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Isla al Sur

COSIENDO LA HISTORIA

COSIENDO LA HISTORIA

De tierra eslovaca llegó a la Isla una artesana peculiar. Nada le ha permitido despojarse de su arte. En Cuba encontró el amor, construyó una familia y halló la inspiración que, aún hoy, la protege de la muerte.

Texto y foto:
KRYSTEL ASPILLAGA ROJO,
estudiante de primer año de Periodismo,
Facultad de Comunicación,
Universidad de La Habana.

Con el vientre cargado del fruto de su amor por un cubano llegó a nuestra tierra hace 45 años la eslovaca Katarina Pedrosová. «Fue una larga travesía en barco, en la que por poco pierdo el embarazo. Poco antes de embarcar, mientras buscaba los alimentos en conserva que llevaría, una gitana me persiguió. Quiso decirme el futuro varias veces, al parecer tenía visiones de males próximos. No sé. Lo cierto es que durante el viaje, que duró varios meses, me dieron unos dolores muy fuertes, y estuve en reposo. Mi hija Alicia, la mayor de los tres, nació aquí, en La Habana.

«De mi tierra traje conmigo la pasión por la artesanía y un montón de recuerdos que siempre me acompañan. Soy de padres húngaros y nací en Eslovaquia. Ahí viví los sucesos terribles de la Segunda Guerra Mundial y aprendí, entre otros oficios, la costura en todas sus modalidades. De pequeña me detenía a ver las piedras de los ríos, sus colores; me encantaban los colores y dibujaba mucho. La  artesanía viene de la niñez, aprendí a coser, primero a zurcir, gracias a mi madre que me dio la tarea de hacer las medias a los varones y que quedaran bien. Yo hice mi vestido de bodas y de  graduación».

Así  me contó, Katarina Pedrosová, una ilustre mujer que descubrí recientemente, gracias a una amiga que comentó de su existencia. Toqué a la puerta de su casa en El Vedado capitalino, donde todavía comparte los infortunios y las alegrías con el mismo cubano que siendo joven conoció.

Ahí estaba ella, de estatura mediana, cabello blanco y piel de cera. Sus ojos transparentes parecen no haber envejecido. La mirada y la palabra denotan madurez, fuerza y experiencia y por momentos intimidan.

El encuentro transcurrió en el comedor. Sobre la mesa los adornos navideños que cada año, por esta fecha, realiza con esmero. A un lado, la máquina de coser, la primera que encontró a su llegada a Cuba y que ha utilizado desde entonces. «Es aquí donde hago gran parte de mis artesanías», dijo. En las paredes cuelgan unos platos antiguos rusos y eslovacos, confeccionados a mano, que tienen gran significado para ella, sobre todo los de su tierra natal. “Son parte de mi historia”, comenta mientras le cose el sombrero a un Santa Claus.

«La navidad es muy  importante para mí. Cuando la guerra, todo estaba destruido, yo tenía cinco años y era la hermana mediana, pero recuerdo que no le temía a nada. Mi padre era pastor protestante. Una vez llegó un hombre del ejército alemán y le dijo que tenía 24 horas para enterrar a sus muertos. Salimos de la casa y encontramos un bosque, allí había un lugar con condiciones para el entierro. A mi padre lo llamaban para ese trabajo, pero el no cobró nunca, tenía que ser que de buena voluntad le dieran algo. El guardabosque alertó a mi papá que teníamos que salir rápido porque nos buscaban para matarnos. El buen hombre brindó refugio en su casa.

«Estando ahí, los muchachos que éramos entonces, salimos a jugar con la nieve y mi papá, para alegrar el momento, nos preparó una sorpresa. Encontramos en esa casa prácticamente vacía, en aquel ambiente interrumpido por el ruido de las bombas, que al explotar estremecían el suelo, un árbol de navidad adornado solamente con velitas»…

Una lágrima se guarece en su mejilla. «Demasiados recuerdos», dice. “Ese día tomamos leche de vaca. Fue la mejor navidad que he tenido. La navidad hay que celebrarla siempre, siempre, siempre,  en los buenos y malos momentos”.

Con un español casi perfecto, Katarina evoca pasajes de su vida. «Llegué a la artesanía por necesidad. Todos los días tenía que tejer, hacía cuatro mangas de abrigos al mes. Esto era importante para comer y vestirse. Mis primeros zapatos me los compré a los 15 años. Mi mamá decidió que fueran de talla más grande “por si te crece el pie”. Así era nuestra vida. De niña aprendí también la jardinería y trabajé, gracias a mi papá, con las colmenas de abejas. Fueron tantas cosas, las enseñanzas de mi vida vienen de las necesidades. Mientras que los niños de hoy no tienen obligaciones, solamente deben estudiar y divertirse».

Katarina tiene 75 años, tres hijos y un montón de nietos. Estudió en Europa dos carreras universitarias (Geología e Ingeniería Civil) y domina varios idiomas, entre ellos húngaro y ruso. Cuando cose parece brotar de sus manos una especie de luz, que debe ser magia. Gran parte de los adornos que hay en su casa fueron confeccionados por ella.

-Usted es miembro de la Asociación Cubana de Artesanos Artistas (ACCA). ¿Qué trabajos realiza y con qué técnicas?

«Ahora hago de todo con la tela: carteras, manteles, cortinas... Con la técnica del parche, hago cuadros de parches, también con él  simulo el vitral. Aplico el batic, una práctica que necesita de tintes y cera de velas y del panal de abejas para poner en los cuadros de tela y así hacer el dibujo. Hice un Che utilizando el batic y otro cuadro dedicado a los Cinco Héroes, el cual obtuvo premio durante una exposición realizada en el poligráfico del periódico Granma. La obra tiene cinco esferas  grandes de color rojo, cosidas a mano; aquí también empleé la técnica del batic… Esas esferas representan las barreras a derribar por la prensa, para que el caso de los cinco cubanos antiterroristas llegue con claridad y veracidad a todas las regiones del mundo.

«Ese otro cuadro, el del violín, también es hecho a parches. Nació de la partida de mi hijo hacia Canadá debido a los éxitos que tuvo en la gira. Él es violinista y por eso utilicé el instrumento. Tengo también dos hijas que no viven en Cuba, pero él es el menor y muy apegado a mí. Cuando supe que se iba, cosí llorando cada parche.

«¿Ves esa lámpara de arriba?, le tejí la pantalla, lo que cubre el bombillo, también esos tapices para adornar los sillones, las paredes y los muebles de la sala. Es que me gusta decorar la casa con mis trabajos. También hago collares aprovechando elementos de la naturaleza, uso cristales, piedras del mar, ramas y hojas secas de los árboles».

-¿Cómo conoció a su esposo?

«Es una historia muy larga. Resulta que por el sindicato gané unas vacaciones en un hotel. Era muy joven. Tenía solo veintitantos años y compartí esos días junto a una pareja mucho mayor que yo. Mi madre me avisó sobre la apertura de las matrículas para las mujeres que querían estudiar la carrera de Ingeniería Civil. Me sentí desesperada porque debía prepararme, pero allí no tenía libros para estudiar. Estos amigos ayudaron mucho en ese momento de euforia. Decidí presentarme a los exámenes de ingreso sin prepararme, aunque poco después supe que las pruebas no eran hasta el próximo año, en ese momento sentí alivio porque tenía más tiempo y por tanto podía disponerme mejor.

«Después de unas semanas en el hotel, encontré a un joven cubano, bailamos, conversamos y nos enamoramos, él estudiaba en mi país, luego nos casamos y salí embarazada. Un día me dice que tenía que irse para Cuba a terminar la carrera  y vine con él».

La llegada de Odalys, una amiga, fue el pretexto para detenernos en la conversación y preparar un té caliente (hacía mucho frío) que acompañamos con una mermelada de frutabomba con piña, riquísima, hecha por ella misma. Sabía a compota de zanahoria y su textura semejaba la del membrillo. <>, expresó. Supe entonces que la cocina es otra de sus especialidades y que tiene una despensa con alimentos en conserva que cada año elabora.

-¿Cuándo aprendió a conservar los alimentos?

«En mi país, durante la guerra, mucha gente hacía todo en conserva, recuerdo que teníamos como un cuartico y en él alimentos que se mantenían a 5 grados sobre cero y se almacenaban hasta la próxima cosecha, entre ellos, papa, col,  zanahoria, perejil y otros. También hacíamos vino de manzana y de uva. Además, aprendí a deshidratar hongos comestibles, los recogía en los bosques. Ese era un paseo que me fascinaba.  Deshidratar es una forma de conserva y se puede hacer con las cebollas y las manzanas. Cociné desde niña porque mamá tenía una enfermedad llamada el síndrome de las manos y los pies fríos. Era un problema circulatorio y yo tuve que aprender. Me paraba en un banquito porque yo no llegaba bien a la estufa (las de allá son mucho más altas). Desde entonces me encanta cocinar».

-¿Ha vuelto alguna vez a Eslovaquia?

«Sí, he viajado en tres ocasiones y cuando estoy allá  vuelvo a vivir momentos agradables, recuerdo mi infancia y juventud. En Eslovaquia todavía tengo personas a las que quiero, un hermano, una tía y una gran familia por parte de mi madre, que me crió. Solamente pude estar una vez en casa, el último lugar donde estuvo papá con nosotros; cuando pasé fue desastroso, porque encontré que se desplomó, aún quedan restos, por ejemplo se mantiene el jardín “encantador” lleno de arbustos, rosas y plantas de uva. Ese jardín siempre fue así: de terreno amplio y muy fértil. Recuerdo, al estar allá, a mamá cosiendo, entre otras cosas, sus tapices, aún conservo dos de ellos, son esos verdes que, por cierto, tengo que arreglar. De regreso a La Habana siento nostalgia, pero Cuba me acogió  bien, hay gente muy buena».

Conversando con ella comprendí que el dolor de una vida difícil es inevitable, pero el sufrimiento es opcional. La suerte casi siempre es fortuita. Katarina entendió que lo único que se consigue en la vida sin esfuerzo es el fracaso.

«Quiero seguir trabajando, ahora me siento mejor de salud, no pretendo romper récords, quiero hacer cosas que le gusten a la gente, quiero enseñar para que aprendan este arte, no solo por el valor económico, sino porque ayuda al espíritu, estimula, recrea. No le temo a la muerte, ¿a la pelona? No, ni pienso en eso, he estado al borde de ella en dos ocasiones»…

Katy, como la nombra cariñosamente su familia, ríe todo el tiempo y se burla de la muerte: «Todavía tengo fuerzas para seguir viviendo porque quiero continuar cosiendo mi historia».

Pie de foto: Recuerdos, obra de Katarina, dedicada a su hijo menor,  confeccionada con la técnica del parche.

 

EL NAUFRAGIO DE COLÓN

EL NAUFRAGIO DE COLÓN

ADIEL GUEVARA RODRÍGUEZ,
estudiante de Periodismo,
Facultad de Comunicación,
Universidad de La Habana.

Para honrar el aniversario 500 del descubrimiento de América, en 1992 surgió un ambicioso proyecto cinematográfico hispano-franco-británico. La dirección estaría a cargo del afamado Ridley Scott y contaría con capitales estratosféricos, el mayor en la historia de las coproducciones europeas de su momento. Este fue el esperanzador comienzo de la cinta “1492: La Conquista del Paraíso”.

Pese al marcado salto de calidad respecto a filmes precedentes, no logró recuperar su enorme inversión de 40 millones de dólares y se convirtió en un fracaso comercial. Recibió desde el estreno, 9 de octubre de 1992, críticas mixtas y la ausencia del público a la gran pantalla estuvo influenciada por el fiasco que supuso la que antecedió su lanzamiento: “Cristóbal Colón, el descubrimiento”.

El guión, escrito por Roselyne Bosch, relata el viaje realizado por el adelantado marino hacia las Indias Occidentales que lo llevó, el 12 de octubre del año 1492, al encuentro con un continente desconocido hasta entonces por los habitantes de Europa y Asia.

Tras el fracaso en las taquillas de la obra, Scott no volvió a dirigir durante cuatro años y, según él expresa, su objetivo no fue ofrecer la recreación histórica exacta, sino dar una inteligente especulación sobre lo que realmente ocurrió y cómo fue el Almirante.

El tema del viaje se aborda estéticamente en un tono épico y Scott esboza el descubrimiento como la llegada a otro planeta. Incluso, cuando Colón salta desde el bote de desembarco a la playa de San Salvador, la forma en que lo hace es muy similar a la del primer astronauta que se posó sobre la Luna.

El apoyo fotográfico contribuyó a dar realismo y creatividad al film con tomas memorables en picado, durante el encuentro entre los amerindios y peninsulares, planos panorámicos, con la visión de “tierra a la vista”, y el clásico instante que muestra, a nivel de suelo, las botas colombinas en lento avance hacia el hallazgo esperado.

Son los mejores momentos de la película, aquellos en que todo se les va presentando a los ojos de los descubridores, inesperado, brumoso: plantas, animales, la atmósfera de la selva, etc. La banda sonora de Vangelis, universal música de ambiente desde entonces, imprimió la percepción de grandeza y misterio en cada escena.

Los vestuarios y decorados reflejan fielmente la época y permiten identificar, desde un primer instante, el rol de cada personaje en el caso de la reina Isabel la Católica o “el Gran Navegante”. El rodaje en los enclaves elegidos de Costa Rica, “el país más verde del planeta”, como el virgen continente y, por supuesto, en España para la recreación colonial, son acertadas ubicaciones.

El Colón de Scott se presenta en una relación humana y de respeto con los indígenas, tal vez algo exagerada si se tiene en cuenta el origen marginal de su tripulación. No obstante, un mérito indiscutible fue la proyección de las distintas facetas del protagonista quien, lo mismo empuña una espada en defensa propia, que se muestra fascinado por goniómetros y astrolabios.

Inexactitudes o errores históricos de peso, cometidos por los guionistas en la trama, son ejemplos visibles cuando Colón regresó a España con tres carabelas o al ser destruido el fuerte de La Navidad, destino de la zozobrada nave Santa María, por los indios caribes. Las erratas acompañan el segundo viaje, donde se habló ya del “Nuevo Mundo”, en realidad el término se usó a partir de la tercera travesía, y que, al llegar Colón a Panamá, descubrió el océano Pacífico en 1503 y este no se conoció hasta 1513.

Insuficiente afluencia de público y la consiguiente pérdida de la inversión realizada por los estados implicados, unido a los desajustes mencionados, han causado un clima de aspereza hacia la cinta de Scott que presenta, en lo estrictamente cinematográfico, atributos suficientes para haber sido mejor valorada.

LA VIDA EN MULTIVIRAL

LA VIDA EN MULTIVIRAL

ALAIN MIRA LÓPEZ,
estudiante de primer año de Periodismo,
Facultad de Comunicación,
Universidad de La Habana.

El sonido de la alarma del teléfono me despierta, indica que de no apurarme, no estaré a tiempo en la Facultad y hoy no puedo faltar, pues una colega prometió traerme las canciones de la última producción de Calle 13: “Multiviral”.

Desespero, quedan solo treinta minutos para llegar y aún estoy “Adentro” de mi casa, debo salir rápido, pues la ruta P-2 es inestable, a veces pasa en hora, pero en otras ocasiones no.

El ómnibus se retrasa, me traslado a otra parada y, por suerte, la 174 pasa de forma frecuente, mas, logro subir en ella con el esfuerzo de mil dioses, pues la cantidad de personas que esperaban un autobús era abismal.

Es increíble “El aguante” de los cubanos para mantenernos, al menos, diez minutos apretados como sardinas, soportando un calor sofocante, casi sin poder respirar, y cuando lo haces sientes un olor insoportable de alguien, lo cual te hace pensar que es mejor taparse la nariz.

A la hora de bajar, quienes están en la parada de Bohemia se impacientan por abordar la bestia rodante y no dejan salir a casi nadie, esto pone mi cabeza como una cafetera, pero, en ese momento, oigo la canción que suena en las bocinas de la guagua, “Los idiotas”, por casualidad de Calle 13, y los perdono, pues “todo el mundo tiene un porcentaje de idiotez en su genética”.

Una vez fuera de la 174, “Cuando los pies besan el piso”, una voz interior te dice: “Respira el momento”, y lo haces, disfrutas el aire fresco, más no me detengo, camino dirección a la Facultad, a la búsqueda de Multiviral.

Cada vez estoy más cerca de concluir de forma exitosa la misión, casi no resisto la tentación de sentir cómo la música hace volar mi imaginación “Fuera de la atmósfera del cráneo”, solo la buena música lo consigue, pienso que esta puede lograrlo.

Me siento “Perseguido”, esa sensación inunda mi cuerpo, me volteo y veo una chica con unos “Ojos color sol” muy impresionantes, seguro era del grupo de estudiantes que “Me vieron cruza” la calle, después de salir del ómnibus.

Con algo de pena se acerca y pregunta “si por casualidad tenía en mi poder el último CD de Calle 13” y, aunque no lo poseo, le doy respuesta afirmativa, actué como “Gato que avanza, perro que ladra”, pero, imagínense, debo volver a ver esos ojos, me hacen soñar, “Así de grande son las ideas” de un joven como yo.

Al fin llego al aula, como era de esperarse, mi colega no falló. Velozmente, copio las canciones, al terminar enciendo el reproductor y, al oírlas, siento la magia de la melodía y la letra juntándose en fascinantes acordes. De pronto comienzo a volar en el limbo creado por la música, más, aterrizo, aún tengo una cuenta pendiente.

Con rapidez, salgo y los ojos más bellos jamás vistos se acercan por el pasillo con dirección hacia donde estoy parado; ahora, el apenado soy yo. Le ofrezco un audífono, quiero que se quede conmigo, y lo acepta. Multiviral tiene magia, me parece evidente, está en la vida cotidiana.

 

VIAJE A LA PERSEVERANCIA

VIAJE A LA PERSEVERANCIA

El escritor francés Julio Verne narra el desarrollo de una apasionante aventura al núcleo terrestre, en la que triunfa la persistencia.

Texto y foto:
ROGMARY GARCÍA SÁNCHEZ,
estudiante de primer año de Periodismo,
Facultad de Comunicación,
Universidad de La Habana.

“Mientras lata el corazón, mientras la sangre circule en nuestro cuerpo, no admito que un ser dotado de voluntad se deje dominar por la desesperación”, así el escritor Julio Verne (1828-1905) insta a la perseverancia en voz de uno de los protagonistas de su libro “Viaje al centro de la Tierra”.

El autor francés, considerado el padre de la ciencia-ficción moderna, en esa fascinante novela cuenta con visión futurista la expedición al núcleo del planeta, del sabio profesor Lidenbrock, su sobrino Axel y el guía Hans.

De 45 capítulos consta el ejemplar que se publicó por primera vez el 25 de noviembre de 1864. En ellos, Verne utiliza personajes episódicos para ampliar el ambiente y ubicar en un determinado contexto, es el caso de Marta, ama de llaves, y Graüben, bella joven, ahijada de Otto, novia y luego esposa del pequeño Axel.

Excelentes descripciones empleadas con gran dominio de las ciencias, trasladan al lector a un rebaño de mastodontes, raros monstruos y hasta a un géiser, fuente termal que erupciona periódicamente vapor de agua.

A través de esos retratos, los lectores pueden imaginar la diversa vegetación, los extraños y variados sólidos existentes en la corteza terrestre, los insólitos bosques y  las profundas cavernas. 

La evolución de la vida animal, en la que el hombre ocupa el escalón concluyente, y el período de formación de la hulla, la que “no alcanzará a consumir la población durante varios siglos”, figuran entre los procesos biológicos y mineros explicados en la historia.

Diferentes sentimientos como el amor, la solidaridad y la honradez, manifiestan los integrantes durante la travesía, quienes con persistencia vencen circunstancias peligrosas y momentos de tensión.  

Mientras avanzan los episodios, las tramas atrapan e incitan a conocer el desenlace. Con la aplicación de una narración ulterior, en primera persona, y secuencias de diálogos cortos, la lectura alcanza un ritmo acelerado. Publicado en Cuba por la Editorial Gente Nueva, 1970 y 2002, el volumen demuestra el valor del empeño y la constancia.

Ha sido llevado al cine en reiteradas ocasiones. Por ejemplo, en 1959, Henry Levin dirigió un atractivo audiovisual, en el que el actor británico James Mason, intérprete en "Veinte mil leguas de viaje submarino" del Capitán Nemo, representó el papel de Lidenbrock.

También, un material en 3D, estrenado el 11 de julio del 2008 bajo la tutela de Eric Brevig y protagonizado por Brendan Fraser, Josh Hutcherson y Anita Briem.

Al igual que en las restantes obras de su serie Viajes extraordinarios (“De la tierra a la luna”, “Cinco semanas en globo”, “Veinte mil leguas de viaje submarino”, “La vuelta al mundo en 80 días” y “La isla misteriosa”), el novelista hace volar hacia una exquisita y apasionante aventura de fantasías y sueños.

Según Index Translationum, base de datos de la UNESCO, el francés es el segundo escritor más traducido de todos los tiempos, después de Agatha Christie.

 

CERVANTES INMUNE AL TIEMPO Y LAS LLAMAS

CERVANTES INMUNE AL TIEMPO Y  LAS LLAMAS

La fraternidad masónica Aurelio Miranda Álvarez preserva el único coche de vapor contra incendios, protagonista del fuego en la ferretería Isasi, ocurrido el 17 de mayo de 1890.

Texto y fotos:
ALEJANDRA ANGULO ALONSO,
estudiante de primer año de Periodismo,
Facultad de Comunicación,
Universidad de La Habana.

De los vehículos contra incendios involucrados en el fuego de la ferretería Isasi, ocurrido el 17 de mayo de 1890, solo se conserva el Cervantes, un coche bomba de vapor del siglo XIX que se exhibe en el Museo Nacional Masónico Aurelio Miranda Álvarez.

En 1895, al quedar en desuso, el coche fue almacenado en la Oficina de los Fondos Municipales de La Habana. Ante el destino incierto de la pieza, un grupo de masones liderado por Enrique Llansó Simone, lo desarmaron y guardaron en el asilo Fraternidad, de dicha hermandad. 

“Durante 65 años pasó de un hermano a otro, hasta tener un lugar donde colocarlo, que sería el Museo Nacional Masónico, inaugurado en febrero de 1955. Para armarlo vinieron especialistas ingleses de la firma fabricante Shand, Mason & Co., quienes comprobaron que no faltaba ni un tornillo y, además, funcionaba. Hoy  no quedan muchos de su tipo en el mundo”, expresó Justo Orihuela Álvarez, director de la institución.

El Cervantes, clase Equilibrium, modelo Nº 3,  patentado en  1872, consta de cuatro ruedas, motor y caldera. Permite ser transportado por tracción animal y requiere una boca contraincendios o un tanque de agua que lo acompañe. Tiene la capacidad de arrojar 1.500 litros por minuto mediante dos mangueras y el flujo de agua puede alcanzar la altura de 38 metros.

Edith Aguado Figueiras, directora del Museo de Bomberos de la Oficina del Historiador, afirmó que el coche perteneció al Cuerpo número 1 de Bomberos del Comercio. El cuartel, ubicado en la calle San Ignacio, fue creado en 1873 y lo integraban voluntarios, patrocinados por dueños de establecimientos comerciales.

Durante años existió en La Habana colonial un fuerte antagonismo entre los cuerpos de bomberos Municipales y del Comercio. Esta absurda discrepancia solo terminó cuando se incendió, en la calle Mercaderes, la ferretería Isasi.

“El Cuartel de Bomberos del Comercio recibió inmediatamente el aviso: ¡Fuego! Bomba Cervantes, por Obrapía hacia Mercaderes… que Dios nos salve”, expuso Adolfo Zamora Rielo en su artículo Bomberos en La Habana, publicado en la revista Opus Habana.

El siniestro costó la vida a 26 bomberos, de ellos 19 masones pertenecientes a la dotación del Cervantes, vehículo que participó en el cortejo fúnebre hacia la Necrópolis de Colón. “La bomba salió tercera con el cadáver de don Raúl Álvaro, capitán del cuerpo de bomberos del Comercio y estudiante de Farmacia”, escribió Enrique José Varona, el 28 de mayo de 1872, en el periódico de la época  La Lucha.

Para Marlon  Montes de Oca Leiva, bombero del Comando Número 5 en el municipio Plaza, el Cervantes forma parte de la historia de los bomberos cubanos, su conservación es un reconocimiento a quienes con sacrificio, abnegación y heroísmo, han ejercido esta noble profesión.

Pie de fotos: Coche bomba Cervantes, manufacturado en 1872 por la firma Shand, Mason & Co., de Inglaterra.
 

Ficha Técnica:

Tipo de título: Llamativo.
Tipo de lead: Sumario de Qué.
Tipo de cuerpo: Lead + Pirámide invertida + Datos adicionales + Pirámide invertida.
Tipo de información: Ligera, blanda.
Tipo de fuentes: Directas, Documental.
Primer valor noticia: Curiosidad.
Otros valores noticia: Interés colectivo, Proximidad y cercanía.

 

CERVANTES EN EL MUSEO MASÓNICO

Se muestra al público desde hace 60 años el coche de bomberos protagonista en la lucha contra las llamas en el desastre del 17 de mayo de 1890 en la Ferretería Isassi.

CLAUDIA DOMÍNGUEZ VÁZQUEZ,
estudiante de primer año de Periodismo,
Facultad de Comunicación,
Universidad de La Habana.

Cervantes ahora no se trata del famoso escritor de la célebre obra El Quijote, sino de la bomba de vapor que fuera utilizada para extinguir el incendio más grande en la etapa colonial de la Isla. Este se encuentra en exposición permanente en el Museo Nacional Masónico, en La Habana.

El coche bomba que fue empleado para combatir el trascendental siniestro de la ferretería Isassi, el 17 de mayo de 1890, formaba parte de los medios utilizados por el Cuerpo de Bomberos del Comercio No.1, una de las compañías involucradas en la lucha para sofocar el incendio.

De acuerdo con lo expresado en la revista Opus Habana, del 13 de agosto de 2012, el coche fue creado por la compañía británica Shand Mason y en su época era una de las tecnologías más avanzadas para tales propósitos, se trasladaba por tracción animal y desplazaba 400 galones de agua por minuto.

“El 19 de mayo de 1890 fue el entierro de las víctimas, las bombas y carros de bomberos, aún con las huellas del derrumbe, los conducían hasta el cementerio. El Cervantes trasladó el féretro de Raúl Alvaro, seguido de una multitud  de personas que rendiría homenaje a estos héroes”, refiere la revista Opus Habana.

El carro quedó en deshuso a finales de la década de 1890 y se desconocía su paradero. No fue hasta que el ilustre Doctor Enrique Llanzó Simoni, Gran Maestro de la Gran Logia de Cuba, lo encontrase abandonado en los fosos municipales situados en la intercepción de las calles Belascoaín y Figura y procediese a desarmarlo en piezas hasta encontrar el lugar propicio donde exhibirlo, haciendo honor a los caídos aquel día, explicó Mayrel Mestre Bango, Maestro Masón y antiguo tesorero, orador y presidente de la Comisión de Hacienda de la Logia Bayate.

El Museo Nacional Masónico Aurelio Miranda Alvarez acoge desde su fundación el 27 de febrero de 1955 a la singular pieza, que fue armada dentro del propio sitio, dado el gran tamaño del coche que no  permitía su paso por la puerta principal. El patronato que dirigía esta institución en la década de 1950 decidió mostrarlo al público, pues de las más de 35 personas que perecieron en el desastroso acontecimiento, 17 de ellos pertenecían a la fraternidad masónica, apuntó Víctor Julián Ávila Ametler, director de la entidad.

El museo también posee en su colección la reja que mantuvo presos a los ocho estudiantes de Medicina fusilados en 1871, la primera bandera que cubrió el féretro de José Martí y la mascarilla mortuoria de Máximo Gómez, y brinda un recorrido por capítulos de la historia poco conocidos.

Pie de foto: Coche Bomba utilizado en la extinción del incendio en la Ferretería Isassi, en 1890.

Ficha técnica:

Tipo de título: Llamativo.
Tipo de lead: Especial Interesante.
Tpo de cuerpo: Lead + Pirámide invertida + Dato adicional.
Tipo de fuentes: Fuentes directa, indirecta y documental.
Primer valor noticia: Singularidad.
Otros dos valores noticia: Proximidad. Interés colectivo.

DE NIÑA A MUJER

DE NIÑA A MUJER

WENDY GARCÍA MARQUETTI,
estudiante de primer año de Periodismo,
Facultad de Comunicación,
Universidad de La Habana.

Todo tiene su tiempo, y todo lo que se quiere
debajo del sol tiene su hora (Eclesiastés 3:1)

Es sábado en la noche e intento ver la televisión cuando la escucho gritarle a las más grandes “¡Estoy lista!” La conozco desde que tiene tres años y solo jugó a las casitas hasta que yo dejé de hacerlo. Cambió muñecas por zapatos de salir a una velocidad impresionante y se siente importante cada vez que una de sus amigas le recuerda que con “quince años tuviste un amante”.

El fenómeno denominado popularmente como “quema de etapas” comienza a documentarse a nivel mundial desde el siglo XX. La  situación no solo afecta a Cuba, ocurre en su mayoría en los países donde los niños se ven obligados a trabajar desde edades tempranas, a diferencia de la Isla donde ocurre por motivos no justificados.

Los estudios psicológicos y médicos prueban que las nenas se desarrollan física y mentalmente, por lo general, antes que los chicos, pero en el caso de la guerra de etapas se presenta una diferencia abismal. Según los sociólogos cubanos, existen en nuestro país varios factores que condicionan dicha realidad: la crianza descuidada por los progenitores, la influencia de costumbres foráneas, e incluso, las canciones que se escuchan.    

Muchos de los padres no pretenden que esto ocurra, pero carecen de tiempo para criar correctamente a los hijos debido a sus trabajos y, en algunos casos, no ven el problema en sí, conformando el entorno donde las más pequeñas encuentran el apoyo necesario en amigas mayores. Esto influye directamente en la forma en que las niñas piensan y viven la vida. Dicho factor es el que más afecta, y el que más preocupa, pues la familia tiene la labor de formar a los pequeños.

En un mundo globalizado, el tratar de imitar modelos extranjeros de vida atenta contra la niñez. El cine, la televisión y la música llaman a comportarse, vestirse y actuar como adultos, pero no en el sentido de la responsabilidad específicamente.

Los ritmos extranjeros no son los únicos responsables. Los temas nacionales invitan a actos sexuales y a obrar de una manera para nada infantil. No es un llamado a que no se permita esta música, sino a que la familia tenga conciencia del acceso que tienen sus hijos pequeños a determinados materiales.

Tan preocupantes son los factores como las consecuencias. Querer ser “grande” a temprana edad significa hacer cosas que hacen los mayores. La inexperiencia es, entonces, el peor enemigo. Varios maestros de algunos preuniversitarios de la provincia de Artemisa, denuncian que la interrupción de los estudios por estos motivos, o sin ninguno, se ha convertido en una moda, sobre todo si se cuenta con un novio que “te trata como una reina” y, supuestamente, “tengas tu vida resuelta”.

En Cuba, a pesar de los esfuerzos realizados, el Ministerio de Salud Pública registra un aumento del nivel de embarazos y casos por enfermedades de transmisión sexual en menores de edad cada año que pasa. Además, con solo pasear una noche por el Malecón habanero, vemos un incremento en las adolescentes en busca de un hombre que satisfaga sus necesidades económicas.

Los psicólogos declaran la disminución del Complejo de Peter Pan, o sea, de aquellas personas que no están dispuestas a crecer, y si bien no es bueno ninguno de los extremos, es muy preocupante que la situación siga yéndose de las manos.

Una diferencia de unos pocos años entre mi vecina y yo no ha impedido que ella se comporte y actúe como una persona mayor. Me entristece verla hoy, en los momentos en que se arrepiente y mira a las muñecas de su hija como si fueran las propias. No importa cuántos esfuerzos haga nuestra sociedad, historias así abundan y es momento de tomar al caballo por las riendas, porque comprar pañales o retrovirales, definitivamente, no es compatible con leer cuentos a la hora de dormir.

DE CLANDESTINO A ‘ESCRIBIDOR’

DE CLANDESTINO A ‘ESCRIBIDOR’

Oscar Travieso García eligió ser miembro del Movimiento 26 de Julio en Guanajay, como camino honorable. Hoy, le resulta agradable escribir memorias e investigaciones de la historia que él también construyó

Texto y foto:
DACHELYS ALFONSO LEAL,
estudiante de primer año de Periodismo,
Facultad de Comunicación,
Universidad de La Habana.

“Si fuera un hombre famoso en toda Cuba, la bronca entre Marianao y Guanajay iba a ser terrible. Habría testigos que dirían: ‘Él nació en Guanajay, yo me acuerdo que jugábamos juntos, él no es de Marianao’. Entonces es mejor poner que nací en Guanajay, hoy municipio artemiseño, el 15 de abril de 1941, aunque me inscribieron en La Habana por ser más fácil”, me reiteró varias veces Oscar Travieso García.

Irrumpir en la historia de ese guanajayense de pura cepa es colocar una dinamita en el muro de modestia que lo rodea y lo convierte en un héroe desconocido. Su única hija, Mariela Travieso, lo considera “demasiado” reservado y halla en ese argumento, su invisibilidad. Tal vez él hubiese querido ser famoso, un científico importante, por ejemplo, pero “uno no sabe lo que el tiempo le depara, y a la juventud cubana de los años 50 le correspondió enfrentarse a un régimen tiránico, que si no se echaba por medio de la fuerza, no se iba a ir nunca, aunque hubiese que jugarse la vida en ello.

“Sentí la necesidad de luchar con 15 años, cuando estudiaba para electricista en la Escuela de Artes y Oficios de Artemisa. Vi las diferencias sociales tan abismales: barrios marginales, gente que no tenía ni techo para vivir y salían a la calle a pedir comida, además de la dictadura existente. Esas dos causas me hicieron pertenecer a la Asociación de Estudiantes, de la cual conformé la presidencia provincial.

“En 1956 comencé a participar en el Movimiento 26 de Julio y fui designado jefe de Propaganda municipal (Guanajay). Repartíamos anuncios contra la dictadura, poníamos banderas del 26 de Julio, hacíamos huelgas y protestas contra el régimen de Batista.

“Después, en 1958, pasé a ser jefe de Acción y Sabotaje, y era más dura la cosa, porque tenía que andar con armas. Producíamos apagones y colocábamos artefactos explosivos. Escogíamos lugares oscuros, por donde no pasara mucha gente, pues solo se pretendía hacer bulla, porque eso alarmaba a las personas y no salían para la calle, cogían miedo. En esas actividades te iba la vida si tenías un fracaso o te detenían”.

En ese momento, la actual Secundaria Básica José de la Luz y Caballero, del municipio guanajayense, constituía uno de los cuarteles más importantes de la región, era la comandancia, lo que incrementaba la represión característica de un régimen sustentado por la fuerza, pero el sentir revolucionario de los cubanos exigía justicia. Recuerda Oscar Travieso que si los veían haciendo algo, no los denunciaban, porque el pueblo quería acabar con la dictadura.

“Los luchadores clandestinos se distinguieron mucho, se sacrificaron y arriesgaron sus vidas. Compartí con varios, como Roberto Zayas, Julio César Pérez Ravelo, que me acompañó como segundo de Propaganda, y Pastor Valente, hoy coronel jubilado. Para nosotros la persona más importante era Orlando Nodarse, dirigente provincial de Acción y Sabotaje, con quien tuve encuentros leves, pues estaba clandestino y había que ser muy cuidadoso.

“En su entierro, el 29 de enero de 1958, cuando llegó el cadáver, yo le puse la bandera cubana sobre el féretro, aunque me señalaba con eso, pero no podía hacer otra cosa. Él tenía que ir al cementerio con la bandera encima. Los esbirros registraron las caras que pudieron, aunque eran muy brutos, porque podían haber filmado para saber quiénes estaban al frente y no lo hicieron, lo de ellos era la opresión y la fuerza. El sepelio terminó a tiros.

“En octubre de 1958 detuvieron a un dirigente del Movimiento en La Habana y pasó para la dictadura. Nos traicionó y entregó a los compañeros que conocía y sus residencias. Mientras estaba en una de ellas, vino la policía habanera y me cogió. Era la casa de Ravelo, jefe de Propaganda, a quien le cedí el mando cuando pasé a Acción y Sabotaje. A él no lo detuvieron porque había ido para Bahía Honda en una misión y le avisaron.

“Me encontraba en el último cuarto, donde se guardaban las armas. Entonces, los esbirros entraron con mucha bulla, y yo, ¡qué iba a imaginarme que eran ellos! Como dirigiéndome a compañeros les dije: ‘Shhhh, hablen bajito, que al lado vive un sargento de la guardia rural’. Eso fue un torbellino, entraron por todas las puertas pistola en mano.

“Tenía 17 años. Estuve 17 días en el Servicio de Inteligencia Militar (SIM), donde ahora está el Hospital Militar, un día en la Novena Estación de Policía y diez en la Quinta Estación, todas en la capital. Allí se golpeaba y torturaba sin misericordia. En el SIM daban comida, pero en las estaciones estuve diez días sin comer, y tomando agua del inodoro. De la Quinta me pasaron para el Castillo del Príncipe, donde radicaba la cárcel”.

-¿Alguna vez pensó que iba a morir?

En el penal no, pero cuando estaba en la Novena o en el SIM, sí. Los guardias de la prisión eran mejores. No simpatizaban con la causa, mas no se buscaban esos líos de dar golpes. En las estaciones de policía golpeaban en dependencia de quien estaba preso, si era alguien de su interés y querían sacarle información, entonces lo torturaban con cosas finas, lo quemaban o pinchaban; pero con presos como yo, se conformaban con dar golpes, con un bicho de buey, las manos o lo que tuvieran. A mí me cogieron en un lugar donde no tenía que estar, pero sin hacer nada.

-¿Y nunca le probaron que era

jefe de Acción y Sabotaje?

No, yo dije que estaba en casa de un amigo. Trataron de celebrarme juicio, pero no pudieron porque faltaban los jueces o no nos llevaban. Fui una vez o dos, nada más, y no se terminó. Escaseaban las pruebas y muchos presos estaban con marcas de los golpes y no les convenían mostrarlos así en el tribunal.

En la prisión cabía decir que estábamos bastante bien, teníamos algo de libertad y podíamos recibir información con un radio de pila, de esa forma seguía el ritmo que tomaba la lucha. Era distinto a las estaciones, donde no tenías derecho ninguno, ahí sí te mataban.

Pasé poco tiempo encarcelado, desde el tres de noviembre hasta el 1ro. de enero, cuando triunfó la Revolución. Ese día vino gente del movimiento a pedir que nos soltaran. Un preso rompió una puerta y por allí se fue todo el mundo. ¡Se armó la de San Quintín! No tiraron a matar, sino al aire, ya no tenían moral de enfrentarnos. Primero salieron los presos comunes y después, los políticos. Estaba muy contento, de allí fuimos a tomar las estaciones de policía. Haber luchado me parece que es un honor. Si tuviera necesidad, lo haría de nuevo.

-Prácticamente su juventud fue la lucha

clandestina, ¿su formación personal, sus

valores, los adquirió de esos momentos?

Sí. Aprendí a sufrir desde muy joven, de los golpes, de la lucha, de los riesgos, y no me arrepiento.

Cuando bajaron los de la Sierra

“Después del triunfo de la Revolución, en todos los pueblos se estableció una casa para cada una de las organizaciones revolucionarias: el Movimiento 26 de Julio, el Directorio Revolucionario y el Partido Socialista Popular. Fui dirigente de la Casa del 26 de Julio hasta que nos reunimos en las Organizaciones Revolucionarias Integradas (ORI), de la cual fui ejecutivo también”.

-¿Y cuando se fundó el Partido

Comunista de Cuba? 

Fui designado para fundarlo, pero no me gustó, era muy selectivo y entonces mi carácter no servía para ser alguien del Partido. No era lo mismo ser dirigente en la guerra que en la paz.

Luego, entre oficinas o atendiendo la protección de higiene y trabajo en la empresa de calzado José Ramón Martínez del municipio, donde se jubiló, se enamoró de las letras y la historia que él mismo ayudó a construir. Comenzó, entonces, su apasionante camino de ‘escribidor’.

“Decidí escribir sobre Guanajay, porque yo amo mucho a mi pueblo, siento un gran amor por él. Tengo ya cuatro libros: La batalla de Guanajay, aproximación a la historia del M-26-7, El Guanajay donde nací 1940-1960, La juventud de la patria chica, sobre el rol asumido por las nuevas generaciones en el municipio desde la neocolonia. En ese  plasmé algo desconocido por muchos: en los hechos del 27 de noviembre, cuando asesinaron a los estudiantes de Medicina, un guanajayense estuvo en el sorteo del fusilamiento, pero no le tocó, lo condenaron a seis años de prisión. El último es La presencia china en Guanajay 1847-1960, una historia casi desconocida. Con ellos gané el premio del concurso municipal Joaquín Nicolás Aramburu cuatro años consecutivos.

“No me los han publicado, para eso hay que tener…, es un fenómeno. Comprendo que no es fácil. En 2012 me otorgaron la Distinción María Teresa Vera por el desarrollo cultural. Lo agradecí mucho porque, por lo menos, me reconocieron que había hecho un aporte a Guanajay”.

También quiso estudiar Derecho, “cuando comenzaron los cursos aquellos dirigidos y la Universidad era por la libre”. Pero las responsabilidades paternales reclamaban todos los esfuerzos de este ilustre desconocido, galardonado con siete medallas, para él tesoros, aunque no le guste exhibirlas: la José Ramón Martínez, por 25 años de trabajo, las de los Aniversarios 30, 40 y 50 de las Fuerzas Armadas Revolucionarias, la de los Comité de Defensa de la Revolución, y la más importante, la de la lucha clandestina Frank País.

Los debates del día a día

“Me hace una pregunta que no es fácil y le voy a dar una respuesta salomónica. Creo que se han resuelto muchos de los problemas por los que se hizo la Revolución, aunque nos falta todavía mucho, como arreglar las calles, hacer un acueducto nuevo, porque el que hay está destruido, donde quiera hay un salidero. El día que brote una epidemia, no va a ser fácil esto aquí, pues las aguas se contaminan con las tuberías; si caminas Guanajay, te das cuenta de que es un desastre.

“Yo me imagino que los jóvenes no están muy satisfechos tampoco. No puedes ir a ningún lado, es necesario tener cinco dólares o más, no tiene aliciente la juventud”.

-¿Y ahora qué hace, Oscar?

Quiero escribir algo, pero tengo que pensar un tema.

Mientras tanto, se entrega a las obligaciones que demanda ser un cuidador, casi solitario, de su hogar. Hoy comparte su espacio con su hija, pues su amada esposa falleció hace dos años. Su única nieta, quien siguiendo las aspiraciones del abuelo se graduó en Derecho, se fue a otro país, pero lo alegra con sus visitas en vacaciones.

Para quien ha vivido tantas experiencias, los argumentos no deben ser un problema, pero la inspiración está decepcionada con tantos testimonios e investigaciones que solo engrosan los estantes del museo municipal Carlos Baliño. Y tal vez ahí se queden, empolvados, como el gran teatro Vicente Mora, orgullo de todos los guanajayenses en años casi inmemoriales. Sin embargo, los que deseen conocer la Atenas de Occidente, de la que celebramos 364 años de fundada este diciembre, no deben prescindir de Oscar Travieso García, porque la historia también la escriben los héroes desconocidos.

Pie de foto: Con apenas 17 años, Oscar Travieso García, perteneció al Movimiento 26 de Julio como jefe de Acción y Sabotaje en Guanajay, a expensas de perder la vida.

 

BAJO EL SILENCIO DE LOS ÁRBOLES

BAJO EL SILENCIO DE LOS ÁRBOLES

Muchos universitarios de las facultades que se encuentran fuera de la Colina, desconocen las historias tejidas bajo la sombra de los laureles que han crecido en los parques de la Universidad de La Habana.

Texto y fotos:
AILEEN INFANTE VIGIL-ESCALERA,
estudiante de cuarto año de Periodismo,
Facultad de Comunicación,
Universidad de La Habana.

«Este parque es mi lugar preferido dentro de la Universidad, cuando tengo algún problema o necesito tranquilidad antes de un examen me siento aquí un rato y ya. No sé cómo se llama, no existe nada que señale su nombre, ni se me ha ocurrido preguntar por él, solo sé que siempre está aquí para mi».

Así opina Marina López, quien a pesar de estudiar desde hace dos años Cibernética en la Universidad de La Habana, no conoce que el parque ubicado al costado de su facultad es el Jardín de los Ilustres.

Pero ella no es la única, un sondeo realizado por esta periodista en la institución, reflejó que esta realidad se manifiesta en muchos universitarios, sobre todo, de las carreras cuyas sedes se encuentran fuera de los límites de la Colina, quienes frecuentan estos espacios desconociendo su origen o la historia que encierran.

«Nuestra Facultad está bastante alejada de la universidad, así que vamos muy poco. El año pasado fuimos varias veces, pero solo para esperar las clases de Educación Física en el SEDER o para algún que otro acto, dice Ernesto Gómez, estudiante de Periodismo.

«Recuerdo que la mayoría de las veces nos sentábamos en los escalones de la Biblioteca Central o en el parque que tiene en frente. La verdad es que nunca nos preocupamos por saber cómo se llamaba aquel lugar ni los otros dentro de la institución, solo íbamos a pasar el rato y a conocer gente», agrega el futuro periodista.

Como Ernesto hay más estudiantes de otras carreras en la misma situación. ¿Cómo es posible pasar por tan importante centro de altos estudios sin conocer algo tan sencillo como el nombre de sus parques?

RAZONES

Max Barbosa Miranda, vicepresidente de la FEU de la Facultad de Comunicación, atribuye este desconocimiento a la inasistencia de los estudiantes de nuevo ingreso a los recorridos históricos culturales por la Universidad, y Camila Montero, estudiante de Francés, culpa a la distancia entre algunas facultades y el centro rector.

«Yo vengo con mayor frecuencia que mis amistades porque mi novio estudia Filosofía, por eso conozco más la historia de la Colina. Pero los estudiantes que no lo hacen aquí dentro, la ven tan distante que pierden el interés por descubrirla», asegura la Camila. 

Lester Upierre, estudiante de Periodismo, explica que «este mismo año no he visitado ni tres veces la Colina. Desde el cierre por reparaciones en la Casa de la FEU, no he ido más por allá. Yo estudio en el edificio Bohemia y eso no está precisamente cerca de la Universidad de La Habana».

La Facultad donde estudia Yasmany Almeida no está muy distante del centro, pero de igual forma señala el hecho de la separación como eje central del problema. «Aunque el recorrido fuera de pocas calles, influye en el sentido de pertenencia de los futuros licenciados con la institución», agrega.

Lianet González, futura geógrafa, confiesa: «A mí me pasó algo muy curioso al respecto: un día una señora me preguntó dónde estudiaba y al responderle que la Facultad de Geografía estaba en L y 21, me dijo: ¡Entonces tú no estudias en la UH!»

EXCEPCIONES

Si bien es cierto que la expansión de la Universidad hizo necesaria la ubicación de algunas facultades fuera de los límites del Alma Mater, esta no es excusa para el desconocimiento de su historia.

Susana Rodríguez estudia Filología en la Facultad de Artes y Letras, pero no por eso deja de ir un solo día a la UH: «No hay nada como sentarse en la plaza Agramonte justo al mediodía. Ahí lo mismo juegas dominó con los alumnos de Derecho que conversas con un matemático. Ese parque es el centro de toda actividad universitaria». 

«Los biólogos no suelen compartir mucho con el resto de las carreras, pero no es mi caso. Mis amistades estudian dentro de la Colina y, como siempre me invitan a participar en sus actividades, paso mucho tiempo por allí. Yo no veo la separación como una limitante para interesarme por lo que dentro de la institución rectora sucede. Incluso, un estudiante extranjero me preguntó un día si estudiaba Derecho porque le explicaba a un amigo la historia de la Plaza Lídice, al costado de esa Facultad», comenta Mayara Díaz, estudiante de Microbiología.

Para Diane Tamayo, de Física, ser estudiante universitario es vivir la Universidad sin importar dónde radican nuestras carreras. Y el primer paso para lograrlo es conocerla. «En una ocasión, durante mis primeros días pregunté dónde quedaba el Jardín de los Ilustres y un grupo de muchachos me contestó que no conocía ningún lugar con ese nombre. Después supe que popularmente se conocía como el Parque de los Cabezones», recuerda.

HISTORIA

Fabio Fernández Batista, profesor del Departamento de Historia de Cuba y encargado de los recorridos histórico-culturales por la sede universitaria, explica la construcción de estas áreas desde el emplazamiento mismo de la academia en la colina de Aróstegui, al final de la Calzada de San Lázaro.

«A inicios del siglo XX empieza la concepción de la Universidad con un estilo neoclásico en sentido general y una utilización muy importante de los ambientes naturales buscando lograr una combinación entre las edificaciones, los espacios verdes e ideas de las antiguas academias griegas. De ahí que, incluso los árboles sembrados sean simbólicos: laureles, encinas… 

“Así se crean estas zonas de confluencia pública: plazas, parques y jardines que representan, en el caso de las más conocidas, el centro de la vida universitaria», manifesta el catedrático.

Para Maykel Hernández, de Derecho, «todas las facultades tienen su pequeña área de esparcimiento, sin embargo, la Plaza Agramonte es la más popular por su ubicación justo en el centro de la UH y la histórica trayectoria que guarda cada centímetro de su estructura».

«Todo gira en torno a ella, asegura Ana Cecilia Ferrera, de Leyes, aquí lo mismo celebramos el 90 aniversario de la FEU que el Rector le presenta la institución a los nuevos estudiantes. Mi primer día en la Universidad, después de la visita al Memorial Mella y la imponente Escalinata, fue esta plaza el lugar que más llamó mi atención. En aquel momento nos citaron aquí para darnos la bienvenida y presentarnos algunos aspectos importantes del centro.
Recuerdo que alguien declamaba un poema, mientras yo me perdía entre la sombra de sus árboles recorriendo cada uno de sus rincones con la mirada. Desde ese día este pedacito de la UH me enamoró».

Como bien diría el Historiador de la Universidad, el Profesor y Doctor, Delio J. Carreras Cuevas, «en ella, los laureles, los bancos de marmórea juventud, los jardines de diversa flora, han mantenido su encanto desde los primeros años de su construcción y pese a las sucesivas reformas que ha sufrido».

Desde 1973, año del centenario de la caída en combate del estudiante de Derecho, jurista y mayor general Ignacio Agramonte y Loynaz, este epicentro universitario cambió su antiguo nombre de Plaza Cadenas, en homenaje al rector José Manuel Cadenas, por el de Plaza Agramonte. Desde entonces, entre su vegetación se alza la tarja de letras bronceadas que lo atestigua.

Pero, si bien este es el espacio más popular y agitado, existen otros cuyo objetivo esencial es brindar al estudiante un ambiente relajado y armónico para recrearse.

Así tenemos la Plaza Lídice donde, en conmemoración a la masacre hitleriana de 1942, los estudiantes empotraron una lápida que deja perpetua memoria de la solidaridad militante del espíritu internacionalista del pueblo cubano en los años de la II Guerra Mundial. Este no es de los sitios más visitados, según trabajadores del centro, pero sí un espacio muy tranquilo y agradable.

El jardín izquierdo de la Facultad de Derecho, posee más adeptos, pero igualmente es clasificado por los estudiantes como un área tranquila donde reflexionar. Allí una frondosa ceiba sombrea un sencillo monumento al Apóstol José Martí, el único que se conserva en la Colina Universitaria.

«Se encuentra también, asegura el Dr. Delio Carreras en su folleto La siempre Universidad de La Habana, la famosa ceiba de la Constitución que en 1902 dio inicio a las obras que emplazaban a la vieja Universidad en este nuevo sitio urbano conocido como El Vedado».

De igual manera sobresale el Jardín de los Ilustres, con su paseo cubierto por palmeras y poblado por insignes bustos dedicados a perpetuar la memoria de sabios nacionales y extranjeros que contribuyeron al engrandecimiento de la Universidad.

La historia de la UH está ahí, en cada pequeño espacio dentro de la milenaria casa de altos estudios, queda en manos de los estudiantes recorrerla, conocerla, hacerla suya para que siga, imponente, representando el templo de la sabiduría cubana.

Pie de fotos: 1-Naturaleza e Historia confluyen en los espacios dentro de la Universidad. 2-Los estudiantes aprovechan estos espacios naturales para conversar y conocer nuevos compañeros.

Tipo de reportaje: Estándar.