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Teoría-Trabajos docentes

EL REPORTAJE MÁS ALLÁ DE LAS NORMAS

EL REPORTAJE MÁS ALLÁ DE LAS NORMAS

Tema: La profesora española María Jesús Casals Carro afirma que la escritura de un reportaje periodístico es mucho más compleja que un conjunto de recetas y de normas deontológicas acerca de cómo construirlo. En su opinión, cuáles son los aspectos básicos a los que se refiere la catedrática.

MARIANA BAFFIL LEÓN,
estudiante de primer año de Periodismo,
Facultad de Comunicación,
Universidad de La Habana.

Cuando hablamos de reportaje, enseguida viene a la mente un calificativo muy común para definirlo: “El padre de todos los géneros periodísticos”. Esta afirmación no por repetida deja de tener validez, pues ese es precisamente el más abarcador de todos los géneros, el que más posibilidades brinda para crear y dar rienda suelta a la imaginación y, por ende, el más complejo.

Para el peruano Genaro Carnero Checa, premio de la Organización Internacional de Periodismo, “un buen reportaje es color, movimiento, agilidad, encuadre, detalle, secuencia; así es la vida también” (2006:155).

En opinión del también periodista y teórico peruano Juan Gargurevich, profesor de la Escuela de Comunicación de la Universidad de San Marcos y de la Pontificia Universidad Católica del Perú, los orígenes de este género parecen estar simplemente en las informaciones ampliadas sobre un suceso determinado. La palabra, que proviene del latín reportare, es decir, trasmitir, descubrir, ha sido utilizada con distintas acepciones en el devenir del tiempo (2006:154).

Lo que está claro es que en la actualidad desafía a quienes hacen taxonomía en la profesión: su capacidad de cambio, regeneración, metamorfosis y evolución, convierte en relativo y riesgoso todo intento por clasificarlo o definirlo con linderos precisos (Ulibarri, 1994:11).

El reportaje, al igual que los demás géneros, parte de una noticia, principalmente relacionada con un tema de interés social, por lo que su objetivo principal también es informar al lector. Pero, la forma en que se muestra y se escribe la problemática lo hace diferente.

Una fórmula muy completa sobre los aspectos básicos que no deben faltar en el contenido a publicar, es la planteada por el periodista cubano-costarricense Eduardo Ulibarri. Él considera que para convertir un escrito en reportaje es necesario a vinculación con el pasado, donde se aborden las causas, los antecedentes y la comparación de hechos similares en otras épocas; con el presente, en el que se explique el significado actual, los aspectos polémicos, la relación con otros acontecimientos y cómo influye en ellos, y con el futuro, donde se plantee sus proyecciones y repercusiones.

Esta estructura permite dar al receptor una panorámica más amplia acerca de la problemática que se aborda, pues el hecho actual aparece vinculado con toda la información que se conoce de él y de esa manera el lector puede emitir juicios valorativos de lo leído.

El orden concebido para la elaboración de este tipo de texto periodístico es la entrada, el cuerpo y el cierre, sin olvidar la titulación que es fundamental. El comienzo es muy importante, pues va a dar la tónica del trabajo, va a entusiasmar o a defraudar al lector (Cabrera, 2009: 21). Este puede tener múltiples clasificaciones, algunas como: anecdótico, contrastado y narrativo.

El cuerpo, que es el espacio sustancioso del texto, puede dividirse en bloques temáticos, escenas o seguir un orden cronológico. Mientras que los cierres permiten brindar una conclusión, incógnita, moraleja o proyección.

Si bien desde el inicio el periodista busca atrapar al lector, en estos dos últimos momentos debe hacer que este se sienta identificado con lo escrito, logre reconocer el estilo del autor y termine la lectura impactado por un cierre contundente que no de lugar a dudas e inste a la búsqueda profunda del tema tratado.

El reportaje debe reunir, como  género periodístico, los valores de actualidad, claridad y trascendencia social, pero, unido a su función de informar, tiene que interpretar los hechos, lo cual es factible hacer en cuatro fases claves: la preparación, la realización, el examen de datos y la redacción, siempre manteniendo la ética periodística (Web,2014).

Este conjunto de reglas sirve para, de alguna manera, organizar el trabajo, pero su aplicación es completamente relativa, debido a la oportunidad que ofrece de incorporar elementos creativos propios del periodista.

Con respecto a esa flexibilidad en los moldes de confección, la profesora española de Periodismo de la Universidad Complutense de Madrid, María Jesús Casals Carro, en el artículo “La narrativa periodística o la retórica de la realidad construida”, afirma que la escritura de un reportaje periodístico es mucho más compleja que un conjunto de recetas y de normas deontológicas acerca de cómo construirlo.

En esa línea discursiva de Casals Carro, puede considerarse que en el periodismo, ningún género puede encasillarse en determinados métodos, porque así se perdería la esencia y la espontaneidad con que tratamos de escribir la historia para que el público disfrute cada día al leer un periódico. Nos convertiríamos en repetidores de consignas, que, dichas de manera fría, no mueven la conciencia de las personas, sino que llegan a cansar y ser rechazadas.

Luis Sexto, periodista del diario Juventud Rebelde, Premio Nacional de Periodismo José Martí y profesor de Periodismo de la Universidad de La Habana (UH), considera que “para proyectarse más allá de las normas, el reportaje tiene que pedir prestado a la literatura. Esta alianza sirve para que elimine sus límites y sea capaz de superar su alcance” (EP,2014).

“El periodista tiene que ser un personaje de la historia y utilizar sus vivencias como hilo conductor. Debe convertir al paisaje en un protagonista y armar un relato lleno de interés humano, donde quepan los diálogos y las descripciones, que enriquezcan el lenguaje. Eso es el reportaje: una historia en profundidad de un acontecimiento o de un personaje”, agrega.

La vida es lo que debe reflejar, con su colorido, dinamismo y múltiples detalles. Y hay que acercarse a esa fuente bullente y cambiante, beber en sus aguas, arrancarle los secretos (Cabrera, 2009:14).
Más allá de cómo estructuremos el reportaje, es necesario encontrar esos misterios escondidos de los que habla Luis Orlando Cabrera, para lograr darle vida a lo que antes parecían palabras inertes sobre una hoja blanca de papel.

Según el criterio de Sonia Pérez Sosa, periodista de la revista Verde Olivo y profesora de la Facultad de Comunicación de la UH, en el reportaje “se debe conjugar la creatividad del que escribe y la unión de los diversos géneros, de manera que la lectura sea más amena y deje entrever el factor humano que hay detrás de cada trabajo. Hay que hablar de las cosas más sencillas y comunes que a veces se nos van de la vista” (EP, 2014).

“En ocasiones, los textos impactan por el tema que tocan, pero en otras por la manera en que se cuentan, por eso el sentido humano del periodista tiene que prevalecer, pues los lectores son personas, y a la hora de sensibilizarlas hay que sentir realmente lo que quieres decir”, añade.

Existen muchos temas que, a primera vista, no son atrayentes para el redactor, sin embargo, cuando este investiga y conoce el contexto en que se enmarca, casi siempre descubre algo que lo motiva. Respecto a esto, Boris Ernesto González Abreu, también periodista de Verde Olivo, opina que lo primero y fundamental es sentirse interesado por la temática, lo segundo es encontrar ese detonante, ese punto de partida que quizás no sea la noticia en sí, pero que va a enganchar al lector, va a instarlo a que siga leyendo (EP,2014).

“Cualquier reportaje da la posibilidad de una historia de vida y el periodismo urge de esto, de ser menos técnicos. No basta solo  con anunciar el problema, es necesario buscar las aristas que afectan a la persona involucrada”, alega Enrique Valdés Machín, subdirector y periodista del semanario Tribuna de La Habana.

La libertad brindada por este género no puede desperdiciarse con textos de gran extensión que, luego de leerlos, no dejen en el receptor una huella. Si logramos conformar una historia que muestre la problemática desde la perspectiva humana, el lector se siente protagonista y se identifica con el hecho.

Se trata de impedir que el reportaje sea un informe plagado de cifras y estadísticas, sino que, más allá de las normas, plasme el retrato de una sociedad entera.

Bibliografía:

Angulo Corral, Jesús Manuel. Las fases de elaboración de un reportaje. En: Periodismo Bien Hecho. URL: http://periodismobienhecho.blogspot.com/2011/01.las-fases-de-elaboración-de-un.html. Consultado: 21-4-14.

Cabrera, Luis Orlando. Anatomía del reportaje. Pablo de la Torriente.  La Habana, Cuba. 2009.

Casals Carro, María Jesús.La narrativa periodística o la retórica de la realidad construida. En: La narrativa periodística o la retórica de la realidad construida. URL: http://pendientedemigracion.ucm.es/info/emp.Numer-07/7-5-02-Inv/7-5-02.htm. Consultado: 10-4-14.

Gargurevich, Juan. Géneros periodísticos. Félix Varela. La Habana, Cuba.2006.

Ulibarri, Eduardo. Idea y vida del reportaje. Tomado de Editorial Trillas, México, 1994.

Periodistas consultados:

Boris Ernesto González  Abreu, periodista de la revista Verde Olivo.

Enrique Valdés Machín, subdirector y periodista del semanario Tribuna de La Habana.

Profesores consultados:

Luis Sexto, Premio Nacional de Periodismo José Martí y profesor de la Facultad de Comunicación de la Universidad de La Habana.

Sonia Pérez Sosa, periodista de la  revista Verde Olivo y profesora de la Facultad de Comunicación de la Universidad de La Habana.

 

PERIODISMO: IDEOLOGÍA ENTRE LÍNEAS

PERIODISMO: IDEOLOGÍA ENTRE LÍNEAS

Tema: En El secreto de la pirámide, el periodista y teórico Adelmo Genro Filho subraya: “Los hechos solo adquieren sentido en un contexto particular que precisa, en cierta medida, ser establecido subjetivamente, no solo dándole un amplio margen a la ideología, sino exigiéndola como necesaria”.

ZULEMA SAMUEL DEL SOL,
estudiante de primer año de Periodismo,
Facultad de Comunicación,
Universidad de La Habana.

La ideología fue considerada en los siglos III y IV a.n.e como una materia amorfa de voluntad propia, una especie de tejido vivo de diversos comportamientos. Esta podía heredarse, imponerse, adoptarse, transformarse, madurar, manipularse y desaparecer con la pérdida de las capacidades cognoscitivas del individuo, como Platón dejó entrever en los diálogos del Fedón (2010: Web).

En el siglo XXI son varias las teorías y estudios referentes a la ideología. Ahora, como nunca antes, el término desempeña un rol preponderante en los medios de comunicación.

La ideología en los medios

La ideología se ha proyectado a lo largo de la historia a través de varios focos visores, algunos bastante contrastantes. Ha sido presentada desde las acepciones más generales que la aceptan como un “conjunto de ideas, valores, principios y creencias (que) explica y justifica la organización, carácter, bases jurídicas y funcionamiento de la sociedad y la clase dominante" (Van Dijk, 2003:20), hasta otras orientados a campos más específicos.

Dentro de la última vertiente destacan las declaraciones del teórico español Jesús Martín Barbero, quien representa la ideología como "una mediación que impone límites a lo que puede ser dicho y a las maneras de decirlo por medio de un sistema de orden, (…) en correspondencia con visiones del mundo dominantes" (citado por Güides Ortíz,  2014: Web).

Cabe destacar que su enfoque se limita a la superficie del problema. En realidad, dentro de los medios, la información subyace bajo varias capas de influencia: primera, si lo establecemos en orden jerárquico, la agenda del medio transversalizada por la agenda política, después la de los editores, seguida por la del periodista o comunicador y, por último, la de las fuentes.

El teórico estadounidense James Burnham, citado por Ernesto Guevara en sus Apuntes Filosóficos, expresó que las ideologías susceptibles de influenciar a las grandes masas y de merecer su aceptación, son la argamasa verbal indispensable para cimentar y mantener la estructura de cualquier tipo de sociedad. Estas (…) ordinariamente tienden a servir y favorecer los intereses de un determinado grupo o clase social. (…) Ninguna reconoce abiertamente que solo es vocera del grupo cuyos intereses en realidad expresa (…). A su vez cada grupo insiste en que su ideología tiene validez universal y expresa los intereses de la humanidad como un todo, trata de conseguir que la misma sea universalmente aceptada (Guevara, 2013:66).

Si tomamos los planteamientos del catedrático de la Universidad de Ámsterdam, Teun Van Dijk y el estudioso norteamericano James Burnham, como directriz, entenderíamos que todo individuo al encontrarse ante un determinado suceso adopta inconscientemente una posición apegada a  sus valores y criterios, por lo tanto, resultaría imposible afrontar cualquier situación cotidiana sin apegarnos a nuestra ideología.

En El secreto de la pirámide, el periodista y teórico brasileño Adelmo Genro Filho subraya: “Los hechos solo adquieren sentido en un contexto particular que precisa, en cierta medida, ser establecido subjetivamente, no solo dándole un amplio margen a la ideología, sino exigiéndola como necesaria” (2010:226). En dicha frase se resume la tesis de este trabajo: el apego incondicional del individuo a sus ideas, determinado por la intencionalidad presente en todo accionar.

La ideología y el periodismo

El periodismo, al ser ejercido por individuos naturales, se acoge al precepto anterior. Después de todo, la profesión se sustenta en tres cuerdas medulares: la información, la interpretación y la opinión. El profesional, incluso cuando en pos de la objetividad muestra datos y hechos, representa inconscientemente una posición ideológica en la manera de proyectar y discernir entre lo útil y lo innecesario, de escoger fuentes y emplear sus juicios en la contraposición de escena y hasta en el uso de los signos de puntuación.

Lo que somos, lo que pensamos, nuestros sistemas de representación social, no solo como periodistas, sino como seres humanos, tendrá siempre una proyección más o menos explícita en cualquier tarea que desarrollemos. La medida de esa expresión estará siempre vinculada proporcionalmente a las formas en que sean coherentes esas concepciones individuales con las del resto de los grupos sociales o estructurales en los que nos desarrollemos, comentó al respecto Liomán Lima Padrón, periodista de Prensa Latina, vía correo electrónico.

La Doctora en Ciencias de la Comunicación, Iraida Calzadilla, en el artículo “El análisis y la interpretación para entender el mundo”, relaciona los conceptos lacanianos “realidad” y “real” y resume, apegada a los escritos del teórico, el primer término como “el conjunto de cosas tal cual son percibidas por el ser humano”, en tanto lo real son “las cosas, sean percibidas o no por el ser humano” (2011: Web).

La también Profesora Titular de la Facultad de Comunicación de la Universidad de La Habana, establece que los comunicadores trasmiten en cada uno de sus productos diversos grados de intencionalidad, pues hasta en el acto de no opinar sobre algo se defiende determinada posición, ¿y que son las intenciones y posiciones del sujeto sino extensiones de su pensamiento e ideología?

Los estudios realizados en la Universidad de Navarra, España, sobre la influencia de las actitudes profesionales del periodista europeo en las noticias, así lo demuestran. Los investigadores del Departamento de Comunicación Pública de dicha institución, María José Canel y José Javier Sánchez–Aranda, definieron que en una muestra de mil periodistas españoles el 34 por ciento considera su esquema mental (ideología y escala de valores) como un elemento primordial proyectado necesariamente a la hora de enfocar las noticias (2000: Web).

En nuestra isla, la afiliación ideología-noticia-opinión tomó un giro diferente a partir de enero de 1959. Fue entonces cuando “se redujo el número de periódicos para eliminar las publicaciones dedicadas a intereses particulares. Se reorganizaron más de cien estaciones de radio para lograr una emisión a todas las regiones del país y se instauraron dos canales de televisión. Se creó la Agencia de Información Nacional, la Agencia Prensa Latina y el ICAIC. Los medios de comunicación masiva se convirtieron en vehículos fundamentales para la expresión de la nueva sociedad”, relató Daynet Rodríguez Sotomayor, subdirectora del portal digital CubaSí, en entrevista vía correo electrónico.

Desde ese momento hasta la actualidad, el sistema de comunicación cubano se estableció con un carácter no autónomo. Su funcionamiento se encuentra supeditado a la funcionalidad del sistema político, y, por tanto, su accionar está estrictamente vinculado con las normas de la estructura política, describió Lima Padrón.

Con el escenario político actual, Cuba y nuestros medios son ejemplo de una ideología y cultura de la resistencia contra la cultura de la colonización, que hace frente a los empeños de los que han querido liquidar nuestra identidad y borrar la historia, solo que a veces en ese empeño somos aburridos o repetitivos. Luchamos más contra ese enemigo y nos olvidamos un poco de las necesidades de nuestro público.

Ahí es precisamente donde se aprovechan, globalizan y estandarizan el gusto mediante los productos norteamericanos contenidos en los llamados “paquetes”, que no son más que un recipiente de su ideología: la del individualismo, la superioridad, la colonización, el consumismo a ultranza, la tontería, la frivolidad yanqui y el culto a las marcas, agregó Rodríguez.

Fidel Díaz Castro, director de la publicación trimestral El Caimán Barbudo, argumentó que nuestros medios son demasiado ideológicos en su proyección clasista, lo cual no condiciona que la ideología transmitida en ellos siempre llegue al destinatario deseado, sobre todo, si la mayoría de las veces se violan en el intento las más elementales leyes de la comunicación mediática.

Fuera de “teques” o estereotipos gastados, nuestra prensa asume su rol ideológico porque entiende cómo toda labor humana está condicionada de manera indisoluble a un sistema de ideas propias, adheridas a cada acto de comunicación.

Bibliografía:

Calzadilla, Iraida: El análisis y la interpretación para entender el mundo. En mesadetrabajo. URL: http://mesadetrabajo.blogia.com/
2011/122608-el-analisis-y-la-interpretacion-para-entender-el-mundo.php. Consultado: 20 de abril del 2014.

Genro Filho, Adelmo: El secreto de la pirámide. Ediciones AVN. Caracas, Venezuela. 2010.

Guevara de la Serna, Ernesto: Apuntes Filosóficos. Editora Ciencias Sociales, La Habana, Cuba. 2013.

Güides Ortíz, Oscar Rolando: Las ideologías profesionales de los periodistas y su influencia en la producción de noticias. En: Monografías. URL: http://www.monografias.com/
trabajos81/ideologias-profesionales-periodistas-influencia-noticias/
ideologias-profesionales-periodistas-influencia-noticias4.shtml#ixzz2zER8UD00. Consultado: 24 de abril del 2014.

José Canel, María; Sánchez–Aranda, José Javier: La influencia de las actitudes profesionales del periodista español en las noticias. En: Dialnet. URL: http://dialnet.unirioja.es/
servlet/articulo?codigo=72392. Consultado: 20 de abril del 2014.

Platón: Fedón. En: Free Books. URL: espanol.freee-books.net/
ebook/Fedon/pdf/view. Consultado: 3 de junio del 2014.

Van Dijk, Teun: Ideología y discurso. Una introducción multidisciplinaria. Ediciones Ariel. Barcelona, España. 2003.

Periodistas consultados:

Liomán Lima Padrón, periodista de la Agencia Prensa Latina.

Daynet Rodríguez Sotomayor, subdirectora del portal CubaSí.

Fidel Díaz Castro, director de la publicación El Caimán Barbudo.

FUNAMBULISMO DE LA PALABRA

FUNAMBULISMO DE LA PALABRA

Tema: Para María de Jesús Casals Carro, profesora de la Universidad Complutense de Madrid, es viejo y falso el dilema entre literatura y periodismo: “Se confunde contenido y continente, se cae interesadamente en la trampa de seudo-pensamiento dualista, la oposición de contrarios. Existen los géneros periodísticos y resisten a pesar de los ataques de los muchos enemigos del periodismo. Enemigos ideológicos y enemigos psicológicos. Los primeros detestan los géneros porque muestran las reglas que ellos incumplen. Los segundos esconden sus frustraciones de escritores no reconocidos. No han tenido el valor de dejar el periodismo y retirarse a la cabaña de Tom Wolfe. O no han entendido el consejo atribuido a Hemingway: es el mejor oficio del mundo siempre que se deje a tiempo. Estos escritores-periodistas detestan los géneros porque son límites y arguyen: no hay géneros, solo literatura. Literatura. Palabra sacra donde la haya. El pretexto por excelencia”.

JORGE YACER NAVA QUINTERO,
estudiante de primer año de Periodismo,
Facultad de Comunicación,
Universidad de La Habana.

Ante el abismo de las hojas en blanco, el periodismo literario es como el funambulista que camina sobre la cuerda floja, porque asume la recreación del mundo sin más herramientas que el poder de las palabras; y desata entre teóricos, escritores y periodistas, la polémica acerca de las fronteras de los géneros y la propia legitimidad de ese modo de hacer.

Según María de Jesús Casals Carro, profesora de la Universidad Complutense de Madrid, es viejo y falso el dilema entre literatura y periodismo: “Se confunde contenido y continente, se cae interesadamente en la trampa de seudo-pensamiento dualista, la oposición de contrarios. Existen los géneros periodísticos y resisten a pesar de los ataques de los muchos enemigos del periodismo. Enemigos ideológicos y enemigos psicológicos. Los primeros detestan los géneros porque muestran las reglas que ellos incumplen. Los segundos esconden sus frustraciones de escritores no reconocidos. No han tenido el valor de dejar el periodismo y retirarse a la cabaña de Tom Wolfe. O no han entendido el consejo atribuido a Hemingway: es el mejor oficio del mundo siempre que se deje a tiempo. Estos escritores-periodistas detestan los géneros porque son límites y arguyen: no hay géneros, solo literatura. Literatura. Palabra sacra donde la haya. El pretexto por excelencia”.

En cambio, Miriam Rodríguez Betancourt, Premio Nacional de Periodismo José Martí y Profesora Titular de la Facultad de Comunicación de La Universidad de La Habana (UH), alegó que es necesario “no solo un sistema de géneros más abierto sino una posición académica que abogue por mantener una constructiva crítica de ello, lo que además de abrir cauce de legitimidad a las transgresiones creativas, significa, de hecho, asumirlos como categorías en desarrollo constante” (2014: Web).

Añadió Rodríguez Betancourt que “la homogenización del lenguaje periodístico, el negarle registros más amplios en virtud de supuestos límites de comprensión y determinarle esquemáticamente los auditorios (…) han influido considerablemente en la debilidades conceptuales de la teoría de los géneros periodísticos, una de cuyas  expresiones más recurrentes  se concentra en el famoso dictamen de rechazo emitido por profesores y editores recalcitrantes: “Eso no es Periodismo, es Literatura” (2014: Web).

Fernando López Pan, profesor de Periodismo en la Facultad de Comunicación de la Universidad de Navarra, aseguró que la innovación resulta convulsa, porque lo literario es un sistema muy dinámico, cuya academia acepta los fenómenos de mixtura, mientras lo periodístico, hasta fechas muy recientes, ha sido más estático, combinado géneros de funcionamiento rutinario (2010: 98).

“También se explica esa rigidez por la función social asignada al periodismo, por el perfil de los lectores a los que se dirige y por una preocupación ética básica en la profesión periodística –al menos en la tradición occidental– que se asienta sobre unos determinados presupuestos epistemológicos; entre ellos, la separación de hechos y opiniones y la búsqueda de la objetividad (…) que levantan un muro entre el relato y el comentario, entre el periodismo y la literatura”, agregó López Pan (2010: 99).

Jesús Arencibia Lorenzo, profesor de la Facultad de Comunicación de La Universidad de la Habana y periodista de Juventud Rebelde (JR), señaló que las reglas de redacción constituyen un principio de organización: “El buen periodista y el buen escritor deben irse apropiando de esas estructuras y, a partir de ello, crear un camino propio que podrá optar por lo novedosas o por otras más tradicionales” (EP, 2014).

“En el mundo, hoy la tendencia es ensanchar las fronteras, pues los géneros siempre están en evolución, según las intenciones y facultades de quienes escriben. Muy poco puede obtenerse de la rigidez, la creación necesita amplitud”, aseveró Luis Sexto, Premio Nacional de Periodismo José Martí y periodista de JR (EP, 2014).

Hibridez necesaria

Nacidos del mismo vientre y fecundados por la necesidad primigenia de comunicar, el periodismo y la literatura confluyen en un espacio creativo, donde las concepciones estilísticas y estéticas pueden unirse de manera armónica en tanto esa hibridez no quebrante el compromiso con la realidad, que es consustancial a la ética y la función social periodística.

Lisandro Otero, Premio Nacional de Literatura y también periodista, expresó que el periodismo literario “no solo refiere la peripecia histórica, la coyuntura accidental, sino aquel cuyo texto se arraiga en un medio ambiente para expresar toda una circunstancia social y quienes la han vivido” (citado por Rodríguez, enero-junio 2000).

De acuerdo con las características formales, este se concentra más en la escritura literaria que en la parca y “objetiva” narración de los hechos, que constituye el principio esencial del trabajo reporteril en el sentido moderno del término.

No obstante, como en toda relación, en esta también existen límites y elementos definitorios que deben mantenerse para no quedar en la vaguedad o la indefinición nociva. Al respecto, Alejo Carpentier, Premio Cervantes y uno de los más grandes literatos y periodistas latinoamericanos de la pasada centuria, expresó:

“El periodista, habituado a ceñirse, habituado a decir lo más posible en el menor espacio del periódico, adopta lo que yo llamaría el estilo elíptico (…) El novelista, en cambio, tiene lo que podríamos llamar “el estilo analítico”, que acepta la disquisición, la conclusión filosófica, el examen del hecho visto en su totalidad” (1989: 4).

La literatura y el periodismo son formaciones estilísticas que usan la palabra como instrumento fundamental, pero con propósitos distintos. La primera, es una formación estilística de creación estética, y la segunda, una formación de trabajo informativo. Pero ambas poseen tanta libertad que llegan a ser una conjunción para beneficio mutuo, declaró Luis Sexto (EP, 2014).

Sin embargo, Marta Rojas Rodríguez, también Premio Nacional de Periodismo José Martí y autora de una amplia obra narrativa, niega la existencia del periodismo literario: “Solo existe el buen y el mal periodismo. Si algo se escribe correctamente y con elegancia, entonces las palabras se convierten en literatura” (EP, 2014).

Rojas Rodríguez, asimismo, reconoció que el oficio reporteril contribuye a la narración, porque es autodisciplina y entrena la capacidad de observación. Propicia las oportunidades de adquirir  experiencia y el poder de concentración, sin necesitar el enclaustro de una torre de marfil. A su vez, este se nutre de ella tomando recursos estilísticos que hacen más vívida la noticia.

“Aunque contamos con valiosos referentes como José Martí y Pablo de la Torriente y en nuestros medios existe una representación de ese quehacer, su presencia debe incrementarse. Las herramientas de la literatura pueden volver menos sociologista y más cercano a las personas el enfoque de los hechos”, afirmó Ricardo Ronquillo Bello, subdirector editorial de JR (EP, 2014).

La pluralidad y rapidez de la información en la sociedad moderna hacen cada vez más necesario ahondar en las problemáticas con “periódicos bien escritos, en los que cada línea haya sido pensada, y en los que cada frase, a más de su elegancia, esté cargada de sentido. El futuro, en suma, pertenece a los periódicos hechos por periodistas escritores” (Vivaldi, 1973: 22). Sobre el fiel de la balanza, el periodismo literario permanece para sopesar la realidad y contarla como una crónica polifónica y humana.

Bibliografía:

Carpentier, Alejo: El periodista, un cronista de su tiempo. Editorial Pablo de la Torriente Brau. La Habana, 1989.

López Pan, Fernando: Periodismo literario: entre la literatura constitutiva y la condicional. Ámbitos. No. 19. 2010. pp.98-99.

Martín Vivaldi, Gonzalo: Géneros periodísticos: Reportaje, crónica, artículo. Editorial Paraninfo. Madrid. 1973.

Otero González, Lisandro, citado por Rodríguez Betancourt, Miriam: Periodismo y Literatura: polémica que no cesa. Temas. No. 20-21.Enero-junio 2000.

Rodríguez Betancourt, Miriam: Géneros periodísticos: para arropar su hibridez.
URL:pendientemigración.ucm.es/
Info/emp/Numer_10/Sum/4-09.pdf.. Consultado: 21 -4-2014

Periodistas consultados:

Marta Rojas Rodríguez, Premio Nacional de Periodismo José Martí, periodista de la redacción cultural del periódico Granma y escritora de ficción.

Ricardo Ronquillo Bello, subdirector editorial del diario Juventud Rebelde.

Profesores consultados:

Jesús Arencibia Lorenzo, profesor de la Facultad de Comunicación de la Universidad de La Habana y periodista del diario Juventud Rebelde.

Luis Sexto, Premio Nacional de Periodismo José Martí, profesor  adjunto de la Facultad de Comunicación de la Universidad de La Habana y periodista del diario Juventud Rebelde.

 

¿ESCRITORES O ESCRIBIDORES?

¿ESCRITORES O ESCRIBIDORES?

Tema: El periodista español Manuel Vicent sostiene que el periodista que ama la palabra, la belleza y la precisión es un escritor mientras escribe. Mientras escribe, ahí termina, porque si no es así, aplicaría su mirada de escritor a la realidad que quiere mostrar y explicar, y no su mirada de periodista. Es distinto, es fundamental la diferencia.

ELIANYS JUSTINIANI PÉREZ,
estudiante de primer año de Periodismo,
Facultad de Comunicación,
Universidad de La Habana.

En el intento desmedido por dejarlo todo tan claro, los periódicos han abandonado el color, olvidando también que el color es belleza. Hoy los medios de prensa escrita son hechos para gente con poco tiempo, hojeados en la carrera matutina por vencer al reloj y repletos de palabras tan comunes que limitan lo novedoso.

Ante la cuestión, se han abierto varios “frentes de batalla intelectual”: un bando plantea como condición indispensable el empleo de un lenguaje donde se perciba la información al instante. Otro ve la literatura como “la salvación de la prensa” y colma sus textos de recursos expresivos que imposibilitan discernir al lector si está ante una novela corta o una crónica larga, y el último es un grupo “pro-híbridos” que se pregunta si el periodismo, sin llegar a convertirse en literatura, podría pensarse de forma más hermosa.

El columnista del diario El País, periodista español Manuel Vicent, sostiene que “el periodista que ama la palabra, la belleza y la precisión es un escritor mientras escribe. Mientras escribe, ahí termina, porque si no es así, aplicaría su mirada de escritor a la realidad que quiere mostrar y explicar, y no su mirada de periodista. Es distinto, es fundamental la diferencia.”

Un ojo, dos pupilas

La literatura es considerada por muchos un arte de palabras, ya que logra conmover, convencer o provocar sensaciones en el lector mediante el uso de determinados recursos estilísticos que, si bien no dan siempre lugar a la ficción, tampoco llevan la realidad a su plano más concreto.

El Doctor en Periodismo Ramón Tijeras, profesor de la Facultad de Ciencias de la Comunicación de la Universidad Rey Juan Carlos, de Madrid, plantea en su artículo Periodismo y literatura: La delgada línea roja que separa la verdad del poder, que el escritor, a diferencia del periodista, suele transformar la realidad en novela: “Lo hace inventando diálogos que pudieron ser y en realidad no se produjeron, describiendo estados de ánimo y paisajes con matices tan subjetivos que no responden a la realidad y trasladando al lector pensamientos y valoraciones que nada tienen que ver con hechos contrastados y ciertos, para dar una sensación de verosimilitud ambiental que finalmente distorsiona la información” (2011: 17).

Al aplicar a nuestros medios de prensa un estilo totalmente literario estaríamos impregnándolos de subjetividades mayores que las ya existentes, manifestadas según las consideraciones del autor o el perfil editorial de los medios. Sin embargo, ¿implica esto que el periodista no pueda emplear recursos literarios que embellezcan la redacción y amenicen la lectura?

“El error es confundir sencillez con simpleza. Quien trabaja en prensa escrita, siempre que no tenga un público especializado, debe hacerlo pensando en el nivel medio de la población, pero también, tratar de motivar a quien se encuentre en un nivel intelectual superior, y para eso no hay necesidad de convertirse en escritores, se trata de hacerlo con entrega”, aseguró Yelanys Hernández, periodista del diario Juventud Rebelde (EP, 2014).

A su vez, Adianez Fernández Izquierdo, del semanario El Artemiseño, señaló que entre un periodista y un escritor pueden existir diferencias o no existir ninguna: “A veces estamos hablando de una misma persona. El punto está en las miradas aplicadas a cada trabajo: no se puede pensar en un periódico como se piensa en un libro, pero valerse de los recursos que ambos puedan brindar resulta una combinación perfecta al escribir” (EP, 2014).

¿Periodismo literario o literatura periodística?

Aún es difícil discernir entre literatura periodística y periodismo literario, ya que en algunos textos ambos van tomados tan fuertemente de la mano que casi no se puede delimitar cuál predomina. Tanto uno como otro, dan testimonio del acontecer histórico del hombre, aunque con una vestimenta florida donde entraría el uso de la estilística (Cortés Montalvo, 2012: 41).

“A un escritor se le está permitido todo, siempre que sea capaz de hacerlo creer. Eso, en general, se logra con el auxilio de ciertas técnicas periodísticas, mediante el apoyo en elementos de la realidad inmediata”, expresó Gabriel García Márquez, Premio Nobel de Literatura (Citado por García de León, 2010: pág. 2).

Y es que con el empleo de técnicas periodísticas aplicadas a la literatura se pueden obtener resultados brillantes. El propio García Márquez, en Del amor y otros demonios, utiliza procedimientos de observación, indagación e interpretación comunes al reportaje, que responden a esa exigencia de veracidad.

Lo mismo sucede cuando al periodismo se unen formas de expresión propias de la literatura. Textos como A sangre fría, de Truman Capote, constituyen emblemas a nivel mundial de la aplicación de las técnicas de la novela al periodismo. Pero estos casos son un poco más discutidos, pues algunos afirman que puede distorsionarse la realidad. Por ejemplo, al analizar la obra del propio Truman nos daremos cuenta de que pocos criterios convergen.

El doctor Julio César Goyes Narváez, profesor del Instituto de Estudios en Comunicación y Cultura de la Universidad Nacional de Colombia, apuntó que A Sangre Fría se toma unas licencias que cuestionan su trabajo como modelo de periodismo veraz. “El autor imagina los pensamientos de los asesinos a partir de detalles obtenidos durante su investigación, pero al poner dicha investigación al servicio del relato y no al revés traiciona el carácter periodístico de su indagación” (2014: Web).

Por su parte, el doctor José Antonio García Pérez, profesor de la Universidad Autónoma de Chihuahua (UACH), México aclaró: “Truman Capote no fue un trasgresor, limpió el reportaje de truferos. Le dio una dignidad literaria y exigió, se exigió, un respeto a la verdad, al dato, a la documentación, a su distanciamiento como autor. Él reconoce que, sin habérselo propuesto, ofreció a los clasificadores literarios un nuevo género para su colección: la novela real. Y se armó, claro. ¡Qué confusión!: ¿Literatura? ¿Periodismo? Ni lo uno ni lo otro, ambas cosas (2009: 111).

Soluciones radicales

Si bien no podemos escribirlo todo con un vuelo poético que te haga dudar de lo que ofrece la prensa, tampoco debemos tomar soluciones radicales, despojando de nuestras letras la poesía. Es cuestión de temas, de circunstancias, de intenciones.

Ramón Fernández Cala, periodista y editor de Arte Cubano y profesor de la Facultad de Comunicación de la Universidad de La Habana, manifestó que un texto periodístico debe estar dotado de color, temperatura y belleza, y eso solo se logra acudiendo a la literatura o, al menos, a los recursos literarios (EP, 2014).

“Hemos asociado tanto a la literatura con la complejidad que olvidamos que en ocasiones lo más poético se puede decir de la forma más sencilla. Con despojar a nuestros periódicos de belleza solo lograremos condenarlos al olvido, convertir nuestros escritos en volúmenes de letras intrascendentales”, afirmó.

A su vez, José Luis Estrada Betancourt, columnista del diario Juventud Rebelde, declaró: “Hemos querido complacer a un lector sin tiempo que solo lee el titular por su ajetreo diario. Escribir bien, con pasión, no implica escribir complicado: se trata de hacerlo de forma atrayente, amena. Si no dejamos de responder a ese ruego de esquematismo que nadie nos ha pedido, en el intento de evitar que el periodista sea escritor, terminaremos convirtiéndonos en escribidores” (EP, 2014).

Bibliografía:

Cortés Montalvo, Jorge. Relaciones entre periodismo y literatura: fusión sin confusión. Pangea: Revista de la Red Académica Iberoamericana de Comunicación. pág. 41. México, 2012.

García Márquez, Gabriel. Citado por García León, Encarnación. Literatura periodística o periodismo literario. Actas del XIII Congreso AIH (pág. 2 Tomo IV). Centro Virtual Cervantes. Madrid, 2010.

García Pérez, José Antonio. Cuentos para apaciguar la bestia que llevamos dentro. Colección Flor de Arena No. 74. Pág. 111. México,  2009.

Goyes Narváez, Julio César. A propósito de periodismo y literatura. www.revistapangea.org. Consultado: 13 de mayo, 2014.

Tijeras, Ramón. Periodismo y literatura: La delgada línea roja que separa la verdad del poder. Comunicación 21 | Revista científica de estudios sobre cultura y medios. pág. 17. Madrid, 2011.

Periodistas consultados:

Yelanys Hernández, periodista del diario Juventud Rebelde. 

Adianez Fernández Izquierdo, periodista del semanario El Artemiseño.

José Luis Estrada Betancourt, columnista del diario Juventud Rebelde.

Profesor consultado:

Ramón Fernández Cala, periodista y editor de Arte Cubano, profesor de la Facultad de Comunicación de la Universidad de La Habana.

CUANDO SE INTERPRETA LA NOTICIA

CUANDO SE INTERPRETA LA NOTICIA

 

Tema: Para el profesor Federico Álvarez, introductor de la interpretación en la Universidad Central de Venezuela, “el periodismo interpretativo entraña la percepción de los sucesos como procesos y no como hechos aislados y desde luego el reconocimiento paladino de que la percepción del periodista es de carácter social y cultural, es decir, que está mediatizada por todos los contenidos de conciencia que ha ido adquiriendo como ser histórico que pertenece a una sociedad y a un tiempo determinado”.

MARÍA DEL ROCÍO RAMOS SUÁREZ,
estudiante de primer Año de Periodismo,
Facultad de Comunicación,
Universidad de La Habana.

Aún muchos se sobrecogen cuando escuchan la expresión “periodismo interpretativo”. Tal vez vengan ideas de una avalancha  de palabras rebuscadas e incomprensibles o noticias redactadas en códigos que solo un poderoso equipo electrónico podría descifrar. Sin embargo, el tan nombrado y a veces temido fenómeno viene desarrollándose de modo paulatino como parte de ese periodismo  que se opone a lo “objetivo”, a la prensa  industrial y de mercado.

Para Concha Fagoaga, el lanzamiento de la revista Time en 1923, por Britton Hadden y Henri Luce, punto de partida en la interpretación, trataba de romper el convencional "relato objetivo de los hechos" por dos razones: la periodicidad semanal debía ofrecer algo de lo que careciera la diaria, el lenguaje no debía recordar al de los periódicos; y existía una necesidad de explicar los hechos. "Este es un semanario de noticias, no de opiniones y busca la controversia sólo cuando ésta sea necesaria para poner de relieve lo que las noticias significan", suscribía la publicación (1982: 15).

La interpretación constituye entonces esa nueva forma de percibir los sucesos como el resultado de factores que confluyen y no como un hecho que se da sin causas ni influencias, sosteniendo que dicha idea depende de la cosmovisión del mundo que tenga el periodista como un individuo que analiza y distingue, a partir de su subjetividad que, sin embargo, tampoco puede ser lo que prevalezca en la información.

De ahí que para el profesor Federico Álvarez, introductor de la interpretación en la Universidad Central de Venezuela, “el periodismo interpretativo entraña la percepción de los sucesos como procesos y no como hechos aislados y desde luego el reconocimiento paladino de que la percepción del periodista es de carácter social y cultural, es decir, que está mediatizada por todos los contenidos de conciencia que ha ido adquiriendo como ser histórico que pertenece a una sociedad y a un tiempo determinado”.

El profesor venezolano entiende que el periodismo interpretativo postula la necesidad de enfocar los hechos en sus relaciones causales y en sus vínculos con el contexto que le es propio. Admite la necesaria e inevitable intervención de elementos subjetivos en el tratamiento informativo de la realidad; hace hincapié en el por qué, el para qué, la significación social y el interés público; trabaja sobre la base de una concepción de la actualidad menos restringida que la de la objetividad (Álvarez, 1978:103).

Para el teórico Luis Angulo, en su artículo ¿Nuevo periodismo o nuevo producto?, interpretar sería contar lo que sucede sin que el periodista tome un punto de vista impersonal, pues, aunque se emplee la tercera persona, esta se debe ubicar en la perspectiva de alguno de los personajes, para transmitir una visión del mundo desde esa subjetividad.

Angulo concibe que el periodismo interpretativo parece implicar una oposición al sistema comunicacional tal y como lo ha concebido la industrialización de la prensa y de la cual la doctrina de la objetividad no es sino un simple instrumento (PDF).

No obstante, es necesario aclarar que aunque la interpretación ofrece una nueva mirada al hecho, desde la subjetividad del periodista, la información sigue siendo lo sustancial y el primer objetivo.

Para la profesora de la Universidad de La Habana, Iraida Calzadilla, el hecho visto desde el periodismo interpretativo es analizado en cuanto a sus causas, situaciones colaterales, consecuencias y proyecciones. Sin embargo, aunque el periodista lo analice, partiendo de que es un ser social vinculado con un contexto histórico que responde a una época determinada, su criterio no puede ser lo que prevalezca, ni siquiera debe estar explícito en el género de la nota interpretativa, aunque sí en menor porción en el reportaje, pues no estamos en presencia de un género de opinión. (Notas de clases, curso 2013−2014).

Para Alejandro Rost (2003) en el periodismo interpretativo el objetivo es ofrecer información al lector, pero avanza más allá de los formatos noticiosos tradicionales e intenta brindar la significación profunda de la noticia. Son mensajes informativos dotados de cuantos elementos explicativos sean indispensables para que el receptor pueda tener todos los elementos de juicio posibles que le permitan valorar los hechos de actualidad.

Según Rost, a medida que el periodista, desde lo subjetivo, explica y analiza el suceso va entregando al lector las fichas que conformarán ese rompecabezas, que no es más que el propio hecho visto desde perspectivas distintas, estudiando las causas y situaciones colaterales.

El profesor  Sergio Campos en su artículo Periodismo Interpretativo, cita al teórico chileno  Abraham Santibáñez: "Interpretar, desde el punto de vista periodístico, consiste en buscar el sentido a los hechos noticiosos que llegan en forma aislada, situarlos en un contexto, darles un sentido y entregárselo al lector (o auditor) no especializado”.

Sergio Campos concibe la interpretación como la "puesta en relación" de un acontecimiento con valor noticioso, con su pasado (conjunto de hechos que constituyen sus antecedentes), con su presente (conjunto de hechos que constituyen su contexto) y con su futuro (conjunto de hechos que resultarían de él, es decir, su probabilidad de impacto o consecuencias, sean estas deseadas o no), puesta en relación de la que, por inferencia, se obtienen una o varias conclusiones.

Para el profesor chileno, la conclusión resultante es una tesis, una afirmación, a la que podemos llamar resultado de la interpretación, y que consiste en el "sentido" del acontecimiento.

Campos plantea, también, que en su investigación el reportero, además de la rigurosa recopilación de datos empíricos, e imágenes, sonidos, olores, sabores, texturas, debe acumular todo tipo de datos sensoriales para realizar descripciones, crear atmósfera, diálogos realistas, escenas, imprimir a su texto un tono emotivo; no sólo capturar la atención sino además la emoción del público.

Para Luis Sexto, Premio Nacional de Periodismo, el reportero, en la interpretación, actúa como un titiritero que desde arriba mueve los hilos de las marionetas, le ofrece al público un mensaje y, sin embargo, su imagen no se ve (E.P, 2014).

Ariadna Andrea Valdez, periodista del diario Trabajadores, entiende que desde su joven experiencia, interpretar la noticia es más que divulgarla, es explicarla. El reportero investiga a fondo el suceso y consulta la mayor cantidad de fuentes posibles, a fin de ver lo ocurrido desde distintas perspectivas y entregar al lector un mensaje más completo, que no solo se ciña a contar el acontecimiento sino a decir por qué sucedió, qué causas o situaciones colaterales pudieron inferir y qué consecuencias pudieran derivar (E.P, 2014).

Ricardo Ronquillo Bello, subdirector editorial del periódico Juventud Rebelde, sostiene que, incluso utilizando la interpretación, se puede establecer la diferencia entre noticia y noticiabilidad, que está dada por la subjetividad del periodista. Pues la noticiabilidad se induce desde el momento en que el reportero, con una visión determinada, entiende que una noticia puede ser útil o no al lector, desde ese instante en que la escoge está haciendo un análisis subjetivo, donde de cierta manera está latente su intencionalidad (E.P, 2014).

Bibliografía:

Álvarez, Federico. La información contemporánea. Contextos editores. Caracas, 1978. (p.103).

Angulo, Luis. ¿Nuevo periodismo o nuevo producto? S/A. Documento en PDF.
Campos, Sergio, S/A. Periodismo Interpretativo. Disponible en: www.periodismo.uchile.cl/

talleres/radio/periodismointerpretativo.doc

Fagoaga, Concha (1982). Periodismo interpretativo: el análisis de la noticia. Barcelona: Mitre.

Rost, Alejandro. 2003. "Periodismo de Explicación". Redacción, sitio web del Área Periodismo de la Facultad de Derecho y Ciencias Sociales. General Roca: Universidad Nacional del Comahue. Disponible en:
http://red-accion.uncoma.edu.ar/

asignaturas/periodismoexplicacion.htm

Profesor consultado:

Luis Sexto, Premio Nacional de Periodismo y profesor de la Facultad de Comunicación de la Universidad de La Habana.

Periodistas consultados:

Ricardo Ronquillo Bello, subdirector editorial del periódico Juventud Rebelde.

Arianna Andrea Pérez Valdez, periodista de la redacción Nacionales del semanario Trabajadores.

LOS GÉNEROS, TAN NECESARIOS COMO PARA INVENTARLOS

LOS GÉNEROS, TAN NECESARIOS COMO PARA INVENTARLOS

Tema: Miriam Rodríguez Betancourt, Premio Nacional de Periodismo y profesora de la Facultad de Comunicación de la Universidad de La Habana, plantea que los géneros son útiles, porque en efecto, devienen normas para elaborar textos diferenciados; facilitar el entendimiento en las redacciones, para organizar coherentemente el trabajo; y hacer posible que el medio pueda cumplir lo que se denomina el juego limpio o pacto de lectura con los receptores. 

ADRIANA BEATRIZ ROSA-PERALTA,
estudiante de primer año de Periodismo,
Facultad de Comunicación,
Universidad de La Habana.

No encuentro la casa. Camino en dirección opuesta. Ahora sí. Me abre ella, la Doctora en Ciencias de la Comunicación, toda sencillez y elegancia. Una vez en su habitación, algo así como un cuarto-estudio, me sentí muy cómoda, entre tantos libros, recortes de diarios en las paredes, retratos del Che y un pequeño Guernica disimulado cerca del escaparate.

La profe Miriam, como la llaman, hubiese preferido ser “periodista en activo”, pero la vida la llevó por los caminos de la docencia y es Profesora Titular de la Facultad de Comunicación de la Universidad de La Habana. Ha escrito libros y artículos sobre los géneros periodísticos, entre ellos Acerca de la entrevista periodística, La crónica periodística: un género tan polémico como imprescindible, Géneros Periodísticos: para arropar su hibridez.

-De acuerdo con Eduardo Ulibarri,

los periodistas somos mediadores.

Para este autor, nuestra función

básica está dada por la necesidad de

que exista un vínculo entre la realidad

y el público. ¿Es el Periodismo

un mero reflejo de la realidad?

El Periodismo es una aproximación, un método de interpretación de lo que nos rodea. Hay muchas maneras para testimoniar eso que llamamos realidad y no somos totalmente objetivos, pues influyen tanto la subjetividad del periodista como los intereses del medio al que responde.

-En su artículo Géneros periodísticos: para arropar

su hibridez, plantea que “los géneros son útiles

porque en efecto, devienen normas para elaborar

textos diferenciados; facilitar el entendimiento

en las redacciones, para organizar coherentemente

el trabajo en las redacciones; y hacer posible que el

medio pueda cumplir lo que se denomina el juego

limpio o pacto de lectura con los receptores”.

¿Los considera, entonces, imprescindibles?

Cuando nos sentamos a escribir empezamos imitando, hasta que encontramos nuestra propia voz. Los géneros crean patrones, hábitos; son modelos. Además, son ineludibles a la hora de organizar el trabajo en las redacciones de los medios de comunicación. Desde este punto de vista, sí los considero indispensables.

Asimismo, se han mantenido formas muy etiquetadas, a tal punto que resulta interesante cómo el público se ha habituado a través de la prensa a identificar lo que lee, escucha o ve, lo que llamamos juego limpio o pacto de lectura con los receptores.

-La profesora Iraida Calzadilla, en el libro

La Nota, prefiere referirse a “honestidad

intelectual” en lugar de objetividad, ¿es

del todo impersonal una nota informativa?

Impersonal no lo es nunca en tanto está seleccionada, redactada y enfocada por una persona. Hubo épocas en el ejercicio de la profesión en las que era perfectamente posible escribir en primera persona, sin dejar de trasmitir la verdad de los hechos. La objetividad es una meta, aún en la información más aséptica existe la subjetividad del reportero.

-La entrevista, ¿primero como género

o como instrumento indagatorio?

Como género es indispensable, requiere de mucha profesionalidad. Y es el acto más natural de la comunicación humana: para realizar una nota informativa necesitamos de la entrevista, para un reportaje, una crónica.

-Volviendo a Ulibarri, el reportaje

tiene de noticia, de crónica y

entrevista, ¿cómo usted lo asume?

Con mucha libertad expresiva y formal porque emplea los demás géneros en su esencia. Decía Gabriel García Márquez que es el más literario de estos. El lector sabe que se va a enfrentar a una cosa grande. Un buen reportaje tiene la estructura de un buen cuento. Por ejemplo, uno que considero antológico es El Che, su paso por la Tierra, de Ernesto González Bermejo, uruguayo, que asemeja un montaje cinematográfico, expresado con lenguaje literario, pero no en el sentido de los ornamentos sino por la esencia, la elegancia.

-Julio García Luis explica en su libro

Géneros de opinión, que el articulismo

es una de las labores periodísticas

más complejas. ¿Cómo

usted describe el artículo?

Él también la llamaba la gran familia de géneros. Incluye el editorial que es la visión general del medio, el comentario es más personal, el artículo de fondo, más doctrinal y la reseña es muy descriptiva con elementos valorativos.

Los artículos se basan, sobre todo, en datos, en hechos ya comprobados, desde el punto de vista de su especialización trata de ampliar los conocimientos del receptor; pero también informa, porque sin información  no hay Periodismo.

-Unos teóricos ubican la crónica entre los

géneros informativos y otros en los

de opinión.  ¿En cuál la sitúa usted?

Es una forma bastante híbrida, muy literaria. Yo la coloco más bien en el campo de la información, no por sentido noticioso, aunque siempre da noticia de algún suceso, pero en este caso mediante el protagonismo de quien la escribe. Hoy se hacen crónicas demasiado personales, pero no tiene que ser así necesariamente.

-¿Cuándo deja de ser Periodismo

y pasa a ser Literatura?

Hay límites y confluencias. No se puede pensar que el periodismo es literatura, se nutren, como lo hacen todas las manifestaciones creativas. Hay un instrumento común: el idioma, pero este no se puede aplicar de igual manera, porque son distintos  los receptores, los objetivos. No creo que a nuestra profesión le hagan daño técnicas literarias, al contrario, la enriquecen, sin olvidar que tiene sus propias especificidades, sus propios recursos expresivos.

Según García Márquez, a quien siempre es preciso hacer referencia cuando se hable del tema, lo único que no se podía traicionar era contar la verdad. Martí apuntaba que un periódico literario no se trataba de ficción, sino de la gala y perfección del idioma en sus publicaciones.

-¿Considera que hay un equilibrio

entre los géneros en nuestros medios?

La prensa impresa nacional presenta un desbalance en este sentido, en el cual también cuenta el perfil editorial de cada medio. Lo cierto es que hay mucha información abarrotada en los diarios. Por ejemplo, se escriben muy pocas crónicas, artículos, críticas de arte. Lo más sano sería lograr un armonía útil, periodísticamente correcta.

-En la teoría hay una división estricta

entre los géneros, no así en la práctica…

La clasificación de estos es a posteriori no a priori; uno no dice, voy a hacer un reportaje, una crónica, solo sale; pero hay distinciones. Se pueden mezclar, conservando las características fundamentales, la función especial de cada uno, y para lograrlo puedes fusionar  los que creas, siempre de forma atractiva, respondiendo a los intereses informativos.

-De acuerdo con Gargurevich, los géneros

periodísticos son formas para expresarse

de modo diferente, según la circunstancia

de la noticia. Entonces, ¿es la realidad la

que impone la manera de escribir?

No se relata igual un incendio, un accidente o un festejo, ni tienen la misma gradación en el tiempo. Ese es uno de los problemas que enfrentan los periodistas: van a cubrir el hecho con una idea predeterminada, cuando debe ser la realidad la que imponga el género.

ENTRE LITERATURA Y PERIODISMO

ENTRE LITERATURA Y PERIODISMO

Tema: Acerca de la tradicional disyuntiva entre la literatura y el periodismo, Bernardino Martínez Hernando, sacerdote, periodista poeta, ensayista y escritor español, expresa: "Empieza por no haber géneros y termina por desaparecer el periodismo para dejar paso, así por las buenas, a textos pagados a tanto la línea a favor del mejor pagador".

YOHANDRA MARÍA PORTELLES,
estudiante de primer año de Periodismo,
Facultad de Comunicación,
Universidad de la Habana.

En la mayoría de los casos, la literatura puede acercarse al periodismo o alejarse en un doble movimiento para marcar distancias o aprovechar coincidencias. La función de la una es distinta a la del otro, pero el lector puede ser el mismo, incluso el autor, por lo que cabe afirmar que ambos se presentan como aliados inseparables.

Acerca de la tradicional disyuntiva entre la literatura y el periodismo, Bernardino Martínez Hernando, sacerdote, periodista poeta, ensayista y escritor español, expresa: "Empieza por no haber géneros y termina por desaparecer el periodismo para dejar paso, así por las buenas, a textos pagados a tanto la línea a favor del mejor pagador".

Pero aún el más profundo y revelador periodismo tiene que someterse a la realidad con la mayor honradez y honestidad profesional. "La literatura, la creación literaria, es un lujo, el periodismo es una necesidad", refirió Gonzalo Martín Vivaldi (1986).

Luis Sexto, Premio Nacional de Periodismo y profesor de la Facultad de Comunicación de la Universidad de La Habana, afirmó: “Ninguno de cuantos se han apoyado en la literatura para escribir un reportaje -entiéndase José Martí, García Márquez, John Reed, Elena Poniatowska, Norman Mailer y otros- han pretendido abolir los géneros, sino han enriquecido otros, en particular los narrativos, o los que tienen algún punto de tangencia  con la lírica, o la crónica” (EP, 2014).

Durante mucho tiempo se había marginado el estudio de lo literario en la actividad periodística. “Hasta fechas muy recientes, ha sido más estático, combinando lo que se podría calificar como géneros de funcionamiento rutinario, con géneros de códigos fijados, construido en cierta medida por oposición al de la literatura”, refirió Vivian Bustamante, periodista del semanario Trabajadores (EP, 2014).

“La tradición occidental se asienta sobre determinados presupuestos epistemológicos; entre ellos, la separación de hechos y opiniones y la búsqueda de la “objetividad”, que levantan un muro entre el relato y el comentario, entre el periodismo y la literatura”, explicó el periodista y fotógrafo del semanario Trabajadores, Yuris Nórido (EP, 2014).

Sin embargo, en el libro “Literatura y Periodismo: una tradición de relaciones promiscuas” (Chillón, 1985: 14), se ve como una profesión intelectual, ejercida por auténticos escritores que no han de quedar constreñidos en sus posibilidades expresivas por las limitaciones impuestas por una falsa e imposible objetividad.

“No se  trata de hacer periodismo o literatura. Sino quizás, en lo que respecta al periodismo, de auxiliarse de la literatura donde y cuando le sea pertinente; se trata de enriquecer ciertos géneros del periodismo con las técnicas de la literatura, y en particular de la narrativa”, añadió el profesor Luis Sexto.

Un reportaje literario no implica la abolición del periodismo, sino multiplicar su capacidad de influir y atraer mediante el interés formal.  A veces  tanto se degrada a los géneros periodísticos, que una nota informativa ampliada la llamamos reportaje. Preguntémosle a Martí si con El terremoto en Charleston abolió el género reportaje y  desnaturalizó al periodismo, o  a Pablo de la Torriente si con Realengo 18, empobreció o enriqueció el periodismo de su época.

A los géneros los maltratan la distorsión y la simplificación, en particular cuando combaten la mezcla creativa de periodismo y literatura. Esa mezcla, realizada con efectividad, le ha quitado al periodismo el estigma de criado de la “frase bonita”, que no es ni periodismo ni literatura.

La Doctora Miriam Rodríguez Betancourt, profesora de la Facultad de Comunicación y Premio Nacional de Periodismo, afirmó: “Creo que la eliminación de los géneros como modelos puede conducir a ese peligro al que alude Martínez Hernando, y que supone de hecho, y bajo el pretexto de la democratización del uso comunicativo, la irrupción en el espacio digital especialmente, de cualquier texto, de cualquier ´escribidor´, ya que en definitiva todos podemos ser periodistas en el ancho, infinito mundo de la comunicación electrónica” (EP, 2014).

Habitualmente, una especial elaboración del lenguaje es síntoma de que nos encontramos ante un fenómeno literario. Dicha elaboración puede estar puesta a conciencia por el autor al servicio de una intención en origen literaria a tono con las reglas de un género determinado o puede haber surgido de modo espontáneo como calidad de escritura no prevista.

Martín Vivaldi (1973: 74) señaló: “Es difícil, aún hoy, encontrar la línea de demarcación definida entre lo que llamamos literatura y lo que denominamos periodismo”; apuesta porque el futuro pertenecerá “a los periódicos hechos por periodistas-escritores”, por “periódicos bien escritos, en los que cada línea haya sido pensada, y en los que cada frase, a más de su elegancia, esté cargada de sentido. El futuro, en suma, pertenece a los periódicos hechos por periodistas escritores”.

Por eso no resulta extraña su afirmación: “Parece que los moldes expresivos van perdiendo puntos. El formalismo se doblega ante la personalidad del periodista-escritor. Personalidad que se va imponiendo cada vez más, a expensas de unas estructuras estilísticas cuya inamovilidad está por demostrar. En un periódico interesa sobremanera una buena ´pluma, con nervio, con ´garra´, con estilo propio, mejor que un redactor estandarizado, por no decir adocenado, contrahecho, a fuerza de seguir una pauta impuesta por circunstancias profesionales meramente históricas” (Vivaldi, 1973: 57).

En el año 1985, con la publicación por parte de Bernal y Chillón, de la Universidad Autónoma de Barcelona, del libro Periodismo informativo de creación, se inicia una reacción contra el paradigma dominante y un sistema de géneros que no dejaba espacio para el periodismo más creativo.

“El asentamiento de la disciplina, la influencia estadounidense y la incorporación de nuevos estudiosos han hecho que a inicios de la década de los 80 el periodismo literario empiece a valorarse en los departamentos de Periodismo. Ya no hay temor al contagio, no se le ve como un elemento contaminante, sino como una riqueza”, comentó la Doctora Hilda Saladrigas, profesora de la Facultad de Comunicación de la Universidad de La Habana.

Cuando Lázaro Carreter -fallecido filólogo español, director de la Real Academia Española-, y posteriormente Eugen Coseriu -una de las máximas figuras de la filología del siglo XX-, plantearon que no cabía un periodismo que fuera literatura, “estaban pensando en el periodismo como discurso narrativo y referencial” (Gutiérrez, 2007: 42).

El Periodismo literario ampara “escritos que son Periodismo porque en ellos manda la actualidad, el interés y la comunicabilidad, y porque están escritos con el triple propósito de informar, orientar o distraer”, apunta el Doctor Rafael Yanes, profesor de la Universidad Complutense de Madrid.

Gabriel García Márquez expresó al respecto, en entrevista concedida al periodista Diserdy de León, que este último publicó en su Blog: “El periodismo no tiene que conciliar, con nada ni con nadie. Su misión es en eso idéntica a la del artista: revelar los abismos y las luces más secretos del hombre, agitar las aguas, estimular la imaginación, provocar el cambio, luchar sin sosiego para que las perezas y los conformismos que adormecen la inteligencia sean derribados”.

Bibliografía:

BERNAL y CHILLÓN. Periodismo informativo de creación. Barcelona. Mitre (1985).

CHILLÓN. Literatura y Periodismo: una tradición de relaciones promiscuas. Bellaterra: Universidad Autónoma de Barcelona. 1999. “Las escrituras facticias y su influjo en el periodismo moderno”, Trípodos, nº 19, pp. 9-23 (2006).

COSERIU, Eugen. “Información y literatura”, Comunicación y Sociedad, vol. 3, nº 1 y 2, pp. 185-200 (1990).

GABRIEL GARCÍA MÁRQUEZ. Entrevista realizada y publicada por DISERDY DE LEON el lunes, 19 de abril de 2010, bajo el título: Reportaje El Periodismo Literario.

GUTIÉRREZ CARBAJO Y MARTÍN NOGALES, en el estudio introductorio de su antología de artículos literarios en prensa, publicado en 2007, dedican la mitad del epígrafe titulado Literatura y Periodismo al debate iniciado por el Nuevo Periodismo, y aluden en él a las relaciones entre “documentación y ficción”, publicado por EFE (2007, 42).

MARTÍN VIVALDI, GONZALO. Géneros Periodísticos, Madrid, Paraninfo, 2º edición (1986).

MARTÍN VIVALDI, GONZALO. Géneros periodísticos: Reportaje, crónica, artículo (Análisis diferencial). Madrid. Paraninfo (1973).

YANES MESA, RAFAEL: Géneros periodísticos y géneros anexos: una propuesta metodológica para el estudio de los textos publicados en prensa. Madrid. Fragua (2004).

Profesores consultados:

Doctora Miriam Rodríguez Betancourt, profesora de la Facultad de Comunicación de la Universidad de La Habana y Premio Nacional de Periodismo, el 23 de abril de 2014.

Luis Sexto, Premio Nacional de Periodismo, periodista y profesor de la Facultad de Comunicación de la Universidad de La Habana, el 24 de abril de 2014.

Doctora Hilda Saladrigas Medina, profesora de la Facultad de Comunicación de la Universidad de La Habana, el 30 de abril de 2014.

Periodistas consultados:

Vivian Bustamante, periodista del semanario Trabajadores, el 28 de abril de 2014.

Yuris Nórido, fotógrafo y periodista colaborador del semanario Trabajadores, el 28 de abril de 2014.

 

¿INTERPRETACIÓN O INFORMACIÓN?

¿INTERPRETACIÓN O INFORMACIÓN?

Tema: La catedrática española Concha Fagoaga explicita: “Cabe volver a la propuesta inicial de considerar a los mensajes interpretativos simplemente como mensajes informativos dotados de cuantos elementos explicativos sean indispensables para aportar al receptor una valoración sobre hechos de actualidad”.

OANH DINH VAN (OANY),
estudiante de primer año de Periodismo,
Facultad de Comunicación,
Universidad de La Habana.

Cuando empecé la carrera de Periodismo me sentí muy contenta por la oportunidad de aprender cosas nuevas. Las clases, junto con mis compañeros, supusieron una nueva enseñanza cada día. Sin embargo, una de las cuestiones que más me sorprendió no fue la gente o las asignaturas, sino cómo el mundo puede cambiar bajo los medios de comunicación y las palabras de los periodistas.

A la hora de informar y ayudar a este nuevo orden social, en el cual las personas no tienen tiempo para ponerse a analizar lo que leen, el periodismo interpretativo es la mejor manera de llegar a los lectores, pero: ¿en qué consiste?

La catedrática española Concha Fagoaga plantea: “Cabe volver a la propuesta inicial de considerar a los mensajes interpretativos simplemente como mensajes informativos dotados de cuantos elementos explicativos sean indispensables para aportar al receptor una valoración sobre hechos de actualidad”.

Cuando me siento a lee las noticias, me doy cuenta de que los periodistas cuando informan, lo hacen diciendo solo lo elemental, y a veces el que lo oye o lo lee, se queda sin conocer alguna información que lo ayude a formarse un juicio.

La profesora  Leydis García Chico, de la Facultad de Comunicación de Universidad de La Habana, señala como desde el inicio de la Carrera de Periodismo se enseña a salir a la calle, buscar diferentes puntos de vista, un background y antecedentes, lo que esto no siempre es suficiente y menos en la actualidad, cuando el auge de las nuevas tecnologías hacen que los valores noticias que nos enseñan en la Academia se pierdan demasiado rápido.

“Una foto de un usuario que muestra cómo un avión cayó a tierra, tiene mayor importancia que un periodista diciendo esta misma noticia en una redacción. Sin embargo, existe un segundo momento, en el cual, el reportero analiza ese evento desde todas las aristas posibles y logra captar al público  más allá que la foto en sí misma”, asevera García Chico.

“El Periodismo Interpretativo-Explicativo, se inicia en 1945 cuando el Periodismo pone su acento/atención en una nueva circunstancia, la profundidad. A partir de este momento nacen la radio y la televisión. El periodismo se renueva, no solo contará la actualidad sino que también va a intentar explicar/interpretar esos hechos/acontecimientos periodísticos. Con ello se pretende lograr que el lector conozca de un modo mucho más profundo esa actualidad que le rodea. Esta etapa utiliza equilibradamente los dos géneros periodísticos”, se explica en Comment & Story, el comentario y el relato (2014: Web).

Este estilo periodístico fue el último en aparecer, precedido del opinático y el informativo. Para Abraham Santibañez, periodista titulado de la Universidad de Chile, "interpretar, desde el punto de vista periodístico, consiste en buscar el sentido a los hechos noticiosos que llegan en forma aislada. Situarlos en un contexto, darles un sentido y entregárselo al lector (o auditor) no especializado” (2014: Web).

Ya he reiterado en varias ocasiones que vivimos en un mundo convulso donde la prisa es el principal ingrediente de cada día. Aunque las personas tienen a su alcance las redes sociales para saber qué pasa a cada segundo,  sus agitadas vidas no le dan tiempo para ponerse a revisar y analizar la información y ahí entra el corresponsal con su mirada especializada y encuentra el término medio.

La periodista y profesora de la Facultad de Comunicación, Iraida Calzadilla (2007), plantea algo que llama mucho la atención y  ayuda a  pensar en el tipo de información que necesita el comunicador el siglo XXI. La docente sostiene que este es un periodismo que requiere de vasta información, de antecedentes, contexto, background, valoraciones y pronósticos. Un rastreo verdadero de los conflictos, un desentenderse de nada, una posición inquisidora. Es decir, una fórmula explosiva en la que el periodista proporciona, a partir de la puesta en escena de todo cuanto ha investigado, argumentos suficientes que emergen desde fuentes decisorias, implicadas, expertas, testigos, documentales, cual calidoscopio que permita evaluar el significado de los hechos presentados de manera tal que, sin explicitar su opinión, solo dejándola implícita en los juicios aportados, el periodista deje al lector el protagonismo de llegar a su particular conclusión.

Por otro lado, el periodista y también profesor de la Facultad de Comunicación, Emilio Barreto, cree que no debería existir una diferencia entre el periodismo interpretativo y el informativo, ya que ambos pueden coexistir en un ambiente de cordialidad, pues sus funciones no son las mismas. “No creo que todos los temas merezcan un amplio recuento, hay veces en que conocer los hechos es suficiente sin tener que ahondar en otras cuestiones”, plantea Barreto.

Ahora, creo que es prudente aclarar el hecho de que aunque en el Periodismo Interpretativo se trata de ayudar a la población a crearse un criterio, el reportero no debe emitir juicios directos, debe permitir que el lector saque sus propias conclusiones.  La objetividad debe ser la meta a alcanzar a partir de la multiplicidad y cantidad de fuentes que proponga en el construcción de su mensaje.

Otra cuestión acerca de este estilo que me llamó la atención, pero de igual manera me alarmó, fue el hecho de que en los medios de Cuba no se pueden encontrar con frecuencia este tipo de informaciones. Lo que se lee en los periódicos es más bien noticias y reportajes y a veces alguna crónica o comentario, pero de lo que tanto hablan en la Academia se queda en el aire, como una materia y nada más.

La periodista Narmys Cándano, de Radio Habana Cuba, explica que aunque en la carrera de Periodismo se enseña a analizar la noticia, no dejar las circunstancias en el aire y contextualizar, la realidad en los medios es otra: “Muchas veces hay que terminar las informaciones demasiado rápido y el trabajo profundo que se necesita no se lleva a cabo”.

Entonces, si la interpretación de la noticia es el futuro del Periodismo y en la Academia se enseña este género, ¿por qué no utilizarlo más? ¿Por qué no promover un juicio coherente y así perpetuar una profesión que tiene cientos de años?

Creo  que el deber de esta nueva generación es crear una conciencia no entre el pueblo sino entre los propios profesionales de la palabra, ya que la vida útil de los medios y de los periodistas solo está en nuestras manos.

Bibliografía:

Fuentes documentales: 

Calzadilla, Iraida: “Interpretar los sabores y olores de la vida misma”. UPEC. La Habana, Cuba.

Góngora, Alex. En: alexrgongora.wordpress.com URL:http://alexrgongora.wordpress.com/

2014/02/02/definicion-de-periodismo-interpretativo/ Consultado: 2-2-2014

Campos, Sergio: Periodismo interpretativo. En: slideshare.net URL:http://www.slideshare.net/

mariuximontiel/periodismointerpretativo-1 Consultado: 14-5-2012.
En: comunicaciones.uc.cl URL:http://comunicaciones.uc.cl/

prontus_fcom/site/artic/20041213/pags/20041213161106.html

Periodista consultada:

Narmys Cándano, periodista de la emisora Radio Habana Cuba.

Profesores consultados:

Emilio Barreto, periodista y profesor de la Facultad de Comunicación de la Universidad de La Habana.

Leydis García Chico, periodista y profesora de la Facultad de Comunicación de la Universidad de La Habana.