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Isla al Sur

TRES EN UNO

TRES EN UNO

Efraín Martínez, único entrenador cubano en el estado de Lara, Venezuela, logró llevar esta región a los primeros peldaños en los juegos nacionales, después de haberse encontrado entre los últimos. 

JOHANNA  PÉREZ  MARTÍNEZ,

estudiante de primer año de Periodismo,

Facultad de Comunicación de la

Universidad de La Habana.            

Efraín Joaquín Martínez Reyes, licenciado en Cultura Física, seducido por el mundo del deporte, prefirió cambiar el  solfeo  por una raqueta de tenis de campo. Luego mudó esta por una bicicleta, pues a los 16 años comenzó a practicar ciclismo  y supo que viviría enamorado de ello. Cumplió misión internacionalista en la hermana República de Venezuela, donde obtuvo la medalla de clase única ”Juan Guillermo Iribaren” que entrega el estado de Lara, y fue el entrenador más destacado del último semestre de 2006. Por tal motivo decidí entrevistarlo, para que se conozca su trabajo y la magnífica persona que es.

¿Si estudiaba solfeo cuando niño, por qué se vinculó al deporte?

Cuando estudiaba música era menor y no sabía lo que hacía, es decir, no conocía mi objetivo principal y comencé entonces a practicar tenis de campo con  los niños del barrio y la escuela. Esto no me bastó, pues con el tiempo me di cuenta que no era lo que me gustaba. Influenciado por mi hermano mayor, atleta de ciclismo, ya fallecido, matriculé en la escuela de deporte Adolfo López Mateo en esa especialidad y supe entonces que esa era mi verdadera vocación.

El entrevistado, al hablar de su hermano Jesús Martínez, se emociona:”El influyó hasta en mi modo de pensar”, afirma. ”Me daba consejos de psicología y pedagogía. En mis experiencias, en los consejos  que les doy a mis atletas, en mis conocimientos, en mi conducta social, en todo siempre hay algo de él porque era mi ídolo”.

¿Momentos difíciles en su trabajo?

El momento más difícil en mi trabajo fue cuando empecé a entrenar triatlón en 1994, apenas sin recursos, pues producto al escaso material deportivo, tuve que  dejar de entrenar ciclismo.

¿Cómo comenzó?

De cero, busqué atletas con aptitudes para esa disciplina y trabajé con recursos propios. Fueron momentos difíciles, pues apenas se tenía apoyo de la provincia. Con el tiempo fui cosechando lo que sembré porque empezaba a sentirse La Habana, en los campeonatos nacionales.

¿Cuándo descubrió la pasión por el triatlón?

Fue un día en la playa Santa María del Mar. Yo montaba bicicleta por las calles cuando vi una competencia de ese deporte. Esto me encantó, ver a los deportistas realizar tres niveles de esfuerzo, es decir, nadar, montar bicicleta y correr, seguido uno detrás del otro. Fue entonces que busqué la forma para trabajarlo.

¿Por qué y cómo llega a Venezuela?

Estaba propuesto para ir a prestar colaboración en Guatemala, solo después de las elecciones de ese país, hasta enero del 2004, pero se presentó la solicitud de Venezuela para trabajar en el estado de Lara, a raíz del convenio Cuba-Venezuela, prioridad del INDER. Fui escogido entonces por ser el único entrenador propuesto por la Federación Cubana de Triatlón en ese momento, debido a mis resultados en el campeonato nacional y tener tres atletas promovidos en el equipo nacional.

Mi mayor aporte es, sin duda, haber llevado mi trabajo al hermano país  entre diciembre de 2003 a enero de 2006, ya que el estado de Lara se hallaba en el último lugar en los juegos nacionales de 2003 y en los del 2005. Con mi esfuerzo, ocupó el quinto puesto entre los 24 estados. Mi deporte resultó ser el de más progreso cualitativo allí.

¿Cuál considera que debe ser la mayor virtud de un entrenador?

Primero, amar su trabajo; segundo, ganarse el respeto y la admiración de sus atletas y de sus compañeros de trabajo; y tercero, que su experiencia sirva de ejemplo para otras generaciones de atletas y entrenadores. Lo que se resume en trabajar, trabajar y trabajar.

¿Qué opina sobre la práctica del triatlón?

Pienso que se ha logrado llevar a muchas partes del país donde no se hacía anteriormente. Creo que es un deporte con mucho futuro y que deberían promocionarlo más, tanto en Cuba como en otras partes del mundo.
 
Estoy satisfecho con mi trabajo hasta hoy, pero esto no quiere decir que no luche por seguir adelante. Estoy orgulloso de lo que he podido lograr porque todo lo he hecho con mis condiciones y posibilidades y siempre tomando el ejemplo de mi hermano, pues gracias a los valores profesionales, éticos y morales que me inculcó he podido ser lo que soy: un hombre presto a trabajar donde se necesite.   
 
Ficha técnica:

Tipo de entrada: Directa o de presentación
Tipo de titulo: Llamativo
Tipo de conclusión: De opinión o comentario de entrevistado
Tipo de cuerpo: Mixto
Clasificación por su contenido: De personalidad

¿TODO POR UN AZUL?

¿TODO POR UN AZUL?

“A pesar de los precios, que aún son prohibitivos para muchas personas, los souvenir de Industriales se venden como pan caliente”, asegura Julio Hernández Diez, director comercial de la Industria Deportiva Cubana.

DAYANA KINDELÁN,

estudiante de primer año de Periodismo,

Facultad de Comunicación de la

Universidad de La Habana.

Su visita a la tienda del Estadio Latinoamericano no había sido lo que él esperaba, a pesar de haber concluido la XLVI Serie Nacional de Béisbol, un pulóver de su equipo costaba $12.50 CUC.

“Industriales es para todo el año”, pensaba Lázaro, mientras caminaba molesto por la avenida del Cerro: “Tengo 60 años y no debo disgustarme sin necesidad, me voy a enfermar”.

No podía evitar enfadarse, quería lucir con orgullo la camiseta que lo identificase como un industrialista de pura cepa, pero a ese precio no la iba a conseguir. 
 
La historia de los souvenir
 
“Hace cuatro años la Industria Deportiva Cubana firmó un convenio con la firma canadiense Apello, para la producción de pulóveres y gorras de todos los equipos de béisbol del país”, relata Julio Hernández Diez, director comercial de dicha institución nacional.

Desde aquel entonces se han vendido en el país estos productos, pero con un lento movimiento por su elevado precio, incluso mayor que el actual.

“Durante la 46 Serie Nacional de Béisbol, específicamente en la fase final, la afición se sintió más identificada con sus equipos por esos artículos que ofrecemos a las tiendas Caracol. La institución abogó por una rebaja en los souvenir para acercarlos más a las posibilidades del pueblo. Sin duda, fue en la etapa de Play Off que aumentó la venta de estos productos, pero sólo los del equipo capitalino”.

Según el directivo, “a pesar de los precios, que aún son prohibitivos para muchas personas, los artículos de Industriales se venden como pan caliente, la afición da lo que sea por adquirirlos e identificarse con su equipo”.

“La calidad es muy buena, la gorra es bordada y los pulóveres tienen una adecuada tela, por lo que el precio al que la empresa lo facilita a los establecimientos es bastante bajo. Más no podemos hacer, nuestras  ganancias son mínimas”.

La tienda del Latinoamericano

Para muchos visitantes asiduos del Estadio Latinoamericano, por demás aficionados al equipo Industriales, los precios de los productos son “una locura, y coinciden en que se debería pensar en la población que realmente ama al deporte nacional.

“La idea es muy buena, pero deberían bajar los precios. Yo soy fanático a los azules, a pesar de que  no pagaría un pulóver a ese costo”, expresa Mario Peñalver, vecino del municipio Marianao.

Otros creen que si se vendieran los productos en moneda nacional todo estaría resuelto y muchos ahorrarían durante la serie para adquirirlos.

Pero la historia es otra en la tienda del mencionado estadio. Niurka Sánchez, la dependienta, considera que se ofrecieron suficientes alternativas para complacer todos los gustos y posibilidades.

“El pulóver original costaba $12.50 CUC, por lo que se vendió una variedad de ese producto en otro color (blanco) y con menos calidad al precio de $4.50, para los que no pudiesen pagar aquel precio.

“Acción similar se llevó a cabo con las gorras: se vendieron algunas con un valor de $1.90 CUC, incluso se ofertaron gorras de cartón a $0.25 CUC para quienes veían inalcanzable el precio de $13.75 pesos convertibles de la gorra original”.

Según afirma Niurka, “la venta le ha dado promoción a nuestra instalación, muchos no la conocían, y mayor apoyo de la afición al equipo Industriales. Algunos precios eran altos, pero el que no podía llevar el producto más caro, entonces adquiría el más barato”.

En esta instalación los seguidores del equipo insignia de la capital cubana pueden encontrar, entre otros productos alegóricos, gorras de tela y de cartón, pulóveres azules y blancos, jarras de artesanía, carteles y postales.

“Todos los materiales han tenido muy buena aceptación en el público, son pocos los que se quejan de su precio”, afirma la dependienta.

Los que se quejan, ¿algo les duele?

“Es increíble ver cómo ahora tener una camiseta de Industriales o una gorra es parte de la moda. Los jóvenes todo lo encuentran bien”, comenta José Fernández, conocedor del deporte nacional quien polemiza acaloradamente en el Parque Central.

“El deporte es más que tener o no una insignia, en este caso, deberían ofrecer esos productos para que la población se identifique con sus conjuntos, pero siempre pensando en todas las capas sociales, sobre todo en los jubilados. Nosotros no podemos pagar tales precios”.

“Ver por las calles todos esos carros con los carteles y las chapas es muy bonito, uno se siente emocionado y representado; pero es muy triste también porque no te sientes realmente seguidor del equipo que te gusta porque no tienes nada que lo demuestre”, manifiesta Alexis Izquierdo, del municipio Marianao.

Según Sonia Pujols, profesora de Educación Física del nombrado municipio, “todos los aficionados del béisbol, y de Industriales, nos sentimos menospreciados cuando vemos a tantas personas que, sin amar tanto a los leones del equipo azul, lucen sus iniciales con orgullo. Todos los industrialistas quisiéramos tener camisetas azules o blancas, desgraciadamente no podemos”.

“En realidad la venta crecería si los precios fueran en moneda nacional y más bajos, incluso si los productos estuvieran al alcance de los aficionados durante el año entero, y fueran de todos los equipos del país; pienso que tenemos derecho a lucir nuestra insignia”, expresa Orlando Mejías, vecino del coloso del Cerro.

“A nosotros nos gusta la pelota, más si es Industriales, pero como los materiales que venden del equipo son en dólares, y los salarios que recibimos en moneda nacional, entonces nunca podremos tener nada para apoyarlos cuando asistamos al Latino”, afirman Marta y Pepe, matrimonio aficionado al béisbol. 
 
Los que no se quejan

Desde el punto de vista de Osmel Gonzáles, joven del municipio Cerro que lleva una camiseta de Industriales, “la idea es magnífica y todos deberían pensar que es un artículo de un equipo de calidad, que podría costar mucho más de su valor actual”.

Un grupo de jóvenes que compraba gorras de Industriales en el Palacio de la Artesanía, manifestó que “las personas no tienen derecho a criticar el precio de ningún producto. Si este me gusta, y es del conjunto que sigo, entonces lo compro. Nadie puede impedirme que gaste mi dinero en lo que quiero”.

Según Pablo Serrano, trabajador del comercio del municipio Marianao, “la idea de los souvenir es muy buena, y también su precio”, porque para él Industriales es casi como de las grandes ligas.

“Las personas nunca están conformes con nada, si le vendes caro protestan, aunque no es el caso, y si le vendes en moneda nacional, entonces estás rebajando el nivel del equipo. ¿Quién los entiende?”, alega Susana Macías, peluquera particular del municipio Habana Vieja, quien luce una gorra de Industriales.

Agustín Alonso Gutiérrez, comisionado de la Comisión Provincial de Béisbol, ve con beneplácito la venta de estos productos de Industriales y considera que la población se siente contenta con ellos porque de ese modo aumenta el apoyo de los ciudadanos.

La fiesta interminable

Pero los artículos de Industriales no se agotan, aún en locales como la tienda del Estadio Latinoamericano, el Palacio de Artesanía, El Tele Correo del Aeropuerto José Martí, la Manzana de Gómez en la Habana Vieja y la tienda de 23 y 12 en el Vedado, se ofrecen estos productos con el mismo precio que resulta prohibitivo para muchos.

Hoteles como el Meliá Cohíba, Habana Libre, Comodoro, Hotel Nacional, Hotel Plaza, Inglaterra y Riviera, también venden esos materiales deportivos alegóricos a todos los equipos de béisbol de Cuba.

Algo tenía que hacer Lázaro, se sentía frustrado sólo de imaginar que como jubilado no podría adquirir esos productos en años. 

“No puedo quedarme con los brazos cruzados mientras todos llevan orgullosos a Industriales en su corazón. La gorra ya la inventaré, la pintaré o reforzaré la de cartón que es la más barata, pero algo haré. Creo que lo mejor será que ahorre para el próximo Play Off, de otro modo me será imposible adquirir algo”, piensa y repiensa este furibundo industrialista.

FICHA TÉCNICA:

Tesis: Los precios de los productos con la insignia del equipo Industriales resultan demasiado altos para la media de la población. La venta de ellos en moneda libremente convertible y a esos costos crea diferencias entre los aficionados.

Tipo de reportaje: Reportaje interpretativo. Ofrece al lector las aristas del problema planteado y las posibles soluciones, con el objetivo de que éste infiera el rumbo que tomarán los hechos.

Tipo de título: Título llamativo
Tipo de entrada: Anecdótica
Tipo de cuerpo: De bloques temáticos
Tipo de cierre: Cierre de caso 

Estrategia de fuentes:

Fuentes activas:

Director Comercial de la Industria Deportiva, Julio Hernández
Dependiente de la tienda del estadio Latinoamericano, Niurka Sánchez
Comisionado de la Comisión Provincial  de Béisbol de Ciudad de La Habana, Agustín Alonso
Destinatarios: Población de los municipios Habana Vieja, Cerro y  Marianao.
Asistentes al Estadio Latinoamericano.

Transiciones:
 
La tienda del Latinoamericano
Los que se quejan, ¿algo les duele?
Los que no se quejan
La fiesta interminable
 

 

 

 

CONTEMPLANDO LAS ESTRELLAS CON LILIA FERREYRA

CONTEMPLANDO LAS ESTRELLAS CON LILIA FERREYRA

ELIZABETH MIRABAL LLORENS Y CARLOS VELAZCO FERNÁNDEZ,

estudiantes de tercer año de Periodismo,

Facultad de Comunicación de la

Universidad de La Habana.

Lilia Ferreyra no es una historiadora. Habla desde la memoria. No ha estudiado a Rodolfo Walsh. Tuvo otro privilegio: vivió a su lado. Conversar con ella es desandar con una guía de lujo los pasos letrados y terrestres de un periodista, un escritor, un militante, un hombre que se atrevió a hablar cuando la palabra permanecía ahogada en sangre, silenciada contra una pared cualquiera en Argentina. Mirar sus ojos claros, escondidos tras unas gafas comunes, es vibrar, estremecerse, sentir que están de más los grandes sueños cuando puede hacerse algo bueno todos los días, amar la vida y tener la vida para poder amar.

¿Por qué Rodolfo pensaba que ser escritor era un oficio violento?

Esa es una definición que él da en el año 1965. Había regresado de La Habana, donde trabajó dos años en la agencia Prensa Latina. Ya en Argentina, desde fines de 1961, se dedica fundamentalmente a la escritura de su obra literaria de ficción. Él consideraba que era el violento oficio de escribir porque, a su juicio, la literatura era un avance laborioso a través de la propia estupidez. Esa violencia del escritor era también una violencia interna, íntima, para resolver sus propias perplejidades, y por otro lado, desde su concepción, la escritura, sobre todo a partir de sus investigaciones periodísticas, interpelaba a la realidad y podía de algún modo modificarla. Él consideraba el oficio de escritor no un oficio pasivo, sino profundamente revulsivo de la propia persona y de su obra literaria en relación con el mundo exterior. 

Cuando la muerte dejó de ser algo ajeno, ¿se sentía Rodolfo presionado por el tiempo a la hora de la creación?

No se sentía presionado. Más bien estaba plenamente consciente de que esa posibilidad podía ser próxima. En los últimos tiempos hizo un regreso a la escritura, un regreso a su oficio de escritor tanto en el plano de la ficción como en el plano del testimonio. Si bien la militancia y la clandestinidad hicieron que la literatura se tuviera que correr o que postergar, en los últimos meses él organiza todo lo que había estado escribiendo sin concluirlo como una obra precisa. Tenía varios cuentos en elaboración, relatos autobiográficos y reflexiones sobre su propia relación con la literatura, con la política y con la dimensión afectiva de su existencia.

Muchos consideran que en 1957 -ocho años antes de que apareciera A sangre fría, de Truman Capote-, Rodolfo Walsh llevó a su apogeo el relato testimonial (o no ficcional) con Operación Masacre, investigación periodística que puede leerse como una de las grandes novelas argentinas. ¿Qué elementos usted reconoce en esa obra bisagra en la vida de Walsh que confirman tal criterio?

Esto que comentan está absolutamente reconocido por críticos literarios, lectores, políticos e historiadores en Argentina. Operación Masacre no es un antecedente de A sangre fría, sino que se le anticipa, porque es la investigación en la que no solo se busca descubrir, revelar o encontrar a los culpables. Es también una manera de concebir la literatura testimonial o de denuncia de modo que los personajes sean el eje central del relato. Es decir, no solo la denuncia del hecho del crimen, sino quiénes eran los sujetos de esa historia. Por tal razón, ese libro impactó y sigue impactando generación tras generación. Revela un momento de la historia argentina, un crimen político, pero también da a conocer las historias de vida de los militantes peronistas de esa época.

Dijo Walsh: "Mi relación con la literatura se da en dos etapas: de sobrevaloración y mitificación hasta 1967, cuando ya tengo publicados dos libros de cuentos y empezada una novela; de desvalorización y paulatino rechazo a partir de 1968, cuando la tarea política se vuelve una alternativa... La desvalorización de la literatura tenía elementos sumamente positivos: no era posible seguir escribiendo obras altamente refinadas que únicamente podía consumir la intelligentzia burguesa, cuando el país empezaba a sacudirse por todas partes". ¿Cree, como aseguran algunos, que Rodolfo abandonó la literatura para dedicarse al periodismo, o que más bien, nunca dejó de hacer literatura?

Nunca dejó de hacer literatura, pero partiendo de una concepción de la misma que abarca también al periodismo, al testimonio, no solo a la literatura de ficción, sino también a la de no ficción. En ese sentido, su compromiso militante se asentó en su oficio de escritor y periodista porque a partir del año 68 él empieza a integrarse a proyectos políticos de liberación de nuestro país con la creación del periódico CGT de los argentinos. La calidad de su escritura hacía que una nota periodística de Rodolfo también tuviera valor literario. La escritura es algo que está en la esencia de Rodolfo como hombre, como militante y como intelectual.

¿De qué manera usted era cómplice de su escritura?

Mi mayor complicidad era mi oído, porque Rodolfo confiaba mucho en mi sentido rítmico de la oración, de la frase, y en la carga emocional. De algún modo, en su escritura, yo cumplía un rol como de armonía o de equilibrio si había un exceso de adjetivación o si al leer una frase quedaba renga desde el punto de vista rítmico. Siempre que Rodolfo leía o escribía algo, me tenía que sentar a escuchar esa pieza. Sobre todo, se dio en la escritura de la Carta a la Junta Militar, la cual fue pulida línea a línea, y también en su último cuento Juan se iba por el río y en otros cuentos perdidos que Rodolfo me leía. Como yo intervenía desde mi oído en su escritura puedo recordar y están en mi memoria algunos párrafos y algún hilo narrativo de esos cuentos que robaron de nuestra casita en San Vicente después de su muerte.

García Márquez calificó la Carta de un escritor a la Junta Militar como una obra maestra del periodismo universal. ¿Cómo la valora a la luz de estos tiempos?

La valoro y es reconocida por muchas personas en Argentina y en otros lugares como el testimonio más lúcido y revelador de esa etapa de la historia de nuestro país. Y es el testimonio más lúcido y revelador no solo por la denuncia de las violaciones de los Derechos Humanos, la denuncia de la magnitud del terror. Rodolfo consideraba que podía resultar contraproducente la denuncia del terror sin la explicación de por qué éste se instala. Esa comprensión de por qué se instala el terror es lo que deja de lado que aquellos actos aberrantes fuesen producto de demonios o de gente maligna salida del infierno. No. Eran producto de una concepción política profundamente reaccionaria, antipopular, que intentaba preservar los privilegios de una clase dominante. Por eso, la Carta... no es solo la denuncia, sino también esa reflexión estratégica para explicar por qué se implementó ese terror. Esto se condensa en el párrafo donde dice que las peores violaciones de los Derechos Humanos "que ustedes han cometido" -porque es una carta que interpela, dirigida a la Junta Militar- no son, sin embargo, esos crímenes, sino que en la política económica de ese gobierno es donde debe verse la peor violación que es aquella que condena a la miseria planificada a millones de personas. Ese párrafo es la esencia, sintetiza lo que él quería expresar. Rodolfo puso mucho énfasis en lograr ese tono estratégico en que está escrita la Carta.... El documento fue pulido, desde el punto de vista de la escritura, palabra a palabra, párrafo a párrafo. Para encontrar ese tono, además, él recitaba en la casita donde vivíamos versos de La Eneida en latín, y de las invectivas latinas como las de Cicerón, de los grandes oradores latinos que construyen el ritmo de su oratoria sobre la base a tres cláusulas. Y en la Carta... esas tres cláusulas, esas tres oraciones son cómo lanzar una piedra en el agua: la primera hace un círculo, la segunda amplia ese círculo y la tercera... le da un ritmo que fortalece la eficacia de la palabra. El final de la Carta... también tiene esta estructura: "... sin esperanza de ser escuchado, con la certeza de ser perseguido, pero fiel al compromiso que asumí hace mucho tiempo de dar testimonio en momentos difíciles". Esto tiene un ritmo, tiene un énfasis, le da mayor profundidad al sentido de la palabra.

¿Qué quería decir exactamente Walsh cuando hablaba de oficios terrestres?

Los oficios terrestres es el título de su libro de cuentos y también es el título de uno de sus cuentos. Es una reafirmación de Rodolfo como intelectual al valorar todos los oficios terrestres, porque los oficios de los hombres y las mujeres expresan la forma en que viven, la forma en que piensan, las expectativas ante su futuro. Él siempre reivindicó mucho la vida popular, la vida de la gente que no era intelectual.

¿Qué podría relatarnos de aquella época en que usted era archivista en el diario argentino La Opinión y coincidió con personalidades como Juan Gelman y Paco Urondo?

Esa época fue como una primavera dentro de un proceso histórico político, porque ese diario surgió cuando en Argentina gobernaba una dictadura militar que ya estaba muy desgastada. Se abrió la posibilidad de que apareciese un periódico que tuviese en su plantel de redactores a compañeros de esa calidad. Sin embargo, Rodolfo nunca quiso entrar a trabajar en La Opinión porque siempre le tuvo desconfianza al director, Jacobo Timerman, que luego fue secuestrado y torturado por la otra dictadura militar.

En un país en el que existía el delito de opinión, la Agencia de Noticias Clandestina (ANCLA) fundada por Walsh, buscaba burlar el cerco informativo. ¿Cómo lo conseguía?

ANCLA era la agencia de noticias clandestina de una organización de Montoneros. Las fuentes de información eran los periodistas que trabajaban en los medios formales, digamos oficiales (aunque no oficiales del gobierno, sino públicos) y tenían acceso a información que por las condiciones de la censura no podían publicar en sus diarios. Entonces nos la pasaban a nosotros. La procesábamos como despacho de agencia y se distribuía de distintas maneras. El correo fue un gran distribuidor y después se sumaron algunas agencias de noticias extranjeras que no podían publicar en Argentina, pero sí en el exterior. De ahí venía el rebote de esas noticias desde medios públicos de otros países. No obstante, la fuente de información fundamental provenía de compañeros, algunos no encuadrados en la organización, pero que querían colaborar con la tarea de militante que nosotros hacíamos.

Usted reveló que entre las cosas que quería Rodolfo estaban "la revelación de lo escondido" y "la esperanza insobornable". ¿Qué otros deseos enumeró su esposo en su diario?

La furia fría. Esto define también la personalidad de Rodolfo, un hombre muy austero, muy medido, muy sobrio, pero que podía enfurecerse, sentir la indignación moral ante determinadas situaciones de injusticia. Pero esa indignación siempre la canalizaba a través de la reflexión, por eso era la furia fría, es decir, la posibilidad de que la furia no ofuscara la manera de comprender y razonar lo que la motivaba. La furia fría describe la actitud de Rodolfo ante la injusticia.

¿Qué recuerdos la asaltaron cuando supo que Martín Grass también había leído los textos inéditos de su esposo?

Esa fue una noche muy intensa en Madrid. Les contaba que yo era el oído de Rodolfo y tenía ese cuento en mi cabeza, en mi memoria. Cuando me encuentro con Martín Grass, sobreviviente de la época, nos ponemos a hablar. Él había visto el cuerpo de Rodolfo acribillado. Pero también había visto papeles suyos. Entonces yo enseguida le pregunto: "¿Y no te acordás del cuento que era de esto y lo otro?". Medio no se acordaba. Comienzo a decirle textual el comienzo de ese cuento. "Juan Antonio lo llamó su madre. Duda era su apellido. Su mejor amigo, Ansina, y su mujer, Teresa." Él se acordó y entre los dos reconstruimos. Fue una sensación muy extraña. Sentí que el último cuento pasado en limpio de Rodolfo tenía solo dos lectores: él y yo. Aunque también me pregunté si alguno de los mismos represores, alguno de los asesinos de Rodolfo, no lo había leído también. Pero eso nunca lo sabremos.

¿A qué le temía Rodolfo Walsh?

A caer vivo. Él estaba totalmente dispuesto a no caer vivo porque sabía que con él se iban a ensañar y a partir de su compromiso político, comprendía el riesgo de su propia muerte. Siempre pensó en mantener la dignidad hasta el último instante. Si él caía vivo lo iban a despedazar, y antes que lo humillaran, lo destrozaran... Por eso llevaba esa pistolita de calibre 22 que me había regalado en el año 74 por mi cumpleaños. Ese cargador tenía una o dos balas, que en caso de no poder escapar de sus captores, estaban destinadas a quitarle la vida para vivir. Pero no era un suicida. No era un suicida.

De haber tenido la posibilidad, ¿cree que hubiese accedido a exiliarse?

Sí, lo habíamos pensado, pero él rechazaba esa posibilidad porque creía que podíamos llegar a sortear y perdernos en el interior del país. Se sentía muy comprometido por la situación, y además, en ese momento, todos sus esfuerzos estaban puestos en tratar de salvar a la mayor cantidad de compañeros porque él consideraba que la derrota era irreversible y la política de la Junta Militar, de aniquilamiento. Él cae, precisamente, por salvar y proteger a una compañera con sus dos hijitos, porque esa cita era para arreglar que ella con sus dos niños viniesen a vivir con nosotros. Pero sí, lo pensamos. Me dijo: "Si tenemos que salir del país, nos vamos a La Habana, es nuestra casa, es el justo lugar de la dignidad, porque ahí vamos a poder seguir peleando contra estos yanquis hijos de puta."

¿Cómo podían ustedes ser felices viviendo bajo la constante amenaza de la muerte?

Porque cuando se comprende por qué existe ese riesgo, ese riesgo empieza a formar parte de la vida cotidiana. Por supuesto, teníamos miedo, pero un miedo distinto al que se siente, por ejemplo, cuando viene un ciclón o vas en un avión y este se viene abajo. Nosotros éramos conscientes del riesgo que corríamos y ser conscientes significa aceptar el riesgo. Teníamos miedo, pero no estábamos paralizados de terror, y de todas maneras, siempre había un lugar para ser felices. En el cuento de Rodolfo, Un oscuro día de justicia, hay una frase de dos líneas que dice: "La felicidad tan buena mientras dura, como el pan, el vino y el amor".

Lilia, ¿y cómo veían la muerte ustedes, sobre todo cuando comenzó a llevarse a los más cercanos?

Profundísimo dolor. Después de la muerte de nuestro querido amigo Paco Urondo y de la muerte de la hija queridísima que fue para mí una de mis mejores amigas, Vicky, ese intenso dolor solo podía soportarse profundizando aún más el compromiso político y la responsabilidad de poder encontrar una salida. La muerte era una posibilidad. La comprensión de por qué podía ocurrir era lo que hacía que pudiera incorporarse a la vida cotidiana.

Dicen que el humor corrosivo de Walsh era producto de una inteligencia implacable y la cobertura pudorosa de un espíritu delicado y sensible. ¿Usted, cuál es la imagen que de él prefiere cuando hace oficio de remembranza?

Ahí hay dos imágenes: una es el humor corrosivo y la otra, el espíritu delicado y sensible. Pero el humor y el espíritu no estaban escindidos en él. Era delicado para el humor, aunque en determinado momento pudiera ser corrosivo, pero si era corrosivo era porque consideraba que con quien estaba hablando era un imbécil. Siempre me pareció magnífico en él la capacidad de escuchar al otro y si estaba totalmente en desacuerdo con lo que el otro decía, lo discutía, pero si llegaba a convertirse en imbecilidad, se callaba y se iba. Entraba en la polémica cuando la polémica valía la pena, pero si era una discusión de vanidades, de quién tenía razón, no se interesaba por esas cosas. No perdía el tiempo.

¿Qué le contaba Rodolfo de aquella etapa de su vida en Cuba, cuando descubrió sus condiciones de criptógrafo? García Márquez revela que fue él quien, tras noches de insomnio, descifró que EE. UU. gestaba una invasión armada a Cuba.

Rodolfo era muy austero para hablar de las cosas que él había hecho. Cuando nos conocimos, no fue de forma inmediata que supe que había vivido en La Habana. No se presentaba hablando de él mismo. Él escuchaba al otro. Le interesaba el otro. Y después, si surgía, hablaba de él. Jamás hablaba desde el yo, desde el "yo hice", "yo dije", sino que le preguntaba al otro "¿quién sos vos?", "¿qué tú crees?", "¿qué pensás?". Pero de esa época, le había quedado como un fastidio consigo mismo, porque cuando él consigue descifrar las claves de Guatemala, llevado, ahí sí por la vanidad del oficio del periodista, lo publica en una revista de Buenos Aires. Años después me decía que eso había sido un error. Se sentía muy molesto con él mismo porque develarlo era lo más contraproducente desde el punto de vista de una inteligencia militar. Si vos conseguiste interceptar comunicaciones del enemigo y conseguiste cifrarlas, te quedas con esa información, pero no vas diciendo "hicimos esto", "desciframos esto", porque obviamente, los otros van a cambiar las claves, van a modificar su sistema de comunicación. Eso a él le había quedado como un gran error.

¿Qué recuerdos le trae Cuba, La Habana, un pedazo de mundo tan cercano a Rodolfo?

Cuando llego a La Habana es como volver a casa. Desde cómo hablan ustedes, desde el caminar por las calles de La Habana, desde ver el Malecón: todo. Hay algo entrañable, profundamente afectivo, que está tan cruzado y que tuvo tanto peso en las decisiones de nuestra vida que cada vez que vengo a La Habana, me emociono. No puedo evitarlo.

Cuando supo que habían sido detenidos los culpables de la detención y el asesinato de Walsh, ¿qué experimentó?

La lentitud de los procesos históricos, pero que si se mantiene esa insobornable esperanza que quería Rodolfo, si se mantiene la furia fría, las convicciones para actuar con inteligencia y astucia y esperar que exista el momento propicio desde el punto de vista político en Argentina, puede llegarse a un juicio. Esto fue un largo proceso, a lo largo de todas estas décadas, de intentos por juzgar, pero las relaciones de fuerza, desde el punto de vista político todavía no daban como para ponerlos en el banquillo de los acusados. En este momento, tenemos un gobierno que tomó la lucha histórica de los organismos de Derechos Humanos, de las madres, de la lucha contra la impunidad como una política de estado. Hoy hay un escenario que permite puedan ser juzgados.

Miguel Bonasso escribe en su libro Diario de un clandestino que el diálogo del sobreviviente será siempre un diálogo de culpa con los compañeros desaparecidos. ¿A usted le sucede lo mismo?

No. Sucede que Miguel se refiere a los sobrevivientes de los Centros Clandestinos de Detención, no a los sobrevivientes de la etapa histórica. Los sobrevivientes de los centros que te mencionaba, una vez terminada la dictadura, fueron mirados con recelo por compañeros que también habían sobrevivido. El tiempo demostró que tuvieron la resistencia, que la opción entre la vida y la muerte no la tenía el prisionero. Quién vivía o moría era una decisión de los represores. Pero pasó cierto tiempo para que esto se reconociese. Ya está demostrado plenamente que son los testimonios de estos compañeros los que permiten armar las pruebas para juzgar a los responsables de los crímenes de lesa humanidad. 

¿Qué siente cuando contempla las constelaciones  de estrellas?

He vuelto al Delta argentino, he alquilado una casita con una pareja amiga y a la noche, algunas veces, levanto la cabeza y miro ese cielo bajo el cual estuve con Rodolfo mirando las constelaciones.

¿Cómo continúan sus diálogos íntimos con él?

A veces nos peleamos. Hay un diálogo interno en la memoria, pero yo soy consciente, que desde la responsabilidad como militante que fui en su momento, no puedo quedar clavada en el pasado, que hay un presente y nuestra obligación moral en todo caso es seguir peleando por un futuro de justicia.

Cuando comparte su memoria para celebrar la vida...

Como ustedes habrán visto, me emociono, porque la memoria es imágenes, sensaciones, olores, palabras, voces, y cuando yo vuelvo sobre todo esto, aunque hayan pasado treinta años, dentro de mí, vuelvo a sentir la voz de Rodolfo, la risa, el enojo, la escena, y se revive la alegría, pero también se revive el dolor de la pérdida.

EL RETO DE VIVIR

EL RETO DE VIVIR

Un sueño superior a los  sacrificios. Carlos Alexis González, limitado visual , conversa sobre los desafíos  que enfrenta al estudiar la carrera de Periodismo.
 
YAMILEY MIRELES ARECES,
estudiante de primer año de Periodismo,
Facultad de Comunicación de la
Universidad de La Habana.

El silencio va  desapareciendo a medida que  avanzan los pasos. Persigo el teclear de la máquina Brailer que descubre ante mis ojos el mundo secreto de la oscuridad. Precisamente allí lo encuentro, inmerso en su cotidianidad como estudiante universitario.

Un tono suave acompaña las palabras con las que saluda; sus manos perciben cada detalle que le rodea, le ayudan a realizar el sueño, y a la vez el gran desafío de ser periodista.

Tal vez para Carlos Alexis González el haber nacido a los seis meses, con bajo peso (una y media libras);  el estar 93 días en una incubadora, donde no fue protegido y la luz le quemó la retina, no es más que un reto a enfrentar para demostrarse a sí mismo que su impedimento visual no impone limites, ni barreras.

¿Por  qué querías estudiar Periodismo?
 
Por el deseo de saber. Quería saberlo todo primero que los demás;  me interesaba saber; me interesaba informar. Escuchaba la radio y quería ser como esas personas que transmitían las noticias. Mi vocación surge con apenas ocho años, así, escuchando radio, imitando a César  Arredondo, Armando Ledón de Radio Progreso, a Artorel de Radio Rebelde. Realmente ellos fueron los paradigmas que tuve y me llevaron a sentir amor por algo que no conocía. Yo tenía que ser como ellos.

Después entre en la escuela y por mi desempeño como  dirigente estudiantil sabía todo primero que los demás, transmitía informaciones desde los consejos de dirección hasta mis compañeros de estudio. Siempre quería saber lo último, siempre saber más.

Cuando decidiste ser periodista ¿qué opinó tu familia?

Eso fue complicado, yo tenía el sueño, quería ser periodista, pero tenía que investigar. Conversé con Tubal Páez, presidente de la UPEC, y  me dijo: “Para nada, tú podrás tener tus limitaciones en la carrera, como lo es el no poder hacer televisión, pero por lo demás, por supuesto que sí”. Siempre he estado muy claro, si no puedes hacerlo, no se puede. Habrá  que estudiar  otra cosa.

Cuando yo lo planteé en mi casa me dijeron que sí, si quería ser periodista ellos me iban a apoyar, aunque estuviera lejos. No tenía por qué preocuparme, el apoyo no me iba a faltar.

En la prueba de actitud ellos pensaban que yo no iba a aprobar; eso lo supe después. Cuando llegué a mi casa dije que no había aprobado, entonces me dieron ánimos diciendo que lo importante era que lo hubiera intentado, y que estudiaría otra cosa. Luego, con gran emoción les conté que había aprobado. Creo que sin el apoyo de ellos no hubiese podido llegar a donde estoy, en el  cuarto año de la carrera. Me han ayudado mucho, antes y durante los estudios.

¿Cuáles son los retos que tienes que enfrentar al estudiar esta carrera?

El reto más importante es suplir el 80% de la información que a las demás personas le llega por la vista, eso es lo más importante; demostrar que, por ejemplo, cuando vamos a una reunión, con la grabadora, las expresiones de la voz, con la forma de hablar y conducir, yo puedo reemplazar  en buena medida la falta de visión que, por supuesto, no me acompleja para nada.

¿Sentiste temor al comenzar en la Universidad?

Los temores los había superado en el preuniversitario. Las personas débiles visuales hacemos la enseñanza primaria y secundaria especial: primaria en Pinar del Río, y secundaria en La Habana. Cuando terminé noveno grado entré en la vocacional  Vladimir Ilich Lennin, y pedí traslado para la Federico Engels, de Pinar. Siempre he sido muy desenvuelto, entré y mis  amigos me  ayudaron.

Creo que fue allí donde perdí los temores; fue lo mejor que me pudo pasar en mi vida de estudiante, si me quedaba algún miedo me los quitó. Aprendí que tenía que luchar en un aula de 30 estudiantes, en una unidad de 500, donde yo era uno más y dirigente a la vez.

¿Alguna experiencia que recuerdes en especial?

Cuando empecé en primer año las prácticas en el periódico  Guerrillero, de Pinar del Río. El primer viaje que hicimos fue a Guanes, a las canteras. Yo tenía miedo, no desde el punto de vista periodístico, sino porque iban tres personas que no sabían nada de ciegos; a los 20 minutos de estar en el carro se creó una empatía genial que me dio una confianza tremenda. Me decían: “Sigue, que te vamos a ayudar. Mira, esto es una roca caliza”, en lugar de “mira” me llevaban para que la palpara. Fue algo especial, la primera vez que salí, mi primera práctica.

Y para Carlos, ¿qué son los amigos?

Los amigos son lo más importante como bastón en la vida. Llevo becado seis años de primaria, tres de secundaria, tres de preuniversitario, y van cuatro de carrera, es decir, 16 años en los que no tienes a tu familia, tienes a buenos amigos que  te protegen, lloran contigo en los momentos difíciles, se sacrifican y por los que tenemos que sacrificarnos nosotros también. He tenido mucho apoyo en mis compañeros del grupo, porque por ejemplo, los trabajos que me orientan tengo que transcribirlos o teclearlos para poder entregarlos, me han ayudado las buenas amistades. Si de algo no me puedo quejar es de las buenas personas que tengo a mi lado. Creo que suplen todo tipo de carencias. Son  los bastones con los que me apoyo, con los que vivo.

¿Dificultades?

Pienso que no después de la residencia  de Bahía, donde el mayor problema era la lejanía, y yo iba y venía solo. Creo que las dificultades hay que enfrentarlas, ya estoy en cuarto año, así que no puedo echarme para atrás. El tiempo que me queda es poco, no puedo parar ahora. Lo malo es caerse; me he caído unas cuantas veces, pero he tenido fuerzas para levantarme, porque puedo optar por quedarme en el piso.

Cuando hablan de rojos y azules, ¿en qué piensas?

He aprendido a sentir los colores: el rojo con las cosas fuertes; el blanco con la quietud, el azul con el amor; trato de vincularlos con algo. Muchas personas se han dedicado a describirme los objetos, por lo que pienso que no me han faltado los  ojos. He tenido muchos ojos atentos a cualquier necesidad, dispuestos a describirme desde una escultura, un parque, un rostro, hasta la cosa más tonta.

Ficha Técnica:

Tipo de entrevista: De personalidad.

Objetivo central: Mostrar el empeño con el que Carlos Alexis González enfrenta el estudio de la carrera  de Periodismo, a pesar de su discapacidad visual.

Objetivos colaterales:
 Indagar sobre el inicio de su vocación por el Periodismo.
 Mostrar los retos que enfrenta al  estudiar la carrera
 Exponer su método para superar las dificultades y sus fuentes de apoyo.

LA TORRE EIFFEL, EL ÍCONO DE FRANCIA

LA TORRE EIFFEL, EL ÍCONO DE FRANCIA

JUSTO PLANAS CABREJA,

estudiante de tercer año de Periodismo,

Facultad de Comunicación de la

Universidad de La Habana.

La primera imagen de Francia que viene a la mente del extranjero siempre es la de la Torre Eiffel. En cambio, hacia 1887 cuando surgió la idea de edificarla, no gustó mucho a los artistas parisinos.

Aquel monstruo de acero que retaba a Europa con su nuevo orden se transformó con el tiempo en una figura más tierna hasta convertirse en el lugar más visitado del mundo actualmente.

¿Quién pensaría que fue pensada como una obra transitoria? El ingeniero francés Gustave Eiffel la erigió a propósito de la Exposición Universal que se realizaría en París por esa fecha.

Día tras día, 200 obreros unieron 18 mil 38 piezas de hierro siguiendo el diseño estructural de Maurice Koechlin. Y así nació el tercer monumento más grande del mundo, con 300 metros de altura.

Pero este no se pensaba que fuera el destino de la torre. En un principio, Gustave Eiffel lo había proyecto en Barcelona, pero no lo aprobaron debido a que la construcción se mostraba como un artefacto complicado, extraño y difícil de desmontar.

Así llegó este momento e París. Y cuando llegó la hora de desmontarlo, los ciudadanos de toda Francia hicieron una dura resistencia.  Al parecer, ya desde momentos tan tempranos la habían reconocido como ícono indiscutible de su identidad.

 

ESTATUA DE ZEUS

ESTATUA DE ZEUS

DIANY CASTAÑOS GONZÁLEZ,
estudiante de tercer año de Periodismo,
Facultad de Comunicación de la
Universidad de La Habana.

Fidias esculpió la estatua de Zeus en Olimpia, alrededor del año 433 antes de Cristo, en lo que actualmente se conoce como Grecia. Doce metros de Zeus sentado en un majestuoso trono hecho de cedro, marfil, oro, ébano y piedras preciosas. Nada que no se mereciera el líder de los dioses olímpicos. En su mano derecha llevaba una pequeña estatua de Niké, la diosa griega de la victoria, y en la izquierda un cetro con un águila en la punta, atributos que lo identifican.

La estatua se construyó dentro de un templo, conocido como templo de Zeus, porque estaba destinado a albergar la imagen del dios. No se escatimaron fondos para erigirlo. Los frontones y metopas figuran como una de las mejores representaciones escultóricas del arte clásico griego.
 
Una vez terminado, Fidias fue el creador escogido para tener el honor: su estilo lo hacía merecedor de tan notable hazaña. Equilibrio en la elección de temas, en la composición y la saturación de de los colores, la representación concisa que hace de los seres humanos, y sobre todo, la armonía de las formas da tal belleza a sus creaciones que estas parecen supremas. Parecen, y son, la encarnación de los ideales del arte griego.

Cuenta la leyenda, que cuando Fidias terminó de esculpir el cuerpo de la estatua en marfil, y las ropas en oro, miró al cielo y pidió al mismísimo Zeus que le enviara una señal de aprobación por el trabajo que había hecho. Entonces un rayo apareció iluminando un día totalmente despejado, y cayó a pocos metros de Fidias.

En el siglo VI después de Cristo un terremoto destruyó por completo la estatua.


INTERPRETAR LOS SABORES Y OLORES DE LA VIDA MISMA

INTERPRETAR LOS SABORES Y OLORES DE LA VIDA MISMA

Conferencia sobre Periodismo Interpretativo. IV Festival Imagen de la Naturaleza "Rosa Elena Simeón In Memoriam", evento anual auspiciado por el Museo Nacional de Historia Natural de Cuba, la Productora Mundo Latino y la Asociación Cubana de la Imagen y la Naturaleza.

MSc. IRAIDA CALZADILLA RODRÍGUEZ,

Profesora de la Facultad de Comunicación de la Universidad de La Habana y del Instituto Internacional de Periodismo José Martí.

No es este, precisamente, un espacio donde venga a disertar como me lo han pedido los anfitriones. No es posible tal altisonancia entre colegas de valía que ejercen la profesión de manera consecuente e inspiradora. Yo prefiero venir a conversar sobre temas que nos preocupan... y ocupan, porque estamos convencidos y urgidos de la necesidad de un salto cualitativo en los modos de hacer de nuestro periodismo.

El tema en cuestión es la validez o no del periodismo interpretativo ante la avalancha de informaciones que recibe el receptor de cualquiera de los soportes mediáticos. La necesidad de reconstruir y recodificar nuestra propia actitud ante la construcción de los mensajes porque, inevitablemente, debemos aceptar que recibir información no es equivalente en todos los casos a poseer conocimientos, a tener elementos que nos permitan la contextualización de los acontecimientos. En no pocas ocasiones esa sobreabundante y masiva información de que se dispone se vuelve anodina al no saber cómo interpretarla.

El hombre del siglo XXI tiene acceso a la información casi en tiempo real, casi al momento de producirse los hechos: ahí están los noticieros de la radio y la televisión haciendo perenne gala de inmediatez; y, si algo podría faltar, la irrupción de Internet ha puesto al mundo al alcance del mundo a una velocidad de vértigo y con una apoyatura que trasciende a los profesionales del sector para dar paso también, cada vez más, a los dominios del paisano común que puede transmitir, desde su particular perspectiva, lo que ve y oye.

Este es el eje central que motiva la charla. Lo sabemos: la prensa escrita ha perdido los dominios del qué, quién, cuándo y dónde que la hacían imprescindible a la sociedad informada. El receptor ya no está interesado en que le "anunciemos" mañana lo que conoció hoy. La prensa escrita, entonces, está abocada a sustentar el por qué, para qué y cómo de los acontecimientos, y definitivamente aceptar que ya no es la primigenia de los titulares voceados al amanecer o el atardecer.

Sin embargo, lejos de considerar perdido lo que ha sido el sentido de vida de la profesión -dar primero la noticia-, la prensa impresa debiera arrimarse más a la perspectiva de consolidar la explicación de los hechos, a proporcionar a su público-meta los elementos necesarios para que conforme su propia opinión acerca del acontecer en el que se inserta.

Ya en 1992, el periodista Manuel Leguineche advertía en el diario español El País: "Los de la galaxia Gutenberg debemos aprender en estos tiempos a ajustar el tiro, porque la televisión en directo lo ha trastocado todo. ¿Para qué repetir lo que se ha dicho en la CNN? Cada vez pasan más siglos entre la transmisión de la CNN y tu artículo en el periódico y no digamos en la revista. Hay que decir adiós a la narración escenográfica de los hechos y escudriñar allí donde los objetivos de la televisión no llegan, descubrir antecedentes y consecuentes, atmósferas, ambientes, secretos".

Pero, un paréntesis. También el resto de los soportes mediáticos debían detenerse en este análisis, pues va resultando cada vez más agotador ser "bombardeados" por noticieros en los que prevalece o bien la nota escueta, desprovista de contexto, notas que parecen salir de la nada y nada decir, ni aportar, ni informar ni orientar; o la opinión que más que persuasiva es impositiva, y con ello se convierte en puente roto en el camino hacia el entendimiento. Opinión que más de las veces se rechaza por su verborrea expositiva y apocalíptica, sin que medie balanza alguna ni ofrezca oportunidad al público para disentir. En ambos casos, cuando desvestimos las circunstancias de explicación y equilibrio, estamos construyendo mensajes incompletos.

Hoy, trabajos periodísticos que den cuenta no solo de lo que sucede, sino también que expliquen por qué ocurren los hechos, que sean profundos en sus contenidos, contextualicen, indaguen en las causas y pronostiquen su futuro desenvolvimiento, es una necesidad sentida tanto por los hacedores de la información -los periodistas-, como por los receptores. Y este es, justamente, la trama donde se desenvuelve el periodismo interpretativo.

El catedrático Abraham Santibáñez ha manifestado: "Interpretar, desde el punto de vista periodístico, consiste en buscar el sentido de los hechos noticiosos que llegan de forma aislada. Situarlos en su contexto, darles un sentido y entregárselo al lector no especializado. Por exigencia profesional, además, esta interpretación debe tratar de prescindir de opiniones personales, debe basarse en hechos concretos y opiniones responsables y que sean pertinentes y debe ser presentada en forma amena y atractiva".

Y generalmente en nuestros medios, salvo excepciones, hay que admitir que existe reticencia a cambiar los modos de contar las historias y prevalece el apego, diría casi enfermizo, a la escuela norteamericana del periodismo informativo y sus rígidas leyes que asientan la información "objetiva" -aún cuando el término de la objetividad periodística ha sido ampliamente superado y desde hace mucho se habla de honestidad profesional-, y la estructura de contar los hechos en orden descendente de importancia para el periodista o el medio -es decir, la pirámide invertida como estructura meta de cualquier género-. Se une también el predominio del relato de los hechos y los trabajos de opinión.

Se desestima así la posibilidad del híbrido, del periodismo interpretativo que permite establecer el puente entre el relato del hecho como tal -la noticia-, y la visión que se tiene acerca de ella -el comentario-. Periodismo interpretativo que posibilita abordar la actualidad informativa no solo en sus contenidos más complejos, sino también, en su diversidad de aristas, muchas de las cuales suelen permanecer ocultas y requieren del reportero un finísimo olfato para descubrirlas y sacarlas a la luz pública.

Este es un periodismo que requiere de vasta información, de antecedentes, contexto, bakgraound, valoraciones y pronósticos. Un rastreo verdadero de los conflictos, un desentenderse de nada, una posición inquisidora. Es decir, una fórmula "explosiva" en la que el periodista proporciona, a partir de la puesta en escena de todo cuanto ha investigado, argumentos suficientes que emergen desde fuentes decisorias, implicadas, expertas, testigos, documentales..., cual calidoscopio que permita evaluar el significado de los hechos presentados de manera tal que, sin explicitar su opinión, solo dejándola implícita en los juicios aportados, el periodista deje al lector el protagonismo de llegar a su particular conclusión.  

El profesor y periodista norteamericano Walter Lippman hace acotó: "...por ser el mundo moderno tan complicado y difícil de comprender, se ha vuelto necesario no solo informar acerca de las noticias, sino explicarlas e interpretarlas".

Más reciente, María Jesús Casals Carro, profesora titular de la Universidad Complutense de Madrid, señala: "...Un relato explicativo (reportajes y crónicas) busca la orientación del lector por medio del análisis y síntesis de hechos, aporta datos y antecedentes, contextualiza y explica conceptos. La base es narrativa con un tono distanciado pero preciso. Busca la eficacia de la explicación clara y no se detiene en posibilidades retóricas. Las fuentes suelen ser numerosas y no contiene juicios de valor aunque puede plantear hipótesis o mostrar una realidad disyuntiva. Las fuentes consultadas le sirven para justificar todo este contenido explicativo".

Ahora bien, ¿qué nos está faltando para el abrazo definitivo con el periodismo interpretativo? Creo que los escollos externos están dados, fundamentalmente, por la premura con que trabajamos, las decisiones de los editores que apuestan generalmente por lo expedito, por el ya y el ahora, y también la precariedad del espacio. Esos son los vórtices del triángulo maléfico de la profesión.

Sin embargo, justo es que también interioricemos en nuestras propias faltas, aquellas que arrastramos a veces hasta sin darnos cuenta de nuestra ineficacia. En más ocasiones que las deseadas entregamos los trabajos carentes de fuentes, de contrastación, contrapunteo, verificación exhaustiva. Padecemos de insuficiente búsqueda, contacto sistemático con las fuentes para apoyar los enfoques, observación directa, análisis de estadísticas y encuestas e investigación permanente que nos permitan recolectar datos copiosos y principales. Y lo que aún es peor: no siempre poseemos una cabal preparación acerca del tema que abordamos; otras, en cambio, desaprovechamos el caudal cognitivo.

A ello se suma que en ocasiones desestimamos los valores noticiables al abordar un tema que elevamos a la categoría no de noticia, sino de información, porque interesa a la fuente o al medio donde laboramos, pero no porque tenga realmente connotación para ser socializado. Realmente, ¿cuántas veces en nuestro trabajo de fuego cerrado nos preguntamos para qué sirve o a quién va dirigida esta o aquella información? ¿Qué valores-noticias la respaldan?

Repasemos un momento estos valores que permiten que un suceso pueda tener relevancia para la sociedad, importancia para los públicos: actualidad, inmediatez, oportunidad; interés colectivo, humano, emoción; repercusión o consecuencia; prominencia de los protagonistas; originalidad, rareza, curiosidad, novedad o singularidad; proximidad o cercanía; humorismo; dramatismo; impacto; suspenso; conflicto; progreso..., en una extensa lista que puede estar presente de manera íntegra o parcial al recolectar, seleccionar y presentar datos y hechos y determinar si un acontecimiento merece ser publicado o no.  

Quizás, entonces, la cosecha de la papa no tendría expresión solo en cifras de caballerías que importan a los organismos responsabilizados con su producción, pero nada dicen en concreto al público medio. Y no es que no interese, no es que no sea relevante. Se trata de que al ofrecer la información también tengamos presentes que la tierra no se siembra para complacencia administrativa, sino para que su producto final tenga una manifestación concreta en la sociedad. Así, términos como "esfuerzo y sacrificio de los trabajadores" quedan vacíos de contenido si no se explica cuál ha sido, objetivamente, el esfuerzo y el sacrificio. La cifra de caballerías nada dice si no se le compara con lo que su producción significa en la mesa de la población, y se le contrasta con antecedentes o con lo que realmente pudo o no haberse recolectado. La información requiere tanto de importancia macrosocial como personal. Es decir, construirla de manera que el receptor la asimile desde su importancia general hasta la particular y se sienta hasta cierto punto comprometido con ella. Se trata, entonces, de privilegiar el por qué, para qué y cómo del hecho noticioso y situarlo en su auténtica perspectiva.

¿Cuál es el quid del asunto? Tras una experiencia de 30 años como reportera de filas, sé cuán difícil es armonizar un entramado que incluye ir al acontecimiento principal y no desviarnos con superficialidades, buscar antecedentes, circunstancias y actores, emplear fuentes documentales y no documentales y sus interpretaciones acerca de lo acontecido y ofrecer análisis valorativos que integren proyecciones. Bien sé de este complejo asunto, sobre todo, cuando las fuentes no están dadas a colaborar, o cuando el trabajo se nos encomienda en brevísimas líneas.

Pero aún con estas realidades, todo pasa por lo que llamo Fórmula Ulibarri y que este teórico asentó en su libro Idea y vida del reportaje. Es decir, indagar en el presente sobre: qué significan los hechos, si surgen aislados o forman parte de otros y cómo se vinculan a ellos, si introducen cambios significativos, a quiénes afectan de inmediato, si contienen elementos polémicos, y cuáles fueron los factores más cercanos que precipitaron su aparición.

En ese mismo orden, Ulibarri nos llama a no dejar preguntas sin hacer, a indagar hasta la saciedad. Por tanto, el catedrático insiste, en el pasado, en sostener el por qué ocurrió el hecho, sus antecedentes, con qué acontecimientos anteriores está vinculado, si pueden identificarse causas relevantes, qué ha ocurrido con causas similares en otras épocas o lugares, y si existen analogías relevantes.

Y en un tercer bloque de preguntas, Ulibarri propone que, en el futuro, hay que aventurarse en las posibilidades de desarrollo del acontecimiento, con qué otros factores puede relacionarse y en qué o quiénes repercutirá.

Por tanto, hablamos de no obviar los planos temáticos en un trabajo periodístico: presente, pasado y futuro. Un presente que parte del elemento motivador del trabajo y en el que está reflejada su actualidad e importancia, sus implicaciones inmediatas, conexión con la actualidad y los significados; un pasado en el que habrá que retomar antecedentes y causas; y un futuro en el que se situarán proyecciones y repercusiones. Estos planos generalmente los teóricos los ubican más en la concepción del reportaje interpretativo, pero soy de la opinión que cualquiera sea el estilo seleccionado para presentar nuestro trabajo, será más sólido en la medida en que tratemos de darlo en todas sus facetas.

Visto así, cabría suponer que respondiendo a estas interrogantes todo queda resuelto para entregar mejores productos comunicativos, mensajes que acerquen al lector a la comprensión de los fenómenos que se suceden en la sociedad que vive. Mas no es así. Hoy uno de los problemas fundamentales que enfrentamos los periodistas es que perdemos terreno como contadores de historias, nuestra misión primera, y nos estamos convirtiendo en contadores de declaraciones. O sea, los teóricos coinciden en afirmar que como fenómeno general, ahora los dichos sobre los hechos parecen ser más importantes. Es decir, interesa más quien ha manifestado algo que lo que ha sucedido.

Otra importante cuestión está relacionada con el aprendizaje continuo de las herramientas y la evolución de la profesión, pues un periodista no es un mero transmisor de información, sino una persona que al escribir, o comunicar en general, muestra su cultura y cosmovisión del mundo.

La catedrática española Concha Fagoaga lo ha descrito estupendamente: "Los periodistas no solo reproducen lo que ven y oyen, ejercen también una investigación sobre lo acontecido porque los hechos no se producen descontextualizados de una situación económica, social y política concreta. Los hechos no surgen aislados de una realidad más amplia, se insertan en ella...". Comprender esa realidad en toda su dimensión requiere, entonces, de una vasta preparación que no se resume en el criterio reduccionista de atender un sector y especializarse a tal punto que parezcamos divulgadores institucionales. Hay que pensar en un receptor que merece le proporcionemos las herramientas necesarias para que piense y reflexione a partir de las historias contadas.

Y, en ese camino, admitámoslo, aún debemos encontrar pistas equivalentes a un periodismo que por su misma condición de propio se revele universal, que redima la génesis del periodismo interpretativo en los años 20 del pasado siglo, de manera que en los albores del XXI retome su poder de explicación y su deber de orientación. Un periodismo interpretativo que reproduzca de manera exacta el contexto de los hechos, realice una rigurosa investigación en cada tema a tratar y asuma plena responsabilidad ante lo escrito. Un periodismo interpretativo que proporcione todos los elementos de manera que el receptor pueda juzgar y encontrar el valor relativo de la información por sí mismo. En suma, un periodismo interpretativo que permita ahondar en el contexto, en los antecedentes, el significado y la explicación de los hechos.

Un periodismo interpretativo que muestre la realidad desde una perspectiva amplia, contada, además, no solo con el preciosismo de las técnicas de la profesión, de la redacción y la gramática, sino también, con los sabores y olores de la vida misma.

PEQUEÑOS E INMENSOS

La acondroplasia es el más común de los defectos de crecimiento  y se presenta en uno de cada 25 000  nacimientos
                                               

YADIRA MARTÍNEZ PADRÓN,
estudiante de primer año de Periodismo,
Facultad de Comunicación de la
Universidad de La Habana.
                                  
Ahí está ella, como de costumbre, de un lado a otro sin parar de trabajar en la sala de enfermería del hospital  Aleida Fernández  Chardiet,  de Güines.

Los pacientes comentan sobre su buen humor y que para inyectar tiene la mano de oro. Agradable, inteligente, todo parece haberle dado la vida a esta muchacha, incluso el amor. “Todo, menos estatura”, dice ella, conforme y orgullosa del amor que le profesan sus familiares y amigos.

Es licenciada en Enfermería y jefa de sala. Su pareja tiene estatura normal. Dania Hernández es el nombre de una joven que ha demostrado que vivir con acondroplasia  no ha sido obstáculo para  llevar una vida normal, como muchos con su padecimiento se niegan a asumir.

Acondro ¿qué?   

La acondroplasia, una de las manifestaciones del  enanismo, es la más frecuente de las displasias óseo genéticas hereditarias que afecta por igual a hombres y mujeres y se presenta en uno de cada 255 000 nacimientos.

La palabra proviene del griego y significa “sin formación de cartílago”, aunque las personas con acondroplasia sí lo tienen. Su representación en el antiguo arte egipcio lo convierte en uno de los primeros defectos de crecimiento registrados por el hombre.

“Este padecimiento se debe a la mutación en un gen, localizado en el brazo corto del cromosoma 4. Los padres mayores de 45 años  tienen mayor posibilidad de tener hijos con estas condiciones”, refirió la Máster en Genética Silvia Chávez, del Centro de Genética de Güines.

“Normalmente, los tejidos se convierten en huesos durante el desarrollo fetal  y la niñez, salvo en algunos lugares como la nariz  y los oídos. En los individuos  con acondroplasia sucede algo extraño, pues se detiene el crecimiento óseo durante este proceso, especialmente  en los huesos largos (como los de los brazos y los muslos), lo que hace que sean sujetos  de pequeña estatura”, acotó la especialista.

El gen responsable de la acondroplasia se descubrió en 1994 y, gracias a ello, hoy se pueden hacer diagnósticos prenatales precisos, en la mayoría de los casos.

Fenotípicamente se caracterizan por extremidades pequeñas, manos cortas y anchas, tronco de tamaño normal  y cabeza  grande, con protuberancia de la frente, giba dorsal  o lumbar  que puede  desaparecer  en los primeros años de vida, y llegan a  tener una estatura de 131 centímetros el varón y 125 la hembra.

Patología no tratable

La doctora  Mercedes  Silva, especialista  en Pediatría  del hospital Aleida Fernández Chardiet, sostiene que no es posible evitar o tratar la acondroplasia, dado que la mayoría de los casos son consecuencias de mutaciones nuevas  inesperadas.

“El tratamiento  con hormonas no influye de manera significativa  en la estatura de un individuo con acondroplasia. En algunos casos muy específicos, puede tenerse en cuenta las cirugías de extensión de piernas”, aclaró la doctora.

Otro elemento aportó la genetista Silvia Chávez al explicar que, actualmente, el examen de ADN puede realizarse antes del nacimiento para confirmar los hallazgos obtenidos mediante el ultrasonido en casos de padres con alto riesgo de concebir un hijo  con  acondroplasia.

Según la especialista, se investiga la familia de genes denominada factores  del crecimiento  de fibroplastos, en la cual  se encuentra el que provoca esta patología. El objetivo  es comprender cómo el gen defectuoso provoca las características que se observan  en la misma para lograr un tratamiento mejorado. Esos trastornos genéticos han sido vinculados a numerosas malformaciones  hereditarias del sistema esquelético.

El asesoramiento genético puede ser útil para los padres que están a la expectativa de tener un hijo cuando uno de los dos o ambos  son acondroplásicos; sin embargo, la prevención no siempre es posible si se tiene en cuenta que esta condición se origina  usualmente como una mutación espontánea”, señaló la doctora  Chávez.

Lo cortés  no quita lo valiente

El doctor Odelto Suárez Ibarra, médico de la familia del municipio San José de las Lajas, afirma que  los individuos con acondroplasia tienen habitualmente una inteligencia y esperanza de vida  normales. No obstante, los niños suelen presentar varias  complicaciones médicas  que pueden afectar su desarrollo.

Heriberto Sánchez  Ferrer  es un niño acondroplásico  de tres años que, además, padece otras afectaciones. La doctora Mercedes Silva  comenta que tiene  malformaciones toráxicas que complican su situación de salud. 

“Ya perdí la cuenta de cuantas veces lo han ingresado. Casi siempre por enfermedades  respiratorias; en el hospital todos lo conocen. Los doctores lo  visitan  y están  siempre  pendientes de su salud”, dice la madre, Daysi  Ferrer Balado.

Ella sostiene que tener un hijo con acondroplasia no es difícil: aprende rápido y es muy cariñoso. Convivir con él permite comprobar  que aunque su  estatura es pequeña, su aprendizaje va más allá de lo que cualquier persona pueda pensar.

“Su tamaño no ha sido  obstáculo para que en su corazón crezcan gigantes sentimientos de amor  a la, a la vida  y a la historia  de su pueblo. Cada doctor que le atiende es para él uno de los Cinco Héroes. No hace más que ver una foto de los Cinco, y en seguida les pone el nombre de sus médicos”, comenta  la madre.

“Conoce las primeras estrofas de Los Zapaticos de Rosa  y hasta canta una canción de moda. Ni hablar de su refrigerador, es intocable  porque dice que se lo dio Fidel”, agrega la doctora  Silva.

“Lo que le falta de tamaño, le sobra  de inteligencia”, dice la pediatra Ana Lourdes.

Miniaturas en el Séptimo Arte

La  más reciente producción fílmica del director argentino Rolando Pardo, Pequeña Habana, es un testimonio humanista construido  a partir de las entrevistas a hombres  y mujeres enanos.

En el periódico Juventud  Rebelde, el productor y además guionista, hace un cuestionamiento a la escasa visibilidad de esa fracción  de la humanidad que no es mencionada en la Biblia con una cita  de los versículos concernientes a la creación del mundo, según el génesis bíblico.

Las prolijas declaraciones de estas personas son llevadas a la pantalla grande en cuatro etapas de su vida: la infancia, la familia,  el crecimiento  y las experiencias sexuales, la vida laboral y el papel en la sociedad.

El documental invita en todo momento a la tolerancia, a la aceptación  y a que la humanidad incline la vista para ver lo que antes resultaba invisible. Más bien convoca  a mirara con otros ojos, los de la comprensión  y la solidaridad, y ¿por qué no?, también los de la compasión, de una piedad altruista y práctica y no paternalista e hipócrita.

Pequeña Habana refleja la particular actitud de los personajes protagónicos, quienes en la vida desempeñan las más diversas labores como seres aptos y participativos, negados a la derrota  y en franca cruzada contra la exclusión o la lástima consigo mismos.

En la mira de la sociedad

La psicóloga Natalia Menéndez, del hospital Leopoldito Martínez,  de San José de las Lajas, explica que los individuos con este  trastorno de crecimiento, por lo general, enfrentan  trastornos en la personalidad  y en el carácter.

"Estas reacciones  son típicas  en los acondroplásicos, pues aunque el enanismo es poco visto en la sociedad, en ocasiones las personas con este padecimiento son burladas y menospreciadas, puntualizó.

“Un enanito, qué cómico” o “qué gracia me da  ver un enanito”,  son algunas de las expresiones más frecuentes en la sociedad. Este  tipo de comentarios, lejos de ayudarlos a sumir la vida de forma desinhibida, les crea complejos  y hasta puede hacer que se sientan inferiores”, subrayó la doctora.

María Caridad Abreu es una acondroplásica cienfueguera que reside en el municipio San José de la Lajas.

“En mis sesenta y tres años de vida he visto de todo. Desde  burlas, hasta  bellas personas que me ayudan a cobrar porque no alcanzo  al cajero”, comenta la señora.

Tiene dos hijos: “Ricardito, el mayor, es enanito igual que yo. Lo supe desde que lo vi por sus  extremidades. Tuvieron que hacerme cesárea porque no dilataba bien, pero hubiera podido tener un parto normal. La menor  de mis hijos no es acondroplásica.

“El padre de los dos es un hombre de estatura normal. Mis parejas  nuca fueron acondroplásicos, no por nada, sino porque el tamaño no influye. Somos personas corrientes y sentimos igual que los demás.”

María Caridad dice que  al mayor de sus hijos lo sacaba a lugares  concurridos, donde hubiera  bastantes personas, para que creciera sin complejos, “lo llevaba al Acuario, al  Zoológico, al Rodeo, y muy importante, al  Parque para que se relacionara con los demás niños. En fin, era igual que ellos.

“Sobre nosotros, como es lógico, han pesado  las miradas de esa parte de la  sociedad que aún nos ve como algo extraño. No me gusta que las madres le peguen a sus hijos porque me digan  enanita, ellos  no saben,  además, lo soy  y no siento el menor de los complejos.

“El  enanismo es un reto  de la vida. El  que se empeña, vence. Por mi parte, insto  a superar los miedos y complejos de esta  parte de la sociedad que representamos. A aquellos que aún nos ven cómicos, los invito a la reflexión, nuestro problema es en el  crecimiento, no en el corazón, nuestra convivencia pudiera ser más placentera con más comprensión y apoyo y menos críticas y cuestionamientos”.   
 
Pequeños en el cuerpo/ inmensos en el alma/ amantes de una luna/ que pueden alcanzar. / Te miran y te dicen/ que no te creas gigante, / tan solo eres grande/ De altura nada más. / Personas que se niegan/ A sentirse “enanos”/ Porque se sienten grandes/ Para poder luchar. / Son algo más que parte/ Del circo de la vida/ Y no están dispuestos/ A dejar de luchar. / Pequeñas  esperanzas/ De grandes ilusiones/ Tremendos corazones/ Que no pueden callar. / Si quieres ayudarnos/ Y no sentirte “enano”/ Échanos una mano/ Tu altura nos da igual.
 
FICHA  TÉCNICA:

Tipo de título: Llamativo
Tipo de entrada: Descriptiva
Tipo de cuerpo del reportaje: Por bloques temáticos
Tipo de cierre De opinión del entrevistado

Estrategia de Fuentes:

Pasivas: Consulta a Internet  y al portal de la salud cubana Infomed. Consulta al periódico Juventud Rebelde

Activas:
-Entrevista a la doctora Mercedes Silva, especialista en Pediatría del hospital de Güines
-Entrevista a la genetista Silvia  Chávez del Centro de Genética de Güines
-Entrevista a la psicóloga Natalia Menéndez, del hospital de  San José de la Lajas
-Entrevista a Daysi Ferrer Balado, madre de Heriberto  Sánchez Ferrer (Paciente con acondroplasia)
-Entrevista a Dania Hernández, Licenciada en Enfermería y jefa de la propia sala del hospital de Güines y que además, padece acondroplasia
-Entrevista al médico general integral Odelto Suárez Ibarra
-Entrevista a María Caridad Abreu, acondroplásica del municipio San José de las Lajas