por esas cosas. No perdía el tiempo.

¿Qué le contaba Rodolfo de aquella etapa de su vida en Cuba, cuando descubrió sus condiciones de criptógrafo? García Márquez revela que fue él quien, tras noches de insomnio, descifró que EE. UU. gestaba una invasión armada a Cuba.

Rodolfo era muy austero para hablar de las cosas que él había hecho. Cuando nos conocimos, no fue de forma inmediata que supe que había vivido en La Habana. No se presentaba hablando de él mismo. Él escuchaba al otro. Le interesaba el otro. Y después, si surgía, hablaba de él. Jamás hablaba desde el yo, desde el "yo hice", "yo dije", sino que le preguntaba al otro "¿quién sos vos?", "¿qué tú crees?", "¿qué pensás?". Pero de esa época, le había quedado como un fastidio consigo mismo, porque cuando él consigue descifrar las claves de Guatemala, llevado, ahí sí por la vanidad del oficio del periodista, lo publica en una revista de Buenos Aires. Años después me decía que eso había sido un error. Se sentía muy molesto con él mismo porque develarlo era lo más contraproducente desde el punto de vista de una inteligencia militar. Si vos conseguiste interceptar comunicaciones del enemigo y conseguiste cifrarlas, te quedas con esa información, pero no vas diciendo "hicimos esto", "desciframos esto", porque obviamente, los otros van a cambiar las claves, van a modificar su sistema de comunicación. Eso a él le había quedado como un gran error.

¿Qué recuerdos le trae Cuba, La Habana, un pedazo de mundo tan cercano a Rodolfo?

Cuando llego a La Habana es como volver a casa. Desde cómo hablan ustedes, desde el caminar por las calles de La Habana, desde ver el Malecón: todo. Hay algo entrañable, profundamente afectivo, que está tan cruzado y que tuvo tanto peso en las decisiones de nuestra vida que cada vez que vengo a La Habana, me emociono. No puedo evitarlo.

Cuando supo que habían sido detenidos los culpables de la detención y el asesinato de Walsh, ¿qué experimentó?

La lentitud de los procesos históricos, pero que si se mantiene esa insobornable esperanza que quería Rodolfo, si se mantiene la furia fría, las convicciones para actuar con inteligencia y astucia y esperar que exista el momento propicio desde el punto de vista político en Argentina, puede llegarse a un juicio. Esto fue un largo proceso, a lo largo de todas estas décadas, de intentos por juzgar, pero las relaciones de fuerza, desde el punto de vista político todavía no daban como para ponerlos en el banquillo de los acusados. En este momento, tenemos un gobierno que tomó la lucha histórica de los organismos de Derechos Humanos, de las madres, de la lucha contra la impunidad como una política de estado. Hoy hay un escenario que permite puedan ser juzgados.

Miguel Bonasso escribe en su libro Diario de un clandestino que el diálogo del sobreviviente será siempre un diálogo de culpa con los compañeros desaparecidos. ¿A usted le sucede lo mismo?

No. Sucede que Miguel se refiere a los sobrevivientes de los Centros Clandestinos de Detención, no a los sobrevivientes de la etapa histórica. Los sobrevivientes de los centros que te mencionaba, una vez terminada la dictadura, fueron mirados con recelo por compañeros que también habían sobrevivido. El tiempo demostró que tuvieron la resistencia, que la opción entre la vida y la muerte no la tenía el prisionero. Quién vivía o moría era una decisión de los represores. Pero pasó cierto tiempo para que esto se reconociese. Ya está demostrado plenamente que son los testimonios de estos compañeros los que permiten armar las pruebas para juzgar a los responsables de los crímenes de lesa humanidad. 

¿Qué siente cuando contempla las constelaciones  de estrellas?

He vuelto al Delta argentino, he alquilado una casita con una pareja amiga y a la noche, algunas veces, levanto la cabeza y miro ese cielo bajo el cual estuve con Rodolfo mirando las constelaciones.

¿Cómo continúan sus diálogos íntimos con él?

A veces nos peleamos. Hay un diálogo interno en la memoria, pero yo soy consciente, que desde la responsabilidad como militante que fui en su momento, no puedo quedar clavada en el pasado, que hay un presente y nuestra obligación moral en todo caso es seguir peleando por un futuro de justicia.

Cuando comparte su memoria para celebrar la vida...

Como ustedes habrán visto, me emociono, porque la memoria es imágenes, sensaciones, olores, palabras, voces, y cuando yo vuelvo sobre todo esto, aunque hayan pasado treinta años, dentro de mí, vuelvo a sentir la voz de Rodolfo, la risa, el enojo, la escena, y se revive la alegría, pero también se revive el dolor de la pérdida.

DISTINGUE LA UNEAC A MONCHO EN FESTIVAL BOLEROS DE ORO

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JOSÉ CARLOS ARMÁN CATÁ,

estudiante de primer año de Periodismo,

Facultad de Comunicación de la

Universidad de La Habana.

La Habana, junio (AIN).- El cantante catalán Ramón Calabuch, Moncho, el Gitano del Bolero, ofreció un memorable concierto en el teatro Karl Marx, en la capital cubana, ocasión en que fue distinguido como miembro de honor de la Unión de Escritores y Artistas de Cuba (UNEAC).

Con el título Moncho en Boleros de Oro, como parte de la vigésimo primera edición de la fiesta de ese género, durante dos horas fueron interpretadas más de veinte canciones del repertorio internacional y cubano de los más diversos géneros musicales.

El cantante español de 66 años de edad, de ellos 46 dedicados a la música, agradeció a la Unión de Escritores y Artistas de Cuba el haberle invitado al Festival Internacional Boleros de Oro.

Hace 21 años que se hace este certamen tan importante, y esta es la primera vez que vengo, por lo que agradezco infinitamente el estar aquí, expresó el intérprete de innumerables canciones románticas y muy apreciado por el público cubano.

Lo prometí y lo cumplí, aquí me tienen, afirmó el Gitano del Bolero, quien visitó Cuba por primera vez hace 30 años, invitado por el ya desaparecido músico cubano Pacho Alonso.

Títulos como Llévatela, canción que lo dio a conocer en el mundo del espectáculo hace 46 años, Ahora que soy libre, Cuando estoy contigo, Abrázame, y Lo siento mi amor, al compartirlos con su público expresó que los dedicaba a las mujeres.

 

MIGUEL BONASSO Y LAS SOMBRAS FUGITIVAS

MIGUEL BONASSO Y LAS SOMBRAS FUGITIVAS

Entrevista Premio Nacional de Periodismo Cultural Monchy Font que entrega la UNEAC a periodistas menores de 30 años. También obtuvo el máximo galardón en el Forum Estudiantil de la Facultad de Comunicación de la Universidad de La Habana.

ELIZABETH MIRABAL LLORENS Y CARLOS VELAZCO FERNÁNDEZ,

estudiantes de tercer año de Periodismo,

Facultad de Comunicación de la

Universidad de La Habana.

Miguel Bonasso es un excelente conversador que te recibe como si te conociera de siempre. Le gusta recordar e ir reflexionado a la vez, mas no divaga; y aunque por mucho tiempo vivió como un clandestino, no se torna escurridizo cuando se le entrevista.

No quiere leer absolutamente nada bajo su nombre en un diccionario literario porque "eso significaría que estoy muerto", explica entre risas.

Ciudadano de todas partes, está orgulloso de haber nacido en la ciudad de Buenos Aires y de tener nietas mexicanas. Amante de la poesía de Quevedo, se ha apropiado de algunos de sus versos para titular libros propios.

De elevada estatura, ojos clarísimos y barba desordenada, parece no temerle a dejar de ser. Aprendió, desde hace ya mucho, cuáles son las causas que merecen cobrarse una vida. Sin embargo, no le exige a nadie hoy que ponga en juego la suya sin razones suficientes para ello.

Fiel a su generación, la mayoría asesinada o torturada, fue un periodista consecuente y afortunado en medio de tanta desdicha, que supo cómo sacrificar su identidad para sobrevivir junto a su familia y contar, para nosotros, el drama mil veces descrito, jamás agotado, que durante horas, meses y años, infinitos y tristes, se apoderó del cono sur americano.

¿Qué influencia tuvieron sus padres en su temperamento, en su vocación?

Desgraciadamente, mucha. Mi papá solía decir que me había hecho periodista por culpa de él, que era como una transmisión, porque él también era periodista. Y yo decía: "Sí, efectivamente, es como la sífilis". Cuando se habla de heredosifilítico, yo soy heredoperiodista. Mi papá trabajó muchos años  en agencias, por ejemplo, en la France Press, y yo de chiquito iba allí, a los siete u ocho años, y miraba lo que es hoy una máquina prehistórica para la generación de ustedes. Había una máquina misteriosa, que me fascinaba, frente a la cual me paraba. Era el teletipo. Y entonces, muy lentamente... tic, tic, tic, tic, tic... venían las palabras ¡desde Europa! Yo no podía creerlo. Mi papá me explicaba "¿Ves esto? En este momento lo están mandando desde París".  "¿En serio?"-le decía yo- "¿y cruza el océano?" No podía creer que ocurriera ese prodigio. Pero ocurría. Debe haber sido la fascinación por el teletipo lo que me metió en la profesión.

Mi mamá también. Aunque no ejerció el periodismo de manera profesional, permanente como mi padre, sí lo ejerció durante la Guerra Civil española. De hecho, fue secretaria de redacción del Frente Rojo, el órgano de las Juventudes Socialistas Unificadas. Pero era más bien un periodismo de combate. Fue miembro del Comité de Defensa de Bilbao. Perseguida por el fascismo, volvió a entrar a España por Cataluña y estuvo hasta el final de la guerra. Mi madre era muy buena lectora e influyó mucho en mis lecturas. Leí Los Miserables, de Víctor Hugo. Me entusiasmó con Alejandro Dumas, no solo con Los tres mosqueteros, Veinte años después o El Vizconde de Bragelonne, sino, además, con novelas mucho menos conocidas como El collar de la reina...

Entonces, usted heredó un poco de su madre el ser un perseguido, ¿no?

Sin duda, la pasión..., aunque mi papá también tenía militancia política. Pero ella tenía el prestigio ante todos nosotros de que había sido combatiente de la guerra. Sin duda, el nivel de pasión política es probable que venga de ahí. 

¿Qué le debe al periodismo alguien que desde los 18 años ve el mundo desde la óptica de quien busca la noticia, la interpretación?

La verdad es que le debo al periodismo muchísimo. He tenido el privilegio de asistir como testigo impensado a hechos históricos. En octubre de 1970, cuando Salvador Allende fue elegido presidente por el Congreso pleno de su país, tenía una exclusiva con él y estaba en su casa, en el despacho, mientras toda la prensa, las cámaras, las grandes cadenas norteamericanas, esperaban afuera. En el momento mismo que lo eligieron, entró una de sus hijas, lo abrazó, lo besó y le dijo: "Papá, acaba de elegirlo el Congreso pleno". Me sentía casi como intruso. También recuerdo la primera vez que conseguí una exclusiva con Fidel. Lo entrevisté junto con mi compañera para el diario Página 12... No sé, muchísimos acontecimientos me han llevado a  conocer personajes históricos trascendentes de todos los campos, que quizás de otra manera no hubiera podido conocer.

He hecho toda clase de géneros dentro del periodismo: televisión, radio, agencia, diario, revista. Fui desde lo más frívolo hasta lo más trascendente. Todo eso lo pude hacer gracias a esta profesión y, además, recorrer el mundo. Es decir, viajar de un lado a otro, estar en las zonas de combate en Nicaragua. No fui corresponsal de guerra, sería un poco presuntuoso decir eso, pero me tocó estar muchas veces, aunque no por tiempo prolongado, en sitios peligrosos o donde había conflictos bélicos. En realidad, el sitio más peligroso fue mi país, donde trataban de matarme, eso sí era cotidiano, de todos los días.

Fui, incluso, periodista deportivo, más bien de automovilismo, aunque no por mucho tiempo. De fútbol nunca, me gusta mucho, pero no tenía los conocimientos técnicos. En fin, un amplio abanico, un abanico enorme de posibilidades y de vivencias que no creo que se hubieran dado si hubiera sido... -es difícil que hubiera sido gerente de banco-, pero bueno, si hubiera sido, por ejemplo, gerente de un banco. 

Muerte, dictadura, clandestinidad, recuerdos. Sus novelas están hechas de tristezas, nostalgias y vivencias. ¿Cree que de no rodearlo esta aureola gris Bonasso sería escritor?

Probablemente sí. Sería un escritor más lúdico que escribiría novelas de amor. Lo que pasa es que esa es la historia que me tocó vivir. Justamente cuando le comentaba a mi papá que quería escribir, recuerdo que me decía: "Tenés que tratar de ser siempre fiel a tu tiempo". Los escritores que trascienden son aquellos que son fieles a su tiempo, que saben transmitir el tiempo en el que vivieron. Y eso me colocó en una escuela que tuvo fruto en América Latina: la de los escritores de no ficción, la de los escritores testimoniales. Tengo algunas cosas de ficción, pero lo central de mi producción es no ficción.

¿Qué opina de la Feria Internacional del Libro de La Habana?

Es un evento magnífico y probablemente único en su género porque después se traslada al interior, es decir, que no es un hecho puntual de La Habana. Nosotros tenemos una feria muy popular, por la que pasa mucha gente, la de Buenos Aires, pero bueno, es la Feria de Buenos Aires solamente. Pero he disfrutado de la Feria cubana cuando he presentado mis libros y  la pasé muy bien, me encantó el escenario, el fervor popular, la voluntad de leer, la avidez. El lector cubano es curioso, es insaciable, la relación con los lectores es estupenda. Es como si estuvieran realmente en mi país. Espero que este año se den cita importantes escritores, porque el pueblo cubano se lo merece. Es uno de los hechos culturales más importantes de América Latina.

¿Qué podría adelantarnos del volumen que presentará en esta ocasión?

Es una novela, ficción, pero muy basada en elementos de la realidad y cuenta la historia de un personaje que regresa del exilio para averiguar qué ocurrió con su mujer, que está desparecida. Se llama La memoria en donde ardía, porque está tomado de ese poema de Quevedo, del Siglo de Oro español, que dice: "mas no, de esotra parte, en la rivera, / dejará la memoria, en donde ardía: / nadar sabe mi llama la agua fría, / y perder el respeto a ley severa. Es un soneto muy lindo de Quevedo. Precisamente, he utilizado a Quevedo para fusilarle varios de sus versos para título de mis libros. Recuerdo de la muerte también es de Quevedo. "Y no hallé cosa en que poner los ojos/ que no fuese recuerdo de la muerte". Tengo dos libros con versos plagiados a Quevedo.

Pero este año para mí tiene un significado muy especial porque viene mi hijo Federico Bonasso, que hizo la música de Iluminados por el fuego, la película que ganó el gran Coral y que, además, tiene un conjunto de rock llamado El juguete rabioso, título de un libro del gran escritor argentino Roberto Arlt. Hacía varios años que El juguete... no se reunía. Vamos, entonces, a hacer la presentación del libro de manera totalmente atípica porque compartiremos el escenario: ellos van a tocar rock y yo presentaré mi libro.

Eso será el 10 de febrero a las 6: 30 p.m. de la tarde, en la plaza de los cañonazos de La Cabaña. Daniel Chavarría va a estar en la presentación, porque eso ya es casi un vicio. Chavarría presenta algún libro mío o yo presento algún libro de Chavarría, y como él escribe y publica mucho más que yo, yo he presentado muchos más libros de Chavarría que Chavarría míos. Pero esta vez le va a tocar presentar por segunda vez uno mío, el primero fue uno de grandes entrevistas -a Fidel, a Chávez-, grandes por los entrevistados, no por el entrevistador, titulado El instante fugitivo, otra vez un verso de Quevedo. Espero que vayan muchos jóvenes a los que les guste la literatura y el rock.

Mi hijo se inspiró en el libro y compuso un tema de rock homónimo, precioso, que trata de una abuela de la Plaza de Mayo que recupera a su nieto. Y esa es La memoria en donde ardía, una memoria que va más allá del agua fría de la muerte. Las abuelas hicieron un banco genético, donde depositaron muestras de su sangre, previendo su muerte y que algún muchacho de esta época sospechara que era hijo de desaparecidos y nietos de las abuelas y deseara hacerse una prueba de ADN y comprobar su creencia. Esto ha ocurrido con varias decenas de casos. Esas pruebas marcan una cosa impresionante establecida por los genetistas que es el índice de abuelidad. La novela tiene mucho que ver con el índice de abuelidad y el tema de rock también. 

¿Qué le pide al lector cubano que va a leer su novela?

No le pido nada, más bien le ayudo a entender las circunstancias históricas en que ocurrió todo, con una nota especial que hice para la edición cubana. Le doy las claves y después hay notas, glosarios, porque utilizo un lenguaje coloquial, tanto argentino como mexicano, y son palabras que no se conocen. Desgraciadamente, nuestras formas de hablar son distintas. Pana en Venezuela, asere en Cuba, cuate en México, gomia en Argentina, expresan todas lo mismo, pero son palabras distintas.

¿Y la novela histórico-ensayística que iba a hacer de los Montoneros?

Pendiente. La actividad política me está exigiendo mucho. Soy diputado del Parlamento argentino por el Partido de la Revolución Democrática y estamos tratando de construir una gran alternativa de izquierda, un gran frente, que es difícil. Una de las grandes pasiones de mi vida, que es la política, me está privando de otra de mis grandes pasiones que es la literatura. Y de los Montoneros, más que una novela, pensaba hacer un ambicioso libro de historia general. Ahí está. Es una tarea ciclópea. Veré si, en algún momento de mi vida, dispongo del tiempo existencial para hacerlo.

Iluminados por el fuego retoma el conflicto de las Islas Malvinas.

De la parte que me toca y de todo el trabajo colectivo que implicó Iluminados por el fuego -que no es un mérito exclusivo ni mucho menos- estoy contento porque creo que es la primera película que toma el drama de las Malvinas en serio y se asoma de verdad con un sentido crítico y explica por qué esa guerra no se podía ganar. No se podía ganar porque la llevaba a cabo un ejército formado por el propio imperio y, entonces, mal podía llevar a cabo una guerra antimperialista y anticolonialista, un ejército sirviente de los colonialistas y los imperialistas que había torturado, asesinado, violado, robado, que había hecho todas las barbaridades que hicieron las Fuerzas Armadas argentinas.

Tenían que perder ante los ingleses, era así, era casi una fatalidad. Y tenían que perder porque maltrataron a sus propias tropas, porque consideraban a los soldados inferiores. La guerra de las Malvinas no fue lo que fueron otras guerras antimperialistas como las que libró el pueblo cubano en Playa Girón. El ejército creyó que los EE.UU. lo iba a ayudar en una confrontación con Gran Bretaña, ignorando algo que debían saber desde la Academia Militar, que Gran Bretaña es el principal aliado de los EE.UU. a nivel mundial.

Les pasó lo que les tenía que pasar. EE.UU. apoyó a Gran Bretaña y, cuando ellos se dieron cuenta de eso, se aterraron y perdieron ignominiosamente la guerra, pero llevaron al sacrificio a cientos de muchachos, a miles, murieron más de 300 en las islas y otros 300 en el hundimiento del Belgrano, que fue un acto cobarde y ruin por parte de Margaret Thatcher. Pero también expresa un sentido crítico de cosas que están muy mal en la sociedad argentina, como el hecho de que después de la guerra se suicidaran casi tantos veteranos como los que cayeron combatiendo en las Islas. El número es casi equivalente. Es monstruoso y dice mucho sobre cómo la sociedad negó el trauma de las Malvinas y lo quiso tapar, y tapó a sus protagonistas, a sus víctimas, muchachitos jóvenes de 18 años llevados a una guerra sin medios, sin convicción, frente a un ejército profesional temible.

En términos generales estoy contento de mi participación y muy contento de que haya ganado el Gran Coral, que le dediqué en su momento, junto con Tristán Bauer, a mi compañera, en este momento enferma, Ana Deskalon. Ana fue la directora de producción y gracias a ella se hizo la película.

¿Cómo le explicaría a un niño por qué es un hombre de izquierda?

Estar con los pobres y contra los ricos. Así se lo explicaba a mis hijos cuando estaba en la clandestinidad. Nosotros somos buenos porque estamos con los pobres y ellos son malos porque están con los ricos.

¿Cómo recuerda aquellos días cuando fue condenado a muerte por los grupos de la dictadura militar en Argentina?

Traté de evitar por todos los medios que eso no ocurriera, es decir, que la sentencia no pudiera cumplirse, y lo logré, logré sobrevivir. No sé si hubo ingenio o más bien suerte. Algo de ingenio hubo, pero supongo que más suerte, porque estuve dentro del país durante el tiempo más duro, antes de que se diera el golpe. Había estado en el exterior entre noviembre de 1974 y octubre de 1975. Regresé clandestinamente en octubre del 75, lo cuento en el Diario de un clandestino. El golpe es en marzo del 76 y todo ese año lo pasé clandestino en mi país. Antes del golpe ya la situación estaba muy mala y salí recién de Argentina. Mi partido, que era en ese momento el de los Montoneros, me sacó al exterior para una conferencia de prensa en abril del 77. Me tocó vivir adentro.

Por eso cuando algún argentino dice: "Pero yo no sabía lo que pasaba, no se sabía nada", yo digo que viví esos momentos y sí se sabía lo que pasaba. No lo sabía el que no lo quería saber, pero el que lo quería saber, veía los autos Falcon, con las escopetas por las ventanas, el tipo siniestro con los anteojos oscuros, la gente secuestrada, los allanamientos brutales en la madrugada y sí, sí se sabía lo que pasaba.

¿Cómo reconoce a una dictadura?

Cuando un gobierno viola derechos humanos esenciales. Es decir, cuando se tortura, se secuestra. Esta es una acusación injusta que se le ha hecho a Cuba donde no ha habido jamás un torturado en toda la historia de Revolución. En nuestros países sí han existido verdaderas dictaduras tenebrosas, que han practicado, como en el caso de Argentina, la desaparición forzada de personas, término que  ya se incorporó en el lenguaje jurídico internacional.

¿Qué piensa de los que ven a la política como una gran mentira?

Que van a ser derrotados por la generación de ustedes. Confío muchísimo en los muchachos muy jóvenes de todas partes. Creo que son muchachos sin vicios, con el mismo idealismo de mi generación, cuando éramos jóvenes, aunque todavía sigo siendo idealista, pero algunos se han vuelto más realistas, algunos de mi generación que sobrevivieron.

¿Por qué se rodea de gente joven alguien que mira con tanta frecuencia al pasado?

Porque lo que me interesa es transmitirles a los muchachos nuestra experiencia, incluso nuestra carga de errores para que no nos idealicen, para que sepan exactamente cómo fue nuestra lucha, para que sepan qué elementos de culpa tenemos nosotros mismos también en la derrota que sufrimos. Para que sepan que hubo compañeros nuestros excepcionales, extraordinarios, que tuvieron una inmensa generosidad de sí mismos, que dieron todo lo que alguien puede dar, que es su propia vida, por los demás, realmente por los demás, sin voluntad de ocupar ningún cargo ni de diputado ni de senador ni de congresista ni de nada. Luchaban por la justicia social, luchaban por un país más justo, más libre, más fraterno, más solidario, por una sociedad distinta. Por eso vivieron y murieron.

Lo más difícil del exilio.

Lo más difícil del exilio para un porteño es dejar la ciudad de Buenos Aires. Buenos Aires fue durante muchos años una ciudad fascinante. Ahora no lo es tanto, al menos me parece a mí. Pero fue una ciudad muy hermosa, sobre todo en los 60. Era un gran emporio cultural. Basta darles un solo dato, para no parecer un chovinista. Fue la ciudad que consagró a García Márquez. Se publica en Buenos Aires Cien años de soledad en 1967 y se agota en una semana. El libro lo saca la editorial Sudamericana y a partir de ahí comienza el famoso boom latinoamericano. La ciudad era un hervidero cultural, musical, cinematográfico, literario; y encerraba un poco el germen de lo que iban a ser los movimientos revolucionarios. Era como un revoltijo en ebullición. El exilio me dio mucho también. Me dio una visión latinoamericana en serio. Como consecuencia del exilio, por ejemplo, mis hijos se quedaron en México, y entonces no solo tengo a mis hijos viviendo en México, sino que también tengo nietas mexicanas. Hay dos nietas y viene un nieto. Para mí es un honor tener nietos mexicanos, porque quiero mucho a México, entrañablemente. Esa circunstancia de estar en este país, me vinculó con todos los movimientos revolucionarios de América Latina. Conocí a dirigentes de El Salvador, de Nicaragua, todos pasaban por allí. México fue la gran capital del exilio latinoamericano, así como pudo haber sido París la capital de los exilios europeos.

Imagínese que se compone un diccionario de autores argentinos, ¿qué le gustaría leer bajo su nombre?

Nada, porque significaría que estoy muerto. Prefiero las inquietudes de la existencia, a la dudosa gloria de la posteridad.

¿Qué les exige o les exigió Bonasso a sus compañeras de lucha?

Tuve dos compañeras de lucha. Silvia, desgraciadamente falleció y tengo ahora a Ana, que está pasando por un mal momento, luchando contra una enfermedad con el apoyo solidario y fraterno de Cuba. No tuve que exigirles nada, diría que en algunos momentos ellas me exigieron a mí. Fueron verdaderamente compañeras de lucha, ninguna de ellas estuvo al margen. Y no podía ser de otro modo. Creo que las parejas se construyen no solo por la relación amorosa, que es el componente original y fundamental, sino también por un proyecto de vida en común. Si no hay un proyecto de vida en común, vos podés tener un romance, una aventura pasajera, pero no una pareja. Una pareja es... ambos en lo mismo. Mis dos compañeras de vida compartieron mi proyecto y mi lucha.

Dicen que en situaciones extremas uno reconoce con certeza lo valioso. Usted atravesó algunas, ¿qué es lo más importante, lo que no debe perderse bajo ningún concepto?

La solidaridad, la fraternidad humana. La existencia es muy dura, muy difícil, no solo por las injusticias de la historia, sino también por los agravios de la biología, que tiene sus límites pesados, como son el envejecimiento, la enfermedad, la muerte. Está cargada de dolor y también de placer, pero bueno, eso es justamente la vida. Me parece que lo más terrible es que el hombre no ha salido todavía de un nivel muy animal, todavía está muy presente el criterio de la horda, el criterio de que estos vienen de afuera, son de otro lado y hay que matarlos. Estos son rasgos primitivos. Lo lógico sería que nos apoyáramos los unos a los otros, que hubiera cierta fraternidad y afecto. En ese sentido, no por demagogia y no porque esté en Cuba, creo que esta es una sociedad muy humanista. Enviar médicos a un lugar tan distante como Pakistán, en momentos de tanto dolor y sufrimiento en un sitio tan distante, o enviar 20 mil médicos a Venezuela, es ser muy humanista. No ignoro que esta sociedad pueda tener sus contradicciones, sus limitaciones, sus errores y, probablemente, sus miserias. No es la sociedad angélica, pero debe ser la más humana de las que conozco, sin duda.

Ser un clandestino es...

Un dolor, la clandestinidad es un dolor, no es un juego, no es un  hecho lúdico. Solo alguien que sea un imbécil o un aventurero puede considerar a la clandestinidad una experiencia grata. Uno tiene que cambiar muchas cosas, en primer lugar su identidad, uno deja de ser uno, hasta por el disfraz, el maquillaje que utilizas para exponerte en la calle, cuando te miras al espejo no te reconoces. Mi barba tuve que adaptarla, andar con el pelo corto, el bigote también muy castrense, para que pensaran que yo era un fascista, igual que muchos otros, para caminar tranquilo, ¡bah, tranquilo!,  ¡nunca pude circular tranquilo!, para pasar desapercibido, para que no me recocieran, para que los tipos de la policía que mirasen mi foto no dijeran "mira, ahí va Bonasso", sino que pensaran "se parece a él, pero no es Bonasso", y dudaran.

La clandestinidad es una profunda alteración de la vida cotidiana. La lucha es mucho más difícil: tardas en comunicarte con todos los compañeros, no puedes acceder a los compañeros que quieres y discutir con ellos, tienes que verlos puntualmente para tales tareas que manan de la propia condición de ser un clandestino. Por ejemplo, yo pensaba una serie de cosas sobre la lucha misma que librábamos los Montoneros en Argentina, sobre los errores que estábamos cometiendo en el año 1976, 1977 incluso, y me hubiera gustado hablarlas con Rodolfo Walsh, a quien admiro profundamente, compartir ciertas dudas, inquietudes que tenía, y no lo pude ver, no pude llegar a él porque los dos estábamos clandestinos.

Está también el sufrimiento de los hijos, que tratábamos de atenuar en la medida de lo posible, para que no se sintieran segregados o marginados de sus amiguitos.  Pero los amiguitos tenían que venir a casa, sin saber adónde iban, los padres nos los tenían que prestar sin saber adónde iban sus hijos. Hubo algunos de ellos que lo hicieron, lo cual es altamente meritorio. Hubo un médico que aceptó ir mirando al piso en el auto, sin saber la dirección, para curar a mis hijos. Y ese médico ni era de izquierda ni militante, era un pediatra, pero quería a los chicos y nosotros le teníamos la suficiente confianza como para meterlo a la casa en esas circunstancias.  Es duro... es duro.

Si usted tuviera la hipotética posibilidad de devolverle la vida a alguien, ¿a quién traería de vuelta?

Tendría una demanda muy amplia. Por lo pronto, y quedándome solo en territorio argentino, a los 30 mil  desaparecidos y a varios de los asesinados, como mi gran amigo Dardo Cabo, a quien se le inventó la fuga de la cárcel y se le fusiló junto con otros compañeros, por la espalda, vilmente. A Paco Urondo, el poeta gran amigo de Cuba que escribió la novela Los pasos previos. Lo más doloroso que cuento en la novela que voy a presentar en la Feria es un poco los fantasmas que me rodearon cuando fui a Buenos Aires después del exilio, tras 11 años de ausencia. Lo primero que la ciudad me mostró dolorosamente eran todas las esquinas de mi vida, donde había estado con los que no estaban. Siendo todavía muy joven en aquel momento, era ya como un ancianito de 80 años que tiene a sus cariños, sus amigos, sus afectos, mucho más en el cementerio y en la memoria que en su vida cotidiana. Ese agujero, esa ausencia fue terrible cuando la sentí al volver. No es simplemente alegría al volver. La vuelta del exilio es tan dura como el exilio mismo.

Usted ha dicho que a los jóvenes de su generación les parecía poder cambiar el mundo.

Pertenezco a una generación que creyó e intentó seriamente cambiar el mundo. Teníamos la convicción de que podíamos hacerlo bien y, curiosamente, algunos sobrevivientes hemos visto que no, no tal vez de la manera que pensábamos. Este mundo que parecía pétreo y de un solo poder, donde imperaba el neoliberalismo, cuando se produce la implosión de la Unión Soviética, cuando parecía que los EE.UU. reinaban sobre todo, ahora ha comenzado a agrietarse.

En América Latina ha surgido el proceso de la Revolución Bolivariana en Venezuela, la elección por primera vez en la historia de un compañero que procede de los pueblos originarios y  reivindica esa cultura, como es el caso de Evo Morales. Es una revancha de 500 años, incluso contra la colonia, la conquista y el dominio europeos. Está habiendo ya no una necesidad en los pueblos, sino también una comprensión en los gobiernos, unos más radicales, otros menos radicales, pero empieza a percibirse como una generalización del concepto de que si no nos unimos, estamos perdidos, de que necesitamos la integración, de que la Patria Grande no es solo el gran sueño bolivariano, no es una utopía, sino que es una necesidad perentoria.

Sin una Patria Grande estamos perdidos, no hay ninguna posibilidad de que ninguno de nuestros países se salve por sí mismo, solo. Hoy en día ya vemos que Cuba sí lo ha hecho, pero a un costo terrible, es muy duro lo que le ha impuesto a Cuba el imperialismo. Nosotros creemos que el precio tan alto y heroico que pagó Cuba podemos atenuarlo si las naciones sudamericanas en primer lugar se unen y después, en un futuro, que ojalá sea lo más cercano posible, América Latina y el Caribe.

En sus palabras: "Lo que no debe hacer nunca un revolucionario es dar los elementos para que el otro lo destruya". ¿Hasta qué punto?

Es casi una concepción vital. Uno no debe darle al enemigo información y la posibilidad de que tenga armas para destruirte, lo cual no significa maquiavelismo ni ocultar la verdad, sino conducirse con la cautela y la astucia que un revolucionario debe tener. Creo que en Cuba han tenido la inmensa suerte de tener un liderazgo tan inteligente, que se corresponde con el valor del pueblo cubano,  como para poder resistir la presión del monstruo a 90 millas náuticas. Y eso requirió una dosis de un enorme coraje, pero también de inteligencia, para saber cómo moverse frente al monstruo y no darle los elementos para que este los aniquile. Eso es muy importante y sigue siendo válido para los países y los individuos.

¿Quiénes son sus héroes literarios?

Sin ninguna duda, D´Artagnan, Athos, Porthos y Aramís. Es probable que Dumas haya tenido mucho que ver en que yo me haya metido en la revolución. Sigo admirando a los mosqueteros.

¿Y en la vida?

Tengo una inmensa admiración por Fidel, una gran admiración por Hugo Chávez. Me parecen líderes excepcionales, de un carisma muy grande, así como de una gran calidad humana. He tenido, además, el privilegio de conocerlos personalmente, lo cual me permite aquilatar, en el caso de Fidel, que viene siendo como el hermano mayor de toda América Latina, el papá de todos, como en el caso de Hugo más joven, ver la calidad humana que tienen. Evo me parece un tipo increíble. Es como es, con su chamarrita, absolutamente auténtico, es un hombre del pueblo, un campesino reservado, introvertido. Mas me parece que va a cumplir su palabra a rajatabla. Va a hacer lo que él dice: mandar gobernado por el pueblo. Son esos mis héroes actuales y vigentes.

Tengo otros que murieron, como el Che, que es uno de los grandes de la historia de todos los tiempos. Cuando se escriba la historia del siglo XX desde una perspectiva ya más lejana, el Che será visto como un Bolívar de esta época y algunos podrán decir que aró en el mar también, por como murió en Bolivia, pero la pregunta es si fue derrotado cuando aún sus ideas siguen. No siempre los héroes triunfan, a veces son derrotados, y esto no invalida de manera alguna ni sus ideas ni la pasión que tuvieron para defenderlas. Al contrario, a veces la forma en que se produjo su derrota y la relación que expresa como consecuencia de su vida, los honra. La derrota los honra. No hay que considerar a la derrota como un hecho ignominioso. La derrota está presente en la historia y, a veces, uno es derrotado.

Galeano piensa que la prensa en Cuba parece de otro planeta. ¿Usted qué cree?

No hago trasposiciones culturales de un país a otro fácilmente, porque puede ser un error. Creo que la producción periodística o cultural tiene mucho que ver con la circunstancia histórica. Cuba es un país que está permanentemente en una situación casi bélica, en pie de guerra, no por su culpa, sino porque es una fortaleza sitiada por un enemigo altamente poderoso. Eso da un resultado muy diferente al de nuestros países, donde hemos ejercido un periodismo crítico en relación con gobiernos que merecían una crítica implacable, y lo hicimos mientras nos lo permitieron o tuvimos los medios para hacerlo.

En algún sentido habría que preguntarse también si la prensa del resto del planeta tiene las presuntas excelencias que algunos suponen que tiene, porque es una prensa monopólica y, casualmente, los dueños de los medios de comunicación son también los dueños de los medios de producción. Hay una prensa uniforme, que actúa casi al unísono, por reflejo, que le da escasísimo espacio a todos los que tienen una voluntad de transformación social. Cuando da espacio, es para atacarnos. O nos ataca o nos ignora. A veces hacen alguna que otra travesura y no tienen más remedio que reflejarla, pero la reflejan de manera distorsionada. Es un debate intenso.

Las nuevas generaciones van a ir encontrando su camino, van a ir mejorando la prensa existente, van a ir enriqueciéndola con nuevos aportes, van a ir teniendo una visión más compleja y cada vez más rica de la realidad en la cual se vive. Es una tarea que tienen ustedes, los jóvenes periodistas cubanos. Es su porvenir. Y lo van a hacer a partir de un nivel de información muy alto, que no tienen otros colegas suyos en otras partes de América Latina, que están desinformados por una política de medios, sometidos permanentemente a un bombardeo frívolo de la televisión.

Estoy contento ahora de que empecemos, aunque todavía tenga muchos defectos y sea una criatura muy débil, con TELESUR. La posibilidad de que tengamos un canal alternativo al monopolio de la CNN es importante. Por ser nuestro, tendrá que ser más eficiente en términos profesionales e informar cada vez mejor, con investigaciones profundas de lo que ocurre, aunque a veces parezca que si uno pone tal cosa o tal otra, le puede hacer el juego al enemigo. Es bueno presentar los hechos como son. Rodolfo Walsh decía: "hay que seguir a los hechos que nunca te van a defraudar" y yo creo en esa filosofía.

En el perfeccionamiento de todas nuestras prensas, la cubana, la argentina, la venezolana, hay un largo camino por recorrer, por distintas razones históricas, pero tenemos todos que procurar tener la lealtad básica hacia el lector, el oyente o el televidente. Esta es proporcionarle los hechos desde nuestra perspectiva, que siempre será subjetiva, no creo en el periodismo objetivo, todo periodista tiene una visión del mundo y lo que informa está teñido por esa visión del mundo. Se debe ser muy riguroso en los hechos, no pueden ser tamizados ni ocultados. Hay que presentarlos tal como son y ayudar a que la comunicación sea de ida y vuelta.

¿Qué les diría a los que lo califican como un "admirador de regímenes autoritarios"?

Les diría que están totalmente equivocados, que tienen mala leche, probablemente tienen mala leche cuando lo dicen. Admiro la obra de la Revolución Cubana, que ellos califican de régimen autoritario. Creo, como dije antes, que esta es una sociedad humanista que ha logrado el mayor nivel de solidaridad y fraternidad al interior de la sociedad misma. Cada sociedad tiene las características que su historia le impone y condiciona. La Revolución Cubana tiene las suyas. El proceso de la Bolivariana ha sido distinto, a través del vehículo electoral. Chávez probablemente, a quien acusan también de autoritario injustamente, debe haber sido el único presidente del mundo que se sometió a un referéndum revocatorio, autorrevocatorio. Ningún presidente de los EE.UU., aunque está previsto por la Constitución, jamás ha convocado a un referéndum revocatorio y mucho menos lo va a aplicar el señor Bush, que subió por fraude electoral comprobado. Así que les niego autoridad moral para decir quién es autoritario y quién no lo es. Y defiendo, eso sí, a cara de perro, la independencia y la soberanía de nuestros respectivos países.

No le doy al imperio ni a sus secuaces, que no son pocos, como decimos en Argentina, ni un tranco de pollo ni un milímetro para juzgarnos. Sigo apostando por la no intervención y la autodeterminación de los pueblos. Cada pueblo se da la forma de gobierno que ha logrado conquistar o considera valiosa. En el fondo de la democracia participativa y no puramente representativa, está si uno actúa en función de la voluntad del pueblo o no, y puede haber diferentes formas jurídicas para llegar a eso. En Cuba están las asambleas populares, hay vida electoral de otro tipo. No voy a discutir ni mucho menos permitir a los señores de afuera que vengan a decirme "no, mira, la verdad es que lo mejor es tener un Partido Demócrata y otro Republicano", cuando en realidad son la misma mierda. Es como si me dijeran usted tiene que ser blanco, anglosajón y protestante. Le concedo a la mayoría del mundo la posibilidad de ser lo que quieran ser.  No creo en esas reglas impuestas, que ojo, han impactado mucho el pensamiento de izquierda.

Hay muchos intelectuales que tienen como una especie de complejo y se cuestionan al dar un paso, si será visto como democrático o no. Pensemos en lo que es la democracia a la americana, como fue en otros tiempos la llamada pax romana. Las legiones romanas imponían la paz a palos. La paz romana era el sometimiento, la democracia norteamericana también es el sometimiento. Son formas de representación carentes de verdadero contenido popular, que sirven a los intereses de las grandes corporaciones y no para que la gente se eduque, para que la gente tenga casa, para que la gente tenga acceso gratis a los medicamentos.

La pregunta es: ¿Maestro, qué significa la democracia? Etimológicamente, significa el gobierno del demos, de la mayoría. ¿Cómo puede, entonces, usted decir que hay un gobierno de mayorías en países donde el nivel de concentración de la riqueza es tal que el 80% de la población puede ser pobre? ¿Cómo hacen para explicarme que ganó la mayoría? Mire, votaron por fulanito y había dos o tres Partidos. Sí, pero el resultado, casualmente, es siempre el mismo. Los que gobiernan poseen los medios de producción. Explíquenme esa democracia, explíquenmela porque no la entiendo bien. No me parece muy democrática esa democracia.

A su juicio, ¿cuál es la principal enseñanza que debe aprender esta generación de la suya?

Tienen que construir desde estas circunstancias, pero tal vez lo rescatable de nuestra generación es que fue íntegra, coherente, que actuó según pensaba y según decía, es decir, que no hay una contradicción entre lo que hablábamos y lo que hacíamos. Fue una generación guevarista. Pero fue lo que nos tocó vivir. Rescataría de esa generación, para las nuevas, la defensa de los principios, vivir de acuerdo a una concepción de la vida. No le exijo a las nuevas generaciones que tengan que dar la vida si no la tienen que dar, porque a nosotros nos correspondió la circunstancia de la lucha y la muerte. A lo mejor a las nuevas les toca, pero ojalá que no, no se los deseo, pero sí que tengan esa generosidad de sí mismos. Los mejores de mi generación lo fueron tanto que dieron sus propias vidas.

TERESITA, VOZ DE PERSONA

TERESITA, VOZ DE PERSONA

JUSTO PLANAS CABREJA,

estudiante de tercer año de Periodismo,

Facultad de Comunicación de la

Universidad de La Habana.

A Teresita Fernández hay que mirarla con los ojos entrecerrados. "Yo creo que con los ojos entrecerrados -dice-, se ve mejor. Los fotógrafos, los arquitectos, cierran un ojo; también para disparar." De esta manera, el sillón de la sala sobre el que se mece se convierte en un trono. El forro es el de una grabadora que le regalaron en el Centro.

Veo la mejor repisa de tantos objetos rescatados del basurero. Y hasta el escritorio de Don Emilio Bacardí conjuga perfectamente con una maceta de plantas que crecen a su antojo, porque Teresita Fernández echa allí todas las semillas que encuentra, a ver si se deciden a nacer. Ahí también viven un busto del niño Martí, y una bandera cubana.

Se mece en su sillón. Un tabaco le adorna permanentemente la boca. Y desde hace una semana, tos tras tos, escupe los restos de una influenza que la dejó ingresada en el hospital un buen tiempo. "Me di cuenta de que iba a cumplir 76 años, que estaba vieja, y no me gustó, porque no me lo sentía. No pensé que la vejez me obligara a estar tan quieta. A fuerza de no cantar las canciones, porque tengo muchas, se me olvidaron los acordes, las letras no tanto. Cuando plantas la botella tienes muchos amigos; pero cuando todo eso se suspende, van escaseando; otros se han ido, otros se han muerto. Entonces casi todo son recuerdos."

Pero si estamos mirando a Teresita Fernández con los ojos entrecerrados sabemos que el próximo 20 de diciembre cumplirá solo otro año más de su eterna niñez: "Psicólogos que he consultado por algunas cosas me han dicho que me quedó por dentro una niña de 6 años, pero que no la maté porque es lo mejor que hay dentro de mí. No es que yo le cante a los niños, es que cuando estoy con ellos me siento una más. Hasta me he buscado problemas por sacar la lengua... Pero soy muy seria, y mucho más profunda de lo que nadie se puede imaginar; pero esa espiritualidad la disfrazo de niña para no ser pedante.

"Cuando me dijeron que los Reyes Magos no existían lloré mucho. Y me explicaron que no era el ratón el que se llevaba mis dientecitos. Pero esta es la hora en que estoy esperando que se me caiga este diente para meterlo debajo de la almohada."

Los personajes de sus canciones infantiles compartieron su niñez en Villa Clara, y el tiempo en que fue maestra. Luego, eligió la pedagogía de la canción. Aprendió guitarra con "un pobre tabacalero que por las noches daba serenatas." Y se fue a La Habana para aplicar "el discurso de Martí a los maestro ambulantes...  Yo tenía un pulóver y una sayita negros que me habían prestado porque me robaron la maleta en el viaje. Por eso es que ahora, para los actos elegantes, me pongo el pulóver negro; para los niños, el azul; y a veces me pongo el carmelita porque es el color de la tierra, y de las alondras.

"La canción es un modo de expresar lo que hablando nadie escucha. Cuando canto no queda más remedio que oírme. Mi tono no es de soprano ni de contralto. Mi voz es, como decía Bola de Nieve, voz de persona. De acuerdo como la tenga, toco."

La letra de sus canciones se llenó de animales y de flores. Y porque "soy una mujer primitiva", su arte fue el mejor traductor de la obra de la naturaleza: "Yo creo, mientras viva, en la naturaleza. El hombre hace edificios, aviones; pero todavía no he visto ninguno que haga un gorrión, ni que le ponga luces a un cocuyo."

Vivió en el Cerro, en la calle Clavel, dentro de una casita de madera rodeada de "setenta y pico de animales". Y después de 25 años, hace poco, se mudó a un edificio: "El cambio ha sido muy brusco. De aquel patio con tantos perros y gatos, y los vecinos, hasta aquí, donde todo es silencio". Ahora les tira desde su apartamento en el piso 12, los huesos del pollo a los perros callejeros que rondan el parqueo: "Y si no se los comen los perros, lo hacen los gatos o los pájaros o las hormigas."

Ya no compone. Su última canción decía: "Me punzó una espina, el dolor eras tú. Cuando la espina me hirió, eras tú. Me encontré la rosa, el aroma eras tú. Cuando la rosa se abrió, eras tú. Pero yo te siento vivir en mí. Yo te siento en la luz de la tarde que cae, siempre tú. Siempre tú. Me creció la rosa. Me creció por dentro. Cuando la rosa creció, el rosal eras tú."

Si pudiera corregir su pasado... "no buscaría amor donde lo busqué... No buscaría el amor... Porque cuando invito a ver el amanecer y me contestan que el sol parece un huevo frito me entran ganas de llorar.

"La gente sin sensibilidad, vulgar, que no ven lo que veo, me dan tanta lástima como un hambriento. Porque el hambriento tiene hambre de comida; pero esto es el hambre de ver la luna, las nubes. La belleza está dentro del que la quiera ver."

Le llega la tristeza cuando no trabaja: "Soy Vanguardia Nacional por sexto año consecutivo por el trabajo desinteresado. Porque me conformo como estoy. Creo que el salario es un sala´o... Había una vez uno que tenía comida pero no sal, le pidió a otro, hicieron un cambio, y comieron los dos."

Recela de los concursos de música infantil porque "se debe trabajar en busca de una música buena. Hay quien cree que la música para niños es de menor categoría, pero detrás de eso está la ganancia; y los niños no tienen nada que ver con ella. Para mí el billete se convierte en un poco de sal. La música tradicional, Naranja dulce, limón partido, Alánimo, se ha difundido muy poco. Y compositores que respeto como Rita del Prado, Enriqueta Almansa, María Álvarez Ríos, tampoco tienen la difusión que merecen."

Grabó un solo disco, "el del gatico Vinagrito, que lo han reproducido y está a la venta". Pero si le preguntan por la poca difusión de su música para adultos, responde: "Yo no conozco a nadie. No conozco productores."

Viaja por amistad con los pueblos, no por dinero. Y en cuanto le dieron un carro lo donó a la Federación de Mujeres Cubanas, que lo necesitaba más: "A mí me preguntaron una vez por qué yo pensaba y hablaba así, y dije que miraba poco para las vidrieras. Porque hay tantas cosas bellas y gratis.

"Hay mentiras que me producen ira, uno de mis pecados capitales." Pero cuando supo que la había heredado de un abuelo torero, la dominó, porque no quería parecerse a un matador de animales.

Tiene en cambio un amor sereno, "un amor que mantengo todavía, lo he encontrado en forma de amistad; porque muchas veces el amor más grande es el que no se toca, el que no se posee."

Admira a Martí por ser cubana; y a Jesús, por católica. Y al punto, aclara: "Soy católica, apostólica, romana, militante; y soy además, bautista, metodista, masona y comunista... porque el sol está brillando para todo el mundo, y llueve parejo para todo el mundo y el aire todavía no lo han embotellado."

La fotografía de un gato que la mira en blanco y negro denuncia que Teresita Fernández pertenece a una familia grande, la de todos lo hombres del mundo, y más aún, de todo lo vivo. Su gusto musical es igual de inmenso. Shubert, Chopin, Beethoven; Adolfo Guzmán... el tango, el flamenco... Damisela encantadora.

"Para mí todo tiene música. Todo. El aire cuando pasa por los árboles. El agua cuando cae... esto que te voy a decir es una vulgaridad para una entrevista, pero la gente que me conoce sabe que soy verdadera: el mismo tanque del inodoro: después de que halas la cadena puedes oír como hace [tararea un vals] hasta que se llena."

Su poeta preferida es Gabriela Mistral, "porque creó un lenguaje nuevo". Siempre aconseja la lectura: "He leído mucha poesía, por eso sé que la gloria del mundo pasa, pero lo que sirve, queda." Un poemario de la Premio Nobel de Literatura engalana su mesa como un ramo de flores: "Mi flor preferida es el romerillo, que es silvestre y medicinal."

Teresita Fernández no está sola, aunque lo parezca. Su casa vive poblada de imágenes y sonidos que solo sabe reconocer una experta como ella. A veces su vecino, deportista de un equipo nacional, toca a la puerta para pedirle prestada una fosforera. Cada domingo el cura manda que le lleven la comunión... Y los días seguirán "como Dios quiera."

Los recuerdos de 76 años, de vez en vez, atraviesan las habitaciones y rompen la cortina de humo del tabaco. Y de pronto está jugando nuevamente en la loma del Capiro. Se mete en los ríos, pesca guajacones, y caza cocuyos. Entonces parece como si todo volviera a repetirse: "Puedo imaginarme la diferencia entre el perfume de la rosa y el del jazmín. Yo vivo del recuerdo de la rosa."

COMO HIJO PROPIO

COMO HIJO PROPIO

IRAIDA CALZADILLA RODRÍGUEZ

Foto: José M. Correa

Emilio Cordero Michel ha dedicado una gran parte de su vida como académico a estudiar la figura de Máximo Gómez en su trascendencia anclada entre dos patrias. A un lado del corazón El Viejo llevó a República Dominicana, donde nació. Y del otro, entrañablemente, a Cuba, esta tierra a la que dedicó esfuerzos, resolución, lealtad y abnegación, y le hizo decir que en la Guerra de los Diez Años jamás el sol de ella le calentó un día fuera del campamento o del campo de batalla.

El Vicepresidente de la Academia Dominicana de la Historia y Profesor de Mérito de la Escuela de Historia y Antropología de la Universidad Autónoma de Santo Domingo, ha estado en Cuba por unos días. Aquí, se admiraba, el Generalísimo es respetado, asumido como hijo propio y como hombre universal, y su nombre lo llevan una academia militar y escuelas, sus esculturas están ahí, a la vista de todos, y no hay cubano desconocedor de ese mambí maestro de generales.

No hacen falta fechas "cerradas" para que a Máximo Gómez los cubanos le rindan homenaje permanente, que va desde sencillísimos actos escolares y ofrendas florales venidas de las manos de los pequeños, hasta conversatorios y jornadas científicas en las cuales se ahonda en la vida, pensamiento y acción de quien fue el primer guerrillero de América, el militar que estrenó en Cuba la carga al machete en la Guerra de los Diez Años contra una columna de 700 efectivos comandada por el coronel Demetrio Quirós.

Pero Cordero Michel ofrece otra cara de la moneda cuando explica que en República Dominicana Gómez es solo recordado pálidamente, y pone como ejemplo que hace apenas dos años, en el centenario de su muerte, se le dedicó una semana de homenaje que incluyó conferencias, paneles, proyección y debate de películas, ofrendas florales, visita a la Casa-Museo de Montecristi y presentación de varios libros, entre ellos Máximo Gómez: El Viejo Mambí, de la periodista cubana Mercedes Alonso Romero.

"Máximo Gómez en mi país, el suyo, es casi un desconocido, apenas una importante avenida que lleva ese nombre. En Baní, donde nació, se le recuerda con más frecuencia en el aniversario de su nacimiento y allá hay un politécnico donado por los cubanos, en el que unos 400 estudiantes se especializan en diversas disciplinas."

Desconocer la historia responde a una política llevada adelante por diferentes gobiernos nuestros manejados por los yankis, y que intenta desnacionalizar a la juventud dominicana, explica el catedrático. Para detener esta situación y que los más nuevos conozcan su pasado, la Universidad Autónoma de Santo Domingo, a la que pertenezco, intenta crear una cierta base social e histórica entre los estudiantes, pero las deficiencias que arrastran los bachilleres son muy grandes y como consecuencia, pocos los avances.

En ese anidar y desanidar afectos, el historiador llama a estudiar más, en cualquier parte, a la figura emblemática que "no solo brilló en lo militar, sino que fue más que eso: un pensador. Esa es precisamente la arista que menos se conoce, la de un hombre que habló de repartir la tierra entre los campesinos, de socialismo, de la unidad antillana contra los yankis".

En Cuba, señala, conoció la esclavitud y la brutal discriminación racial. Eso lo impactó, pues no era esa la situación en República Dominicana. También lo marcaron las condiciones de vida paupérrimas de los campesinos y colonos.

Entonces, en una vuelta a las notas autobiográficas de El Viejo, se lee: "(...) Cuba, país de esclavos; no había conocido yo tan fatídica y degradante institución y ni siquiera había podido tener una idea cabal de lo que era eso (...) muy pronto me sentí yo adherido al ser que más sufría en Cuba y sobre el cual pesaba una gran desgracia: el negro esclavo. Entonces fue que realmente supe que yo era capaz de amar a los hombres (...)".

Para el historiador, el pensamiento social del Generalísimo no se asienta precisamente en el aprendizaje de escuelas. Habrá que encontrarlo, dice, metido en lo profundo de los campos de Cuba y la pobreza de sus gentes, y en las estancias breves o prolongadas en Jamaica, Honduras y Panamá. Tendrá que estudiarse más sobre sus experiencias en Laguna Salada, Montecristi y La Reforma dominicana, y el contacto con obreros de Nueva York, Boston, Nueva Orleans y Tampa.

De un Gómez antimperialista y que tuvo la visión de lo que iba a ocurrir en esta parte del mundo con la agresión norteamericana, también habla Cordero Michel. Entonces, repaso documentos y el pensamiento del Generalísimo llega en "(...) los americanos están cobrando demasiado caro con la ocupación militar del País, su espontánea intervención, en la guerra que con España hemos sostenido por la Libertad y la Independencia (...) el día que termine tan extraña situación, es posible que no dejen los americanos aquí ni un adarme de simpatía (...)".