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Isla al Sur

Periodismo Retrospectivo-Trabajos docentes

¿ONDEA UNA DESCONOCIDA?

¿ONDEA UNA DESCONOCIDA?

Este trabajo obtuvo Premio Relevante en el Forum de Historia de la Universidad de La Habana, 2014.

En el aniversario 165 de la creación de la Enseña Nacional, una encuesta revela que muchos estudiantes de primaria, secundaria y preuniversitario desconocen su historia y significado.

JOSÉ MANUEL PÉREZ GONZÁLEZ,
estudiante de primer año de Periodismo,
Facultad de Comunicación,
Universidad de La Habana.
Foto: CINTHYA GARCÍA CASAÑAS.

“Orgullosa lució en la pelea, sin pueril ni romántico alarde”, así se refirió el poeta Bonifacio Byrne a la bandera de la estrella solitaria. Este año se cumple el aniversario165 de su creación y el 145 de la adopción como símbolo nacional por la Constitución de Guáimaro.

Sin embargo, una encuesta realizada por la Unión Nacional de Historiadores de Cuba (UNHIC), focalizada en estudiantes de primaria, secundaria y preuniversitario en el municipio Nueva Paz, provincia Mayabeque,  reveló que estos no conocen ni la historia ni el significado del pabellón nacional.

“Puede parecer irrelevante la situación de esta localidad, pero no lo es. Está dando asomos de un desconocimiento latente y este es un problema que necesita ser estudiado”, aseguró el licenciado José López Martínez, presidente de la UNHIC en Nueva Paz.

La asignatura donde se imparte el contenido de los símbolos patrios es Educación Cívica, en las enseñanzas primaria, secundaria, técnica y en las escuelas pedagógicas, pero esta materia reapareció en 2007 después de llevar décadas ausente.

“El hecho de que por mucho tiempo la bandera haya quedado como algo del acto cívico de los viernes, hizo que se olvidara su importancia y que se abordara solo en algunas clases de Historia”, afirmó la Máster Rebeca Rodríguez, metodóloga del Departamento de Marxismo e Historia del Ministerio de Educación (MINED).

De acuerdo con la encuesta, de una muestra de 185 estudiantes, el 33 por ciento no conoce a los creadores de la enseña ni cuándo y dónde fue izada por primera vez. El nivel más bajo fue la secundaria básica con un 30 por ciento de respuestas incorrectas.

En el libro Los símbolos de la Nación Cubana, de Enrique Gay-Calbó, se asegura que la bandera fue ideada por el General Narciso López, la dibujó Miguel Teurbe Tolón y la confeccionó Emilia Teurbe Tolón, su esposa, en junio de 1849. Se izó por primera vez el 19 de mayo de 1850, en la ciudad de Cárdenas.

Con respecto al significado, la muestra referida evidenció que el 74 por ciento de los alumnos no lo conoce o tienen escasos datos del tema. Los de secundaria básica volvieron a repetir el índice negativo con un 92 por ciento en ese nivel.

Francisco J. Ponte en su libro Génesis, simbolismo y significación histórica de la bandera cubana(1949), afirmó que además de la interpretación más conocida de las partes de la enseña, esta tiene también una gran influencia de los símbolos masónicos a causa de que sus creadores pertenecían a esa institución fraternal.

En el texto se asevera que el triángulo simboliza el equilibrio de la creación, así como la libertad, la igualdad y la fraternidad que deben reinar entre los hombres; y el color rojo hace referencia a la sangre que se derramará por lograr la libertad de la Isla.

Además de recordar los departamentos en los que se dividía Cuba (Occidente, Centro, Oriente), las tres franjas azules, si se suman con las dos blancas símbolo de pureza, resultan en el número cinco, con un significado básico en la institución masónica y que para los pitagóricos representaba vida, poder e invulnerabilidad.

La estrella pretende iluminar el destino de la nación por fundar y dentro de la masonería significa pureza y luz, así como las puntas representan la estabilidad. Si a las cinco franjas se le suman la estrella y el triángulo, da como resultado el número siete, también con un gran simbolismo dentro de la hermandad.

“El significado que se aborda en los programas es el básico. No entramos en el simbolismo masónico que es complicado para los estudiantes de primaria, pero sería muy bueno que los dominaran los de la enseñanza superior”, aseguró la metodóloga del MINED.

Agregó que lo más influyente en este desconocimiento, además de la ausencia de la asignatura donde se impartía el contenido, es la calidad de las explicaciones que ofrecen los docentes y los incumplimientos del reglamento para el tratamiento del contenido.

La maestra Gladis Ramos Fábregas, quien estuvo en las aulas del pueblo de Los Palos de 1949 a 1987, recordó que “antes del 59 y tiempo después, los alumnos hacían un juramento a la bandera, los profesores tenían que conocer todo lo referente al tema y había actos dedicados únicamente a destacar los valores patrióticos de la oriflama. Después eso se acabó y yo no sé por qué”.

Carlos Manuel Calzadilla Guerrero, de 79 años, refirió que en la década del 40, cuando él era estudiante, “había un reconocimiento anual -que recibió dos veces- llamado el Beso de la Patria, otorgado a los mejores de la clase y que consistía en ser abrazado por la bandera. Después de aquello uno se sentía orgulloso de ser cubano y era inevitable no amar el símbolo que representa a Cuba”.

“Debemos rescatar acciones como el juramento y los actos que resaltaban la dignidad y el patriotismo asociados a nuestra enseña. Hacerla brillar, pero conociéndola, es una tarea que todos tenemos pendiente, porque, como dice Bonifacio Byrne en su poema, ¡al cubano que en ella no crea se le debe azotar por cobarde!”, concluyó la Máster Rebeca Rodríguez.

Pie de foto: “Hacer brillar nuestra bandera, pero conociéndola, es una tarea que todos tenemos pendiente”, afirmó Rebeca Rodríguez, metodóloga del Departamento de Marxismo e Historia del Ministerio de Educación.

Ficha técnica:

Tipo de título: De interrogante.
Tipo de lead: De contraste (dos párrafos).
Tipo de nota: Explicativa.

Tema: La bandera nacional, su historia y significado.

Situación problémica: Desconocimiento que existe en los estudiantes de las enseñanzas primaria, secundaria y preuniversitaria de la historia y el significado de la bandera.

Objetivo principal: Demostrar que existe desconocimiento del tema.

Objetivos colaterales: Dar a conocer la historia y el significado de la bandera. Mostrar los programas que lleva a cabo el Ministerio de Educación para paliar el problema.

Estrategia de fuentes:

Documentales:

Encuesta de la UNHIC a los estudiantes de primaria, secundaria y preuniversitario.

Ponte Domínguez, Francisco J., Génesis, Simbolismo y Significación Histórica de la Bandera Cubana, Editorial Hércules, La Habana, 1949.

Gay-Calbó Enrique, Los símbolos de la nación cubana, Ediciones Boloña, La Habana, 1999.

No Documentales:

Rebeca Rodríguez, metodóloga del Departamento de Marxismo e Historia del Ministerio de Educación. (Especializada-oficial).

José López Martínez, presidente de la UNHIC en Nueva Paz. (Especializada y oficial)

Gladis Ramos Fábregas, profesora con experiencia (Implicada).

Carlos Manuel Calzadilla Guerrero, antiguo estudiante (Testigo).

Tipos de juicio:

A lo largo de todo el trabajo existen juicios analíticos cuando se expone la situación problémica. En la explicación de los programas de la Educación Cívica que hace la metodóloga también está presente este tipo de juicio y al analizar los resultados de la encuesta, etc.

Los juicios valorativos aparecen en las palabras del presidente municipal de la UNHIC de Nueva Paz. También, cuando la maestra cuenta las acciones que se llevaban a cabo en tiempos pasados y en el relato del estudiante de los años cuarenta.

Soportes:

Hecho: Una encuesta realizada por la Unión Nacional de Historiadores de Cuba revela que los estudiantes de primaria, secundaria y preuniversitario desconocen la historia y el significado de la bandera.

Contexto: La celebración del aniversario 165 de la confección de la bandera y los 145 de la adopción de esta como símbolo nacional por la Asamblea Constituyente de Guáimaro.

Antecedente: La historia de la bandera y las opiniones de una maestra y un estudiante de tiempos pasados que demuestran la importancia y difusión que se le daba al tema en años anteriores.

Proyecciones: El trabajo emprendido por el Ministerio de Educación y que debe ser reforzado para lograr mayor difusión de la historia patria y, más específicamente, de los símbolos nacionales.

Fuentes: La estrategia antes mencionada. El contraste de fuentes, la utilización de datos y explicaciones.

EN PUEBLO CHICO… HUELGA GRANDE

EN PUEBLO CHICO… HUELGA GRANDE

Este trabajo obtuvo Premio Relevante en el Forum de Historia de la Universidad de La Habana, 2014.

La manifestación más larga de Cuba, ocurrida en Artemisa en 1957, pasó de ser un revuelo total en su tiempo a un hecho anónimo en la actualidad.

ELIANYS JUSTINIANI PÉREZ,
estudiante de primer año de Periodismo,
Facultad de Comunicación,
Universidad de La Habana.
Caricatura: JOSÉ ORCALO

La huelga más larga de Cuba duró diez días y comenzó el 2 de agosto de 1957. Sin embargo, Artemisa se pregunta si la historia olvida, porque a pesar de ser protagonista de sucesos trascendentales como este, a la provincia solo se le recuerda como la cuna del Moncada.

Ese día, la ciudad artemiseña quedó completamente paralizada: el asesinato de Frank País había conmocionado al pueblo, que decretó un levantamiento general. Aunque el hecho fue validado por la Unión Nacional de Historiadores de Cuba (UNHIC), su presencia en las tradiciones de lucha no trasciende más allá de los buróes de algunos estudiosos; la insurrección se encuentra hoy en la misma clandestinidad donde fue concebida.

Darío del Pozo, miembro de la Asociación de Combatientes de la Revolución y uno de los organizadores de la huelga, relata los sucesos: “En cuanto la Dirección Nacional del Partido Socialista Popular (PSP) avisó de la muerte de Frank, le transmitimos que en menos de 24 horas Artemisa sería ciudad muerta, y así fue, a las 12 de la noche ya estaban paralizadas las rutas, bloqueamos las carreteras principales y saboteamos los ómnibus para impedir el paso de refuerzos batistianos”.

A su vez, Gerardo Noguera Martínez, Capitán del Ejército Rebelde y principal dirigente de la protesta, cree que fue una conjugación entre suerte y desgracia la que sumó tanta gente a la causa: “Al inicio logramos alistar a 200 personas para las actividades del 2 de agosto, pero en la madrugada me avisaron que Gerardito, mi hijo de cuatro años, había fallecido mientras dormía en la casa de su madre.

“Cuando acudía al velorio, me capturó la policía. Estaba en el centro del pueblo y muchos vieron cómo me llevaban;  a las pocas horas había un mar de personas frente a la estación reclamando mi libertad. Todos ellos, después de acompañarme al entierro, se sumaron a la huelga por la muerte de Frank: ya éramos casi tres mil”, aseguró Noguera.

Aquellos diez días son recordados como “un total alboroto”. Casi 20 lugareños entrevistados comentaron que la mayoría de los obreros estaba en protesta y los locales de comercio permanecían  cerrados: “El pueblo resistió a pesar de la presión constante de la policía; es una lástima que de aquellas fechas solo sepamos unos pocos”, subrayó Iraida León Delgado, artemiseña de 78 años.

Las compilaciones colectivas Frank en la memoria y Síntesis histórica provincial de Pinar del Río, de la Editora Historia, son los únicos libros que recogen las acciones de aquel agosto, y no concuerdan en datos como la duración, la cantidad de participantes y los nombres de sus principales dirigentes.

Roberto A. Moreno Ceruto, profesor de Historia de la Universidad de Artemisa, expresó que a pesar de sus 38 años de experiencia impartiendo la asignatura, no sabía de una huelga de tal relevancia en el municipio; mientras, Erika Díaz y Marlon Lemus, estudiantes de preuniversitario, quienes tampoco conocían del hecho, opinaron que debía mencionarse al menos en los libros destinados a la docencia.

“Tendemos a dar relevancia a la batalla más sangrienta, al gobierno más corto o a la guerra más larga, sin embargo, cuando los asuntos históricos aterrizan en las localidades son menos visibles, incluso, dentro de los propios municipios, porque no hemos puesto empeño en hacer que se conozcan”, subrayó Daniel Suárez Rodríguez, presidente de la filial de la UNHIC en la provincia de Artemisa.

En tanto, el Doctor en Ciencias Históricas Jorge Ibarra Guitart, investigador del Instituto Nacional de Historia de Cuba, apuntó que se está tratando de rescatar la memoria de las comunidades, por tanto, constantemente se encuentran datos relevantes como ese.

“Quizás hasta ahora la huelga no ha sido divulgada como la más larga porque está expensa a la aparición repentina de otra que pueda superarla en tiempo, aunque sí constituye un gran error el no destacarla siquiera entre las más significativas en la Isla en cuanto a duración”, reconoció Ibarra.

Al parecer, las acciones de aquel agosto “ya recibieron la gloria que les tocaba”: el libro Frank en la memoria enaltece su “final triunfante, con la imposición de condiciones a la tiranía”, mientras el Comandante Camilo Cienfuegos, en una carta enviada el 15 de noviembre de 1958 a los trabajadores artemiseños, destaca la lucha heroica de ese pueblo y de manera particular el desarrollo de la huelga.

Uno de los fragmentos de la epístola dice: “Conocemos de vuestras luchas contra la tiranía de Batista, contra la tiranía que ha asesinado a los trabajadores, que los ha humillado, que ha conculcado los derechos y conquistas de los obreros, pero que a pesar de eso no ha hecho rendir los bastiones gloriosos de obreros y trabajadores como ustedes. Reciban nuestro sincero homenaje por vuestra lucha.”

En cuanto al reconocimiento del hecho existen diferentes opiniones, aunque hay tendencia a coincidir con la de Noguera, quien afirmó: “Quedan muchas historias por contar; este no será el único suceso valioso en pasar inadvertido. Antes no aspirábamos a fama ni gloria, y ahora tampoco, pero no dejamos de agradecer a quienes destacaron nuestro esfuerzo, como el Comandante Cienfuegos: si algo tuviera que desear sería tener más Camilos en Cuba.”

Pie de ilustración: Casi tres mil artemiseños se mantuvieron durante diez días en protesta por el asesinato de Frank País.

Ficha Técnica:

Tipo de título: Llamativo
Tipo de lead: Especial Comentado.
Tipo de nota interpretativa: Explicativa.

Tema: El desconocimiento acerca de la huelga más larga de la historia de Cuba.

Situación problémica: A pesar de que la huelga iniciada el 2 de agosto de 1957 en Artemisa fue proclamada por la Unión Nacional de Historiadores de Cuba como la manifestación más extensa de la Isla, el hecho permanece en un total anonimato.

Objetivos 1-Colaterales: Analizar por qué la huelga no se conoce a pesar de haber sido validada por la Unión Nacional de Historiadores de Cuba. 2-Conocer el criterio de los artemiseños sobre la casi nula divulgación del hecho. 3-Valorar la divulgación que se le da en Cuba a los temas de historia local.

Estrategia de Fuentes:

Fuentes Directas:

Darío del Pozo, miembro de la Asociación de Combatientes de la Revolución y uno de los organizadores de la huelga. Debe hablar sobre cómo se organizó la manifestación y cuáles fueron los antecedentes de la misma. Tipo de fuente: protagonista. Tipo de juicio: valorativo.

Gerardo Noguera Martínez, Capitán del Ejército Rebelde y principal dirigente de la protesta. Explicará cómo lograron sumar a los ciudadanos a la protesta. Tipo de fuente: protagonista. Tipo de juicio: valorativo, analítico.

Iraida León Delgado, artemiseña de 78 años. Muestra de la opinión del pueblo artemiseño acerca del desconocimiento del hecho. Tipo de fuente: Testigo. Tipo de juicio: valorativo.

Daniel Suárez Rodríguez, presidente de la filial de la UNHIC en la provincia de Artemisa. Debe analizar por qué el hecho es de completo desconocimiento en la provincia. Tipo de fuente: Experto, oficial. Tipo de juicio: Analítico.

Jorge Ibarra Guitart, investigador del Instituto Nacional de Historia de Cuba. Comentar sobre la escasa divulgación de la huelga dentro de la historiografía cubana. Tipo de fuente: Especialista, oficial. Tipo de juicio: Disyuntivo, Analítico.

Roberto A. Moreno Ceruto, profesor de Historia de la Universidad de Artemisa. Fuente que ignora el hecho a pesar de sus años en el estudio de la Historia de Cuba. Tipo de fuente: No implicado. Tipo de juicio: Analítico.

Erika Díaz y Marlon Lemus, estudiantes de preuniversitario. Opinan qué debería hacerse para que los jóvenes conozcan de la huelga. Tipo de fuente: No implicados. Tipo de juicio: valorativo.

Fuentes documentales:
 
Colectivo de autores. (2012). Síntesis histórica de Pinar del Río. La Habana: Editora Historia.

Colectivo de autores. (2013). Frank en la memoria. La Habana: Editora Historia.

Carta del Comandante Camilo Cienfuegos  a los combatientes artemiseños (fechada el 15 de noviembre de 1958).

Noguera Martínez, G., & Suárez Rodríguez, D. (2013). Agosto del 1957. Huelga general en artemisa por el asesinato de Frank País García. La Habana: Editora Historia.

Encuesta a diecisiete ciudadanos artemiseños realizada por la autora del trabajo.

Soportes:

Hecho: La huelga más larga de Cuba es un hecho prácticamente desconocido entre historiadores y ciudadanos de Artemisa (lugar donde ocurrió) y del resto del país.

Antecedentes: La Unión Nacional de Historiadores de Cuba declaró a la huelga como la más larga del país, pero muy pocas personas conocen del hecho.

Situaciones colaterales incidentes: La escasa divulgación de temas relacionados con la historia local.

 

EL GENERAL PERDIDO

EL GENERAL PERDIDO

Este trabajo obtuvo Premio Relevante en el Forum de Historia de la Universidad de La Habana, 2014.

La figura de Alberto Rodríguez Acosta, mambí que ayudó a rescatar el cuerpo de Antonio Maceo y derrotó por primera vez al Regimiento de Pizarro, no se estudia, incluso, en Batabanó, donde es patriota insigne.

ADIEL GUEVARA RODRÍGUEZ,
estudiante de primer año de periodismo,
Facultad de Comunicación,
Universidad de La Habana.

Alberto Rodríguez Acosta, el cubano más joven del Ejército Libertador en ser nombrado general, nació el 7 de agosto de 1869, hace 145 años. Menos de un año y medio de vida en campaña fue suficiente para que dejara una huella en la historia de su país. Mas el desconocimiento y la desidia en la actualidad, hacen mella en el héroe de Batabanó, en la provincia Mayabeque.

Durante el combate que causó la muerte de Maceo, el 7 de diciembre de 1896, y ante la huida de los principales jefes, una comitiva de 19 mambises sobresalió para salvar el cuerpo del Lugarteniente General; Alberto Rodríguez estuvo entre ellos con dos subalternos suyos, quienes realizaron una carga al machete contra el grupo español que, protegido por una cerca de piedra, ya se hallaba muy próximo a los cadáveres abandonados del Titán de Bronce y Panchito Gómez Toro.   

Otra acción relevante ocurrió bajo su mando cuando se derrotó, el 27 de febrero de 1897, al Batallón Pizarro en el combate de El Caimán, cerca de Batabanó. Esta acción contribuyó a desmentir la proclamada “pacificación de Weyler” y acabó con la fama de “invencible” que tenía esa fuerza militar. Es por ello que la localidad lo asume como patriota insigne.

La investigadora auxiliar, Ladvia Gaspe Álvarez, del Instituto de Historia de Cuba, cree que muchos personajes durante la guerra ganaron notoriedad mediante un golpe de suerte que los colocó en el lugar y momento justos. Aunque apunta, además, que los méritos anónimos se atribuyen casi siempre al vencedor.

Como señala Hugo Martínez Cintado, director del Museo Municipal de Unión de Reyes, en Matanzas, lugar donde nació Acosta, “hay mucha historia y pocos hombres dispuestos a salvarla”. Piensa que si no se indaga sobre el pasado de cada lugar, no podrá componerse la identidad nacional en su totalidad. 

El periodista Ciro Bianchi habla de discrepancias entre el coronel Juan Delgado y Rodríguez  Acosta. Sin embargo, en su libro La caída del Titán. Aclaraciones históricas, Miguel Delgado, hermano del héroe de San Pedro, desmonta la afirmación de que Acosta comentó no querer subordinarse nunca a Juan Delgado. Sobre el aspecto anterior, la publicación explica: “El coronel Rodríguez no podía decir esa tontería. Él tenía mando de regimiento igual que Delgado, y pertenecía a distinta brigada. No tenía que obedecerlo, ni este por qué darle órdenes”.

El Doctor Antonio Álvarez Pitaluga, profesor de la Facultad de Historia de la Universidad de La Habana, demuestra en el artículo “La caída de un héroe y el secuestro de un mito” cómo las desconstrucciones ulteriores, creadas por oficiales de más rango, deforman a los protagonistas de un hecho, como ocurrió en el cuadro “La muerte de Maceo”, del pintor Armando García Menocal.

Con tan solo 27 años, Acosta fue nombrado brigadier y jefe de las operaciones en el territorio sur de La Habana. En ese período, soportó una de las más difíciles condiciones entre todas las unidades insurrectas, pues allí se encontraba la mayor densidad militar de la época por ser la provincia más estrecha de Cuba, albergar la capital y contar con desarrolladas redes de comunicación y transporte.

Su muerte aconteció el 18 de mayo de 1897, durante un sorpresivo encuentro con una columna española en Cuatro Caminos del Caimán, Batabanó. Fue herido por una bala en el vientre que terminó con su vida, minutos después.

Efraín Arrazcaeta Alejandro, historiador de la zona, asegura que los restos del líder mambí descansan junto al Panteón del Ejército Libertador en el cementerio municipal y que siempre se le rinde homenaje en el lugar donde cayó en combate.

Hoy día es considerado el patriota insigne de ese pueblo pesquero, pero tal distinción no asegura su presencia en la memoria de la localidad. La lugareña Rita Yera explicó que su figura es poco conocida en los alrededores y que la tarja en el lugar de su caída en combate no está terminada: “Lo único que existe es un muro, en medio de un terreno de pelota, utilizado como asiento por todo aquel que allí va a jugar”.

El Presidente de la Asociación de Combatientes de la Revolución Cubana en Batabanó (ACRC), Eurímides Ruíz Ramos, desarrolla una propuesta para distribuir por las escuelas su biografía y la de otros patriotas en función de que los niños las conozcan. Tal iniciativa no sirve de mucho si, en todo el municipio, solamente dos instituciones, una logia y una ACRC de base, tienen el nombre del brigadier.

El poco estudio de un personaje de la Guerra del 95, en apariencia irrelevante, provocó obviar el crucial dato de que es el general cubano más joven del Ejército Libertador, según las fechas brindadas por el Diccionario Enciclopédico de Historia Militar de Cuba, Primera parte. Siempre se creyó que Juan Bruno Zayas, con 28 años de edad, ostentaba dicha distinción; pero es Alberto Rodríguez Acosta, con sus 27 años, quien la posee. 

Pie de Foto: Alberto Rodríguez Acosta, el cubano más joven del Ejército Libertador en ser nombrado general.

Ficha Técnica:

Tipo de título: Llamativo.

Tipo de lead: Especial de Contraste.

Tipo de nota interpretativa: Explicativa.

Tema: Subvaloración y olvido del héroe Alberto Rodríguez Acosta.

Situación problemática: Desconocimiento de los pobladores de Batabanó, del público especializado y no especializado sobre la vida de Alberto Rodríguez Acosta.

Objetivos colaterales: Demostrar que a pesar de su efímera existencia influyó en nuestra historia y que fue el general cubano más joven del Ejército Libertador. Dotar de sentido de pertenencia al municipio de Batabanó por este héroe y que sea más investigado. 

Estrategia de fuentes:   
           
Activas especializadas:

Efraín Arrazcaeta Alejandro, historiador de Batabanó.

Eurímides Ruíz Ramos, Presidente de la Asociación de Combatientes de la Revolución Cubana en Batabanó.

Ladvia Gaspe Álvarez, investigadora auxiliar del Instituto de Historia de Cuba.

Hugo Martínez Cintado, Director del Museo Municipal de Unión de Reyes.

Todos son fuentes especializadas y oficiales.

Activa no especializada: Rita Yera, pobladora de Batabanó es una fuente no oficial en calidad de testigo.

Documentales:

Diccionario Enciclopédico de Historia Militar de Cuba, Primera parte.

La caída del Titán. Aclaraciones históricas, de Miguel Delgado, enero de 1954.         

Artículo digital del periódico Juventud Rebelde, Cómo murió Antonio Maceo, de Ciro Bianchi Ross.

Artículo digital La caída de un héroe y el secuestro de un mito, del Doctor Antonio Álvarez Pitaluga, La Habana, 13 de diciembre de 2012.

Tipos de juicios:

Lógico Analítico: Efraín Arrazcaeta Alejandro, historiador de Batabanó, Eurímides Ruíz Ramos, Presidente de la Asociación de Combatientes de la Revolución Cubana de Batabanó, Ladvia Gaspe Álvarez, investigadora auxiliar del Instituto de Historia de Cuba y Rita Yera, pobladora de Batabanó.

En cada caso seleccionan una parte de la problemática para explicar con pruebas concretas su origen y la incidencia que tiene en la sociedad, la historia local y nacional. 

Lógico Sintético: Hugo Martínez Cintado, Director del Museo Municipal de Unión de Reyes. Proporciona consecuencias y previsiones del problema a partir de un conocimiento acumulado por la práctica de su profesión.

Las declaraciones dadas por las fuentes especializadas son juicios de valor.

Soportes:

Hecho: Conmemoración del 145 aniversario del natalicio de Alberto Rodríguez Acosta y descubrimiento de su condición de general cubano más joven del Ejército Libertador.

Antecedente: El brigadier Rodríguez Acosta, quien murió notablemente joven, fue nombrado el patriota insigne de Batabanó. Con el paso de los años, múltiples justificaciones han retardado la terminación de la merecida tarja en señal de respeto por su caída en combate. También, alrededor de él se han levantado falsas acusaciones que mantienen dudas sobre su disciplina en la guerra.

Contexto: Despreocupación de las autoridades municipales por hacer presente la imagen de Acosta entre la población local. Inexistencia de la tarja que conmemora su caída en combate y pocas instituciones tienen su nombre. Nuevas revelaciones sobre su persona, antes ignoradas, porque no se le daba importancia.

VERSOS OLVIDADOS

VERSOS OLVIDADOS

Este trabajo obtuvo Premio Relevante en el Forum de Historia de la Universidad de La Habana, 2014.

Beatriz de Jústiz y Zayas y Juan Francisco Manzano fueron los primeros escritora y poeta negro, esclavo y habanero, respectivamente. Solo una tarja en la vieja casona que fuese su hogar da cuenta de ello.

LISANDRA AGUILAR WONG,
estudiante de primer año de Periodismo,
Facultad de Comunicación,
Universidad de La Habana.

Una casona del siglo XVII, ubicada en la calle Jústiz, de la Habana Vieja, será la sede de la compañía de baile español de la primera bailarina Irene Rodríguez. Sin embargo, pocos conocen que el inmueble fue el hogar de la marquesa de Santa Ana, Beatriz de Jústiz y Zayas, y de Juan Francisco Manzano, hijo de su esclava predilecta, a quien consideró el “niño de su vejez”.

Como consigna la tarja ubicada en el frente del local, ella fue la primera escritora cubana. Casada con su primo Manuel José de Manzano y Jústiz, alcalde ordinario de La Habana, su casa llegó a ser una de las más importantes de la capital.

Junto a un grupo de mujeres de la alta sociedad, escribió el Memorial a Carlos III en el que recuerda al Rey la orden dada al Gobernador para fortificar La Cabaña, y que lo único que éste hizo fue convocar a milicias de pardos a trabajar sin salario. Añadió que por ese lugar los ingleses habían conseguido romper la defensa de la ciudad.

La marquesa redactó después la Dolorosa métrica expresión del sitio y entrega de La Habana que consta de veinticuatro décimas defensoras de la ciudad, a las que funcionarios que representaban el gobierno de Madrid en la Isla, le contestaron utilizando la soldadesca para improvisar injuriosas coplas y seguidillas.

En segundo semestre de tercer año nos imparten la asignatura de Literatura Cubana, pero desconocemos quién fue la primera escritora cubana, afirmó Marian Garrido Cordoví, estudiante de Filología. Por otra parte, su compañero de grupo, José Rolando Alejandre Sánchez, abordó la necesidad de que en las clases no solo se mencione la Toma de La Habana por los ingleses como el hecho en sí, también se haga alusión a él como un período literario trascendental en la historia cubana.

La Doctora Luisa Campuzano reseñó en su libro Las muchachitas de La Habana no tienen temor de Dios, que debido a estos escritos, la “poetisa osada” fue excluida del espacio público y condenada al anonimato. Por otro lado, la Doctora Francisca López Civeira, profesora de la Facultad de Filosofía, Historia y Sociología de la Universidad de La Habana, apuntó que la obra de Jústiz de Santa Ana es poco difundida debido a que en el siglo XVIII era un escándalo que una mujer escribiera y no existía la posibilidad de reconocimiento.

La habanera llegó a formar parte de la literatura cubana debido a su aparición en la autobiografía de Juan Francisco Manzano, considerado el primer poeta negro y esclavo de la ciudad, quien pasó la mejor parte de su infancia bajo la protección de Beatriz de Jústiz, aseguró el investigador Carlos Venegas en la revista Palabra Nueva, edición de septiembre de 2008.

“Los estudiantes de Historia conocen las obras de Manzano, pero no de forma exhaustiva por ser parte de un semestre de literatura cubana. Su caso no fue tan silenciado como el de Beatriz de Jústiz, pues la élite lo acogió en las tertulias del escritor Domingo del Monte”, explicó López Civeira.

Juan Francisco Manzano nació en 1797. Jústiz lo nombró Juan Francisco, dándole, según la costumbre, el primer apellido del dueño de la casa. Cuando ella murió, pasó al servicio de la marquesa de Prado, quien eliminó todos los privilegios.

El Diccionario de La Literatura Cubana, editado en 1990 por Letras Cubanas, recoge que aunque a los esclavos les prohibían escribir, publicó Cantos a Lesbia, se divulgaron sus Romances Cubanos en el diario Pasatiempo, de Matanzas, y sus poesías aparecieron recogidas en el Diccionario de las Musas, de Manuel González del Valle.

El texto añade que su soneto Mis treinta años motivó a que Del Monte iniciara una colecta para comprar su libertad en 1837 y más tarde fue implicado por error en la Conspiración de la Escalera, debido a una supuesta denuncia de Gabriel de la Concepción Valdés (Plácido). Manzano fue absuelto en 1845, año en que murió.

“Con el paso del tiempo y las transformaciones de nuestro sistema educacional, existen figuras literarias que han quedado en el olvido o de esas que casi no se hablan. Mientras avanza la modernidad o postmodernidad, como también se afirma, más se alejan hechos paradigmáticos de nuestra historia sociocultural”, expresó Roberto Márquez Madruga, filólogo y periodista de Radio Reloj.

Reconocida por vecinos y trabajadores de la localidad como la antigua Casa de la Comedia, porque allí ensayaban grupos teatrales y musicales, el inmueble de los Jústiz almacena hoy materiales destinados a su remodelación.

Irene Rodríguez, primera bailarina del ballet español de Cuba, destacó que el estilo de las paredes y puertas coloniales hizo que Eusebio Leal pensara en su obra y le concediera el local como sede de la compañía.  Aseguró sentirse honrada y comprometida a dar continuidad “a la bella historia que ya encierran estos húmedos muros de mampuesto”.

Pie de foto: La antigua Casa de la Comedia, situada en la calle Jústiz, de La Habana Vieja, fue el hogar de dos escritores que marcaron pautas en la literatura cubana.

Ficha técnica:

Tipo de título: Genérico,
Tipo de lead: Especial de Contraste.
Tipo de Nota Interpretativa: Explicativa.

Tema: Falta de estudio y desconocimiento de la primera escritora cubana y el primer poeta negro, esclavo y habanero.

Situación problémica: A pesar de existir una tarja en el hogar de Beatriz de Jústiz y Zayas y Francisco Manzano que corrobora que ellos fueron la primera escritora cubana y el primer poeta negro, esclavo y habanero, respectivamente, son ignorados por parte de vecinos de la localidad y poco estudiados en nuestras aulas universitarias.

Objetivos colaterales: Dar a conocer la identidad de la primera escritora cubana, Beatriz de Jústiz y Zayas y el primer poeta negro esclavo y habanero Juan Francisco Manzano. Ofrecer datos acerca de la vida y obra de cada uno de estos poetas. Indicar el por qué del silenciamiento de Beatriz de Jústiz y Zayas. Relacionar a los dos escritores a pesar de pertenecer a clases sociales completamente diferentes y que sus obras fueron realizadas con diversos objetivos, en condiciones diferentes. Demostrar las causas del desconocimiento por parte de estudiantes universitarios, vecinos de la localidad donde se encuentra la antigua casa y población en general, acerca de las obras de estos escritores.

Estrategia de Fuentes:

Documentales:
 
Tarja  ubicada en el frente de una casa del siglo XVII que fue el hogar de los dos poetas, y en la que se da constancia que Beatriz de Jústiz y Zayas fue la primera escritora cubana.

Libro Las muchachitas de La Habana no tienen temor de Dios, de la Doctora Luisa Campuzano

Artículo del investigador Carlos Venegas, publicado en la Revista Palabra Nueva, edición de septiembre de 2008.

Diccionario de La Literatura Cubana editado en 1990 por Letras Cubanas.

Activas:

Doctora Francisca López Civeira, profesora de la Facultad de Filosofía, Historia y Sociología de la Universidad de La Habana. Explica las causas del desconocimiento acerca de la identidad de la primera escritora cubana, haciendo referencia al contexto histórico en el que ella vivió. Menciona la poca difusión de las obras de Juan Francisco Manzano en las aulas de estudiantes de Historia de la Universidad de La Habana. Tipo de Fuente: Especialista. Tipo de Juicio: De Valor y Analítico.

Marian Garrido Cordoví, estudiante de tercer año de Filología de la Universidad. Explica el desconocimiento por parte de los estudiantes de su carrera sobre la identidad de la primera escritora cubana. Tipo de Fuente: Implicada. Tipo de Juicio: De valor.

José Rolando Alejandre Sánchez, estudiante de tercer año de Filología de la Universidad de La Habana. Aclara la necesidad del estudio no solo de la Toma de La Habana por los ingleses como el hecho en sí, también como un período importante de la literatura cubana. Tipo de Fuente: Implicada. Tipo de Juicio: De valor.

Roberto Márquez Madruga, filólogo y periodista de Radio Reloj. Hace referencia a las causas por las que estos escritores no son conocidos en las aulas cubanas. Tipo de Fuente: Especialista. Tipo de Juicio: De Valor y Analítico.

Irene Rodríguez, primera bailarina del ballet español en Cuba. Tipo de Fuente: No implicada. Tipo de Juicio: Lógico.

Hechos: La primera escritora cubana, Beatriz de Jústiz y Zayas y el primer poeta negro, esclavo y habanero, Juan Francisco Manzanoo no son conocidos por vecinos de la localidad y estudiantes universitarios y población en general.

Contexto: Las obras de los dos escritores son desconocidas por parte de los estudiantes de Filología de la Universidad de La Habana y población en general.

Situaciones colaterales: El poco espacio en el plan de estudio de algunas carreras universitarias para tratar la vida y obra de estos dos escritores, debido a que solo se imparte un solo semestre de Literatura Cubana.

Antecedentes: En el siglo XVIII no se tenían en cuenta las ideas de las mujeres, sin embargo, Beatriz de Jústiz y Zayas se atrevió a demandar las causas por las que los ingleses toman La Habana. Por otra parte, a los esclavos les tenían prohibido escribir y aún así Manzano publicó varias obras y su famosa autobiografía, tuvo un gran reconocimiento en las tertulias del escritor Domingo del Monte quien le otorga la libertad. Pasó un año en prisión por estar implicado por error en la Conspiración de la Escalera.

Causas: El desconocimiento acerca de la identidad de la primera escritora cubana, Beatriz de Jústiz y Zayas, fue condicionado por los prejuicios que existían en el siglo XVIII, el hecho de que una mujer escribiera era un escándalo y aún más si sus escritos denunciaban los males que aquejaban a la ciudad. Las obras de Juan Francisco Manzano, primer poeta negro, esclavo y habanero son conocidas por estudiantes de Historia, pero no de forma exhaustiva por ser parte de solo un semestre de clases. El tiempo y las transformaciones por las que ha atravesado nuestro sistema educacional hicieron que gran parte de la población conozca la casona que fue su hogar, pero no se interese por indagar acerca de ellos.

Repercusiones: En la Academia no se estudian a estas dos personalidades que han aportado de una forma u otra a nuestra idiosincrasia, los medios de difusión masiva no le dediquen un espacio y, por consiguiente, incluso vecinos y trabajadores de los alrededores de la casona que fue su hogar, no los conocen. Esto conlleva a la pérdida de figuras que también contribuyeron a la cultura cubana.


 

EL TIEMPO NO CREE EN INMORTALES

EL TIEMPO NO CREE EN INMORTALES

Emblemáticos inmuebles de Cojímar sucumben ante el descuido de sus habitantes y las autoridades responsables de ellos.

ALEX PÉREZ POZO,
estudiante de primer año de Periodismo,
Facultad de Comunicación,
Universidad de La Habana.

Los tres símbolos arquitectónicos más importantes del pueblo de Cojímar sufren los efectos del tiempo y su valor cultural se consume con la decadencia de los inmuebles, sin que ninguna institución se encargue de su reparación.

“Todo se derrumba, va perdiendo vida. La historia que desde dentro de sus construcciones grita fuerte para ser rescatada, no tiene quien la escuche”, así se refiere Alejandro Pérez Núñez, miembro de la Asociación de Historiadores de Cuba, sobre la herencia arquitectónica de Cojímar.

El nombre de ese pueblo, que en arauco significa entrada de agua dulce en tierra fértil, fue inmortalizado por Ernest Hemingway, Premio Nobel de Literatura, en su novela El Viejo y el Mar. Pero Cojímar no es solo un “pueblo  de pescadores” como relata el escritor en su libro: el verdadero legado también está en las construcciones que estuvieron entre las primeras de su tipo en la Ciudad de La Habana y ahora solo dependen del tiempo para ser olvidadas. Ellas también constituyen el patrimonio del lugar.

“Hoy, en las condiciones más precarias que pueda estar una construcción se encuentra el Hotel Campoamor, deshecho en medio de tierras inútiles”, agrega Pérez Núñez, tras observar la huella que ha dejado el paso de los años sobre el hotel fundado en 1907.

El Campoamor estaba entre los más lujosos de América Latina en los inicios del siglo pasado y fue instituido por Doña Pilar Samohano Fernández, señora de la alta aristocracia habanera, también dueña del Hotel Telégrafo y los Helados de París, ubicados en la famosa acera del Louvre de la época, en el Parque Central,  junto al Hotel Inglaterra de la capital.

En el lugar, calificado como la “taza de oro de la costa Norte”, también existía el Cojímar Beach Club, instalación de recreo del Hotel Campoamor,  donde venían a veranear las familias más adineradas de la época, “porque esta era la única playa de la ciudad de La Habana, según  afirma el Historiador Ricardo V.  Rousset, en su libro Historia de Cuba 1918, Relación de Balnearios”.

Entre las personalidades asistentes a la apertura del hotel estaban la viuda de José Martí, Doña Carmen Zayas Bazán y su hijo, el capitán José Francisco Martí, junto al alcalde de la ciudad y el de la villa de Guanabacoa en aquel entonces.

Al reseñar su inauguración, los cronistas de la época escribieron en el periódico El Debate: “Podemos afirmar que el Hotel Campoamor compite con los mejores situados de las populosas ciudades americanas, y eclipsa victoriosamente al tan nombrado hotel de Atlantic City”.

Sin embargo, el gobierno presidido por Mario García Menocal adquirió el inmueble el 1ero. de julio de 1916, para prestar servicio como centro médico-educativo “Preventorio Antituberculoso José Martí, uno de los catorce centros asistenciales infantiles existentes en Cuba, considerados como asilos de niños, en los cuales eran atendidos los menores a cargo de la Dirección de beneficencia. 

No es hasta el triunfo de la Revolución cubana que el centro educacional preventivo se convierte en Oficinas del Ministerio de Educación (MINED)  en 1986; luego se convirtió en un almacén para las microbrigadas, hasta el día de hoy.

Allí descansan historias, secretos y un importante espacio que se desaprovecha. “Revivir el Campoamor sería como un sueño hecho realidad”, comenta el historiador Alejandro Pérez Núñez. 

Las autoridades actualmente responsables del inmueble, pertenecientes al Ministerio de Educación, “no tienen  recursos para reparar el centro y este necesita una gran cantidad de dinero, además,  hay inversiones que son más importantes”, argumentó Luisa Estévez Carmona, encargada del estado de centros educacionales del municipio Habana del Este.

Pero el Campoamor no es el único inmueble de gran valor histórico que permanece en el abandono. “Cada noche que me acuesto a dormir lo hago con el miedo de no poder despertar, el techo de aquí está como una telita, con filtraciones y todo”, dice Lucrecia Ruiz, de 48 años, habitante de la Quinta Boada o Quinta de Pedralves como se le conoce hoy.

“La edificación es una verdadera obra de arte y patrimonio de la historia de La Habana y la localidad. Aquí vivió hace muchos años Don Joaquín Boada, señor acaudalado, dueño de la fábrica de jabones y velas La Purísima, quien utilizaba la vivienda como quinta de veraneo en los meses de junio a agosto”, cuenta el historiador.

En los jardines de esta construcción, terminada en 1910, se reflejaba una de las primeras incursiones del estilo “art noveau” en Cuba;  además, poseía su propio pozo para abastecerse de agua, algo poco común para aquella época, según el libro 500 años de construcciones en Cuba, del historiador Juan de las Cuevas Torayas.

Hoy la edificación alberga cinco familias para un total de 20 personas. Para Carlos Fonseca, de 13 años, la experiencia de vivir allí es fantástica: “Todos los niños de la casona jugamos entre sus antiguas cocheras, por sus parques y nos gusta creer que vivimos en un casón mágico y que hay un hombre del saco del que siempre huimos”.

A pesar de que la Quinta Boada fue un emblema de la arquitectura epocal, tras el triunfo de la Revolución la edificación fue entregada a la Institución de Vivienda Municipal, que autorizó los espacios a las personas ya habitantes del lugar. Desde entonces, la suerte de la estructura del palacete está en manos de sus moradores, incapacitados económicamente para asumir su restauración.

“No tenemos dinero suficiente para repararla, ni reuniendo todas la familias del lugar. El país y nosotros incluidos atravesamos una crisis desde hace muchos años”, dice Claudia Corrales, quien utiliza su espacio como estudio de fotografía.

“Hoy la casa quinta ha sufrido muchas modificaciones, también el paso de ciclones y el efecto del tiempo ha dejado sus marcas. La majestuosidad de esta obra arquitectónica se ha quedado solo en fotos y en la memoria de pocos”, confirma el historiador de la localidad, Alejandro Pérez Núñez.

En una situación similar se encuentran los habitantes del Hotel residencial La Lomas. Yohanka Pérez, una de sus residentes más antiguas,  manifiesta que “aquí vivimos muchos y el espacio no es suficiente. Las paredes están deterioradas y al techo no le queda mucho”.

La infraestructura fue modificada con disímiles construcciones adyacentes que se erigen hoy en el residencial, deformando la idea inicial para la cual fue concebida. Con las ampliaciones, los habitantes de allí pretenden tener un mayor espacio en los terrenos y “aprovechar al máximo lo que nos dieron”, según Hilda Fuentes, una de las habitantes del lugar.

El residencial Las Lomas fue construido en los años veinte del siglo pasado y luego pasó a ser la fábrica de la marca de ropa Mayflower, iniciada por  una pareja de judíos emigrantes de Polonia en 1943, que llegó a Cuba huyendo del fascismo en su país.

“En los inicios de la etapa revolucionaria esta edificación fue entregada a las familias que hoy habitan allí, dejando la fachada y sus alrededores a la merced del tiempo”, argumentó el historiador de la localidad.

A decir de Alejandro Pérez Núñez, “si no se toman las medidas necesarias para salvar estas infraestructuras, veremos como el César, caer nuestro pequeño imperio, porque sin lugar a dudas el tiempo no cree en inmortales”.

FICHA TÉCNICA:

Tema: El deterioro y abandono de tres de las construcciones más importantes en Cojímar.

Propósito: Demostrar que estas construcciones se encuentra en un estado deplorable y no está en manos de sus habitantes, en la mayoría de los casos, rescatarlas.

Objetivos colaterales: Investigar los hechos que hicieron a estas edificaciones importantes en la historia. Demostrar que las edificaciones deberían ser patrimonio arquitectónico de Ciudad de la Habana.

Fuentes consultadas:
Especializadas: Alejandro Pérez Núñez, historiador de la localidad, y Luisa Estévez Carmona, encargada del estado de centros educacionales del municipio Habana del Este.
No especializadas: Pobladores de las edificaciones deterioradas.
Documentales: Cuevas (de las) Torayas, Juan. “500 años de construcciones en Cuba”, Editorial Boloña. 2000.
Periódico El Debate, X de julio 1907. Solo posee el recorte de periódico.

Tipos de juicios:
Todos los juicios emitidos por las personas encuestadas en las edificaciones son juicios analíticos, pues estas valoraciones son percepciones del problema.
Los expresados por Luisa Estévez Carmona, encargada del estado de centros educacionales del municipio Habana del Este, y Alejandro Pérez Núñez, miembro de la asociación de historiadores de Cuba, son juicios de valor.

Hecho: Las tres edificaciones más importantes de Cojimar se deterioran con el paso del tiempo sin que ninguna institución se encargue de su reparación.

Antecedentes: El Campoamor pasó a ser de uno de los hoteles más lujosos de América Latina, en los inicios del siglo pasado, a un almacén de microbrigadas. Luego del triunfo de la Revolución, la Quinta Boada, otra de las edificaciones olvidadas, pasó a manos de Vivienda Municipal, que autorizó los espacios a las personas ya habitantes del lugar. Desde entonces, la suerte de la estructura del palacete está en manos de sus moradores, incapacitados económicamente para asumir su restauración. El antiguo hotel residencial Las Lomas ha sido modificado con disímiles construcciones adyacentes, deformando la idea inicial para la cual fue concebida en los años veinte del siglo pasado.

Contexto: Las familias que viven estas edificaciones no tienen condiciones económicas que les permita  repararlas. Además, ellos desconocen la historia y el patrimonio que atesoran; y por tanto, la necesidad de rescatarlos. El estado actual de las construcciones es excesivo y hay posibilidades de que  peligre la vida de alguna de sus habitantes. Ninguna institución o empresa se encarga de estas edificaciones.

Proyecciones: El historiador asegura que si nadie se encarga de la reparación de estos inmuebles, acabará perdiéndose su patrimonio.

Tipo de Título: Llamativo.
Tipo de Lead: Clásico de Qué.

LOS ZAPATICOS QUE CAMINARON POR COJÍMAR

LOS ZAPATICOS QUE CAMINARON POR COJÍMAR

ALEX PÉREZ POZO,
estudiante de primer año de Periodismo,
Facultad de Comunicación,
Universidad de La Habana.

Cojímar es un pueblo que nunca tuvo un acto o ceremonia de fundación. Sus espacios, que evocan a la naturaleza con paisajes afrodisíacos, de vez en cuando son escondidos tras la urbanización que hoy impera en los terrenos y arrebatan la historia oculta entre sus muros.

Como mismo Santiago se iba rindiendo ante su desafío en El viejo y el mar, las leyendas de este pueblo, que en sus inicios fue de negros libres e indios errantes, luchan contra el tiempo y el abandono de sus pobladores, porque sus construcciones e historias se están quedando a la deriva, y permanecen solo en los recuerdos de algunos de sus habitantes.

Pero la notoriedad de Cojímar no comenzó cuando Hemingway utilizó este pueblo como escenario en su novela cumbre sino desde mucho antes,  se remonta a la época en que los capitanes generales venían a veranear a sus casas, o desde la etapa en que supuestamente el Apóstol pudo haber visitado sus playas y éstas haber inspirado su poema Los zapaticos de rosa en el escenario que allí vivió.

Vigencia de contradicciones

A pesar de que la hipótesis planteada en 1984 por Oscar de la Vega, gran historiador y estudioso de la obra martiana, en su libro La barranca de todos II, aún se generan contradicciones acerca del verdadero lugar que inspiró al Apóstol a escribir este poema.

De la Vega plantea que Los zapaticos…  está inspirado, al menos su  escenario, en las playas de Nueva York, New Jersey y Rhode Island. Demuestra que eran muy concurridas por la alta aristocracia en aquella época, excepto Bath Beach, en Nueva Jersey, lugar donde José Martí vivió durante un tiempo.

Según de la Vega, la calle del  laurel, por la que anduvo Pilar y su madre, no es más que “una vía reflejada en -The Marquand Cottage-un dibujo de Mr. Hunt”. Esta obra ilustra  una mansión famosa con una gran arboleda en su jardín, donde “se levanta un árbol que podría ser un laurel, por lo menos en la mente del poeta… percepción inmediata, no impresión evocada esta vez”, sostuvo el investigador.

Otro reconocido historiador, Leopoldo Barroso, citado y refutado por de la Vega en La barranca…, al referirse a Cojímar resalta: “Por allá había un camino de laureles, casas con jardines y cocheras, diferencia entre el color de las arenas, y al parecer, un resto de barranca”.

Según se recoge en la memoria popular y como se muestra en varios mapas topográficos, la única carretera existente desde Guanabacoa hasta Cojímar, estaba amurallada por árboles que ante la sensibilidad perceptiva del héroe debió resultar impresionante. Eran arboledas en filas de laureles que durante la época pasada sirvieron como símbolo de la vía para nombrarla.

Pero este no es el único indicio que validan los historiadores acerca de la presencia del Apóstol en Cojímar. Oscar de la Vega hace referencia en La Barranca de todos, a la hipótesis planteada por Barroso, quien en su libro Guanabacoa Libre, expone que “el poema evoca los momentos vividos en el año 1869, cuando su padre era el celador del barrio de la Cruz Verde, en Guanabacoa”.

Una nueva posibilidad

Algunos miembros de la Asociación Nacional de Historiadores de Cuba (ANHIC), de Cojímar, representados por Alejandro Pérez Núñez, llevan a cabo una investigación sobre este tema como parte del proyecto comunitario “Huellas sobre el mar”, el cual ha planteado entre sus tesis que Martí se hospedó en  una de las casas de veraneo en Cojímar, de Miguel F. Viondi, entre 1878 y el verano del  1879. Este lugar se encontraba frente a los baños de doña Pilar Samohano, dueña de los Helados de París y el Hotel Telégrafo, en la famosa acera del Louvre de La Habana”. 

Durante los primeros meses de vida de José Francisco Martí, su padre trabajaba como pasante en el bufete de Don Miguel F. Viondi y Vera, prestigioso abogado de la época y dueño de casas de veraneo en Cojímar, con el cual Martí estableció una amistad muy cercana. Este señor fue el único que le ofreció empleo tras su arribo desde Guatemala, el 31 de agosto de 1878.

Viondi era, además, Vicepresidente del Liceo Literario y Artístico de Guanabacoa, del cual Martí fue su secretario, y la amistad entre ambos fue de tal magnitud  que llegó a calificarlo de “ejemplar amigo”,  en carta fechada el 13 de octubre de 1879, luego de ser deportado por segunda vez hacia España. En otras misivas asimismo muestra el aprecio que sentía por este señor con catalogaciones de igual significado.

El sanatorio

Después de ser indultado por el Gobernador de la Isla en 1871,   “Martí es diagnosticado con infecciones pulmonares y sarcoidosis”, una enfermedad granulomatosa sistemática.

“Precisamente las playas cojimeras, eran las únicas en la época con balnearios privados, porque gozaban de un prestigio por sus aguas medicinales desde 1813. Entonces, estas pudieron haber sido visitadas por él cuando estuvo brevemente en Cuba en 1879”, comenta Pérez Núñez.

Estos balnearios  fueron construidos mucho antes de los primeros baños de La Habana, entre los que se encuentran los famosos Campos Elíseos del Malecón y que datan de 1902. Sin embargo, las costas de Cojímar seguían siendo las predilectas para las personas de la alta aristocracia y los propios capitanes generales durante la etapa veraniega.

¿Pero,  por esas arenas finas de la playa al este de la actual capital habrán caminado los zapaticos de Pilar?

¿Quién era Pilar?

Oscar de la Vega planteó que la niña que va siempre con su sombrerito de plumas “es María Mantilla”, cuya paternidad adjudicó a José Martí. En carta a Victoria Smith, prima de Carmen Millares (madre de María Mantilla) y publicada en la prensa el 24 de febrero de 1991, se aclaran todos los rumores acerca del tema.

“Sin embargo, durante el tiempo de la posible estancia de Martí en Cojímar, la memoria popular afirma que a los baños cojimeros de doña Pilar concurría María de Boada Sabatés, hija de Don Joaquín  Boada, quien vivía en grandes comodidades, tenía lujos, coches y aparentemente permanecía cerca de la playa y de las casas del señor Viondi”, plantea el investigador Alejandro Pérez Núñez.

Y agrega que “la infante padecía de enfermedades respiratorias, por lo cual su padre invierte en terrenos de Cojímar y le construye la famosa Quinta Boada o Quinta de Pedralves. La influencia de esta familia en el poblado de Cojímar era tan grande, que la esposa de Don Joaquín decidió donar la imagen de la Virgen de Nuestra Señora del Monte de Carmelo, “Virgen del Carmen”.

La indagación llevada a cabo por este historiador concluyó que “exactamente en el mes de julio de 1879, de acuerdo a los textos consultados en las Obras Completas Edición Crítica, no existen fuentes documentales (cartas, textos periodísticos, etc.) del Apóstol  Las  únicas misivas enviadas durante este tiempo tienen fecha  del 12 de junio y la próxima es del 7 de agosto de 1879. Esto nos hizo preguntarnos, si estaría en Cojímar de descanso, en el devenido sanatorio de enfermedades respiratorias. Este pueblo probablemente fue recomendado por su familia, o por su íntimo amigo Don Francisco Viondi, o tal vez, por su experiencia personal,”.

Por otra  parte, la investigadora Paula María Luzón Pi considera que “si Martí se refería a “zapaticos de rosa” es porque él identifica este color con la infancia, los niños, todo lo que comprendía a su hermana Lolita, quien muere a los cinco años de angina de pecho mientras él estaba en el presidio”.

“Tal vez, como las playas de Cojímar eran consideradas un sanatorio para este tipo de enfermedades y Don Mariano Martí era el celador del barrio Cruz Verde en Guanabacoa, a Lolita la trajesen aquí, y por eso es que dedica estos versos al amor en rosa que sentía por ella. Bien se refiere él al titular el poema Los zapaticos de rosa”, destaca el investigador Pérez Núñez.

“También, la niña protagonista de este poema puede ser la hija de la baronesa Pilar Samohano, dueña de los famosos baños de mar de Cojímar, a quien muchos  llamaban “Pilariña”. Aún así, Madmoiselle Marie, a quien está dedicado este poema, es una incertidumbre para la historia rodeada de suposiciones”.

Con respecto a las personas presentes en la playa, Martí destaca extranjeros en los alrededores. “Y está comprobado que en Cojímar la presencia de foráneos mayormente provenía de España, Asia, otros de Brasil, Estados Unidos, Inglaterra, Irlanda y México, así como de Venezuela, Italia, Francia y Rusia”, sostiene Alejandro Pérez.

Los detalles del paraíso

Cuando Martí se encontraba en España y antes de escribirle a su esposa, le comenta a Viondi en carta fechada del 13 de octubre de 1879: “…ni escribir quiero mis memorias, -porque hasta las que escribo me hacen falta para calentarme el alma en la soledad (…) nunca olvidaré aquellos días de animado bufete, ni las heridas que usted me curó, ni la fortaleza que usted me reanimó, ni aquella unión entrañable –no en mí perecedera-  en que vivimos. Sean para V., como para mí, las obligaciones nuevas de cariño! –Ayer vi un encantador sombrero blanco. Pensé en Julita (hija de Miguel Viondi). Y en mi hijo.”

Para el estudioso del tema, Alejandro Pérez, “el sombrero blanco pudo ser el que tuvo como referencia para destacar en la niña de Los zapaticos… y así recordar a la hija de su entrañable amigo y a su pequeño José Francisco Martí y Zayas Bazán, quienes en las etapas de veraneo probablemente descansaban en las playas de Cojímar”.

“Cada detalle escenificado, es manifiesto en la vida que tenía, a la experiencia que lo pudo haber acompañado durante las estancias con su hijo, tal vez, antes de partir de Cuba en septiembre de 1879”, agrega.

El poema fue publicado en  la primera edición de La Edad de Oro, en  julio de  1889, diez años después de la supuesta estancia de Martí en las playas de Cojímar. Pero en carta a Viondi, con fecha del 18 de noviembre de 1879, Martí le anuncia a su amigo: “Reúno cuidadosamente todos esos datos que puedan serme útiles para la obra que desde hace años intento”.

Otros aspectos importantes que menciona hacen referencia a la topografía de las playas de Cojímar. Sin embargo, Oscar de la Vega plantea que “el escenario es fruto de la visión de las costas norteamericanas”, para  reflejar  la sociedad de la época.

En el plano topográfico de Cojímar de 1850 y en el de 1919 se trazan elementos de la geografía que resaltan y concuerdan con la descripción hecha en el poema. Una de las propuestas de la hipótesis de Barroso plantea: “Martí y su familia hubiesen visto una puesta de sol desde la playa de Cojímar, con la elevación al oeste que pudo ser “el monte dorado” de la vigésima redondilla”.

En ambos mapas aparece una bahía bordeada por arena, con dos tonos interrumpidos por una sección de rocas y en el medio de la pequeña ensenada  se impone un cayito de arenas blancas, “El Cocal”, como un islote que se comunica con la orilla. Se aprecia el desemboque de un río en donde antiguamente se sentaban los pobres.

“Esta era la parte de la playa donde se reunían los botes de los viejos pescadores, como mismo lo hacían en las márgenes del cayo, donde las arenas eran más finas y las aguas más saladas”, agrega el historiador Pérez Núñez.

Y asimismo, reafirma Barroso  en el dibujo para Guanabacoa Libre, “la calzada de los laureles queda entre la playa (al este) y un montículo (al oeste) que podía parecer dorado en la puesta de sol observada desde la arena”.

“Cuando indica que ‘Lo alegre es allá, al doblar, en la barranca de todos’, puede ser a la derecha de los baños de Doña Pilar si nos fijamos en el mapa. Porque  en ese espacio es donde estaba El Cocal y la orilla de la costa de los pobres, justamente donde está la barranca”, afirma Alejandro Pérez.

Un cardinal de referencia

En otra estrofa Martí anuncia a Alberto el militar, quien sale en la procesión, con un tricornio y un bastón echando un bote a la mar. Oscar de la Vega propone que el soldado “pudo haber sido un militar o ex militar o ciudadano común y corriente, pero disfrazado de algunas de las carnavaladas o desfile exhibicionistas de New Port, Estados Unidos”.

Para Alejandro Pérez, “el tricornio, a pesar de que desapareció tras el fin de la Guerra de la Independencia Española, en 1814, es reutilizado por la Guardia Civil en 1844 por orden del Duque de Ahumada. Esta decisión perseguía el realce del uniforme, y en la actualidad es utilizado para las ceremonias, o en determinadas ocasiones por la Guardia Real. Por lo que existe la posibilidad de que haya sido utilizado también en la primera procesión efectuada en Cojímar”.

El 16 julio de 1879, en este pueblo se celebró uno de los eventos más importantes de la región de Guanabacoa,  porque se realizó la primera procesión de la imagen de Nuestra Señora del Monte de Carmelo, debiendo ir custodiada por un militar, quien debía ir con su uniforme de gala y, además, coincidía con las fiestas patronales del poblado.

Allí la imagen de la Virgen era engalanada en un desfile por la calle que comunicaba a la playa, luego se colocaba en un bote y se mostraba alrededor de la pequeña bahía para bendecirla, porque ella significa la estrella del mar y la protectora de los navegantes.

“Coincidentemente en Cojímar hay un Torreón que servía para defender esta parte de la ciudad de los ataques de corsarios y piratas. Esta fortificación y otras que existieron en las inmediaciones de la costa debieron estar comandadas por militares españoles que probablemente uno de ellos, fue el mismo que custodió a la virgen, utilizó el tricornio en la procesión y luego Martí describió en su poema”, considera Alejandro Pérez.

El Apóstol en este poema describe una playa que tiene un ambiente de ricos, y a uno de los lados había pobres. Contrasta la desigualdad que veía con sus ojos, todo era puramente percepción, no un escenario compartimentado en varias playas como presupone de la Vega.

“En Cojímar están aunados todos los elementos que él minuciosamente va mencionando en su poema: la calle del laurel, la presencia de extranjeros, el monte dorado, la arena fina, el águila simbólica en sus textos, Pilar, el tricornio, Alberto el militar y la procesión”, infiere Pérez Núñez.

“El amor a la Patria que sentía Martí es tan grande  que un homenaje de esta magnitud debería ser para las tierras que él defendió, y en Cojímar son muchas las coincidencias de carácter histórico y geográfico mostradas en los versos como una especie de reflexión autobiográfica de los acontecimientos que ocurrieron en julio de 1879 en este lugar. Además, cuál escenario va representar sino el de su Cuba para los niños de América”.

“Probablemente los momentos vividos aquí, de cierta forma son los que están manifestados en estos versos, porque en ellos se reflejan aspectos de su niñez, relaciones familiares, pasajes históricos, su hijo, sus amigos, la playa donde supuestamente compartió con todos ellos en diferentes momentos. La flora y la fauna que lo conmovió, todo un escenario que inspiraría a cualquier poeta”.

Entonces, tal vez esta fue la playa que él inmortalizó. ¿Quién sabe si no se pudo resistir a sus encantos y decidió escribirle este poema; o si Pilar, es el reflejo de alguna de las niñas que habitaron en el pueblo durante la época? Parece que la incertidumbre permanecerá, y solo en un fragmento de la historia local surgirá la verdad, porque probablemente, aquellos zapaticos, caminaron por Cojímar.

EL VEDADO, REFLEJO DE UNA SOCIEDAD

EL VEDADO, REFLEJO DE UNA SOCIEDAD

El corazón de la capital cubana es un lugar donde las grandes mansiones eclécticas, palacetes al estilo art decó y los edificios de los años 50 sufren el paso del tiempo.

LORENA SÁNCHEZ GARCÍA,
estudiante de tercer año de Periodismo,
Facultad de Comunicación,
Universidad de La Habana.

La ciudad es algo que se lleva dentro…ha sido así desde los griegos. No se pierde en ausencias, pues habita en la memoria. Impone su carácter a todo elemento añadido. Refleja, a través de su arquitectura, la historia de un pueblo, de una nación.

Quien visita La Habana no puede, ni debe, dejar de caminar las calles del Vedado. Los años hacen mella en su apariencia secular, pero la popular barriada, con siglo y medio de existencia, irrumpe en el imaginario habanero como una de los sitios más atractivos de la capital. En su evolución descansa la idiosincrasia de los habitantes, la cual perdura hasta la actualidad.

“Desde sus inicios siempre tuvo un aura aristocrática, de suma elegancia”, asegura el arquitecto Mario Coyula. Sin embargo, hacia las primeras décadas de la pasada centuria el barrio comenzó a mezclarse socialmente. Al lado de la mansión de Ernesto Sarrá, con más de media hectárea, podía estar la casa de un médico de éxito, o la de un empleado público y, al doblar, una ciudadela.

Todo coexistía. Pero la expresión de diferencias sociales no se vislumbraba hacia el exterior, pues la clase dominante impuso sus patrones culturales en los espacios públicos. Esa sucesión de máscaras impedía que el lugar idílico de la capital cubana se “devaluara”.

Mas, hoy día, pese al abolengo del nombre, el Vedado sufre el paso del tiempo. El siglo XXI hereda un patrimonio un tanto envejecido. Los rasgos esenciales del barrio y la marca de su diseño original, difícilmente sobreviven en el trazado de las calles y avenidas, en el césped, en el arbolado, en el diálogo directo con el mar.

Connotaciones de un nombre

A mediados de 1800, La Habana de extramuros llegaba hasta la calle Belascoaín. Por esa fecha, se estableció el ferrocarril urbano que conectaba a las zonas periféricas de la ciudad. La revolución industrial cubana se hacía eco de las grandes urbes europeas y la burguesía nacional comenzaba a expandirse por toda el área habanera, en busca de un nuevo lugar donde implantar su dominio.

La zona escogida por los ricos estaba poblada de enormes bosques. Existía un cementerio de la religión protestante y canteras para extraer materiales. Según la Doctora María Victoria Zardoya, Profesora Titular de la disciplina Historia del Urbanismo en la Facultad de Arquitectura, por razones militares, durante el siglo XVIII y principios del XIX, este territorio estuvo vedado para la población civil. De ahí proviene su nombre.

La barriada no surgió a la usanza hispánica con plazas e iglesias, sino como un suburbio residencial. “Los orígenes están en el proyecto presentado en abril de 1859 para la modernización de la finca El Carmelo, ubicada al este del río La Chorrera, hoy Almendares. Mediante la existencia de una retícula perfecta y la construcción de grandes calles, el Vedado comenzaba a marcar las pautas de la modernidad en Cuba”, afirma la arquitecta Jeannette Costa, también profesora de la Facultad de Arquitectura del Instituto Superior Politécnico José Antonio Echevarría.

Asimismo, la doble experiencia de convivir con la alta burguesía, en un ambiente arquitectónico marcado por el esplendor ecléctico, y de participar en el modelo de consumo norteamericano de los primeros años del pasado siglo, dieron cuerpo al “mito vedadista”, el sueño de la clase media cubana de coexistir en la popular barriada.

“La ilusión de habitar las calles del Vedado tuvo la suerte de cumplirse para muchas familias de profesionales luego de la Revolución del 33, debido a los cambios sociales y políticos que, aunque abortados en muchas dimensiones, permitieron romper ciertas barreras de las cuales se alimentaban la segregación social del suburbio residencial”, comenta el arquitecto jubilado Oscar Hernández.

Sin embargo, el sitio estaba presente en el locus popular como un territorio de exclusión. Para María Antonia Torres Carballeira, habitante del lugar, vivir en el Vedado es símbolo de jerarquía y de poder económico.

“Llegué a este barrio en 1936, con solo siete años. Aún recuerdo su ambiente aristocrático, las calles bien asfaltadas, sin baches. Era portador de salubridad y beneficios propios del progreso técnico”, rememora.

Por su parte, el octogenario Alberto Bretto González dejó hace cinco años el Vedado para mudarse con su hijo menor al reparto de Miramar. Él considera a este espacio un lugar de signos, de connotaciones.

“Lo que más me gustaba del barrio eran los tranvías. Cuando era niño me agradaba sentir su ruido por la calle Línea, el rechinar del hierro contra las vías. Un sonido peculiar. Solo se escuchaba aquí. Aún recuerdo el momento cuando comenzaron a desmantelar aquellos artefactos. Ese día me sentí triste”, evoca con nostalgia.

Cuenta el arquitecto Oscar Hernández, que “luego de eliminar la infraestructura se produjo un proceso para adecuar la vía y así, permitir una rápida circulación de los vehículos automotores. Después vino la construcción del Túnel para modernizar el eje”.

Hacia 1950, mediante la promulgación del Decreto de la Propiedad Horizontal, comenzó la fabricación de grandes edificaciones debido al acelerado incremento demográfico en el suburbio. La concepción monumental de las mansiones y palacetes se hizo obsoleta e inadecuada para enfrentar la densidad poblacional.

A partir del triunfo de la Revolución Cubana, asevera el urbanista Mario Coyula, continuó el proceso constructivo a gran escala para dar respuestas a las necesidades de la masa trabajadora. Pero entró en contradicciones con los postulados del diseño arquitectónico y urbano.

“Lo que tenemos hoy es el resultado del esfuerzo de muchos y de la negligencia de otros”, afirma el licenciado Juan de las Cuevas Toraya, quien por más de una década se ha dedicado a estudiar la evolución del suburbio residencial.

Durante los últimos años, las violaciones en el espacio urbano se incrementaron, pero fueron evidentes, como nunca antes, a partir de las carencias económicas enfrentadas en la década de los 90 del pasado siglo. “La situación de la vivienda en el país era y es irresistible. Por ello, aledaños a sus moradas, la población amplió azoteas y jardines, modificó las fachadas”, asevera Toraya.

Pero, como manifiesta el urbanista Mario Coyula, el entramado de las calles no se parece al diseño original, donde cada acera tenía su parterre correspondiente y la uniformidad característica de las edificaciones contribuía a mantener el equilibrio de la barriada. Poco a poco aparecieron una serie de inmuebles que quebrantaron un sinfín de regulaciones urbanísticas.

Las áreas verdes forman un ingrediente fundamental que amortigua la contaminación sonora y ambiental de la zona. Refrescan, además, la escena urbana. Mas, erróneamente, se desarrollan planes para talar algunas plantas ornamentales en los principales parques del lugar.

Según el arquitecto Oscar Hernández, el arbolado favorece la imagen de las edificaciones, disminuye el sentimiento de opresión provocado por el exceso de construcciones y permiten, además, la convivencia comunitaria.
Así, el Vedado es una trama compleja condicionada por la presencia de la mayor concentración de instituciones sociales y culturales de la ciudad, pero no deja de cumplir con su función residencial. Para el arquitecto Coyula, “esta es una parte de nuestra capital que debemos rescatar”.

Luces y sombras

En marzo de 1999, el Vedado fue declarado zona de protección y sus principales vías, Paseo, G, Línea, 23 y Malecón quedaron diferenciadas como áreas de gran importancia.

No obstante, a partir de las consideraciones de la arquitecta Zardoya, no solo las mencionadas avenidas presentan una elevada significación, pues el 90 por ciento del reparto es de alto valor patrimonial. “Tenemos la obligación de preservar la barriada en su totalidad”, agrega.

En la actualidad, la Oficina del Historiador de la Ciudad se encarga de liderar los planes para la rehabilitación del barrio. A la misma se unen los especialistas de Planificación Física, a quienes no solo corresponde prohibir construcciones indebidas, sino, además, proponer alternativas para salvaguardar el espacio urbano.

Para el arquitecto Roberto Moro, asesor técnico de la dirección de esta entidad, el principal propósito es rescatar las viviendas, mantener el diseño original de las fachadas, evitar el deterioro de los parterres y jardines y hacer cumplir las regulaciones urbanísticas.

Asimismo, asevera que “la estructura del suburbio residencial es de trascendental magnitud, por ello, las infracciones en este territorio deben ser revertidas mediante el incremento de las inspecciones de campo”.

En las Regulaciones Urbanísticas correspondientes al Vedado, está contemplado un plan para proyectar nuevos edificios con menos de seis plantas. Sin embargo, hasta la fecha, “la Unidad Municipal de Inversiones de la Vivienda (UMIV) prioriza las edificaciones altas de la zona. Un ejemplo es el Someillán, ubicado en la calle O, entre Línea y 17”, agrega Moro.

En concordancia con estas acciones, existe el Plan General de Ordenamiento Urbano del municipio Plaza de la Revolución, aprobado por la Asamblea Provincial del Poder Popular. El mismo debe concretar las políticas de orientación territorial en estrecha coordinación con los diferentes organismos inversionistas pertenecientes a la popular barriada. 

Según Iris Rodríguez Soca, jefa del Control Territorial en el municipio, asegura que el objetivo más importante del plan es velar por la estructura urbana del Vedado, establecida por manzanas sobre la base de la cuadrícula tradicional.

“Hoy día, en detrimento de algunas violaciones en las calles transversales del barrio donde se han construido garajes y carports, tenemos un proyecto para habilitar ciertas áreas de parqueo público, incluyendo la posibilidad de utilizarlo en horario nocturno”, señala.

Las medidas para erradicar las infracciones no se harán esperar. Como afirma el arquitecto Roberto Moro, en lo adelante todas las construcciones indebidas serán llamadas a demoler voluntaria o forzosamente.

Más allá de las cicatrices

Pero no todo es ruina y desolación. A pesar de las cicatrices, en el Vedado, como en las antiguas ciudades griegas, el pasado dialoga con sus habitantes.

“Recorrer sus calles es volver a mi infancia. Ese aire altanero que la caracterizaba aún permanece en cada esquina”, comenta María Antonia Torres Carballeira.

Humberto Rodríguez Horta, vive aquí desde siempre. A sus 85 años le gusta el ruido de los autos por las calles, el ulular del viento en los árboles. Para él, este lugar constituye la mezcla perfecta. “El Vedado es un ajiaco concebido a escala monumental. De ahí proviene su imponente presencia”, agrega. 

Así, con el andar de los años, el orgullo de pertenecer a la popular barrida no desaparece. Hoy día, el sitio idílico de la capital cubana revierte los obstáculos y se resiste a morir.

Recuadro

Hospedarse en el Trotcha

Entre el Vedado y sus habitantes, el edificio enigmático coexiste en ruinas. El primer hotel de veraneo, creado a poca distancia del centro fundacional, se sumerge en escombros. Hoy día, El Trotcha sufre y espera. Pero, cuentan quienes por ahí estuvieron, que hacia la década del 20 esta instalación era pionera en el estilo moderno de hospedaje. Al encanto de la edificación, donde se combinaban distintos estilos, se añadía el glamour de los jardines.

“En la entrada tiene una verja de hierro cuyas hojas permanecen siempre abiertas. Detrás un vergel encantador, lleno de plantas deliciosas y de arbustos floridos. Los senderos están cubiertos de arena, a la manera de un parque inglés. En los ángulos del jardín se han levantado cuatro glorietas espaciosas, bajo cuya sombra pueden descansar los huéspedes, sentados alrededor de elegantes mesitas, saboreando sus licores predilectos”, escribía el poeta Julián del Casal acerca del confort que propiciaba.

Su propietario, el catalán Buenaventura Trotcha Fornaguera, arribó a Cuba en el año 1858 atraído por los encantos del Vedado. Adquirió unos terrenos con la intención de construirse una lujosa vivienda próxima al mar, y ordenó acondicionar algunos salones como sitios de estar. Sustenta el licenciado Juan de las Cuevas Toraya que en este paraíso encontró aposento la Sociedad del Vedado, fundada por el español.

Era un sitio al cual concurrían familias adineradas, miembros de las comunidades regionales españolas. Con un total de veinte habitaciones, el Trotcha era un lugar semejante a los “hoteles de Niza, Cannes, San Sebastián y otras ciudades balnearias”, aseguraba del Casal.

Durante la primera mitad del siglo XX, esta edificación constituyó el principal atractivo del Vedado. “Allí se hospedó el poeta nicaragüense Rubén Darío y el famoso torero Mazzantini vivió un idilio de amor con la  actriz Sarah Bernhardt, además, se estableció el primer gobierno interventor estadounidense”, agrega de las Cuevas Toraya.

Según cuenta Amador Gómez del Pino, vecino de la antigua instalación, este fue el primer hotel de La Habana con baños privados. “El glamour lo caracterizaba, pero lo más importante era el constante ir y venir de la gente. La vida que le propiciaba al barrio”, rememora.

Pero el tiempo implacable, junto a la desidia de los hombres y al fragor de las llamas, terminó por consumir el primer hotel del Vedado. Por años, el lugar se convirtió en zona de peligro para los transeúntes.

“Hospedarse en el Trotcha ya no es posible”, lamenta Amador, “en zonas aledañas se construyeron grandes colosos de hormigón como el Cohíba y el Riviera, sin embargo, la memoria viva de la barriada, el lugar de esparcimiento durante siglos pasados aún muere en silencio”.

No obstante, la arquitecta Jeannette Costa expone que hubo muchos intentos por reconstruirlo. Hacia el año 1999, existió un proyecto entre la corporación panameña Arquitel S.A y la empresa nacional Cubanacán, para levantar en ese terreno una nueva instalación con 200 habitaciones. El propósito era conseguir un diseño moderno, pero sin violar el estilo original de la obra.

“Sin embargo, todo quedó en planes. Hoy día, quien camine por Calzada y 2, podrá ver los vestigios, la encumbrada fachada donde la hierba seca se hace eco de sus paredes”, asegura.

GABRIELA EN EL OLVIDO

GABRIELA EN EL OLVIDO

La vigencia de la obra de la escritora chilena Gabriela Mistral constituye objeto de análisis para diferentes investigadores y escritores cubanos.

LEYDA MACHADO ORAMAS,
estudiante de tercer año de Periodismo,
Facultad de Comunicación,
Universidad de La Habana.

La obra de la escritora chilena Gabriela Mistral ha sido recogida en el libro “Antología en verso y prosa”, una compilación de la doctora y ensayista  dominicana Ofelia Berrido, quien reúne en este reciente volumen de 2011 no solo los cuatro libros de poesía publicados por la autora, sino también una selección de poemas inéditos, cartas y  otras piezas en prosa.

El ejemplar, editado por la Asociación de Academias de la Lengua Española, constituye un homenaje a la poetisa, merecedora del primer Nobel literario otorgado a un latinoamericano en 1945 y, por tanto, la primera mujer del continente en obtenerlo.

La autora del libro reveló que próximamente se cumplen 103 años del bautizo literario de Lucila de María del Perpetuo Socorro Godoy Alcayata, pues el 23 de junio de 1908 ella decidió tomar el nombre del poeta italiano Gabrielle D’Annunzio y el apellido del escritor francés Frédéric Mistral, sus dos autores favoritos, para darse a conocer en el mundo literario como Gabriela Mistral.

Antes de obtener el Premio Nobel ya era famosa. “Homenajes, bustos, escuelas, calles y plazas llevan su nombre, clubes de fútbol, menús de restaurantes, premios literarios, billetes de banco… ¿Habría imaginado ella que su perfil aparecería en billetes de cinco mil pesos, los que el pueblo llama «gabrielas»?”, dijo el escritor chileno Miguel Arteche, en el Congreso Internacional sobre vida y obra de Gabriela Mistral, en 1989.

En vida recibió otros importantes reconocimientos como el Doctorado Honoris Causa del Mill College of Oakland, California, en 1947, y el  Premio Nacional de Literatura, en 1951. Además, la Organización de los Estados Americanos instituyó en 1979 el Premio Interamericano de Cultura Gabriela Mistral.

No obstante, esa evidente gloria no es más que una imagen fragmentada, pues “entre críticos y poetas existe el consenso de que Gabriela Mistral sigue siendo en definitiva una gran desconocida”, dijo Volodia Teitelboim en su libro Gabriela Mistral, pública y secreta.

Presencia y fuga de la escritora chilena

¿Por qué su retrato se limita a la autora de poesía infantil, la madre de todos los niños y de ninguno, la mujer que canta a un suicida, la hundida en tristezas irremediables y otros tópicos agridulces, y se reduce a silencio todo lo demás que ella fue y dijo, más que nada si se trata de pronunciamientos políticos y sociales?, se pregunta el escritor Teitelboim.

“En la década de los  años 40 y 50, creo que la figura de Gabriela tuvo más presencia que la que puede tener ahora, y ese relativo olvido de otras áreas de su obra se debe quizás a la fuerza de su poesía, que es lo que sustenta la grandiosidad de esta figura. El resto de su quehacer se ha relegado, pues sus versos se lo llevan todo”, comentó Cira Romero, investigadora y ensayista del Instituto de Literatura y Lingüística de la Academia de Ciencias de Cuba.

Pero la gran poetisa chilena tiene también importantes textos sobre la cultura americana y el rescate de la lengua materna; además, sus prosas mexicanas son testigos de cuánto le preocupaba la  discriminación del sexo femenino.

“Quiero decir lo que pienso sobre la formación del amor patrio  en la mujer. Algo he observado en mis años de enseñanza escolar, y según eso, para mí la forma del patriotismo femenino es la maternidad perfecta. La educación más patriótica que se da a la mujer es, por lo tanto, la que acentúa el sentido de la familia”, escribió Gabriela en sus Lecturas para mujeres.

Ella demuestra constantemente su interés por los problemas humanos, y tiene presente que “la misión del escritor o del artista es contribuir a encontrar un camino de luz en medio de la selva oscura en que se debate la humanidad”, expresó el escritor mexicano Guillermo Lagos Carmona en su libro Gabriela Mistral en México.

Toda la labor en el plano educativo, donde hizo tantos aportes, es bastante poco conocida y, actualmente, su obra no tiene el reconocimiento universal que se merece, agregó la investigadora Romero.

“Gabriela, como otros escritores del continente, ha sido objeto, sujeto y víctima de las altas y bajas de la promoción, del tratamiento que dan los medios masivos y los centros universitarios, pues estos  factores extraliterarios existen y no se pueden minimizar, ya que silencian o promocionan a un escritor”, comentó el escritor cubano Ernesto Sierra.

Realmente, la Mistral es una autora poco leída y su obra es muy desvalorada, incluso, algunos la catalogaron como “la maestra que escribía”.

“A esta mujer famosa que nació un siglo después de la Revolución Francesa y no precisamente en París, en el fondo se le conoce bien poco. De ella se ha dicho lo mejor y lo peor. Tiene fieles a su culto y detractores fanáticos, y vive en una especie de coma literario, lleno de muertes y resurrecciones. Se mueve sin la soberbia y la arrogancia de los grandes tirajes de nuestro tiempo comercializado”, agregó el escritor Teitelboim.

El desconocimiento de la obra en prosa de la escritora chilena persiste aún en nuestros días. Ella era polígrafa y se dedicó con pasión a la epístola, al discurso y a lo que más tarde fue lectura para el buen vivir de la gente, apuntó la escritora chilena Gladys Rodríguez Valdés, en Invitación a Gabriela Mistral.

A la Mistral nunca se le ha considerado en toda su majestad. “Por años ha continuado siendo una provinciana desconocida que se nos quedó en la imagen de los textos de escuela primaria. Y eso es raro, ya que sus poemas, a excepción de las rondas y las canciones, son para decirse en voz muy baja y contienen un universo rico en sensaciones”, agregó Rodríguez Valdés.

La muerte y la tragedia en la poesía mistraliana

Quizás esa pose recia y el mundo de desolación que rodeó su existencia han pesado más que el Nobel que le regaló a la América entera.

“Creo que aún ella se hace daño; su tosca apariencia y su palabra seca que rara vez se endulza en sonrisa, le sigue jugando malas pasadas”, explicó la escritora Gladys Rodríguez.

Su primer poemario, Los Sonetos de la Muerte, nació del dolor causado por el suicidio de su prometido: "Por las sendas mortales le llevan / ¡Sombra amada que no saben guiar! / ¡Arráncalo, Señor, a esas manos fatales / o le hundes en el largo sueño que sabes dar!”

Con un canto a la desesperación se lanza Gabriela al mundo literario y, precisamente, gracias a esos versos obtiene su primer premio en los Juegos Florales de Santiago de Chile, en 1914.

“Cualquiera que no fuese Gabriela, hubiera fracasado o hecho el ridículo en el empeño de llevar al terreno poético el lamentable suceso. Pero no ocurrió así, porque esta poetisa, como era de oro puro, resistió la prueba de fuego y no solo salió indemne, sino nimbada de dignidad y gloria”, afirmó la intelectual cubana Dulce María Loynaz.

Años después de la tragedia de Romelio Ureta Carvajal, considerado su gran amor y a quien había conocido en 1906, surgieron otros amores en su vida, aunque también desdichados; de ellos, el más significativo, con el poeta Manuel Magallanes Moure.

Sobre esa relación infructuosa, escribió la Loynaz: “Estaba ella en la treintena, que es cuando las pasiones alcanzan plenitud en nuestro pecho; pero estaba además en su camino, en el que era su verdadero rumbo. Y el hombre no la dejaba andar, no la quería allí, tenía celos del glorioso destino de su amada. Aquello había que acabarlo, y Gabriela lo acabó”.

La muerte y la desidia parecían perseguirla, pues esta mujer abandonada por su padre desde muy pequeña,  tuvo que sufrir el suicidio no solo de su novio cuando tenía veinte años de edad,  sino también el de su hijo de crianza Yin Yin y, más tarde, el de dos grandes amigos, el escritor judío Stefan Zweig y su esposa Lotte, comentó la doctora Ofelia Berrido en una entrevista concedida al diario dominicano Hoy.

Con el exceso y la pasión de una madre frustrada, Gabriela depositó en su sobrino adoptivo todas las esperanzas perdidas. Cuando llegó la noticia de que se había envenenado con una dosis de arsénico, ella sintió revivir la imagen de las pérdidas  anteriores.

“Los anales policiales registraron el caso como suicidio, y el mundo entero se estremeció al conocer el triste fin del niño amado por Gabriela: otro suicidio en su vida, otro perder de igual manera la criatura de su corazón”, dijo su amiga cubana Dulce María Loynaz.

Un mérito fundamental en esta escritora es haber podido transmutar su dolida condición de abandonada a una categoría universal, teñida con los colores propios del continente donde nació. Ella, valiéndose de todo tipo de elementos políticos, crea una metáfora sensorial y a la vez exquisitamente estilizada que le permite sacar del pequeño contexto personal, las razones de su lamento, agregó Gladys Rodríguez. 

Invitada de Honor en Cuba

En cuatro ocasiones visitó este país la autora de Lagar, Desolación y Tala. La segunda vez, en 1931, impartió una conferencia inolvidable: “La lengua de Martí”. En ella dejó claro que el Apóstol era, sin duda, uno de los escritores que más habían influido en su vida.

“En Martí he hallado como en ninguno, la palabra viva, aquella que se siente tibia de sangre recién vertida, a la par que una frescura como de hierbas de rocío: la frescura de un corazón que fue puro”, dijo en aquel discurso.

Ella declaró en más de una ocasión ser martiana hasta los tuétanos, y se sabe que la palabra del Héroe Nacional de Cuba le fascinó siempre y recomendaba a todos su lectura.

Sobre el “libertador antillano”, como ella misma lo nombra, escribió en el prólogo del libro Martí, el Apóstol, de Jorge Mañach: “Martí es el caso de un embrujador de almas. Él gusta al niño en su libro infantil; él enciende al mozo y él conforta al viejo, y por esta condición es que dura sin perder un ápice la anchura de su reino”.

La investigadora Cira Romero comentó, además, que sus frecuentes viajes a Cuba son una muestra de la estrechísima relación con este país y con lo mejor de la intelectualidad cubana, que la agasajaba en cada visita. 

“Su vínculo con Martí es esencial, y su trabajo La lengua de Martí es vital para comprender, precisamente, la obra del Maestro”, agregó la ensayista Romero.

En enero de 1953, al celebrarse un siglo del nacimiento del Apóstol, volvió a la Isla para homenajear a su maestro cubano. Sobre el encuentro, escribió el periodista Ángel Augier en la revista Bohemia, el 1 de febrero de ese año: “Alta, austera, serena, llega de nuevo a Cuba Gabriela Mistral, ansiosa de decir personalmente su recado al oído de José Martí, en su cumpleaños, en le centenario de aquel a quien ella ha llamado «el hombre más puro de la raza».

Después no volvió más a Cuba “la grande de Chile, la grande de América”, como dirían las ensayistas cubanas Cira Romero y Dania Vázquez en el libro Quiero que me quieran, un reconocimiento de los escritores cubanos a Gabriela Mistral. 

En este país encontró la chilena el afecto y el respeto de la intelectualidad y “tuvo amigos que siguieron su obra y en los que quiso hallar (y halló) siempre consejo, ella que consoló a tantas almas a través de su poesía”, comentaron  Romero y Vázquez.

Sin embargo, en este pueblo que la acogió como si fuera su patria, también falta mucho por hacer para revivir la figura de Gabriela y colocarla en el lugar que se merece.

“Lo primero es siempre publicar la obra del autor, y luego, el tratamiento honesto y sincero que se le da desde su propia región cultural, la matriz de su lengua, que en este caso es Latinoamérica”, dijo el también profesor de Literatura Hispanoamericana, Ernesto Sierra.

En Cuba se han publicado varias ediciones de la poesía de Gabriela Mistral, “pero todavía nos quedan muchos textos por divulgar. Tal vez se pudiera profundizar más sobre su propia estancia en la Isla, pues existen crónicas y escritos en diferentes periódicos y revistas que constituyen un material sepultado en la prensa del país”, comentó la ensayista Cira Romero.

En su artículo La otra Mistral la escritora chilena Raquel Olea manifestó: “Puede ser un anuncio, pero aún existe un vasto ámbito desértico con relación a otras lecturas que su escritura potencia: me refiero a aspectos específicos de su condición social e histórica de mujer latinoamericana”.

“Probablemente este fenómeno de sustracción de lo más hondo de su ser personal y literario explique esa falta de sincronización con las generaciones sucesivas. Se comete así una injusticia que pesa como hipoteca sobre la cultura chilena y sobre la herencia que asocia, en su continuidad histórica, las promociones literarias del siglo XX”, dijo el escritor chileno Volodia Teitelboim.

Para algunos, gran parte del problema radica en la difusión de los medios y en la estructuración de los programas de estudios internacionales.

“La prensa es fundamental para la educación cotidiana y en ella no hay espacio para la literatura. Además, lo que sucede es que muchas veces priorizamos escritores que están vivos y nos olvidamos de los clásicos. Y Gabriela es un autor, como Martí,  que debería estar en la cabecera de todos”, comentó Zaida Capote, ensayista e investigadora del Instituto de Literatura y Lingüística de la Academia de Ciencias de Cuba.

Otros, como Ernesto Sierra, consideran que “en Latinoamérica la obra de Gabriela sí sigue siendo leída y tomada muy en cuenta, pero es evidente que como figura literaria no está en el ojo de la promoción o del reconocimiento. Pero esto también ha ocurrido con muchos escritores, como es el caso de su coetáneo Neruda, y como él mismo diría, parafraseando a Rilke, “la fama no es otra cosa que una sumatoria de equívocos”.

A pesar de ello, su obra, la leída y la olvidada, permanece intacta, y se defiende por sí sola y aunque muchos coincidan en que el merecido lugar en que debiera colocársele está aún por descubrir, para otros grandes de la poesía latinoamericana como el chileno Nicanor Parra, la huella de Gabriela es tangible.

“Influyó sobre mí, claro que sí, más que Huidobro y más que el propio Neruda, basta abrir un libro mío cualquiera para ver que sin ella no soy nada… Otros puede que sean más geniales, pero ninguno más honesto que la Mistral. Es su sinceridad la que conmueve. He dicho, y lo repito con muchísimo gusto que este país debiera llamarse Lucila, o en su defecto que se llame Gabriela”.