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Isla al Sur

Nosotros, los del 280

DE LA UNIVERSIDAD SOY HIJO Y A ELLA ME DEBO

DE LA UNIVERSIDAD SOY HIJO Y A ELLA ME DEBO

Con 41 años de trabajo, el pedagogo Roberto de Armas está agradecido de la formación que obtuvo en la casa de altos estudios habanera.

LISANDRA DÍAZ PADRÓN,
estudiante de primer año de Periodismo,
Facultad de Comunicación,
Universidad de La Habana.

La Universidad de la Habana es una institución que ha visto formarse a los mejores hijos de esta nación. En más de dos siglos de fundada se ha convertido en el hogar de todos los que han pasado por ella. Hay quienes no se conforman  con solo haber transitado por la etapa estudiantil y continúan siendo parte de su historia.

Roberto de Armas Urquiza es una de esas personas que se identifica incondicionalmente con la casa de altos estudios, pues hombre que no se rinde ante las tareas que le proporcionan dentro de su profesión, para él dedicar un espacio de su vida a la enseñanza superior es algo especial. Profesor e investigador de la Facultad de Biología, es colaborador del Ministerio de Educación Superior, y asesor del Centro de Estudios de Administración Pública de la Universidad de la Habana.

En sus 41 años de trabajo este pedagogo ha sido jefe de departamento, vicedecano docente y durante más de tres lustros se desempeñó como director docente metodológico. Ha recibido numerosas distinciones, dos de ellas por parte del Ministro de Educación Superior por su labor en la investigación y el postgrado. Cuenta con premios otorgados por la Academia de Ciencias. Tiene el honor de haber merecido las condecoraciones Frank País y Carlos J. Finlay, y el orgullo de haber sido uno de los primeros profesores de la Universidad en recibir esta última distinción. Es Vanguardia Nacional, tiene más de cien publicaciones en revistas y es autor de cinco libros de investigación científica y docente.

-¿Cuál es su responsabilidad en el Centro de Estudios de Administración Pública?

Dirijo el proceso de evaluación externa y de acreditación de todas las carreras de pregrado, junto a un comité técnico que está formado por especialistas de alto nivel que proceden de distintos lugares del país. Además, asesoro directamente la aplicación de las nuevas tecnologías en el desarrollo docente.

-¿Cómo llega al centro?

Casi por casualidad. Al graduarme en 1974 de profesor de Química comencé a realizar distintas funciones hasta ocupar el puesto de vicedecano docente en la Facultad de Biología durante cinco años. En aquel entonces se produjo un cambio estructural en la Universidad de La Habana y por mi preparación y desarrollo metodológico asumí la dirección metodológica de la Universidad. Durante 17 años trabajé en el perfeccionamiento curricular. Cuando aún desempeñaba la dirección docente, conformé el Comité Técnico Evaluador de Carreras y colaboré con los procesos de acreditación. Al principio asumí ambas funciones. Debido al exceso de trabajo me liberaron como director metodológico. Por esa época se fundó el Centro de Estudios de Administración Pública. Comencé a colaborar con su directora, Lourdes Tabares, en la conformación de la institución, aparejado con ello continué siendo profesor en la Facultad de Biología.

-¿Tiene planes de publicar alguna obra sobre la labor que realiza en el centro? 

Tengo la información necesaria, pero no estoy en condiciones de hacerlo. Escribir una obra requiere de mucha actividad mental y tengo demasiado trabajo. No obstante, sí he elaborado en el centro materiales sobre la calidad en los cursos no presenciales.

-¿Qué siente al saber que forma parte de la Enseñanza Superior?

Me gusta la Educación Superior. Creo que no soy profesor de un centro, ni de una facultad, sino de la Universidad en general, siento orgullo de ello. Para mí es muy importante que mis alumnos, compañeros y amigos en el extranjero me identifiquen como profesor de la Enseñanza Superior Cubana. En primer lugar, porque este nivel  se ha ganado mucho respeto dentro y fuera del país, por tanto, ser partícipe de él es algo grandioso. Por otro lado, tengo 41 años de labor profesional y lo único que he hecho es trabajar en la Universidad. La institución se ha convertido de cierta forma en mi casa, mi vida y mi historia. Soy de la Universidad, me formé, aprendí y le debo a ella todo lo que sé. Me he entregado y lo seguiré haciendo mientras tengas fuerzas.

-¿Cómo era la Universidad de su generación?

Soy de una generación que llega a una Universidad vacía, donde no había casi profesores. Muy jóvenes los alumnos tuvimos que asumir un papel prácticamente igual que el de esta generación. En segundo año comenzamos a dar clases. Éramos maestros por la mañana en la Facultad y por la noche para el curso de trabajadores. Eso  permitió que  nuestra formación se enriqueciera. También en aquella época se nos asignaban un sinnúmero de tareas sociales y científico-técnicas. Uno sentía que ayudaba a resolver problemas concretos de difícil solución. Fue mucho lo que aprendí, pero a la vez se construía una obra: la Universidad actual.

-¿Cuál es su visión acerca de la Universidad de hoy?

Creo que la Enseñanza Superior cubana actual es muy buena. Se perfecciona continuamente, aunque pienso que es mucho lo que nos falta por hacer. Su mayor responsabilidad en este momento radica en lograr una masividad con calidad, ya que el crecimiento asciende a cinco veces aproximadamente. El gran reto está en que existan profesores mejores preparados que ayuden a la formación de nuestros futuros profesionales. 

-¿Considera que la masividad en la Enseñanza Superior perjudica la calidad de la preparación de los estudiantes?

Pienso que la calidad depende del propio autoaprendizaje colaborativo de los jóvenes y que todo no se centre en la enseñanza del profesor. Para esto hay que lograr una motivación en el educando y una infraestructura de materiales adecuados.

Por otro lado, se requiere de una buena preparación del maestro para que él sea quien dirija, oriente y controle ese proceso. Si se logra el vuelco de calidad por la masividad, eso no solo va a tener trascendencia en la propia Universidad sino en las sedes municipales. Este fenómeno nos lleva a cambiar nuestras formas de enseñar.

Ese cambio, apoyado en las tecnologías de la información y las comunicaciones, propiciará que se gradúen profesionales más independientes y preparados para la vida. Pienso que a medida que haya un incremento, seguiremos buscando nuevas alternativas.

-¿Cuáles cree usted sean los principales problemas que presentan los estudiantes que ingresan a la Universidad?

El mayor problema de estos jóvenes radica en la caligrafía y ortografía, elementos vitales en un futuro profesional. No escribir correctamente le puede llevar a uno a no pensar como se debe, ya que lenguaje y pensamiento van de la mano. Por lo tanto, es algo que preocupa, porque se necesita un pensamiento analítico y reflexivo para estudiar en el nivel superior y para el desenvolvimiento en la vida. Son deficiencias que tenemos y que es responsabilidad tanto del preuniversitario como de la propia Universidad.

-¿Cómo puede llevar a la vez la investigación y la labor como asesor?

Trato de relacionar la investigación con las demás tareas. Tengo dos líneas de investigación, una que tiene que ver con el perfeccionamiento del currículo, por tanto, de mi trabajo diario voy sacando mi investigación. La otra está relacionada con la docencia, es decir, con mi labor en la Facultad de Biología. Esto implica utilización máxima del tiempo y unirse siempre con personas que realmente amen el trabajo y se conviertan en colaboradores tuyos. 

-¿Si le dieran a escoger entre todo lo que hace, con qué se quedaría?

Si tuviera que dejarlo todo y quedarme con solo una cosa, nunca abandonaría mi intercambio con los estudiantes de pre y postgrado porque eso es lo que realmente me mantiene vivo y fresco.

-¿Ha pensado en el retiro?

No.

-¿Por qué?

Muchas personas no se retiran por problemas económicos. En mi caso no me jubilo porque aún me considero útil, creo que mi trabajo es factible para la Educación Superior y todavía logro que mis estudiantes se sientan satisfechos con mi labor. El día que mis alumnos se aburran y yo no sea capaz de aportarles nada, quisiera que un amigo me dijera que es hora de retirarme… quizás yo no sea capaz de darme cuenta.

-¿Cuál es su mayor satisfacción?

Me considero un buen investigador y un profesional logrado, pero mi satisfacción está cuando doy clases en el pregrado con los jóvenes, cuando el alumno se me acerca con respeto y mucha admiración porque haya sido su profesor, eso son cosas que no se explican con palabras, pero uno es capaz de verlo en los ojos de ellos. Ese respeto y orgullo que percibo en los estudiantes me revitaliza, llena el espíritu de sustancia y dan la razón de ser.

-¿Cómo es el apoyo de la familia?

Total. Mi familia, de cierta forma, está metida en la misma rueda. Mi esposa es profesora en la Facultad de Química, nos graduamos juntos. Mi hijo trabaja en el establecimiento de red informática y su esposa es también profesional, pertenece a la Oficina del Historiador. Nos entendemos muy bien, nos ayudamos y divertimos cuando hay que divertirse. Realmente me siento acompañado y apoyado.

-¿Qué mensaje envía a la juventud cubana?

Que se esfuerce y estudie mucho, que en la vida con tenacidad y sacrificio se logra lo que uno se propone. Recomiendo, además, que se divierta bastante porque la juventud es una sola, pero con responsabilidad y capacidad para llevar ambas cosas. Que sean buenos compañeros y amigos en el sentido de colaboración y ayuda.

Esta entrevista forma parte del libro en preparación Nosotros, los del 280, escrito como examen final del género por alumnos de Periodismo de la Facultad de Comunicación de la Universidad de La Habana, a propósito del aniversario de la casa de altos estudios cubana.

FICHA TÉCNICA:

OBJETIVO CENTRAL: Conocer acerca de la vida del profesor Roberto de Armas.

OBJETIVO COLATERAL: Reflejar sus criterios acerca de la Enseñanza Superior. Destacar sus puntos de vista. Cómo es su vida personal.

TIPO DE ENTREVISTA:
Por su forma: Clásica
Por su contenido: Personalidad
Por el canal que se obtuvo: Directa

TIPO DE TÍTULO: De alusión o frase literaria
TIPO DE ENTRADA: Biográfica
TIPO DE CUERPO: Preguntas y respuestas
TIPO DE CONCLUSIÓN: De comentario del entrevistado

FUENTES CONSULTADAS: El entrevistado, Roberto de Armas. Fuente directa, activa.

INCIDEN INVESTIGACIONES CIENTÍFICAS EN BIOMEDICINA E INDUSTRIA

INCIDEN INVESTIGACIONES CIENTÍFICAS EN BIOMEDICINA E INDUSTRIA

Resultados relevantes del Centro de Estudios de Proteínas de la Universidad de La Habana, en la terapéutica del SIDA y la malaria, en tratamientos anti-tumorales y en el desarrollo de sustancias biodegradables.

IBIS ISABEL FRADE BRITO,
estudiante de primer año de Periodismo,
Facultad de Comunicación,
Universidad de La Habana.

Para contribuir al desarrollo de la biomedicina y la industria, el Centro de Estudio de Proteínas (CEP), adscrito a la Facultad de Biología de la Universidad de La Habana, realiza actualmente numerosas investigaciones con el propósito de obtener nuevas proteínas naturales y recombinantes.

Desde su surgimiento en el 2000, el CEP ha logrado una alta repercusión en trabajos relacionados con la búsqueda de extractos de especies marinas y bacterianas de potencialidades terapéuticas en el tratamiento del virus de inmunodeficiencia humana (VIH) y la malaria, así como en el diseño de tecnologías para obtener productos de interés en la biomedicina, informó la doctora María E. Lanio, vicedirectora del centro.

De manera conjunta con el Centro de Inmunología Molecular, la institución trabaja en diferentes líneas de investigación como la obtención de inhibidores de proteasa –enzimas que destruyen proteínas-, y la construcción de inmunotoxinas en los laboratorios para atacar células tumorales.

La doctora Lanio explicó que los inhibidores de proteasa, obtenidos y caracterizados por el Centro, pueden tener aplicaciones en el control de procesos relacionados con la coagulación sanguínea, la inflamación y el crecimiento tumoral, y también se utilizan en la producción de reactivos diagnosticadores que emplean hoy el Centro de Inmunoensayo y  el Instituto Nacional de Endocrinología del Ministerio de Salud Pública.

La inmovilización de proteínas posibilitó el desarrollo de bio-reactores como el Miolatex, un diagnosticador útil en la detección temprana de infarto del miocardio, preparado a partir de látex y un tipo de proteína llamado mioglobina.

El Centro de Estudio de Proteínas también desarrolla una sustancia biodegradable que se utiliza en la producción de envases, materiales de curación e implantes óseos, y asesora la transferencia de estas tecnologías al Ministerio del Azúcar.

Esta institución surgió como resultado del desarrollo investigativo alcanzado por el entonces Grupo de Objetivos Priorizados de Proteínas de la Facultad de Biología de la Universidad de La Habana.

Su trabajo de caracterización estructural y funcional de nuevas biomoléculas le permite realizar publicaciones científicas en revistas internacionales de gran impacto y presentaciones de ponencias en eventos científicos nacionales e internacionales.

Ficha técnica:

Tipo de Título: Informativo o noticioso
Tipo de Lead: Sumario de Para qué
Tipo de Cuerpo: Lead + Pirámide Invertida + Dato Adicional

Valores-noticia: Repercusión o consecuencia, Progreso, Proximidad o cercanía.                     

¡ORGULLOSO DE SER PROFESOR!

¡ORGULLOSO DE SER PROFESOR!

Jesús Bárbaro Alemán Insua, docente de la Dirección de Cultura Física, habla de sus estudios y sobre la Universidad de La Habana, la institución de enseñanza superior más grande del país.

LUONG MAI PHUONG,
estudiante de primer año de Periodismo,
Facultad de Comunicación,
Universidad de La Habana.

Alto, blanco, delgado y sabio es Jesús Bárbaro Alemán Insua, profesor de judo en la Dirección de Cultura Física de la Universidad de La Habana (SEDER). Lleva 42 años de profesión, es cinta negra, quinto dan del judo y cinta negra primer dan del karate. Ha obtenido premios en varios eventos científicos y participado en diversos congresos.

Jesús Alemán estudió licenciatura en Cultura Física y es Máster en Ciencia de la especialidad de judo para alto rendimiento. Anteriormente fue militar por cuatro años en las Fuerzas Armadas Revolucionarias y después instructor de disciplina deportiva en el Coliseo de la Ciudad Deportiva.

-¿Cómo fue su primer contacto con el judo?

Desde pequeño me incliné por los deportes. A los cinco años practicaba fútbol. Jugué en la primera categoría a los 16 años. Cuando tenía 17, vi una competencia de judo, me gustó y me llamó la atención las técnicas en general; desde ese momento empecé a ejercitarlo.

Lo estudié con un profesor cubano y otro de origen finlandés, llamado Andrés Kolychkine Thompson, fundador de ese arte marcial en Cuba. Además de mi maestro, él fue también mi compañero de trabajo en la Universidad. Tuve, además, oportunidad de estudiar con el coreano Han Chang Hee, quien con sus entrenamientos aquí empezó a mejorar los resultados de nuestros deportistas a nivel mundial.

-¿Cuáles son las características de su especialidad?
 
El judo me gusta porque no solo ayuda físicamente, también hay que alcanzar un alto nivel de maestría a la hora de demostrar las técnicas. Además, ese deporte es una disciplina excelente para lograr el mejoramiento de la personalidad, y de las relaciones sociales con los demás.

En el las técnicas son de proyección arriba y de sujeción en el suelo; entonces arriba existe la técnica de ataque directo, contraataques defensas y esquivas. Abajo es de inmovilización, luxación, estrangulamiento y combinación. Es un deporte que fortalece en general lo físico y lo mental mediante años de práctica sistemática.

-¿Cómo valora su etapa estudiantil?

Como fructífera porque participaba en muchas cosas, sobre todo en actividades de la Revolución. En aquel entonces era importante que la juventud estuviera vinculada a esas acciones, practicara deportes como el mismo Fidel quería. El Comandante en Jefe decía que no se concebía un joven, un estudiante que no fuera deportista. Tuve una formación muy sana porque estaba siempre estudiando, trabajando o haciendo deportes, tenía la mente ocupada en esas cosas.

-¿Qué significa para usted la Universidad de La Habana?

En la Universidad he tenido muchas experiencias. Cuando entré a los 21 años, sabía lo que era este centro de altos estudios y las luchas estudiantiles de Julio Antonio Mella y José Antonio Echeverría. Dentro de mi alma está la Universidad de La Habana, no puedo retirarme o irme para mi casa y aunque ya estoy en edad de jubilación, no pienso hacerlo porque me siento muy bien con mi trabajo. Todavía quiero ayudar a los jóvenes, sobre todo, contribuir a su educación, formación, darles mis conocimientos. Eso es para mí una gran satisfacción. Mi vida son la Universidad, la Revolución, el deporte, mi familia, mi pueblo.

Desde el punto de vista político, la Universidad de La Habana tiene su propia historia. Este mismo salón, el estadio, la Colina, el Alma Mater…, uno recuerda que en este lugar se inauguró en tal año tal cosa o habló Mella, Rubén, o Fidel estuvo sentado en ese banco…También es un orgullo sus maestros ilustres, profesores que han pasado y han seguido fuertemente sus huellas, son nuestros paradigmas. Recordamos con mucho amor y sentimiento a nuestros mártires, ellos son los hermanos inolvidables.

Mi familia no es grande. Para mí fue difícil la etapa juvenil, éramos cinco hermanos, y a los cuatro años murieron mis padres y dos hermanos mayores. Me quedaba con mis hermanitas, las cuidaba… Ahora ellas ya tienen familias propias. No tengo hijos, y la Universidad la considero como mi otro hogar. Aquí me llevo bien con mis compañeros, me encanta mi trabajo, y los alumnos son como mis hijos.

-¿Por qué es importante para el estudiante universitario practicar deportes?

Es importante la educación física porque su formación integral está concebida en varios aspectos y el deporte le ayuda física y psicológicamente. Por ejemplo, cuando tú estás muy cargada de estudios, vienes y haces ejercicios una o dos horas, te sientes bien y, cuando sales, vas cansada, pero contenta. Las capacidades de trabajo se incrementan con la práctica de deportes, se desarrolla la inteligencia.

En 1962, con la Reforma Universitaria se implantó la práctica de educación física como una asignatura y se impartía generalmente en los tres primeros años. Después, la educación física se dejó solo para los dos primeros años. Claro, la exigencia, la carga del estudio se ha profundizado más y el volumen de docencia y práctica es mayor. Todo contribuye a su formación: las actividades culturales, políticas, revolucionarias a la que la patria llama a sus hijos.

Son muchas cosas a las que el estudiante debe prestar atención. Por eso, la educación física no es posible darla todos los días, lo que no significa que no realicen deportes quienes se hallan en los últimos años. Los dos primeros cursos reciben educación física como guía, para que el joven pueda seleccionar el deporte que le gusta y practicarlo en los años siguientes. Después, todavía pueden participar los que quieran en torneos como los Juegos Interaños, provinciales y nacionales… 

-¿Qué puede decir sobre el SEDER?

La Universidad se inauguró en la Colina en 1902. El 7 de mayo empezó el traslado de San Juan de Letrán para la Loma de Aróstegir. Después, se fueron creando el Aula Magna en 1911 y siguieron facultades como las de Química, Derecho, Filosofía e Historia, Física…Así fueron fundándose las facultades y sus edificios. Entonces, desde 1902 comenzó el estudiantado en el estadio. Ellos hacían carreras de “track and field”, es decir, de campo y pista y hacían baseball, baloncesto, tenis del campo…Pero en 1916, el Gobierno le cedió a la Universidad el Torreón de la Chorrera en el Malecón para que los remeros de la Universidad pudieran remar en ese lugar. En 1918 se compraron estos terrenos y el 15 de marzo de 1922 empezaron los primeros trabajos para la construcción del estadio. El principal promotor fue Julio Antonio Mella.

Entonces, se creó en el 16 de enero de 1922 la Comisión Atlética Universitaria (CAU), en la cual Mella fue su vicesecretario y empezaron a reunirse y a formular ideas que conllevaron a establecer la comisión pro-estadio, la cual sirvió para recoger fondos mediante donaciones hechas por los profesores universitarios, instituciones y por parte del gobierno provincial presente en aquel año. Gracias a esta contribución se pudo ir haciendo el estadio poco a poco y quedó inaugurado oficialmente el 22 de noviembre de 1939.

En aquellos tiempos los atletas universitarios competían tanto a nivel nacional como internacionalmente, se iba a muchos lugares, sobre todo a Estados Unidos, se participaba en competencias de remos, fútbol americano, baloncesto, baseball… Es importante destacar que en esa época había muy buenos competidores en la Universidad, tanto es así que muchos de ellos pasaban a formar parte de la preselección nacional del país en las distintas modalidades.

Después del triunfo de la revolución, en 1960 el estadio toma el nombre de Juan Abrahantes en honor al comandante de la revolución Juan Abrahantes Fernández, quien murió en un accidente de aviación el 23 de septiembre de 1959. Luego continuaron las actividades deportivas y gracias al triunfo de la revolución se compitió a nivel mundial con otras universidades como las de Brasil y Bulgaria.

-¿Cómo valora usted el hecho de que la Dirección de Cultura Física sea un lugar especial donde se reúnen estudiantes de toda la Universidad?

El SEDER es el centro deportivo universitario donde practican todos los alumnos de las diferentes facultades pertenecientes a la Universidad de La Habana. Aquí se dividen en diferentes deportes como atletismo, natación, pelota, fútbol, baloncesto, judo, etc., los cuales son practicados en diferentes días y horarios. Acá asisten no solo los estudiantes de nuestra casa de altos estudios, sino también de otros institutos superiores, primarios, secundarios e invitados en general.

-En su criterio, ¿cuánto ha cambiado la Universidad de La Habana en los últimos años?

Ha cambiado mucho en función del desarrollo del pueblo, pues es un principal objetivo de la Revolución abrir todas sus puertas para aquellos que deseen estudiar y superarse. Se ha trabajado intensamente en desarrollar los programas de estudios y en proyectarlos para que sean cada vez más integrales para los alumnos. Por tal razón, se ha formado en los profesores capacidades desde el punto de vista metodológico y pedagógico para ofrecer los conocimientos al estudiantado. En su gran mayoría los docentes de la UH son doctores o Master en Ciencias de las diferencias especialidades. Por eso, Cuba ha alcanzado un alto nivel en la formación y educación, que brinda a partir de la cooperación a los países latinoamericanos, africanos y asiáticos de manera solidaria y desinteresadamente.

Además, en nuestro país se han desarrollado diferentes tipos de enseñanzas atendiendo a las necesidades de la educación como son la educación a distancia y la universalización en las redes municipales; es decir, se ha desarrollado la Universidad en cada municipio y a ella pueden asistir los trabajadores. También se abrió la posibilidad de estudiar a las personas de la tercera edad.

-Una frase latina dice: “Mente sana, cuerpo sano”, ¿cómo usted la interpreta?

Cuando una persona tiene pensamiento positivo, conocimiento adquirido con el estudio y la lectura, está incorporando en su cuerpo salud, ya que cuanto más conozcamos acerca de diferentes aspectos de la vida, agregamos a él buenos hábitos: todo ello garantiza un cuerpo sano.”

Esta entrevista forma parte del libro en preparación Nosotros, los del 280, escrito como examen final del género por alumnos de Periodismo de la Facultad de Comunicación de la Universidad de La Habana, a propósito del aniversario de la casa de altos estudios cubana.

Ficha técnica:

Objetivo central : Entrevista al profesor Jesús Bárbaro Alemán Insua, de la Universidad de La Habana.

Objetivo colateral: conocen aspectos sobre su vida cuando era estudiante, sobre el judo y la importancia de la educación física en el nivel  universitario.

Tipo de entrevista :

Por su forma: Clásica de preguntas y respuestas.
Por su contenido : De opinión.
Por el canal que se obtuvo : Encuentro directo

Tipo de título : De referencia al entrevistado.
Tipo de entrada : De presentación.
Tipo de cuerpo : De preguntas y respuestas.
Tipo de conclusión : Opinión del entrevistado.

Fuentes consultadas : Directa.


INNOVACIONES PARA EL 2009

INNOVACIONES PARA EL 2009

El Centro de Investigaciones de Biomateriales (BIOMAT) aporta alternativas viables al desarrollo de la salud pública en Cuba.

YOHANNA DÍAZ VEGA,
estudiante de primer año de Periodismo,
Facultad de Comunicación,
Universidad de La Habana.

Los investigadores del Centro de Biomateriales de la Universidad de La Habana (BIOMAT) se proponen concluir antes del 2009 la producción de seis nuevos materiales biomédicos con gran demanda en el Sistema Nacional de Salud, informó José Ángel Delgado García Menocal, director en funciones de la entidad.

Los nuevos biomateriales podrán reparar, sustituir o regenerar algunos tejidos en el organismo humano. Su aplicación elevará la eficiencia de la investigación y la asistencia médica en todo el país, especialmente en la estomatología y la ortopedia.

El sellante para fosas y fisuras dentales, Curiden, y el cemento óseo–acílico Bonacryl, figuran entre esos productos a distribuir en instituciones especializadas del Ministerio de Salud Pública (MINSAP). Los pacientes del hospital capitalino Hermanos Ameijeiras serán los primeros en recibir sus beneficios.

Biomateriales en la actualidad produce y comercializa el cicatrizante de heridas Tisuacryl, el reactivo para el diagnóstico de enfermedades en humanos, animales y plantas Multiletex, y el granulado  para restauraciones óseas Apafill–G. Con sus ventas en el mercado  intencional ingresa a la economía nacional, cifras  superiores a los 242  mil CUC. Registros médicos en Cuba, México, Colombia y Brasil certifican la calidad de estos productos.
    
Desde su fundación en1991, BIOMAT asesora en trabajos de curso, postrados y practicas docentes, a estudiantes y profesores de las facultades de Química, Física, Biología y Contabilidad, todas de la Universidad de La Habana.

Ficha Técnica: 

Tipo de Título: Genérico.
Tipo de Lead: De Cita indirecta
Tipo de Cuerpo: Lead + Pirámide Invertida + Dato Adicional

Valores-noticia: Interés humano, repercusión, progreso.

¿QUIÉN LE PONE EL CASCABEL A ESTADOS UNIDOS?

¿QUIÉN LE PONE EL CASCABEL A ESTADOS UNIDOS?

Investigadores cubanos estudian la realidad económica y sociopolítica norteamericana.

Texto y foto:

ANA LIDIA GARCÍA HERNÁNDEZ,
estudiante de primer año de Periodismo,
Facultad de Comunicación,
Universidad de La Habana.

El ingenioso David estudia cada embestida de Goliat y con su honda enfrenta toda fortaleza. El Centro de Estudios sobre los Estados Unidos (CESEU) de la Universidad de La Habana utiliza la investigación para seguir de cerca la realidad de la potencia  norteña.

La institución centra su trabajo en el desarrollo de investigaciones sobre los aspectos políticos, ideológicos, sociales y económicos norteamericanos: “La actividad científica nos facilita  la preparación de investigadores capaces de suministrar informaciones necesarias”, sostuvo el secretario del Partido Comunista en la instalación, Ariel Aguilar.

El centro constituye una fuente inagotable de información al poseer una colección de 5 226 títulos, muchos de ellos únicos ejemplares en Cuba, como es el caso de  La Institucionalización de la Hegemonía Hemisférica en el siglo XXI,  comentó la bibliotecaria de la entidad, Teresita Gámez.

El CESEU publica libros, monografías, artículos, ponencias, ensayos e  informes para  socializar sus resultados de investigación en Cuba y en el extranjero. Recientemente presentó el libro Estados Unidos en el siglo XXI: procesos sociopolíticos, economía y relaciones internacionales.

En su calidad de sede académica abre las puertas a los estudiantes e investigadores de todos los centros de la Educación Superior del país y del mundo.

La institución participa todos los años en eventos internacionales  en apoyo a la integración latinoamericana, un ejemplo resulta la participación del director del centro, doctor Jorge Hernández, en el Congreso de la Facultad Latinoamericana de Ciencias Sociales (FLACSO), en Quito, Ecuador.

Ficha Técnica:
 
Tipo de titulo: Llamativo
Tipo de lead: De fantasía
Tipo de cuerpo: Lead + Pirámide invertida + Dato adicional

Valores noticia: Actualidad, Interés colectivo, Cercanía o proximidad.

“UNIVERSITARIO POR SIEMPRE”

“UNIVERSITARIO POR SIEMPRE”

Así se autodefine el Profesor de Mérito, Julio Fernández Bulté, quien afirma vivir un poquito más porque los estudiantes le insuflan vida, ¡más que una inyección!

DESIRÉE SOCARRÁS LÓPEZ,
estudiante de primer año de Periodismo,
Facultad de Comunicación,
Universidad de La Habana.

Los años vividos, las experiencias y las anécdotas se desgranan de sus palabras. La piel, el cabello, la dificultad para caminar y respirar, golpean el rostro de quien espera encontrarse al carismático profesor de Derecho, pero cuando inicia el diálogo todo cambia, se transforma en un joven impetuoso: gestos que subrayan lo que con su voz expresa, mirada amplia como el cielo, sonrisa contagiosa, elocuencia desbordada en conocimientos, cultura cubana, así es el Doctor en Ciencias, Julio Fernández Bulté, Profesor de Mérito de la Universidad de La Habana. Solo un minuto con él y ya, sin dudas ni contemplaciones, se siente al amigo, al compañero, al hijo del Alma Mater.

-¿Cuándo y qué motivos impulsan a Bulté estudiar Derecho, Ciencias Jurídicas?

Creo que desde que tenía 6 años ya había tomado la decisión de ser abogado. El profesor Miguel Estéfano Pisany, quien luego fue mi profesor y era muy amigo de mi papá, me dedicó un libro, un Código Civil, y en la dedicatoria me nombra con el título de Doctor, y para es fecha yo solo tenía esa edad.

Luego, ese interés por el Derecho lo completé con la idea de la justicia social. El abogado es el portador y el atleta de la justicia social, y en la medida que me iba convirtiendo más y más en un revolucionario reforzaba mi vocación de ser jurista.

-¿La educación recibida en la Universidad jugó un rol en la formación de su pensamiento revolucionario?

Mira, la revolución surge, no en el cerebro, no en el pensamiento, en el hígado. Es la resistencia a lo mal hecho, es el odio a la injusticia, es la indignación ante el abuso, ante la miseria de los humildes. Después es que uno matiza, organiza y cohesiona todo esto con un pensamiento teórico, en eso sí tuvo que ver la Universidad, en organizar mis lecturas, en hacer de mí un hombre con conocimiento de Economía Política, Filosofía, etc. Pero mi pensamiento revolucionario empezó con la rebeldía que se retuerce en el hígado.

-Si cierran la Universidad, ¿cómo se gradúa?

Yo no tuve graduación. Esto sucede porque después que abren la Universidad, regreso tarde, pues estuve dos años en la guerra y uno en el Movimiento Obrero. Luego me incorporo a los “Cursos de Liquidación”, que eran para graduar a un grupo que tenía atrasos en los exámenes.

Pero bien recuerdo mi último día de estudiante: examinaba Filosofía del Derecho, y me quedaba aún la asignatura Derecho Procesal Civil, que la estaban examinando escrita en otra aula. Entonces terminé, me corrí para esa aula, ¡y le di una coba al profesor Tablada!, porque yo quería examinarme y  le pedí que me la aplicara oral, pero él decía que era un capricho mío, que era además muy tarde, hasta que le expliqué que si yo hacía esa prueba ya yo era abogado; entonces Tablada encargó café y comenzamos a hacer un agotador examen oral de Derecho Procesal Civil, y me dio sobresaliente.

Salí, y recuerdo que caía una lluviecita, un cernidito, y me fui por la Escalinata, y cuando iba por la mitad, me viré y miré a la Alma Mater y le dije: “¡Vieja, tú no te empatas conmigo más nunca en tu vida!” Eso fue en enero de 1963, y en septiembre de 1965 estaba regresando a trabajar como secretario general de la Universidad, y de ahí no me he ido nunca.

-¿Y todo ese pensamiento revolucionario y los conocimientos que adquirió el joven universitario continúan?

Absolutamente. Las ideas revolucionarias no envejecen. Se pueden cambiar los matices, las tácticas de aplicación, pero mis principios revolucionarios y mi teoría marxista-leninista no han envejecido, creo que es una teoría que necesita una renovación, un enriquecimiento, pero no una sustitución. ¿Y en el orden jurídico?, yo le digo a mucha gente: “Señores, vuelvan a los clásicos, a esos grandes abogados que sembraron el conocimiento esencial de los principios del Derecho”.

Un poquito de ahora y de mí

-¿Qué significa para Julio Fernández ser el único jurista cubano con el título de Doctor en Ciencias?

Mira, le decía a los compañeros cuando defendí en el Aula Magna el doctorado en Ciencias: “Yo soy un hombre de acción que ha puesto la acción al servicio de las ideas”. Jamás he firmado Doctor, ni al pie de firma ni cuando era solamente Doctor en Ciencias Jurídicas ni ahora, nunca se lo he permitido a ninguna de mis secretarias, eso son vanidades ridículas. Si yo he pensado así siempre, ¿por qué luché para hacerme Doctor en Ciencias?, porque soy un hombre de acción. Y aquí la acción consistió en abrir una pirámide, que no existía, para que los demás vengan a hacerse doctores en ciencias. Eso es lo que ha significado para mí, una obra de acción revolucionaria.

-¿Le concedería al sistema judicial cubano la clasificación de Perfecto?

Ni remotamente. Tiene que hacer muchas cosas para perfeccionarse. Tienen que ganar profundidad los jueces, tiene que aligerarse el proceso, quitarse elementos inquisitoriales, refrescarse.

-¿Cree que la actual Universidad de La Habana se puede comparar con la de su época?

¡No!, la Universidad nuestra era una Universidad empaquetada, falsa, artificial, engolada. Los profesores no hablaban con los alumnos, había una autoridad formal tremenda. Hoy, el profesor se vincula con el estudiante, comparten; aunque hay profesores que piensan que hay que mantener  una distancia.

La autoridad profesoral depende de que el alumno olfatee, sienta epidérmicamente dos cosas: que tú lo respetas y que lo quieres. Así, tú lo puedes suspender, porque él sabe que no lo suspendes para disfrutar o gozar. Y por supuesto, esto no era así en la vieja Universidad, en este sentido la actual es mucho mejor.

Además, es una Universidad que se ha vestido como decía el Che, de negro, de mulato, de obrero, de campesino, antes era una Universidad elitista: ¡Cuando yo matriculé, los muertos de hambre no pasábamos de cinco!, los demás eran niñitos bien, que llegaban en automóvil, que iban a Tropicana…, y nosotros éramos los ridículos que andábamos con zapaticos rotos y que teníamos matrícula gratis. Eso también cambió, estamos en una Universidad del pueblo, ¡esta es la Universidad que soñó Mella!

Ahora, ¿que esto quiere decir que todo es perfecto en esta Universidad? No, no, no, aquí hay mucho mentecato. A veces se han perdido los límites del respeto a esa casa augusta; en mi época nadie iba sin vestir correctamente porque para nosotros esos enclaves, esas aulas, eran sagradas; y pienso que ahora deben serlo más, porque están engrandecidas con la sangre y el martirologio de tantos jóvenes que cayeron en la lucha contra la tiranía.

-Si tuviera que cambiar algo de la Universidad de La Habana…

Cambiaría muchas cosas: en los planes de estudio, en la concepción de la pedagogía. Hay que reivindicar la escuela de alegría, la escuela de fraternidad sin escolasticismo, donde el profesor diga, como Fidel le dijo a este pueblo: “Lee, no cree”, rescatar al profesor que le diga al alumno: “Discute, analiza, duda, contradíceme, sin que eso constituya una ofensa”.

Creo que no está completada la pedagogía de la Educación Superior, lo digo tranquilamente.

Veo profesores que llegan al aula y dicen: “Esta asignatura es muy difícil, pónganse para las cosas, aquí suspende cualquiera”, yo digo: “Está perdido como pedagogo”, uno de verdad empieza diciendo: “Oye, qué linda es esta asignatura, dejen que ustedes empiecen. Además, ¡qué facilita es!, deja que le cojan el swing, vamos a trabajar juntos, usted verá como vamos a gozar esta asignatura”. Porque la gente estudia aquello que le interesa, lo que le ve una utilidad inmediata o un sentido agradable, porque lo que da miedo, repudia.

¡Cuánto me ha dado la Universidad!

-Todos estos años compartiendo semana tras semana, durante 10 largos meses, con muchos jóvenes universitarios, ¿le han aportado algo positivo a su carrera profesional?

¡Por supuesto! Con los muchachos aprendo millones de cosas. Aprendo el lenguaje de la juventud, sus códigos, sus valores, sus sentimientos, aprendo pedagogía con ellos. A cada rato me pregunto cómo les llego, cómo hago para entrar, cuál es el puente cuando nos separan cada vez más años.

Soy un hombre de 70 años y los muchachos pueden ser mis nietos, entonces tengo que encontrar los caminos de la concordancia y todo eso me hace aprender. Me siento muy feliz dando clases, tengo la respiración muy mala, tengo enfisema, me cuesta trabajo moverme, y voy a la Universidad casi muriéndome, pero llego tan contento. Y no es que me haga bien trabajar, es porque los muchachos me dan vida, y además, todos los seres humanos tenemos vanidad, y cuando doy clases en el anfiteatro y los estudiantes al final me aplauden y yo les digo: ¡Eh, cuidado, esto no es un acto político!, pero mentira, me gusta. Siento la alegría de que me entendieron, oigo decir a uno: “¡qué clase más linda!”, y a otro, “por primera vez entendí esto”. Entonces me siento realizado. Creo que cada vez vivo un poquito más porque ellos me insuflan vida, ¡más que una inyección!

-¿Culminó el trabajo del Doctor Bulté, ya no tiene metas?

Cuando uno es abuelo, uno pelea por sus hijos y por sus nietos, entonces siento mi vida completada. Eso es verdad, pero no es una verdad absoluta. Todavía yo tengo metas. Lo que quiero, no es tener tal título o galardón, sino escribir muchos libros, tengo metidos en la cabeza de tres a cinco libros que quiero escribir, y pienso, me hacen falta años para escribirlos, tiempo, necesito tiempo y lo cuido mucho. Pero lo principal es que mis nietos piensen de su abuelo como un hombre interesante, querido y respetado por todas las personas.

-De todos los aportes dados a la Universidad, ¿cuáles considera los más importantes?

Haber concebido un plan de estudio que acabó con el normativismo en el mundo jurídico. Haber alentado una pedagogía de fraternidad, amor y cariño entre el profesor y el alumno. Haber disciplinado académicamente a la Facultad de Derecho, pues fui decano desde 1987 hasta 1992, y quizás fui pésimo como administrador de cosas materiales, pero estaba vigilante de que no faltara un profesor a una clase, que no se empezara una clase un minuto tarde, que se estuviera dando la clase que tocaba, fui un riguroso decano. Tenía a la Facultad en un puño y la controlaba académicamente.

-¿Qué significa la Universidad de La Habana para el Doctor?

La Universidad de La Habana es el lugar donde me hice intelectual, un ser humano sensible en contacto con los jóvenes. Donde conocí a hombres extraordinarios que todavía pensar en ellos nada más, me arrancan las lágrimas: el gordo Echeverría, Juan Pedro Carbó, Luisito Saíz. Allí conocí a gigantes del pensamiento revolucionario.

Cuando entro a la Universidad, no veo solo grandes edificios y columnas, veo sombras, espectros que se mueven entre ellas, hombres que yo revivo en mis recuerdos y despiertan en mí un sentimiento tremendo.

-¿Está preparado para despedirse de las aulas universitarias?

No, no estoy preparado.

-¿Y cómo se imagina ese día?

No quiero ni imaginarlo, la verdad que ni lo he pensado. Cuando estaba en los 50 años de edad, le dije a mi mujer: “Si cuando llegue a los 60, no me jubilo, llévame a un siquiatra que me volví loco”. Llegué a los 70, y no me jubilo, por supuesto.

Estoy hecho un desastre físicamente, soy un cerebro que funciona bien arriba de un cuerpo que funciona muy mal; pero el cerebro es mi acicate, pienso bien todavía, por eso quiero escribir, dar clases, reunirme con los muchachos, orientar, y no quiero ni pensar en jubilarme.

Sé que un día llegará, pero no estoy preparado. Sin embargo, sí estoy preparado y manejo perfectamente el hecho de ser viejo. La vejez es un hecho inexorable de la biología, y es fea, pero yo tengo un secreto para ser un viejo bonito: ser un viejo bueno, no ser pesado, ni agresivo ni atravesado, ser un viejo simpático, lo que los cubanos le decimos: un viejo jodedor.

Esta entrevista forma parte del libro en preparación Nosotros, los del 280, escrito como examen final del género por alumnos de Periodismo de la Facultad de Comunicación de la Universidad de La Habana, a propósito del aniversario de la casa de altos estudios cubana.
  

LA BIBLIOTECA

LA BIBLIOTECA

La tecnología revitaliza su imagen, pero su esencia no desaparecerá, afirma Bárbara Susana Sánchez Vignau, directora de la Biblioteca Central Rubén Martínez Villena, de la Universidad de La Habana.

RAMÓN CRESPO HERNÁNDEZ,
estudiante de primer año de Periodismo,
Facultad de Comunicación,
Universidad de La Habana.
         
“Una Universidad sin biblioteca es como un cuerpo sin alma”, palabras predestinadas de Manuel Gómez Morañón, rector de la casa de altos estudios entre 1844-1846, y que como un eco permanente proclama la pertinencia y esencialidad de estos emporios de la memoria activa del saber.

Así, detrás de anaqueles de acero y caoba del país, la Biblioteca Central esconde sus historias…, y no solo en libros. Inaugurado en noviembre de 1937, el edificio semiclásico de “atrevidas líneas modernas” ha visto a hombres insignes de nuestra historia recorrer sus salones de lectura. Tu salutia praebes, tu cura requies… (Tú solamente calmas, tú lo curas todo) es la máxima ovidiana que pareciera contener el espíritu de esta “reliquia y orgullo del patrimonio universitario”, al decir del doctor Delio Carreras, Historiador de la UH.

Bárbara Susana Sánchez Vignau es su directora desde 1998 y una de las principales artífices de la transformación que hoy vive ese centro. Entre cajas de computadoras, monitores y una agitación inimaginable para tal institución, esta bella mujer, quien además es profesora de la Facultad de Comunicación, confiesa lo que sueña para “su biblioteca”.

-Cuando la presentan como directora de la Biblioteca Central, ¿cómo cree que la imaginan?

Normalmente los graduados de la especialidad sienten un poco de aversión hacia la biblioteca (¿qué contradictorio, no?) y la imagen del profesional que se desempeña en este campo es la de una persona muy culta, de gran sabiduría; pero muy recta, silenciosa, reservada, exigente.

Yo he tenido la satisfacción de ser la primera directora graduada de Bibliotecología y, desde el inicio, todo el mundo me aceptó. No solo porque haya sido joven en aquel momento, sino porque lo vieron como una transformación.

Se pudiera decir que he roto un poco con ese esquema de persona fría, reservada, y he tratado que el resto de mis compañeros quiebren también con el  modelo, porque le hace mucho bien a nuestro trabajo.

-¿Y cómo es Bárbara Susana?

Soy una persona comunicativa, alegre, cariñosa y afable; pero puedo ponerme muy brava si las cosas no salen bien, aun cuando perdone rápido.

En materia de dirección, he aprendido que hay momentos donde se debe imponer disciplina. Cuando no se cumple, me molesto, aunque después logre comprender, negociar y llegar a acuerdos. Yo digo que Bárbara Susana no es directora, sino coordinadora de los servicios de la biblioteca, porque mi misión es aunar el hacer de todos los especialistas principales, a quienes respeto mucho. No tomo decisiones arbitrariamente, colegio hasta el menor detalle. Eso hace sentir a todos partícipes de la vida de la institución.

-¿Y en la casa? ¿Se habla de libros?

Soy casada, tengo una hija de 20 años, y claro que en mi casa se habla de libros. Tengo la dicha que tanto mi hija como mi esposo respetan mucho mi trabajo. Gran parte de lo que tengo se lo debo a ellos por su comprensión y apoyo. En la casa soy muy quisquillosa, amiga del orden…

-¿Tiene que ver en eso la profesión?

Quizás, a lo mejor fue la profesión quien me modificó, pero no me gusta tener nada desorganizado. Siento que no puedo trabajar, me agobio. Ahora mismo, tengo la oficina llena de equipos, pero es por un buen fin. Me encanta el orden y la limpieza.

Por otra parte, soy una excelente anfitriona. Disfruto que me visiten y la cocina me deleita. Las labores de la casa me relajan mucho, sobre todo en los momentos de mayor estrés. Ahí es cuando entro en la cocina y hago de todo. Me gusta halagar a las personas con platos, con inventos. Reunir a los amigos, escuchar música, ver una película, comentar un libro.

-Graduada, Máster y Doctora en Ciencias de la Información, ¿por qué este saber?

Estudié en el Preuniversitario Vocacional Lenin, y en mi último año no pedía nada relacionado con la información. Sí me gustaba mucho leer, pero esta carrera ni la conocía. Al final, no pude solicitar lo que deseaba, y ya me veía siendo una gran abogada (creo que en definitiva lo he tenido que ser), pero nunca en medio de una biblioteca.

Una colega de mi residencia, hija de la profesora y doctora Blanca Petallo, jefa del Centro de Información de la UNESCO, estudiaba la carrera y me explicó algunas cosas. Aquello me ilusionó y terminé matriculándola como un “pasaje a lo desconocido”, pues no sabía lo que iba a ocurrir. Sin embargo, cuando comencé, vi en ella más que la posibilidad de hacer promoción de la lectura o de estar en contacto con los libros. Pude percibir un espacio de desarrollo por los múltiples usos de la información y el privilegio que constituía el dominio de sus herramientas para cualquier profesional.

Después, la vida me llevó a dedicarme a la Gestión, lo que en otras palabras es la administración. Escogí esa maestría porque estaba fuera del ámbito de mi carrera y articulaba en una misma esencia diversas temáticas: aspectos económicos, tecnológicos, de gestión de contenido. Fue durante ese tiempo que vengo para la Biblioteca.

El doctorado lo realizo también en Gestión, porque tenía un dominio sobre ese tema y era a lo que más podía aportar. He investigado algunas cosas, quizás no lo suficiente, pero trato de mantener un equilibrio entre mis estudios y el trabajo, de modo que puedan ir unidas la teoría y la práctica.

-¿Cómo es la labor de investigación desde la Biblioteca?

Llegué en 1998 y desde entonces he tratado de colegiar la docencia (que no la he dejado), la dirección y la investigación. Realmente, todavía me siento en compromiso con muchos campos en los que pudiera estudiar. He publicado algunos artículos, satisfactoriamente en revistas de impacto, y me he ido enmarcando en áreas de la especialidad relacionadas con la enseñanza y aplicables en la biblioteca.

No obstante, esas contribuciones, nada extraordinarias, me han reportado mucho placer, pues las personas las han leído y han sido agradecidas en la medida que las han podido emplear en sus trabajos. El haber dado más en la parte docente que en la investigación es una deuda como profesional, y en algún momento tendré que saldarla.

-La docencia, ¿cómo la enfrenta? ¿Qué cree de la teoría en un campo como el suyo?

Más que profesora me gusta decir que soy comunicadora. La docencia es un medio, la investigación es otro; pero enseñar es algo que no hago por compromiso. Estar rodeada de personas de cualquier edad y poder llevarles un conocimiento y compartirlo, para mí es muy importante.

Nunca me he preparado de forma ortodoxa para dar una clase. Puede ser que lleve una idea inconclusa al aula y termine de construirla con el estudiante, eso me gusta. Les inculco un método deductivo, porque no me gusta el aprendizaje de memoria. Soy enemiga de los conceptos y definiciones, pero no rechazo la teoría.

En nuestra especialidad, se va haciendo casi con el día a día, debido a cómo la información varía con las transformaciones sociales, económicas y tecnológicas. Cuando yo estudiaba, los conceptos de biblioteca virtual, repositorios o gerencia de información no existían, y a lo mejor dentro de diez años serán otros los términos.

El docente debe ser entonces un coordinador eficiente para poder transmitir una teoría que en muchos casos no está asentada, porque la disciplina nuestra como estudio no es de las más antiguas. Aunque la labor del bibliotecario viene desde antaño, la carrera se ha venido a consolidar hace muy poco. Por tanto, aún le queda toda la rigidez capaz de afectar una ciencia recién iniciada. Nos corresponde a nosotros dignificarla.

-¿Cómo transcurre un día normal en la Biblioteca? ¿Y uno extraordinario?

Llego, saludo a mis colegas, y reviso lo que dejé pendiente el día anterior. Después, recorro las áreas para ver cómo empezamos la jornada. Aquí todo funciona de manera independiente. Tenemos planes de trabajo y hay una estructura facilitadora. Voy entonces para mi oficina a realizar mis labores…, o a tratar de hacerlas.

Como la dirección está abierta para todos, vienen trabajadores a solicitar ayuda, a hacer preguntas técnicas o de administración. Normalmente mi día se va más en aspectos administrativos, porque contamos con un equipo técnico de excelencia.

Ahora, un día extraordinario es aquel en el cual puedo hacer  todo lo que me haya propuesto; generalmente no es así. La mayoría de las ocasiones debo llevar trabajo para terminar en la casa. Gracias a esto tengo resultados en la docencia, la investigación, en la biblioteca,  atiendo a tutoreados y al Comité del Partido de la Universidad. Es algo así como lograr un equilibrio entre todas las partes sin que ninguna quede rezagada.

-¿Qué importancia tiene la Biblioteca en el ámbito universitario?

Muchísima, y como profesora, incluso de Bibliotecología, no podía percatarme. Ahora comprendo esa importancia por la cantidad de personas que dependen de nuestro trabajo.

Si no extendemos los servicios, los estudiantes no pueden cumplir sus tareas. Si no compramos buena información, los doctores e investigadores no pueden cubrir las exigencias de sus tesis. Si no logramos proyectos, la biblioteca no recibe el equipamiento necesario. Si las universidades son industrias del conocimiento, las bibliotecas son los motores de esa industria, porque facilitan y procesan parte de esa materia.

-Y para usted, ¿qué representa?

Nunca imaginé ser directora de biblioteca. Creí me iba a desempeñar como analista de información, de ahí mi gusto por la investigación. Llegué no sé si por casualidad o causalidad, pues no vine por un nombramiento. Tuve que organizar un equipo de trabajo para la Biblioteca con personal de la Facultad, y los resultados dieron que poseía cualidades para dirigir.

Sin embargo, la Biblioteca ha significado muchísimo para mí. En primer lugar me ha permitido ser más organizada. He aprendido a planificar mi tiempo, a preocuparme por seguir estudiando, porque dirigir exige preparación. Me ha ayudado a mejorar las relaciones interpersonales, a respetar, a escuchar, a dirigirme en público, a comunicar ideas de forma clara y precisa.

Pero de manera especial, me ha dado la posibilidad de ayudar a numerosas personas. Desde este humilde lugar he podido auxiliar a muchos a encausar sus proyectos, a defender sus tesis, y he ganado  amigos en Cuba y fuera de ella. Por lo tanto, si tengo que hablar de mi vida, la Biblioteca se lleva la mayoría de las palmas. Digo la mayoría, porque ante todo soy maestra.

-¿Hacia dónde va la Biblioteca Central Rubén Martínez Villena?

No te lo puedo decir. A lo mejor te hable de una biblioteca virtual o de otros elementos que dentro de unos años serán algo “cursi”. Prefiero pensar que la biblioteca va por buen camino.

Hemos logrado la consolidación de un grupo de objetivos propuestos en determinado momento, pero aún falta mucho por hacer. Hoy tenemos nuevas herramientas y medios tecnológicos, pero han surgido otras necesidades  y la Biblioteca está en un período de transición.

Yo también estoy en período de cambio, mi etapa aquí debe tener un final, y he tratado de hacer todo lo posible para dejar un camino abierto, organizado. Quisiera que mi sucesor pueda impulsar aún más este proyecto. Para eso he apostado por los jóvenes.

-¿Morirá el espíritu de la Biblioteca con la tecnología?

Una revolución tecnológica en una biblioteca no le resta su valor como sitio de sabiduría. La transformación vendrá en el tipo de medios que podrá consultar este usuario, ya no solo la revista o el libro, sino bases de datos, libros digitalizados, bibliotecas virtuales; todo en el mismo espacio “antiguo”.

No hay nada más atractivo que un edificio art-decó con una tecnología revolucionante en su interior. De hecho, las grandes bibliotecas del mundo han tenido que evolucionar, porque ante todo debemos cumplir con nuestra función de ser proveedores del conocimiento.

La tecnología va a revitalizar la imagen de la biblioteca, pero su esencia no desaparecerá. A lo mejor ese silencio característico es roto por los ecos del “topear” de las computadoras, por el sonido de los escáners, pero su distinción no la va a perder nunca. Va a seguir siendo biblioteca, y ese nombre no debe cambiar jamás.


Esta entrevista forma parte del libro en preparación Nosotros, los del 280, escrito como examen final del género por alumnos de Periodismo de la Facultad de Comunicación de la Universidad de La Habana, a propósito del aniversario de la casa de altos estudios cubana.

PASIÓN POR EL RUSO

PASIÓN POR EL RUSO

Teresita Urra es de esas mujeres que enaltecen al género y a la institución donde trabaja. Ha dedicado más de 20 años de su vida a la Universidad de La Habana como profesora de Lengua Rusa, especialidad que constituye  la pasión de su vida.

NIURKA TALANCÓN,
estudiante de primer año de Periodismo,
Facultad de Comunicación,
Universidad de La Habana.

Cuando me asignaron la tarea de clases de entrevistar a la profesora de idioma ruso Teresita de Jesús Urra Vargas, no imaginé cuánta pasión puede despertar el estudio y la aprehensión de una lengua extranjera. Encontrarla fue algo fácil, un espacio muy de ella, la Facultad de Lenguas Extranjeras de la Universidad de La Habana. Allí me recibió en la oficina que ocupa desde hace seis años, cuando la nombraron  Jefa del Departamento de Lengua Rusa.

En 1999 Teresita alcanzó el título de doctora de la casa de altos estudios, y posteriormente fue categorizada como Profesora Titular. Más de cuatro décadas de trabajo, ya sea como traductora, intérprete o en la docencia,  argumentan su candidatura a la medalla A.S Pushkin,  distinción que otorga el gobierno ruso a personas con relevante trayectoria en el desarrollo y promoción de su idioma.

Ella es una mujer de rica historia en la docencia. Todo comenzó en la Campaña de Alfabetización. Entonces respondió a un llamado de Fidel. Lo demás fue una sucesión de acontecimientos que por momentos pusieron a prueba la pasión de su vida: el idioma Ruso.

-¿Qué la motivó a estudiar ese idioma?

Nunca pensé estudiar ruso, pero en 1962, cuando termina la Campaña de Alfabetización, Fidel anuncia que como estaban restablecidas las relaciones con la URRSS había necesidad de formar rápidamente traductores e intérpretes.  Fue entonces  cuando matriculé en el Instituto de Idiomas Pablo Lafargue. Me gradué dos años después.

-¿Dónde empezó a trabajar al graduarse?

Me ubicaron en el Ministerio de Comercio Exterior, donde laboré doce años como traductora e intérprete. Colaboré con el Servicio de Traducción e Interpretación del Consejo de Estado hasta que en 1976  oficialmente paso a trabajar con esa  institución. Fue una etapa de mucho trabajo, sin horarios, y en momentos de mayor auge de las relaciones entre Cuba y el desaparecido campo socialista.

-¿Cómo llegó a la Universidad de La Habana?

Como estudiante, en 1978.  El título del instituto era de nivel medio y matriculé en el curso para trabajadores que ofrecía la Facultad de Lenguas Extranjeras para hacer la licenciatura.  Me mantuve trabajando en el Consejo de Estado hasta mi tercer embarazo y decidí dejar la traducción. En tercer año de la carrera, Manuel Barreiro, entonces jefe del Departamento de Idioma Ruso, me propuso como auxiliar técnico de la docencia, oportunidad que acepté.

-¿No sintió temor  al dejar la traducción para enfrentarse a las aulas?

Aprendí en 15 años de trabajo que el intérprete no tiene vida privada. Ya con tres hijas se me hacía muy difícil continuar con ese régimen. En cuanto al miedo, realmente sentí todo el temor del mundo, pues nunca había impartido clases, salvo en la Campaña de Alfabetización.

-¿Cuándo se percata  de que el ruso sería la pasión de su vida?

Al terminar cuarto año de la licenciatura a mi esposo le asignan una misión en la Unión Soviética y nos trasladamos a ese país. El contacto directo con la cultura y el pueblo rusos me fascinaron.

Aproveché y matriculé en la Universidad Estatal de Moscú  M.V Lomonósov para estudiar Lengua y Literatura Rusa. Ya no iba a estudiar  el idioma como lengua extranjera, sino como lengua madre. Recibí asignaturas como Dialectología o Eslavo antiguo, que de otra forma no habría tenido la posibilidad de aprender. Me gradué con Título de Oro cinco años después.

En la Lomonósov comienza mi pasión por la lengua rusa. Antes sólo me atraía su estudio,  pero aquellas asignaturas de antigüedades  e historia  me hicieron amarla  verdaderamente.

-¿Qué disfruta más, la interpretación, la traducción  o la docencia?

Me gusta la docencia. Me place, además, la traducción de  obras  donde puedo realizarme escribiendo y la prefiero a la interpretación. No obstante, siempre he dicho que si mi primera experiencia hubiera sido  impartir clases, nunca  habría  incursionado en la interpretación o la traducción.

Es apasionante ver cómo los alumnos de primer año, que no conocen  el idioma, al término  del curso  se comunican  de manera elemental y manifiestan interés en continuar aprendiendo.

-Pero usted es “dura” con sus estudiantes…

Soy dura con mis estudiantes porque los quiero. Cuando pasas  casi 20 horas semanales con esos muchachos y empiezas a conocerlos, ¿cómo no vas a tomarles cariño? Soy de las que se preocupa y “coge lucha” cuando no vienen a clases, o no hacen una tarea, pero todo es porque estoy pensando que no van a aprovechar el tiempo y esta oportunidad al máximo.

-En 1993 se cierra la carrera de idioma ruso y muchos profesores se reorientan hacia otras lenguas. ¿Por qué Teresita no?

La carrera se cierra porque no había demanda social. Durante tres años nos dedicamos a graduar a aquellos alumnos que quedaban en diferentes años. Surge entonces la  idea  de introducir una segunda lengua en nuestro plan de estudio: el italiano.

Siempre defendí la idea de que el idioma ruso mantendría su importancia social  en Cuba. Muchos de los países  de Europa del este, antiguo campo socialista, continuarían comunicándose en ruso con nosotros y, por otra parte, mantenemos importantes relaciones económicas, culturales, históricas y sociales con Rusia.

Estoy satisfecha con  haber conservado y perfeccionado  mi especialidad. No me concibo haciendo otra cosa, y siempre he tenido alumnos a quienes enseñar el idioma.

-Cuando en 1996 se reabrió la carrera, la matrícula fue reducida. Hace seis años Lengua Rusa solo tenía 22 estudiantes y en la actualidad hay casi 130. ¿Qué opina al respecto?

En años anteriores los jóvenes no tomaban la carrera por miedo a no encontrar ubicación laboral. Hoy muchos se percatan de que un traductor e intérprete de ruso siempre tendrá ocupación. Además, cuando comienzan a estudiar se enamoran del idioma. Lo mismo me sucedió a mí. Considero el estudio del idioma ruso como un logro cultural para Cuba.

Muchos de los actuales estudiantes de ruso optaban por otras lenguas más codiciadas, y por razones académicas no las alcanzaron. Después, sin embargo,  no se trasladan. Prueba  de que el idioma “atrapa”.

-¿Por qué considera que el estudio del idioma ruso es un logro cultural para Cuba?

El ruso es una lengua eslava, por eso es muy difícil de aprender para nosotros. Por otra parte, la experiencia y el conocimiento acumulados en largos años de relaciones profundas con la extinta Unión Soviética están en la memoria del pueblo. Hoy, la  rusística  cubana, desde el punto de vista docente, es la más desarrollada de América Latina.

-¿Qué es para Teresita Urra la Universidad de La Habana?

La Universidad es mi casa. No hay lugar donde me sienta mejor. Si le sumas mi amor por la lengua rusa, es lo que me mantiene trabajando. Hace años  pude jubilarme, pero no quiero. Me siento realizada educando, formando e instruyendo.

-¿Qué le falta hacer en el ámbito profesional?

Muchísimas cosas. Desde investigaciones, estudios detallados de algunas asignaturas  aprendidas en la Lomonósov, o quizás traducir un libro, siempre sin dejar de impartir clases, aunque mi actual cargo me roba mucho tiempo.

-¿Se siente una mujer feliz?

Completamente. Tengo un esposo, tres hijas y tres nietos a los que adoro. Nunca he dejado de trabajar con la lengua rusa, que es mi pasión. Me siento realizada. Sí, soy feliz.

Esta entrevista forma parte del libro en preparación Nosotros, los del 280, escrito como examen final del género por alumnos de Periodismo de la Facultad de Comunicación de la Universidad de La Habana, a propósito del aniversario de la casa de altos estudios cubana.