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Isla al Sur

LA VEDETTE NEGRA DE CUBA

LA VEDETTE NEGRA DE CUBA

Candita Batista Batista: “Todavía me siento fuerte, pero cuando ya no esté, quisiera que me recordaran alegre, humanitaria, musical, amiga y hermana. Quisiera que me identificaran siempre con la canción Los angelitos negros”. 

IRAIDA CALZADILLA RODRÍGUEZ

Desafiando el tiempo y la desmemoria, está ahí. Entre los amparos de la vieja casona camagüeyana, las fotos que la recuerdan en épocas de esplendores, entre alientos amigos que hacen pervivir a la casi olvidada en los ambientes públicos, Candita Batista Batista, la primera y última vedette negra de Cuba. Fue artista que en las décadas de los años 40 y 50 paseó nuestro folclor por una Europa y América que la acogieron sin reservas pero, en una definición personal, ella prefiere calificarse como mujer amable, sufrida, presta a tender la mano, noble, dulce y dichosa, más allá de cualquier otro mérito.  

Empezó en 1937 y fue la primera camagüeyana en cantar en una orquesta. Un año más tarde, La Habana le ganó las ansias y la suerte le puso en medio a Obdulio Morales y sus cantos afros. De entonces y hasta la fecha, y aunque interprete otros ritmos, será el llamado de "lo negro" lo que marque su estilo. 

“En 1941 me fui al extranjero, porque cuando iba a buscar trabajo aquí me decían que tenía buena voz, pero que era muy prieta. Sufrí mucho y regresé definitivamente en 1959, cuando ya no había discriminación”.  

Candita se mostró en escenarios internacionales con un repertorio de más de 90 canciones y un pasaporte de idas y regresos múltiples que casi siempre terminaban en Barcelona, donde todavía conserva su condición de residente.

“Pero no regreso allá porque amo mi clima y mi sol, mis costumbres, los amigos del barrio y el trasiego de esta casa donde desde las siete de la mañana hay alguien preguntando por mí. No me gusta la vida de hotel, es fría y distante. Además, quiero serle agradecida a la Revolución, los negros debemos tenerla siempre presente”. 

Tiene recuerdos de artistas grandes: “Charles Aznavour no hablaba con nadie, solo iba al teatro a trabajar; Josephine Baker quería mucho a los cubanos y cuando vino se acordaba de mí y de Celeste Mendoza; Ernesto Lecuona era maravilloso, gentil; con Nat King Cole aparecí en una fotografía de prensa; Bola de Nieve, fue un buen consejero; Rita Montaner me ayudó en los comienzos, incluso, económicamente; a Lola Flores la impresioné con la interpretación de Los angelitos negros”. 

Se da una pausa e inconsciente retoca el peinado alto, preservado por un turbante: “Trabajando en París unas artistas me sugirieron que me hiciera este moño. Desde hace más de 40 años lo conservo”. Suelta la risa y recuerda que, entonces, pesaba 110 libras y se movía al vaivén de las canciones como una brizna suave. No puede negar que es una mujer finamente coqueta, tanto, que hasta que no deje de trabajar no declarará la edad.  

Ahora, y aunque nada más sueña con tener salud para ser feliz, se emplea firme desde hace años en La peña de Candita, proyecto que tiene lugar en el garaje de su casa y es cauce de amistad entre ella y el músico Filo Torres, y de toda la gente que sigue a una artista resuelta a no dejarse abatir por los olvidos de quienes propician los espacios televisivos. 

Ese es su mundo desde que en 1960 cumplió el último contrato en México, trabajó varios años en el Teatro Martí y le vinieron encima la viudez, la enfermedad de la madre y los pesares de hallarse sola. Se jubiló, permutó la casa de La Habana y volvió porque “soy camagüeyana legítima”. Después inició la peña, porque sin el canto languidecía de melancolía.  

Se siente realizada por haber logrado cimas con las que ni siquiera soñó: “Todavía me siento fuerte, pero cuando ya no esté, quisiera que me recordaran alegre, humanitaria, musical, amiga y hermana. Quisiera que me identificaran siempre con la canción Los angelitos negros”.  Así sea, Candita. 

SALIÉNDONOS DEL MÓDEM

SALIÉNDONOS DEL MÓDEM

¿Significa la superabundancia de medios de comunicación más comunicación?

CRISTINA ESCOBAR DOMÍNGUEZ,
estudiante de segundo año de Periodismo,
Facultad de Comunicación,
Universidad de La Habana.

El engranaje del mundo moderno se sostiene sobre dos elementos funiculares. Según Ignacio Ramonet, antes, el progreso y la idea de que la sociedad funcionaba como una máquina en la que todos teníamos un lugar solían ser los paradigmas de la humanidad. La modernidad ha reinventado estos paradigmas: la máquina ha sido sustituida por el mercado, y el progreso, que representaba la vía a la felicidad, ahora ha sido sucedido por la comunicación.

Al parecer, comunicarse es la solución a todo. Si tiene problemas con su vecino, con su pareja, o con su jefe, todo es un problema de falta de comunicación. Ella deviene suerte de solución global que elimina fricciones.

Esto parece futurista, y en su defecto, una infausta predicción de los tiempos de Julio Verne. Mas, no nos queda tan lejos esta realidad.

Internet y dentro de él, el chat, como forma de comunicación inmediata, también contribuyen al aislamiento de las personas. Debido al anonimato de la conversación electrónica, -se identifican solo con un apodo-, se producen oportunidades ideales para personas con intenciones comunicativas desfavorables

En Estados Unidos, algunas empresas están colmadas de empleados que revisan su bandeja de entrada entre 30 y 40 veces por hora. Por ejemplo, The Radicati Group reportó que cada uno de sus empleados envió un promedio de 37 correos electrónicos por día, y se estima que esa cifra llegará a 47 antes de que culmine este año.

Algunas compañías como US Cellular, Deloitte y Touche ya reportan los beneficios de cerrar las bandejas de entrada un día por semana. El pasado año, una de estas empresas inició investigaciones para conocer si la dependencia excesiva a las comunicaciones electrónicas afectaban el rendimiento de las entidades.

Cuatro meses más tarde, descubrieron que la prueba había ofrecido resultados que demostraban que, a partir de la medida, el trabajo del equipo había mejorado y los problemas se resolvían más rápido.

Definitivamente no podemos adjudicarle al uso y abuso de las comunicaciones electrónicas un halo de afecto filial. La cuestión más acuciante es la paradoja de que mientras más medios de comunicación tenemos, menos ejercemos la humana acción de comunicarnos. Los teléfonos celulares, las computadoras portátiles, los reproductores de música, y otra larga lista de aparatos nos aíslan de las personas que tenemos a nuestro lado.

El 34.5 por ciento de los niños y niñas entre 10 y 14 años ya dispone de Móvil. Los usos más recurrentes son el del envío de SMS (mensajes de texto cortos) y los juegos, lo que propicia el abandono de ciertos modos de relación interpersonal.

La tecnología ha traído consigo una magia maravillosa: una persona en Australia puede intercambiar correos electrónicos casi a tiempo real con personas de Rusia, o de México. Las distancias largas se achican. Esto, obviamente, no puede ser malo. El problema está en cuando usted prefiere enviarle un correo electrónico a la persona con la que trabaja cuando solo le separan un par de metros. No es que existan desavenencias entre emisor y receptor, es que, sencilla y llanamente, prefieren enviar el mensaje a través de una red de computadoras, que tener que pasar por el “difícil hastío” de conversar.

Ahora bien, no se trata de ignorar el papel de las comunicaciones electrónicas en la realidad contemporánea. La salida no está en volver a los tiempos de los periódicos manuscritos de la antigüedad. No es tampoco volver sobre los pasos en los que los rapsodas iban de pueblo en pueblo transmitiendo tradiciones e informaciones. Es más, el desarrollo es esclavo de las posibilidades que nos ofrecen las tecnologías.

Hoy día una computadora, un módem y un contrato ISP (Internet Service Provider), compañía que brinda el servicio telefónico de Internet, aceleran el flujo comunicativo y permiten que aquellos que tengan la posibilidad de una conexión a Internet puedan estar estrechamente interconectados.

Pero la conversación, el intercambio de miradas, el vivir en comunidad, ser y tener amigos, reciprocar cada intento de canje de sonrisas o de saludos, son posibilidades humanas que se están olvidando. Cómo vivir mejor o cómo tener más dinero son las cuestiones de orden. Ahora me pregunto: ¿Son realmente las respuestas a esas preguntas las que nos harán más felices, o será aquella persona que conocimos, aquel roce, aquel abrazo o conversación que perduró en nuestra memoria? Al decir de John Lennon, “la vida es aquello que pasa mientras estamos haciendo otras cosas”. No la vivamos en una bandeja de entrada o en un módem.

 

DE LA UNIVERSIDAD SOY HIJO Y A ELLA ME DEBO

DE LA UNIVERSIDAD SOY HIJO Y A ELLA ME DEBO

Con 41 años de trabajo, el pedagogo Roberto de Armas está agradecido de la formación que obtuvo en la casa de altos estudios habanera.

LISANDRA DÍAZ PADRÓN,
estudiante de primer año de Periodismo,
Facultad de Comunicación,
Universidad de La Habana.

La Universidad de la Habana es una institución que ha visto formarse a los mejores hijos de esta nación. En más de dos siglos de fundada se ha convertido en el hogar de todos los que han pasado por ella. Hay quienes no se conforman  con solo haber transitado por la etapa estudiantil y continúan siendo parte de su historia.

Roberto de Armas Urquiza es una de esas personas que se identifica incondicionalmente con la casa de altos estudios, pues hombre que no se rinde ante las tareas que le proporcionan dentro de su profesión, para él dedicar un espacio de su vida a la enseñanza superior es algo especial. Profesor e investigador de la Facultad de Biología, es colaborador del Ministerio de Educación Superior, y asesor del Centro de Estudios de Administración Pública de la Universidad de la Habana.

En sus 41 años de trabajo este pedagogo ha sido jefe de departamento, vicedecano docente y durante más de tres lustros se desempeñó como director docente metodológico. Ha recibido numerosas distinciones, dos de ellas por parte del Ministro de Educación Superior por su labor en la investigación y el postgrado. Cuenta con premios otorgados por la Academia de Ciencias. Tiene el honor de haber merecido las condecoraciones Frank País y Carlos J. Finlay, y el orgullo de haber sido uno de los primeros profesores de la Universidad en recibir esta última distinción. Es Vanguardia Nacional, tiene más de cien publicaciones en revistas y es autor de cinco libros de investigación científica y docente.

-¿Cuál es su responsabilidad en el Centro de Estudios de Administración Pública?

Dirijo el proceso de evaluación externa y de acreditación de todas las carreras de pregrado, junto a un comité técnico que está formado por especialistas de alto nivel que proceden de distintos lugares del país. Además, asesoro directamente la aplicación de las nuevas tecnologías en el desarrollo docente.

-¿Cómo llega al centro?

Casi por casualidad. Al graduarme en 1974 de profesor de Química comencé a realizar distintas funciones hasta ocupar el puesto de vicedecano docente en la Facultad de Biología durante cinco años. En aquel entonces se produjo un cambio estructural en la Universidad de La Habana y por mi preparación y desarrollo metodológico asumí la dirección metodológica de la Universidad. Durante 17 años trabajé en el perfeccionamiento curricular. Cuando aún desempeñaba la dirección docente, conformé el Comité Técnico Evaluador de Carreras y colaboré con los procesos de acreditación. Al principio asumí ambas funciones. Debido al exceso de trabajo me liberaron como director metodológico. Por esa época se fundó el Centro de Estudios de Administración Pública. Comencé a colaborar con su directora, Lourdes Tabares, en la conformación de la institución, aparejado con ello continué siendo profesor en la Facultad de Biología.

-¿Tiene planes de publicar alguna obra sobre la labor que realiza en el centro? 

Tengo la información necesaria, pero no estoy en condiciones de hacerlo. Escribir una obra requiere de mucha actividad mental y tengo demasiado trabajo. No obstante, sí he elaborado en el centro materiales sobre la calidad en los cursos no presenciales.

-¿Qué siente al saber que forma parte de la Enseñanza Superior?

Me gusta la Educación Superior. Creo que no soy profesor de un centro, ni de una facultad, sino de la Universidad en general, siento orgullo de ello. Para mí es muy importante que mis alumnos, compañeros y amigos en el extranjero me identifiquen como profesor de la Enseñanza Superior Cubana. En primer lugar, porque este nivel  se ha ganado mucho respeto dentro y fuera del país, por tanto, ser partícipe de él es algo grandioso. Por otro lado, tengo 41 años de labor profesional y lo único que he hecho es trabajar en la Universidad. La institución se ha convertido de cierta forma en mi casa, mi vida y mi historia. Soy de la Universidad, me formé, aprendí y le debo a ella todo lo que sé. Me he entregado y lo seguiré haciendo mientras tengas fuerzas.

-¿Cómo era la Universidad de su generación?

Soy de una generación que llega a una Universidad vacía, donde no había casi profesores. Muy jóvenes los alumnos tuvimos que asumir un papel prácticamente igual que el de esta generación. En segundo año comenzamos a dar clases. Éramos maestros por la mañana en la Facultad y por la noche para el curso de trabajadores. Eso  permitió que  nuestra formación se enriqueciera. También en aquella época se nos asignaban un sinnúmero de tareas sociales y científico-técnicas. Uno sentía que ayudaba a resolver problemas concretos de difícil solución. Fue mucho lo que aprendí, pero a la vez se construía una obra: la Universidad actual.

-¿Cuál es su visión acerca de la Universidad de hoy?

Creo que la Enseñanza Superior cubana actual es muy buena. Se perfecciona continuamente, aunque pienso que es mucho lo que nos falta por hacer. Su mayor responsabilidad en este momento radica en lograr una masividad con calidad, ya que el crecimiento asciende a cinco veces aproximadamente. El gran reto está en que existan profesores mejores preparados que ayuden a la formación de nuestros futuros profesionales. 

-¿Considera que la masividad en la Enseñanza Superior perjudica la calidad de la preparación de los estudiantes?

Pienso que la calidad depende del propio autoaprendizaje colaborativo de los jóvenes y que todo no se centre en la enseñanza del profesor. Para esto hay que lograr una motivación en el educando y una infraestructura de materiales adecuados.

Por otro lado, se requiere de una buena preparación del maestro para que él sea quien dirija, oriente y controle ese proceso. Si se logra el vuelco de calidad por la masividad, eso no solo va a tener trascendencia en la propia Universidad sino en las sedes municipales. Este fenómeno nos lleva a cambiar nuestras formas de enseñar.

Ese cambio, apoyado en las tecnologías de la información y las comunicaciones, propiciará que se gradúen profesionales más independientes y preparados para la vida. Pienso que a medida que haya un incremento, seguiremos buscando nuevas alternativas.

-¿Cuáles cree usted sean los principales problemas que presentan los estudiantes que ingresan a la Universidad?

El mayor problema de estos jóvenes radica en la caligrafía y ortografía, elementos vitales en un futuro profesional. No escribir correctamente le puede llevar a uno a no pensar como se debe, ya que lenguaje y pensamiento van de la mano. Por lo tanto, es algo que preocupa, porque se necesita un pensamiento analítico y reflexivo para estudiar en el nivel superior y para el desenvolvimiento en la vida. Son deficiencias que tenemos y que es responsabilidad tanto del preuniversitario como de la propia Universidad.

-¿Cómo puede llevar a la vez la investigación y la labor como asesor?

Trato de relacionar la investigación con las demás tareas. Tengo dos líneas de investigación, una que tiene que ver con el perfeccionamiento del currículo, por tanto, de mi trabajo diario voy sacando mi investigación. La otra está relacionada con la docencia, es decir, con mi labor en la Facultad de Biología. Esto implica utilización máxima del tiempo y unirse siempre con personas que realmente amen el trabajo y se conviertan en colaboradores tuyos. 

-¿Si le dieran a escoger entre todo lo que hace, con qué se quedaría?

Si tuviera que dejarlo todo y quedarme con solo una cosa, nunca abandonaría mi intercambio con los estudiantes de pre y postgrado porque eso es lo que realmente me mantiene vivo y fresco.

-¿Ha pensado en el retiro?

No.

-¿Por qué?

Muchas personas no se retiran por problemas económicos. En mi caso no me jubilo porque aún me considero útil, creo que mi trabajo es factible para la Educación Superior y todavía logro que mis estudiantes se sientan satisfechos con mi labor. El día que mis alumnos se aburran y yo no sea capaz de aportarles nada, quisiera que un amigo me dijera que es hora de retirarme… quizás yo no sea capaz de darme cuenta.

-¿Cuál es su mayor satisfacción?

Me considero un buen investigador y un profesional logrado, pero mi satisfacción está cuando doy clases en el pregrado con los jóvenes, cuando el alumno se me acerca con respeto y mucha admiración porque haya sido su profesor, eso son cosas que no se explican con palabras, pero uno es capaz de verlo en los ojos de ellos. Ese respeto y orgullo que percibo en los estudiantes me revitaliza, llena el espíritu de sustancia y dan la razón de ser.

-¿Cómo es el apoyo de la familia?

Total. Mi familia, de cierta forma, está metida en la misma rueda. Mi esposa es profesora en la Facultad de Química, nos graduamos juntos. Mi hijo trabaja en el establecimiento de red informática y su esposa es también profesional, pertenece a la Oficina del Historiador. Nos entendemos muy bien, nos ayudamos y divertimos cuando hay que divertirse. Realmente me siento acompañado y apoyado.

-¿Qué mensaje envía a la juventud cubana?

Que se esfuerce y estudie mucho, que en la vida con tenacidad y sacrificio se logra lo que uno se propone. Recomiendo, además, que se divierta bastante porque la juventud es una sola, pero con responsabilidad y capacidad para llevar ambas cosas. Que sean buenos compañeros y amigos en el sentido de colaboración y ayuda.

Esta entrevista forma parte del libro en preparación Nosotros, los del 280, escrito como examen final del género por alumnos de Periodismo de la Facultad de Comunicación de la Universidad de La Habana, a propósito del aniversario de la casa de altos estudios cubana.

FICHA TÉCNICA:

OBJETIVO CENTRAL: Conocer acerca de la vida del profesor Roberto de Armas.

OBJETIVO COLATERAL: Reflejar sus criterios acerca de la Enseñanza Superior. Destacar sus puntos de vista. Cómo es su vida personal.

TIPO DE ENTREVISTA:
Por su forma: Clásica
Por su contenido: Personalidad
Por el canal que se obtuvo: Directa

TIPO DE TÍTULO: De alusión o frase literaria
TIPO DE ENTRADA: Biográfica
TIPO DE CUERPO: Preguntas y respuestas
TIPO DE CONCLUSIÓN: De comentario del entrevistado

FUENTES CONSULTADAS: El entrevistado, Roberto de Armas. Fuente directa, activa.

¿CONVERTIR A LA FIERA EN ÁNGEL?

¿CONVERTIR A LA FIERA EN ÁNGEL?

LUISA MARÍA GONZÁLEZ GARCÍA,
estudiante de primer año de Periodismo,
Facultad de Comunicación,
Universidad de La Habana.

Fulgencio Batista ahora es un héroe en Miami, ¿dónde si no? La camarilla de batistianos —personas que rinden culto a su “obra”—  se ha dedicado en los últimos años a tratar de reivindicar la personalidad del fallecido dictador. Empresa difícil.  

Celebraciones van y celebraciones vienen, como si eso pudiera convertir a la fiera en ángel. Según el Nuevo Herald, el 14 de enero de 2001 se realizó una misa en la iglesia de San Juan Bosco de Miami para homenajearlo en el centenario de su nacimiento. Y como si fuera motivo de orgullo, también festejaron el aniversario del golpe militar del 4 de septiembre de 1933, que por primera vez lo llevó a la presidencia. ¿Cómo? Mediante la violencia, la fuerza y el desacato de las leyes constitucionales. Pero no hay que extrañarse, al parecer, ese era el modus operandi favorito del dictador, pues lo repitió el 10 de marzo de 1952. 

Los libros también han sido llamados a cumplir con la labor “redentora”. El historiador Frank-Argote Freyre escribió uno con un título bastante ambiguo: Fulgencio Batista: De revolucionario a hombre fuerte, ¿qué quiere decir con ese juego de palabras? Se suma Murciélagos en un burdel, y versa sobre el asalto al Palacio Presidencial en 1957. El autor, Gregorio León, se niega a describir a Batista como el “sanguinario que ha trazado el régimen cubano”, ¿acaso no fue así? Mala memoria que tienen algunos. Oportunismo a pulso. También una novela se encuentra en preparación, de la escritora de origen cubano Zoe (¿Soez?) Valdés, quien ha declarado que Batista “hizo mucho bien a su país”. Pura palabrería de pacotilla en el sentido más literal de la palabra, porque quién sabe cuánto dinero hay detrás.  

En el 2005 la familia de Batista donó a la Cuban Heritage Collection de la Universidad de Miami miles de documentos (cartas, fotos, manuscritos, recortes de publicaciones, libros, revistas) que abordan sobre todo el período de exilio, de 1958 hasta 1973. Me habría gustado que donaran también documentos sobre su etapa de presidente, en la que según declaró su hijo Fulgencio Rubén “Papo” Batista en una entrevista, habían sido importantes sus aportes a las obras públicas, su labor educacional y sanitaria, su impulso a la economía y sus leyes sociales.

¿Será eso verdad? ¿Por qué no donan documentos para comprobarlo? Tal vez, porque es imposible: su gestión presidencial fue siniestra y esto sí puede demostrarse, como también puede probarse los cientos de asesinatos, el baño de sangre con que marcó a este país.

Sobre la economía, basta decir que el 1ero. de enero de 1959, la Revolución encontró una deuda exterior de 788 millones de dólares y la balanza comercial con Estados Unidos era tan desfavorable que alcanzaba los 603,4 millones. Hasta esa fecha, el 8% de los propietarios poseían más del 70% de las tierras cubanas, y la mayoría eran latifundistas norteamericanos.

En cuanto a la educación, de seis millones y medio de habitantes que tenía el país, dos millones eran analfabetos o semianalfabetos. El nivel educacional promedio de los mayores de 15 años era inferior al tercer grado, y sólo un 15% de los jóvenes entre 15 y 19 años recibía algún tipo de educación. Más de 600 mil niños no tenían escuelas.

En 1958 prestaban servicios de Salud Pública sólo 8 206 trabajadores, hoy son más de 500 mil. La tasa de mortalidad infantil superaba los 60 niños fallecidos por cada mil nacidos vivos y la expectativa de vida era de apenas 55 años. 

El desempleo era otro triste indicador. En 1958 había 549 mil desocupados de una fuerza de trabajo calculada en poco más de dos millones de personas. Eso sin contar con los desempleados temporales así como los que realizaban labores ocasionales. Tal es el caso de los 700 mil empleados azucareros que sólo trabajaban los tres meses de la zafra. El resto del año, el tiempo muerto, estaban condenados a la miseria y al hambre.

Pero Batista no fue sólo un mal presidente, un ególatra, un perro faldero de los yanquis: fue también un excelente discípulo de Adolfo Hitler. Tras su nombre reza una lista interminable de torturados, asesinados y desparecidos, cuyo único pecado fue desear y luchar por un futuro mejor para su pueblo.

Un episodio evidencia su actitud de dictador sanguinario. Después del asalto al cuartel Moncada, dio órdenes tajantes: por cada soldado caído o herido en el combate, él quería muertos a diez jóvenes asaltantes. Durante varias semanas, en los alrededores del cuartel se escucharon gritos y en el suelo corrió la sangre. Las mazmorras del Moncada se convirtieron en un laboratorio de muerte.

Ese hombre fue Fulgencio Batista, y no otro, “el héroe”, el que hoy tratan de reivindicar y engrandecer en Miami. 

 

MORRO-CABAÑA

MORRO-CABAÑA

DAYNERIS MACHADO VENTO,
estudiante de cuarto año de Periodismo,
Facultad de Comunicación,
Universidad de La Habana.

El Cíclope luminoso mira hacia al Cabaña. Le niega su luz, y rápidamente vuelve a inundarla de resplandores amarillos. El Cíclope luminoso no puede negarle la mirada a su Cabaña, entrañable amiga, confidente eterna.

Ayer vestidos de barras y estrellas, llorosos, abandonados. Hoy llenos de letras, de páginas, de libros y sonrisas. Ayer y hoy, Faro y Cabaña.

Y si el Faro se apagara, la Cabaña padecería su ausencia, como dama abandonada en el altar. Y si a la Cabaña se le extraviara una de sus piedras, solo una de sus antiquísimas piedras, el Morro inundaría el mar de puntos luminosos, como lágrimas brillantes que se apagarían un día para siempre.

Historias de caballeros entre fosos y escaleras; historias de héroes entre oficinas improvisadas con vista al mar. El mar. Siempre el mar, golpeando al tiempo detenido.

Un cañonazo, el mismo de hace doscientos años. Justo en el momento del sonido de guerra el Cíclope luminoso y la Cabaña se miran, sonríen, cierran los ojos arrugados y llenos de vida, y se asientan un poco más en el lecho del mar...corazón habanero.

 

MARYS POR PETRÓLEO

MARYS POR PETRÓLEO

JUSTO PLANAS CABREJA,
estudiante de cuarto año de Periodismo,
Facultad de Comunicación,
Universidad de La Habana.

Las civilizaciones caen al paso de los nuevos mongoles. La invasión norteamericana en Irak ha provocado una destrucción cultural solo superada históricamente con aquellas quemas de la Biblioteca de Alejandría que atrasaron siglos el desarrollo científico de la humanidad.

Los Estados Unidos no solo permitieron el saqueo del Museo y la Biblioteca Nacional de Irak sino que contribuyeron con él. Un grupo de abogados y directores de museos de Nueva York que integran el Consejo de Estados Unidos sobre la Política Cultural (ACCP) soñaron junto al Pentágono su propio futuro para el patrimonio tangible iraquí. Y fue un sueño imperialista.

El contrabando de arte iraquí alimenta las mansiones del Norte, y los bolsillos del ACCP.  Las huellas de las civilizaciones Babilónica y Mesopotámica se exhiben en las mansiones norteamericanas y británicas. Sus dueños acaudalados las ostentan junto a las cabezas de los leones cazados en África, o los tigres disecados de la India. Estas obras de arte, como el león y el tigre, no tienen cuerpo; perdieron todo su valor histórico. El contexto en que las crearon lo destruyeron las excavaciones salvajes. Tampoco tienen valor artístico. No importa, aquellos que la vendan y aquellos que la compran solo pueden ver su único valor, el de cambio, su precio.

La peor guerra que embate a Irak, sin embargo, no puede verse. Junto al fuego que arrasó con la Biblioteca y el Museo Nacional de Irak se quemó un pedazo del corazón de su pueblo, un pedazo de su memoria, y un pedazo de su futuro.

Esas piezas eran importantes testigos del orgullo de los iraquíes por su historia. En la ciudad de Ur vivió  según cuenta la Biblia el mítico Abraham. En la ciudad de Ur viven según cuenta la prensa los soldados norteamericanos. Allí construyeron su base militar. Las paredes milenarias de Ur exhiben la vergüenza del pueblo iraquí: “I love Mary”, resume un graffiti la política del gobierno norteamericano.

El imperialismo ya no cambia lámparas nuevas por lámparas viejas porque las alusiones a la historia de Aladino están de luto desde que los ejemplares más antiguos de las Mil y Una Noches ardieron en la Biblioteca Nacional de Irak. Cambian una Mary, anoréxica, rubia, cambian sueños americanos por petróleo iraquí.

Las Mary aún no han entrado. Esperan que se apacigüen los iraquíes. Esperan que sin museos, sin bibliotecas y sin monumentos, los iraquíes olviden que por sus venas corre pura la sangre de los mesopotámicos y los babilonios, padres de la historia universal. Pero las culturas milenarias no se olvidan. Los iraquíes todavía hacen su historia con pequeñas bombas, con piedras, con las manos.


LO MÁS LEÍDO EN JUNIO Y JULIO

LO MÁS LEÍDO EN JUNIO Y JULIO

Blogia reporta automáticamente lo más leído en las weblogs. En los meses de junio y julio fueron, en este orden, los siguientes trabajos:

1.-Marca para toda la vida, de YADIRA MARTÍNEZ PADRÓN Y ONEIDYS HERNÁNDEZ VIDAL.

2.-Las Olimpiadas de la antigua Grecia, de http://www.aprendergratis.com

3.-Gordas desnudas, de IRAIDA CALZADILLA RODRÍGUEZ.

4.-DesnudArte, de ANA LEYVA DEHESA.

5.-Madame Bovary: en medio del puente, de ELIZABETH MIRABAL LLORENS.

6.-Hay amores que matan... y modas también, de DANAY GALLETTI HERNÁNDEZ.

7.-Fisiculturismo, ¿arte o deporte?, de RAFAEL IVÁN CONCEPCIÓN MENENCIA.

8.-Nunca es tarde para amar, de ONAISYS FONTICOBA GENER.

9.-Lenguaje de niños, de VENUS CARRILLO.

10-Costa Rica VS dominación imperialista, de JOHANA LEZCANO LAVANDERA.

 

AL MEDIO DE LA ISLA

AL MEDIO DE LA ISLA

Historia y modernidad en puja y unión aparecen provocadoras en Sancti Spíritus, la séptima mayor provincia cubana, anfitriona que marca el fiel de la ruta entre el occidente y el oriente del verde caimán.

IRAIDA CALZADILLA RODRÍGUEZ

Como maga de sombrero negro y profundo, Sancti Spíritus exhibe sin apuros sus variopintos atractivos. Parece como si en ese pedazo cubano donde confluyen las mitades del país, se diera la pluralidad de escenarios que el caminante necesita para echarse a soñar en pasado y presente sin necesidad de máquinas del tiempo.

Dos villas son de las fundacionales: Trinidad y Sancti Spíritus, las que el Adelantado Diego Velázquez tuvo a bien estrenar allá por 1514 y con breves meses de diferencia, encantado de una naturaleza exuberante y urgido de bien llevar la economía de la corona. Y cinco siglos después, todavía están en pie, exultantes, ahítas de valores patrimoniales, históricos y culturales que develan épocas, costumbres y tradiciones cual retratos en sepia y a color.

Por demás, el antiguo territorio queda expandido a provincia con otros seis municipios: Cabaiguán, cuyo nombre nativo significa tierra de iguanas; Fomento, escoltado por las cuencas de los ríos Agabama y Zaza; Jatibonico, cruzado por la Carretera Central, debe su nombre a las aguas fluviales que lo bañan; Taguasco, los indios así le llamaron por la profusión de palmas de corojo; Yaguajay, de imperecederas páginas históricas en el proceso revolucionario de finales de la década de los años 50; y La Sierpe, con un litoral de llanuras bajas y manglares de un lado y lagunas por el otro.

La Bella Durmiente

A los pies del macizo montañoso de Guamuhaya y atrapada en la yuxtaposición de códigos arquitectónicos que rememoran a la España del siglo XVIII y la Europa del XIX, Trinidad es una ciudad en la que la modernidad asoma secundaria y deja paso reverente a la remembranza colonial. Calles, adoquines, rejas, vetustos palacetes de patricios azucareros, colores pasteles en las casas reafirmando la brillantez del trópico, callejones de subida en sofocos, son emblemas de esta villa llamada La Bella Durmiente de Cuba, y cuyos valores andan en la permanencia de un conjunto urbano declarado por la UNESCO, en 1988, Patrimonio de la Humanidad. 

En el centro histórico de 50 hectáreas, 1 200 edificaciones hablan de la euforia azucarera de pasados tiempos, cuando la localidad logró asentar en el Valle de los Ingenios 40 casas de producción de azúcar. De ese esplendor de dineros quedan renovados el Palacio de Brunet, hoy Museo Romántico, con alfarjes que catalogan entre obras de arte, pinturas de refinamiento en colores y descripciones, colecciones de muebles salidos de manos de maestros carpinteros del terruño, quienes arrebataron a la caoba y el cedro los secretos de madera buena, y un muestrario de cristalería de Bohemia, cerámica de Talavera de la Reina y porcelana fina, que le hacen de las exposiciones más sobresalientes de su tipo en la isla.

Pero ese será el primer encuentro. Habrá tiempo en un día de sol ardiente para recorrer en descansos la Parroquial Mayor, con el altar de madera de estilo neogótico y consagrado a la Santísima Trinidad; la Casa Padrón, revivida en Museo de Arqueología Guamuhaya; Casa de Alderman Ortiz, con excelentes galerías del Fondo de Bienes Culturales; Palacio Cantero, asiento del Museo Municipal de Historia; y las casas de notables como los Sánchez Iznaga, los Borrel, y los Malibrán, estos últimos, de los pocos que otorgaron a su vivienda dos niveles.

En ese desandar entre historias y leyendas sabidas por cualquier trinitario cual abc nutricio, no viene mal una escapada para probar en La Canchánchara la bebida de igual nombre. El licor es una receta reinventada para estos tiempos modernos, pero patentizada por los mambises en el siglo antepasado: ron, miel de abejas, agua mineral y hielo. Sabrosa y resbaladiza. Potente, explosiva, mientras se escuchan los tambores batá. 

Esa es la Trinidad de música parida raspando dos machetes, o salida de la quijada de un buey difunto, o de la marimbola africana con cuerdas de bronce o cobre. Es la ciudad donde sus gentes blasonan de fina artesanía de yarey, de múltiple lencería en lino, de vida familiar en la tradición del buen morar. Desde la Plaza Mayor, donde nació toda, la villa es un bullir de antes y de ahora. Indetenida.

Valle, sierra y mar

Si la historia tiene asiento en la villa, no demerita el suyo el otrora Valle de San Luis, actual Valle de los Ingenios por la conglomeración de fábricas de azúcar que hubo allí en épocas pasadas y donde se dice llegaron a producirse 60 000 arrobas de la dulce gramínea. En ese museo al aire libre, las investigaciones indican la existencia de 65 sitios de interés vinculados de algún modo a la industria azucarera. Entre ellos se destacan la Torre Iznaga y la hacienda Manaca Iznaga. Desde 1988 la UNESCO lo declaró también Patrimonio de la Humanidad.

Y no queda a la zaga la naturaleza insurgente del macizo montañoso de Guamuhaya, cuyo relieve fascinante solo lo supera el de la Sierra Maestra, al oriente cubano. Allá está el Pico San Juan, la mayor elevación central del país. Toda la zona es esplendente en saltos de aguas, cavernas, valores históricos y naturales, vegetación de helechos arborescentes, eucaliptos, árboles maderables y medicinales.

En ese paraíso en las alturas se asienta un complejo sanatorial en la zona de Topes de Collantes. Es una aventura admirar las siete variedades de helechos arborescentes, los pinares y las tencas, en un clima que favorece los 20 grados Centígrados durante el día.

En fiesta de pluralidad, las playas de la Península de Ancón clasifican con casi seis kilómetros entre las mejores de la costa sur, y los arrecifes coralinos son vastos y de buen empleo para el buceo. Los hoteles Ancón y Trinidad del Mar, se erigen en esa zona de privilegios, aunque también a corta distancia saludan Las Cuevas y Costasur.

Y en rápido vistazo al entorno, no puede faltar el río Zaza, el segundo en extensión de Cuba, solo antecedido por el Cauto, y la presa de igual nombre, el mayor espejo de agua dulce de la Isla. Son también imprescindibles arterias fluviales como el Hanabanilla con sus cascadas de asombros y el Agabama, que parte en dos mitades las montañas de Guamuhaya y da nacimiento a las sierras de Trinidad y Sancti Spíritus. Estas son tierras paridoras de caña de azúcar, tabaco, café y cítricos, cuatros emblemáticos rubros cubanos.

La tierra del Yayabo

Trinidad y Sancti Spíritus tienen en común el amor por el Puente del Yayabo que las embrida desde 1825 con su inocencia de paso medieval sostenido por cinco arcos abovedados, únicos de su tipo en la isla. El río que le da nombre es una delgada cinta allá abajo, pero no hay espirituano que no endilgue un piropo a ese fluir anémico que les da nombre y gloria. Y será esa joya de pasadera, junto a la propia villa, las merecedoras del rango de Monumento Nacional.

Pero la ciudad en los albores del XXI recibe al andariego con la mesura de lo raigal. Ahí están la Parroquial Mayor, una de las más significativas obras del siglo dieciochesco cubano, y cuya planta es semejante a la parroquial de la Villa de Alcor, en Huelva. Desde el campanario, un sempiterno reloj marca el devenir del tiempo, anunciando amaneceres a los espirituanos. Y tras la ruta española, en el Museo Provincial se hallarán azulejos del ceramista Aguado, quien tuvo de musa la casa del Greco, ese otro grande del arte clásico.

En el Museo de Arte Colonial, colecciones de muebles, cristalerías y porcelanas darán la bienvenida al transeúnte, buscador de las esencias culturales de un país, de una ciudad y sus gentes hospitalarias, educadas y orgullosas de su origen.

En este Sancti Spíritus de unión sin discordancias entre el ayer y el hoy, entre lo viejo y lo nuevo, no hay calores de ahogos para caminar por el parque Serafín Sánchez –en honor al insigne patriota de la ciudad- y las construcciones neoclásicas que lo rodean conformando un conjunto Monumento Nacional, o pasear por frente el hotel Plaza, de excelente ubicación, o recordar el Perla de Cuba, que en las primeras décadas del siglo XX causaba asombros por sus lujos. O escuchar en la Casa de la Trova a buenos tríos tradicionales que harán evocar amores.

Más allá, en la parte vieja de la ciudad, darán el saludo vetustas y espaciosas puertas invitadoras al hogar, techos de colores rojos, callejones de piedras lustrosas y faroles encendidos en la noche, iluminando balcones prestos a las serenatas. 

Pero, por encima de todo lo que el visitante pueda recorrer y ver en este medio de la isla, valga en repitencia su gente innovadora, suficiente para encontrar solución a cualquier entuerto, capaz de “subir o bajar el moño” al más pintado de los mortales. Sagaz en el oficio de vivir.