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Isla al Sur

UNA APASIONADA DE LAS DÉCIMAS

UNA APASIONADA DE LAS DÉCIMAS

“Todo puede ser fuente de inspiración, desde un atardecer hasta el chofer del carro fúnebre. Componer es como un deporte. Lo hago porque me gusta mucho”, afirma la poetiza y combatiente de la clandestinidad, Victoria Cámara Castillo.

Texto y foto:
MARYCET DÍAZ CARMONA,
estudiante de primer año de Periodismo,
Facultad de Comunicación,
Universidad de La Habana.

No hacen falta alas para hacer un sueño,
basta con las manos, basta con el pecho,
basta con las piernas y con el empeño.
Silvio Rodríguez

A pesar de sus 71 años, ella no cesa en el afán de superarse y es fiel amante de la lectura, del estudio. Pero la verdadera pasión es componer décimas, eso lo prefiere por encima de todo. Así es Victoria Cámara Castillo, quien se ha consagrado a la obra de la Revolución, porque se define a sí misma como una campesina a la que el Primero de Enero de 1959 abrió las puertas a un futuro mejor.

De niña vivió en la costa de San Cristóbal. Su vida allí transcurrió de manera corriente hasta que empezó a interesarse por la poesía y las décimas: “Mi tío y padrino, Claudino Santos, fue muy buen poeta, guajiro, pero refinado. Muchas veces llegó a mi casa con amigos suyos para cantar y tocar guitarra, entre ellos el Indio Naborí. Entonces comencé a tomarlo en serio; al parecer, ese amor nació conmigo”.

Desde los siete años componía, aunque solo recitaba las décimas a su padre, pues le daba pena frente a los demás. Como ella no sabía leer ni escribir, él era el encargado de copiárselas: “Un día dijo que debía aprender a escribirlas sola. Fue al pueblo y compró unas cuartillas, lápices y libretas y comenzó a enseñarme”.

El abuelo de Victoria Cámara fue veterano de la Guerra de 1895 y combatiente de la columna de Antonio Maceo cuando el jefe militar pasó por Candelaria. En su casa en Río Hondo, ella pasó varios años. Estudió desde tercer hasta quinto grado en la escuelita de la zona.

La finca donde vivió perteneció a un hacendado, quien los desalojó años más tarde para sembrar las tierras. Un amigo de su padre les prestó un bohío y vivieron allí por un tiempo: “Me sentía muy mal por nuestra situación, creo que fui rebelde desde pequeña. No soportaba aquella humillación”.

Con apenas 12 años fue a vivir a las montañas de Soroa para ayudar a una tía. Ella estaba muy enferma y tenía muchos hijos pequeños: “Terminé el sexto grado, pero no obtuve diploma porque aparecía extraoficialmente en la escuela del lugar. Hice un trato con la maestra: recibía las materias en los horarios de almuerzo y después limpiaba el local de clases. Cuando ella pedía que le hicieran una composición, siempre lo hacía en décimas, eso le gustaba mucho. Pasé cursos de mecanografía, taquigrafía y ortografía”.

Combatiente de la lucha clandestina

“Por el año 1955 vivía en Candelaria y conocí a Jorge Cabezas, un muchacho perteneciente a la Juventud Ortodoxa y nos hicimos novios. Él siempre estuvo en contra de Batista. Aseguraba que la lucha llevada adelante en esos momentos beneficiaba a las familias campesinas como la mía, y evitaría el desalojo de sus tierras. De alguna manera terminó por inculcarme sus ideales.

“Durante los preparativos para el asalto al Cuartel Moncada, revolucionarios como Fidel Castro, Ciro Redondo y Ramiro Valdés vinieron a entrenar en la finca “La Rasabal”, de Artemisa. En una oportunidad participé con mi novio Jorge en un adiestramiento y vi por primera vez a Fidel. En aquel momento compuse unas décimas sobre lo importante que fue para mí conocer al Comandante, pero no las guardé y ni siquiera las recuerdo”, afirma Victoria.

Luego del asalto al Cuartel Moncada, Jorge Cabezas pasó a ser el jefe del Movimiento 26 de Julio en Candelaria, y Victoria Cámara integró el grupo de Acción y Sabotaje: “Muchas personas pensaron que aquí no se hizo nada a favor de la Revolución, pero subimos armas para las montañas, pusimos petardos en las calles y desarrollamos otras acciones para contribuir con la lucha clandestina. El solo hecho de ser miembro de una cédula fue suficiente para ser fichado por la policía, ¡y ese era un problema grandísimo! Nos arriesgábamos a ser encarcelados, torturados o simplemente asesinados”.

La décima: terreno de sus conquistas

Victoria Cámara siempre tuvo una libreta donde escribía sus poesías, aunque nunca se ha dedicado formalmente a esto. Una amiga, trabajadora de la Casa de Cultura y directora, además, del taller de décima ilustrada, sabía de su pasión por componer y la invitó a participar en el concurso “Enrique Jorrín”. Fue su iniciación en un evento público. Participó y alcanzó el primer premio.

En los festejos por la fundación de Candelaria se celebra el concurso por el “Día del candelariense ausente”. Victoria compite cada año y usualmente resulta la ganadora absoluta de este certamen.

“Recuerdo que en un festival de décima mural el jurado deliberó y el artista de la plástica Jorge Duporté pintó un cuadro relacionado con la composición ganadora. Cuando todos los participantes entraron en la sala, quedé fascinada con la pintura. No resistí la tentación y miré el nombre del premiado, puesto en el lienzo. Fue una enorme sorpresa, ¡era yo!”, cuenta emocionada la decimista.

-¿Cuáles son las musas de Victoria?

Todo puede ser fuente de inspiración, desde un atardecer hasta el chofer del carro fúnebre. Componer es como un deporte. Lo hago porque me gusta mucho. 

Una noche se fue la luz y me enojé mucho, pero reaccioné rápido y dije: «¿Por qué estoy tan molesta si toda la vida alumbré la casa con una chismosa?». En ese apagón tomé la libreta y compuse una décima titulada “Mi niñez”. Resulté premiada con ella en varios concursos.

Su alma revolucionaria

Siempre ha estado vinculada a los procesos revolucionarios: “Durante la Campaña de Alfabetización ocupé el cargo de Jefa de Abastecimiento de Educación y entregaba los faroles, la comida, las cartillas y todo lo demás a los alfabetizadores. Con mis conocimientos enseñé a varias personas en Candelaria.

“Soy fundadora del Partido Comunista de Cuba por derecho propio, milito en las filas desde antes del Primer Congreso y eso es suficiente para obtener la condición. Soy pionera de la Federación de Mujeres Cubanas y de los Comités de Defensa de la Revolución”.

Victoria participó, además, en los proceso de captación de estas organizaciones. Junto a varios compañeros llegó hasta recónditos lugares buscando voluntarios para integrarse: “Existía un grupo llamado ofensiva revolucionaria, encargado de visitar las casas. Muchos nos tiraron la puerta y otros dijeron que no. Las campesinas daban una negativa, ponían como pretexto la ausencia de sus esposos. Entonces los esperábamos en nuestro afán por formar las delegaciones”.

Durante la Crisis de Octubre, la Revolución necesitó mujeres capaces de asumir trabajos tradicionalmente de hombres, por si fuese necesario sustituirlos: “¡Imagínate, aprendí a manejar camiones! Y en el tiempo del bono de ‘Las mil arrobas’, por el corte de caña, trabajé de pareja con un hombre y obtuve premios”.

Su amor por el estudio nunca cesó y apenas tuvo oportunidad continuó superándose, aunque siempre vinculada laboralmente: “Durante 13 años ofrecí mis servicios en Educación. Alcancé el doce grado en la Facultad Obrero Campesina. Luego fui administradora de la Oficina de Correos. Un día llegó el primer secretario del Partido en Candelaria y dijo necesitar una persona para ocupar la plaza de secretaria y responsable de asuntos generales. Me aseguró que yo era la indicada. Fui por tres días y terminé quedándome 17 años. Allí esperé la jubilación. Recientemente estudié en la Cátedra del Adulto Mayor. Además, tengo títulos de Economía y Estadísticas”.

Después de más de medio de siglo vivido, Victoria Cámara confiesa haber realizado sus sueños. Además, expresa su satisfacción con el granito de arena puesto a favor de la causa revolucionaria: “En cada orquesta de la Revolución, humildemente siempre he tocado algún instrumento”, asegura al referirse a su contribución a la liberación de la Patria.

Décima al chofer del carro fúnebre

Taxista de largo viaje
siempre por igual camino
porque es el mismo destino
el que lleva tu pasaje.
No se utiliza el lenguaje
para anunciar la parada
porque su voz apagada
ya no puede articular
y solo se va a quedar
en su última morada.

Ficha Técnica:

Objetivo principal: Conocer acerca de la vida de Victoria Cámara Castillo, poeta que ha estado vinculada a los procesos revolucionarios.

Objetivos colaterales: Resaltar sus cualidades como poeta decimista, premiada en varias ocasiones. Destacar su participación en la lucha clandestina en el municipio candelariense. Hacer hincapié en su el aporte a la obra de la Revolución.

Tipo de entrevista:
Por sus participantes: Individual
Por su forma: Mixta
Por su tipo: De personalidad
Por el canal que se obtuvo: Cara a cara

Tipo de título: De referencia al tema y al entrevistado
Tipo de entrada: De presentación
Tipo de cuerpo: Mixto
Clasificación de la pregunta declarada: Directa
Tipo de conclusiones: De opinión del entrevistado
Tipo de fuentes: No documentales: Alina Iglesias, amiga y vecina; Lázaro Sánchez Cámara, hijo.


CARCINOMA BASOCELULAR: AMENAZA PARA EL ADULTO MAYOR

CARCINOMA BASOCELULAR: AMENAZA PARA EL ADULTO MAYOR

Un estudio realizado en el municipio Plaza de la Revolución sobre cáncer de piel, muestra la incidencia de lesiones tumorales.

Texto y foto:
ANNIERYS BORGES LÓPEZ,
estudiante de primer año de Periodismo,
Facultad de Comunicación,
Universidad de La Habana.

“Los cambios climáticos por la afectación de la capa de ozono y la incidencia dañina de los rayos ultravioletas influyen notablemente para que las personas sean más proclives al cáncer de piel”, aseguró la especialista de primer grado en Dermatología, Ileana  Cotán Morales, también jefa del Programa Municipal de ITS (Infecciones de Transmisión Sexual) y lepra, al referirse al estudio realizado sobre la incidencia de carcinoma basocelular en Plaza de la Revolución.

El carcinoma es la patología más común en el ser humano y ocupa entre el 70 y 80 por ciento de los tumores malignos de piel. Se localiza en áreas de exposición solar crónica y su velocidad de crecimiento es muy lenta, solo en raras ocasiones produce metástasis. Otros menos frecuentes son el carcinoma espinocelular y el melanoma.

El estudio observacional, descriptivo y transversal analizó un total de 283 pacientes mediante un diagnóstico clínico y de biopsia, a los cuales se les determinó la edad, sexo, grupo racial, localización de las lesiones, lugar de residencia, tiempo de evolución y presencia de fotodaño.

Según la especialista, el cáncer detectado fue frecuente entre los mayores de 60 años, sin diferencias en cuanto a sexo, pero con tipo de piel grado1 (piel blanca). Las lesiones tumorales se localizaron en la cara, fundamentalmente en la nariz como zona de mayor afectación.

Se encontró una significación estadística en personas de tez blanca con presencia de manchas, arrugas y queratosis actínica. La dermatóloga aseguró, además, que las formas clínicas más identificadas fueron la nódulo-ulcerada y la nódulo-quística, seguido de los tumores sólidos.

Las cifras se recogieron de los siete policlínicos pertenecientes al área de estudio y se comprobó que los centros de salud colindantes con el mar, entre ellos el Corinthia y Rampa, presentaron el mayor número de casos en comparación con los otros del municipio. Las recomendaciones de los especialistas fueron identificar rápidamente manchas y verrugas para prevenir los carcinomas cutáneos y aplicar el factor protector solar en las zonas de exposición al sol. 

Pie de foto: Paciente de piel tipo 1 con presencia de fotoenvejecimieto. Tratamiento con nitrógeno líquido.

FICHA TÉCNICA:

Tipo de título: Genérico.
Tipo de lead: Sumario de Cita directa.
Tipo de cuerpo: Lead + Dato adicional + Pirámide invertida.
Tipo de fuente: Directa, no documental: Ileana Cotán Morales, especialista de primer grado en Dermatología.
Primer valor noticia: Interés colectivo, humano.
Otros valores noticia: Repercusión. Actualidad.
Tipo de noticia: Ligera, directa.

 

EL ARTE DE BORRAR INVISIBLES

EL ARTE DE BORRAR INVISIBLES

El profesor Radamés Linares considera que a la Universidad le falta consolidar su fortaleza académica a sabiendas de que es, en primer lugar, una institución encargada de producir conocimientos.

YENYS LAURA PRIETO VELAZCO,
estudiante de primer año de Periodismo,
Facultad de Comunicación,
Universidad de La Habana.

Radamés Linares es uno de esos hombres imprescindibles cuando se habla sobre la Universidad de La Habana. Lo cierto es que ambos se conocen de memoria aunque quizás él no confiese que ella le aventaja en 217 años sólo por cortesía con la dama.

Él es una suerte de Quijote aclimatado a los cocoteros y a las palmas, quizás de bronce, que se ha mantenido en el ejercicio de la docencia durante más de 35 septiembres.

Su campo de acción es la Bibliotecología y las Ciencias de la Información porque le gusta dar color a los invisibles en que se sume esta disciplina. Ha pasado por todas las categorías docentes; comenzó siendo instructor y es hoy un reconocido Profesor Titular;  fue de licenciado a doctor.  Ha impartido clases a todas las generaciones que han estudiado la carrera desde los años 70. Se considera un artista frustrado por no saber que él ha sido un verdadero genio en el arte de borrar invisibles.

-¿Cuándo inicia sus estudios universitarios?

Es en 1962, cuando comencé a estudiar una carrera del campo de las ciencias naturales, Química; la cursé durante tres años en Rumania. Regresé en 1965 a Cuba y pensé continuar aquí, pero en 4to año me convencí de que hubiera sido un desastre como químico. Me reinserté en un área del conocimiento que yo consideraba más afín conmigo que es la de las Humanidades y las Ciencias Sociales, y empecé a estudiar Historia; podrás imaginarte lo que generó tal decisión en la familia.

-¿Cómo llega a la docencia?

Me inicié como docente en la Universidad a través del Departamento de Filosofía. Allí existía la política de incorporar estudiantes de 4to año de alto rendimiento de todas las carreras universitarias para formarlos, mediante cursos intensivos, en Historia de la Filosofía, Historia del Pensamiento Marxista, Lógica Matemática y en Historia del Pensamiento Cubano. Entré en ese Departamento, me gradué como instructor en Historia de la Filosofía y simultaneé la docencia con el estudio de Historia. Estuve como instructor hasta el año 1972.

-Pero luego ese departamento fue disuelto…

Sí, el Departamento de Filosofía desapareció como institución y se nos propuso continuar vinculados a la docencia. Fue en ese momento cuando comencé a trabajar en la Escuela de Información Científica que ya tenía un año de creada. Esa escuela es lo que hoy se conoce como Departamento de Bibliotecología y Ciencias de la Información. Ya han pasado casi 35 años y aún estoy en él.

-¿En qué medida contribuyó su formación

de base con este nuevo desempeño?

Durante muchos años estuve dando clases de Historia de la Filosofía. Fue así hasta que comencé a impartir asignaturas propias del mundo de la información, vinculándolas siempre con Historia, Teoría, Filosofía y Metodología. Aproximé esa formación de base a los problemas de la información.

-¿Qué ha representado la UH para usted?

Mucho, cantidad de años llevo en esta institución que es parte consustancial de mi trayectoria como persona. Toda mi etapa juvenil y adulta transcurrió en la Universidad de La Habana. Quisiera destacar que para mí fue muy importante la estancia en el Departamento de Filosofía, al cual debo todo lo que soy. Creo que la formación recibida allí fue determinante para mí porque aquel modelo de enseñanza era excepcional.

-¿Qué es lo que más recuerda de

esos primeros años como docente?

Realmente, lo que más recuerdo es el susto, el miedo y el hecho de que empecé a dar clases muy joven en un terreno para el que se requiere un nivel de cultura que no tenía. No obstante, las circunstancias me lo permitieron. Ante todo recuerdo mi temor de impartir una asignatura que exigía un nivel de formación que con 22 ó 23 años no se tiene. Fue toda una aventura.

-Y de estos años, ¿qué recordará?

Estos tiempos, ante todo, son complejos. Creo que en su complejidad está su encanto. Se conectan también con mi salida de la escena laboral, pero estar rodeado de jóvenes hace que uno se sienta fértil, muy activo, con la obligatoriedad de renovarse por la presión del  propio clima docente.

-¿Llegó al magisterio por vocación

o inspirado por alguien?

No, fue una circunstancia totalmente casual y, de hecho, una suerte de descubrimiento. Nunca creí que tuviera aptitud para ejercerlo.

-¿Cuál es su filosofía al impartir una clase?

En primer lugar soy muy tímido y es algo que debo vencer constantemente, pero lo que más me preocupa es que me atiendan, eso me obsesiona; por lo cual, mi esfuerzo mayor va encaminado a lograr captar la atención. Siempre he creído que el profesor en el aula debe ser un gran centro.

-¿Cuáles son sus otras pasiones intelectuales?

Leer es algo que me gusta muchísimo y, en segundo lugar, el buen cine. He visto mucho cine en mi vida y soy de los que cree que, si bien el cine tiene una capacidad para entretener, ante todo, es una expresión artística. Mi acercamiento al cine es siempre el acercamiento a una obra de arte. Los años 60, mis años juveniles, fueron una época de redescubrimiento del cine en Cuba y fue la etapa en que fijé la obra de varios directores. Milos Foreman y Fellini para mí son imprescindibles. En cuanto a la literatura, admiro la obra de varios autores entre los que pudiera citar a Dostoievski y Thomas Mann. García Márquez es otro excelente escritor. (Y acoto: en su casa tienen cabida Bola de Nieve, Mozart y Pink Floyd).

-¿Con cuál personaje del cine o la literatura

compararía a la Universidad de La Habana?

Es algo sumamente difícil. En realidad soy enemigo de las idealizaciones. Creo que la Universidad es una institución de educación superior que tiene gente de mucha calidad académica. Como alguien dijo una vez, es el lugar donde hay más inteligencia por metro cuadrado. Es muy difícil encontrar un personaje que sea tan inteligente. Yo no me atrevo.

-Radamés Linares es un hombre vinculado

en cierta medida con la historia habanera,

pero no nació en esta ciudad…

Yo soy guantanamero. Llegué a La Habana por cierta lógica de la época, ya que la carrera que matriculé no se estudiaba en el interior del país. Culminé aquí mis estudios y mi ubicación posterior también fue en este territorio; es decir, me quedé por los estudios no por rechazo a aquello, todo lo contrario. Yo soy un tipo que añora mucho su tierra.

-¿Qué es lo  que más recuerda de su terruño natal?

Mi barrio, la gente de un barrio que a veces reconstruyo en la imaginación. Allí nacieron mis abuelos y tuve hasta la suerte de conocer a mi bisabuela que era santiaguera y vivió 106 años. En ese lugar se estableció mi primera relación con el pasado porque la bisabuela, una mujer fuera de época, me narraba los “cuentos de la guerra”, como yo les decía. Con Guantánamo atesoro el recuerdo de mi bisabuela Cecilia y de noches en las que la música clásica  inundaba el pueblo gracias a aquel “aparato” suyo. Sobre ese ambiente que la rodeaba me hubiera gustado escribir un libro.

-¿Cómo se autodefine?

Creo que soy una persona que trata de ser honesta, de ser consecuente con lo que creo. No soy voluntarioso. No voy a ser como esas personas que salen por ahí arrojándose cualidades que no tienen. También soy pesimista y es mi manera de ver las cosas. Hay una frase que dice que los pesimistas son principalmente  personas bien informadas.

-¿Qué recuerda de su generación en los años 60?

Teníamos mucha afinidad y casi todos abogamos por estudiar ingenierías. Pasados 40 años, de ese grupo quedamos pocos. A veces nos reunimos y reímos por lo mucho que hemos cambiado. Algunos son médicos, uno es sacerdote, otro es miembro del Buró Político, yo soy el único maestro. Por suerte, volvemos atrás de vez en cuando e incluso nos sentamos en un lugar terrible a conversar, pero que es costumbre nuestra: en la esquina de una funeraria, eso nos trae muy buenos recuerdos.

-¿Considera que algo se le ha quedado por hacer?

Sí, millones de cosas, pero creo que ya no hay tiempo. Me hubiera gustado incursionar en otras áreas del campo de las Humanidades y las Ciencias Sociales; por ejemplo, en la dirección artística, desarrollarme no sé si como historiador o crítico; también explorar el campo de la Psicología. Soñé escribir una obra de ficción que no podré realizar porque me considero un elefante en una casa de cristal en esa faena. Solo he podido escribir varios artículos y un libro sobre temas propios de mi profesión. Hubiese deseado también viajar más porque es una forma excelente de conocer. Los viajes me han enseñado que La Habana es una gran ciudad.

-¿Cuál ha sido su mayor aliciente para

impartir durante tantos años la docencia?

Mientras fui conociendo esta rama pude comprobar que podía decir cosas que en otras no. Una de las mayores satisfacciones que recibo en el aula es que me atiendan y fuera de ella, captar que otras generaciones me recuerdan todavía. Eso me pasó hace poco con una estudiante de 4to año que me llama y me dice: “Mi mamá fue alumna suya y he podido ver en el aula todo lo que ella me contaba sobre usted”; eso me espantó porque me sentí como Matusalén, pero es algo sumamente gratificante.

-¿Y sus principales retos…?

Hacer el doctorado fue algo complicado pero, sobre todo, el acto de comenzar la clase se me convierte en un verdadero reto. Llevo casi 40 años en el ejercicio de la profesión y ese inicio para mí no es fácil. Yo siento que allá adentro algo se traba y se destraba.

-¿Ha postergado algún sueño

por el ejercicio de la profesión?

Sí, pero no lo tengo fichado. Yo pienso que sí. Mi generación ha tenido un problema como generación y es que disfrutó muy poco su fase juvenil en la medida en que pospuso su propia diversión, entretenimientos y libertades propias de la edad, porque las circunstancias de la época así lo exigían.

-¿Qué opina usted sobre la carrera de

Bibliotecología y Ciencias de la Información?

Es esta probablemente la carrera más invisible de toda la educación superior.  Arrastra como carrera y profesión una serie de estereotipos que la colocan siempre en una posición desventajosa. Esto ocurre, en primer lugar, porque la gente cree que es para formar bibliotecarios, lo cual no es del todo cierto porque el campo de nuestros graduados es más amplio.  A eso le añadimos  la visión  del bibliotecario como ser oscuro, gris, opacado, que maneja un grupo de herramientas que permiten ofrecer cierta información. Se cree que es una señora de espejuelos que manda a callar. Yo siempre le digo a los estudiantes que no es una profesión pública sino de servicios.

-¿Qué papel desempeña el docente

en una carrera de este tipo?

Aunque es una carrera que tiene tradición universitaria, el desconocimiento sobre ella es general. El joven que inicia su estudio muchas veces desconoce el verdadero sentido que tiene como profesión. El docente debe realizar una labor primordial: la de enseñar el verdadero valor que posee como disciplina académica. Añade el educar en la filosofía de que el reconocimiento social no se reduce a ser una figura pública. Todo esto hace que el ejercicio docente tenga muchos más encantos.

-¿Esta disciplina ha ido cambiando

a través de los años?

Sí. Como disciplina ha cambiado muchísimo. Durante los años 40 y 50 se hablaba solo de Bibliotecología y a partir de la década del 60 se creó la Ciencia de la Información que se ha convertido en la disciplina informativa, rectora, buscando formar un especialista apto para el manejo de la información. Ahora mismo, estamos cambiando el plan de estudio. Creo que tiene mucho futuro y que en la medida en que el país crezca material y culturalmente aumentará el interés por la especialidad.

-¿Qué usted cree que le falta al estudiante de hoy?

Más cultura. A veces uno nota que el estudiante es sumamente frívolo y eso no es más que el reflejo de su debilidad cultural.

-¿Qué puede decir sobre la Universidad

alguien que la conoce desde

hace más de tres décadas?

La realidad es que no quedamos muchos de aquellos que comenzamos desde hace más de 30 años. Si bien entré en la institución durante la década de 1960, mi primer encuentro con ella ocurrió cuando tenía nueve años y unos primos que estudiaban en ella me llevaron para que subiera por la Escalinata Universitaria. Para mí ese día es inolvidable. Después el lugar se convirtió en mi sitio de estudio y trabajo. Yo la quiero mucho, francamente, pero sin idealizaciones. A esta Universidad creo que le falta consolidar su fortaleza académica a sabiendas de que es, en primer lugar, una institución encargada de producir conocimientos. En ese aspecto aún queda mucho por hacer.

-¿Y el futuro…?

El futuro son estas cosas inmediatas, batallar por el nuevo plan de estudio, trabajar en esa dirección.

Entonces Radamés Linares se levanta. Sus estudiantes le esperan. Termina el diálogo con un hombre que ahora me parece de mayor estatura, casi un gigante.

Esta entrevista forma parte del libro en preparación Nosotros, los del 280, escrito como examen final del género por alumnos de Periodismo de la Facultad de Comunicación de la Universidad de La Habana, a propósito del aniversario de la casa de altos estudios cubana.

ÉTICA, UNA CONSTANTE EN LA ENTREVISTA PERIODÍSTICA

ÉTICA, UNA CONSTANTE EN LA ENTREVISTA PERIODÍSTICA

Tema: Para Jorge Halperín, en la entrevista: “El periodista se convierte en el empalme entre lo público y lo privado para lo cual debe prevenir todos los cortocircuitos”.

KATHERINNE DÍAZ PÉREZ,
estudiante de primer año de Periodismo,
Facultad de Comunicación,
Universidad de La Habana.

Cualquier diccionario define la palabra ética como la parte de la filosofía que trata de la moral y las obligaciones del hombre. Este concepto, llevado al ejercicio del periodismo, y a la entrevista en particular, se refiere a las conductas de quienes ejercen la profesión.

La ética se encuentra en todas las fases de la entrevista que, según el periodista argentino Jorge Halperín, es “la más pública de las conversaciones”. Por eso, el profesional debe crear un ambiente acogedor, de seguridad y confianza para luego, “obtener información”, expresa el entrevistador cubano Luis Báez Hernández. 

En el diálogo todo influye desde la forma de vestir hasta cómo conducir la entrevista. El teórico Sigfried Mendel recomienda no olvidarse del sentido de humor. A veces, un halago o un gesto de cortesía abren las puertas de la conversación.

Cuando el periodista logra la confianza del sujeto, suele escucharse “esto queda entre nosotros” y el interlocutor debe respetar su decisión porque hay un pacto de confianza. El argentino Halperín pregunta: “¿El callar nos convierte en cómplices? No, si estamos en la dirección correcta: buscar la verdad. Si hay una razón atendible para callar, es mejor hacerlo”.

La decisión a tomar es mejor compartirla con los decisores, en dependencia de la persona entrevistada. Supongamos una conversación con un joven ingenuo que confundió el momento con una charla personal. Si habla de un tema muy polémico y delicado, sin tener ninguna preocupación, es conveniente recordarle que se encuentra en una entrevista periodística donde todo se convierte en declaraciones y no en una conversación personal.

Ahora, los papeles cambian. El personaje es conocidísimo y le han realizado millones de entrevistas. Rechazará con más frecuencia las preguntas y contestará poco. La solución de ese caso dependerá de la inteligencia y habilidad del periodista.

Sigfried Mendel recuerda que “las entrevistas son tan variadas como las personas que las conceden”. La selección adecuada de los personajes “será clave para el producto final”, según el profesor chileno Raúl Pizarro Rivera, de la Universidad Andrés Bello.

Entrevistar a un cardiólogo para que hable de los riñones es un desatino. El periodista debe estar consciente de las razones por las que ha sido elegido su personaje, y de lo que espera lograr con esa conversación, así afirma Halperín.

Hacer preguntas con inteligencia son votos a favor. Varias personas se quejan del fracaso de los diálogos porque las interrogaciones son las de siempre, asegura el escritor colombiano Gabriel García Márquez.

“Lo menos ético que le puede suceder a un colega es preguntar tonterías”, asevera Héctor Miranda, redactor y jefe de la sección Deportes de la agencia Prensa Latina (PL). Se pierde tiempo, y el entrevistador demuestra poca profesionalidad. Esto no quiere decir que los periodistas actuemos con la agresividad de Oriana Fallaci a la hora de buscar informaciones. “Las respuestas pertenecen al campo de lo incierto, y en consecuencia es comprensible que puedan desatar cortocircuitos”, dice Halperín.

Contradicciones, problemas hasta la suspensión de una conversación puede conllevar un tono inapropiado. El entrevistador no debe discutir. “He aquí una regla casi absoluta”, expresa Miriam Rodríguez, en su libro Acerca de la entrevista periodística. Esto no significa que no se pueda debatir. A veces es necesario: por ejemplo, cuando debemos juzgar la moral de un sujeto u obtener mayor información.

Con este último propósito hay que tener cuidado, varios esconden sus verdaderos intereses detrás de la frase "No hay preguntas impertinentes, sólo respuestas impertinentes", para así intervenir en temas personales que traen disgustos o penosos daños. La princesa Diana, de Inglaterra, murió porque los llamados paparaxis se inmiscuyeron despiadadamente en su vida privada. Y una acotación que pudiera dar para otro trabajo de investigación: ¿son los paparaxis periodistas en el sentido ético de la profesión?

La relación entre entrevistado y entrevistador no puede sobrepasar los límites del diálogo profesional. Este se realiza con la compañía de dos seres ocultos, pero inseparables: el público y el medio de comunicación al que pertenece el periodista.

El primero es “un fantasma poderoso porque desde la ausencia determina muchas más cosas de las sospechables; sin él, la entrevista sería algo así como un acto de insania. O de gratuidad", como define la crítica literaria Ana Inés Larre Borges, de Uruguay.

Al público le gusta que hablen con claridad, sin un lenguaje rebuscado. Necesita la información que se brinda, y es capaz de confiar en lo dicho. En conclusión, la crítica uruguaya agrega: “El lector o espectador de entrevistas es un buen tipo. Lo único que no perdona es que lo humillen. Por eso es que no tolerará que se use un código que él no domina. No le falta razón”.

Si publicamos una entrevista de un físico nuclear que se ha expresado en un lenguaje teórico, de seguro el público leerá las primeras líneas del trabajo y saltará la página; si es para la televisión, cambiará con agrado el canal o apagará el televisor.

La forma de una entrevista depende del medio de comunicación. No es igual la radio a la prensa escrita. Una tiene la agilidad de una ardilla; la otra, la rapidez de una oruga. Cada cual posee sus propias características y modos de hacer. Roberto Gili Colom, editor y jefe de las Redacciones Especializadas de PL, confiesa que “la ética consiste en dominar el perfil editorial del centro de trabajo, y se mide en la forma en que el periodista escribe”.

Durante el encuentro, es decisivo tomar notas o utilizar la grabadora. Al respecto, García Márquez manifiesta: “El casette oye pero no escucha, repite - como un loro digital - pero no piensa, es fiel pero no tiene corazón, y a fin de cuentas su versión literal no será tan confiable como la de quien pone atención a las palabras vivas del interlocutor, las valora con su inteligencia y las califica con su moral”. Sin dudas, el escritor colombiano tiene razón, pero como bien expresa Luis Báez, “la conveniencia de tomar notas o usar la grabadora depende de las características del personaje”.

La importancia de su uso radica en que reproduce exactamente las palabras del entrevistado. Jamás un periodista debe cambiar lo que dijo el sujeto, ni el modo en que lo hizo porque “cada persona tiene su propia forma de manifestarse, su personalidad oral, su sintaxis, y un determinado vocabulario de acuerdo con su nivel cultural y formación”, según la profesora cubana Miriam Rodríguez.

En la elaboración de la entrevista siempre hay una intencionalidad porque ningún periodismo es imparcial. Ello está implícito a la hora de jerarquizar las ideas, usar adjetivos, verbos… y “escribir una coma o comillas donde van”, manifiesta el periodista Gili Colom.

Puede que la entrevista tenga una perfecta sintaxis, pero en prensa escrita, ¿cómo el público reconoce que es veraz? “No hay mejor respaldo que una fotografía junto al sujeto o la cinta para demostrar que se hizo. Si ninguna de estas pruebas fuese posible, describir corporalmente a la persona y su entorno es la solución”, aconseja Raúl Pizarro.

Para conseguir un resultado positivo en la charla, esta debe pasar por un “colador”, es decir, por un proceso de edición. El profesor Pizarro dice que todo encuentro “debe ser obligatoriamente editado”. Quitar los errores de vocabulario del interrogado, adecuar sus expresiones al buen uso del idioma y eliminar ideas repetidas son algunos pasos a seguir.

Sobre la cuestión, Jorge Halperín indica: “Cuando hay mucha edición, ¿se puede afirmar que la entrevista publicada es la realidad? La respuesta última la tiene el periodista”. Los excesos nunca son buenos.

La calidad de una conversación depende en gran parte de su preparación. Si no conoces los datos elementales, sobre el trabajo profesional y el entorno que rodea al sujeto, sería “una falta de respeto para el interlocutor”, según Pizarro Rivera, o “ir a la guerra sin entrenamiento militar”, como compara Miriam Rodríguez Betancourt.

Es importante tener un bagaje de la personalidad; pero, también, saber su nacionalidad, religión, ideología, cultura… Manuel Vázquez de la Torre, periodista de PL, pone un ejemplo: “Si estableces una conversación con cualquier musulmán, no responderán temas relacionados con la virginidad de las mujeres. En cambio, ese asunto en nuestra cultura occidental se trata sin tabú”.

Sin embargo, en ocasiones estudiar al personaje es un lujo porque no hay tiempo. El jefe de redacción dice: “La entrevista es para ya”, y no queda otro camino. Por ello, es imprescindible que el enviado posea una amplia cultura y esté actualizado sobre el acontecer. Esa retaguardia es como un salvavidas. 

El entrevistador concibe su trabajo de acuerdo con las normas del medio de comunicación. Ellas responden al tipo de periodismo realizado en la nación. Por ejemplo, un profesional de cualquier periódico sensacionalista debe aceptar falsedades que se publican porque lo importante no es la veracidad, sino la cantidad de diarios vendidos. Y volviendo a la ética: ¿esos son periodistas dignos?

Diversas organizaciones del mundo han intentado realizar códigos de ética para varias regiones o para todos los países. Pero, muchos profesionales y responsables de la comunicación afirman que, en un mundo que tiene concepciones tan diferentes de la función del periodista, es imposible formular un código internacional.

Los códigos deontológicos -que reglamentan, de manera estricta o bien a modo de orientación, las cuestiones relativas al “deber”, de los miembros de una determinada profesión- se vienen proponiendo desde 1920. El primero se cree que es el Código de Ética Periodística aprobada en 1926, por la Conferencia Panamericana de Prensa en Washington, y luego por la Conferencia Interamericana en New York, en la cual se adoptó la regla como dogma de la Sociedad Internacional de Prensa.

Los investigadores Alanen y Nordestreng estudiaron 50 reglas y registraron que de ellas hay siete categorías de principios internacionales: promoción de la paz y la seguridad mundial; prohibición de la propaganda belicista; amistad y entendimiento mutuo entre pueblos; objetividad y veracidad; igualdad racial; defensa del libre flujo informativo y otros deberes varios. Su cumplimiento depende de los dirigentes en los países.

Son disímiles las situaciones con que se encuentra un periodista, y los cortocircuitos siempre están presentes. Lo importante es saber separar esas dos cuestiones que no pueden estar unidas. La única forma de conseguirlo está en tener la compañía constante de la ética.

Bibliografía:

Gargurevich, Juan. Géneros Periodísticos.

Halperín, Jorge, Introducción, Capítulos 1 y 2 de La entrevista periodística.

http://dialnet.uniroja.es (15 de julio de 2009)

http://html.rincondelvago.com (15 de julio de 2009)

http://www.bdp.org (14 de julio de 2009)

http://www.fepalc.org (14 de julio de 2009)

http://wwwciudadseva.com (15 de julio de 2009)

Morales, Leonidas, El género de la entrevista y la crítica literaria periodística en Chile 1988-1995 (Artículo publicado en la Revista chilena de literatura)

Rodríguez Betancourt, Miriam. Acerca de la entrevista periodística

Periodistas entrevistados:

Héctor Miranda, redactor y jefe de la sección Deportes de la agencia Prensa Latina (PL).

Luis Báez Hernández, periodista colaborador de varios órganos de prensa cubanos.

Manuel Vázquez de la Torre, periodista de PL.

Roberto Gili Colom, editor y jefe de las Redacciones Especializadas de PL.


CONTINÚA LUCHA CONTRA PROGRAMAS MALIGNOS

CONTINÚA LUCHA CONTRA PROGRAMAS MALIGNOS

Lista la nueva versión de productos antivirus de Segurmatica.

SUSANA ANTÓN RODRÍGUEZ,
estudiante de primer año de Periodismo,
Facultad de Comunicación,
Universidad de La Habana.

Una nueva versión del producto Segurmatica Antivirus, creado por la Empresa de Consultoría y Seguridad Informática (Segurmatica), estará disponible a partir del próximo mes de noviembre (2009), afirmó Jorge Lodos Vigil, director de Desarrollo de la empresa cubana.

Este software, destinado a la protección contra programas malignos en sistemas operativos de Microsoft Windows, se continúa desarrollando por los especialistas del laboratorio antivirus perteneciente a la empresa, como respuesta al aumento vertiginoso de los mismos.

De los más de 70 mil programas malignos que detecta el Segurmatica Antivirus, en Cuba han  circulado  hasta  la  fecha  4 784, de  ellos, 418 virus, 1 121gusanos, 3 196 caballos de Troya, 24 joke y 25 exploit, atestiguan cifras publicadas en la página web de la empresa www.segurmatica.cu.

“Aumentar el trabajo automatizado y la eficiencia y preparación de los especialistas se encuentran entre las tareas priorizadas por la entidad dado que la automatización es la única forma de procesar los volúmenes de muestra recibidos en la actualidad”, afirmó Lodos.

Además de consultorías y productos de seguridad informática como los antivirus, Segurmática brinda servicios de diagnóstico remoto e interno de redes, planes de seguridad y contingencia informática, soporte técnico, dictámenes, custodia de material informático y adiestramientos en estos temas.

Su objeto social es resolver los problemas de seguridad informática que puedan existir en Cuba, fundamentalmente en empresas, instituciones estatales y particulares. Los servicios y productos de Segurmatica pueden ser contratados directamente en las oficinas de la citada empresa, ubicada en Zanja # 651, esquina a Soledad, Ciudad de La Habana.

Pie de foto: El producto de Segurmatica es eficaz para combatir los virus desarrollados en o para Cuba

Ficha Técnica:

Tipo de título: Genérico.
Tipo de lead: Especial de Cita indirecta.
Tipo de cuerpo: Lead + Pirámide invertida + Dato adicional + Pirámide invertida.
Primer valor noticia: Repercusión o consecuencia.
Otros valores noticia: Actualidad. Proximidad o cercanía.
Tipos de noticia: Ligera, directa.
Tipo de fuente: No documental y documental.

LA OCTAVA MARAVILLA DE MI VIDA

LA OCTAVA MARAVILLA DE MI VIDA

ELIZABETH CABRERA MOREJÓN,
estudiante de primer año de Periodismo,
Facultad de Comunicación,
Universidad de La Habana.

Para mucha gente, un lugar especial es donde pasan momentos importantes de sus vidas, con personas imprescindibles para sentirse  felices. En mi caso, yo he podido descubrir ese rincón especial para mí, donde no hace falta ser familia para que exista un enorme lazo de cariño.

Aunque tal vez deba confesarles algo: al principio tuve un poco de miedo, miedo al fracaso, a los errores, a estar en el lugar equivocado, pero gracias a la paciencia y dedicación de las personas que hicieron posible que en solo un mes, me sintiera como en casa, ese miedo ha desparecido, ahora me siento más segura, muy feliz, y con un tesoro enorme que son los nuevos amigos para toda la vida.

Pero, quizás se pregunten de qué estoy hablando. Pues, soy estudiante de Periodismo de primer año, en la Facultad de Comunicación. Hoy termino mi primera etapa de práctica laboral, en el Centro de Publicaciones de Prensa Latina, en la revista Negocios, el lugar extraordinario del que les hablé.

Mi objetivo, con estas palabras, es que pueda llegar a ustedes el motivo principal de todo lo que hago y escribo, la maravillosa experiencia que siente un estudiante al dar sus primeros pasos en una redacción. Como en toda profesión, la teoría y la práctica deben ir de la mano, y en esta carrera, ambas son imprescindibles para lograr ser grandes periodistas y mejores personas.

En este mes de trabajo muchas han sido las experiencias que aprendí de los expertos que me guiaron. Realicé trabajos que nunca imaginé que haría en mi primer año, comprendí el proceso de edición de las revistas que aquí se hacen, algo que cuando era pequeña no dejaba de preguntarme. Tuve la posibilidad de corregir los artículos de la edición del mes de febrero, así como, conocer a personalidades de la cultura cubana con quienes solo hablaba en sueños, entre los que se encuentran Carlos Alberto Cremata y Marta Rojas.

Pero, no fueron ellos los encargados de que  hoy esté escribiendo estas líneas, esos, son otras personas, no menos importantes porque no se les conozca. La ayuda conjunta de Aurora, o Musy, como le decimos quienes la conocemos, Eva y Antonio Paneque, mi tutor y ahora mi ídolo, fue el ingrediente perfecto para sentirme segura y que mis trabajos fueran mucho mejores.

Nuevas técnicas, búsqueda de información por diferentes vías, mejor desenvolvimiento con las personas, la forma de hacer una nota informativa de diferentes puntos de vistas y con diversas prioridades, y la capacidad de  corregirme yo misma los errores más frecuentes que pueda cometer, fueron uno de los tanto legados que me dejaron, con la única condición de que yo sea mejor. Una vez, mi tutor me dijo: “Recuerda que esto está bien, pero tienes que  pensar que debe ser perfecto”, palabras que nunca olvidaré y que me ayudarán a ser y redactar mucho mejor.

Ante de concluir debo darle las gracias a mi profesora guía Iraida Calzadilla Rodríguez, por haberme ubicado en esta redacción tan diferente, donde todo lo que se respira es un aire de amor y respeto. En segundo lugar, ofrecerle mis más sinceros agradecimientos a mi amigo, tutor y guía, Antonio Paneque por toda su entrega y paciencia, por hacerme una mejor profesional y por lograr que me siente tan segura de que sin duda alguna, estoy en la carrera correcta. Gracias.


 

 

EL NOMBRE DE UNA ÉPOCA

EL NOMBRE DE UNA ÉPOCA

MARTHA ISABEL ANDRÉS ROMÁN,
estudiante de cuarto año de Periodismo,
Facultad de Comunicación,
Universidad de La Habana.

El férreo representante de la Inquisición vuelve a levantar su mano acusadora. ¡El monje que se rinde a los caprichos de la carne y del demonio, la mujer que lo provoca, el hombre justo que los defiende! ¡Todos a la hoguera! ¡Sus almas arderán en el fuego purificador porque han manchado el nombre de la Iglesia, porque han cometido una herejía tras otra y eso se paga con la muerte!

Pero el fuego no devora las almas, sino los volúmenes; no incinera la carne, sino el papel. La biblioteca imponente, cárcel de la historia del mundo, dueña del pasado y del presente, se vuelve víctima de sus propios secretos.

Guillermo de Baskerville demuestra su verdad, esa verdad que es humana y no demoníaca, mientras el joven Adso se adueña de escenas que lo acompañarán hasta el final de su existencia.

Todo eso, y muchísimo más, hay en El nombre de la rosa, el libro del italiano Umberto Eco que trasciende las fronteras de los géneros creativos convencionales para fundirse en una combinación de suspenso, pasiones humanas, historia y época.

En medio de la vorágine comunicativa diaria, en un mundo dominado por grandes medios, en una sociedad de la información donde hechos tecnológicos como la televisión e Internet enlazan cada extremo del mundo, una obra como El nombre de la rosa es un reto a la memoria y un testimonio incalculable del camino que ha debido recorrer el hombre para llegar hasta la contemporaneidad.

Toda la Edad Media se siente sintetizada en la obra de Eco: eclesiástico poderío y aspiraciones espirituales, relaciones de propiedad basadas en un feudo explotador, “asechanzas demoníacas” y actos de herejía, constantes penas terrenales en espera de una redención divina después de la muerte…

La trama podría parecer la de cualquier novela detectivesca. El astuto Guillermo, una especie de Holmes o Poirot medieval; su novicio Adso, el Watson que lo acompaña y narra sus descubrimientos. Pero El nombre… rompe los esquemas de cualquier encasillamiento para convertirse ella misma en un género.

Un monasterio benedictino en la cima de una colina, dos monjes franciscanos que llegan con anticipación a una esperada reunión, y el asesinato de uno de los ilustradores de la abadía, son los hechos que sirven de apertura a todo el texto. A medida que fray Guillermo investiga y analiza, todas las pistas conducen a un lugar común: la biblioteca.

De allí parecen provenir todos los misterios. Cada una de las muertes que se suceden en la historia gira en torno a este espacio y a un libro cuya existencia es negada. La pesquisa no resulta tarea fácil, pues el sitio, laberíntico e inexplorado para todos los monjes, únicamente es conocido por el bibliotecario y su ayudante, y solo el primero de ellos sabe de los ejemplares encerrados en los inmensos estantes.

¿Es casual que sea este el lugar escogido por el autor como escenario de su obra? ¿Por qué la biblioteca y no la Iglesia, o la sala capitular, espacios frecuentados a menudo por los monjes? En la Edad Media, etapa caracterizada por el analfabetismo y la ignorancia, donde los focos de conocimiento eran los centros monásticos, la biblioteca era el sitio donde las pocas personas con educación tenían acceso a libros, a obras antiguas y modernas, a las distintas ramas del saber.

Para llegar hasta la solución de los hechos, Guillermo se encuentra con un grupo de personajes que son fiel retrato del momento histórico: el jorobado Salvatore con su confusión de lenguas y su pasado hereje; el ciego Jorge y su negación de la risa; Bernardo Gui, encarnación de la santa e inclemente Inquisición que tanta sangre cobró en nombre de la “justicia divina”.

Y la mujer, la mujer también es un personaje en la historia, una mujer sin nombre que no fue una sino muchas mujeres. Una mujer que fue mujer y pueblo oprimido, que fue la muestra de que la nada existió en la tierra y tuvo rostro femenino. Aparece como principio y fin de males lujuriosos, como negación del amor carnal, como muestra de que allí donde el hombre común no tenía derecho a la educación o al pensamiento, la hembra no tenía derecho ni siquiera a la existencia.

En la obra está la mujer, y también el pueblo al que ella pertenece. Es cierto, ya no es el pueblo esclavo del Egipto faraónico o los romanos conquistadores. Pero ahora es un pueblo que vive oprimido por una sociedad donde Iglesia y señores feudales se arrogan la potestad de apoderarse de su trabajo y las relaciones de vasallaje mantienen al ser humano sumido en la miseria material y mental.

Por eso las escenas de El nombre de la rosa no podían ser más reveladoras: de un lado, largas filas de campesinos traen provisiones a la abadía; del otro, la casa de Dios les arroja sobras que después han de disputarse en lucha animal. ¿Mientras? Los debates de los señores clérigos se centran en la supuesta pobreza de Jesús, y en la interrogante de si la Iglesia tiene o no el derecho de ser una institución enriquecida.

Más allá de elementos formales que hacen de El nombre de la rosa un producto de alta calidad, lo cierto es que la mayor riqueza de la obra está, no en ser la imagen de una época, sino en ser la época misma. Apoyado en la maestría narrativa y el conocimiento histórico profundo, Eco consigue detener el tiempo actual, montarnos en la máquina del tiempo de Wells, y hacernos sentir la aureola mística del Medioevo.
 


¿DEPRESIÓN EN LA CALLE G?

¿DEPRESIÓN EN LA CALLE G?

ANET MARTÍNEZ TACORONTE,
estudiante de tercer año de Periodismo,
Facultad de Comunicación,
Universidad de La Habana.

Cuando se piensa en el cubano, en su cultura, en su contexto, en sus costumbres, se hace casi imposible imaginar a alguno inmerso en el movimiento emo que se ha expandido, al parecer, por todo el mundo.

Los emo, caracterizados por manifestar depresión y en algunos casos llegar a lastimarse a sí mismos, empiezan a lograr adeptos en la década de los 80, de la mano de grupos musicales en Estados Unidos como Bad Religion o Minor Threat, de características bastante diferenciadas con el punk que se creaba en las calles londinenses.

Los orígenes musicales y estéticos del emo derivan del punk, del grunge, del pop y del rock alternativo independiente, y a pesar de no ser del estilo de música que por décadas identificó a los cubanos, cada día vemos como el movimiento emo internacional crece por toda la Isla.

Pero lo cierto es que, aunque no es descomunal la cifra de jóvenes que se dejan llevar por esta nueva tendencia, el movimiento emo cubano ya comienza a dejar huellas y se apropia de algunos espacios públicos de Ciudad de La Habana.

Sin embargo, no todos los sitios capitalinos parecen ser lo suficientemente “acogedores” para los emo. Como espacio ideal se extiende desde el malecón habanero hasta la rotonda de la reconocida calle G, del Vedado.

La calle G es también conocida como Avenida de los Presidentes. Transitar una noche de cualquier fin de semana, de cualquier mes, en cualquier época del año, por esta famosa arteria, nos muestra una Habana desconocida para muchos.

Jóvenes de pelo negro, peinados hacia un lado con un popularmente conocido “bistec”, portadores de piercing, con atuendos negros en su vestimenta y con signos depresivos fortalecidos a veces con algún tipo de pintura en el rostro, andan cada noche de fin de semana de un extremo a otro por el paseo de la calle G, según ellos, disfrutando sanamente.

Pero las diversiones de los emo en G no son, en casi el ciento por ciento de los casos, paralelas a la depresión que tratan de manifestar, y la mayoría de estos muchachos, que también comparten una gran devoción por las nuevas tecnologías y los cigarros y cervezas que se venden en moneda libremente convertible, ríen, cantan, conversan, bailan, y al verlos sólo puedes preguntarte: ¿ellos no dicen que están deprimidos?

Y si lo que sucede es que al llegar a G el movimiento emo capitalino olvida cualquier indicio de tristeza, es porque al parecer la envían a las casas de los vecinos cercanos que tienen que lidiar con el ruido, el gentío y la suciedad con que luego despierta G.

Sus actos de rebeldía juvenil, de llamadas de atención, de llegar a autolesionarse y de ciertas actitudes negativas, los hacen hoy merecedores del rechazo y la indiferencia social, cuando probablemente necesiten lo contrario. Sólo que, quizás, no saben cómo pedirlo.